Fitch nos mantuvo la calificación, pero subsiste la debilidad fiscal

fitch-ratings-foto-reuters_0_41_800_497El viernes 13 de diciembre la agencia internacional de calificación crediticia Fitch Ratings emitió un comunicado en el que ratificó la calificación de la deuda soberana de México en “BBB” con perspectiva estable. Esta es una magnifica noticia para México, pero es importante hacer mención de varios de los aspectos que se resaltan en el comunicado, así como hacer una valoración de cómo han evolucionado las finanzas públicas a lo largo de este año. Esos son los temas que abordaré en esta entrega.

Con respecto a Fitch, se debe destacar que la agencia sustentó su decisión de mantener la calificación de México porque ésta está respaldada por una economía nacional diversificada y un historial de políticas económicas sólido y disciplinado que ha mantenido la estabilidad macroeconómica y ha contenido los desequilibrios. Señala que si bien algunas de las decisiones de política microeconómica de la administración del presidente López Obrador han resultado polémicas, las decisiones de políticas macroeconómicas han sido relativamente ortodoxas hasta la fecha. Sin embargo, señala que estas fortalezas se ven contrarrestadas por el nulo crecimiento económico, una base de ingresos fiscales baja en comparación con otras naciones, una penetración crediticia superficial y puntajes de gobierno entre los más bajos en la categoría de países ‘BBB’.

De su Modelo de Calificación Soberana (SRM por sus siglas en inglés), se desprende que se le asignó a México un puntaje equivalente a una calificación BBB en la escala IDR en moneda extranjera en el largo plazo, en función de lo siguiente:

  1. Macroeconomía: +1 nivel, para reflejar el historial de México en administraciones sucesivas con políticas macroeconómicas prudentes, creíbles y consistentes. Las autoridades continúan enfatizando la estabilidad macroeconómica en sus decisiones de política buscando remediar los desequilibrios macroeconómicos.
  2. Finanzas públicas: -1 nivel, para reflejar la expectativa de que el continuo apoyo soberano para Pemex resultará en una menor disponibilidad de recursos para otras tareas gubernamentales y/o una mayor carga de la deuda del gobierno federal y del sector público, impactando negativamente las finanzas públicas.

Respecto a Pemex señalan que ésta contribuirá menos a los ingresos federales en 2020 en comparación con 2019 (aportando sólo el equivalente al 1.8% del PIB), ya que el gobierno tiene contemplados recortes adicionales  en las tasas impositivas para ésta hasta 2021. Fitch también espera que la producción de petróleo de Pemex continúe disminuyendo en 2020, habiendo caído 9.6% anual en octubre de 2019, promediando 1.64 millones de barriles diarios (mbd). Esto contrasta con el ambicioso aumento de la producción a 1.85 mbd asumido para 2020 en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) actuales.

Pemex sigue siendo un contribuyente neto del gobierno federal y mantiene una deuda mayoritariamente denominada en dólares estadounidenses que representa más del 8% del PIB, por lo que continuará representando un importante pasivo contingente para el gobierno federal. Cabe recordar que el gobierno federal le inyectó a la compañía 5 mil millones de dólares adicionales en septiembre de este año para respaldar una recompra de deuda a corto plazo y una operación de gestión de pasivos que reduce los pagos a corto plazo, con lo que mejora su liquidez.

Pero más allá de las consideraciones de Fitch Ratings, ¿Qué datos duros podemos mencionar sobre la situación de las finanzas públicas de México? En GAEAP analizamos las cifras más recientes y vemos que al cierre de octubre de 2019 el saldo de la deuda interna bruta del sector público federal fue de 7.555 billones de pesos, mientras que el saldo de la deuda externa bruta fue de 205.9 miles de millones de dólares (mmdd), de manera que el saldo del total de la deuda sumó 11.491 billones de pesos al 31 de octubre de este año. Si tomamos en consideración que el Producto Interno Bruto (PIB) nominal ha promediado 24.085 billones de pesos en los tres primeros trimestres de este año, entonces se ve que el saldo de la deuda bruta del sector público federal representa aproximadamente el 47.7% del PIB.

Deuda del sector público Oct19

Se debe recordar que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en varias ocasiones que durante su gobierno el saldo de la deuda pública no aumentará en términos reales ya que se tiene una meta de un superávit primario de 1.0% del PIB, aunque una vez que se toma en cuenta el costo financiero de la deuda este superávit primario se convierte en un déficit fiscal de 2.4% del PIB, por lo que la deuda pública claro que sigue creciendo. ¿Cómo vamos con esta meta? Pues de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el  comparativo del cierre de diciembre de 2018 al cierre de octubre de 2019, tenemos que el saldo de la deuda interna bruta aumentó en 519.4 miles de millones de pesos (mmdp), equivalente a un 7.4% adicional; mientras que el saldo de la deuda externa bruta aumentó en 3.5 miles de millones de dólares, lo que equivale a un incremento de 1.7%. De esta manera, el saldo de la deuda bruta total del sector público reporta un aumento de 472.4 mmdp, lo que representa un incremento de 4.3% en los primeros 10 meses de 2019.

Es importante mencionar que en un contexto de una deuda bruta del gobierno federal creciente, es que no obstante las disminuciones en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México de 8.25% hasta un actual 7.5%, el costo financiero de la deuda ha aumentado de manera importante este año. En el periodo de enero a octubre de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 482.98 mmdp, mientras que en los mismos meses de 2018 fue de 438.34 mmdp, lo que representa un incremento nominal de 10.2% o de un 6.2% en términos reales.

Volviendo al comunicado de la agencia Fitch, éste menciona los elementos que podrían contribuir a la mejora o al deterioro de la calificación crediticia de México en los próximos meses. Entre los aspectos que jugarían a favor están:

– Mejores perspectivas de inversión y crecimiento respaldadas por políticas macroeconómicas creíbles;

– Disminución de la carga de la deuda pública y reducción de los riesgos de responsabilidad contingente relacionados con Pemex;

– Mejora en los indicadores de gobernanza a un nivel más cercano al promedio de la categoría de la calificación BBB.

Por su parte, los eventos que podrían resultar en una baja de nuestra calificación son:

– Un debilitamiento de la congruencia y credibilidad del marco de la política macroeconómica y/o un continuo bajo desempeño macroeconómico, por ejemplo un crecimiento consistentemente débil;

– Un aumento de la tendencia de la carga de la deuda pública, evidenciado por una trayectoria ascendente en el índice de deuda del sector público;

– El deterioro en los indicadores de gobernanza que amplíe aún más la brecha respecto de los  puntajes de otros países de la categoría BBB.

2018-03-13T011242Z_357512528_RC1E9454AA50_RTRMADP_3_MEXICO-PEMEX-e1547050156479-640x360¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que se le reconoce al gobierno federal un manejo “prudente” de las finanzas públicas, pero los grandes riesgos ahí subsisten. Hay que recordar que para el 2020 se anticipa un superávit primario de apenas 0.7% del PIB (menor al de 1.0% de este año), lo que se traducirá en un déficit fiscal total del PIB. Diversos analistas han criticado que el Presupuesto de Ingresos del año que viene es muy optimista con respecto a la plataforma de producción petrolera y que antes de ver un aumento de la producción veremos mayores disminuciones en 2020. De igual gorma es demasiado optimista en sus proyecciones de ingresos derivados de recaudación de impuestos como ISR e IVA, ya que definitivamente no hay forma de que crezcamos a una tasa del 2.0%, como se anticipa en los CGPE 2020.

Se debe destacar que en 2019 no se lograron las metas de ingresos petroleros por un monto equivalente a 0.5% del PIB, por lo que el gobierno habrá utilizado hasta 150 mmdp del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros (FEIP), pero a dicho fondo ya no le quedará mucho para sacarle en el 2020 por lo que seguramente para el 2021 ya habrá quedado vacío cubriendo los faltantes de ingresos petroleros, derivado de las cuentas alegres que se han hecho. Esto obliga a una reforma fiscal, a la cual el gobierno federal no le ha querido entrar ahora y ha anunciado que será hasta el 2022.

Queda claro pues que Fitch nos da el voto de confianza, por ahora, pero habrán de tomarse importantes medidas a lo largo de 2020 para mitigar los riesgos, si no queremos ver nuestra calificación de deuda degradada. Veremos que dicen las otras dos calificadoras (Moody´s y Standard and Poor´s) al respecto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Para crecer hay que sustituir importaciones

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El nulo crecimiento económico debe forzar al gobierno federal a buscar alternativas para crecer. 

Después de la gran decepción ocasionada por una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), de 0.0% en los primeros nueve meses de 2019, el gobierno federal debe estar pensando sobre las medidas de política económica que se deben implementar para retomar el sendero del crecimiento. El reciente anuncio del Programa Nacional de Infraestructura, que desarrollará el gobierno federal y el sector privado, quedó corto en cuanto a las posibilidades de crecimiento que éste pueda generar, ya que en el mejor de los casos éste incidirá en un 0.7% del PIB anual del 2020 al 2024. Por su parte, muchos analistas estiman que habrá una desaceleración económica en los Estados Unidos al pasar de un estimado de 2.3% en 2019 a uno de 1.8% en 2020, por lo que será difícil que por el sector externo  llegue el ansiado impulso al crecimiento económico. Por su parte, el gobierno sufrirá un duro apretón fiscal en el 2020 conforme se vaya dando cuenta de que los supuestos bajo los cuales se armó el Paquete Económico 2020 fueron demasiado optimistas y que se quedarán por debajo en sus estimaciones de ingresos fiscales. Finalmente, en cuanto al consumo privado, es posible que derivado de la entrada de más personas al mercado laboral y la llegada de remesas, pues éste crezca a una tasa moderada, de aproximadamente 1.0% en términos reales, una tasa insuficiente para impulsar el PIB nacional.

Dado todo lo anterior, una de las pocas alternativas viables que quedan para fortalecer el crecimiento económico es implementar una política de sustitución de importaciones que incentive la producción nacional. En esta entrega analizamos la situación del comercio exterior de México, en especial con las naciones asiáticas, y generamos una serie de conclusiones al respecto. No se trata de políticas proteccionistas, como veremos más adelante.

Exportaciones

De acuerdo con el INEGI, en el 2018 las exportaciones mexicanas de mercancías sumaron 450.7 miles de millones de dólares (mmdd), y en los primeros nueve meses de 2019 dicha cifra se ubica en los 344.2 mmdd) cifra 3.3% mayor respecto del valor de las exportaciones realizadas en los primeros nueve meses de 2018. Este incremento de 3.3% fue producto de que las exportaciones a América del Norte crecieron 4.7%, las destinadas a Centroamérica aumentaron apenas 0.02%, las destinadas a América del Sur se desplomaron -15.9%, las que van a la Unión Europea cayeron -3.2%, las que van al resto de Europa aumentaron 3.6%, las que van a Asia aumentaron 3.0%, las que van a África crecieron 37.3%, mientras que las destinadas a Oceanía cayeron -22.8%. De esta manera, de los 344.2 mmdd exportados en los primeros nueve meses de 2019, el 83.42% tuvo como destino América del Norte, el 1.41% a Centroamérica, el 2.91% a América del Sur, el 5.39% a la Unión Europea, el 0.37% al resto de Europa, el 0.21% a África, el 0.26% a Oceanía y el restante 0.50% a otras regiones.

De todas estas cifras, hay dos cosas que son preocupantes primero, que no obstante que hay una guerra comercial entre Estados Unidos y China y que Estados Unidos crece a una tasa robusta de 2.3%, nuestras exportaciones a Norteamérica crecieron apenas 4.7%. Por otra parte, preocupa que las exportaciones a otros mercados, como América del Sur y la Unión Europea hayan disminuido, ya que eso provoca que nuestra dependencia con las naciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hay aumentado de 82.29% del total en los primeros nueve meses de 2018 a 83.42% del total de exportaciones en los primeros nueve meses de 2019.

Importaciones

En cuanto a las importaciones totales, éstas sumaron 464.3 mmdd en 2018 y suman 341.5 mmdd en los primeros nueve meses de 2019, lo que implica una caída de -0.5% respecto del valor de las importaciones en los primeros nueve meses de 2018.  La caída de -0.5%  en el valor de las importaciones es producto de una disminución de -2.8% en las importaciones originarias de América del Norte, una caída de -0.9% en las originarias de Centroamérica, disminución de -1.2% en las que vienen de América del Sur, caída de -4.6% en las originarias de la Unión Europea, caída de -13.3% en las que vienen del resto de Europa, un aumento de 4.8% en las originarias de Asia, caída de -29.7% en las que vienen de África y aumento de 24.6% en las provenientes de Oceanía. De esta manera, de los 341.5 mmdd de importaciones registradas en los primeros nueve meses de 2019, tenemos que el 47.61% provino de América del Norte, el 0.45% de Centroamérica, el 2.61% de América del Sur, el 11.33% de la Unión Europea, el 36.19% de Asia, el 0.35% de África, el 0.17% de Oceanía y el restante 0.26% de otras regiones.

De todas estas cifras, llama la atención que de todos los orígenes de nuestras importaciones, sólo hayan aumentado las que vienen de Asia y Oceanía. Preocupa que cada vez dependemos más de las importaciones originarias de naciones asiáticas, ya que éstas pasaron de representar el 34.33% del total en los primeros nueve meses de 2018 a ser el 36.19% del total en los primeros nueve meses de 2019. Por su parte, la dependencia de importaciones originarias de países TLCAN disminuyó al pasar de 48.71% en los primeros nueve meses de 2018 a 47.61% en los primeros nueve meses de 2019.

SBC 2019

Saldo de la balanza comercial

Producto del incremento de 3.3% en las exportaciones totales y la caída de -0.5% en las importaciones totales, es que pasamos de tener un déficit en la balanza comercial de -10.222 mmdd en los primeros nueve meses de 2018 a tener un superávit de 2.687 mmdd en los primeros nueve meses de 2019. Al analizar el saldo de la balanza comercial por región en los primeros nueve meses de 2019, vemos que con América del Norte tenemos un superávit de 124.6 mmdd, con Centroamérica el superávit es de 3.308 mmdd, con América del Sur el superávit es de 1.118 mmdd, con la Unión Europea registramos un déficit de -20.136 mmdd, con el resto de Europa el déficit es de -2.263 mmdd, con Asia hay un gigantesco déficit de -104.557 mmdd, con África el déficit es -0.473 mmdd, mientras que con Oceanía hay un superávit de 0.287 mmdd.

Los datos muestran claramente que utilizamos el superávit en la balanza comercial con América del Norte, para básicamente financiar nuestros desequilibrios comerciales con las naciones europeas y asiáticas, en especial con estas últimas.

Situación con Asia

El tema del desequilibrio comercial con Asia es preocupante, porque es un problema crónico para la economía nacional, y muestra de ello es que a pesar de que el crecimiento del PIB mexicano es de 0.0% en los primeros tres trimestres del año, nuestras compras de mercancías de origen asiático aumentaron 4.8%.

El déficit de la balanza comercial con las naciones asiáticas de -104.557 mmdd, registrado en los primeros nueve meses de 2019 se concentra en un grupo de nueve países (en paréntesis se menciona el monto del déficit con cada nación): China (-56.594 mmdd), Japón (-10.589 mmdd), Corea del Sur (-9.873 mmdd), Malasia (-8.223 mmdd), Taiwán (-6.466 mmdd), Tailandia (-4.192 mmdd), Vietnam (-4.038 mmdd), Filipinas (-2.218 mmdd) e Indonesia (-1.161 mmdd).

El caso de nuestro déficit comercial con China es especialmente preocupante, ya que es un problema crónico. El déficit fue de apenas -2.676 mmdd en el año 2000, y aumentó a -22.750 mmdd en 2006, creció hasta -51.215 mmdd en 2012 y llegó hasta los -76.081 mmdd en el 2018. De continuar la tendencia observada en los primeros nueve meses de 2019, terminaremos este año con un déficit comercial con China de unos -77.5 mmdd.

SBC China

Recomendaciones de política económica

Es urgente que se tomen acciones para remediar nuestro abultado déficit comercial con las naciones asiáticas y en espacial, con China. Si logramos disminuir 10% nuestras importaciones desde Asia, eso implicaría reducir nuestras importaciones totales en unos 17 mmdd, cifra que representa el 1.4% del PIB. Esos 17 mmdd menos de importaciones serían compensados con producción nacional de una gran gama de productos, los cuales van desde textiles, vestido, calzado, muebles, equipo electrónico, entre muchos más.

¿Cómo lograr disminuir 10% nuestras importaciones de naciones asiáticas en el corto plazo? Una primera acción sería combatir frontalmente el contrabando técnico y la subvaluación, así como las prácticas desleales de comercio (dumping y subsidios). Es bien sabido que un elevado porcentaje de importaciones, originarias de China y Vietnam, son realizadas con precios que no reflejan ni siquiera el costo de las materias primas requeridas para su fabricación. En este sentido, el hacer más expedito el armado de casos de remedio comercial en la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales (UPCI), así como realizar cambios a la Ley Aduanera, para darle más herramientas a la autoridad para desechar el valor de las mercancías, cuando éstas están claramente subvaluadas, es fundamental. De igual forma, el endurecer las penas y sanciones para quienes realizan contrabando, equiparando a éste como un delito de defraudación fiscal, ayudaría a aumentar la percepción de riesgo e inhibir estas conductas.

Combatiendo el contrabando, la subvaluación y las prácticas desleales de comercio, se daría una corrección en los precios de las mercancías que vienen de China y Vietnam, lo que ayudaría a aumentar la producción nacional en beneficio de miles de familias mexicanas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué el “ajuste estacional” es un engaño?

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir sobre este tema, y dada la reciente publicación de los datos del Producto Interno Bruto (PIB) correspondiente al tercer trimestre de 2019, y la confusión que arrojan las diferentes tasas de crecimiento publicadas, decidí no dejar pasar más tiempo sin externar mi opinión. Hoy escribo respecto de un tema que se presta al engaño a la opinión pública por su naturaleza intrínseca de  manipulación de información estadística: el ajuste estacional de series de tiempo.

La publicación de estadísticas oficiales por parte del INEGI en lugar de ser un ejercicio sencillo para que la mayoría de la población sepa cómo vamos en diferentes indicadores, frecuentemente es motivo de confusión, sobre todo cuando se trata del dato de variables tan importantes como el crecimiento del PIB. Sucede que, por ejemplo, para el tercer trimestre de 2019 hay tres datos oficiales de crecimiento del PIB, los cuales menciono a continuación: a. Variación anual del PIB con cifras originales: -0.3%; b. Variación trimestral del PIB con cifras desestacionalizadas: 0.0%; y c. Variación anual del PIB con cifras desestacionalizadas: -0.2%.

El primer porcentaje se refiere al crecimiento real (ajustado por inflación) del valor del PIB del tercer trimestre de 2019 respecto del PIB del mismo trimestre de 2018 y se obtiene de una serie de tiempo que simplemente plasma el valor de producción de bienes y servicios en la economía.  El segundo y tercer datos se derivan de una serie de tiempo que fue “ajustada estacionalmente”, es decir una serie de tiempo que fue manipulada sometiéndola a un método estadístico que elimina el efecto de elementos estacionales en una serie de tiempo que exhibe variaciones que son claramente provocadas por estacionalidad o por la época del año (por ejemplo, que en diciembre el consumo es más elevado que en febrero).

Entonces, dados los tres valores del crecimiento del PIB, todos oficiales, ¿cuál es el “bueno”? Pues de acuerdo a la escuela tradicional o la vieja escuela, el primero (con cifras originales) es el mejor ya que denota la realidad percibida en los bolsillos de las personas y en las cajas registradoras de las empresas, con independencia de consideraciones estacionales. A lo largo de esta entrega veremos cómo es que el utilizar cifras desestacionalizadas no es más que un truco estadístico que implica manipular series de tiempo, por lo que se pierde el sentido de lo que verdaderamente ocurre con la economía y su impacto en los bolsillos de la población.

PIB Originas y desestacionalizado

Esta manipulación queda evidenciada cuando comparamos la serie original con la serie desestacionalizada del PIB real (en pesos de 2013) de los últimos cuatro trimestres. Tenemos que la serie desestacionalizada del PIB reporta 203.9 miles de millones de pesos (mmdp) adicionales respecto de la serie original en el cuarto trimestre, reporta 25.8 mmdp adicionales en el segundo trimestre de 2019, reporta 278.5 mmdp  adicionales en el primer trimestre de 2019 y reporta 459.3 mmdp menos que la serie original en el cuarto trimestre de 2018.  O sea el punto es que en el tercer trimestre de 2019 la gente sintió realmente en su bolsillo un PIB real de 18.348 billones de pesos, mientras que la serie desestacionalizada reporta un PIB real de 18.552 billones de pesos. ¿Se observa la manipulación de las cifras? ¿Se entiende que el medir el crecimiento del PIB con estos datos manipulados es una tomada de pelo porque no muestra lo que la gente vive?, ¿Cómo es posible que la serie desestacionalizada implique 342.8 mmdp adicionales de PIB en el periodo del primer trimestre de 2015 al tercer trimestre de 2019 y muchos economistas tomen estas cifras como las buenas para medir el crecimiento económico?

PIBs 2

Respecto del tema del uso de series desestacionalizadas, cabe hacer mención de un artículo de Lee Adler, publicado el 15 de enero de 2012 en el portal de internet The Wall Street Examiner, y titulado “¿Por qué el ajuste estacional apesta?”. En dicha entrega, el autor califica la utilización de series desestacionalizadas como un “odioso proceso estacional de hacer trampa, fingir, falsificar, manipular o como quieran llamarlo.”

El autor se pregunta ¿Por qué los economistas y los expertos pagados de Wall Street usan solo datos ajustados estacionalmente? A lo que él mismo responde que “puede ser porque son demasiado flojos, porque la mayoría de las agencias gubernamentales que publican estos datos los proporcionan. O tal vez quieren manipularnos o tal vez porque creen que somos demasiado tontos para entender la diferencia entre una serie original y una desestacionalizada.”

Adler agrega que no somos tontos y elabora una crítica respecto de la capacidad de algunos  economistas y expertos de hacer pronósticos de mediano plazo que sean certeros. Señala que gran parte de las fallas en los pronósticos se debe a que los economistas utilizan series desestacionalizadas en lugar de series originales y menciona que los economistas suelen obtener pronósticos correctos sólo en menos de la mitad de las veces, lo que es probablemente peor que el resultado de un ejercicio de adivinar resultados de manera aleatoria. Respecto al asunto de los pronósticos, coincido completamente con Adler y esto ha sido motivo de reiteradas críticas de mi parte a los siempre equivocados pronósticos macroeconómicos publicados, por ejemplo, en la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco de México.

Para ilustrar esto, tenemos que en la encuesta de diciembre de 2018, los encuestados por el Banxico pronosticaron que en el 2019 sucedería lo siguiente: Inflación de 3.85%, Crecimiento del PIB de 1.89%, Tipo de cambio de 20.79 pesos por dólar y Tasa de fondeo interbancario de 8.22%. Como puede verse, ¡no le atinaron a ninguna variable! Y no es la primera vez que esto sucede, cada año es lo mismo, los “expertos” encuestados por el Banxico son tan buenos haciendo pronósticos como lo sería un niño al que se le dieran a escoger al azar determinados valores dentro de un rango. ¿Y a qué se debe entonces estas grandes fallas? Pues como lo señala Adler, en parte a la realización de modelos económicos que utilizan series de tiempo manipuladas estadísticamente como las series desestacionalizadas.

En mi despecho de GAEAP realizamos nuestros pronósticos macroeconómicos utilizando series originales, además de que somos bastante realistas porque no tenemos interés de andar quedando bien con el gobierno federal. Muestra de ello es que en un artículo publicado en economex.blog, desde el 25 de agosto de este año, predijimos que el PIB este año tendría un desempeño de entre -0.5% y 0.0% (https://economex.blog/2019/08/25/la-decepcion-del-pib-mexicano/). Esto mientras que en agosto de este año, los analistas encuestados por el Banxico aun pensaban que el PIB crecería 0.5% en el 2019. Obvio, se equivocaron al principio de año y se seguían equivocando a mediados.

¿Por qué el pronóstico de GAEAP fue más acertado que el de los economistas encuestados por el Banxico? Pues además del tema del uso de series originales vs series desestacionalizadas, está el hecho de que nosotros vivimos en el mundo real, mientras que muchos de los “expertos” encuestados por el Banxico, muchos de ellos economistas, muy bien remunerados por sus jefes del sistema financiero, viven en torres de marfil, sin tener que preocuparse por las pruebas y tribulaciones diarias que el resto de nosotros conocemos como la “realidad”, la cual no es ajustada estacionalmente.

Por cierto, ¿cuándo harán los medios especializados, como El Financiero, El Economista o Forbes un reportaje respecto de lo fraudulentas que son la mayoría de los pronósticos de los analistas encuestados por el Banxico? Creo que sabemos la respuesta.

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Los analistas encuestados por el Banxico tienen grandes márgenes de error en sus pronósticos. 

Los números ajustados estacionalmente a menudo se alejan de la realidad por la naturaleza misma del proceso arbitrario de ajuste estacional. Los economistas y los medios se centran casi por completo en este sinsentido, que intenta comparar un número ficticio con otro número ficticio para derivar un cambio porcentual ficticio de mes a mes o de trimestre a trimestre. Mientras tanto, ignoran los datos reales.

Los datos no ajustados estacionalmente (NSA por sus siglas en inglés) o series originales son los datos reales. Los datos ajustados estacionalmente son una ficción absoluta, y con frecuencia sobrepasan o subestiman la tasa real de cambio de la tendencia (como se señaló líneas arriba), y a veces incluso van en la dirección opuesta al impulso real de la tendencia. Muchos de los analistas de las grandes firmas financieras, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la OCDE, intentan minimizar los datos reales llamándolos datos “no” ajustados estacionalmente, lo que conlleva la connotación de que de alguna manera “estacionalmente ajustado” sin el “no” en frente es lo real, cuando lo contrario es lo cierto.

Al parecer pues, estos analistas de las grandes empresas financieras, organismos internacionales y algunos economistas académicos tienen otros intereses y no realizan el análisis simple de comparar los cambios año a año y la tasa mensual de cambio en los datos reales de los años pasados ​​para tener una idea clara de hacia dónde se dirige la tendencia. Es muy fácil hacerlo cuando los datos se colocan en un gráfico. Pero a diferencia de los analistas técnicos que realmente saben leer patrones y tendencias en datos en los que aparece mucho ruido, la gran mayoría de los economistas que se venden al mejor postor, no tienen idea de cómo hacerlo. El proceso es muy simple. Quizás ese sea el problema. Les gusta la complicación porque piensan que pone la verdad fuera del alcance del público en general. En realidad, el público lo entiende porque lo vive todos los días. Son estos economistas los que no lo entienden.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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