Una recuperación industrial heterogénea en 2021

Mucho se ha dicho en el sentido de que la recuperación económica nacional está en marcha. En la última encuesta de expectativas económicas del Banco de México los analistas pronostican un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano de 5.80%, que de materializarse nos  ubicaría al cierre de este año en un nivel 3.0% por debajo del PIB registrado en 2019. En esta entrega analizamos la evolución de la industria nacional en los primeros cinco meses de 2021 comparado con el nivel de actividad observado en los mismos meses de 2020 y de 2019. Lo que sucede con la industria nacional es relevante, ya que ésta es la principal fuente de divisas para el país, al mes de junio de 2021 contaba con 7.465 millones de personas trabajando registradas en el IMSS, además de que en el primer trimestre de 2021, representó el 31.6% del PIB de México.

Para analizar el comportamiento de la industria nacional tenemos que el INEGI acaba de dar a conocer  los datos del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) al mes de mayo, por lo que ya podemos hacer una valoración más precisa del grado de recuperación que ha tenido la industria nacional respecto de los meses más complicados de la crisis de 2020, además de darnos cuenta de cuáles son las actividades en las que ya inclusive se recuperaron los niveles de actividad observados en 2019, previo a la pandemia.

Es así que en cuanto al IVFAI total, con cifras originales vemos que éste muestra un aumento de 9.9% en el comparativo de los primeros cinco meses de 2021 respecto de los mismos meses de 2020. Si bien esta es una magnífica noticia, se debe señalar que dicho índice se encuentra 4.7% por debajo del nivel que tenía en los primeros cinco meses de 2019.

A continuación se presenta la evolución de las cuatro actividades que componen la industria nacional:

Minería

La Minería representa el 5.0% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021 y respecto de esta actividad, tenemos que en los primeros cinco meses de 2021 su índice de producción está 0.9% por encima del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020; y destaca que el nivel de 2021 es 2.5% superior al registrado en los primeros cinco meses de 2019. Es así que esta actividad industrial, aparentemente es la única que se ha recuperado de la crisis económica vivida en 2020.

Respecto de las tres ramas de actividad que actividad que conforman la industria minera, tenemos que todas presentan niveles de producción más altos en los primeros cinco meses de 2021 respecto de los observados en los primeros cinco meses de 2019. En este sentido tenemos que los Servicios relacionados con la minería están 5.9% arriba del nivel de 2019, mientras que la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas está 2.4% por encima, y la extracción de petróleo y gas se encuentra 2.0% por encima del nivel de los primeros cinco meses de 2019.

Electricidad, gas y agua

En cuanto a la actividad denominada “Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final”, ésta representa el 1.9% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021. Respecto a su evolución tenemos que ésta no se ha podido recuperar a sus niveles de producción observados en 2019 y de hecho se encuentra aún por debajo de lo observado en 2020. De acuerdo con el INEGI, el IVFAI de electricidad, gas y agua se encuentra en los primeros cinco meses de 2021 en un nivel 2.5% por debajo del de los primeros cinco meses de 2020 y está 5.6% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019.

De las dos ramas de actividad que componen la actividad de electricidad, gas y agua, tenemos que la de Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final se encuentra 1.8% por encima del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020, pero está 1.3% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019. En cuanto a la actividad de Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica es preocupante que ésta se encuentre 3.8% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020 y sea 6.8% inferior al nivel observado en los primeros cinco meses de 2019.

Construcción

La Construcción representa el 6.9% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021. Este porcentaje ha disminuido derivado de que el sector industrial más afectado ha sido el de la Construcción, ya que como es bien sabido, a lo largo de lo que lleva esta administración federal, se ha desanimado la inversión física y productiva. Es así que si bien la industria de la construcción se encuentra 8.5% por encima del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020, aún está 12.8% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019.

Respecto a las tres ramas de actividad que componen a la industria de la construcción, vemos una gran variedad en el desempeño de éstas. Vemos que los Trabajos especializados para la construcción se encuentran 16.7% por encima del nivel registrado en los primeros cinco meses de 2020, pero están 2.0% por debajo del nivel de los primeros cinco meses de 2019. En cuanto a la Edificación, ésta se encuentra 8.9% por encima del nivel registrado en los primeros cinco meses de 2020, pero ésta 13.6% por debajo del nivel de los primeros cinco meses de 2019. Finalmente, en cuanto a la Construcción de obras de ingeniería civil ésta se encuentra 1.6% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019 y se encuentra 19.2% por debajo del nivel de los primeros cinco meses de 2019.

Industrias manufactureras

Las industrias manufactureras representan el 17.9% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021 y respecto de estas actividades, vemos que éstas han tenido una favorable evolución en 2021, aunque aún no recuperan su nivel de 2019. Concretamente tenemos que en los primeros cinco meses de 2021 éstas presentan un crecimiento de 15.0% en el volumen de producción respecto a 2020, pero todavía se encuentran 3.2% por debajo del nivel observado en 2019.

En cuanto al desempeño de cada una de las ramas de actividad manufacturera, tenemos que de las 21 ramas de actividad, 20 presentan incremento respecto del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020; aunque con respecto a los primeros cinco meses de 2019, sólo 8 presentan un nivel superior en el nivel real de producción. Esto significa que 8 de 21 ramas de actividad se han recuperado plenamente de la crisis de 2020.

A continuación se presenta el desempeño de las ramas de actividad que presentan un nivel de producción superior en 2021 respecto de 2020. Esto para el comparativo de los primeros cinco meses de 2021 respecto de los primeros cinco meses de 2019, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (17.3%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (12.6%); Industria del plástico y del hule (3.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (2.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (2.2%); Fabricación de productos metálicos (2.2%); Industria alimentaria (0.7%); e Industria del papel (0.3%);

Ahora se presentan las ramas de actividad que en los primeros cinco meses de 2021 se encuentran por debajo de su nivel de 2019, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se incida el porcentaje de variación): Industrias metálicas básicas (-0.6%); Industria de las bebidas y del tabaco (-1.4%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-2.9%);  Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-4.4%); Otras industrias manufactureras (-4.9%); Impresión e industrias conexas (-5.7%); Industria química (      -6.5%); Fabricación de maquinaria y equipo (-7.8%); Industria de la madera (-8.0%); Fabricación de equipo de transporte (-12.1%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-14.6%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-23.8%); Fabricación de prendas de vestir (-23.9%).

Como puede apreciarse, las ramas de actividad más afectadas son las de textiles, vestido, calzado y marroquinería. Un gran apoyo para reactivar estas actividades es el combatir frontalmente las importaciones en condiciones de contrabando y subvaluación, algo que ha sido una asignatura pendiente por parte del gobierno federal desde hace varios años.

En este sentido, preocupan dos cosas: 1. Que el pasado 14 de julio se publicó en la edición vespertina del Diario Oficial de la Federación el “DECRETO por el que se crea la Agencia Nacional de Aduanas de México como un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público”, el cual crea el órgano administrativo desconcentrado denominado Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM); y 2. La intención del Gobierno Federal de crear los Tianguis del Bienestar para comercializar en ellos los productos de importación decomisados y embargados que se encuentran en bodegas.     

Respecto a la ANAM, el Decreto adolece de vicios serios de inconstitucionalidad que pueden derivar en diversas demandas de amparo, además de que ésta estará a cargo de las fuerzas armadas. En cuanto a los Tianguis del Bienestar, pues es una locura querer legalizar lo que de origen es ilegal ya que es producto pirata o que no cumple con normas de seguridad o salud. Es un atentado en contra de los que menos tienen y es otro golpe al estado de derecho en nuestro país. De estos dos temas se puede escribir un editorial completo.

A manera de conclusión se puede señalar que la industria nacional se va recuperando, aunque ésta es desigual ya que hay actividades que ya están operando en niveles superiores a los de 2019, mientras que otros aun se encuentran muy por debajo. Esto requiere de acciones concretas por parte de la Secretaría de Economía, así como de la recién creada ANAM. Por parte de los empresarios, aquellos que sean capaces de incursionar exitosa y rápidamente en los mercados de exportación tendrán un mejor desempeño respecto de los que se queden a abastecer el mercado interno.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com  

En Twitter: @alejandrogomezt

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El creciente problema de deuda pública en 2021

Mucho se ha comentado respecto de la vigorosa recuperación económica de Estados Unidos con una proyección de crecimiento económico de 7% para este año. Ésta se sustenta en un incremento sustancial de la oferta monetaria por parte del Banco de la Reserva Federal (FED), así como por los agresivos paquetes de estímulo por parte de su gobierno federal. En total, los estímulos aprobados por parte de Estados Unidos entre 2020 y lo que va de 2021 totalizan casi 5 billones de dólares, cifra que representa el 24.46% de su Producto Interno Bruto (PIB) de este año. Lo más destacable de estos apoyos es que a las personas se les dieron cheques de 1,200 dólares en abril de 2020, otro de 600 dólares entre diciembre de 2020 y enero de 2021, y uno más en marzo de este año por 1,400 dólares. Es así que en el año fiscal 2021 los Estados Unidos registraran un déficit fiscal de 3 billones de dólares, equivalentes al 13.4% de su PIB. Con todo esto queda claro que nuestro vecino del norte está haciendo todo lo posible por resucitar su economía y abatir el desempleo. 

Mientras eso sucede en Estados Unidos, sabemos bien que en México los apoyos por parte del gobierno federal para hacer frente a la pandemia del Covid19 han sido casi nulos. De hecho la recuperación económica que ahora sentimos está sustentada en dos pilares: las exportaciones a los Estados Unidos y la recepción de remesas enviadas desde Estados Unidos. Para ilustrar la importancia de esto tenemos que en los primeros cinco meses de 2021 las exportaciones totales de México se encuentran 29.2% por arriba del valor de las exportadas en los mismos meses de 2020 y también están 2.1% por encima del valor de los primeros cinco meses de 2019. Por su parte, las remesas alcanzaron entre enero y mayo de 2021 un total de 19 mil 178.35 millones de dólares, un aumento del 21.75% respecto al mismo periodo de 2020.

La evidencia muestra que, a diferencia de otros países, en especial respecto a Estados Unidos, el gobierno federal mexicano ha hecho muy poco para que la economía nacional se recupere y lo que vamos avanzando este año es gracias a los empresarios y a lo que los migrantes envían a sus familias. La realidad es que no se sabe si la omisión de México fue por falta de recursos para hacerlo o porque al gobierno federal simplemente no le importa la economía nacional. Pero no obstante lo anterior, pese a que no ha habido apoyos, la situación fiscal del país se sigue deteriorando en términos absolutos con una deuda del sector público federal que no deja de crecer, como veremos a continuación.   

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer los saldos de la deuda del sector público federal al 31 de mayo de 2021, y a dicho mes el saldo total de la deuda neta fue de fue de 12.310 billones de pesos, de los cuales 7.838 billones correspondieron a deuda interna y 224.191 miles de millones de dólares (mmdd) fueron de deuda externa.

De esta manera, pese al discurso oficial de que no se ha endeudado al país, la realidad es que en el periodo del 1 de diciembre de 2018 al 31 de mayo de 2021 (lo que va de la presente administración federal), la deuda interna neta ha aumentado en 1.149 billones de pesos, mientras que la deuda externa creció en 26.127 mmdd. Ambos conceptos suman deuda adicional de 1.579 billones de pesos, equivalente a un crecimiento nominal de 14.1%. Esto implica que el sector público federal se ha endeudado en lo que va de la presente administración federal a un ritmo equivalente a 1,731 millones de pesos adicionales al día en promedio. Esta es una tasa de endeudamiento escandalosa y de hecho es superior a la observada durante el sexenio pasado (2012 – 2018), misma que fue de 1,425 millones de pesos diarios dado que pasó de 5.172 billones de pesos el 1 de diciembre de 2012 a 10.731 billones de pesos el 30 de noviembre de 2018.  

El crecimiento de la deuda del sector público en México se debe a que en 2019 el déficit presupuestario fue de 1.6% del PIB, mientras que en 2020 fue de 3.5% del PIB y se espera que este año llegue a 2.8% del PIB. Este desequilibrio se debe esencialmente a que dejamos de tener superávit primario por lo que ahora el sector público federal se endeuda para poder cubrir el pago de intereses de la deuda

Si tomamos en consideración que el PIB de México en el primer trimestre de 2021 fue de 24.903 billones de pesos, entonces la deuda neta del sector público federal representa el 49.43% del PIB, lo que ubica a México entre los países relativamente menos endeudados; sin embargo, cuando consideramos que los ingresos presupuestarios estimados del sector público federal para el 2021 son de 5.713 billones de pesos, pues queda claro que la deuda del sector público equivale al 215.47% de dicha cantidad. Y es precisamente este dato el que más preocupa.  

Este elevado peso de la deuda respecto de los ingresos del sector público es peligroso, sobre todo, en un contexto de alza en las tasas de interés. En 2020 el costo financiero de la deuda fue de 686.085 miles de millones de pesos (mmdp) y se estima que este año sea de 717.961 mmdp.  Esto significa que el costo financiero de la deuda en 2021 será equivalente al 12.00% de los ingresos presupuestarios. En el caso de Estados Unidos, el gobierno federal pagará este año unos 300 mil millones de dólares de intereses, cifra que representa el 9% de sus ingresos totales, por lo que queda claro que bajo esta medida la situación fiscal de México está más comprometida, aunque tenga una deuda más pequeña en relación al tamaño del PIB.

Para el 2022 el gobierno federal mexicano estima en los Precriterios Generales de Política Económica que la tasa de interés promedio será de 4.0% y que el costo financiero de la deuda será de 761.981 mmdp, pero la realidad es que la tasa de interés estará en promedio en alrededor de 4.75%, por lo que el costo financiero podría ser cercano a los 800 mmdp. Este dato es muy relevante porque implica más presión a las finanzas públicas y que se destinen menos recursos para aspectos prioritarios como el desarrollo de inversión física directa, misma que fue de apenas 362.357 mmdp en 2020. Como referencia, cabe señalar que en 2018 la inversión física directa fue de 346.701 mmdp, por lo que resulta evidente el estancamiento en este indicador.

Hasta ahora las calificadoras de riesgo han valorado el esfuerzo del sector público federal de mantener “finanzas públicas sanas” y dar certeza respecto de la capacidad de pago de los compromisos financieros, pero las perspectivas para el mediano plazo son negativas. Muestra de ello es que el pasado 16 de junio la calificadora de riesgo crediticio S&P Global Ratings informó que ratificó las notas de riesgo crediticio de México de “BBB” en moneda extranjera y de “BBB+” en moneda local, pero a ambas las puso con perspectiva “negativa”. Esto significa que existe la posibilidad de una baja de calificación durante el próximo año debido a un perfil fiscal potencialmente más débil, dados los riesgos provenientes principalmente de Pemex.

Y es que si bien, se mantiene cierta disciplina fiscal, nuestro país no ha logrado el dinamismo económico que si observan otros mercados emergentes, además de que enfrentamos serios problemas con la inversión fija bruta por parte del sector privado, dadas las pocas señales de certidumbre por parte del gobierno federal. De acuerdo con el INEGI, el nivel de inversión fija bruta por parte del sector privado durante el primer trimestre de 2021 es 4.93% más bajo que el del primer trimestre de 2020, pero se debe destacar que es 13.14% inferior al observado en el primer trimestre de 2018.

A manera de conclusión podemos señalar que resulta evidente que es falso que México no esté aumentando si deuda, y que contrario a lo que pudiera pensarse, de hecho la deuda ahora crece a un ritmo más elevado que en el sexenio pasado, lo cual ya es mucho decir. Sin una reforma fiscal que amplíe la base de contribuyentes y combata la economía informal los problemas fiscales del país van a seguir y es probable que perdamos nuestra calificación de deuda soberana con grado de inversión. De suceder esto en 2022 sería una pésima noticia para el país y pudiera ocasionar un fuerte ajuste en el tipo de cambio. El reto para el armado del Paquete Económico 2022 será enorme y los mercados estarán muy atentos. Por el momento, vemos que no habrá motor interno de recuperación económica impulsado por el gobierno federal y que seguiremos dependiendo de las exportaciones y de los paisanos que mandan sus remesas al país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Servirá el alza en las tasas de interés?

La semana que recién concluye, el INEGI dio a conocer diversos indicadores que muestran que si bien la recuperación de la economía nacional está en marcha, el proceso no estará libre de dificultades. En cuanto al Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), éste mostró una disminución de -0.2% en términos reales en el cuarto mes del año en curso respecto al mes previo, con cifras desestacionalizadas. Ahora, en relación a las empresas comerciales, durante abril, sus ingresos por suministro de bienes y servicios disminuyeron -0.4% con respecto al mes inmediato anterior.

En este contexto de un camino hacía la recuperación lleno de baches, es que el INEGI dio a conocer el jueves 24 de junio por la mañana que en la primera quincena de junio de 2021 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una inflación de 0.34% respecto a la quincena inmediata anterior, por lo que con este resultado la inflación anual se ubicó en 6.02%. Con este dato, México  acumula 7 quincenas consecutivas en las que la inflación anual se ha ubicado por encima del 4.0% anualizado. Cabe recordar que la meta de inflación del Banco de México es de 3.0% con un margen de variación de más/menos un punto porcentual.

Derivado de lo anterior, es que ese mismo jueves 24 de junio, la Junta de Gobierno del Banco de México sorprendió a los mercados al anunciar su decisión de incrementar en 25 puntos base el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día a un nivel de 4.25%. Se sabe que esta decisión fue dividida, y que sólo 3 de los 5 miembros de la Junta estuvieron de acuerdo. Digo que resultó una sorpresa porque se había generado una idea de que aunque la inflación estuviera por encima del límite máximo de 4.0%, el Banxico tardaría en aumentar su tasa de interés hasta finales de año, ya que estaría privilegiando la recuperación de la economía nacional. Esto en un contexto en el que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ha dicho que planea subir su tasa de interés hasta 2023, no obstante que la inflación anualizada de aquel país en mayo fue de 5.0%, y hay un fenómeno inflacionario a nivel global por el rápido crecimiento de la demanda, los estímulos monetarios y los múltiples cuellos de botella que se deben resolver.

En el  caso de México, entre las razones para haber realizado el incremento en la tasa de interés objetivo que dio el Banxico, destacan: i) presiones inflacionarias externas; ii) presiones de costos o reasignaciones de gasto; iii) persistencia en la inflación subyacente; iv) depreciación cambiaria; y v) que la sequía presione a los precios agropecuarios; aunque también se reconoce que hay elementos que podrían ayudar a que la inflación no sea tan alta, entre los que destacan: i) los efectos de la brecha negativa del producto (la economía mexicana sigue muy por debajo de su potencial); ii) mayores medidas de distanciamiento social; y iii) apreciación cambiaria. Es así que ahora el Banxico estima que la inflación general regresará a la meta de 3% hasta el tercer trimestre de 2022.

Dado lo anterior, es pertinente preguntarnos si la decisión de haber aumentado la tasa de interés objetivo de 4.00% a 4.25% fue acertada o si el Banxico debió haber esperado un poco más. Para tratar de responder esta pregunta analizaremos a continuación la evolución de los diversos componentes del INPC. Cómo ya se señaló, en la primera quincena de enero de 2021 la inflación anualizada fue de 6.02%, producto de que la inflación subyacente fue de 4.58%, mientras que la no subyacente fue de 10.61%.

Dentro de los componentes de la inflación subyacente, vemos que la inflación de mercancías fue de 5.90%, mientras que la de servicios fue de apenas 3.11%. En cuanto a la inflación no subyacente, la inflación de bienes agropecuarios fue de 7.22%, mientras que la de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 13.36%.

Respecto a estos datos quiero destacar varias cosas: 1. Los energéticos y el gobierno han sido los mayores causantes de la inflación a lo largo de este año, ya que los precios de éstos y las tarifas públicas han estado creciendo un promedio de 16.38% anualizado en las últimas 6 quincenas; 2. Los productos agropecuarios han venido acelerando su inflación, ya que ésta pasó de un promedio de 1.32% anualizado en las primeras seis quincenas de este año  a un promedio de 4.95% en las últimas cinco quincenas; 3. La inflación de mercancías no ha tendido mayores cambios, ya que ésta pasó de un promedio anual de 5.58% en las primeras seis quincenas de 2021 a un promedio de 5.72% en las últimas cinco quincenas.

Con estos datos resulta claro que buena parte de la inflación está siendo causada por razones que no son de demanda, por lo que el haber subido la tasa de interés no ayudará a controlar la inflación. Esto me recuerda la frase que hace muchos años dijo el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando se le preguntaba porque el banco central no aumentaba la tasa de interés para combatir la inflación causada por el incremento en el precio del huevo: “(el subir la tasa de interés) no hará que las gallinas pongan más huevos”, dijo en aquella ocasión. En otras palabras, en el momento actual, el incrementar las tasas de interés no hará que bajen los precios de las gasolinas, ni del petróleo, ni hará que disminuya el precio del maíz, ni bajará el precio del pollo, no resuelve los cuellos de botella globales que causan una inflación mundial en los precios de muchos insumos y bienes terminados, entre otros.

El alza en la tasa de interés, a lo mucho, servirá para que haya una menor demanda de bienes y servicios en México, por lo que algunos bienes nacionales podrían experimentar menores presiones inflacionarias derivadas de que los productores continúen con bajas ventas. Cabe señalar que el alza en la tasa de interés podría ayudar a controlar la inflación en la medida en que sirva para que el precio del dólar baje y de esa manera las importaciones sean un poco más baratas. Como muestra tenemos que una vez que se anunció el alza en la tasa de interés objetivo en México, el dólar bajó unos 20 centavos. Sin embargo, pues esto no puede ser una buena noticia porque si se utiliza la tasa de interés para mantener el tipo de cambio bajo en un contexto de inflación, pues lo único que se logrará es aumentar las importaciones, y quitarle competitividad a las exportaciones, en perjuicio de la planta productiva nacional.

Y pues más allá del impacto negativo que tendrá el alza en la tasa de interés en el proceso de recuperación económica, habrá otro impacto negativo en las finanzas de todos aquellos que tienen deudas contratadas con tasa de interés variable o que piensan contratar deuda. Cabe recordar que la deuda del sector público federal fue de 12.329 billones de pesos al 30 de abril de este año y el costo financiero de ésta implica que todos los días el sector público federal paga 1,468.8 millones de pesos diarios por concepto de intereses. Si bien es cierto que parte de esta deuda tiene tasa fija, las renovaciones de deuda en pesos serán pactadas con una tasa de interés más elevada. Lo mismo pasará con la deuda del sector privado, sobre todo aquella que está ligada a lo que suceda con la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), y como muestra tenemos que la TIIE a 28 días pasó de 4.2863% el jueves 24 a 4.5200% el viernes 25 de junio.

A manera de conclusión podemos señalar que aparentemente el alza en la tasa de interés por parte del Banxico tendrá un impacto limitado en la evolución de la inflación y que en todo caso parece que busca más un impacto sicológico en la formación de expectativas de inflación para el mediano plazo. No obstante lo anterior, esto vendrá con un costo en la manera de una menor dinámica económica y de creación de empleos, además de que implicará mayores costos financieros para los gobiernos, empresas y familias. El gran problema es que todo parece indicar que ésta no será el única alza que veremos en los siguientes meses y que es posible que veamos que la tasa de interés objetivo del Banxico llega a niveles de 4.50% o 4.75% al cierre de este año y de 5.0% o 5.25% en junio de 2022.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Inflación, tasas de interés y presiones en el tipo de cambio

Durante la semana que recién concluyó vimos como el tipo de cambio fue presionado al alza, de manera que éste llegó el viernes 18 de junio a niveles cercanos a los 20.70 pesos por dólar, desde los 19.87 pesos observados en el arranque de la semana. Esta evolución resultó sorpresiva para muchos, sobre todo si se toma en consideración que estábamos en un periodo de “estabilidad” cambiaria y que inclusive en la Encuesta Citibanamex de Expectativas del 7 de junio, el consenso manifestó que espera que el tipo de cambio se ubique en 20.50 unidades por dólar al cierre del año.  En esta entrega abordamos las razones de tal ajuste, y de los episodios de volatilidad que estaremos observando en el marcado cambiario, las cuales son principalmente de naturaleza externa, concretamente por lo que está sucediendo con el crecimiento económico de Estados Unidos y las presiones inflacionarias que está generando.

Desde hace varias semanas, no hay día en que los analistas de medios como el Wall Street Journal o de CNN, no mencionen que el fuerte crecimiento de la economía estadounidense está provocando un incremento en su tasa de inflación, misma que fue del 5.0% anual en mayo. Hay todo un debate respecto de si dicho aumento de los precios es un fenómeno temporal o será un fenómeno permanente, por lo que se especula respecto del impacto que esta inflación tendrá en el nivel de tasas de interés en los Estados Unidos y en el resto del mundo.  El impacto de los precios en el nivel de tasas de interés, así como la expectativa del nivel de éstas en el mediano plazo, es preocupante en un contexto en el que la mayoría de países aún se encuentra en un proceso de recuperación económica, cómo es el caso de México. Un movimiento global hacia tasas de interés más altas, con el Banco de la Reserva Federal (FED) encabezando dicho ajuste, genera el riesgo de sofocar los esfuerzos de recuperación económica en algunos lugares, especialmente en un momento en que la deuda de los mercados emergentes ha aumentado.

Los bancos centrales del mundo están atentos a la manera cómo irá respondiendo la FED al aumento de la inflación en EE.UU. En este sentido, los principales mercados bursátiles a nivel mundial cayeron el jueves 17 después de que los funcionarios del banco central estadounidense, tras su reunión de política monetaria, indicaron que esperan comenzar a subir las tasas de interés hacía finales de 2023. Esto es antes de lo que se había anticipado, tras su pasada reunión de marzo de este año, y es una respuesta clara a un posible sobrecalentamiento de la economía estadounidense.

El tamaño de la economía de EE.UU., que representa casi una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y la importancia de sus mercados financieros, han ejercido durante mucho tiempo una gran influencia en la formulación de la política monetaria a nivel global. Esto significa que, por lo general cuando la FED sube sus tasas de interés, los demás bancos centrales (en especial los de países en desarrollo) hacen lo propio. Inclusive, en ocasiones sólo basta con que la FED indique la intencionalidad de subir sus tasas de interés, para que en otros países se realicen ajustes al alza anticipadamente. Pero el crecimiento inusualmente fuerte de nuestro vecino del norte durante este año es fundamental para que la economía mundial se recuperé tras la crisis del 2020. De hecho, las expectativas de que el PIB de México pueda crecer arriba del 5% este año descansan en el supuesto de que la economía estadounidense nos jalará a través del sector exportador. Los funcionarios de la FED esperan que la economía estadounidense crezca un 7% este año, según las proyecciones publicadas el miércoles 16, lo que significa que EE.UU. por si sola generaría 1.75 puntos porcentuales del PIB mundial.

Entonces, anticipándose al apretón monetario que vendrá, los capitales salen de los mercados emergentes y por eso el tipo de cambio en México subió el 17 y 18 de junio. Para proteger sus tipos de cambio, ante la incertidumbre por la inflación y posibles movimientos en tasas de interés en Estados Unidos, es que los bancos centrales de Rusia, Brasil y Turquía subieron sus tasas de interés en las últimas semanas, además de que esta medida también obedece a los esfuerzos para reducir la inflación derivada del aumento de los precios de las materias primas este año. A medida que las fábricas de todo el mundo se esfuerzan por satisfacer la demanda estadounidense, los precios de las materias primas, desde el estaño hasta el cobre, se han disparado en todo el mundo.

El banco central de Brasil recientemente anunció su tercer aumento consecutivo en la tasa de interés de 0.75 puntos porcentuales a 4.25% y anticipó posibles aumentos adicionales en el futuro, mientras lucha contra una inflación del 8.1%. Por su parte, el Banco de Rusia ha elevado su tasa de referencia tres veces este año al 5.5%, luego de que la inflación se acelerara a más del 6% este mes, su nivel más alto en casi cinco años. El martes, la gobernadora Elvira Nabiullina dijo que Rusia continuará aumentando las tasas de interés y no espera que esto obstaculice el crecimiento económico.

El banco central de Turquía aumentó bruscamente su tasa de interés principal al 19% en marzo para contrarrestar la inflación de dos dígitos y la depreciación de la lira. Pero la lira turca ha vuelto a estar bajo presión en las últimas semanas dado que los inversionistas intentan evaluar si el banco central atenderá las demandas del presidente Recep Tayyip Erdogan de recortar las tasas.

Queda claro entonces, con base en lo anterior, que el crecimiento económico de Estados Unidos le esta haciendo bien al mundo porque apoya a las economías nacionales al impulsar las importaciones y las remesas desde Estados Unidos. Pero también la inflación que ocasiona y su impacto en las tasas de interés, aumentará los costos de endeudamiento. El ajuste se da en dos vías: por un lado un dólar más fuerte le ocasiona mayores costos a los países que han contratado deuda en dólares, pero por otra parte, le da más competitividad a los exportadores al abaratar sus productos en términos de dólares.

En el caso de México, la tasa de interés objetivo del Banco de México es del 4.0% y ya casi nadie piensa que ésta pudiera bajar más en lo que resta del año; por el contrario, la expectativa es que pudiera comenzar un ciclo alcista hacía finales de este año o principios del que sigue, en caso de que la inflación se mantenga en los niveles anualizados actuales (4.67% en marzo, 6.08% en abril y 5.89% en mayo). De hecho, considero que una de las principales razones por la que no hemos visto todavía un incremento en la tasa de interés objetivo por parte del Banxico es por la inclusión de Gerardo Esquivel Hernández, Jonathan Heath y Galia Borja Gómez, como miembros de la Junta de Gobierno del banco central. Ellos tres han entrado durante la actual administración federal, y le han dado al Banxico una posición mucho más “paloma” en el sentido de privilegiar el crecimiento y creación de empleos. Esto no obstante que el mandato constitucional del banco central mexicano es preservar el poder adquisitivo de la moneda.

La gran pregunta que queda tiene que ver con lo que sucederá con la tasa de inflación en los Estados Unidos y lo que eventualmente ocurrirá con las tasas de interés por parte de la FED. La incertidumbre respecto de estos posibles movimientos mantendrá al tipo de cambio con alta volatilidad. Esperemos que aquí en México los proveedores de la industria no tomen el tipo de cambio en niveles de 20.70 como pretexto para seguir incrementando los costos de los insumos y materias primas. Eso generaría una espiral inflacionaria y presionaría al Banxico para subir las tasas de interés antes de lo anticipado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Los riesgos inherentes de las criptomonedas

El miércoles 9 de junio, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en aprobar una ley que le da a la criptomoneda Bitcoin el carácter de “moneda de curso legal”, es decir, de dinero. De esta manera, en ese país el Bitcoin podrá ser usado “en cualquier transacción y cualquier título que las personas naturales o jurídicas públicas o privadas requerían realizar”. De igual forma, siendo que la moneda oficial de El Salvador es el dólar estadounidense, el tipo de cambio entre el Bitcoin y el billete verde será determinado libremente por el mercado y todo precio en El Salvador “podrá ser expresado en bitcoin”, además de que se obliga a todo agente económico a “aceptar bitcoin como forma de pago”. Quedan excluidos quienes por hecho notorio y de manera evidente “no tenga acceso a la tecnología” que permite ejecutar las transacciones.

Desde mi punto de vista, el autorizar una criptomoneda sumamente volátil como moneda de curso legal y con la que puedes pagar tus impuestos, es una enorme tontería. Pero ese no es en tema de esta entrega. El propósito es abordar dos cuestiones: primero, si la aprobación del Bitcoin como moneda de curso legal en un país que mantiene relaciones con Estados Unidos provoca que la mayor potencia económica mundial le tenga también que conferir el mismo carácter de “moneda”; y 2. Algunas de las razones por las cuales el Bitcoin probablemente esté destinado a ser simplemente una gigantesca  burbuja especulativa del Siglo XXI. Esto no quiere decir que la tecnología del blockchain no sea extremadamente útil, el tema es con las criptomonedas.

Implicaciones legales para Estados Unidos

La aprobación de esta ley hay provocado toda clase de especulaciones en el sentido de cómo reaccionará Estados Unidos y si la legislación estadounidense le dará estatus de dinero de curso legal.  En este sentido, previo a la aprobación de la Ley Bitcoin, el despacho estadounidense SmithAmundsen publicó una nota en la que señala que en principio no es claro el impacto que esta medida tendrá en la valuación de las reservas de divisas de El Salvador y cómo esto podría afectar su acceso al crédito en los mercados de capitales (https://www.jdsupra.com/legalnews/the-impact-of-el-salvador-recognizing-7997113/).

Respecto a las implicaciones para los Estados Unidos, SmithAmundsen menciona que según la legislación estadounidense, el Bitcoin está regulado como un commodity por parte de la Comisión de Comercio de Futuros de Commodities (CFTC por sus siglas en inglés). Por su parte el IRS (el SAT de EE.UU.) cataloga a la criptomoneda como «propiedad» para los efectos del impuesto sobre la renta federal. Por lo tanto, el tratamiento de Bitcoin según la ley de los EE.UU., probablemente no se verá afectado por la ley aprobada por El Salvador.

Sin embargo, algunos analistas han especulado que la adopción de Bitcoin por parte de El Salvador como moneda de curso legal podría hacer que el Bitcoin caiga dentro de la definición de «dinero» por parte del Código Uniforme de Comercio (UCC) de EE.UU. Dicho ordenamiento define el dinero como: [Un] medio de cambio actualmente autorizado o adoptado por un gobierno nacional o extranjero. El término incluye una unidad de cuenta monetaria establecida por una organización intergubernamental o por acuerdo entre dos o más países.

El que el Bitcoin entrara dentro de la definición de «dinero» del UCC tendría gigantescas implicaciones legales para todo el planeta. Sin embargo, la profesora Jeanne L. Schroeder no está de acuerdo con esa evaluación. Señala que “El Bitcoin no podría convertirse en “dinero” bajo las definiciones de la UCC, incluso si un gobierno lo adopta. El problema es que, aunque está redactado de manera desarticulada, en contexto, está claro que el término bajo la UCC se limita a moneda física o ‘mano a mano’ «. La interpretación es que la UCC limita el término «dinero» a la moneda física.

No obstante lo anterior, el despacho SmithAmudsen admite que no existe jurisprudencia o autoridad legal formal que permita predecir cómo se tratará al Bitcoin para efectos del UCC. Una vez que El Salvador ha aprobado la Ley Bitcoin, es un hecho que veremos una nueva ronda de debates sobre cómo deben Estados Unidos y otros países, tratar a Bitcoin.

Habiendo dicho todo lo anterior, me gustaría ahora abordar el segundo tema de esta entrega, el cual consiste en mencionar los riesgos inherentes a las criptomonedas, así como las contradicciones en las que han caído sus usuarios, una vez que éstas se han popularizado.

De acuerdo con un análisis de Chi Lo, publicado el 21 de mayo de este año en el blog de BNP Paribas Asset Management y titulado “Los riesgos inherentes de las criptomonedas: cuando bitcoin se encuentra con la CBDC de China”, se hace un magnífico recuento de los grandes retos que enfrentan las criptomonedas, tales como seguridad, medio ambiente, competencia por parte de las monedas digitales de los bancos centrales, entre otros.

Chi Lo comienza señalando que el incremento en los controles regulatorios, debido a que los bancos centrales protegen su soberanía de política económica y los gobiernos nacionales buscan mitigar el cambio climático, es un riesgo inminente para las criptomonedas. En este sentido no debe sorprender que la posición oficial de China es ‘anti-cryptos’.

El anonimato de las criptomonedas, especialmente en el caso de Bitcoin, viene con el costo de que no existe ningún recurso ni protección contra el robo, la pérdida u otras formas de delitos financieros. Esto crea un riesgo inherente que el mercado crypto está tratando de solucionar. Irónicamente, las posibles soluciones son las de la banca tradicional y son un mal augurio para las criptomonedas, ya que se destruye su característica de anonimato imposible de rastrear.

A largo plazo, la “protesta social” que ha dado popularidad al uso del Bitcoin podría mover a los los gobiernos nacionales a mejorar su gestión macroeconómica y fortalecer el marco de sus instituciones. De materializarse esto, las criptomonedas podrían verse marginadas por el auge de las monedas digitales de los bancos centrales caracterizadas por un ‘anonimato controlable’, como el planteado por el modelo chino.

El Bitcoin- Un nuevo tipo de arreglo institucional

La fiebre de las criptomonedas ha aparecido en los titulares de los diarios financieros, con el aumento del precio de Bitcoin (y su posterior debacle el último mes), además de que ha generado un intenso debate respecto del costo ambiental que implica la tecnología de criptomonedas. Sin embargo, estos pueden ser un tema secundario en comparación de una importante tendencia en desarrollo, que es la digitalización de la moneda de China, el yuan o renminbi.

La moneda digital del banco central (CBDC por sus siglas en inglés), oficialmente llamada Pago Electrónico en Moneda Digital (DCEP o ‘e-CNY’ en el caso de China), también pone en evidencia los riesgos inherentes de las criptomonedas. Las CBDCs podrían conducir a la desaparición de las cryptos cuando se pueda restablecer la confianza pública en la política monetaria y en las instituciones gubernamentales.

El punto de partida para el Bitcoin, y las criptomonedas en general, es la pérdida de confianza en las instituciones gubernamentales como el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) y otras del mundo desarrollado, sobre todo después de la Gran Crisis Financiera de 2007-08 y ahora con el enorme crecimiento del dinero fiat en prácticamente todo el mundo tras la pandemia de Covid-19. El Bitcoin ha surgido como un nuevo tipo de arreglo institucional en el que los participantes acuerdan el valor del dinero sin el respaldo de instituciones públicas como los bancos centrales. La persistente idea de que Estados Unidos se aproxima a un periodo de elevada inflación provoca que más personas estén interesadas en cubrirse en instrumentos como el Bitcoin.

El costo ambiental del Bitcoin

El proceso de ‘minería’ de bitcoin, que determina su suministro finito de 21 millones de bitcoins en circulación para 2040, tiene un costo ambiental significativo en términos de consumo masivo de electricidad. Éste ha experimentado un aumento exponencial a lo largo de los años. El Centro de Cambridge para las Finanzas Alternativas estimó que la industria minera de bitcoins consumía alrededor de 143 teravatios-hora de electricidad al año en mayo de 2021, equivalente al 0.6% del consumo total de energía del mundo.

A modo de comparación, la red eléctrica principal de Australia usa menos de 200 teravatios-hora al año y toda Argentina usa solo 125 teravatios-hora al año. Bajo las iniciativas globales para el control del cambio climático, la minería de bitcoins se enfrenta a un riesgo inminente de un mayor control regulatorio global.

Este riesgo es especialmente prominente en China, donde el carbón es la principal fuente de energía, ya que ahí se lleva a cabo el 65.1% del total de la minería de Bitcoin. En su decimocuarto plan quinquenal, China estableció metas para que las emisiones de carbono alcancen su punto máximo para 2030 y para la neutralidad de carbono para 2060. Las fuertes emisiones provocadas por la minería de bitcoins podrían socavar estos esfuerzos de reducción de carbono.

La estrategia Anti-Bitcoin de China

El gobierno chino está comenzando a controlar la minería de bitcoins a medida que implementa los objetivos climáticos. Incluso las provincias ricas en energía renovable no quieren aceptar proyectos de minería de bitcoins. Prefieren favorecer los proyectos de uso intensivo de energía que se ajusten a los objetivos de desarrollo de Beijing. La minería de Bitcoin definitivamente no contribuye al desarrollo económico per se.

Desde el 2013, el Banco Popular de China (PBoC) prohibió a los bancos y comercios hacer transacciones con bitcoins. En 2017, cerró todos los exchanges (intercambios) nacionales y prohibió las ofertas iniciales de monedas (ICO) que creaban criptomonedas para financiar nuevas empresas. Se puede argumentar que, en estas circunstancias, la industria de bitcoins simplemente se mudaría de China a otro lugar. Evidentemente eso no ha sucedido.

Sin embargo, desde una perspectiva de control climático, es probable que el riesgo regulatorio que se observa ahora en China también surja en otros países. Por lo tanto, la minería de bitcoins / criptomonedas no tendrá a dónde ir a largo plazo. El impacto a corto plazo en la oferta podría presionar al alza el precio de bitcoin, inflando y prolongando la actual burbuja en su precio.

A pesar de la prohibición de China, millones de chinos todavía comercian con bitcoins a través de exchanges en el extranjero, o a través de corredores locales que organizan intercambios entre pares que no tienen un Exchange. Esto ha llevado al PBoC a comenzar a explorar la emisión de una moneda digital oficial, el DCEP. Las pruebas y experimentos con su circulación comenzaron en 2017. Beijing incluso planea usar su e-CNY como medio de pago en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en China.

Las monedas digitales de los bancos centrales están en camino

La tendencia es que los bancos centrales mundiales desarrollen y ofrezcan sus propias monedas digitales, tanto por razones económicas y políticas. En opinión de Chi Lo, esto podría marginar a las criptomonedas. Económicamente, los países quieren proteger sus sistemas monetarios y monedas para salvaguardar la soberanía de la gestión económica. La postura de China es claramente anti-bitcoin, con el PBoC apuntando a reemplazar el efectivo con un e-CNY controlado centralmente que le dará un ‘anonimato controlable’. Este es un ataque directo al anonimato irrastreable de los criptos.

El suministro fijo de bitcoins (y criptos) implica un gran ‘apocalipsis económico’ potencial que los bancos centrales quieren evitar. Una economía ‘basada en bitcoins’ (es decir, con el bitcoin de suministro fijo reemplazando todo el dinero fiduciario) le impediría al banco central tener la capacidad de llevar a cabo una política monetaria expansiva o anticíclica. Es simple economía: si fija variables nominales (Bitcoin, en nuestro caso), la producción real tiene que ajustarse a la baja para absorber cualquier impacto económico.

Entonces, en el caso de una recesión económica, cuando el suministro de bitcoins no puede expandirse, la producción económica entraría en caída libre. Fue este problema de la oferta monetaria rígida, lo que llevó a la desaparición del Patrón Oro y del sistema de Bretton Woods. Ambos privaron a los gobiernos de la capacidad de contrarrestar los grandes shocks económicos negativos, las crisis financieras y la deflación de los precios de los activos. ¿Alguien todavía piensa que el suministro fijo de Bitcoin es la panacea?

Políticamente, las CBDC inyectarán una nueva dimensión de intereses soberanos en competencia al ejercer influencia global en una futura guerra de divisas. Cuando una CBDC es generalmente aceptada por la comunidad global, impulsará el dominio de la moneda del país emisor en el fondo de reservas globales.

Las divisas se valoran como activos de reserva cuando cumplen dos condiciones:

1) Cuando sean estables, líquidos y ampliamente utilizados en transacciones internacionales.

2) Cuando están respaldados por un país que tiene vínculos importantes con el sistema global.

La revolución digital monetaria de China la está encaminando para satisfacer estos criterios, aunque a largo plazo. China también está inspirando la emulación, presionando a otros países para que exploren el desarrollo de CBDC, tal y como lo están haciendo el Banco Central Europeo y la FED.

Las crypto dándose un balazo en el píe

La comunidad crypro está contraatacando abordando el tema de la seguridad de Bitcoin y los enormes problemas de consumo de energía. Es por ello que han surgido nuevos jugadores intermediarios, como las carteras de custodia. Éstas permiten a los dueños a mantener sus criptomonedas en billeteras virtuales centralizadas, lo que les brinda las funciones elementales de recuperación de contraseña y protección de acceso, elementos de protección similares a los de la banca en línea.

Para reducir el consumo de energía, los desarrolladores de criptografía están explorando diferentes sistemas de incentivos y soluciones tecnológicas para reemplazar la computación de alto consumo de energía con modelos más eficientes. En particular, los sistemas basados ​​en la “prueba de participación” pueden establecer un consenso más rápido. Sin embargo, esto también significa que la integridad de este sistema depende de que la mayor parte de la tenencia de una criptomoneda permanezca en manos de jugadores honestos. Realmente no resuelve el problema del uso indebido de bitcoins / criptos por parte de los delincuentes. Además, los pesos de información en los que se basan los sistemas de prueba de participación dependen a su vez de que los saldos de monedas sean fácilmente verificables en un libro de contabilidad digital sin la necesidad de información externa. La identidad del titular es inevitablemente necesaria para la verificación. ¿Quién tiene la identidad legal de los poseedores de monedas? ¡El Gobierno!

Es obvio que estas soluciones replican algunas de las características del sistema financiero convencional. Requieren la participación del gobierno y la divulgación de la identidad del titular, ambos de los cuales se supone que el Bitcoin evita. Es así que la comunidad criptográfica se está disparando en el pie. Esto destaca otro tema clave: la confianza, en la que las criptomonedas se centran en atacar.

Instituciones débiles vs fuertes

Cuando la gente disfruta de sistemas legales y económicos sólidos, con un gobierno eficaz, buenas leyes de protección al consumidor, una política monetaria sólida y garantías gubernamentales como el seguro de depósitos contra quiebras bancarias, entonces la ventaja del anonimato que ofrece el Bitcoin resulta poca cosa.

Esencialmente, las criptomonedas prosperan en un entorno institucional débil. Entonces, cuando un sistema democrático fuerte se deteriora y la confianza del público en sus instituciones gubernamentales disminuye, surgen las criptomonedas, como se ve en el aumento del Bitcoin a raíz de la crisis financiera de 2008-09 cuando los promotores de criptomonedas capitalizaron el miedo y la desconfianza al dinero fiduciario. La evidencia sugiere que más que cualquier otra cosa, la fuerza de la demanda de bitcoins en las economías democráticas ricas avanzadas refleja una pura especulación sobre un posible colapso del sistema monetario o un esquema piramidal Ponzi donde el objetivo es salirse antes del colapso.

Esto, a su vez, sostiene que si los gobiernos y sus agencias quieren salvaguardar su soberanía de política económica, deben actuar juntos para recuperar la confianza pública. Al ver esto de manera positiva, la ‘protesta criptográfica’ es una llamada de atención para que los gobiernos cambien su comportamiento de gestión monetaria y se vuelvan más responsables para recuperar la credibilidad y la confianza pública.

Crypto no ha ganado el día

El intercambio de moneda digital Coinbase se convirtió en una empresa pública en abril de 2021 con gran fanfarria. Los partidarios de las criptomonedas argumentaron que su salida a bolsa de valores exitosa estableció a las criptomonedas como una fuerza a tener en cuenta en Wall Street. Respecto a este punto, Chi Lo es escéptico, por decir lo menos.

¿Por qué la gente todavía quiere este exchange y por qué sus acciones todavía tienen un precio que se cotiza en dólares estadounidenses en lugar de bitcoins? Las tecnología blockchain debería permitir al mundo eliminar al intermediario (Coinbase) y permitir un comercio directo sin problemas. Sin embargo, irónicamente, Coinbase es el mayor intermediario de comercio de cryptos. Su exitosa cotización y precio en dólares estadounidenses demuestran que la comunidad criptográfica no ha podido abandonar el sistema tradicional de dinero fiduciario controlado por el estado y la importancia de los intermediarios.

Peor aún, a los 56 millones de usuarios de Coinbase no les importa que la mayoría de sus transacciones ni siquiera se liquiden a través de ninguna blockchain o cadena de bloques. Esto es evidencia de que su motivación es la especulación, de manera que los especuladores solo están interesados ​​en usar bitcoin para obtener más dólares estadounidenses (la moneda fiduciaria que se supone que debe eliminar). Por lo tanto, el esquema Ponzi, disfrazado de Bitcoin, es sólo una historia cautivadora, pero ficticia, con la esperanza de que los precios seguirán subiendo hasta llegar al millón de dólares por Bitcoin. Cuando la historia se derrumbe, toda la pirámide se derrumbará.

Chi Lo concluye señalando que si el éxito de la cotización de Coinbase nos dice algo, es que los estados nacionales, no las criptomonedas, ganarán  la batalla y que se retendrá el control del sistema financiero del dinero fiduciario.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Los escenarios optimistas de crecimiento para México

A lo largo del año hemos visto cómo el nivel de optimismo respecto de la recuperación económica de México ha ido en aumento. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) acaba de ajustar su perspectiva de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de este año de 4.5% a 5.0%. También, la semana que concluye la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) hizo lo propio y estableció su pronóstico en una tasa de crecimiento de 6.5%. Y pues tampoco podía faltar el Banco de México, organismo que presentó su Informe Trimestral correspondiente al primer trimestre de 2021 y en él actualizó al alza su pronóstico para este año y para el 2022.  El ajuste que realizó el banco central es muy relevante porque confirma que dicho organismo ha dejado su línea dura de combate a la inflación al costo que sea, por una posición mucho más flexible, en la cual se privilegiará el tener tasas de interés reales negativas para apoyar la recuperación económica del país. En esta entrega presento los escenarios de crecimiento económico planteados por el Banxico, así como los elementos que, de materializarse, ponen en riesgo el que éstos se materialicen.

En su Informe Trimestral el Banxico destaca que en materia de crecimiento de la economía nacional, en 2021 el escenario base es de un crecimiento de 6.0%, en tanto que para 2022 se anticipa un crecimiento de 3.0%. Sin embargo, dada la incertidumbre que persiste alrededor de la dinámica prevista para la actividad económica, se considera que el crecimiento del PIB podría ubicarse entre 5.0 y 7.0% en 2021 y entre 2.0 y 4.0% en 2022.

Es escenario base del Banxico para el 2021 está sustentado en un mejor desempeño de la economía en el primer trimestre del año respecto a lo que previamente se había anticipado, ya que el PIB creció 0.8% entre el cuarto trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021. Sin duda hay expectativas positivas para lo que resta del año, las cuales están principalmente fincadas en la fortaleza de la demanda externa, particularmente por el cuantioso estímulo fiscal otorgado en Estados Unidos. A esto hay que sumarle el impacto positivo en el ánimo de los consumidores nacionales por los mayores avances en el proceso de vacunación y la eliminación de las restricciones a la movilidad que se adoptaron el año pasado y a principios de éste para hacer frente a la pandemia. Por su parte, la previsión de crecimiento del PIB para 2022 está basado en que México regrese a su tasa de crecimiento inercial.

De acuerdo con el Banxico, si en 2021 se materializa un crecimiento cercano a la parte superior del intervalo (7.0%), la actividad económica recuperaría en el último trimestre de este año el nivel observado al cierre de 2019. Con un crecimiento cercano al punto intermedio de los intervalos, dicha recuperación ocurriría hacia el segundo trimestre de 2022. Con un crecimiento cercano a la parte inferior de ambos intervalos, el nivel observado al cierre de 2019 se alcanzaría a principios de 2023.  Puesto de otra forma, si partimos de un valor de 100 en 2019 y la economía cayó 8.2% en 2020, con un crecimiento de 7% en 2021 estaríamos en este año 1.77% por debajo del valor del PIB de 2019. Si en 2022 la economía crece 4.0%, entonces el año que viene estaríamos 2.15% por encima del PIB de 2019. Habrá que ver si este escenario ultra optimista se materializa.

En función de lo anterior y con base en las previsiones para la actividad y la información más reciente sobre el número de puestos de trabajo afiliados al IMSS, el Banxico espera una crecimiento de entre 370 y 570 mil puestos de trabajo para este indicador en 2021. Para 2022, se espera una variación de entre 390 y 590 mil puestos de trabajo. Cabe recordar que en febrero de 2020 se alcanzó el máximo nivel de trabajadores registrados en el IMSS con 20.613 millones, por lo que si en abril de este año había 20.070 millones, eso significa que aún estamos 543 mil empleos abajo. Es así que de materializarse la expectativa más optimista del Banxico, en este año apenas se recuperarían los empleos formales perdidos por la pandemia del Covid19.

Desde luego que hay riesgos para el crecimiento. Las previsiones del Banxico no están talladas en piedra y pudieran no materializarse (también hay una pequeña probabilidad de que inclusive pudieran resultar mejores), ya que siguen los retos para la recuperación en un entorno de alta incertidumbre, ya que la pandemia de Covid19 aún no termina.

Entre los riesgos detectados por el Banxico y que podrían provocar que la tasa de crecimiento del PIB de 6% no se materialice están:

i. Que haya retrasos en la producción, distribución o aplicación de las vacunas o que haya un recrudecimiento de la pandemia, tanto a nivel global, como nacional, que implique la adopción de nuevas medidas de distanciamiento social para contenerla.

ii. Que se generen “cuellos de botella” en las cadenas de suministro a nivel global y éstos generen escasez de insumos para algunos sectores en México, particularmente el automotriz. Del mismo modo, que se dé un episodio de incrementos adicionales en los costos de insumos y de producción en diversos sectores de la economía.

iii. Que se observen nuevos episodios de volatilidad en los mercados financieros internacionales y se afecten los flujos de financiamiento para las economías emergentes. Esto podría ocurrir como resultado de mayores aumentos en las tasas de interés de largo plazo en Estados Unidos o por un aumento en la aversión al riesgo. La reciente inclusión de China en los principales índices globales de inversión de renta fija podría representar un reto para el financiamiento externo del resto de las economías emergentes.

iv. Que la recuperación de la inversión sea menor a la esperada, manteniéndose en niveles bajos respecto de lo requerido para apoyar la recuperación frente a la pandemia y el crecimiento de largo plazo del país.

Por su parte, entre los elementos que podrían hacer que la tasa de crecimiento sea más elevada, destacan:

i. Que la pandemia se disipe con mayor rapidez, particularmente por una campaña de vacunación efectiva, lo que apoyaría la confianza en la economía y las expectativas de una recuperación vigorosa.

ii. Que los estímulos que se han otorgado a nivel internacional contribuyan a restaurar la confianza de consumidores e inversionistas, y a apoyar la recuperación de la economía y el comercio globales.

iii. Que, dentro del marco del T-MEC, la mayor demanda externa esperada ante los estímulos implementados en Estados Unidos induzca un aumento en la inversión productiva.

iv. Que se mantengan condiciones financieras globales propicias para una recuperación económica acelerada.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que afortunadamente este será un buen año en materia de crecimiento y recuperaremos parte de lo que se perdió con la crisis de 2020 y principios de 2021.  Sin embargo, debemos tener claro que la recuperación será más vigorosa en aquellas actividades ligadas al sector externo y que pueden ampliar sus exportaciones a los Estados Unidos. Es una realidad que el consumo interno se recuperará muy lentamente en la medida en que crece el empleo, mientras que el gasto público (sobre todo el de inversión) continuará muy débil. Es por ello que la manufactura será el principal motor de crecimiento y con la recuperación de esta actividad podrá venir el crecimiento para el consumo y los servicios. Esperemos que los pronósticos optimistas del Banxico se materialicen, pero para ello se requiere trabajo y una buena dosis de suerte.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

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El rostro humano de las cifras del PIB en I/21

Durante la semana que termina, varios analistas destacaron que con cifras desestacionalizadas el Producto Interno Bruto (PIB) avanzó 0.8% en términos reales entre el cuarto trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021. Esto sin duda implica una mejoría y provocó que varios despachos ajustaran al alza su pronóstico de crecimiento económico para este año, como es el caso de Goldman Sachs, que lo elevó de 5.3% a 5.9%. No obstante lo anterior, es importante hacer la distinción de lo que es el crecimiento respecto del trimestre inmediato anterior versus el desempeño respecto al mismo trimestre de hace un año.

Aunado a lo anterior, es necesario entender lo que está sucediendo en las diferentes actividades que generan el PIB de nuestro país ya que la cifra agregada pues refleja el promedio, siendo que hay actividades que siguen teniendo un mal desempeño, lo que tiene implicaciones importantes para el bienestar de millones de personas. En esta entrega explicaré varios conceptos, pero antes sólo me gustaría poner como referencia que mientras que México creció 0.8% entre el cuarto trimestre de 2020 y el primero de 2021, el PIB de Estados Unidos creció 6.4 por ciento. 

Es pertinente comenzar mencionando el dato que nos da el INEGI respecto del PIB  Nominal  (PIBN) con cifras originales, mismo que a precios de mercado se situó en 24.903 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2021. Esto implica un aumento de 1.8% con relación al primer trimestre de  2020; sin embargo, cabe señalar que este resultado se originó de la disminución de -3.62% del PIB real (ajustado por inflación) y del incremento de 5.6% del índice de precios implícitos del PIB (inflación del periodo).

Como se señaló en el párrafo anterior, en el comparativo del primer trimestre de 2021 respecto del mismo trimestre de 2020, el PIB total cayó -3.62% con lo que se liga la octava disminución anualizada consecutiva en este indicador. Con este dato, se confirma que a pesar de que hubo una mejoría respecto del trimestre inmediato anterior, seguimos transitando por la crisis económica más prolongada que ha sufrido nuestro país desde 1932. Es así que con todo y que vamos avanzando lentamente, en el comparativo del primer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, el PIB en términos reales registra una caída de -4.86%. Esto implica que no es que sólo nos hayamos caído en el arranque del 2021 en 3.62%, sino que esto se vino a sumar a la disminución anualizada de 1.29% observada en el primer trimestre de 2020.

Ahora, en cuanto al desempeño del PIB por tipo de actividad en el periodo del primer trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021, tenemos que las actividades primarias (agricultura, ganadería, etc.) avanzaron 2.82%, mientras que las secundarias (industria) cayeron -2.66% y las terciarias (comercio y servicios) nuevamente fueron las más afectadas con una disminución de -4.03%. Con estos datos vemos que las actividades primarias ligan 3 trimestres consecutivos con aumentos anualizados, pero las actividades secundarias llevan 10 trimestres seguidos cayendo, mientras que las terciarias ligaron 6 trimestres al hilo con caídas.

Haciendo el análisis de lo sucedido dentro de las actividades secundarias en el primer trimestre de 2021, tenemos que la minería retrocedió -2.72%; la electricidad, gas y agua cayó -6.10%; la construcción se contrajo -6.80%; mientras que las manufacturas cayeron sólo -0.61%.  Respecto a estos datos, se debe señalar que tanto la minería, como la electricidad, gas y agua, acumularon 4 trimestres consecutivos con caídas anualizadas; mientras que la construcción ligó 8 trimestres seguidos con contracciones; y las manufacturas hilaron 6 trimestres seguidos con caídas.  

Como lo he señalado en anteriores entregas, el hablar de disminuciones en el PIB es muy sencillo, pero los números son fríos y no denotan la tragedia que significa la prolongada crisis económica que estamos viviendo. Es así que considero importante hacer mención de algunos de los indicadores más significativos que se desprenden de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del INEGI.

En dicha encuesta, se hace mención que (producto de la crisis económica por la que atraviesa nuestro país) la población ocupada en México en el primer trimestre de 2021 fue de 53 millones de personas, cifra inferior en 2.1 millones comparada con la del primer trimestre de 2020. Esto significa que el número de personas trabajando disminuyó -3.8% en el último año.

Por su parte, derivado de que el PIB de las actividades terciarias disminuyó -4.03% es que se explica que estas actividades hayan perdido 1.9 millones de puestos de trabajo entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021. Dentro de estas actividades destaca lo sucedido con el comercio, actividad que perdió 712 mil ocupados, mientras que los restaurantes y servicios de alojamiento dejaron ir a 656 mil personas en el mismo periodo.

Se debe aclarar que cuando se habla de la disminución de alguna actividad, esto se refiere a la suma de todas las unidades económicas. Es obvio que el impacto de la crisis económica no es igual para una microempresa que para una grande. Es así que se debe destacar que en el último año los micronegocios perdieron 924 mil puestos de trabajo y fueron el tipo de unidad económica que reportó la mayor pérdida de ocupación.

Finalmente, con todo y que en México la economía informal es una importante válvula de escape para evitar que tengamos un problema de desempleo más grande, tenemos que en el primer trimestre de 2021 la población desocupada (aquella que se encontraba sin trabajar, que estaba disponible y estuvo buscando trabajo), fue de 4.4% de la Población Económicamente Activa (PEA), lo que implica a 2.4 millones de personas desempleadas, cifra superior en 455 mil personas a la observada en el primer trimestre de 2020.

Con estos datos queda claro que la recuperación económica está en marcha y que todo parece indicar que a pesar de la falta de políticas públicas por parte del gobierno federal que incentiven la inversión, este será un buen año en materia de crecimiento. Sin embargo, no podemos dejar de admitir que hay sectores que aún están muy afectados por la crisis económica y que son los que más puestos de trabajo han perdido. Es importante Incentivar la demanda interna de productos mexicanos y no sólo depender del sector exportador para lograr la recuperación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Por qué ha caído el consumo en México?

En el arranque de 2021 el consumo privado en México tuvo un mal desempeño. En el comparativo del primer bimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020, el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior reportó una caída de -7.55%. Esto sin duda denota una caída en el bienestar general de la población y tiene dos explicaciones: por un lado, hay una disminución importante en el número de personas que conforman la población ocupada, y por otro lado, se ha dado una caída en términos reales en el nivel de ingresos promedio de la población.

En esta entrega abordaremos estos dos fenómenos que explican lo sucedido con el poder adquisitivo y consumo de los mexicanos. Desde luego que lo presentado aquí no tiene el rigor de una investigación científica, pero si busca proporcionar una idea clara de la magnitud del problema en el mercado laboral y en los niveles de ingreso promedio de la población ocupada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021, la población ocupada total en México disminuyó -4.30%, al haber pasado de 55.352 millones a 52.973 millones de personas. El porcentaje se dice fácil, pero implica que en los primeros tres meses de este año hubo 2.379 millones de personas menos trabajando con respecto a un año antes.

Desde luego que al haber menos gente trabajando, hay menos ingresos para millones de familias, y esto sin duda afecta su capacidad de comprar bienes y servicios. Por otra parte, es verdad que en el último año se dio un aumento importante en el salario mínimo, al haber pasado éste de 123.22 pesos a 141.70 pesos diarios entre 2020 y 2021; sin embargo, ocurrió un cambio significativo en la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso. Esto lo explico a continuación.

La ENOEN nos muestra que entre el primer trimestre de 2020 y los primeros tres meses de 2021 la población ocupada que gana menos de un salario mínimo (sm) aumentó 6.99%, al pasar de 12.533 millones a 13.409 millones. Esto ocurrió mientras que todos los demás rangos de ingreso presentaron disminuciones en la población ocupada que se encuentra en ellos.

Tenemos que la cantidad de personas que ganan de 1 hasta 2 sm disminuyeron -3.64%, al pasar de 19.781 millones a 19.062 millones; los que ganan de 2 a 3 sm decrecieron -19.22%, al pasar de 8.613 millones a 6.958 millones de personas; los que ganan de 3 a 5 sm disminuyeron -11.89%, al pasar de 3.715 millones a 3.273 millones de personas; mientras que los que perciben más de 5 sm decrecieron -23.45%, al pasar de 1.534 millones a apenas 1.174 millones de personas. Por su parte, una buena noticia es que aquellos que no reciben ingresos bajaron -4.22%, al pasar de 2.908 millones a 2.785 millones de personas. Finalmente, los que no revelaron cuánto ganan (los no especificados) aumentaron 0.70%, pasando de 6.264 millones a 6.308 millones de personas. Con estos datos, en principio queda claro que hay un empobrecimiento relativo de la población ocupada ya que si excluimos al grupo de “no especificados”, los que ganan menos de un salario mínimo pasaron de representar el 25.5% del total de población ocupada a ser el 28.7% del total.

Ahora, para poder determinar el número de salarios mínimos percibidos en promedio por persona ocupada al día, es necesario realizar algunos supuestos, dado que el INEGI no nos da información en este sentido. Para fines de esta entrega vamos a asumir las siguientes tres cosas:

a. En el primer trimestre de 2020 los que declararon que ganan menos de un sm, percibían 0.7 sm; los que dijeron que ganan de entre 1 y 2 sm perciben 1.4 sm; los que ganan entre 2 y 3 sm perciben 2.4 sm, los que dijeron que ganan de 3 a 5 sm perciben 3.9 sm; los que dijeron ganar más de 5 sm perciben 5.9 sm.

b. La crisis económica ocasionada por el Covid-19 ha mermado los niveles de ingreso de la población ocupada, por lo que las percepciones promedio en cada uno de los rangos se ajustaron a la baja.

c. Conservadoramente, vamos a asumir que en el primer trimestre de 2021, los que declararon que ganan menos de un sm, percibían en promedio 0.6 sm; los que dijeron que ganan de entre 1 y 2 sm perciben 1.25 sm; los que ganan entre 2 y 3 sm perciben 2.3 sm, los que dijeron que ganan de 3 a 5 sm perciben 3.8 sm; los que dijeron ganar más de 5 sm perciben en promedio 5.8 sm.

Si el optimismo plasmado en los supuestos anteriores es verdad, eso implica que en el primer trimestre de 2020 la población ocupada promedio percibía 1.64 sm diarios, mientras que en el primer trimestre de 2021 la percepción económica promedio fue de 1.44 sm. Esto implica una caída de -12.48% en el número de salarios mínimos que en promedio gana la población ocupada. Sin embargo, debemos recordar que en el salario mínimo pasó de 123.22 pesos en los primeros tres meses de 2020 a 141.70 pesos en los mismos meses de 2021, lo que representa un aumento de 15.00%.

Esto significa que el salario nominal promedio diario de la población ocupada habría pasado de 202.53 pesos en el primer trimestre de 2020 a 203.85 pesos en promedio en los mismos meses de 2021. Es decir, habría habido un aumento nominal de los ingresos promedio de 0.65% en el periodo referido. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación del periodo fue de 3.99%, eso significa que las percepciones promedio en términos reales habrían bajado -3.21% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021.

Ahora, en cuanto a la evolución de la masa salarial nominal (la percepción promedio diaria multiplicado por el número de días en el trimestre por el número de personas en la población ocupada) pasó de 1.008 billones de pesos en el primer trimestre de 2020 a 971.9 miles de millones de pesos en el primer trimestre de 2021. Esto implica una disminución  de -3.68% en términos nominales.  Obvio, si tomamos en consideración la inflación del periodo, vemos que el valor de la masa salarial se contrajo -7.37% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021. No es coincidencia que esta caída en el nivel de ingresos de la población ocupada sea en una magnitud similar a lo que cayó el consumo privado en el mercado interior en el primer bimestre de 2021, tal y como se indicó en el primer párrafo de esta entrega.

A manera de conclusión quiero señalar que México está en un proceso de recuperación económica, pero los niveles de consumo por habitante que veíamos en 2019 tardarán al menos tres años en recuperarse. En esta entrega vemos que la caída en los niveles de ingreso promedio de la población ocupada cayeron casi marginalmente, pero sin duda hay muchas personas que ahora ganan considerablemente menos que hace un año. Por otra parte, para recuperar los niveles de consumo agregado, será necesario que se recuperen las fuentes de empleo que se han perdido. Esto se ve bastante complicado a la luz de que no hay incentivos fiscales ni apoyos para que las empresas puedan expandir sus operaciones. Estamos atenidos a la recuperación de Estados Unidos para que a través del sector externo se pueda expandir la producción. No hay estrategia y por eso, con todo y que este año la economía crezca un 4 o 5%, el bienestar perdido tardará muchos años en recuperarse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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Una recuperación industrial heterogénea en el primer trimestre de 2021

El desempeño económico de México en el primer trimestre de 2021 fue de claroscuros, siendo los tonos oscuros los predominantes. De acuerdo a la estimación oportuna del INEGI respecto de la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) en los tres primeros meses del año, éste cayó -3.8% a tasa anualizada, producto de que las actividades primarias aumentaron 2.8%, las secundarias se contrajeron -3.0%, mientras que las terciarias cayeron -4.2%.  En esta entrega profundizamos respecto de la evolución de las actividades secundarias, medidas a través del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI).

La semana que recién concluyó, el INEGI dio a conocer la evolución del  IVFAI durante marzo, por lo que ya podemos realizar una valoración del desempeño de la industria mexicana en el primer trimestre de 2021. El dar seguimiento a este indicador es relevante porque las actividades secundarias (minería;  electricidad, gas y agua, construcción y manufacturas)  representaron el 28.17% del PIB en el año 2020 y en el mes de diciembre de dicho año daban empleo formal registrado en el IMSS a 7.193 millones de personas, cifra equivalente al 36.37% del total de trabajadores asegurados en México.

Actividad industrial total

Los datos del IVFAI de INEGI arrojan que en el comparativo del primer trimestre de 2021 respecto del mismo trimestre de 2020, la industria nacional se volvió a contraer, en esta ocasión -2.7%. Esto es  producto de que la minería cayó -2.7%; la actividad de electricidad, gas y agua se contrajo -6.1%; la construcción cayó -6.8%; mientras que las industrias manufactureras disminuyeron -0.6%.  Si bien son cifras negativas, se ven alentadoras después de haber visto que en el 2020 el IVFAI total cayó -9.9%, producto de que las actividades primarias se contrajeron -1.1%, las secundarias retrocedieron -5.3%, la construcción cayó -17.4%, mientras que las terciarias cayeron -9.9%.

Ahora bien, aunque el balance del primer trimestre de 2021 es negativo, lo sucedido en marzo denota que los indicadores continúan mejorando ya que entre marzo de 2020 y el mismo mes de 2021, la actividad industria total subió 1.7%. Esto es producto de que la minería se contrajo sólo -2.2; la electricidad, gas y agua disminuyó -3.5%, la construcción cayó -5.5%; pero las actividades manufactureras repuntaron un sólido 6.2%.

Minería

En relación al IVFAI de la Minería, como ya se señaló, ésta se contrajo -2.7% en el comparativo del primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021. Esto es producto de que dos de las tres actividades que componen la minería presentaron disminuciones. Concretamente tenemos que la Extracción de petróleo y gas cayó -2.8%; la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas aumentó 2.9%; mientras que los Servicios relacionados con la minería se contrajeron -10.9%.

Electricidad, gas y agua

En cuanto a la actividad de Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final, vemos que su IVFAI cayó -6.1% en el comparativo del primer trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021. Este resultado es producto de que las dos actividades que la conforman registraron disminuciones. Concretamente tenemos el siguiente resultado: la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica disminuyó -7.6%; mientras que el Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final decreció -1.0%.

Llama poderosamente la atención que la actividad de suministro de gas y agua haya disminuido, ya que históricamente ésta siempre crece, inclusive en momentos de crisis económica. Esto porque son servicios básicos que se deben dotar a una creciente población. Su caída es un evidente indicador de una disminución en el nivel de bienestar y desarrollo del país.

La caída en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica es natural en un contexto de caída del nivel de producción.

Construcción

En relación al IVFAI de la industria de la construcción, vemos que ésta cayó -6.8% en el comparativo del primer trimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020. Esta evolución es producto de que dos de las tres actividades que la componen presentaron disminuciones. Concretamente tenemos que las obras de Edificación cayeron -9.2%, la Construcción de obras de ingeniería civil bajo -3.4%, mientras que los Trabajos especializados para la construcción fueron los únicos que aumentaron al subir su volumen de producción en 1.7%.

La industria de la construcción ha enfrentado una de las crisis más largas de su historia. El IVFAI de este sector acumula 25 meses consecutivos con caídas anualizadas, ya que el último mes en que creció fue en febrero de 2019. También se debe destacar que en el comparativo de marzo de 2020 al mismo mes de 2021 la construcción en obras de edificación presenta una caída de -9.4%. Esto denota la fuerte caída en la inversión fija en el país y tendrá un elevado costo porque será muy difícil elevar los niveles de productividad en general de la economía.

Manufacturas

Respecto al IVFAI de las manufacturas, tenemos que entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021, éstas muestran una caída de -0.6% aunque la situación en lo interno de esta actividad sigue siendo bastante polarizada ya que hubo 11 actividades que aumentaron su nivel de producción mientras que 10 presentaron caídas.

A continuación se presentan las diferentes actividades, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis de indica el porcentaje de aumento o disminución durante el periodo): Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (28.3%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (11.7%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (7.6%); Industria del plástico y del hule (5.5%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (    5.0%); Fabricación de productos metálicos (4.7%); Fabricación de maquinaria y equipo (3.2%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (1.8%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (1.6%); Industria de las bebidas y del tabaco (1.6%); Industrias metálicas básicas (1.5%); Industria alimentaria (-0.7%); Industria de la madera (-2.8%); Otras industrias manufactureras (-3.0%); Industria del papel (-3.6%); Impresión e industrias conexas (-3.7%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-4.6%); Fabricación de equipo de transporte (-6.2%); Industria química (-6.2%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-15.9%); y Fabricación de prendas de vestir (-20.9%).

En lo correspondiente al comparativo de marzo de 2020 al mismo mes de 2021, vemos que el IVFAI de las manufacturas aumentó 6.2%, producto de que 16 actividades presentan incremento, mientras que cinco continúan con  fuertes problemas. Las actividades que requieren de mayores apoyos para reactivarse, están las siguientes (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución en el periodo mencionado): Industria del papel (-1.3%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-1.6%); Industria química (-6.4%); Fabricación de prendas de vestir (-7.6%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-9.8%).

Cabe señalar que buena parte de la recuperación en la industria manufacturera está fincada en el aumento de las exportaciones. En el comparativo del primer trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2020, vemos que el valor total en dólares de las exportaciones manufactureras (con maquila) creció 2.16%. Esto es producto de la siguiente evolución de las ventas al exterior (en paréntesis se indica el porcentaje de variación en el periodo antes mencionado): Industria de la madera (29.69%); Minerometalurgia (23.69%); Otras industrias manufactureras (13.89%); Textiles, artículos de vestir e industria del cuero (11.70%); Alimentos, bebidas y tabaco (11.39%); Siderurgia (9.36%); Química (8.96%); Productos plásticos y de caucho (6.60%); Fabricación de otros productos minerales no metálicos (4.38%); Papel, imprentas e industria editorial (1.14%); y Total productos metálicos, maquinaria y equipo (-0.88%).

Conclusiones

No cabe duda de que hay una recuperación  industrial en marcha y pese a las políticas públicas del gobierno federal que inhiben la inversión. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que la recuperación ha sido heterogénea, con sectores económicos registrando niveles de actividad superiores a los del año pasado, mientras que otros siguen retrocediendo, aunque a tasas más moderadas.

Como se mostró, buena parte de la recuperación de la actividad manufacturera proviene de las exportaciones ya que los otros motores de crecimiento interno están apagados. De hecho, será el sector exportador el que impulse la recuperación de la economía nacional este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Desempeño económico de las entidades federativas en México en 2020

México es un país de enormes contrastes, y más aún en cuestiones como el desempeño económico de sus diversas regiones en tiempos de crisis económica. Se ha comentado sobradamente que con el dato del primer trimestre de 2021, nuestro país acumuló 8 trimestres consecutivos con caídas anualizadas en su Producto Interno Bruto (PIB), lo que convierte a ésta en una de las recesiones más largas de nuestra historia moderna.

Como referencia tenemos que la primera crisis de la década de 1980 tuvo una duración de 6 trimestres (de III/82 a IV/83); la segunda crisis de los ochentas duró 5 trimestres (de I/86 a I/87); la crisis derivada del “error de diciembre de 1994” duró 4 trimestres (de I/95 a IV/95); la crisis financiera internacional tuvo un impacto en México de 5 trimestres (de IV/08 a IV/09); mientras que la recesión ocasionada por el actual gobierno federal aunada a la crisis del Covid-19 ya ha durado 8 trimestres (de II/19 a I/21). Cabe señalar que la estimación oportuna del PIB del primer trimestre de 2021 ubicó la caída de este indicador (con cifras originales) en -3.8%.

Como hemos mencionado desde este espacio, los costos sociales de la más reciente crisis económica han sido enormes, con millones de personas que abandonaron el mercado laboral, perdieron su empleo, les recortaron su jornada de trabajo y/o les disminuyeron su ingreso. Sin embargo, el impacto de ésta crisis no ha sido homogénea en México. En ese sentido, en esta entrega analizamos cual fue el impacto de la crisis económica en las diferentes entidades federativas del país.

Esto lo podemos presentar puesto que el INEGI dio a conocer los resultados del Indicador Trimestral de la Actividad Económica (ITAEE) del cuarto trimestre de 2020, con lo que se puede tener una imagen completa de lo sucedido en México a nivel de entidad federativa durante dicho año.  Presentaré primero la evolución de las economías en su conjunto, posteriormente veremos lo que sucedió con las actividades primarias (agricultura, ganadería, pesca, etc.), luego analizamos lo que pasó con las actividades secundarias (industria) haciendo especial énfasis en el sector manufacturero, finalmente, vemos el desempeño de las actividades terciarias (comercio y servicios).

Actividad económica total

En cuanto a la actividad económica total, cabe recordar que con cifras originales, el PIB de México en 2020 registró una caída de -8.2%. Esto implica que en dicho año hubo 20 entidades federativas que tuvieron un mejor desempeño comparado con el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Tabasco (3.4%), 2. Chiapas (-4.1%), 3. Zacatecas (-4.2%), 4. Baja California (-4.5%), 5. Oaxaca (-4.9%), 6. Sonora (-5.4%), 7. Chihuahua (-6.0%), 8. Durango (-6.3%), 9. Michoacán (-6.7%), 10. Campeche (-6.8%), 11. Jalisco (-6.9%), 12. México (-7.0%), 13. Guanajuato (-7.1%), 14. Aguascalientes (-7.2%), 15. Sinaloa (-7.2%), 16. Colima (-7.5%), 17. San Luis Potosí (-7.5%), 18. Yucatán (-7.9%), 19. Tamaulipas (-8.0%), 20. Veracruz (-8.2%), 21. Nuevo León (-8.7%), 22. Guerrero (-9.2%), 23. Ciudad de México (-9.4%), 24. Querétaro (-9.5%), 25. Nayarit (-10.1%), 26. Hidalgo (-10.6%), 27. Coahuila (-11.1%), 28. Morelos (-11.6%), 29. Tlaxcala (-11.6%), 30. Puebla (-11.7%), 31. Baja California Sur (-21.5%) y 32. Quintana Roo (-24.2%).

Actividades primarias

En cuanto al PIB de las actividades primarias, tenemos que en 2020 éste aumentó 1.9%.  Eso significa que hubo 19 entidades que tuvieron un mejor desempeño comparado con el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades primarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Zacatecas (25.5%), 2. San Luis Potosí (12.8%), 3. Campeche (8.6%), 4. Guerrero (8.3%), 5. México (6.7%), 6. Oaxaca (6.7%), 7. Durango (4.6%), 8. Tabasco (4.5%), 9. Puebla (4.4%), 10. Veracruz (4.3%), 11. Aguascalientes (4.3%), 12. Coahuila (4.1%), 13. Baja California Sur (3.2%), 14. Nuevo León (3.1%), 15. Nayarit (3.1%), 16. Colima (2.6%), 17. Jalisco (2.3%), 18. Chiapas (2.1%), 19. Guanajuato (2.1%), 20. Hidalgo (1.8%), 21. Yucatán (1.6%), 22. Morelos (1.1%), 23. Ciudad de México (0.8%), 24. Sonora (0.6%), 25. Querétaro (0.1%), 26. Tlaxcala (0.0%), 27. Tamaulipas (-1.6%), 28. Chihuahua (-2.5%), 29. Michoacán (-3.4%), 30. Quintana Roo (-4.4%), 31. Sinaloa (-5.5%) y 32. Baja California (-6.5%).

Actividades secundarias

En cuanto al PIB de las actividades secundarias, tenemos que en 2020 éste disminuyó -10.0%.  Esto implica que hubo sólo 13 entidades que tuvieron un desempeño mejor que el observado por el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades secundarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Tabasco (10.1%), 2. Oaxaca (0.4%), 3. Chiapas (-2.0%), 4. Baja California (-3.7%), 5. Sonora (-6.3%), 6. Michoacán (-6.5%), 7. Campeche (-7.0%), 8. Chihuahua (-7.5%), 9. Sinaloa (-7.9%), 10. Guanajuato (-8.5%), 11. San Luis Potosí (-9.1%), 12. Jalisco (-9.3%), 13. Zacatecas (-9.5%), 14. Guerrero (-10.2%), 15. Durango (-10.5%), 16. Aguascalientes (-11.2%), 17. Nuevo León (-11.6%), 18. Yucatán (-11.9%), 19. Tamaulipas (-12.1%), 20. Veracruz (-12.1%), 21. Querétaro (-12.6%), 22. México (-13.3%), 23. Ciudad de México (-13.4%), 24. Nayarit (-13.5%), 25. Colima (-14.8%), 26. Coahuila (-15.8%), 27. Puebla (-18.2%), 28. Hidalgo (-18.8%), 29. Morelos (-20.4%), 30. Tlaxcala (-20.7%), 31. Quintana Roo (-25.4%) y 32. Baja California Sur (-32.7%).

Manufacturas

En cuanto al PIB de la industria manufacturera, tenemos que en 2020 éste disminuyó -10.0%, igual que la caída del conjunto de las actividades secundarias.  Esto implica que hubo 17 entidades que tuvieron un desempeño mejor que el registrado por el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de la industria manufacturera para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Sinaloa (2.4%), 2. Tabasco (1.6%), 3. Michoacán (0.2%), 4. Baja California Sur (0.0%), 5. Nayarit (-2.5%), 6. Baja California (-2.7%), 7. Colima (-3.6%), 8. Tamaulipas (-4.5%), 9. Chihuahua (-4.7%), 10. Campeche (-4.7%), 11. Yucatán (-5.3%), 12. Guerrero (-6.0%), 13. Guanajuato (-6.5%), 14. Oaxaca (-8.4%), 15. San Luis Potosí (-8.4%), 16. Durango (-9.0%), 17. Jalisco (-9.3%), 18. Sonora (-10.2%), 19. Nuevo León (-10.6%), 20. Tlaxcala (-11.1%), 21. Zacatecas (-11.3%), 22. México (-11.5%), 23. Ciudad de México (-11.7%), 24. Veracruz (-12.2%), 25. Aguascalientes (-12.5%), 26. Quintana Roo (-12.5%), 27. Querétaro (-13.1%), 28. Chiapas (-14.4%), 29. Morelos (-15.5%), 30. Puebla (-16.2%), 31. Coahuila (-16.2%) y 32. Hidalgo (-22.6%).

Actividades terciarias

En cuanto al PIB de las actividades terciarias, tenemos que en 2020 éste disminuyó -7.7%. Esto implica que hubo 24 entidades federativas que registraron una evolución mejor que la del total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades terciarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Baja California (-4.9%), 2. Aguascalientes (-5.0%), 3. México (-5.1%), 4. Chihuahua (-5.2%), 5. Chiapas (-5.2%), 6. Colima (-5.4%), 7. Sonora (-5.5%), 8. Zacatecas (-5.6%), 9. Tamaulipas (-5.8%), 10. Durango (-5.8%), 11. Tlaxcala (-6.2%), 12. Jalisco (-6.6%), 13. Campeche (-6.7%), 14. Coahuila (-6.8%), 15. Guanajuato (-6.9%), 16. Yucatán (-6.9%), 17. Tabasco (-7.0%), 18. Nuevo León (-7.2%), 19. Sinaloa (-7.3%), 20. Michoacán (-7.3%), 21. Veracruz (-7.3%), 22. Hidalgo (-7.4%), 23. Oaxaca (-7.4%), 24. Querétaro (-7.7%), 25. San Luis Potosí (-7.9%), 26. Morelos (-8.2%), 27. Ciudad de México (-9.0%), 28. Puebla (-9.1%), 29. Guerrero (-10.2%), 30. Nayarit (-10.6%), 31. Baja California Sur (-18.1%) y 32. Quintana Roo (-24.2%).

Conclusiones

Resulta evidente que gran parte de la caída en el PIB se debió al mal desempeño económico de los grandes centros económicos, como es el caso de la Ciudad de México. En el ITAEE total la CDMX cayó -9.4%, mientras que en el de las actividades secundarias se desplomó -13.4% y en el de las terciarias se contrajo -9.0%. Este mal desempeño de la entidad de mayor peso económico en el país se debió a que el cierre de su actividad económica en 2020 fue mucho más duradero que el de otros estados como Guanajuato, que reabrió su economía relativamente rápido y sólo se contrajo -7.1%.  Para reafirmar este comentarios, tenemos el caso de Puebla que ocupó el tercer lugar en cuanto a peor caída del ITAEE, al haber registrado una disminución de -11.7%. Este estado también tuvo uno de los cierres de actividad más largos y estrictos en el país en 2020.

Otro aspecto relevante es que los dos estados más golpeados por la crisis de 2020 fueron entidades con una clara vocación turística: Baja California Sur y Quintana Roo. El primero cayó a una tasa de más del doble que la caída nacional, mientras que el segundo vio colapsarse su economía casi al triple de lo que cayó el PIB de México. Es muy difícil imaginar lo que debe ser que la economía de donde resides caiga en una cuarta parte de su valor.

Finalmente, los estados de mejor desempeño económico Tabasco, Chiapas y Zacatecas no lograron jalar al resto de la economía ya que sus economía son muy pequeñas. Estas tres entidades representaron en su conjunto el 4.59% del PIB total en 2019. El buen desempeño de Tabasco, que de hecho fue el único estado del país que creció en 2020 se debió al estímulo económico recibido de la federación.

Y esto último debería llevarnos a la reflexión de cuál hubiese sido el desempeño económico del país en 2020 si lo que hizo el gobierno federal en Tabasco lo hubiera hecho (aunque sea en menor escala) en los demás estados del país. Si se hubiese contrato un billón de pesos de deuda pública adicional y ese dinero integro se hubiera invertido en la realización de obras públicas a lo largo y ancho de México. Hasta la propia calificadora de riesgo Moody´s, señaló el pasado 12 de enero que “más deuda puede ser positivo para México si se destina al crecimiento económico”.

Con mayor deuda dudo mucho que la situación fiscal relativa de México se hubiese deteriorado más de lo que lo hizo el año pasado (con un aumento nominal de la deuda neta del sector público federal de 1.1 billones de pesos), pero sin duda tendríamos una economía menos perjudicada y con mejores expectativas de recuperación para este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt