Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

Deuda pública

Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

Intereses

Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Las 10 principales tendencias globales de consumo para 2019

LogoLos negocios exitosos tienen varias características en común, y una de ellas es el entender lo que quieren y como piensan sus clientes. Varios gurus de los negocios nos han dicho hasta el cansancio  que después de nuestros colaboradores, lo más importante para una empresa deben ser sus clientes ya que sin ellos la empresa no tendría razón de ser.

Recientemente obtuve una copia del reporte “Las 10 principales tendencias globales de consumo para 2019”, elaborado por Euromonitor International. El documento fue elaborado por Alison Angus, Jefa de investigación de estilos de vida, y Gina Westbrook, Directora de tendencias de consumo. En esta entrega presento un breve resumen de dichas tendencias, las cuales seguramente ganarán terreno en los próximos años, además de que aportan perspectivas sobre los cambiantes valores y prioridades del consumidor y analizan la forma en que se va modificando su comportamiento afectando a los negocios a nivel local y global.

Como veremos, si existe un hilo conductor en común en las tendencias globales de consumo del 2019, es la inteligencia. La forma en que vivimos depende tanto de las opciones disponibles que el problema más grande que enfrentamos es cómo hacer que todo tenga sentido. Simplificar opciones, contar con experiencias de compra fluidas, ser consciente y en última instancia desconectarse de todo, son todos aspectos inherentes a estas tendencias.

  1. Nos estamos volviendo más sabios

En una era en la que todo está disponible al alcance de un botón, los consumidores actuales consideran la hiper disponibilidad como algo normal cuando se trata de búsquedas y compras. Naturalmente, deseamos la mejor calidad por el menor precio. En ese sentido, la tendencia de “Todos son expertos” muestra el desplazamiento de poder entre el vendedor minorista hacía el consumidor. Antes los compradores confiaban en una marca específica o una fuente de información para obtener lo que deseaban, ahora es un requisito que las empresas innoven, bajen sus precios y optimicen y embellezcan su oferta constantemente para atraer a los compradores. En la base de la tendencia “Todos son expertos” se encuentra la casi compulsiva necesidad que tienen los consumidores digitales de absorber y compartir información. A medida que las ventas por internet continúen creciendo en todo el mundo, las industrias se adaptarán a las nuevas demandas de los consumidores para seguir siendo relevantes.

  1. Nos estamos volviendo más autosuficientes

El enfoque de la tendencia “Puedo cuidarme a mí mismo” está constituido por las medidas preventivas contra la enfermedad, infelicidad e incomodidad que las personas pueden adoptar y consumir sin tener que consultar con un profesional. Los consumidores usan aplicaciones y servicios para crear productos personalizados sin necesidad de interactuar con las redes sociales o con el marketing de las marcas. Ser capaces de “cuidarse por sí mismos” se considera un lujo que permite a las personas ser más versátiles y expandir sus posibilidades. Imponer, diseñar y personalizar su vida aporta flexibilidad a las personas.

  1. Demandamos inmediatez

Los consumidores están más ocupados que nunca. Están empezando a esperar más de las empresas y a desear que sus productos y servicios sean entregados tan rápida y simplemente como sea posible. Los estilos de vida orientados a la eficiencia trascienden la gratificación instantánea. Los consumidores de la tendencia ¡Lo quiero ahora! buscan experiencias exentas de problemas que les permitan dedicar más tiempo a su vida profesional o social. Un aspecto central es la gestión de datos de los usuarios y el acceso de las empresas a estos datos. La confianza del público con respecto a este acceso y cómo será utilizado determinará finalmente la longevidad de esta tendencia.

  1. Queremos autenticidad, para mostrarla

consumer-chaos1Los consumidores que buscan “Regresar a lo básico” por un tema de estatus están buscando productos auténticos y diferenciados y experiencias que les permitan expresar su individualidad. En las economías desarrolladas, los consumidores están reevaluando sus hábitos de gasto, pasando de un materialismo evidente a la simplicidad, autenticidad e individualidad. A medida que las economías emergentes se desarrollen, es más probable que muestren el mismo patrón. Los consumidores se cansarán de los productos genéricos y empezarán a valorar más la calidad, así como ofertas únicas y diferenciadas que aporten un cierto nivel de estatus.

  1. Queremos tener un impacto en nuestro mundo

El empuje hacia una sociedad libre de plásticos ha ganado impulso en los últimos 12 años y en el 2019, la tendencia “Quiero un mundo libre de plástico” seguirá creciendo. La contaminación del medio ambiente derivada de desperdicios de plástico post uso, ha llevado a cuestionar la durabilidad de los envases de plástico en todo el mundo. Los consumidores usarán sus billeteras cada vez más para protestar por el uso irresponsable del plástico, lo que puede crear un círculo virtuoso en el que la industria, desde alimentos y bebidas hasta fabricantes de productos de belleza, cuidado personal y más allá, logren beneficios al mejorar la sostenibilidad.

  1. Queremos ser Considerados

Lo que solía ser el territorio de fabricantes de nicho con posicionamiento ético, ahora también ha sido acogido por empresas convencionales a través de alternativas que ofrecen mayor bienestar. Los Consumidores conscientes influyen sobre los demás y extienden la tendencia hacia otros. La preocupación por el bienestar animal seguirá evolucionando y se extenderá a otras industrias más allá de los alimentos, belleza y moda, hacia el cuidado del hogar, decoración, alimentos para mascotas, entre otros. El significado de negocio responsable está cambiando y demanda a las empresas mejorar sus estándares de bienestar animal, incluso para productos regulares.

  1. Tenemos el control

El temor a no participar o perderse de algo (del inglés FOMO “Fear Of Missing Out”) ahora le ha dado espacio a la reapropiación del tiempo libre, a medida que las personas disfrutan de no participar. Para proteger su bienestar mental los consumidores que están Encontrando mi JOMO desean tener más control de su tiempo, establecer sus propios límites y ser más selectivos en sus actividades. La generación de los milenials siente esta necesidad de volver a empoderarse de manera más fuerte que otras generaciones. La desconexión planificada les aporta el tiempo necesario para reflexionar y actuar libremente, enfocándose en lo que realmente desean y disfrutan hacer. En mercados en desarrollo, la dependencia de internet puede ser el origen de mayores niveles de estrés, especialmente cuando el hecho de estar conectados está tan relacionado con servicios esenciales.

  1. Podemos estar realmente juntos, digitalmente

chaos-in-the-cloud-sharepoint-googleLa creciente omnipresencia del internet de alta velocidad, especialmente la aceleración del internet móvil está potenciando las experiencias interactivas en línea y facilitando la colaboración instantánea en grandes archivos. Desde los servicios de citas a la educación, nuestras expectativas con respecto a las interacciones en línea han crecido hasta esperar que sean más auténticas y parecidas a la vida real. A medida que nuestras capacidades tecnológicas y comodidad para usarlas crezca, también lo hará el rango de cosas que podemos hacer Digitalmente juntos. Nuestra creciente comodidad relacionada con compartir nuestros amigos, ubicación y actividades en línea llevará al desarrollo de nuevas formas de relacionarse y aumentará el potencial de lo que podremos crear o experimentar juntos de manera remota.

  1. Pero nunca hemos estado más solos

A nivel global, el número de hogares unipersonales crecerá más que todas las demás configuraciones de hogares y se espera que los de la generación de los baby boomers constituyan un gran porcentaje de este crecimiento. Aunque los baby boomers pueden haber sido conocidos por sus altas tasas de divorcio, muchos representantes de generaciones más jóvenes rechazan el matrimonio y la convivencia, con lo cual están preparando las condiciones para una tendencia destinada a superar a esa generación. Las personas en todo el mundo están revirtiendo el estigma de vivir solos, abrazando estilos de vida independientes y disfrutando el Vivir solos. El Pew Research Center estima que para el momento en que los actuales jóvenes en los Estados Unidos cumplan 50 años, el 25% de ellos habrá estado soltero toda su vida.

10 Somos intemporales

Los agnósticos respecto a la edad no se sienten conformes con las expectativas demográficas, todos estamos conectados. La clave para lograr y mantener su fidelidad y confianza es desarrollar productos y servicios que sean accesibles universalmente, incluso si fueron diseñadas pensando en personas mayores. A diferencia de lo que muchos pudieran pensar, los baby boomers tienen mucho en común con los valores y prioridades de los millennials y generaciones más jóvenes y es esta actitud inclusiva la que debe ser mejor entendida y atendida en el futuro. El equilibrio mental, espiritual y físico es una prioridad. Se trata de cuidar de uno mismo y enfocarse en la prevención y el disfrute de la vida.

La conclusión a la que llega el reporte es que el mundo se siente fuera de control a medida que entramos al 2019. Hay tanta convulsión política en los mercados desarrollados y cambios rápidos y sin precedentes en las economías en desarrollo. “Recuperar el control” ha sido el eslogan de los principales movimientos políticos a medida que la gente quiere más mediación y auto-determinación.

Muchas de las tendencias globales de consumo para 2019 se tratan sobre recuperar el control y hacernos valer a nosotros mismos. Frente a la confusión y la incertidumbre, nos sentimos más poderosos cuando podemos volver a lo básico y comer un huevo que puso nuestra propia gallina o escoger encontrar consuelo lejos de las demandas digitales sin tirarlas a la basura por completo. Queremos tener esa cosa o servicio de manera simple y fácil. Queremos hacer una diferencia en el mundo al ser más considerados con lo que compramos. Queremos cuidarnos a nosotros mismos y evitar a los expertos al tomar las riendas del conocimiento y liderar la conversación del consumidor más que nunca. Necesitamos sentirnos solo un poco más poderosos en medio del caos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Las razones de la “fortaleza” del peso mexicano

world-economy-gdpMuchos reportes sobre la situación económica mundial hacen énfasis en que ésta se ha venido desacelerando desde finales de 2018, derivado de un menor dinamismo en la mayoría de las principales economías avanzadas, así como en varias economías emergentes. Este menor crecimiento se debe, en buena medida, a la mayor incertidumbre por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y por las condiciones monetarias más restrictivas a nivel global. Este deterioro se ha traducido en menores expectativas de crecimiento para 2019 y 2020. Concretamente, hasta ahora en los Estados Unidos la actividad económica continúa mostrando un crecimiento saludable y el mercado laboral ha seguido fortaleciéndose, aunque algunos indicadores sugieren cierta moderación. Esto es por demás relevante para el desempeño de la economía mexicana, ya que en el 2018 fue el destino del 79.5% de todas nuestras exportaciones, las cuales sumaron 450.572 miles de millones de dólares en dicho año.

En este contexto, mucho se ha especulado con respecto a la evolución esperada de las tasas de interés en nuestro vecino del norte, donde la tasa de fondos federales del Banco de la Reserva Federal (FED) se encuentra desde principios de año en un rango de entre 2.25% y 2.50%. En este sentido, el pasado miércoles 20 de marzo los miembros de la FED votaron para mantener las tasas en su actual nivel y recomendaron de manera unánime el mantenerse pacientes acordando mantener una pausa indefinida en los cambios a las tasas de interés y de esta manera dejaron entrever que no habrá más aumentos en la tasa de interés en lo que resta de 2019.  Esta decisión está basada en que si bien la economía estadounidense se mantiene fuerte, enfrenta varios riesgos por la desaceleración económica mundial y dentro del mismo Estados Unidos.

En este contexto de incertidumbre económica global, tanto en la parte de la economía real como en los mercados financieros, es que muchas personas se preguntan las razones de la reciente “fortaleza” del peso mexicano frente al dólar estadounidense. Para muchos es increíble que pese al clima de incertidumbre económica que vive México por el cambio de gobierno y la indefinición de varios temas, el dólar estadounidense haya retrocedió hasta los 18.80 pesos por billete verde el pasado 20 de marzo, después de haber estado en un nivel de 19.58 pesos apenas 13 días antes.

Una primera explicación de esta apreciación del peso mexicano tiene que ver con el diferencial de tasas de interés entre los bonos gubernamentales de Estados Unidos y los de México. Mientras que este viernes 22 de marzo un Treasury Bill con plazo de 3 meses pagaba 2.46%, en México el CETE a 91 días quedó en 8.09% en la subasta del martes 19. Este diferencial de 5.63 puntos porcentuales hace una gran diferencia respecto a las decisiones de inversión de los grandes capitales mundiales. Cabe recordar que la calificación de la deuda soberana de México fue puesta con perspectiva negativa, pero al día de hoy sigue conservando una calificación con grado de inversión, por lo que la probabilidad de que el gobierno mexicano honre sus compromisos con los tenedores de bonos es del 100%.

Dado lo anterior, la fortaleza del peso mexicano también puede ser explicada en función de algo que en finanzas internacionales se conoce como “paridad de tasa de interés”. Este principio establece que la diferencia entre el tipo de cambio de hoy (spot) y el tipo de cambio futuro está explicado por el diferencial de tasas de interés entre dos países. De esta manera, con el diferencial de tasas de interés un inversionista ganaría invirtiendo en México  a 90 días siempre y cuando el 25 de junio el dólar spot esté por debajo de 19.47 pesos. Alguien puede pensar que es una apuesta arriesgada, este tipo de inversionistas más aversos  al riesgo podrían comprar una cobertura cambiaria con una fecha igual a la del vencimiento de su inversión y de esa manera garantizarían su rendimiento. Al momento de escribir estas líneas los futuros del peso que cotizan en el Chicago Mercantile Exchange con entrega en junio de 2019 cotizan en 19.33 pesos por dólar, por lo que evidentemente existe la posibilidad de ganar dinero libre de riesgo con el peso mexicano.

Esta es una simple explicación coyuntural de la fortaleza del peso ocasionada por las elevadas tasas de interés por parte del Banco de México, que tiene su tasa de interés objetivo en 8.25%. ¿Pero es el peso mexicano una moneda fuerte desde una perspectiva de largo plazo? Evidentemente no, ya que nuestra moneda ha tenido una tendencia a depreciarse desde la década de los 70s. No es necesario recordar que entre febrero de 1976 y febrero de 2019 el dólar ha subido de precio frente al peso mexicano en 153,422% (no es error, la cifra es ciento cincuenta y tres mil cuatrocientos veintidós por ciento).

Tipos de cambio2

¿El peso mexicano es una moneda fuerte desde una perspectiva de mediano plazo (los últimos dos años)? Esta es una mejor pregunta porque más allá de analizar movimientos de corto plazo, para valorar la fortaleza de una moneda es mejor analizar tendencias de mediano plazo, y en ese sentido vemos que el dólar ha subido de precio respecto al peso mexicano en el último año, pero está prácticamente en el mismo nivel de hace dos años. Esto porque de acuerdo con el Pacific Exchange Rate Service (PERS) de la Universidad de British Columbia un dólar costaba 19.282 pesos en marzo de 2017, posteriormente 18.62 pesos en marzo de 2018 y en lo que va de marzo de 2019 registra un valor de 19.238 pesos.

Para entender mejor lo que le sucede al peso mexicano siempre es bueno ver lo que sucede con las demás monedas del mundo en su cotización frente al dólar estadounidense. Con ese tipo de análisis podemos ver si el peso mexicano está entre las monedas más fuertes o las más débiles. De acuerdo con el PERS, en el comparativo de marzo de 2018 y el mismo mes de 2019, prácticamente todas las divisas del mundo perdieron valor frente al dólar estadounidense. A continuación se presenta una muestra de divisas ordenadas de mayor a menor fortaleza y en paréntesis se indica el porcentaje que ha subido el dólar estadounidense frente a cada moneda: Dólar de Hong Kong (0.1%), Dong de Vietnam (1.7%), Dólar Canadiense (3.3%), Peso Mexicano (3.3%), Yen Japonés (5.0%), Won de Corea del Sur (5.6%), Franco Suizo (5.8%), Libra esterlina de la Gran Bretaña (6.1%), Yuan Chino (6.1%), Dólar de Nueva Zelanda (6.2%), Euro (9.1%), Peso Colombiano (9.6%), Dólar Australiano (9.7%), Peso Chileno (10.2%) y Peso Argentino (101.0%).

Tipos de cambio

Queda claro que de este listado de 15 divisas, entre las que están las 10 más importantes del mundo, el peso mexicano se encuentra en la posición relativa número 4. Esto no significa que el peso se haya fortalecido en el último año, lo que vemos es que en el comparativo de marzo de 2019 respecto al mismo mes de 2018, el dólar estadounidense aumentó 3.3% en términos de pesos. En otras palabras, en el último año el peso mexicano se depreció menos que las monedas de la Unión Europea, Gran Bretaña, Japón, China, Australia, Nueva Zelanda, Colombia, Chile y Argentina.

Con estas cifras queda claro que el dólar es una moneda fuerte, que si bien tiene tropezones coyunturales, su tendencia de mediano plazo es de fortaleza. Hay que recordar que el dólar estadounidense siempre se fortalece en periodos en los que se perciben riesgos económicos, y en este momento hay muchos a nivel global, entre los que destacan el escalamiento de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos; la posibilidad de una salida desordenada del Reino Unido de la Unión Europea; el posible recrudecimiento de tensiones geopolíticas; una desaceleración de la economía global más rápida a la esperada; condiciones monetarias más astringentes; una disminución del apetito por riesgo global que genere una reversión de los flujos en las economías emergentes (entre ellas México) y un contagio a aquellas economías con fundamentos macroeconómicos débiles.

Ante todo este complejo escenario global, es indispensable que en México se mantenga la estabilidad de las finanzas públicas y una política monetaria congruente con nuestra realidad. De igual manera, el gobierno federal debe trabajar por generar un ambiente de confianza que dé impulso a la inversión privada. Debemos entender que sólo con una economía sólida (en lo fiscal, monetario, y actividad económica) tendremos una moneda verdaderamente fuerte.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La evolución de la productividad en México y los estados

La teoría económica establece que una condición indispensable para mejorar los niveles de ingreso promedio de la población ocupada, sin ocasionar presiones inflacionarias, así como la calidad del crecimiento económico, es el que aumente la productividad de la mano de obra. La productividad laboral puede ser medida de diversas maneras, pero la más común consiste en cuantificar la producción lograda por trabajador ocupado.

En este sentido, tenemos que de acuerdo con cifras de INEGI, el Índice global de productividad laboral del total de la economía (con base en la población ocupada) aumentó apenas 3.93% en el periodo de 2012 a 2018, lo que equivale a una tasa promedio anual de crecimiento de apenas 0.65%. Cabe señalar que el crecimiento de la productividad laboral de 3.93% fue producto de un incremento de 4.0% en la de las empresas constructoras, una caída de -2.1% en las industrias manufactureras, una disminución de -4.5% en el comercio al por mayor, un incremento de 11.5% en el comercio al por menor y un alza de 19.6% en los servicios privados no financieros.  La interpretación de la evolución en la productividad de la mano de obra empleada en las diferentes actividades económicas es que si aumenta la producción total más que el personal ocupado, entonces crece la productividad; y de manera análoga, si aumenta la población ocupada más que la producción, entonces cae la productividad laboral.

Productividad 1
Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de INEGI

Con estos datos en mente, pasemos ahora a analizar cómo se comportaron los ingresos promedio de la población ocupada. De acuerdo a estimaciones de GAEAP con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, la población ocupada en México pasó de tener un ingreso promedio diario de 2.47 salarios mínimos en el cuarto trimestre de 2012 a uno de equivalente a 2.17 salarios mínimos en el mismo trimestre de 2018. Esto en pesos equivale a que el ingreso promedio de la población ocupada pasó de 149.48 pesos a 191.47 pesos por día en el periodo mencionado, lo que equivale a un aumento nominal de 28.1%; sin embargo, al tomar en cuenta que la inflación en el periodo fue de 27.4%, tenemos que el nivel de ingresos promedio por persona ocupada aumentó apenas 0.5% en términos reales.

Con estos datos y los del párrafo anterior, queda claro que si no crece la productividad laboral no habrá crecimiento sustancial de los niveles salariales de la población ocupada en México. Es decir, no debe sorprender que la productividad laboral total creció 3.93% en el pasado sexenio, y en el mismo periodo los ingresos promedio de la población  ocupada aumentaron apenas 0.5%.

Ahora, no obstante el escaso crecimiento de la productividad laboral, y en algunos casos, disminución de la misma, se debe destacar que el Producto Interno Bruto total de México creció en términos reales en 15.3% entre 2012 y 2018, lo que equivale a una tasa de crecimiento promedio anual de 2.4%. El aumento del PIB total se dio mientras que en el mismo periodo el PIB del sector de la construcción creció apenas 5.2% (0.85% promedio anual), el de la industria manufacturera fue de 14.4% (2.27% promedio anual), el del comercio al por mayor se elevó 22.1% (3.39% promedio anual), el del comercio al por menor subió 19.4% (2.99% promedio anual), mientras que el de los servicios no financieros se incrementó en 16.8% (2.62% promedio anual).

Al ver el aumento del PIB en términos reales, acompañado de un muy bajo incremento de la productividad total de la mano de obra, queda clara la razón  por la que el incremento del valor agregado en México no se traduce en mejoras salariales para el grueso de la población ocupada, tal como se comentó líneas arriba.

Si realizamos un análisis más detallado, podemos medir el comportamiento el Índice de Productividad Laboral de la industria manufacturera con base en el personal ocupado, elaborado por el INEGI, para el periodo de 2007 a 2018 por entidad federativa. Los datos muestran una importante polarización en la evolución de la productividad laboral de los estados del país. Para ilustrar esto, a continuación se presenta el desempeño de los estados, ordenados de mejor a peor (en paréntesis se muestra el tasa de crecimiento o disminución de dicha productividad): Baja California Sur (105.7%), Puebla (47.3%), Yucatán (41.0%), Jalisco (40.2%), Chihuahua (29.8%), Aguascalientes (27.9%), Guerrero (23.6%), Quintana Roo (18.6%), Estado de México (17.6%), Campeche (14.8%), Guanajuato (13.6%), San Luis Potosí (13.3%), Morelos (11.6%), Nayarit (8.4%), Baja California (8.0%), Ciudad de México (6.8%), Nuevo León (6.8%), Sinaloa (6.6%), Tabasco (6.4%), Tlaxcala (6.2%), Querétaro (1.5%), Michoacán (-3.0%), Coahuila (-12.7%), Sonora (-14.7%), Veracruz (-20.2%), Durango (-21.3%), Oaxaca (-21.4%), Chiapas (-21.9%), Tamaulipas (-27.3%), Hidalgo (-28.5%), Zacatecas (-37.4%), Colima (-39.1%). Vemos que son 21 entidades con aumento y 11 con disminución.

Productividad 2

Evidentemente, los estados de mejor desempeño en cuanto a crecimiento de su productividad fueron aquellos que lograron aumentar en mayor proporción su producción manufacturera en relación a su fuerza laboral empleada en dicha industria.

Para medir la relación entre el crecimiento de la productividad y el desempeño económico, en GAEAP medimos el  coeficiente de correlación entre el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) de la industria manufacturera y el Índice de Productividad Laboral, para algunos estados seleccionados y encontramos resultados también muy dispersos (en paréntesis se indica el valor del coeficiente de correlación): Jalisco (0.91), Guanajuato (0.90), estado de México (0.83), Nuevo León (0.69), Querétaro (0.66), Veracruz (0.44), Zacatecas (-0.42) y Ciudad de México (-0.43).

Estos resultados sugieren que hay algunos estados como Jalisco, Guanajuato y Estado de México, en los que el crecimiento de la productividad laboral si es un factor que incide favorablemente en su desempeño económico; pero también hay otro grupo de entidades, como Nuevo León, Querétaro y Veracruz en las que la incidencia del aumento en la productividad laboral en el desempeño de la industria manufacturera es no es tan elevada. Por su parte, hay otras entidades como la Ciudad de México en donde la fuerza laboral en la manufactura es cada vez más productiva pero el peso específico de esta actividad ha venido disminuyendo en la última década. Finalmente, también hay entidades como Zacatecas en donde su actividad manufacturera ha crecido de manera importante, aunque su mano de obra en la manufactura es cada vez menos productiva.

Desde luego que se pueden realizar muchos más análisis con un mayor nivel de detalle a nivel nacional y estatal, y claro que también se pueden obtener muchas conclusiones de lo aquí presentado; sin embargo, el punto fundamental es que se deben establecer políticas públicas tendientes a que aumente la productividad laboral en todos los sectores productivos y en todas las entidades del país. En este sentido hay dos acciones fundamentales para elevar la productividad de la mano de obra, y son: 1. Elevar el nivel de capacitación y competencias de la población económicamente activa, y 2. Brindar incentivos fiscales a la inversión productiva de manera que las empresas puedan adquirir más y mejor maquinaria y equipo.

La estrategia de apostarle a los aumentos en la productividad hará menos complicado el gigantesco reto de disminuir las brechas salariales en la población ocupada, por lo que debiera tal vez ser el objetivo número uno de la Secretaría de Economía en el actual sexenio, pero no será suficiente y se requerirán políticas de apoyo por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, así como de la Secretaría del Trabajo.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

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La dualidad manufacturera de México y su dependencia automotriz

informalidad150818Durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció a una tasa de 2.41% promedio anual, y de los componentes del PIB, la industria manufacturera creció durante el mismo periodo a una tasa promedio de 2.27%. Ambas tasas, si bien modestas,  pueden ser consideradas como “aceptables” ante diversas comparaciones internacionales, pero el gran problema es que queda claro que dichos aumentos fueron insuficientes para abatir las condiciones de precariedad salarial e informal laboral, así como para reducir significativamente el ampliamente extendido problema de pobreza.

Parte del problema del porque el crecimiento económico, y en especial el de la industria manufacturera,  no se traduce en mejores condiciones de vida para la mayoría de las personas, es porque el grueso de la actividad manufacturera se focaliza en unas pocas entidades federativas. En esta entrega analizaremos la composición de la industria manufacturera, dónde se ubica geográficamente y cuál ha sido su evolución en las diferentes regiones de México.

Comenzamos señalando que de acuerdo con la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, el valor de la producción de la industria manufacturera sumó 7.319 billones de pesos en el 2018, cifra que en términos nominales resultó 6.7% superior a la observada en 2017. Esto implica que en términos reales (ajustado por inflación), el valor de la manufactura reportado por dicha encuesta aumentó en 1.69% en el año que recién concluyó.

Respecto a la composición del valor total de la producción manufacturera en el 2018 reportado por la EMIM, a continuación se presenta la participación porcentual relativa de cada rama de actividad, organizada de mayor a menor (entre paréntesis se indica el porcentaje de participación): Fabricación de equipo de transporte (33.6%); Industria alimentaria (15.6%); Industria química (10.3%); Industrias metálicas básicas (8.0%); Industria de las bebidas y del tabaco (6.0%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (4.4%); Industria del plástico y del hule (3.5%); Fabricación de productos metálicos (3.4%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (3.4%); Industria del papel (2.8%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (2.7%); Fabricación de maquinaria y equipo (2.0%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (0.9%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (0.8%); Fabricación de prendas de vestir (0.6%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (0.5%); Otras industrias manufactureras (0.5%); Impresión e industrias conexas (0.3%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (0.3%); Industria de la madera (0.2%); y Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.2%).

manufacturaLlama la atención que las tres principales actividades manufactureras en México concentran el 59.5% del valor total de la producción; y en especial, la industria del transporte (principalmente industria automotriz) genera más de una tercera parte de todo el valor de la producción manufacturera de México.

Ahora, en cuanto al desempeño de la industria manufacturera por entidad federativa, como ya se indicó, vemos que cuando ésta crece no se beneficia a todas las regiones del país por igual ya que la actividad manufacturera se encuentra concentrada en unos pocos estados. De acuerdo con cifras de la EMIM, del valor total de la producción manufacturera en 2018, 10 entidades concentran el 74.3% del total del valor de la producción, y éstas son (en paréntesis se indica su participación porcentual respecto al total nacional): 1. Estado de México (12.9%), 2. Nuevo León (12.1%), 3. Coahuila de Zaragoza (10.7%), 4. Guanajuato (9.3%), 5. Jalisco (6.3%), 6. Puebla (6.2%), 7. San Luis Potosí (4.7%), 8. Veracruz de Ignacio de la Llave (4.4%), 9. Ciudad de México (3.9%) y 10. Querétaro (3.8%).  Queda claro que hay otras 22 entidades federativas que contribuyeron en 2018 con apenas el 25.7% del total del valor de la producción. De hecho los estados de Colima, Baja California Sur, Nayarit, Quintana Roo, Guerrero y Campeche contribuyen en su conjunto con apenas el 0.5% del total del valor de la producción manufacturera de México en el 2018. Resulta obvio entonces que cuando hablamos de que la industria manufacturera tiene un buen desempeño, a estos estados no les causa ningún impacto.

Entidades valor manufactura

Más allá del análisis del peso relativo de cada estado en la actividad manufacturera, debemos analizar el desempeño de cada entidad. A continuación se presenta el desempeño de cada estado en el 2018 respecto al aumento del valor de la producción manufacturera, ordenado de mejor a peor desempeño (en paréntesis se indica la tasa de crecimiento nominal): Oaxaca (51.4%), Quintana Roo (25.1%), Baja California (22.6%), Aguascalientes (17.0%), Yucatán (15.8%), Michoacán de Ocampo (14.6%), San Luis Potosí (13.6%), Nuevo León (12.2%), Colima (10.6%), Zacatecas (8.7%), Estado de México (7.7%), Jalisco (6.9%), Durango (6.5%), Coahuila de Zaragoza (6.3%), Tlaxcala (6.0%), Puebla (6.0%), Veracruz de Ignacio de la Llave (5.4%), Sinaloa (5.2%), Querétaro (5.0%), Chiapas (4.4%), Chihuahua (4.3%), Guerrero (3.9%), Ciudad de México (2.6%), Hidalgo (1.3%), Morelos (-0.2%), Campeche (-0.4%), Baja California Sur (-1.0%), Sonora (-1.2%), Guanajuato (-3.3%), Tamaulipas (-3.8%), Tabasco (-3.9%) y Nayarit (-4.3%).

Si tomamos en consideración que la inflación en 2018 fue de 4.83%, entonces queda claro que en 2018, hubo 19 entidades federativas que si registraron un incremento real del valor de su producción,  mientras que hubo otras 13 entidades en las que el valor de la producción cayó en términos reales. Llama la atención los casos de Sonora, Guanajuato y Tamaulipas, los cuales representan en su conjunto casi el 15% del total del valor de la industria manufacturera nacional.

En el caso de Guanajuato, su caída de 3.3% se debió a que la rama de actividad “Fabricación de equipo de transporte” representa el 47.6% del valor generado por la industria manufacturera y esta actividad registró una caída nominal de 12.1% en 2018. Esto no significa que la salud económica de Guanajuato se haya deteriorado, ya que de las 18 ramas de actividad manufacturera, este estado registró crecimientos nominales en 12 a lo largo de 2018.

El caso de Sonora es similar al de Guanajuato, ya que la “Fabricación de equipo de transporte” representó el 43.04% del valor de la producción manufacturera, y ésta registró una caída de 9.70% en el 2018.  En cuanto a Tamaulipas, se aprecia que su fuerte es la industria química, ya que ésta representa el 58.2% del valor de su producción, pero apenas creció el 0.08% en términos nominales en el año que recién concluyó, mientras que la gran caída se dio en la rama “Los demás subsectores” con  una contracción de 45.88%.

Desde luego que se pueden realizar análisis detallados respecto a lo que sucede en cada entidad federativa, y veremos que la contracción en la fabricación de equipo de transporte es algo que afectó el desempeño de varias entidades en el 2018. Vemos con preocupación que los estados en los que hay un mayor peso de la industria automotriz, el desempeño de ésta industria puede ser lo suficientemente fuerte como para arrastrar sus indicadores macroeconómicos para abajo.

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Dra. Graciela Márquez, Secretaria de Economía del Gobierno Federal.

Con independencia de lo anterior, una conclusión es que una tarea fundamental del nuevo gobierno federal debe ser el fortalecer la presencia de la industria manufacturera en las entidades en las que ésta tiene muy baja o casi nula presencia. En este sentido las industrias ligeras como calzado, textil y vestido, pueden ser de gran ayuda para la formación de una fuerza laboral con una adecuada cultura de trabajo y para el establecimiento de algunos de los procesos productivos. De igual forma, los gobernadores de las entidades federativas con escasa presencia manufacturera, deben crear las condiciones propicias para que llegue este tipo de inversión. Con esto me refiero a que no basta con la creación de parques industriales, sino que se debe formar una fuerza laboral dispuesta a trabajar.

Desde luego que el papel de gobierno federal también es importante en materia de generar incentivos fiscales para el establecimiento de empresas manufactureras, tanto en temas de compra de equipo para producir, como en temas de capacitación y formación laboral, obviamente también generando condiciones de seguridad pública.

México es sin duda una potencia manufacturera mundial, pero queda claro que son solo 10 estados los que tienen la mayor participación. México podría convertirse en una potencia manufacturera aún más grande, así como las asiáticas, si somos capaces de utilizar todos nuestros recursos humanos que actualmente están desaprovechados. Esta sin duda sería la mejor política pública para sacar a los millones de mexicanos de la situación de pobreza en la que viven.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Deterioro de las expectativas económicas de México para el 2019

33e85-peso-caida-flecha_635-798034Diversos pronósticos respecto a la marcha de la economía mexicana en 2019 continúan ajustándose para mal. Hace apenas unos días el Grupo Financiero Citibanamex dio a conocer los resultados de su encuesta de expectativas económicas correspondiente a febrero de este año, y entre los resultados que arrojó tenemos que la expectativa para el crecimiento económico en 2019 es de apenas 1.7%; mientras que para el 2020, la mediana de los pronósticos de crecimiento del PIB es 1.9%.

De igual manera, los Resultados de la Encuesta de Febrero de 2019 sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, por parte del Banco de México, indican también un deterioro. Esto porque la expectativa de crecimiento del PIB para el 2019 disminuyó de 1.80% (encuesta de enero 2019) a 1.64%, mientras que la de crecimiento económico en 2020 se situó en 1.91%, ligeramente por debajo de la expectativa registrada un mes previo de 1.92%. La misma encuesta de febrero da cuenta de un deterioro en la expectativa de la cotización del tipo de cambio ya que lo ubica en 20.19 pesos por dólar para el cierre de 2019 y en 20.56 pesos por dólar para el cierre de 2020, niveles por encima de los observados en la encuesta del mes inmediato anterior.

En línea con lo anterior, el 27 de febrero, el Banco de México publicó su Informe Trimestral correspondiente al cuarto trimestre de 2018, y en él también se hacen una serie de ajustes a los pronósticos de crecimiento económico, creación de empleos formales e inflación. El Banxico menciona, en cuanto al escenario macroeconómico previsto, lo siguiente:

Crecimiento de la economía nacional: Las perspectivas sobre la actividad económica en México para 2019 se revisaron a la baja de un crecimiento esperado en un rango de 1.7% y 2.7%, a uno de entre 1.1% y 2.1%. Es decir un ajuste a la baja de 0.6 puntos porcentuales, equivalentes a unos 144 mil millones de pesos menos de PIB. Para el año 2020, el intervalo se ajustó de uno de entre 2.0% y 3.0%, a uno de entre 1.7% y 2.7%. Estas previsiones están sujetas a que el gobierno federal preserve un marco macroeconómico sólido y finanzas públicas sostenibles.

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El Banxico ha ajustado a la baja la expectativa de crecimiento económico para México

El Banxico menciona que el ajuste en el crecimiento económico para 2019 se debe a cuestiones externas e internas. En el ámbito externo, se ha observado una pérdida de dinamismo en el comercio mundial y en la actividad económica global más marcada de lo anticipado, lo que se prevé influya sobre la evolución de las exportaciones mexicanas. En el ámbito interno, desde el segundo semestre de 2018 y, en especial en el último trimestre del año que recién concluyó, se observó una desaceleración más pronunciada de la actividad económica. A este respecto, cabe señalar que el INEGI recién dio a conocer que el Producto Interno Bruto creció apenas 2.0% en el 2018 y que la tasa de incremento anualizado de esta variable en el cuarto trimestre fue de 1.7%.

A este panorama de desaceleración al cierre de 2018 y arranque de 2019, se suma la expectativa de que la actividad productiva a principios de año se haya visto afectada por eventos transitorios, tales como el desabasto temporal de combustibles en ciertas regiones del país durante enero, las interrupciones a las vías férreas en Michoacán y los conflictos laborales en Matamoros. Aunado a lo anterior, está la tendencia negativa en la plataforma de producción petrolera y la debilidad de la inversión. Finalmente, está el hecho natural de que al inicio de una nueva administración generalmente se presenta un rezago en la ejecución del gasto público, lo que también puede afectar al crecimiento. Respecto a esto último, tenemos que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) acaba de informar que en el comparativo de enero de 2019 respecto al mismo mes de 2018, el gasto presupuestario registró una disminución real de 1.0%, derivado de la combinación de un aumento de 3.0 por ciento real en el gasto programable y una disminución de 10.1 por ciento real en el no programable.

Empleo: Desde luego que si se revisa a la baja la expectativa de crecimiento económico, lo mismo debe hacerse en cuanto al empleo. Es así que para 2019 se ajustó la expectativa del aumento en el número de puestos de trabajo registrados en el IMSS de un intervalo de entre 670 y 770 mil a uno de entre 620 y 720 mil. Para 2020, el intervalo se ajusta de uno de entre 690 y 790 mil a uno de entre 650 y 750 mil. Cabe señalar que en el 2018 el número de trabajadores registrados en el IMSS aumentó en casi 661 mil personas, por lo que la previsión de Banxico implica que se anticipa que en 2019 aumentará el número de empleos formales en una cifra similar a la observada en el año que recién concluyó.

El Banxico también presenta un listado de los factores de riesgo que persisten y dan lugar a que el balance de riesgos para la actividad económica del país continúe sesgado a la baja. Entre los riesgos a la baja en el horizonte destacan:

i. Que permanezca o se deteriore el actual ambiente de incertidumbre que ha venido afectando a la inversión, y que ello ocasione que diversas empresas pospongan o no lleven a cabo sus planes de inversión o que los consumidores reduzcan su gasto de manera precautoria.

ii. Que el proceso de ratificación e implementación del acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se retrase y genere mayor incertidumbre, afectando a la inversión.

iii. Que haya un escalamiento de las tensiones comerciales internacionales o de que se adopten mayores medidas proteccionistas a nivel mundial que afecten al crecimiento, la inversión y el comercio a nivel global, así como a los mercados financieros internacionales.

iv. Que se observen episodios de volatilidad en los mercados financieros internacionales derivados, entre otros factores, de mayores tensiones comerciales a nivel global, de aumentos imprevistos en las tasas de interés de los principales bancos centrales, de un menor apetito por riesgo, así como de un posible contagio proveniente de otras economías emergentes o de acontecimientos geopolíticos que pudieran reducir las fuentes de financiamiento.

v. Que se observe una desaceleración de la economía y el comercio globales mayor a la esperada.

vi. Que se observe un deterioro en la calificación crediticia del país o en las empresas productivas del Estado y, en particular, que se observen revisiones generalizadas a la baja por parte de las agencias calificadoras a la calificación de la deuda de Pemex que compliquen la situación financiera de la empresa.

vii. Que el efecto sobre la actividad económica de eventos tales como el desabasto de combustible, los bloqueos a las vías férreas en Michoacán o los conflictos laborales en Tamaulipas sea mayor y más persistente que lo previsto o que se presenten nuevos episodios de esta índole.

No obstante lo anterior, el Banxico también destaca posibles eventos que mejorarían el desempeño económico de México, entre los que se encuentran:

i. Que los anuncios referentes al acuerdo alcanzado con Estados Unidos y Canadá en materia comercial (T-MEC) den lugar a una notoria reactivación de la inversión.

ii. Que un dinamismo de la producción industrial en Estados Unidos mayor al anticipado favorezca el desempeño de las exportaciones manufactureras de México.

iii. Que se observe un dinamismo de la demanda agregada mayor al previsto, derivado de un aumento en el gasto de los consumidores o de que algunos sectores productivos enfrenten mejores condiciones para aumentar sus inversiones.

Inflación: En cuanto a la expectativa de alza de precios, tomando en cuenta la postura de política monetaria restrictiva y el horizonte en el que esta opera, así como la información disponible de los determinantes de la inflación, incluyendo el entorno económico actual y el dinamismo económico, tenemos que los pronósticos para la inflación general anual son de que ésta se ubicará en 3.4% anualizado en el cuarto trimestre de 2019, y que será hasta el tercer trimestre de 2020 cuando ésta se ubique por debajo del 3.0% (en un nivel de 2.8% anualizado).

Inflación

Desde luego que esto es una buena noticia ya que más allá de que se cuidará el poder adquisitivo de los salarios, pudiera implicar que en el ciclo bajista de tasas de interés está cercano. El que comiencen a bajar tasas de interés de los Certificados de la Tesorería (CETES) y de la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) es fundamental para reactivar la inversión privada, la venta de viviendas y automóviles.

Cabe señalar que así como con el crecimiento económico, de acuerdo al Banxico, los pronósticos de inflación se encuentran sujetos a los siguientes riesgos: i. Que la cotización de la moneda nacional se vea presionada por factores externos o internos; ii. Que se observen nuevas presiones sobre los precios de los energéticos o de los productos agropecuarios; iii. Que se presente un escalamiento de medidas proteccionistas y compensatorias a nivel global; iv. Que se deterioren las finanzas públicas; v. Considerando la magnitud de los aumentos recientes en el salario mínimo, además de su posible impacto directo, se enfrenta el riesgo de que estos propicien revisiones salariales que rebasen las ganancias en productividad y generen presiones de costos, con afectaciones en el empleo formal y en los precios; y vi. La persistencia que ha mostrado la inflación subyacente podría dar lugar a una mayor resistencia de las expectativas de inflación de largo plazo a disminuir.

De igual manera, existen eventos que de ocurrir, mejorarían la trayectoria de la inflación, entre los que destacan: i. Que se presenten menores variaciones en los precios de algunos bienes incluidos en el subíndice no subyacente; y ii. Que las condiciones de holgura se amplíen más de lo previsto.

Es así que tomando en cuenta todo lo anterior, se considera que el balance de riesgos respecto a la trayectoria esperada para la inflación mantiene un sesgo al alza, en un entorno de marcada incertidumbre.

Como puede apreciarse, hay una enorme cantidad de factores que están jugando en contra de la economía nacional; pero lo importante es que se atiendan las que son de índole interna, como el fortalecer el estado de derecho y la confianza empresarial. El gobierno federal, en voz del Ing. Alfonso Romo Garza, Jefe de la Oficina de la Presidencia, recién señaló en una reunión con empresarios guanajuatenses que están conscientes de que para poder repartir la riqueza, primero ésta se debe crear. Dado lo anterior pues, es fundamental dar muestras claras del rumbo económico que queremos tomar. Sin crecimiento económico el gobierno del Presidente López Obrador no podrá cumplir su promesa de un México más incluyente y justo.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Tiempos complicados para la industria manufacturera nacional

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La industria manufacturera nacional cerró el 2018 con una fuerte desaceleración.

El pasado 20 de febrero, el grupo financiero Citibanamex dio a conocer los resultados de su encuesta de expectativas económicas, y en ella se reiteró que se espera que el crecimiento económico para este año es de apenas 1.7% y para el 2020 de 1.9%. Estas raquíticas tasas esperadas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) son menores al promedio de 2.44% observado durante el sexenio anterior, por lo que difícilmente veremos una mejoría económica reflejada en mejores perspectivas de empleo. La mejora para muchos podría llegar en la forma de apoyos económicos por parte del gobierno federal, por lo que es de esperarse que haya un fortalecimiento de los sectores comercio y servicios, a la par de una considerable desaceleración en la industria manufacturera.

El pesimismo respecto a lo que le espera a la industria manufacturera en 2019 se basa en varios factores de índole nacional e internacional: 1. La marcada tendencia a la baja en esta industria en México al cierre de 2018; 2. La incertidumbre ante la falta de acuerdos entre los Estados Unidos y China para resolver su guerra comercial; 3. Varios países europeos están en el umbral de ser declarados en recesión, entre ellos Alemania; 4. La menor tasa de crecimiento económico en China, la cual se espera que sea de 6.2% en 2019; 5. El desvanecimiento del impulso fiscal ganado por los Estados Unidos en 2018; entre otros.

Para complicar las cosas aún más para la economía de México, tenemos que en el Reporte de Manufactura Barata 2019 (Cheap Manufacturing in 2019) elaborado por el US News & World Report, no se encuentra México en las primeras 10 posiciones a nivel global. Mientras que China nuevamente se ubica como el mejor país del mundo en este indicador, aunque se percibe que aunque dicha potencia asiática ha sido considerada como el mejor lugar del mundo en cuanto a manufactura de bajo costo, los expertos ahora están hablando de India como la siguiente gran fábrica del mundo.

El reporte fue llevado a cabo con la ayuda de más de 20 mil encuestados a los que se les pidió calificar a 80 países en diversos atributos. El sistema califica a todos los países en función de diversas variables clave así como beneficios intangibles tales como libertad y seguridad.

A continuación se presentan los 10 principales países en cuanto a manufactura barata en 2019 y se menciona la posición que ubican en general en todos los demás indicadores: 10. Myanmar, posición 61 en la clasificación mundial; 9. Sri Lanka, posición 45 en la clasificación mundial; 8. Pakistán (República Islámica de), posición 75 en la clasificación mundial; 7. Malasia, posición 38 en la clasificación mundial; 6. Filipinas, posición 50 en la clasificación mundial; 5. Indonesia, posición 43 en la clasificación mundial; 4. Tailandia, posición 26 en la clasificación mundial; 3.  Vietnam, posición 39 en la clasificación mundial; 2. India, posición 27 en la clasificación mundial; y 1. China, posición 16 en la clasificación mundial.  Respecto a México, el ranking le da a México una calificación de 7.3 en manufactura barata, considerablemente por debajo de la calificación de 10.0 obtenida por China o del 9.9 obtenido por Vietnam.

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China ocupa la primera posición en el ranking de “manufactura barata” con una calificación de 10.0, México sacó 7.3

Llama poderosamente la atención que en esta clasificación están dentro de los primeros cinco lugares China, Vietnam e Indonesia, naciones de las cuales provienen más del 90% de los zapatos que México importa anualmente. Queda claro que tienen mano de obra productiva y barata, lo que combinado con la reciente baja de aranceles es la receta perfecta para un desastre manufacturero. Cabe señalar que el mismo problema sufren las industrias textil y del vestido, las cuales también se vieron afectadas con la reciente baja arancelaria, la cual básicamente beneficia a los 10 países señalados líneas arriba ya que con ninguno tenemos tratado de libre comercio (salvo con Vietnam en el marco del Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico, el cual apenas entró en vigor el 14 de enero de este año).

Para complicar las cosas aún más para la manufactura en México, tenemos que ahora no es su momento de mayor fortaleza. De acuerdo con la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, en el 2018 el valor de las ventas de los productos elaborados aumentó 2.0% en términos reales. Dicho aumento fue producto de la siguiente evolución trimestral anualizada: -3.5% en el primer trimestre, 5.4% en el segundo, 5.4% en el tercero y 0.8% en el cuarto. Como puede apreciarse, preocupa la fuerte desaceleración observada en el último trimestre del año que recién concluyó.

Ahora, en cuanto a la evolución de cada una de las ramas de actividad, tenemos que en el cuarto trimestre de 2018, se registró el siguiente comportamiento en el valor de las ventas en términos reales (entre paréntesis se presenta el porcentaje de crecimiento anualizado): 1. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (8.1%); 2. Fabricación de muebles, colchones y persianas (4.7%); 3. Industrias metálicas básicas (4.1%); 4. Industria del plástico y del hule (3.6%); 5. Industria del papel (3.5%); 6. Fabricación de productos metálicos (3.1%);  7. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (2.5%); 8. Impresión e industrias conexas (2.4%); 9. Industria de la madera (2.3%); 10. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (2.2%); 11. Industria de las bebidas y del tabaco (1.7%); 12. Industria química (1.6%); 13. Fabricación de prendas de vestir (0.4%); 14. Fabricación de equipo de transporte (-0.1%); 15. Otras industrias manufactureras (-0.2%); 16. Fabricación de maquinaria y equipo (-0.8%); 17. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-1.4%); 18. Industria alimentaria (-1.9%); 19. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-2.0%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-2.1%); y 21. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-4.7%).

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De 21 ramas de actividad manufacturera, 16 presentaron desaceleración en el cuarto trimestre de 2018.

Vemos que de 21 ramas de actividad, siete registraron una disminución del valor de sus ventas en términos reales durante el cuarto trimestre de 2018. Pero lo más grave es que de las 21 ramas de actividad, 16 registraron una desaceleración en su tasa de crecimiento en comparación del trimestre inmediato anterior. De esta manera, del total de ramas manufactureras, sólo tres registraron crecimiento anualizado positivo superior a la del trimestre inmediato anterior: Fabricación de prendas de vestir, Impresión e industrias conexas, e Industria del plástico y del hule.

Todo este complejo panorama debe movernos a la acción e implementación de políticas públicas tendientes a crear un ambiente macroeconómico propicio para la inversión y el crecimiento económico. El recientemente creado Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, encabezado por el Jefe de la Oficina de la Presidencia, Ing. Alfonso Romo Garza, podría iniciar formalmente sus actividades estableciendo una mesa que rápidamente determine las políticas públicas que se deben implementar para el fortalecimiento de la industria nacional.

De igual forma, debe haber un compromiso por parte de los industriales del país, para hacer frente a los problemas que enfrenta la industria. Deben desarrollar la capacidad de ajustarse y adaptarse a las nuevas realidades, lo que implica pensar fuera de la caja, buscar la automatización de procesos, capacitar y formar el capital humano de sus empresas, mejorar sus sistemas de procesamiento de datos, y lo más importante, deben ser capaces de innovar en el desarrollo de nuevos productos y en la forma que fabrican dichos productos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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