¿Cómo impactará el COVID-19 a la economía de México?

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Escenas de desolación en varias ciudades del mundo.

Los días recientes han estado saturados de información respecto a la propagación del COVID-19 y las acciones de los gobiernos para tratar mitigar el avance de la enfermedad. La cancelación de diversas actividades económicas en diversos países aunado a las medidas de contención que se implementarán en los próximos días, hacen prever que la tasa de crecimiento económico a nivel mundial será la más baja desde 2009, año en que ésta registró una caída de -1.679%

De acuerdo con Kozul-Wright, Director de la División sobre Globalización y Estrategias de Desarrollo en la UNCTAD, la desaceleración de la economía global a una tasa por debajo del 2% para este año, tendrá un costo de 1 billón de dólares (cifra equivalente al 80% del PIB de México). Sin embargo, en un “escenario del día del juicio final” en el que la economía mundial crece a una tasa de apenas 0.5%,  implicaría un golpe al PIB de la economía mundial de 2 billones de dólares.

Estas perspectivas, de la mano del colapso de los precios del petróleo y la interrupción de las cadenas de suministro de China y Europa, ha sido un factor que contribuye a una creciente sensación de inquietud y pánico en materia económica. De esta manera, atravesamos por el peor de los escenarios, ya que ahora hay un grado enorme de ansiedad que va mucho más allá de los problemas de salud, los cuales de por sí son muy graves y preocupantes. Todo esto ha impactado muy negativamente en el ánimo de inversionistas en las diferentes bolsas de valores a nivel mundial, de manera que éstas han tenido los peores días desde el crack bursátil de 1987.

De acuerdo con el sitio de internet mx.investing.com, en el último mes el Dow Jones de Nueva York muestra una caída de -21.13%, mientras que el índice Nasdaq presenta una disminución de -19.08%, el Euro Stoxx 50 una caída de -32.67%,  el índice DAX de Alemania una contracción de -32.83%, el FTSE MIB de Italia una caída de -35.86%, y el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores una disminución de -15.37%. Curiosamente las bolsas de valores de China presentan caídas mucho más moderadas. En lo que va del año el SZSE Component muestra un incremento de 13.41%, mientras que la bolsa de Shanghai presenta una caída de -5.33%.

Hong-Kong
La industria del turismo tendrá pérdidas gigantescas este año por el Covid-19

A nivel mundial hay una creciente preocupación de que en la medida en que el COVID-19 se propaga, provocando el colapso de los precios del petróleo y en la industria del turismo, así como cierre de fábricas en Italia, Francia, España y China, pues aumenta el riesgo de que las compañías en los sectores de energía, turismo, automóviles, entre otros, no podrán hacer frente a sus obligaciones de deuda. Esto podría desencadenar una serie de incumplimientos y rebajas en las calificaciones, lo que desestabilizaría aún más los mercados financieros y agravarían el shock económico al hacerlo mucho más duradero.

En este contexto, la economía mexicana ha recibido duros golpes en los últimos días. La amenaza de Arabia Saudita de inundar el mercado con petróleo tras un desacuerdo con Rusia desató el apocalipsis. Para México el escenario de mayor preocupación comenzó el domingo 8 de marzo, cuando los mercados de petróleo en Asia abrieron y en menos de 30 minutos se registró una caída de más de un 30% en el precio del barril de petróleo. La preocupación de lo que esta caída representa para Pemex y las finanzas del sector público federal, con una posible degradación en la calificación crediticia, fue lo que de inmediato llevó al tipo de cambio a niveles por encima de los 21.50 pesos por dólar.

Al igual que para la mayoría de países, el escenario para México (por lo que está sucediendo en materia de salud y con la economía), es por demás complejo. En aras de explicar cómo se interrelacionan las diferentes variables económicas, a continuación presento algunos escenarios respecto de lo que podría suceder en México en los próximos seis meses:

Finanzas públicas

Debemos comenzar diciendo que Pemex ha sido muy poco transparente y por lo tanto es difícil evaluar el impacto de la baja en el precio del petróleo en sus finanzas y las finanzas de la administración pública federal. Cabe recordar que hace apenas unos días se nos informó que dicha empresa registró pérdidas por 346.135 miles de millones de pesos (mmdp) durante 2019, cifra 92% superior respecto a las pérdidas de un año antes.

De acuerdo con un análisis de Citibanamex, la situación del sector público en 2020 dependerá de: 1. El grado en el que las coberturas petroleras actuales cubran el faltante de ingresos, y 2. El impacto que tendrá el menor precio del petróleo respecto del precio local de la gasolina, dado que la diferencia es el IEPS, actualmente en 4.95 pesos por litro (para la gasolina de bajo octanaje) y que representa 297.5 mmdp de los ingresos públicos (aproximadamente el 9.3% de los ingresos tributarios).

Suponiendo un precio para la Mezcla Mexicana de Exportación de 35dpb (vs. 50 dpb estimado en el presupuesto 2020), se estima que habrá un faltante de ingresos para el Sector Público de 188.2 mmdd, de los cuales aproximadamente 40% serían compensados por las coberturas petroleras del Gobierno Federal. El faltante de ingresos adicional sería parcialmente compensado con la cobertura de Pemex (sobre la cual no tenemos detalles específicos). Esto aún dejaría un faltante de ingresos, el cual se podría compensar con ingresos adicionales de aproximadamente 105 mmdp si, por ejemplo, el IEPS aumentara a partir del mes de abril a 6.4 pesos por litro. Esto implica que la caída de los precios internacionales de la gasolina no se traduzca en precios más bajos de las gasolinas, sino que efectivamente se utilice para fortalecer las finanzas públicas.

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En México han comenzado las compras de pánico

Otro tema de preocupación en materia de finanzas públicas es cómo afectará a la recaudación de ISR e IVA el continuar con una economía en recesión. Hay que recordar que los Criterios Generales de Política Económica 2020 estiman una tasa de crecimiento del PIB de entre 1.5% y 2.5%, algo que definitivamente no sucederá.  En este sentido el gobierno federal debe encontrar fuentes alternas de recaudación y una gran oportunidad subsiste estableciendo un combate frontal en contra del contrabando y subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Este tema ya lo he abordado en pasadas entregas.

Tipo de cambio

El 19 de febrero de este año un dólar costaba 18.588 pesos y al momento de escribir estas líneas la paridad es de 21.9169 pesos por dólar, lo que implica que en tres semanas el dólar se encareció 17.9%. Esto es el resultado del nerviosismo por parte de inversionistas que prefieren llevar su dinero a lugares más seguros. Como ya se explicó, la caída de los precios del petróleo y la desaceleración  económica global, pondrán una mayor presión en las finanzas públicas y las de Pemex, lo que hace muy probable que las calificadoras de riesgo degraden la nota mexicana y pongan a la de Pemex en calidad de inversión especulativa. De suceder esto, las medidas como las que ha tomado el Banco de México, de aumentar las subastas de coberturas cambiarias, tendrán un impacto positivo limitado.

Por otra parte, la posibilidad de que los Estados Unidos impongan medidas más severas de control de restricción de viajes desde otros países, entre ellos México si la epidemia se nos sale de control, deja abierta la puerta para que el tipo de cambio siga aumentando (la noche del 11 de marzo se acercó bastante a los 23 pesos por dólar durante unos momentos). El Banco Base ha señalado que existen las condiciones para que el dólar aumente hasta los 25 pesos, lo cual desde luego que puede ocurrir. Sin embargo, es de esperarse que una vez que regrese la calma a los mercados, el dólar pudiera regresarse a niveles de 20 pesos por dólar. Para que esto suceda, dependerá mucho el resultado de las elecciones en los Estados Unidos, siendo el triunfo de Joe Biden lo que más le conviene a México.

Inflación

La inflación anualizada en México se ubicó en 3.70% en febrero de este año, muy cerca del rango máximo objetivo por el Banco de México de 3% más un punto porcentual. Si a esta situación le agregamos la posible presión que un tipo de cambio más alto ejercerá en los precios nacionales, es posible que la inflación continúe con su tendencia alcista, al menos en el corto plazo.

De acuerdo con Citibanamex, las estimaciones actuales de traspaso de alza en el tipo de cambio en la inflación en México son de alrededor de 3 puntos base por 1% de depreciación. Esto implica que una depreciación del peso de 10% provocaría que la inflación aumentara en 0.3 puntos porcentuales. No obstante lo anterior, se podría considerar que el efecto traspaso del tipo de cambio a la inflación, sería limitado porque la demanda interna sigue débil. ¿Cómo puedes subirle los precios a tus clientes si de por si tus ventas son bajas?

Tasas de interés

La suerte de las tasas de interés dependerá de varios factores. En primer lugar, pues el hecho de que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) haya bajado sorpresivamente su tasa de interés de fondos federales en 0.5 puntos, le da un enorme margen al Banco de México para hacer lo propio. Sin embargo, el banco central estará muy vigilante de cómo la evolución del tipo de cambio impacta a los precios nacionales. De esta manera, lo que se anticipa es que en la reunión de la Junta de Gobierno del Banxico de marzo se realice un recorte a la tasa de interés objetivo de medio punto porcentual, para darle un respiro a la economía, y que de ahí en adelante las decisiones de política monetaria dependan de la evolución de la inflación.

Crecimiento económico

El pasado 11 de marzo, el Bank of America ajustó de +0.5% a -0.1% su pronóstico del crecimiento de la economía mexicana en 2020, lo que implica un escenario similar de contracción económica que vivió el país en 2019 y significa dos años consecutivos con caídas en el Producto Interno Bruto. Este pronóstico está sustentado en un entorno económico global más débil (pronósticos de crecimiento del PIB de Estados Unidos que inclusive apuntan a una recesión) así como una mayor aversión al riesgo global y precios del petróleo considerablemente más bajos.

A manera de conclusión podemos señalar que no cabe duda que el escenario macroeconómico mundial y para México es muy complicado. Se requiere de todo el talento de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México, para evitar que el país caiga en una crisis económica. Para evitar esto, también es fundamental el apoyo y prudencia de las diferentes fuerzas políticas, así como la del propio presidente López Obrador.

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Cae la confianza de los consumidores y la aprobación presidencial

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AMLO registra caídas en la Confianza del Consumidor y en la aprobación a su gestión.

Recientemente hemos visto la publicación de diversas encuestas que dan cuenta de que el nivel de aprobación del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha disminuido de manera importante en el último año. Una encuesta de El Universal señala que en los últimos 12 meses la aprobación de AMLO pasó de un 79.5% a un 57.1%, mientras que un estudio similar de Reforma indica que su popularidad cayó de un 78% a un 59%. Esto ha sido motivo de debate entre los que piensan que la caída en la aprobación es aún mayor y los que creen que creen que la popularidad del presidente no ha caído y que se utiliza a las encuestas para golpearlo.

En este contexto, debemos pensar que la aprobación o desaprobación del presidente debería estar relacionada de cierta manera a la manera cómo se sienten las personas respecto a diversos factores, entre ellos su situación económica y la del país. En este sentido, el indicador que nos informa que tan optimistas o pesimistas se sienten los consumidores mexicanos es el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). El ICC es un indicador relevante porque parte de la premisa de que si la confianza de los consumidores es alta, éstos tenderán a comprar más bienes y servicios, lo cual debería estimular a la totalidad de la economía, mientras que si la confianza es baja, entonces se podría esperar que el nivel de consumo de las personas sea más bajo.

En México, el ICC arroja un valor numérico que resulta de promediar cinco subíndices que hacen referencia a la situación económica actual y esperada del hogar del entrevistado, la situación económica actual y futura del país, así como qué tan propicio se considera el momento actual para la compra de bienes de consumo duradero. Es así que en términos generales, el ICC mide el nivel de optimismo de los consumidores respecto a su situación particular y de la situación general de la economía.

¿Entonces es el ICC un buen predictor de cómo se comportará la economía? En el caso de México no mucho ya que el coeficiente de correlación entre el ICC y el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), para el periodo de 2001 a 2019 es de -0.20 y para el periodo de 2010 a 2019 es de apenas +0.22. No entraré en los detalles de qué significan exactamente esos números, pero sea como sea, lo que denotan es que la relación entre el grado de actividad económica y el nivel de optimismo de los consumidores (por si solo) es baja y poco significativa. No obstante lo anterior, desde mi punto de vista el ICC resulta relevante para conocer qué tan efectivas son las políticas públicas en el sentido de si hacen sentir a las personas que su situación económica y la del país va mejorando o si piensan que ésta va a mejorar en el corto plazo.

El ICC en 2019

Para seguir ilustrando la desconexión entre la confianza del consumidor y el crecimiento económico tenemos que de acuerdo con el INEGI en el 2019, con cifras originales, el ICC aumentó un sólido 14.3% anualizado (al haber pasado de un valor promedio de 39.2 en 2018 a uno de 44.8 en 2019) y no obstante lo anterior, el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano cayó -0.1%. Esto implica que en México la mayoría de los consumidores se sintieron más 0“optimistas” el año pasado a pesar de las complicaciones en materia económica que vivimos. ¿Pero porque sucedió esto?

Debemos tener presente que el ICC tiene cinco componentes (en la forma de preguntas), y en el comparativo del 2019 respecto del 2018, todos registraron incrementos anualizados, tal como se describe a continuación:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿Cómo cree que es su situación en este momento?, incrementó 7.4% (pasó de 45.4 a 48.8).
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?, observó un aumento de 7.3% (pasó de 52.9 a 56.8).
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?, fue el componente que más creció aumentando 31.2% (pasó de 31.5 a 41.3).
  4. ¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto de la actual situación?, creció 16.7% (pasó de 44.3 a 51.7).
  5. Comparando la situación económica actual con la de hace un año ¿cómo considera en el momento actual las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc.?, subió 16.6% (pasó de 21.8 a 25.5).

ICC 2018 y 2019

De estos datos hay dos cosas importantes que se deben destacar. La primera es que los mayores incrementos en los componentes del ICC se observaron en la percepción de que la situación  económica del país era mejor que la de hace un año (pregunta 3) y la creencia de que la situación económica del país será mejor dentro de 12 meses respecto a lo que se estaba viviendo (pregunta 4). Es decir, gran parte del aumento en el ICC estaba fincado en la creencia de una mejoría de la macroeconomía y no de la situación particular del hogar. El segundo aspecto a destacar es que sólo en dos preguntas los componentes del ICC registraron valores promedio por encima de 50 puntos en el 2019. Uno de ellos es la creencia de que la situación económica del hogar será mejor dentro de 12 meses (pregunta 2) y la creencia de que la situación económica del país será mejor dentro de 12 meses (pregunta 4).  Lamentablemente, en el tema de cómo es la situación del hogar respecto a hace un año (pregunta 1)  el valor creció 7.4% y registró un valor por debajo de 50 en 2019; y peor aún es el tema de la posibilidad de comprar bienes de consumo duraderos (pregunta 5), ya que dicho componente registra un valor de apenas 25.5 puntos en 2019, muy por debajo del umbral de 50 puntos.

Como una conclusión parcial de lo hasta ahora presentado, tenemos que en 2019 la evolución favorable del ICC no se tradujo en un buen desempeño económico, y que el aumento del ICC ocurrió principalmente por la creencia de que la situación futura del hogar y del país sería mejor en los próximos doce meses.

El ICC en el primer bimestre de 2020

En este sentido, la realidad ya comenzó a golpear a las expectativas optimistas que se tenían. Tenemos que en el primer bimestre de 2020, con cifras originales,  el ICC registra una caída anualizada de -6.7%, lo que denota que muchos consumidores mexicanos comienzan a perder la esperanza de una mejor situación económica para sus hogares y para el país. Al analizar la evolución de los cinco componentes del ICC en el comparativo del primer bimestre de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos lo siguiente:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿Cómo cree que es su situación en este momento?, se mantuvo sin cambio (el índice se quedó en 48.8).
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?, observó una caída de -4.4% (pasó de 58.7 a 56.1).
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?, reportó un decremento de -4.7% (pasó de 42.4 a 40.4).
  4. ¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto de la actual situación?, se derrumbó -16.5% (pasó de 57.4 a 47.9).
  5. Comparando la situación económica actual con la de hace un año ¿cómo considera en el momento actual las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc.?, cayó -6.4% (pasó de 27.1 a 25.4).

ICC I19 y I20

Estos datos constatan la ineficacia de las políticas públicas para muchos hogares. La pregunta 1 muestra que el promedio de hogares no siente que haya habido una mejoría en su situación económica respecto a hace un año. La pregunta 2 muestra que la mayoría de los hogares piensan que su situación mejorará en los próximos 12 meses, pero el porcentaje de los que así lo consideran va en disminución. Las preguntas 3 y 4 denotan que la mayoría de los hogares perciben que la situación macroeconómica del país se ha deteriorado y continuará empeorando. Finalmente, la pregunta 5 indica un retroceso respecto a la posibilidad de los hogares de adquirir bienes de consumo duraderos.

Para concluir considero que esta información es igualmente importante, así como los datos de las encuestas respecto al porcentaje de aprobación del presidente López Obrador. Esto porque en cuestión de política muchas personas pueden decir que aprueban al presidente porque votaron por él y no quieren reconocer que la situación del país ha empeorado en muchos sentidos. Pero al responder una “encuesta económica”, como la del ICC, en materia de qué tan optimistas se sienten, se puede obtener una valoración más precisa de cómo las personas perciben los resultados respecto al desempeño económico por parte del gobierno federal. Los resultados del primer bimestre ahí están, y la gente está perdiendo el optimismo.

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¿Cómo el COVID-19 impactará a las cadenas globales de manufactura?

52555819_303El panorama económico ha cambiado de manera importante en la última semana y ahora el riesgo de recesión mundial ha aumentado. En la semana que recién concluye los mercados bursátiles alrededor del mundo cayeron significativamente. El emblemático índice Dow Jones de los Estados Unidos registra una caída de 14% desde su reciente record máximo, mientras que el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores acumula una caída del 8.4% en las últimas dos semanas. Esto ha convertido a la semana del 24 al 28 de febrero en la peor desde el 2008, cuando azotaba la crisis financiera mundial.

En Asia, los parques de Tokio Disneyland y Universal Studios Japón anunciaron que cerraran sus puertas, y se suspendieron diversos eventos que se espera atrajeran a decenas de miles de personas, incluida una serie de conciertos del famoso grupo de K-pop BTS. También se reportó que la llegada de turistas a Tailandia se redujo en un 50% en comparación con la de hace un año. Al escribir estas líneas, en Italia se han reportado ya 1,128 casos de COVID-19, la mayor cantidad de cualquier país fuera de Asia, por lo que las reservaciones en los hoteles se están derrumbando. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha planteado la posibilidad de una recesión.

Por su parte, la economía europea ya está al borde de la recesión. El indicador de sentimiento comercial en Alemania cayó bruscamente la semana pasada, lo que sugiere que algunas compañías podrían posponer los planes de inversión y expansión. Esto ocurre por la dependencia de los exportadores alemanes en el mercado chino.

Los economistas más optimistas pronostican que el crecimiento mundial caerá a 2.4% este año, el cual sería el menor desde la Gran Recesión de 2009, y estaría muy por debajo de las expectativas anteriores más cercanas al 3%. Para los Estados Unidos, las estimaciones caen a un crecimiento tan bajo como 1.7% este año, inferior al 2.3% observado en 2019.

Sin embargo, los más realistas estiman que si el COVID-19 se convierte en una pandemia global entonces se espera que el impacto sea mucho peor y que los Estados Unidos y otras economías globales posiblemente caigan en recesión. En México, con una economía que en el 2019 decreció -0.14%, el escenario pinta doblemente complicado. Aunque el Banxico, seguramente temeroso de contaminar con expectativas pesimistas, mantiene la prospectiva poco creíble de que la economía nacional crecerá entre 0.8% y 1.8% en 2020.

Ahora bien, en un artículo de Pierre Haren y David Simchi-Levi, titulado “¿Cómo es que el Coronavirus impactará a las cadenas de suministro globales para mediados de marzo?” publicado en el Harvard Business Review, se presenta un panorama sombrío para la industria manufacturera mundial en los próximos meses. En esta entrega presento algunos de los puntos más importantes de dicho artículo y al final hago una serie de reflexiones respecto a lo que hasta ahora he visto de cómo puede impactar toda esta situación a la planta manufacturera de México.

En dicho artículo se señala que los informes respecto a cómo es que el COVID-19 está afectando a las cadenas de suministro e interrumpiendo las operaciones de fabricación en todo el mundo, aumentan a diario. Pero de acuerdo con los autores, lo peor está por llegar. Como preludio a lo que viene tenemos que se acaba de dar a conocer que el Índice mensual de gerentes de compras, emitido por la Agencia de Estadísticas China, cayó a 35.7 desde los 50 puntos registrados en enero. Esto es muy preocupante porque los números por debajo de 50 indican la contratación de la actividad.

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No obstante lo anterior, se prevé que el pico del impacto económico negativo del COVID-19 en las cadenas de suministro mundiales ocurrirá a mediados de marzo. De ser cierto, esto obligará a miles de empresas globales a reducir o cerrar temporalmente las plantas de ensamblaje y fabricación en los Estados Unidos, Europa y países como México. Las empresas más vulnerables son aquellas que dependen en gran medida o exclusivamente de fábricas en China para piezas, materiales e insumos. Como muestran los indicadores, la actividad de las plantas manufactureras chinas ha disminuido sustancialmente en el último mes y se espera que éstas continúen deprimidas durante varios meses más.

Muchos analistas han comparado la epidemia actual del COVID-19 con la del SARS, la cual duró del 2002 al 2003 y generó apenas un bache en los mercados financieros mundiales. Esta comparación no tiene sustento porque la importancia relativa de China en el ecosistema económico mundial ha aumentado enormemente en los últimos 18 años.  China ha más que duplicado su participación en el comercio con el resto del mundo en el periodo comprendido entre la epidemia de SARS y la actualidad, y muchas más industrias ahora dependen más de China que hace dos décadas. La epidemia de SARS comenzó en la provincia de Guangdong en 2002 y generó 8 mil casos de enfermedad en el 2003. Durante ese año, el PIB de China representaba apenas el 4.31% del PIB mundial. Por el contrario, el número de casos detectados de COVID-19 ya superó mundialmente los 87 mil y China ahora representa alrededor del 16% del PIB mundial.

Igualmente importante, es el hecho de que la creciente presión para reducir los costos de la cadena de suministro ha llevado a las empresas a seguir estrategias como la manufactura esbelta, la deslocalización y la subcontratación. Tales medidas de reducción de costos implican que cuando hay una interrupción en la cadena de suministro, la fabricación se detendrá rápidamente debido a la falta de piezas o insumos suficientes en inventario. La gran mayoría de las compañías globales no tienen idea de cuál es realmente su exposición al riesgo de lo que está sucediendo en Asia. Esto se debe a que pocos, si es que tienen alguno, tienen el conocimiento completo de las ubicaciones de todas las empresas que les proveen piezas o insumos a sus proveedores directos.

Dados los esfuerzos actuales del gobierno chino para poner en cuarentena a casi la mitad de su población y el impacto negativo que está teniendo en las actividades de transporte y fabricación en el país, podemos concluir con seguridad que el impacto de COVID-19 en la fabricación china es mayor que el del SARS.

Cabe destacar que como resultado de algunos eventos como la epidemia de SARS 2002-2003, la erupción del volcán de Islandia en marzo de 2010, el terremoto y el tsunami de Japón en marzo de 2011 y la inundación en Tailandia en agosto de 2011, las compañías globales recientemente han aumentado la cantidad de inventario de insumos y piezas que tienen a la mano, por lo que ahora suelen tener uno para un periodo de 15 a 30 días de operaciones. Es posible que las vacaciones de una semana del Año Nuevo chino motivaran a algunas compañías a aumentar su cobertura de inventario por otra semana más. Por lo tanto, para la mayoría de las empresas, la cobertura de inventario que tienen les permitirá seguir trabajando sin problemas por un plazo de entre dos y cinco semanas, dependiendo de la estrategia de la cadena de suministro de la empresa. Pero si el suministro de componentes se interrumpe por más tiempo, la fabricación tendrá que detenerse.

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Los plazos de entrega también tendrán un impacto. El envío por mar a México, Estados Unidos o Europa tarda en promedio 30 días. Esto implica que si las plantas chinas dejaron de fabricar antes del comienzo de las vacaciones chinas el 25 de enero, el último de sus envíos llegará a su destino la última semana de febrero. Todo esto implica que habrá un incremento en los cierres temporales o paros técnicos de las instalaciones de ensamblaje y fabricación a mediados de marzo.

Algunos fabricantes ya han tenido que reducir la producción en sus plantas fuera de China, y la lista se incrementa a diario. Por ejemplo, Fiat Chrysler Automobiles NV anunció el 14 de febrero que “está deteniendo temporalmente la producción en una fábrica de automóviles en Serbia porque no puede obtener piezas de China”. Del mismo modo, Hyundai dijo que “decidió suspender sus líneas de producción de operar en sus plantas en Corea… debido a interrupciones en el suministro de piezas como resultado del brote de coronavirus en China”. Estos dos ejemplos son consistentes con el análisis de Haren y Simchi-Levi: dado que los plazos de entrega de China a estos países son significativamente más cortos que 30 días, la interrupción ocurrió antes.

El desafío también es significativo en la industria de alta tecnología. De hecho, el 17 de febrero, Apple anunció que esperaba que sus ganancias trimestrales fueran más bajas de lo esperado anteriormente. La compañía se enfrenta a dos desafíos: una oferta mundial limitada de iPhones y una caída significativa de la demanda en los mercados de consumo de China.

La creciente epidemia de coronavirus ya está afectando también a los puertos. Allard Castelein, CEO del puerto de Rotterdam, dijo: “El efecto del coronavirus ya es visible. El número de salidas desde los puertos chinos ha disminuido en un 20% en estos días”. La actividad en el puerto francés de Le Havre también se está desacelerando y podría caer un 30% en los próximos dos meses.

Los autores concluyen que no queda más que prepararnos para el importante efecto que se viene para la manufactura global. Tenemos poco tiempo porque el problema comenzará a alcanzar toda su fuerza en dos o tres semanas y podría durar durante varios meses.

Ahora, a título personal, para el caso de México lo que pienso es que habrá un impacto para la actividad manufacturera en cuatro sentidos:

  1. Sustitución de importaciones de algunos productos para el consumidor final. Como lo señalé en la entrega de hace dos semanas, la dificultad de traer algunos bienes de consumo final desde China, será positivo para algunas empresas nacionales, las cuales verán sus ventas incrementarse mientras se recupera China.
  2. Escasez de insumos para la producción. En línea con lo que señalan Pierre Haren y David Simchi-Levi, algunos sectores manufactureros en México se verán afectados negativamente (e inclusive pueden llegar a realizar paros técnicos) si dependen de insumos de China o Italia, y no logran conseguir proveeduría nacional de esos insumos, o al menos importarlos desde otras partes del mundo.
  3. Posibilidad de paros en las empresas, similares a los que se dieron en el 2009 en la crisis por el H1N1. El gobierno federal ha señalado que hasta ahora el COVID-19 no cumple con las características para ser declarado una emergencia. Sin embargo, si en México no se toman las medidas de contingencia y la infección se sale de control, el gobierno podría decretar otro tipo de medidas que dañarían la producción y consumo de bienes y servicios.
  4. Impacto negativo para exportadores por menor crecimiento mundial. Si Estados Unidos baja su tasa de crecimiento a 1.7% este año y varios países europeos terminan por caer en recesión, el escenario para varios fabricantes nacionales que dependen de los mercados extranjeros será complicado.

Dados estos cuatro puntos, el primer paso es que las empresas hagan una evaluación del origen de sus insumos para la producción y tengan bien claro el mapa de cómo los van a sustituir, en caso de que éstos provengan de China. Por otra parte, si dependen de manera importante de mercados extranjeros, analizar el impacto que diversos escenarios de caídas de ventas pueden tener en la compañía. El mensaje es claro, el COVID-19 está aquí, no se irá pronto y las empresas deben elaborar escenarios y prepararse.

Alejandro Gómez Tamez*

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¿Cómo ser una empresa admirada?

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Salvador Alva, Presidente del Tec de Monterrey

El pasado martes 18 de febrero, en el marco del programa del Tec Beyond, tuve la oportunidad de estar en el Campus Monterrey, en la conferencia que impartió el Ing. Salvador Alva Gómez, Presidente del Tecnológico de Monterrey, titulada “¿Cómo ser una empresa admirada?”. En dicha plática, la persona que ha sido responsable de la transformación que ha llevado a cabo el Tec de Monterrey en los últimos 9 años, nos compartió muchos conceptos importantes, y quiero aprovechar este espacio para transmitirlos a ustedes.

Salvador Alva comenzó diciéndonos dos cosas: la primera es que el diferenciador de una empresa se da en la cultura organizacional de la misma, ya que ésta constituye su huella digital; la segunda es que las empresas deben tomar decisiones colegiadas, no sólo en base al criterio de una persona (que generalmente es el jefe). Por ello es de vital importancia el contratar y retener talento. Si vas a compartir la toma de decisiones con otros, pues que sea con los mejores.

Posteriormente nos preguntó que cual es el objetivo de una empresa, si es competir para ser el mejor o si debe ser el transformarnos para ser únicos. Muchos caímos en el error de decir que debe ser competir para ser el mejor, pero no es así, ya que el peor error que una empresa puede cometer es competir en la misma dirección que sus competidores. Las empresas deben esforzarse por ser únicas y diferenciarse de las demás. Respecto a este punto nos debemos preguntar ¿Qué es lo que estoy haciendo que haga que mi empresa sea única?

1500x844_transformacion_digital_peruPosteriormente nos comentó que en esta última década, con la transformación digital, se está creando valor en las empresas de una manera no vista antes. Predijo que en los próximos 10 años el 40% de las empresas que ahora existen habrá muerto; y que para el 2027, el 75% de las empresas que ahora aparecen en el listado de “Fortune 500” serán reemplazadas.

Habló de la importancia del cambio y lanzó la pregunta ¿Por qué las organizaciones se resisten al cambio? La respuesta es que a las empresas le da miedo el cambiar los paradigmas que crearon el éxito en el pasado. Dijo que el cambio es fundamental, pero desafortunadamente el 90% de las empresas se ven forzadas a cambiar por circunstancias extraordinarias (el 60% cambia porque se fueron a la bancarrota y el 30% porque están en crisis), y sólo el 10% cambian porque han modificado su visión de negocios.

Luego lanzó la pregunta de ¿Qué es un paradigma? La respuesta es que es una creencia que se acepta como verdadera y es la razón que hace que la gente se resista al cambio y a las nuevas ideas. Nos explicaba que cualquier creencia que no alcanzamos a ver o entender es para nosotros una “distorsión” y que por lo tanto lo natural es que nos resistimos a ella. Por ejemplo, ¿Por qué debo cambiar la forma de atender a mis clientes, si como lo he hecho hasta ahora me ha generado crecimiento en mi empresa y riqueza? Este tipo de mentalidad de algunos empresarios, es lo que se debe cambiar.

Libro_6Después de esta interesante introducción nos explicó el tema central de su charla: ¿Qué es lo que hace que una empresa sea admirada? La respuesta va en tres sentidos: 1. Es una empresa que tiene un propósito de servir a un cliente, ofreciéndole productos que lo sorprenderán; 2. Su personal considera que es el mejor lugar para trabajar; y 3. Le genera muy buenos rendimientos a sus accionistas. Pero para lograr esto se deben primero cumplir tres pre-requisitos. El primero es que se debe seleccionar correctamente al líder, ya que el líder te lleva a dónde los demás miembros del equipo no irían solos. En toda organización entre el 10% y 20% del personal apoya el cambio, pero entre el 10% y 20% se resiste el cambio.  El segundo pre-requisito es que se debe tener bien claro que el único jefe son los públicos a los que servimos….y que para ello el líder debe ser un coach (orientador). La parte más difícil de toda organización es invertir la pirámide organizacional y poner hasta arriba al consumidor y al personal de línea. El tercer pre-requisito tiene que ver con el hecho de que para lograr todo lo anterior debes tener un equipo directivo de alto desempeño. Para ser el mejor debes rodearte de los mejores.

Dicho lo anterior, Salvador Alva lanzó la pregunta de ¿Por qué debemos competir para ser únicos? Señala que la diferenciación e innovación determina la rentabilidad de una empresa, entre más innovador seas en tu empresa, mayor será la rentabilidad de tu negocio. Nos exhortó a buscar “océanos azules”, un concepto que explicaré más adelante. Señaló que para las empresas de ahora en día, aproximadamente el 75% del valor de una empresa consiste de bienes que son intangibles, tales como el conocimiento y talento de su gente. Es decir, una empresa ahora vale por lo que sus empleados son capaces de hacer, no por lo que vende o lo que gana. Por ello es muy importante la cultura de contratación del departamento de recursos humanos, así como la responsabilidad que se le da a la persona en la toma de decisiones.

Respecto a la pregunta de ¿Cómo es que una empresa será exitosa en un “océano azul”? Salvador Alva señala que existen tres niveles, y uno debe preguntarse lo siguiente: ¿Tengo el poder de cambiar las expectativas tradicionales de mis clientes?, ¿Tengo la capacidad de cambiar las ventajas competitivas del mercado?, y ¿Tengo la fuerza suficiente para cambiar las reglas del juego del mercado? Si tienes la fortaleza y capacidad para lograr lo anterior, sin duda incursionarás en un “océano azul” lleno de posibilidades para crecer tu empresa.

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Nos dijo que las empresas deben siempre aprender, pero sobre todo deben aprender de los “no clientes/consumidores”. Y es que las empresas viven en su mercado actual con su participación de mercado, pero deben buscar expandirse en tres niveles: Primero, con los consumidores irregulares (los que un día te compran y no sabes cuándo te volverán a comprar); segundo con aquellos que se niegan a utilizar lo que la industria ofrece; y tercero con quienes jamás han considerado consumir lo que la industria ofrece.

Una gran reflexión fue que en el futuro sólo habrá dos tipos de organizaciones: las rápidas y las muertas. Esto me recuera lo que vimos hace unos meses en el Congreso de APIMEX de Puerto Vallarta, en el cual se hizo mucho énfasis en que en el pasado la organización grande se comía a la chica y ahora la empresa rápida se come a la lenta.

Para las empresas el encontrar los ciclos es crítico para adaptarse al cambio. La empresa tradicional pasa por tres etapas: la primera es la de nacimiento, la segunda es la de tener y disfrutar el éxito; y la tercera es la de enfrentar la disyuntiva de crecer y cambiar. El cambio es fundamental. Todo cambia y los ciclos de los negocios se vuelven cada vez más cortos, inclusive este fenómeno lo vemos con los imperios económicos, cuya duración se ha acortado. El poderío de Grecia duró 1,500 años, el de Roma fue de 1,200 años, el del Imperio Bizantino fue de 1,000 años. A España su poderío le duró 400 años, a Francia apenas 70 años, al Reino Unido 60 años, a los EE.UU. solo 50 años y todo parece indicar que a China tal vez 40 años.

En el plano de las empresas, Salvador Alva nos dijo que hemos creado un mundo físico, con organizaciones caras y lentas. Tenemos proveedores que le venden a los fabricantes, quienes a su vez le venden a comerciantes que le venden al consumidor final. Es una cadena muy larga en la que entre el 80% y 90% de las actividades no generan valor o algún valor agregado para el consumidor final.

Ahora en día hay dos tipos de organizaciones que hemos creado: Por un lado están las orientadas a la tarea, las cuales son lentas, inflexibles, costosas, tienen clientes insatisfechos y personal desmotivado. Por otro lado, están las organizaciones que tienen sus procesos enfocados en generar valor al cliente. Estas organizaciones son rápidas, flexibles, eficientes, están centradas en el cliente, son confiables y tienen gente que está motivada.

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Salvador nos comentó que el gestionar la cultura es el mayor desafío y para lograr esto se deben cumplir tres etapas. En primer lugar se debe alinear la visión de la organización. Esto implica la visión, los diferenciadores, estrategias y las iniciativas estratégicas. El segundo aspecto es el deber de alinear la organización. Debes buscar una organización basada en procesos, una que esté orientada a los públicos que servimos. Por último, debes alinear la cultura, lo que tiene que ver con los valores y la transformación cultural que debes emprender.

Nos recalcó que la innovación es muy importante porque el cliente sólo está dispuesto a pagar por las actividades de la empresa que agregan valor. En este aspecto, la cultura organizacional juega un papel por demás importante y por ello el ajustar la cultura es el gran reto ante el cambio tecnológico. Si no somos capaces de cerrar la brecha entre la tecnología (que crece de manera exponencial) y la cultura (que crece de manera lineal) jamás lograremos la transformación de nuestras empresas. Este reto es por demás mayúsculo.

Las empresas deben crear en lo interno una cultura de emprendimiento e innovación, lo cual requiere ajustar al menos nueve aspectos: 1. Roles y autoridad, 2. Métricas y recompensas para el personal; 3. Diseño del trabajo y tecnología; 4. Valores, normas, lenguaje; 5. Espacios físicos y ornamentación; 6. Horarios rígidos o flexibles; 7. Políticas y protocolos de diversidad e inclusión; 8. Poder, status y títulos de cada uno de los puestos; y 9. Códigos de comportamientos y vestimenta.

En este sentido nos recordó que las personas logran el 97% de sus mejores ideas cuando se están bañando, antes de dormir, cuando no hacen nada, mientras caminan, cuando meditan, en vacaciones o en la playa. Por su parte, sólo el 3% de las mejores ideas surgen cuando la gente está en el trabajo. ¿Dónde quieres que estén tus empleados todo el tiempo?

Nos comentó que el cambio en la empresa requiere mucho tiempo del líder: Si quieres ser el mejor entonces dedicarás poco tiempo a crear, poco tiempo a aprender y mucho tiempo a ejecutar; pero si quieres ser diferente entonces dedicarás mucho tiempo a crear, a aprender y a ejecutar.

Cerró su plática diciéndonos que hay cuatro pasos para ser una empresa admirada. Dichos pasos consisten de: primero, tener una visión única y construir ventajas competitivas; segundo que tengas una organización rápida con PROCESOS AL CLIENTE que le den el poder a la gente de línea; tercero entender que el rol del líder debe cambiar de jefe a facilitador/entrenador; y cuarto nunca olvidar que el cliente es y será el único y verdadero jefe.

Fue una conferencia extraordinaria, les tenía que compartir mis notas. Espero sea de su agrado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Puede el coronavirus impulsar a la planta productiva nacional?

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El COVID-19 visto en microscópico de electrones

El coronavirus o COVID-19, que al momento de escribir estas líneas ha infectado a más de 69 mil personas y matado a 1,671, es ahora en día la mayor amenaza real para el crecimiento económico mundial en 2020. Los escenarios y pronósticos de crecimiento económico pronto comenzarán a ser revisados a la baja y una desaceleración global, sin duda le afectará negativamente a la economía mexicana porque una menor tasa de crecimiento significa menor aumento de exportaciones y precios más bajos de materias primas como el Petróleo. Sin embargo, existe la posibilidad de que este organismo microscópico haya abierto la posibilidad para que muchas empresas grandes y pequeñas de México, tengan un mejor desempeño económico este año respecto del 2019. En esta entrega explico por qué.

En múltiples ocasiones he destacado el problema crónico que sufre México por su excesivo y creciente déficit comercial con las naciones asiáticas. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con el INEGI, mientras que en el año 2012 el déficit comercial de México con las naciones asiáticas fue de -96.388 miles de millones de dólares (mmdd), en el 2018 subió hasta -135.802 mmdd y en los primeros once meses de 2019 (dato más reciente al escribir estas líneas) fue de -129.909 mmdd, lo que hace prever que el dato oficial cerrará en unos -140 mmdd. El país que es responsable de más de la mitad del desequilibrio comercial con Asia es China, nación  con la que tuvimos un déficit comercial de -51.215 mmdd en 2012, luego de -76.081 mmdd en 2018 y de -69.867 mmdd en los primeros once meses de 2019, lo que hace pensar que el dato oficial será de unos -75.0 mmdd al cierre del año que recién terminó.

Xi Jinping, Enrique Pena Nieto
Peña Nieto y Xi Jinping se reunieron en al menos tres ocasiones a hablar sobre el comercio bileteral.

En el discurso, México ha tratado de remediar este creciente déficit comercial con China y muestra de ello es que en el sexenio pasado el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el presidente chino, Xi Jinping, se reunieron en al menos tres ocasiones. Después de cada encuentro se emitieron sendos comunicados de prensa destacando la disposición de China a comprar más productos mexicanos, pero como se puede observar con las estadísticas, el problema comercial de México a lo largo del tiempo no sólo no mejoró, sino que empeoró. Es verdad que entre 2012 y 2018 las compras de China de productos mexicanos aumentaron en 1.708 mmdd, pero también es verdad que en el mismo periodo las compras de México de productos chinos aumentaron en 26.6 mmdd.

Si consideramos que en la actualidad el PIB nominal de México es de 25 billones de pesos y un tipo de cambio de 19 pesos por dólar, eso significa que el PIB de México es de aproximadamente unos 1.315 billones de dólares, lo que entonces implica que el déficit comercial con las naciones asiáticas (estimado en unos -140 mmdd en 2019), equivale al 10.64% del PIB, mientras que el de China, (estimado en unos -75 mmdd en 2019), representa el 5.70% del PIB.

Todo lo anterior implica que si México instrumentara políticas públicas que le permitieran disminuir en 10% las importaciones originarias de Asia y sustituirlas por producción nacional, entonces ese sólo hecho haría que el PIB de México aumente en 1.22 puntos porcentuales. Es decir, sin hacer nada extraordinario, el sólo hecho de dejar de comprarle a las naciones asiáticas el 10% de lo que ahora les compramos y reemplazarlo con producción nacional, sería un formidable impulso para nuestra actividad económica. Desde luego, que estas cifras no consideran el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Si se combatieran frontalmente estos dos grandes delitos, el impacto positivo para la planta productiva nacional sería mucho mayor.

La realidad es que México no ha instrumentado una política de sustitución de importaciones originarias de Asia, ni ha dado un combate frontal a las importaciones ilegales, por lo que el problema comercial no solo subsiste sino que cada vez es peor. Pero afortunadamente para la planta productiva nacional eso podría cambiar gracias al COVID-19 o mejor conocido como el coronavirus.

Para comenzar a ilustrar esto tenemos que hace unos días comenzó a circular en redes un video de MVS Noticias, en el que se relata como el coronavirus ha impedido que el grupo delincuencial de los Marco Polos, asociado a la Unión Tepito, pueda viajar a China a realizar las compras de mercancía, mucha de la cual es pirata, y que entra por contrabando por la frontera sur de México. Se menciona en la nota que esta mercancía ya escasea en comercios formales e informales del Centro Histórico de la Ciudad de México.

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Complicado hacer negocios con China por el COVID-19

De esta manera, tenemos que gracias al COVID-19, diversos negocios del Centro Histórico de la CDMX, y de muchas partes del país, ya han dejado de vender algunos productos chinos, lo cual sin duda debería impulsar la comercialización y consumo de algunos productos nacionales.

Y así como el COVID-19 ha impedido que grupos de contrabandistas puedan ir a China a hacer sus negocios, también ha dificultado que compradores de negocios mexicanos formales puedan ir a la nación asiática a hacer sus negocios. De hecho, el Director del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Fernando Ruiz, recientemente advirtió que sí se intensifica la propagación del coronavirus se podría afectar a las empresas mexicanas que utilizan insumos provenientes de China, como componentes electrónicos, eléctricos y acero, entre muchos otros.

Esto, para muchos comercializadores, puede representar un grave problema y sin duda les puede ocasionar grandes pérdidas por pedidos ya comprometidos de clientes nacionales que no podrán ser surtidos. Pero al mismo tiempo abre las posibilidades de incrementar la compra y producción nacional de ciertos insumos y productos.

Hace unos días un fabricante de insumos para el sector calzado me comentaba que durante la primera quincena de febrero de este año sus pedidos y ventas han aumentado de manera importante, ya que sus competidores, muchos de los cuales traen insumos de China, comienzan a tener dificultades para aceptar pedidos. Esto por los retrasos que comienza a haber en los trámites y en las embarcaciones de los productos originarios de aquella nación con motivo del temor que despierta el coronavirus.  Los recuentos periodísticos dan cuenta de que en China se están atrasando embarques, que algunas mercancías no llegan a los puertos porque no hay personal o movimiento terrestre para llevarlos. De hecho el sitio de internet diarioelcanal.com advierte que “en cuanto a las importaciones provenientes de China se prevén retrasos en las entregas que se hayan expedido después del inicio del Año Nuevo Chino a causa del cierre de las aduanas de este país, hecho que puede provocar problemas de provisionamiento para las empresas. Una vez desbloqueada esta situación se prevé que el coste del transporte se incremente a causa de la gran demanda y la limitada oferta de navieras”.

Dado lo anterior la gran pregunta es si el grueso de la planta productiva nacional está en condiciones de hacer frente a la oportunidad que representa la posible disminución de importaciones legales e ilegales (de productos terminados y de insumos) originarias de China, y de igual forma poder abastecer una mayor demanda de productos por parte de Estados Unidos, dadas las dificultades que ellos también enfrentan de importar desde China. La pregunta es relevante porque el año pasado, pese a los aranceles punitivos que impuso Estados Unidos a China y que la economía estadounidense creció a una sólida tasa del 2.3%, nuestras exportaciones hacía dicho país sólo crecieron en 3.60% en los primeros once meses de 2019. Esto es evidencia de que en muchos sectores manufactureros no pudimos sustituir a China como proveedor de Estados Unidos. Ahora parece haber una nueva oportunidad.

China-coronavirus-1-640x400Lo que debemos tener claro es que si las fábricas mexicanas son capaces de abastecer los insumos que se dejen de importar de China a precios competitivos, se generará la ansiada sustitución de importaciones y se impulsará el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en beneficio de la creación de empleos bien remunerados.

Y es que las importaciones originarias de China, formales o contrabandeadas, cuando vienen con precios excesivamente bajos por sus economías de escala o por la política de subsidios que llevan a cabo, son las que en muchas ocasiones impiden que las fábricas en México puedan pagar mejores salarios.

Por ejemplo, en el caso del sector calzado en el 2019, de los 102 millones de pares importados, el 41% de las importaciones se realizaron con precios por debajo de lo que se denomina Precio Materia Prima (PMP) o presuntamente subvaluadas. Estas importaciones, aunadas a las que entran contrabandeadas y no se tienen cuantificadas, ingresan al mercado nacional y son las responsables de que no se puedan pagar mejores sueldos en la industria. Esto porque el comercializador de calzado le puede decir al fabricante nacional que si no le vende a determinados precios, optará por el producto importado. De esta manera el fabricante nacional se ve forzado a vender con precios sumamente bajos, lo que imposibilita a mejorar los salarios. Este problema ocurre en infinidad de actividades manufactureras nacionales como textiles, vestido, muebles, entre muchos más.

Pero ahora con el COVID-19 y las dificultades para importar productos desde China, se abre la posibilidad de fortalecer las cadenas productivas nacionales, reactivar la proveeduría nacional de productos terminados y de insumos, y aumentar la creación de empleos. Es de esta manera que es posible que un virus, que complica las importaciones desde China, podría hacer más por la planta productiva nacional que las políticas públicas implementadas por el actual gobierno federal, cuyo resultado del primer año de actividades fue el de un decrecimiento económico de -0.1% en 2019.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La deuda pública en el sexenio de EPN vs el primer año de AMLO

Hace unos días la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer los saldos de la deuda pública de México al cierre del 2019 y hay relativamente buenas noticias. Esto porque contrario a la desastrosa gestión de las finanzas públicas durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el primer año de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador resultó de una evolución ordenada del saldo de la deuda pública, tal y como veremos en esta entrega.

La deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto

Al cierre de diciembre de 2012 el saldo total de la deuda neta del sector público fue de 5.352 billones de pesos, pero durante el sexenio de Peña Nieto dicho saldo aumentó hasta los 10.829 billones de pesos al cierre de 2018, lo que representa un incremento de 5.477 billones de pesos o bien, un 102.3% de incremento nominal. Este ritmo de aumento implica que con Peña Nieto el país se endeudó a razón de 912.8 miles de millones de pesos (mmdp) al año, cifra equivalente a ¡2.499 miles de millones de pesos diarios! El tamaño de este número es enorme, por lo que queda más claro si decimos que en el sexenio pasado el ritmo de aumento de la deuda total del sector público fue de 104.2 millones de pesos por hora o 1.73 millones de pesos por minuto.

Deuda pública

Cabe señalar que la totalidad de la deuda del sector público está compuesta por la deuda del gobierno federal más la deuda de empresas públicas como PEMEX y CFE, así como de la deuda de otros organismos como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Si consideramos que en el cuarto trimestre de 2012 el PIB nominal fue de 16.4 billones de pesos y que en el mismo trimestre de 2018 éste fue de 24.3 billones de pesos, esto implica que el saldo de la deuda neta del sector público pasó de representar el 32.7% del PIB en 2012 a representar el 44.6% del PIB en 2018. Queda claro pues que en el sexenio Peñista, el peso de la deuda aumentó en 11.9 puntos porcentuales del PIB, lo que implica un incremento de casi dos puntos porcentuales del PIB por año. Si tomamos en consideración que la economía mexicana creció en promedio a una tasa de 2.4%  durante el periodo de 2012 a 2018, pues con las cifras del aumento de la deuda pública queda claro de donde salió buena parte del impulso económico que vivimos. En otras palabras, podemos hipotetizar que si Peña Nieto no hubiera endeudado al país como lo hizo, la economía mexicana prácticamente no habría crecido.

Producto del incremento desordenado del saldo de la deuda total del sector público, aunado al aumento en las tasas de interés en México, es que el costo financiero de ésta se elevó de manera considerable. En el 2012 dicho costo fue de 305.118 mmdp y para el 2018 éste ascendió hasta los 615.040 mmdp, lo que implica un incremento de 101.57% en el pago de intereses. Este incremento en el costo financiero de la deuda significa que comparado con el 2012, en 2018 el sector público federal tenía unos 309.922 mmdp menos disponibles para atender los grandes rezagos del país en materia de infraestructura, seguridad, combate a la pobreza, desarrollo regional, entre otros.

La deuda pública en el primer año del sexenio de AMLO

Como se señaló líneas arriba, al cierre de 2018 el saldo de la deuda pública de México fue de 10.829 billones de pesos, mientras que al 31 de diciembre de 2019 dicho saldo fue de 11.027 billones de pesos, lo que significa que en el año que recién concluyó el saldo de la deuda neta pública aumentó en apenas 197.6 mmdp o en un 1.8% nominal. Si tomamos en consideración que el PIB mexicano fue de unos 25 billones de pesos a cierre de 2019, entonces queda claro que el saldo de la deuda pública como porcentaje del PIB bajó ligeramente a 44.1%.

Resulta evidente que este ritmo de endeudamiento es apenas un 20% de lo que fue en el sexenio de Enrique Peña Nieto, lo cual son buenas noticias para México. Haber roto la inercia de endeudamiento irresponsable de los seis años anteriores.

Es importante destacar que es verdad que el año pasado el gobierno federal tomó más de la mitad de los recursos, unos 125 mmdp, del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP), para compensar la caída de los ingresos por impuestos y petróleo en el ejercicio fiscal 2019.

Y es que en el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, los ingresos tributarios fueron menores en 108.75 mmdp respecto a los esperados de 3.311 billones de pesos; mientras que los ingresos petroleros llegaron a 955.55 mmdp, casi 89.9 mmdp menos de lo esperado. Este faltante se compensaría con más deuda pública o utilizando los recursos del FEIP. El gobierno de AMLO optó por lo segundo probablemente porque López Obrador prometió en campaña no endeudar más a México y que el saldo de la deuda aumentaría en función de la inflación, algo que si cumplió en 2019.

Supongamos que no hubieran tomado los recursos del FEIP, entonces hubieran tenido que compensar la caída en la recaudación fiscal con más deuda pública. En este caso, pues la deuda del sector público hubiera crecido en 2019 en unos 322 mmdp (125 mmdp adicionales a los 197.6 mmdp en que aumentó el saldo de la deuda neta total). Esta cifra de cualquier manera está muy por debajo del casi billón de pesos que nos endeudó por año el presidente Peña Nieto.

No obstante que la deuda del sector público creció a un ritmo mucho menor en 2019 respecto de los seis años anteriores, el costo financiero de ésta llegó a su nivel más alto de la historia. En 2019 el sector público federal destinó 666.5 mmdp a pagar los intereses de la deuda, lo cual es 8.36% nominal más alto a lo pagado en 2018. Si tomamos en consideración que el gasto neto total por parte del sector público fue de 5.786 billones de pesos en 2019, entonces queda claro que el 11.5% de los gastos totales se destinan a pagar intereses de la deuda, en lugar de servir para abatir los rezagos mencionados líneas arriba.

Costo de la deuda 2019

Consideraciones finales

Si bien el manejo económico del país que ha llevado a cabo la administración del presidente López Obrador deja mucho que desear, ya que la economía ha entrado en recesión acumulando tres trimestres consecutivos con caídas anualizadas del PIB, en materia de finanzas públicas el manejo ha sido mucho más responsable que el de la administración del presidente Peña Nieto.

López Obrador y su Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, han sabido mantener a los inversionistas financieros tranquilos, así como a las calificadoras de riesgo. Muestra de ello es que el riesgo país de México cerró el 2019 en un nivel de 177 puntos base, con lo que acumuló en dicho año una disminución de 64 puntos. De igual forma, el pasado mes de diciembre de 2019, la agencia calificadora de riesgos, Fitch Ratings, nos mantuvo la calificación en un nivel de grado de inversión BBB con perspectiva estable.

Ahora el reto será mantener la disciplina fiscal para que el ritmo de crecimiento de la deuda del sector público se mantenga bajo. De igual forma, se debe cuidar el abatir los problemas de corrupción, inseguridad, gobernanza, Estado de derecho y la debilidad en la plataforma petrolera de Pemex. Si no trabajamos en estos aspectos, eventualmente nuestro país lo resentirá en la forma de la pérdida del grado de inversión. López Obrador ha demostrado tenerle respeto a las calificadoras de riesgo, y por eso se ha esforzado por mantener la disciplina fiscal, ojala que no lo eche a perder por no atender estos problemas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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Los costos económicos globales por el coronavirus

China-coronavirus-e1580162861299La semana que recién concluye estuvo llena de noticias intensas. El Reino Unido abandonó la Unión Europea, después de 47 años de haber sido parte de este enorme bloque económico; Estados Unidos anunció un nuevo plan de paz en Medio Oriente, que por cierto no gustó a los Palestinos; y el Senado estadounidense adelantó su juicio político contra el presidente Trump, quien sabemos que la semana que viene será exonerado dado que no se autorizó llamar a testigos a poder declarar.

En México el INEGI dio a conocer que con cifras originales y en su estimación preliminar, el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país disminuyó -0.3% en su comparación del cuarto trimestre de 2019 respecto al mismo trimestre de 2018. Con esto México se encuentra en recesión, ya que acumula tres trimestres consecutivos con caídas anualizadas (-0.9% en II/19, -0.3% en III/19 y -0.3% en IV/19) y cierra el 2019 con una caída preliminar de -0.1% en su PIB anual. Desde luego que el presidente López Obrador dijo que él tiene otros datos y que aunque haya caído el PIB, la población está mejor, entre otras tantas cosas que no merecen mayor comentario por parte de esta columna.

No obstante todo lo anterior, mejor he decidido dedicar mi columna semanal a otro tema: los costos globales y amenaza por la epidemia de coronavirus. Y es que no es demasiado pronto para contemplar las posibles consecuencias de este virus, que se cree que se originó en un mercado de vida silvestre de Wuhan y que ya ha resultado (al momento de escribir estas líneas) en 305 muertes y 14,677 casos confirmados en 19 regiones de China y 25 países alrededor del mundo. Los casos ahora incluyen transmisiones de persona a persona en los Estados Unidos, y una advertencia de nivel cuatro del Departamento de Estado de “no viajar” a ninguna parte de China.

Image1Recuerdo que hace apenas una semana hacía mención en mi comentario editorial que China estaría muy contenta por su acuerdo comercial con Estados Unidos, el cual bajaría los aranceles punitivos impuestos por el presidente Donald Trump de un 15% a un 7.5% a partir del 14 de febrero de este año. Pero en una semana bastantes cosas cambiaron y parece que el arreglo con Estados Unidos será poca cosa comparada con lo que se necesitará China para impulsar su economía en el contexto de una crisis del coronavirus que se sale de control.

Muchos han comparado la epidemia de SARS del 2003 con lo que sucede actualmente, pero el impacto en la economía mundial ahora será mucho mayor dada la importancia de la economía china en la actualidad. En un artículo publicado en el portal de Forbes y titulado “China entonces y ahora: ¿Por qué el coronavirus es una amenaza mayor para la economía mundial que los brotes anteriores?” se menciona que hace dieciséis años el virus del SARS infectó a más de 8,000 personas y mató a 77, por lo que las cifras de contagio y muerte por coronavirus ya rebasaron por mucho a las del SARS, lo que ha generado temor en todo el mundo y no se tiene ninguna vacuna a la vista.

Es así que es probable que el coronavirus tenga un mayor impacto económico que los brotes anteriores gracias a una economía china que continua registrando rápido crecimiento y que ahora mantiene lazos comerciales más profundos con los Estados Unidos. En 2003, cuando llegó el virus del SARS, el PIB de China era de $1.6 billones. Hoy, el PIB de China ronda los $13 billones de dólares, lo que la ubica como la segunda mayor economía del mundo.

Durante ese período, China ha sido un centro de atracción de inversiones y crecimiento para las empresas estadounidenses que buscan formas de aumentar su rentabilidad. Ahora esas compañías están en la primera línea de una creciente pandemia de salud. Esto implica complicaciones gigantescas en las operaciones de una enorme cantidad de empresas globales.

No cabe duda que la economía de China se encuentra entre las de más rápido crecimiento en el mundo (6.6% en 2018 y 6.1% en 2019 a pesar de los costos que le representó la guerra comercial con los Estados Unidos); sin embargo, hay crecientes preocupaciones de que la tasa de crecimiento de China para el 2020 pueda verse fuertemente impactada por la amenaza del coronavirus y que no se logre la meta de un crecimiento de 6.0%. Esto es relevante, ya que China contribuyó en 2019 con aproximadamente el 30% del crecimiento del PIB mundial. Esto significa que si la tasa de crecimiento del PIB de China se reduce a un 4.0%, la tasa de crecimiento del PIB mundial caerá en 1 por ciento.

CoronaEs así que anticipándose al impacto económico que causará el coronavirus, el Banco central de China informó que el lunes 3 de febrero, inyectará a su sistema bancario 150 mil millones de yuanes (unos 21.6 miles de millones de dólares) para ayudar a su economía a protegerse de la epidemia de coronavirus. Esta sin duda será la primera de muchas intervenciones por parte del banco central chino.

El impacto económico de la desaceleración China afectará a muchos países, tanto por el comercio internacional, como por el turismo. En 2019 el volumen total de comercio de China creció 3.4% y registró un volumen total de comercio superior a los 31 billones de yuanes (unos 4.5 billones de dólares). Es así que China se ubicó en 2019 como el mayor país del mundo en términos de comercio de artículos. Ahora, en cuanto al turismo, hemos visto que muchas aerolíneas han cancelado sus vuelos hacia y desde China, y países como Estados Unidos están restringiendo la entrada a todas aquellas personas que hayan estado en China recientemente. Si esto se prolonga demasiado, habrá un fuerte golpe a la actividad turística global. Según la consultora Nielsen, los viajes se han convertido en un indicador clave de la calidad de vida de la creciente población acomodada de China, ya que cada vez más chinos viajan al extranjero para sus vacaciones. Los turistas chinos gastaron un promedio de $762 dólares por persona en sus viajes al extranjero, mientras que los turistas no chinos promediaron $486 dólares, según una encuesta de Nielsen de 2017. En 2018, hubo 163 millones de turistas chinos, lo que representó una tercera parte de las ventas de viajes a nivel mundial.

Por otra parte, en un artículo publicado por el portal de CNBC y titulado “El coronavirus comienza a causar un impacto en la economía y política globales”, Frederick Kempe hace mención de que aún es muy temprano para valorar qué tan grande será el impacto económico del coronavirus, pero sabemos que será significativo en China y para las cadenas globales de suministro, así como para los mercados globales y varias economías nacionales. También tendrá un impacto importante en el Partido Comunista Chino, además de que afectará las relaciones chinas con sus vecinos y con los Estados Unidos, con quien la confianza ya estaba mermada.

Kempe menciona que el primer efecto, y quizás el más fácil de medir, será el golpe para los mercados y economías de China y sus principales socios comerciales. Esto en un momento en que el mundo, no creía que se fuera a presentar un evento de “cisne negro” que podría empujar a la economía mundial hacia una recesión, después del peor año de la economía mundial en una década, en 2019, cuando la economía mundial creció apenas 2.3%. En este contexto, los mercados estadounidenses se convulsionaron el viernes 31 de enero, cayendo en más de 600 puntos.

El impacto es aún mayor, ya que coincide con lo que ya era una economía china en franca desaceleración. Además, llega en un momento en que las compañías estadounidenses y de otros países ya estaban mudando las cadenas de suministro de China hacía otros lugares debido a los aranceles impuestos por los Estados Unidos y las tensiones comerciales. En este contexto, el virus servirá como otro recordatorio para que las empresas diversifiquen más rápidamente sus cadenas de suministro fuera de China.

Tras el acuerdo comercial de la “fase uno” con los Estados Unidos, el golpe del coronavirus también socava el naciente optimismo comercial bilateral que había impulsado a los mercados recientemente. En la última semana ha cambiado la narrativa y han aumentado las probabilidades de una desaceleración de la economía mundial en 2020. Eso le pegará más fuerte a los mercados emergentes y a los productores de productos básicos, desde petróleo hasta cobre.

Si la crisis se prolonga por otro mes, y los expertos ahora consideran que es más probable que ésta llegue hasta el verano, el costo podría ser una disminución de dos puntos porcentuales en el crecimiento de China a 4% o menos este año. Las cifras de crecimiento del primer trimestre en China podrían caer al 2% interanual, lo que sería el más bajo en décadas, y muy por debajo del 6% observado en el último trimestre de 2019.

Es así que el impacto en la economía mundial será mucho más significativo que durante la pandemia de SARS de 2003, que se estima que provocó una pérdida económica global de $ 40 mil millones de dólares y un impacto del 0.1% en el PIB mundial. Esto se debe a que la participación de China en el PIB mundial se ha cuadruplicado desde entonces al 16% desde el 4%, y un tercio del crecimiento global proviene de China, como se señaló líneas arriba.

En todo este contexto, cabe entonces preguntarse. ¿Qué planes tiene el gobierno mexicano para mitigar el impacto negativo que causará el coronavirus en la economía nacional?, ¿Tienen alguna cuantificación del posible impacto de una caída en el crecimiento del PIB mundial y en el sector externo mexicano? Lo más probable es que no haya ni plan de contingencia, ni cuantificación de cómo nos va a afectar este asunto. Entonces la pregunta obligada, es hacía nosotros mismos, ¿Estamos preparados para enfrentar esta pandemia en México?, ¿Qué aprendimos de cuando vivimos en México la crisis del virus H1N1?

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué resulta tan difícil competir contra China? Subsidios y apoyos

mexico-china_69_cuadradaDejando de lado el brote de Coronavirus en China y su expansión por el mundo, el Gobierno chino debe estar muy contento ya que el pasado 23 de enero el Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR por sus siglas en inglés) anunció que su país reducirá de 15% a 7.5% los aranceles adicionales impuestos a diversos productos originarios de China. De esta manera, si un par de zapatos de cuero de China estaba pagando, desde el 1 de septiembre de 2019, el arancel regular de 10% + 15% de arancel punitivo, a partir del 14 de febrero de este año pagará 10% + 7.5%.

Esto es el resultado de que el pasado 16 de enero, finalmente China y Estados Unidos firmaron la primera fase de un acuerdo comercial. Los principales temas incluidos en este primer acuerdo son: a) China se compromete a comprar más productos americanos por valor de 200 mil millones de dólares en 2 años, incluyendo 32 mil millones en productos agrícolas; b) en cuanto a la protección de propiedad intelectual se incluyen medidas para prevenir y castigar el robo de secretos comerciales; y c) China se compromete a abrir su mercado de servicios financieros a través de la eliminación de barreras operativas. El acuerdo también incluye la creación de una oficina para la solución de controversias. En cuanto a los aranceles que ambos países han impuesto y que permanecen vigentes no se presentaron detalles de cuándo podrían ser eliminados, lo que podría ocurrir cuando se complete la Fase 2 del acuerdo. Finalmente, China también se comprometió a no intervenir en el mercado cambiario o devaluar su moneda y a proporcionar información de forma regular sobre sus posiciones cambiarias.

Esto sin duda es una gran noticia para el mundo y genera la expectativa de que los flujos comerciales mundiales irán paulatinamente retomando su cauce. Mejora la expectativa de crecimiento del PIB mundial y del bienestar global. Sin embargo y con independencia del acuerdo entre China y Estados Unidos, debe quedar bien claro, en especial para el gobierno mexicano, que China seguirá siendo una gran amenaza para muchas actividades manufactureras nacionales. Esto por la naturaleza propia de su sector público y aparato productivo, así como por los apoyos y subsidios que sigue dando directa o indirectamente a muchas actividades productivas.

Subsidios ChinaEn un estudio de enero de 2020, titulado “Apoyos, incentivos y subsidios por parte del sector público a la cadena del calzado en China” y elaborado por el Dr. Enrique Dussel Peters, Director del Centro de Estudios China-México (CECHIMEX) de la UNAM, para la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG), se da cuenta de esta situación. A continuación expongo un resumen de lo que considero son los puntos más relevantes:

El sector público de China

En el estudio del Dr. Dussel se menciona que el sector público en China, que descansa en la existencia y la fuerza política del Partido Comunista Chino (PCCh), puede comprenderse como una institución que no existe en América Latina y el Caribe: se trata de la suma de las instituciones públicas del gobierno central, de provincias, ciudades y municipios, que con una visión de desarrollo de largo plazo compiten entre sí, logrando así relativamente altos niveles de coherencia nacionales en el tiempo.

Además, existen una multiplicidad de instrumentos y mecanismos utilizados por el sector público, lo que ha generado un alto grado de producción, productividad y eficiencia con base en la propia propiedad pública -con participación en niveles cercanos al 50% del PIB, y muy por encima de cualquier economía comparable en la actualidad y de su tamaño. Dussel habla de la “omnipresencia del sector público” en China, la cual ha sido la principal fuente y el motor de dinamismo; es decir, en China no necesariamente ha sido el sector privado el mayor impulsor de su éxito económico.

En China existen millones de empresas de propiedad pública -y mucho más allá de un estrecho número de state-owned enterprises-, destaca que son un instrumento fundamental para la generación de ciencia y tecnología, innovación, empleo, financiamiento, comercio exterior y la propia entrada y salida de inversión extranjera directa (IED), entre muchas otras.

Comenta que el Consejo de Estado y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reformas (CNDR) son las instituciones públicas líderes que permiten la definición de objetivos de desarrollo con instrumentos de largo plazo. No se trata necesariamente de una estructura monolítica y vertical, sino de planteamientos generales, el establecimiento de tecnologías para la fabricación de semiconductores para competir con los principales productores de éstos en Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, o un generalizado proceso de escalamiento industrial y del incremento del valor agregado de la industria, que son implementados por las diversas agencias del sector público (gobierno central, provincias, ciudades y/o municipios).  Por estas instancias pasan y se evalúan los objetivos de desarrollo como la urbanización, el crecimiento del PIB, los cambios de las exportaciones al sector doméstico y los esfuerzos para mejorar la entrada y salida de IED, así como la eficiencia de la energía y la protección del medio ambiente.

Apoyos, incentivos y subsidios

fabrica_chinaEn cuanto a los apoyos, incentivos y subsidios otorgados por China, Dussel cita a Dihn (2017), y señala que el enfoque de coordinación descentralizada utilizado en China fue muy útil para identificar y superar limitaciones para el crecimiento y desarrollo de manufacturas ligeras como la industria del calzado, textil y vestido. Este autor identifica seis características relevantes para el desarrollo de la competitividad de las manufacturas ligeras en China: i. Disponibilidad, costo y calidad de los insumos; ii. Acceso a tierras industriales y localización; iii. Acceso al financiamiento; iv. Logística comercial; v. Capacidades empresariales, tanto técnicas como gerenciales y; vi. Habilidades de los trabajadores.

Dussel señala que las políticas industriales en China con frecuencia identifican industrias y, a veces, incluso empresas individuales para recibir apoyo del sector público y superar la mayoría de las restricciones señaladas: apoyos explícitos, como un trato especial al obtener licencias y aprobaciones, así como regímenes de importación/exportación destinados a crear condiciones de mercado favorables dentro de China.

Menciona que en 2006, China proporcionó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) una notificación de sus prácticas de subsidios a actividades productivas con cierto tiempo de aplicación. Esa notificación confirmó la existencia de programas de subsidios como los siguientes: Preferencias para la inversión extranjera en actividades “seleccionadas” o de interés para promover; Promoción de inversión y desarrollo (I&D) y la transferencia de tecnología; Acelerar la industrialización agrícola y promover la silvicultura; Desarrollo de circuitos integrados; e Impulsar a las empresas a actualizar la tecnología y los equipos.

Por su parte, respecto de los programas y medidas de apoyo notificados por China, de aplicación general o de los que no se incluyen información que desagregue condiciones o sectores específicos a los que se aplica, éstos se pueden clasificar de la siguiente manera de acuerdo con Dorn y Cloutier (2013):

  1. Política de financiamiento: El sector bancario de China está dominado prácticamente en su totalidad por el sector público: cuatro bancos “comerciales” y tres bancos “más de carácter político”, todos los cuales son propiedad del sector público. Debido al nivel de desarrollo del mercado interno de capitales para las emisiones de deuda y capital, estos bancos determinan efectivamente la asignación de capital de inversión a las empresas en China. Aunque los cuatro bancos, nominalmente comerciales, consideran riesgos y beneficios comerciales, la evidencia indica que se ven principalmente a sí mismos como agentes del poder del Estado: desde la década de los noventa del siglo XX el financiamiento al sector productivo en China representó más del 100% del PIB y el 161% en 2018.
  2. Tipo de cambio fijo. Durante décadas (Kroeber 2016), y particularmente hasta inicios del siglo XXI donde el aparato productivo chino todavía dependía en forma significativa de sus exportaciones de procesos de ensamble y de la IED, el control del tipo de cambio y particularmente la subvaluación del renminbi (RMB), fue una medida macroeconómica significativa en aras de incentivar las exportaciones chinas, a la IED y buscar sustituir importaciones por producción en China.
  3. Impuesto sobre la renta. El sector público en China -y particularmente a nivel de municipios, ciudades y provincias- tiene la capacidad no sólo de otorgar financiamiento, sino que también significativas reducciones de impuestos y puntualmente del impuesto sobre la renta a ciertas empresas nacionales y extranjeras que busca atraer.
  4. Pagos directos. En China existen además una serie de medidas y programas que proporcionan pagos directos a las empresas. Los pagos de subvenciones a menudo están relacionados con el desarrollo de propiedad intelectual de propiedad china, la innovación tecnológica o la actualización de equipos para hacer que las instalaciones sean más eficientes (USITC 2007; Stevenson-Yang 2013).
  5. Devoluciones de impuestos. Otro pago directo importante utilizado para guiar la actividad económica es la devolución de los impuestos al valor agregado (IVA) en el momento de la exportación. El gobierno central recauda el IVA sobre las ventas (excepto las exportaciones), las importaciones de bienes y la prestación de servicios para el procesamiento, reparación y reemplazo de bienes.
  6. Adquisiciones gubernamentales. Finalmente, las autoridades chinas también se han embarcado en un programa para ayudar a las industrias nacionales a través de las adquisiciones.

Es indispensable comprender que más allá de estos instrumentos específicos, el sector público en China tiene la propiedad significativa del sector público, es decir, el gobierno central, provincias, ciudades y municipios son los únicos propietarios -en algunos casos mediante docenas de forma de propiedad con el sector privado y extranjero- con lo que estas empresas son tratadas como parte del sector público y con innumerables relaciones políticas, económicas, de proveeduría y receptoras de compras y programas que en muchos casos ni siquiera se registran formalmente.

El Dr. Dussel nos da ejemplos específicos de apoyos a la cadena de valor del sector calzado de China, lo cual explica los precios extraordinariamente bajos de muchos de los calzados que se fabrican allá. El documento completo del Dr. Enrique Dussel, que es de lectura obligada para entender los crecientes desequilibrios comerciales entre México y China, se encuentra disponible para descarga gratuita en: https://www.ciceg.org/pdf/China_incentivos.pdf

Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que los apoyos, incentivos y subsidios en China orientados al sector productivo, son cualitativamente diferentes a los conocidos en México. De igual forma, buscar mediante una “política industrial” en México sobrellevar estas diferencias pareciera ser iluso, ya que no comprende la profundidad y extensión de la omnipresencia del sector público en general y específicamente en muchas de las actividades de las industrias ligeras. Desde una perspectiva global, y para México, las condiciones de competencia no sólo son desiguales, sino que también inconmensurables: después de décadas de esfuerzos de políticas de desarrollo del sector público en China, las industrias ligeras de China se encuentran en condiciones de competencia global y es el líder en un grupo sustantivo de segmentos de las propias cadenas, por ende el interés de China de lograr acuerdos comerciales de (libre) comercio, entre ellos con México. Debemos tener mucho cuidado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Está listo México para enfrentar los retos económicos globales 2020?

ONU Desarrollo 2La Organización de las Naciones Unidas (ONU) recién publicó el documento Situación económica mundial y prospectiva 2020 y en él se abordan varios de los principales problemas y retos en materia económica, comercial, monetaria, energética y ambiental, que el mundo afronta y que se intensificarán en el futuro inmediato. En esta entrega se presenta un resumen de algunos de ellos con el fin de valorar que tan bien preparados estamos en México para enfrentarlos.

El deterioro generalizado de las perspectivas económicas mundiales puede causar contratiempos para el logro de los objetivos de desarrollo. Una economía global dinámica e incluyente es esencial para cumplir los ambiciosos objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Pero las disputas comerciales prolongadas y la incertidumbre política casi generalizada que la economía mundial ha experimentado, generó un deterioro significativo y de amplia base durante el año pasado. Esto obstaculiza los esfuerzos para reducir la pobreza, crear empleos decentes, ampliar el acceso a energía limpia, y lograr muchos otros de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial cayó a 2.3% en 2019, la más baja desde la crisis financiera mundial de 2008-2009. Esta desaceleración se produce aunado al creciente descontento con la calidad social y ambiental del crecimiento económico, a la par de desigualdades generalizadas y profundización de la crisis climática. A pesar de que las tensiones comerciales mundiales disminuyen en algunos frentes, el probabilidad de recaída es alta, ya que los problemas que subyacen a estas disputas aún no se han abordado en profundidad. Bajo el supuesto de que los riesgos no se materialicen, se pronostica un repunte modesto en el crecimiento global del 2.5% para 2020, aunque la incertidumbre política seguirá afectando los planes de inversión.

La incertidumbre en la política comercial ha afectado la inversión y las exportaciones mundiales. La guerra comercial con su aumento de aranceles han alimentado la incertidumbre política, reducido significativamente la inversión y mermado la tasa de crecimiento del comercio mundial a 0.3% en 2019, su nivel más bajo en una década. El comercio bilateral entre los Estados Unidos de América y China se ha desplomado, con importantes interrupciones en las cadenas de suministro internacionales. Los sectores mundiales de la electrónica y el automóvil, que tienen amplias redes de producción entre países, se han visto particularmente afectados. Sin embargo, algunos países se han beneficiado de un aumento en la participación del mercado de exportación global, ya que las empresas buscan obtener insumos de países que no están directamente afectados por el aumento de los aranceles.

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Las tensiones comerciales se han entrelazado con las fragilidades financieras. La economía mundial está plagada de riesgos que amenazan la estabilidad financiera. Derivado de condiciones monetarias relajadas durante mucho tiempo en las economías desarrolladas y el rápido crecimiento del crédito en algunas economías emergentes, los altos niveles de deuda ahora son generalizados. Los niveles elevados de deuda no solo plantean riesgos financieros por sí mismos, sino que también reducen la resistencia de una economía a los choques, creando una fuente de fragilidad en casos de un mayor deterioro de la actividad económica. Una escalada de las tensiones comerciales mundiales podría exacerbar estas debilidades si se provocaran flujos financieros hacía activos más seguros (por ejemplo los estadounidenses) entre los inversores, impulsando una apreciación del dólar de los Estados Unidos y un endurecimiento implícito de las condiciones monetarias en los países en desarrollo.

Hay una creciente preocupación de que la política monetaria ha alcanzado sus límites… Las políticas monetarias sobreutilizadas han demostrado ser insuficientes para estimular la inversión, que en muchos países se ve frenada más por la falta de confianza empresarial que por los costos financieros de ésta. Por su parte, gran parte de la deuda global acumulada recientemente se ha canalizado hacia activos financieros en lugar de aumentar la capacidad productiva, lo que denota una desconexión preocupante entre el sector financiero y la actividad económica real. La fuerte demanda de bonos soberanos con tasas de rendimiento negativo (como se han registrado en Europa durante los últimos cinco años) sugiere que muchos inversores están más dispuestos a soportar pequeñas pérdidas que a realizar inversiones productivas, lo que indica una visión muy pesimista sobre las posibilidades de crecimiento económico en el futuro. Sin signos de una recuperación significativa de la inversión en el corto plazo, es de esperarse que el crecimiento de la productividad seguirá siendo débil.

Los riesgos permanecen fuertemente inclinados a la baja. El modesto repunte del crecimiento mundial previsto para 2020 está basado en el supuesto de que no se materialicen numerosos riesgos que acechan en el horizonte: que las tensiones comerciales y los aranceles no se intensifican aún más; que el Brexit concluya con un marco transparente para la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea; que las fricciones geopolíticas no se intensifiquen; que los riesgos para la estabilidad financiera permanezcan contenidos; y que las crisis climáticas catastróficas permanezcan a raya. Incluso una pequeña desviación de cualquiera de estas estipulaciones podría generar una mayor desaceleración en el crecimiento mundial en 2020. Por ejemplo, un estallido de tensiones comerciales que lleve a las empresas en las economías desarrolladas y en el este de Asia a posponer solo el 1% de la inversión podría provocar que el comercio mundial desacelerarse a una tasa de crecimiento de apenas 0.6% y el crecimiento del PIB a solo 1.8% en 2020. Esto se compara con las proyecciones de referencia del 2.3% y 2.5%, respectivamente.

Se necesita una combinación de políticas fiscal y monetaria más equilibrada. En un contexto de preocupación por las políticas monetarias sobreutilizadas, se requiere una combinación de políticas económicas más equilibrada. Si bien los bancos centrales han respondido rápidamente al deterioro de las perspectivas mundiales, la política fiscal generalmente se ha subutilizado como herramienta anticíclica. Con las tasas de interés en mínimos históricos, los gobiernos que tengan espacio fiscal, deberían hacer uso de las condiciones financieras favorables actuales para atender sus necesidades de inversión pública. Sin embargo, los altos niveles de deuda y los déficits fiscales considerables limitan el margen de estímulo fiscal en muchos casos, como es el caso de México.

Las políticas nacionales deben complementarse con una cooperación mundial más efectiva. Muchos desafíos de desarrollo son de naturaleza global y no pueden abordarse adecuadamente mediante políticas estructurales nacionales por sí solas. Las políticas nacionales deben complementarse con una cooperación internacional más efectiva para lograr objetivos compartidos, particularmente en las áreas de cambio climático, comercio internacional y finanzas. A medida que el equilibrio económico global está cambiando de la Unión Europea, los Estados Unidos y otros países desarrollados hacia China, India y otros países en desarrollo, el poder de toma de decisiones económicas globales también está cambiando.

El progreso hacia niveles de vida más altos se ha estancado para muchos. En términos per cápita, se proyecta que la economía mundial crecerá un 1.5% en 2020 (México está en el rango de países que tendrán un crecimiento de su PIB por habitante de entre -0.5% y +0.5%). El escenario base proyecta una aceleración modesta en el crecimiento del PIB en muchas regiones en desarrollo, y se espera que África Oriental y Asia Oriental continúen exhibiendo un rápido crecimiento de los ingresos. Sin embargo, 1 de cada 5 países verá los ingresos per cápita estancados o disminuidos este año. En un tercio de los países en desarrollo que dependen de los productos básicos (hogar de 870 millones de personas), los ingresos reales promedio son más bajos hoy que en 2014.

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Erradicar la pobreza dependerá cada vez más de abatir la desigualdad. La proporción de la población que vive en la pobreza extrema ha disminuido de manera constante y significativa en las últimas décadas, en gran parte debido a las experiencias exitosas en China e India. Si bien se han logrado progresos en términos globales, el número de personas que viven en la pobreza extrema ha aumentado en varios países del África subsahariana y en partes de América Latina y el Caribe y Asia occidental. El progreso sostenido hacia la reducción de la pobreza requerirá tanto un impulso significativo para el crecimiento de la productividad como compromisos firmes para abordar los altos niveles de desigualdad.

Los riesgos climáticos representan cada vez más amenazas para la humanidad… Los riesgos asociados con la crisis climática se están convirtiendo en un desafío cada vez mayor para muchos países, y la acción climática debe ser una parte integral de cualquier combinación de políticas. La única forma de romper la conexión entre las emisiones de gases de efecto invernadero y la actividad económica es cambiar la combinación energética. La lucha contra el calentamiento global requerirá una fuerte voluntad política y el despliegue completo de todos los instrumentos de política disponibles.

…Mientras que muchas acciones políticas actuales carecen de visión a largo plazo, lo que agrava los riesgos globales. Los riesgos climáticos continúan siendo subestimados, alentando decisiones miopes que expanden la inversión en activos intensivos en carbono. La transición a un mundo que pone precio al carbono, donde los contaminadores asumen una parte cada vez mayor de los costos ambientales asociados con sus actividades, expondrá vulnerabilidades generalizadas entre los tenedores de activos intensivos en carbono. En términos más generales, la falta actual de una visión a largo plazo hará que los objetivos ambientales sean extremadamente difíciles de alcanzar.

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Muchos países pueden beneficiarse de la transición energética… La transición a una combinación energética más limpia tiene el potencial de traer no solo beneficios ambientales sino también beneficios económicos para muchos países. Por ejemplo, los grandes importadores de combustibles fósiles se beneficiarán del desarrollo de fuentes locales de energía renovable, lo que conducirá a mejoras en la seguridad del suministro de energía y los equilibrios externos. Mientras tanto, algunos países verán una mayor demanda de recursos utilizados en tecnologías bajas en carbono, incluidos metales y materiales necesarios para sistemas de energía renovable, edificios eficientes y nuevas formas de transporte. En última instancia, la transición dará lugar a un mayor valor de los recursos naturales como el sol, el viento y las vías fluviales, y a un mayor apoyo para la protección y expansión de los bosques a medida que se hunde el carbono.

…pero los costos y beneficios no se compartirán por igual. Las consecuencias económicas y sociales de la transición energética global serán necesariamente de largo alcance. Los costos y beneficios se distribuirán de manera muy desigual dentro y entre los países; Las discrepancias deben reconocerse y abordarse mediante acuerdos de cooperación para garantizar una transición justa.

Acciones urgentes pueden acelerar el progreso hacia el logro de los objetivos mundiales de desarrollo sostenible relacionados con la energía… Las estrategias para la entrega de energía accesible, confiable y descarbonizada están disponibles pero requieren priorización política y apoyo público. Lograr la disminución necesaria en los niveles de emisión requerirá una combinación de cambios tecnológicos para mejorar la eficiencia energética; cambio de comportamiento para promover la conservación de energía y la expansión de los sumideros de carbono; inversión en la infraestructura y tecnología requerida para cambiar la composición de la combinación energética; y el desarrollo y despliegue de tecnologías de captura y secuestro de carbono.

A manera de conclusión podemos señalar que queda claro que persisten importantes riesgos de diversa índole a nivel mundial y que México desafortunadamente resulta vulnerable por los siguientes motivos: no ha sabido crear un clima de negocios que incentive la inversión privada; por su elevada dependencia con la economía de Estados Unidos y la amenaza latente de que nos quieran poner aranceles cuando hagamos algo que no le guste al presidente Donald Trump; porque dados su niveles de endeudamiento y bajo nivel de recaudación tributaria, tiene prácticamente nulo margen fiscal para incentivar el crecimiento económico con algo además de la política monetaria; porque ha dado pasos hacía atrás golpeando el mercado de energías renovables y dando prioridad a combustibles fósiles y el carbón; y porque a todas luces se ha aislado del mundo en muchos temas. Aquí están las advertencias y sugerencias que hace la ONU, depende de nosotros hacer algo al respecto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Los miles de millones que el SAT deja ir

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La recaudación de impuestos a la importación representa apenas el 0.74% del valor de las importaciones

México es el país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que tiene la menor recaudación fiscal como porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB), siendo ésta de aproximadamente 13.15% en los primeros once meses de 2019. Esta situación, aunada a otros problemas, provoca que México tenga grandes rezagos en materia social, económica y de infraestructura. Esto a su vez se ve agravado por la corrupción y la ineficiente forma de gastar, lo que provoca que el gobierno federal se vea forzado a aumentar su recaudación fiscal.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en múltiples ocasiones que en su gobierno no habrá aumento de impuestos en términos reales (por encima de la inflación) sino hasta la segunda mitad de su sexenio; sin embargo, existen maneras de recaudar más ingresos fiscales sin incrementar las cargas tributarias a los que ya pagan impuestos, y una de ellas es combatiendo la subvaluación y el contrabando de mercancías en las aduanas del país. A continuación se presenta un análisis de cómo han evolucionado los ingresos fiscales por impuestos a la importación.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el año 2000 los impuestos a la importación cobrados por México sumaron 32.861 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representó el 5.2% de la totalidad de ingresos tributarios del gobierno federal. Para el año 2006 éstos ascendieron a 31.726 mmdp y representaron el 3.6%, mientras que en el 2012 cayeron hasta los 27.906 mmdp y representaron apenas el 2.1% de los ingresos tributarios totales. En el año 2018 los ingresos por impuestos a la importación sumaron 65.542 mmdp y representaron el 2.1% del total.  Como puede verse, entre el año 2000 y 2018, la recaudación por impuestos a la importación aumentó 99.5% en términos de pesos nominales, pero el problema es que en dicho periodo la inflación  fue de 115.7%, por lo que en términos reales la recaudación por impuestos a la importación disminuyó -7.5%.

Cabe señalar que en los primeros once meses de 2019, la recaudación por impuestos generales a la importación fue de 59.879 mmdp, cifra 0.2% superior en términos nominales a la observada en los mismos meses de 2018. Sin embargo, al considerar que la inflación promedio en el periodo fue de 3.7%, tenemos entonces que la recaudación por impuestos a la importación presenta un retroceso en términos reales de -3.4% en el periodo.

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La evolución en términos reales de la recaudación por impuestos a la importación se dio no obstante el enorme incremento en el volumen de importaciones por parte de México. De acuerdo con cifras del INEGI, en el año 2000 las importaciones de nuestro país sumaron 174.458 miles de millones de dólares (mmdd), para el año 2006 éstas ya eran de 256.058 mmdd, en el 2012 sumaron 370.752 mmdd y en el 2018 cerraron en 464.302 mmdd. Como puede verse, entre los años 2000 y el 2018, el valor en dólares de las importaciones de mercancías por parte de México creció 166.1%, y a pesar de esto la recaudación por impuestos a la importación ha venido disminuyendo en términos reales.

Otra forma de ver esta situación es convirtiendo la recaudación de impuestos a la importación en dólares y ver lo que ésta representa respecto del valor total de las importaciones. En el año 2000 la recaudación de este impuesto fue equivalente a 2.856 mmdd, lo que representó el 2.01% del valor total de las importaciones. Para el año 2006, la recaudación de impuesto a las importaciones fue de 2.910 mmdd y dicha cantidad fue equivalente al 1.14% del valor total de las importaciones. Para el año 2012 la recaudación de este impuesto fue por un monto equivalente a 2.121 mmdd, cantidad equivalente al 0.57% del valor de las importaciones. Para el año 2018 la recaudación subió hasta un equivalente de 3.408 mmdd, pero dicha cantidad fue equivalente al 0.73% del valor total de las importaciones mexicanas.

En los primeros once meses de 2019 la recaudación fue de un monto equivalente a 3.108 mmdd, cantidad que representa apenas el 0.74% del valor total de las importaciones.

Con estos datos queda más que claro que no obstante que el valor de las importaciones creció 166.1% entre los años 2000 y 2018, el valor en dólares de lo recaudado por impuestos a la importación disminuyó -1.9% y lo que la recaudación representa respecto del valor de las importaciones también se contrajo de manera importante. ¿A qué se debe esto? A continuación se explica.

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Claro que parte de la razón de este hecho es que México ahora tiene más tratados de libre comercio que hace 20 años y que México ha disminuido unilateralmente sus aranceles Nación Más Favorecida (NMF) registrados ante la Organización Mundial de Comercio (OMC); sin embargo llama poderosamente la atención que se haya dado esta caída en la recaudación del impuesto a la importación cuando la proporción de importaciones originarias de naciones con las que no tenemos tratado comercial, como China, Corea del Sur, India Indonesia y Vietnam (Con Vietnam el CPTPP entró en vigor en el 2019) creció de manera explosiva entre los años 2000 y 2018.

En el año 2000, el valor de las importaciones de México originarias de las naciones asiáticas mencionadas líneas arriba fue de 7.368 mmdd y representó el 4.2% del valor de las importaciones totales; para el año 2006 dicho valor subió a 37.375 mmdd y el porcentaje subió a 14.6%. En el 2012 el valor de las importaciones desde dichas naciones asiáticas aumentó a 75.572 mmdd y el porcentaje de lo que representan subió a 20.4%, mientras que en el año 2018 el valor fue de 111.471 mmdd y éstas representaron el 24.0% del valor total de las importaciones.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que somos un país con un enorme grado de apertura comercial, ya que la recaudación de impuestos a la importación apenas representa el 0.74% del valor de las importaciones. En Estados Unidos los ingresos por impuestos a las importaciones alcanzaron 50 mil millones de dólares en 2018 y en dicho año el valor total de sus importaciones fue de 2.407 billones de dólares, lo que nos arroja que su recaudación por impuestos a las importaciones fue de 2.07%; este es un porcentaje casi tres veces mayor que el de México.

Desde luego que parte del problema también se debe a lo extendido que está el problema de subvaluación de mercancías en las aduanas del país. En este sentido, Hermann Saenger, director de SGS, compañía especializada en inspección, y verificación en comercio exterior, recién señaló a El Financiero que “de acuerdo con información proporcionada por el SAT, recopilada de las 49 aduanas del país, alrededor del 30 por ciento de todas las mercancías que entran a México tienen subvaluación”. Es decir, tres de cada 10 mercancías reportan un precio más bajo que el real con el fin de evadir pagar  la totalidad de impuestos.

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Urgen reformas legales para combatir contrabando y subvaluación

Aunado a este problema, existe una enorme carencia de capacitación para el personal de las aduanas de manera que puedan verificar que haya una correcta clasificación arancelaria. Sucede que muchos productos son clasificados errónea y deliberadamente en las fracciones arancelarias libres de impuesto o en las que tienen las tasas impositivas más bajas, con el fin de evadir el pago de impuestos y defraudar al fisco federal. Esto implica la necesidad de aumentar la capacitación en las aduanas del país y aquí el sector privado tiene mucho que aportar.

Finalmente, dado que México pierde miles de millones de pesos al año por la subvaluación de mercancías y el contrabando técnico, es indispensable que se realicen cambios a la Ley Aduanera, de manera que la autoridad tenga más elementos para desechar el valor de las mercancías cuando éstas están claramente subvaluadas. Además de equiparar los “errores recurrentes” de una empresa o persona física en la clasificación aduanera al delito de defraudación fiscal. Finalmente, se deben imponer sanciones ejemplares a los importadores subvaluadores, ya que el mecanismo actual de darlos de baja del padrón de importadores, para que posteriormente se allanen y se pongan al corriente para volver a ser dados de alta, es claramente inservible.

Es así pues, que existen formas de aumentar la recaudación de impuestos en México sin perjudicar a quienes ya pagan impuestos. El combatir el contrabando y la subvaluación ayudará a las finanzas públicas y también fortalecerá a la industria manufacturera nacional, aumentando su producción y creando más empleos mejor remunerados.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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