¿Lo peor de la crisis está por llegar?

“El bienestar de la gente en particular, siempre ha sido la coartada de los tiranos”.

– Albert Camus (2012). “Resistencia, rebelión y muerte: ensayos”, p.101, Vintage

Con el afán de acabar con los contagios, los gobiernos han implementado medidas que han mermado severamente la actividad económica a un costo enorme. El sacrificio y sufrimiento para millones de personas que han perdido su empleo, han visto disminuida su jornada laboral o han sufrido un recorte en sus ingresos, ha sido mayúsculo. En México, en materia de empleo los indicadores de abril y mayo fueron terribles por la disminución de 12 millones de personas de la Población Económicamente Activa y por el incremento del subempleo hasta un 29.9%. En junio vimos una incipiente recuperación y en julio confirmamos que esto tardará mucho en resolverse. Para ilustrar esto tenemos que la semana que recién concluyó, el INEGI publicó los Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo nueva edición (ENOEN) con datos a julio, y entre los resultados más importantes de ésta tenemos lo siguiente:

1. La ENOEN en julio de 2020, reportó un incremento de 1.5 millones de personas en la PEA, con una Tasa de Participación Económica de 54.9% respecto a la población de 15 años y más, cifra 1.8 puntos porcentuales superior a la de junio pasado, pero aun por debajo del 59.8% observado en marzo de este año. Esto implica que en el séptimo mes de 2020, la población ocupada resultó en 49.8 millones de personas. No obstante lo anterior, la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no trabajó ni buscó trabajo pero que aceptaría un trabajo si se lo ofrecieran, fue de 11.3 millones.

2. La población desocupada fue de 5.4% en julio y de 5.5% en junio como proporción de la PEA, porcentaje equivalente a 2.8 millones de personas en ambos meses. En julio de 2019 la tasa de desocupación fue de 3.7%. ¿Por qué no ha aumentado más el desempleo? Como ya lo hemos señalado, por dos razones principales: 1. Mucha gente sigue en casa sin buscar trabajo porque tiene miedo al Covid o porque sabe que de plano es muy difícil conseguir un empleo en la actual situación económica, y 2. Porque la economía informal siempre será una vía de escape para millones de personas que no encuentran una ocupación en el sector formal de la economía.

3. La población ocupada a tiempo parcial (jornadas inferiores a 35 horas semanales) disminuyó en (-)2 millones entre junio y julio de 2020. La ENOEN en julio de 2020 registró una tasa de subocupación de 18.4%, cifra inferior en (-)1.6 puntos porcentuales a la de junio del mismo año. Este descenso representa una variación de (-)0.5 millones de personas ocupadas. Estas cifras denotan una mejoría, pero debemos considerar que la tasa de subocupación era de apenas 7.9% en julio de 2019.

4. La ocupación informal en julio de 2020 ascendió a 27.3 millones, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 54.9%, cifra mayor en 1.9 puntos porcentuales comparada con la del mes previo. En julio de 2019 había 30.9 millones de personas laborando en la economía informal, por lo que es de esperase que a finales de este año el número de personas laborando en la informalidad supere las 31 millones de personas.

Las cifras se dicen fácil, pero el hablar de un problema de desempleo, subempleo y pérdida de ingresos que afecta a millones de personas es una verdadera tragedia. Con esto en mente, quiero pasar a comentar un artículo de Gary Barnett titulado “¡La Destrucción Económica de 2020 debido a la respuesta del Estado, palidecerá en comparación de lo que viene!” el cual hace una dura crítica a la manera cómo los gobiernos, en especial el de Estados Unidos, han respondido a la pandemia del Covid-19, con una agenda obscura de empobrecimiento de las mayorías para el beneficio de un grupo que se encuentra por encima del propio gobierno federal.

El artículo de Barnett señala que hay una elite económica, encabezada por banqueros, aquellos que están en el gran mundo corporativo y quienes controlan la política monetaria y económica. Esta élite está por encima del gobierno,  pero no obstante lo anterior, el gobierno federal es responsable de la destrucción económica por ser el iniciador y ejecutor de políticas que tienen como objetivo enriquecer a unos pocos que se encuentran en lo más alto de la pirámide a costa del bienestar las mayorías. Esto nunca había sido más evidente que ahora. Es interesante ver como la empresa Zoom ahora vale más que Boeing, IBM, Starbucks, entre muchas más, con un valor de capitalización de 122 mil millones de dólares.

La mayoría de los países han pasado por un infierno este año debido a las políticas implementadas para combatir lo que se ha llamado una “pandemia” mortal. Teniendo en cuenta la evidencia y las cifras actuales de muertes totales, esta “pandemia” ha demostrado “ser un fraude” (al momento de escribir estas líneas van 883 mil muertes a nivel mundial, lo que representa el 0.011% de la población total).  Aparentemente, eso no importa, ya que el público en general ha aceptado la propaganda y ha aceptado inmensas medidas draconianas que han devastado la economía y la salud natural de la población. Hasta ahora, las cosas han ido exactamente según lo planeado, y la gente ha dado por un hecho la exageración hasta el punto de permitir la destrucción de su sistema inmunológico natural al estar encerrados y sin contacto con otras personas; además de que en muchos casos, han permitido la destrucción de su patrimonio y sus medios de sustento económico. Esto no augura nada bueno para el futuro si no se revierte la tendencia actual, señala Barnett.

Los sistemas económicos en todo el mundo, y en especial de las economías desarrolladas,  se han hinchado por el aumento constante en la oferta monetaria durante al menos los últimos 12 años o más. Solo este año, esa expansión se ha disparado exponencialmente y no se ve que vaya a terminar pronto, y por supuesto que esta expansión monetaria se atribuyó al brote del virus. Con este tipo de expansión, y la respuesta coincidente de cierre de la actividad económica, de negocios y viajes, cuarentenas y propaganda del miedo, algunos precios han aumentado dramáticamente y el desempleo se ha disparado. Se han cerrado miles de empresas en todo el país, muchas de forma permanente y otras tantas se han visto obligadas a declararse en quiebra. Por supuesto, a las que peor les ha ido es, en su mayor parte las pequeñas y medianas empresas, lo que constituye la columna vertebral de las economías como la de Estados Unidos y México. El desempleo causado por esta dura e injustificada respuesta del gobierno ha sido inimaginable y ha llevado a más de 40 millones de personas en los Estados Unidos a quedarse sin trabajo. En el caso de México, abordamos el tema de la afectación al empleo al inicio de esta entrega. Esto hecho por sí solo, tiene el potencial de destruir la economía de cualquier país, pero desafortunadamente esto podría ser solo el comienzo.

Se me viene a la mente la pregunta que se pudieron haber formulado los chinos. ¿Cómo destruir la planta manufacturera mundial? Sencillo, con un virus que obligue a muchas empresas a cerrar, para que luego esa producción “faltante” sea reemplazada por fábricas chinas. Es una magnifica manera de llenar los pedidos faltantes ocasionados por la guerra comercial con los Estados Unidos. Por eso es fundamental salvar la planta productiva nacional, aunque en México el gobierno federal ha mostrado una y otra vez su desdén en contra de los empresarios.

De acuerdo con Barnett, la destrucción de la economía como la conocíamos es un aspecto necesario del plan para promover una gobernanza global. Entre más personas haya sin trabajo y dependientes del gobierno, éstas serán mucho más fáciles de controlar. La pobreza masiva ya es evidente, el suministro de alimentos ha sido menguando en algunas regiones, hay muchos que son incapaces de mantener a sus familias, y la hambruna entre una gran parte de la población es ciertamente posible. Esta es la agenda buscada por aquellos en la clase dominante que necesitan que se cumpla para reestructurar el sistema económico global. El colapso económico que se avecinaba después de las debilidades expuestas tras la crisis de 2008, era más que inminente, pero ahora se está impulsando ese colapso a una mucho mayor velocidad y se ha usado al Covid-19 como “chivo expiatorio” para generar el deseado “reinicio económico”.

La mayor amenaza que enfrentamos la viviremos en el próximo otoño e invierno, ya que esta temporada de gripe probablemente será mucho peor de lo normal debido al debilitamiento intencionado del sistema inmunológico de la mayoría de las personas. Negarse a someterse a las órdenes gubernamentales  que debilitan el sistema inmunológico, ciertamente detendría en seco este ataque de tiranía. Eso no ha sucedido hasta ahora, pero sin esa disidencia, enfrentaremos renovados problemas de salud que se traducirán en un agravamiento del problema económico. Imagínese todo lo malo que ha sucedido en los últimos 6 meses y luego duplique o triplique esa respuesta. La respuesta gubernamental vista hasta ahora será eclipsada por la respuesta que veremos este invierno si el número de muertos es mayor como lo predice Gary Barnett.

Es así que al parecer muy pronto se verá en algunos países una respuesta gubernamental mucho más estricta conforme los casos de influenza tradicional se confunden con casos de Covid-19. Existe una programación y la próxima gran ola de contagios está planificada y lista para lanzarse en las próximas semanas. Ya en diversos países se están adoptando medidas mucho más brutales y opresivas por el incumplimiento del uso de máscaras, el distanciamiento y la evasión de cuarentena. Estamos en la víspera de medidas mucho más duras y los gobernantes deben acostumbrar a la población a una ampliación en su vigencia de manera que puedan hacer los cambios necesarios en el sistema económico. Es así que este otoño e invierno serán los más importantes para el país, tal vez el tiempo más importante de la historia.

Si continúa el cumplimiento masivo de las medidas que han dado echado a perder la economía, y si no se produce el desacuerdo de amplios sectores de la población, la vida tal como la conocemos podría terminar antes de la primavera de 2021. El reinicio o establecimiento de un nuevo orden económico global podría estar avanzando ahora mismo a un ritmo tal que luego sea casi imposible de detener.

Con más cierres de la actividad económica, más cuarentenas, más aislamiento social y más destrucción de la economía, el desempleo se disparará a niveles inauditos, causando aún más enfermedades, muertes y tiranía a manos del gobierno. Además, cuantas más muertes ocurran, más draconianas se volverán las políticas públicas, y la matanza provocada por la respuesta maligna a este llamado virus no cejará, solo empeorará. ¿Imagínese un desempleo en los Estados Unidos en niveles de 50%, 60% o más?

Todo esto conduce a una vacuna mundial obligatoria que se lanzará en algún momento de este otoño o invierno. Si la mayoría de la población mundial se pone esta vacuna, algo que ahora parece posible, los efectos resultantes de estas toxinas que se desconocen en este momento ya habrán entrado en acción dentro de los cuerpos de la mayoría de la población. ¿Qué daño traerá eso? ¿Será irreversible?

Barnett finaliza señalando que en esta etapa, el plan para la gobernanza global habrá avanzado, y estaríamos en camino de establecer una sociedad que no utiliza el efectivo, con todos los sistemas monetarios volviéndose digitales y siendo todas las transacciones rastreables. Adiós a la privacidad. Esto marcará el final de una era que comenzó con la libertad, pero que terminará en muerte, destrucción, esclavitud y tiranía. No se puede permitir que esto ocurra.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleonejandrogomezt

El impacto del COVID-19 en la gente y la economía de México

De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF), la incertidumbre sobre la trayectoria futura de la economía mundial sigue siendo muy alta, ya que la propagación del COVID-19 y el efecto de las medidas de contención siguen siendo muy difíciles de predecir. Esta crisis ha exacerbado la volatilidad de las tensiones comerciales y la menor cooperación internacional que fueron características de 2019. Los pronósticos más recientes por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea revisaron significativamente a la baja sus proyecciones para el crecimiento de 2020.

Los datos disponibles sobre el impacto de la pandemia muestran fuertes colapsos en el nivel de producción, los cuales son aún más pronunciados en el sector servicios y, en algunos casos, son de mayor magnitud comparado con la contracción económica que se vivió con la Gran Depresión de 1929 a 1932. Se estima que la producción cayó entre un 20% y 30% durante el cierre de la actividad económica en algunos países de la OCDE, mientras que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la pérdida global de horas trabajadas entre el último trimestre de 2019 y el primer trimestre de 2020 suma 130 millones de empleos, pero lo peor es que se estima que se perdieron 305 millones de empleos a nivel mundial durante el segundo trimestre de 2020.

El impacto de la pandemia, tanto en la salud como en la economía, ha sido muy desigual en diferentes poblaciones, a menudo reforzando patrones históricos de desigualdad y de ventaja de unas naciones sobre otras. Los datos sugieren que la crisis ha sido desproporcionadamente más severa para las mujeres, así como para los hogares de bajos y medianos ingresos.

En este contexto mundial es que el INEGI dio a conocer los resultados de diversas encuestas respecto de cómo ha afectado el COVID-19 en varios aspectos de la vida de los mexicanos. Una de ellas es la “Encuesta sobre el Impacto Generado por COVID-19 en la Empresas (ECOVID-IE) 2020”.  El objetivo de la encuesta es generar indicadores cualitativos a partir de las opiniones de los dirigentes empresariales, que permitan conocer el impacto registrado en el país.

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Uno de los aspectos que se midieron fue el de los paros técnicos llevados a cabo por las empresas. La encuesta arrojó que se estima que, de 1.873 millones de empresas que existen en el país, 59.6% de éstas instrumentaron paros técnicos como medida de prevención, mientras que el restante 40.4% (757,581) no lo hicieron. Las microempresas fueron las que en su mayoría llevaron a cabo esta acción siendo el 93.4% de éstas las que los realizaron. Por su parte, se aprecia que el 46.7% de las empresas a nivel nacional llevó a cabo paros técnicos o cierres temporales de 21 o más días, este total se obtiene del hecho de que el 41.4% de las empresas en sectores esenciales realizaron paros técnicos, mientras que el 50.5% de las no esenciales los realizaron. Analizando los datos por tamaño de empresa, 68.1% de las grandes empresas, 54.0% de las medianas y pequeñas empresas y 46.1% de las microempresas, implementaron paros técnicos o cierres temporales en periodos mayores de 21 días.

En cuanto a las afectaciones por la contingencia sanitaria (disminución de los ingresos, baja de demanda y/o escasez de insumos y/o productos), tenemos que el 93.2 % de las empresas registró al menos un tipo de afectación debido a la contingencia sanitaria por COVID-19, mientras que solo el 6.8% de las empresas no reportó alguna de estas tres afectaciones.

Para los diferentes tamaños de empresa, la mayor afectación se registró en la disminución de los ingresos, promediando a nivel nacional 91.3% del total de empresas sufriendo una afectación en este sentido. Las 41.4% de las grandes empresas reportaron afectación, mientras que en las medianas y pequeñas empresas, así como en las microempresas, el 87.8% y 92.0% respectivamente sufrieron pérdida de ingresos.

La baja demanda también se reportó como una importante afectación, ya que obtuvo a nivel nacional un 72.6% de empresas afectadas. Las 35.9% de las grandes empresas, el 71.2% de las medianas y pequeñas; así como el 73.0% de las micro fueron las más afectadas en este rubro.

Otras afectaciones importantes que se observaron durante la contingencia son la reducción de personal y la reducción de remuneraciones y/o prestaciones. Hay que destacar que la mayoría de las empresas priorizó el no despido de personal, ya que la reducción de remuneraciones y/o prestaciones registró a nivel nacional apenas el 19.1%: las grandes empresas con 41.8%, las medianas y pequeñas con 20.6% y la micro 18.8%. En tanto, la reducción de personal a nivel nacional fue de 15.4%: en las grandes 22.3%, las medianas y pequeñas 18.6% y las micro 15.1 por ciento.

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En cuanto a los apoyos recibidos en atención a la contingencia sanitaria, la encuesta estimó que de 1.873 millones de empresas, solo 7.8% (146,782) obtuvo algún tipo de apoyo, mientras que el resto (92.2%) no recibió ayuda de ninguna índole. De los pocos que obtuvieron algún tipo de apoyo, la mayor parte de éstos provinieron de los gobiernos, ya sea federal, estatal o municipal.

Otra de las encuestas realizadas por el INEGI para conocer los efectos del COVID-19 fue la “Encuesta Telefónica sobre COVID-19 y Mercado Laboral (ECOVID-ML)”, la cual muestra los siguientes resultados en el mes de abril de 2020:

  1. La Población Económicamente Activa fue de 35 millones, cifra que representa una tasa de participación económica del 51.3% en el mes de abril de 2020. De dicha población, el 61.2% son hombres y el 38.8% mujeres.
  2. La ECOVID-ML reporta una Población No Económicamente Activa (PNEA) de 33.2 millones, cifra equivalente al 48.7% de la población de 18 y más años en el mes de abril de 2020. Del total de PNEA estimada por la ECOVID-ML, 19.6 millones eran personas no disponibles para trabajar (59%), pero 13.6 millones (41%) si estaban disponibles para trabajar.
  3. De los 13.6 millones de PNEA disponible para trabajar reportada por la ECOVID-ML en abril de 2020, 87.1% (11.9 millones) fueron personas ausentes de un trabajo o deseaban trabajar pero no buscaron trabajo por el COVID-19, mientras que 12.9% (1.7 millones) estuvieron ausentes o deseaban trabajar pero no buscaron trabajo por otras razones (falta de materia prima, clientes, vacaciones, etc.).
  4. Por su parte, de los 11.9 millones de PNEA disponible para trabajar que estuvo ausente de su trabajo o deseaba trabajar pero no buscó trabajo por el COVID-19; el 65.7% (7.8 millones) estuvieron ausentes de un trabajo por el COVID-19 y 34.3% (4.1 millones) deseaban trabajar pero no buscaron trabajo por la pandemia.
  5. En abril de 2020, la ECOVID-ML reportó una población ocupada de 32.9 millones de personas, que representa una tasa de ocupación del 48.2% de la población de 18 años. Por sexo, las mujeres ocupadas son 12.4 millones y los hombres 20.5 millones; lo que significa una tasa de ocupación de 33.4% y 66.1%, respectivamente.
  6. De los 32.9 millones de personas ocupadas, 7.2 millones son ausentes temporales con vínculo laboral o que fueron suspendidas durante la contingencia sanitaria, cifra que representa el 21.8% del total de ocupados. Asimismo, cabe destacar que en el 92.9% de los casos la ausencia o suspensión laboral, la razón principal fue la pandemia originada por el COVID-19 y en 7.1% debido a otras razones.
  7. La ECOVID-ML, reportó que derivado de las medidas de distanciamiento social para contener la pandemia del COVID-19, el 23.5% de los ocupados en abril tuvo que trabajar desde su casa, 42.3% disminuyó su jornada de trabajo durante la contingencia sanitaria; mientras que 46.1% redujo los ingresos derivados de su trabajo, 5% recibió algún apoyo gubernamental y 89.8% no recibió ningún tipo de apoyo.fd5f1cc2dec12a4ef72649af56d00d19
  8. La ECOVID-ML también registró en abril de 2020 un total de 6.1 millones de trabajadores subordinados y remunerados que fueron suspendidos de su trabajo durante la contingencia sanitaria, cifra equivalente a 25.1% del total.
  9. Durante la suspensión laboral, 37.1% de los hombres recibió completo su sueldo o salario contra 40.5% de las mujeres; asimismo, 42.4% de los hombres recibió parcialmente su sueldo o salario frente a 46.9% de las mujeres y, por último, 20.5% de los hombres y 12.6% de las mujeres, no recibieron ingresos por su trabajo.
  10. Los trabajadores independientes suman un total de 8.4 millones y representan 25.5% de la población ocupada. En abril de 2020 de acuerdo con la ECOVID-ML, 41.2% enfrentaba problemas en su negocio por el COVID-19, 32.7% reportó falta de clientes y 6.1 otros problemas como deudas, aumentó de precios en las materias primas o mercancías, entre otros y el 19.9% no tenía problemas.
  11. La forma en que los trabajadores independientes han enfrentado los problemas que tienen en sus negocios son diversos: 12.2% implementó acciones para ofrecer sus productos en alguna plataforma tecnológica o una modalidad similar; porcentaje que en los hombres fue de 9.6% y en las mujeres de 17.1 por ciento. Otro segmento de negocios acudió a créditos, cambio de actividad o al despido de trabajadores, situaciones que representan 12.9%.
  12. Del total de ocupados, 7.7 millones trabajaron desde su casa (23.5%), cifra que equivale a 3.4 millones de hombres (44.1%) y 4.3 millones de mujeres (55.9%). Este segmento de la fuerza de trabajo, además de trabajar desde su casa, realizó otras actividades, representando en muchos de los casos no solo una doble actividad, sino una mayor carga de trabajo.
  13. En relación con la jornada de trabajo, 52.8% de los trabajadores que laboraron desde su casa disminuyó sus horas trabajadas, el 28.2% mantuvo su jornada y 16.9% la aumentó. En el caso de los ingresos, 38.8% de los trabajadores vio reducidos sus ingresos por parte del trabajo, mientras que 57.9% no tuvo cambio en sus ingresos. Asimismo, 8.9% de los trabajadores recibió algún apoyo gubernamental o familiar durante la contingencia sanitaria y el 91.3% no recibió apoyo.
  14. Por otra parte, también cabe mencionar que el 26.8% de las personas ocupadas que trabajaron desde su casa, en la semana pasada a la entrevista tomaron algún curso de capacitación para el trabajo principalmente bajo la modalidad virtual o a distancia.

El efecto del COVIUD-19 en las viviendas

En abril de 2020, la ECOVID-ML reportó un total de 25.6 millones de viviendas con residentes de 18 y más años de edad y en el 30.4% de ellas algún integrante perdió su trabajo por la pandemia del COVID-19.

En relación con el impacto del COVID-19 en los ingresos de las viviendas, en 65.1% sus ingresos registraron alguna disminución y en 34.9%, se mantuvieron sin cambios.

En 65.1% de las viviendas que tuvieron un descenso en sus ingresos debido a la contingencia sanitaria, 37.4% tuvo que vender algún bien, pedir dinero prestado o recurrir a sus ahorros para afrontar la contingencia sanitaria; mientras que, 62.6% no tuvo que recurrir a la enajenación de sus bienes para solventar la reducción de sus ingresos.

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Con estos datos queda claro que el impacto del COVID-19 ha sido muy fuerte en las empresas, sobre todo las micro, y que millones de personas lo han resentido en su trabajo o ingreso, Hasta ahora no hemos visto mayores problemas sociales derivados del desempleo y pérdida de ingresos ocasionado por el cierre de actividad económica. Pero conforme pasa el tiempo y la situación económica de las empresas y los hogares no se resuelve, es de esperarse que los problemas sociales se incrementen. Lamentablemente veremos que el problema de delincuencia y desigualdad social aumentará, y el gobierno federal seguirá cruzado de brazos simplemente observando cómo se destruye capital de las empresas y se tiran a la basura 20 años de mejoras en materia de desarrollo social.

Alejandro Gómez Tamez*

Director general GAEAP*

alejandro@gaeap,com

En Twitter: @alejandrogomezt

Se colapsa el empleo y la industria nacional, ¿de quién es la culpa?

Conforme pasan los días, comienzan a surgir más indicadores que dan cuenta del enorme costo económico que han tenido las decisiones gubernamentales de cerrar la mayor parte de la actividad económica en México. Se ha dado a conocer un “Plan de Regreso a la Nueva Normalidad” en el que a partir del 1 de junio, y en función de un semáforo actualizable, podrá darse una apertura parcial o total de diferentes actividades en los municipios y alcaldías de México que presentan casos de COVID-19. Sin embargo, sabemos que el Coronavirus llegó para quedarse, por lo que desde mi punto de vista no hace mayor diferencia hacer la reapertura con este sistema de semáforo el 18 de mayo o el 1 de junio para todo el país, ya que de todas maneras nos tenemos que cuidar implementando fuertes medidas de salubridad en los centros de trabajo y las personas vulnerables deben quedarse en casa. Para mi, el haber retrasado hasta el 1 de junio la autorización formal a regresar a trabajar en la mayoría de las industrias, sólo se traducirá en mayor dolor y desesperación para millones de personas que están en condiciones de hacerlo.  A continuación hago mención de la evolución reciente de la actividad industrial y del empleo formal:

Actividad industrial

El pasado 12 de mayo el INEGI dio a conocer las cifras del Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) al mes de marzo, por lo que ya tenemos claro cuál fue la evolución de la industria nacional durante el primer trimestre del año. Vemos que con cifras originales, en el comparativo de dicho trimestre respecto del primer trimestre de 2019, el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) muestra una caída de -2.9%, la cual es la mayor caída anualizada en este indicador desde el primer trimestre de 2013. Cabe señalar que la disminución de -2.9% fue producto de una caída anualizada de -1.6% en enero, -2.0% en febrero y -5.0% en marzo. Si bien la industria ya andaba mal desde el año pasado, cuando ésta cayó -0.2%, los datos de la evolución de ésta en el primer trimestre de 2020 dan cuenta de lo rápido que se terminó de descarrilar esta actividad al arranque de este año.

Esta evolución muestra la rapidez con la que se está dando el colapso económico en México. El hablar de una caída anualizada de la actividad industrial del -5.0% en marzo, cuando aun no se decretaba el cierre de la actividad económica no esencial en México (pero si en varias regiones de Estados Unidos), no es más que una advertencia del duro golpe que la economía sufrió en abril y ha sufrido en mayo. La expectativa es que la producción industrial se deteriorará más en los próximos meses y podríamos ver caídas de hasta un 40% en la actividad industrial en el segundo trimestre de este año.

Ahora, entrando en el detalle de las causas de la caída anualizada de -2.9% en la actividad industrial en el primer trimestre de 2020, tenemos que ésta se debe a que si bien la minería creció 4.2%; y la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final aumentó 0.3%; vemos por otra parte que la construcción se colapsó -8.2%; mientras que las industrias manufactureras se contrajeron también -2.9%.

Profundizando en el desempeño del sector construcción, tenemos que en el comparativo del primer trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019, el volumen físico de la de construcción en edificación retrocedió -6.3%, mientras que el de la construcción de obras de ingeniería civil cayó -17.4%, y el de los trabajos especializados para la construcción bajó -7.5%.

Ahora, en cuanto la evolución de la actividad manufacturera, la cual disminuyó -2.9% en el comparativo del primer trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019, tenemos que esto fue producto de la siguiente evolución de cada una de las ramas de actividad (en paréntesis se muestra la tasa de variación porcentual y las actividades están ordenadas de mejor a peor desempeño): Industria alimentaria (2.8%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (2.1%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (0.4%); Industria química (0.2%); Industria de las bebidas y del tabaco (0.2%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-0.8%); Industria del papel (-1.5%); Impresión e industrias conexas (-2.2%); Otras industrias manufactureras (-2.4%); Industrias metálicas básicas (-3.2%); Industria del plástico y del hule (-3.5%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-4.1%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-4.7%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-5.3%); Fabricación de productos metálicos (-5.3%); Industria de la madera (-6.5%); Fabricación de prendas de vestir (-7.3%); Fabricación de equipo de transporte (-8.1%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-10.2%); Fabricación de maquinaria y equipo (-10.6%); y Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-13.9%). Como puede apreciarse, de 21 ramas de actividad, sólo 5 muestran incrementos en el arranque del año.

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Empleo formal

A la par de los datos respecto de la evolución de la producción industrial, en la semana que concluye, se dio a conocer que durante abril de 2020 el empleo registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tuvo una contracción mensual de 555.247 miles de puestos de trabajo, lo que implica una disminución de -2.7%. Al comparar las cifras de abril de 2020 con los del mismo mes de 2019 vemos una disminución de 451.231 miles de personas, equivalente a una tasa anual de -2.2%. Como ya se señaló, esta caída se explica principalmente por el confinamiento casi generalizado, decretado por las autoridades derivado de la emergencia sanitaria. Los números se dicen fácil, pero estamos hablando de más de medio millón de personas que en un mes perdieron su fuente de sustento económico, con todas las implicaciones sociales que esto conlleva.

IMSS

Por sectores, las mayores caídas anuales en el empleo registrado en el IMSS se observaron en construcción (-15.0%), industrias extractivas (-5.5%), y servicios para empresas (-4.2%). Por su parte, las entidades con las mayores disminuciones anuales en el empleo fueron Quintana Roo (-18.1%), Baja California Sur (-10.8%) y Guerrero (-6.3%).

Llama la atención que en lo que respecta a las remuneraciones, al 30 de abril el salario base de cotización de trabajadores asegurados al IMSS alcanzó un monto de 403.60 pesos, lo cual representa un incremento anual nominal del 8.0%, que es el mayor observado para un mes de abril en 10 años. Esto último sugiere que la mayor parte de los empleos que se perdieron fueron precisamente los de las personas de menores ingresos en las empresas. Esto es lamentable, perro tiene cierta lógica, ya que si asumimos que a mayor productividad de un trabajador, mayor será su remuneración, es razonable asumir que las empresas trataron de quedarse con aquellos colaboradores más productivos y despidieron a aquellos que son relativamente más sencillos de reemplazar cuando se reanuden actividades productivas.

¿De quién es culpa esta deblacle?

Ahora, vale la pena preguntarse de quien es la culpa de este colapso económico. Muchos dirán que es culpa del coronavirus, pero la realidad es que no es así, a nivel mundial fue culpa de las erróneas políticas públicas implementadas para “hacer frente a la pandemia”.  El haber aplicado una receta generalizada, cerrando la mayor parte de las actividades productivas, sin tener en consideración la circunstancia sanitaria de cada localidad fue un enorme error.

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En un artículo de Mac Slavo publicado en SHTFplan.com y titulado “No fue el virus lo que estropeó la economía, fue la gente que obedeció”, se plantea una opinión controversial, pero que vale la pena tomar en cuenta (Hilo en Twitter, por parte de @Pernila, que elabora con mucho mayor detalle sobre el tema).Dice que la mayoría de las atrocidades en la historia humana han sido cometidas por individuos y funcionarios gubernamentales que estaban “simplemente siguiendo órdenes” o “simplemente obedeciendo la ley”. Queda claro que el coronavirus no dio ninguna orden. Fueron las personas que obedecieron las órdenes de los tiranos las que colapsaron la economía y arruinaron los niveles de vida de millones de personas.

Agrega que la mayoría de los seres humanos todavía piensan como si fueran esclavos. En lugar de cuestionar a la autoridad, hacer preguntas inteligentes o usar sus habilidades de pensamiento crítico para preguntarse si algo está bien antes de hacerlo, simplemente obedecen a la “autoridad” percibida. La verdad es que este bloqueo de la actividad económica es culpa de todos los que ordenaron y cumplieron el “quédate en casa”.

Los principales medios de comunicación siguen culpando de la devastación económica al coronavirus, pero no fue culpa de un virus. Los principales medios de comunicación todavía están tratando desesperadamente de mantener la narrativa y culpar al “enemigo invisible” por el costo real en las miles de vidas humanas que la reacción poco planeada de los gobiernos ya ha causado. Para Mac Slavo esto no es más que propaganda, y los medios de comunicación no quieren que culpes a quien debes culpar, por lo que se esconden detrás de los titulares de engaño que te mantendrán temeroso del COVID-19 el mayor tiempo posible.

Terminaría reiterando lo que señalé en mi editorial de hace dos semanas y son las ideas del Dr. Shiva Ayyadurai de los Estados Unidos. Es un error mantener las recetas de contención de la enfermedad que se han seguido hasta ahora porque datan de la década de los 50s; no se debe aplicar el mismo remedio para todos (one size fits all); y no hay necesidad de apagar a todo un país con un confinamiento obligatorio para todos. Yo si creo que el coronavirus existe y mata gente, si es muy contagioso, si nos tenemos que cuidar (sobre todo los vulnerables), si tenemos que tomar vitaminas y el sol; pero el estar encerrados no es la receta que nos hará triunfar respecto a este mal, el cual ha sido utilizado por la mayoría de los gobiernos del mundo, incluido el mexicano, para imponer una agenda que obedece a otros intereses. En el caso de nuestro país siempre recordaremos la frase “nos vino como anillo al dedo”.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt