Una sombría visión del futuro

La comunidad de inteligencia de los Estados Unidos ha advertido que la pandemia de COVID-19 tendrá consecuencias a largo plazo con una afectación profunda en la sociedad, la política y la economía de todo el mundo. El pasado jueves 8 de abril se publicó el Reporte de Tendencias Globales 2040 por parte del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, y en dicho documento, que se publica cada cuatro años, se presenta una imagen oscura del futuro del mundo, en el que la pandemia del coronavirus ha profundizado las disputas entre países y la desigualdad económica, ha agotado los recursos de los gobiernos y ha avivado los sentimientos nacionalistas.

En el Reporte de Tendencias Globales se evalúan cuatro de las tendencias clave que darán forma al entorno estratégico para los Estados Unidos durante las próximas dos décadas. El documento está diseñado para proporcionar un marco analítico para los funcionarios estadounidenses en las primeras etapas de cada nueva administración para auxiliarlos en la elaboración de una estrategia de seguridad nacional. El objetivo no es ofrecer una predicción específica del mundo en 2040; en cambio, su intención es ayudar a ver lo que puede haber más allá del horizonte y prepararse para una variedad de escenarios globales posibles.

En esta entrega hacemos un recuento de los principales puntos de dicho reporte.

Cuatro fuerzas estructurales

Entre las tendencias más probables de materializarse en los próximos 20 años están los importantes cambios demográficos originados a medida que el crecimiento poblacional mundial se desacelera y el mundo envejece rápidamente. Algunas economías desarrolladas y emergentes, incluidas las de Europa y Asia oriental, envejecerán más rápidamente y se enfrentarán a una contracción de su población, lo que afectará sus posibilidades de crecimiento económico. Por el contrario, algunos países en desarrollo de América Latina, el sur de Asia, el Medio Oriente y el norte de África se benefician de una mayor población en edad de trabajar, lo que les ofrecerá un bono demográfico si se combina con mejoras en la infraestructura y las habilidades laborales. Por su parte, el desarrollo humano (que incluye salud, educación y prosperidad familiar), ha logrado mejoras históricas en todas las regiones del mundo en las últimas décadas. Sin embargo, las mejoras pasadas se centraron en los aspectos básicos de la salud, la educación y la reducción de la pobreza, pero los siguientes niveles de desarrollo son más difíciles de alcanzar y enfrentan las dificultades propias de la pandemia de COVID-19. El crecimiento económico mundial potencialmente más lento, el envejecimiento de la población y el cambio climático son enormes retos para los gobiernos, que buscarán proporcionar la educación e infraestructura necesarias para mejorar la productividad de sus crecientes clases medias urbanas. A medida que algunos países sean exitosos en estos desafíos y otros se rezaguen, las tendencias demográficas globales que ahora vemos, seguramente agravarán las disparidades en las oportunidades económicas dentro de las naciones y entre los países durante las próximas dos décadas, por lo que se espera un agravamiento en los problemas de migración.

En cuanto al medio ambiente, es probable que los efectos físicos del cambio climático se intensifiquen durante las próximas dos décadas, especialmente en la década de 2030. Veremos tormentas, sequías e inundaciones más extremas; derretimiento de glaciares y casquetes polares; y el aumento del nivel del mar vendrá acompañado de un incremento en las temperaturas. El impacto se sentirá de manera desproporcionada en los países en vías de desarrollo y las regiones más pobres. Esto se sumará a la degradación ambiental, por lo que se crearán nuevas vulnerabilidades, y se exacerbarán los riesgos existentes para la prosperidad económica, los alimentos, el agua, la salud y la seguridad energética. Es probable que los gobiernos, las sociedades y el sector privado amplíen las medidas de adaptación y resiliencia para gestionar las amenazas existentes, pero es poco probable que estas medidas se puedan implementar de manera uniforme, por lo que quedarán rezagadas algunas poblaciones.

Durante las próximas dos décadas, veremos preocupantes tendencias económicas mundiales, tales como el aumento del saldo de las deudas nacionales, un entorno comercial más complejo y fragmentado, cambios en el comercio y problemas crónicos en materia de empleo. Muchos gobiernos verán reducida su flexibilidad por tener que hacer frente a una mayor carga de deuda; de igual manera, se edificarán nuevas reglas comerciales; y veremos a una gama más amplia de poderosos actores gubernamentales y corporativos que ejercen influencia. Las grandes corporaciones, que proporcionan plataformas de mercados en línea para un gran número de compradores y vendedores, podrían impulsar la globalización comercial continua y ayudar a las empresas más pequeñas a crecer y obtener acceso a los mercados internacionales. Es probable que estas poderosas empresas intenten ejercer influencia en los ámbitos político y social, esfuerzos que pueden llevar a los gobiernos a imponer nuevas restricciones a su operación. Las economías asiáticas parecen estar preparadas para continuar con años de crecimiento hasta al menos 2030, aunque potencialmente éste será más lento. Es poco probable que alcancen el nivel de Producto Interno Bruto (PIB) per cápita o la influencia económica de las economías avanzadas existentes, incluidos los Estados Unidos y Europa. El crecimiento de la productividad seguirá siendo un factor clave para el éxito de las naciones.

La tecnología ofrecerá el potencial para mitigar problemas, como los ocasionados por el cambio climático y las enfermedades, y para crear nuevos desafíos, como el desplazamiento laboral de los que realizan actividades mecánicas. Las tecnologías se inventan, utilizan, difunden y luego se descartan a velocidades cada vez mayores en todo el mundo, y están surgiendo nuevos centros de innovación. Durante las próximas dos décadas, es probable que el ritmo y el alcance de los desarrollos tecnológicos aumenten cada vez más rápido, transformando una gama de experiencias y capacidades humanas y al mismo tiempo creando nuevas tensiones e interrupciones dentro y entre sociedades, industrias y gobiernos. Los rivales gubernamentales y del sector privado competirán por el liderazgo y el dominio en la ciencia y la tecnología con riesgos e implicaciones inmediatas para la seguridad económica, militar y social.

Dinámicas emergentes

Estas cuatro fuerzas estructurales, aunadas a otros factores, crearán oportunidades y retos para las sociedades, instituciones, corporaciones y gobiernos. También es probable que produzcan un mayor desgaste en todos los ámbitos en niveles no vistos desde el final de la Guerra Fría. Esto es producto de ideologías diferentes y visiones contrastantes sobre la forma más eficaz de organizar la sociedad y abordar los nuevos desafíos.

Dentro de las sociedades, hay crecientes divisiones y disputas sobre cuestiones económicas, culturales y políticas. Décadas de avances constantes en la prosperidad y otros aspectos del desarrollo humano se han traducido en una mejora del nivel de vida en todas las regiones del mundo, por lo que han aumentado las expectativas de la gente respecto a un futuro mejor. A medida que estas tendencias de mejora se han estancado recientemente y se combinan con rápidos cambios sociales y tecnológicos, es que grandes segmentos de la población mundial comienzan a desconfiar de las instituciones y los gobiernos a quienes consideran como omisos o incompetentes para resolver sus necesidades. La gente está gravitando hacia grupos familiares y de ideas afines para la comunidad y la seguridad, incluidas las identidades étnicas, religiosas y culturales, así como los grupos con intereses y causas, como el ambientalismo. La combinación de nuevas y diversas lealtades de identidad y un entorno de información más aislado está exponiendo y agravando las líneas divisorias dentro de los países, socavando el nacionalismo cívico y aumentando la volatilidad.

A nivel país, es probable que en todas las regiones del mundo las relaciones entre la sociedades y el gobierno enfrenten tensiones persistentes debido a un desajuste cada vez mayor entre lo que la gente necesita  y espera, respecto a lo que los gobiernos pueden hacer y harán. Las poblaciones de todas las regiones están cada vez más equipadas con las herramientas, la capacidad y los incentivos para promover sus objetivos sociales y políticos preferidos y para exigir más para que los gobiernos encuentren soluciones. Al mismo tiempo que las poblaciones están cada vez más empoderadas y exigen más, los gobiernos enfrentan una creciente presión debido a los nuevos desafíos y recursos cada vez más limitados. Esta brecha hace pensar que vienen tiempos de creciente volatilidad política, erosión de la democracia y creciente participación de proveedores alternativos de gobernabilidad. Con el tiempo, estas dinámicas podrían abrir la puerta a cambios más significativos en la forma en que las personas gobiernan.

En el sistema internacional, es probable que ningún país esté en condiciones de dominar todas las regiones y temas, por lo que es de esperarse que una gama más amplia de actores competirán para dar forma a un nuevo sistema internacional con objetivos más concretos. Es probable que la aceleración de los cambios en el poder militar, la demografía, el crecimiento económico, las condiciones ambientales y la tecnología, aumenten aún más la competencia entre China y una coalición occidental liderada por Estados Unidos. Las potencias rivales lucharán para dar forma a las nuevas normas, reglas e instituciones globales, mientras que las potencias regionales y los actores no gubernamentales pueden ejercer más influencia y liderazgo en los asuntos que las principales potencias no atienden. Es probable que estas interacciones produzcan un entorno geopolítico más volátil y propenso a los conflictos y que socaven el multilateralismo.

Los cinco escenarios alternativos para el 2040

Las respuestas humanas a las dinámicas arriba descritas determinarán cómo evoluciona el mundo durante las próximas dos décadas. De las muchas incertidumbres sobre el futuro, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos exploró preguntas clave en torno a las condiciones dentro de regiones y países específicos y de políticas públicas que desean las sociedades y los líderes que darán forma al ambiente global. A partir de estas preguntas, se construyeron cinco escenarios para mundos alternativos que podrían ocurrir en el año 2040:

1. En Democracias Renacidas, se plantea un escenario en el que el mundo se encuentra en medio de un resurgimiento de democracias abiertas lideradas por Estados Unidos y sus aliados. Los rápidos avances tecnológicos fomentados por asociaciones público-privadas en los Estados Unidos y otras sociedades democráticas están transformando la economía global, aumentando los ingresos y mejorando la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo. La marea creciente de crecimiento económico y logros tecnológicos permite respuestas a los desafíos globales, alivia las divisiones sociales y renueva la confianza pública en las instituciones democráticas. En contraste, años de controles y monitoreo sociales cada vez más comunes en China y Rusia han sofocado la innovación a medida que científicos y empresarios destacados buscan asilo en los Estados Unidos y Europa.

2. En Un mundo a la deriva, el sistema internacional carece de dirección, es caótico y volátil, ya que las principales potencias como China, los actores regionales y los actores no gubernamentales ignoran en gran medida las reglas e instituciones internacionales. Los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sufren un crecimiento económico más lento, divisiones sociales cada vez mayores y parálisis política. China se está aprovechando de los problemas de Occidente para expandir su influencia internacional, especialmente en Asia, pero Beijing carece de la voluntad y el poder militar para asumir el liderazgo global, dejando muchos desafíos globales, como el cambio climático y la inestabilidad a los países en desarrollo.

3. En Coexistencia competitiva, Estados Unidos y China han priorizado el crecimiento económico y restaurado una relación comercial sólida, pero esta interdependencia económica existe junto con la competencia por la influencia política, los modelos de gobernanza, el dominio tecnológico y la ventaja estratégica. El riesgo de una guerra importante se mantiene bajo, y la cooperación internacional y la innovación tecnológica hacen que los problemas globales sean manejables a corto plazo para las economías avanzadas, pero persisten los desafíos climáticos a más largo plazo.

4. En Silos Separados, el mundo está fragmentado en varios bloques económicos y de seguridad de diverso tamaño y fuerza, centrados en Estados Unidos, China, la Unión Europea (UE), Rusia y un par de potencias regionales; estos bloques se centran en la autosuficiencia, la resiliencia y la defensa. La información fluye dentro de enclaves cibersoberanos separados, las cadenas de suministro se reorientan y el comercio internacional se interrumpe. Los países en desarrollo vulnerables están atrapados en el medio y algunos están a punto de convertirse en estados fallidos. Los problemas globales, en particular el cambio climático, se abordan de manera irregular, si es que se abordan.

5. En Tragedia y movilización,  una coalición mundial, liderada por la Unión Europea y China, que trabaja con organizaciones no gubernamentales e instituciones multilaterales revitalizadas, está implementando cambios de gran alcance diseñados para abordar el cambio climático, el agotamiento de los recursos y la pobreza después de una crisis mundial de una catástrofe alimentaria causada por eventos climáticos y degradación ambiental. Los países más ricos cambian para ayudar a los más pobres a gestionar la crisis y luego hacer la transición a economías bajas en carbono a través de amplios programas de ayuda y transferencias de tecnologías energéticas avanzadas, reconociendo la rapidez con que estos desafíos globales se extienden a través de las fronteras.

Conclusiones

México ha dejado de ser un jugador global relevante. Somos meros expectadores de lo que sucede en el mundo y hemos traicionado cualquier compromiso que se tenía para contribuir a abatir el cambio climático. Estamos agotados por pugnas políticas internas y por un escenario macroeconómico muy desfavorable en 2019 y 2020. En los escenarios planteados por la comunidad de inteligencia de Estados Unidos no queda claro en qué bando jugará México, si como país alineado a los intereses de su vecino del norte o seguirá coqueteando con los regímenes socialistas de Sudamérica y el Caribe. Estamos atrapados en una discusión arcaica y atrasándonos cada vez más respecto a la mayoría de países asiáticos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

China imparable, ahora tiene una nueva arma: el ciber-yuan

El gobierno federal de México ha destruido muchos de los programas que se tenían para apoyar a los que menos tienen, como el Seguro Popular, guarderías y estancias infantiles financiadas con recursos públicos, refugios para mujeres violentadas, comedores comunitarios, entre otros. Pero no solo eso, el gobierno federal también volvió inoperante uno de los principales impulsores del desarrollo tecnológico nacional y me refiero al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Y mientras el promedio de empresas en México son cada vez menos productivas, comparadas con sus pares extranjeras, por la falta de tecnología e inversión, el resto del mundo sigue avanzando por lo que la brecha de nuestro país y las naciones líderes se amplía todos los días.

En este contexto quiero abordar en esta entrega el artículo de James T. Areddy, publicado el pasado 5 de abril en el Wall Street Journal, y titulado “China crea su propia moneda digital, la primera de las grandes economías”. En dicha nota se explica como un ciber-yuan puede dar a Pekín nuevos poderes y medios de influencia global, tales cómo realizar un seguimiento del gasto de las personas en tiempo real y tener  el mecanismo para evadir las sanciones estadounidenses contra cualquier país, al tener una moneda que no esté vinculada al sistema financiero mundial dominado por el dólar. Es así que como en el Siglo VII, cuando el dinero significaba monedas metálicas, China inventó el papel moneda; ahora el gobierno chino está acuñando efectivo digitalmente, en una reinvención del dinero que ha comenzado a sacudir el poder estadounidense.

Es verdad que en el pasado el dólar se ha enfrentado a rivales, como el euro, pero eventualmente ha recuperado su importancia cuando las deficiencias de sus competidores se han hecho evidentes. El dólar supera con creces a todas las demás monedas para su uso en el comercio internacional de divisas, con un 88% en los últimos rankings del Banco de Pagos Internacionales, mientras que el yuan se utilizó solo en un 4 por ciento de las operaciones.

El concepto de  una moneda nacional virtual o una cibermoneda puede ser confuso. Para muchos hay una idea de que el dinero ya es virtual, ya que las tarjetas de crédito y las aplicaciones de pago como Apple Pay en los EE.UU. y WeChat en China eliminan la necesidad de billetes o monedas físicos. Pero esas son solo formas de pago o de mover dinero electrónicamente. Lo que está haciendo China ahora es convertir su moneda de curso legal en un código informático sin intermediarios para la realización de transacciones. Por su parte, las criptomonedas, como bitcoin, aunque existen fuera del sistema financiero global tradicional, no son moneda de curso legal como el efectivo emitido por los gobiernos, además de que han sido objeto de inmensa especulación y volatilidad.

La versión china de una moneda digital es una que está controlada por su banco central, quien emitirá el nuevo dinero electrónico. Se espera que brinde al gobierno de China amplias herramientas nuevas para monitorear tanto su economía como a su gente; y una de ellas es que el yuan digital anulará uno de los principales atractivos de bitcoin: el anonimato para el usuario.

A diferencia de las transacciones electrónicas de hoy, el yuan digital está diseñado para moverse de A a B instantáneamente, al menos en teoría eliminando una forma en que los bancos y las aplicaciones financieras se benefician de las comisiones y eliminando los breves retrasos incorporados en tales transferencias. El único intermediario necesario es el banco central. El yuan digital, debido a que está respaldado por el estado, reducirá los riesgos para el sistema financiero que plantean las plataformas de pago dominantes de China, que son propiedad de empresas privadas.

Pekín  también está posicionando el yuan digital para uso internacional y diseñándolo para que no esté atado al sistema financiero global, donde el dólar estadounidense ha sido el rey desde el acuerdo de Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial. China está adoptando esta estrategia de digitalización, incluido el dinero, en un intento por obtener un control más centralizado al tiempo que se adelanta a las tecnologías del futuro.

El dinero digitalizado podría reordenar los fundamentos de las finanzas de la misma manera que Amazon transformó el comercio minorista y Uber Technologies revolucionó los sistemas de taxis.

El hecho de que China, un estado autoritario y un rival estadounidense, haya tomado la iniciativa para introducir una moneda digital nacional está generando ansiedad en Washington. Cuando se les preguntó recientemente cómo las monedas nacionales digitalizadas como la de China podrían afectar al dólar, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijeron que el tema se está estudiando seriamente, incluso están valorando si un dólar digital tiene sentido algún día.

Posteriormente, cuando se le preguntó durante una comparecencia reciente en el Senado si el dólar podría digitalizarse para ayudar a Estados Unidos a defender su supremacía, Powell, de la Fed, dijo que investigar esa cuestión es un «proyecto de la más alta prioridad».

De acuerdo con analistas y economistas, la mera digitalización del yuan por sí sola no convertiría a dicha moneda instantáneamente en un rival del dólar en transferencias bancarias de banco a banco, pero en su nueva forma, el yuan podría ganar importancia en el sistema financiero internacional. Brindaría opciones para que las personas de países pobres transfieran dinero a nivel internacional. Incluso un uso internacional limitado podría socavar el impacto de las sanciones estadounidenses en contra de naciones, corporaciones e individuos, mismas que se utilizan cada vez más contra empresas o personas chinas.

El yuan digital reside en el ciberespacio, está disponible en el teléfono móvil del propietario o en una tarjeta para los menos conocedores de la tecnología. Gastarlo no requiere estrictamente una conexión a internet, simplemente aparece en una pantalla con una silueta de Mao Zedong, que se parece al papel moneda.

En las pruebas de los últimos meses, más de 100 mil personas en China han descargado una aplicación para teléfonos móviles del banco central que les permite gastar pequeñas donaciones gubernamentales de efectivo digital con comerciantes, incluidos los puntos de venta chinos de Starbucks y McDonald’s. Su uso es bastante sencillo, sólo se necesita apuntar tu teléfono hacia un escáner instalado en el comercio donde vas a hacer tu compra.

China ha indicado que el yuan digital circulará junto con billetes y monedas durante algún tiempo. Los banqueros y otros analistas dicen que Pekín  tiene como objetivo digitalizar todo su dinero eventualmente, pero el gobierno chino no se ha pronunciado formalmente al respecto.

Herramienta macroeconómica de ensueño

El dinero digital parece una herramienta macroeconómica de ensueño potencial para el gobierno emisor, que se puede utilizar para rastrear el gasto de las personas en tiempo real, acelerar el auxilio a las víctimas de desastres o identificar las actividades delictivas. Con él, Pekín puede obtener nuevos y vastos poderes para endurecer aún más el gobierno autoritario del presidente Xi Jinping.

El dinero en sí es programable. Pekín  ha establecido fechas de vencimiento del dinero digital para alentar a los usuarios a gastarlo rápidamente en momentos en que la economía necesita un impulso. De hecho una idea es que con el dinero digital, el gobierno puede imponer una tasa de interés negativa y así provocar que la gente gaste más en momentos en los que la demanda agregada sea débil.

El yuan digital también es rastreable, lo que agrega otra herramienta a la intensa vigilancia estatal de China. El gobierno despliega cientos de millones de cámaras de reconocimiento facial para monitorear a su población, a veces usándolas para imponer multas por actividades como cruzar imprudentemente la calle. Una moneda digital permitiría imponer y cobrar multas tan pronto como se detecte una infracción.

Un estallido de acumulación de efectivo en China el año pasado indica la preocupación de los residentes sobre el ojo del banco central en cada transacción. Song Ke, profesor de finanzas de la Universidad Renmin en Pekín , dijo en una conferencia reciente que la medida de China del yuan en circulación, o efectivo, aumentó un 10% en 2020.

¿Qué pasa con la volatilidad?

Las criptomonedas como bitcoin son famosas por ser inestables. Pero en el caso del Banco Popular de China éste controlará estrictamente el yuan digital para garantizar que no haya diferencias de valoración entre éste y los billetes y monedas de papel. Eso significa que no tendrá sentido que los inversores y comerciantes especulen con el yuan digital como lo hacen algunos con las criptomonedas.

Si bien China no ha publicado la legislación final en la materia, el banco central dice que inicialmente puede imponer límites a la cantidad de yuanes digitales que las personas pueden poseer, como una forma de controlar cómo circula y proporcionar a los usuarios una dosis de seguridad y privacidad.

El banco central de China no usará la nueva tecnología como una forma de poner más dinero en circulación, ya que cada yuan emitido digitalmente cancelará esencialmente un yuan que circula en forma física.

Un gobierno visionario

Con todo esto queda claro que cuando el Bitcoin fue lanzado en 2009, los responsables políticos de la mayoría de las naciones le restaron importancia al tema, pero China si prestó atención. Al ser una nación hipervigilante ante las amenazas, el liderazgo chino temía que una criptomoneda pudiera socavar el poder del gobierno si la gente comenzaba a usarla en serio. Zhou Xiaochuan, el principal banquero central de China de 2002 a 2018, ha dicho que Bitcoin lo deslumbró y lo asustó. En 2014, lanzó un estudio formal para una posible moneda digital china y ahora se ven los resultados.

Paralelamente, durante este tiempo en China se estaba produciendo una revolución de la tecnología financiera, con la adopción frenética de aplicaciones como Alipay y WeChat que impulsaban a las empresas de nueva creación con sencillas formas de pagar.

El caso de Facebook

A mediados de 2019, Facebook Inc. dijo que buscaría crear su propia criptomoneda. Este anuncio le abrió los ojos a muchos para visualizar que las criptomonedas podrían circular en una base de usuarios mucho más grande que cualquier población nacional y trajo el reconocimiento inmediato de que la tecnología podría cambiar las monedas tradicionales.

Sin embargo, el plan no prosperó porque los reguladores estadounidenses se centraron en detener a Facebook hasta finalmente en lograrlo, mientras que China aceleró su búsqueda de un yuan digitalizado y lanzó pruebas en abril de 2020.

Ahora los banqueros centrales de EE.UU. y de otras economías occidentales temen que lo que Facebook planeó con una moneda digital ahora lo pueda hacer China, un gobierno poderoso.

«Existe una especie de miedo a Uber», dijo un alto funcionario del Banco Central Europeo, refiriéndose al estrés en los sistemas de taxis cuando la empresa de transporte privado llegó a ciudades de todo el mundo. «No quiere que la moneda de otro país circule entre sus ciudadanos», dijo el banquero.

Evadir las sanciones de EE.UU.

Estados Unidos, como el emisor de los dólares que necesitan los más de 21 mil bancos del mundo para hacer negocios, ha exigido durante mucho tiempo información sobre los principales movimientos de divisas transfronterizos. Esto le da a Washington la capacidad de congelar las cuentas de individuos e instituciones y dejarlos fuera del sistema financiero global al prohibir que los bancos realicen transacciones con ellos, una práctica criticada como «armamento del dólar».

Las sanciones estadounidenses contra Corea del Norte e Irán por sus programas nucleares aíslan sus economías. Después del golpe de estado de febrero de este año en Myanmar, Estados Unidos utilizó sanciones para bloquear el movimiento de activos financieros de altos oficiales militares a través de los bancos. La base de datos del Tesoro de personas y empresas sancionadas, la «Lista de ciudadanos especialmente designados y personas bloqueadas», afecta prácticamente a todas las naciones del mundo. Este poder de EE.UU. podría desaparecer. 

Pekín  está especialmente desconcertada por la rápida expansión de la lista de personas sancionadas: más de 250 nombres chinos, incluidos políticos a los que Estados Unidos acusa de atrocidades contra las minorías étnicas o de restringir las libertades en Hong Kong. Como ejemplo, tenemos el caso de cómo las sanciones dejaron a Carrie Lam, la principal funcionaria de China en Hong Kong, con una reserva de efectivo en su casa porque los bancos temían que aceptar sus depósitos los expondría también a una congelación bancaria estadounidense.

El yuan digital podría darles a aquellos que Estados Unidos busca penalizar, una forma de cambiar dinero sin su conocimiento. Los intercambios no necesitarían usar SWIFT, la red de mensajería que se usa en transferencias de dinero entre bancos comerciales y que puede ser monitoreada por el gobierno de EE.UU. La posibilidad de debilitar el poder de las sanciones estadounidenses es fundamental para la comercialización del yuan digital por parte del gobierno de Pekín y para sus esfuerzos por internacionalizar el yuan en general.

En una simulación de un juego de guerra de 2019 en la Universidad de Harvard, los legisladores estadounidenses veteranos se apresuraron a elaborar una respuesta al desarrollo de un misil nuclear por parte de Corea del Norte financiado en secreto con yuanes digitales. Debido al poder de la moneda para socavar las sanciones, los participantes, incluidos varios que ahora están en la administración de Joe Biden, lo consideraron más amenazante que la ojiva.

Conclusiones

Los avances digitales de China llaman la atención sobre cómo Estados Unidos y otros países necesitan modernizar su propia infraestructura financiera. Ahora en día más de 60 países se encuentran en alguna etapa de estudio o desarrollo de una moneda digital, según el grupo de investigación CBDC Tracker. Las monedas digitales tienen su mayor potencial para los 1.7 miles de millones de personas en todo el mundo que, según el Banco Mundial, carecen de una cuenta bancaria. Las Bahamas ya ha emitido una moneda digital para abordar las poblaciones económicamente desatendidas. Algunos bancos centrales dicen que esas monedas serían útiles para las familias de trabajadores migrantes que realizan pequeñas transferencias de fondos que son engorrosas y costosas.

En el caso de México no se tiene conocimiento de que el Banco de México esté planeando el lanzamiento de alguna moneda como ciber-peso o peso digital. Sin duda el mayor reto en caso de que lo piensen hacer es la baja tasa de bancarización de los mexicanos, que en agosto de 2020 era del 36.9%, de las tasas más bajas de los grandes países latinoamericanos. En lo personal, dudo mucho que con el actual gobierno federal, su falta de visión y desdén por la tecnología, vaya a prosperar cualquier iniciativa de ciber-peso, además de que se requerirá del visto bueno por parte de los Estados Unidos. Sin embargo, no me cabe duda de que eventualmente tendremos en México una moneda digital, sólo que no con los que actualmente nos gobiernan.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El inminente rebote de las tasas de interés

Después de que el pasado 10 de marzo se aprobó el paquete de apoyo económico de 1.9 billones de dólares en los Estados Unidos, ahora se negocia otro paquete de 3 billones de dólares para infraestructura, educación, desarrollo de la fuerza laboral y lucha contra el cambio climático, con el objetivo de hacer la economía más productiva.  Estos gigantescos estímulos son lo que sustenta buena parte de la recuperación económica de Estados Unidos prevista para este año, de al menos un crecimiento del PIB de 6%; pero paralelamente causan temor por el impacto que tendrán en el consumo y las presiones inflacionarias que nuestro vecino del norte pueda registrar. Esto a su vez provocaría un incremento en sus tasas de interés de corto plazo, con repercusiones en todo el mundo y en México de manera especial.

El presidente del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), Jerome Powell, ha manifestado en diversas ocasiones que no existen tales riesgos inflacionarios en su país y que la FED tiene un compromiso para mantener tasas de interés ultra bajas al menos hasta el 2023. Sin embargo, la especulación de una mayor inflación ha provocado que la tasa de interés de los bonos del Tesoro a plazo de 10 años no deje de aumentar y al momento de escribir estas líneas se ubica en 1.72%.  

Jerome Powell, Presidente de la FED

Por su parte, en China también se está registrando un problema inflacionario por el aumento de los costos de las materias primas y por los graves problemas que enfrentan las cadenas globales de  suministro, lo que está provocando que muchos exportadores chinos aumenten los precios de los productos que venden en el extranjero, lo que incrementa los temores de que aumenten las presiones inflacionarias globales.

De igual forma, en México estamos experimentando un episodio inflacionario, como no se registraba desde mayo de 2019, al registrar una inflación anualizada en la primera quincena de marzo de 2021 de 4.12%. Por su parte, el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP) registró un aumento de 5.88% entre febrero de 2020 y el mismo mes de 2021, su nivel más alto desde diciembre de 2018, y todo indica que el INPP seguirá en aumento dados los incrementos observados en los precios de una infinidad de materias primas y commodities, tales como acero, algodón, poliuretano, madera, y un largo etcétera.

Estas presiones en los niveles de precios, aunado a la volatilidad en el tipo de cambio, que ha llevado este año a la cotización a estar en niveles máximos de 21.454 pesos por dólar el 8 de marzo, después de haber estado en su nivel mínimo de 19.597 pesos por dólar el 20 de enero, es lo que ha ocasionado que el Banco de México concluyera su ciclo de disminuciones en la tasa de interés objetivo.

Dado lo anterior y después de la reunión del jueves 25 de marzo, en la que el Banxico decidió dejar su tasa de interés objetivo en 4.00%, cada vez somos más quienes pensamos que ya no habrá nuevos recortes en dicha tasa en lo que resta del año 2021, aunque aún quedan algunos optimistas que creen que dada la debilidad de la recuperación económica en México y la amplitud de la brecha de producto, que es posible que la tasa objetivo pueda bajar a 3.75%.

En este contexto, el mercado ya se hizo a la idea de que las tasas de interés van a aumentar. Si analizamos lo que ha sucedido con la tasa de los Cetes estas últimas semanas, en especial lo que ocurrió en la subasta del lunes 29 de marzo, queda claro que el mercado está anticipando un alza importante en las tasas de interés en el lapso de un año, siendo éste de casi un punto porcentual. En la subasta del 29 de marzo los Cetes a 29 días subieron 5 centésimas de punto para pagar una tasa anualizada de 4.08%, los Cetes a 92 días aumentaron 10 centésimas de punto para situarse en 4.16%, los Cetes con plazo de 176 días subieron 11 centésimas de punto y ahora pagan 4.33%, mientras que los instrumentos con plazo de 344 días aumentaron su tasa en 25 centésimas de punto y se situaron con una tasa anualizada de 4.70 por ciento.

Cabe señalar que la tasa de interés implícita anualizada que calculamos en GAEAP indica que el mercado está anticipando que los  Cetes a 28 días pagarán 4.18% para dentro de 92 días, 4.42% en 182 días y 4.98% en 344 días.  Esto implica que en este momento el mercado anticipa que el rendimiento de los Cetes a plazo de 28 días estarán 0.90 puntos porcentuales más altos en un año respecto de lo que están ahora.

Desde luego que este escenario puede cambiar conforme se vayan publicando los datos de la evolución de la inflación en México y Estados Unidos, así como los datos de la recuperación económica y la volatilidad del tipo de cambio. Pero no deja de llamar la atención el fuerte incremento de tasas de interés que el mercado está descontando ya que de materializarse tendrá implicaciones negativas para el gobierno, empresas y familias.

Un alza de un punto porcentual en la tasa de interés de los Cetes implica un mayor costo financiero para el gobierno federal. De acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación 2021, se espera que este año el costo financiero de la deuda del sector público federal sea de 724 mil millones de pesos, cifra superior a los 686.09 miles de millones de pesos erogados en 2020 para dicho fin (en el 2020, de cada peso que gastó el sector público federal, destinó 11 centavos a pagar los intereses de la deuda pública).

De acuerdo con las cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el saldo de la deuda total neta del sector público federal ascendió a 12.309 billones de pesos al 28 de febrero de este año (275 mil millones de pesos más que el saldo registrado al 31 de diciembre de 2020), por lo que la tasa de interés promedio de la deuda debe ser cercano al 5.8% y entonces un alza de medio punto porcentual en el costo financiero del gobierno nos costaría unos 60 mil millones de pesos más de intereses adicionales. ¿De dónde va a salir ese dinero para pagar más intereses de la deuda con lo debilitadas que están las finanzas públicas? Evidentemente, de recortar el gasto de otros rubros, tales como la inversión pública en infraestructura, como se ha venido haciendo en los últimos dos años.

El alza en la tasa de interés de los Cetes también ocasionará problemas a la deuda de empresas y familia que tienen créditos contratados con tasa de interés variable. Cualquier alza en la tasa de Cetes ocasionará un incremento en la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), a la cual está  referenciada una infinidad de créditos. El pagar más intereses por los créditos en un contexto de debilidad económica retrasará la recuperación económica.

Dado todo lo anterior, los miembros de la junta de gobierno del Banco de México, así como los funcionarios de la SHCP, deben estar monitoreando muy de cerca lo que suceda en Estados Unidos y sus tasas de interés. Elevar tasas en el contexto actual hará menos probable que se materialice el escenario alegre de la SHCP de crecimiento económico este año de 5.3%. Estoy seguro de que el Banxico tratará de evitar a toda costa subir tasas de interés en México, pero dada la inminente materialización de los riesgos inflacionarios, el mercado ya está apostando en que el incremento en el costo del dinero es inevitable.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Para frenar al monstruo chino

El pasado jueves 18 y viernes 19 de marzo, los Estados Unidos y China sostuvieron conversaciones de alto nivel en la ciudad de Anchorage, Alaska. Estas reuniones terminaron con un tono amargo y  pusieron nuevamente en perspectiva la creciente rivalidad entre ambas naciones, complicando los esfuerzos de las dos potencias para derribar barreras y evitar que las tensiones sigan aumentando.

Las reuniones cubrieron una serie de temas que durante el año pasado llevaron las relaciones entre Estados Unidos y China a su punto más inestable en décadas: la represión de China contra Hong Kong, la represión de los musulmanes en Xinjiang, el control de tecnologías críticas, los reclamos de China contra Taiwán y Japón y en el Mar de China Meridional, entre otros.

En esta entrega me centraré en los aspectos económicos y comerciales, primero presentando los indicadores que dan cuenta de la situación económica de China en el arranque de 2021 y posteriormente abordo la situación que guarda el Acuerdo Comercial de Fase Uno, que fue firmado en enero de 2020 entre Estados Unidos y China.

La evolución de China en el arranque de 2021

Las cifras oficiales muestran que la actividad económica china aumentó fuerte en el comparativo del primer bimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020, cuando dicha nación era azotada por el coronavirus, aunque el panorama se ve ligeramente menos optimista cuando se compara con el desempeño que registraron en el cuarto trimestre de 2020.

Los datos económicos publicados el 15 de marzo por parte de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, mostraron que la producción industrial, el consumo, la inversión y las ventas de viviendas en enero y febrero aumentaron más del 30% con respecto al mismo período del 2020, cuando la economía china estaba cerrada en gran medida para contener el coronavirus. Concretamente, tenemos que la producción industrial en el período enero-febrero aumentó 35.1% respecto al año anterior, mientras que las ventas minoristas (un indicador importante del consumo de China), se expandieron 33.8% durante ese mismo período de tiempo.

Por su parte, los volumen de ventas de viviendas, un indicador de la demanda, se dispararon un 143.5% en los dos primeros meses de 2021 respecto al año anterior; mientras que el valor de la inversión inmobiliaria subió 38.3% en el mismo periodo. Aunado a lo anterior, la inversión en activos fijos aumentó 35.0% durante ese período en comparación con el año anterior.

No obstante este buen desempeño, a varios analistas les preocupa que el desempleo urbano en China,  subió al 5.5% en febrero, desde un 5.4% en enero y 5.2% en diciembre.

Lo que todos estos indicadores indican es que la recuperación económica continúa en la segunda economía más grande del mundo, aunque es evidente que ésta se desaceleró un poco a partir de enero, debido a la imposición de nuevos controles a la movilidad para contener una nueva ola de contagios por el virus. Los sectores más afectados fueron el consumo minorista en los restaurantes y en las tiendas

No obstante lo anterior, derivado de la caída anualizada de 6.8% en el PIB chino en el primer trimestre de 2020, es que se espera que en el primer trimestre de 2021 su PIB crezca en 15% o más. Es importante señalar que la economía china solo cayó el primer trimestre de 2020, ya que en el segundo trimestre creció 3.2%, en el tercero lo hizo en 4.9%, mientras que en el cuarto aumentó 6.5%.

Para todo el año 2021, el gobierno chino se ha fijado una meta de crecimiento del PIB relativamente modesta para sus estándares,  siendo ésta de 6% o más. Esto les da oportunidad para ir dejando paulatinamente los estímulos fiscales y así comenzar a controlar el crecimiento de su deuda. Muchos economistas dicen que la economía de China podría crecer un 8% o más en 2021, incluso con políticas fiscales y monetarias más restrictivas.

¿En qué se ha fincado la recuperación de China? Desde que los principales indicadores económicos de China se desplomaron a tasa de doble dígito en el primer trimestre del año pasado, la economía se ha recuperado en gran medida, liderada por la manufactura y las exportaciones. A partir de 2021, la producción de las fábricas de China ha sido impulsada por una fuerte demanda externa y políticas gubernamentales que alentaron a los trabajadores a permanecer en sus lugares de trabajo en lugar de irse a sus casas para la celebración del Año Nuevo Lunar. Esas políticas tuvieron el doble efecto de contener las infecciones e impulsar la producción.

Los conflictos comerciales con Estados Unidos continuarán  

El éxito económico de China y la llegada del presidente Joe Biden en los Estados Unidos no han relajado en lo más mínimo el estado de cuasi guerra fría que libran ambas naciones. Esto es evidente por las declaraciones públicas de varios altos mandos de la Administración Biden que indican que el Acuerdo Comercial de Fase Uno (firmado en enero de 2020 en la Administración Trump) no será abandonado. A  menos de que el comportamiento de Beijing cambie considerablemente, el enfoque de la Administración Biden para el comercio con China no será muy diferente al de la pasada administración.

De acuerdo con un análisis de Mervyn Piesse, Gerente de investigación del Programa de investigación de crisis mundial de alimentos y agua de Future Ditrections International, se destacan los siguientes puntos clave de lo que podemos esperar de la relación entre Estados Unidos y China:

1. Es poco probable que el enfoque comercial de la Administración Biden con China sea significativamente diferente al de su predecesor. Parece que continuarán los aranceles punitivos y otras medidas que buscan fomentar el cambio sistémico dentro de China.

2. Si bien el acuerdo comercial de la Fase Uno entre Estados Unidos y China está bajo revisión, es poco probable que la Administración Biden lo altere significativamente.

3. No se espera que China cumpla con los objetivos de importación de mercancías estadounidenses establecidos en el acuerdo comercial, pero los funcionarios estadounidenses parecen estar satisfechos con el progreso que Beijing ha logrado en otros puntos del acuerdo.

4. Las declaraciones de varios altos funcionarios de la Administración Biden también sugieren que es probable que el proceso de desvinculación económica de China continúe de alguna forma.

A continuación se explican algunos detalles de estos puntos:

Como antecedente tenemos que el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició una guerra comercial contra China el 6 de julio de 2018, al imponer un arancel del 25% a productos chinos con un valor de 34 mil millones de dólares (mmdd). Este fue el primero grupo de una serie de aranceles punitivos que se fueron imponiendo. En 2019, la administración estadounidense aumentó los aranceles sobre prácticamente todas las importaciones de China.

En enero de 2020, China y Estados Unidos firmaron el Acuerdo Comercial de Fase Uno, y China acordó comprar al menos 200 mmdd más en productos y servicios estadounidenses que en 2017 durante el período de dos años 2020-21. Trump en su momento calificó el acuerdo como «un paso importante…hacia un futuro comercial justo y recíproco con China».

Según el gobierno chino, China estaba dispuesta a cumplir con sus obligaciones. Pero evidentemente la pandemia de Covid-19 y el cierre de actividades productivas, evitó que los exportadores estadounidenses pudieran suministrar a China suficientes bienes y servicios. Según las aduanas de China, las importaciones totales de bienes y servicios estadounidenses del país en 2020 ascendieron a 94 mmdd, más del 40 por ciento por debajo del objetivo. La cifra de compras por parte de China era aproximadamente la misma que en 2017, es decir, antes de que Trump desencadenara la guerra comercial.

La mayor parte del déficit estaba en la manufactura, que representó el 70% de los bienes del Acuerdo Comercial  de Fase Uno. Las exportaciones estadounidenses a China en esta categoría se acordaron en 99 mmdd. Sin embargo, el valor real de las exportaciones estadounidenses fue de solo 57 mmdd en 2020, incluso más bajo que el año anterior. El suministro de recursos energéticos avanzó a un ritmo lento, totalizando solo 10 mmdd contra los 26 mmdd previstos. Y la exportación de productos agrícolas estadounidenses, que fue demasiado sensible para Trump, fue la más cercana de cumplir su objetivo al sumar 27 mmdd, ligeramente por debajo de los 33 mmdd acordados.

Cabe señalar que los compromisos de compra antes mencionados son solo un elemento del acuerdo comercial y, si bien son su componente principal, otros elementos se han implementado con mayor éxito. En junio de 2020, por ejemplo, Beijing había completado 50 de los 57 cambios estructurales que acordó realizar para mejorar el acceso a su mercado para los exportadores estadounidenses. Robert Lighthizer, el Representante Comercial de la Administración Trump, declaró en su momento que Beijing ha hecho un «trabajo razonablemente bueno» en la implementación de partes del acuerdo y que la Administración Biden debería continuar en su implementación.  

Según los términos del acuerdo, Beijing acordó realizar reformas estructurales a su régimen económico y comercial en las áreas de propiedad intelectual, transferencia de tecnología, acceso al mercado agrícola, servicios financieros y de divisas, así como en el tipo de cambio.  El Secretario de Agricultura de Estadcos Unidos, Tom Vilsack afirmó que China ha realizado reformas significativas a sus normas sanitarias y fitosanitarias, lo que ha aumentado el acceso de Estados Unidos a partes clave del mercado chino. Sin embargo, también sugirió que China no ha adoptado completamente las reformas a las que se comprometió en virtud del acuerdo. Si no logra más avances en el segundo año del acuerdo, entonces sugiere que Estados Unidos deberá entablar más negociaciones con Beijing para encontrar medidas de reforma alternativas. Los líderes comerciales republicanos están alentando a la Administración Biden a presionar a China para que cumpla plenamente con el Acuerdo Comercial de la Fase Uno y comience las negociaciones en la segunda fase.

La Agenda de Política Comercial de la Administración Biden recientemente publicada, no es diferente a la de la Administración Trump. Reconoce que las prácticas comerciales coercitivas e injustas de China dañan a los trabajadores estadounidenses, amenazan su ventaja tecnológica, debilitan la capacidad de recuperación de su cadena de suministro y socavan sus intereses nacionales. Abordar el desafío de China requerirá una estrategia integral y un enfoque más sistemático que el enfoque fragmentado del pasado reciente.

La agenda considera que el programa de trabajo forzoso en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang es particularmente perjudicial para el trabajo estadounidense y los valores liberales universales. Es por ello que se espera que la Administración Biden continúe presionando a Beijing para que promulgue reformas económicas y sociales que beneficien a los trabajadores estadounidenses y defiendan los valores estadounidenses.

Conclusiones

El análisis en retrospectiva muestra que los esfuerzos de la Administración Trump para cambiar las prácticas económicas chinas a favor de Estados Unidos fracasaron en gran medida. A finales de 2020, por ejemplo, los inversores estadounidenses seguían teniendo 1.1 billones de dólares en acciones emitidas por empresas chinas, lo que sugiere que el proceso de disociación económica ha sido lento. China también se convirtió en el mayor receptor de inversión extranjera en 2020, superando a Estados Unidos por primera vez. El déficit comercial de Estados Unidos con China al final del mandato de Trump en el cargo es aproximadamente igual al que tenía al final del mandato de Obama. Los consumidores estadounidenses de todo el espectro político, sin embargo, han indicado que están dispuestos a pagar más por productos fabricados en EE.UU. si ello conduce a una menor dependencia de la fabricación china. Ya veremos si ese deseo se reflejará en la relación comercial y de inversión entre los dos países.

Todo parece indicar que Estados Unidos seguirá esforzándose por evitar que China adquiera una mayor relevancia económica mundial, a la luz de las herramientas que utiliza para lograr su objetivo de expansión, como lo son las prácticas desleales de comercio, el robo de propiedad intelectual, la utilización de trabajo forzoso, entre otros. En este sentido, el propio Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, se ha referido a China como el desafío más importante para el sistema internacional estable y abierto. Ha señalado que EE.UU. necesitaría «utilizar todas las herramientas para evitar que los países roben nuestra propiedad intelectual o manipulen sus monedas para obtener una ventaja injusta».

Finalmente, es de esperarse que la Administración Biden busque trabajar en conjunto con sus aliados, en lugar de seguir el enfoque de «Estados Unidos Primero» de la Administración Trump. Esto queda claro en el documento de Orientación Estratégica de Seguridad Nacional Provisional, publicado recientemente, el cual establece “Nuestras alianzas democráticas nos permiten presentar un frente común, producir una visión unificada y unir nuestras fuerzas para promover altos estándares, establecer reglas internacionales efectivas y hacer que países como China rindan cuentas”.

Es probable que la Administración Biden continúe presionando a China para que se adhiera a la reforma económica y política y tampoco abandonarán el Acuerdo Comercial de Fase Uno. Queda claro pues que el enfoque de la administración Biden con respecto a la relación comercial con China no es ni será significativamente diferente al de la administración anterior.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El impacto causado por la expansión monetaria en México

Desde hace muchos años, desde tiempos de los Mercantilistas (Siglos XVI al XVIII), se ha analizado el  impacto que tiene la cantidad de dinero en circulación en el crecimiento económico y en el nivel de  precios. La teoría cuantitativa del dinero, que estipula que M*V = P*Q (donde M es la cantidad de dinero, V la velocidad de circulación del dinero, P el nivel de precios y Q el nivel de producción) data de 1556 y desde entonces se ha señalado que dado que la velocidad del dinero y el nivel de producción son relativamente fijos en el corto plazo, cualquier incremento en la cantidad de dinero (M) se traducirá en un aumento del nivel de precios (P).

Teniendo esto en mente, es pertinente hacer mención de la enorme expansión monetaria que ha registrado Estados Unidos en lo que va del siglo XXI. De acuerdo con los Datos Económicos del Banco de la Reserva Federal (FRED por sus siglas en inglés), el agregado monetario M1 de Estados Unidos pasó de 1.095 billones de dólares en enero de 2001 a 18.059 billones en enero de 2021, lo que representa un incremento de 1,549.2%. Por su parte, el agregado monetario M2 de dicho país pasó de 4.971 billones de dólares en enero de 2001 a 19.350 billones de dólares en enero de 2021, lo que representa un aumento de 289.2% en términos nominales.

Cabe señalar que M1 es el agregado monetario compuesto por instrumentos altamente líquidos en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero (incluye billetes y monedas emitidos por el banco central, así como depósitos de exigibilidad inmediata en bancos y entidades de ahorro y crédito popular). Por su parte, el agregado monetario M2 está integrado por el M1 más los instrumentos monetarios a plazo en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero (incluye la captación con un plazo residual de hasta 5 años en bancos, entidades de ahorro y crédito popular, y uniones de crédito; las acciones de los fondos de inversión de deuda; y los acreedores por reporto de valores).

El enorme incremento de la cantidad de dólares en circulación (medido a través de M2) en nuestro vecino del norte, si bien no ha causado problemas inflacionarios, si ha provocado un enorme incremento en los precios de diversos activos como los precios de acciones, viviendas, criptomonedas, obras de arte, entre muchas más. En el 2020, pese a que el PIB de Estados Unidos cayó -3.5%, derivado de que su M2 creció en 23.62%, es que vimos que el precio del Bitcoin subió 301%, el índice Nasdaq 100 aumentó 48.6%, los commodities aumentaron 13.8%, etc. El fuerte incremento nominal en la cantidad de dólares en circulación ha llevado a los más temerarios, como Michael Burry (les sugiero ver la  película “La Gran Apuesta”) a afirmar que los Estados Unidos se aproximan a un eventual colapso del dólar porque tendrán un episodio de hiperinflación similar al de la Alemania de Weimar (1921-1923).

Para los más moderados, el fuerte aumento de la cantidad de dólares en circulación no es un asunto que represente mayor problema, ya que en buena medida se explica por el hecho de que el dólar estadounidense es la moneda más utilizada para el comercio internacional, y es por ello que en la medida en que ha aumentado el volumen y valor del comercio mundial, pues debe crecer también la cantidad de dólares en circulación. Para ellos, mientras la inflación siga estando baja (en febrero de 2021 fue de 1.7% anualizada) y haya capacidad instalada ociosa, difícilmente habrá un escenario en el que la inflación se salga de control. Sin embargo, no deja de llamar la atención que las expectativas de inflación a un año de los consumidores siguen estando por encima del 3.0%, concretamente en 3.1%.

Con todo esto en mente, en esta entrega analizamos cuál ha sido la evolución de los componentes monetarios M1 y M2 en México y veremos si es sólo Estados Unidos quien ha emprendido una política de aumento desmedido de la oferta monetaria en lo que va del Siglo XXI.

De acuerdo con cifras del Banco de México, el agregado monetario M1 pasó de 524.8 miles de millones de pesos (mmdp) corrientes en enero de 2001 a 5.588 billones de pesos en enero de 2021, lo que implica un incremento nominal de 964.9% (esto implica una tasa de crecimiento promedio anual de 12.6%); por su parte, el agregado monetario M2 pasó de 1.776 billones de pesos en enero de 2001 a 10.444 billones de pesos en enero de 2021, lo que implica un incremento nominal de 488.0% (tasa de crecimiento promedio anual de 9.3%).

Estos datos dejan en claro que en relación a M1 el crecimiento registrado por el peso mexicano ha sido inferior al observado por el dólar estadounidense, pero al analizar lo sucedido con el agregado monetario M2, vemos que el incremento observado por el peso mexicano es considerablemente mayor al registrado por el dólar de EE.UU. Esto llama poderosamente la atención, ¿cómo es que México ha aumentado más su agregado monetario M2 que Estados Unidos si el peso mexicano no es una moneda de reserva ni es utilizada para las operaciones de comercio exterior?

Habiendo dicho lo anterior, ahora es pertinente preguntarse qué pasó con el PIB y el nivel de precios en nuestro país en el periodo de 2001 a 2021. Vemos que el PIB nominal pasó de 6.972 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2001 a uno de unos 24.706 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2021 (este último dato es el pronóstico de GAEAP). Esto implica que sin tomar en cuenta la inflación (es decir, analizando el PIB en pesos corrientes), el valor de la producción de bienes y servicios en México habría crecido aproximadamente 254.3% entre 2001 y 2021.

Esto mientras que el PIB real, o ajustado por inflación, sólo habría crecido aproximadamente 36.63% en los 20 años de 2001 a 2021, cifra equivalente a una tasa de crecimiento anual promedio de apenas 1.57%. De lo anterior se infiere que el mayor impacto de la expansión monetaria no fue en la tasa de crecimiento de la producción real, sino en la inflación, tanto de bienes como de activos (como los precios de las acciones). De hecho el crecimiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) entre enero de 2001 y el mismo mes de 2021 fue de 126.9%, lo que implica una tasa promedio de inflación en el periodo de 4.18%, tasa muy superior a la del crecimiento del PIB real en el periodo, de apenas 1.57%.

Otro aspecto relevante de la discusión del impacto de la cantidad de dinero en circulación es su efecto en las tasas de interés. Los datos sugieren que el nivel de la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) a plazo de 28 días se mueve más en función de lo que pasa con el INPC (el coeficiente de correlación entre la tasa de inflación y el nivel de la TIIE a 28 días es de 0.63 para el periodo de enero de 2001 a enero de 2021) que con respecto a lo que ocurre con M2. Los datos del Banxico nos permiten identificar siete periodos de baja y alza en las tasas de interés en los últimos 20 años: 1. De enero de 2001 a julio de 2003, cuando la TIIE bajo de 18.12% a 4.97% (duración de 30 meses); 2. De julio de 2003 a abril de 2005, cuando la TIIE subió de 4.97% a 10.12% (21 meses); 3. De abril de 2005 a julio de 2006, cuando la TIIE bajó de 10.12% a 7.30% (15 meses); 4. De julio de 2006 a noviembre de 2008, cuando la TIIE subió de 7.30% a 8.74% (28 meses); 5. De noviembre de 2008 a agosto de 2014 cuando la TIIE bajó de bajó de 8.74% a 3.29% (69 meses); 6. De agosto de 2014 a enero de 2019 cuando la TIIE subió de 3.29% a 8.56% (53 meses); y 7. De enero de 2019 al actual febrero de 2021, cuando la TIIE bajó de 8.56% a 4.36% (24 meses).

Si analizamos la tasa de crecimiento nominal del agregado monetario en cada uno de estos periodos y lo comparamos con el nivel de la TIIE a 28 días vemos que el coeficiente de correlación es de -0.46, lo que confirma que el incremento de la cantidad de dinero en circulación está asociado a movimientos en la TIIE a 28 días. Esto puede sonar como una obviedad, pero es una conclusión relevante porque confirma que la TIIE se mueve en función de dos elementos: la evolución de los precios y de lo que sucede con el agregado monetario M2. Los datos muestran, por ejemplo que en el periodo de abril de 2005 a julio de 2006 la TIIE bajó de 10.12% a 7.30% y en ese periodo M2 aumentó 1.31% mensual, en contraste con el periodo de agosto de 2014 a enero de 2019 cuando la TIIE subió de 3.29% a 8.56%, M2 sólo creció 0.66% mensual en promedio.

La conclusión de todo esto es que México también ha tenido una importante expansión de sus agregados monetarios M1 y M2, pero con escaso impacto en el nivel de producción. Por el contrario, parece que el excesivo crecimiento de la cantidad de dinero en circulación sirve para tres cosas: 1. Alimentar una creciente economía informal; 2. Perpetuar un problema inflacionario, que además nos ocasiona una depreciación crónica del peso frente al dólar; 3. Mantener en constante aumento el precio de diversos activos como precios de acciones y de viviendas.

Si nos centramos en el aspecto de inflación de precios, la realidad es que el desempeño del Banco de México, con todo y su autonomía, en cuanto a mantener una inflación a raya no siempre ha sido el mejor (¿O le aplaudimos al Banxico por ese 126.9% de inflación en los últimos 20 años?). Es verdad que el gobierno federal no le ha ayudado con los gasolinazos y porque subsisten múltiples problemas estructurales que causan alzas de precios, pero no podemos dejar de señalar que llama mucho la atención que mientras que el agregado monetario M2 creció en los últimos 20 años en EE.UU. en 289.2%, en México se disparó  488.0%. Allá la expansión monetaria si es noticia, en México no lo es.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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La debilidad de la demanda agregada de México: Consumo e Inversión

En la semana que recién concluye el Banco de México se sumó al grupo de analistas que han revisado al alza sus expectativas de crecimiento para la economía mexicana en 2021 y 2022. En su Informe Trimestral correspondiente al cuarto trimestre de 2020, el banco central menciona que sus previsiones de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2021 (para el escenario central) se revisan al alza de 3.3% en el informe previo a 4.8% en el actual, en tanto que la expectativa de crecimiento para 2022 se ajusta de 2.6% a 3.3% en la misma comparación.

Si bien es positivo que se ajusten al alza la expectativa de crecimiento, habrá que trabajar para que ésta se materialice. Hemos comentado en las pasadas entregas que el único motor de crecimiento económico que tiene México encendido en este momento es el de las exportaciones, mismas que en enero de 2021 se encontraban sólo 2.6% por debajo de su nivel de enero de 2020 (pero que en diciembre de 2020 ya estaban 11.5% por encima del nivel observado en diciembre de 2019).

Al analizar los otros componentes de la demanda agregada, tenemos que el INEGI publicó las cifras del Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior (IMCPMI), así como las de la Inversión fija bruta (IFB) correspondientes al mes de diciembre de 2020, y éstas evidencian que aunque el PIB cayó apenas -4.3% en el cuarto trimestre de 2020 y  que el IGAE se contrajo sólo -2.68% en diciembre de dicho año, la economía sigue enfrentando importantes retos para su recuperación en el periodo de 2021 a 2024.

Más allá de las exportaciones, que van bastante bien; lo que suceda al consumo privado y a la inversión fija es relevante porque a nivel macroeconómico, la demanda agregada de un país está conformada por la suma del consumo privado, la inversión física empresarial, el gasto del gobierno y las diferencia de exportaciones menos importaciones. En esta entrega damos cuenta de la evolución de consumo privado e inversión fija al cierre de 2020.

Consumo privado

El componente consumo privado es el principal componente de la demanda agregada y muestra de ellos es que en los primeros tres trimestres de 2020 éste representó el 63.7%. Aunado a lo anterior, el consumo es importante porque el nivel de éste es quizás el principal elemento que denota el bienestar de una población. Es de suponerse que una sociedad que tiene mayores niveles de consumo vive mejor a una en la que los niveles de consumo son menores. Es por ello que resulta una verdadera desgracia el darnos cuenta de que en  el comparativo del 2020 respecto de 2019, el IMCPMI disminuyó -11.0%. Este nivel de caída hace palidecer las disminuciones observadas en el consumo en las anteriores crisis económicas que ha vivido México (por ejemplo, en 1995 el consumo cayó -4.8% y en 2009 se redujo -6.0%).

La caída de -11.0% en el IMCPMI es producto de que en 2020 el consumo de bienes y servicios nacionales se contrajo -10.5%, mientras que el de bienes importados cayó -15.1%. Analizando a detalle la caída de -10.5% en el consumo de bienes y servicios nacionales, vemos que en 2020 la caída en el consumo de bienes fue de -6.6%, mientras que la disminución en el consumo de servicios fue de -14.1%. Profundizando en lo que sucedió con el consumo nacional de bienes, vemos que la caída de -6.6% se debió a que el consumo de bienes duraderos (refrigeradores, estufas, muebles, etc.) cayó -15.2%, el consumo de bienes semiduraderos (calzado, ropa) se desplomó -26.1%, mientras que el consumo de bienes no duraderos (alimentos) cayó -1.6%.

La fuerte disminución en el consumo de bienes semiduraderos explica la severa crisis que enfrentaron en 2020 las industrias del cuero-calzado y del vestido, mismas que disminuyeron el valor de su producción en dicho año en -29.1% y -33.7% respectivamente.

Inversión Fija Bruta

El componente de la demanda agregada más golpeado en los últimos años es el de la inversión fija bruta. Este es un asunto que preocupa por su doble efecto negativo. Primero, porque implica un menor gasto en general en la economía (hay menos gente produciendo maquinaria y equipo y por lo tanto se llevan menos ingresos a sus hogares), y segundo, porque significa que se limitan las posibilidades de producción futura por parte de México (si no se producen o importan suficientes máquinas nuevas, no hay forma de aumentar la producción y la productividad de la mano de obra en los próximos años).

En 2020 la inversión fija bruta en México disminuyó -18.2%, la mayor caída desde que se mantiene registro estadístico, y es un resultado que se suma al mal desempeño de este indicador en los últimos cuatro años. En 2019 la inversión fija cayó -4.6% en términos reales, en 2018 ésta había crecido apenas 0.9% después de que en 2017 había disminuido -1.2%.

La caída de -18.2% en la inversión fija bruta en 2020 se debe a que la construcción se contrajo -17.4%, mientras que la inversión  en maquinaria y equipo disminuyó -19.3%. En relación a la construcción, la residencial disminuyó -15.0%, mientras que la no residencial se contrajo -19.7% el año pasado. En cuanto a la inversión en maquinaria y equipo (incluye equipo de transporte), en 2020 la de origen nacional bajó -23.5%, mientras que la de origen importado disminuyó -16.4%. Preocupa de manera especial que la inversión en maquinaria, equipo y otros bienes de origen nacional presenta una caída de -15.9%, mientras que la maquinaria,  equipo y otros bines de origen importado se contrajo -13.1%. 

Es verdad que en el comparativo de diciembre de 2019 al mismo mes de 2020 ya se observa una mejoría en el sentido de que las tasas de disminución se han moderado, pero las caídas siguen siendo fuertes. En diciembre de 2020 la inversión fija bruta total presenta un nivel 11.5% por debajo del de hace un año, producto de que la construcción presenta una caída de -14.1%, mientras que la maquinaria y equipo (incluye equipo de transporte) observa un retroceso de -12.3%.

Todo esto es muy preocupante porque sin una adecuada cantidad de inversión física, se limitan las posibilidades de crecimiento económico y de recuperación de los niveles de ingreso de la población ocupada. La teoría económica deja en claro que la única manera en que se puede mejorar el nivel de ingresos del personal ocupado sin generar presiones inflacionarias es a través de los aumentos en la productividad de la mano de obra (aumentar producción con los mismos insumos). Una de las principales maneras para aumentar dicha productividad es a través de la adquisición de más y mejores máquinas para que las personas puedan hacer mejor su trabajo. Lo que hemos visto en México es un gran retroceso en los últimos siete años ya que el nivel de inversión de 2020 estuvo 11.2% por debajo del observado en 2013, y con este ritmo tan bajo de reposición de capital el resultado neto es un proceso de destrucción de capital.

Conclusiones

Los niveles tan bajos de consumo privado y de inversión productiva en México son un serio limitante para el crecimiento de la economía nacional; por lo que insisto en que el único motor sólido de crecimiento que tiene nuestro país es el de las exportaciones. Nuevamente tenemos puesto nuestro futuro económico en la suerte de los Estados Unidos, que con el estímulo económico de 1.9 billones de dólares recién aprobado por el Senado, seguro nos dará un fuerte impulso (además de que la reciente depreciación de nuestra moneda a niveles por encima de los 21.30 pesos por dólar, producto del aumento en las tasas de interés de largo plazo en EE.UU. también nos dan un impulso).

Respecto a la inversión productiva quisiera agregar que la perspectiva es de que ésta se mantendrá muy débil producto del clima de incertidumbre que ha creado el gobierno federal. Hay inversionistas extranjeros que se lo están pensando dos veces antes de poner sus plantas en México y están optando por naciones como Colombia. Otros que están en México, están considerando mudarse a otras ubicaciones.

En este contexto, se deben destacar iniciativas, como las de los estados que integran la Alianza Federalista, que tienen el propósito de generar confianza y dar a conocer las bondades que tiene México para la atracción de inversión extranjera a través de la plataforma tecnológica http://investinmx.com/. Esta plataforma promoverá las virtudes de México y particularmente de las entidades que conforman la Alianza, buscando el desarrollo regional en sectores estratégicos para lograr inversiones de mayor valor agregado.

Finalmente, pues no nos queda más que seguir trabajando para que en contexto de bajos niveles de consumo y de inversión productiva, podamos encontrar los nichos de mercado nacional que nos permitan aumentar el empleo y producción.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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El riesgo inflacionario de Estados Unidos

Hemos entrado a un nuevo episodio de volatilidad y muestra de ello es que este año el tipo de cambio pasó de un mínimo de 19.597 pesos por dólar el 20 de enero a uno de 20.804 pesos por dólar el 25 de febrero, lo que implica un aumento de 6.15% en un periodo de 46 días. Esta volatilidad es causada por diversos factores, tanto internos como externos. En el flanco interno, la aprobación de las modificaciones a la Ley de Energía Eléctrica por parte de la Cámara de Diputados confirman que México ha dejado de ser un país confiable, ya que puede llegar un nuevo gobierno y desconocer los compromisos con inversionistas y otras naciones, modificando el marco normativo sin ninguna consideración de tipo económico o ambiental.

Por el lado externo, la volatilidad se debe principalmente al creciente temor de que el excesivo incremento en la oferta monetaria de Estados Unidos y su impacto en la recuperación económica, podría generar un impacto inflacionario considerable en aquella nación (en los precios al consumidor), lo que provocaría que las históricamente bajas tasas de interés tengan que elevarse, lo que a su vez tendría repercusiones importantes en las finanzas de hogares, empresas, bancos y gobierno.

En esta entrega me voy a centrar específicamente en lo que está sucediendo en los Estados Unidos, aunque no deja de ser relevante la manera como el actual gobierno federal hace añicos la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros.

Quiero comenzar haciendo alusión del newsletter de CNN Business Nightcap enviada el martes 23 de febrero, en la que se plantea en aparente tono de broma que el  mercado de valores de Estados Unidos está todo revuelto (en mal estado) y que nadie sabe nada. Resulta que los precios de las acciones se dispararon durante los meses previos en parte porque Wall Street esperaba que el estímulo económico podría ayudar a impulsar la economía, impulsado por un aumento masivo en el gasto del consumidor. Y ahora resulta que los precios de las acciones comienzan a caer exactamente por la misma causa: en parte porque Wall Street espera que el estímulo económico ayude a impulsar la economía, liderado por un aumento masivo del gasto de los consumidores.

¿Estas confundido? Lo que sucede es que ahora los inversionistas están cada vez más preocupados de que el paquete de estímulo económico a punto de ser aprobado por el Congreso de Estados Unidos (de 1.9 billones de dólares que incluye cheques de $1,400 dólares a los contribuyentes de menores ingresos) se traduzca en un aumento en el gasto de los consumidores y eso haga que los precios de mercancías se disparen, lo que a su vez perjudicaría a la economía porque subirían las tasas de interés y eso encarecería los pagos de las deudas, además de reducir las ganancias corporativas.

Y es que se debe mencionar que las grandes sumas de estímulo monetario que ha inyectado el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) desde que inició la pandemia del Covid-19, hasta ahora sólo se habían traducido en una burbuja financiera con inflación en los precios de muchos tipos de activos, tales como acciones. Esa es la razón por la que en 2020 el PIB  de Estados Unidos cayó -3.5% y paralelamente el Índice Dow Jones subió 7.2%, mientras que el S&P 500 aumentó 16.25% y el Nasdaq hizo lo propio en 43.6%. Evidentemente la racha alcista se prolongó hasta el 12 de febrero de 2021, fecha a partir de la cual comenzaron algunos tropiezos.

Oferta monetaria (M2) de Estados Unidos

Cabe señalar que la expansión monetaria de Estados Unidos es parte de la explicación del porque algunas monedas, como el peso mexicano, se habían mantenido relativamente fuertes frente al dólar a pesar de todas las complicaciones económicas derivadas del Covid-19. Para ilustrar este punto tenemos que el tipo de cambio promedio en diciembre de 2019 fue de 19.118 pesos por dólar, mientras que en diciembre de 2020 fue de 19.956 pesos por billete verde. Gracias al exceso de dólares en circulación el peso recuperó casi todas sus pérdidas después de haber estado en un promedio de 24.231 pesos por dólar en abril de 2020.

Habiendo dicho lo anterior, me parece que es momento de explicar el tamaño de la burbuja financiera de Estados Unidos.  En un artículo de John Rubino, publicado en el portal de Tyler Durden el 10 de febrero de 2021, y titulado “¿Es esta la burbuja financiera más grande de la historia? ¡Demonios, sí lo es!”, se hace una relatoría del gran problema financiero en el que se ha metido nuestro vecino del norte.

El artículo comienza mencionando que si uno tiene más de 40 años, nos ha tocado vivir al menos tres burbujas financieras épicas: bonos basura en la década de 1980, acciones tecnológicas en la década de 1990 y vivienda en la década de 2000. Cada una fue espectacular a su manera, y cuando cada una de ellas estalló, amenazaba con derribar todo el sistema financiero. No obstante lo anterior, todas palidecen en comparación con lo que está sucediendo hoy. Y es que esas burbujas pasadas fueron específicas de un sector, es decir, la manía y la carnicería resultante ocurrieron principalmente dentro de una clase de activos. La burbuja de hoy se extiende por, bueno, casi todo, de ahí el término «burbuja de todo«.

El artículo de Rubino explica que la mayoría de las burbujas comienzan cuando una afluencia de efectivo externo hace subir drásticamente el precio de algo. Esto captura la imaginación del público inversionista en general y el proceso cobra vida propia, culminando en una “orgía de malas decisiones” y, finalmente, en la aniquilación de las fortunas fáciles que se hicieron en el camino.

Entonces, para entender la burbuja de todo, comencemos por el principio explicando esa afluencia de dinero externo. Esta vez proviene de la Reserva Federal en lo que solo puede describirse como la madre de todas las impresiones monetarias. Con el fin de darle liquidez al sistema financiero (tras la crisis inmobiliaria de 2008-2009 y en medio de la peor crisis económica post Segunda Guerra Mundial por el Covid-19), es que la Fed, a través de la compra de activos financieros de todo tipo, ha incrementado su oferta monetaria o la cantidad de dinero en circulación (su hoja de balance). El  agregado monetario M2, una medida medio-amplia de la oferta monetaria de EE.UU. se ha más que triplicado en lo que va de siglo, y últimamente la tendencia se ha vuelto casi vertical, aumentando en casi un tercio tan solo el año pasado.

La anatomía de una burbuja

Todo este dinero adicional tiene que ir a algún lado, y no es sorpresa que éste está fluyendo en muchas direcciones diferentes. Entre los principales receptores están:

a. Renta fija. Los mercados de bonos y dinero, compuestos por instrumentos que pagan intereses, son en conjunto mucho más grandes que los mercados de valores del mundo. Y han estado en auge, en la medida en que las tasas de interés han caído de manera constante durante cuatro décadas consecutivas. Dado que los precios de los bonos se mueven en sentido opuesto a los rendimientos que pagan, se entiende que el dinero que fluye al mercado de bonos eleva sus precios y por lo tanto disminuye el rendimiento que éstos pagan (el interés de un bono se calcula como la tasa implícita entre el precio del bono y su valor al vencimiento). Se ha visto un mercado alcista épico en el precio de los bonos, que ha ganado fuerza en el último año a medida que la creación masiva de dinero ha obligado a los inversionistas de renta fija (que tienen que invertir el nuevo efectivo de alguna manera) a comprar bonos independientemente de su rendimiento. Las tasas de interés actuales no son bajas sólo para los estándares modernos, de hecho son las más bajas en la historia de la humanidad (este argumento refuerza que la burbuja actual es la más grande de la historia).

La tasa de interés de los bonos a 10 años han tenido un repunte

b. Acciones.  Las burbujas más obvias ocurren en los precios de las acciones, porque lo que ocurre en «el mercado» obtiene la mayor exposición tanto a través de los medios de comunicación financieros como en la mente de los inversionistas. Y después de un largo y lento proceso para salir de las profundidades de la Gran Recesión (crisis de 2008 – 2009), en los últimos dos años los precios de las acciones estadounidenses han superado todos los récords de valoración anteriores. Y es verdad, el mercado bursátil de Estados Unidos es ahora una burbuja más grande que las de 1929 y 1999, y sigue siendo fuerte.

Prácticamente cualquier indicador popular de valoración de acciones respalda esta afirmación, pero el más dramático es probablemente el “Indicador Buffet”, llamado así porque el legendario inversionista Warren Buffet, quien lo usa para decidir cómo asignar sus miles de millones. Este indicador es fácil de entender: hay que graficar el valor de capitalización agregado del mercado de todas las acciones de EE.UU. en función del PIB y listo. Cuando las acciones son bajas en comparación con el PIB, implica que están subestimadas o subvaluadas; cuando es alto el valor en comparación con el PIB, entonces están sobrevaloradas. Hoy resulta que los precios de las acciones son más altos que nunca, incluso justo antes de que iniciara el ciclo bajista de las últimas dos crisis (la punto com y la inmobiliaria).

Evolución del precio de las acciones de Tesla

¿Quieres otros indicadores burbujeantes? Aquí los tienes: en este momento, hay más empresas cuyo valor de capitalización es más de 10 veces superior su valor de ventas comparado con 1999, cuando estaba el apogeo de la burbuja de las empresas punto com. Mientras que el número de empresas «zombis», es decir, aquellas que tienen que pedir prestado para cubrir el servicio de su deuda existente y colapsarán si se les corta el crédito nuevo, nunca había sido tan alto.

Indicador Buffet para determinar si una acción está sobre valuada o subvaluada

c. Bienes inmuebles.  Éste es una sorpresa porque fue el epicentro de la última burbuja, y muy pocas veces una clase de activo se reinfla tan rápidamente. Pero bueno, todo ese dinero adicional en circulación tiene que ir a alguna parte, y las casas son la consecución del sueño americano. En los últimos dos años, los precios de las viviendas en muchos lugares han superado los máximos de la burbuja de 2006 y ahora se están acelerando.

Evolución de los precios de casas en Estados Unidos

d. Criptomonedas – ¿las punto-com de esta generación? Las criptomonedas no estaban presentes en las burbujas anteriores, por lo que aún no se conoce su papel en lo que viene. Lo que está claro es que se están comportando como las acciones en la burbuja de las punto com de la década de 1990, con bitcoin (piense en Amazon.com) elevándose de manera parabólica aunque errática… Y cientos de monedas menores con una amplia variedad de perspectivas de futuro (piense en eBay, AOL, Pets.com) que también se disparan alimentadas por un torrente de combustible para cohetes en la forma de moneda fiduciaria.

El explosivo precio del Bitcoin

La conclusión: incluso si las criptomonedas terminan dominando algún sistema monetario futuro, la forma de sus arcos parabólicos de hoy gritan «¡burbuja!»

Desde luego que hay muchos más activos, cuyos precios presentan un comportamiento que denota la formación de una gran burbuja, mismos que no incluyo en el artículo por cuestiones de espacio.

Lo que si quiero abordar a continuación es el artículo de Michael Burry, del pasado 22 de febrero y en el que advierte que un periodo de Hiperinflación, estilo la Alemania de Weimar, se acerca. Desde mi punto de vista la aseveración de Burry es exagerada en el momento actual, sin embargo, es pertinente destacar varios de los puntos que él menciona.

La nota comienza señalando que la semana anterior, el Bank of America (BofA) había insinuado lo impensable: que el tsunami de estímulos monetarios y fiscales de 2020 más los que vienen, aunado al esperado aumento de la velocidad monetaria en la medida en que la economía mundial emerja de los cierres de actividad, conduciría a un sobrecalentamiento económico sin precedentes. O puesto en los mismos términos del Chief Information Officer (CIO) del BofA, Michael Hartnett, quien lo calificó como un fenómeno precedente, haciendo referencia a la situación de Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, que sufrió el episodio “más épico y extremo de creciente velocidad (del dinero) e inflación después del fin de la guerra” causado principalmente por la monetización de la deuda por parte del Reichsbank, extrapolando que esto es similar a lo que está sucediendo ahora.

Por supuesto, hay otro nombre para ese período y es el de la Alemania de Weimar, y como todos sabemos la tragedia que sucedió entonces, es comprensible que el BofA no quiera mencionar ese nombre en particular.

A muchos inversionistas y analistas les ha llamado la atención  que haya sido Michael Burry, quien había estado bastante ocupado haciendo olas dentro de la comunidad financiera expresando ciertas posiciones (más recientemente, su golpe a Robinhood y su visión alcista sobre el uranio), y que haya retomado el tema de la Alemania de Weimar y específicamente su hiperinflación, como modelo para lo que viene a continuación. Y si bien los detalles son familiares para la mayoría de los historiadores monetarios, el hecho es que ahora, nada menos que el hombre que se hizo famoso por sus posiciones cortas en la bolsa, está alertando de una hiperinflación al estilo de Weimar en los EE.UU.

Hombre con una carretilla de Marcos alemanes

Reitero que en mi opinión estamos lejos de visualizar un episodio inflacionario como el que vivió la  Alemania de Weimar, aunque si hay una genuina preocupación por el resurgimiento de presiones inflacionarias una vez que se retome un crecimiento económico vigoroso ante el mar de dólares estadounidenses que hay en el mundo.

Para concluir, quiero hacer referencia al neswletter de Jeffrey Sparshott del Wall Street Journal, del pasado 22 de febrero en el que plantea la pregunta de si se está midiendo la inflación correctamente. Citando un análisis de Jon Hilsenrath, señala que la medida de inflación favorita de la Fed (índice de precios al consumidor) ha estado más de medio punto porcentual por debajo de la meta del banco central durante varios años. Con la inflación tan baja durante tanto tiempo, se piensa que la Fed puede mantener las tasas de interés muy bajas por un largo tiempo para ayudar a impulsar la economía mientras se recupera de los efectos de la pandemia de coronavirus. Esto plantea una pregunta importante: ¿Está pensando el banco central en la medida de inflación correctamente? La Fed define su meta de inflación en términos de precios al consumidor, como los que se pagan por automóviles, pasta de dientes y cortes de pelo. Pero en las últimas décadas, los precios a menudo han subido mucho más rápido para los activos de inversión, como viviendas y acciones, y han provocado dos veces auges (burbujas) y caídas seguidas de recesiones. Si la Fed tiene problemas con las bajas tasas de interés que ha ayudado a diseñar, podría deberse a los precios de los activos y no a los precios al consumidor.

Agrega que es fácil encontrar motivos de malestar. El precio de las acciones de Tesla subió más del 300% el año pasado. Los precios del cobre subieron un 56%. El índice de precios de viviendas S&P Case-Shiller ha subido un 9.5%. Los precios de los fletes aumentaron un 215%; la soja en 54%, madera aserrada en 117%. El tema de los precios de las casas es particularmente espinoso. Si bien las casas proporcionan un servicio, vivimos en ellas, que se mide en índices oficiales de precios al consumidor. También son el activo más valioso en las carteras de inversión de muchos hogares. Lo que llama la atención es que de acuerdo a la medida oficial del Departamento de Trabajo, los costos de alquiler de viviendas en el último año aumentaron solo un 2%, mientras que los precios de las viviendas a nivel nacional aumentaron casi cinco veces esa tasa.

¿Cuál es la conclusión a todo lo aquí expuesto? Pues que hay un enorme nerviosismo por parte de los inversionistas respecto de lo qué sucederá con la inflación y por lo tanto con  las tasas de interés. Si bien el presidente de la Fed, Jerome Powell, dio un testimonio el pasado 23 de febrero, mencionando que la inflación sigue “suave” y que la Fed está comprometida con la política monetaria actual, la realidad es que las voces que anuncian el inminente colapso del dólar y un problema inflacionario seguirán sonando. Esto continuará metiendo ruido en los mercados financieros, y obviamente, para los países con una estructura financiera debilitada como México, las palabras de analistas y del propio presidente de la Fed tendrán la capacidad de tumbar nuestra moneda en un instante.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La desgracia nacional en materia de empleo

Resulta sencillo hablar de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -8.5% en 2020, como que no nos imaginamos lo que esto representa para la vida de millones de personas. Durante el año que acaba de concluir y en el arranque de este 2021, miles de empresarios (y no me refiero sólo a los que usan traje), se vieron forzados a cerrar su centro de trabajo o fábrica, a despedir a buena parte de sus colaboradores o recortar salarios. Estas medidas han tenido una fuerte repercusión en el nivel de vida de miles de personas que dependen de las fuentes de ingreso generadas por los empresarios. De verdad que es necesario ponerle un rostro humano a este asunto para entender el tamaño de la desgracia económica por la que estamos transitando. El problema no se limita a grandes empresas, de hecho es mayor en las microempresas, tanto del sector formal como informal. En esta entrega hacemos un recuento de los indicadores laborales al cierre de 2020 y arranque de 2021.

Empleo en el IMSS

Comenzamos haciendo una valoración de lo que ha sucedido con el empleo formal, medido a través de las estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). De acuerdo con el IMSS, en el comparativo de enero de 2020 al mismo mes de 2021, el número de trabajadores asegurados a nivel nacional pasó de 20.490 millones a 19.821 millones, lo que implica una disminución de casi 669 mil empleos formales, equivalentes a una caída de -3.3%. Esta es una ligera mejora respecto de la disminución anualizada de -4.4% observada en julio de 2020, aunque sin duda sigue siendo preocupante.

Al analizar la evolución de cada una de las ramas de actividad, tenemos lo siguiente (las actividades se encuentran ordenadas de peor a mejor desempeño, se indica en paréntesis la variación porcentual en el número de trabajadores registrados): Servicios para Empresas, Personas y El Hogar (-9.9%); Industria de  la Construcción (-6.0%); Industrias Extractivas (-5.4%); Comercio (-2.4%); Industria Eléctrica y Captación y Suministro de  Agua Potable (-0.5%); Transportes y Comunicaciones (-0.1%); Industrias de la Transformación (+0.1%); Servicios Sociales y Comunales (+0.3%); y Agricultura, Ganadería, Silvicultura, Pesca y Caza (+0.7%).

Ahora, en cuanto a la variación en números absolutos, queda clara la terrible crisis por la que pasa el sector servicios (restaurantes y hoteles principalmente), que perdió en el periodo en cuestión 478,068 empleos; mientras que en el comercio al por mayor y por menor la caída fue de 98,427 empleos formales. La buena noticia es que ha comenzado la recuperación de la industria manufacturera, misma que incrementó su número de puestos de trabajo en 3,254; mientras que las actividades primarias continúan con su buena racha con un incremento de 5,203 empleos formales.

Si analizamos el desempeño del empleo registrado en el IMSS en el periodo de enero de 2020 al mismo mes de 2021, pero por entidad federativa, tenemos que siguen siendo tres las que presentan incremento (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Baja California (+3.0%), Tabasco (+2.4%) y Chihuahua (+1.4%). Cabe señalar que el número de empleos formales creados por estos tres estados sumó 44,815.  Si ahora analizamos los cinco estados con las mayores disminuciones porcentuales en su número de trabajadores registrados en el IMSS, vemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución): Distrito Federal (-6.3%), Puebla (-6.6%), Guerrero (-7.7%), Baja California Sur (-9.1%) y Quintana Roo (-23.2%). Cabe señalar que estas cinco entidades perdieron juntas 395,778 empleos formales en el periodo mencionado.

Es evidente que de los tres estados de buen desempeño, dos son norteños con vocación exportadora y el otro pues es la tierra del presidente Andrés Manuel López Obrador. Por su parte, los estados de peor desempeño en empleo formal son los que tienen una vocación turística, y los otros dos tuvieron cerrada buena parte de su actividad económica en el mes de enero de este año.

Indicadores de INEGI

En relación a los indicadores de empleo y desempleo que recién dio a conocer el INEGI y que corresponden al cuarto trimestre de 2020, a continuación se presentan los datos más relevantes obtenidos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del cuarto trimestre de 2020.

La ENOEN en el cuarto trimestre de 2020 reportó una disminución de -1.7 millones de personas en la Población  Económicamente Activa (PEA), lo que se traduce en que la Tasa de Participación Económica sea de 57.5% respecto a la población de 15 años y más- Esta tasa es 2.9 puntos porcentuales inferior a la de mismo trimestre de 2019 y denota que derivado de la pandemia y de la crisis económica, aún hay casi dos millones de personas que no se han reintegrado a la fuerza laboral (ya sea porque tengan miedo de contagiarse o porque de plano piensan que no van a conseguir trabajo). Esta es una cantidad enorme, válgame la comparación, es como si comentáramos que en una súper fábrica retiraron de la planta 1.7 millones de máquinas.

En línea con lo anterior, tenemos que en el periodo de octubre a diciembre de 2020, la población ocupada resultó en 53.3 millones de personas, cantidad inferior en -2.4 millones de personas comparada con la observada en el cuarto trimestre de 2019. Es preocupante que la disminución en la población ocupada sea más pronunciada en las mujeres. Las cifras oficiales indican que la población ocupada de hombres fue de 32.6 millones, cifra menor en -1 millón, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 20.7  millones, cifra 1.3 millones menor a la observada en el cuarto trimestre de 2019.

En cuanto a la población que se encuentra sin trabajar, que estaba disponible y estuvo buscando trabajo en el último mes (personas en una situación de desempleo), fue de 4.6% de la PEA en el cuarto trimestre de 2020, porcentaje mayor al 3.4% observado en el cuarto trimestre de 2019. Esto implica que en términos absolutos, la población desocupada fue de 2.5 millones de personas al cierre de 2020, cantidad superior en 607 mil personas al observado en el cuarto trimestre de 2019.

La estructura sectorial de la ocupación reporta que las actividades terciarias (comercio y servicios), tuvieron una participación del 61.9% de la población ocupada en en el cuarto trimestre de 2020; sin embargo, registran una disminución en términos absolutos de -1.7 millones de personas respecto al cuarto trimestre de 2019. El sector de restaurantes y servicios de alojamiento presentó una disminución de -769 mil ocupados y los servicios diversos de -489 mil personas ocupadas. Esto es reflejo de la severa crisis que enfrentan estas actividades.

En la ocupación por tamaño de la unidad económica, vemos que el número de personas que laboran en micronegocios tuvieron una disminución de -914 mil con lo que reportaron la pérdida de ocupación más alta, específicamente en unidades económicas con establecimiento, en donde la disminución fue de -474 mil ocupados entre el cuarto trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2020. Esta cifra es relevante porque demuestra que esta crisis económica ha afectado más a las microempresas que a las grandes empresas, por lo que es evidente que el haber negado apoyos a la planta empresarial definitivamente afectó más a los más vulnerables.

Otro problema es que el fenómeno del subempleo ha aumentad de manera dramática. Las cifras del INEGI muestran que las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda (población subocupada), pasaron de 4.3 millones en el cuarto trimestre de 2019 a 8.1 millones en el último trimestre de 2020, con un aumento de 3.8 millones de personas.

Cabe señalar que esta crisis económica ha afectado tanto a la economía formal como a la informal. Los indicadores muestran que la población ocupada informal, que comprende tanto a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en el cuarto trimestre de 2020 fue de 29.6 millones, esta cifra es 1.7 millones de personas menor a la observada en igual trimestre de 2019. Es importante aclarar que la disminución en la población  ocupada en la economía informal no indica que ésta se haya reducido porque hay más oportunidades en la economía formal, sino que es producto de que muchas unidades económicas informales cerraron sus operaciones.

Llama mucho la atención  que la tasa de informalidad en las localidades rurales fue de 78.2% en el cuarto trimestre de 2020, mientras que en las localidades más urbanizadas fue de 42.8 por ciento. Además, no es de extrañarse que en Oaxaca el porcentaje de población ocupada en la informalidad es del 78.5%, en Guerrero del 77.3%, mientras que en Chiapas asciende a 76.4%. Por su parte, en Nuevo León fue considerablemente más baja son un 35.6% de la población ocupada, en Coahuila de 36.7% y en Chihuahua de 37.3%.

De la mano de lo anterior, tenemos que en cuanto a las tasas de condiciones críticas de ocupación en materia de ingresos y horas trabajadas, en Chiapas el 44.4% de la población ocupada está en esta condición, en Tlaxcala es del 33% y en Puebla del 28.9%. En contraste, en Nuevo León el porcentaje de población ocupada en condiciones críticas en el cuarto trimestre de 2020 fue del 10.9%, en Sinaloa fue el 11.8%, mientras que Jalisco y Querétaro observaron tasas del 12.9% cada una.

Conclusiones

Resulta evidente que cuando hablamos de una caída del PIB  de -8.5% en 2020, la cifra viene acompañada de miles de desgracias en materia de empleo. Es lamentable que ante esta situación el gobierno federal no hay lanzado programas de apoyo y haya dejado a la mayoría de las empresas a merced de la debilidad del mercado.

La expectativa es que en 2021 haya una recuperación de la economía con un repunte del PIB de entre un 3.2 y un 4.2%. Esto sin duda ayudará a recuperar muchos de los empleos perdidos (sobre todo en la economía informal) y a que mucha de la gente que se retiró voluntariamente del mercado laboral regrese. Sin embargo, la recuperación  plena de la fuerza de trabajo, con todas sus horas-hombre involucradas, será un  proceso lento que nos llevará al menos cuatro años más. Y es que no sólo se deben recuperar los empleos perdidos y las jornadas completas, sino que además, habrá que generar las fuentes de trabajo para todas aquellas personas que se estarán incorporando al mercado laboral. La labor es titánica, y lamentablemente no hay políticas públicas que faciliten este proceso.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*  

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Cómo las ideas económicas han dado forma al mundo actual

La filosofía económica es la ciencia que estudia la toma de decisiones y opera en nuestra vida diaria, nos demos cuenta o no. Vivimos en un mundo de recursos finitos de manera que la economía nos ayuda a determinar cómo es que se deben utilizar los recursos limitados para satisfacer la lista interminable de deseos y necesidades de la humanidad. Este es el dilema económico y es por ello que la definición más simple de lo que es la economía es que es la ciencia de la escasez.

Los economistas estudian y analizan las relaciones entre los recursos (materiales y trabajo) y la producción, distribución y consumo de los bienes y productos resultantes. En un mundo ideal la búsqueda es la maximización de la satisfacción, de las ganancias, de la producción, del empleo, entre otros.  Los economistas pueden estudiar cómo se toman estas decisiones a nivel microeconómico entre las personas y empresas involucradas en una decisión o transacción comercial, o en un nivel macroeconómico que considera a toda una ciudad, estado o país como una unidad singular.

Por ejemplo, en el ámbito de la microeconomía, un economista puede estudiar cómo la oferta y la demanda están impactando los precios en una empresa, así como sus niveles de producción y empleo generado. Por su parte, en el mundo de la macroeconomía, se estudia la forma en que el Producto Interno Bruto (PIB) se ve afectado por los cambios en los patrones de comercio internacional o cómo un shock como el Covid-19 afecta al empleo y nivel de ingresos de la población.

Aunque ambos campos operan a escalas diferentes, la microeconomía y la macroeconomía comparten en gran medida las mismas metodologías. También comparten una suposición subyacente de interés propio sobre la que descansa toda la teoría económica moderna. El economista clásico Adam Smith acuñó este término por primera vez para describir la noción de que las personas actuarán con determinación para maximizar su satisfacción, dado su tiempo, información, recursos y presupuestos limitados. Smith, también referido como un promotor de la libertad económica, partía del supuesto de que los seres humanos son buenos por naturaleza, dejándolos en libertad tomaran las decisiones que los lleven a la felicidad, y la suma de las felicidades individuales ocasionará la felicidad colectiva. Sabemos que esto no necesariamente es verdad y esto es ilustrado de una gran manera en la película Una Mente Brillante (2001), misma que trata sobre la vida del economista John Nash, en la escena en la que los jóvenes están en el bar y llega un grupo de chicas a quienes quieren sacar a bailar. Si no se ponen de acuerdo y cada uno actúa de manera individual, todos se quedarán sin bailar (Aquí el link de la escena en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=PSKQ-egVQbM).  

Como parte de esas decisiones de maximización de beneficios, las personas y empresas deben considerar los recursos con los que cuentan y su capacidad de producir bienes y servicios. Los economistas suelen clasificar estos recursos en tres tipos de factores de producción: Tierra (T, recursos naturales), Trabajo (L, tiempo, esfuerzo y habilidad) y Capital (K, las herramientas creadas por el hombre como maquinaria, equipo, herramientas, software). Estos tres desembocan en el espíritu empresarial, que los organiza a través de habilidades directivas, para generar bienes y servicios que satisfacen necesidades (de quien pueda pagar por dichos bienes y servicios) y que maximizan los beneficios del propietario de dichos factores de producción. Caso contrario ocurre en un régimen socialista, en el que el Estado decide cómo es que se deben combinar los factores de producción con el fin de producir lo que el Estado diga para quien el Estado determine. 

Con independencia del enfoque que se le quiera dar, de libre mercado o de un modelo centralmente planificado, el pensamiento económico tiene como principal preocupación resolver el problema de escasez. Esto ha ido evolucionando durante cientos de años y a continuación se presenta una línea de tiempo de algunos de los personajes más importantes y sus fechas, que ayuda a entender de manera muy sintetizada la manera en que este campo del conocimiento ha evolucionado.

850-1000 d.C. – Marca el surgimiento del sistema de organización conocido como feudalismo, que surgió en Inglaterra e implica una sociedad donde la tierra la mantienen los campesinos a cambio de que ésta sea trabajada para el señor feudal, quien en el mejor de los casos permitirá que los campesinos tengan un “ingreso” de subsistencia. Los campesinos o la clase trabajadora están protegidos por una clase militar en recompensa por su obediencia. El origen y la existencia de este sistema injusto, a menudo cruel, se debate hoy.

1500 – 1750 d.C. – Surge el mercantilismo en Europa y tiene como principal característica la búsqueda del enriquecimiento de las naciones mediante la acumulación de metales preciosos. Surge en Inglaterra y Francia, donde los autores eran mercaderes que escribían acerca de sus intereses y su relación con la política económica. Para ellos el comercio internacional debería estar regulado y las naciones sólo podrían enriquecerse si lograban un superávit comercial que se tradujera en mayores recursos para la financiación de la clase militar. Uno puede pensar que las ideas mercantilistas están sepultadas, pero vemos que quedan muchos empresarios y políticos, como Donald Trump, en los que es evidente que el mercantilismo sigue vivo.

Los mercantilistas ponían énfasis en el superávit de la balanza comercial

1750 – 1780 d.C. – Los fisiócratas, cuyo principal exponente fue Francois Quesnay, consideraban que la riqueza solo podría provenir de la agricultura (todas las demás actividades económicas son estériles), exigían la libertad económica (laissez faire laissez passer). Estaban cansados de los controles al comercio por parte de los gobernantes. Necesitaban fronteras abiertas para vender en el extranjero sus remanentes de producción agrícola y así lograr un bon prix.

Francois Quesnay, máximo expositor de los fisiócratas

1723-1790. –  Adam Smith es considerado en gran medida como el padre de la economía moderna. Fue influenciado por los fisiócratas. Su obra, mejor conocida como La Riqueza de las Naciones, incluye conceptos tan importantes como la «mano invisible», un término que describe la naturaleza autorreguladora del funcionamiento de los mercados; y la noción de que el interés propio racional en una economía de libre mercado conduce al bienestar económico. Incorpora otros elementos como la especialización y su impacto en la producción, la teoría del valor y el papel que juega el capital. 

Adam Smith, máximo exponente de los economistas clásicos y padre de la ciencia económica

1766-1843: Thomas Robert Malthus estudió poblaciones humanas y fue uno de los primeros economistas en explorar la relación entre el crecimiento de la población y la inflación. Fue un pesimista que argumentaba que la sociedad, producto del crecimiento poblacional a una tasa superior a la de los medios de subsistencia, estaba destinada a caer en una trampa de miseria. Es considerado el primer promotor serio del control del crecimiento poblacional, pero a través de la moralidad. Otras de sus principales contribuciones incluyen su trabajo sobre la relación entre el suministro de alimentos y las poblaciones, y la teoría de la renta económica.

Thomas Malthus, el primer gran promotor del control del crecimiento poblacional

1748-1832 – Jeremy Bentham fue un economista británico que hoy se asocia a menudo con la doctrina del utilitarismo (la búsqueda de la mayor utilidad en el sentido de lo que resulta útil). Muy adelantado a su tiempo, abogó por el sufragio universal y es considerado un precursor de la economía del bienestar.

Jeremy Bentham, padre de la doctrina utilitarista

1772-1823 – David Ricardo se inspiró en La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, a la edad de 37 años, pasó a proponer la Teoría del Valor Trabajo, que sostiene que el trabajo es el único factor que debería determinar el valor de una mercancía. Esto se opone a la teoría de la demanda (análisis marginal de la utilidad del consumidor), que es la columna vertebral del capitalismo. Ricardo hizo grandes aportaciones al comercio exterior con su Teoría de la Ventaja Comparativa, que muestra como dos naciones que comercian dos bienes, pueden comerciar y ganar las dos, aunque una de ellas sea mejor que la otra en la producción de ambos bienes.

David Ricardo tuvo una gran aportación con la Teoría de la Ventaja Comparativa, misma que explica los patrones de comercio internacional

1806-1873 – John Stuart Mill se basó en las ideas de Smith y Ricardo cuando escribió Principios de Economía Política, que se convirtió en el principal texto económico de su época. A Mill se le atribuye la idea de una economía de libre mercado y fue un firme defensor de la creación de una economía democrática (en oposición al capitalismo).

John Stuart Mill, impulsor de la economía de mercado

1818-1883 – Karl Marx es más conocido por su defensa del socialismo y del comunismo por encima del  capitalismo, el cual denunció enérgicamente. Podría decirse que es uno de los economistas más influyentes de la historia. Marx creía que el comunismo era inevitable en el proceso de evolución que comienza con el feudalismo y pasa por el capitalismo y el socialismo. A él se le atribuyen conceptos como el de la lucha de clases y la manera como el burgués explota al proletariado al extraer de él el producto de su trabajo (la plusvalía).

Karl Marx, uno de los economistas más influyentes de la historia

1842-1924 – Alfred Marshall se centró en el estudio de la microeconomía y escribió Principios de Economía, que es uno de los libros de texto de economía más notables de todos los tiempos. Marshall propuso la idea de que la economía era una disciplina científica que requería más matemáticas y menos filosofía y retórica. Marshall es además el padre de las curvas de demanda que se enseñan en todos los libros de texto de economía, mismas que se grafican con el precio en el eje de las Ys y la cantidad en el eje de las Xs.

Marshall incorporó un fuerte uso de las matemáticas a la ciencia económica

1857-1929 – El economista estadounidense Thorstein Veblen, uno de mis favoritos, es mejor conocido por su libro La Teoría de la Clase Ociosa, y su enfoque de «economía institucional» exploró los efectos de los establecimientos sociales, como la religión, la pobreza y la afiliación política, sobre la productividad económica. Veblen parte de la categoría de ‘clase social’ para analizar la dinámica de la economía industrial estadounidense, que configuraba a una clase social alta que se dedicaba al ocio, exacerbaba su consumo y hacía gala de la ostentación.

Thorstein Veblen y su crítica al consumo conspicuo

1883-1950 – Joseph Schumpeter contribuyó con la idea de «destrucción creativa», que implica que la economía se encuentra en un estado cíclico constante de innovación-productividad y colapso. También es uno de los primeros en reconocer y presentar un concepto claro de espíritu empresarial.

Joseph Schumpeter y el heroísmo empresarial

1883-1946 – John Maynard Keynes fue uno de los economistas más revolucionarios del siglo XX. Es el padre del sistema de cuentas nacionales. Argumentaba en contra de los principios del libre mercado y afirmó que la demanda agregada, a diferencia de la flexibilidad del trabajador, desempeñaba el papel más importante en la determinación del nivel de empleo. También promovió medidas fiscales como medio para corregir depresiones y recesiones (ajustando el gasto y cobro de impuestos); los rescates recientes por parte de los gobiernos, en respuesta a la reciente crisis económica, son un ejemplo de ello.

Keynes, las cuentas nacionales, la receta para reactivar la economía y la economía Post Segunda Guerra Mundial

1899 – 1992 – Friedrich von Hayek impulsó una  economía basada en la libertad del mercado, la cual tuvo gran empuje tras el hundimiento del sistema keynesiano en los años 80 (Por el presidente Ronald Reagan y la Primer Ministro Thatcher). Las dos principales aportaciones de Hayek son su defensa de la libertad personal contra los totalitarismos y la elaboración de una teoría sobre los ciclos económicos. Para Hayek los precios, creados con la decisión libre y competitiva de millones de individuos son los únicos indicadores que pueden ayudar a los gobiernos a tomar decisiones correctas en momentos concretos en que haga falta intervenir.

Hayek, impulsor de la libertad personal y crítico de los regímenes totalitarios

1912-2006 – Milton Friedman fue un defensor de los mercados libres, y sus filosofías se convirtieron en un principio importante del movimiento conservador fiscal. Se le conoce por ser el padre de la corriente de pensamiento monetarista, misma que le atribuye muchos de los males económicos a las decisiones de los bancos centrales. Fue asesor del presidente estadounidense Richard Nixon y presidente de la Asociación Económica Estadounidense en 1967.

Milton Friedman, fundador de la escuela monetarista, en la que los males económicos son causados por las decisiones de los bancos centrales.

1908-2006 – John Kenneth Galbraith exploró el papel de las corporaciones en la economía de los Estados Unidos y criticó su influencia y la forma como reemplazan a las empresas más pequeñas en su libro American Capitalism: The Concept of Countervailing Power (Capitalismo Americano: El Concepto de Poder Compensatorio). En este sentido, él desarrolló el concepto de tecnoestructura, un término de aplicación a las organizaciones empresariales con un tamaño relevante

Galbraith y su crítica a las grandes corporaciones

Esta lista no le hace justicia a muchos otros economistas que han realizado grandes aportaciones al pensamiento económico, ya que por motivos de espacio es extremadamente breve. Lo importante es ver las aportaciones realizadas y darnos cuenta de cómo, en múltiples ocasiones, el pensamiento económico ha evolucionado como un péndulo, que va y viene, con soluciones diametralmente opuestas para el mismo problema al paso del tiempo.  Por otra parte, debe quedar claro que la evolución de la economía no se ha frenado y que por el contrario, ésta se ha acelerado al paso del tiempo. Este es un campo fascinante que sin duda seguirá desempeñando un papel importante en los negocios, el gobierno y la sociedad en todo el mundo en los años, décadas y siglos venideros.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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México y su creciente problema de deuda pública

Un tema que causa preocupación en el arranque de 2021 es el del crecimiento que ha tenido el saldo de la deuda del sector público federal. Ha quedado claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha rechazado endeudarse en aras de incentivar el crecimiento económico tras el catastrófico 2020, el cual registró una caída de -8.5% en su PIB. Sin embargo, y a pesar de su promesa de no endeudar más a México (sólo en función de la inflación), las estadísticas oficiales narran otra historia, misma que explicamos a continuación.  

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al 31 de diciembre del año 2000 el saldo nominal de la deuda total del sector público federal en México fue de 1.33 billones de pesos, para el cierre del 2006 ésta ascendió a 1.99 billones de pesos, por lo que en el sexenio de Vicente Fox dicho saldo aumentó en 660 mil millones de pesos. La deuda siguió aumentando y al concluir el año 2012 la deuda neta del sector público federal ya era de 5.35 billones de pesos, lo que implica que en el sexenio de Felipe Calderón está creció en 3.37 billones de pesos.

Con la presidencia de Enrique Peña Nieto las cosas adquirieron una nueva dimensión de manera que cuando concluyó el año 2018 el saldo de esa deuda ya era de 10.83 billones de pesos, lo que implica un crecimiento de 5.48 billones de pesos en 6 años. Esto significa que en el sexenio de Peña endeudaron a México a razón de 913 mil millones de pesos por año o algo así como 2.5 miles de millones por día, una cifra estratosférica por donde se le quiera ver.

Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue que no endeudaría más a México, ¿qué tanto se ha cumplido dicha promesa?  Según las cifras presentadas por la SHCP el saldo de la deuda neta del sector público se ubicó en 11.03 billones de pesos al cierre de 2019, lo que implica que ese año el saldo creció en 200 mil millones de pesos respecto a 2018. Esta cantidad en su momento la calificamos como “responsable” a la luz del ritmo de endeudamiento que se venía registrando en el sexenio de Peña Nieto.

Sin embargo, la historia del 2020 es distinta. El saldo al 31 de diciembre de 2020 fue de 12.13 billones de pesos, lo que implica un aumento nominal de la deuda de 1.10 billones de pesos respecto al año anterior. Esta es la cifra nominal de endeudamiento más elevada para un solo año desde 2016 e implica que el año que acaba de concluir la deuda pública consolidada del sector público federal creció en 10%.

Muchos consideran que no tiene mucho sentido hablar de cifras absolutas de la deuda si no se relacionan éstas con otros indicadores como el tamaño de la economía. En este sentido hicimos el ejercicio de relacionar el saldo de la deuda del sector público al cierre de cada año con el monto del PIB nominal del cuarto trimestre de cada año. Vemos que en el año 2000 dicho saldo de la deuda equivalía al 19.28% del PIB, para el 2006 representó el 18.11%, en el 2012 fue el 32.68% del PIB y cuando concluyó el 2018 llegó hasta el 44.4% del PIB. En 2019 bajó un poquito a 44.30%, pero en 2020 el saldo de la deuda del sector público ya se espera que represente el 49.65% del PIB (estamos en espera de que se publique el dato oficial de PIB nominal del cuarto trimestre de 2020). Sea como sea no cabe duda de que cada vez estamos más endeudados como se le quiera ver. Es verdad que estamos lejos de los niveles de endeudamiento de Estados Unidos, países europeos y Japón, donde el porcentaje de la deuda respecto al PIB llega a niveles de hasta 230%.  Sin embargo, este dato debe matizarse en función de lo que le cuesta la deuda pública a cada país (este punto lo abordaré más adelante en este texto).

Otra manera de dimensionar el tamaño de la deuda es en relación a la población. El INEGI acaba de publicar que en México hay 126 millones de personas en el 2020, lo que implica que la deuda promedio por habitante es de poco más de 96 mil pesos (incluidos bebés y personas adultos mayores). Si consideramos solo a la Población Económicamente Activa (PEA) que había en el tercer trimestre de 2020, la cual fue de 53.780 millones de personas, entonces la deuda por habitante es de poco más de 225 mil pesos. 

¿A qué se debió el fuerte incremento de la deuda del sector público en 2020? Para responder esta pregunta debemos tomar en consideración que la deuda del sector público federal tiene dos componentes: deuda interna y deuda externa. Entre 2019 y 2020 la deuda interna aumentó en 522.8 miles de millones de pesos (mmdp), cifra equivalente a un incremento nominal de 7.3%; por su parte, el saldo de la deuda externa aumentó en 17.8 miles de millones de dólares, lo que representa un incremento de 8.7%.

De diversas maneras se nos ha comunicado que gran parte del incremento de la deuda pública en 2020 se debió al incremento en el tipo de cambio, ya que pasó de un promedio de 19.118 pesos por dólar en diciembre de 2019 a 19.956 pesos por dólar en diciembre de 2020. Es decir, en el balance el dólar sólo aumentó en 0.838 pesos en dicho periodo. Si tomamos en consideración que el saldo de la deuda externa fue de 203.708 miles de millones de dólares en diciembre de 2019, entonces el alza en el precio del dólar sería responsable de un  aumento de 170.7 miles de millones de pesos en el saldo en pesos de la deuda total. De esta manera, queda claro que el sector público federal aumentó su endeudamiento en 2020 (por motivos ajenos al alza del dólar) en 931.29 mmdp.  

Este nivel de endeudamiento excede el techo de endeudamiento autorizado por el Congreso de la Unión en la Ley de Ingresos de la Federación 2020 e implica que no se ha respetado la promesa de no endeudar más al país.  

En este contexto es importante destacar que el endeudamiento de México es casi inevitable, ya que aunque se mantengan “superávits primarios”, al  considerar el pago de intereses por la deuda, terminamos con un déficit en las finanzas públicas que nos arroja que cada año estamos más y más endeudados. Para el 2020 se había presupuestado un superávit primario equivalente al 0.7% del PIB, pero evidentemente dicha meta fue abandonada y terminamos con un déficit primario y en el balance final.

El creciente saldo de la deuda del sector público es preocupante por dos razones: 1. Por el elevado costo financiero que representa, y 2. Por el deterioro en la calificación soberana de nuestra deuda. A continuación explico ambas cuestiones.

Creciente costo financiero de la deuda

El costo financiero de la deuda del sector público lo constituye el gasto por intereses que se paga por dicho endeudamiento (no incluye amortizaciones de capital). Las cifras de la SHCP indican mientras que en el año 2000 se pagaron 201.02 mmdp de intereses, para el año 2006 dicho pago se elevó a 250.07 mmdp. En el año 2012 se pagaron 305.12 mmdp y en 2018 dicha erogación por parte del sector público federal ya era de 615.04 mmdp. No obstante la baja en tasas de interés en México, en 2019 se erogaron 666.09 mmdp y en 2020 sumaron 686.09 mmdp. La cifra pudiera patrecer poco significativa, pero es relevante cuando se considera que por cada peso adicional que se destina al pago de intereses de la deuda, pues hay un peso menos para otros rubros de gasto como el de infraestructura.

Es relevante también relacionar el pago de intereses de la deuda respecto al Gasto neto del sector público presupuestario de cada año.  De acuerdo a cifras de la SHCP, el costo financiero del sector público federal representó el 7.8% del total del gasto neto del sector público presupuestario en 2012. Para el año 2018 dicho porcentaje creció hasta el 11.0% y para el 2020 éste alcanzó el 11.4% del gasto total del sector público.

Impacto en calificación de la deuda soberana

La situación de la calificación de la deuda soberana de México es un tema por demás relevante. Al día de hoy  las principales calificadoras de riesgo (Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch) le siguen otorgando a México el grado de inversión, pero en el caso de Moody´s y Standard & Poor´s la perspectiva es negativa, lo que significa que en su próxima revisión pueden degradar nuestra deuda.

Cabe señalar que si la deuda del sector público mexicano deja de tener una calificación de grado de inversión, entonces irremediablemente habría una importante fuga de divisas del país, lo que provocaría un importante alza en el tipo de cambio y una espiral inflacionaria en el país. El perder nuestro grado de inversión  echaría a la basura años de trabajo para contar con la confianza de inversionistas y fondos de capital internacionales.

Es verdad que las calificadoras de riesgo tienen como principal encomienda el valorar la capacidad de repago de la deuda de un país, y en ese sentido, México no ha incurrido en los inmensos niveles de deuda como otros países que han buscado reactivar su economía. El menor nivel de endeudamiento por parte de México es un punto a favor de nuestro país. Sin embargo, la calificadora Moody´s también ha dicho que México podría elevar su nivel de deuda sin comprometer su grado de inversión si dicho endeudamiento va dirigido a la reactivación económica.

Conclusiones

Lo que hemos visto es que a pesar de que no hubo apoyos relevantes para la reactivación económica, nuestro país incurrió en un fuerte nivel de endeudamiento del sector público federal. Se había comentado que gran parte del incremento en el saldo de la deuda había sido provocado por el incremento en el tipo de cambio, lo que revalora el saldo de la deuda externa, pero hemos visto que no fue así.

Es innegable que este año la deuda del sector público crecerá en al menos 724 mmdp, que es el costo financiero presupuestado para este año. Definitivamente la promesa de no endeuda más a México se ha incumplido. Lo más importante en este momento es convencer a las calificadoras de riesgo de que seguimos teniendo capacidad de repago y que honraremos nuestros compromisos, independientemente de lo que suceda con el cumplimiento de las metas presupuestarias de este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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