La crisis minorista en Estados Unidos sólo empeorará

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En los Estados Unidos esté año cerrarán sus puertas unas 6,800 tiendas

Son muchas las notas que se han generado respecto a los graves problemas que enfrentan los comerciantes minoristas en los Estados Unidos, los cuales se han traducido en una enorme cantidad de tiendas de ladrillo y concreto que han cerrado sus puertas en los últimos años. Una de las notas/investigaciones que mejor explica lo que está pasando, qué fue lo que lo causó y que se puede esperar para el futuro del mundo de los minoristas, fue publicada por Bloomberg el pasado 8 de noviembre y se titula “America’s ‘Retail Apocalypse’ Is Really Just Beginning”, y a continuación haré mención de varios de los puntos que en ella se abordan.

 

Esta crisis sin precedente, también llamada “apocalipsis minorista”, se ha arraigado tanto en los Estados Unidos que ya hasta tiene su correspondiente entrada en la Wikipedia.  La respuesta de la industria minorista a ese tipo de descripción acerca del final de sus tiempos se ha basado en culpar a los medios de comunicación por exagerar los problemas de “unas cuantas cadenas comerciales bien conocidas” y querer hacer creer que este es un problema generalizado o sistémico. Hay algo de razón en la molestia de los minoristas ya que es verdad que en los Estados Unidos éstos han anunciado que en los tres primeros trimestres de este año, han abierto más de 3,000 tiendas nuevas.

 

Pero las cadenas comerciales también han dicho que cerrarían 6,800 tiendas en el año, lo que implica una pérdida neta en espacio comercial. Y lo paradójico es que esto sucede en un momento en el que hay una elevada confianza del consumidor, el desempleo está en un nivel históricamente bajo y la economía estadounidense sigue creciendo. Estos son normalmente ingredientes para que estuviéramos viendo un “boom” en las ventas al detalle, sin embargo, ahora es cuando más cadenas comerciales están declarándose en bancarrota y siendo calificadas como “en problemas”, en comparación con los años de la reciente crisis financiera (2008 – 2009). Esto ha ocasionado un aumento en los créditos con pagos vencidos por parte de los centros comerciales o mejor conocidos como “malls”.

 

Contrario a lo que se piensa, la razón no es tan simple como para echarle toda la culpa a Amazon.com Inc., quien cada vez cuenta con una mayor participación  de mercado; tampoco se trata de culpar a los veinteañeros, quienes cada vez disfrutan más el gastar su dinero en “experiencias” en lugar de cosas. La causa raíz es que muchas de estas viejas cadenas comerciales están abrumadas por sus deudas, las cuales en muchas ocasiones se originaron por haber realizado operaciones de compra de su competencia a través de endeudamiento.

 

De esta manera, hoy por hoy, hay miles de millones de dólares en préstamos registrados en las hojas de balance de muchos minoristas en problemas, y la realidad es que el sostener esa carga financiera solamente se hará más difícil al paso del tiempo, inclusive para las cadenas comerciales que hoy son sanas; a continuación veremos porque.

 

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Amazon.com, los cambios en los hábitos de consumo y el exceso de crédito son los responsables del apocalipisis minorista en EE.UU.

La combinación de la deuda de los minoristas que está por vencerse, aunado a que en Estados Unidos los suburbios están sobre saturados de tiendas, además de las crecientes ganancias de los vendedores en línea, es el caldo de cultivo perfecto para un desastre. Los efectos negativos secundarios de esto seguramente se sentirán lejos a lo largo de la economía estadounidense. Habrá trabajadores de bajos ingresos desplazados, una disminución de la recaudación por impuesto predial en varias localidades, y pérdidas bursátiles para inversionistas, tenedores de bonos y dueños de bienes raíces.  De esta manera, si lo de hoy es considerado un apocalipsis del comercio minorista, entonces lo que viene será verdaderamente terrorífico.

 

Hasta este año, los minoristas con problemas habían sido capaces, en su mayoría, de evitar la bancarrota a través del refinanciamiento para de esa manera ganar tiempo.  Pero el mercado ha cambiado, y ahora tiene una visión negativa respecto a las perspectivas del comercio minorista. De esta manera, los inversionistas que podrían prestarles se han ido alejando. El caso de Toys “R” Us Inc. parece ser un buen ejemplo de lo que sucederá a muchos en el medio minorista. Esta empresa sorprendió a los inversionistas cuando en septiembre solicitó la bancarrota, convirtiéndose así en la tercera mayor declaratoria de bancarrota en el sector minorista en la historia de Estados Unidos, después de haber tenido graves dificultades para refinanciar una deuda de tan sólo $400 millones de dólares de los $5 mil millones de dólares que debe en total. Y esto a pesar de que sus resultados eran en su mayoría estables, con un creciente margen de utilidad aparejada de una pequeña caída en sus ventas.

 

Para complicar las cosas aún más, tenemos la explosiva cantidad de deuda riesgosa que deben los minoristas y que debe ser pagada en los siguientes cinco años. Varias compañías padecen lo mismo que la cadena de joyería para adolescentes “Claire Stores Inc.”, la cual fue comprada a través de la contratación de deuda por parte del grupo Apollo Global Management LLC, la cual ahora debe $2 mil millones de dólares que comenzarán a vencerse en 2019.

 

Sólo $100 millones de dólares de deuda de alto rendimiento (high yield) por parte de los minoristas vencerá en 2017, pero esa cantidad subirá a $1.9 mil millones de dólares en 2018, de acuerdo con la calificadora Fitch Ratings Inc. Y de 2019 a 2025, esta cantidad se disparará a 5 mil millones de dólares por año. De igual manera, el monto de deuda de los minoristas que es considerada riesgosa también está aumentando. A lo largo del año pasado, los bonos de alto rendimiento subieron 20%, hasta 35 mil millones de dólares, y los préstamos apalancados han aumentado 15%, hasta los 152 mil millones de dólares, de acuerdo con información de Bloomberg.

 

Lo que es aún peor es que esto sucederá en un momento en el que la deuda de alto rendimiento para todas las industrias alcanza un nivel record de un billón de dólares y se vencerá en los próximos cinco años, de acuerdo con Moody´s. De esta manera, el incremento en la demanda de refinanciamiento para los minoristas es probable que ocurra en un momento en el que los mercados crediticios se aprietan y se vuelven menos accesibles para los deudores con problemas.

 

Los minoristas han postergado su ajuste estructural debido a que las tasas de interés han estado históricamente bajas por todo el dinero que el Banco de la Reserva Federal (FED) ha inyectado a la economía desde la crisis financiera. Esto ha hecho el invertir en deuda más riesgosa más atractivo para diversos grupos con liquidez. Pero ahora que la FED ha comenzado a subir sus tasas de interés, la demanda por instrumentos “riesgosos” dejará de crecer o inclusive podría ir a la baja. Eso podría llevar a varias cadenas comerciales a enfrentar problemas de refinanciamiento.

 

Otro hecho que confirma el pesimismo respecto a los minoristas llegó a principios de este año cuando la familia fundadora de Nordstroms Inc. trató de regresar a la tienda departamental a ser nuevamente privada (ya no cotizar en bolsa). Eventualmente ellos se dieron por vencidos porque los acreedores estaban pidiendo el 13% de intereses, tasa que representa cerca del doble de la tasa de interés regular que pagan los minoristas.

 

Otro efecto de todo esto es un golpe directo a la industria que es la mayor empleadora de estadounidenses  en la parte baja de la escala de ingresos. Las estadísticas gubernamentales más recientes muestran que los vendedores y cajeros en la industria suman 8 millones.

 

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La lista de las tiendas minoristas que cerraron sus puertas a principios de 2017

Durante la parte más álgida de la crisis financiera, los empleados de las tiendas, sintieron la parte más dura del golpe cuando se perdieron 1.2 millones de empleos, lo que implica uno de cada siete empleos perdidos de 2008 a 2009, de acuerdo con el Departamento de Trabajo. Desde la crisis, el empleo ha venido aumentando, incluyendo en la industria minorista, pero esa tendencia terminó este año cuando los empleos en las tiendas cayeron en 101 mil puestos.

 

La  caída coincide con la rápida aceleración en el cierre de tiendas conforme aumentan las bancarrotas; mientras que varios de los mayores minoristas de Estados Unidos, incluyendo a Wal-Mart Stores Inc. y Target Corp., se han dado cuenta de que tienen demasiado espacio disponible. Desde antes del “boom” en el comercio electrónico, los Estados Unidos ya sufrían de un exceso de tiendas (como resultado de los inversionistas que metieron enormes cantidades de dinero a los bienes raíces comerciales décadas atrás, conforme los suburbios crecían de manera exponencial. Todos estos edificios debían ser llenados con tiendas, y esa demanda obtuvo la atención de grandes sumas de capital de riesgo. El resultado fue el nacimiento de la era de tiendas masivas en prácticamente todas las categorías), desde proveedores de artículos de oficina hasta vendedores de artículos para mascotas.

 

Ahora ese “boom” está finalmente terminando. A lo largo del tercer trimestre de 2017, son 6,752 ubicaciones las que estaban previstas para cerrar en los Estados Unidos, excluyendo tiendas de comestibles y restaurantes, de acuerdo con el Consejo de Centros Comerciales. Eso es más del doble del total de las tiendas que cerraron en 2016 y está cerca de rebasar el máximo histórico de 6,900 tiendas cerradas en 2008, en el momento más álgido de la crisis financiera.

 

Las tiendas de ropa son las que, por mucho, han recibido el golpe más duro con el cierre de 2,500 tiendas. Las tiendas departamentales también fueron golpeadas, siendo Macy´s Inc., Sears Holding Corp., y J.C. Penny Co. los casos de disminución de mayor tamaño. En total, cerca de 550 tiendas departamentales, con una capacidad de 43 millones de píes cuadrados, o cerca de la mitad del total han cerrado.

 

A manera de conclusión vale la pena recordar el dicho de que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Sin bien es cierto que México no está saturado de tiendas como si lo está Estados Unidos, es muy importante que los comerciantes en México tomen en cuenta los grandes cambios que se están dando en los canales de venta y comercialización. Las ventas en línea en México aun representan un pequeño porcentaje del total, pero éstas crecen año con año y eventualmente representarán un porcentaje elevado.

 

Otra enseñanza de lo que está sucediendo en la industria minorista de Estados Unidos son los efectos perversos del sobreendeudamiento. Queda claro que ahora están pagando las secuelas de la “borrachera de crédito” que vivieron durante décadas y que se tradujo en un desarrollo explosivo del espacio comercial y cadenas comerciales poco rentables.

 

Finalmente, es importante que los exportadores de bienes terminados, tomen en cuenta lo que sucede en con las grandes cadenas comerciales y tiendas departamentales de Estados Unidos. El hecho de que su situación financiera se deterioré implica que el riesgo de realizar una venta y que no se recupere la cartera de cobranza va en aumento. Es por ello que los exportadores deben auxiliarse de los reportes especializados sobre la capacidad de pago de sus clientes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Los salarios y el crecimiento de la productividad en México

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En el periodo de 2012 a 2017 la productividad promedio de la mano de obra en México creció apenas 4.0 por ciento.

Mucho se ha dicho respecto a las múltiples razones que hacen indispensable que los salarios en México aumenten. Por una parte está la cuestión social y humana, ya que no es justo que, de acuerdo con la más reciente medición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en el año 2016 en nuestro país había una población en condiciones de pobreza que sumó 53.418 millones de personas, lo que representó el 43.6% del total de habitantes.

 

Por otra parte, es necesario que los salarios en México se incrementen porque sólo así generaremos un verdadero mercado interno sólido y creciente, que nos haga menos dependientes del sector exportador. De acuerdo con cálculos de GAEAP, en el periodo del segundo trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017, el salario promedio diario de la población ocupada en México pasó de 2.41 a 2.21 salarios mínimos, y si tomamos en consideración lo que ha aumentado el salario mínimo y la inflación del periodo, vemos que el salario promedio en México ha crecido apenas 0.4% en los últimos cinco años; es decir, se estancó. ¿Por qué las autoridades del gobierno federal nos dicen que el mercado interno en México es sólido si el salario promedio en México no ha crecido? Pues simplemente porque en el último lustro el número de personas que se ha incorporado a la fuerza laboral (formal e informal) aumentó en 3.195 millones de personas, lo que provoca que en el agregado haya una mayor masa salarial, pero no es producto de que la gente en promedio esté ganando más.

Población ocupada por nivel de ingreso

Desde luego que otra razón para aumentar los salarios en México también es para evitar las críticas que se nos hacen en el sentido de que sacamos ventaja del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por los bajos salarios que aquí se pagan. El presidente del sindicato canadiense Unifor, Jerry Dias ha señalado que él y el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, están de acuerdo en que el combatir los bajos salarios en México es un factor clave para romper el punto muerto en el que se encuentran las negociaciones del TLCAN. Ambos están de acuerdo en que Canadá y los Estados Unidos han sido perjudicados por la fuga de empleos manufactureros hacía México y ambos deben trabajar para presionar a nuestro país para que aumente los salarios.

 

Afortunadamente en nuestro país hay consenso casi generalizado de que el salario mínimo debe aumentar. De hecho la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) dijo el pasado 25 de octubre que en los próximos días se anunciará un aumento al salario mínimo general, y que esto ya ha sido acordado por su Consejo de Representantes, conformado por los patrones, los sindicatos y el gobierno federal. Los representantes consideran que “existen condiciones económicas que justifican la revisión” del mínimo, la cual sería para aumentarlo de los actuales 80.04 pesos diarios a 95.24 pesos por día que propone la Coparmex o hasta los 100 pesos diarios que propone el Congreso del Trabajo. Cabe señalar que de acuerdo con el INEGI, al segundo trimestre de 2017 en México había 7.566 millones de personas laborando (en la economía formal e informal) que ganan menos de un salario mínimo por día y 14.118 millones de personas que ganan entre 1 y 2 salarios mínimos diarios.

 

Desafortunadamente unos de los principales detractores de esta propuesta de aumento el salario mínimo es el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, quien argumenta que este aumento generará presiones inflacionarias. Con esta oposición el gobernador del banco central mexicano muestra una total insensibilidad a la realidad de millones de mexicanos, y desconoce el consenso hacía adentro del sector privado mexicano de que dicho aumento es necesario y es posible.

 

La argumentación de Agustín Carstens se basa en los principios económicos que señalan que los aumentos en las remuneraciones a los trabajadores deben ir aparejados a los incrementos en la productividad de éstos, para que de esta manera no se generen costos adicionales para las empresas. En otras palabras, lo ideal es que si una empresa va a dar un aumento del 10% a sus trabajadores, para que este incremento no se vea reflejado en alza de precios se necesita que cada trabajador aumente su contribución a la producción  en ese mismo porcentaje. Es decir, que cada trabajador “desquite” el aumento produciendo más.

 

Con esto en mente, vale la pena hacer un análisis de cómo ha evolucionado la productividad de la mano de obra mexicana en los últimos años.  De acuerdo con el índice global de productividad laboral de la economía con base en la población ocupada, elaborado por el INEGI, en el periodo del segundo trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 el Producto Interno Bruto (PIB) de México se elevó en 10.8%, mientras que la población ocupada total creció en 6.6%, lo que nos arroja un incremento en la productividad laboral en el periodo de 4.0%. Esto equivale a un incremento promedio anual de la productividad de la mano de obra de apenas 0.78%, tasa superior a la del aumento anual promedio del salario medio diario de 0.4% en el mismo periodo.

 

Durante el mismo periodo de 2012 a 2017, en las actividades primarias el PIB creció 10.9%, mientras que la población ocupada se elevó el 1.8%, lo que generó un incremento de la productividad de 8.9% en un periodo de cinco años, equivalente a un incremento promedio anual de 1.72%. En las actividades secundarias el aumento en el PIB fue de 2.0%, mientras que el de la población ocupada fue de 16.6%, lo que se tradujo en una caída de la productividad de -12.4%, equivalente a una caída de -2.61% promedio por año en los últimos cinco años. En relación a las actividades terciarias, el aumento del PIB en el periodo de 2012 a 2017 fue de 15.1%, mientras que el de la población ocupada fue de 3.9%, lo que generó un incremento de la productividad de 10.7% en el periodo, equivalente a un aumento promedio anual de 2.06 por ciento. Queda claro que en las actividades primarias y terciarias las cosas marchan relativamente bien.

Productividad

Ahora, dentro de las actividades secundarias encontramos a la industria manufacturera, y en el periodo en cuestión ésta registró un aumento del PIB de 12.9% y uno de la población  ocupada de 14.2%, lo que ocasionó una disminución de la productividad laboral de -1.1% en el periodo de cinco años, lo que nos arroja una caída promedio anual de -0.22 por ciento. Esto sin duda es preocupante porque refuerza la creencia de que la competitividad de México es por sus bajos salarios y no tanto porque su mano de obra manufacturera sea cada vez más productiva.

 

Esto datos evidencian que la gran apuesta de la actual administración  del gobierno federal de aumentar la productividad de la economía hasta ahora ha fracasado, al menos en la parte industrial; aunque cabe señalar que con respecto al periodo de 2006 al 2012, la productividad en México si creció, ya que en el sexenio anterior la productividad laboral del total de la economía cayó -1.1 por ciento durante el periodo de seis años.

 

No obstante lo anterior, y que se deben redoblar los esfuerzos por abatir la economía informal, que es lo que mantiene la economía nacional con este bajo desempeño productivo, la falta de crecimiento de ésta no debe ser excusa para que no aumenten los salarios mínimos en México. Los argumentos de abatimiento de la pobreza, fortalecer el mercado interno y las posibilidades de la mayoría de los empresarios para poderlos aumentar sin presionar un alza de precios deben ser motivo suficiente; y si a eso le sumamos las fuertes críticas que nos hacen nuestros socios comerciales, pues entonces se debe tomar la decisión de un incremento al mínimo cuanto antes.

 

La conclusión es que México no puede seguir basando su competitividad internacional en los bajos costos de su mano de obra, y debe centrarse en ser competitivo por la productividad de su mano de obra.

 

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La pérdida agropecuaria de Estados Unidos si se retira del TLCAN

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88 asociaciones, grupos agrícolas y agroindustriales enviaron una carta solicitando que no fracase la renegociación del TLCAN

El pasado 25 de octubre, un total de 88 asociaciones, grupos agrícolas y agroindustriales, enviaron una carta al Secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross para solicitarle que no se emita la notificación de salida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), dado que dicha decisión ocasionaría un enorme daño a la economía de Estados Unidos, en especial a los sectores productivos que representan.

 

En la carta reconocen que efectivamente el TLCAN no ha beneficiado a algunos sectores como si ha sucedido con el alimentario y agrícola, y le piden al presidente Trump que respecte su promesa de modernizar el TLCAN, pero con un enfoque de “no causar daño”.

 

En la misiva enviada por organizaciones que representan 21 millones de empleos y que proveen más empleos manufactureros que cualquier otra actividad del ramo, además de representar el 20% de la economía estadounidense, se señala que ellos representan el corazón del Estados Unidos rural.

 

Señalan que gracias al TLCAN las exportaciones agrícolas y de alimentos crecieron 450%. En el año 2015, los Estados Unidos mantenían el 65% de participación de mercado para los productos agrícolas en la región TLCAN, y en 2016 exportaron 43 mil millones de dólares (mmdd) de alimentos y bienes agrícolas a Canadá y México, y de esta manera estos dos países son los mayores consumidores de estos productos estadounidenses a nivel mundial. Agregan que gracias al TLCAN se disminuyeron los precios de varios insumos a lo largo de la cadena de valor, beneficiando a consumidores, y ayudando a eliminar las barreras no arancelarias, haciendo así a la agricultura estadounidense más competitiva. Y en descargo de México señalan que gracias al TLCAN los consumidores estadounidenses tienen acceso confiable a todos los productos del campo durante todo el año, siendo que antes sólo eran disponibles de acuerdo a la temporalidad de los productos.

 

Agregan que de acuerdo con un estudio de la firma ImpactECON, si Canadá y México imponen aranceles de “Nación Más Favorecida (NMF)” a las exportaciones de Estados Unidos, el impacto negativo en los Estados Unidos será mucho mayor a los beneficios de tener aranceles más altos, incluida una pérdida neta de 256 mil empleos estadounidenses, de los cuales al menos 50 mil se perderían en los sectores de agrícolas y de alimentos, además de una caída del PIB agrícola de 13 mmdd. Una salida del TLCAN ocasionaría una disrupción en las vitales cadenas de valor, cerraría mercados, eliminaría empleo, y aumentaría los precios de las necesidades básicas de los consumidores estadounidenses.

 

Más específicamente, el impacto negativo de la salida de Estados Unidos del TLCAN incluye lo siguiente a nivel de producto:

 

Maíz: Los Estados Unidos exportaron 3.2 mmdd de maíz a México y Canadá tan sólo en el 2016, apoyando así 25,000 empleos. La salida del TLCAN causaría que la producción estadounidense caiga un promedio de 150 millones de bushels (una tonelada equivale a 39,370 bushels de maíz) anualmente, eliminando 800 millones de dólares (mdd) de valor y aumentando la necesidad de pagos a los programas de apoyo a los granjeros en 1.2 mmdd.

 

Carne de puerco: México y Canadá representan el 40% del volumen de exportación de carne de puerco de Estados Unidos. Un análisis económico realizado por la Universidad de Iowa encontró que la salida de Estados Unidos del TLCAN reduciría la producción de carne de puerco de ese país en 5%, resultando en una pérdida agregada para la industria de cerca de 1.5 mmdd, poniendo en juego más de 16,200 empleos estadounidenses.

 

Frutas y vegetales frescos: Canadá y México representan el 18% de las exportaciones estadounidenses de frutas y el 60% de las exportaciones de vegetales frescos. Desde 1993, las exportaciones de frutas y vegetales frescos se han más que triplicado, alcanzando los 7.2 mmdd. Cuando México aplicó aranceles compensatorios en represalia a las manzanas, cerezas y peras a partir de 2009, las pérdidas alcanzaron los 65 millones por cultivo por año, lo que es un buen presagio de lo que sucedería si Estados Unidos se retira del TLCAN.

 

Arroz: Los Estados Unidos compiten en un mercado global que es distorsionado por subsidios y controles gubernamentales a la importación, lo que artificialmente eleva la oferta mundial de arroz y restringe los mercados estadounidenses. El TLCAN es un probado escudo contra estas distorsiones. México y Canadá representan casi el 30% de todas las exportaciones de arroz de Estados Unidos, por lo que la salida del TLCAN abriría estos mercados a los competidores en Asia y Brasil sin que se sepa que sucedería con las ventas estadounidenses que se verían desplazadas, en un contexto en el que las reservas mundiales de arroz se están incrementando.

 

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México es altamente dependiente de importaciones de maíz, trigo, pollo, huevo y leche de Estados Unidos

Soya: Las exportaciones anuales de soya estarían amenazadas si México y Canadá buscan otras fuentes de abastecimiento en América del Sur.

 

Carne de res: En el año 2016, las exportaciones de carne de res a México y Canadá superaron los 1.7 mmdd y representaron el 27% del total de exportaciones de este producto. Desde que se implementó el TLCAN, las exportaciones a México, un mercado irremplazable para grandes volúmenes de ciertos cortes de carne, han aumentado en 250%. La salida del TLCAN aumentaría los aranceles arriba del 20%, causando una reducción de las exportaciones de carne de res, una contracción en la producción, menos empleos en la industria de la carne en los Estados Unidos, y un menor rendimiento para los ganaderos, rancheros y empacadores de carne.

 

Carne de aves de corral: La producción estadounidense de carne de pollo y pavo se ha beneficiado enormemente del TLCAN. En 2016, las exportaciones de carne de aves de corral sumaron 7.95 millones de libras, lo que representa más del 16% de la producción total. México es el cliente individual más importante para las exportaciones de estos productos. La disrupción del comercio de estos productos sería devastadora. México importó el 23.5% de todas las exportaciones estadounidenses de carne de aves de corral en dicho año.

 

Alta fructosa de maíz: Las exportaciones que van a México disminuirían en 500 mdd por año en la medida en que México reemplaza la fructosa importada con  azúcar, y no hay mercado alternativo para esta producción estadounidense.

 

Trigo: Antes del TLCAN, la intervención gubernamental y la existencia de aranceles hacían que las exportaciones de este producto estadounidense se mantuvieran fuera de México. Ahora, la mayoría de los productores de trigo dependen de México como su mercado más importante. Sin el TLCAN, el trigo importado de otros países desplazaría al de Estados Unidos en los mercados canadiense y mexicano.

 

Lácteos: Más de 1 mmdd anuales de productos lácteos son enviados a México. Si México impone aranceles NMF a estos productos provenientes de Estados Unidos, éstos serían de entre 20% y 60% para el queso, y de 45% para la leche desnatada en polvo, golpeando así a los productores estadounidenses que tienen en México su mercado más grande. México no tendría problema en reemplazar a Estados Unidos como proveedor, ya que cuenta con un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, que en sí es el exportador más grande de productos lácteos del mundo.

 

La carta de los productores agrícolas, agroindustriales y de alimentos también da cuenta del terrible impacto que tendía la salida de Estados Unidos del TLCAN en otros productos como alimentos y bebidas procesadas, frutas y vegetales congelados, bebidas alcohólicas, fibra de algodón y textiles de algodón,  avena, confitería, pastura, y alimento para mascotas.

 

También menciona que los exportadores agrícolas de Brasil y Argentina, específicamente, se están moviendo rápido y agresivamente para tomar ventaja de la oportunidad percibida para acceder a los mercados del Norte América debido a la retórica de negociación del TLCAN. Adicionalmente, la Unión Europea está negociando agresivamente la modernización de su TLC con México para expandir sus ventas buscando la reducción de aranceles mexicanos y buscando la incorporación de reglas creando barreras comerciales de facto para obtener ventajas a costa de los productores estadounidenses.

 

Finalizan la carta diciéndole a Wilbur Ross que es imperativo que los Estados Unidos preserven y aumenten el acceso a los mercados de México y Canadá en los que tienen una ventaja competitiva respecto a otros proveedores globales. Queda claro que la salida del TLCAN resultaría en un daño sustancial para la economía estadounidense en general, y para los productores agrícolas en particular. Es por ello que solicitan que se busquen negociaciones positivas que beneficien los intereses económicos estadounidenses logrando el abrir nuevas oportunidades de exportaciones y atendiendo las preocupaciones de barreras no arancelarias que se han identificado. Reiteran la solicitud de que se mantenga la promesa de “no dañar” en la renegociación del TLCAN.

 

Esta carta sin duda será muy positiva para mantener la renegociación del TLCAN fluyendo, no obstante todos los obstáculos que Estados Unidos ha puesto en el camino, y de los cuales hemos dado cuenta desde este espacio.

 

En este contexto, es fundamental que México también analice la enorme dependencia que ha generado de los productos agrícolas estadounidenses y se generen las políticas públicas de apoyo al campo para que se logre disminuir la presencia de productos importados en el sector primario de la economía. No basta con sólo buscar nuevos proveedores en la Unión Europea, Argentina y Brasil, sino que la prioridad debe ser fomentar la producción nacional.

 

Desafortunadamente, la óptica de libre mercado en México, que estipula que exportemos aquellos bienes en los que tenemos una ventaja competitiva e importemos aquellos en los que no la tenemos, ha sido en gran medida la responsable de que en muchos productos básicos México se haya rezagado o de plano caído la producción. Ahí están los casos del maíz y del trigo, sólo por citar algunos de los más impactantes. Pero la dependencia de México de productos del exterior va en muchos más productos como el pollo, la leche y el huevo.

 

Por el bien de México, por ser un tema de seguridad nacional (la seguridad alimenticia es seguridad nacional) se deben implementar políticas de apoyo a la agricultura de los productos más básicos.

 

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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¿Es realista la Ley de Ingresos 2018?

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El pleno de la Cámara de Diputados aprobó la iniciativa de Ley de Ingresos 2018

El pasado 19 de octubre, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general y en lo particular el  dictamen con proyecto de decreto por el que se expide la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2018, con el que se prevé obtener un total de 5.279 billones de pesos, monto que representa un incremento de 43.291 mil millones de pesos (mmdp) adicionales a lo planteado en la propuesta enviada por el Ejecutivo.

 

Aquí lo interesante es que gran parte de esos 43.291 mmdp adicionales para gastar no son producto de una reconsideración de los ingresos fiscales del gobierno, sino que es esencialmente el resultado de  manipular o “jugar” con las cifras de las variables clave con el fin de crear ingresos virtuales, de los cuales no hay certidumbre de que se vayan a lograr.

 

Sucede que en la propuesta enviada por el Ejecutivo se planteaba un precio promedio del barril de petróleo de 46 dólares y un tipo de cambio promedio de 18.10 pesos por dólar, pero la mayoría de los diputados votó a favor de un presupuesto que contempla un precio promedio del barril de petróleo en 48.50 dólares y un tipo de cambio de 18.40 pesos por dólar. La combinación de estas dos variables hace que por cada barril exportado, Pemex obtenga 7.2% de ingresos adicionales respecto al planteamiento inicial del Ejecutivo.

 

Respecto a estas estimaciones, cabe señalar que al momento de escribir estas líneas el tipo de cambio se encuentra en 19 pesos por dólar; sin embargo, el tipo de cambio interbancario promedio en lo que va del año es de 18.88 pesos por dólar, mientras que en todo 2016 el promedio fue de 18.68 pesos. Por su parte, en la última encuesta de expectativas económicas de analistas del sector privado recabada por parte del Banco de México (septiembre 2017), la estimación del tipo de cambio para el cierre de 2018 es de 18.21 pesos por dólar, pero ésta seguramente se revisará al alza en el siguiente levantamiento en función de la reciente volatilidad observada en el mercado cambiario.

 

Dado lo anterior, y derivado de que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se prolongará hasta el 2018 y que en ese año habrá elecciones presidenciales en México, es que se espera que el mercado cambiario continúe mostrando volatilidad y presionado al alza. En ese sentido, la proyección de un dólar promedio en 18.40 pesos parece razonable.

 

En cuanto al precio del barril de petróleo en 48.50 pesos, la mayoría de los analistas indican que es poco realista. Al pasado 20 de octubre el precio de la Mezcla Mexicana de Exportación fue de 49.11 dólares (uno de los niveles más altos del año), mientras que el 23 de junio de este mismo año estaba en 39.65 dólares, por lo que se puede apreciar un precio con tendencia al alza.  Sin embargo, para analistas del mercado energético, es difícil que el precio el barril del petróleo vaya a subir mucho más del nivel actual, pero si es factible que éste presente una baja, por lo que la estimación hecha por la Cámara de Diputados se ubica cerca del límite superior de la expectativa de mercado para el 2018.

 

Ahora, en cuanto al crecimiento de la recaudación fiscal, la Ley de Ingresos 2018 aprobada por la Cámara de Diputados asume que el crecimiento económico será de 2.5%, pero esta proyección parece optimista. Es verdad que el Grupo Financiero Citibanamex espera que en 2018 el crecimiento del PIB sea de 2.5%, pero la Encuesta-Banamex ubica la perspectiva de crecimiento en 2.2%, Bancomer lo ve en 2.0%, el promedio de diversas corredurías lo pone en 2.02%, y la encuesta del Banco de México lo estima en 2.30%.

 

Si a esto le sumamos que el riesgo de que la renegociación del TLCAN fracase ha ido aumentando (se ubica entre 30 y 50% según a quien se le pregunte) y el impacto que esto pudiera tener en nuestro crecimiento económico es de entre 0.3 y 1.0% del PIB el primer año, pues parece muy optimista la meta de lograr un crecimiento de nuestra producción de 2.5% en el 2018, por lo que las estimaciones de recaudación tributaria podrían estar infladas.

 

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La deuda neta del sector público federal crecerá otros 570 mil millones de pesos en 2018

Otro aspecto que se debe destacar de la propuesta de Ley de Ingresos aprobada por la Cámara de Diputados es que la deuda del sector público seguirá creciendo, ya que se le autoriza al gobierno federal contraer un monto de endeudamiento neto interno por 470 mmdp, además de un endeudamiento externo neto de 5.500 mil millones de dólares (mmdd), lo cual suma unos 571 mmdp. Esto indica que si bien se espera que el año que viene se tenga un superávit primario (diferencia de ingresos y gastos antes de contemplar el pago de intereses por la deuda del sector público), nos seguiremos endeudando para pagar los intereses de lo que debemos. Esta situación es equivalente a una empresa que logra ventas de un millón de pesos al año y tiene gastos antes de intereses de 900 mil pesos, pues le queda un superávit de 100 mil pesos, pero tiene que pagar 300 mil de intereses sobre su deuda, pues se seguirá endeudando, así como lo hace el gobierno de México.

 

Cabe señalar que al 31 de agosto de este año el saldo total de la deuda neta  del sector público federal asciende a 5.945 billones de pesos de deuda interna más otros 189.804 mmdd de deuda externa, lo que sumado arroja un total de 9.338 billones de pesos. Las proyecciones indican que al cierre de 2017 la deuda neta del sector público federal será cercana a los 10 billones de pesos, y el año 2018 no se espera que haya remanente de operación del Banco de México, el cual este año fue de 321 mmdp y fue oxígeno puro para las finanzas públicas en 2017 porque permitió que “no creciera tanto” la deuda pública.

 

A manera de conclusión podemos señalar que la iniciativa de Ley de Ingresos aprobada por la Cámara de Diputados, y que ya fue turnada a la Cámara de Senadores para su revisión y aprobación, fue armada sobre algunos supuestos que podrían no suceder, lo que mermaría los ingresos del sector público; pero lo más importante es que no se pone freno al crecimiento de la deuda pública y el año entrante tendremos en el mejor de los casos otros 570 mmdp adicionales de deuda.

 

En este contexto, resulta interesante tomar en consideración que el costo de reparación de los daños causados por los dos pasados sismos es de 48 mmdp, de acuerdo a lo señalado por el presidente Enrique Peña Nieto, y que entonces esta cantidad representa apenas el 8.4% de la deuda pública adicional que se contraerá. Las cantidades de endeudamiento contraído son descomunales y se nos informa muy poco respecto al destino de todos esos miles de millones de pesos en los que se ha hipotecado el futuro del país.

 

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El TLCAN: propuestas y especulación

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La probabilidad de fracaso del TLCAN se ha elevado a 50%

La probabilidad de que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no concluya satisfactoriamente, y que por lo tanto Estados Unidos se retire del acuerdo, se ha elevado a un 50% de acuerdo con estimaciones hechas por separado por parte del ex secretario de Comercio y Fomento Industrial, Herminio Blanco, y del ex Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick.

 

Esto derivado de la enorme cantidad de propuestas inaceptables y carentes de lógica económica que nuestro vecino del norte ha puesto en las mesas de negociación. Durante la cuarta ronda de negociaciones, la cual se lleva a cabo en Washington al momento de escribir estas líneas, Estados Unidos ha formalizado más propuestas que de ninguna manera pueden ser aceptadas por México porque nos colocan en calidad de “socio comercial de tercera” y nos hacen pensar que nos iría mejor sin el tratado modificado.

 

A continuación se presenta un resumen de las propuestas más importantes hechas por Estados Unidos que son consideradas como inaceptables por parte de México:

 

  1. Cláusula de extinción o “sunset”, la cual implica que el tratado expirará en automático cada cinco años a menos de que las partes acuerden extenderlo. Esto ha merecido duras críticas dado que se considera que cinco años no son nada para los horizontes de planeación de las grandes empresas, y que una cláusula de este tipo atenta contra la certidumbre económica que se requiere para que la inversión productiva fluya entre los países.

 

  1. En cuanto al sector automotriz, ya se formalizó la propuesta de aumentar el requerimiento de contenido norteamericano para camiones, automóviles y motores grandes desde el actual 62.5% a 85%. Además, Estados Unidos pide que 50% del contenido de los estos vehículos y motores debe ser fabricado en Estados Unidos. De materializarse esta propuesta implicaría el rompimiento de las cadenas productivas en la región dado que, como lo mencioné en la entrega de la semana pasada, ahora en día sólo el 24% del valor de un automóvil promedio es de Estados Unidos y Canadá.

 

  1. Procesos antidumping exprés contra importaciones de hortalizas estableciendo restricciones a productos mexicanos como el tomate y las “berries” en función de los ciclos agrícolas de Estados Unidos. Esto, además de ser violatorio de las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) es inequitativo porque es una medida que Estados Unidos no acepta que le imponga México en los productos que ellos exportan como maíz, trigo, sorgo, cebada, y demás granos.

 

  1. En materia de compras de gobierno también hay inconformidad dado que Estados Unidos propone un esquema de “dólar por dólar”. Esto es, que las compras de las empresas mexicanas y canadienses de contratos del gobierno estadounidense, estén topadas al monto de contratos que las empresas estadounidenses obtienen de los gobiernos de México y Canadá.

 

  1. En materia textil se ha propuesto que desaparezcan los cupos con trato arancelario preferencial a las exportaciones mexicanas de ciertos tipos de tela fabricados con insumos que no se producen en la región. Esto con el fin de desarrollar la proveeduría en la región de Norteamérica. De acuerdo con diversas asociaciones textiles de Estados Unidos, este es un mercado de unos 750 millones de dólares al año.

 

Queda claro con estas propuestas que la posición de Estados Unidos es claramente proteccionista y tiene un sesgo que de acuerdo con un funcionario estadounidense que declaró a Reuters en condiciones de anonimato que “tratan de erradicar, minimizar y eliminar los mecanismos que existieron en el TLCAN durante los últimos 20 años.”

 

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Estados Unidos propone una regla de origen para automóviles de 85% de contenido regional y 50% contenido estadounidense

No obstante lo anterior, para los más optimistas del lado mexicano, el que Estados Unidos haya hecho estas propuestas y el que las siga haciendo, no debería ser motivo de preocupación ya que están en todo su derecho de presentarlas para que sea el punto de partida de una negociación constructiva. Para ellos, lo que ahora estamos viviendo es algo ya esperado desde que se anunció la renegociación del TLCAN; además creen que lo natural será que una vez que se presenten las contrapropuestas por parte de México y Canadá, se podrá llegar a un punto intermedio satisfactorio para las partes.

 

Estos mismos optimistas están contentos porque las negociaciones podrían ser aún más complicadas si se hubiera agregado a la discusión el tema de los bajos salarios en México, pero ese asunto aun no se presenta y todo parece indicar que no se presentará. En materia laboral, si bien hay molestia por parte de sindicatos estadounidenses y canadienses, el texto propuesto por Estados Unidos es muy similar al que ya habíamos aceptado cuando estaban las negociaciones del Tratado Transpacífico (TPP), en el que esencialmente las partes se comprometen a no violar reiterada y consistentemente la legislación laboral.

 

Sin embargo, para los más pesimistas (o realistas) el hecho de que Estados Unidos presente “ocurrencias más que propuestas”, es una indicación de que buscan fastidiar la negociación. Saben que México y Canadá no aceptarán mucho de lo que proponen porque inclusive carece de lógica económica, y porque implica recibir un trato peor al que tendríamos sin acuerdo. Entonces la negativa de México será el pretexto ideal para levantarse de la mesa de negociación y dar por terminado el acuerdo. En este contexto a las propuestas inaceptables les denominan “pastillas envenenadas”.

 

Ante este escenario hay quien aprovecha la incertidumbre en el mercado cambiario y especula en contra del peso. El pasado viernes 13 de octubre el tipo de cambio interbancario llegó a un máximo de 18.9860 pesos por dólar, su nivel máximo en cinco meses, aunque todavía distante del máximo histórico de 21.9565 registrado a principios de año.

 

Y pues claro que declaraciones irresponsables como las de la firma británica Capital Economics empeoran las cosas al señalar que un rompimiento del TLCAN llevaría a la economía mexicana a crecer hasta un punto porcentual menos de lo proyectado para el 2018 (CGPE 2018 establecen meta de entre 2 y 3%), y que el tipo de cambio se ubicaría entre los 23 y 25 pesos por dólar. De este tipo de firmas no podemos esperar menos y queda claro que se frotan sus manos cuando ocurren este tipo de episodios especulativos dado que si tumban al peso, cualquier inversión que quieran hacer en México les saldrá más barata.

 

Para los que le apuestan al fracaso del TLCAN, pues lo más probable es que tengan que esperar ya que eso no ocurrirá en la cuarta ronda de negociaciones. La quinta ronda, a ser llevada a cabo en la Ciudad de México, sigue en píe para los últimos días de octubre y/o primeros días de noviembre; y es posible que si los negociadores mexicanos mantienen la calma y paciencia, se vea un escenario más suave en la negociación y con construcción de propuestas viables y satisfactorias para las tres partes.

 

De cualquier manera, se debe insistir en que si se termina el TLCAN no será de ninguna forma motivo de una crisis económica prolongada en nuestro país. Bajo este escenario la tasa arancelaria de las importaciones totales de Estados Unidos provenientes de México aumentaría del 0.12% actual al 3.25% y 3 capítulos –automotriz, autopartes y electrónica- pagarían el 76.49% del aumento arancelario del arancel Nación Más Favorecida (NMF). Por su parte, en caso de que se cancelara el TLCAN las importaciones de México provenientes de Estados Unidos verían incrementar su tasa arancelaria a pagar del 0.10% actual al 4.69% (Dussel 2016).

 

Finalmente, es muy positivo que el gobierno mexicano empiece a mapear los sectores que serán más afectados ante una eventual cancelación del TLCAN para que estos reciban apoyos destinados a buscar nuevos mercados y mejorar su productividad, de manera que pueden absorber el mayor porcentaje posible del alza arancelaría que sufrirían.

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La diferencia salarial entre México y Estados Unidos

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Los ministros de Estados Unidos, Canadá y México se volverán a ver en Washington del 12 al 15 de octubre

Cerca de 700 funcionarios se reunirán esta semana en Washington D.C. para discutir y tratar de avanzar en los múltiples temas pendientes de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); pero todos ellos están conscientes de que las probabilidades de fracaso han ido en aumento, dadas las propuestas concretas e inaceptables que Estados Unidos comenzó a poner sobre la mesa desde la pasada ronda de negociaciones en Ottawa, Canadá.

 

Si los funcionarios de las tres naciones no pueden lograr más avances en la cuarta ronda de negociaciones, la cual comienza el miércoles 11 de octubre, las probabilidades de ponerse de acuerdo en el futuro  caerán aún más y Donald Trump tendrá una excusa ideal para retirar a su país del TLCAN, lo que sin duda será disruptivo para la economía de Norteamérica.

 

Desafortunadamente esto último se ve como el escenario más probable dado que se  espera que Estados Unidos, al ser el anfitrión de la cuarta ronda de negociaciones, continúe poniendo sobre la mesa propuestas que ponen a México como un socio comercial “de segunda”.

 

Los más optimistas respecto a la negociación consideran que toda esta serie de propuestas inaceptables que ha vertido Estados Unidos en materia textil, agrícola, compras de gobierno, automotriz, entre otros, son parte de una estrategia que sólo busca asustar a México. Creen que una vez que nuestro país haga las correspondientes contrapropuestas, se llegará a un punto intermedio que será satisfactorio para los tres países. En lo personal, no creo que esta sea la situación y más bien, Estados Unidos está buscando romper la negociación y dar por terminado el TLCAN.

 

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Obrero mexicano de la industria automotriz

Uno de los temas en los que se espera que se concreten algunas propuestas en la cuarta ronda de negociación es en el de las reglas de origen, y en especial en la del sector automotriz. Actualmente la regla establece que para obtener la preferencia arancelaria, el 62.5% del valor de un automóvil debe ser de insumos de México, Estados Unidos y/o Canadá. De acuerdo con información de la National Highway Traffic Safety Administration de Estados Unidos, actualmente cerca del 24% del valor de los vehículos exportados por México contiene partes originarias de Estados Unidos y Canadá, por lo que la propuesta con la que se ha especulado en el sentido de que nuestro vecino del norte propondrá que el porcentaje de contenido regional se eleve al 85% y que el porcentaje de insumos de Estados Unidos sea de entre el 35% y el 50% haría que México deje de exportar carros con preferencia arancelaria a Estados Unidos y Canadá, al menos en el corto plazo.

 

Otro tema que probablemente será abordado en la cuarta ronda de negociaciones es el laboral. Siendo el tema de las diferencias salariales entre México y Estados Unidos y Canadá, la parte más complicada. Varios congresistas de Estados Unidos, entre ellos, Sander Levin (del Partido Demócrata por Michigan) han criticado duramente esta situación. De hecho recientemente Levin dijo ante los miembros del Consejo de Relaciones Exteriores que la empresa BMW había firmado un contrato en mayo de este año en el cual se comprometía a pagar un salario inicial a sus trabajadores de 1.10 dólares la hora, para después irlo ajustando al alza hasta 2.53 dólares la hora.

 

Y es precisamente en el tema de las diferencias salariales, en donde quiero hacer énfasis en el análisis de esta entrega. ¿De qué tamaño es realmente la diferencia? ¿la diferencia se ha venido achicando o ampliando? Eso es lo que explicaré a continuación.

 

De acuerdo con el sitio Tradingeconomics.com, el salario promedio diario en México fue de 337.37 pesos diarios en julio de este año, mientras que en febrero del 2000 era de 129.28 pesos, lo que indica un aumento nominal de 161.0% en poco más de 17 años. Si tomamos en cuenta que en dicho periodo la inflación fue de 110.3%, entonces vemos que en términos reales el salario promedio en México creció apenas 24.1% en el periodo.

 

En cuanto al salario promedio en dólares, tenemos que el tipo de cambio era de 9.373 pesos por dólar en febrero de 2000, por lo que entonces en dicho mes el salario promedio diario fue de 13.79 dólares (equivalente a 1.72 dólares por hora asumiendo una jornada de 8 horas diarias); por su parte, en julio de 2017 el tipo de cambio fue de 17.841 dólares, por lo que el salario promedio diario fue de 18.90 dólares (2.36 dólares por hora). De esta manera vemos que de febrero de 2000 a julio de 2017 el salario promedio diario en dólares en México creció en 37.1 por ciento.

 

Si tomamos en consideración que de acuerdo con el sitio de Tradingeconomics.com, el salario promedio en Estados Unidos era de 22.09 dólares por  hora, pues queda claro que en términos nominales el trabajador promedio estadounidense gana actualmente 8.34 veces más que el trabajador promedio de México.

 

Sin embargo, este análisis es parcial. Debemos tomar en consideración que el costo de vida en México es más bajo que en Estados Unidos y por lo tanto las cifras de sueldos deben ser ajustadas para reflejar mejor la realidad. De hecho este tipo de ajustes se llevan a cabo para comparaciones del Producto Interno Bruto per cápita y se les denomina “ajustado por poder de compra”. De acuerdo con cifras del Banco Mundial el ajuste correspondiente para México es de 2.17, por lo que entonces podemos decir que el salario promedio por hora en nuestro país es de 5.14 dólares ajustado por poder de compra.

 

En base a lo anterior, vemos pues que la diferencia salarial entre México y Estados Unidos es de 3.29 veces solamente. Desde luego que es una diferencia considerable, pero es menos grande de lo que se menciona en los medios de comunicación y respecto a lo que argumentan los políticos, líderes sindicales y negociadores de Estados Unidos y Canadá.

 

Tomando en cuenta lo anterior, para equiparar el salario promedio (ajustado por poder de compra) y así dar gusto a los estadounidenses y canadienses, entonces éste debería aumentar a 1,447 pesos diarios, asumiendo que el peso ya no se depreciara más. Este nivel de salario le daría al trabajador mexicano el mismo nivel de vida (en términos de lo que puede comprar) que el de uno de Estados Unidos.

 

Es obvio que las empresas mexicanas no tienen capacidad actualmente para pagar este nivel de sueldos dado que los incrementos salariales deben ir aparejados a los aumentos de la productividad de los trabajadores, de lo contrario los incrementos en las remuneraciones se traducirán en despidos. Esto es así porque  el ingreso marginal de cada trabajador contratado debe ser igual o mayor al salario de éste, de lo contrario la empresa no podrá maximizar sus ingresos.

 

A manera de conclusión podemos señalar que es altamente probable que las negociaciones del TLCAN fracasen y que el acuerdo con Estados Unidos desaparezca. El tema laboral puede ser uno de los factores que provoquen el mayor desacuerdo, y por eso es importante que los negociadores mexicanos cuenten con los argumentos suficientes para responderle a los de Estados Unidos. En este sentido, un argumento que les puede ser de utilidad es que la diferencia efectiva de los salarios entre México y Estados Unidos se ha venido achicando, y que de ninguna manera es de 9 a 1, sino que es de 4 a 1. Desde luego que la diferencia es considerable, pero es un argumento que se puede emplear junto con propuestas de políticas públicas a las que México se comprometa para que la productividad de la mano de obra aumente de manera ininterrumpida para que los sueldos en México puedan seguir subiendo.

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Grupos textiles de EE.UU. piden la eliminación de los TPLs del TLCAN

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La eliminación de los TPLs será un duro golpe para la industria textil mexicana

De acuerdo con una nota publicada el pasado 2 de octubre por el sitio de internet InsideTrade.com, ocho grupos que representan a los fabricantes textiles de Estados Unidos están presionando a los miembros de los Comités de Finanzas del Senado y de Procedimientos de la Cámara de Representantes, para que apoyen la propuesta hecha por el gobierno estadounidense en la renegociación del TLCAN, consistente en eliminar los cupos con preferencias arancelarias (TPLs) de dicho acuerdo comercial, bajo el argumento de que al hacer eso se cerrará una enorme coladera en la regla de origen del hilado (hacía delante) que es actualmente explotada por China.

 

“Simplemente es inaceptable que continúe este mecanismo que contradice la intensión básica del TLCAN de estimular las estructuras comerciales de manera mutuamente beneficiosa entre las partes contratantes y acelerar la inversión, producción, y empleo en los Estados Unidos y la región TLCAN”, el grupo escribió en una carta del 2 de octubre dirigidas al presidente del Comité de Finanzas del Senado, Orrin Hatch (Republicano por Utah) y al miembro de dicho Comité, Rob Wyden (Republicano de Texas), así como al Presidente del Comité de Procedimientos de la Cámara de Representantes, Kevin Brady (Republicano de Texas) y al miembro Richard Neal (Demócrata por Massachusetts).

 

Los TPLs permiten que cierta cantidad (un cupo) de hilados específicos y tejidos producidos fuera de la región TLCAN puedan ser usados en la región TLCAN para la producción de ropa y puedan ser considerados como originarios mientras que la transformación ocurra en la región.

 

La carta escrita por los líderes del Consejo Nacional de Organizaciones Textiles, la Asociación de Fabricantes Americanos de fibras, el Consejo Nacional del Algodón, entre otros, se presenta después de dos semanas de que las organizaciones de distribuidores del vestido y organizaciones de minoristas de los tres países miembros del TLCAN le escribieran a los ministros de los tres países pidiéndoles que mantuvieran los actuales TPLs, y se da una semana después de que los Estados Unidos pusieran en la mesa de negociación una propuesta para eliminarlos en la ronda de Ottawa.

 

La propuesta estadounidense puede encontrar apoyo entre los congresistas que representan a los distritos con fuerte presencia en la fabricación de textiles, como Carolina del Sur y Georgia, dijeron algunas fuentes.

 

Canadá y México se oponen a esta propuesta.

 

Los minoristas y la industria del vestido argumentan que eliminar los TPLs rompería las cadenas de proveeduría que se han establecido por más de dos décadas. Además de que aumentaría los precios para los consumidores.

 

La industria textil estadounidense no está de acuerdo con este argumento. Señala que los TPLs del TLCAN le han costado a los Estados Unidos miles de empleos en las industrias textil y del vestido y argumentan que “hasta ahora se les ha negado a los fabricantes textiles estadounidenses los cientos de millones de dólares en ventas anuales que se les han dado a nuestros socios del TLCAN.”

 

“Adicionalmente, el sistema de TPLs le ha dado grandes beneficios y concesiones a países como China que no están dando preferencias de mercado recíprocas para acceder a sus mercados”, el grupo textil señala.

 

Los que proponen eliminar los TPLs señalan que el hacer esto haría que regresaran de China miles de empleos manufactureros en el sector textil. Por su parte, los que apoyan los TPLs dicen que si éstos se eliminan, las empresas estadounidenses ahora serán más propensas a comprar insumos de China y realizar importaciones para vender los productos en la región TLCAN, en lugar de comprar insumos más caros de fabricantes estadounidenses (a pesar de tener que pagar un arancel por no cumplir con la regla de origen del hilado).

 

De acuerdo con datos de 2015, los grupos que se oponen a los TPLs estiman que México y Canadá enviaron más de 725 millones de dólares de textiles y ropa a los Estados Unidos sin pagar aranceles a través del sistema de TPLs.

Alejandro Gómez Tamez*

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