La incertidumbre se apodera de la sexta ronda de negociaciones del TLCAN

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El 23 de enero comienza la Sexta Ronda de Negociaciones del TLCAN y no se esperan importantes avances

Se acerca el arranque de la sexta ronda de renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y persiste la incertidumbre respecto a si Estados Unidos permanecerá o se retirará del acuerdo. Hemos visto como su posición cambia de un día para otro, y desafortunadamente al día de hoy México parece no tener un verdadero “Plan B” por si el acuerdo trilateral se disuelve.

 

La sexta ronda, de ocho pactadas, está programada para iniciar el 23 de enero en Montreal, Canadá, y francamente no se sabe que esperar. El pasado miércoles 10, dos funcionarios canadienses de alto nivel le dijeron a la agencia de noticias Reuters que están cada vez más convencidos de que la administración Trump está próxima a anunciar que se retirará del acuerdo. Esta noticia tumbó temporalmente al peso mexicano y al dólar canadiense en los mercados globales.

 

Sin embargo, un día después en una entrevista publicada por el diario Wall Street Jornal (WSJ), el presidente Trump dijo que él sería “un poco más flexible” en su amenaza de retirarse del acuerdo debido a que México tendrá su elección presidencial este año y señaló “Entiendo que muchas cosas son difíciles de negociar antes de una elección”. Con la nota del WSJ, se dejó entrever la posibilidad de que se prolonguen las rondas de negociación más allá de la fecha pactada de marzo de este año. Esta nota provocó que el tipo de cambio se fortaleciera y cerrará la semana en ligeramente arriba de los 19.10 pesos por dólar.

 

Con  esto en mente, cabe señalar que en realidad no es ningún secreto que el presidente Donald Trump quiere desaparecer el TLCAN, y casi lo logra el año pasado planteando una serie de demandas (propuestas) irracionales y ridículas en las mesas de negociación. Se dice que Trump está haciendo eso intencionalmente en aras de cumplir una de sus promesas de campaña saboteando las negociaciones, y al no ser aceptadas éstas por parte de México y Canadá, retirándose del acuerdo que acaba de cumplir 23 años de existencia, y del cual dependen al menos 14 millones de empleos en los Estados Unidos.

 

Muchos analistas argumentan que las amenazas de la administración Trump serán usadas como fichas de negociación, presionando para que las negociaciones terminen más rápidamente y provocando así que México y Canadá acaben aceptando sus condiciones.

 

No obstante lo anterior, hay quienes se siguen sintiendo optimistas y piensan que la negociación llegará a buen puerto. Los optimistas basan sus argumentos en varios hechos, los cuales presento a continuación:

 

La industria está hablando

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Hay algunos factores que nos pueden hacer sentir ligeramente optimistas, como las recientes declaraciones de Donald Trump al WSJ

Dos grupos que antes estaban callados, por fin están hablando y fuerte: Una vez aprobada la reforma fiscal en Estados Unidos, más representantes de la industria y liderazgos estadounidenses en los estados dependientes del TLCAN se han comenzado a manifestar. Líderes de empresas en los sectores automotriz, agrícola, manufacturero y comercio al por menor, ahora están sonando las alertas, articulando públicamente lo devastador que sería para la competitividad de Estados Unidos respecto al  mundo si se retiran del TLCAN.

 

De manera similar, gobernadores y líderes políticos en los estados de Wisconsin, Michigan, Ohio y Pensilvania continúan en el frente promocionando los beneficios del comercio del TLCAN y argumentando que éstos son esenciales para estimular las economías de sus estados. En estas entidades hay una gran base de trabajadores en la industria automotriz, manufacturas y en granjas, y se espera que su apoyo público para que se avance en las negociaciones irá en aumento.

 

¿Porque las críticas al TLCAN podrían estar disminuyendo?

Es bien sabido que muchos de los estados dependientes del TLCAN, como los arriba mencionados, son los que llevaron a Donald Trump a la presidencia. Conforme se mueve el péndulo político y se aleja de la ideología proteccionista y las políticas Trumpistas, conforme se acercan las elecciones intermedias en Estados Unidos de 2018, la amenaza de perder empleos y la incertidumbre económica comienza a pesar en el ánimo de los electores.

 

Por su parte, de acuerdo con un artículo editorial de Marco López, publicado en el portal de azcentral.com y titulado “El TLCAN podría sobrevivir, inclusive si Trump amenaza con retirarse (NAFTA may survive, even if Trump threatens to pull out)”, el autor señala que fuentes de la Casa Blanca le han dicho que el control sobre la estrategia de negociaciones del TLCAN pasó del Secretario de Comercio Wilbur Ross y el Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) Robert Lighthizer, hacía el Vicepresidente Mike Pence y el principal asesor económico del presidente, Gary Cohn.

 

Pence es un exgobernador pro libre comercio del Oeste Medio de Estados Unidos, un exbanquero de Wall Street, y ha históricamente apoyado la agenda de libre comercio. El hecho de que el centro de poder se haya movido de los funcionarios de línea dura como Ross y Lighthizer, y la probabilidad de que lleguen nuevos miembros pro libre comercio al Congreso en 2019, le suman al optimismo de que el TLCAN sobrevivirá.

 

¿Cuántos conflictos comerciales puede mantener Estados Unidos de manera simultánea?

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México no cuenta todavía con un verdadero “Plan B” por si Estados Unidos se retira del TLCAN. la estrategia es se limita a decir “no pasa nada” 

Finalmente, la agencia de noticias Reuters informó que el pasado sábado 13 de enero, el presidente Donald Trump sostuvo una reunión con el USTR, Robert Lighthizer, y abordaron temas como la relación comercial de Estados Unidos con China y el TLCAN. A este respecto, una vocera de la Casa Blanca comentó que la administración Trump está considerando la imposición de nuevos aranceles compensatorios a las importaciones provenientes de China en las próximas semanas (en acero y aluminio), así como una serie de acciones punitivas contra China derivadas de la investigación realizada por el presunto robo de propiedad intelectual por parte de dicha nación asiática.

 

Habrá que estar atentos a las sanciones que Estados Unidos pueda imponer a China, y la reacción del gigante asiático, para muchos una guerra comercial se aproxima y Estados Unidos deberá mantenerse cerca de sus aliados. También, hay que recordar que la semana pasada, el 10 de enero, se publicó una nota por parte de Bloomberg en la que señala que algunos importantes funcionarios del gobierno de China están evaluando la tenencia de bonos del Tesoro de Estados Unidos, y que habían recomendado frenar o disminuir el ritmo de compra de éstos. Esta nota tiró ligeramente al dólar en los mercados globales y desde su publicación ha sido desmentida por algunos. Sin embargo, una batería de sanciones estadounidenses contra China podría materializar lo que se dice en dicha nota. No debemos olvidar que China es el principal acreedor del gobierno estadounidense, por lo que pueden responder de manera poderosa, más allá de una guerra comercial.

 

A manera de conclusión quisiera retomar lo que señalé en el primer párrafo de esta entrega. No sabemos que esperar y México no tiene un claro y definido “Plan B” ´por si fracasa el TLCAN. Se ha hablado mucho de una estrategia de diversificación de mercados, sobre todo para abastecernos de productos primarios. Sin embargo, no conocemos estudios serios y profesionales que analicen el impacto que se ocasionará en las cadenas globales de valor, ni el impacto que tendremos en el corto y mediano plazo en los flujos comerciales, producción y empleo.  Es por esto que los mercados siguen sobre-reaccionando ante cualquier nota.

 

Lo que el gobierno mexicano debe hacer es tener mapeadas todas las eventualidades que podrían suceder y trabajar con todos los posibles escenarios. No es suficiente con decir que como los aranceles OMC que tiene registrados Estados Unidos son muy bajos (en promedio), aquí no pasará nada. ¿Qué hay de las posibilidades de atracción de inversiones? Por otra parte, se debe cuidar que si eventualmente se logra una renegociación del TLCAN, que éste no se convierta en un instrumento demasiado complicado, burocrático y costoso de manera que se cancele la posibilidad de obtener productos manufacturados de bajo costo en esta región. Esto es especialmente importante para el sector automotriz, principal fuente de divisas para México.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La debilidad del dólar es lo que ha salvado al peso

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Lo que vivimos en 2017 no fue la fortaleza del peso, sino la debilidad del dólar

El Banco de México y el gobierno federal han salido a señalar que el peso mexicano tuvo un “buen” desempeño frente al dólar estadounidense en 2017, ya que la paridad pasó de un promedio de 20.492 pesos por dólar en diciembre de 2016 a 19.149 pesos por billete verde en diciembre de 2017, lo que implica una disminución en el precio del dólar de -6.6 por ciento en el año.

 

Con datos del Pacific Exchange Rate Service, esta evolución ubica al peso mexicano como la cuarta moneda que más se apreció frente al dólar en el periodo antes señalado (de una canasta de 15 monedas seleccionadas por GAEAP). A continuación se muestra la evolución del dólar frente a éstas monedas (en paréntesis se indica el porcentaje que el dólar bajo o subió frente a cada una): Euro (-10.9%), Won de Corea del Sur (-8.3%), Libra esterlina (-6.8%), Peso Mexicano (-6.6%), Yuan chino (-4.7%), Peso chileno (-4.3%), Dólar canadiense (-4.2%), Dólar australiano (-3.8%), Franco suizo (-3.1%), Yen japonés (-2.6%), Real brasileño (-1.9%), Peso colombiano (-0.4%), Dólar de Hong Kong (0.7%), Dólar de Nueva Zelanda (1.2%) y Peso argentino (11.5%).

 

Cabe señalar que desde luego que la “recuperación” del peso en 2017 palidece al tomar en consideración que entre mayo de 2014 y diciembre de 2017, el dólar subió 48.1%, al haber pasado de 12.933 pesos por dólar a 19.149 pesos por billete verde.

 

¿A qué se debe que en el periodo de diciembre de 2016 al mismo mes de 2017 el dólar haya bajado de valor respecto al peso mexicano? Pues esta pregunta tiene muchas explicaciones, una de ellas es el fuerte incremento de tasas de interés que hemos sufrido en México, un menor gasto público, pero la más importante es que lo que vivimos el año que recién concluyó no fue la fortaleza del peso sino la debilidad del dólar.

 

De acuerdo con un artículo publicado en http://www.nasdaq.com, titulado “Why 2018 Could be a Good Year for the Dollar (Por qué el año 2018 puede ser un buen año para el dólar)”, el año 2017 fue el peor año para el dólar estadounidense en más de una década, lo cual se puede constatar con la caída de más del 9% del “Índice Dólar”. La última vez que el dólar registró tiempos tan difíciles fue en 2003 cuando éste perdió el 14.6% de su valor. De cierta manera, ese año fue similar al 2017 en el sentido de que la inflación fue baja, el mercado accionario tuvo un buen desempeño y el Banco de la Reserva Federal (FED) aumentó tasas de interés. Sin embargo, en el 2003 los Estados Unidos se enfrentaban a un problema de deflación no de baja inflación (como ahora), la FED aumentó su tasa de interés sólo una vez en lugar de tres veces como el año pasado, y el mercado accionario subió 8% versus la ganancia de 2017 de casi 20 por ciento.

 

No obstante lo anterior, el 2017 fue un año terrible para el dólar estadounidense, lo cual pudiera resultar sorprendente dado que la FED fue el banco central de un país desarrollado, más agresivo. Subieron la tasa de interés en 75 centésimas de punto porcentual en un contexto de sólido crecimiento económico y bajo desempleo. Su crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) fue el más alto desde el año 2014 y la tasa de desocupación fue la más baja desde el año 2000. Sin embargo, durante la mayor parte del año 2017, el presidente Trump tuvo dificultades para avanzar en su agenda económica, se estuvo cerca de no lograr un acuerdo para aumentar el techo de endeudamiento público, y esto aunado a otros factores como las disputas con Corea del Norte, y la incertidumbre en las relaciones comerciales con sus principales socios, provocaron que los inversionistas globales prefirieran alejarse del dólar. En otras palabras, los inversionistas extranjeros (en especial los asiáticos y europeos) no quieren a Donald Trump.

 

El artículo de Nasdaq apunta que hacia el 2018, la FED continuará siendo el banco central de un país desarrollado con la política monetaria más restrictiva, aumentando tasas de interés en un rango de entre 50 y 100 centésimas de punto porcentual (75 es lo más probable). Por su parte, una tasa de desocupación muy baja, el recorte de impuestos, y la creciente confianza de consumidores y negocios provocarán un mayor crecimiento económico este año. Todo esto debe impulsar la inflación y el crecimiento económico a niveles más altos, provocando así una recuperación del dólar en el 2018.  Es probable que no veamos el “Índice Dólar” por encima de un nivel de 100 puntos, pero muchos analistas esperan una apreciación del dólar de aproximadamente 5% respecto a las monedas que conforman este índice (euro, yen japonés, libra esterlina, dólar canadiense, corona sueca y franco suizo). Si esta predicción se materializa entonces el peso mexicano estará en problemas dado que un dólar fuerte aunado a la incertidumbre por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las elecciones presidenciales, harán que el peso mexicano se deprecie de manera fuerte (tal vez entre un 10 y 25%).

 

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El dólar podría debilitarse otro 5% en 2018, según varios analistas

Afortunadamente para México, no todos son optimistas respecto a la evolución del dólar en 2018. En una nota publicada el 2 de enero de este año en http://www.poundsterlinglive.com, titulada “Dollar Forecast 5.0% Lower in 2018 by Citibank (Los pronósticos del dólar 5% más bajo en 2018 por Citibank)” se menciona que el pronóstico es que en 2018 el dólar se debilitará en 2018 por el incremento de las tenencias de pasivos de Estados Unidos por parte de extranjeros, mayor crecimiento económico global comparado con el de Estados Unidos y menores expectativas de inflación. Es así que el mayor negociador de divisas en el mundo, Citibank, se muestra pesimista respecto al dólar en 2018, esperando que la divisa pierda el 5% de su valor en 2018. Si esto se materializa, son buenas noticias para México porque entonces el peso no se depreciará tanto como algunos esperamos.

 

Citibank advierte que hay una creciente tenencia de pasivos estadounidenses por parte de extranjeros, los cuales están en riesgo de ser liquidados y repatriados en cualquier momento; mientras que la tenencia de activos extranjeros por parte de Estados Unidos es considerablemente menor, lo que lleva a un riesgo de desequilibrio en la oferta de dólares. Es así que el considerable deterioro de la posición de activos internacionales por parte de Estados Unidos en los últimos 10 años requiere un tipo de cambio más bajo en el largo plazo.  Algo similar ocurre con el peso mexicano, dado que la tenencia de pasivos denominados en pesos por parte de extranjeros es mucho mayor que la tenencia de pasivos extranjeros por parte de inversionistas mexicanos, lo que nos deja vulnerables ante las salidas de capital.

 

Esto pudiera parecer muy técnico, pero en realidad no lo es, y de hecho es de esperarse que la tenencia de pasivos estadounidenses por parte de extranjeros aumente este año en la medida en que los recortes de impuestos en Estados Unidos provoquen un alza en el mercado accionario, lo que provocará que entren más inversionistas extranjeros.  El problema es que el gobierno estadounidense no podrá financiar el recorte de impuestos por lo que requerirá endeudarse, y mucho de este financiamiento vendrá del extranjero, lo que se convierte en un círculo vicioso que incrementa la posición de extranjeros en Estados Unidos y su posición de activos internacionales netos. En la medida en que el Banco Central Europeo siga endureciendo su política monetaria (si bien no ha subido tasas, si ha disminuido su cantidad de alivio monetario), comenzaremos a ver grandes fugas de capitales de Estados Unidos hacía el viejo continente, que por cierto muestra un buen ritmo de crecimiento económico, lo que lo vuelve atractivo.

 

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La renegociación del TLCAN y las elecciones presidenciales de este año, ocasionarán volatilidad en el valor del peso

Es de esta manera que no sabemos que sucederá con el dólar en el 2018, pero lo que si sabemos es que hay múltiples factores en México que hacen que seamos más vulnerables que otras naciones ante lo que sucede en el vecino del norte. A pesar de que el Banco de México ha aumentado su tasa de interés objetivo de 3.0% en diciembre de 2015 a 7.25% en el mismo mes de 2017, la debacle del peso ahí está. Si Estados Unidos aumenta el ritmo de aumento de sus tasas de interés para evitar fugas de capitales y así financiar sus crecientes pasivos en manos de extranjeros, el Banco de México seguirá subiendo tasas en México en perjuicio de la actividad económica en nuestro país.

 

Desafortunadamente, dada nuestra debilidad y la pasividad de nuestras autoridades del gobierno federal, no nos queda más que cruzar los dedos y esperar que el dólar se debilite para entonces no devaluarnos tanto este año, así como sucedió en 2017. Sin embargo, hasta que no haya claridad respecto a la renegociación del TLCAN y el proceso electoral, seguiremos sufriendo por la debilidad de nuestra moneda y nuestra economía.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

En Twitter: @alejandrogomezt

 

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La mayoría de los países crece, pero México no

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La economía mexicana tuvo un desempeño económico mediocre en 2017, al resto del mundo le fue bien

El año 2017 fue bueno para la economía mundial, pero en México pasaron varias cosas que hicieron que perdiéramos el incipiente dinamismo del mercado interno que teníamos. En esta entrega veremos que sucede con la economía mundial y qué fue lo que pasó en nuestro país que nos impidió disfrutar de los beneficios de lo que fue el mejor año para la economía mundial desde la crisis financiera de 2008.

 

En la minuta de la Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, con motivo de la decisión de política monetaria anunciada el 14 de diciembre de 2017, publicada el pasado 28 de diciembre, se da cuenta de la buena marcha de la economía mundial. Concretamente se menciona que “la economía mundial continuó expandiéndose en el tercer trimestre y a principios del cuarto de manera más generalizada, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes.”

 

En relación a Estados Unidos, se señala que en el tercer trimestre del año, la economía más grande del mundo creció a una tasa trimestral anualizada de 3.3 por ciento. Este dinamismo se debe al repunte en la inversión en equipo y por una mayor contribución al crecimiento de las exportaciones netas y de la variación en inventarios. Se agrega que el índice de producción industrial y la producción manufacturera repuntaron en octubre, y también se menciona que las condiciones del mercado laboral de  nuestro vecino del norte han continuado mejorando. En efecto, se han generado en promedio 174 mil nuevas plazas mensuales en lo que va del año, superando el ritmo necesario para absorber el crecimiento de la fuerza laboral.

 

En cuanto a la economía de la zona Euro, se menciona que los indicadores prospectivos apuntan a un crecimiento generalizado entre países y sectores durante el cuarto trimestre del año. La sólida expansión de esta región ha estado respaldada por las condiciones monetarias acomodaticias y la expansión del crédito. Además, los niveles de confianza en los principales sectores de la economía se ubican por encima de sus promedios históricos, lo que también parecería haber impulsado la demanda interna.

 

Finalmente, en cuanto a las economías emergentes (China, India, Brasil), los indicadores disponibles apuntan a que durante el cuarto trimestre persistirá la recuperación de la actividad productiva. La expansión de este grupo de economías continúa explicándose por el sólido crecimiento de la producción industrial y de sus exportaciones. Adicionalmente, el consumo privado siguió fortaleciéndose en la mayoría de estas economías.

 

Hasta aquí lo mencionado por la minuta del Banxico; y es en este contexto de buen desempeño económico mundial que nuestro país ahora sufre una fuerte desaceleración. De acuerdo con cifras del INEGI, el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció apenas 1.5% en el tercer trimestre de 2017, después de haber aumentado 3.2% el primero y 1.9% el segundo trimestre. De hecho, con series desestacionalizadas de tendencia-ciclo, podemos ver que el crecimiento del PIB de México registró un crecimiento de 0% en el tercer trimestre del año que recién concluyó.

 

Por su parte, el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) en México acumuló en octubre de 2017, cinco meses consecutivos con caídas anualizadas, siendo el decremento en octubre de este año de -1.10%.

 

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El mercado interno mexicano sigue siendo precario

¿A qué se debe esta desfavorable evolución? Pues en parte a la pérdida de dinamismo del consumo privado. Con cifras del INEGI podemos ver que el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior creció en términos anualizados apenas 2.93% en el tercer trimestre de 2017, siendo que en el mismo trimestre de 2016 éste creció 3.93%. Pero lo peor es que la tasa de incremento del componente de consumo de bienes nacionales pasó de 4.5% en el tercer trimestre de 2016 a sólo 2.66% en el mismo trimestre de 2017; mientras que el componente de consumo de bienes importados pasó de haber caído -1.0% en el tercer trimestre de 2016 a aumentar 5.66% en el mismo trimestre de 2017. Es decir, el consumo de los mexicanos ahora crece menos que antes por la pérdida de poder adquisitivo, pero estamos privilegiando los bienes importados respecto a los hechos en México. Una de las causas de esta situación es el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, tema que he abordado en muchas ocasiones desde este espacio.

 

Otra causa de la desaceleración económica en México es la pérdida de dinamismo por parte del crédito otorgado por la banca comercial al sector privado del país (empresas y personas físicas). Tenemos que de acuerdo con cifras del Banxico, al mes de noviembre de 2017 éste creció apenas 2.41% en términos reales anualizados (ajustado por inflación), siendo que en noviembre de 2016 éste creció un 12.47%, lo que implica entonces una caída de 10 puntos porcentuales.

 

Desde luego que la causa raíz de esta situación es la astringente política monetaria implementada por el propio Banxico desde diciembre de 2015, lo que ha llevado a su tasa de interés objetivo desde 3.0% hasta el actual 7.25%. Alguien podrá decir que un aumento de 4.25 puntos porcentuales no es gran cosa, pero el problema es que las tasas que cobran los bancos por muchos de sus créditos han aumentado en un rango mayor. Por ejemplo, una prestigiada tarjeta de crédito internacional emitida en México, en su versión platino, cobraba en diciembre de 2015 una tasa de interés regular de 26.95% y ya en el mismo mes de 2017 cobraba el 39.20%, lo que representa un incremento de casi 13 puntos porcentuales. ¿Si esta es la situación de una tarjeta de crédito platino, cual es la situación del resto de las tarjetas de crédito? Obviamente el resto de los créditos, como los automotrices y para las micro, pequeñas y medianas empresas también han aumentado en su tasa de interés en más de lo que creció la tasa de interés objetivo del Banxico.

 

Desde luego que este aumento en tasas de interés también ha causado mella en la inversión productiva en nuestro país. En el tercer trimestre de 2014 el Índice de Volumen Físico de la inversión Fija Bruta en México creció en términos anualizados 8.2%, producto de un incremento de 4.5% en la construcción y de 14.0% en maquinaria y equipo. Después de las alzas en la tasa de interés, en el tercer trimestre de 2017, la inversión total privada cayó -0.8%, producto de un decremento en la construcción de -3.2% y un aumento en maquinaria y equipo de apenas 2.3%.

 

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Las políticas monetaria y fiscal restrictivas en México, son culpables de la desaceleración económica que se vive

Pero no toda la culpa de la desaceleración económica de México es culpa del Banco de México. Después de la borrachera de deuda en la que se incurrió en el periodo de 2013 a 2016, que llevó a los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) a representar el 50.5% del PIB, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se vio forzada a recortar el gasto público. En el comparativo de los primeros once meses de 2017 respecto a los mismos meses de 2016, el gasto neto total del sector público federal muestra una disminución en términos reales (ajustado por inflación) de -6.5%. Dentro de este recorte, el rubro que más se ha visto afectado es el de gasto de capital (inversión física como carreteras), el cual presenta una caída real de -33.9%. Esto ha tenido fuertes repercusiones porque la inversión física directa en los primeros once meses de 2017 suma 284.920 miles de millones de pesos (mmdp), mientras que el costo financiero de la deuda (pago de intereses) fue de 387.938 mmdp, lo que denota que derivado de un menor gasto público y el alza en las tasas de interés en México, el gobierno federal gasta un 36.15% más en el servicio de la deuda que en desarrollar la necesaria infraestructura que requiere el país.

 

La lista de indicadores que dan cuenta de los problemas que enfrenta México en el arranque de 2018 podría extenderse mucho más. Podemos hablar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios reales, de la inflación causada por parte del propio gobierno federal con sus recurrentes alzas en los precios de combustibles y energéticos. También podemos extendernos mencionando la caída de la producción petrolera debido al saqueo y corrupción de la que ha sido objeto Pemex estos últimos años, lo que impidió invertir en el desarrollo de nuevos campos petroleros.

 

Pero la pregunta es entonces, ¿Qué hacer en el 2018 para revertir esta tendencia? ¿Por qué mientras el resto del mundo vive una etapa de relativa bonanza económica en México nos dirigimos a una posible recesión? Desde luego que las respuestas no son sencillas, pero si hay ciertas cosas que se pueden hacer, entre las que destacan el aprovechar el crecimiento económico de otras partes del mundo y apoyar el sector exportador a través de Proméxico (organismo que sigue sin dar resultados y ha brillado por su ausencia durante todo el presente sexenio), se puede redoblar la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, se puede fortalecer la competitividad y la productividad de las empresas dotándole de más recursos al Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) y al Programa para la Productividad y Competitividad Industrial (PPCI) de la Secretaría de Economía, se pueden atender las propuestas de ajustes fiscales hechas por la iniciativa privada nacional para recuperar la competitividad perdida después de la aprobación de la reforma fiscal estadounidense, y se pueden hacer muchas cosas más.

 

El que piense que dado que este es un año electoral y que habrá mucho gasto en las campañas, hará que se recupere la economía, está muy equivocado. Los problemas de la economía de México son estructurales y se requieren medidas de fondo en materia de política industrial, fiscal y monetaria para resolverlos. Veremos que sucede, y los primeros tres meses de este año que comienza serán fundamentales si se quiere hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Un muy negro panorama para el peso mexicano en 2018

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El escenario para el 2018 no pinta bien para el peso mexicano

Después de la aprobación de la reforma fiscal en los Estados Unidos, el pasado 22 de diciembre cuando fue firmada por el presidente Donald Trump, el peso mexicano sufrió una fuerte caída frente al dólar, que llevó la paridad hasta los 19.81 unidades por billete verde en su cotización interbancaria (a pesar de que la semana anterior el Banxico había aumentado la tasa de interés objetivo hasta 7.25%). De hecho el peso fue la moneda de todo el mundo que más se depreció frente al dólar en la semana del 18 al 22 de diciembre y es muestra de la poca confianza que se tiene en nuestro país y denota el enorme nerviosísimo que tienen los mercados respecto a lo que sucederá en nuestro país en el 2018. En esta entrega explicamos lo que está pasando con nuestra moneda y las razones de su debilidad.

 

De acuerdo con un estudio publicado por Bank of America Merrill Lynch (BofAML), se espera que el tipo de cambio se encuentre por arriba de los 20.50 pesos por dólar en el primer trimestre de 2018 y se señala que en agosto de este año, cuando el dólar estaba por debajo de los 18 pesos fue cuando éste alcanzó su verdadero valor al que hubiera llegado si Donald Trump no hubiera ganado la presidencia de Estados Unidos. Las posiciones largas (posesión) en pesos se mantienen  fuertes, y de hecho la participación de extranjeros en los MBonos también se ha incrementado, lo que deja a nuestra moneda en una posición vulnerable ante un posible flujo en reversa de capitales ante factores locales y globales.

 

Se espera que la economía continúe desacelerándose por debajo de las expectativas de mercado, la inflación permanece elevada, y el sector externo seguramente seguirá bajo presión en la medida en la que las tasas de interés en Estados Unidos aumentan por una combinación de una política fiscal más relajada y una política monetaria más apretada. Adicionalmente, BofAML considera que los riesgos de los posibles resultados adversos de las próximas elecciones presidenciales y de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) están fuertemente subestimadas por el mercado.

 

Se espera que la elección presidencial en México sea apretada, y hay un riesgo de mercado de que el candidato de la izquierda, que es menos amigable con los mercados que los gobiernos pasados, gane. En este escenario, la falta de una mayoría en el Congreso de la Unión puede no ser suficiente para limitar una agenda populista. La actual postura moderada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es una consecuencia natural de que hasta hace unas semanas era el único candidato presidencial definido. Es de esperarse que conforme avanzan las campañas, los candidatos del PRI y de la Coalición Por México al Frente, provoquen con sus propuestas que AMLO se mueva de regreso hacía la izquierda.

 

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De acuerdo con BofAML, la salida de Estados Unidos del TLCAN ocasionaría una depreciación del peso de 10%, el triunfo de AMLO en las elecciones presidenciales una caída de 11.0%. 

Las renegociaciones del TLCAN han sido largas y llenas de escollos, tal como se esperaba, y es probable que se vuelvan más tensas en los siguientes meses. BofAML asigna una probabilidad significativa de que los Estados Unidos se retiren del TLCAN en el primer semestre de 2018, lo que deteriorará significativamente la inversión y reducirá el comercio con México.

 

El modelo econométrico de BofAML sugiere que un dólar en un nivel de 19 pesos implica un peso sobrevaluado en un 5% (es decir que su nivel de equilibrio es en torno a los 20 pesos por dólar), pero estos modelos no incorporan los impactos del TLCAN y de un triunfo de AMLO en las elecciones presidenciales. Ellos estiman el impacto para el peso de un triunfo de AMLO basados en las elecciones previas (2006 y 2012) así como el impacto de que los Estados Unidos se retiren del TLCAN basados en las consecuencias que esto tendría en la inversión extranjera directa y en el comercio. Concluyen que un triunfo de AMLO implica una depreciación del peso del 10%, mientras que un retiro de Estados Unidos del TLCAN ocasionaría al menos una depreciación del 11%. Si los dos eventos llegarán a suceder al mismo tiempo, ambos se reforzarían mutuamente de manera que se vería una depreciación no lineal, es decir exponencial. BofAML advierte que estas estimaciones constituyen el límite inferior de lo que podría suceder con el tipo de cambio peso-dólar. En apoyo de esta visión pesimista, se espera que las tasas de interés en Estados Unidos aumenten nuevamente en el primer trimestre de 2018 como consecuencia del impacto de la reforma fiscal en dicho país. Esto podría agregarle al peso un 1.8% adicional de depreciación.

 

Se espera que la incertidumbre llegue a su máximo nivel en febrero-marzo, ya que en ese periodo se estaría llegando a lo que se supone es la fecha límite para la renegociación del TLCAN y ya habrá campañas electorales bien definidas en México. Por su parte, las elecciones primarias del partido Republicano serán también en marzo, y el presidente Donald Trump tiene hasta el 1 de abril para solicitar una extensión de la Trade Promotion Authority (la posibilidad de negociar acuerdos comerciales rápidamente o “fast track”).

 

Desde luego que ésta muy negativa visión de lo que podría suceder con el peso mexicano en el 2018 está basado en que los fundamentales económicos de nuestro país son negativos. Por eso a nosotros nos afectan más los sucesos internacionales que a otras naciones.

 

El contexto económico es desfavorable para el peso y hay presiones para la moneda que la continuarán debilitando en los próximos meses. El crecimiento económico se está desacelerando como consecuencia de políticas monetaria y fiscal astringentes por parte del Banxico y la Secretaría de Hacienda. La inflación ha demostrado difícil de combatir a pesar de un apretón sustancial de la política monetaria que llevó la tasa de interés objetivo de 3.0% en diciembre de 2015 a 7.25% en diciembre de 2017. Los factores estructurales están presionando a la cuenta corriente de la balanza de pagos, y factores cíclicos probablemente ocasionarán una corrección, lo que le agrega presión a la moneda.

 

En el tema del crecimiento económico cabe señalar que el crecimiento del PIB se ha desacelerado y de hecho en el último trimestre ya fue negativo (en su comparación con el trimestre inmediato anterior). BofAML espera que el crecimiento sea de aproximadamente 2.0% este año y que sea de 1.6% en el 2018. Desde una perspectiva agregada de gasto, los principales impulsores del PIB serán un consumo e inversión más débiles, y las exportaciones netas. El consumo se espera que se desacelere aún más debido a que los salarios reales se han contraído como resultado de la alta inflación, y el crecimiento del crédito ha caído como resultado de mayores tasas de interés. El crecimiento de la inversión se ha visto afectado por la incertidumbre respecto al TLCAN, la elección presidencial de 2018 y las mayores tasas de interés. Por su parte, la inversión pública se ha visto fuertemente afectada por la consolidación fiscal.

 

En cuanto a la política monetaria, la tasa de interés está ahora por arriba del 3% en términos reales (ex-ante) y está llegando el límite superior de lo que el Banxico considera neutral. A pesar de esto, muchos creemos que el Banxico volverá a elevar su tasa de interés objetivo en al menos una ocasión después de que el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) lo haga en el primer semestre de 2018. Esto sin duda llevará la política monetaria a un nivel contracíclico, lo que elevará las probabilidades de una recesión.

 

Es así que no se espera que el ciclo de baja en tasas de interés en México comience sino hasta después de las elecciones presidenciales. Los riesgos son que veamos mayores alzas en las tasas si son necesarias para tratar de estabilizar el peso, en caso de una fuerte depreciación de éste por las elecciones presidenciales o por el posible retiro de Estados Unidos del TLCAN. La intervención en el mercado vendiendo dólares por parte del Banxico, será la primera línea de defensa para el peso en 2018, pero si esto no sirve para estabilizar al peso y sólo sirve para alimentar especuladores, entonces veremos más alzas en la tasa de interés a lo largo de todo el 2018.

 

Este es, de manera general, lo que pinta en el horizonte para nuestra economía y el peso mexicano. Sin embargo, esto no está escrito en piedra y las perspectivas económicas podrían mejorar si es que la Secretaría de Hacienda toma medidas para hacernos menos vulnerables ante la reforma fiscal en los Estados Unidos. De igual manera, el escenario podría mejorar si los candidatos presidenciales hacen propuestas económicas congruentes con la lógica de mercado y dejan de lado la retórica populista. México se metió solo en este problema que ahora enfrenta al haber sido negligente en la búsqueda de nuevos mercados para la exportación y haber dependido tanto de la inversión extranjera de cartera para mantener tanto tiempo un tipo de cambio barato para hacernos de importaciones de productos baratos a costa de perjudicar a la planta productiva nacional.

 

Ahora en el momento de ser creativos, iniciativa privada, academia y gobierno, con el fin de desarrollar e implementar propuestas que nos ayuden a sobrellevar mejor el temporal que se nos viene con el tipo de cambio en 2018. De lo contrario, estaremos a la expectativa de ver cómo es que Donald Trump nos pueda ayudar, al menos no retirando a su país del TLCAN.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El Banco de México se volvió a equivocar

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Alejandro Díaz de León, flamante gobernador del Banxico, debuta aumentando la tasa de interés objetivo a 7.25%

La Junta de Gobierno del Banco de México tomó una decisión incorrecta al haber vuelto a incrementar su tasa de interés objetivo el pasado jueves 14 de diciembre. En esta ocasión fue un alza de un cuarto de punto porcentual al haber llevado ésta de 7.00 a 7.25% y este aumento se dio después de que el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) anunciara el día anterior un incremento de un cuarto de punto porcentual en su tasa de fondos federales y una semana después de que el INEGI diera a conocer que la inflación anualizada en noviembre fue de 6.63%.

 

Muchos analistas ya esperaban el aumento de tasa por parte del Banxico, y de hecho en la subasta de Cetes del lunes 11 de diciembre, los instrumentos a plazo de 28 días habían subido a 7.19%. La razón principal era el incremento en la tasa por parte de la FED y el pensar que México debe imitar a dicho banco central en sus decisiones de política monetaria.

 

Respecto a la FED, cabe señalar que desde diciembre de 2008 hasta diciembre de 2015 la tasa de fondos federales se mantuvo en un rango de 0 a 0.25%, y a partir del 17 de diciembre de 2015 y hasta el 14 de diciembre de 2016 estuvo en un rango de 0.25 a 0.50%. Del 14 de diciembre de 2016 hasta el 15 de marzo de 2017 estuvo en un rango de  0.50 a 0.75%; del 15 de marzo al 14 de junio en un rango de 0.75 a 1.00%, y del 14 de junio al 13 de diciembre en uno de 1.00 a 1.25%. Finalmente, a partir del 13 de diciembre de este año, la tasa se ubica en un rango de 1.25 a 1.50%. Esto significa que en el periodo de diciembre de 2015 a diciembre de 2017, la FED ha elevado su tasa de interés de referencia desde 0.25 hasta 1.50%, es decir, 1.25 puntos porcentuales.

 

El problema es que en ese mismo periodo de tiempo, el Banco de México elevó su tasa de interés objetivo desde 3.00% en diciembre de 2015 hasta el actual 7.25%, lo que representa un incremento de 4.25 puntos porcentuales. Esto es un incremento 240% superior al que ha llevado a cabo el banco central de nuestro vecino del norte.

 

Decimos que el Banco de México se equivoca al volver a elevar su tasa de interés objetivo porque sus incrementos no han servido para frenar la inflación, ni para detener la caída del peso, y sólo han ocasionado un freno en la inversión  productiva y un mayor costo financiero para empresas, familias y sector público.

 

Otro aspecto a tomar en cuenta es que la naturaleza de la inflación que estamos viviendo en México no se debe a una discrepancia entre la oferta y la demanda de bienes y servicios, y más bien ésta ha sido ocasionada por parte del gobierno federal. De acuerdo con el INEGI, la inflación general anualizada en noviembre fue de 6.63%, pero la inflación subyacente (la que excluye productos agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno) fue de 4.89%, mientras que el alza en los precios de los energéticos es de 17.03% y el incremento de las tarifas autorizadas por el gobierno es de 8.15%. Esto significa, que en general los empresarios no están aumentando precios como muchos analistas nos quieren hacer creer y la realidad es que el gobierno federal es el culpable de esta inestabilidad de precios.

 

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El Banxico actúa como si ignorara que la inflación es causada por el propio gobierno federal

Dada esta situación, resulta obvio que aumentar tasas no bajará la inflación ya que estos incrementos por parte del Banxico no harán que baje el precio de la gasolina, del gas, de la electricidad y demás cobros que nos hace el gobierno. Además de que el alza de tasas ya demostró ser sumamente ineficaz para hacer que baje el precio del dólar, y como muestra tenemos lo sucedido la semana pasada: el miércoles un dólar interbancario costaba 19.128 pesos, el jueves después del alza en la tasa de interés por parte del Banxico el dólar bajó a 19.092, pero para el viernes ya se había regresado a 19.124 pesos. ¿Entonces para que subir la tasa de interés? ¿Subiendo la tasa de interés disminuirá la volatilidad en el tipo de cambio ocasionada por la incertidumbre en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)? Obvio, no.

 

El Banxico nos dice que el aumento de tasas es para anclar las expectativas de inflación, pero la realidad es que sus apretones de política monetaria no han sido efectivas y sólo han provocado una desaceleración de la actividad económica, al hacer que empresas, familias y gobierno tengan que pagar más por sus créditos, y teniendo entonces las familias menos dinero para gastar en bienes y servicios como ropa, calzado, salidas a comer, entre otros. Lo que está haciendo el Banxico, además de frenar la economía es darle a ganar miles de millones de pesos adicionales a los bancos, los cuales han agarrado de pretexto el alza de la tasa de interés objetivo del Banxico para encarecer desproporcionadamente todos sus créditos, en especial los de tarjetas de crédito.

 

Para dar más sustento a lo hasta ahora mencionado, a continuación se presenta un breve recuento de los costos que ha tenido el alza en la tasa de interés por parte del Banxico

 

Freno en inversión

Uno de los impactos en la economía que ha ocasionado el alza en la tasa de interés objetivo por parte del Banxico ha sido el freno al crecimiento de la inversión. En el periodo de los primeros nueve meses de 2017 la inversión fija bruta total registra una caída anualizada de -1.3%, mientras que la inversión en construcción muestra una disminución de -4.2% y la inversión en maquinaria y equipo apenas se ha elevado en 2.7%. Para contrastar esta situación, vale la pena señalar que en el comparativo de 2015 respecto a 2014 (antes de que comenzará el ciclo alcista de tasa de interés por parte del Banxico), la inversión fija bruta total creció 4.96%, la inversión en construcción aumentó 1.52%, mientras que la inversión en maquinaria y equipo registró un incremento de 10.38%.

 

Mayor gasto de intereses sobre la deuda pública

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El gobierno, empresas y familias tendrán que pagar más intereses por su deuda en 2018

En el periodo de enero a octubre de 2017, el costo financiero del sector público fue de 372.341 miles de millones de pesos (mmdp), cifra 9.6% superior a la observada en los mismos meses de 2016, cuando éste sumó 320.753 mmdp. Cabe señalar que en todo el 2016 este costo fue de 473.019 mmdp, cifra 12.7% superior a los 408.287 mmdp registrados en 2015. Es importante mencionar que en todo el 2012 fue de 305.118 mmdp

 

Se espera que el costo financiero en todo 2017 sea superior a los 599 mmdp y para el 2018 se llegue a los 663,479 mmdp (de acuerdo con el Presupuesto de Egresos 2018 aprobado por la Cámara de Diputados. El problema es que en los Criterios Generales de Política Económica se estableció una tasa de interés de los Cetes a 28 días de 7.00%, la cual desde ahora sabemos que no se cumplirá por lo que el costo financiero será mucho mayor al presupuestado. ¿De dónde saldrán los recursos adicionales para pagar estos intereses sobre la deuda? ¿Qué programas públicos se dejarán de apoyar?

 

Caída en ventas de automóviles

Según datos de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMIA), en el comparativo de los 10 primeros meses de 2017 respecto a los mismos meses de 2016, vemos que la venta total de automóviles en México ha caído en -5.1%, al haber pasado de 835,612 unidades en 2016 a 793,002 unidades en dichos meses de 2017. Esto contrasta enormemente con el incremento de 19.5% observado en el comparativo de 2015 a 2016, cuando éstas pasaron de 892,208 unidades a 1,065,911 unidades.

 

Derivado de que un elevado porcentaje de los carros en México se venden a crédito, por parte de la banca y de las empresas financieras propiedad de las automotrices, es que vemos esta fuerte caída, la cual tiene inclusive impactos negativos en el medio ambiente ya que tardará mucho más tiempo la renovación del parque vehicular en nuestro país.

 

A manera de conclusión podemos señalar que el Banxico se volvió a equivocar con la más reciente alza en su tasa de interés, ya que como se ha señalado, dicha medida no es efectiva para frenar inflación, ni para fortalecer al peso, y sólo golpea a la economía de empresas, familias y gobierno. Lo peor del caso es que la FED está previendo dos o tres alzas adicionales en su tasa de interés de fondos federales para el año que viene. ¿Cómo reaccionará el Banxico ante estos incrementos? ¿Llevarán la tasa de interés objetivo en México hasta el 8.0%? Es una posibilidad y un riesgo importante que hay que tomar en consideración.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Nuestro superávit comercial con Estados Unidos se lo regalamos a Asia

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El debate comercial en México se ha centrado en el TLCAN, y se ha dejado de atender el tema de los déficits crónicos con las naciones asiáticas

Derivado de que el tema de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha absorbido buena parte de la discusión sobre asuntos comerciales internacionales, un asunto al que no se le ha prestado la debida atención es la evolución de nuestra relación comercial con otros importantes mercados como la Unión Europea y las naciones asiáticas.

 

Como es bien sabido, el presidente estadounidense ha criticado en incontables ocasiones al TLCAN por considerar que éste sólo beneficia a México. En esta entrega, confirmaremos de acuerdo con cifras oficiales que efectivamente México obtiene un gigantesco y creciente superávit comercial con Estados Unidos, pero que desafortunadamente nuestro país lo utiliza para financiar enormes déficits comerciales, en especial, con naciones asiáticas. Este no es un asunto transitorio o pasajero, sino que se ha convertido en un problema crónico que da sustento a las acusaciones de funcionarios estadounidenses en el sentido de que naciones asiáticas, en especial China, se benefician enormemente del TLCAN sin ser parte de él. A continuación se presenta la evidencia:

 

Exportaciones

De acuerdo con cifras del INEGI, en los primeros nueve meses de 2017 las exportaciones totales mexicanas sumaron 299.288 miles de millones de dólares (mmdd), lo que implica un incremento de 9.3% respecto a los mismos meses de 2016. Esta favorable evolución contrasta con la caída de 1.7% observada en el comparativo de 2015 a 2016 y responde principalmente al dinamismo industrial estadounidense.

 

A nivel región, el incremento de 9.3% en el valor de las exportaciones mexicanas es producto de una favorable evolución en las ventas a prácticamente todos los mercados, ya que las que tienen como destino los Estados Unidos crecieron 8.2%, las que van a la Unión Europea repuntaron 14.7%, mientras que las que son enviadas a las naciones asiáticas crecieron 25.7%; y dentro del total asiático las exportaciones a China crecieron 36.5%, las que van a Corea del Sur subieron 32.4% y las que van a Japón se elevaron 4.8%.

 

Cabe señalar que en los primeros nueve meses de 2017, el 80.3% del total de exportaciones mexicanas tuvieron como destino Estados Unidos, y son equivalentes a 240.343 mmdd; el 5.47% la Unión Europea, equivalentes a 16.371 mmdd; el 5.26% a Asia, equivalentes a 15.741 mmdd; y el restante 8.97% a otros mercados, equivalentes a 26.873 mmdd. Del total asiático el 1.65% de nuestras exportaciones van a China, cantidad que representa sólo 4.931 mmdd; el 0.79% van a Corea del Sur, y equivalen a 2.376 mmdd;  y el 0.93% a Japón, y representan 2.773 mmdd. Esto último cobra especial relevancia, ya que podemos ver en los primeros nueve meses de 2017 elevadas tasas de crecimiento de las exportaciones mexicanas a China y Corea del Sur, pero su participación dentro del total es muy bajo, lo que se traduce en incrementos nominales poco significativos.

Exports

Importaciones

Ahora, en cuanto a las importaciones totales por parte de México, vemos que en el periodo de los primeros nueve meses de 2016 a los mismos meses de 2017, éstas crecieron en 7.8%, al haber pasado de 286.101 mmdd a 308.339 mmdd. Este incremento contrasta con la caída que registraron éstas de -2.1% en el periodo de 2015 a 2016.

 

El aumento de 7.8% en las importaciones totales es producto de aumento en las importaciones provenientes de prácticamente todos los orígenes. Las que vienen de Estados Unidos subieron 8.0%, las de la Unión Europea 14.2%, mientras que las de las naciones asiáticas se incrementaron 6.2%. Dentro del total asiático, se debe destacar que las importaciones que provienen de China subieron 7.2%, las de Corea del Sur 16.4% y las de Japón 4.3%.

 

Se debe señalar que en los primeros nueve meses de 2017, el 46.3% de nuestras importaciones provienen de Estados Unidos, porcentaje equivalente a 142.878 mmdd; el 11.7% vienen de la Unión Europea, equivalentes a 36.214 mmdd; el 34.8% de Asia, las cuales representan 107.270 mmdd;  y el restante 7.2% de otras regiones, equivalentes a 21.977 mmdd. Del total asiático, el 17.4% de nuestras importaciones provienen de China, cifra que representa 53.803 mmdd; el 3.8% de Corea del Sur, que equivale a 11.643 mmdd; y el 4.4% de Japón, cantidad que representa 13.592 mmdd.

 

Al observar la participación relativa de las exportaciones y las importaciones de cada país respecto al total, queda claro con que países registramos superávits comerciales y con cuales déficits; y eso se detalla a continuación.

Imports

Saldo de la balanza comercial

En los primeros nueve meses de 2017, México registró un déficit en su balanza comercial de -9.051 mmdd, cifra menor en -26.4% comparada con el déficit comercial de -12.289 mmdd registrada en los primeros nueve meses de 2016. El déficit comercial de -9.051 mmdd, es producto de un superávit de 97.465 mmdd con los Estados Unidos, un déficit de -19.843 mmdd con la Unión Europea, un déficit de -91.528 mmdd con Asia, y un déficit de -22.957 mmdd con el resto del mundo. Estas cifras confirman lo que argumentábamos al principio de esta entrega en el sentido de que el creciente superávit comercial con Estados Unidos sirve principalmente para compensar el déficit comercial con las naciones asiáticas.

 

El problema de los déficits comerciales con las naciones asiáticas es un problema crónico. En los primeros nueve meses de 2012 éste ascendió a -70.625 mmdd, pero en los mismos meses de 2015 fue de -88.059 mmdd, en el mismo periodo de 2016 fue de -88.439 mmdd y ahora vemos que en los primeros nueve meses de 2017 ya suma -91.528 mmdd. Afortunadamente, en el mismo periodo el superávit comercial con Estados Unidos pasó de 76.545 mmdd en los primeros nueve meses de 2012 a los actuales 97.465 mmdd en los mismos meses de 2017, y con esta entrada de divisas compensamos los desequilibrios con Asia.

 

Del déficit comercial de -91.528 mmdd con las naciones asiáticas, cabe señalar que -48.871 mmdd son con China, -9.266 mmdd con Corea del Sur y -10.819 mmdd con Japón. De esta manera, estas tres naciones representan el 75.3% del déficit que tiene México con los países asiáticos, o bien, el déficit con estas tres naciones “se come” el 70.8% del superávit comercial que tenemos con los Estados Unidos.

 

Cabe señalas también que el déficit comercial con China también es un problema crónico, no obstante que las exportaciones mexicanas a dicha nación han aumentado de forma importante. En los primeros nueve meses de 2012 nuestro déficit comercial con China fue de -36.909 mmdd, para los mismos meses de 2016 fue de -48.030 mmdd y vemos que en los primeros nueve meses de 2017 ya es de -48.871 mmdd.

Saldo

La conclusión que uno puede obtener de todo esto es que parece que somos muy dependientes de nuestras exportaciones a Estados Unidos debido a que necesitamos financiar los gigantescos déficits con las naciones asiáticas, y en especial con China. Si lográramos abatir estos déficits, no nos afectaría tanto en nuestra balanza de pagos el perder algunas exportaciones a nuestro vecino del norte. Pero vemos que pasan los años y que las autoridades de la Secretaría de Economía y de Proméxico hicieron poco para lograr comenzar a nivelar nuestro comercio con Asia.

 

Tal vez con una renegociación exitosa del TLCAN que endurezca las reglas de origen para varios productos podría lograrse cerrarle la puerta a las crecientes importaciones provenientes de Asia. Y esto se podría lograr incentivando la producción nacional de aquellos bienes intermedios que actualmente traemos de Asia y que sirven de insumos para nuestras exportaciones a Estados Unidos.

 

Y otro punto que es muy importante para lograr mejorar nuestra balanza comercial con las naciones asiáticas es que se debe reforzar la lucha contra el contrabando y la subvaluación. En la medida en que las autoridades aduanales mexicanas tengan más herramientas para desechar valor cuando se pretendan importar mercancías claramente subvaluadas, lograremos disminuir el déficit comercial y tendremos una industria mucho más sólida.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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El impacto de la reforma fiscal estadounidense en México

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El presidente estadounidense, Donald Trump, está a punto de lograr su primera promesa de campaña: una reforma fiscal que implique disminuir el ISR corporativo a 20%

La madrugada del pasado sábado 2 de diciembre, el Senado de los Estados Unidos aprobó su propia versión de una reforma fiscal, la cual tiene como principal componente una disminución del impuesto sobre la renta (ISR) a las corporaciones y empresas de dicho país del 35% actual al 20%, lo que representa un ahorro para éstas de aproximadamente 1.5 billones de dólares (1.5 trillones en inglés) durante los próximos 10 años. También está considerado aumentar el tope de las deducciones fiscales personales a 12 mil dólares para individuos y a 24 mil dólares para parejas. Sin embargo, estos cambios ocurrirán a costa de elevar su deuda pública en 1 billón de dólares durante el mismo periodo, ya tomando en consideración en mayor crecimiento económico que se espera que lograrán.

 

De esta manera, el presidente Donald Trump, está a punto de obtener su primera victoria legislativa en casi un año; lo cual como comentaremos líneas más adelante, podría quitarle un poco de presión a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), dado que Trump ya por fin tiene una importante promesa de campaña cumplida (aunque los cambios fiscales propuestos acabarán por beneficiar más a los ricos que a quienes votaron por Trump en el mediano plazo).

 

Aún falta que se dé una reconciliación en la propuesta de reforma fiscal aprobada por la Cámara de Representantes con la propuesta aprobada por el Senado, pero se estima que esto no implica ningún riesgo de que la reforma fiscal que implica una disminución al ISR corporativo se pueda descarrilar. El líder del partido republicano en el Senado, Mitch McConnell ha dicho que es altamente probable que esta semana ambas cámaras lleguen a un acuerdo respecto a la propuesta final para que se convierta en ley.

 

Con este paquete fiscal, el más importante en tres décadas, se espera que haya un importante estímulo a la economía de nuestro vecino del norte, y que en principio, con los ahorros de impuestos que tengan las empresas, tengan más recursos para realizar inversión productiva, y de esta manera se creen más empleos que estimulen la economía. De igual forma, se cree que con el mayor crecimiento económico, eventualmente habrá una mayor recaudación de impuestos, pero éstos no serán lo suficientemente elevados como para compensar la pérdida de ingresos por la disminución en la tasa impositiva y por eso se endeudarán más. Desde luego que este escenario tiene riesgos, ya que si en Estados Unidos las corporaciones utilizan sus ahorros en impuestos para comprar más acciones, pagar deudas, pagar mayores dividendos a sus accionistas, entre otros; y no se traduce en mayor inversión entonces el efecto será negativo porque estarán más endeudados y no lograrán mayores tasas de crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB), aunque esto en este momento es mera especulación y nadie sabe con certidumbre que harán las empresas estadounidenses con sus ahorros.

 

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Mitch McConnell, lider republicano en el Senado, ha dicho que no ve problema en reconciliar el PLan Fiscal del Senado con el de la Cámara de Representantes

Algunos de ustedes lectores, pudieran preguntarse qué tiene esto que ver con la economía de México; pero la realidad es que este plan fiscal tiene importantes implicaciones para nuestro país, ya que como nación podemos perder competitividad en materia de atracción de inversiones. Es verdad que tenemos un peso depreciado y que nuestros salarios son en promedio una décima parte de lo que son en Estados Unidos, pero para muchas empresas pudiera ser más atractivo instalarse o mover sus operaciones a Estados Unidos que cobrará un ISR de 20% en comparación con México que cobra un 30%.  En este sentido, el senador republicano, John Barrasso, predijo que “el dinero vendrá corriendo a los Estados Unidos debido a la disminución del impuesto a las corporaciones”.

 

Para ilustrar como es que México (y el resto del mundo) pierden competitividad frente a Estados Unidos con su disminución del ISR corporativo, tenemos que si el impuesto baja a 20% en nuestro vecino del norte, una empresa ubicada en México seguirá 30%, pero ésta sólo podría acreditar en aquel país la tasa de 20%, por lo que se genera un mayor incentivo para mudar la compañía a territorio estadunidense.

 

Otra forma como la reforma fiscal de Trump le afectará a la economía mexicana es que con el estímulo fiscal que se está dando y el mayor déficit fiscal que tendrán nuestros vecinos del norte, habrá mayor crecimiento económico, y eventualmente mayor inflación, y con ello, subirán más rápido las tasas de interés en Estados Unidos, lo que seguramente obligará al Banco de México a hacer lo propio y también aumentar su tasa de interés objetivo, ya de por si elevada ubicándose actualmente en 7.0%. Esto podría frenar aún más el ritmo de crecimiento de la inversión productiva interna en nuestro país, y desacelerar las ventas de casas y automóviles.

 

Es importante mencionar que no todo lo que está contenido en el plan fiscal aprobado por el Senado de Estados Unidos es malo para México, ya que podríamos vernos beneficiados indirectamente por un mayor crecimiento de nuestras exportaciones hacía aquella nación en la medida en que su tasa de crecimiento aumenta. Esto sin duda podría ser un impulso importante para nuestra economía, tomando en consideración que las exportaciones representan más del 30% de nuestro PIB y cerca del 80% de éstas tienen como destino Estados Unidos.

 

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El flamante Secretario de Hacienda de México, José Antonio González, enfrentará el reto de implementar medidas que compensen la pérdida de competitividad de México 

En México ya se habla de la necesidad de una nueva reforma fiscal que evite perder competitividad frente a nuestro principal socio comercial, sin embargo, se ve poco probable que se puedan dar fuertes recortes de impuestos dada la precaria situación fiscal que tiene nuestro país, lo que hace sumamente riesgoso aumentar nuestra abultada deuda pública. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (la medida más amplia de la deuda del sector público en México), se ubicó al cierre de octubre de este año en 9.617 billones de pesos, de los cuales 6.043 billones son deuda interna y 186.6 mil millones de dólares son deuda externa.

 

En este sentido, lo que se ha manejado como propuestas por parte de algunos sectores de la iniciativa privada es reducir el ISR empresarial a una tasa de entre el 20 y el 25%, pero que ésta venga acompañada de un aumento del IVA al 18%, y eliminar los bienes que actualmente están exentos y con tasa cero en este gravamen (alimentos, medicinas, transporte público, entre otros).

 

Desde luego que el alza en el IVA planteado es una fuente de enorme polémica, ya que implica sacrificar a los que menos ingresos tienen a costa de beneficiar a los empresarios, lo cual no es bien visto por la población en general, y mucho menos en un año electoral. Claro está también que elevar el IVA al 18% y eliminar exenciones también tendría una repercusión en la inflación y hará más tardado el que bajen tasas de interés y podamos regresar a la meta de una inflación del 3% anual.

 

Finalmente, es pertinente señalar el impacto que la aprobación de la reforma fiscal en Estados Unidos tendrá en las renegociaciones del TLCAN. Mucho se ha dicho de la necesidad que tiene el presidente Trump de obtener una victoria legislativa y así poder cumplir con alguna de sus promesas de campaña; y en este sentido se ha comentado que si no lograba bajarle los impuestos a las corporaciones, lo más “sencillo” para él y en aras de llegar a las elecciones intermedias de noviembre de 2018 con algo para sus electores, sería denunciar el TLCAN y anunciar su retiro de dicho acuerdo comercial.

 

Sin embargo, con la aprobación de la reforma fiscal, el partido Republicano y Donald Trump ya tienen algo para decirle a sus electores que han cumplido, y le resta presión a una eventual salida de Estados Unidos del TLCAN. En otras palabras, los republicanos podrán llegar a las campañas del año que entra diciendo: “logramos una reforma fiscal y estamos renegociando el TLCAN buscando los mejores intereses para los trabajadores estadounidenses”.

 

A manera de conclusión podemos señalar que México está en aprietos porque algo tendrá que hacer en materia fiscal para evitar la pérdida de competitividad que tendremos frente a Estados Unidos, y ninguna decisión será fácil. Un alza generalizada en el IVA a escasos meses de las elecciones y siendo que el candidato del PRI está en el tercer lugar en las encuestas significará cancelar cualquier posibilidad de triunfo electoral para José Antonio Meade y sería regalarle la presidencia de la república a Andrés Manuel López Obrador.

 

Con este escenario en mente, parece lo más factible que el gobierno federal tratará de capotear el temporal el año que viene hasta pasadas las elecciones. Veremos que sucede.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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