La guerra comercial de un sicópata

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Muchos tratan de encontrar lógica en la “política comercial” de Trump, pero la realidad es que no hay lógica y no es política

El anuncio de la semana pasada de que la Administración Trump impondría a partir del 1 de junio aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio importado de México, Canadá y la Unión Europea, fue respondido con condenas y represalias, así como de una denuncia formal multilateral en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Cabe señalar que estos aranceles habían sido impuestos desde el pasado 23 de marzo en contra de todo el mundo, pero Donald Trump decretó exenciones temporales para la Unión Europea, México, Brasil, Argentina y Australia. Para México y Canadá la exención se derivó por el hecho de que se estaba en proceso de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pero ante el estancamiento de dichas negociaciones y con el fin de presionar un cierre a su favor, la Administración Trump decidió eliminar este beneficio y comenzar a cobrar los aranceles.

Ante esta decisión, los líderes canadienses y mexicanos reaccionaron con enojo ya que la justificación para éstos por parte del presidente Donald Trump fueron aspectos de seguridad nacional, algo que  México y Canadá calificaron como absurdo, ilógico e ilegal. ¿Desde cuándo importar acero y aluminio de México y Canadá representa un riesgo para la seguridad de los Estados Unidos?

Canadá es el mayor exportador de acero y aluminio a los Estados Unidos, y dijo que aplicaría aranceles en represalia de 25% y de 10% a exportaciones estadunidenses por un monto de 16.6 mil millones de dólares a metales, productos agrícolas y otros productos, a partir del 1 de julio. Cabe señalar que las importaciones totales de acero por parte de los Estados Unidos sumaron 29 mil millones de dólares en el 2016.

Por su parte, México respondió al anuncio con la aplicación inmediata de aranceles en represalia a productos estadounidenses que incluyen vientres de cerdos, manzanas, uvas, blueberries y láminas de acero.  En principio, estos aranceles serán de carácter temporal y se mantendrán vigentes durante el tiempo que Estados Unidos decida mantener las medidas tomadas en contra de las  exportaciones mexicanas de aluminio y acero nacional. Juan Pablo Castañon, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, ha dicho que el daño a México tras la imposición arancelaria de Estados Unidos al acero y al aluminio llegaría a 2.7 mil millones de dólares al año.

En cuanto a la Unión Europea, sus líderes ya elaboraron una lista de importaciones originarias de Estados Unidos con valor de varios miles de millones de dólares que serán sujetos de aranceles en represalia, incluidos pantalones de mezclilla, bourbon de Kentucky y motocicletas Harley-Davidson, todos ellos bienes que aplicarán una presión política extrema dado que son producidos en estados de importantes legisladores.

Al respecto, el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo en un discurso que los aranceles estadounidenses significan “guerra” y complementó diciendo que “Esta decisión no solo es ilegal sino que es un error en muchos sentidos”.

Las denuncias en contra de la medida aplicada por Trump también fueron por parte de la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, quien advirtió a los funcionarios del G7 de una erosión de la confianza en medio de las fricciones comerciales, y señaló que esta acción “distorsionará y perjudicará las cadenas de suministros que se han establecido a lo largo de décadas”.

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El costo de los aranceles al acero y aluminio mexicanos será de 2.7 mil millones de dólares de acuerdo con el CCE

Lo que ahora le preocupa a varios analistas es cómo reaccionará Trump ante las medidas de represalia que tomarán México, Canadá y la Unión Europea.  Como referencia se debe señalar que en su batalla comercial que mantiene con China, Trump inicialmente amenazó con imponer aranceles a productos chinos por 50 mil millones de dólares acusándolos de robo de propiedad intelectual, pero después de que Pekín advirtió que igualaría dichos aranceles en contra de importaciones estadounidenses, Trump propuso triplicar los aranceles a 150 mil millones de dólares de importaciones chinas.

“Si los Estados Unidos no mantienen esto como un asunto solo del acero, particularmente con Canadá, México y la Unión Europea, entonces eso será una señal de que nos hemos salido de control…puedo entender, de cierta forma, que la administración (Trump) inicie una guerra comercial con China, pero será extremadamente dañino y contraproducente iniciar una guerra comercial con Canadá, México y la Unión Europea”, dijo Douglas Irwin, profesor de economía e historiador del comercio en Dartmouth College.

Ese sentimiento es compartido por legisladores de los partidos Demócrata y Republicano en los Estados Unidos, muchos hombres de negocios y en cierta medida por el sindicato de trabajadores del acero. Los Republicanos en el Congreso criticaron a Trump y predijeron que con esta medida se perjudicará a las empresas y habrá precios más altos para los consumidores estadounidenses.

Por su parte, el economista Jeffery Sachs de la Universidad de Columbia escribió “La suya es una guerra comercial de un sicópata” y calificó como “loca” la decisión de Donald Trump, de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio provenientes de la Unión Europea, México y Canadá.

Sachs caracteriza la imposición de aranceles por parte de Trump como “flagrantemente ilegales”, y agrega que hay algo más preocupante en juego: Las llamadas políticas de Trump realmente no son políticas. Con Trump las guerras comerciales se encienden, se apagan, se suspenden, se reanudan, en un plazo de días. Las compañías extranjeras son sancionadas hoy y rescatadas al día siguiente. Los acuerdos comerciales globales y las reglas están hechos trizas.  La sintaxis distorsionada de Trump y sus pensamientos desorganizados son imposibles de seguir.

Continúa apuntando que los Estados Unidos probablemente nunca habían tenido un presidente delirante, uno que habla galimatías, insulta a aquellos cerca de él, incluidos sus asociados más cercanos, y desconcierta a todo el mundo. Por instinto, tratamos de encontrarle sentido al sin sentido de Trump, implícitamente asumiendo que hay alguna estrategia escondida, pero realmente no la hay.

“Trump crea caos sin otra razón más que por su incapacidad flagrante de seguir reglas o respectar los intereses de otros”, continúa Sachs. “El resultado será el de socavar el papel de largo plazo del dólar; aumentar la deuda pública; y dañar la expansión actual a través de una espiral de medidas proteccionistas e incremento de la incertidumbre para los negocios.”

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La imposición de aranceles al acero y aluminio de Canadá y México busca presionar a estos países para que cedan a las demandas inaceptables de EE.UU.

Es importante mencionar que resulta obvio que los aranceles impuestos al acero y al aluminio complicarán la renegociación del TLCAN, y en ese sentido Trump ha sido explícito mostrando que la amenaza de estos nuevos aranceles tiene la intensión de obtener mayores concesiones por parte de México y Canadá.  De acuerdo con Christopher Wilson, director del Mexico Institute en el Wilson Centre en Washington, “el impacto más probable es que las negociaciones se estanquen”.

A este respecto, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, dijo que habló con Trump el pasado viernes respecto a reunirse con él para finalizar un acuerdo en el TLCAN renegociado, dado que las partes parecen tener un avance importante. Sin embargo, Trudeau también dijo que el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, lo habían contactado el pasado martes para decirle que tenía que aceptar la propuesta inaceptable de “cláusula sunset” del tratado, la cual da por finalizado el acuerdo cada cinco años, como una precondición para llegar a un acuerdo en el TLCAN.

Finalmente, se debe señalar que otro punto de preocupación en este periodo de descomposición comercial, es que la semana pasada el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, dijo que su agencia está considerando la pertinencia de imponer un arancel de 25% a la importación de autos y sus partes, las cuales dice que están dañando la seguridad nacional de los Estados Unidos. El Departamento de Comercio inició la investigación invocando la misma raramente utilizada provisión de la Ley Comercial de Estados Unidos, llamada sección 232, que fue la base para imponer los aranceles al acero y al aluminio.

A manera de conclusión podemos señalar que la Secretaría de Economía de México debe ser extremadamente cuidadosa para que no escale la guerra comercial con Estados Unidos. Además de que es muy importante que se analice con cuidado en que bienes se imponen los aranceles de represalia contra Estados Unidos, y se debe buscar que éstos se impongan en bienes que podemos sustituir de otros países. Esto porque lo peor que nos puede suceder es que en México los importadores y distribuidores de productos importados, así como varios productores, agarren esto de pretexto para subir precios.

Y como muestra de lo anterior tenemos que el Centro de Estudios Económicos del Sector de la Construcción (CEESC) ya advirtió que la determinación del Gobierno de Estados Unidos de imponer aranceles a productos de acero y aluminio que compra a México, y la decisión del gobierno mexicano de aplicar medidas equivalentes a las importaciones provenientes de la Unión Americana, podría provocar un incremento en cascada de los precios de diversos insumos básicos de la industria de la construcción.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La séptima ronda de negociaciones del TLCAN fue más de lo mismo

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La séptima ronda de negociaciones del TLCAN concluye sin avances importantes en temas relevantes

La séptima ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), comenzó el 25 de febrero en la ciudad de México, y estando próxima su conclusión podemos decir que  sus resultados son muy pobres, ya que hasta ahora sólo se ha anunciado que el capítulo de Mejores Prácticas Regulatorias se cerró y ha trascendido que se concluyeron los de Telecomunicaciones y Obstáculos Técnicos al Comercio, aunque aún no es oficial.

 

De esta manera, al momento de escribir estas líneas, hay 6 capítulos formalmente terminados de un total de 29 (aunque en función de lo comentado líneas arriba al cierre de la séptima ronda se podrían tener 8 terminados), pero el problema es que los grandes temas en los que han existido diferencias desde el comienzo de la renegociación permanecen prácticamente estancados, aunque las autoridades de México y Canadá recurrentemente salgan a declarar que “hay avances”.

 

Haciendo un repaso de los temas propuestos por Estados Unidos y que siguen entrampando la negociación tenemos los siguientes (esta lista no es exhaustiva):

 

  1. Cláusula de extinción o “sunset”, la cual implica que el tratado expirará en automático cada cinco años a menos de que las partes acuerden extenderlo.
  2. En cuanto al sector automotriz, está la propuesta de aumentar el requerimiento de contenido norteamericano para camiones, automóviles y motores grandes desde el actual 62.5% a 85%. Además, Estados Unidos pide que 50% del contenido de los estos vehículos y motores debe ser fabricado en Estados Unidos.
  3. Establecimiento de aranceles temporales contra importaciones de hortalizas estableciendo restricciones a productos mexicanos como el tomate y las “berries” en función de los ciclos agrícolas de Estados Unidos.
  4. En materia de compras de gobierno también hay inconformidad dado que Estados Unidos propone un esquema de “dólar por dólar”.
  5. En materia textil se ha propuesto que desaparezcan los cupos con trato arancelario preferencial a las exportaciones mexicanas de ciertos tipos de tela fabricados con insumos que no se producen en la región.
  6. Desaparición de capítulos de resolución de controversias y disputas comerciales. Estados Unidos quiere que estos temas sean resueltos en cortes de su país, y no a través de paneles.

 

En ninguno de estos temas hubo avances, pero para complicar las cosas aún más, tenemos que esta séptima ronda de negociaciones se vio empañada el jueves 1 de marzo con el anuncio de la administración Trump de que impondrá (tan pronto como la siguiente semana), aranceles a la importación de acero y de aluminio, a razón de 25% y 10% respectivamente. En principio no se aclaró si estos aranceles también aplicarán a los socios del TLCAN y si, en su caso, serán en dichos porcentajes. Sin embargo, el domingo 4 de marzo por la mañana, el asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, aclaró que ningún país será excluido de dichas tarifas, ni siquiera los aliados estadounidenses.

 

En entrevista con CNN, Navarro dijo que eventualmente habrá un procedimiento de excepción para casos particulares en las que “necesitamos excepciones para que las empresas puedan avanzar, pero en este momento no hay exclusiones”. Regresaré a este tema más delante para comentar sobre las implicaciones que esto tiene en la competitividad de Norteamérica y en especial para la fabricación de automóviles.

 

Acciones como esta confirman que pocos temas parecen amargarle tanto la vida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como los “muy malos acuerdos” que según él tiene con sus socios comerciales. Pero los Estados Unidos no van a estar solos al tomar una posición más dura en relación al comercio exterior, ya que vemos como las tensiones internacionales aumentaron desde el anuncio,  y se podría llegar a un punto crítico este año conforme ocurre la renegociación del TLCAN, crece el déficit comercial estadounidense con la Unión Europea y cada vez están se acercan más a una guerra comercial con China.

 

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El acuerdo peligra porque Estados Unidos está obsesionado con el déficit comercial que registra con México

Se debe mencionar que pese a la retórica de Trump, el déficit comercial de los Estados Unidos creció 12% en 2017 hasta alcanzar los 566 mil millones de dólares (mmdd), el mayor incremento desde el 2008, lo que ha intensificado el debate respecto a qué es lo mejor para las empresas y trabajadores estadounidenses en relación al comercio exterior. Es motivo de ásperos debates si esos déficits están dañando su economía, pero al final de cuentas estos desequilibrios se han convertido en una obsesión para la administración Trump. El problema es que en lugar de poner remedio a temas como su desequilibrio fiscal, que eleva su demanda agregada y contribuye enormemente a su déficit comercial, buscan castigar al resto del mundo endureciendo acuerdos e imponiendo aranceles. En este contexto es importante señalar que del déficit de 566 mmdd que registraron los Estados Unidos el año pasado, el 66.2%, equivalentes a 375 mmdd fueron con China.

 

Para los Estados Unidos, gran parte del problema de su desindustrialización y su déficit comercial con México, el cual fue de -71.056 mmdd en el 2017, surge por los bajos salarios que se pagan en nuestro país. México no ha aceptado que se ponga el tema salarial en la mesa de negociaciones, pero comentarios editoriales como el de Bill Pascrell Jr., Congresista del Partido Demócrata, publicado el pasado 1 de marzo, sin duda siguen ejerciendo presión importante.

 

Pascrell señala que cuando el TLCAN fue debatido por primera vez en el Congreso estadounidense, se encontró con resistencia por parte de los Demócratas debido a que su partido temía que el acuerdo construiría una economía integrada sobre las espaldas de trabajadores explotados.  Agrega que estos temores se materializaron en las últimas dos décadas. Conforme la productividad de los trabajadores industriales en México ha aumentado, sus sueldos permanecieron estancados y sus derechos básicos y protecciones han sido reiteradamente  “aplastados”.

 

Pascrell agrega que a lo largo de la vida del TLCAN, los Estados Unidos han ayudado a generar un “sistema roto” para los trabajadores mexicanos.  Desde su óptica, esta ceguera voluntaria es importante porque es una causa directa de las presiones salariales a la baja que han devastado nuestros centros industriales como Youngstown, Ohio; Flint, Michigan; y Paterson, New Jersey.

 

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Un tema que sigue sin resolverse es el de los bajos salarios que paga México a sus trabajadores industriales 

Menciona que los Estados Unidos han permitido por un cuarto de siglo que los trabajadores estadounidenses sean amenazados de que se llevarán sus puestos de trabajo a México si no están de acuerdo en aceptar términos más favorables para los dueños de las empresas. Muchas familias trabajadoras han enfrentado recortes en sus pagos y sus beneficios, y lo que en alguna vez fue un sistema organizado de trabajo ha sido debilitado en favor de un sistema que privilegia las ganancias corporativas. En los Estados Unidos se ha tolerado un TLCAN que ha fallado a los trabajadores, por lo que se deben realizar cambios de fondo. Hasta aquí los comentarios de Pascrell.

 

Todo lo anteriormente expuesto es el contexto de las tarifas que serán impuestas a las importaciones de acero y aluminio por parte de los Estados Unidos, las cuales sin duda tendrán un impacto negativo en el sector automotriz, uno de los temas más sensibles en la negociación. Esta acción ha exacerbado las tensiones comerciales en todo el mundo y los países comienzan a evaluar como tomarán medidas de represalia. Esto es relevante no sólo por la utilización de estos metales en el proceso de fabricación de automóviles, sino por las medidas que terminarán afectando la producción y costos de otros productos finales.

 

Queda claro que la pretensión de imponer un arancel de 25% a la importación de acero busca abatir el déficit comercial de Estados Unidos al incrementar el contenido de dicho país en los bienes industriales que fabrica, pero esto tendrá consecuencias no deseadas en muchos sectores industriales. No queda claro a quien se pretende beneficiar, ya que al final alguien tendrá que pagar por estos nuevos aranceles y se mermará la competitividad de América del Norte, sobre todo en la fabricación de automóviles, los cuales tendrán un mayor costo de producción respecto a sus contrapartes asiáticas.

 

Esto fue tan disruptivo que de hecho, en el marco de la séptima ronda de negociaciones, las pláticas respecto a la regla de origen automotriz fueron suspendidas cuando Jason Bernstein, quien encabeza esta discusión por parte de Estados Unidos regreso a Washington para realizar consultas con su industria.

 

Con todo esto en mente, se debe señalar que no obstante que la negociación del TLCAN sigue, persiste el riesgo de que este fracase.  El peor escenario es que desaparezca el TLCAN, lo que sería un duro golpe para las empresas y trabajadores de la región, y Estados Unidos no se salvará, aunque Trump piense lo contrario. De acuerdo con la Cámara de Comercio de Estados Unidos, tan sólo en dicho país hay cerca de 14 millones de empleos dependen del comercio con México y Canadá, y el fin del TLCAN le costaría a los Estados Unidos la pérdida de 1.8 millones de empleos de acuerdo con la Mesa redonda de Negocios.

 

Obviamente también persiste el escenario optimista en el que los tres países alcanzarán acuerdos respecto a cómo se puede renovar el comercio, lo que implica ponerse de acuerdo en una nueva regla de origen automotriz. Si bien, está por concluir la séptima de ocho rondas pactadas hasta marzo de este año, la realidad es que no existe como tal un plazo fatal para concluir la negociación, por lo que las negociaciones pueden prolongarse todo lo que se requiera. Aunque muchos opinan que si no se alcanza un acuerdo para el fin de marzo, las negociaciones podrían prolongarse hasta el 2019.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP¨

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt