Las finanzas públicas y nuestra calificación crediticia

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La calificación de la deuda soberana de México ha estado bajo la lupa desde que arrancó la presente administración. 

Desde que arrancó la presente administración federal, dos calificadoras (Moody´s y Standard & Poor´s) asignaron una perspectiva negativa para el riesgo soberano y una de ellas (Fitch Ratings) redujo en un escalón su calificación para la deuda emitida por México. Estas tres agencias dicen haber sustentado las revisiones de calificación y perspectivas de la deuda del país en: i) la incertidumbre sobre la implementación de las políticas públicas y su efecto en la confianza de los inversionistas, ii) cambios en la política energética y, iii) la incertidumbre sobre la situación financiera de Pemex y su plan de negocios. Sobre esto último, las agencias señalaron que estos factores podrían tener implicaciones para las finanzas públicas y el crecimiento económico en el corto y mediano plazos.

Con respecto a la deuda de Pemex, en lo que va del año, Moody´s y Standard & Poor´s modificaron su perspectiva crediticia de estable a negativa, mientras que la Fitch Ratings le redujo su calificación en tres escalones, colocándola por debajo del grado de inversión. Esta agencia calificadora argumentó que dicho ajuste es acorde con: i) el descenso de un grado que asignó a la calificación crediticia a nivel nacional (riesgo soberano), ii) el continuo deterioro del perfil financiero de la empresa y, iii) la falta de inversión para revertir la disminución en su capacidad de producción.

Habiendo temporalmente dejado atrás el riesgo inherente a las amenazas de aranceles por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, es momento de reflexionar sobre la fortaleza de las finanzas públicas de México. No puede pasarse por alto que el deterioro en la calificación crediticia soberana y de Pemex es un importante factor de riesgo que debe ser atendido.

¿Es justa la evaluación de las calificadoras? ¿Hay riesgo de que México o Pemex dejen de honrar sus compromisos financieros nacionales e internacionales? En esta entrega analizamos el comportamiento de las finanzas públicas en los primeros cuatro meses de este año en materia de ingresos, gastos y balance público con el fin de tener más elementos para valorar lo que pasa con el sector público federal.

Ingresos públicos

De acuerdo con información proporcionada por la Secretaría de Hacienda, los ingresos totales del sector público federal en los primeros cuatro meses del año sumaron 1.786 billones de pesos, cifra que representa 0.1% menos, en términos reales, respecto a los ingresos de los primeros cuatro meses de 2018. La caída de 0.1% se debe a que ocurrió una disminución de -21.8% en los ingresos petroleros, mientras que los ingresos no petroleros aumentaron en 4.9% en términos reales. Con estos datos comienza a quedar claro dónde está el problema fiscal de México.

Profundizando, vemos que las cifras oficiales indican que en los primeros cuatro meses de 2019, los ingresos petroleros ya solamente representan el 14.74% de los ingresos totales del sector público federal. La brutal caída de -21.8% en los ingresos petroleros es preocupante y se explica en parte, porque los ingresos de Pemex se desplomaron -32.9% en términos reales. Y pues esto último pesa mucho en el ánimo de las calificadoras de riesgo al momento de evaluar la posición financiera de México y como Pemex podría arrastrar al gobierno federal a un severo problema financiero.

En cuanto a los ingresos no petroleros, las cosas marchan bien en general, ya que en el comparativo de los primeros cuatro meses de 2019 respecto a los mismos meses de 2018, los ingresos tributarios del gobierno federal aumentaron 4.5% en términos reales, lo cual se deriva de un aumento de 2.4% en la recaudación de Impuesto Sobre la Renta (ISR), una caída de -1.8% en el Impuesto al Valor Agregado (IVA), un incremento de 30.3% en la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), aumento de 21.0% en los Impuestos a la Importación, crecimiento de 27.4% en los impuestos por la actividad de exploración y explotación de hidrocarburos, y caída de -4.1% en la recaudación por otros impuestos.

De esta manera tenemos que en los primeros cuatro meses de 2019, la contribución a los ingresos tributarios está conformada de la siguiente manera (en paréntesis se indica su participación porcentual): Impuesto sobre la renta (56.9%), Impuesto al valor agregado (26.4%), Impuesto especial sobre producción y servicios (13.3%), Impuestos a la importación (1.9%), Impuesto por la actividad de exploración y explotación de hidrocarburos (0.2%), y Otros impuestos (1.3%).

Ingresos públicos

Gasto público

En cuanto a la evolución del gasto total del sector público, se observan caídas importantes derivado de subejercicios fiscales. En los primeros cuatro meses de 2019, el gasto total fue de 1.771 billones de pesos, cifra 6.0% inferior en términos reales de la observada en el primer cuatrimestre de 2018. Esto desde luego que es preocupante en un contexto de desaceleración económica nacional.

Las cifras de la SHCP muestran que en el periodo antes mencionado, el gasto corriente observa una caída de -5.4% en términos reales, el cual se debe a disminuciones de -2.7% en los servicios personales (nómina), caída de -0.4% en otros gastos de operación y desplome de -18.2% en subsidios y transferencias. Se debe destacar que el gasto de nómina sumó 355.138 miles de millones de pesos (mmdp) en los primeros cuatro meses de 2019, lo que implica un ahorro de apenas 2.7% en términos reales, por lo que la estrategia del gobierno federal de recortar plazas y bajar sueldos no se ha reflejado en las finanzas públicas como uno se hubiera imaginado.  En este contexto, hace mucho sentido la reciente declaración del Secretario de Hacienda, Carlos Urzua, cuando dijo que se ha exagerado “un poquito” sobre los despidos en el gobierno federal, porque sólo se ha limitado a niveles de mando medio y superior.

El gran problema con el gasto público es que no obstante que el gasto corriente disminuyó en -5.4% en términos reales, esto no se ha traducido en un mayor gasto en inversión física. La inversión física en los primeros cuatro meses de 2019 sumó apenas 182.599 mmdp y esta cantidad representa una caída de -16.8% en términos reales con respecto a la ya de por si mermada cifra registrada en los primeros cuatro meses de 2018. Esta disminución de -16.8% se debe a una contracción de -11.2% en la inversión física directa y una caída de -22.8% en la inversión física indirecta.

Otro punto importante es el relacionado al costo financiero de la deuda pública, el cual se elevó 4.8% en términos reales en los primeros cuatro meses de 2019 hasta llegar a los 182.683 mmdp. Uno pudiera pensar que la caída en el gasto de inversión se debe a un mayor costo financiero de la deuda, pero eso es sólo parcialmente cierto, ya que en términos nominales la inversión física disminuyó en 28.048 mmdp en el comparativo de los primeros cuatro meses de 2019 respecto a los mismos meses de 2018, mientras que el aumento en el costo financiero de la deuda fue de 15.395 mmdp en el mismo periodo.

Gasto público

Balance público

Resultado de los mayores ingresos y menores gastos, el balance público del sector público federal muestra un superávit de 38.043 mmdp, el cual se compara favorablemente con el balance de 5.803 mmdp en los primeros cuatro meses de 2018.  De igual forma, en los primeros cuatro meses de 2019, el balance del gobierno federal es superavitario en 39.757 mmdp, cifra que se contrasta con el déficit de -89.291 mmdp observado en los primeros cuatro meses de 2018. Estos datos explican la razón por la cual el salde de la deuda del sector público prácticamente no ha crecido en el arranque de este año.

Si bien en las cifras agregadas de todo el sector público se aprecia disciplina fiscal y fortaleza, la gravedad del asunto recae en que el balance de Pemex fue deficitario en -66.204 mmdp en los primeros cuatro meses de 2019, cifra que denota un fuerte deterioro respecto al déficit de -20.484 mmdp observado en los primeros cuatro meses de 2018.  Una situación, un poco menos compleja pero igualmente preocupante, es la que vive la CFE que pasó de tener un balance de -48.272 mmdp en el primer cuatrimestre de 2018 a uno de -34.158 mmdp en los primeros cuatro meses de 2019.

Balance público

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que hay estabilidad en los ingresos del sector público porque se está recaudando más de impuestos y pese a la enorme caída de los ingresos de Pemex. Sin embargo, no debemos olvidar que el pronóstico de ingresos del sector público se construyó sobre la base de una estimación de crecimiento económico de 2.0% y la realidad es que este año lo más probable es que la economía crezca apenas arriba del 1.0%, lo que sin duda afectará los pronósticos de recaudación fiscal. En cuanto al gasto público, preocupan los subejercicios en un contexto de menor crecimiento económico. Vemos también que apenas si ha habido ahorros en materia de servicios personales, mientras que el gasto de inversión es cada vez menor, lo cual es preocupante dado que el país requiere de obras de infraestructura para desarrollarse. Finalmente, preocupa el mayor costo financiero de la deuda, lo que presiona el que no se pueda gastar en otros rubros, y con expectativas de menores tasas de interés hasta finales de este año. En cuanto al balance público, vemos la disciplina del gobierno federal por mantener finanzas sanas, pero es muy preocupante el creciente déficit de Pemex y la manera cómo éste puede comprometer las finanzas del gobierno federal. Dado todo lo anterior, lamentablemente creo que las calificadoras de deuda tienen razón en estar preocupadas y por eso es razonable que hayan puesto la deuda de México con perspectiva negativa, pero lo que si evidentemente es un exceso es lo que hizo Fitch al haber degradado la calificación de México de esa manera.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @Alejandrogomezt

Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

Deuda pública

Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

Intereses

Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt