¿Cómo el COVID-19 impactará a las cadenas globales de manufactura?

52555819_303El panorama económico ha cambiado de manera importante en la última semana y ahora el riesgo de recesión mundial ha aumentado. En la semana que recién concluye los mercados bursátiles alrededor del mundo cayeron significativamente. El emblemático índice Dow Jones de los Estados Unidos registra una caída de 14% desde su reciente record máximo, mientras que el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores acumula una caída del 8.4% en las últimas dos semanas. Esto ha convertido a la semana del 24 al 28 de febrero en la peor desde el 2008, cuando azotaba la crisis financiera mundial.

En Asia, los parques de Tokio Disneyland y Universal Studios Japón anunciaron que cerraran sus puertas, y se suspendieron diversos eventos que se espera atrajeran a decenas de miles de personas, incluida una serie de conciertos del famoso grupo de K-pop BTS. También se reportó que la llegada de turistas a Tailandia se redujo en un 50% en comparación con la de hace un año. Al escribir estas líneas, en Italia se han reportado ya 1,128 casos de COVID-19, la mayor cantidad de cualquier país fuera de Asia, por lo que las reservaciones en los hoteles se están derrumbando. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha planteado la posibilidad de una recesión.

Por su parte, la economía europea ya está al borde de la recesión. El indicador de sentimiento comercial en Alemania cayó bruscamente la semana pasada, lo que sugiere que algunas compañías podrían posponer los planes de inversión y expansión. Esto ocurre por la dependencia de los exportadores alemanes en el mercado chino.

Los economistas más optimistas pronostican que el crecimiento mundial caerá a 2.4% este año, el cual sería el menor desde la Gran Recesión de 2009, y estaría muy por debajo de las expectativas anteriores más cercanas al 3%. Para los Estados Unidos, las estimaciones caen a un crecimiento tan bajo como 1.7% este año, inferior al 2.3% observado en 2019.

Sin embargo, los más realistas estiman que si el COVID-19 se convierte en una pandemia global entonces se espera que el impacto sea mucho peor y que los Estados Unidos y otras economías globales posiblemente caigan en recesión. En México, con una economía que en el 2019 decreció -0.14%, el escenario pinta doblemente complicado. Aunque el Banxico, seguramente temeroso de contaminar con expectativas pesimistas, mantiene la prospectiva poco creíble de que la economía nacional crecerá entre 0.8% y 1.8% en 2020.

Ahora bien, en un artículo de Pierre Haren y David Simchi-Levi, titulado “¿Cómo es que el Coronavirus impactará a las cadenas de suministro globales para mediados de marzo?” publicado en el Harvard Business Review, se presenta un panorama sombrío para la industria manufacturera mundial en los próximos meses. En esta entrega presento algunos de los puntos más importantes de dicho artículo y al final hago una serie de reflexiones respecto a lo que hasta ahora he visto de cómo puede impactar toda esta situación a la planta manufacturera de México.

En dicho artículo se señala que los informes respecto a cómo es que el COVID-19 está afectando a las cadenas de suministro e interrumpiendo las operaciones de fabricación en todo el mundo, aumentan a diario. Pero de acuerdo con los autores, lo peor está por llegar. Como preludio a lo que viene tenemos que se acaba de dar a conocer que el Índice mensual de gerentes de compras, emitido por la Agencia de Estadísticas China, cayó a 35.7 desde los 50 puntos registrados en enero. Esto es muy preocupante porque los números por debajo de 50 indican la contratación de la actividad.

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No obstante lo anterior, se prevé que el pico del impacto económico negativo del COVID-19 en las cadenas de suministro mundiales ocurrirá a mediados de marzo. De ser cierto, esto obligará a miles de empresas globales a reducir o cerrar temporalmente las plantas de ensamblaje y fabricación en los Estados Unidos, Europa y países como México. Las empresas más vulnerables son aquellas que dependen en gran medida o exclusivamente de fábricas en China para piezas, materiales e insumos. Como muestran los indicadores, la actividad de las plantas manufactureras chinas ha disminuido sustancialmente en el último mes y se espera que éstas continúen deprimidas durante varios meses más.

Muchos analistas han comparado la epidemia actual del COVID-19 con la del SARS, la cual duró del 2002 al 2003 y generó apenas un bache en los mercados financieros mundiales. Esta comparación no tiene sustento porque la importancia relativa de China en el ecosistema económico mundial ha aumentado enormemente en los últimos 18 años.  China ha más que duplicado su participación en el comercio con el resto del mundo en el periodo comprendido entre la epidemia de SARS y la actualidad, y muchas más industrias ahora dependen más de China que hace dos décadas. La epidemia de SARS comenzó en la provincia de Guangdong en 2002 y generó 8 mil casos de enfermedad en el 2003. Durante ese año, el PIB de China representaba apenas el 4.31% del PIB mundial. Por el contrario, el número de casos detectados de COVID-19 ya superó mundialmente los 87 mil y China ahora representa alrededor del 16% del PIB mundial.

Igualmente importante, es el hecho de que la creciente presión para reducir los costos de la cadena de suministro ha llevado a las empresas a seguir estrategias como la manufactura esbelta, la deslocalización y la subcontratación. Tales medidas de reducción de costos implican que cuando hay una interrupción en la cadena de suministro, la fabricación se detendrá rápidamente debido a la falta de piezas o insumos suficientes en inventario. La gran mayoría de las compañías globales no tienen idea de cuál es realmente su exposición al riesgo de lo que está sucediendo en Asia. Esto se debe a que pocos, si es que tienen alguno, tienen el conocimiento completo de las ubicaciones de todas las empresas que les proveen piezas o insumos a sus proveedores directos.

Dados los esfuerzos actuales del gobierno chino para poner en cuarentena a casi la mitad de su población y el impacto negativo que está teniendo en las actividades de transporte y fabricación en el país, podemos concluir con seguridad que el impacto de COVID-19 en la fabricación china es mayor que el del SARS.

Cabe destacar que como resultado de algunos eventos como la epidemia de SARS 2002-2003, la erupción del volcán de Islandia en marzo de 2010, el terremoto y el tsunami de Japón en marzo de 2011 y la inundación en Tailandia en agosto de 2011, las compañías globales recientemente han aumentado la cantidad de inventario de insumos y piezas que tienen a la mano, por lo que ahora suelen tener uno para un periodo de 15 a 30 días de operaciones. Es posible que las vacaciones de una semana del Año Nuevo chino motivaran a algunas compañías a aumentar su cobertura de inventario por otra semana más. Por lo tanto, para la mayoría de las empresas, la cobertura de inventario que tienen les permitirá seguir trabajando sin problemas por un plazo de entre dos y cinco semanas, dependiendo de la estrategia de la cadena de suministro de la empresa. Pero si el suministro de componentes se interrumpe por más tiempo, la fabricación tendrá que detenerse.

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Los plazos de entrega también tendrán un impacto. El envío por mar a México, Estados Unidos o Europa tarda en promedio 30 días. Esto implica que si las plantas chinas dejaron de fabricar antes del comienzo de las vacaciones chinas el 25 de enero, el último de sus envíos llegará a su destino la última semana de febrero. Todo esto implica que habrá un incremento en los cierres temporales o paros técnicos de las instalaciones de ensamblaje y fabricación a mediados de marzo.

Algunos fabricantes ya han tenido que reducir la producción en sus plantas fuera de China, y la lista se incrementa a diario. Por ejemplo, Fiat Chrysler Automobiles NV anunció el 14 de febrero que “está deteniendo temporalmente la producción en una fábrica de automóviles en Serbia porque no puede obtener piezas de China”. Del mismo modo, Hyundai dijo que “decidió suspender sus líneas de producción de operar en sus plantas en Corea… debido a interrupciones en el suministro de piezas como resultado del brote de coronavirus en China”. Estos dos ejemplos son consistentes con el análisis de Haren y Simchi-Levi: dado que los plazos de entrega de China a estos países son significativamente más cortos que 30 días, la interrupción ocurrió antes.

El desafío también es significativo en la industria de alta tecnología. De hecho, el 17 de febrero, Apple anunció que esperaba que sus ganancias trimestrales fueran más bajas de lo esperado anteriormente. La compañía se enfrenta a dos desafíos: una oferta mundial limitada de iPhones y una caída significativa de la demanda en los mercados de consumo de China.

La creciente epidemia de coronavirus ya está afectando también a los puertos. Allard Castelein, CEO del puerto de Rotterdam, dijo: “El efecto del coronavirus ya es visible. El número de salidas desde los puertos chinos ha disminuido en un 20% en estos días”. La actividad en el puerto francés de Le Havre también se está desacelerando y podría caer un 30% en los próximos dos meses.

Los autores concluyen que no queda más que prepararnos para el importante efecto que se viene para la manufactura global. Tenemos poco tiempo porque el problema comenzará a alcanzar toda su fuerza en dos o tres semanas y podría durar durante varios meses.

Ahora, a título personal, para el caso de México lo que pienso es que habrá un impacto para la actividad manufacturera en cuatro sentidos:

  1. Sustitución de importaciones de algunos productos para el consumidor final. Como lo señalé en la entrega de hace dos semanas, la dificultad de traer algunos bienes de consumo final desde China, será positivo para algunas empresas nacionales, las cuales verán sus ventas incrementarse mientras se recupera China.
  2. Escasez de insumos para la producción. En línea con lo que señalan Pierre Haren y David Simchi-Levi, algunos sectores manufactureros en México se verán afectados negativamente (e inclusive pueden llegar a realizar paros técnicos) si dependen de insumos de China o Italia, y no logran conseguir proveeduría nacional de esos insumos, o al menos importarlos desde otras partes del mundo.
  3. Posibilidad de paros en las empresas, similares a los que se dieron en el 2009 en la crisis por el H1N1. El gobierno federal ha señalado que hasta ahora el COVID-19 no cumple con las características para ser declarado una emergencia. Sin embargo, si en México no se toman las medidas de contingencia y la infección se sale de control, el gobierno podría decretar otro tipo de medidas que dañarían la producción y consumo de bienes y servicios.
  4. Impacto negativo para exportadores por menor crecimiento mundial. Si Estados Unidos baja su tasa de crecimiento a 1.7% este año y varios países europeos terminan por caer en recesión, el escenario para varios fabricantes nacionales que dependen de los mercados extranjeros será complicado.

Dados estos cuatro puntos, el primer paso es que las empresas hagan una evaluación del origen de sus insumos para la producción y tengan bien claro el mapa de cómo los van a sustituir, en caso de que éstos provengan de China. Por otra parte, si dependen de manera importante de mercados extranjeros, analizar el impacto que diversos escenarios de caídas de ventas pueden tener en la compañía. El mensaje es claro, el COVID-19 está aquí, no se irá pronto y las empresas deben elaborar escenarios y prepararse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General de GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Puede el coronavirus impulsar a la planta productiva nacional?

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El COVID-19 visto en microscópico de electrones

El coronavirus o COVID-19, que al momento de escribir estas líneas ha infectado a más de 69 mil personas y matado a 1,671, es ahora en día la mayor amenaza real para el crecimiento económico mundial en 2020. Los escenarios y pronósticos de crecimiento económico pronto comenzarán a ser revisados a la baja y una desaceleración global, sin duda le afectará negativamente a la economía mexicana porque una menor tasa de crecimiento significa menor aumento de exportaciones y precios más bajos de materias primas como el Petróleo. Sin embargo, existe la posibilidad de que este organismo microscópico haya abierto la posibilidad para que muchas empresas grandes y pequeñas de México, tengan un mejor desempeño económico este año respecto del 2019. En esta entrega explico por qué.

En múltiples ocasiones he destacado el problema crónico que sufre México por su excesivo y creciente déficit comercial con las naciones asiáticas. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con el INEGI, mientras que en el año 2012 el déficit comercial de México con las naciones asiáticas fue de -96.388 miles de millones de dólares (mmdd), en el 2018 subió hasta -135.802 mmdd y en los primeros once meses de 2019 (dato más reciente al escribir estas líneas) fue de -129.909 mmdd, lo que hace prever que el dato oficial cerrará en unos -140 mmdd. El país que es responsable de más de la mitad del desequilibrio comercial con Asia es China, nación  con la que tuvimos un déficit comercial de -51.215 mmdd en 2012, luego de -76.081 mmdd en 2018 y de -69.867 mmdd en los primeros once meses de 2019, lo que hace pensar que el dato oficial será de unos -75.0 mmdd al cierre del año que recién terminó.

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Peña Nieto y Xi Jinping se reunieron en al menos tres ocasiones a hablar sobre el comercio bileteral.

En el discurso, México ha tratado de remediar este creciente déficit comercial con China y muestra de ello es que en el sexenio pasado el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el presidente chino, Xi Jinping, se reunieron en al menos tres ocasiones. Después de cada encuentro se emitieron sendos comunicados de prensa destacando la disposición de China a comprar más productos mexicanos, pero como se puede observar con las estadísticas, el problema comercial de México a lo largo del tiempo no sólo no mejoró, sino que empeoró. Es verdad que entre 2012 y 2018 las compras de China de productos mexicanos aumentaron en 1.708 mmdd, pero también es verdad que en el mismo periodo las compras de México de productos chinos aumentaron en 26.6 mmdd.

Si consideramos que en la actualidad el PIB nominal de México es de 25 billones de pesos y un tipo de cambio de 19 pesos por dólar, eso significa que el PIB de México es de aproximadamente unos 1.315 billones de dólares, lo que entonces implica que el déficit comercial con las naciones asiáticas (estimado en unos -140 mmdd en 2019), equivale al 10.64% del PIB, mientras que el de China, (estimado en unos -75 mmdd en 2019), representa el 5.70% del PIB.

Todo lo anterior implica que si México instrumentara políticas públicas que le permitieran disminuir en 10% las importaciones originarias de Asia y sustituirlas por producción nacional, entonces ese sólo hecho haría que el PIB de México aumente en 1.22 puntos porcentuales. Es decir, sin hacer nada extraordinario, el sólo hecho de dejar de comprarle a las naciones asiáticas el 10% de lo que ahora les compramos y reemplazarlo con producción nacional, sería un formidable impulso para nuestra actividad económica. Desde luego, que estas cifras no consideran el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Si se combatieran frontalmente estos dos grandes delitos, el impacto positivo para la planta productiva nacional sería mucho mayor.

La realidad es que México no ha instrumentado una política de sustitución de importaciones originarias de Asia, ni ha dado un combate frontal a las importaciones ilegales, por lo que el problema comercial no solo subsiste sino que cada vez es peor. Pero afortunadamente para la planta productiva nacional eso podría cambiar gracias al COVID-19 o mejor conocido como el coronavirus.

Para comenzar a ilustrar esto tenemos que hace unos días comenzó a circular en redes un video de MVS Noticias, en el que se relata como el coronavirus ha impedido que el grupo delincuencial de los Marco Polos, asociado a la Unión Tepito, pueda viajar a China a realizar las compras de mercancía, mucha de la cual es pirata, y que entra por contrabando por la frontera sur de México. Se menciona en la nota que esta mercancía ya escasea en comercios formales e informales del Centro Histórico de la Ciudad de México.

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Complicado hacer negocios con China por el COVID-19

De esta manera, tenemos que gracias al COVID-19, diversos negocios del Centro Histórico de la CDMX, y de muchas partes del país, ya han dejado de vender algunos productos chinos, lo cual sin duda debería impulsar la comercialización y consumo de algunos productos nacionales.

Y así como el COVID-19 ha impedido que grupos de contrabandistas puedan ir a China a hacer sus negocios, también ha dificultado que compradores de negocios mexicanos formales puedan ir a la nación asiática a hacer sus negocios. De hecho, el Director del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Fernando Ruiz, recientemente advirtió que sí se intensifica la propagación del coronavirus se podría afectar a las empresas mexicanas que utilizan insumos provenientes de China, como componentes electrónicos, eléctricos y acero, entre muchos otros.

Esto, para muchos comercializadores, puede representar un grave problema y sin duda les puede ocasionar grandes pérdidas por pedidos ya comprometidos de clientes nacionales que no podrán ser surtidos. Pero al mismo tiempo abre las posibilidades de incrementar la compra y producción nacional de ciertos insumos y productos.

Hace unos días un fabricante de insumos para el sector calzado me comentaba que durante la primera quincena de febrero de este año sus pedidos y ventas han aumentado de manera importante, ya que sus competidores, muchos de los cuales traen insumos de China, comienzan a tener dificultades para aceptar pedidos. Esto por los retrasos que comienza a haber en los trámites y en las embarcaciones de los productos originarios de aquella nación con motivo del temor que despierta el coronavirus.  Los recuentos periodísticos dan cuenta de que en China se están atrasando embarques, que algunas mercancías no llegan a los puertos porque no hay personal o movimiento terrestre para llevarlos. De hecho el sitio de internet diarioelcanal.com advierte que “en cuanto a las importaciones provenientes de China se prevén retrasos en las entregas que se hayan expedido después del inicio del Año Nuevo Chino a causa del cierre de las aduanas de este país, hecho que puede provocar problemas de provisionamiento para las empresas. Una vez desbloqueada esta situación se prevé que el coste del transporte se incremente a causa de la gran demanda y la limitada oferta de navieras”.

Dado lo anterior la gran pregunta es si el grueso de la planta productiva nacional está en condiciones de hacer frente a la oportunidad que representa la posible disminución de importaciones legales e ilegales (de productos terminados y de insumos) originarias de China, y de igual forma poder abastecer una mayor demanda de productos por parte de Estados Unidos, dadas las dificultades que ellos también enfrentan de importar desde China. La pregunta es relevante porque el año pasado, pese a los aranceles punitivos que impuso Estados Unidos a China y que la economía estadounidense creció a una sólida tasa del 2.3%, nuestras exportaciones hacía dicho país sólo crecieron en 3.60% en los primeros once meses de 2019. Esto es evidencia de que en muchos sectores manufactureros no pudimos sustituir a China como proveedor de Estados Unidos. Ahora parece haber una nueva oportunidad.

China-coronavirus-1-640x400Lo que debemos tener claro es que si las fábricas mexicanas son capaces de abastecer los insumos que se dejen de importar de China a precios competitivos, se generará la ansiada sustitución de importaciones y se impulsará el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en beneficio de la creación de empleos bien remunerados.

Y es que las importaciones originarias de China, formales o contrabandeadas, cuando vienen con precios excesivamente bajos por sus economías de escala o por la política de subsidios que llevan a cabo, son las que en muchas ocasiones impiden que las fábricas en México puedan pagar mejores salarios.

Por ejemplo, en el caso del sector calzado en el 2019, de los 102 millones de pares importados, el 41% de las importaciones se realizaron con precios por debajo de lo que se denomina Precio Materia Prima (PMP) o presuntamente subvaluadas. Estas importaciones, aunadas a las que entran contrabandeadas y no se tienen cuantificadas, ingresan al mercado nacional y son las responsables de que no se puedan pagar mejores sueldos en la industria. Esto porque el comercializador de calzado le puede decir al fabricante nacional que si no le vende a determinados precios, optará por el producto importado. De esta manera el fabricante nacional se ve forzado a vender con precios sumamente bajos, lo que imposibilita a mejorar los salarios. Este problema ocurre en infinidad de actividades manufactureras nacionales como textiles, vestido, muebles, entre muchos más.

Pero ahora con el COVID-19 y las dificultades para importar productos desde China, se abre la posibilidad de fortalecer las cadenas productivas nacionales, reactivar la proveeduría nacional de productos terminados y de insumos, y aumentar la creación de empleos. Es de esta manera que es posible que un virus, que complica las importaciones desde China, podría hacer más por la planta productiva nacional que las políticas públicas implementadas por el actual gobierno federal, cuyo resultado del primer año de actividades fue el de un decrecimiento económico de -0.1% en 2019.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Los costos económicos globales por el coronavirus

China-coronavirus-e1580162861299La semana que recién concluye estuvo llena de noticias intensas. El Reino Unido abandonó la Unión Europea, después de 47 años de haber sido parte de este enorme bloque económico; Estados Unidos anunció un nuevo plan de paz en Medio Oriente, que por cierto no gustó a los Palestinos; y el Senado estadounidense adelantó su juicio político contra el presidente Trump, quien sabemos que la semana que viene será exonerado dado que no se autorizó llamar a testigos a poder declarar.

En México el INEGI dio a conocer que con cifras originales y en su estimación preliminar, el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país disminuyó -0.3% en su comparación del cuarto trimestre de 2019 respecto al mismo trimestre de 2018. Con esto México se encuentra en recesión, ya que acumula tres trimestres consecutivos con caídas anualizadas (-0.9% en II/19, -0.3% en III/19 y -0.3% en IV/19) y cierra el 2019 con una caída preliminar de -0.1% en su PIB anual. Desde luego que el presidente López Obrador dijo que él tiene otros datos y que aunque haya caído el PIB, la población está mejor, entre otras tantas cosas que no merecen mayor comentario por parte de esta columna.

No obstante todo lo anterior, mejor he decidido dedicar mi columna semanal a otro tema: los costos globales y amenaza por la epidemia de coronavirus. Y es que no es demasiado pronto para contemplar las posibles consecuencias de este virus, que se cree que se originó en un mercado de vida silvestre de Wuhan y que ya ha resultado (al momento de escribir estas líneas) en 305 muertes y 14,677 casos confirmados en 19 regiones de China y 25 países alrededor del mundo. Los casos ahora incluyen transmisiones de persona a persona en los Estados Unidos, y una advertencia de nivel cuatro del Departamento de Estado de “no viajar” a ninguna parte de China.

Image1Recuerdo que hace apenas una semana hacía mención en mi comentario editorial que China estaría muy contenta por su acuerdo comercial con Estados Unidos, el cual bajaría los aranceles punitivos impuestos por el presidente Donald Trump de un 15% a un 7.5% a partir del 14 de febrero de este año. Pero en una semana bastantes cosas cambiaron y parece que el arreglo con Estados Unidos será poca cosa comparada con lo que se necesitará China para impulsar su economía en el contexto de una crisis del coronavirus que se sale de control.

Muchos han comparado la epidemia de SARS del 2003 con lo que sucede actualmente, pero el impacto en la economía mundial ahora será mucho mayor dada la importancia de la economía china en la actualidad. En un artículo publicado en el portal de Forbes y titulado “China entonces y ahora: ¿Por qué el coronavirus es una amenaza mayor para la economía mundial que los brotes anteriores?” se menciona que hace dieciséis años el virus del SARS infectó a más de 8,000 personas y mató a 77, por lo que las cifras de contagio y muerte por coronavirus ya rebasaron por mucho a las del SARS, lo que ha generado temor en todo el mundo y no se tiene ninguna vacuna a la vista.

Es así que es probable que el coronavirus tenga un mayor impacto económico que los brotes anteriores gracias a una economía china que continua registrando rápido crecimiento y que ahora mantiene lazos comerciales más profundos con los Estados Unidos. En 2003, cuando llegó el virus del SARS, el PIB de China era de $1.6 billones. Hoy, el PIB de China ronda los $13 billones de dólares, lo que la ubica como la segunda mayor economía del mundo.

Durante ese período, China ha sido un centro de atracción de inversiones y crecimiento para las empresas estadounidenses que buscan formas de aumentar su rentabilidad. Ahora esas compañías están en la primera línea de una creciente pandemia de salud. Esto implica complicaciones gigantescas en las operaciones de una enorme cantidad de empresas globales.

No cabe duda que la economía de China se encuentra entre las de más rápido crecimiento en el mundo (6.6% en 2018 y 6.1% en 2019 a pesar de los costos que le representó la guerra comercial con los Estados Unidos); sin embargo, hay crecientes preocupaciones de que la tasa de crecimiento de China para el 2020 pueda verse fuertemente impactada por la amenaza del coronavirus y que no se logre la meta de un crecimiento de 6.0%. Esto es relevante, ya que China contribuyó en 2019 con aproximadamente el 30% del crecimiento del PIB mundial. Esto significa que si la tasa de crecimiento del PIB de China se reduce a un 4.0%, la tasa de crecimiento del PIB mundial caerá en 1 por ciento.

CoronaEs así que anticipándose al impacto económico que causará el coronavirus, el Banco central de China informó que el lunes 3 de febrero, inyectará a su sistema bancario 150 mil millones de yuanes (unos 21.6 miles de millones de dólares) para ayudar a su economía a protegerse de la epidemia de coronavirus. Esta sin duda será la primera de muchas intervenciones por parte del banco central chino.

El impacto económico de la desaceleración China afectará a muchos países, tanto por el comercio internacional, como por el turismo. En 2019 el volumen total de comercio de China creció 3.4% y registró un volumen total de comercio superior a los 31 billones de yuanes (unos 4.5 billones de dólares). Es así que China se ubicó en 2019 como el mayor país del mundo en términos de comercio de artículos. Ahora, en cuanto al turismo, hemos visto que muchas aerolíneas han cancelado sus vuelos hacia y desde China, y países como Estados Unidos están restringiendo la entrada a todas aquellas personas que hayan estado en China recientemente. Si esto se prolonga demasiado, habrá un fuerte golpe a la actividad turística global. Según la consultora Nielsen, los viajes se han convertido en un indicador clave de la calidad de vida de la creciente población acomodada de China, ya que cada vez más chinos viajan al extranjero para sus vacaciones. Los turistas chinos gastaron un promedio de $762 dólares por persona en sus viajes al extranjero, mientras que los turistas no chinos promediaron $486 dólares, según una encuesta de Nielsen de 2017. En 2018, hubo 163 millones de turistas chinos, lo que representó una tercera parte de las ventas de viajes a nivel mundial.

Por otra parte, en un artículo publicado por el portal de CNBC y titulado “El coronavirus comienza a causar un impacto en la economía y política globales”, Frederick Kempe hace mención de que aún es muy temprano para valorar qué tan grande será el impacto económico del coronavirus, pero sabemos que será significativo en China y para las cadenas globales de suministro, así como para los mercados globales y varias economías nacionales. También tendrá un impacto importante en el Partido Comunista Chino, además de que afectará las relaciones chinas con sus vecinos y con los Estados Unidos, con quien la confianza ya estaba mermada.

Kempe menciona que el primer efecto, y quizás el más fácil de medir, será el golpe para los mercados y economías de China y sus principales socios comerciales. Esto en un momento en que el mundo, no creía que se fuera a presentar un evento de “cisne negro” que podría empujar a la economía mundial hacia una recesión, después del peor año de la economía mundial en una década, en 2019, cuando la economía mundial creció apenas 2.3%. En este contexto, los mercados estadounidenses se convulsionaron el viernes 31 de enero, cayendo en más de 600 puntos.

El impacto es aún mayor, ya que coincide con lo que ya era una economía china en franca desaceleración. Además, llega en un momento en que las compañías estadounidenses y de otros países ya estaban mudando las cadenas de suministro de China hacía otros lugares debido a los aranceles impuestos por los Estados Unidos y las tensiones comerciales. En este contexto, el virus servirá como otro recordatorio para que las empresas diversifiquen más rápidamente sus cadenas de suministro fuera de China.

Tras el acuerdo comercial de la “fase uno” con los Estados Unidos, el golpe del coronavirus también socava el naciente optimismo comercial bilateral que había impulsado a los mercados recientemente. En la última semana ha cambiado la narrativa y han aumentado las probabilidades de una desaceleración de la economía mundial en 2020. Eso le pegará más fuerte a los mercados emergentes y a los productores de productos básicos, desde petróleo hasta cobre.

Si la crisis se prolonga por otro mes, y los expertos ahora consideran que es más probable que ésta llegue hasta el verano, el costo podría ser una disminución de dos puntos porcentuales en el crecimiento de China a 4% o menos este año. Las cifras de crecimiento del primer trimestre en China podrían caer al 2% interanual, lo que sería el más bajo en décadas, y muy por debajo del 6% observado en el último trimestre de 2019.

Es así que el impacto en la economía mundial será mucho más significativo que durante la pandemia de SARS de 2003, que se estima que provocó una pérdida económica global de $ 40 mil millones de dólares y un impacto del 0.1% en el PIB mundial. Esto se debe a que la participación de China en el PIB mundial se ha cuadruplicado desde entonces al 16% desde el 4%, y un tercio del crecimiento global proviene de China, como se señaló líneas arriba.

En todo este contexto, cabe entonces preguntarse. ¿Qué planes tiene el gobierno mexicano para mitigar el impacto negativo que causará el coronavirus en la economía nacional?, ¿Tienen alguna cuantificación del posible impacto de una caída en el crecimiento del PIB mundial y en el sector externo mexicano? Lo más probable es que no haya ni plan de contingencia, ni cuantificación de cómo nos va a afectar este asunto. Entonces la pregunta obligada, es hacía nosotros mismos, ¿Estamos preparados para enfrentar esta pandemia en México?, ¿Qué aprendimos de cuando vivimos en México la crisis del virus H1N1?

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt