Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

Deuda pública

Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

Intereses

Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La deuda pública es el mayor lastre para México

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Una variable que explica la debilidad de la economía mexicana es su débil situación fiscal.

La deuda pública es el mayor lastre en materia económica con el que carga el país y es responsable de muchos de los recortes presupuestales que se han propuesto para el 2019, además de ser la causa de los mayores controles fiscales propuestos, los cuales sin duda afectarán los flujos operativos de las empresas. En esta entrega se explica lo que la deuda pública representa para las finanzas de México y como ésta limita las posibilidades de desarrollo económico y social.

Al mes de octubre de 2018, el saldo total de la deuda neta se ubicó en 10.517 billones de pesos, de los cuales 6.602 billones de pesos correspondían a deuda interna neta y el resto, el equivalente a 3.915 billones de pesos eran deuda externa neta (197,731 millones de dólares). Aunque diversos economistas y analistas lo nieguen, este nivel de endeudamiento representa una pesada carga fiscal para el país.

Diversos economistas dicen que el saldo de la deuda pública no representa un problema porque equivale a apenas el 45% de un PIB nominal, que ascendió a 23.425 billones de pesos al tercer trimestre de 2018. Argumentan inclusive que México todavía se puede endeudar más y ponen como ejemplo la situación fiscal de naciones desarrolladas, como Japón que tiene una deuda pública que representa el 253% de su PIB, o los Estados Unidos con una que representa el 105.4% de su PIB.

Estas comparaciones son irresponsables, porque pretenden hacer creer que todavía nos podemos endeudar más como país, siendo que ya hemos llegado al límite del endeudamiento en función de nuestra capacidad de hacer frente al costo financiero de dicha deuda. Para el año 2018 el costo financiero de la deuda se estima que será de 630.791 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representa el 12.35% de los 5.106 billones de pesos que se tendrán de ingresos presupuestarios por parte del sector público.  Para el 2019 el costo financiero se pronostica en 749.574 mmdp, cantidad que representa el 14.21% de los ingresos presupuestarios del sector público previstos para dicho año. Vemos pues que para el 2019 se espera que tan sólo por los intereses que genera la deuda del sector público se eroguen casi 120 mmdp adicionales respecto a este año, y pues de algún lugar debe salir ese dinero extra que se requiere.

Deuda pública
2018/p: dato al mes de octubre de 2018, Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Es así que sin duda, este mayor costo financiero, sumado al capricho de cancelar el aeropuerto de Texcoco, así como la necesidad de cumplir promesas de campaña, explican varios de los  muy sensibles recortes planteados en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. En otras palabras, dados los compromisos existentes, el costo de tener finanzas públicas ”equilibradas” es el recorte presupuestal planteado. Y no, no se trata de estar en crisis para que sea justificable realizar ajustes presupuestales (como recientemente lo dijo el columnista Pablo Hiriart), sino que los recortes al gasto son precisamente una condición indispensable para evitar esa crisis.

Al final de cuentas, debemos quedarnos con el dato de que tan sólo el pagar los intereses de la deuda del sector público se lleva casi uno de cada siete pesos que eroga todo el sector público federal; y lo peor es que en tanto no bajen las tasas de interés en México, éste se ha convertido en un problema crónico para las finanzas públicas del país. ¿Cómo fue que llegamos a esta lamentable situación?

En el año 2006 el costo financiero de la deuda pública en México fue de apenas 250.065 mmdp, para el año 2012 fue de 305.118 mmdp, ya en el año 2015 fue de 408.287 mmdp, y como ya se señaló, en el 2018 se estima que será de 630.791 mmdp, hasta llegar a los casi 750 mmdp en 2019. Estas mayores erogaciones son producto de tres factores: 1) El incremento irresponsable del saldo de la deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto (creció 96.5% entre el 31 de diciembre de 2012 y el 31 de octubre de 2018), 2) El aumento en las tasas de interés en México a partir de diciembre de 2015 (los Cetes a 28 días pasaron de 3.14 en diciembre de 2015 a 7.83% en noviembre de 2018), y 3) Por la reciente alza en las tasas de interés en los Estados Unidos (la tasa de fondos federales pasó de 0.12% en noviembre de 2015 a 2.20% en noviembre de 2018).

Cabe señalar que en 2019 la deuda del sector público seguirá aumentando en términos nominales. Para dicho año se plantea un superávit de 245.733 mmdp, pero al restarle los intereses de la deuda por 749.574 mmdp, pues acabamos con un balance económico deficitario por 503.841 mmdp, y es precisamente en este monto en lo que veremos aumentar la deuda del sector público el año que viene. En otras palabras, la deuda del sector público federal aumentará el año que viene en más de medio billón de pesos para rebasar los 11 billones al cierre de 2019.

Intereses
2018/p: Estimación de cierre de año; Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Una de las peores cosas de toda esta situación es que el crecimiento de la deuda pública en México no se ha traducido en un país más competitivo o un país con mucha mayor infraestructura física. ¡El ritmo de endeudamiento durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue equivalente a 2,700 millones de pesos diarios! ¿Y para qué sirvió todo ese dinero? Los responsables del endeudamiento deberían dar una explicación, pero lo que si es una realidad es que no fue dinero que fuera para inversión física.

De acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda, el gasto en inversión física directa estuvo muy por debajo del ritmo de endeudamiento y vino hacía menos en los últimos años del sexenio de Peña Nieto. En 2016 dicho gasto fue de 455.074 mmdp, en 2017 cayó a 321.225 mmdp, y en los primeros 10 meses de 2018 es de tan sólo 279.085 mmdp. Queda claro que lo que se invirtió en infraestructura por parte de sector público en el pasado sexenio fue tan sólo una parte del monto en el que endeudaron al país, por eso la forma como nos endeudaron fue irresponsable y ahora pagamos las consecuencias.

A manera de conclusión podemos decir que la herencia fiscal de Enrique Peña Nieto trascenderá su sexenio y limitará mucho lo que se pueda hacer en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La apuesta del gobierno no es lograr un balance económico positivo (superávit fiscal) sino simplemente lograr que la deuda crezca a una tasa inferior a lo que crece el PIB nominal para que éste tenga cada vez un menor peso en la economía. Sin embargo, lo que se debe cuidar es que el costo financiero de la deuda sea cada vez un porcentaje más bajo de los ingresos presupuestarios del país. Esta es la única manera en que las calificadoras de deuda soberana nos podrán ver como un país con finanzas públicas sólidas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El desorden fiscal que hereda Peña Nieto

dineroLos retos que enfrentará el próximo gobierno federal son inmensos, por los problemas que como mexicanos debemos atender y por las enormes expectativas generadas respecto a un cambio en la manera de generar el ansiado desarrollo económico. Desde luego que para instrumentar muchas de las cosas que se deben realizar se requieren recursos y es por ello que el equipo del presidente electo se ha dado a la tarea de buscar la manera de generar ahorros en diversos rubros del presupuesto de egresos.

Por el discurso que hemos escuchado, el próximo gobierno federal no pretende hacer uso exhaustivo de la deuda pública para financiar los gastos adicionales que se pretenden realizar, y eso está muy bien, dado que el margen que tendrá el próximo gobierno para endeudarse, sin ocasionar una baja en la calificación de la deuda soberana o sin comprometer la estabilidad de las variables macroeconómicas es muy limitado, como veremos a continuación.

Durante lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto, en el periodo de diciembre de 2012 a junio de 2018, la deuda neta total del sector público federal pasó de 5.352 billones de pesos a 10.578 billones de pesos, lo que implica un aumento de 5.225 billones, equivalentes a un incremento de 97.7%. Esto implica que en menos de un sexenio, México se endeudó por una cantidad equivalente al saldo de deuda que tenía acumulado en su historia moderna. La cantidad es difícil de comprender, pero representa ¡un incremento de 2,603 millones de pesos diarios!, una cantidad mayor a la del presupuesto anual de egresos de una ciudad mediana-grande de nuestro país.

De manera paralela, el Producto Interno Bruto (PIB) nominal de nuestro país pasó de 16.376 billones en el cuarto trimestre de 2012 a 22.513 billones en el primer trimestre de 2018, por lo que el saldo de la deuda neta del sector público pasó de representar el 32.7% a ser de 47.0% del PIB. Este último porcentaje se considera como el límite máximo de endeudamiento antes de que se prendan focos rojos respecto a nuestra posición fiscal.

Al analizar la evolución de la deuda del sector público con mayor detalle, vemos que la deuda interna neta pasó de 3.769 billones de pesos en diciembre de 2012 a 6.606 billones en junio de 2018, lo que implica un aumento de 75.2%, mientras que la deuda externa neta pasó de 121.659 miles de millones de dólares en diciembre de 2012 a 198.057 miles de millones de dólares en junio de 2018, lo que implica un incremento de 62.8%. Este porcentaje se hace mucho más grande cuando expresamos esta deuda en pesos por la depreciación que sufrió nuestra moneda frente al dólar en el periodo.

Deuda pública

Respecto a este último punto se debe destacar que el enorme incremento en el saldo de la deuda externa nos pone en una posición muy delicada, ya que la perspectiva casi unánime de los analistas es de que las tasas de interés en los Estados Unidos seguirán aumentando, y eventualmente la tasa de fondos federales del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), que sirve como tasa de referencia para muchos de los créditos que se otorgan en dólares, podría llegar a niveles de 3.0% en el 2019, desde el actual rango de 1.75% a 2.0%.

Otro punto que se debe destacar es que el gobierno federal nos habla constantemente de su “disciplina fiscal” al mencionar en su discurso que se mantiene un superávit primario en las finanzas públicas. Pero la realidad es que la mayoría de las personas no saben lo que es un superávit primario, y al escuchar la palabra superávit se quedan con la idea de que el gobierno está haciendo bien las cosas en materia de finanzas públicas, pero no es así. Un superávit primario se refiere a que sin tomar en cuenta el costo financiero de la deuda (el pago de intereses), el gobierno recauda más de lo que gasta. Pero la realidad es que en el balance total, cuando se considera el gasto por intereses que el sector público debe realizar, nos estamos endeudando más y más cada año, y 2018 no es la excepción.

Al cierre de diciembre de 2017, la deuda neta del sector público federal fue de 10.090 billones de pesos, y como ya se  mencionó líneas arriba, el saldo de dicha deuda a junio de 2018 fue de 10.578 billones de pesos, lo que indica que en los primeros 6 meses de 2018, la deuda del sector público se incrementó en 488 mil millones de pesos. De continuar esta tendencia, veremos que al cierre de 2018 la deuda del sector público mexicano se elevará en este año en casi otro billón de pesos.

Esto evidentemente limita las posibilidades de endeudamiento del próximo gobierno federal, ya que el tener un saldo de la deuda pública mayor a un 50% del PIB eleva considerablemente las probabilidades de que las agencias calificadoras de la deuda nos bajen la calificación en perjuicio del costo financiero de ésta, el cual abordo a continuación.

Queda claro que el escenario para las finanzas públicas de nuestro país es complejo, ya que como se ha mencionado, las tasas de interés en los Estados Unidos han venido aumentando, y en México la situación es aun peor. En México hemos vivido un apretón monetario por parte del Banco de México desde diciembre de 2015 y esto se ha visto reflejado en un alza en los Cetes a 28 días, los cuales pasaron de 3.14% en diciembre de 2015 a 7.64% en junio de 2018.  Este incremento en tasas de interés nacionales y extranjeras, aunado al explosivo crecimiento en el saldo de la deuda, ha provocado que el costo financiero de la deuda del sector público se haya disparado en perjuicio de otros rubros de gasto como el de la inversión directa.

En 2012 el costo financiero de la deuda fue de 305.118 miles de millones de pesos y en 2017 fue de 533.115 miles de millones de pesos, lo que representa un aumento de 74.7%. En los primeros seis meses de 2018 dicho costo fue de 331.735 miles de millones de pesos y se espera que al cierre de este año llegue a más de 700 mil millones de pesos. Esto implica que el costo financiero de la deuda pasó de representar el 7.78% del presupuesto total de egresos del sector público federal a ser del 10.29% de dicho presupuesto, y se espera que para este año supere el 12.0%. Esto sin duda pone al nuevo gobierno federal en una situación delicada porque compromete de manera importante sus recursos que podrían destinarse a programas de generación de empleo, infraestructura, combate a la pobreza, educación, seguridad, entre otros.

Lo más grave es que de manera paralela, el gasto de inversión física directa ha venido retrocediendo en términos nominales y reales. En 2012 dicho gasto fue de 459.012 miles de millones de pesos y en 2017 sumó apenas 323.515 miles de millones de pesos, lo que representa una caída de 29.5% en términos nominales y de casi 50% en términos reales en el periodo. Es así que en 2017, el costo financiero de la deuda fue superior a la inversión física directa del sector público en más de 200 mil millones de pesos.

Presupuesto

Un país que gasta más en pagar los intereses de su deuda que en desarrollar la infraestructura nacional, está destinado a perder competitividad, y lamentablemente vemos que eso es lo que ha sucedido en nuestro país por la falta de desarrollo del capital físico por estar pagando los intereses de una creciente deuda pública.

No obstante este complicado panorama el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho en reiteradas ocasiones que no se contemplan alzas de impuestos y que se realizará un enorme esfuerzo por disminuir el gasto público suntuario, se disminuirá la nómina, se fusionarán programas repetidos, entre otras medidas. Por otra parte, habla de un importante plan de desarrollo de infraestructura, en el que destaca el proyecto del Tren del Sureste.

Aquí el gran riesgo es que a López Obrador  no le alcancen los ahorros para hacer todo lo que quiere y que entonces se vea tentado a continuar con el irresponsable ritmo de endeudamiento que hemos vivido en el actual sexenio. Sin duda es una situación injusta para él y su equipo, y es por ello que la iniciativa privada se debe sumar realizando un análisis y propuestas para ayudarlo a él y a su equipo a encontrar las áreas en las que se pueden generar más ahorros, si no lo hacemos en el mediano plazo nos estaremos lamentando al ver como el monto de la deuda pública rebasa el 50% del PIB y como esto nos afecta al afectarse negativamente nuestra calificación de la deuda, las tasas de interés y el tipo de cambio, lo que a su vez impactará negativamente a las posibilidades de crecimiento económico y creación de empleos. Sin duda López Obrador y su equipo no la tienen fácil, hay que ayudarles.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt