Grandes esperanzas

Se siguen publicando datos respecto al desempeño económico de las diversas naciones durante el 2020. De igual manera, diversos organismos internacionales han hecho públicos sus pronósticos respecto a lo que esperan en materia de crecimiento económico para el 2021, y a juicio de un servidor, muchos de estos pronósticos son demasiado optimistas a la luz de la forma cómo está creciendo el número de contagios de Covid-19 en el mundo, los cierres de actividad económica que se han prolongado desde diciembre de 2020, así como el muy lento despliegue de vacunas a nivel global. Hay grandes esperanzas puestas en el 2021. En este contexto, esta entrega está estructurada en dos partes: primero, analizamos el desempeño de algunos países desarrollados durante 2020, así como sus perspectivas de crecimiento 2021; en la segunda parte, abordamos lo que sucedió en México y damos cuenta de los principales pronósticos para el 2021.

Economía mundial

El pasado 28 de enero, la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA por sus siglas en inglés) dio a conocer el dato del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de dicho país en el cuarto trimestre y la totalidad del 2020. ¿Qué tan terrible fue el 2020 para nuestro vecino del norte? Esto depende de cómo lo midamos. El PIB anual cayó un -3.5% con respecto a su nivel de 2019, lo que constituye la mayor caída desde 1946, el año posterior a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. En 2020 la mayor parte de la caída del PIB estadounidense se produjo en el primer semestre, ya que el valor de la producción del cuarto trimestre bajó sólo un -2.5% respecto al año anterior.  En una nota publicada en el Wall Street Journal se hace una relación interesante de la disminución del PIB de EE.UU. con la evolución del empleo en dicho país y señala que no obstante el repunte en la actividad en la segunda mitad del 2020, las nóminas no agrícolas en el cuarto trimestre disminuyeron un -6% con respecto al año anterior. Esta divergencia sin precedentes entre la producción y el empleo refleja el impacto desproporcionado de la pandemia en los sectores intensivos en mano de obra como los restaurantes, hoteles, servicios turísticos, actividades recreativas, entre otros en los que la remuneración y la productividad son bajas.

Estados Unidos no ha sido el único país que ha reportado datos preliminares de desempeño del PIB en 2020. A comienzos de la semana que recién termina, se informó que la economía de Corea del Sur sufrió una contracción de -1.0% en 2020. Esta cifra bajo condiciones normales sería un gran fracaso, pero en 2020 es una señal de resiliencia, ya que ésta caída se espera que sea de las más pequeñas entre las principales economías mundiales. La fuerza económica relativa es evidente en Asia, donde China terminó el año con un crecimiento positivo del 2.3% y Vietnam con un 2.9%. Se espera que Taiwán registre una expansión del 1.9%. ¿Qué fue lo que hicieron estos países para tener un buen desempeño en un año tan complicado como el 2020? De acuerdo a diversos análisis, la clave estuvo en la importancia relativa de su gran industria manufacturera (a los servicios les ha ido peor que a la industria), una base de compras en línea (e-commerce) bien establecida y fuertes medidas sanitarias de respuesta a la pandemia.

Contrario a lo que sucede en Asia, el panorama ha sido mucho más complicado en Occidente. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), se espera que en 2020 el PIB de Alemania haya caído -5.5%, el de Brasil -6.0%, el de Canadá -5.4%, el de Francia -9.1%, el de Italia, -9.1%, el de Rusia -4.3% y el del Reino Unido -11.2%. El panorama para muchos de estos países no es muy alentador en el arranque de 2021 ya que el aumento de las infecciones por Covid-19, desde finales de 2020, motivó a varios gobiernos a volver a imponer restricciones a las empresas y las actividades sociales, a la par de que la aplicación de la vacuna ha sido lento. Si bien muchos fabricantes europeos han aprendido lecciones de los cierres de la primavera de 2020 y han logrado mantener las fábricas en funcionamiento en esta ocasión, los consumidores y las empresas siguen siendo cautelosos, lo que merma el gasto de consumidores y la inversión privada.

Una vez que pase lo peor en términos de contagios se pueden esperar mejores cosas. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial se está preparando para una fuerte recuperación de la pandemia en 2021. Según sus pronósticos, el PIB mundial crecerá 5.5% este año (una mejoría respecto del pronóstico de 5.2% hecho en octubre). La materialización  de esta perspectiva depende de que se aumente el ritmo de vacunación y se mejoren los tratamientos contra el Covid-19. El pronóstico supone «una amplia disponibilidad de vacunas en las economías avanzadas y algunas economías de mercados emergentes para el verano de 2021 y en la mayoría de los países para la segunda mitad de 2022».

La OCDE estima que en 2021 la economía de Alemania crecerá 2.6%, la de Brasil 3.5%, Canadá 3.5%, Estados Unidos 3.2%, Francia 6.0%, Italia 4.3%, Rusia 2.8% y el Reino Unido un 4.2%. Como se puede apreciar estas tasas de crecimiento dejarán a todos estos países con niveles de PIB por debajo de los que tenían en 2019 ya que las tasas de caída fueron mayores (en valores absolutos), además de que estas tasas de incremento parten de una base mucho más baja.

Economía de México

El INEGI recién publicó el dato de la estimación oportuna del PIB del 2020 y éste arrojó que el valor de la producción de bienes y servicios en dicho año se desplomó -8.5% (cifra idéntica a la que predijimos en nuestro editorial del 27 de septiembre). Esta cifra se suma al pésimo desempeño observado en 2019 cuando la economía mundial crecía y nosotros caímos -0.03% con cifras revisadas por INEGI. La caída económica de México en 2020 es el peor tropiezo de la economía nacional desde 1932 y hace palidecer las caídas del PIB registradas en las crisis económicas recientes (-4.5% en 1983, -3.73% en 1986, -6.25% en 1995 y -5.28% en 2009). Cabe señalar que la tasa de caída del PIB del comparativo del cuarto trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019 fue de -4.6%, lo que indica cierta “recuperación” económica.

La falta de apoyos gubernamentales a empresas y familias, las pésimas señales enviadas que ahuyentaron la inversión privada en México provocaron que en el balance del año 2020 hayamos retrocedido a un nivel de PIB real similar al de 2015.

Los datos del desempeño del PIB mexicano en 2020 nos ubican en una situación similar a la de Italia, pero con la enorme diferencia de que aquí no hay un estado benefactor que le otorgue un seguro de desempleo a las personas que han perdido su fuente de ingresos. Tampoco contamos con una banca de desarrollo ni comercial que haya salido a prestarle a las empresas a tasas preferenciales en aras de mantenerlas a flote. Es por ello que la recuperación económica de México tardará mucho más, ya que el proceso de empobrecimiento de mucha de la fuerza laboral, aunado a la enorme destrucción de capital, serán grandes obstáculos a superar antes de retomar el nivel de PIB y de vida que se tenía en el país en el 2019.

Las estadísticas de INEGI  de cierre de 2020, dan cuenta de que la tragedia en materia de empleo continúa. En el último mes del año 2020 la Tasa de Participación Económica fue de 56.4% respecto a la población de 15 años y más, mientras que la población ocupada resultó de 52.8 millones de personas. En dicho mes la Tasa de subocupación fue de 14.2% de la población ocupada, la ocupación informal ascendió a 29.5 millones de personas, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 55.8% de la población ocupada.  Finalmente, la población desocupada de 15 y más años, representó el 3.8% de la PEA, porcentaje que equivalente a 2.1 millones de personas en diciembre de este año. Todos estos indicadores denotan un deterioro respecto de la situación  de hace un año.

¿Y qué se espera para el 2021? En un comunicado francamente increíble, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que el PIB mexicano crecerá 4.3% este año, impulsado básicamente por la demanda externa a través de las exportaciones a los Estados Unidos, nación que el FMI proyecta que crecerá 5.1%.  La razón por la cual afirmo que las cifras del FMI son increíbles es porque básicamente deja a la economía estadounidense todo el arrastre para México a través del sector exportador, el cual tendría que arrastrar al resto de la economía.

En el entendido de que las exportaciones a Estados Unidos representen el 28% de nuestro PIB, un aumento de las exportaciones hacía dicho país de un 10% impulsarían nuestra economía en 2.8 puntos porcentuales. ¿De dónde van a salir los otros 1.5 puntos de crecimiento si la inversión privada está colapsada, difícilmente aumentará el gasto público en términos reales y el consumo pudiera crecer un 2% en términos reales?  La realidad es que el planteamiento del FMI es demasiado optimista en un contexto en el que la pandemia del Covid-19 sigue fuera de control, parte de la actividad económica en el centro del país sigue detenida y no hay avances significativos en el proceso de vacunación. De acuerdo a nuestro modelo econométrico, el crecimiento del PIB de 2020 para México estará más en el orden de 3.2%. Veremos si el tiempo nos da la razón.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un futuro laboral espantoso

El economista Peter Koening recién escribió un artículo titulado “El mundo Post Covid: El proyecto diabólico del FEM (´La agenda para el reinicio del futuro del trabajo´ y ´El gran reinicio´) que plantea un futuro espantoso”. En dicho artículo se hace una dura crítica y advertencia respecto de lo que aparentemente son los planes del Foro Económico Mundial (FEM) para la deshumanización del trabajo en un mundo post-covid, mismos que se plasman en “La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid”.

Koening, quien trabajó en el Banco Mundial por 30 años, advierte que con el documento previo del FEM (de julio de este año), titulado “Covid-19 el gran reinicio”, el fundador del FEM, Klauss Schwab, tuvo la intención de medir la reacción de la gente ante el planteamiento de un escenario futuro. Al no haber habido mayor reacción negativa, ahora el FEM nos presenta una nueva visión del futuro que si el mundo leyera con atención se levantaría en armas y lucharía contra este reciente plan totalitario, ofrecido al mundo por el FEM.

La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid promete un futuro, para el 80% de la población que haya sobrevivido el Covid, que hace ver la obra de «1984» de George Orwell como una fantasía benigna en comparación con lo que el FEM tiene en mente para la humanidad.

El marco temporal de la nueva agenda es dentro de 10 años, en 2030, cuando el plan de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se haya implementado.

Las medidas empresariales contempladas, en materia de trabajo, como respuesta al COVID-19 son las siguientes:

• Una aceleración de los procesos de trabajo digitalizados. Esto ocasionará que el 84% de todos los procesos de trabajo como conferencias, sean digitales o virtuales.

• Se prevé que el 83% de las personas trabajen de forma remota. Es decir, ya no más interacción entre colegas, habrá distanciamiento social absoluto, separación de la humanidad del contacto humano.

• Se planea automatizar alrededor del 50% de todas las tareas; en otras palabras, la participación humana en los centros de trabajo disminuirá drásticamente, incluso mientras se trabaja a distancia.

• Habrá una aceleración de la mejora / actualización de los procesos de digitalización de habilidades (por ejemplo, proveedores de tecnología educativa): el 42% de la actualización de habilidades o la capacitación para nuevas habilidades se digitalizará. Esto significa que se disminuirá aún más el  contacto humano, el futuro es de todo en computadoras, inteligencia artificial (IA) y algoritmos.

• Se acelerará la implementación de programas de perfeccionamiento y/o readaptación de habilidades. Se prevé que el 35% de las habilidades sean «remodeladas», es decir, se planea abandonar las habilidades existentes, declarándolas extintas. Esto implica un duro y costoso proceso de readaptación para quienes cuenten con los medios para lograrlo.

• Se acelerarán las transformaciones organizativas en curso (por ejemplo, reestructuración): se prevé «reestructurar» el 34% de las configuraciones organizacionales actuales o, en otras palabras, las estructuras organizativas existentes se declararán obsoletas para dejar espacio para nuevos conjuntos de marcos organizativos. Se crearán nuevas estructuras digitales que proporcionan el máximo control sobre todas las actividades.

• Reasignación temporal de trabajadores a diferentes tareas: se espera que esto afecte al 30% de la fuerza laboral mundial. Eso también significa escalas de pago completamente diferentes, lo más probable es que haya nuevos salarios insuficientes para subsistir. Esto además provocaría que el también planificado «salario básico universal» o «ingreso básico», sea un salario que apenas te permita sobrevivir, una necesidad obvia. – Pero te haría totalmente dependiente del sistema (el Estado), habría un sistema digital, donde no tienes control alguno.

• Se reducirá temporalmente la población activa: se prevé que esto afectará al 28% de la población. Es una cifra adicional de desempleo, disfrazada, ya que el «temporal» nunca volverá a ser de tiempo completo.

• Reducir permanentemente la fuerza laboral: 13% de la fuerza laboral se reduce permanentemente.

• Incrementar temporalmente la fuerza laboral – 5% – no se hace referencia a qué tipo de fuerza laboral – probablemente será la mano de obra no calificada que tarde o temprano también será reemplazada por la automatización, por la Inteligencia Artificial (IA) y la robotización del lugar de trabajo.

• No se han implementado medidas específicas – 4% – ¿eso significa que solo un 4% permanecerá intacto? ¿Desde el algoritmo y los nuevos lugares de trabajo dirigidos por la IA? – por pequeña e insignificante que sea la cifra, suena como una «ilusión», que nunca se logrará.

• Aumentar permanentemente la fuerza laboral: se proyecta un mero 1% como “fuerza laboral en aumento permanente”. Esto, por supuesto es ridículo. Es un chiste.

Para Koening, esto es lo que se está planteando, es decir, este es el proceso concreto de implementación de “El Gran Reinicio.”

El Gran Reinicio también prevé que haya un plan de crédito mediante el cual toda la deuda personal sería «perdonada» – a cambio de la entrega de todos los activos personales a un organismo o agencia administrativa – la cual podría ser el FMI.

Entonces, no poseerías nada y serías feliz. Porque todas tus necesidades estarán cubiertas.

Además, no se les debería ocurrir estar en desacuerdo con el sistema, porque, a estas alturas, un enorme porcentaje de la población estará vacunado contra la Covid y en su sistema habrá nano-chips, de modo que con la tecnología 5G, y pronto con 6G, su mente puede ser leída e influenciada.

Koening menciona en su artículo que no debemos llamar a esto una teoría de la conspiración, ya que es un borrador o Libro Blanco, es decir, proviene de un «informe autorizado» del FEM.

DARPA – La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, es parte del Pentágono – y hace años desarrolló la tecnología. Es solo cuestión de tiempo para implementarlo. Y se implementará, si nosotros, como pueblo, no protestamos. Cuanto más esperemos antes de tomar acción, más dormidos estaremos caminando hacia este absoluto desastre humano.

“Se están destripando las relaciones sociales y humanas”

Koening menciona en su artículo que se están destruyendo las relaciones sociales y humanas; y esto tiene varias ventajas para este nuevo enfoque “totalitario” de la humanidad por parte del FEM: controlar a la humanidad.

– “Nosotros, el Pueblo”, no podemos rebelarnos, ya no tenemos cohesión entre nosotros,

– «Nosotros, el Pueblo», se utilizará para enemistar a unos contra otros – y habrá un control digital absoluto sobre la humanidad – ejecutado por una pequeña súper élite.

-No tenemos acceso a este control digital, está mucho más allá de nuestro alcance. La idea es que poco a poco nos convertiremos en eso, aquellos de nosotros que podamos sobrevivir. Dentro de una generación más o menos, se espera que esto se convierta en la Nueva Normalidad.

El «ángulo de supervivencia» es un aspecto que no se menciona directamente ni en “El gran reinicio” ni en el Libro blanco que contiene «La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid”.

Bill Gates, los Rockefeller, Kissinger y otros tantos más, nunca han ocultado su firme opinión de que el mundo está sobrepoblado y que la cantidad de personas tiene que reducirse literalmente. Estamos tratando con eugenistas.

Un método perfecto para reducir la población mundial son los programas de vacunación iniciados por Bill Gates y apoyados por la OMS. Se registraron escándalos de programas de vacunación tan desastrosos que provocaron la muerte de niños en la India (en la década de 1990), Kenia (2014 y en adelante) y otras partes del mundo.

Véase también un TedTalk muy revelador de Bill Gates de febrero de 2010, «Innovating to Zero«, el cual ocurrió cerca del momento en que se emitió el «Informe Rockefeller 2010», el mismo informe que nos ha proporcionado la idea de los encierros y del cierre de actividades económicas que ahora se vive en varias partes del mundo.

Lo que ninguno de los informes, ni “El gran reinicio” ni «La agenda para el reinicio del trabajo” mencionan es quién va a hacer cumplir estas nuevas reglas draconianas. – Supuestamente son las mismas fuerzas que ahora están siendo entrenadas para la guerra urbana y para reprimir los disturbios en Estados Unidos y Europa: son la policía y el ejército.

Parte de la Organización Popular de Desobediencia Civil, debe estar centrada en cómo enfocar,  hablar, educar e informar a la policía y al ejército de qué serán utilizados por esta pequeña élite, y que al final también son solo seres humanos, como el resto de nosotros. Por eso es mejor que se pongan del lado de la defensa del pueblo y de la humanidad. Lo mismo debe hacerse con los maestros y el personal médico: información, la verdad sin restricciones.

La desinformación mediática es brutal y poderosa y difícil de contradecir por parte de “nosotros”, sin un presupuesto para contrapropaganda, y al ser un grupo de personas, cada vez más dividido por los propios medios de comunicación. Temas como el uso obligatorio de cubrebocas y el distanciamiento social ya se ha convertido en enemigos de lo que solíamos ser, colegas, amigos, incluso dentro de la familia. Este mismo dictado ha logrado crear rupturas, divisiones y discordia dentro de nuestras sociedades.

Koening finaliza mencionando que se debe destrozar «La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid”, así como «El Gran Reinició”. Debe haber una alternativa humana que acabe con organizaciones como el FEM y agencias de la ONU cooptadas, como la OMS, UNICEF, OMC, el Banco Mundial, el FMI, y tal vez incluso todo el sistema de la ONU. Los líderes políticos y empresariales detrás de este proyecto deben ser confrontados y se les deben aplicar los principios fundamentales del derecho internacional.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un ascenso largo y difícil para la recuperación económica

No cabe duda de que la recuperación económica, para muchos países, ha sido un proceso largo y difícil, pero van avanzando. Desafortunadamente, para otras economías, como la mexicana, la recuperación de los niveles de actividad prepandemia será aún más tardado por la falta de políticas públicas que impulsen el mercado interno. En este sentido, el pasado 13 de octubre, el Fondo Monetario Internacional publicó la actualización de su Perspectiva Económica Mundial 2020 (WEO por sus siglas en inglés), la cual tituló “Un ascenso largo y difícil”. En dicho documento se nos da un panorama claro respecto de la situación que guarda la economía mundial y de las perspectivas de ésta para el corto y mediano plazos. De igual manera, se hacen una serie de recomendaciones en materia de políticas públicas, que no estaría mal que los políticos mexicanos implementaran.

El resumen ejecutivo del documento de 204 páginas, comienza señalando que la economía mundial está saliendo de las profundidades a las que llegó tras el desplome de la actividad económica durante el Gran Cierre de abril de este año. Pero con la propagación de la pandemia de COVID-19, muchos países han retrasado la reapertura económica y algunos están restableciendo cierres parciales para proteger a las poblaciones vulnerables. Si bien la recuperación en China ha sido más rápida de lo esperado (este año crecerá 1.9%), el largo ascenso de la economía mundial para regresar a los niveles de actividad previos a la pandemia sigue estando lleno de riesgos y es propenso a retrocesos. A continuación presento los aspectos más relevantes del WEO de octubre y hago algunos comentarios respecto de algunos puntos que aplican a la economía de México.

Perspectivas de crecimiento global y riesgos

Perspectiva de corto plazo. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial se espera que caiga en -4.4% en 2020, una contracción menos severa que la pronosticada en la actualización del WEO de junio de 2020. Para el caso de México, el FMI pronostica una caída del PIB en 2020 de -9.0% y un rebote marginal de 3.5% en 2021. La perspectiva de desempeño económico de México contrasta con la de Brasil, la cual se espera que caiga -5.8% en 2020 y crezca 2.8% en 2021.

La favorable revisión en la perspectiva de desempeño económico mundial refleja que algunos de los resultados del PIB del segundo trimestre fueron mejores de lo anticipado, principalmente en las economías avanzadas, donde la actividad comenzó a mejorar antes de lo esperado después de que se fue abriendo nuevamente la actividad económica en mayo y junio, así como indicadores de una recuperación más sólida en el tercer trimestre. El crecimiento global se proyecta que será de  5.2% en 2021, un poco más bajo que en la Actualización WEO de junio de 2020, lo que refleja la desaceleración más moderada proyectada para 2020 y es una cifra consistente con las expectativas de un prolongado distanciamiento social en el 2021. Tras la contracción en 2020 y la recuperación en 2021, se espera que el nivel del PIB mundial en 2021 sea apenas 0.6% superior al observado en 2019. Las proyecciones de crecimiento implican amplias brechas de producción negativas y elevadas tasas de desempleo este año y en 2021 en países avanzados y en las economías emergentes.

Perspectiva a medio plazo. Después del repunte en 2021, se espera que el crecimiento global se desacelere gradualmente y se estabilice en una tasa de alrededor del 3.5% en el mediano plazo. Esto implica solo un progreso limitado para regresar a la senda de actividad económica que se había anticipado para el periodo de 2020-25, misma que se había proyectado antes de la pandemia. También es un revés severo para la mejora proyectada en el nivel de vida promedio de la población de todos los grupos de países. La pandemia revertirá el progreso logrado desde la década de 1990 en la reducción de la pobreza mundial y aumentará la desigualdad. Las personas que dependen de un trabajo asalariado y están fuera de la red de seguridad social formal enfrentaron pérdidas repentinas de ingresos cuando se impusieron las restricciones de movilidad y se cerraron la mayoría de las actividades económicas. Este año, cerca de 90 millones de personas podrían caer por debajo del umbral de ingresos de 1.90 dólares diarios de pobreza extrema. Además, el cierre de escuelas durante la pandemia plantea un nuevo desafío importante que podría retrasar gravemente la formación y acumulación de capital humano. En el caso de México, investigadores de la UNAM han estimado que este año entre 12 y 16 millones de personas podrían caer a una situación de pobreza extrema.

Por su parte, la moderada perspectiva de crecimiento económico en el mediano plazo viene acompañada de un aumento significativo en el monto de deuda soberana de infinidad de países. Las revisiones a la baja de la producción potencial también implican una base impositiva menor a mediano plazo de lo que se había previsto anteriormente, lo que agrava las dificultades para cumplir con los pagos de intereses de la deuda. En el caso de México, y de acuerdo con cifras oficiales, hemos visto como el monto total de la deuda neta del sector público pasó de 10.83 billones de pesos en 2018 a 11.03 billones en 2019 a 12.18 billones de pesos en 2020. Este incremento en el tamaño de la deuda se debe a la adquisición de nuevos empréstitos, pero también al ajuste en el tipo de cambio que elevó el costo de la deuda pública externa. El incremento en el monto de la deuda neta trae aparejado un aumento en el costo financiero de la misma, no obstante la disminución en las tasas de interés nominales en México y los principales mercados financieros. En 2018 el costo financiero fue de 615.04 miles de millones de pesos (mmdp), en 2019 subió a 666.48 mmdp y para 2020 se proyecta que será de 718 mmdp. Esta evolución de la deuda y su costo financiero, desde luego que ejerce una enorme presión en las finanzas públicas y resta posibilidades de atender temas prioritarios como la salud, educación, seguridad, infraestructura, entre otros.

Volviendo al WEF, tenemos que la proyección de aumento del PIB mundial planteada, asume que el distanciamiento social continuará en 2021, pero posteriormente se desvanecerá con el tiempo a medida que se amplíe la cobertura de vacunas y mejoren las terapias. Se espera que la transmisión local de la enfermedad se reducirá a niveles bajos en todas partes del mundo hasta finales del año 2022.

En función de todo lo anterior, es que las proyecciones a mediano plazo asumen que las economías experimentarán profundas cicatrices debido a la gravedad de la recesión y la necesidad de un cambio estructural, lo que implica efectos negativos persistentes en la producción potencial. Estos efectos incluyen los costos de los ajustes y los impactos negativos en la productividad para las empresas sobrevivientes por diversos motivos: a. Costos para aumentar la seguridad en el lugar de trabajo, b. Amplificación del impacto por la quiebra de empresas, c. Reasignación costosa de recursos entre los sectores productivos, y d. Salida de la fuerza laboral de trabajadores capacitados desalentados. Se espera que estas secuelas de la pandemia agraven las tendencias de estancamiento y pérdida de productividad que venían experimentando muchas economías en los años previos a la pandemia por un bajo crecimiento de la inversión, mejoras modestas en el capital humano y lentas ganancias de eficiencia al combinar la tecnología con factores de producción.

Riesgos. La incertidumbre que rodea al escenario base planteado por el FMI es bastante grande. El pronóstico del FMI se basa en factores económicos y de salud pública que son intrínsecamente difíciles de predecir. Un primer nivel de riesgo se relaciona con la trayectoria de la pandemia, la respuesta de salud pública necesaria y las posibles interrupciones de la actividad doméstica asociadas, sobre todo en los sectores de contacto intensivo. Otra fuente de incertidumbre es qué tan grande serán los efectos globales de los contagios, mismos que ocasionan una débil demanda agregada, un sector turismo muy por debajo de su potencial y menores remesas internacionales. Un tercer conjunto de factores de riesgo comprende las expectativas de los mercados financieros y sus implicaciones para los flujos de capital globales. Además, existe incertidumbre en torno al daño a las cadenas globales de manufactura, mismo que depende de la persistencia de la pandemia y al tamaño y eficacia de la respuesta gubernamental, así como de la magnitud de los desajustes de recursos sectoriales.

El progreso en el desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos contra la enfermedad, así como los ajustes realizados en los lugares de trabajo, así como los cambios por parte de los consumidores para reducir la transmisión, pueden permitir que la actividad se recupere a los niveles prepandémicos más rápidamente. De igual manera, una extensión de las medidas de impulso fiscal hasta 2021, por parte de los países que las llevaron a cabo, también podría elevar el crecimiento por encima del pronóstico.  Sin embargo, el riesgo de que ocurran tasas de crecimiento económico peores a los que se anticipan,  sigue siendo considerable. Si el virus resurge, y los avances en los tratamientos y las vacunas son más lentos de lo previsto, o el acceso de los países a ellos sigue siendo desigual, el ritmo de actividad económica podría ser menor de lo esperado, con un distanciamiento social renovado y bloqueos más estrictos.

Teniendo en cuenta la gravedad de la recesión y la posible retirada de los apoyos de emergencia en algunos países, el aumento de las quiebras de empresas podría agravar la pérdida de empleo y de ingresos. El deterioro de la confianza financiera podría desencadenar una interrupción repentina del flujo de préstamos (o la imposibilidad de refinanciar la deuda existente) a economías vulnerables. Y los efectos de contagio transfronterizos de una demanda externa más débil podrían amplificar el impacto de los shocks específicos de cada país.

En el caso de México, hemos señalado en múltiples ocasiones que la falta de apoyos para mantener las fuentes de trabajo tendrá secuelas importantes. La destrucción de capital físico en las empresas que cerraron y no volverán a abrir, así como la pérdida de recursos humanos capacitados en determinadas actividades, tendrá secuelas importantes. Resulta difícil de comprender que mientras que el FMI pide a los gobiernos de los países no recortar abruptamente los apoyos y estímulos para sus economías, aquí en México, realmente estuvimos todo este tiempo sin apoyos del gobierno federal. Si acaso contamos con cierta flexibilidad en la política monetaria que se tradujo en una disminución de las tasas de interés de Cetes y TIIE, pero con un efecto limitado dado que la llave del crédito se cerró (en agosto la cartera de crédito vigente al sector privado de la banca comercial se redujo 1.4% real anual en agosto de 2020).

Prioridades políticas: imperativos a corto plazo, desafíos a mediano plazo

El WEO señala que además de combatir la profunda recesión a corto plazo, los gobernantes deben abordar otros desafíos complejos para poder colocar a sus economías en una senda de mayor crecimiento de la productividad, que de manera paralela garanticen que las ganancias se compartan de manera uniforme y la deuda pública siga siendo sostenible. Muchos países ya enfrentan difíciles dilemas entre implementar medidas para apoyar el crecimiento a corto plazo y evitar una mayor acumulación de deuda que será difícil de pagar en el futuro, considerando el impacto de la crisis en el producto potencial. Por lo tanto, las políticas para respaldar la economía a corto plazo deben diseñarse con miras a guiar a las economías por sendas de crecimiento más fuerte, equitativo y resistente.

Las medidas fiscales y de gasto de los diferentes países deben privilegiar las iniciativas que pueden ayudar a elevar la producción potencial, garantizar un crecimiento participativo que beneficie a todos y proteger a los vulnerables. Es más probable que la deuda adicional contraída para financiar tales esfuerzos se amortice en el futuro aumentando el tamaño de la economía y la base impositiva futura que si los préstamos se hicieran para financiar subsidios mal dirigidos o gastos corrientes derrochadores. Las inversiones en salud, educación y proyectos de infraestructura de alto rendimiento pueden promover esos objetivos. El gasto en investigación puede facilitar la innovación y la adopción de tecnología, los principales impulsores del crecimiento de la productividad a largo plazo.

Como comentario final, pues resulta evidente que a la luz se las sugerencias que hace el FMI, en México estamos siguiendo la receta al revés, ya que el gobierno está otorgando subsidios mal dirigidos ya que éstos no generan riqueza, y se derrocha el escaso recurso en proyectos con escaso impacto en la economía nacional. Es por esto que tardaremos hasta el 2024 o 2025 en retomar los niveles de producción de 2019, siendo que en otros países en el 2021 estarán ligeramente arriba de donde estaban dos años antes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La Depresión Pandémica

En un artículo publicado el 6 de agosto en el portal de Foreign Affairs, por parte de Carmen Reinhart y Vincent Reinhart, titulado “La Depresión Pandémica”, los autores explican cómo es que la economía global no volverá a ser igual y porque la recuperación económica será demasiado larga para la mayoría, además de que exacerbará las diferencias existentes entre ricos y pobres. En esta entrega hago una recapitulación de algunos de los elementos más relevantes de dicho ensayo e incorporo elementos de análisis respecto de lo que está sucediendo en México.

La pandemia del COVID-19 ha creado una contracción económica masiva, la cual será seguida por una fuerte crisis financiera en muchas partes del mundo, a medida que los préstamos morosos de corporaciones y familias se acumulen junto con las bancarrotas. Los incumplimientos de la deuda soberana de países en desarrollo también están a punto de aumentar. Esta crisis seguirá un camino similar al que tomó la crisis de 2008-2009, excepto que esta es mucho peor, acorde con la escala y el alcance del colapso de la actividad económica mundial que hemos presenciado. Esta crisis afectará a los hogares y países de menores ingresos más que a sus homólogos más ricos. De hecho, el Banco Mundial estima que unas 60 millones de personas en todo el mundo caerán a una situación de pobreza extrema como resultado de la pandemia. Derivado de lo anterior, es de esperarse que la economía mundial funcione de manera diferente, ya que además los balances fiscales de muchos países se hunden en los números rojos (como es el caso de México que este año tendrá un déficit primario de  0.6% del PIB, cuando la previsión era de un superávit de 0.7%), mientras que la marcha de la globalización se detiene.

En su análisis más reciente, el Banco Mundial estima que la economía global se reducirá en un -5.2% en 2020. La Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. publicó recientemente las peores cifras mensuales de desempleo en los 72 años para los cuales la agencia tiene datos registrados. La mayoría de los análisis proyectan que la tasa de desempleo de EE.UU. se mantendrá cerca de la marca de dos dígitos hasta mediados del próximo año. Mientras que el Banco de Inglaterra advirtió que este año el Reino Unido enfrentará su mayor descenso en la producción desde 1706. En el caso de México, hemos comentado que en abril y mayo cerca de 12 millones de personas se retiraron de la fuerza laboral y se quedaron sin ingresos, mientras que el PIB cayó -18.9% en el segundo trimestre del año y la previsión es de una caída en 2020 de -10.02%. Esta situación es tan grave que merece ser llamada «depresión», una depresión pandémica.

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Los epidemiólogos consideran que la manera de combatir la propagación del coronavirus que causa COVID-19 es manteniendo a los trabajadores alejados de los centros de trabajo y a los consumidores lejos de los mercados, lo cual ha resultado extremadamente costoso. Suponiendo que no haya una segunda o tercera ola del tipo que caracterizó la pandemia de influenza española de 1918-19, es de esperarse que esta pandemia siga una curva en forma de V invertida de infecciones y muertes en aumento y luego en caída. Pero incluso si este escenario se cumple, el COVID-19 se mantendrá vigente en diferentes partes del mundo en distintos momentos, por lo que los riesgos de rebrotes se mantendrán por un largo tiempo.

  1. Todos los motores económicos están apagados

Aunque cualquier tipo de pronóstico en este entorno se ve afectado por la incertidumbre, hay tres indicadores que juntos sugieren que el camino hacia la recuperación económica será largo. El primero son las exportaciones. Debido a la suspensión de la actividad y los cierres de fronteras, la demanda global de bienes se ha contraído, afectando duramente a las economías dependientes de la exportación. En el caso de México, tanto exportaciones como importaciones muestran una caída acumulada de 19.5% en el comparativo del primer semestre de 2020 respecto del mismo semestre de 2019.  Y es que desde antes de la pandemia, muchos exportadores a nivel mundial ya enfrentaban presiones. Entre 2008 y 2018, el crecimiento del comercio mundial disminuyó a la mitad, en comparación con la década anterior. Más recientemente, las exportaciones globales se vieron perjudicadas por la guerra comercial entre Estados Unidos y China que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó desde mediados de 2018. Para las economías donde el turismo es una fuente importante de crecimiento, el colapso de los viajes internacionales ha sido catastrófico. El Fondo Monetario Internacional ha pronosticado que en algunos países del Caribe, donde el turismo representa entre el 50 y el 90% de los ingresos y el empleo, éstos «volverán a los niveles anteriores a la crisis solo gradualmente en los próximos tres años».

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Pero no solo ha disminuido el volumen de comercio, sino que también los precios de muchas exportaciones también han caído. En ninguna parte ha sido más visible el drama de la caída de los precios de las materias primas que en el mercado del petróleo. La desaceleración ha provocado una gran caída en la demanda de energía y ha fragmentado la frágil coalición conocida como OPEP+, compuesta por miembros de la OPEP, Rusia y otros productores aliados, que habían estado dirigiendo los precios del petróleo al rango de $ 45 a $ 70 por barril durante gran parte de los últimos tres años. La OPEP+ había podido cooperar cuando la demanda era fuerte y solo se necesitaban recortes simbólicos de oferta. Pero el tipo de recortes de suministro que requirió esta pandemia habría causado que los dos principales actores del cartel, Rusia y Arabia Saudita, soportaran un fuerte dolor, que no estaban dispuestos a tolerar. La sobreproducción resultante y la caída libre de los precios del petróleo están poniendo a prueba los modelos de negocio de todos los productores, particularmente aquellos en los mercados emergentes, incluido el que existe en los Estados Unidos.

El segundo indicador que apunta a una recuperación larga y lenta es el desempleo. Los esfuerzos de mitigación de la pandemia están golpeando fuerte a la economía moderna de mercado y sus piezas, ahora desensambladas, no se volverán a montar ni de forma rápida ni sin problemas. Algunas empresas cerradas no volverán a abrir con la consecuente destrucción de capital. Sus propietarios habrán agotado sus ahorros y muchos seguramente tomarán posturas más cautelosas con respecto a futuros proyectos comerciales. Este golpe a la clase empresarial no beneficiará la innovación.

Más aun, algunos trabajadores con licencia o despedidos saldrán de la fuerza laboral de forma permanente. Otros perderán sus habilidades así como oportunidades de desarrollo profesional durante el largo período de desempleo, haciéndolos menos atractivos para los empleadores potenciales. Los más vulnerables son aquellos que, en primer lugar, tal vez nunca consigan un trabajo: los graduados que ingresan a una economía deteriorada. Es una realidad que el desempeño salarial relativo de quienes ahora tienen entre 40 y 50 años puede explicarse por su situación laboral durante la adolescencia y cuando estaban en sus veintes. Aquellos que tropiecen en la puerta de salida de la carrera de empleo, podrían quedar rezagados permanentemente. Mientras tanto, aquellos que todavía están en la escuela reciben una educación en línea deficiente; en países donde la conectividad a Internet es escasa o lenta, los estudiantes más pobres están abandonando el sistema educativo en masa. Esta será otra herencia de este periodo.

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Las políticas públicas que cada país puede implementar desde luego que son importantes. En general, las economías europeas subsidian los salarios de los empleados que no pueden trabajar o que han visto reducida su jornada laboral, evitando así el desempleo; mientras que Estados Unidos no lo hace y México está mucho peor con un gobierno federal ausente en la materia. En las economías emergentes, la gente se desenvuelve sin una red de seguridad social que los proteja, lo que implica que el problema del desempleo pega más fuerte a los países de menos ingresos. Y dentro del grupo de países que peor les va, pues aquellos países que dependen de las exportaciones de productos básicos, el turismo y las remesas de ciudadanos que trabajan en el extranjero enfrentan los mayores problemas.

Lo que quizás sea más preocupante, es que esta depresión llegó en un momento en que los fundamentos económicos de muchos países, incluidos México, ya se estaban debilitando. En parte como resultado de esta inestabilidad previa, más deudores soberanos han sido degradados por las agencias de calificación este año que en cualquier otro año desde 1980. México no es la excepción y forma parte del grupo de países a los que se les ha disminuido la calificación. Tenemos que para nuestro país, Standard & Poor´s nos bajó la calificación el pasado 26 de marzo, mientras que Fitch y  Moody´s hicieron lo propio el 15 y 17 de abril respectivamente.

La tercera característica sobresaliente de esta crisis es que es muy regresiva dentro de los países y entre países; es decir, es una crisis que afecta más a los pobres o a quienes tienen ingresos más bajos. Estas personas generalmente no tienen la capacidad de trabajar de forma remota y tampoco cuentan con los ahorros para mantenerse si no están trabajando. En México, el 88.9% de la población ocupada labora en micro y pequeñas empresas, principalmente en el comercio y servicios, donde los salarios son bajos. Estas micro y pequeñas empresas pueden ser las más vulnerables a la quiebra ya que no cuentan con reservas para mantener una nómina si no hay ingresos.

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En los países en desarrollo, donde las redes de seguridad social están subdesarrolladas o no existen, la disminución de los niveles de vida se producirá principalmente en los segmentos más pobres de la sociedad. La naturaleza regresiva de la pandemia también puede verse amplificada por un aumento mundial en el precio de los alimentos, ya que las enfermedades y los bloqueos interrumpen las cadenas de suministro y los patrones de migración laboral agrícola. Las Naciones Unidas han advertido recientemente que el mundo se enfrenta a la peor crisis alimentaria en 50 años. En los países más pobres, los alimentos representan entre el 40 y el 60 por ciento de los gastos relacionados con el consumo. Como porcentaje de sus ingresos, las personas de los países de bajos ingresos gastan de cinco a seis veces más en alimentos que sus homólogos de las economías avanzadas.

  1. El camino a la recuperación

En la segunda mitad de 2020, a medida que la crisis de salud pública lentamente se pudiera ir controlando, es probable que se produzcan avances “impresionantes” en la actividad económica y el empleo cuando se hacen comparaciones respecto al mes o trimestre inmediato anterior, lo que alimentará el optimismo del mercado financiero. Sin embargo, es poco probable que este “efecto rebote” produzca una recuperación generalizada. Incluso una respuesta de política macroeconómica eficiente y coordinada no puede lograr que se vendan los productos que no se fabricaron o los servicios que nunca se ofrecieron.

Hasta el momento, la respuesta fiscal en todo el mundo ha tenido un objetivo relativamente limitado y se ha planificado como estímulos temporales. El Congreso estadounidense, normalmente esclerótico, aprobó cuatro piezas de legislación de estímulo en aproximadamente el mismo número de semanas. Pero muchas de estas medidas son excepcionales o tienen fechas de vencimiento predeterminadas. La velocidad de la respuesta, sin duda, fue impulsada por la magnitud del problema. Las acciones de Estados Unidos representan una parte relativamente grande de los $ 11 billones de dólares estimados en apoyo fiscal que los países del G-20 han inyectado en sus economías. En este punto vemos nuevamente que  un mayor tamaño ofrece un mayor margen de maniobra a los países. Las naciones con economías más grandes han desarrollado planes de estímulo más ambiciosos. Por el contrario, el estímulo agregado de los diez mercados emergentes del G-20 está cinco puntos porcentuales por debajo del de sus contrapartes de economías avanzadas. Desafortunadamente, esto significa que la respuesta contracíclica será menor en los lugares más afectados por el shock.

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Los bancos centrales también han intentado estimular la fallida economía mundial. Aquellos bancos que aún no tenían sus manos atadas por decisiones anteriores de mantener las tasas de interés fijadas en mínimos históricos (como lo hicieron el Banco de Japón y el Banco Central Europeo), relajaron su control sobre el flujo de dinero. Entre las naciones que han relajado su política monetaria están Brasil, Chile, Colombia, Egipto, India, Indonesia, México, Pakistán, Sudáfrica y Turquía. Cabe destacar que en épocas anteriores de volatilidad, los funcionarios en esos países generalmente iban en la otra dirección, elevando las tasas de interés para evitar la depreciación del tipo de cambio y contener la inflación y la fuga de capitales. Parece que ahora el shock económico compartido igualó el campo de juego, disminuyendo las preocupaciones sobre la fuga de capitales que generalmente acompaña a la depreciación de la moneda y la caída de las tasas de interés.

Lo que quizás sea más importante es que muchos bancos centrales han podido evitar que algunas de las empresas, temporalmente sin liquidez, caigan en la insolvencia. Un banco central puede mirar más allá de la volatilidad del mercado y comprar activos que actualmente no son líquidos pero parecen ser solventes. Diversos banqueros centrales de países desarrollados y en vías de desarrollo, han asumido una amplia gama de garantías, incluida la deuda privada. El Banco de México se encuentra en el grupo de bancos centrales que  están intentando construir un puente sobre la falta de liquidez actual hacia la economía recuperada del futuro.

Sin duda, las acciones de los bancos centrales aparentemente han frenado el deterioro en el funcionamiento del mercado con recortes de tasas, inyecciones masivas de liquidez y compras de activos. Sin embargo, el resultado neto de estas políticas probablemente esté lejos de ser suficiente para compensar un shock de oferta y demanda tan grande como el que está viviendo el mundo en este momento. Las tasas de interés a largo plazo en los países desarrollados ya eran bastante bajas antes de que se produjera la pandemia, y a pesar de todos los dólares estadounidenses que la Reserva Federal canalizó al exterior, el valor relativo del dólar subió en lugar de bajar. Por sí mismas, estas medidas de estímulo monetario no son suficientes para hacer que los hogares y las empresas gasten más, dadas las dificultades económicas y la incertidumbre actual. Como resultado, los banqueros centrales más importantes del mundo: Haruhiko Kuroda, gobernador del Banco de Japón; Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo; y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, han estado instando a los gobiernos a implementar medidas de estímulo fiscal adicionales. Sus ruegos han sido atendidos, pero de forma incompleta, por lo que evidentemente ha habido una disminución masiva de la actividad económica mundial.

  1. La economía y sus descontentos

La sombra de esta crisis será larga y oscura, mucho más que en las crisis anteriores. El Fondo Monetario Internacional (FMI) predice que la relación de déficit fiscal respecto al PIB en las economías avanzadas aumentará de 3.3% en 2019 a 16.6% este año, y en los mercados emergentes, pasará de 4.9% a 10.6% durante el mismo período. Muchos países en desarrollo están siguiendo el ejemplo de sus homólogos desarrollados para abrir el grifo fiscal; pero tanto en las economías avanzadas como en las que están en vías de desarrollo, muchos gobiernos carecen del espacio fiscal para hacerlo.

La globalización comenzó a revertirse con la llegada de la administración Trump en 2016. Con la pandemia, esta tendencia se ha exacerbado ya que los países buscan la autosuficiencia en la producción de diversos bienes considerados como estratégicos. Por su parte, muchas fronteras se han cerrado para tratar de impedir la propagación de la infección. Es evidente que la dependencia en los mercados de exportación arrastra a las economías nacionales hacia abajo cuando el volumen del comercio mundial disminuye. Esta situación, aunada al desplome de los precios de los principales productos básicos y las remesas, han golpeado fuerte a los países en vías de desarrollo. Por su parte, el sentimiento o confianza de la población también es importante para la economía y es difícil imaginar que las actitudes hacia los viajes al extranjero o la educación en el extranjero se vayan a recuperar rápidamente. En términos más generales, la confianza, un lubricante clave para las transacciones de mercado, escasea a nivel internacional.

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Otra razón más por la que la cooperación mundial puede flaquear es que los responsables de la formulación de políticas pueden confundir el rebote económico de corto plazo que se espera con una recuperación duradera. Frenar la caída de los ingresos y la producción será un logro fundamental. Cuanto más tiempo se tarde en salir del hoyo que esta pandemia ocasionó en la economía mundial, más tiempo algunas personas estarán sin trabajo innecesariamente y es más probable que las perspectivas de crecimiento a mediano y largo plazo se vean permanentemente afectadas.

Las consecuencias económicas son bastante directas. A medida que disminuyen los ingresos futuros, la carga de la deuda se vuelve más onerosa, tanto para individuos como gobiernos. Las consecuencias sociales son más difíciles de predecir. Una economía de mercado implica una negociación entre sus ciudadanos: los recursos se utilizarán de la manera más eficiente para hacer que el pastel económico sea lo más grande posible y que éste crezca al paso del tiempo. Mientras el pastel se expanda rápidamente, los perdedores pueden consolarse con el hecho de que el tamaño absoluto de su porción sigue creciendo. Pero ahora el pastel no crece, sino que se contrae, por lo que es difícil creer que la gente seguirá confiando en los mecanismos de mercado que se construyeron después de la Segunda Guerra Mundial. Una oleada de nacionalismo populista a menudo llega cuando la economía decae, por lo que es casi seguro que aumentará la desconfianza entre la comunidad mundial. Esto acelerará el declive del multilateralismo y puede crear un círculo vicioso al reducir aún más las perspectivas económicas futuras. Eso es precisamente lo que sucedió entre las dos guerras mundiales, cuando florecieron el nacionalismo y las políticas de empobrecimiento del vecino.

Evidentemente, no existe una solución única para todos estos problemas políticos y sociales. Pero un curso de acción prudente es evitar que las condiciones económicas que produjeron estas presiones empeoren. Los funcionarios deben seguir adelante con el estímulo fiscal y monetario. Y sobre todo, deben abstenerse de confundir un rebote con una recuperación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt