A más de un año de pandemia, sigue la crisis de empleo e ingresos

Llevamos mucho tiempo padeciendo los problemas ocasionados y exacerbados por el actual gobierno federal, así como los derivados de la pandemia del Covid-19. Respecto al cierre de la actividad económica del año pasado, fue el 31 de marzo de 2020 cuando la Secretaría de Salud publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo por el que se establecen acciones extraordinarias para atender la emergencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV2. A través de ese instrumento se ordenó la suspensión inmediata de las actividades no esenciales. Esta suspensión de actividades, que fue ampliada hasta el 30 de mayo de ese año para posteriormente comenzar a relajarse muy paulatinamente a diferentes ritmos en los diferentes estados del país, sigue teniendo un costo enorme en la economía nacional y en el bienestar de millones de personas en México.

Las secuelas de la decisión gubernamental se siguen sintiendo con los indicadores económicos actuales y muestra de ello es que en la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), que tiene datos a marzo 2021, se manifiesta la cruda realidad que siguen enfrentando millones de personas en materia de empleo y de ingresos.  Esto con independencia de las graves secuelas en materia de salud y la pérdida de más de 215 mil vidas humanas, según las cifras oficiales.

En contraste a lo que vivimos en México, en los Estados Unidos su gobierno federal y banco central  han brindado diversos paquetes de apoyo y estímulos económicos por el Covid-19, mismos que representan el 24.46% de su Producto Interno Bruto (PIB). Su política de estímulos ha sido exitosa y muestra de ello es que las solicitudes de apoyo por desempleo bajaron la semana pasada a apenas 547 mil y alcanzan el nivel más bajo registrado desde principios de 2020. Mientras tanto en México, no ha habido apoyos del gobierno federal por lo hay millones de personas que a la fecha siguen sin haber recuperado su empleo, están en una situación de subempleo y/o han registrado una disminución en su nivel de ingresos.

En esta entrega se presentan los principales resultados de la ENOEN en el comparativo de marzo de 2021 respecto del mismo mes de 2020, para posteriormente abordar los problemas de carestía que viven millones de familias.

1. Se aprecia un descenso de la Población Económicamente Activa (PEA) de 1.5 millones de personas. Esta es gente que sigue sin salir a buscar trabajo ya sea por miedo a la pandemia o porque de plano piensan que no van a obtener empleo, por lo que se han retirado de la fuerza laboral. En términos de porcentajes, tenemos que en marzo de 2021, la ENOEN reportó una Tasa de Participación Económica  de 57.2% de la población en edad para trabajar, cifra 2.6 puntos porcentuales inferior a la de marzo del 2020.

En este mismo orden de ideas, la encuesta arroja que la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no trabajó ni buscó trabajo pero que aceptaría un trabajo si se lo ofrecieran, fue de 8 millones, y representó 19% de la PNEA. En comparación con marzo de 2020, la PNEA disponible para trabajar pero que no trabaja aumentó en 2.1 millones de personas durante el tercer mes de 2021.

2. La población ocupada resultó de 53.8 millones de personas en marzo de 2021, cifra inferior en 2 millones de personas a la reportada en el mismo mes del 2020. En relación a la población ocupada, los y las trabajadoras subordinadas y remuneradas reportaron una disminución de 2.2 millones. Por lo general el fenómeno de personas que laboran sin remuneración se ve en los negocios familiares, pero no deja de preocupar que ahora haya más personas trabajando sin recibir ingresos.

3. Como se ha comentado, de los sectores económicos más golpeados por la pandemia están las actividades de hospedaje y preparación de alimentos. En este sentido, las estadísticas del INEGI muestran que en el sector terciario se han perdido 2.4 millones de puestos de trabajo.

4. La ENOEN en marzo de 2021 registró una Tasa de subocupación de la población ocupada de 13.2%, cifra superior en 4.1 puntos porcentuales respecto a la del mismo mes del año pasado. Este aumento representa 2 millones de personas subocupadas.

5. La ocupación informal en marzo de 2021 ascendió a 30.6 millones de personas, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 56.8%. Si bien esta cifra es inferior en 1.1 puntos porcentuales a la observada en marzo de 2020, denota lo grave y extendido que es el problema de la informalidad laboral en México.

6. La población desocupada de 15 y más años como proporción de la PEA, representó 3.9% equivalente a 2.2 millones de personas y un punto porcentual por arriba de la del tercer mes del año pasado. Respecto a este dato, pudiera parecer que el desempleo en México es bastante bajo comparado con el de otros países, pero no debemos dejar de ver que el desempleo en nuestro país es bajo porque la gente no tiene una red de seguridad social que lo proteja, por lo que la gente se ve forzada a salir a buscar empleo de inmediato (aunque sea vendiendo macetas en el tianguis). 

Si a todo este complejo panorama le agregamos el hecho de que en la primera quincena de abril de 2021 la inflación anual se ubicó en 6.05%, mientras que el índice de precios de la canasta de consumo mínimo aumentó 7.51%, pues es evidente que la situación de pobreza y carestía de la población en general va en aumento. Si asumimos que la persona promedio sufrió una caída nominal de su ingreso en el último año de 10%, pues con el alza de precios, la pérdida sería de 15.13%. Por su parte, si la caída nominal del ingreso fuera del 20%, entonces la disminución en términos reales es de 24.56%. De este tamaño es el problema para muchos mexicanos.

En este sentido, una variable clara que denota el deterioro de la calidad de vida de las personas lo tenemos en el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior. Con series originales tenemos que en la totalidad del año 2020 éste cayó -11.0%, mientras que en el comparativo de enero de 2021 respecto del mismo mes de 2020 la disminución es de -7.1%. Este deterioro en el nivel de vida de la población es producto de lo que he comentado líneas arriba: pérdida de empleo e ingresos, así como de un encarecimiento de las mercancías que adquieren los consumidores mexicanos. La debilidad del consumo privado es un círculo vicioso que se debe romper ya que si el consumo es bajo, la demanda es insuficiente, lo que a su vez provoca que las fábricas trabajen por debajo de su capacidad, lo que a su vez se traduce en pocas oportunidades de empleo para quienes están desempleados.  

¿Qué hacer ante esta situación? Como hemos señalado en anteriores entregas, de los cuatro posibles motores de crecimiento económico, sólo está encendido el de las exportaciones. En la medida en que más empresas manufactureras nacionales puedan incursionar en los mercados de exportación, mejor nos irá a pesar de las políticas del gobierno federal. De igual manera, los sectores de comercio y servicios deben procurar vincularse a empresas exportadoras, ya que éstas serán en promedio los mejores clientes en 2021.

Otra cosa que las empresas pueden hacer es innovar para moverse a los segmentos de mercado en los que la demanda es mayor. En este sentido hemos visto en el sector calzado múltiples fábricas que solían producir calzado escolar, pero que dada la nula demanda de estos productos, han cambiado sus líneas de producción para fabricar calzado industrial. Este tipo de ajustes, que requieren realizar inversiones, son obligados para aquellas empresas que no han logrado recuperar sus ventas.

Sabemos que no contamos con el gobierno federal. Hay que buscar en nuestro interior, en nuestra empresa y con nuestro equipo de trabajo, cómo incursionar en mayores mercados con los productos que más se están demandando. Sólo así se reactivará la economía y se recuperarán los empleos y jornadas laborales completas que se perdieron.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La estrategia para crear buenos empleos

informalidad-header-2
La economía de México ha sido incapaz de generar los suficientes empleos bien remunerados.

Diversas notas periodísticas y reportajes nos dan cuenta de que en todo el mundo, el mayor reto  para lograr una prosperidad económica incluyente, consiste en generar las condiciones que permitan la creación de un número suficiente de “buenos empleos”.

La evidencia nos muestra que sin empleo productivo y confiable para la vasta mayoría de la fuerza laboral de un país, el crecimiento económico resulta excluyente, de manera que sus beneficios terminan concentrados en una pequeña minoría. La escasez de buenos empleos también socava la confianza en la cúpula gobernante, lo que a su vez impulsa la imposición de políticas autoritarias y nacionalistas que afectan a muchos países ahora en día. En el caso de México podemos ver como en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto la tasa promedio de crecimiento del PIB fue de 2.44%, una tasa aceptable bajo estándares internacionales, pero desde luego insuficiente para haber disminuido el porcentaje de personas que laboran en la economía informal, la cual fue de 56.76% al cierre de 2018.

El economista argentino de la CEPAL, Raul Prebisch, escribió desde 1969 al respecto, y ahora en día seguimos viendo que prácticamente todas las economías en el mundo están compuestas de un segmento avanzado, generalmente integrado globalmente, que emplea a una minoría de la fuerza laboral, y un segmento de baja productividad que absorbe a la enorme mayoría de la fuerza laboral, frecuentemente pagando bajos salarios y con pobres condiciones laborales.

La proporción de ambos segmentos puede diferir. En los países desarrollados, obviamente tienen mayor preponderancia las empresas altamente productivas. Pero cualitativamente, la fotografía se ve bastante similar en los países ricos y pobres, lo que produce los mismos patrones de inequidad en la distribución del ingreso, exclusión y polarización política. ¿Cómo es que los formuladores de políticas públicas deben enfrentar este “dualismo”?

La definición de un “buen trabajo” obviamente depende del nivel general de desarrollo económico de cada país. Generalmente consiste de un trabajo estable en el sector formal que además cuenta con seguridad social, protección laboral tales como condiciones de trabajo seguro, derechos colectivos de negociación, y leyes que protegen en contra de despidos injustificados. Al trabajador le permite tener al menos un nivel de vida de clase media, para los estándares del país, con suficiente ingreso para adquirir una vivienda, alimento, transporte, educación y otros gastos familiares, además de permitir ahorrar.

En México, de acuerdo a estimaciones de GAEAP con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el cuarto trimestre de 2018 el ingreso promedio diario de la población ocupada fue de apenas 2.17 salarios mínimos, equivalente a 191.47 pesos. Y lo que es peor, solamente el 5.29% del total de la fuerza laboral tenía un ingreso promedio superior a los 5 salarios mínimos (442 pesos diarios) al cierre de 2018.

Por otra parte, el INEGI reporta que al cuarto trimestre del año que recién terminó había en México una población ocupada de 54.194 millones de personas, mientras que el Instituto Mexicano del Seguro Social tiene registrados  al cierre de 2018 un total de 20.079 millones de trabajadores, por lo que vemos que solamente el 37.05% de la fuerza laboral mexicana cuenta con la prestación de seguridad social.

Ante estos datos, queda claro pues que estamos muy lejos de tener una economía que genere los suficientes empleos bien remunerados, por lo que resulta evidente que hay mucho que las empresas pueden hacer en lo individual en todo el mundo para mejorar las condiciones de trabajo. Las grandes empresas que tratan mejor a sus trabajadores, al proveerles con mejores sueldos, más autonomía y mayor responsabilidad, generalmente disfrutan de los beneficios en la forma de menor rotación de personal, mayor satisfacción de los trabajadores con su empleo, y mayor productividad. Hay vasta evidencia estadística que sustenta la creencia de que la estrategia de “buenos trabajos” puede ser altamente rentable para las empresas, así como lo es para los trabajadores.

Pero el problema de la falta de buenos empleos es más profundo, es estructural y va más allá de lo que las empresas pueden hacer por cuenta propia. Ahora en día, las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas sufren de un creciente desajuste entre la estructura de la producción y la estructura de la fuerza laboral. La producción se está volviendo cada vez más intensiva en habilidades, mientras que el grueso de la fuerza laboral se mantiene con un nivel de habilidades bajo.  Esto genera una brecha crónica entre los tipos de empleo que son creados y los tipos de trabajadores que un país tiene.

200px-Prébisch_lanza_UNCTAD_1964
Raúl Prebisch, economista argentino de la CEPAL.

De acuerdo con diversos autores, la tecnología y la globalización han conspirado para aumentar dicha brecha, con la manufactura y los servicios siendo cada vez más automatizados y digitalizados. Mientras que las nuevas tecnologías podrían haber beneficiado, en principio, a los trabajadores con menos habilidades, en la práctica el progreso tecnológico ha servido para reemplazar la mano de obra.

Aunado a lo anterior, el comercio mundial y los flujos de inversión, y las cadenas de valor en particular, han estandarizado las técnicas de producción a lo largo del mundo, haciéndolo así muy difícil para los países pobres el competir en los mercados mundiales sin adoptar las técnicas intensivas en habilidades y en capital similares a aquellas de las economías avanzadas. El resultado de todo esto es el dualismo económico ya comentado previamente.

Rodrik
Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard.

De acuerdo con Dani Rodrik, profesor de economía política internacional de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard, sólo hay tres formas de reducir el desajuste entre la estructura del sector productivo y el de la fuerza laboral. A continuación se mencionan y explican.

Capital humano

La primera estrategia, y la que recibe el grueso de la atención de políticas públicas, es la inversión en habilidades y entrenamiento. Si la mayoría de los trabajadores adquieren las habilidades y capacidades requeridas para las tecnologías avanzadas, el dualismo eventualmente se puede abatir en la medida en que los sectores de mayor productividad se expanden a costa de los demás.

Tales políticas de capital humano son sin duda importantes, pero una vez implementadas sus efectos se sentirán hasta dentro de varios años. Hacen poco para enfrentar las realidades presentes del mercado laboral ya que no es posible transformar la fuerza laboral de un día para otro.  Además de que siempre existe el riesgo de que la tecnología avanzará más raído que la sociedad en su capacidad de formar a los que cada año ingresan a la fuerza laboral

Contratar más trabajadores poco entrenados

Una segunda estrategia es convencer a las empresas exitosas de emplear más trabajadores con bajo nivel de habilidades. En los países en los que la brecha de habilidades no es tan grande, los gobiernos podrían dar incentivos a las empresas a aumentar el empleo, ya sea de manera directa o con sus proveedores locales.

Los gobiernos en los países desarrollados también tienen un papel que desempeñar al afectar la naturaleza de la innovación tecnológica. Con bastante frecuencia subsidian las tecnologías intensivas en capital que reemplazan mano de obra, en lugar de incentivar la innovación hacía una dirección que sea más benéfica socialmente, para mejorar las condiciones, y no sólo reemplazar a los trabajadores menos capacitados.

Sin embargo, estas políticas probablemente no causarán ninguna diferencia en los países menos desarrollados. Para ellos, el mayor obstáculo seguirá siendo el que las tecnologías existentes brindan poco espacio para la sustitución de factores de producción. Es impensable una estrategia que implique usar más mano de obra poco capacitada en lugar de profesionales preparados o capital físico. Esto debido a que los estándares de calidad requeridos para formar parte de las cadenas globales de valor no pueden ser fácilmente alcanzados reemplazando máquinas con mano de obra.

Esta es la razón por la que la producción integrada globalmente en la mayoría de los países abundantes de mano de obra, tales como la India o Etiopía, descansa en métodos de producción intensivos en capital. Esto deja a muchas economías en desarrollo, desde países de ingreso medio como México y Sudáfrica, hasta países de bajos ingresos como Etiopía, en la incertidumbre. El remedio estándar de mejorar las instituciones educativas no genera beneficios de corto plazo, mientras que los sectores más avanzados de la economía no son capaces de absorber el exceso de oferta de trabajadores poco preparados. Ante esto existe una tercera alternativa.

Más empresas intensivas en mano de obra

7b1a
La industria del calzado es una alternativa para la creación de buenos empleos, dado que es una industria intensiva en mano de obra con un nivel medio de tecnificación.

Resolver el problema de insuficiente creación de buenos empleos requiere de una tercera estrategia, la cual tal generalmente es la que menos atención recibe. Consiste en apoyar las actividades económicas con un nivel medio de intensidad de mano de obra y capital, y que pueden absorber mano de obra con poco nivel de preparación.

Tales actividades intermedias, entre las que se encuentran los sectores del calzado, textil y vestido, pueden ser llevadas a cabo por empresas pequeñas y medianas, que no están entre las más productivas. Estos sectores ofrecen parte de la solución, pero lamentablemente raramente están en el centro de atención de las políticas públicas de innovación y transformación.  Sin embargo, no cabe duda de que pueden proveer trabajos significativamente mejores en comparación con las alternativas en el sector informal, sin embargo, requieren de políticas públicas congruentes.

A manera de conclusión, así como lo señala Rodrik, podemos señalar que las políticas públicas en países desarrollados y subdesarrollados frecuentemente están demasiado preocupadas en promover las tecnologías más avanzadas y promover a las empresas más productivas. Eso está bien, pero njo garantiza el éxito económico. El fracaso por no poder generar buenos empleos para robustecer una clase media, tiene elevados costos sociales y políticos. El reducir dichos costos requiere un enfoque diferente, dirigido específicamente hacía el tipo de trabajos que están alineados con la composición actual de las habilidades de su mano de obra.  Eso es lo que los políticos deben entender.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt