Un ascenso largo y difícil para la recuperación económica

No cabe duda de que la recuperación económica, para muchos países, ha sido un proceso largo y difícil, pero van avanzando. Desafortunadamente, para otras economías, como la mexicana, la recuperación de los niveles de actividad prepandemia será aún más tardado por la falta de políticas públicas que impulsen el mercado interno. En este sentido, el pasado 13 de octubre, el Fondo Monetario Internacional publicó la actualización de su Perspectiva Económica Mundial 2020 (WEO por sus siglas en inglés), la cual tituló “Un ascenso largo y difícil”. En dicho documento se nos da un panorama claro respecto de la situación que guarda la economía mundial y de las perspectivas de ésta para el corto y mediano plazos. De igual manera, se hacen una serie de recomendaciones en materia de políticas públicas, que no estaría mal que los políticos mexicanos implementaran.

El resumen ejecutivo del documento de 204 páginas, comienza señalando que la economía mundial está saliendo de las profundidades a las que llegó tras el desplome de la actividad económica durante el Gran Cierre de abril de este año. Pero con la propagación de la pandemia de COVID-19, muchos países han retrasado la reapertura económica y algunos están restableciendo cierres parciales para proteger a las poblaciones vulnerables. Si bien la recuperación en China ha sido más rápida de lo esperado (este año crecerá 1.9%), el largo ascenso de la economía mundial para regresar a los niveles de actividad previos a la pandemia sigue estando lleno de riesgos y es propenso a retrocesos. A continuación presento los aspectos más relevantes del WEO de octubre y hago algunos comentarios respecto de algunos puntos que aplican a la economía de México.

Perspectivas de crecimiento global y riesgos

Perspectiva de corto plazo. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial se espera que caiga en -4.4% en 2020, una contracción menos severa que la pronosticada en la actualización del WEO de junio de 2020. Para el caso de México, el FMI pronostica una caída del PIB en 2020 de -9.0% y un rebote marginal de 3.5% en 2021. La perspectiva de desempeño económico de México contrasta con la de Brasil, la cual se espera que caiga -5.8% en 2020 y crezca 2.8% en 2021.

La favorable revisión en la perspectiva de desempeño económico mundial refleja que algunos de los resultados del PIB del segundo trimestre fueron mejores de lo anticipado, principalmente en las economías avanzadas, donde la actividad comenzó a mejorar antes de lo esperado después de que se fue abriendo nuevamente la actividad económica en mayo y junio, así como indicadores de una recuperación más sólida en el tercer trimestre. El crecimiento global se proyecta que será de  5.2% en 2021, un poco más bajo que en la Actualización WEO de junio de 2020, lo que refleja la desaceleración más moderada proyectada para 2020 y es una cifra consistente con las expectativas de un prolongado distanciamiento social en el 2021. Tras la contracción en 2020 y la recuperación en 2021, se espera que el nivel del PIB mundial en 2021 sea apenas 0.6% superior al observado en 2019. Las proyecciones de crecimiento implican amplias brechas de producción negativas y elevadas tasas de desempleo este año y en 2021 en países avanzados y en las economías emergentes.

Perspectiva a medio plazo. Después del repunte en 2021, se espera que el crecimiento global se desacelere gradualmente y se estabilice en una tasa de alrededor del 3.5% en el mediano plazo. Esto implica solo un progreso limitado para regresar a la senda de actividad económica que se había anticipado para el periodo de 2020-25, misma que se había proyectado antes de la pandemia. También es un revés severo para la mejora proyectada en el nivel de vida promedio de la población de todos los grupos de países. La pandemia revertirá el progreso logrado desde la década de 1990 en la reducción de la pobreza mundial y aumentará la desigualdad. Las personas que dependen de un trabajo asalariado y están fuera de la red de seguridad social formal enfrentaron pérdidas repentinas de ingresos cuando se impusieron las restricciones de movilidad y se cerraron la mayoría de las actividades económicas. Este año, cerca de 90 millones de personas podrían caer por debajo del umbral de ingresos de 1.90 dólares diarios de pobreza extrema. Además, el cierre de escuelas durante la pandemia plantea un nuevo desafío importante que podría retrasar gravemente la formación y acumulación de capital humano. En el caso de México, investigadores de la UNAM han estimado que este año entre 12 y 16 millones de personas podrían caer a una situación de pobreza extrema.

Por su parte, la moderada perspectiva de crecimiento económico en el mediano plazo viene acompañada de un aumento significativo en el monto de deuda soberana de infinidad de países. Las revisiones a la baja de la producción potencial también implican una base impositiva menor a mediano plazo de lo que se había previsto anteriormente, lo que agrava las dificultades para cumplir con los pagos de intereses de la deuda. En el caso de México, y de acuerdo con cifras oficiales, hemos visto como el monto total de la deuda neta del sector público pasó de 10.83 billones de pesos en 2018 a 11.03 billones en 2019 a 12.18 billones de pesos en 2020. Este incremento en el tamaño de la deuda se debe a la adquisición de nuevos empréstitos, pero también al ajuste en el tipo de cambio que elevó el costo de la deuda pública externa. El incremento en el monto de la deuda neta trae aparejado un aumento en el costo financiero de la misma, no obstante la disminución en las tasas de interés nominales en México y los principales mercados financieros. En 2018 el costo financiero fue de 615.04 miles de millones de pesos (mmdp), en 2019 subió a 666.48 mmdp y para 2020 se proyecta que será de 718 mmdp. Esta evolución de la deuda y su costo financiero, desde luego que ejerce una enorme presión en las finanzas públicas y resta posibilidades de atender temas prioritarios como la salud, educación, seguridad, infraestructura, entre otros.

Volviendo al WEF, tenemos que la proyección de aumento del PIB mundial planteada, asume que el distanciamiento social continuará en 2021, pero posteriormente se desvanecerá con el tiempo a medida que se amplíe la cobertura de vacunas y mejoren las terapias. Se espera que la transmisión local de la enfermedad se reducirá a niveles bajos en todas partes del mundo hasta finales del año 2022.

En función de todo lo anterior, es que las proyecciones a mediano plazo asumen que las economías experimentarán profundas cicatrices debido a la gravedad de la recesión y la necesidad de un cambio estructural, lo que implica efectos negativos persistentes en la producción potencial. Estos efectos incluyen los costos de los ajustes y los impactos negativos en la productividad para las empresas sobrevivientes por diversos motivos: a. Costos para aumentar la seguridad en el lugar de trabajo, b. Amplificación del impacto por la quiebra de empresas, c. Reasignación costosa de recursos entre los sectores productivos, y d. Salida de la fuerza laboral de trabajadores capacitados desalentados. Se espera que estas secuelas de la pandemia agraven las tendencias de estancamiento y pérdida de productividad que venían experimentando muchas economías en los años previos a la pandemia por un bajo crecimiento de la inversión, mejoras modestas en el capital humano y lentas ganancias de eficiencia al combinar la tecnología con factores de producción.

Riesgos. La incertidumbre que rodea al escenario base planteado por el FMI es bastante grande. El pronóstico del FMI se basa en factores económicos y de salud pública que son intrínsecamente difíciles de predecir. Un primer nivel de riesgo se relaciona con la trayectoria de la pandemia, la respuesta de salud pública necesaria y las posibles interrupciones de la actividad doméstica asociadas, sobre todo en los sectores de contacto intensivo. Otra fuente de incertidumbre es qué tan grande serán los efectos globales de los contagios, mismos que ocasionan una débil demanda agregada, un sector turismo muy por debajo de su potencial y menores remesas internacionales. Un tercer conjunto de factores de riesgo comprende las expectativas de los mercados financieros y sus implicaciones para los flujos de capital globales. Además, existe incertidumbre en torno al daño a las cadenas globales de manufactura, mismo que depende de la persistencia de la pandemia y al tamaño y eficacia de la respuesta gubernamental, así como de la magnitud de los desajustes de recursos sectoriales.

El progreso en el desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos contra la enfermedad, así como los ajustes realizados en los lugares de trabajo, así como los cambios por parte de los consumidores para reducir la transmisión, pueden permitir que la actividad se recupere a los niveles prepandémicos más rápidamente. De igual manera, una extensión de las medidas de impulso fiscal hasta 2021, por parte de los países que las llevaron a cabo, también podría elevar el crecimiento por encima del pronóstico.  Sin embargo, el riesgo de que ocurran tasas de crecimiento económico peores a los que se anticipan,  sigue siendo considerable. Si el virus resurge, y los avances en los tratamientos y las vacunas son más lentos de lo previsto, o el acceso de los países a ellos sigue siendo desigual, el ritmo de actividad económica podría ser menor de lo esperado, con un distanciamiento social renovado y bloqueos más estrictos.

Teniendo en cuenta la gravedad de la recesión y la posible retirada de los apoyos de emergencia en algunos países, el aumento de las quiebras de empresas podría agravar la pérdida de empleo y de ingresos. El deterioro de la confianza financiera podría desencadenar una interrupción repentina del flujo de préstamos (o la imposibilidad de refinanciar la deuda existente) a economías vulnerables. Y los efectos de contagio transfronterizos de una demanda externa más débil podrían amplificar el impacto de los shocks específicos de cada país.

En el caso de México, hemos señalado en múltiples ocasiones que la falta de apoyos para mantener las fuentes de trabajo tendrá secuelas importantes. La destrucción de capital físico en las empresas que cerraron y no volverán a abrir, así como la pérdida de recursos humanos capacitados en determinadas actividades, tendrá secuelas importantes. Resulta difícil de comprender que mientras que el FMI pide a los gobiernos de los países no recortar abruptamente los apoyos y estímulos para sus economías, aquí en México, realmente estuvimos todo este tiempo sin apoyos del gobierno federal. Si acaso contamos con cierta flexibilidad en la política monetaria que se tradujo en una disminución de las tasas de interés de Cetes y TIIE, pero con un efecto limitado dado que la llave del crédito se cerró (en agosto la cartera de crédito vigente al sector privado de la banca comercial se redujo 1.4% real anual en agosto de 2020).

Prioridades políticas: imperativos a corto plazo, desafíos a mediano plazo

El WEO señala que además de combatir la profunda recesión a corto plazo, los gobernantes deben abordar otros desafíos complejos para poder colocar a sus economías en una senda de mayor crecimiento de la productividad, que de manera paralela garanticen que las ganancias se compartan de manera uniforme y la deuda pública siga siendo sostenible. Muchos países ya enfrentan difíciles dilemas entre implementar medidas para apoyar el crecimiento a corto plazo y evitar una mayor acumulación de deuda que será difícil de pagar en el futuro, considerando el impacto de la crisis en el producto potencial. Por lo tanto, las políticas para respaldar la economía a corto plazo deben diseñarse con miras a guiar a las economías por sendas de crecimiento más fuerte, equitativo y resistente.

Las medidas fiscales y de gasto de los diferentes países deben privilegiar las iniciativas que pueden ayudar a elevar la producción potencial, garantizar un crecimiento participativo que beneficie a todos y proteger a los vulnerables. Es más probable que la deuda adicional contraída para financiar tales esfuerzos se amortice en el futuro aumentando el tamaño de la economía y la base impositiva futura que si los préstamos se hicieran para financiar subsidios mal dirigidos o gastos corrientes derrochadores. Las inversiones en salud, educación y proyectos de infraestructura de alto rendimiento pueden promover esos objetivos. El gasto en investigación puede facilitar la innovación y la adopción de tecnología, los principales impulsores del crecimiento de la productividad a largo plazo.

Como comentario final, pues resulta evidente que a la luz se las sugerencias que hace el FMI, en México estamos siguiendo la receta al revés, ya que el gobierno está otorgando subsidios mal dirigidos ya que éstos no generan riqueza, y se derrocha el escaso recurso en proyectos con escaso impacto en la economía nacional. Es por esto que tardaremos hasta el 2024 o 2025 en retomar los niveles de producción de 2019, siendo que en otros países en el 2021 estarán ligeramente arriba de donde estaban dos años antes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué está tan enojado el pueblo de México?

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Gane quien gane la elección presidencial, deberá emprender una transformación a fondo de México

El 1 de julio se elige al Nuevo presidente de México, y gane quien gane éste se enfrentara una enorme cantidad de importantes retos, muchos de los cuales explican porque muchos mexicanos han estado enojados con el gobierno estos últimos años. Es por esto que a partir de esta fecha México, su gobierno y población, deberá cambiar si se quiere ahora aspirar a ser un país desarrollado. Entre los asuntos que el próximo gobierno deberá atender prioritariamente, y que inclusive han sido ampliamente documentados por el diario Financial Times, tenemos:

Corrupción  y violencia

México es percibido como el sexto país más corrupto del continente americano, y ocupa la posición  135 de 180 naciones en el índice de corrupción del Foro Económico Mundial. La percepción de corrupción no sólo ha continuado a lo largo del tiempo, sino que ha empeorado, y ahora es considerado el problema más grande del país para las empresas extranjeras que se quieren instalar en nuestro país.

El segundo mayor problema que presiona a esas empresas que quieren operar en México es la delincuencia. Después de haber disminuido ligeramente durante tres años en el periodo de 2012 a 2014, la violencia y delincuencia en México han ido en aumento en los años recientes. El número de homicidios en los primeros cinco meses de 2018 es 42% mayor al observado en los mismos meses de 2015. Además, México tiene el nada honroso primer lugar en tasa de homicidios entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y es la nación  con el porcentaje más bajo de población que se siente segura al caminar sola por la calle durante la noche.

El Foro Económico Mundial califica a México entre los países de peor desempeño en términos de costo para hacer negocios por el crimen y la violencia, la presencia del crimen organizado y la escaza confiabilidad en los servicios policiacos o de las fuerzas de seguridad pública. “Los crecientes niveles de violencia han destruido la confianza en todos los estratos de la sociedad y han minado al ya de por si deteriorado estado de derecho” dijo recientemente Talia Hagerty del Instituto Henry J. Leir, un centro de estudios especializado en la materia.

Los dos Méxicos

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En México, amplios sectores de la población viven en condiciones de pobreza extrema 

El qué tan mal te sientas respecto a la situación del país depende de dónde vives. Mientras que menos de una de cada tres personas se sienten inseguros en el estado de Yucatán, esta proporción más que se duplica en los estados más empobrecidos como Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

La violencia va de la mano de la ausencia de crecimiento económico, el tamaño de la economía informal y la pobreza. El crecimiento económico acumulado en los estados de mejor desempeño en México alcanzó 32% en el periodo de 2007 a 2016, cerca del doble del promedio del crecimiento de los países de América Latina, pero es cerca de cuatro veces más alto que la tasa de crecimiento promedio de los estados de peor desempeño. Más alarmante aún es el hecho de que el producto promedio por habitante muestra el mismo patrón divergente.

“Las ambiciosas reformas estructurales y las sólidas políticas macroeconómicas han asegurado la resistencia de una economía mexicana muy abierta”, escribió la OCDE en su encuesta más reciente. Sin embargo, “el crecimiento no ha sido lo suficientemente inclusivo para alcanzar mejores niveles de vida para muchas familias mexicanas”. Esto se debe en gran medida a las crecientes disparidades entre “la economía moderna, altamente productiva, del norte y el centro, respecto a la economía menos productiva y tradicional del sur”.

Un reporte del despacho de consultoría McKinsey menciona las disparidades de los “dos Méxicos que se mueven en direcciones opuestas”. Por su parte, la publicación Geopolitical Futures, especializada en la realización de pronósticos, explicó en una nota que mientras que el norte tiene trabajadores mejor educados con  salarios más elevados y más empleo formal, los “estados del sur tienen acceso limitado a la educación, frecuentemente la población ocupada se emplea en el sector informal y se les pagan salarios más bajos, empleados generalmente en manufactura de bajo valor agregado y agricultura de subsistencia.”

El crecimiento promedio del Producto Interno Bruto (PIB) al final del año pasado varió de una expansión de 14% en el estado de Baja California, el cual contrasta con la caída de -8% en el estado de Campeche, ampliamente dependiente del petróleo, y con las contracciones menores en los estados de Oaxaca y Chiapas. Es ampliamente sabido que en estos estados hay un problema por la falta de acceso a las necesidades básicas de la población.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), cerca del 70% de la población de Oaxaca y Chiapas vive en condiciones de pobreza y entre el 23 y 28% vive en pobreza extrema. El trabajo es mayoritariamente en el sector informal en ambos estados, y muestra de ello es que aproximadamente el 80% de los trabajadores en estas entidades no tienen acceso a la seguridad social. Por su parte, cerca del 20% de su población vive en casas sin agua, el 40% vive por debajo de la línea de pobreza y la mitad de su población reporta falta de seguridad alimenticia.

Aunado a lo anterior, de acuerdo a un estudio de evaluación internacional de la OCDE, los estudiantes en las áreas más pobres tienen un desempeño menor al promedio nacional.

La convergencia con los Estados Unidos se ha detenido

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El vagón mexicano ha dejado de estar enganchado a la locomotora estadounidense

La economía de México se ha expandido a un ritmo sólido y consistente (de 2.4% en lo que va del presente sexenio), pero no a una tasa suficiente para mantener la convergencia con los Estados Unidos observada hasta la década de los noventas y años anteriores. La economía de México más que se duplicó hasta alcanzar el 16% del producto estadounidense a mediados de la década de los ochentas, pero desde entonces ha disminuido hasta representar el 12%.

Esto se debe en parte al hecho de que ahora en día el producto por trabajador, en relación al de los Estados Unidos, está en su nivel más bajo observado desde 1950. Esto a pesar de que México pasó de ser una economía dependiente del petróleo a principios de la década de los noventas para convertirse en un creciente centro mundial de fabricación manufacturera después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

A este respecto, la OCDE ha advertido que los altos niveles de pobreza, una economía informal extendida, el escaso nivel educativo y los persistentes niveles de corrupción e inseguridad y corrupción, limitan el potencial económico de México.

Estos tres puntos son una pequeña muestra de los retos que el nuevo presidente de México deberá atender con eficiencia y premura a partir del 1 de diciembre. México está en deuda con millones de sus habitantes, a los cuales les ha privado de bienestar y seguridad. El gobierno federal que resulte electo no le puede fallar a los mexicanos más pobres, y en ese sentido será fundamental implementar una política industrial moderna, conservar la poca estabilidad macroeconómica que nos queda respetando la autonomía del Banco de México, además de mantener finanzas públicas equilibradas, algo que no hizo el gobierno de Enrique Peña Nieto. Vamos pues por un cambio, veremos que tipo de cambio queremos para nuestro país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Salarios estancados, ¿qué hacer para que aumenten?

 

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En México prácticamente se ha abatido el desempleo, pero el alto grado de informalidad hace que éste sea precario

El INEGI recién dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al primer trimestre de 2018, y ésta lamentablemente muestra como se ha dado un estancamiento en las condiciones salariales promedio de la población ocupada. Esto derivado de que  el número de personas trabajando que recibe menores ingresos se ha incrementado, mientras que los que trabajan y ganan más, son cada una menor proporción de la fuerza laboral.

 

La ENOE muestra que en el periodo del primer trimestre de 2017 al mismo trimestre de 2018 la población ocupada en México aumentó en 1.017 millones de personas, pero el problema es que los que ganan menos de un salario mínimo (sm) aumentaron en 1.202 millones, los que ganan de 1 a 2 sm crecieron en 991 mil, los que perciben de 2 a 3 sm disminuyeron en 1.464 millones de personas, y lo más grave es que los que ganan más de 5 sm decrecieron en 432 mil personas, mientras que los “no especificados” crecieron en 781 mil. Sin embargo, una buena noticia es que los que no reciben ingresos disminuyeron en 168 mil.  De esta manera, la persona ocupada promedio en México pasó de ganar 2.25 sm diarios en el primer trimestre de 2017 a percibir 2.15 sm en el primer trimestre de 2018.

Es verdad que el salario mínimo pasó de 80.04 pesos por día en el primer trimestre de 2017 a 88.36 pesos diarios en los mismos meses de 2018, pero esto de nada sirvió para elevar los ingresos reales promedio de la población ocupada. Con cálculos de GAEAP, en el primer trimestre de 2017 la persona ocupada promedio en México ganaba 180.12 pesos, mientras que en el mismo trimestre de 2018 ganaba 190.00 pesos, lo que equivale a un incremento nominal de 5.5%. Sin embargo, si tomamos en consideración que en el periodo en cuestión la inflación fue de 5.3%, pues entonces el aumento real del poder adquisitivo de la población ocupada en México fue de apenas 0.2%.

 

La desfavorable evolución de los ingresos promedio de la población ocupada no fue un fenómeno que ocurriera sólo en el último año, sino que este fenómeno de estancamiento se dio en el balance del actual sexenio federal.

 

En el periodo del primer trimestre de 2013 al mismo trimestre de 2018 la población ocupada en México creció en 4.518 millones de personas, pero los que ganan menos de 1 sm aumentaron en 2.388 millones, los que ganan de 1 a 2 sm crecieron en 3.403 millones, los que perciben de 2 a 3 sm disminuyeron en 344 mil, los que ganan de 3 a 5 sm decrecieron en 1.161 millones, mientras que los que ganan menos de 5 sm disminuyeron en 1.352 millones. Los que no reciben ingresos bajaron en 532 mil y los “no especificados” crecieron en 2.117 millones.

 

De esta manera, con cálculos de GAEAP tenemos que la persona ocupada promedio en México pasó de percibir 2.47 sm diarios en el primer trimestre de 2013 a recibir 2.15 sm promedio en el primer trimestre de 2018. Tomando en consideración como ha evolucionado el salario mínimo nominal, tenemos que la percepción promedio diaria pasó de 149.42 pesos en los primeros tres meses de 2013 a 190 pesos en los mismos meses de 2018, lo que representa un aumento de 27.2%. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación promedio del periodo fue de 21.9%, pues vemos que en los últimos cinco años el ingreso promedio de quienes trabajan en México creció apenas 4.3%, lo que representa un incremento promedio anual real de apenas 0.85%.

 

¿Dados estos datos porque en el discurso del gobierno federal se menciona que la economía va bien por el mercado interno? Pues simplemente porque cada vez hay más gente trabajando, pero no porque ésta gané mucho más que antes. De hecho la masa salarial en México creció entre el primer trimestre de 2013 y el mismo trimestre de 2018 en 14.1% en términos reales, lo que representa un incremento promedio anual de 2.67%, y pues en buena medida este ha sido el principal motor de crecimiento económico en México en el presente sexenio.

 

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En los últimos cinco años los ingresos promedio de la población ocupada en México crecieron menos de 1% promedio anual en términos reales

Entonces con estos datos vemos que en la macroeconomía las cosas marchan “bien” con un crecimiento aceptable del mercado interno, pero en la microeconomía las cosas están mal porque en cinco años la población ocupada promedio ha visto sus ingresos estancarse o bien, deteriorarse.

 

¿Qué podemos hacer para que la gente pueda ganar más sin que esto se traduzca en incrementos de los costos de producción y eventualmente inflación? Pues sin duda la respuesta la encontramos en la necesidad de aumentar la productividad de la fuerza laboral. No debería llamarnos la atención que el ingreso promedio en términos reales de las personas ocupadas creció entre el primer trimestre de 2013 y el mismo trimestre de 2018 en apenas 4.3%, y que de acuerdo al mismo INEGI, en el periodo del cuarto trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 (dato más reciente disponible) la productividad laboral de la economía creció 3.4%. No es coincidencia.

 

¿Cómo aumentamos entonces la productividad de la gente que trabaja? La teoría económica sugiere dos alternativas: incrementar y mejorar el capital (maquinas, equipo, herramientas, software, etc.) con la que dispone la mano de obra, o bien, capacitar la mano de obra para que adquiera más conocimientos respecto a cómo realizar mejor su trabajo.

 

En cuanto a la inversión fija bruta por parte de las empresas en maquinaria y equipo, tenemos que de acuerdo al INEGI, ésta aumentó en 17.3% en el periodo del cuarto trimestre de 2012 al mismo trimestre, de 2017, lo que equivale a una tasa de crecimiento promedio anual de 3.24%, si asumimos arbitrariamente que la tasa de desgaste natural del capital es de 1.5% (un supuesto muy conservador), entonces tenemos que la inversión por parte de las empresas ha sido muy baja estos últimos cinco años. ¿Y cómo no va a ser así si las tasas de interés han subido de manera importante desde finales de 2015 y por otro lado los incentivos fiscales para que las empresas inviertan son prácticamente nulos?

Ahora, en cuanto al tema de la capacitación de la mano de obra, sobre todo en los niveles técnico, medio superior y superior (que son los que pueden aspirar a mayores ingresos y una mayor contribución laboral a la empresa), pues tenemos que los resultados han sido también muy pobres, como veremos a continuación.

 

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El grueso de la población ocupada en México no tiene un empleo bien remunerado y formal, como el de este empleado de la industria automotriz

De acuerdo con cifras de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, en el ciclo escolar 2016 – 2017, la matrícula en todas sus modalidades (público y privado, escolarizado y no escolarizado) en Técnico superior sumó apenas 179,295 personas, mientras que en licenciatura universitaria y tecnológica fueron 658,829 personas. (Fuente: http://www.anuies.mx/iinformacion-y-servicios/informacion-estadistica-de-educacion-superior/anuario-estadistico-de-educacion-superior). Con estas cifras, no debería sorprendernos que en el año 2015 sólo el 16% de los adultos en México habían completado educación terciaria, de acuerdo con la OCDE, pero si a estos bajos números le sumamos que la educación, en muchas escuelas, es de baja calidad pues estamos en un grave problema.

 

Es por ello que labores como las realizadas por los diferentes COEPES (Comisión Estatal para la Planeación de la Educación Superior) se vuelven fundamentales para mejorar planes de estudios, lograr vinculación efectiva, y poder lograr que más personas puedan estudiar para poder ingresar a un centro de trabajo. Esto con el objetivo fundamental de que las personas tengan mayores posibilidades de obtener un empleo formal que les permita obtener un mayor nivel de ingresos.

 

A manera de conclusión podemos decir que si bien este sexenio caracterizó porque se crearon muchos empleos, además de los mies que se regularizaron al pasar del sector informal al formal de la economía, la gran asignatura que quedó pendiente fue la de mejorar los niveles de vida de la población. Las estadísticas oficiales muestran que en el mejor de los casos hubo un estancamiento, el cual se debió a la falta de aumento en la productividad de la mano de obra. El siguiente gobierno deberá implementar políticas fiscales que incentiven la inversión productiva en maquinaria y equipo, pero también deberá trabajar para con los centros educativos y los COEPES para que se mejoren las habilidades técnicas de la población que aspira a un empleo bien remunerado.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt