Los riesgos de cerrar apresuradamente la renegociación del TLCAN

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Con tal de cerrar rápidamente las negociaciones del TLCAN, México podría aceptar condiciones de Estados Unidos que antes consideraba inaceptables

Para diversos analistas, el gran esfuerzo que se realizó para tener un “acuerdo en principio” respecto a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) antes del 1 de mayo, no será suficiente, no obstante que se lograron avances sustanciales en varios temas. Se ha informado a la opinión pública que los ministros de los tres países que conforman el acuerdo comercial no se volverán a reunir sino hasta después de que el Representante Comercial de los Estados Unidos, Robert Lighthizer, regresé de su viaje a China.

El Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, ha dicho que los ministros se volverán a reunir hasta el 7 de mayo; mientras que la Ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, ha dicho que no habrá un acuerdo sino hasta que se dé la siguiente reunión ministerial. Esto no obstante que las negociaciones técnicas por parte de funcionarios de menor nivel continuarán hasta entonces. ¿Es posible el anuncio de un “acuerdo en principio” para el día 7 de mayo? Antes de contestar esa pregunta, quiero hacer algunas consideraciones.

De acuerdo a diversos analistas, como Laura Dawson de The Globe and Mail de Canadá, no obstante el enorme esfuerzo que se ha realizado por parte de los negociadores, es difícil entender cómo es que los tres países pudieran concluir un texto legal sustancial en tan sólo unas semanas o días. De acuerdo a diversos reportes, el volumen de texto legal pendiente que enfrentan los negociadores requerirá de al menos nueve meses de negociaciones bajo circunstancias normales. Inclusive con reuniones técnicas permanentes, cada uno de los equipos negociadores está obligado a regresar a su país para realizar consultas respecto a las nuevas propuestas. Si se hacen las cosas bien, este tipo de comunicación y construcción de consensos lleva tiempo.

Es así que el escenario de un acuerdo completo y sustancial, realistamente está fuera de alcance en el corto plazo, los Estados Unidos están sugiriendo un “acuerdo en principio” (¿un acuerdo de que estamos de acuerdo?) para amarrar a los tres países durante las elecciones; es decir, ya nos pusimos de acuerdo en lo sustancial y “nadie se puede rajar”.

Estos son los factores que favorecen un “acuerdo en principio”:

  1. Las prolongadas negociaciones del TLCAN 2.0 y la política comercial relacionada están enfriando las decisiones de inversión y la producción en Norteamérica, y México y Canadá han sido los más afectados. Un acuerdo rápido podría restaurar la confianza;
  2. El equipo negociador de los Estados Unidos tiene una capacidad limitada para librar múltiples batallas de manera simultánea. Siendo la renegociación del TLCAN menos importante que la disputa comercial con China, los Estados Unidos podrían estar dispuestos a ceder algunas concesiones en aras de avanzar en otros temas más relevantes;
  3. Se espera que la Cámara de Representantes será controlada por los Demócratas después de las elecciones de noviembre. Es probable que los Demócratas no se opongan un acuerdo en el TLCAN pero el mandato específico que se le dio a Robert Lighthizer seguramente cambiaría, dando mayor prioridad a temas laborales y ambientales, por ejemplo.

Ahora, estos son los factores que favorecen negociaciones prolongadas:

  1. México y Canadá han dicho que no aceptarán un TLCAN que sea más débil que el que existe actualmente. El aceptar un acuerdo antes de que los temas complicados sean resueltos disminuirá la capacidad de México y Canadá de presionar, renunciando al derecho de retirarse de las negociaciones porteriormente;
  2. Andrés Manuel López Obrador ha hecho una campaña basada en el nacionalismo económico y con un sentimiento anti-Trump. Si él se convierte en el próximo presidente de México, ¿aceptará un acuerdo percibido como que se negoció sobre las rodillas y se cerró apresuradamente al final con varios temas aún sin resolverse con el debido consenso con los industriales del país?
  3. El presidente Trump ha tomado una línea dura respecto al comercio, pero las presiones por parte de la industria y los agricultores, parece que han provocado que modere su posición respecto al TLCAN, y ahora en lugar de buscar terminar el acuerdo habla de negociarlo, bajo esta óptica ¿Cuál es la prisa?
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Es posible que a partir del 7 de mayo se anuncie un “acuerdo en principio” respecto al TLCAN

No cabe duda que las discusiones aceleradas de las últimas tres semanas han generado progreso real en las negociaciones, ¿pero es suficiente que los tres países estén dispuestos a llegar a un acuerdo exitoso antes de que los detalles se hayan resuelto? Como dijo el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe: “el diablo está en los detalles”. Recientemente México anunció que había llegado a un “acuerdo en principio” en la renegociación del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUEM), pero esas negociaciones estaban sustancialmente más completas antes de que el anuncio se hubiera hecho. Para que un “acuerdo en principio” en el TLCAN tenga sentido, las negociaciones deberían estar más cercanas a la línea de meta.

En este contexto, es pertinente mencionar que el que se haya prolongado el “acuerdo en principio” en el TLCAN, tiene nerviosos a varios analistas, ya que la Administración Trump había amenazado con imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio provenientes de México y Canadá a partir del 1 de mayo si considera que no se ha logrado suficiente progreso en las negociaciones del TLCAN. Hasta este momento no ha quedado claro si dicho plazo también se ha pospuesto. Esta es una decisión del presidente Donald Trump de la que nos informaremos en los próximos días.

Ahora, volviendo a los temas complicados que aún no se han podido cerrar en la negociación, quiero aprovechar para comentar en este espacio únicamente tres: 1. las reglas de origen en el sector automotriz, 2. la solicitud de los Estados Unidos de incrementar la franquicia libre de arancel para las importaciones vía empresas de mensajería y paquetería a 800 dólares (conocido como de minimis), y 3. resolver si se elimina el Capítulo XIX de resolución de controversias.

Respecto al tema automotriz, subsiste la pregunta de cuanto contenido de un vehículo deberá ser abastecido en la región del TLCAN para que obtenga preferencias arancelarias, este continúa siendo uno de los temas más difíciles de resolver. Los negociadores de Estados Unidos en un principio demandaban aumentar el porcentaje de contenido regional a 85% desde el actual 62.5%. Los directivos de la industria han dicho que este porcentaje ha sido disminuido a 75%, y contemplando que la producción de ciertos componentes específicos sea llevada a cabo en lugares donde se pagan mayores sueldos, lo que constituye una demanda que busca preservar la manufactura en los Estados Unidos y Canadá y presionar a México para aumentar sueldos en la industria automotriz. Ha trascendido que el receso en las negociaciones servirá para que el equipo negociador de México pueda realizar consultas con los ejecutivos de la industria automotriz nacional.

En cuanto al tema de minimis, varios sectores industriales, así como el comercio establecido, se han pronunciado en contra de que en México se aumente la franquicia para la importación de productos desde cualquier parte del mundo, libre de arancel e IVA, de los actuales 50 dólares (300 dólares en el caso del Servicio Postal Mexicano) a 800 dólares. El sector industrial ha señalado que de aceptarse esta medida en el TLCAN, esto sería fuente de competencia desleal para empresas establecidas en el país ya que éstas tienen que pagar el arancel e IVA correspondiente al internarse mercancía vía otro medio de transporte, se daría un incremento de mercancía procedente de países ajenos al TLCAN sin pagar arancel e IVA, y se utilizaría esta franquicia para evadir el cumplimiento de disposiciones establecidas en el TLCAN (reglas de origen, procedimientos aduaneros, normas de etiquetado, entre otras).

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Si se da un “acuerdo en principio” en el TLCAN, este debe ser en beneficio de la economía nacional, no en beneficio del curriculum de los funcionarios negociadores.

Finalmente, en cuanto al deseo de Estados Unidos de eliminar el Capítulo XIX, es inaceptable que se quiera desaparecer dado que este capítulo es un mecanismo jurídico único en el mundo en donde las decisiones de los gobiernos en materia de prácticas desleales de comercio internacional pueden ser cuestionadas de manera efectiva, es decir, un grupo de expertos analiza si una resolución antidumping o anti subvenciones se apegó a la legislación nacional e internacional. A diferencia de los paneles de la OMC, puede ser solicitado por los particulares y uno de sus efectos, en caso de proceder, es la devolver las cuotas compensatorias pagadas; mientras en la OMC sólo pueden participar los gobiernos y su único efecto es revocar la cuota compensatoria pero no se genera la devolución de las cuotas compensatorias ya pagadas.

Sabemos que en este aspecto, Estados Unidos se ha mantenido inflexible en su posición, y desde luego que existe el riesgo, al igual que con el tema de minimis, que el gobierno mexicano, en aras de tener el “acuerdo en principio” acabe cediendo en estos temas en perjuicio de la planta productiva y el comercio formal en el país.

Para no extenderme más, sólo cerraría comentando que la opción del “acuerdo en principio” sólo vale la pena que sea considerada si se piensa que los temas más importantes han sido resueltos de manera satisfactoria para las partes, y por lo que vemos este no es el caso para México. No se puede permitir, que en aras de que la Secretaría de Economía se cuelgue una estrellita, se vaya a perjudicar de manera importante a la economía de México. Cuando comenzaron las negociaciones se nos dijo que se buscaría salvaguardar los intereses de México y que había líneas rojas que no se deberían cruzar, pues esperemos que sigan con esa mentalidad, porque en los hechos parece que están cediendo en contra de lo que le conviene al país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director general GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Queda claro, Donald Trump no sabe economía

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El presidente Donald Trump parece desconocer que un mayor déficit fiscal ocasiona un creciente déficit en la balanza comercial

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no sabe de economía, y esto lo digo por la serie de políticas equivocadas que ha estado implementando: por un lado realiza una reforma fiscal con una serie de recortes a los impuestos que elevan su déficit fiscal, luego se queja del creciente déficit comercial que los Estados Unidos tienen con China y México, y después decide iniciar una guerra comercial imponiendo aranceles a importaciones chinas por un monto de 46 mil millones de dólares.

En los Estados Unidos los economistas están preocupados porque no les gusta el problema de “los déficits gemelos”, un fenómeno que se ha vuelto crónico y en el que se presentan de manera simultánea fuertes desequilibrios en el ámbito fiscal y en la balanza comercial. Esta es una situación que se ha dado desde la década de los ochentas, salvo por un breve periodo a principios de los 2000s.

El déficit comercial de los Estados Unidos sigue creciendo y sumó 57.6 mil millones de dólares en febrero de este año. Y gracias al estímulo masivo por el recorte de impuestos de la administración Trump, el gobierno de los Estados Unidos incrementará la diferencia entre lo que gasta y lo que recauda. El resultante déficit fiscal llegará a un billón de dólares (trillón en inglés) para el año 2020 y será de 1.5 billones de dólares  para el año 2028.

La hipótesis de los déficits gemelos sostiene que un creciente déficit fiscal ocasiona un mayor déficit en la balanza comercial, ya que el mayor gasto público ocasiona un mayor gasto de consumo, lo que a su vez aumenta las importaciones. Los déficits gemelos muchas veces son vistos como fenómenos aislados en lugar de analizarse como elementos que coexisten y se refuerzan uno al otro con efectos perversos para la economía, en especial cuando quien los registra es una economía desarrollada.

El problema de un creciente déficit fiscal se potencializa cuando la economía que lo registra ya está en una situación de pleno empleo. La teoría económica sostiene que cuando una economía está en recesión, el registrar un mayor gasto público y por lo tanto un déficit fiscal ayuda a paliar la caída del Producto Interno Bruto (PIB), ya que un mayor gasto fiscal compensa la disminución de la demanda, provocando que las empresas puedan vender más, contraten personal, aumenten los ingresos, y se reactive el consumo. Esta es la razón por la que a Estados Unidos le ha ido mejor en cuanto a crecimiento económico, comparado con Europa después de la crisis global de 2008 – 2009.

Pero no es aconsejable mantener grandes déficits fiscales cuando la economía ya está trabajando con toda su capacidad, y básicamente todos los que quieren un empleos ya cuentan con uno. En una economía que ya está en pleno empleo de su fuerza laboral y de su capital, el echar un montón de dinero no ayudará a producir más (porque ya no hay gente disponible para producir más), sino que lo que ocasiona es que se incrementen las importaciones, aumentando así el déficit en la balanza comercial.

Entonces esto es lo que le sucede a Estados Unidos, y en lugar de poner remedio al problema del déficit fiscal, lo que hace la administración del presidente Trump es culpar a China y a México. En particular, hemos visto en las semanas recientes como los Estados Unidos, argumentando los robos de propiedad intelectual por parte de China, como ha propuesto imponerle a este país una serie de aranceles a la importación de sus productos. China ha respondido a Estados Unidos y ahora estamos a punto de presenciar una guerra comercial entre las dos mayores potencias económicas a nivel mundial.

¿Quién está en mejores condiciones para ganar la guerra comercial? Como veremos a continuación, es China.

El presidente Donald Trump ha dicho por Twitter “Cuando ya tienes un déficit comercial de 500 mil millones de dólares, no puedes perder”. Él cree esto porque su país tiene un enorme déficit comercial con China, el cual de hecho fue de 337 mil millones de dólares en 2017 no 500 mil millones, y piensa que puede ganar la guerra comercial entre los dos países. Pero aunque China le vende más a los Estados Unidos respecto a lo que le compra, la posición de Pekín es mucho más fuerte, tanto política como económicamente, de lo que cree Trump.

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Una guerra comercial entre China y Estados Unidos le hace más daño a éste último país

Desde el punto de vista económico, tanto los Estados Unidos como China, perderán en una guerra comercial. La imposición de aranceles aumentará los precios, disminuirá las exportaciones y perjudicará el crecimiento económico; por lo que tanto Estados Unidos como China estarían mejor si cesan las hostilidades. Pero ahora que la administración Trump amenaza con imponer aranceles a 46 mil millones de dólares de importaciones originarias de China y este país le ha respondido con una amenaza similar, estamos al borde de una guerra comercial. Desde entonces Trump ha aumentado el conflicto amenazando con imponer aranceles a otros 100 mil millones de dólares de importaciones provenientes de China, a lo que Pekin respondió que igualaría en respuesta. Los cálculos de Trump sugieren que piensa que China tiene más que perder y que por lo tanto terminará cediendo. Pero está equivocado.

Las estadísticas parecen indicar que China es más vulnerable que los Estados Unidos, pero no es así. Si nos concentramos en el intercambio de bienes, como lo hacen la mayoría de los analistas, vemos que China le vendió a Estados Unidos un total de 506 mil millones de dólares el año pasado, y le compró apenas bienes por 131 mil millones de dólares. Pero los Estados Unidos también le vendieron a China 38 mil millones de dólares más en servicios de lo que le compraron. Pero el punto fundamental es que la mayor parte de lo que Estados Unidos le vende a China son productos agrícolas y bienes cuyo contenido es en su mayoría estadounidense. Por el contrario, las exportaciones de China a Estados Unidos son típicamente bienes ensamblados en China que contienen muchos componentes de otros países, y muchas veces son de marcas estadounidenses. Y más aún, el 37% de las importaciones de Estados Unidos provenientes de China consisten de partes y componentes que requieren los productores estadounidenses.

Tomemos el ejemplo del IPhone de Apple. Cuando los IPhones son enviados de las fábricas chinas a los Estados Unidos, el costo total de la importación se le atribuye a China. Sin embargo, estos IPhones incluyen componentes de Corea del Sur, Japón, y de muchos otros países. De acuerdo con una estimación, el ensamblaje en China representa entre el 3 y el 6% de los 370 dólares que representa el costo de manufactura de un IPhone X. Dado que este teléfono se vende al público en 999 dólares, el grueso del valor agregado es estadounidense: el margen de Apple y el de los minoristas estadounidenses.

Claro que este es un ejemplo extremo y Trump no le ha puesto aranceles a los IPhones. Pero consideremos que de los 46 mil millones de dólares en aranceles con los que amenaza Trump, 26 mil millones corresponden a importaciones de bienes electrónicos. Las tarifas de Trump fueron diseñadas para perjudicar el objetivo del gobierno chino de desarrollar su propia gama de productos de alta tecnología. Pero de acuerdo con estimaciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), aproximadamente la mitad del valor de las exportaciones chinas de computadoras, electrónicos y equipo óptico es de origen foráneo. Así que aunque los aranceles propuestos se convirtieran en realidad para estos productos, y esto ocasionará una caída de un 25% de las exportaciones chinas de estos productos, el impacto directo para China sería de apenas 6.5 mil millones de dólares, algo así como el 0.05% de su PIB.

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México podría beneficiarse de la guerra comercial entre China y Estados Unidos si se convierte en una alternativa para la proveeduría

En contraste, el daño potencial que puede ocasionar China a los Estados Unidos es mucho mayor. Esto porque un primer objetivo de China fueron los aviones para transporte civil producidos por la empresa Boeing por un monto de 16 mil millones de dólares. Las acciones de esta empresa se desplomaron después del anuncio de China, pero las aerolíneas chinas se están expandiendo tan rápido que tal vez Boeing esté dispuesto a disminuir los precios de sus aviones para mantener las ventas allá. En ese caso, las tarifas impuestas por China serían pagadas por los Estados Unidos y no por las empresas chinas. Hay que recordar que Boeing compite contra la europea Airbus.

Aunado a lo anterior, otro objetivo de China en cuanto a la imposición de aranceles son las exportaciones estadounidenses de soya, las cuales fueron de 12.8 mil millones de dólares en 2017. China compra la mitad de las exportaciones estadounidenses de este bien, lo que le da poder de mercado. De hecho conforme avanzaba la retórica de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, los precios de la soya se desplomaron y no debemos olvidar que China cuenta con Brasil como proveedor de soya.

Es así que podemos llegar a la conclusión de que el presidente estadounidense, Donald Trump, no sabe de economía y está mal asesorado. No sabe que él es el causante de los crecientes déficits comerciales que registra su país, derivado de su crónico déficit fiscal; y tampoco sabe que en una guerra comercial tiene todo para perder, eligió pelear contra un país que si sabe cómo hacerle daño.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Implicaciones para México de la guerra comercial

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Estados Unidos ha iniciado una guerra comercial con China, busca evitar la transferencia injusta de tecnología y disminuir su déficit comercial en 100 mil millones de dólares

En las últimas dos semanas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump impuso una variedad de aranceles en contra de numerosos países, bloqueó la adquisición de empresas tecnológicas estadounidenses por parte de China y busca imponer nuevas restricciones a las futuras inversiones chinas también en el sector tecnológico. Muchos economistas han advertido que el mundo está al borde de una guerra comercial total, en la que veremos represalias al estilo “ojo por ojo”, una retórica acalorada y llamados a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a poner orden, pero ésta está  pobremente equipada para responder. Estamos ante el riesgo de que si las provocaciones comerciales de Trump se salen de control, docenas de tratados comerciales negociados durante varias décadas podrían ser echados de lado, mientras que la perspectiva de un menor crecimiento económico tiene a los mercados bursátiles de todo el mundo tambaleándose.

Las guerras comerciales no son buenas para la economía, y la historia nos da buenos ejemplos. Tenemos el caso de cuando en 1930 el Congreso estadounidense pasó la Ley Smoot-Hawley, la cual elevó los aranceles en 20% en promedio, inicialmente para proteger a los agricultores estadounidenses, pero que después fue ampliado a industrias manufactureras que buscaban protección. En la medida en que se colapsó la demanda de bienes y servicios, el resto de los países buscaron mantener sus reservas de oro devaluando sus monedas o imponiendo más barreras comerciales, por lo que se derrumbó el comercio internacional. Esto provocó que la depresión económica que se vivía en ese entonces se hiciera aún más pronunciada y el mundo, en particular los Estados Unidos, acabaron sufriendo lo que se convirtió en La Gran Depresión.

Lamentablemente esto al parecer ya quedó en el olvido. Los Estados Unidos con la firma del memorándum del pasado 22 de marzo por parte del presidente Trump, en contra de las prácticas de China, iniciaron una guerra comercial que seguro será perjudicial y tendrá consecuencias imprevistas para las relaciones de Estados Unidos con la segunda mayor economía mundial. Además de generar repercusiones en los mercados bursátiles, tasas de interés y tipos de cambio.  De hecho el índice bursátil Dow Jones pasó de 24,879 puntos el 21 de marzo a las 14.30hrs a 23,533 puntos el 23 de marzo a las 16.00hrs, una pérdida de más de 1,300 puntos en dos días.

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Aún no se sabe la lista de productos que serán sujetos a aranceles de 25% por un  monto de 60 mil millones de dólares

Argumentando el daño ocasionado por las prácticas injustas y dañinas de adquisición de tecnología estadounidense por parte de China, los Estados Unidos impondrán en los próximos días aranceles del 25% en ciertos productos de China por un monto equivalente al daño ocasionado a la economía estadounidense. No se ha especificado qué productos serán, esto tardará unos días más en definirse, pero se sabe que equivaldrán a unos 60 mil millones de dólares. Por su parte, en la “Section 301 Fact Sheet” se propone que le sean impuestos a los sectores aeroespaciales, tecnologías de comunicaciones e información, así como maquinaria. Aunque no se descarta que eventualmente se impongan aranceles también a calzado, ropa y electrónicos para los consumidores.

La meta de Trump, y así lo anunció en la conferencia de prensa cuando informó de las medidas contra China, es disminuir el déficit comercial que su país tiene con dicha nación en unos 100 mil millones de dólares, equivalente a una reducción del 25%. Sin embargo, se considera que las medidas anunciadas no lograrán dicha meta, ya que no debemos olvidar que China posee más de 1.17 billones de dólares de bonos del Tesoro de Estados Unidos, por lo que su capacidad de negociación con los Estados Unidos será muy amplia.

Ante los aranceles impuestos por los Estados Unidos, China ha tenido una reacción dura en el discurso, pero muy tibia en los hechos, ya que en represalia anunciaron que le impondrán a Estados Unidos aranceles por apenas 3 mil millones de dólares, en productos que van desde frutas frescas, nueces, vino, puerco, aluminio reciclado y tubería de acero. Sin embargo, no podemos descartar que una vez que se conozca la lista de productos a los que Estados Unidos impondrá aranceles, China podría anunciar una gama de productos más amplia, en la cual probablemente estarán más bienes agrícolas como el sorgo y la soya, así como los aviones de la empresa Boeing.

Es importante mencionar que todo esto se da después de la salida de la Casa Blanca de Gary Cohn, un internacionalista que se desempeñaba como director del Consejo Económico Nacional de Trump, y de Robert Porter, quien fungía como secretario de personal de la Casa Blanca. Es así que el presidente Trump ahora está en las manos de nacionalistas comerciales como Peter Navarro y Wilbur Ross, el Secretario de Comercio, quien amasó una fortuna en sus negocios del acero y los textiles apoyado en la existencia de aranceles. Esto es relevante porque queda claro que ya no hay oposición interna seria a los peores instintos de Trump respecto al comercio internacional y China.

Aquí lo bueno es que esta agresividad contra el comercio internacional, erosionará el apoyo de las empresas y del Congreso hacía Trump, ya que mucho de lo que había hecho en favor de las empresas con el recorte de impuestos y la desregulación, perderá efectividad ante su visión mercantilista del comercio internacional.

¿Y qué papel juega México en todo esto? Nuestro país ha sufrido la retórica del presidente Trump, quien no se ha cansado de decir que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es el peor acuerdo comercial jamás firmado por los Estados Unidos. De igual forma, Trump ha señalado de manera recurrente a México como un país que se aprovecha indebidamente de Estados Unidos y que por eso obtiene importantes superávits comerciales, el cual en el 2017 fue de 71.056 mil millones de dólares.

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La relación comercial entre México y China , tampoco es sencilla y debe ser revisada 

Sin embargo, México se benefició al quedar excluido de la lista de países a los que recientemente se les impusieron aranceles a la importación de acero y aluminio. De igual forma, en este contexto de conflicto comercial entre China y Estados Unidos, trascendió que Estados Unidos retiraría de la mesa de negociación del TLCAN una de sus demandas que ocasionaban mayor problema, y es la de que el 50% del valor de contenido de los automóviles deberían tener contenido estadounidense para gozar de preferencias arancelarias. Para muchos, este anuncio es muestra de que nuestro vecino del norte se ha dado cuenta de que no puede mantener tantos flancos de guerra abiertos en materia comercial, y que le conviene tener un bloque comercial sólido en Norteamérica para contrarrestar sus desequilibrios comerciales con Asia, y en especial con China.

De igual manera, para las empresas mexicanas será muy importante conocer la lista final de bienes a los que Estados Unidos les impondrá aranceles, para en función de ello ver en que sectores surgirán oportunidades para incrementar nuestras exportaciones.

Esto de ninguna manera implica que una guerra comercial total entre Estados Unidos y China beneficiará a México en el largo plazo. Queda claro que en el corto plazo si, ya que la Administración Trump ahora se muestra más flexible en la negociación del TLCAN y podría haber un incremento de exportaciones mexicanas hacía Estados Unidos; sin embargo, en el largo plazo no sabemos si la guerra comercial que aparentemente ha iniciado pueda dañar la dinámica de comercio internacional a nivel mundial, y hacer que la economía mundial crezca más lentamente, lo que acabará por perjudicar las exportaciones totales de nuestro país.

En este sentido, la Secretaría de Economía debe trazar un plan para aprovechar al máximo esta situación, o bien, evitar que nos perjudique.

Y pues a manera de conclusión podemos decir que se confirma que la política comercial estadounidense es llevada a cabo por una administración que no sabe de economía y que se ha convertido en una amenaza para el bienestar global. El presidente Trump y sus asesores están enfocados en disminuir el gigantesco déficit comercial que tienen a través de la imposición de barreras comerciales, pero no entienden que la principal razón de este desequilibrio es su enorme déficit fiscal, el cual eleva artificialmente su demanda agregada, provocando un crecimiento crónico de sus importaciones. Mientras tanto suenan los tambores de guerra y no sabemos cuál vaya a ser el desenlace económico de este episodio.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

No al CPTPP: el caso de Textil, Vestido y Calzado

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El CPTPP podría acabar con al menos 12,622 empleos directos en textil, vestido y calzado en los próximos cinco años

Después de la firma del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP por sus siglas en inglés), el pasado 8 de marzo en Santiago de Chile, hemos visto una intensa campaña por parte de funcionarios de la Secretaría de Economía defendiendo sus supuestos “beneficios”. Esto a pesar de que al día de hoy seguimos sin ver un solo estudio técnico serio, que dé soporte a las afirmaciones de los funcionarios respecto a las ventajas que tendría este acuerdo para la economía nacional. Hablan de las ventajas del CPTPP como si fuera lo mismo que el fallido Tratado Transpacífico (TPP), siendo que al no estar Estados Unidos en el nuevo acuerdo, estamos entrando en un tratado que tendrá repercusiones para México completamente diferentes.

 

Dado lo anterior, y ante la falta de estudios técnicos que midan el impacto del CPTPP en el empleo en México, a través de GAEAP decidí elaborar un modelo econométrico sencillo que arroje cierta luz para responder esta duda. A continuación presento las generalidades del modelo:

 

El objetivo es conocer cómo el incremento de las importaciones y el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) impactan el empleo total en las siguientes cuatro ramas de actividad: 1. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles; 2. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir; 3. Fabricación de prendas de vestir; y 4. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos. Esta información se obtuvo de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI.

 

Por su parte, el valor de las importaciones se obtuvo de INEGI para la rama Textiles, artículos de vestir e industria del cuero; mientras que los valores de PIB utilizados fueron los de las ramas de actividad: 1. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles; 2. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir; 3. Fabricación de prendas de vestir; y 4. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos.

 

Antes de presentar los resultados del modelo, quisiera comentar algunas cifras importantes. Según la EMIM, la suma del empleo total en las ramas de actividad arriba mencionadas pasó de 354,304 personas en el cuarto trimestre de 2007 a 284,770 personas en el mismo trimestre de 2017, lo que equivale a una pérdida del 19.6% de los empleos en los últimos diez años. Esto se dio mientras que en el mismo periodo el valor de las importaciones de los productos textiles, vestido, cuero y calzado subió de 2.602 miles de millones de dólares a 3.307 miles de millones de dólares, lo que representa un incremento de 27.1%. Por su parte, el PIB (en pesos de 2013) de las ramas de actividad antes mencionadas pasó de 123.457 miles de millones de pesos (mmdp) en el cuarto trimestre de 2007 a 120,656 mmdp en el cuarto trimestre de 2017, lo que representa una caída en términos reales de -2.3% en los últimos 10 años (ver Tabla 1 y Gráficas 1 y 2).

Tabla 1

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Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de INEGI

Estos datos son impactantes, y se deben hacer algunas aclaraciones sobre los mismos. 1. La cifra de empleo total que hace la EMIM para estas ramas de actividad está claramente subestimada y en realidad estas actividades dan empleo directo a aproximadamente 1.2 millones de personas a nivel nacional; 2. Las cifras de importación oficiales no toman en cuenta el grave y extendido problema de contrabando y subvaluación de mercancías que afecta a estos sectores, de manera que si se conocieran los datos de contrabando y no hubiera subvaluación veríamos valores de importaciones considerablemente más elevados a los reportados por las autoridades.

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Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de INEGI

Con esto en mente, procedo a mostrar los resultados del modelo econométrico:

El modelo arrojó que por cada millón de dólares en que aumentan las importaciones de las ramas de actividad antes mencionadas, se pierden en México 26 empleos directos en esas mismas ramas. Por su parte, si el PIB de México en esas ramas de actividad aumenta en 18.5 millones de pesos (valores de 2013), vemos que se crean 35 empleos directos en esas mismas ramas de actividad. Este estudio está a disposición de quien lo desee para consulta, favor de solicitarlo si es de su interés.

Esos datos son más que reveladores porque podemos inferir que, si con todo y que las fracciones sensibles quedarán con un arancel de 0% en plazos que van de 13 a 16 años, en 5 años las importaciones de textil, vestido, cuero y calzado aumentan en 20%, se perderán en México un total de 12,622 empleos directos. Por su parte, si en 10 años las importaciones aumentan en 40% perderíamos al menos 28,700 empleos directos en estas ramas de actividad. Esto sin tomar en consideración que tanto los datos de empleo reportados por la EMIM, como las cifras de importaciones, están subestimados, por lo que la pérdida de empleos sería mucho mayor. Es importante precisar que con los escenarios planteados de aumento de importaciones, no se esperan incrementos en el PIB de estas ramas de actividad (como ha venido pasando en los últimos años), por lo que no habría forma de crear empleos en estas ramas suponiendo mayores ventas en el mercado interno si siguen aumentando las importaciones.

 

Pero otra conclusión importante que podemos obtener del modelo econométrico es que si el gobierno federal impulsara a estas ramas de actividad se podrían crear miles de empleos adicionales, sobre todo en las zonas donde éstos hacen más falta. Con los incentivos fiscales correctos y los apoyos de programas como el PPCI (Programa para la Productividad y Competitividad Industrial) se podrían dar las inversiones para que se reconvierta la industria y pueda crecer con mayor competitividad. Si de lo que se trata es crear empleos, resulta mucho mejor incentivar la industria nacional que abrir las fronteras a países que tienen todo tipo de ventajas desleales (subsidios, dumping, sueldos de miseria, entre otros).

 

Es así que queda claro que estar en el CPTPP con Vietnam, sin duda tendría un impacto negativo en miles de familias mexicanas, las cuales se quedarían sin su fuente de ingreso. Para el gobierno federal esto no representa mayor problema porque en su lógica de una economía de libro de texto dicen que los que pierdan su empleo podrán encontrar otro en alguna otra actividad (movilidad del factor trabajo), pero la realidad es otra ya que en el mejor de los casos para poder mover a un trabajador de una fábrica de zapatos a una ensambladora de automóviles se requerirá de mucha capacitación y entrenamiento; y en el peor de los casos tendremos la pérdida de miles de empleos manufactureros que se irán a trabajar al comercio y los servicios, los cuales en general pagan sueldos más bajos.

 

Este ejercicio se puede replicar para otras ramas de actividad para saber el impacto que tendrá el CPTPP, y este es el tipo de análisis que deben ser presentados a los Senadores de la República, ya que son ellos los que tienen la última palabra respecto a la ratificación del CPTPP en México. De igual manera, los Senadores pueden pedirle al Secretario de Economía que firme cartas paralelas con Vietnam y Malasia, que ayuden a mitigar los impactos de este acuerdo internacional en los sectores sensibles de la economía mexicana.

 

Hasta ahora la Secretaría de Economía se ha negado a firmas cartas paralelas con Vietnam, a pesar de que otros países si lo han hecho, argumentando que no tenemos nada que ofrecerles a los vietnamitas. Esto es una visión muy parcial del problema, ya que lo que tenemos que ofrecerle a los asiáticos es muy grande y muy importante, y es nuestro mercado nacional.

 

Aún estamos a tiempo de evitar una mayor desindustrialización de México y los Senadores deben conocer los estudios que evidencian lo que sucederá antes de tomar una decisión. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que se pierdan miles de empleos y que los dueños de las empresas de textiles, vestido y calzado pierdan su patrimonio.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

México en el CPTPP, ¿nos equivocamos?

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El CPTPP fue firmado el 8 de marzo en Santiago de Chile

Parece que desde que el presidente Carlos Salinas de Gortari firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), todos los mandatarios han tenido el deseo de pasar a la historia como signatarios de acuerdos comerciales. Por citar solo algunos ejemplos, Ernesto Zedillo firmó el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUEM), Vicente Fox los tratados con Japón y Uruguay, luego con Felipe Calderón se concretaron los tratados con Perú y varias naciones de Centroamérica, además de que comenzaron las negociaciones  del Tratado Transpacífico (TPP). Con Enrique Peña Nieto se continuaron y concluyeron las negociaciones del TPP, pero éste jamás vio la luz porque aunque fue firmado por sus 12 países miembros, antes de que éste fuera ratificado por los legislativos de cada estado miembro, en enero de 2017 el presidente de Estados Unidos anunció que se retiraban del acuerdo por considerarlo perjudicial para su economía.

 

Sin embargo, cuando la mayoría se había olvidado del tema, en enero de este año sorpresivamente se anunció que se habían resuelto diferencias entre Canadá y Japón y que se crearía el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP por sus siglas en inglés) y que éste sería firmado por los 11 miembros restantes del TPP, el 8 de marzo en la ciudad de Santiago de Chile. Como lo he comentado en pasadas entregas, el texto del CPTPP es básicamente el mismo del TPP en materia de reglas de origen y acceso a mercado, y sólo quedaron suspendidas unas 20 disposiciones de interés para Estados Unidos a manera de “zanahoria”, con la esperanza de que dicho país se integre al CPTPP.

 

En México varios sectores industriales se han pronunciado en contra del CPTPP ya que en principio ofrece muy pocas ventajas en términos de acceso a nuevos mercados, pero si pone en riesgo el mercado nacional al darle acceso a empresas de países con costos de producción considerablemente más bajos; y aquí tenemos el caso concreto de Vietnam, que en la práctica no es una economía de mercado al tener un estado que interviene fuertemente en toda la actividad económica creando distorsiones de precios en favor de sus productores.

 

Es así que de los 11 miembros del CPTPP, México ya tiene tratados de libre comercio vigentes con Canadá, Chile, Perú y Japón. El resto de los nuevos socios son Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Vietnam, Singapur y Brunei, naciones que por su tamaño de mercado, distancia y régimen de gobierno se antoja muy complicado incrementar nuestras exportaciones.

 

Para tener más elementos respecto a lo que podría suceder con este nuevo acuerdo comercial, a continuación analizamos el volumen y tendencias del comercio exterior de México con los restantes 10 países miembros del CPTPP.

 

Exportaciones

En el año 2017 las exportaciones totales de México sumaron 409.494 miles de millones de dólares (mmdd), cifra 9.5% superior a la registrada en 2016. De este total, sólo 21.967 mmdd fueron exportaciones realizadas a los países miembros del CPTPP, lo que representa apenas el 5.36% del total de nuestras ventas al exterior.

 

De igual manera, en 2017 exportamos a Canadá 11.380 mmdd, a Chile 1.804 mmdd, a Perú 1.510 mmdd, a Australia 1.189 mmdd, a Nueva Zelanda 0.113 mmdd, a Malasia 0.710 mmdd a Vietnam 0.292 mmdd, a Japón 4.055 mmdd, a Singapur 0.905 mmdd y a Brunei 0.005 mmdd. En cuanto a las tasas de variación de las exportaciones mexicanas en 2017, tenemos que las destinadas a Canadá subieron +9.1%,  a Chile +3.4%, a Perú +7.6%, a Australia +42.4%, a Nueva Zelanda +20.9%, a Malasia +58.6%, las que van a Vietnam se desplomaron -71.9%, las que van a Japón subieron +7.3%, a Singapur +6.4% y a Brunei +183.9%.  Es así que el valor total de las exportaciones de México a los países del CPTPP aumentaron apenas 6.5% en 2017. Sin embargo, se debe mencionar que el valor de las exportaciones a los países del CPTPP con quienes no tenemos un tratado de libre comercio vigente pasaron de 3.270 mmdd en 2016 a 3.216 mmdd en 2017, lo que representa una disminución de -1.7%.

Exports CPTPP

Importaciones

En 2017 las importaciones totales de México sumaron 420.369 mmdd, cifra 8.6% superior a la registrada en 2016.  De este total, 44.634 mmdd fueron importaciones provenientes de los países miembros del CPTPP, lo que equivale a 10.61% del total de importaciones, y es aquí donde podemos generar una primera observación relevante, ya que estamos entrando a un acuerdo comercial con naciones que son el destino de apenas el 5.36% de nuestras exportaciones, pero son el origen del 10.61% de nuestras compras.

 

En 2017 realizamos importaciones de Canadá por 9.787 mmdd, de Chile por 1.536 mmdd, de Perú 0.513 mmdd, de Australia 0.344 mmdd, de Nueva Zelanda 0.358 mmdd, de Malasia 7.887 mmdd, de Vietnam 4.615 mmdd, de Japón 18.184 mmdd, de Singapur 1.405 mmdd y de Brunei apenas 52 mil dólares. En cuanto a las tasas de variación de las importaciones mexicanas en 2017, tenemos que las originarias de Canadá subieron +1.6%,  de Chile +15.1%, de Perú cayeron -7.7%, de Australia se desplomaron -34.7%, de Nueva Zelanda retrocedieron -1.6%, de Malasia cayeron -3.4%, las que vienen de Vietnam subieron +15.0%, las de Japón subieron +2.4%, de Singapur +9.9% y de Brunei +477.8%.  Es así que el valor total de las importaciones de México provenientes de los países del CPTPP aumentaron 2.3% en 2017. Sin embargo, se debe mencionar que el valor de las importaciones desde los países del CPTPP con quienes no tenemos un tratado de libre comercio vigente pasaron de 14.344 mmdd en 2016 a 14.611 mmdd en 2017, lo que representa un aumento de 1.9%.

 

En este punto vale la pena hacer otra importante reflexión y contrastar que mientras que las exportaciones mexicanas a los países del CPTPP con los que no tenemos tratado de libre comercio vigente cayeron -1.7%, nuestras importaciones desde esas naciones crecieron 1.9%. Y para ilustrar la falta de reciprocidad comercial, se debe señalar que en 2017, mientras que nosotros les exportamos a estas naciones 3.217 mmdd, les compramos casi 4 veces más de lo que les vendemos, cifra que alcanzó 14.611 mmdd.

Imports CPTPP

Saldo de la balanza comercial

En el 2017 México registró un déficit en su balanza comercial total por -10.874 mmdd, cantidad 17.1% inferior al déficit de -13.125 mmdd registrado un año antes. No obstante lo anterior, nuestro déficit con las naciones del CPTPP sumó -22.666 mmdd en 2017, cifra 1.4% inferior al déficit observado en 2016. A nivel país tuvimos un superávit comercial con Canadá por +1.592 mmdd, clon Chile superávit de +0.267 mmdd, con Perú superávit de +0.997 mmdd, con Australia superávit de +0.845 mmdd, con Nueva Zelanda déficit de -0.245 mmdd, con Malasia déficit de -7.176 mmdd, con Vietnam déficit de -4.323 mmdd, con Japón déficit de -14.128 mmdd, con Singapur déficit de -0.500 mmdd y con Brunei superávit de +0.005 mmdd.

SBC CPTPP

Es importante señalar que con las naciones del CPTPP con las que no tenemos un acuerdo comercial vigente registramos un déficit comercial agregado de -11.395 mmdd en 2017, cifra 2.9% superior al déficit observado en 2016, cuando este sumó -11.073 mmdd. Esto nos lleva a una nueva reflexión y a cuestionarnos la conveniencia de que se haya firmado un acuerdo comercial con naciones con las que ya de por si tenemos un importante desequilibrio comercial, sobre todo porque la realidad es que Malasia y Vietnam, naciones con las que ya tenemos importantes desequilibrios comerciales, no hay grandes oportunidades de exportación, dado que éstas naciones pueden abastecerse a un costo más bajo de naciones como China.

 

Ante estas cifras, la posición de la Secretaría de Economía ha sido que estamos en el CPTPP porque es estratégico porque “en su panza” tiene un TLCAN, y de esta manera, si fracasa la renegociación con Estados Unidos y Canadá, sería más factible que una vez que termine su mandato el presidente Donald Trump, Estados Unidos regrese al CPTPP a que se vuelva a construir un TLCAN.

 

Pero este no puede ser considerado como un argumento válido ya que para muchas industrias hace más daño el estar en el CPTPP que quedarnos sin TLCAN. Y esto es algo que el Senado de la República debe valorar al analizar y votar si se aprueba el CPTPP. La realidad es que no se han hecho estudios serios y profesionales que digan que sectores se beneficiarían, y en que grado, del CPTPP y parece que la única razón por la cual le estaremos entregando nuestro mercado a naciones como Vietnam es por los funcionarios mexicanos que quieren pasar a la historia como impulsores del libre comercio.

 

Debe quedar claro que el CPTPP ocasionará un mayor deterioro de los niveles salariales en México, ya que industrias como la del vestido, textil y calzado (por citas sólo algunas) sufrirán por el crecimiento de las importaciones de naciones como Malasia y Vietnam. Estos países le harán daño a México porque, como quedaron redactadas las reglas de origen, se abastecerán de materia prima barata de China y elaborarán productos pagando a sus trabajadores sueldos que en promedio están 50% por debajo de lo que se paga en México. Esto aunado a los riesgos fundados de que se prestarán para realizar triangulación de productos no originarios buscando obtener preferencias arancelarias, aprovechándose de la ineficacia en la verificación de origen.

 

El CPTPP entrará en vigor una vez que 6 de sus 11 miembros lo hayan aprobado. Esperemos que el Senado de la República actúe con responsabilidad y analice bien los costos que este acuerdo tendrá en la producción y empleo en nuestro país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La séptima ronda de negociaciones del TLCAN fue más de lo mismo

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La séptima ronda de negociaciones del TLCAN concluye sin avances importantes en temas relevantes

La séptima ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), comenzó el 25 de febrero en la ciudad de México, y estando próxima su conclusión podemos decir que  sus resultados son muy pobres, ya que hasta ahora sólo se ha anunciado que el capítulo de Mejores Prácticas Regulatorias se cerró y ha trascendido que se concluyeron los de Telecomunicaciones y Obstáculos Técnicos al Comercio, aunque aún no es oficial.

 

De esta manera, al momento de escribir estas líneas, hay 6 capítulos formalmente terminados de un total de 29 (aunque en función de lo comentado líneas arriba al cierre de la séptima ronda se podrían tener 8 terminados), pero el problema es que los grandes temas en los que han existido diferencias desde el comienzo de la renegociación permanecen prácticamente estancados, aunque las autoridades de México y Canadá recurrentemente salgan a declarar que “hay avances”.

 

Haciendo un repaso de los temas propuestos por Estados Unidos y que siguen entrampando la negociación tenemos los siguientes (esta lista no es exhaustiva):

 

  1. Cláusula de extinción o “sunset”, la cual implica que el tratado expirará en automático cada cinco años a menos de que las partes acuerden extenderlo.
  2. En cuanto al sector automotriz, está la propuesta de aumentar el requerimiento de contenido norteamericano para camiones, automóviles y motores grandes desde el actual 62.5% a 85%. Además, Estados Unidos pide que 50% del contenido de los estos vehículos y motores debe ser fabricado en Estados Unidos.
  3. Establecimiento de aranceles temporales contra importaciones de hortalizas estableciendo restricciones a productos mexicanos como el tomate y las “berries” en función de los ciclos agrícolas de Estados Unidos.
  4. En materia de compras de gobierno también hay inconformidad dado que Estados Unidos propone un esquema de “dólar por dólar”.
  5. En materia textil se ha propuesto que desaparezcan los cupos con trato arancelario preferencial a las exportaciones mexicanas de ciertos tipos de tela fabricados con insumos que no se producen en la región.
  6. Desaparición de capítulos de resolución de controversias y disputas comerciales. Estados Unidos quiere que estos temas sean resueltos en cortes de su país, y no a través de paneles.

 

En ninguno de estos temas hubo avances, pero para complicar las cosas aún más, tenemos que esta séptima ronda de negociaciones se vio empañada el jueves 1 de marzo con el anuncio de la administración Trump de que impondrá (tan pronto como la siguiente semana), aranceles a la importación de acero y de aluminio, a razón de 25% y 10% respectivamente. En principio no se aclaró si estos aranceles también aplicarán a los socios del TLCAN y si, en su caso, serán en dichos porcentajes. Sin embargo, el domingo 4 de marzo por la mañana, el asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, aclaró que ningún país será excluido de dichas tarifas, ni siquiera los aliados estadounidenses.

 

En entrevista con CNN, Navarro dijo que eventualmente habrá un procedimiento de excepción para casos particulares en las que “necesitamos excepciones para que las empresas puedan avanzar, pero en este momento no hay exclusiones”. Regresaré a este tema más delante para comentar sobre las implicaciones que esto tiene en la competitividad de Norteamérica y en especial para la fabricación de automóviles.

 

Acciones como esta confirman que pocos temas parecen amargarle tanto la vida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como los “muy malos acuerdos” que según él tiene con sus socios comerciales. Pero los Estados Unidos no van a estar solos al tomar una posición más dura en relación al comercio exterior, ya que vemos como las tensiones internacionales aumentaron desde el anuncio,  y se podría llegar a un punto crítico este año conforme ocurre la renegociación del TLCAN, crece el déficit comercial estadounidense con la Unión Europea y cada vez están se acercan más a una guerra comercial con China.

 

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El acuerdo peligra porque Estados Unidos está obsesionado con el déficit comercial que registra con México

Se debe mencionar que pese a la retórica de Trump, el déficit comercial de los Estados Unidos creció 12% en 2017 hasta alcanzar los 566 mil millones de dólares (mmdd), el mayor incremento desde el 2008, lo que ha intensificado el debate respecto a qué es lo mejor para las empresas y trabajadores estadounidenses en relación al comercio exterior. Es motivo de ásperos debates si esos déficits están dañando su economía, pero al final de cuentas estos desequilibrios se han convertido en una obsesión para la administración Trump. El problema es que en lugar de poner remedio a temas como su desequilibrio fiscal, que eleva su demanda agregada y contribuye enormemente a su déficit comercial, buscan castigar al resto del mundo endureciendo acuerdos e imponiendo aranceles. En este contexto es importante señalar que del déficit de 566 mmdd que registraron los Estados Unidos el año pasado, el 66.2%, equivalentes a 375 mmdd fueron con China.

 

Para los Estados Unidos, gran parte del problema de su desindustrialización y su déficit comercial con México, el cual fue de -71.056 mmdd en el 2017, surge por los bajos salarios que se pagan en nuestro país. México no ha aceptado que se ponga el tema salarial en la mesa de negociaciones, pero comentarios editoriales como el de Bill Pascrell Jr., Congresista del Partido Demócrata, publicado el pasado 1 de marzo, sin duda siguen ejerciendo presión importante.

 

Pascrell señala que cuando el TLCAN fue debatido por primera vez en el Congreso estadounidense, se encontró con resistencia por parte de los Demócratas debido a que su partido temía que el acuerdo construiría una economía integrada sobre las espaldas de trabajadores explotados.  Agrega que estos temores se materializaron en las últimas dos décadas. Conforme la productividad de los trabajadores industriales en México ha aumentado, sus sueldos permanecieron estancados y sus derechos básicos y protecciones han sido reiteradamente  “aplastados”.

 

Pascrell agrega que a lo largo de la vida del TLCAN, los Estados Unidos han ayudado a generar un “sistema roto” para los trabajadores mexicanos.  Desde su óptica, esta ceguera voluntaria es importante porque es una causa directa de las presiones salariales a la baja que han devastado nuestros centros industriales como Youngstown, Ohio; Flint, Michigan; y Paterson, New Jersey.

 

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Un tema que sigue sin resolverse es el de los bajos salarios que paga México a sus trabajadores industriales 

Menciona que los Estados Unidos han permitido por un cuarto de siglo que los trabajadores estadounidenses sean amenazados de que se llevarán sus puestos de trabajo a México si no están de acuerdo en aceptar términos más favorables para los dueños de las empresas. Muchas familias trabajadoras han enfrentado recortes en sus pagos y sus beneficios, y lo que en alguna vez fue un sistema organizado de trabajo ha sido debilitado en favor de un sistema que privilegia las ganancias corporativas. En los Estados Unidos se ha tolerado un TLCAN que ha fallado a los trabajadores, por lo que se deben realizar cambios de fondo. Hasta aquí los comentarios de Pascrell.

 

Todo lo anteriormente expuesto es el contexto de las tarifas que serán impuestas a las importaciones de acero y aluminio por parte de los Estados Unidos, las cuales sin duda tendrán un impacto negativo en el sector automotriz, uno de los temas más sensibles en la negociación. Esta acción ha exacerbado las tensiones comerciales en todo el mundo y los países comienzan a evaluar como tomarán medidas de represalia. Esto es relevante no sólo por la utilización de estos metales en el proceso de fabricación de automóviles, sino por las medidas que terminarán afectando la producción y costos de otros productos finales.

 

Queda claro que la pretensión de imponer un arancel de 25% a la importación de acero busca abatir el déficit comercial de Estados Unidos al incrementar el contenido de dicho país en los bienes industriales que fabrica, pero esto tendrá consecuencias no deseadas en muchos sectores industriales. No queda claro a quien se pretende beneficiar, ya que al final alguien tendrá que pagar por estos nuevos aranceles y se mermará la competitividad de América del Norte, sobre todo en la fabricación de automóviles, los cuales tendrán un mayor costo de producción respecto a sus contrapartes asiáticas.

 

Esto fue tan disruptivo que de hecho, en el marco de la séptima ronda de negociaciones, las pláticas respecto a la regla de origen automotriz fueron suspendidas cuando Jason Bernstein, quien encabeza esta discusión por parte de Estados Unidos regreso a Washington para realizar consultas con su industria.

 

Con todo esto en mente, se debe señalar que no obstante que la negociación del TLCAN sigue, persiste el riesgo de que este fracase.  El peor escenario es que desaparezca el TLCAN, lo que sería un duro golpe para las empresas y trabajadores de la región, y Estados Unidos no se salvará, aunque Trump piense lo contrario. De acuerdo con la Cámara de Comercio de Estados Unidos, tan sólo en dicho país hay cerca de 14 millones de empleos dependen del comercio con México y Canadá, y el fin del TLCAN le costaría a los Estados Unidos la pérdida de 1.8 millones de empleos de acuerdo con la Mesa redonda de Negocios.

 

Obviamente también persiste el escenario optimista en el que los tres países alcanzarán acuerdos respecto a cómo se puede renovar el comercio, lo que implica ponerse de acuerdo en una nueva regla de origen automotriz. Si bien, está por concluir la séptima de ocho rondas pactadas hasta marzo de este año, la realidad es que no existe como tal un plazo fatal para concluir la negociación, por lo que las negociaciones pueden prolongarse todo lo que se requiera. Aunque muchos opinan que si no se alcanza un acuerdo para el fin de marzo, las negociaciones podrían prolongarse hasta el 2019.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP¨

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El CPTPP es una bomba de tiempo

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Miles de manifestantes en Australia y Nueva Zelanda han externado su rechazo al CPTPP

El pasado 24 de enero, 11 países de la Cuenca del Pacífico alcanzaron un acuerdo para firmar un resucitado Tratado Transpacífico (TPP), pero ahora con el nombre de Acuerdo Global y Progresivo para la Asociación Transpacífico (CPTPP por sus siglas en inglés). Este enorme tratado comercial, TPP, había sido casi olvidado después de que el año pasado, el presidente estadounidense Donald Trump, retiró a su país del mismo haciendo mención a preocupaciones por una eventual pérdida de empleos.

 

El CPTPP está programado para ser firmado el próximo 8 de marzo en Santiago, Chile, y no obstante lo anterior, el texto de este acuerdo apenas fue dado a conocer el pasado 21 de febrero a nivel mundial. De este texto revisado se desprende que no hay cambios en materia de reglas de origen (la determinación del porcentaje de contenido regional que un bien debe tener para gozar de preferencia arancelaria) y acceso a mercado (el periodo de desgravación o disminución de los aranceles).

 

Sin embargo, Patricia Ranald, de la Red Australiana de Libre Comercio e Inversión (AFTINET por sus siglas en inglés) ha señalado que en la nueva versión del acuerdo, hay nuevas disposiciones entre Vietnam y los otros países que debilitan las obligaciones en materia de derechos laborales. Ranald ha calificado al CPTPP como “un lío de acuerdos separados improvisados para resolver problemas planteados por Canadá y otros”. Esto es secundado por Steve Ciobo, Ministro de Comercio e Inversión de Australia, quien ha señalado que el CPTPP está conformado por 18 tratados de libre comercio.

 

El CPTPP también incluye nuevas disposiciones entre Canadá y los otros países en temas culturales, y nuevas disposiciones para el acceso de la industria automotriz entre Canadá, Japón, Malasia y Australia.

 

Por su parte, existen otras 20 disposiciones, que habían sido impulsadas por los Estados Unidos que han sido suspendidas en tanto dicho país no regrese al acuerdo. Entre éstas están muchas de las disposiciones más perjudiciales del acuerdo, tales como derechos de propiedad intelectual más estrictos para las corporaciones, las cuales habían sido aceptadas en su momento por los demás países como condición para ganar acceso al mercado estadounidense.

 

Sin embargo, este tema de la “suspensión” de las provisiones controversiales del CPTPP no es garantía de que éstas entren en efecto hasta que Estados Unidos se incorpore al acuerdo, ya que el artículo 2 del CPTPP señala que las suspensiones aplicaran “hasta que las partes estén de acuerdo en terminar la suspensión”. En otras palabras, nada fue realmente removido del TPP en el CPTPP.

 

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Los 11 países miembros del CPTPP

A este respecto Jack Burton de Open Source Industry Australia (OSIA) ha dicho que el CPTPP es “una bomba de tiempo” porque “nadie tiene idea de sí y cuando estas suspensiones serán reinstaladas. Si éstas algún día son reinstaladas tendremos una situación tan mala como si el TPP original hubiera entrado en efecto. Mientras tanto, tenemos algo aún peor: dos terceras partes de las restricciones originales propuestas del TPP relacionadas a anti-comercio y anti-innovación, además de una total incertidumbre sobre sí y cuando la otra tercera parte pueda ser resucitada”. En la industria, la incertidumbre arbitraria tiende a desmotivar el comercio de largo plazo y la inversión.

 

Aunado a lo anterior, la secrecía en las negociaciones ha sido denunciada por grupos de activistas anti-TPP desde el principio, y con el CPTPP no fue la excepción. Se dice que los gobiernos sólo dan a conocer información positiva sobre posible acceso a mercado generado por el acuerdo, pero el texto completo con los cambios no había estado disponible para el escrutinio público, sino a partir del 21 de febrero, 15 días antes de su firma.

 

Dado lo anterior, varios grupos de los países miembros del CPTPP (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Singapur, Perú y Vietnam) están solicitándole a sus cuerpos legislativos que realicen una valoración independiente del acuerdo, así como de sus costos verdaderos.  Se han hecho llamados para que economistas independientes realicen modelos para determinar los impactos en cada país, dado que no se sabe cuántos empleos se crearán y se eliminaran con este acuerdo comercial; y es que hay un enorme riesgo de que se sacrificarán muchos empleos y la soberanía nacional en favor de las ganancias de las corporaciones multinacionales.

 

Ged Kearny, presidente del Consejo Australiano de Sindicatos Comerciales (ACTU) ha dicho que “los acuerdos comerciales como este son muestra del fallado experimento neoliberal que nos ha dejado con salarios estancados y la mayor inequidad de los últimos 70 años”.

 

Y como no va a ser así, si teniendo a Vietnam en el CPTPP estamos hablando de que habrá importaciones masivas por parte de México en sectores como textil, vestido y calzado (por mencionar sólo algunos), los cuales serán fabricados con materias primas baratas de China y serán ensambladas con mano de obra aún más barata de Vietnam. Es por esto que México debería abandonar la intensión de firmar el CPTPP y debería mejor enfocarse en implementar políticas públicas que mejoren los sueldos de los trabajadores mexicanos. ¿Cómo piensan que van a subir los sueldos en México enfrentando la competencia desleal por parte de países como Vietnam? De acuerdo al propio gobierno de Vietnam, el salario promedio en dicha nación es de 150 dólares al mes (https://www.vietnamonline.com/az/average-salary.html), lo cual equivale a 2,780 pesos, menos de la mitad de lo que es el salario promedio en México. Si a esto le agregamos que Vietnam sigue sin ser una economía de mercado, pues ya nos podemos imaginar lo que sucederá en México con nuestra planta productiva cuando las importaciones desde dicho país aceleren su tasa de crecimiento.

 

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En varios de los países miembros del CPTPP solicitan se haga una revisión profunda de los costos del acuerdo antes de una aprobación

Pero para terminar de complicar las cosas, el CPTPP aun contiene los peores elementos del TPP original como lo son las disposiciones para la resolución de controversias inversionista-estado (ISDS), las cuales le dan a las corporaciones el derecho a demandar a los gobiernos en tribunales especiales si ocurre un cambio en las leyes que les merme sus utilidades. Respecto a este asunto, la Comisión de las Naciones Unidas sobre Leyes de Comercio Internacional sostuvo reuniones el pasado noviembre para discutir sus preocupaciones respecto a ISDS y entre éstas estaban: el costo y duración de las disputas, el tema de las corporaciones que no pagan los costos si se falla en su contra, reclamos frívolos por parte de inversionistas, fallos inconsistentes, y falta de transparencia e imparcialidad de los árbitros.

 

Dado todo lo anterior y la obsolescencia de las reglas de origen ante la ausencia de Estados Unidos en el acuerdo, aunado a la enorme secrecía con la que se continuó el proceso de negociación del CPTPP, es que es fundamental que la Secretaría de Economía de México convoque a los sectores productivos a presentar los análisis de sus sensibilidades y sobre cómo les afectará de manera negativa el CPTPP.

 

En caso de que la Secretaría de Economía quiera justificar que no hará consultas porque ya se realizaron hace más de un año en el seno del Senado de la República, cuando se discutía el TPP, pues entonces se debe solicitar a los Senadores que actúen con responsabilidad y no aprueben un tratado comercial que será dañino para México; además de que debe quedar muy claro que no es lo mismo el TPP que el CPTPP, y por lo tanto se debe volver a escuchar a los sectores productivos en sus inquietudes ante la ausencia de Estados Unidos en este nuevo tratado comercial.

 

El ignorar esto por parte de la Secretaría de Economía y del Senado de la República tendrá importantes repercusiones en el proceso electoral mexicano, por la gigantesca molestia que se ocasionará en los sectores productivos nacionales. Es así que se debe explicar claramente primero que gana México con el CPTPP antes de cualquier aprobación, aunque ya sabemos que será muy difícil que encuentren alguna justificación técnica real.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*¨

alejandro@gaeap.com

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