¿Cómo impactará el COVID-19 a la economía de México?

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Escenas de desolación en varias ciudades del mundo.

Los días recientes han estado saturados de información respecto a la propagación del COVID-19 y las acciones de los gobiernos para tratar mitigar el avance de la enfermedad. La cancelación de diversas actividades económicas en diversos países aunado a las medidas de contención que se implementarán en los próximos días, hacen prever que la tasa de crecimiento económico a nivel mundial será la más baja desde 2009, año en que ésta registró una caída de -1.679%

De acuerdo con Kozul-Wright, Director de la División sobre Globalización y Estrategias de Desarrollo en la UNCTAD, la desaceleración de la economía global a una tasa por debajo del 2% para este año, tendrá un costo de 1 billón de dólares (cifra equivalente al 80% del PIB de México). Sin embargo, en un “escenario del día del juicio final” en el que la economía mundial crece a una tasa de apenas 0.5%,  implicaría un golpe al PIB de la economía mundial de 2 billones de dólares.

Estas perspectivas, de la mano del colapso de los precios del petróleo y la interrupción de las cadenas de suministro de China y Europa, ha sido un factor que contribuye a una creciente sensación de inquietud y pánico en materia económica. De esta manera, atravesamos por el peor de los escenarios, ya que ahora hay un grado enorme de ansiedad que va mucho más allá de los problemas de salud, los cuales de por sí son muy graves y preocupantes. Todo esto ha impactado muy negativamente en el ánimo de inversionistas en las diferentes bolsas de valores a nivel mundial, de manera que éstas han tenido los peores días desde el crack bursátil de 1987.

De acuerdo con el sitio de internet mx.investing.com, en el último mes el Dow Jones de Nueva York muestra una caída de -21.13%, mientras que el índice Nasdaq presenta una disminución de -19.08%, el Euro Stoxx 50 una caída de -32.67%,  el índice DAX de Alemania una contracción de -32.83%, el FTSE MIB de Italia una caída de -35.86%, y el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores una disminución de -15.37%. Curiosamente las bolsas de valores de China presentan caídas mucho más moderadas. En lo que va del año el SZSE Component muestra un incremento de 13.41%, mientras que la bolsa de Shanghai presenta una caída de -5.33%.

Hong-Kong
La industria del turismo tendrá pérdidas gigantescas este año por el Covid-19

A nivel mundial hay una creciente preocupación de que en la medida en que el COVID-19 se propaga, provocando el colapso de los precios del petróleo y en la industria del turismo, así como cierre de fábricas en Italia, Francia, España y China, pues aumenta el riesgo de que las compañías en los sectores de energía, turismo, automóviles, entre otros, no podrán hacer frente a sus obligaciones de deuda. Esto podría desencadenar una serie de incumplimientos y rebajas en las calificaciones, lo que desestabilizaría aún más los mercados financieros y agravarían el shock económico al hacerlo mucho más duradero.

En este contexto, la economía mexicana ha recibido duros golpes en los últimos días. La amenaza de Arabia Saudita de inundar el mercado con petróleo tras un desacuerdo con Rusia desató el apocalipsis. Para México el escenario de mayor preocupación comenzó el domingo 8 de marzo, cuando los mercados de petróleo en Asia abrieron y en menos de 30 minutos se registró una caída de más de un 30% en el precio del barril de petróleo. La preocupación de lo que esta caída representa para Pemex y las finanzas del sector público federal, con una posible degradación en la calificación crediticia, fue lo que de inmediato llevó al tipo de cambio a niveles por encima de los 21.50 pesos por dólar.

Al igual que para la mayoría de países, el escenario para México (por lo que está sucediendo en materia de salud y con la economía), es por demás complejo. En aras de explicar cómo se interrelacionan las diferentes variables económicas, a continuación presento algunos escenarios respecto de lo que podría suceder en México en los próximos seis meses:

Finanzas públicas

Debemos comenzar diciendo que Pemex ha sido muy poco transparente y por lo tanto es difícil evaluar el impacto de la baja en el precio del petróleo en sus finanzas y las finanzas de la administración pública federal. Cabe recordar que hace apenas unos días se nos informó que dicha empresa registró pérdidas por 346.135 miles de millones de pesos (mmdp) durante 2019, cifra 92% superior respecto a las pérdidas de un año antes.

De acuerdo con un análisis de Citibanamex, la situación del sector público en 2020 dependerá de: 1. El grado en el que las coberturas petroleras actuales cubran el faltante de ingresos, y 2. El impacto que tendrá el menor precio del petróleo respecto del precio local de la gasolina, dado que la diferencia es el IEPS, actualmente en 4.95 pesos por litro (para la gasolina de bajo octanaje) y que representa 297.5 mmdp de los ingresos públicos (aproximadamente el 9.3% de los ingresos tributarios).

Suponiendo un precio para la Mezcla Mexicana de Exportación de 35dpb (vs. 50 dpb estimado en el presupuesto 2020), se estima que habrá un faltante de ingresos para el Sector Público de 188.2 mmdd, de los cuales aproximadamente 40% serían compensados por las coberturas petroleras del Gobierno Federal. El faltante de ingresos adicional sería parcialmente compensado con la cobertura de Pemex (sobre la cual no tenemos detalles específicos). Esto aún dejaría un faltante de ingresos, el cual se podría compensar con ingresos adicionales de aproximadamente 105 mmdp si, por ejemplo, el IEPS aumentara a partir del mes de abril a 6.4 pesos por litro. Esto implica que la caída de los precios internacionales de la gasolina no se traduzca en precios más bajos de las gasolinas, sino que efectivamente se utilice para fortalecer las finanzas públicas.

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En México han comenzado las compras de pánico

Otro tema de preocupación en materia de finanzas públicas es cómo afectará a la recaudación de ISR e IVA el continuar con una economía en recesión. Hay que recordar que los Criterios Generales de Política Económica 2020 estiman una tasa de crecimiento del PIB de entre 1.5% y 2.5%, algo que definitivamente no sucederá.  En este sentido el gobierno federal debe encontrar fuentes alternas de recaudación y una gran oportunidad subsiste estableciendo un combate frontal en contra del contrabando y subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Este tema ya lo he abordado en pasadas entregas.

Tipo de cambio

El 19 de febrero de este año un dólar costaba 18.588 pesos y al momento de escribir estas líneas la paridad es de 21.9169 pesos por dólar, lo que implica que en tres semanas el dólar se encareció 17.9%. Esto es el resultado del nerviosismo por parte de inversionistas que prefieren llevar su dinero a lugares más seguros. Como ya se explicó, la caída de los precios del petróleo y la desaceleración  económica global, pondrán una mayor presión en las finanzas públicas y las de Pemex, lo que hace muy probable que las calificadoras de riesgo degraden la nota mexicana y pongan a la de Pemex en calidad de inversión especulativa. De suceder esto, las medidas como las que ha tomado el Banco de México, de aumentar las subastas de coberturas cambiarias, tendrán un impacto positivo limitado.

Por otra parte, la posibilidad de que los Estados Unidos impongan medidas más severas de control de restricción de viajes desde otros países, entre ellos México si la epidemia se nos sale de control, deja abierta la puerta para que el tipo de cambio siga aumentando (la noche del 11 de marzo se acercó bastante a los 23 pesos por dólar durante unos momentos). El Banco Base ha señalado que existen las condiciones para que el dólar aumente hasta los 25 pesos, lo cual desde luego que puede ocurrir. Sin embargo, es de esperarse que una vez que regrese la calma a los mercados, el dólar pudiera regresarse a niveles de 20 pesos por dólar. Para que esto suceda, dependerá mucho el resultado de las elecciones en los Estados Unidos, siendo el triunfo de Joe Biden lo que más le conviene a México.

Inflación

La inflación anualizada en México se ubicó en 3.70% en febrero de este año, muy cerca del rango máximo objetivo por el Banco de México de 3% más un punto porcentual. Si a esta situación le agregamos la posible presión que un tipo de cambio más alto ejercerá en los precios nacionales, es posible que la inflación continúe con su tendencia alcista, al menos en el corto plazo.

De acuerdo con Citibanamex, las estimaciones actuales de traspaso de alza en el tipo de cambio en la inflación en México son de alrededor de 3 puntos base por 1% de depreciación. Esto implica que una depreciación del peso de 10% provocaría que la inflación aumentara en 0.3 puntos porcentuales. No obstante lo anterior, se podría considerar que el efecto traspaso del tipo de cambio a la inflación, sería limitado porque la demanda interna sigue débil. ¿Cómo puedes subirle los precios a tus clientes si de por si tus ventas son bajas?

Tasas de interés

La suerte de las tasas de interés dependerá de varios factores. En primer lugar, pues el hecho de que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) haya bajado sorpresivamente su tasa de interés de fondos federales en 0.5 puntos, le da un enorme margen al Banco de México para hacer lo propio. Sin embargo, el banco central estará muy vigilante de cómo la evolución del tipo de cambio impacta a los precios nacionales. De esta manera, lo que se anticipa es que en la reunión de la Junta de Gobierno del Banxico de marzo se realice un recorte a la tasa de interés objetivo de medio punto porcentual, para darle un respiro a la economía, y que de ahí en adelante las decisiones de política monetaria dependan de la evolución de la inflación.

Crecimiento económico

El pasado 11 de marzo, el Bank of America ajustó de +0.5% a -0.1% su pronóstico del crecimiento de la economía mexicana en 2020, lo que implica un escenario similar de contracción económica que vivió el país en 2019 y significa dos años consecutivos con caídas en el Producto Interno Bruto. Este pronóstico está sustentado en un entorno económico global más débil (pronósticos de crecimiento del PIB de Estados Unidos que inclusive apuntan a una recesión) así como una mayor aversión al riesgo global y precios del petróleo considerablemente más bajos.

A manera de conclusión podemos señalar que no cabe duda que el escenario macroeconómico mundial y para México es muy complicado. Se requiere de todo el talento de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México, para evitar que el país caiga en una crisis económica. Para evitar esto, también es fundamental el apoyo y prudencia de las diferentes fuerzas políticas, así como la del propio presidente López Obrador.

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Alejandro Gómez Tamez*

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Cae la confianza de los consumidores y la aprobación presidencial

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AMLO registra caídas en la Confianza del Consumidor y en la aprobación a su gestión.

Recientemente hemos visto la publicación de diversas encuestas que dan cuenta de que el nivel de aprobación del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha disminuido de manera importante en el último año. Una encuesta de El Universal señala que en los últimos 12 meses la aprobación de AMLO pasó de un 79.5% a un 57.1%, mientras que un estudio similar de Reforma indica que su popularidad cayó de un 78% a un 59%. Esto ha sido motivo de debate entre los que piensan que la caída en la aprobación es aún mayor y los que creen que creen que la popularidad del presidente no ha caído y que se utiliza a las encuestas para golpearlo.

En este contexto, debemos pensar que la aprobación o desaprobación del presidente debería estar relacionada de cierta manera a la manera cómo se sienten las personas respecto a diversos factores, entre ellos su situación económica y la del país. En este sentido, el indicador que nos informa que tan optimistas o pesimistas se sienten los consumidores mexicanos es el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). El ICC es un indicador relevante porque parte de la premisa de que si la confianza de los consumidores es alta, éstos tenderán a comprar más bienes y servicios, lo cual debería estimular a la totalidad de la economía, mientras que si la confianza es baja, entonces se podría esperar que el nivel de consumo de las personas sea más bajo.

En México, el ICC arroja un valor numérico que resulta de promediar cinco subíndices que hacen referencia a la situación económica actual y esperada del hogar del entrevistado, la situación económica actual y futura del país, así como qué tan propicio se considera el momento actual para la compra de bienes de consumo duradero. Es así que en términos generales, el ICC mide el nivel de optimismo de los consumidores respecto a su situación particular y de la situación general de la economía.

¿Entonces es el ICC un buen predictor de cómo se comportará la economía? En el caso de México no mucho ya que el coeficiente de correlación entre el ICC y el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), para el periodo de 2001 a 2019 es de -0.20 y para el periodo de 2010 a 2019 es de apenas +0.22. No entraré en los detalles de qué significan exactamente esos números, pero sea como sea, lo que denotan es que la relación entre el grado de actividad económica y el nivel de optimismo de los consumidores (por si solo) es baja y poco significativa. No obstante lo anterior, desde mi punto de vista el ICC resulta relevante para conocer qué tan efectivas son las políticas públicas en el sentido de si hacen sentir a las personas que su situación económica y la del país va mejorando o si piensan que ésta va a mejorar en el corto plazo.

El ICC en 2019

Para seguir ilustrando la desconexión entre la confianza del consumidor y el crecimiento económico tenemos que de acuerdo con el INEGI en el 2019, con cifras originales, el ICC aumentó un sólido 14.3% anualizado (al haber pasado de un valor promedio de 39.2 en 2018 a uno de 44.8 en 2019) y no obstante lo anterior, el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano cayó -0.1%. Esto implica que en México la mayoría de los consumidores se sintieron más 0“optimistas” el año pasado a pesar de las complicaciones en materia económica que vivimos. ¿Pero porque sucedió esto?

Debemos tener presente que el ICC tiene cinco componentes (en la forma de preguntas), y en el comparativo del 2019 respecto del 2018, todos registraron incrementos anualizados, tal como se describe a continuación:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿Cómo cree que es su situación en este momento?, incrementó 7.4% (pasó de 45.4 a 48.8).
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?, observó un aumento de 7.3% (pasó de 52.9 a 56.8).
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?, fue el componente que más creció aumentando 31.2% (pasó de 31.5 a 41.3).
  4. ¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto de la actual situación?, creció 16.7% (pasó de 44.3 a 51.7).
  5. Comparando la situación económica actual con la de hace un año ¿cómo considera en el momento actual las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc.?, subió 16.6% (pasó de 21.8 a 25.5).

ICC 2018 y 2019

De estos datos hay dos cosas importantes que se deben destacar. La primera es que los mayores incrementos en los componentes del ICC se observaron en la percepción de que la situación  económica del país era mejor que la de hace un año (pregunta 3) y la creencia de que la situación económica del país será mejor dentro de 12 meses respecto a lo que se estaba viviendo (pregunta 4). Es decir, gran parte del aumento en el ICC estaba fincado en la creencia de una mejoría de la macroeconomía y no de la situación particular del hogar. El segundo aspecto a destacar es que sólo en dos preguntas los componentes del ICC registraron valores promedio por encima de 50 puntos en el 2019. Uno de ellos es la creencia de que la situación económica del hogar será mejor dentro de 12 meses (pregunta 2) y la creencia de que la situación económica del país será mejor dentro de 12 meses (pregunta 4).  Lamentablemente, en el tema de cómo es la situación del hogar respecto a hace un año (pregunta 1)  el valor creció 7.4% y registró un valor por debajo de 50 en 2019; y peor aún es el tema de la posibilidad de comprar bienes de consumo duraderos (pregunta 5), ya que dicho componente registra un valor de apenas 25.5 puntos en 2019, muy por debajo del umbral de 50 puntos.

Como una conclusión parcial de lo hasta ahora presentado, tenemos que en 2019 la evolución favorable del ICC no se tradujo en un buen desempeño económico, y que el aumento del ICC ocurrió principalmente por la creencia de que la situación futura del hogar y del país sería mejor en los próximos doce meses.

El ICC en el primer bimestre de 2020

En este sentido, la realidad ya comenzó a golpear a las expectativas optimistas que se tenían. Tenemos que en el primer bimestre de 2020, con cifras originales,  el ICC registra una caída anualizada de -6.7%, lo que denota que muchos consumidores mexicanos comienzan a perder la esperanza de una mejor situación económica para sus hogares y para el país. Al analizar la evolución de los cinco componentes del ICC en el comparativo del primer bimestre de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos lo siguiente:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿Cómo cree que es su situación en este momento?, se mantuvo sin cambio (el índice se quedó en 48.8).
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?, observó una caída de -4.4% (pasó de 58.7 a 56.1).
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?, reportó un decremento de -4.7% (pasó de 42.4 a 40.4).
  4. ¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto de la actual situación?, se derrumbó -16.5% (pasó de 57.4 a 47.9).
  5. Comparando la situación económica actual con la de hace un año ¿cómo considera en el momento actual las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc.?, cayó -6.4% (pasó de 27.1 a 25.4).

ICC I19 y I20

Estos datos constatan la ineficacia de las políticas públicas para muchos hogares. La pregunta 1 muestra que el promedio de hogares no siente que haya habido una mejoría en su situación económica respecto a hace un año. La pregunta 2 muestra que la mayoría de los hogares piensan que su situación mejorará en los próximos 12 meses, pero el porcentaje de los que así lo consideran va en disminución. Las preguntas 3 y 4 denotan que la mayoría de los hogares perciben que la situación macroeconómica del país se ha deteriorado y continuará empeorando. Finalmente, la pregunta 5 indica un retroceso respecto a la posibilidad de los hogares de adquirir bienes de consumo duraderos.

Para concluir considero que esta información es igualmente importante, así como los datos de las encuestas respecto al porcentaje de aprobación del presidente López Obrador. Esto porque en cuestión de política muchas personas pueden decir que aprueban al presidente porque votaron por él y no quieren reconocer que la situación del país ha empeorado en muchos sentidos. Pero al responder una “encuesta económica”, como la del ICC, en materia de qué tan optimistas se sienten, se puede obtener una valoración más precisa de cómo las personas perciben los resultados respecto al desempeño económico por parte del gobierno federal. Los resultados del primer bimestre ahí están, y la gente está perdiendo el optimismo.

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¿Puede el coronavirus impulsar a la planta productiva nacional?

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El COVID-19 visto en microscópico de electrones

El coronavirus o COVID-19, que al momento de escribir estas líneas ha infectado a más de 69 mil personas y matado a 1,671, es ahora en día la mayor amenaza real para el crecimiento económico mundial en 2020. Los escenarios y pronósticos de crecimiento económico pronto comenzarán a ser revisados a la baja y una desaceleración global, sin duda le afectará negativamente a la economía mexicana porque una menor tasa de crecimiento significa menor aumento de exportaciones y precios más bajos de materias primas como el Petróleo. Sin embargo, existe la posibilidad de que este organismo microscópico haya abierto la posibilidad para que muchas empresas grandes y pequeñas de México, tengan un mejor desempeño económico este año respecto del 2019. En esta entrega explico por qué.

En múltiples ocasiones he destacado el problema crónico que sufre México por su excesivo y creciente déficit comercial con las naciones asiáticas. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con el INEGI, mientras que en el año 2012 el déficit comercial de México con las naciones asiáticas fue de -96.388 miles de millones de dólares (mmdd), en el 2018 subió hasta -135.802 mmdd y en los primeros once meses de 2019 (dato más reciente al escribir estas líneas) fue de -129.909 mmdd, lo que hace prever que el dato oficial cerrará en unos -140 mmdd. El país que es responsable de más de la mitad del desequilibrio comercial con Asia es China, nación  con la que tuvimos un déficit comercial de -51.215 mmdd en 2012, luego de -76.081 mmdd en 2018 y de -69.867 mmdd en los primeros once meses de 2019, lo que hace pensar que el dato oficial será de unos -75.0 mmdd al cierre del año que recién terminó.

Xi Jinping, Enrique Pena Nieto
Peña Nieto y Xi Jinping se reunieron en al menos tres ocasiones a hablar sobre el comercio bileteral.

En el discurso, México ha tratado de remediar este creciente déficit comercial con China y muestra de ello es que en el sexenio pasado el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el presidente chino, Xi Jinping, se reunieron en al menos tres ocasiones. Después de cada encuentro se emitieron sendos comunicados de prensa destacando la disposición de China a comprar más productos mexicanos, pero como se puede observar con las estadísticas, el problema comercial de México a lo largo del tiempo no sólo no mejoró, sino que empeoró. Es verdad que entre 2012 y 2018 las compras de China de productos mexicanos aumentaron en 1.708 mmdd, pero también es verdad que en el mismo periodo las compras de México de productos chinos aumentaron en 26.6 mmdd.

Si consideramos que en la actualidad el PIB nominal de México es de 25 billones de pesos y un tipo de cambio de 19 pesos por dólar, eso significa que el PIB de México es de aproximadamente unos 1.315 billones de dólares, lo que entonces implica que el déficit comercial con las naciones asiáticas (estimado en unos -140 mmdd en 2019), equivale al 10.64% del PIB, mientras que el de China, (estimado en unos -75 mmdd en 2019), representa el 5.70% del PIB.

Todo lo anterior implica que si México instrumentara políticas públicas que le permitieran disminuir en 10% las importaciones originarias de Asia y sustituirlas por producción nacional, entonces ese sólo hecho haría que el PIB de México aumente en 1.22 puntos porcentuales. Es decir, sin hacer nada extraordinario, el sólo hecho de dejar de comprarle a las naciones asiáticas el 10% de lo que ahora les compramos y reemplazarlo con producción nacional, sería un formidable impulso para nuestra actividad económica. Desde luego, que estas cifras no consideran el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Si se combatieran frontalmente estos dos grandes delitos, el impacto positivo para la planta productiva nacional sería mucho mayor.

La realidad es que México no ha instrumentado una política de sustitución de importaciones originarias de Asia, ni ha dado un combate frontal a las importaciones ilegales, por lo que el problema comercial no solo subsiste sino que cada vez es peor. Pero afortunadamente para la planta productiva nacional eso podría cambiar gracias al COVID-19 o mejor conocido como el coronavirus.

Para comenzar a ilustrar esto tenemos que hace unos días comenzó a circular en redes un video de MVS Noticias, en el que se relata como el coronavirus ha impedido que el grupo delincuencial de los Marco Polos, asociado a la Unión Tepito, pueda viajar a China a realizar las compras de mercancía, mucha de la cual es pirata, y que entra por contrabando por la frontera sur de México. Se menciona en la nota que esta mercancía ya escasea en comercios formales e informales del Centro Histórico de la Ciudad de México.

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Complicado hacer negocios con China por el COVID-19

De esta manera, tenemos que gracias al COVID-19, diversos negocios del Centro Histórico de la CDMX, y de muchas partes del país, ya han dejado de vender algunos productos chinos, lo cual sin duda debería impulsar la comercialización y consumo de algunos productos nacionales.

Y así como el COVID-19 ha impedido que grupos de contrabandistas puedan ir a China a hacer sus negocios, también ha dificultado que compradores de negocios mexicanos formales puedan ir a la nación asiática a hacer sus negocios. De hecho, el Director del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Fernando Ruiz, recientemente advirtió que sí se intensifica la propagación del coronavirus se podría afectar a las empresas mexicanas que utilizan insumos provenientes de China, como componentes electrónicos, eléctricos y acero, entre muchos otros.

Esto, para muchos comercializadores, puede representar un grave problema y sin duda les puede ocasionar grandes pérdidas por pedidos ya comprometidos de clientes nacionales que no podrán ser surtidos. Pero al mismo tiempo abre las posibilidades de incrementar la compra y producción nacional de ciertos insumos y productos.

Hace unos días un fabricante de insumos para el sector calzado me comentaba que durante la primera quincena de febrero de este año sus pedidos y ventas han aumentado de manera importante, ya que sus competidores, muchos de los cuales traen insumos de China, comienzan a tener dificultades para aceptar pedidos. Esto por los retrasos que comienza a haber en los trámites y en las embarcaciones de los productos originarios de aquella nación con motivo del temor que despierta el coronavirus.  Los recuentos periodísticos dan cuenta de que en China se están atrasando embarques, que algunas mercancías no llegan a los puertos porque no hay personal o movimiento terrestre para llevarlos. De hecho el sitio de internet diarioelcanal.com advierte que “en cuanto a las importaciones provenientes de China se prevén retrasos en las entregas que se hayan expedido después del inicio del Año Nuevo Chino a causa del cierre de las aduanas de este país, hecho que puede provocar problemas de provisionamiento para las empresas. Una vez desbloqueada esta situación se prevé que el coste del transporte se incremente a causa de la gran demanda y la limitada oferta de navieras”.

Dado lo anterior la gran pregunta es si el grueso de la planta productiva nacional está en condiciones de hacer frente a la oportunidad que representa la posible disminución de importaciones legales e ilegales (de productos terminados y de insumos) originarias de China, y de igual forma poder abastecer una mayor demanda de productos por parte de Estados Unidos, dadas las dificultades que ellos también enfrentan de importar desde China. La pregunta es relevante porque el año pasado, pese a los aranceles punitivos que impuso Estados Unidos a China y que la economía estadounidense creció a una sólida tasa del 2.3%, nuestras exportaciones hacía dicho país sólo crecieron en 3.60% en los primeros once meses de 2019. Esto es evidencia de que en muchos sectores manufactureros no pudimos sustituir a China como proveedor de Estados Unidos. Ahora parece haber una nueva oportunidad.

China-coronavirus-1-640x400Lo que debemos tener claro es que si las fábricas mexicanas son capaces de abastecer los insumos que se dejen de importar de China a precios competitivos, se generará la ansiada sustitución de importaciones y se impulsará el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en beneficio de la creación de empleos bien remunerados.

Y es que las importaciones originarias de China, formales o contrabandeadas, cuando vienen con precios excesivamente bajos por sus economías de escala o por la política de subsidios que llevan a cabo, son las que en muchas ocasiones impiden que las fábricas en México puedan pagar mejores salarios.

Por ejemplo, en el caso del sector calzado en el 2019, de los 102 millones de pares importados, el 41% de las importaciones se realizaron con precios por debajo de lo que se denomina Precio Materia Prima (PMP) o presuntamente subvaluadas. Estas importaciones, aunadas a las que entran contrabandeadas y no se tienen cuantificadas, ingresan al mercado nacional y son las responsables de que no se puedan pagar mejores sueldos en la industria. Esto porque el comercializador de calzado le puede decir al fabricante nacional que si no le vende a determinados precios, optará por el producto importado. De esta manera el fabricante nacional se ve forzado a vender con precios sumamente bajos, lo que imposibilita a mejorar los salarios. Este problema ocurre en infinidad de actividades manufactureras nacionales como textiles, vestido, muebles, entre muchos más.

Pero ahora con el COVID-19 y las dificultades para importar productos desde China, se abre la posibilidad de fortalecer las cadenas productivas nacionales, reactivar la proveeduría nacional de productos terminados y de insumos, y aumentar la creación de empleos. Es de esta manera que es posible que un virus, que complica las importaciones desde China, podría hacer más por la planta productiva nacional que las políticas públicas implementadas por el actual gobierno federal, cuyo resultado del primer año de actividades fue el de un decrecimiento económico de -0.1% en 2019.

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Los miles de millones que el SAT deja ir

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La recaudación de impuestos a la importación representa apenas el 0.74% del valor de las importaciones

México es el país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que tiene la menor recaudación fiscal como porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB), siendo ésta de aproximadamente 13.15% en los primeros once meses de 2019. Esta situación, aunada a otros problemas, provoca que México tenga grandes rezagos en materia social, económica y de infraestructura. Esto a su vez se ve agravado por la corrupción y la ineficiente forma de gastar, lo que provoca que el gobierno federal se vea forzado a aumentar su recaudación fiscal.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en múltiples ocasiones que en su gobierno no habrá aumento de impuestos en términos reales (por encima de la inflación) sino hasta la segunda mitad de su sexenio; sin embargo, existen maneras de recaudar más ingresos fiscales sin incrementar las cargas tributarias a los que ya pagan impuestos, y una de ellas es combatiendo la subvaluación y el contrabando de mercancías en las aduanas del país. A continuación se presenta un análisis de cómo han evolucionado los ingresos fiscales por impuestos a la importación.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el año 2000 los impuestos a la importación cobrados por México sumaron 32.861 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representó el 5.2% de la totalidad de ingresos tributarios del gobierno federal. Para el año 2006 éstos ascendieron a 31.726 mmdp y representaron el 3.6%, mientras que en el 2012 cayeron hasta los 27.906 mmdp y representaron apenas el 2.1% de los ingresos tributarios totales. En el año 2018 los ingresos por impuestos a la importación sumaron 65.542 mmdp y representaron el 2.1% del total.  Como puede verse, entre el año 2000 y 2018, la recaudación por impuestos a la importación aumentó 99.5% en términos de pesos nominales, pero el problema es que en dicho periodo la inflación  fue de 115.7%, por lo que en términos reales la recaudación por impuestos a la importación disminuyó -7.5%.

Cabe señalar que en los primeros once meses de 2019, la recaudación por impuestos generales a la importación fue de 59.879 mmdp, cifra 0.2% superior en términos nominales a la observada en los mismos meses de 2018. Sin embargo, al considerar que la inflación promedio en el periodo fue de 3.7%, tenemos entonces que la recaudación por impuestos a la importación presenta un retroceso en términos reales de -3.4% en el periodo.

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La evolución en términos reales de la recaudación por impuestos a la importación se dio no obstante el enorme incremento en el volumen de importaciones por parte de México. De acuerdo con cifras del INEGI, en el año 2000 las importaciones de nuestro país sumaron 174.458 miles de millones de dólares (mmdd), para el año 2006 éstas ya eran de 256.058 mmdd, en el 2012 sumaron 370.752 mmdd y en el 2018 cerraron en 464.302 mmdd. Como puede verse, entre los años 2000 y el 2018, el valor en dólares de las importaciones de mercancías por parte de México creció 166.1%, y a pesar de esto la recaudación por impuestos a la importación ha venido disminuyendo en términos reales.

Otra forma de ver esta situación es convirtiendo la recaudación de impuestos a la importación en dólares y ver lo que ésta representa respecto del valor total de las importaciones. En el año 2000 la recaudación de este impuesto fue equivalente a 2.856 mmdd, lo que representó el 2.01% del valor total de las importaciones. Para el año 2006, la recaudación de impuesto a las importaciones fue de 2.910 mmdd y dicha cantidad fue equivalente al 1.14% del valor total de las importaciones. Para el año 2012 la recaudación de este impuesto fue por un monto equivalente a 2.121 mmdd, cantidad equivalente al 0.57% del valor de las importaciones. Para el año 2018 la recaudación subió hasta un equivalente de 3.408 mmdd, pero dicha cantidad fue equivalente al 0.73% del valor total de las importaciones mexicanas.

En los primeros once meses de 2019 la recaudación fue de un monto equivalente a 3.108 mmdd, cantidad que representa apenas el 0.74% del valor total de las importaciones.

Con estos datos queda más que claro que no obstante que el valor de las importaciones creció 166.1% entre los años 2000 y 2018, el valor en dólares de lo recaudado por impuestos a la importación disminuyó -1.9% y lo que la recaudación representa respecto del valor de las importaciones también se contrajo de manera importante. ¿A qué se debe esto? A continuación se explica.

IGI2

Claro que parte de la razón de este hecho es que México ahora tiene más tratados de libre comercio que hace 20 años y que México ha disminuido unilateralmente sus aranceles Nación Más Favorecida (NMF) registrados ante la Organización Mundial de Comercio (OMC); sin embargo llama poderosamente la atención que se haya dado esta caída en la recaudación del impuesto a la importación cuando la proporción de importaciones originarias de naciones con las que no tenemos tratado comercial, como China, Corea del Sur, India Indonesia y Vietnam (Con Vietnam el CPTPP entró en vigor en el 2019) creció de manera explosiva entre los años 2000 y 2018.

En el año 2000, el valor de las importaciones de México originarias de las naciones asiáticas mencionadas líneas arriba fue de 7.368 mmdd y representó el 4.2% del valor de las importaciones totales; para el año 2006 dicho valor subió a 37.375 mmdd y el porcentaje subió a 14.6%. En el 2012 el valor de las importaciones desde dichas naciones asiáticas aumentó a 75.572 mmdd y el porcentaje de lo que representan subió a 20.4%, mientras que en el año 2018 el valor fue de 111.471 mmdd y éstas representaron el 24.0% del valor total de las importaciones.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que somos un país con un enorme grado de apertura comercial, ya que la recaudación de impuestos a la importación apenas representa el 0.74% del valor de las importaciones. En Estados Unidos los ingresos por impuestos a las importaciones alcanzaron 50 mil millones de dólares en 2018 y en dicho año el valor total de sus importaciones fue de 2.407 billones de dólares, lo que nos arroja que su recaudación por impuestos a las importaciones fue de 2.07%; este es un porcentaje casi tres veces mayor que el de México.

Desde luego que parte del problema también se debe a lo extendido que está el problema de subvaluación de mercancías en las aduanas del país. En este sentido, Hermann Saenger, director de SGS, compañía especializada en inspección, y verificación en comercio exterior, recién señaló a El Financiero que “de acuerdo con información proporcionada por el SAT, recopilada de las 49 aduanas del país, alrededor del 30 por ciento de todas las mercancías que entran a México tienen subvaluación”. Es decir, tres de cada 10 mercancías reportan un precio más bajo que el real con el fin de evadir pagar  la totalidad de impuestos.

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Urgen reformas legales para combatir contrabando y subvaluación

Aunado a este problema, existe una enorme carencia de capacitación para el personal de las aduanas de manera que puedan verificar que haya una correcta clasificación arancelaria. Sucede que muchos productos son clasificados errónea y deliberadamente en las fracciones arancelarias libres de impuesto o en las que tienen las tasas impositivas más bajas, con el fin de evadir el pago de impuestos y defraudar al fisco federal. Esto implica la necesidad de aumentar la capacitación en las aduanas del país y aquí el sector privado tiene mucho que aportar.

Finalmente, dado que México pierde miles de millones de pesos al año por la subvaluación de mercancías y el contrabando técnico, es indispensable que se realicen cambios a la Ley Aduanera, de manera que la autoridad tenga más elementos para desechar el valor de las mercancías cuando éstas están claramente subvaluadas. Además de equiparar los “errores recurrentes” de una empresa o persona física en la clasificación aduanera al delito de defraudación fiscal. Finalmente, se deben imponer sanciones ejemplares a los importadores subvaluadores, ya que el mecanismo actual de darlos de baja del padrón de importadores, para que posteriormente se allanen y se pongan al corriente para volver a ser dados de alta, es claramente inservible.

Es así pues, que existen formas de aumentar la recaudación de impuestos en México sin perjudicar a quienes ya pagan impuestos. El combatir el contrabando y la subvaluación ayudará a las finanzas públicas y también fortalecerá a la industria manufacturera nacional, aumentando su producción y creando más empleos mejor remunerados.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomez

Se agrava la debilidad fiscal de México

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El estancamiento económico de México ha mermado los ingresos del sector público.

La situación de las finanzas públicas de México es preocupante ya que a la par del nulo crecimiento económico registrado en los primeros tres trimestres de 2019, los ingresos del sector público federal prácticamente están estancados en términos reales. Esto implica un gigantesco reto para las autoridades ya que se requieren recursos para cumplir las promesas de campaña del presidente López Obrador, pero también se requiere mantener la disciplina fiscal para que las calificadoras de riesgo no nos bajen la calificación de nuestra deuda soberana.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), los ingresos presupuestarios del sector público muestran un incremento en términos reales de apenas 0.3%, al haber pasado de 4.656 billones en los primeros once meses de 2018 a 4.841 billones de pesos en los mismos meses de 2019. Este aumento marginal es producto de que los ingresos petroleros disminuyeron -9.2%, mientras que los no petroleros aumentaron apenas 2.5%.

Si asumimos que el PIB nominal fue de 24.195 billones de pesos en 2019 y también estimamos que al cierre de dicho año los ingresos del sector público cerraron con un aumento real de 0.3% respecto al 2018, podemos anticipar que los ingresos de todo el sector público en dicho año representaron aproximadamente el 21.8% del PIB. Sin embargo, si analizamos lo que representan los ingresos tributarios respecto del PIB, vemos que el porcentaje es de apenas el 13.15%, uno de los porcentajes más bajos de toda América Latina y el más bajo de todos los países que conforman la Organización  para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). A continuación se presenta un análisis detallado de la evolución de los ingresos tributarios en 2019.

Las cifras de la SHCP muestran que los ingresos tributarios del gobierno federal aumentaron apenas 0.9% en términos reales en el comparativo de los primeros once meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, ya que pasaron de 2.790 billones de pesos a 2.921 billones de pesos. De esta manera vemos que los ingresos tributarios pasaron de representar el 59.9% de los ingresos totales del sector público en 2018 a ser el 60.3% de éstos en 2019.

Ahora, tenemos que el aumento en términos reales de 0.9% en los ingresos tributarios del gobierno federal es producto de que la recaudación por Impuesto Sobre la Renta (ISR) retrocedió -1.6%, la del Impuesto al Valor Agregado (IVA) cayó -3.7%, la del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) subió 29.7%, la de Impuestos a la Importación (IGI) retrocedió -3.4%, la del Impuesto por la actividad de exploración y explotación de hidrocarburos (IAEEH) subió 9.2%, mientras que la de otros impuestos cayó -16.5%. Esta evolución es sin duda producto del estancamiento económico, ya que si la economía no crece, no hay forma de que aumente la recaudación por ISR, IVA e IGI.

Ingresos Sector Público

Entre el 2018 y el 2019 vemos un cambio en la conformación de los ingresos tributarios en México. En los primeros once meses de 2018 la recaudación se dio de la siguiente manera (en paréntesis se indica el porcentaje de lo que representa cada impuesto respecto de la recaudación tributaria total): ISR (53.9%), IVA (30.7%), IEPS (11.2%), IGI (2.1%), IAEEH (0.2%) y otros impuestos (1.9%). En los primeros once meses de 2019 la conformación de la carga tributaria fue de la siguiente manera: ISR (52.5%), IVA (29.3%), IEPS (14.4%), IGI (2.0%), IAEEH (0.2%) y otros impuestos (1.6%). Estas cifras muestran claramente la como el IEPS adquiere cada vez una mayor importancia para las finanzas públicas.

Puesto en pesos nominales, vemos que en el periodo de referencia la recaudación por ISR pasó de 1.503 billones de pesos a 1.533 billones de pesos, mientras que la recaudación por IVA pasó de 856.17 miles de millones de pesos (mmdp) a 855.18 mmdp, pero el mayor aumento lo tenemos en la recaudación por IEPS, la cual pasó de 312.9 mmdp a 421.01 mmdp. Con estas cifras queda claro que el desastre fiscal de México se logró evitar en el 2019 gracias a la recaudación de IEPS, cuyo principal componente es el que se cobra a las gasolinas y al diésel.

La debilidad fiscal de México ha sido bastante documentada y analizada, desde hace muchos años. En el recientemente publicado reporte “Estadísticas de ingresos 2019: Tendencias de los ingresos fiscales en la OCDE” elaborado por dicho organismo multinacional, se presentan datos detallados comparables internacionalmente sobre los ingresos fiscales de los países de la OCDE para todos los niveles de gobierno. La última edición proporciona datos finales sobre ingresos fiscales en 2018 y México destaca por ocupar la última posición.

Los datos de la OCDE muestran que, en promedio, los ingresos fiscales como porcentaje del PIB (es decir, la relación de recaudación de impuestos respecto del PIB) de los países miembros de dicho organismo internacional fue de 34.3% en 2018, cifra ligeramente superior al 34.2% observado en 2017. El reporte menciona que Francia tuvo la mayor relación impuestos / PIB en 2018 (46.1%). Dinamarca, que tuvo la relación más alta entre impuestos y PIB de los países de la OCDE entre 2002 y 2016, ocupó la segunda relación más alta entre impuestos y PIB en 2018 (44.9%); mientras que México tuvo la proporción más baja de impuestos a PIB (16.1%). Como se puede destacar, este porcentaje es superior al 13.15% mencionado en el tercer párrafo de este análisis.

Recaudación fiscal OCDE

El estudio de la OCDE hace mención a que la mayor caída en la relación impuestos / PIB entre 2017 y 2018 fue en los Estados Unidos (2.5 puntos porcentuales menos). La disminución en los Estados Unidos se debió a las reformas fiscales implementadas en la Ley de Reducción de Impuestos y Empleos, que redujo la tasa de impuestos corporativos del 38.9% en 2017 al 25.8% en 2018 y también redujo la carga fiscal sobre el ingreso laboral a través de reducciones en el ingreso tasas impositivas y aumentos en la deducción estándar y el crédito tributario por hijos.

¿A qué se debe la debilidad fiscal de México? Hay muchas razones, pero una de las más importantes tiene que ver con lo extendida que esta la economía informal en nuestro país. De acuerdo con cifras de INEGI recientemente publicadas, en 2018 la medición de la Economía Informal mostró que 22.5% del PIB es informal y se genera por 56.7% de la población ocupada en condiciones de informalidad. De esta manera, tenemos que el 77.5% del PIB lo genera el Sector Formal con sólo el 43.3% de la población ocupada. En otras palabras: por cada 100 pesos generados de PIB del país, 78 pesos provienen del 43% de ocupados formales, mientras que 22 pesos corresponden al 57% de ocupados en informalidad.

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En México el 57% de las personas trabajan en la economía informal.

Cabe señalar que del citado 22.5% de PIB generado por la Economía Informal en 2018, 11.1 puntos corresponden al Sector Informal, es decir, a aquellos negocios no registrados de los hogares dedicados a la producción de bienes o servicios. De igual manera, 11.4 puntos corresponden a las Otras Modalidades de la Informalidad, que refieren a todo trabajo que aún y cuándo labora para unidades económicas distintas a las de los micronegocios no registrados, no cuenta con el amparo del marco legal e institucional (seguridad social, prestaciones sociales).

Aunado a lo anterior, existen otras causas que explican la históricamente baja recaudación fiscal: 1. La falta voluntad política del gobierno para proponer una real reforma tributaria, 2. Una ineficiente administración tributaria (existen grandes niveles de evasión y elusión fiscal), 3. El amparo en materia impositiva ha restado fuerza a la autoridad fiscal, y no en todos los casos beneficia a la mayoría de causantes, 4. La existencia de regímenes o estímulos fiscales especiales a ciertos sectores erosiona la base tributaria, , además de que existía un amplio otorgamiento de facultades discrecionales del Ejecutivo para establecer, mediante decreto, exenciones o condonaciones, 5. La percepción negativa por los ciudadanos del uso y manejo honesto del gasto público, 6. Como se explicó líneas arriba, existe un reducido número de impuestos con el que el Estado mexicano grava a sus ciudadanos (básicamente ISR e IVA aportan el 81.8% de la recaudación tributaria), y 7. Las pocas facilidades administrativas para el cumplimiento de obligaciones tributarias.

No obstante todo lo anterior, y que el dinero no alcanza para realizar un adecuado gasto de inversión física por parte del sector público porque se le ha dado prioridad a algunos programas sociales clientelares, el presidente López Obrador insiste en que no habrá reforma fiscal sino hasta el 2021. Esto implica que seguiremos bajo la lupa de las agencias calificadoras y seguiremos gastando irresponsablemente los recursos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) hasta terminárnoslo. Es así que aunque tengamos indicadores financieros sólidos que hacen pensar a muchos que vamos bien en materia económica, la realidad es que la economía está detenida por alfileres, al menos en el ámbito fiscal.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Fitch nos mantuvo la calificación, pero subsiste la debilidad fiscal

fitch-ratings-foto-reuters_0_41_800_497El viernes 13 de diciembre la agencia internacional de calificación crediticia Fitch Ratings emitió un comunicado en el que ratificó la calificación de la deuda soberana de México en “BBB” con perspectiva estable. Esta es una magnifica noticia para México, pero es importante hacer mención de varios de los aspectos que se resaltan en el comunicado, así como hacer una valoración de cómo han evolucionado las finanzas públicas a lo largo de este año. Esos son los temas que abordaré en esta entrega.

Con respecto a Fitch, se debe destacar que la agencia sustentó su decisión de mantener la calificación de México porque ésta está respaldada por una economía nacional diversificada y un historial de políticas económicas sólido y disciplinado que ha mantenido la estabilidad macroeconómica y ha contenido los desequilibrios. Señala que si bien algunas de las decisiones de política microeconómica de la administración del presidente López Obrador han resultado polémicas, las decisiones de políticas macroeconómicas han sido relativamente ortodoxas hasta la fecha. Sin embargo, señala que estas fortalezas se ven contrarrestadas por el nulo crecimiento económico, una base de ingresos fiscales baja en comparación con otras naciones, una penetración crediticia superficial y puntajes de gobierno entre los más bajos en la categoría de países ‘BBB’.

De su Modelo de Calificación Soberana (SRM por sus siglas en inglés), se desprende que se le asignó a México un puntaje equivalente a una calificación BBB en la escala IDR en moneda extranjera en el largo plazo, en función de lo siguiente:

  1. Macroeconomía: +1 nivel, para reflejar el historial de México en administraciones sucesivas con políticas macroeconómicas prudentes, creíbles y consistentes. Las autoridades continúan enfatizando la estabilidad macroeconómica en sus decisiones de política buscando remediar los desequilibrios macroeconómicos.
  2. Finanzas públicas: -1 nivel, para reflejar la expectativa de que el continuo apoyo soberano para Pemex resultará en una menor disponibilidad de recursos para otras tareas gubernamentales y/o una mayor carga de la deuda del gobierno federal y del sector público, impactando negativamente las finanzas públicas.

Respecto a Pemex señalan que ésta contribuirá menos a los ingresos federales en 2020 en comparación con 2019 (aportando sólo el equivalente al 1.8% del PIB), ya que el gobierno tiene contemplados recortes adicionales  en las tasas impositivas para ésta hasta 2021. Fitch también espera que la producción de petróleo de Pemex continúe disminuyendo en 2020, habiendo caído 9.6% anual en octubre de 2019, promediando 1.64 millones de barriles diarios (mbd). Esto contrasta con el ambicioso aumento de la producción a 1.85 mbd asumido para 2020 en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) actuales.

Pemex sigue siendo un contribuyente neto del gobierno federal y mantiene una deuda mayoritariamente denominada en dólares estadounidenses que representa más del 8% del PIB, por lo que continuará representando un importante pasivo contingente para el gobierno federal. Cabe recordar que el gobierno federal le inyectó a la compañía 5 mil millones de dólares adicionales en septiembre de este año para respaldar una recompra de deuda a corto plazo y una operación de gestión de pasivos que reduce los pagos a corto plazo, con lo que mejora su liquidez.

Pero más allá de las consideraciones de Fitch Ratings, ¿Qué datos duros podemos mencionar sobre la situación de las finanzas públicas de México? En GAEAP analizamos las cifras más recientes y vemos que al cierre de octubre de 2019 el saldo de la deuda interna bruta del sector público federal fue de 7.555 billones de pesos, mientras que el saldo de la deuda externa bruta fue de 205.9 miles de millones de dólares (mmdd), de manera que el saldo del total de la deuda sumó 11.491 billones de pesos al 31 de octubre de este año. Si tomamos en consideración que el Producto Interno Bruto (PIB) nominal ha promediado 24.085 billones de pesos en los tres primeros trimestres de este año, entonces se ve que el saldo de la deuda bruta del sector público federal representa aproximadamente el 47.7% del PIB.

Deuda del sector público Oct19

Se debe recordar que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en varias ocasiones que durante su gobierno el saldo de la deuda pública no aumentará en términos reales ya que se tiene una meta de un superávit primario de 1.0% del PIB, aunque una vez que se toma en cuenta el costo financiero de la deuda este superávit primario se convierte en un déficit fiscal de 2.4% del PIB, por lo que la deuda pública claro que sigue creciendo. ¿Cómo vamos con esta meta? Pues de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el  comparativo del cierre de diciembre de 2018 al cierre de octubre de 2019, tenemos que el saldo de la deuda interna bruta aumentó en 519.4 miles de millones de pesos (mmdp), equivalente a un 7.4% adicional; mientras que el saldo de la deuda externa bruta aumentó en 3.5 miles de millones de dólares, lo que equivale a un incremento de 1.7%. De esta manera, el saldo de la deuda bruta total del sector público reporta un aumento de 472.4 mmdp, lo que representa un incremento de 4.3% en los primeros 10 meses de 2019.

Es importante mencionar que en un contexto de una deuda bruta del gobierno federal creciente, es que no obstante las disminuciones en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México de 8.25% hasta un actual 7.5%, el costo financiero de la deuda ha aumentado de manera importante este año. En el periodo de enero a octubre de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 482.98 mmdp, mientras que en los mismos meses de 2018 fue de 438.34 mmdp, lo que representa un incremento nominal de 10.2% o de un 6.2% en términos reales.

Volviendo al comunicado de la agencia Fitch, éste menciona los elementos que podrían contribuir a la mejora o al deterioro de la calificación crediticia de México en los próximos meses. Entre los aspectos que jugarían a favor están:

– Mejores perspectivas de inversión y crecimiento respaldadas por políticas macroeconómicas creíbles;

– Disminución de la carga de la deuda pública y reducción de los riesgos de responsabilidad contingente relacionados con Pemex;

– Mejora en los indicadores de gobernanza a un nivel más cercano al promedio de la categoría de la calificación BBB.

Por su parte, los eventos que podrían resultar en una baja de nuestra calificación son:

– Un debilitamiento de la congruencia y credibilidad del marco de la política macroeconómica y/o un continuo bajo desempeño macroeconómico, por ejemplo un crecimiento consistentemente débil;

– Un aumento de la tendencia de la carga de la deuda pública, evidenciado por una trayectoria ascendente en el índice de deuda del sector público;

– El deterioro en los indicadores de gobernanza que amplíe aún más la brecha respecto de los  puntajes de otros países de la categoría BBB.

2018-03-13T011242Z_357512528_RC1E9454AA50_RTRMADP_3_MEXICO-PEMEX-e1547050156479-640x360¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que se le reconoce al gobierno federal un manejo “prudente” de las finanzas públicas, pero los grandes riesgos ahí subsisten. Hay que recordar que para el 2020 se anticipa un superávit primario de apenas 0.7% del PIB (menor al de 1.0% de este año), lo que se traducirá en un déficit fiscal total del PIB. Diversos analistas han criticado que el Presupuesto de Ingresos del año que viene es muy optimista con respecto a la plataforma de producción petrolera y que antes de ver un aumento de la producción veremos mayores disminuciones en 2020. De igual gorma es demasiado optimista en sus proyecciones de ingresos derivados de recaudación de impuestos como ISR e IVA, ya que definitivamente no hay forma de que crezcamos a una tasa del 2.0%, como se anticipa en los CGPE 2020.

Se debe destacar que en 2019 no se lograron las metas de ingresos petroleros por un monto equivalente a 0.5% del PIB, por lo que el gobierno habrá utilizado hasta 150 mmdp del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros (FEIP), pero a dicho fondo ya no le quedará mucho para sacarle en el 2020 por lo que seguramente para el 2021 ya habrá quedado vacío cubriendo los faltantes de ingresos petroleros, derivado de las cuentas alegres que se han hecho. Esto obliga a una reforma fiscal, a la cual el gobierno federal no le ha querido entrar ahora y ha anunciado que será hasta el 2022.

Queda claro pues que Fitch nos da el voto de confianza, por ahora, pero habrán de tomarse importantes medidas a lo largo de 2020 para mitigar los riesgos, si no queremos ver nuestra calificación de deuda degradada. Veremos que dicen las otras dos calificadoras (Moody´s y Standard and Poor´s) al respecto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Para crecer hay que sustituir importaciones

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El nulo crecimiento económico debe forzar al gobierno federal a buscar alternativas para crecer. 

Después de la gran decepción ocasionada por una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), de 0.0% en los primeros nueve meses de 2019, el gobierno federal debe estar pensando sobre las medidas de política económica que se deben implementar para retomar el sendero del crecimiento. El reciente anuncio del Programa Nacional de Infraestructura, que desarrollará el gobierno federal y el sector privado, quedó corto en cuanto a las posibilidades de crecimiento que éste pueda generar, ya que en el mejor de los casos éste incidirá en un 0.7% del PIB anual del 2020 al 2024. Por su parte, muchos analistas estiman que habrá una desaceleración económica en los Estados Unidos al pasar de un estimado de 2.3% en 2019 a uno de 1.8% en 2020, por lo que será difícil que por el sector externo  llegue el ansiado impulso al crecimiento económico. Por su parte, el gobierno sufrirá un duro apretón fiscal en el 2020 conforme se vaya dando cuenta de que los supuestos bajo los cuales se armó el Paquete Económico 2020 fueron demasiado optimistas y que se quedarán por debajo en sus estimaciones de ingresos fiscales. Finalmente, en cuanto al consumo privado, es posible que derivado de la entrada de más personas al mercado laboral y la llegada de remesas, pues éste crezca a una tasa moderada, de aproximadamente 1.0% en términos reales, una tasa insuficiente para impulsar el PIB nacional.

Dado todo lo anterior, una de las pocas alternativas viables que quedan para fortalecer el crecimiento económico es implementar una política de sustitución de importaciones que incentive la producción nacional. En esta entrega analizamos la situación del comercio exterior de México, en especial con las naciones asiáticas, y generamos una serie de conclusiones al respecto. No se trata de políticas proteccionistas, como veremos más adelante.

Exportaciones

De acuerdo con el INEGI, en el 2018 las exportaciones mexicanas de mercancías sumaron 450.7 miles de millones de dólares (mmdd), y en los primeros nueve meses de 2019 dicha cifra se ubica en los 344.2 mmdd) cifra 3.3% mayor respecto del valor de las exportaciones realizadas en los primeros nueve meses de 2018. Este incremento de 3.3% fue producto de que las exportaciones a América del Norte crecieron 4.7%, las destinadas a Centroamérica aumentaron apenas 0.02%, las destinadas a América del Sur se desplomaron -15.9%, las que van a la Unión Europea cayeron -3.2%, las que van al resto de Europa aumentaron 3.6%, las que van a Asia aumentaron 3.0%, las que van a África crecieron 37.3%, mientras que las destinadas a Oceanía cayeron -22.8%. De esta manera, de los 344.2 mmdd exportados en los primeros nueve meses de 2019, el 83.42% tuvo como destino América del Norte, el 1.41% a Centroamérica, el 2.91% a América del Sur, el 5.39% a la Unión Europea, el 0.37% al resto de Europa, el 0.21% a África, el 0.26% a Oceanía y el restante 0.50% a otras regiones.

De todas estas cifras, hay dos cosas que son preocupantes primero, que no obstante que hay una guerra comercial entre Estados Unidos y China y que Estados Unidos crece a una tasa robusta de 2.3%, nuestras exportaciones a Norteamérica crecieron apenas 4.7%. Por otra parte, preocupa que las exportaciones a otros mercados, como América del Sur y la Unión Europea hayan disminuido, ya que eso provoca que nuestra dependencia con las naciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hay aumentado de 82.29% del total en los primeros nueve meses de 2018 a 83.42% del total de exportaciones en los primeros nueve meses de 2019.

Importaciones

En cuanto a las importaciones totales, éstas sumaron 464.3 mmdd en 2018 y suman 341.5 mmdd en los primeros nueve meses de 2019, lo que implica una caída de -0.5% respecto del valor de las importaciones en los primeros nueve meses de 2018.  La caída de -0.5%  en el valor de las importaciones es producto de una disminución de -2.8% en las importaciones originarias de América del Norte, una caída de -0.9% en las originarias de Centroamérica, disminución de -1.2% en las que vienen de América del Sur, caída de -4.6% en las originarias de la Unión Europea, caída de -13.3% en las que vienen del resto de Europa, un aumento de 4.8% en las originarias de Asia, caída de -29.7% en las que vienen de África y aumento de 24.6% en las provenientes de Oceanía. De esta manera, de los 341.5 mmdd de importaciones registradas en los primeros nueve meses de 2019, tenemos que el 47.61% provino de América del Norte, el 0.45% de Centroamérica, el 2.61% de América del Sur, el 11.33% de la Unión Europea, el 36.19% de Asia, el 0.35% de África, el 0.17% de Oceanía y el restante 0.26% de otras regiones.

De todas estas cifras, llama la atención que de todos los orígenes de nuestras importaciones, sólo hayan aumentado las que vienen de Asia y Oceanía. Preocupa que cada vez dependemos más de las importaciones originarias de naciones asiáticas, ya que éstas pasaron de representar el 34.33% del total en los primeros nueve meses de 2018 a ser el 36.19% del total en los primeros nueve meses de 2019. Por su parte, la dependencia de importaciones originarias de países TLCAN disminuyó al pasar de 48.71% en los primeros nueve meses de 2018 a 47.61% en los primeros nueve meses de 2019.

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Saldo de la balanza comercial

Producto del incremento de 3.3% en las exportaciones totales y la caída de -0.5% en las importaciones totales, es que pasamos de tener un déficit en la balanza comercial de -10.222 mmdd en los primeros nueve meses de 2018 a tener un superávit de 2.687 mmdd en los primeros nueve meses de 2019. Al analizar el saldo de la balanza comercial por región en los primeros nueve meses de 2019, vemos que con América del Norte tenemos un superávit de 124.6 mmdd, con Centroamérica el superávit es de 3.308 mmdd, con América del Sur el superávit es de 1.118 mmdd, con la Unión Europea registramos un déficit de -20.136 mmdd, con el resto de Europa el déficit es de -2.263 mmdd, con Asia hay un gigantesco déficit de -104.557 mmdd, con África el déficit es -0.473 mmdd, mientras que con Oceanía hay un superávit de 0.287 mmdd.

Los datos muestran claramente que utilizamos el superávit en la balanza comercial con América del Norte, para básicamente financiar nuestros desequilibrios comerciales con las naciones europeas y asiáticas, en especial con estas últimas.

Situación con Asia

El tema del desequilibrio comercial con Asia es preocupante, porque es un problema crónico para la economía nacional, y muestra de ello es que a pesar de que el crecimiento del PIB mexicano es de 0.0% en los primeros tres trimestres del año, nuestras compras de mercancías de origen asiático aumentaron 4.8%.

El déficit de la balanza comercial con las naciones asiáticas de -104.557 mmdd, registrado en los primeros nueve meses de 2019 se concentra en un grupo de nueve países (en paréntesis se menciona el monto del déficit con cada nación): China (-56.594 mmdd), Japón (-10.589 mmdd), Corea del Sur (-9.873 mmdd), Malasia (-8.223 mmdd), Taiwán (-6.466 mmdd), Tailandia (-4.192 mmdd), Vietnam (-4.038 mmdd), Filipinas (-2.218 mmdd) e Indonesia (-1.161 mmdd).

El caso de nuestro déficit comercial con China es especialmente preocupante, ya que es un problema crónico. El déficit fue de apenas -2.676 mmdd en el año 2000, y aumentó a -22.750 mmdd en 2006, creció hasta -51.215 mmdd en 2012 y llegó hasta los -76.081 mmdd en el 2018. De continuar la tendencia observada en los primeros nueve meses de 2019, terminaremos este año con un déficit comercial con China de unos -77.5 mmdd.

SBC China

Recomendaciones de política económica

Es urgente que se tomen acciones para remediar nuestro abultado déficit comercial con las naciones asiáticas y en espacial, con China. Si logramos disminuir 10% nuestras importaciones desde Asia, eso implicaría reducir nuestras importaciones totales en unos 17 mmdd, cifra que representa el 1.4% del PIB. Esos 17 mmdd menos de importaciones serían compensados con producción nacional de una gran gama de productos, los cuales van desde textiles, vestido, calzado, muebles, equipo electrónico, entre muchos más.

¿Cómo lograr disminuir 10% nuestras importaciones de naciones asiáticas en el corto plazo? Una primera acción sería combatir frontalmente el contrabando técnico y la subvaluación, así como las prácticas desleales de comercio (dumping y subsidios). Es bien sabido que un elevado porcentaje de importaciones, originarias de China y Vietnam, son realizadas con precios que no reflejan ni siquiera el costo de las materias primas requeridas para su fabricación. En este sentido, el hacer más expedito el armado de casos de remedio comercial en la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales (UPCI), así como realizar cambios a la Ley Aduanera, para darle más herramientas a la autoridad para desechar el valor de las mercancías, cuando éstas están claramente subvaluadas, es fundamental. De igual forma, el endurecer las penas y sanciones para quienes realizan contrabando, equiparando a éste como un delito de defraudación fiscal, ayudaría a aumentar la percepción de riesgo e inhibir estas conductas.

Combatiendo el contrabando, la subvaluación y las prácticas desleales de comercio, se daría una corrección en los precios de las mercancías que vienen de China y Vietnam, lo que ayudaría a aumentar la producción nacional en beneficio de miles de familias mexicanas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué el “ajuste estacional” es un engaño?

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir sobre este tema, y dada la reciente publicación de los datos del Producto Interno Bruto (PIB) correspondiente al tercer trimestre de 2019, y la confusión que arrojan las diferentes tasas de crecimiento publicadas, decidí no dejar pasar más tiempo sin externar mi opinión. Hoy escribo respecto de un tema que se presta al engaño a la opinión pública por su naturaleza intrínseca de  manipulación de información estadística: el ajuste estacional de series de tiempo.

La publicación de estadísticas oficiales por parte del INEGI en lugar de ser un ejercicio sencillo para que la mayoría de la población sepa cómo vamos en diferentes indicadores, frecuentemente es motivo de confusión, sobre todo cuando se trata del dato de variables tan importantes como el crecimiento del PIB. Sucede que, por ejemplo, para el tercer trimestre de 2019 hay tres datos oficiales de crecimiento del PIB, los cuales menciono a continuación: a. Variación anual del PIB con cifras originales: -0.3%; b. Variación trimestral del PIB con cifras desestacionalizadas: 0.0%; y c. Variación anual del PIB con cifras desestacionalizadas: -0.2%.

El primer porcentaje se refiere al crecimiento real (ajustado por inflación) del valor del PIB del tercer trimestre de 2019 respecto del PIB del mismo trimestre de 2018 y se obtiene de una serie de tiempo que simplemente plasma el valor de producción de bienes y servicios en la economía.  El segundo y tercer datos se derivan de una serie de tiempo que fue “ajustada estacionalmente”, es decir una serie de tiempo que fue manipulada sometiéndola a un método estadístico que elimina el efecto de elementos estacionales en una serie de tiempo que exhibe variaciones que son claramente provocadas por estacionalidad o por la época del año (por ejemplo, que en diciembre el consumo es más elevado que en febrero).

Entonces, dados los tres valores del crecimiento del PIB, todos oficiales, ¿cuál es el “bueno”? Pues de acuerdo a la escuela tradicional o la vieja escuela, el primero (con cifras originales) es el mejor ya que denota la realidad percibida en los bolsillos de las personas y en las cajas registradoras de las empresas, con independencia de consideraciones estacionales. A lo largo de esta entrega veremos cómo es que el utilizar cifras desestacionalizadas no es más que un truco estadístico que implica manipular series de tiempo, por lo que se pierde el sentido de lo que verdaderamente ocurre con la economía y su impacto en los bolsillos de la población.

PIB Originas y desestacionalizado

Esta manipulación queda evidenciada cuando comparamos la serie original con la serie desestacionalizada del PIB real (en pesos de 2013) de los últimos cuatro trimestres. Tenemos que la serie desestacionalizada del PIB reporta 203.9 miles de millones de pesos (mmdp) adicionales respecto de la serie original en el cuarto trimestre, reporta 25.8 mmdp adicionales en el segundo trimestre de 2019, reporta 278.5 mmdp  adicionales en el primer trimestre de 2019 y reporta 459.3 mmdp menos que la serie original en el cuarto trimestre de 2018.  O sea el punto es que en el tercer trimestre de 2019 la gente sintió realmente en su bolsillo un PIB real de 18.348 billones de pesos, mientras que la serie desestacionalizada reporta un PIB real de 18.552 billones de pesos. ¿Se observa la manipulación de las cifras? ¿Se entiende que el medir el crecimiento del PIB con estos datos manipulados es una tomada de pelo porque no muestra lo que la gente vive?, ¿Cómo es posible que la serie desestacionalizada implique 342.8 mmdp adicionales de PIB en el periodo del primer trimestre de 2015 al tercer trimestre de 2019 y muchos economistas tomen estas cifras como las buenas para medir el crecimiento económico?

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Respecto del tema del uso de series desestacionalizadas, cabe hacer mención de un artículo de Lee Adler, publicado el 15 de enero de 2012 en el portal de internet The Wall Street Examiner, y titulado “¿Por qué el ajuste estacional apesta?”. En dicha entrega, el autor califica la utilización de series desestacionalizadas como un “odioso proceso estacional de hacer trampa, fingir, falsificar, manipular o como quieran llamarlo.”

El autor se pregunta ¿Por qué los economistas y los expertos pagados de Wall Street usan solo datos ajustados estacionalmente? A lo que él mismo responde que “puede ser porque son demasiado flojos, porque la mayoría de las agencias gubernamentales que publican estos datos los proporcionan. O tal vez quieren manipularnos o tal vez porque creen que somos demasiado tontos para entender la diferencia entre una serie original y una desestacionalizada.”

Adler agrega que no somos tontos y elabora una crítica respecto de la capacidad de algunos  economistas y expertos de hacer pronósticos de mediano plazo que sean certeros. Señala que gran parte de las fallas en los pronósticos se debe a que los economistas utilizan series desestacionalizadas en lugar de series originales y menciona que los economistas suelen obtener pronósticos correctos sólo en menos de la mitad de las veces, lo que es probablemente peor que el resultado de un ejercicio de adivinar resultados de manera aleatoria. Respecto al asunto de los pronósticos, coincido completamente con Adler y esto ha sido motivo de reiteradas críticas de mi parte a los siempre equivocados pronósticos macroeconómicos publicados, por ejemplo, en la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco de México.

Para ilustrar esto, tenemos que en la encuesta de diciembre de 2018, los encuestados por el Banxico pronosticaron que en el 2019 sucedería lo siguiente: Inflación de 3.85%, Crecimiento del PIB de 1.89%, Tipo de cambio de 20.79 pesos por dólar y Tasa de fondeo interbancario de 8.22%. Como puede verse, ¡no le atinaron a ninguna variable! Y no es la primera vez que esto sucede, cada año es lo mismo, los “expertos” encuestados por el Banxico son tan buenos haciendo pronósticos como lo sería un niño al que se le dieran a escoger al azar determinados valores dentro de un rango. ¿Y a qué se debe entonces estas grandes fallas? Pues como lo señala Adler, en parte a la realización de modelos económicos que utilizan series de tiempo manipuladas estadísticamente como las series desestacionalizadas.

En mi despecho de GAEAP realizamos nuestros pronósticos macroeconómicos utilizando series originales, además de que somos bastante realistas porque no tenemos interés de andar quedando bien con el gobierno federal. Muestra de ello es que en un artículo publicado en economex.blog, desde el 25 de agosto de este año, predijimos que el PIB este año tendría un desempeño de entre -0.5% y 0.0% (https://economex.blog/2019/08/25/la-decepcion-del-pib-mexicano/). Esto mientras que en agosto de este año, los analistas encuestados por el Banxico aun pensaban que el PIB crecería 0.5% en el 2019. Obvio, se equivocaron al principio de año y se seguían equivocando a mediados.

¿Por qué el pronóstico de GAEAP fue más acertado que el de los economistas encuestados por el Banxico? Pues además del tema del uso de series originales vs series desestacionalizadas, está el hecho de que nosotros vivimos en el mundo real, mientras que muchos de los “expertos” encuestados por el Banxico, muchos de ellos economistas, muy bien remunerados por sus jefes del sistema financiero, viven en torres de marfil, sin tener que preocuparse por las pruebas y tribulaciones diarias que el resto de nosotros conocemos como la “realidad”, la cual no es ajustada estacionalmente.

Por cierto, ¿cuándo harán los medios especializados, como El Financiero, El Economista o Forbes un reportaje respecto de lo fraudulentas que son la mayoría de los pronósticos de los analistas encuestados por el Banxico? Creo que sabemos la respuesta.

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Los analistas encuestados por el Banxico tienen grandes márgenes de error en sus pronósticos. 

Los números ajustados estacionalmente a menudo se alejan de la realidad por la naturaleza misma del proceso arbitrario de ajuste estacional. Los economistas y los medios se centran casi por completo en este sinsentido, que intenta comparar un número ficticio con otro número ficticio para derivar un cambio porcentual ficticio de mes a mes o de trimestre a trimestre. Mientras tanto, ignoran los datos reales.

Los datos no ajustados estacionalmente (NSA por sus siglas en inglés) o series originales son los datos reales. Los datos ajustados estacionalmente son una ficción absoluta, y con frecuencia sobrepasan o subestiman la tasa real de cambio de la tendencia (como se señaló líneas arriba), y a veces incluso van en la dirección opuesta al impulso real de la tendencia. Muchos de los analistas de las grandes firmas financieras, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la OCDE, intentan minimizar los datos reales llamándolos datos “no” ajustados estacionalmente, lo que conlleva la connotación de que de alguna manera “estacionalmente ajustado” sin el “no” en frente es lo real, cuando lo contrario es lo cierto.

Al parecer pues, estos analistas de las grandes empresas financieras, organismos internacionales y algunos economistas académicos tienen otros intereses y no realizan el análisis simple de comparar los cambios año a año y la tasa mensual de cambio en los datos reales de los años pasados ​​para tener una idea clara de hacia dónde se dirige la tendencia. Es muy fácil hacerlo cuando los datos se colocan en un gráfico. Pero a diferencia de los analistas técnicos que realmente saben leer patrones y tendencias en datos en los que aparece mucho ruido, la gran mayoría de los economistas que se venden al mejor postor, no tienen idea de cómo hacerlo. El proceso es muy simple. Quizás ese sea el problema. Les gusta la complicación porque piensan que pone la verdad fuera del alcance del público en general. En realidad, el público lo entiende porque lo vive todos los días. Son estos economistas los que no lo entienden.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Relanzar la manufactura para romper su dualidad

que-es-un-empleo-formal-e-informal-600x345 2El 2019 ha sido bastante complicado para la mayoría de las ramas de actividad de la industria manufacturera. Los meses pasan, la actividad va en decremento y desafortunadamente no se ve ninguna política pública en el horizonte que haga pensar que en el corto plazo la situación para la manufactura nacional pueda mejorar de manera sustancial. El mal desempeño de la mayoría de sus ramas de actividad se debe principalmente a la contracción del mercado interno, ya que esta caída ocurrió no obstante que el valor en dólares de sus exportaciones aumentó 4.6% en el acumulado de los primeros nueve meses de 2019, mientras que el valor en dólares de sus importaciones creció apenas 0.6% en el mismo periodo.

Para dar cuenta del desempeño de la principal actividad del sector secundario de la economía, tenemos que la semana que recién concluye se publicaron los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI al mes de septiembre. En ella podemos ver que en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018, el valor de la producción de las manufacturas aumentó apenas 2.16% en términos nominales; sin embargo, al tomar en cuenta la inflación del periodo vemos que dicho valor de producción disminuyó en -1.11% en términos reales. De esta manera, en el acumulado de los primeros nueve meses de 2019, el valor de la producción de la industria manufacturera muestra un incremento nominal de 2.25%, pero al tomar en cuenta la inflación del periodo vemos que dicho indicador presenta una caída acumulada de -1.56%. Este desempeño contrasta con los incrementos en términos reales de 2.16% en 2018 y de 5.39% en 2017.

¿Cuál fue el desempeño específico de cada una de las ramas de actividad manufacturera durante el tercer trimestre de 2019? Para responder esta pregunta, a continuación se presenta la variación del valor de la producción de cada una de las ramas de actividad (en paréntesis se indica el porcentaje de aumento o disminución anualizado y se presentan las actividades ordenadas de mejor a peor desempeño): 1. Industria de las bebidas y del tabaco (5.41%); 2. Fabricación de equipo de transporte (3.98%); 3. Fabricación de maquinaria y equipo (2.07%); 4. Industria alimentaria (0.83%); 5. Industria de la madera (0.36%); 6. Industria del plástico y del hule (0.24%); 7. Industria del papel (-0.65%); 8. Fabricación de prendas de vestir (-1.15%); 9. Otras industrias manufactureras (-1.36%); 10. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-2.07%); 11. Impresión e industrias conexas (-2.30%); 12. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-2.48%); 13. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-2.86%); 14.  Fabricación de muebles, colchones y persianas (-3.39%); 15. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-4.81%); 16. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-5.43%); 17. Industrias metálicas básicas (-7.89%); 18. Industria química (-9.23%); 19. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-10.16%); 20. Fabricación de productos metálicos (-10.22%); y 21. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-15.15%).

factory-robots-making-carComo puede apreciarse, México vive una dualidad en su manufactura porque de las 21 ramas de actividad manufacturera, solamente seis presentan incremento en términos reales en el periodo del tercer trimestre de 2018 al mismo trimestre de 2019. Sin embargo, estas seis ramas de actividad que reportan aumento representan el 63.0% del valor de la producción manufacturera del país, aunque esto se debe principalmente porque en dicho grupo se encuentra la rama de Fabricación del equipo de transporte (sector automotriz), la cual por si sola representa el 36.0% del total del valor de la producción manufacturera de México.  Puesto de otra forma, la situación es preocupante porque si excluimos del análisis a la Fabricación de equipo de transporte, el desempeño de la industria manufacturera en su conjunto sería de una caída en términos reales de -3.8% en su valor de producción en el tercer trimestre de 2019.

Para comprender mejor lo que sucede con la industria manufacturera, también es necesario mencionar que si bien las seis ramas de actividad que reportan incremento en términos reales en su valor de producción en el tercer trimestre de 2019, representan el 63.0% del valor de producción total, estas industrias generan el 55.7% de los 4.354 millones de puestos de trabajo existentes en la industria manufacturera. Esto implica que el restante 44.3% de la población ocupada en la industria manufacturera labora en ramas de actividad que se encuentran en un proceso de contracción de su valor de producción.

Al hablar de la evolución de la manufactura, es pertinente especificar que su desempeño no es homogéneo a lo largo del país, y que hay diferencias sustanciales en las regiones. De acuerdo con la misma EMIM, en cuanto a la evolución del valor de la producción por entidad federativa, tenemos que entre el tercer trimestre de 2018 y el mismo trimestre de 2019, el estado de mejor desempeño en términos reales fue Tamaulipas, con un incremento de 19.3%. A continuación se presenta el desempeño del resto de los estados (en paréntesis se indica el porcentaje anualizado de cambio en términos reales): 2. Baja California (11.9%), 3. Sonora (10.6%), 4. Aguascalientes (10.0%), 5. Michoacán (8.8%), 6. Coahuila (7.8%), 7. Jalisco (2.6%), 8. Chihuahua (2.4%), 9. Guanajuato (1.9%), 10. Puebla (1.6%), 11. Sinaloa (0.7%), 12. Querétaro (0.6%), 13. Baja California Sur (-0.5%), 14. Ciudad de México (-2.2%), 15. Yucatán (-2.5%), 16. Zacatecas (-2.7%), 17. Nayarit (-3.9%), 18. Quintana Roo (-4.8%), 19. Nuevo León (-5.0%), 20. Hidalgo (-5.9%), 21. Guerrero (-6.1%), 22. Tlaxcala (-6.3%), 23. Durango (-6.6%), 24. Estado de México (-8.4%), 25. Veracruz (-9.7%), 26. San Luis Potosí (-10.5%), 27. Morelos (-14.1%), 28. Campeche (-14.6%), 29. Colima (-15.9%), 30. Tabasco (-16.7%), 31. Oaxaca (-24.5%) y 32. Chiapas (-31.4%). Como puede apreciarse, de las 32 entidades del país, solo 12 muestran incremento en términos reales en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018.

Las 12 entidades federativas que presentan incrementos anualizados en términos reales en su valor de producción manufacturera representan el 54.6% del valor total de la manufactura nacional y puede apreciarse que en su mayoría son estados ubicados en el norte y centro del país. Además de ser  estados en los que en su mayoría hay una importante presencia de la industria automotriz.

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Un ciclo económico virtuoso

Todo este complejo panorama debe movernos a la acción e implementación de políticas públicas tendientes a crear un ambiente macroeconómico propicio para la inversión y el crecimiento económico. México tiene un gran potencial para consolidarse como potencia manufacturera global y desplazar a China en la fabricación de muchos productos. Las autoridades del gobierno federal deben entender que la manufactura es extremadamente importante como estrategia de desarrollo nacional. Es por ello que quisiera recordar lo que escribí en un artículo de octubre de 2016, en el que cito a Jon Rynn, autor del libro “Manufacturando Prosperidad Verde; El Poder para reconstruir la clase media estadounidense”, y quien explica las razones por las que la manufactura debe ser muy importante para cualquier país:

  1. La manufactura ha sido el sendero hacía el desarrollo. El crear un sector manufacturero de alta calidad para poder desarrollar riqueza nacional y poder, ha sido el logro estratégico de las naciones ricas durante varios cientos de años. Tal como lo señala Erik Reinert en su libro “Porque los países ricos se hicieron ricos…y los pobres se quedaron pobres”, desde el surgimiento de Inglaterra en el siglo XIX, pasando por el surgimiento de los Estados Unidos, Alemania, Japón, y la Unión Soviética en el siglo XX, hasta la experiencia de los nuevos países industrializados como Corea, Taiwán y China, la manufactura ha sido la clave para la prosperidad.
  2. La manufactura es el cimiento para un “Gran poder” global. Las naciones más poderosas del mundo – los “Grandes Poderes”- son aquellas que controlan la mayor parte de la producción global de tecnología manufacturera. Esto significa que no es suficiente simplemente tener fábricas que produzcan más bienes, sino que preferentemente se debe saber cómo construir las máquinas que producen los bienes. Así pues, la clave para el poder económico es tener la capacidad de crear los medios para la producción (bienes de capital).
  3. La manufactura es la causa más importante para el crecimiento económico. El crecimiento de la producción de maquinaria para la manufactura, así como las mejoras tecnológicas en dicha maquinaria, son las principales fuerzas para el crecimiento económico. Si no hay industrias de maquinaria en un país no habrá crecimiento económico sostenido en el largo plazo.

A este respecto quisiera comentar que en el caso de México, el PIB de la fabricación de maquinaria y equipo muestra una tasa de crecimiento promedio anual de 1.4% en el periodo del año 2013 al segundo trimestre de 2019, lo cual es claramente insuficiente y preocupa que en el segundo trimestre de 2019 dicha actividad registró una caída anualizada de -3.7% en su PIB.

  1. El comercio internacional está basado en bienes, no en servicios. Un país no puede intercambiar servicios para obtener todos los bienes que requiere. De acuerdo con la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 80% del comercio mundial es de mercancías y solo el 20% es de servicios. Estados Unidos ha aprendido de una forma ruda lo que sucede cuando se desmantelan las fábricas y se mudan los procesos productivos a otras naciones, y lo podemos ver con un abultado déficit comercial de 621 mil millones de dólares en 2018.
  2. Los servicios dependen de los bienes manufacturados. Los servicios son básicamente el acto de usar bienes manufacturados. No se puede exportar la experiencia de usar algo. El sector comercio al mayoreo y menudeo, que en el caso de México representa el 17.5% del PIB mexicano en el segundo trimestre de 2019 (en Estados Unidos es el 11%), no es más que el acto de comprar y vender bienes manufacturados, lo que indica que si no hay manufactura no hay comercio.
  3. La manufactura crea empleos. La mayoría de los trabajos, de manera directa o indirecta, dependen de la manufactura, por lo que tener un sector manufacturero fuerte puede generar millones de empleos adicionales. En los Estados Unidos se han hecho estudios por parte del Economic Policy Institute y se ha encontrado que cada empleo en la manufactura es el soporte de otros tres empleos, lo cual hace sentido considerando los cinco puntos antes mencionados. Por otra parte, se estima que si Estados Unidos lograra tener la misma participación que Alemania de la manufactura en su PIB, podría crear 10 millones de empleos adicionales.

Dado todo lo anterior, es indispensable que el gobierno federal establezca políticas públicas tendientes a fortalecer todas las ramas de actividad de la industria manufacturera, y no sólo el sector automotriz, que si bien es fuente de una enorme riqueza y divisas, no es la única actividad que puede impulsar el desarrollo de México.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Disminuye el ingreso promedio de la población ocupada en México

1200px-Unemployment_in_Mexico_2009En fechas recientes se han publicado una serie de indicadores de ocupación y empleo que son muy preocupantes y que dan cuenta de que el estancamiento del Producto Interno Bruto (PIB), observado en el acumulado de los primeros tres trimestres del año, ya ha afectado negativamente al mercado laboral, y que por lo tanto, pronto tendrá un impacto en la escasa fortaleza que le quedaba al mercado interno. A continuación se presenta la información:

De acuerdo con los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el periodo del tercer trimestre de 2018 al mismo trimestre de 2019, la población ocupada total a nivel nacional aumentó en 1.173 millones de personas, lo que implica un incremento de 2.1% y ubica a la población ocupada total en México en 55.202 millones de personas. Si consideramos que el número de trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al cierre de septiembre de 2019 fue de 20.567 millones de personas, entonces tenemos que del total de personas laborando, solamente el 37.25% cuenta con la prestación del IMSS. Pero si tomamos en consideración que poco más de 4 millones de personas son trabajadores registrados en el Instituto de Seguridad Social para los Trabajadores al Servicio del Estado (ISSTE), entonces tenemos que el total de personas ocupadas que gozan de seguridad social en nuestro país es de aproximadamente el 44.5% de la población ocupada. Estos datos preocupan, porque denotan una enorme incidencia de la economía informal, y preocupan aun más, cuando tomamos en consideración que la enorme mayoría de quienes trabajan en México lo hacen con niveles de ingreso muy bajos, como veremos a continuación.

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De acuerdo con la ENOE, al tercer trimestre de 2019, esta población ocupada en México estaba conformada de la siguiente manera, en función de su nivel de ingresos: había 3.485 millones de personas laborando sin recibir ingresos, 10.948 millones de personas ganando menos de un salario mínimo (s.m.) al día, 17.531 millones que ganan entre 1 y 2 s.m. diarios, 10.038 millones de personas que ganan entre 2 y 3 s.m., apenas 4.629 millones de personas ganando entre 3 y 5 s.m. y sólo 1.810 millones de personas que ganan más de 5 s.m. por día. Cabe señalar que 6.757 millones de personas ocupadas no especificaron su nivel de ingresos en la ENOE.

Si dejamos de lado la población ocupada que no especificó su nivel de ingresos, los anteriores datos implican que en nuestro país el 86.7% de la población ocupada que reportó sus ingresos, percibe menos de tres salarios mínimos al día, equivalentes a 308.04 pesos diarios o 9,364 pesos al mes (unos 482 dólares al tipo de cambio promedio del trimestre, de 19.43 pesos por dólar).

Como hemos señalado en anteriores entregas, la situación económica nacional se ha deteriorado de manera que no obstante que se dio un aumento de 16.2% en el salario mínimo a partir del 1 de enero de 2019, el nivel de ingresos de la población ocupada en México se ha deteriorado este año en términos reales y a continuación analizamos las causas.

Comencemos analizando la evolución de la población ocupada por nivel de ingreso en el periodo del tercer trimestre de 2018 al mismo trimestre de 2019. Vemos que la población ocupada que no recibe ingresos aumentó en 5 mil 607 personas, la que gana menos de 1 s.m. creció en 2.401 millones, los que ganan de 1 a 2 s.m. aumentaron en 2.418 millones, mientras que los que perciben de 2 a 3 s.m. crecieron en 185 mil 722 personas. Lo desafortunado es que en el mismo periodo los que ganan de 3 a 5 s.m. disminuyeron en 2.279 millones de personas y los que perciben más de 5 s.m. bajaron en 594 mil 921 personas. Se podría argumentar que esta evolución se debe a que el salario mínimo aumentó de manera importante, pero a pesar de esto las cifras muestran que la persona ocupada promedio en México gana en el tercer trimestre de 2019 menos que en el mismo trimestre de 2018, una vez que descontamos la inflación.

Sobre la base de la información anterior, podemos estimar que la población ocupada en México ganaba 2.16 s.m. diarios en el tercer trimestre de 2018 y en el tercer trimestre de 2019 el ingreso promedio de la población ocupada es de 1.90 s.m. Al tomar en consideración el salario mínimo nominal, vemos que en el tercer trimestre de 2018 la persona ocupada promedio percibía 190.46 pesos diarios, mientras que en el tercer trimestre de 2019 dicho nivel de ingresos promedio fue de 195.53 pesos al día, lo que implica un aumento nominal de 2.7%. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación del periodo fue de 3.3%, pues esto implica que el ingreso promedio de la población ocupada cayó -0.6% en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto de los mismos meses de 2018.

Respecto al ingreso promedio de la población ocupada, un dato sumamente negativo es que si bien el ingreso promedio nominal es de 195.53 pesos, el de los hombres que trabajan es de 211.89, mientras que el de las mujeres fue de 170.35 pesos. Esto indica que en promedio los hombres ganan 24.4% más que las mujeres. ¿Esta es una situación que este en vías de mejorar? La evidencia muestra que no, ya que en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, el ingreso promedio que perciben los hombres subió 0.2% en términos reales, mientras que el de las mujeres cayó -1.5% en términos reales.

Retomando el tema de los datos agregados, debemos señalar que el hecho de que en el último año haya crecido la población ocupada total en 2.1%, aunado a un incremento nominal de 2.7% en los ingresos promedio de ésta, provocaron que la base salarial nominal se hubiera incrementado en 4.9%; sin embargo, si tomamos en cuenta la inflación del periodo, vemos que el incremento de la base salarial en términos reales es de apenas 1.5%.

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Como lo hemos señalado en pasadas entregas, este aumento marginal de la masa salarial en términos reales, es lo que genera cierto crecimiento económico inercial, pero cuando vemos que el incremento de la masa salarial se da en un contexto en el que los ingresos promedio de la población ocupada van a la baja, pues queda claro porque los fabricantes no pueden incrementar los precios de sus productos. Simplemente se venden más unidades a una población que en promedio cada vez gana menos. El hecho de que los fabricantes no puedan aumentar precios, en un contexto en el que los costos de producción van al alza, erosionan los márgenes de utilidad de las empresas y se obstaculiza la capacidad de que éstos realicen inversiones productivas. Esta falta de inversión, a su vez provoca que haya un estancamiento de la productividad de la mano de obra, lo que a su vez limita las posibilidades de aumentar los niveles de ingreso de la población ocupada.

Antes de proceder a realizar algunas conclusiones, considero que también es pertinente tomar en cuenta que si bien el ingreso promedio nominal de la población ocupada en México fue de 195.53 pesos al día, a septiembre de 2019, el salario base de cotización de trabajadores asegurados al IMSS alcanzó un monto de 374.50 pesos diarios. Esto es indicativo de que quienes gozan de un empleo formal tienen un nivel de ingresos 91.53% por encima del ingreso promedio de la población ocupada total. Dado lo anterior, debe quedar claro que una de las prioridades del actual gobierno federal debe ser seguir avanzando en la formalización del empleo.

trabajo-informal¿Qué hacer para revertir esta situación? Pues sin duda las políticas públicas deben ir dirigidas a aumentar la productividad de la mano de obra, lo cual requiere forzosamente inversión productiva, en especial por parte del sector privado. Es así que se hace fundamental que el gobierno federal diseñe esquemas fiscales que incentiven la inversión productiva, además de que mejore el clima de confianza empresarial.

Aunado a lo anterior, otro punto que debe ser atendido, por autoridades y empresarios, es el de la formación laboral, la cual le da a los colaboradores de las empresas más herramientas y conocimientos para ser más productivos. En la medida en que una persona sabe hacer más actividades o se profesionaliza en lo que hace, su capacidad de generar ingresos para la organización sube y las remuneraciones que se le pueden pagar también se incrementan sin generar presiones inflacionarias.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt