¿Servirá el alza en las tasas de interés?

La semana que recién concluye, el INEGI dio a conocer diversos indicadores que muestran que si bien la recuperación de la economía nacional está en marcha, el proceso no estará libre de dificultades. En cuanto al Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), éste mostró una disminución de -0.2% en términos reales en el cuarto mes del año en curso respecto al mes previo, con cifras desestacionalizadas. Ahora, en relación a las empresas comerciales, durante abril, sus ingresos por suministro de bienes y servicios disminuyeron -0.4% con respecto al mes inmediato anterior.

En este contexto de un camino hacía la recuperación lleno de baches, es que el INEGI dio a conocer el jueves 24 de junio por la mañana que en la primera quincena de junio de 2021 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una inflación de 0.34% respecto a la quincena inmediata anterior, por lo que con este resultado la inflación anual se ubicó en 6.02%. Con este dato, México  acumula 7 quincenas consecutivas en las que la inflación anual se ha ubicado por encima del 4.0% anualizado. Cabe recordar que la meta de inflación del Banco de México es de 3.0% con un margen de variación de más/menos un punto porcentual.

Derivado de lo anterior, es que ese mismo jueves 24 de junio, la Junta de Gobierno del Banco de México sorprendió a los mercados al anunciar su decisión de incrementar en 25 puntos base el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día a un nivel de 4.25%. Se sabe que esta decisión fue dividida, y que sólo 3 de los 5 miembros de la Junta estuvieron de acuerdo. Digo que resultó una sorpresa porque se había generado una idea de que aunque la inflación estuviera por encima del límite máximo de 4.0%, el Banxico tardaría en aumentar su tasa de interés hasta finales de año, ya que estaría privilegiando la recuperación de la economía nacional. Esto en un contexto en el que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ha dicho que planea subir su tasa de interés hasta 2023, no obstante que la inflación anualizada de aquel país en mayo fue de 5.0%, y hay un fenómeno inflacionario a nivel global por el rápido crecimiento de la demanda, los estímulos monetarios y los múltiples cuellos de botella que se deben resolver.

En el  caso de México, entre las razones para haber realizado el incremento en la tasa de interés objetivo que dio el Banxico, destacan: i) presiones inflacionarias externas; ii) presiones de costos o reasignaciones de gasto; iii) persistencia en la inflación subyacente; iv) depreciación cambiaria; y v) que la sequía presione a los precios agropecuarios; aunque también se reconoce que hay elementos que podrían ayudar a que la inflación no sea tan alta, entre los que destacan: i) los efectos de la brecha negativa del producto (la economía mexicana sigue muy por debajo de su potencial); ii) mayores medidas de distanciamiento social; y iii) apreciación cambiaria. Es así que ahora el Banxico estima que la inflación general regresará a la meta de 3% hasta el tercer trimestre de 2022.

Dado lo anterior, es pertinente preguntarnos si la decisión de haber aumentado la tasa de interés objetivo de 4.00% a 4.25% fue acertada o si el Banxico debió haber esperado un poco más. Para tratar de responder esta pregunta analizaremos a continuación la evolución de los diversos componentes del INPC. Cómo ya se señaló, en la primera quincena de enero de 2021 la inflación anualizada fue de 6.02%, producto de que la inflación subyacente fue de 4.58%, mientras que la no subyacente fue de 10.61%.

Dentro de los componentes de la inflación subyacente, vemos que la inflación de mercancías fue de 5.90%, mientras que la de servicios fue de apenas 3.11%. En cuanto a la inflación no subyacente, la inflación de bienes agropecuarios fue de 7.22%, mientras que la de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 13.36%.

Respecto a estos datos quiero destacar varias cosas: 1. Los energéticos y el gobierno han sido los mayores causantes de la inflación a lo largo de este año, ya que los precios de éstos y las tarifas públicas han estado creciendo un promedio de 16.38% anualizado en las últimas 6 quincenas; 2. Los productos agropecuarios han venido acelerando su inflación, ya que ésta pasó de un promedio de 1.32% anualizado en las primeras seis quincenas de este año  a un promedio de 4.95% en las últimas cinco quincenas; 3. La inflación de mercancías no ha tendido mayores cambios, ya que ésta pasó de un promedio anual de 5.58% en las primeras seis quincenas de 2021 a un promedio de 5.72% en las últimas cinco quincenas.

Con estos datos resulta claro que buena parte de la inflación está siendo causada por razones que no son de demanda, por lo que el haber subido la tasa de interés no ayudará a controlar la inflación. Esto me recuerda la frase que hace muchos años dijo el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando se le preguntaba porque el banco central no aumentaba la tasa de interés para combatir la inflación causada por el incremento en el precio del huevo: “(el subir la tasa de interés) no hará que las gallinas pongan más huevos”, dijo en aquella ocasión. En otras palabras, en el momento actual, el incrementar las tasas de interés no hará que bajen los precios de las gasolinas, ni del petróleo, ni hará que disminuya el precio del maíz, ni bajará el precio del pollo, no resuelve los cuellos de botella globales que causan una inflación mundial en los precios de muchos insumos y bienes terminados, entre otros.

El alza en la tasa de interés, a lo mucho, servirá para que haya una menor demanda de bienes y servicios en México, por lo que algunos bienes nacionales podrían experimentar menores presiones inflacionarias derivadas de que los productores continúen con bajas ventas. Cabe señalar que el alza en la tasa de interés podría ayudar a controlar la inflación en la medida en que sirva para que el precio del dólar baje y de esa manera las importaciones sean un poco más baratas. Como muestra tenemos que una vez que se anunció el alza en la tasa de interés objetivo en México, el dólar bajó unos 20 centavos. Sin embargo, pues esto no puede ser una buena noticia porque si se utiliza la tasa de interés para mantener el tipo de cambio bajo en un contexto de inflación, pues lo único que se logrará es aumentar las importaciones, y quitarle competitividad a las exportaciones, en perjuicio de la planta productiva nacional.

Y pues más allá del impacto negativo que tendrá el alza en la tasa de interés en el proceso de recuperación económica, habrá otro impacto negativo en las finanzas de todos aquellos que tienen deudas contratadas con tasa de interés variable o que piensan contratar deuda. Cabe recordar que la deuda del sector público federal fue de 12.329 billones de pesos al 30 de abril de este año y el costo financiero de ésta implica que todos los días el sector público federal paga 1,468.8 millones de pesos diarios por concepto de intereses. Si bien es cierto que parte de esta deuda tiene tasa fija, las renovaciones de deuda en pesos serán pactadas con una tasa de interés más elevada. Lo mismo pasará con la deuda del sector privado, sobre todo aquella que está ligada a lo que suceda con la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), y como muestra tenemos que la TIIE a 28 días pasó de 4.2863% el jueves 24 a 4.5200% el viernes 25 de junio.

A manera de conclusión podemos señalar que aparentemente el alza en la tasa de interés por parte del Banxico tendrá un impacto limitado en la evolución de la inflación y que en todo caso parece que busca más un impacto sicológico en la formación de expectativas de inflación para el mediano plazo. No obstante lo anterior, esto vendrá con un costo en la manera de una menor dinámica económica y de creación de empleos, además de que implicará mayores costos financieros para los gobiernos, empresas y familias. El gran problema es que todo parece indicar que ésta no será el única alza que veremos en los siguientes meses y que es posible que veamos que la tasa de interés objetivo del Banxico llega a niveles de 4.50% o 4.75% al cierre de este año y de 5.0% o 5.25% en junio de 2022.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Inflación, tasas de interés y presiones en el tipo de cambio

Durante la semana que recién concluyó vimos como el tipo de cambio fue presionado al alza, de manera que éste llegó el viernes 18 de junio a niveles cercanos a los 20.70 pesos por dólar, desde los 19.87 pesos observados en el arranque de la semana. Esta evolución resultó sorpresiva para muchos, sobre todo si se toma en consideración que estábamos en un periodo de “estabilidad” cambiaria y que inclusive en la Encuesta Citibanamex de Expectativas del 7 de junio, el consenso manifestó que espera que el tipo de cambio se ubique en 20.50 unidades por dólar al cierre del año.  En esta entrega abordamos las razones de tal ajuste, y de los episodios de volatilidad que estaremos observando en el marcado cambiario, las cuales son principalmente de naturaleza externa, concretamente por lo que está sucediendo con el crecimiento económico de Estados Unidos y las presiones inflacionarias que está generando.

Desde hace varias semanas, no hay día en que los analistas de medios como el Wall Street Journal o de CNN, no mencionen que el fuerte crecimiento de la economía estadounidense está provocando un incremento en su tasa de inflación, misma que fue del 5.0% anual en mayo. Hay todo un debate respecto de si dicho aumento de los precios es un fenómeno temporal o será un fenómeno permanente, por lo que se especula respecto del impacto que esta inflación tendrá en el nivel de tasas de interés en los Estados Unidos y en el resto del mundo.  El impacto de los precios en el nivel de tasas de interés, así como la expectativa del nivel de éstas en el mediano plazo, es preocupante en un contexto en el que la mayoría de países aún se encuentra en un proceso de recuperación económica, cómo es el caso de México. Un movimiento global hacia tasas de interés más altas, con el Banco de la Reserva Federal (FED) encabezando dicho ajuste, genera el riesgo de sofocar los esfuerzos de recuperación económica en algunos lugares, especialmente en un momento en que la deuda de los mercados emergentes ha aumentado.

Los bancos centrales del mundo están atentos a la manera cómo irá respondiendo la FED al aumento de la inflación en EE.UU. En este sentido, los principales mercados bursátiles a nivel mundial cayeron el jueves 17 después de que los funcionarios del banco central estadounidense, tras su reunión de política monetaria, indicaron que esperan comenzar a subir las tasas de interés hacía finales de 2023. Esto es antes de lo que se había anticipado, tras su pasada reunión de marzo de este año, y es una respuesta clara a un posible sobrecalentamiento de la economía estadounidense.

El tamaño de la economía de EE.UU., que representa casi una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y la importancia de sus mercados financieros, han ejercido durante mucho tiempo una gran influencia en la formulación de la política monetaria a nivel global. Esto significa que, por lo general cuando la FED sube sus tasas de interés, los demás bancos centrales (en especial los de países en desarrollo) hacen lo propio. Inclusive, en ocasiones sólo basta con que la FED indique la intencionalidad de subir sus tasas de interés, para que en otros países se realicen ajustes al alza anticipadamente. Pero el crecimiento inusualmente fuerte de nuestro vecino del norte durante este año es fundamental para que la economía mundial se recuperé tras la crisis del 2020. De hecho, las expectativas de que el PIB de México pueda crecer arriba del 5% este año descansan en el supuesto de que la economía estadounidense nos jalará a través del sector exportador. Los funcionarios de la FED esperan que la economía estadounidense crezca un 7% este año, según las proyecciones publicadas el miércoles 16, lo que significa que EE.UU. por si sola generaría 1.75 puntos porcentuales del PIB mundial.

Entonces, anticipándose al apretón monetario que vendrá, los capitales salen de los mercados emergentes y por eso el tipo de cambio en México subió el 17 y 18 de junio. Para proteger sus tipos de cambio, ante la incertidumbre por la inflación y posibles movimientos en tasas de interés en Estados Unidos, es que los bancos centrales de Rusia, Brasil y Turquía subieron sus tasas de interés en las últimas semanas, además de que esta medida también obedece a los esfuerzos para reducir la inflación derivada del aumento de los precios de las materias primas este año. A medida que las fábricas de todo el mundo se esfuerzan por satisfacer la demanda estadounidense, los precios de las materias primas, desde el estaño hasta el cobre, se han disparado en todo el mundo.

El banco central de Brasil recientemente anunció su tercer aumento consecutivo en la tasa de interés de 0.75 puntos porcentuales a 4.25% y anticipó posibles aumentos adicionales en el futuro, mientras lucha contra una inflación del 8.1%. Por su parte, el Banco de Rusia ha elevado su tasa de referencia tres veces este año al 5.5%, luego de que la inflación se acelerara a más del 6% este mes, su nivel más alto en casi cinco años. El martes, la gobernadora Elvira Nabiullina dijo que Rusia continuará aumentando las tasas de interés y no espera que esto obstaculice el crecimiento económico.

El banco central de Turquía aumentó bruscamente su tasa de interés principal al 19% en marzo para contrarrestar la inflación de dos dígitos y la depreciación de la lira. Pero la lira turca ha vuelto a estar bajo presión en las últimas semanas dado que los inversionistas intentan evaluar si el banco central atenderá las demandas del presidente Recep Tayyip Erdogan de recortar las tasas.

Queda claro entonces, con base en lo anterior, que el crecimiento económico de Estados Unidos le esta haciendo bien al mundo porque apoya a las economías nacionales al impulsar las importaciones y las remesas desde Estados Unidos. Pero también la inflación que ocasiona y su impacto en las tasas de interés, aumentará los costos de endeudamiento. El ajuste se da en dos vías: por un lado un dólar más fuerte le ocasiona mayores costos a los países que han contratado deuda en dólares, pero por otra parte, le da más competitividad a los exportadores al abaratar sus productos en términos de dólares.

En el caso de México, la tasa de interés objetivo del Banco de México es del 4.0% y ya casi nadie piensa que ésta pudiera bajar más en lo que resta del año; por el contrario, la expectativa es que pudiera comenzar un ciclo alcista hacía finales de este año o principios del que sigue, en caso de que la inflación se mantenga en los niveles anualizados actuales (4.67% en marzo, 6.08% en abril y 5.89% en mayo). De hecho, considero que una de las principales razones por la que no hemos visto todavía un incremento en la tasa de interés objetivo por parte del Banxico es por la inclusión de Gerardo Esquivel Hernández, Jonathan Heath y Galia Borja Gómez, como miembros de la Junta de Gobierno del banco central. Ellos tres han entrado durante la actual administración federal, y le han dado al Banxico una posición mucho más “paloma” en el sentido de privilegiar el crecimiento y creación de empleos. Esto no obstante que el mandato constitucional del banco central mexicano es preservar el poder adquisitivo de la moneda.

La gran pregunta que queda tiene que ver con lo que sucederá con la tasa de inflación en los Estados Unidos y lo que eventualmente ocurrirá con las tasas de interés por parte de la FED. La incertidumbre respecto de estos posibles movimientos mantendrá al tipo de cambio con alta volatilidad. Esperemos que aquí en México los proveedores de la industria no tomen el tipo de cambio en niveles de 20.70 como pretexto para seguir incrementando los costos de los insumos y materias primas. Eso generaría una espiral inflacionaria y presionaría al Banxico para subir las tasas de interés antes de lo anticipado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Los escenarios optimistas de crecimiento para México

A lo largo del año hemos visto cómo el nivel de optimismo respecto de la recuperación económica de México ha ido en aumento. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) acaba de ajustar su perspectiva de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de este año de 4.5% a 5.0%. También, la semana que concluye la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) hizo lo propio y estableció su pronóstico en una tasa de crecimiento de 6.5%. Y pues tampoco podía faltar el Banco de México, organismo que presentó su Informe Trimestral correspondiente al primer trimestre de 2021 y en él actualizó al alza su pronóstico para este año y para el 2022.  El ajuste que realizó el banco central es muy relevante porque confirma que dicho organismo ha dejado su línea dura de combate a la inflación al costo que sea, por una posición mucho más flexible, en la cual se privilegiará el tener tasas de interés reales negativas para apoyar la recuperación económica del país. En esta entrega presento los escenarios de crecimiento económico planteados por el Banxico, así como los elementos que, de materializarse, ponen en riesgo el que éstos se materialicen.

En su Informe Trimestral el Banxico destaca que en materia de crecimiento de la economía nacional, en 2021 el escenario base es de un crecimiento de 6.0%, en tanto que para 2022 se anticipa un crecimiento de 3.0%. Sin embargo, dada la incertidumbre que persiste alrededor de la dinámica prevista para la actividad económica, se considera que el crecimiento del PIB podría ubicarse entre 5.0 y 7.0% en 2021 y entre 2.0 y 4.0% en 2022.

Es escenario base del Banxico para el 2021 está sustentado en un mejor desempeño de la economía en el primer trimestre del año respecto a lo que previamente se había anticipado, ya que el PIB creció 0.8% entre el cuarto trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021. Sin duda hay expectativas positivas para lo que resta del año, las cuales están principalmente fincadas en la fortaleza de la demanda externa, particularmente por el cuantioso estímulo fiscal otorgado en Estados Unidos. A esto hay que sumarle el impacto positivo en el ánimo de los consumidores nacionales por los mayores avances en el proceso de vacunación y la eliminación de las restricciones a la movilidad que se adoptaron el año pasado y a principios de éste para hacer frente a la pandemia. Por su parte, la previsión de crecimiento del PIB para 2022 está basado en que México regrese a su tasa de crecimiento inercial.

De acuerdo con el Banxico, si en 2021 se materializa un crecimiento cercano a la parte superior del intervalo (7.0%), la actividad económica recuperaría en el último trimestre de este año el nivel observado al cierre de 2019. Con un crecimiento cercano al punto intermedio de los intervalos, dicha recuperación ocurriría hacia el segundo trimestre de 2022. Con un crecimiento cercano a la parte inferior de ambos intervalos, el nivel observado al cierre de 2019 se alcanzaría a principios de 2023.  Puesto de otra forma, si partimos de un valor de 100 en 2019 y la economía cayó 8.2% en 2020, con un crecimiento de 7% en 2021 estaríamos en este año 1.77% por debajo del valor del PIB de 2019. Si en 2022 la economía crece 4.0%, entonces el año que viene estaríamos 2.15% por encima del PIB de 2019. Habrá que ver si este escenario ultra optimista se materializa.

En función de lo anterior y con base en las previsiones para la actividad y la información más reciente sobre el número de puestos de trabajo afiliados al IMSS, el Banxico espera una crecimiento de entre 370 y 570 mil puestos de trabajo para este indicador en 2021. Para 2022, se espera una variación de entre 390 y 590 mil puestos de trabajo. Cabe recordar que en febrero de 2020 se alcanzó el máximo nivel de trabajadores registrados en el IMSS con 20.613 millones, por lo que si en abril de este año había 20.070 millones, eso significa que aún estamos 543 mil empleos abajo. Es así que de materializarse la expectativa más optimista del Banxico, en este año apenas se recuperarían los empleos formales perdidos por la pandemia del Covid19.

Desde luego que hay riesgos para el crecimiento. Las previsiones del Banxico no están talladas en piedra y pudieran no materializarse (también hay una pequeña probabilidad de que inclusive pudieran resultar mejores), ya que siguen los retos para la recuperación en un entorno de alta incertidumbre, ya que la pandemia de Covid19 aún no termina.

Entre los riesgos detectados por el Banxico y que podrían provocar que la tasa de crecimiento del PIB de 6% no se materialice están:

i. Que haya retrasos en la producción, distribución o aplicación de las vacunas o que haya un recrudecimiento de la pandemia, tanto a nivel global, como nacional, que implique la adopción de nuevas medidas de distanciamiento social para contenerla.

ii. Que se generen “cuellos de botella” en las cadenas de suministro a nivel global y éstos generen escasez de insumos para algunos sectores en México, particularmente el automotriz. Del mismo modo, que se dé un episodio de incrementos adicionales en los costos de insumos y de producción en diversos sectores de la economía.

iii. Que se observen nuevos episodios de volatilidad en los mercados financieros internacionales y se afecten los flujos de financiamiento para las economías emergentes. Esto podría ocurrir como resultado de mayores aumentos en las tasas de interés de largo plazo en Estados Unidos o por un aumento en la aversión al riesgo. La reciente inclusión de China en los principales índices globales de inversión de renta fija podría representar un reto para el financiamiento externo del resto de las economías emergentes.

iv. Que la recuperación de la inversión sea menor a la esperada, manteniéndose en niveles bajos respecto de lo requerido para apoyar la recuperación frente a la pandemia y el crecimiento de largo plazo del país.

Por su parte, entre los elementos que podrían hacer que la tasa de crecimiento sea más elevada, destacan:

i. Que la pandemia se disipe con mayor rapidez, particularmente por una campaña de vacunación efectiva, lo que apoyaría la confianza en la economía y las expectativas de una recuperación vigorosa.

ii. Que los estímulos que se han otorgado a nivel internacional contribuyan a restaurar la confianza de consumidores e inversionistas, y a apoyar la recuperación de la economía y el comercio globales.

iii. Que, dentro del marco del T-MEC, la mayor demanda externa esperada ante los estímulos implementados en Estados Unidos induzca un aumento en la inversión productiva.

iv. Que se mantengan condiciones financieras globales propicias para una recuperación económica acelerada.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que afortunadamente este será un buen año en materia de crecimiento y recuperaremos parte de lo que se perdió con la crisis de 2020 y principios de 2021.  Sin embargo, debemos tener claro que la recuperación será más vigorosa en aquellas actividades ligadas al sector externo y que pueden ampliar sus exportaciones a los Estados Unidos. Es una realidad que el consumo interno se recuperará muy lentamente en la medida en que crece el empleo, mientras que el gasto público (sobre todo el de inversión) continuará muy débil. Es por ello que la manufactura será el principal motor de crecimiento y con la recuperación de esta actividad podrá venir el crecimiento para el consumo y los servicios. Esperemos que los pronósticos optimistas del Banxico se materialicen, pero para ello se requiere trabajo y una buena dosis de suerte.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

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El rostro humano de las cifras del PIB en I/21

Durante la semana que termina, varios analistas destacaron que con cifras desestacionalizadas el Producto Interno Bruto (PIB) avanzó 0.8% en términos reales entre el cuarto trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021. Esto sin duda implica una mejoría y provocó que varios despachos ajustaran al alza su pronóstico de crecimiento económico para este año, como es el caso de Goldman Sachs, que lo elevó de 5.3% a 5.9%. No obstante lo anterior, es importante hacer la distinción de lo que es el crecimiento respecto del trimestre inmediato anterior versus el desempeño respecto al mismo trimestre de hace un año.

Aunado a lo anterior, es necesario entender lo que está sucediendo en las diferentes actividades que generan el PIB de nuestro país ya que la cifra agregada pues refleja el promedio, siendo que hay actividades que siguen teniendo un mal desempeño, lo que tiene implicaciones importantes para el bienestar de millones de personas. En esta entrega explicaré varios conceptos, pero antes sólo me gustaría poner como referencia que mientras que México creció 0.8% entre el cuarto trimestre de 2020 y el primero de 2021, el PIB de Estados Unidos creció 6.4 por ciento. 

Es pertinente comenzar mencionando el dato que nos da el INEGI respecto del PIB  Nominal  (PIBN) con cifras originales, mismo que a precios de mercado se situó en 24.903 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2021. Esto implica un aumento de 1.8% con relación al primer trimestre de  2020; sin embargo, cabe señalar que este resultado se originó de la disminución de -3.62% del PIB real (ajustado por inflación) y del incremento de 5.6% del índice de precios implícitos del PIB (inflación del periodo).

Como se señaló en el párrafo anterior, en el comparativo del primer trimestre de 2021 respecto del mismo trimestre de 2020, el PIB total cayó -3.62% con lo que se liga la octava disminución anualizada consecutiva en este indicador. Con este dato, se confirma que a pesar de que hubo una mejoría respecto del trimestre inmediato anterior, seguimos transitando por la crisis económica más prolongada que ha sufrido nuestro país desde 1932. Es así que con todo y que vamos avanzando lentamente, en el comparativo del primer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, el PIB en términos reales registra una caída de -4.86%. Esto implica que no es que sólo nos hayamos caído en el arranque del 2021 en 3.62%, sino que esto se vino a sumar a la disminución anualizada de 1.29% observada en el primer trimestre de 2020.

Ahora, en cuanto al desempeño del PIB por tipo de actividad en el periodo del primer trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021, tenemos que las actividades primarias (agricultura, ganadería, etc.) avanzaron 2.82%, mientras que las secundarias (industria) cayeron -2.66% y las terciarias (comercio y servicios) nuevamente fueron las más afectadas con una disminución de -4.03%. Con estos datos vemos que las actividades primarias ligan 3 trimestres consecutivos con aumentos anualizados, pero las actividades secundarias llevan 10 trimestres seguidos cayendo, mientras que las terciarias ligaron 6 trimestres al hilo con caídas.

Haciendo el análisis de lo sucedido dentro de las actividades secundarias en el primer trimestre de 2021, tenemos que la minería retrocedió -2.72%; la electricidad, gas y agua cayó -6.10%; la construcción se contrajo -6.80%; mientras que las manufacturas cayeron sólo -0.61%.  Respecto a estos datos, se debe señalar que tanto la minería, como la electricidad, gas y agua, acumularon 4 trimestres consecutivos con caídas anualizadas; mientras que la construcción ligó 8 trimestres seguidos con contracciones; y las manufacturas hilaron 6 trimestres seguidos con caídas.  

Como lo he señalado en anteriores entregas, el hablar de disminuciones en el PIB es muy sencillo, pero los números son fríos y no denotan la tragedia que significa la prolongada crisis económica que estamos viviendo. Es así que considero importante hacer mención de algunos de los indicadores más significativos que se desprenden de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del INEGI.

En dicha encuesta, se hace mención que (producto de la crisis económica por la que atraviesa nuestro país) la población ocupada en México en el primer trimestre de 2021 fue de 53 millones de personas, cifra inferior en 2.1 millones comparada con la del primer trimestre de 2020. Esto significa que el número de personas trabajando disminuyó -3.8% en el último año.

Por su parte, derivado de que el PIB de las actividades terciarias disminuyó -4.03% es que se explica que estas actividades hayan perdido 1.9 millones de puestos de trabajo entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021. Dentro de estas actividades destaca lo sucedido con el comercio, actividad que perdió 712 mil ocupados, mientras que los restaurantes y servicios de alojamiento dejaron ir a 656 mil personas en el mismo periodo.

Se debe aclarar que cuando se habla de la disminución de alguna actividad, esto se refiere a la suma de todas las unidades económicas. Es obvio que el impacto de la crisis económica no es igual para una microempresa que para una grande. Es así que se debe destacar que en el último año los micronegocios perdieron 924 mil puestos de trabajo y fueron el tipo de unidad económica que reportó la mayor pérdida de ocupación.

Finalmente, con todo y que en México la economía informal es una importante válvula de escape para evitar que tengamos un problema de desempleo más grande, tenemos que en el primer trimestre de 2021 la población desocupada (aquella que se encontraba sin trabajar, que estaba disponible y estuvo buscando trabajo), fue de 4.4% de la Población Económicamente Activa (PEA), lo que implica a 2.4 millones de personas desempleadas, cifra superior en 455 mil personas a la observada en el primer trimestre de 2020.

Con estos datos queda claro que la recuperación económica está en marcha y que todo parece indicar que a pesar de la falta de políticas públicas por parte del gobierno federal que incentiven la inversión, este será un buen año en materia de crecimiento. Sin embargo, no podemos dejar de admitir que hay sectores que aún están muy afectados por la crisis económica y que son los que más puestos de trabajo han perdido. Es importante Incentivar la demanda interna de productos mexicanos y no sólo depender del sector exportador para lograr la recuperación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Por qué ha caído el consumo en México?

En el arranque de 2021 el consumo privado en México tuvo un mal desempeño. En el comparativo del primer bimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020, el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior reportó una caída de -7.55%. Esto sin duda denota una caída en el bienestar general de la población y tiene dos explicaciones: por un lado, hay una disminución importante en el número de personas que conforman la población ocupada, y por otro lado, se ha dado una caída en términos reales en el nivel de ingresos promedio de la población.

En esta entrega abordaremos estos dos fenómenos que explican lo sucedido con el poder adquisitivo y consumo de los mexicanos. Desde luego que lo presentado aquí no tiene el rigor de una investigación científica, pero si busca proporcionar una idea clara de la magnitud del problema en el mercado laboral y en los niveles de ingreso promedio de la población ocupada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021, la población ocupada total en México disminuyó -4.30%, al haber pasado de 55.352 millones a 52.973 millones de personas. El porcentaje se dice fácil, pero implica que en los primeros tres meses de este año hubo 2.379 millones de personas menos trabajando con respecto a un año antes.

Desde luego que al haber menos gente trabajando, hay menos ingresos para millones de familias, y esto sin duda afecta su capacidad de comprar bienes y servicios. Por otra parte, es verdad que en el último año se dio un aumento importante en el salario mínimo, al haber pasado éste de 123.22 pesos a 141.70 pesos diarios entre 2020 y 2021; sin embargo, ocurrió un cambio significativo en la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso. Esto lo explico a continuación.

La ENOEN nos muestra que entre el primer trimestre de 2020 y los primeros tres meses de 2021 la población ocupada que gana menos de un salario mínimo (sm) aumentó 6.99%, al pasar de 12.533 millones a 13.409 millones. Esto ocurrió mientras que todos los demás rangos de ingreso presentaron disminuciones en la población ocupada que se encuentra en ellos.

Tenemos que la cantidad de personas que ganan de 1 hasta 2 sm disminuyeron -3.64%, al pasar de 19.781 millones a 19.062 millones; los que ganan de 2 a 3 sm decrecieron -19.22%, al pasar de 8.613 millones a 6.958 millones de personas; los que ganan de 3 a 5 sm disminuyeron -11.89%, al pasar de 3.715 millones a 3.273 millones de personas; mientras que los que perciben más de 5 sm decrecieron -23.45%, al pasar de 1.534 millones a apenas 1.174 millones de personas. Por su parte, una buena noticia es que aquellos que no reciben ingresos bajaron -4.22%, al pasar de 2.908 millones a 2.785 millones de personas. Finalmente, los que no revelaron cuánto ganan (los no especificados) aumentaron 0.70%, pasando de 6.264 millones a 6.308 millones de personas. Con estos datos, en principio queda claro que hay un empobrecimiento relativo de la población ocupada ya que si excluimos al grupo de “no especificados”, los que ganan menos de un salario mínimo pasaron de representar el 25.5% del total de población ocupada a ser el 28.7% del total.

Ahora, para poder determinar el número de salarios mínimos percibidos en promedio por persona ocupada al día, es necesario realizar algunos supuestos, dado que el INEGI no nos da información en este sentido. Para fines de esta entrega vamos a asumir las siguientes tres cosas:

a. En el primer trimestre de 2020 los que declararon que ganan menos de un sm, percibían 0.7 sm; los que dijeron que ganan de entre 1 y 2 sm perciben 1.4 sm; los que ganan entre 2 y 3 sm perciben 2.4 sm, los que dijeron que ganan de 3 a 5 sm perciben 3.9 sm; los que dijeron ganar más de 5 sm perciben 5.9 sm.

b. La crisis económica ocasionada por el Covid-19 ha mermado los niveles de ingreso de la población ocupada, por lo que las percepciones promedio en cada uno de los rangos se ajustaron a la baja.

c. Conservadoramente, vamos a asumir que en el primer trimestre de 2021, los que declararon que ganan menos de un sm, percibían en promedio 0.6 sm; los que dijeron que ganan de entre 1 y 2 sm perciben 1.25 sm; los que ganan entre 2 y 3 sm perciben 2.3 sm, los que dijeron que ganan de 3 a 5 sm perciben 3.8 sm; los que dijeron ganar más de 5 sm perciben en promedio 5.8 sm.

Si el optimismo plasmado en los supuestos anteriores es verdad, eso implica que en el primer trimestre de 2020 la población ocupada promedio percibía 1.64 sm diarios, mientras que en el primer trimestre de 2021 la percepción económica promedio fue de 1.44 sm. Esto implica una caída de -12.48% en el número de salarios mínimos que en promedio gana la población ocupada. Sin embargo, debemos recordar que en el salario mínimo pasó de 123.22 pesos en los primeros tres meses de 2020 a 141.70 pesos en los mismos meses de 2021, lo que representa un aumento de 15.00%.

Esto significa que el salario nominal promedio diario de la población ocupada habría pasado de 202.53 pesos en el primer trimestre de 2020 a 203.85 pesos en promedio en los mismos meses de 2021. Es decir, habría habido un aumento nominal de los ingresos promedio de 0.65% en el periodo referido. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación del periodo fue de 3.99%, eso significa que las percepciones promedio en términos reales habrían bajado -3.21% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021.

Ahora, en cuanto a la evolución de la masa salarial nominal (la percepción promedio diaria multiplicado por el número de días en el trimestre por el número de personas en la población ocupada) pasó de 1.008 billones de pesos en el primer trimestre de 2020 a 971.9 miles de millones de pesos en el primer trimestre de 2021. Esto implica una disminución  de -3.68% en términos nominales.  Obvio, si tomamos en consideración la inflación del periodo, vemos que el valor de la masa salarial se contrajo -7.37% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021. No es coincidencia que esta caída en el nivel de ingresos de la población ocupada sea en una magnitud similar a lo que cayó el consumo privado en el mercado interior en el primer bimestre de 2021, tal y como se indicó en el primer párrafo de esta entrega.

A manera de conclusión quiero señalar que México está en un proceso de recuperación económica, pero los niveles de consumo por habitante que veíamos en 2019 tardarán al menos tres años en recuperarse. En esta entrega vemos que la caída en los niveles de ingreso promedio de la población ocupada cayeron casi marginalmente, pero sin duda hay muchas personas que ahora ganan considerablemente menos que hace un año. Por otra parte, para recuperar los niveles de consumo agregado, será necesario que se recuperen las fuentes de empleo que se han perdido. Esto se ve bastante complicado a la luz de que no hay incentivos fiscales ni apoyos para que las empresas puedan expandir sus operaciones. Estamos atenidos a la recuperación de Estados Unidos para que a través del sector externo se pueda expandir la producción. No hay estrategia y por eso, con todo y que este año la economía crezca un 4 o 5%, el bienestar perdido tardará muchos años en recuperarse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twiter: @alejandrogomezt

Una recuperación industrial heterogénea en el primer trimestre de 2021

El desempeño económico de México en el primer trimestre de 2021 fue de claroscuros, siendo los tonos oscuros los predominantes. De acuerdo a la estimación oportuna del INEGI respecto de la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) en los tres primeros meses del año, éste cayó -3.8% a tasa anualizada, producto de que las actividades primarias aumentaron 2.8%, las secundarias se contrajeron -3.0%, mientras que las terciarias cayeron -4.2%.  En esta entrega profundizamos respecto de la evolución de las actividades secundarias, medidas a través del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI).

La semana que recién concluyó, el INEGI dio a conocer la evolución del  IVFAI durante marzo, por lo que ya podemos realizar una valoración del desempeño de la industria mexicana en el primer trimestre de 2021. El dar seguimiento a este indicador es relevante porque las actividades secundarias (minería;  electricidad, gas y agua, construcción y manufacturas)  representaron el 28.17% del PIB en el año 2020 y en el mes de diciembre de dicho año daban empleo formal registrado en el IMSS a 7.193 millones de personas, cifra equivalente al 36.37% del total de trabajadores asegurados en México.

Actividad industrial total

Los datos del IVFAI de INEGI arrojan que en el comparativo del primer trimestre de 2021 respecto del mismo trimestre de 2020, la industria nacional se volvió a contraer, en esta ocasión -2.7%. Esto es  producto de que la minería cayó -2.7%; la actividad de electricidad, gas y agua se contrajo -6.1%; la construcción cayó -6.8%; mientras que las industrias manufactureras disminuyeron -0.6%.  Si bien son cifras negativas, se ven alentadoras después de haber visto que en el 2020 el IVFAI total cayó -9.9%, producto de que las actividades primarias se contrajeron -1.1%, las secundarias retrocedieron -5.3%, la construcción cayó -17.4%, mientras que las terciarias cayeron -9.9%.

Ahora bien, aunque el balance del primer trimestre de 2021 es negativo, lo sucedido en marzo denota que los indicadores continúan mejorando ya que entre marzo de 2020 y el mismo mes de 2021, la actividad industria total subió 1.7%. Esto es producto de que la minería se contrajo sólo -2.2; la electricidad, gas y agua disminuyó -3.5%, la construcción cayó -5.5%; pero las actividades manufactureras repuntaron un sólido 6.2%.

Minería

En relación al IVFAI de la Minería, como ya se señaló, ésta se contrajo -2.7% en el comparativo del primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021. Esto es producto de que dos de las tres actividades que componen la minería presentaron disminuciones. Concretamente tenemos que la Extracción de petróleo y gas cayó -2.8%; la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas aumentó 2.9%; mientras que los Servicios relacionados con la minería se contrajeron -10.9%.

Electricidad, gas y agua

En cuanto a la actividad de Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final, vemos que su IVFAI cayó -6.1% en el comparativo del primer trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021. Este resultado es producto de que las dos actividades que la conforman registraron disminuciones. Concretamente tenemos el siguiente resultado: la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica disminuyó -7.6%; mientras que el Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final decreció -1.0%.

Llama poderosamente la atención que la actividad de suministro de gas y agua haya disminuido, ya que históricamente ésta siempre crece, inclusive en momentos de crisis económica. Esto porque son servicios básicos que se deben dotar a una creciente población. Su caída es un evidente indicador de una disminución en el nivel de bienestar y desarrollo del país.

La caída en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica es natural en un contexto de caída del nivel de producción.

Construcción

En relación al IVFAI de la industria de la construcción, vemos que ésta cayó -6.8% en el comparativo del primer trimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020. Esta evolución es producto de que dos de las tres actividades que la componen presentaron disminuciones. Concretamente tenemos que las obras de Edificación cayeron -9.2%, la Construcción de obras de ingeniería civil bajo -3.4%, mientras que los Trabajos especializados para la construcción fueron los únicos que aumentaron al subir su volumen de producción en 1.7%.

La industria de la construcción ha enfrentado una de las crisis más largas de su historia. El IVFAI de este sector acumula 25 meses consecutivos con caídas anualizadas, ya que el último mes en que creció fue en febrero de 2019. También se debe destacar que en el comparativo de marzo de 2020 al mismo mes de 2021 la construcción en obras de edificación presenta una caída de -9.4%. Esto denota la fuerte caída en la inversión fija en el país y tendrá un elevado costo porque será muy difícil elevar los niveles de productividad en general de la economía.

Manufacturas

Respecto al IVFAI de las manufacturas, tenemos que entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021, éstas muestran una caída de -0.6% aunque la situación en lo interno de esta actividad sigue siendo bastante polarizada ya que hubo 11 actividades que aumentaron su nivel de producción mientras que 10 presentaron caídas.

A continuación se presentan las diferentes actividades, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis de indica el porcentaje de aumento o disminución durante el periodo): Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (28.3%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (11.7%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (7.6%); Industria del plástico y del hule (5.5%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (    5.0%); Fabricación de productos metálicos (4.7%); Fabricación de maquinaria y equipo (3.2%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (1.8%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (1.6%); Industria de las bebidas y del tabaco (1.6%); Industrias metálicas básicas (1.5%); Industria alimentaria (-0.7%); Industria de la madera (-2.8%); Otras industrias manufactureras (-3.0%); Industria del papel (-3.6%); Impresión e industrias conexas (-3.7%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-4.6%); Fabricación de equipo de transporte (-6.2%); Industria química (-6.2%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-15.9%); y Fabricación de prendas de vestir (-20.9%).

En lo correspondiente al comparativo de marzo de 2020 al mismo mes de 2021, vemos que el IVFAI de las manufacturas aumentó 6.2%, producto de que 16 actividades presentan incremento, mientras que cinco continúan con  fuertes problemas. Las actividades que requieren de mayores apoyos para reactivarse, están las siguientes (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución en el periodo mencionado): Industria del papel (-1.3%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-1.6%); Industria química (-6.4%); Fabricación de prendas de vestir (-7.6%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-9.8%).

Cabe señalar que buena parte de la recuperación en la industria manufacturera está fincada en el aumento de las exportaciones. En el comparativo del primer trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2020, vemos que el valor total en dólares de las exportaciones manufactureras (con maquila) creció 2.16%. Esto es producto de la siguiente evolución de las ventas al exterior (en paréntesis se indica el porcentaje de variación en el periodo antes mencionado): Industria de la madera (29.69%); Minerometalurgia (23.69%); Otras industrias manufactureras (13.89%); Textiles, artículos de vestir e industria del cuero (11.70%); Alimentos, bebidas y tabaco (11.39%); Siderurgia (9.36%); Química (8.96%); Productos plásticos y de caucho (6.60%); Fabricación de otros productos minerales no metálicos (4.38%); Papel, imprentas e industria editorial (1.14%); y Total productos metálicos, maquinaria y equipo (-0.88%).

Conclusiones

No cabe duda de que hay una recuperación  industrial en marcha y pese a las políticas públicas del gobierno federal que inhiben la inversión. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que la recuperación ha sido heterogénea, con sectores económicos registrando niveles de actividad superiores a los del año pasado, mientras que otros siguen retrocediendo, aunque a tasas más moderadas.

Como se mostró, buena parte de la recuperación de la actividad manufacturera proviene de las exportaciones ya que los otros motores de crecimiento interno están apagados. De hecho, será el sector exportador el que impulse la recuperación de la economía nacional este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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En Twitter: @alejandrogomezt

Desempeño económico de las entidades federativas en México en 2020

México es un país de enormes contrastes, y más aún en cuestiones como el desempeño económico de sus diversas regiones en tiempos de crisis económica. Se ha comentado sobradamente que con el dato del primer trimestre de 2021, nuestro país acumuló 8 trimestres consecutivos con caídas anualizadas en su Producto Interno Bruto (PIB), lo que convierte a ésta en una de las recesiones más largas de nuestra historia moderna.

Como referencia tenemos que la primera crisis de la década de 1980 tuvo una duración de 6 trimestres (de III/82 a IV/83); la segunda crisis de los ochentas duró 5 trimestres (de I/86 a I/87); la crisis derivada del “error de diciembre de 1994” duró 4 trimestres (de I/95 a IV/95); la crisis financiera internacional tuvo un impacto en México de 5 trimestres (de IV/08 a IV/09); mientras que la recesión ocasionada por el actual gobierno federal aunada a la crisis del Covid-19 ya ha durado 8 trimestres (de II/19 a I/21). Cabe señalar que la estimación oportuna del PIB del primer trimestre de 2021 ubicó la caída de este indicador (con cifras originales) en -3.8%.

Como hemos mencionado desde este espacio, los costos sociales de la más reciente crisis económica han sido enormes, con millones de personas que abandonaron el mercado laboral, perdieron su empleo, les recortaron su jornada de trabajo y/o les disminuyeron su ingreso. Sin embargo, el impacto de ésta crisis no ha sido homogénea en México. En ese sentido, en esta entrega analizamos cual fue el impacto de la crisis económica en las diferentes entidades federativas del país.

Esto lo podemos presentar puesto que el INEGI dio a conocer los resultados del Indicador Trimestral de la Actividad Económica (ITAEE) del cuarto trimestre de 2020, con lo que se puede tener una imagen completa de lo sucedido en México a nivel de entidad federativa durante dicho año.  Presentaré primero la evolución de las economías en su conjunto, posteriormente veremos lo que sucedió con las actividades primarias (agricultura, ganadería, pesca, etc.), luego analizamos lo que pasó con las actividades secundarias (industria) haciendo especial énfasis en el sector manufacturero, finalmente, vemos el desempeño de las actividades terciarias (comercio y servicios).

Actividad económica total

En cuanto a la actividad económica total, cabe recordar que con cifras originales, el PIB de México en 2020 registró una caída de -8.2%. Esto implica que en dicho año hubo 20 entidades federativas que tuvieron un mejor desempeño comparado con el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Tabasco (3.4%), 2. Chiapas (-4.1%), 3. Zacatecas (-4.2%), 4. Baja California (-4.5%), 5. Oaxaca (-4.9%), 6. Sonora (-5.4%), 7. Chihuahua (-6.0%), 8. Durango (-6.3%), 9. Michoacán (-6.7%), 10. Campeche (-6.8%), 11. Jalisco (-6.9%), 12. México (-7.0%), 13. Guanajuato (-7.1%), 14. Aguascalientes (-7.2%), 15. Sinaloa (-7.2%), 16. Colima (-7.5%), 17. San Luis Potosí (-7.5%), 18. Yucatán (-7.9%), 19. Tamaulipas (-8.0%), 20. Veracruz (-8.2%), 21. Nuevo León (-8.7%), 22. Guerrero (-9.2%), 23. Ciudad de México (-9.4%), 24. Querétaro (-9.5%), 25. Nayarit (-10.1%), 26. Hidalgo (-10.6%), 27. Coahuila (-11.1%), 28. Morelos (-11.6%), 29. Tlaxcala (-11.6%), 30. Puebla (-11.7%), 31. Baja California Sur (-21.5%) y 32. Quintana Roo (-24.2%).

Actividades primarias

En cuanto al PIB de las actividades primarias, tenemos que en 2020 éste aumentó 1.9%.  Eso significa que hubo 19 entidades que tuvieron un mejor desempeño comparado con el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades primarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Zacatecas (25.5%), 2. San Luis Potosí (12.8%), 3. Campeche (8.6%), 4. Guerrero (8.3%), 5. México (6.7%), 6. Oaxaca (6.7%), 7. Durango (4.6%), 8. Tabasco (4.5%), 9. Puebla (4.4%), 10. Veracruz (4.3%), 11. Aguascalientes (4.3%), 12. Coahuila (4.1%), 13. Baja California Sur (3.2%), 14. Nuevo León (3.1%), 15. Nayarit (3.1%), 16. Colima (2.6%), 17. Jalisco (2.3%), 18. Chiapas (2.1%), 19. Guanajuato (2.1%), 20. Hidalgo (1.8%), 21. Yucatán (1.6%), 22. Morelos (1.1%), 23. Ciudad de México (0.8%), 24. Sonora (0.6%), 25. Querétaro (0.1%), 26. Tlaxcala (0.0%), 27. Tamaulipas (-1.6%), 28. Chihuahua (-2.5%), 29. Michoacán (-3.4%), 30. Quintana Roo (-4.4%), 31. Sinaloa (-5.5%) y 32. Baja California (-6.5%).

Actividades secundarias

En cuanto al PIB de las actividades secundarias, tenemos que en 2020 éste disminuyó -10.0%.  Esto implica que hubo sólo 13 entidades que tuvieron un desempeño mejor que el observado por el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades secundarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Tabasco (10.1%), 2. Oaxaca (0.4%), 3. Chiapas (-2.0%), 4. Baja California (-3.7%), 5. Sonora (-6.3%), 6. Michoacán (-6.5%), 7. Campeche (-7.0%), 8. Chihuahua (-7.5%), 9. Sinaloa (-7.9%), 10. Guanajuato (-8.5%), 11. San Luis Potosí (-9.1%), 12. Jalisco (-9.3%), 13. Zacatecas (-9.5%), 14. Guerrero (-10.2%), 15. Durango (-10.5%), 16. Aguascalientes (-11.2%), 17. Nuevo León (-11.6%), 18. Yucatán (-11.9%), 19. Tamaulipas (-12.1%), 20. Veracruz (-12.1%), 21. Querétaro (-12.6%), 22. México (-13.3%), 23. Ciudad de México (-13.4%), 24. Nayarit (-13.5%), 25. Colima (-14.8%), 26. Coahuila (-15.8%), 27. Puebla (-18.2%), 28. Hidalgo (-18.8%), 29. Morelos (-20.4%), 30. Tlaxcala (-20.7%), 31. Quintana Roo (-25.4%) y 32. Baja California Sur (-32.7%).

Manufacturas

En cuanto al PIB de la industria manufacturera, tenemos que en 2020 éste disminuyó -10.0%, igual que la caída del conjunto de las actividades secundarias.  Esto implica que hubo 17 entidades que tuvieron un desempeño mejor que el registrado por el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de la industria manufacturera para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Sinaloa (2.4%), 2. Tabasco (1.6%), 3. Michoacán (0.2%), 4. Baja California Sur (0.0%), 5. Nayarit (-2.5%), 6. Baja California (-2.7%), 7. Colima (-3.6%), 8. Tamaulipas (-4.5%), 9. Chihuahua (-4.7%), 10. Campeche (-4.7%), 11. Yucatán (-5.3%), 12. Guerrero (-6.0%), 13. Guanajuato (-6.5%), 14. Oaxaca (-8.4%), 15. San Luis Potosí (-8.4%), 16. Durango (-9.0%), 17. Jalisco (-9.3%), 18. Sonora (-10.2%), 19. Nuevo León (-10.6%), 20. Tlaxcala (-11.1%), 21. Zacatecas (-11.3%), 22. México (-11.5%), 23. Ciudad de México (-11.7%), 24. Veracruz (-12.2%), 25. Aguascalientes (-12.5%), 26. Quintana Roo (-12.5%), 27. Querétaro (-13.1%), 28. Chiapas (-14.4%), 29. Morelos (-15.5%), 30. Puebla (-16.2%), 31. Coahuila (-16.2%) y 32. Hidalgo (-22.6%).

Actividades terciarias

En cuanto al PIB de las actividades terciarias, tenemos que en 2020 éste disminuyó -7.7%. Esto implica que hubo 24 entidades federativas que registraron una evolución mejor que la del total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades terciarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Baja California (-4.9%), 2. Aguascalientes (-5.0%), 3. México (-5.1%), 4. Chihuahua (-5.2%), 5. Chiapas (-5.2%), 6. Colima (-5.4%), 7. Sonora (-5.5%), 8. Zacatecas (-5.6%), 9. Tamaulipas (-5.8%), 10. Durango (-5.8%), 11. Tlaxcala (-6.2%), 12. Jalisco (-6.6%), 13. Campeche (-6.7%), 14. Coahuila (-6.8%), 15. Guanajuato (-6.9%), 16. Yucatán (-6.9%), 17. Tabasco (-7.0%), 18. Nuevo León (-7.2%), 19. Sinaloa (-7.3%), 20. Michoacán (-7.3%), 21. Veracruz (-7.3%), 22. Hidalgo (-7.4%), 23. Oaxaca (-7.4%), 24. Querétaro (-7.7%), 25. San Luis Potosí (-7.9%), 26. Morelos (-8.2%), 27. Ciudad de México (-9.0%), 28. Puebla (-9.1%), 29. Guerrero (-10.2%), 30. Nayarit (-10.6%), 31. Baja California Sur (-18.1%) y 32. Quintana Roo (-24.2%).

Conclusiones

Resulta evidente que gran parte de la caída en el PIB se debió al mal desempeño económico de los grandes centros económicos, como es el caso de la Ciudad de México. En el ITAEE total la CDMX cayó -9.4%, mientras que en el de las actividades secundarias se desplomó -13.4% y en el de las terciarias se contrajo -9.0%. Este mal desempeño de la entidad de mayor peso económico en el país se debió a que el cierre de su actividad económica en 2020 fue mucho más duradero que el de otros estados como Guanajuato, que reabrió su economía relativamente rápido y sólo se contrajo -7.1%.  Para reafirmar este comentarios, tenemos el caso de Puebla que ocupó el tercer lugar en cuanto a peor caída del ITAEE, al haber registrado una disminución de -11.7%. Este estado también tuvo uno de los cierres de actividad más largos y estrictos en el país en 2020.

Otro aspecto relevante es que los dos estados más golpeados por la crisis de 2020 fueron entidades con una clara vocación turística: Baja California Sur y Quintana Roo. El primero cayó a una tasa de más del doble que la caída nacional, mientras que el segundo vio colapsarse su economía casi al triple de lo que cayó el PIB de México. Es muy difícil imaginar lo que debe ser que la economía de donde resides caiga en una cuarta parte de su valor.

Finalmente, los estados de mejor desempeño económico Tabasco, Chiapas y Zacatecas no lograron jalar al resto de la economía ya que sus economía son muy pequeñas. Estas tres entidades representaron en su conjunto el 4.59% del PIB total en 2019. El buen desempeño de Tabasco, que de hecho fue el único estado del país que creció en 2020 se debió al estímulo económico recibido de la federación.

Y esto último debería llevarnos a la reflexión de cuál hubiese sido el desempeño económico del país en 2020 si lo que hizo el gobierno federal en Tabasco lo hubiera hecho (aunque sea en menor escala) en los demás estados del país. Si se hubiese contrato un billón de pesos de deuda pública adicional y ese dinero integro se hubiera invertido en la realización de obras públicas a lo largo y ancho de México. Hasta la propia calificadora de riesgo Moody´s, señaló el pasado 12 de enero que “más deuda puede ser positivo para México si se destina al crecimiento económico”.

Con mayor deuda dudo mucho que la situación fiscal relativa de México se hubiese deteriorado más de lo que lo hizo el año pasado (con un aumento nominal de la deuda neta del sector público federal de 1.1 billones de pesos), pero sin duda tendríamos una economía menos perjudicada y con mejores expectativas de recuperación para este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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A más de un año de pandemia, sigue la crisis de empleo e ingresos

Llevamos mucho tiempo padeciendo los problemas ocasionados y exacerbados por el actual gobierno federal, así como los derivados de la pandemia del Covid-19. Respecto al cierre de la actividad económica del año pasado, fue el 31 de marzo de 2020 cuando la Secretaría de Salud publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo por el que se establecen acciones extraordinarias para atender la emergencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV2. A través de ese instrumento se ordenó la suspensión inmediata de las actividades no esenciales. Esta suspensión de actividades, que fue ampliada hasta el 30 de mayo de ese año para posteriormente comenzar a relajarse muy paulatinamente a diferentes ritmos en los diferentes estados del país, sigue teniendo un costo enorme en la economía nacional y en el bienestar de millones de personas en México.

Las secuelas de la decisión gubernamental se siguen sintiendo con los indicadores económicos actuales y muestra de ello es que en la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), que tiene datos a marzo 2021, se manifiesta la cruda realidad que siguen enfrentando millones de personas en materia de empleo y de ingresos.  Esto con independencia de las graves secuelas en materia de salud y la pérdida de más de 215 mil vidas humanas, según las cifras oficiales.

En contraste a lo que vivimos en México, en los Estados Unidos su gobierno federal y banco central  han brindado diversos paquetes de apoyo y estímulos económicos por el Covid-19, mismos que representan el 24.46% de su Producto Interno Bruto (PIB). Su política de estímulos ha sido exitosa y muestra de ello es que las solicitudes de apoyo por desempleo bajaron la semana pasada a apenas 547 mil y alcanzan el nivel más bajo registrado desde principios de 2020. Mientras tanto en México, no ha habido apoyos del gobierno federal por lo hay millones de personas que a la fecha siguen sin haber recuperado su empleo, están en una situación de subempleo y/o han registrado una disminución en su nivel de ingresos.

En esta entrega se presentan los principales resultados de la ENOEN en el comparativo de marzo de 2021 respecto del mismo mes de 2020, para posteriormente abordar los problemas de carestía que viven millones de familias.

1. Se aprecia un descenso de la Población Económicamente Activa (PEA) de 1.5 millones de personas. Esta es gente que sigue sin salir a buscar trabajo ya sea por miedo a la pandemia o porque de plano piensan que no van a obtener empleo, por lo que se han retirado de la fuerza laboral. En términos de porcentajes, tenemos que en marzo de 2021, la ENOEN reportó una Tasa de Participación Económica  de 57.2% de la población en edad para trabajar, cifra 2.6 puntos porcentuales inferior a la de marzo del 2020.

En este mismo orden de ideas, la encuesta arroja que la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no trabajó ni buscó trabajo pero que aceptaría un trabajo si se lo ofrecieran, fue de 8 millones, y representó 19% de la PNEA. En comparación con marzo de 2020, la PNEA disponible para trabajar pero que no trabaja aumentó en 2.1 millones de personas durante el tercer mes de 2021.

2. La población ocupada resultó de 53.8 millones de personas en marzo de 2021, cifra inferior en 2 millones de personas a la reportada en el mismo mes del 2020. En relación a la población ocupada, los y las trabajadoras subordinadas y remuneradas reportaron una disminución de 2.2 millones. Por lo general el fenómeno de personas que laboran sin remuneración se ve en los negocios familiares, pero no deja de preocupar que ahora haya más personas trabajando sin recibir ingresos.

3. Como se ha comentado, de los sectores económicos más golpeados por la pandemia están las actividades de hospedaje y preparación de alimentos. En este sentido, las estadísticas del INEGI muestran que en el sector terciario se han perdido 2.4 millones de puestos de trabajo.

4. La ENOEN en marzo de 2021 registró una Tasa de subocupación de la población ocupada de 13.2%, cifra superior en 4.1 puntos porcentuales respecto a la del mismo mes del año pasado. Este aumento representa 2 millones de personas subocupadas.

5. La ocupación informal en marzo de 2021 ascendió a 30.6 millones de personas, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 56.8%. Si bien esta cifra es inferior en 1.1 puntos porcentuales a la observada en marzo de 2020, denota lo grave y extendido que es el problema de la informalidad laboral en México.

6. La población desocupada de 15 y más años como proporción de la PEA, representó 3.9% equivalente a 2.2 millones de personas y un punto porcentual por arriba de la del tercer mes del año pasado. Respecto a este dato, pudiera parecer que el desempleo en México es bastante bajo comparado con el de otros países, pero no debemos dejar de ver que el desempleo en nuestro país es bajo porque la gente no tiene una red de seguridad social que lo proteja, por lo que la gente se ve forzada a salir a buscar empleo de inmediato (aunque sea vendiendo macetas en el tianguis). 

Si a todo este complejo panorama le agregamos el hecho de que en la primera quincena de abril de 2021 la inflación anual se ubicó en 6.05%, mientras que el índice de precios de la canasta de consumo mínimo aumentó 7.51%, pues es evidente que la situación de pobreza y carestía de la población en general va en aumento. Si asumimos que la persona promedio sufrió una caída nominal de su ingreso en el último año de 10%, pues con el alza de precios, la pérdida sería de 15.13%. Por su parte, si la caída nominal del ingreso fuera del 20%, entonces la disminución en términos reales es de 24.56%. De este tamaño es el problema para muchos mexicanos.

En este sentido, una variable clara que denota el deterioro de la calidad de vida de las personas lo tenemos en el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior. Con series originales tenemos que en la totalidad del año 2020 éste cayó -11.0%, mientras que en el comparativo de enero de 2021 respecto del mismo mes de 2020 la disminución es de -7.1%. Este deterioro en el nivel de vida de la población es producto de lo que he comentado líneas arriba: pérdida de empleo e ingresos, así como de un encarecimiento de las mercancías que adquieren los consumidores mexicanos. La debilidad del consumo privado es un círculo vicioso que se debe romper ya que si el consumo es bajo, la demanda es insuficiente, lo que a su vez provoca que las fábricas trabajen por debajo de su capacidad, lo que a su vez se traduce en pocas oportunidades de empleo para quienes están desempleados.  

¿Qué hacer ante esta situación? Como hemos señalado en anteriores entregas, de los cuatro posibles motores de crecimiento económico, sólo está encendido el de las exportaciones. En la medida en que más empresas manufactureras nacionales puedan incursionar en los mercados de exportación, mejor nos irá a pesar de las políticas del gobierno federal. De igual manera, los sectores de comercio y servicios deben procurar vincularse a empresas exportadoras, ya que éstas serán en promedio los mejores clientes en 2021.

Otra cosa que las empresas pueden hacer es innovar para moverse a los segmentos de mercado en los que la demanda es mayor. En este sentido hemos visto en el sector calzado múltiples fábricas que solían producir calzado escolar, pero que dada la nula demanda de estos productos, han cambiado sus líneas de producción para fabricar calzado industrial. Este tipo de ajustes, que requieren realizar inversiones, son obligados para aquellas empresas que no han logrado recuperar sus ventas.

Sabemos que no contamos con el gobierno federal. Hay que buscar en nuestro interior, en nuestra empresa y con nuestro equipo de trabajo, cómo incursionar en mayores mercados con los productos que más se están demandando. Sólo así se reactivará la economía y se recuperarán los empleos y jornadas laborales completas que se perdieron.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El inminente rebote de las tasas de interés

Después de que el pasado 10 de marzo se aprobó el paquete de apoyo económico de 1.9 billones de dólares en los Estados Unidos, ahora se negocia otro paquete de 3 billones de dólares para infraestructura, educación, desarrollo de la fuerza laboral y lucha contra el cambio climático, con el objetivo de hacer la economía más productiva.  Estos gigantescos estímulos son lo que sustenta buena parte de la recuperación económica de Estados Unidos prevista para este año, de al menos un crecimiento del PIB de 6%; pero paralelamente causan temor por el impacto que tendrán en el consumo y las presiones inflacionarias que nuestro vecino del norte pueda registrar. Esto a su vez provocaría un incremento en sus tasas de interés de corto plazo, con repercusiones en todo el mundo y en México de manera especial.

El presidente del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), Jerome Powell, ha manifestado en diversas ocasiones que no existen tales riesgos inflacionarios en su país y que la FED tiene un compromiso para mantener tasas de interés ultra bajas al menos hasta el 2023. Sin embargo, la especulación de una mayor inflación ha provocado que la tasa de interés de los bonos del Tesoro a plazo de 10 años no deje de aumentar y al momento de escribir estas líneas se ubica en 1.72%.  

Jerome Powell, Presidente de la FED

Por su parte, en China también se está registrando un problema inflacionario por el aumento de los costos de las materias primas y por los graves problemas que enfrentan las cadenas globales de  suministro, lo que está provocando que muchos exportadores chinos aumenten los precios de los productos que venden en el extranjero, lo que incrementa los temores de que aumenten las presiones inflacionarias globales.

De igual forma, en México estamos experimentando un episodio inflacionario, como no se registraba desde mayo de 2019, al registrar una inflación anualizada en la primera quincena de marzo de 2021 de 4.12%. Por su parte, el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP) registró un aumento de 5.88% entre febrero de 2020 y el mismo mes de 2021, su nivel más alto desde diciembre de 2018, y todo indica que el INPP seguirá en aumento dados los incrementos observados en los precios de una infinidad de materias primas y commodities, tales como acero, algodón, poliuretano, madera, y un largo etcétera.

Estas presiones en los niveles de precios, aunado a la volatilidad en el tipo de cambio, que ha llevado este año a la cotización a estar en niveles máximos de 21.454 pesos por dólar el 8 de marzo, después de haber estado en su nivel mínimo de 19.597 pesos por dólar el 20 de enero, es lo que ha ocasionado que el Banco de México concluyera su ciclo de disminuciones en la tasa de interés objetivo.

Dado lo anterior y después de la reunión del jueves 25 de marzo, en la que el Banxico decidió dejar su tasa de interés objetivo en 4.00%, cada vez somos más quienes pensamos que ya no habrá nuevos recortes en dicha tasa en lo que resta del año 2021, aunque aún quedan algunos optimistas que creen que dada la debilidad de la recuperación económica en México y la amplitud de la brecha de producto, que es posible que la tasa objetivo pueda bajar a 3.75%.

En este contexto, el mercado ya se hizo a la idea de que las tasas de interés van a aumentar. Si analizamos lo que ha sucedido con la tasa de los Cetes estas últimas semanas, en especial lo que ocurrió en la subasta del lunes 29 de marzo, queda claro que el mercado está anticipando un alza importante en las tasas de interés en el lapso de un año, siendo éste de casi un punto porcentual. En la subasta del 29 de marzo los Cetes a 29 días subieron 5 centésimas de punto para pagar una tasa anualizada de 4.08%, los Cetes a 92 días aumentaron 10 centésimas de punto para situarse en 4.16%, los Cetes con plazo de 176 días subieron 11 centésimas de punto y ahora pagan 4.33%, mientras que los instrumentos con plazo de 344 días aumentaron su tasa en 25 centésimas de punto y se situaron con una tasa anualizada de 4.70 por ciento.

Cabe señalar que la tasa de interés implícita anualizada que calculamos en GAEAP indica que el mercado está anticipando que los  Cetes a 28 días pagarán 4.18% para dentro de 92 días, 4.42% en 182 días y 4.98% en 344 días.  Esto implica que en este momento el mercado anticipa que el rendimiento de los Cetes a plazo de 28 días estarán 0.90 puntos porcentuales más altos en un año respecto de lo que están ahora.

Desde luego que este escenario puede cambiar conforme se vayan publicando los datos de la evolución de la inflación en México y Estados Unidos, así como los datos de la recuperación económica y la volatilidad del tipo de cambio. Pero no deja de llamar la atención el fuerte incremento de tasas de interés que el mercado está descontando ya que de materializarse tendrá implicaciones negativas para el gobierno, empresas y familias.

Un alza de un punto porcentual en la tasa de interés de los Cetes implica un mayor costo financiero para el gobierno federal. De acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación 2021, se espera que este año el costo financiero de la deuda del sector público federal sea de 724 mil millones de pesos, cifra superior a los 686.09 miles de millones de pesos erogados en 2020 para dicho fin (en el 2020, de cada peso que gastó el sector público federal, destinó 11 centavos a pagar los intereses de la deuda pública).

De acuerdo con las cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el saldo de la deuda total neta del sector público federal ascendió a 12.309 billones de pesos al 28 de febrero de este año (275 mil millones de pesos más que el saldo registrado al 31 de diciembre de 2020), por lo que la tasa de interés promedio de la deuda debe ser cercano al 5.8% y entonces un alza de medio punto porcentual en el costo financiero del gobierno nos costaría unos 60 mil millones de pesos más de intereses adicionales. ¿De dónde va a salir ese dinero para pagar más intereses de la deuda con lo debilitadas que están las finanzas públicas? Evidentemente, de recortar el gasto de otros rubros, tales como la inversión pública en infraestructura, como se ha venido haciendo en los últimos dos años.

El alza en la tasa de interés de los Cetes también ocasionará problemas a la deuda de empresas y familia que tienen créditos contratados con tasa de interés variable. Cualquier alza en la tasa de Cetes ocasionará un incremento en la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), a la cual está  referenciada una infinidad de créditos. El pagar más intereses por los créditos en un contexto de debilidad económica retrasará la recuperación económica.

Dado todo lo anterior, los miembros de la junta de gobierno del Banco de México, así como los funcionarios de la SHCP, deben estar monitoreando muy de cerca lo que suceda en Estados Unidos y sus tasas de interés. Elevar tasas en el contexto actual hará menos probable que se materialice el escenario alegre de la SHCP de crecimiento económico este año de 5.3%. Estoy seguro de que el Banxico tratará de evitar a toda costa subir tasas de interés en México, pero dada la inminente materialización de los riesgos inflacionarios, el mercado ya está apostando en que el incremento en el costo del dinero es inevitable.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El impacto causado por la expansión monetaria en México

Desde hace muchos años, desde tiempos de los Mercantilistas (Siglos XVI al XVIII), se ha analizado el  impacto que tiene la cantidad de dinero en circulación en el crecimiento económico y en el nivel de  precios. La teoría cuantitativa del dinero, que estipula que M*V = P*Q (donde M es la cantidad de dinero, V la velocidad de circulación del dinero, P el nivel de precios y Q el nivel de producción) data de 1556 y desde entonces se ha señalado que dado que la velocidad del dinero y el nivel de producción son relativamente fijos en el corto plazo, cualquier incremento en la cantidad de dinero (M) se traducirá en un aumento del nivel de precios (P).

Teniendo esto en mente, es pertinente hacer mención de la enorme expansión monetaria que ha registrado Estados Unidos en lo que va del siglo XXI. De acuerdo con los Datos Económicos del Banco de la Reserva Federal (FRED por sus siglas en inglés), el agregado monetario M1 de Estados Unidos pasó de 1.095 billones de dólares en enero de 2001 a 18.059 billones en enero de 2021, lo que representa un incremento de 1,549.2%. Por su parte, el agregado monetario M2 de dicho país pasó de 4.971 billones de dólares en enero de 2001 a 19.350 billones de dólares en enero de 2021, lo que representa un aumento de 289.2% en términos nominales.

Cabe señalar que M1 es el agregado monetario compuesto por instrumentos altamente líquidos en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero (incluye billetes y monedas emitidos por el banco central, así como depósitos de exigibilidad inmediata en bancos y entidades de ahorro y crédito popular). Por su parte, el agregado monetario M2 está integrado por el M1 más los instrumentos monetarios a plazo en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero (incluye la captación con un plazo residual de hasta 5 años en bancos, entidades de ahorro y crédito popular, y uniones de crédito; las acciones de los fondos de inversión de deuda; y los acreedores por reporto de valores).

El enorme incremento de la cantidad de dólares en circulación (medido a través de M2) en nuestro vecino del norte, si bien no ha causado problemas inflacionarios, si ha provocado un enorme incremento en los precios de diversos activos como los precios de acciones, viviendas, criptomonedas, obras de arte, entre muchas más. En el 2020, pese a que el PIB de Estados Unidos cayó -3.5%, derivado de que su M2 creció en 23.62%, es que vimos que el precio del Bitcoin subió 301%, el índice Nasdaq 100 aumentó 48.6%, los commodities aumentaron 13.8%, etc. El fuerte incremento nominal en la cantidad de dólares en circulación ha llevado a los más temerarios, como Michael Burry (les sugiero ver la  película “La Gran Apuesta”) a afirmar que los Estados Unidos se aproximan a un eventual colapso del dólar porque tendrán un episodio de hiperinflación similar al de la Alemania de Weimar (1921-1923).

Para los más moderados, el fuerte aumento de la cantidad de dólares en circulación no es un asunto que represente mayor problema, ya que en buena medida se explica por el hecho de que el dólar estadounidense es la moneda más utilizada para el comercio internacional, y es por ello que en la medida en que ha aumentado el volumen y valor del comercio mundial, pues debe crecer también la cantidad de dólares en circulación. Para ellos, mientras la inflación siga estando baja (en febrero de 2021 fue de 1.7% anualizada) y haya capacidad instalada ociosa, difícilmente habrá un escenario en el que la inflación se salga de control. Sin embargo, no deja de llamar la atención que las expectativas de inflación a un año de los consumidores siguen estando por encima del 3.0%, concretamente en 3.1%.

Con todo esto en mente, en esta entrega analizamos cuál ha sido la evolución de los componentes monetarios M1 y M2 en México y veremos si es sólo Estados Unidos quien ha emprendido una política de aumento desmedido de la oferta monetaria en lo que va del Siglo XXI.

De acuerdo con cifras del Banco de México, el agregado monetario M1 pasó de 524.8 miles de millones de pesos (mmdp) corrientes en enero de 2001 a 5.588 billones de pesos en enero de 2021, lo que implica un incremento nominal de 964.9% (esto implica una tasa de crecimiento promedio anual de 12.6%); por su parte, el agregado monetario M2 pasó de 1.776 billones de pesos en enero de 2001 a 10.444 billones de pesos en enero de 2021, lo que implica un incremento nominal de 488.0% (tasa de crecimiento promedio anual de 9.3%).

Estos datos dejan en claro que en relación a M1 el crecimiento registrado por el peso mexicano ha sido inferior al observado por el dólar estadounidense, pero al analizar lo sucedido con el agregado monetario M2, vemos que el incremento observado por el peso mexicano es considerablemente mayor al registrado por el dólar de EE.UU. Esto llama poderosamente la atención, ¿cómo es que México ha aumentado más su agregado monetario M2 que Estados Unidos si el peso mexicano no es una moneda de reserva ni es utilizada para las operaciones de comercio exterior?

Habiendo dicho lo anterior, ahora es pertinente preguntarse qué pasó con el PIB y el nivel de precios en nuestro país en el periodo de 2001 a 2021. Vemos que el PIB nominal pasó de 6.972 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2001 a uno de unos 24.706 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2021 (este último dato es el pronóstico de GAEAP). Esto implica que sin tomar en cuenta la inflación (es decir, analizando el PIB en pesos corrientes), el valor de la producción de bienes y servicios en México habría crecido aproximadamente 254.3% entre 2001 y 2021.

Esto mientras que el PIB real, o ajustado por inflación, sólo habría crecido aproximadamente 36.63% en los 20 años de 2001 a 2021, cifra equivalente a una tasa de crecimiento anual promedio de apenas 1.57%. De lo anterior se infiere que el mayor impacto de la expansión monetaria no fue en la tasa de crecimiento de la producción real, sino en la inflación, tanto de bienes como de activos (como los precios de las acciones). De hecho el crecimiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) entre enero de 2001 y el mismo mes de 2021 fue de 126.9%, lo que implica una tasa promedio de inflación en el periodo de 4.18%, tasa muy superior a la del crecimiento del PIB real en el periodo, de apenas 1.57%.

Otro aspecto relevante de la discusión del impacto de la cantidad de dinero en circulación es su efecto en las tasas de interés. Los datos sugieren que el nivel de la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) a plazo de 28 días se mueve más en función de lo que pasa con el INPC (el coeficiente de correlación entre la tasa de inflación y el nivel de la TIIE a 28 días es de 0.63 para el periodo de enero de 2001 a enero de 2021) que con respecto a lo que ocurre con M2. Los datos del Banxico nos permiten identificar siete periodos de baja y alza en las tasas de interés en los últimos 20 años: 1. De enero de 2001 a julio de 2003, cuando la TIIE bajo de 18.12% a 4.97% (duración de 30 meses); 2. De julio de 2003 a abril de 2005, cuando la TIIE subió de 4.97% a 10.12% (21 meses); 3. De abril de 2005 a julio de 2006, cuando la TIIE bajó de 10.12% a 7.30% (15 meses); 4. De julio de 2006 a noviembre de 2008, cuando la TIIE subió de 7.30% a 8.74% (28 meses); 5. De noviembre de 2008 a agosto de 2014 cuando la TIIE bajó de bajó de 8.74% a 3.29% (69 meses); 6. De agosto de 2014 a enero de 2019 cuando la TIIE subió de 3.29% a 8.56% (53 meses); y 7. De enero de 2019 al actual febrero de 2021, cuando la TIIE bajó de 8.56% a 4.36% (24 meses).

Si analizamos la tasa de crecimiento nominal del agregado monetario en cada uno de estos periodos y lo comparamos con el nivel de la TIIE a 28 días vemos que el coeficiente de correlación es de -0.46, lo que confirma que el incremento de la cantidad de dinero en circulación está asociado a movimientos en la TIIE a 28 días. Esto puede sonar como una obviedad, pero es una conclusión relevante porque confirma que la TIIE se mueve en función de dos elementos: la evolución de los precios y de lo que sucede con el agregado monetario M2. Los datos muestran, por ejemplo que en el periodo de abril de 2005 a julio de 2006 la TIIE bajó de 10.12% a 7.30% y en ese periodo M2 aumentó 1.31% mensual, en contraste con el periodo de agosto de 2014 a enero de 2019 cuando la TIIE subió de 3.29% a 8.56%, M2 sólo creció 0.66% mensual en promedio.

La conclusión de todo esto es que México también ha tenido una importante expansión de sus agregados monetarios M1 y M2, pero con escaso impacto en el nivel de producción. Por el contrario, parece que el excesivo crecimiento de la cantidad de dinero en circulación sirve para tres cosas: 1. Alimentar una creciente economía informal; 2. Perpetuar un problema inflacionario, que además nos ocasiona una depreciación crónica del peso frente al dólar; 3. Mantener en constante aumento el precio de diversos activos como precios de acciones y de viviendas.

Si nos centramos en el aspecto de inflación de precios, la realidad es que el desempeño del Banco de México, con todo y su autonomía, en cuanto a mantener una inflación a raya no siempre ha sido el mejor (¿O le aplaudimos al Banxico por ese 126.9% de inflación en los últimos 20 años?). Es verdad que el gobierno federal no le ha ayudado con los gasolinazos y porque subsisten múltiples problemas estructurales que causan alzas de precios, pero no podemos dejar de señalar que llama mucho la atención que mientras que el agregado monetario M2 creció en los últimos 20 años en EE.UU. en 289.2%, en México se disparó  488.0%. Allá la expansión monetaria si es noticia, en México no lo es.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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