El mercado de la plata es “El juego de las sillas”

En infinidad de activos, es mucho más lo que se compra y vende en papel que lo que existe físicamente; y este es el caso del oro y la plata. En un artículo de Cyrille Jubert, publicado el 20 de abril de este año en el sitio goldbroker.com, y titulado “El juego de las sillas y el mercado de la plata” (https://goldbroker.com/news/musical-chairs-silver-market-2269), se evidencia este hecho y se muestra cómo el precio de la plata, que al momento de escribir estas líneas se encuentra en los mercados mundiales en 25.92 dólares por onza, no tiene absolutamente nada que ver con el precio que en ocasiones se debe pagar para obtener el metal en físico (si es que se pudiera obtener).

Esto porque en lo que va de este año se han dado episodios en los que con los precios oficiales se han vaciado las reservas de plata física de diversos cambistas en diferentes partes del mundo. La evidencia muestra que el precio del metal está claramente manipulado a la baja en base a una oferta ilimitada de plata virtual, que no está respaldada en plata que exista físicamente. En esta entrega veremos cómo es que esto ocurre.

¿Cómo darle en la torre a los grandes capitales que apuestan a la caída de precios de los activos?

Como fue ampliamente comentado en la prensa financiera, en enero de 2021, un ejército de inversionistas (traders) novatos se coordinó en el foro de la red social Reddit para sacudir a Wall Street al tomar una posición masiva contraria a la de los enormes fondos de cobertura. Estos pequeños especuladores son casi 13 millones de personas y salen de cacería en manada.

En particular, el asunto de la empresa GameStop hizo que hubiera enormes pérdidas para los grandes fondos de Nueva York y otros centros financieros del mundo. Sucede que GameStop fue vendida “en corto” (cuando vendes algo que no tienes) por los fondos de cobertura (ya que pensaban que el precio de la acción iba a bajar), mismos que vendieron más acciones que las que la propia empresa había emitido. Los especuladores de Reddit vieron esta situación por lo que compraron todas las acciones disponibles en el mercado e hicieron que el precio subiera (así creando las pérdidas para los fondos de inversión). Posteriormente compraron opciones de compra (call options) y exigieron la entrega de sus acciones en físico, no en efectivo.

Como sabían que era imposible entregar en físico, era una apuesta segura. Cuando el ataque inició el precio de GameStop era de $20 dólares y los especuladores lograron que se disparara. Algunos inversionistas se jactaron de vender sus acciones fuera del mercado hasta en $5,000 dólares. Las autoridades del mercado y los medios de comunicación se ocuparon del asunto, y las enormes pérdidas de los fondos de cobertura hicieron que casi estallara todo el sistema.

Cómo vender la plata que físicamente no existe

Con esto en mente y a sabiendas de que hay casi 100 onzas de papel-plata por cada onza de plata que existe en físico, una pequeña parte de otro grupo de inversionistas, llamado Wall Street Silver, decidió dar un «pequeño apretón» al mercado de la plata. Inicialmente, eran solo unos pocos miles de personas que no estaban familiarizadas con las complejidades del mercado. Como resultado, su primer ataque fue bastante disperso. Atacaron en todas direcciones, no solo las existencias de monedas y barras de los comerciantes en línea, sino también SLV (iShares Silver Trust ETF) y el COMEX Silver Futures. Su ataque provocó un breve desvío en los precios entre el 28 de enero y el 2 de febrero de este año, moviendo los precios de $24.80 dólares a $30 dólares la onza.

Ocho días después de este primer ataque, Craig Hemke (propietario de TFMetalsReport) publicó un artículo advirtiendo a los especuladores que dejaran de perder el tiempo en SLV y COMEX y que mejor atacaran lugares secundarios como Perth (Australia), Zurich (Suiza) o Montreal (Canadá).  Queda claro que al escribir el artículo, Hemke sabía perfectamente lo que se iba a suceder y evidenciar.

De hecho, la horda de pequeños inversores vació rápidamente las monedas y barras de plata físicas disponibles para la venta en el Perth Mint (Australian Mint).

El 20 de marzo, el economista australiano John Adams (Adamseconomics) reveló que algunos de sus contactos habían solicitado la entrega de su plata en físico vaciando así sus cuentas de plata no asignadas de Perth Mint. Según los informes, la Casa de la Moneda les dijo que no había plata física disponible. Después de esto, John Adams subió un tweet, mismo que concluyó con «¡Perth Mint ha incumplido!»

Este Tweet había sido visto por 369 mil personas y despertó a todos los australianos, que poseen plata u oro a través de cuentas de metales, lo que desencadenó una revuelta en Perth Mint y Australian Bullion Banks, que ofrecían la posibilidad de invertir en una cuenta de metal con opción a liquidar en físico. Los inversores se apresuraron a recuperar su plata física, si es que quedaba alguna disponible.

En cuestión de días, Perth Mint se quedó sin barras de 1,000 onzas. Los clientes a principios de abril recibieron barras de plata de China, compradas rápidamente por Perth Mint, que tiene el monopolio de la acuñación de metales preciosos en Australia. Los clientes australianos estaban furiosos porque querían que su plata se acuñara «Mint de Perth» y con el grado de LBMA. Además, la Casa de la Moneda de Australia facturó esos productos chinos agregando los costos de acuñación, que se han multiplicado por 4 durante el año pasado.

Esta es una prueba más de que el precio al contado de COMEX o Londres ya no tiene nada que ver con la realidad del precio físico. ¿De qué sirve que te digan que una onza de plata vale 26.24 dólares si no la puedes obtener en físico? Lo que si puedes comprar con 26.24 dólares es un papel que dice “Vale por una onza de plata”.

El australiano John Adams no solo escribió en Twitter, sino que dio entrevistas en video en muchos sitios que cubren los mercados del oro y la plata.  Su publicación inicial desencadenó el inicio de una avalancha. En todo el mundo, los inversores informados han comenzado a preocuparse por la realidad de sus inversiones en plata física.

Desde el 8 de abril, la Royal Mint del Reino Unido se ha quedado sin reservas de lingotes de plata, independientemente de su peso. Señalan «Disculpas, pero debido al aumento de la demanda, este producto está actualmente agotado», pero si te dicen que «La plata digital está en stock y disponible para comprar o vender 24 horas al día, 7 días a la semana. Compre plata digital». ¡Qué vergüenza!

The Crown Journal publicó un artículo el 13 de abril sobre la Casa de la Moneda de Austria en el cual menciona que «Claramente, los metales preciosos tienen una demanda como nunca antes: la Casa de la Moneda de Austria, incluso operando en dos turnos, está luchando para cumplir con los pedidos de monedas de la Filarmónica de Viena en oro, plata y platino».

Después de haber asaltado las acciones de los revendedores online de Wall Street Silver, ahora es necesario esperar varias semanas de retraso antes de que cualquier pedido sea entregado, así como una prima en las piezas de hasta un 45% por encima del precio del papel de plata.

Para John Adams, el mercado de la plata está cambiando drásticamente. Los inversores se dan cuenta de que los ETFs, las cuentas de metales y todos los productos financieros de metales preciosos sintéticos son una trampa. Finalmente entienden que invertir en este tipo de productos es una ilusión, es totalmente contraproducente y va en contra de sus propios intereses.

Es así que la confianza en el sistema digital de plata y reserva fraccionaria está siendo destruida ante nuestros ojos. Es posible que veamos que se forman colas frente a las tiendas numismáticas y los bancos de lingotes, como en China el 23 de diciembre de 1948, cuando la gente luchaba por un poco de oro cuando la moneda perdía su valor.

Cyrille Jubert lleva varios años hablando de que todo esto es el juego de las sillas musicales, diciendo que con SLV y GLD, cuando la música se detenga, habrá una persona sentada y al menos 49 más que no tendrán silla.

¿Qué repercusiones tiene esto para México y qué debemos hacer?

Todo esto tiene dos repercusiones importantes para México. La primera es que debemos saber que lo que sucede con la plata, también ocurre con el oro, y nuestro país tiene el 3% de sus reservas internacionales en oro.  

En una nota del 23 de octubre de 2019, publicada en El Financiero, y en otra del 16 de septiembre de 2020, publicada por El Universal, se menciona que el Banco de México cuenta con 120 toneladas de oro, que equivalen a 3.86 millones de onzas troy, o alrededor de 9,700 lingotes. Pero estas reservas no están en el edificio de Avenida 5 de Mayo en la Ciudad de México, sino que se encuentran distribuidas en diferentes partes del mundo, pero principalmente en la bóveda del Banco de Inglaterra desde el 2011, fecha en que el banco central comenzó a comprar el metal precioso. Actualmente el oro representa el 3 por ciento del total de las reservas internacionales del país. Aquí cabe hacerse varias preguntas, ¿El oro del Banxico está en onzas físicas o en una cuenta que dice que tiene 3.86 millones de onzas? ¿Si el Banxico quisiera repatriar ese oro en físico, el Banco de Inglaterra se lo permitiría? ¿Existe ese oro en físico? Me parece que la respuesta a estas preguntas es una cuestión de soberanía que se debe abordar en el actual contexto mundial.

La segunda consideración tiene que ver con el hecho de que en la actual situación, con una inflación anualizada de 6.05% en la primera quincena de abril de 2021, en aras de preservar el poder adquisitivo de la moneda, se debería legalizar que la plata pueda ser utilizada en México como moneda de curso legal. Como lo dice la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata A.C, “No se propone la sustitución total de la base monetaria; el peso actual, seguiría circulando. La plata ingresa a la economía nacional como una moneda alternativa, una opción a la cual los ciudadanos podrían recurrir para ahorrar y obtener financiamiento, en vez de hacerlo en pesos actuales o monedas extranjeras”.

Hay una coyuntura monetaria importante que no podemos dejar de observar. El tema da para un extenso debate, ya que no podemos ignorar los riesgos que implica este nuevo sistema, pero ya es momento de reflexionar respecto de lo que debemos hacer para que México cuente con una moneda fuerte a prueba de devaluaciones y del desgaste de la inflación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Una sombría visión del futuro

La comunidad de inteligencia de los Estados Unidos ha advertido que la pandemia de COVID-19 tendrá consecuencias a largo plazo con una afectación profunda en la sociedad, la política y la economía de todo el mundo. El pasado jueves 8 de abril se publicó el Reporte de Tendencias Globales 2040 por parte del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, y en dicho documento, que se publica cada cuatro años, se presenta una imagen oscura del futuro del mundo, en el que la pandemia del coronavirus ha profundizado las disputas entre países y la desigualdad económica, ha agotado los recursos de los gobiernos y ha avivado los sentimientos nacionalistas.

En el Reporte de Tendencias Globales se evalúan cuatro de las tendencias clave que darán forma al entorno estratégico para los Estados Unidos durante las próximas dos décadas. El documento está diseñado para proporcionar un marco analítico para los funcionarios estadounidenses en las primeras etapas de cada nueva administración para auxiliarlos en la elaboración de una estrategia de seguridad nacional. El objetivo no es ofrecer una predicción específica del mundo en 2040; en cambio, su intención es ayudar a ver lo que puede haber más allá del horizonte y prepararse para una variedad de escenarios globales posibles.

En esta entrega hacemos un recuento de los principales puntos de dicho reporte.

Cuatro fuerzas estructurales

Entre las tendencias más probables de materializarse en los próximos 20 años están los importantes cambios demográficos originados a medida que el crecimiento poblacional mundial se desacelera y el mundo envejece rápidamente. Algunas economías desarrolladas y emergentes, incluidas las de Europa y Asia oriental, envejecerán más rápidamente y se enfrentarán a una contracción de su población, lo que afectará sus posibilidades de crecimiento económico. Por el contrario, algunos países en desarrollo de América Latina, el sur de Asia, el Medio Oriente y el norte de África se benefician de una mayor población en edad de trabajar, lo que les ofrecerá un bono demográfico si se combina con mejoras en la infraestructura y las habilidades laborales. Por su parte, el desarrollo humano (que incluye salud, educación y prosperidad familiar), ha logrado mejoras históricas en todas las regiones del mundo en las últimas décadas. Sin embargo, las mejoras pasadas se centraron en los aspectos básicos de la salud, la educación y la reducción de la pobreza, pero los siguientes niveles de desarrollo son más difíciles de alcanzar y enfrentan las dificultades propias de la pandemia de COVID-19. El crecimiento económico mundial potencialmente más lento, el envejecimiento de la población y el cambio climático son enormes retos para los gobiernos, que buscarán proporcionar la educación e infraestructura necesarias para mejorar la productividad de sus crecientes clases medias urbanas. A medida que algunos países sean exitosos en estos desafíos y otros se rezaguen, las tendencias demográficas globales que ahora vemos, seguramente agravarán las disparidades en las oportunidades económicas dentro de las naciones y entre los países durante las próximas dos décadas, por lo que se espera un agravamiento en los problemas de migración.

En cuanto al medio ambiente, es probable que los efectos físicos del cambio climático se intensifiquen durante las próximas dos décadas, especialmente en la década de 2030. Veremos tormentas, sequías e inundaciones más extremas; derretimiento de glaciares y casquetes polares; y el aumento del nivel del mar vendrá acompañado de un incremento en las temperaturas. El impacto se sentirá de manera desproporcionada en los países en vías de desarrollo y las regiones más pobres. Esto se sumará a la degradación ambiental, por lo que se crearán nuevas vulnerabilidades, y se exacerbarán los riesgos existentes para la prosperidad económica, los alimentos, el agua, la salud y la seguridad energética. Es probable que los gobiernos, las sociedades y el sector privado amplíen las medidas de adaptación y resiliencia para gestionar las amenazas existentes, pero es poco probable que estas medidas se puedan implementar de manera uniforme, por lo que quedarán rezagadas algunas poblaciones.

Durante las próximas dos décadas, veremos preocupantes tendencias económicas mundiales, tales como el aumento del saldo de las deudas nacionales, un entorno comercial más complejo y fragmentado, cambios en el comercio y problemas crónicos en materia de empleo. Muchos gobiernos verán reducida su flexibilidad por tener que hacer frente a una mayor carga de deuda; de igual manera, se edificarán nuevas reglas comerciales; y veremos a una gama más amplia de poderosos actores gubernamentales y corporativos que ejercen influencia. Las grandes corporaciones, que proporcionan plataformas de mercados en línea para un gran número de compradores y vendedores, podrían impulsar la globalización comercial continua y ayudar a las empresas más pequeñas a crecer y obtener acceso a los mercados internacionales. Es probable que estas poderosas empresas intenten ejercer influencia en los ámbitos político y social, esfuerzos que pueden llevar a los gobiernos a imponer nuevas restricciones a su operación. Las economías asiáticas parecen estar preparadas para continuar con años de crecimiento hasta al menos 2030, aunque potencialmente éste será más lento. Es poco probable que alcancen el nivel de Producto Interno Bruto (PIB) per cápita o la influencia económica de las economías avanzadas existentes, incluidos los Estados Unidos y Europa. El crecimiento de la productividad seguirá siendo un factor clave para el éxito de las naciones.

La tecnología ofrecerá el potencial para mitigar problemas, como los ocasionados por el cambio climático y las enfermedades, y para crear nuevos desafíos, como el desplazamiento laboral de los que realizan actividades mecánicas. Las tecnologías se inventan, utilizan, difunden y luego se descartan a velocidades cada vez mayores en todo el mundo, y están surgiendo nuevos centros de innovación. Durante las próximas dos décadas, es probable que el ritmo y el alcance de los desarrollos tecnológicos aumenten cada vez más rápido, transformando una gama de experiencias y capacidades humanas y al mismo tiempo creando nuevas tensiones e interrupciones dentro y entre sociedades, industrias y gobiernos. Los rivales gubernamentales y del sector privado competirán por el liderazgo y el dominio en la ciencia y la tecnología con riesgos e implicaciones inmediatas para la seguridad económica, militar y social.

Dinámicas emergentes

Estas cuatro fuerzas estructurales, aunadas a otros factores, crearán oportunidades y retos para las sociedades, instituciones, corporaciones y gobiernos. También es probable que produzcan un mayor desgaste en todos los ámbitos en niveles no vistos desde el final de la Guerra Fría. Esto es producto de ideologías diferentes y visiones contrastantes sobre la forma más eficaz de organizar la sociedad y abordar los nuevos desafíos.

Dentro de las sociedades, hay crecientes divisiones y disputas sobre cuestiones económicas, culturales y políticas. Décadas de avances constantes en la prosperidad y otros aspectos del desarrollo humano se han traducido en una mejora del nivel de vida en todas las regiones del mundo, por lo que han aumentado las expectativas de la gente respecto a un futuro mejor. A medida que estas tendencias de mejora se han estancado recientemente y se combinan con rápidos cambios sociales y tecnológicos, es que grandes segmentos de la población mundial comienzan a desconfiar de las instituciones y los gobiernos a quienes consideran como omisos o incompetentes para resolver sus necesidades. La gente está gravitando hacia grupos familiares y de ideas afines para la comunidad y la seguridad, incluidas las identidades étnicas, religiosas y culturales, así como los grupos con intereses y causas, como el ambientalismo. La combinación de nuevas y diversas lealtades de identidad y un entorno de información más aislado está exponiendo y agravando las líneas divisorias dentro de los países, socavando el nacionalismo cívico y aumentando la volatilidad.

A nivel país, es probable que en todas las regiones del mundo las relaciones entre la sociedades y el gobierno enfrenten tensiones persistentes debido a un desajuste cada vez mayor entre lo que la gente necesita  y espera, respecto a lo que los gobiernos pueden hacer y harán. Las poblaciones de todas las regiones están cada vez más equipadas con las herramientas, la capacidad y los incentivos para promover sus objetivos sociales y políticos preferidos y para exigir más para que los gobiernos encuentren soluciones. Al mismo tiempo que las poblaciones están cada vez más empoderadas y exigen más, los gobiernos enfrentan una creciente presión debido a los nuevos desafíos y recursos cada vez más limitados. Esta brecha hace pensar que vienen tiempos de creciente volatilidad política, erosión de la democracia y creciente participación de proveedores alternativos de gobernabilidad. Con el tiempo, estas dinámicas podrían abrir la puerta a cambios más significativos en la forma en que las personas gobiernan.

En el sistema internacional, es probable que ningún país esté en condiciones de dominar todas las regiones y temas, por lo que es de esperarse que una gama más amplia de actores competirán para dar forma a un nuevo sistema internacional con objetivos más concretos. Es probable que la aceleración de los cambios en el poder militar, la demografía, el crecimiento económico, las condiciones ambientales y la tecnología, aumenten aún más la competencia entre China y una coalición occidental liderada por Estados Unidos. Las potencias rivales lucharán para dar forma a las nuevas normas, reglas e instituciones globales, mientras que las potencias regionales y los actores no gubernamentales pueden ejercer más influencia y liderazgo en los asuntos que las principales potencias no atienden. Es probable que estas interacciones produzcan un entorno geopolítico más volátil y propenso a los conflictos y que socaven el multilateralismo.

Los cinco escenarios alternativos para el 2040

Las respuestas humanas a las dinámicas arriba descritas determinarán cómo evoluciona el mundo durante las próximas dos décadas. De las muchas incertidumbres sobre el futuro, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos exploró preguntas clave en torno a las condiciones dentro de regiones y países específicos y de políticas públicas que desean las sociedades y los líderes que darán forma al ambiente global. A partir de estas preguntas, se construyeron cinco escenarios para mundos alternativos que podrían ocurrir en el año 2040:

1. En Democracias Renacidas, se plantea un escenario en el que el mundo se encuentra en medio de un resurgimiento de democracias abiertas lideradas por Estados Unidos y sus aliados. Los rápidos avances tecnológicos fomentados por asociaciones público-privadas en los Estados Unidos y otras sociedades democráticas están transformando la economía global, aumentando los ingresos y mejorando la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo. La marea creciente de crecimiento económico y logros tecnológicos permite respuestas a los desafíos globales, alivia las divisiones sociales y renueva la confianza pública en las instituciones democráticas. En contraste, años de controles y monitoreo sociales cada vez más comunes en China y Rusia han sofocado la innovación a medida que científicos y empresarios destacados buscan asilo en los Estados Unidos y Europa.

2. En Un mundo a la deriva, el sistema internacional carece de dirección, es caótico y volátil, ya que las principales potencias como China, los actores regionales y los actores no gubernamentales ignoran en gran medida las reglas e instituciones internacionales. Los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sufren un crecimiento económico más lento, divisiones sociales cada vez mayores y parálisis política. China se está aprovechando de los problemas de Occidente para expandir su influencia internacional, especialmente en Asia, pero Beijing carece de la voluntad y el poder militar para asumir el liderazgo global, dejando muchos desafíos globales, como el cambio climático y la inestabilidad a los países en desarrollo.

3. En Coexistencia competitiva, Estados Unidos y China han priorizado el crecimiento económico y restaurado una relación comercial sólida, pero esta interdependencia económica existe junto con la competencia por la influencia política, los modelos de gobernanza, el dominio tecnológico y la ventaja estratégica. El riesgo de una guerra importante se mantiene bajo, y la cooperación internacional y la innovación tecnológica hacen que los problemas globales sean manejables a corto plazo para las economías avanzadas, pero persisten los desafíos climáticos a más largo plazo.

4. En Silos Separados, el mundo está fragmentado en varios bloques económicos y de seguridad de diverso tamaño y fuerza, centrados en Estados Unidos, China, la Unión Europea (UE), Rusia y un par de potencias regionales; estos bloques se centran en la autosuficiencia, la resiliencia y la defensa. La información fluye dentro de enclaves cibersoberanos separados, las cadenas de suministro se reorientan y el comercio internacional se interrumpe. Los países en desarrollo vulnerables están atrapados en el medio y algunos están a punto de convertirse en estados fallidos. Los problemas globales, en particular el cambio climático, se abordan de manera irregular, si es que se abordan.

5. En Tragedia y movilización,  una coalición mundial, liderada por la Unión Europea y China, que trabaja con organizaciones no gubernamentales e instituciones multilaterales revitalizadas, está implementando cambios de gran alcance diseñados para abordar el cambio climático, el agotamiento de los recursos y la pobreza después de una crisis mundial de una catástrofe alimentaria causada por eventos climáticos y degradación ambiental. Los países más ricos cambian para ayudar a los más pobres a gestionar la crisis y luego hacer la transición a economías bajas en carbono a través de amplios programas de ayuda y transferencias de tecnologías energéticas avanzadas, reconociendo la rapidez con que estos desafíos globales se extienden a través de las fronteras.

Conclusiones

México ha dejado de ser un jugador global relevante. Somos meros expectadores de lo que sucede en el mundo y hemos traicionado cualquier compromiso que se tenía para contribuir a abatir el cambio climático. Estamos agotados por pugnas políticas internas y por un escenario macroeconómico muy desfavorable en 2019 y 2020. En los escenarios planteados por la comunidad de inteligencia de Estados Unidos no queda claro en qué bando jugará México, si como país alineado a los intereses de su vecino del norte o seguirá coqueteando con los regímenes socialistas de Sudamérica y el Caribe. Estamos atrapados en una discusión arcaica y atrasándonos cada vez más respecto a la mayoría de países asiáticos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El riesgo inflacionario de Estados Unidos

Hemos entrado a un nuevo episodio de volatilidad y muestra de ello es que este año el tipo de cambio pasó de un mínimo de 19.597 pesos por dólar el 20 de enero a uno de 20.804 pesos por dólar el 25 de febrero, lo que implica un aumento de 6.15% en un periodo de 46 días. Esta volatilidad es causada por diversos factores, tanto internos como externos. En el flanco interno, la aprobación de las modificaciones a la Ley de Energía Eléctrica por parte de la Cámara de Diputados confirman que México ha dejado de ser un país confiable, ya que puede llegar un nuevo gobierno y desconocer los compromisos con inversionistas y otras naciones, modificando el marco normativo sin ninguna consideración de tipo económico o ambiental.

Por el lado externo, la volatilidad se debe principalmente al creciente temor de que el excesivo incremento en la oferta monetaria de Estados Unidos y su impacto en la recuperación económica, podría generar un impacto inflacionario considerable en aquella nación (en los precios al consumidor), lo que provocaría que las históricamente bajas tasas de interés tengan que elevarse, lo que a su vez tendría repercusiones importantes en las finanzas de hogares, empresas, bancos y gobierno.

En esta entrega me voy a centrar específicamente en lo que está sucediendo en los Estados Unidos, aunque no deja de ser relevante la manera como el actual gobierno federal hace añicos la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros.

Quiero comenzar haciendo alusión del newsletter de CNN Business Nightcap enviada el martes 23 de febrero, en la que se plantea en aparente tono de broma que el  mercado de valores de Estados Unidos está todo revuelto (en mal estado) y que nadie sabe nada. Resulta que los precios de las acciones se dispararon durante los meses previos en parte porque Wall Street esperaba que el estímulo económico podría ayudar a impulsar la economía, impulsado por un aumento masivo en el gasto del consumidor. Y ahora resulta que los precios de las acciones comienzan a caer exactamente por la misma causa: en parte porque Wall Street espera que el estímulo económico ayude a impulsar la economía, liderado por un aumento masivo del gasto de los consumidores.

¿Estas confundido? Lo que sucede es que ahora los inversionistas están cada vez más preocupados de que el paquete de estímulo económico a punto de ser aprobado por el Congreso de Estados Unidos (de 1.9 billones de dólares que incluye cheques de $1,400 dólares a los contribuyentes de menores ingresos) se traduzca en un aumento en el gasto de los consumidores y eso haga que los precios de mercancías se disparen, lo que a su vez perjudicaría a la economía porque subirían las tasas de interés y eso encarecería los pagos de las deudas, además de reducir las ganancias corporativas.

Y es que se debe mencionar que las grandes sumas de estímulo monetario que ha inyectado el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) desde que inició la pandemia del Covid-19, hasta ahora sólo se habían traducido en una burbuja financiera con inflación en los precios de muchos tipos de activos, tales como acciones. Esa es la razón por la que en 2020 el PIB  de Estados Unidos cayó -3.5% y paralelamente el Índice Dow Jones subió 7.2%, mientras que el S&P 500 aumentó 16.25% y el Nasdaq hizo lo propio en 43.6%. Evidentemente la racha alcista se prolongó hasta el 12 de febrero de 2021, fecha a partir de la cual comenzaron algunos tropiezos.

Oferta monetaria (M2) de Estados Unidos

Cabe señalar que la expansión monetaria de Estados Unidos es parte de la explicación del porque algunas monedas, como el peso mexicano, se habían mantenido relativamente fuertes frente al dólar a pesar de todas las complicaciones económicas derivadas del Covid-19. Para ilustrar este punto tenemos que el tipo de cambio promedio en diciembre de 2019 fue de 19.118 pesos por dólar, mientras que en diciembre de 2020 fue de 19.956 pesos por billete verde. Gracias al exceso de dólares en circulación el peso recuperó casi todas sus pérdidas después de haber estado en un promedio de 24.231 pesos por dólar en abril de 2020.

Habiendo dicho lo anterior, me parece que es momento de explicar el tamaño de la burbuja financiera de Estados Unidos.  En un artículo de John Rubino, publicado en el portal de Tyler Durden el 10 de febrero de 2021, y titulado “¿Es esta la burbuja financiera más grande de la historia? ¡Demonios, sí lo es!”, se hace una relatoría del gran problema financiero en el que se ha metido nuestro vecino del norte.

El artículo comienza mencionando que si uno tiene más de 40 años, nos ha tocado vivir al menos tres burbujas financieras épicas: bonos basura en la década de 1980, acciones tecnológicas en la década de 1990 y vivienda en la década de 2000. Cada una fue espectacular a su manera, y cuando cada una de ellas estalló, amenazaba con derribar todo el sistema financiero. No obstante lo anterior, todas palidecen en comparación con lo que está sucediendo hoy. Y es que esas burbujas pasadas fueron específicas de un sector, es decir, la manía y la carnicería resultante ocurrieron principalmente dentro de una clase de activos. La burbuja de hoy se extiende por, bueno, casi todo, de ahí el término «burbuja de todo«.

El artículo de Rubino explica que la mayoría de las burbujas comienzan cuando una afluencia de efectivo externo hace subir drásticamente el precio de algo. Esto captura la imaginación del público inversionista en general y el proceso cobra vida propia, culminando en una “orgía de malas decisiones” y, finalmente, en la aniquilación de las fortunas fáciles que se hicieron en el camino.

Entonces, para entender la burbuja de todo, comencemos por el principio explicando esa afluencia de dinero externo. Esta vez proviene de la Reserva Federal en lo que solo puede describirse como la madre de todas las impresiones monetarias. Con el fin de darle liquidez al sistema financiero (tras la crisis inmobiliaria de 2008-2009 y en medio de la peor crisis económica post Segunda Guerra Mundial por el Covid-19), es que la Fed, a través de la compra de activos financieros de todo tipo, ha incrementado su oferta monetaria o la cantidad de dinero en circulación (su hoja de balance). El  agregado monetario M2, una medida medio-amplia de la oferta monetaria de EE.UU. se ha más que triplicado en lo que va de siglo, y últimamente la tendencia se ha vuelto casi vertical, aumentando en casi un tercio tan solo el año pasado.

La anatomía de una burbuja

Todo este dinero adicional tiene que ir a algún lado, y no es sorpresa que éste está fluyendo en muchas direcciones diferentes. Entre los principales receptores están:

a. Renta fija. Los mercados de bonos y dinero, compuestos por instrumentos que pagan intereses, son en conjunto mucho más grandes que los mercados de valores del mundo. Y han estado en auge, en la medida en que las tasas de interés han caído de manera constante durante cuatro décadas consecutivas. Dado que los precios de los bonos se mueven en sentido opuesto a los rendimientos que pagan, se entiende que el dinero que fluye al mercado de bonos eleva sus precios y por lo tanto disminuye el rendimiento que éstos pagan (el interés de un bono se calcula como la tasa implícita entre el precio del bono y su valor al vencimiento). Se ha visto un mercado alcista épico en el precio de los bonos, que ha ganado fuerza en el último año a medida que la creación masiva de dinero ha obligado a los inversionistas de renta fija (que tienen que invertir el nuevo efectivo de alguna manera) a comprar bonos independientemente de su rendimiento. Las tasas de interés actuales no son bajas sólo para los estándares modernos, de hecho son las más bajas en la historia de la humanidad (este argumento refuerza que la burbuja actual es la más grande de la historia).

La tasa de interés de los bonos a 10 años han tenido un repunte

b. Acciones.  Las burbujas más obvias ocurren en los precios de las acciones, porque lo que ocurre en «el mercado» obtiene la mayor exposición tanto a través de los medios de comunicación financieros como en la mente de los inversionistas. Y después de un largo y lento proceso para salir de las profundidades de la Gran Recesión (crisis de 2008 – 2009), en los últimos dos años los precios de las acciones estadounidenses han superado todos los récords de valoración anteriores. Y es verdad, el mercado bursátil de Estados Unidos es ahora una burbuja más grande que las de 1929 y 1999, y sigue siendo fuerte.

Prácticamente cualquier indicador popular de valoración de acciones respalda esta afirmación, pero el más dramático es probablemente el “Indicador Buffet”, llamado así porque el legendario inversionista Warren Buffet, quien lo usa para decidir cómo asignar sus miles de millones. Este indicador es fácil de entender: hay que graficar el valor de capitalización agregado del mercado de todas las acciones de EE.UU. en función del PIB y listo. Cuando las acciones son bajas en comparación con el PIB, implica que están subestimadas o subvaluadas; cuando es alto el valor en comparación con el PIB, entonces están sobrevaloradas. Hoy resulta que los precios de las acciones son más altos que nunca, incluso justo antes de que iniciara el ciclo bajista de las últimas dos crisis (la punto com y la inmobiliaria).

Evolución del precio de las acciones de Tesla

¿Quieres otros indicadores burbujeantes? Aquí los tienes: en este momento, hay más empresas cuyo valor de capitalización es más de 10 veces superior su valor de ventas comparado con 1999, cuando estaba el apogeo de la burbuja de las empresas punto com. Mientras que el número de empresas «zombis», es decir, aquellas que tienen que pedir prestado para cubrir el servicio de su deuda existente y colapsarán si se les corta el crédito nuevo, nunca había sido tan alto.

Indicador Buffet para determinar si una acción está sobre valuada o subvaluada

c. Bienes inmuebles.  Éste es una sorpresa porque fue el epicentro de la última burbuja, y muy pocas veces una clase de activo se reinfla tan rápidamente. Pero bueno, todo ese dinero adicional en circulación tiene que ir a alguna parte, y las casas son la consecución del sueño americano. En los últimos dos años, los precios de las viviendas en muchos lugares han superado los máximos de la burbuja de 2006 y ahora se están acelerando.

Evolución de los precios de casas en Estados Unidos

d. Criptomonedas – ¿las punto-com de esta generación? Las criptomonedas no estaban presentes en las burbujas anteriores, por lo que aún no se conoce su papel en lo que viene. Lo que está claro es que se están comportando como las acciones en la burbuja de las punto com de la década de 1990, con bitcoin (piense en Amazon.com) elevándose de manera parabólica aunque errática… Y cientos de monedas menores con una amplia variedad de perspectivas de futuro (piense en eBay, AOL, Pets.com) que también se disparan alimentadas por un torrente de combustible para cohetes en la forma de moneda fiduciaria.

El explosivo precio del Bitcoin

La conclusión: incluso si las criptomonedas terminan dominando algún sistema monetario futuro, la forma de sus arcos parabólicos de hoy gritan «¡burbuja!»

Desde luego que hay muchos más activos, cuyos precios presentan un comportamiento que denota la formación de una gran burbuja, mismos que no incluyo en el artículo por cuestiones de espacio.

Lo que si quiero abordar a continuación es el artículo de Michael Burry, del pasado 22 de febrero y en el que advierte que un periodo de Hiperinflación, estilo la Alemania de Weimar, se acerca. Desde mi punto de vista la aseveración de Burry es exagerada en el momento actual, sin embargo, es pertinente destacar varios de los puntos que él menciona.

La nota comienza señalando que la semana anterior, el Bank of America (BofA) había insinuado lo impensable: que el tsunami de estímulos monetarios y fiscales de 2020 más los que vienen, aunado al esperado aumento de la velocidad monetaria en la medida en que la economía mundial emerja de los cierres de actividad, conduciría a un sobrecalentamiento económico sin precedentes. O puesto en los mismos términos del Chief Information Officer (CIO) del BofA, Michael Hartnett, quien lo calificó como un fenómeno precedente, haciendo referencia a la situación de Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, que sufrió el episodio “más épico y extremo de creciente velocidad (del dinero) e inflación después del fin de la guerra” causado principalmente por la monetización de la deuda por parte del Reichsbank, extrapolando que esto es similar a lo que está sucediendo ahora.

Por supuesto, hay otro nombre para ese período y es el de la Alemania de Weimar, y como todos sabemos la tragedia que sucedió entonces, es comprensible que el BofA no quiera mencionar ese nombre en particular.

A muchos inversionistas y analistas les ha llamado la atención  que haya sido Michael Burry, quien había estado bastante ocupado haciendo olas dentro de la comunidad financiera expresando ciertas posiciones (más recientemente, su golpe a Robinhood y su visión alcista sobre el uranio), y que haya retomado el tema de la Alemania de Weimar y específicamente su hiperinflación, como modelo para lo que viene a continuación. Y si bien los detalles son familiares para la mayoría de los historiadores monetarios, el hecho es que ahora, nada menos que el hombre que se hizo famoso por sus posiciones cortas en la bolsa, está alertando de una hiperinflación al estilo de Weimar en los EE.UU.

Hombre con una carretilla de Marcos alemanes

Reitero que en mi opinión estamos lejos de visualizar un episodio inflacionario como el que vivió la  Alemania de Weimar, aunque si hay una genuina preocupación por el resurgimiento de presiones inflacionarias una vez que se retome un crecimiento económico vigoroso ante el mar de dólares estadounidenses que hay en el mundo.

Para concluir, quiero hacer referencia al neswletter de Jeffrey Sparshott del Wall Street Journal, del pasado 22 de febrero en el que plantea la pregunta de si se está midiendo la inflación correctamente. Citando un análisis de Jon Hilsenrath, señala que la medida de inflación favorita de la Fed (índice de precios al consumidor) ha estado más de medio punto porcentual por debajo de la meta del banco central durante varios años. Con la inflación tan baja durante tanto tiempo, se piensa que la Fed puede mantener las tasas de interés muy bajas por un largo tiempo para ayudar a impulsar la economía mientras se recupera de los efectos de la pandemia de coronavirus. Esto plantea una pregunta importante: ¿Está pensando el banco central en la medida de inflación correctamente? La Fed define su meta de inflación en términos de precios al consumidor, como los que se pagan por automóviles, pasta de dientes y cortes de pelo. Pero en las últimas décadas, los precios a menudo han subido mucho más rápido para los activos de inversión, como viviendas y acciones, y han provocado dos veces auges (burbujas) y caídas seguidas de recesiones. Si la Fed tiene problemas con las bajas tasas de interés que ha ayudado a diseñar, podría deberse a los precios de los activos y no a los precios al consumidor.

Agrega que es fácil encontrar motivos de malestar. El precio de las acciones de Tesla subió más del 300% el año pasado. Los precios del cobre subieron un 56%. El índice de precios de viviendas S&P Case-Shiller ha subido un 9.5%. Los precios de los fletes aumentaron un 215%; la soja en 54%, madera aserrada en 117%. El tema de los precios de las casas es particularmente espinoso. Si bien las casas proporcionan un servicio, vivimos en ellas, que se mide en índices oficiales de precios al consumidor. También son el activo más valioso en las carteras de inversión de muchos hogares. Lo que llama la atención es que de acuerdo a la medida oficial del Departamento de Trabajo, los costos de alquiler de viviendas en el último año aumentaron solo un 2%, mientras que los precios de las viviendas a nivel nacional aumentaron casi cinco veces esa tasa.

¿Cuál es la conclusión a todo lo aquí expuesto? Pues que hay un enorme nerviosismo por parte de los inversionistas respecto de lo qué sucederá con la inflación y por lo tanto con  las tasas de interés. Si bien el presidente de la Fed, Jerome Powell, dio un testimonio el pasado 23 de febrero, mencionando que la inflación sigue “suave” y que la Fed está comprometida con la política monetaria actual, la realidad es que las voces que anuncian el inminente colapso del dólar y un problema inflacionario seguirán sonando. Esto continuará metiendo ruido en los mercados financieros, y obviamente, para los países con una estructura financiera debilitada como México, las palabras de analistas y del propio presidente de la Fed tendrán la capacidad de tumbar nuestra moneda en un instante.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Grandes esperanzas

Se siguen publicando datos respecto al desempeño económico de las diversas naciones durante el 2020. De igual manera, diversos organismos internacionales han hecho públicos sus pronósticos respecto a lo que esperan en materia de crecimiento económico para el 2021, y a juicio de un servidor, muchos de estos pronósticos son demasiado optimistas a la luz de la forma cómo está creciendo el número de contagios de Covid-19 en el mundo, los cierres de actividad económica que se han prolongado desde diciembre de 2020, así como el muy lento despliegue de vacunas a nivel global. Hay grandes esperanzas puestas en el 2021. En este contexto, esta entrega está estructurada en dos partes: primero, analizamos el desempeño de algunos países desarrollados durante 2020, así como sus perspectivas de crecimiento 2021; en la segunda parte, abordamos lo que sucedió en México y damos cuenta de los principales pronósticos para el 2021.

Economía mundial

El pasado 28 de enero, la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA por sus siglas en inglés) dio a conocer el dato del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de dicho país en el cuarto trimestre y la totalidad del 2020. ¿Qué tan terrible fue el 2020 para nuestro vecino del norte? Esto depende de cómo lo midamos. El PIB anual cayó un -3.5% con respecto a su nivel de 2019, lo que constituye la mayor caída desde 1946, el año posterior a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. En 2020 la mayor parte de la caída del PIB estadounidense se produjo en el primer semestre, ya que el valor de la producción del cuarto trimestre bajó sólo un -2.5% respecto al año anterior.  En una nota publicada en el Wall Street Journal se hace una relación interesante de la disminución del PIB de EE.UU. con la evolución del empleo en dicho país y señala que no obstante el repunte en la actividad en la segunda mitad del 2020, las nóminas no agrícolas en el cuarto trimestre disminuyeron un -6% con respecto al año anterior. Esta divergencia sin precedentes entre la producción y el empleo refleja el impacto desproporcionado de la pandemia en los sectores intensivos en mano de obra como los restaurantes, hoteles, servicios turísticos, actividades recreativas, entre otros en los que la remuneración y la productividad son bajas.

Estados Unidos no ha sido el único país que ha reportado datos preliminares de desempeño del PIB en 2020. A comienzos de la semana que recién termina, se informó que la economía de Corea del Sur sufrió una contracción de -1.0% en 2020. Esta cifra bajo condiciones normales sería un gran fracaso, pero en 2020 es una señal de resiliencia, ya que ésta caída se espera que sea de las más pequeñas entre las principales economías mundiales. La fuerza económica relativa es evidente en Asia, donde China terminó el año con un crecimiento positivo del 2.3% y Vietnam con un 2.9%. Se espera que Taiwán registre una expansión del 1.9%. ¿Qué fue lo que hicieron estos países para tener un buen desempeño en un año tan complicado como el 2020? De acuerdo a diversos análisis, la clave estuvo en la importancia relativa de su gran industria manufacturera (a los servicios les ha ido peor que a la industria), una base de compras en línea (e-commerce) bien establecida y fuertes medidas sanitarias de respuesta a la pandemia.

Contrario a lo que sucede en Asia, el panorama ha sido mucho más complicado en Occidente. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), se espera que en 2020 el PIB de Alemania haya caído -5.5%, el de Brasil -6.0%, el de Canadá -5.4%, el de Francia -9.1%, el de Italia, -9.1%, el de Rusia -4.3% y el del Reino Unido -11.2%. El panorama para muchos de estos países no es muy alentador en el arranque de 2021 ya que el aumento de las infecciones por Covid-19, desde finales de 2020, motivó a varios gobiernos a volver a imponer restricciones a las empresas y las actividades sociales, a la par de que la aplicación de la vacuna ha sido lento. Si bien muchos fabricantes europeos han aprendido lecciones de los cierres de la primavera de 2020 y han logrado mantener las fábricas en funcionamiento en esta ocasión, los consumidores y las empresas siguen siendo cautelosos, lo que merma el gasto de consumidores y la inversión privada.

Una vez que pase lo peor en términos de contagios se pueden esperar mejores cosas. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial se está preparando para una fuerte recuperación de la pandemia en 2021. Según sus pronósticos, el PIB mundial crecerá 5.5% este año (una mejoría respecto del pronóstico de 5.2% hecho en octubre). La materialización  de esta perspectiva depende de que se aumente el ritmo de vacunación y se mejoren los tratamientos contra el Covid-19. El pronóstico supone «una amplia disponibilidad de vacunas en las economías avanzadas y algunas economías de mercados emergentes para el verano de 2021 y en la mayoría de los países para la segunda mitad de 2022».

La OCDE estima que en 2021 la economía de Alemania crecerá 2.6%, la de Brasil 3.5%, Canadá 3.5%, Estados Unidos 3.2%, Francia 6.0%, Italia 4.3%, Rusia 2.8% y el Reino Unido un 4.2%. Como se puede apreciar estas tasas de crecimiento dejarán a todos estos países con niveles de PIB por debajo de los que tenían en 2019 ya que las tasas de caída fueron mayores (en valores absolutos), además de que estas tasas de incremento parten de una base mucho más baja.

Economía de México

El INEGI recién publicó el dato de la estimación oportuna del PIB del 2020 y éste arrojó que el valor de la producción de bienes y servicios en dicho año se desplomó -8.5% (cifra idéntica a la que predijimos en nuestro editorial del 27 de septiembre). Esta cifra se suma al pésimo desempeño observado en 2019 cuando la economía mundial crecía y nosotros caímos -0.03% con cifras revisadas por INEGI. La caída económica de México en 2020 es el peor tropiezo de la economía nacional desde 1932 y hace palidecer las caídas del PIB registradas en las crisis económicas recientes (-4.5% en 1983, -3.73% en 1986, -6.25% en 1995 y -5.28% en 2009). Cabe señalar que la tasa de caída del PIB del comparativo del cuarto trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019 fue de -4.6%, lo que indica cierta “recuperación” económica.

La falta de apoyos gubernamentales a empresas y familias, las pésimas señales enviadas que ahuyentaron la inversión privada en México provocaron que en el balance del año 2020 hayamos retrocedido a un nivel de PIB real similar al de 2015.

Los datos del desempeño del PIB mexicano en 2020 nos ubican en una situación similar a la de Italia, pero con la enorme diferencia de que aquí no hay un estado benefactor que le otorgue un seguro de desempleo a las personas que han perdido su fuente de ingresos. Tampoco contamos con una banca de desarrollo ni comercial que haya salido a prestarle a las empresas a tasas preferenciales en aras de mantenerlas a flote. Es por ello que la recuperación económica de México tardará mucho más, ya que el proceso de empobrecimiento de mucha de la fuerza laboral, aunado a la enorme destrucción de capital, serán grandes obstáculos a superar antes de retomar el nivel de PIB y de vida que se tenía en el país en el 2019.

Las estadísticas de INEGI  de cierre de 2020, dan cuenta de que la tragedia en materia de empleo continúa. En el último mes del año 2020 la Tasa de Participación Económica fue de 56.4% respecto a la población de 15 años y más, mientras que la población ocupada resultó de 52.8 millones de personas. En dicho mes la Tasa de subocupación fue de 14.2% de la población ocupada, la ocupación informal ascendió a 29.5 millones de personas, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 55.8% de la población ocupada.  Finalmente, la población desocupada de 15 y más años, representó el 3.8% de la PEA, porcentaje que equivalente a 2.1 millones de personas en diciembre de este año. Todos estos indicadores denotan un deterioro respecto de la situación  de hace un año.

¿Y qué se espera para el 2021? En un comunicado francamente increíble, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que el PIB mexicano crecerá 4.3% este año, impulsado básicamente por la demanda externa a través de las exportaciones a los Estados Unidos, nación que el FMI proyecta que crecerá 5.1%.  La razón por la cual afirmo que las cifras del FMI son increíbles es porque básicamente deja a la economía estadounidense todo el arrastre para México a través del sector exportador, el cual tendría que arrastrar al resto de la economía.

En el entendido de que las exportaciones a Estados Unidos representen el 28% de nuestro PIB, un aumento de las exportaciones hacía dicho país de un 10% impulsarían nuestra economía en 2.8 puntos porcentuales. ¿De dónde van a salir los otros 1.5 puntos de crecimiento si la inversión privada está colapsada, difícilmente aumentará el gasto público en términos reales y el consumo pudiera crecer un 2% en términos reales?  La realidad es que el planteamiento del FMI es demasiado optimista en un contexto en el que la pandemia del Covid-19 sigue fuera de control, parte de la actividad económica en el centro del país sigue detenida y no hay avances significativos en el proceso de vacunación. De acuerdo a nuestro modelo econométrico, el crecimiento del PIB de 2020 para México estará más en el orden de 3.2%. Veremos si el tiempo nos da la razón.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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En Twitter: @alejandrogomezt

¿Qué hizo China para ser el gran ganador de la pandemia de Covid-19?

Los recientes indicadores económicos de China, que dan cuenta de su desempeño en 2020, nos hablan de una historia de “éxito” cuando la enorme mayoría del mundo desarrollado registró un desempeño terrible con caídas en su producción, comercio exterior, empleo, entre otros. Este es el punto abordado en un artículo de Stella Yifan Xie, Eun-Young Jeong y Mike Cherney, publicado en el Wall Street Journal el pasado 13 de enero, y titulado “La economía de China avanza mientras que el resto del mundo se tambalea”. El artículo es por demás ilustrativo e interesante, ya que no obstante que China es el lugar en el que se originó la pandemia de Covid-19 (y hay serias sospechas de que el virus es sintético y se filtró de uno de sus laboratorios), los autores dan cuenta de qué fue lo que hizo China para aprovechar la crisis mundial del Covid-19. En esta entrega lo analizamos.

El artículo comienza señalando que China terminó el año del Covid-19 más fuerte de cómo lo comenzó, en muchos sentidos, acelerando su posición para ser un jugador cada vez más importante en la  economía global, que durante mucho tiempo ha sido dominada por Estados Unidos. Ahora en día, mientras que EE.UU. y Europa están a la expectativa de que la vacunación masiva les permita retomar la senda del crecimiento, China es la única economía importante que habría crecido en 2020, acercándose así a tener una economía del tamaño de la estadounidense.

En el 2020, China amplió su papel en el comercio mundial y reforzó su posición como fábrica mundial, a pesar de los años de esfuerzos de Estados Unidos para persuadir a las empresas de que ubiquen sus empresas en otros países. El mercado de consumo de China, impulsado por su rápida recuperación de Covid-19, sigue ganando impulso, lo que lo convierte en el motor más importante para las ganancias de las empresas globales.

Además, el país ha consolidado su posición como una fuerza en los mercados financieros globales, con una participación récord de ofertas públicas iniciales (OPIs) y cotizaciones secundarias en 2020, además de haber registrado grandes entradas de capital en acciones y bonos, y mantener el desempeño de índices bursátiles que superaron con creces al magnífico desempeño del mercado bursátil estadounidense.

El resultado del 2020 es un mundo que ahora depende más que nunca de China para crecer. De acuerdo con Moody´s Analytics, se espera que en el 2020 la economía de China haya representado el 16.8% del producto interno bruto mundial, ajustado a la inflación. Eso representa un aumento importante respecto del 14.2% que tenía en 2016, antes de que Estados Unidos y China entraran en una guerra comercial. Se espera que EE.UU. haya representado el 22.2% del PIB mundial en 2020, ligeramente por debajo del 22.3% observado en 2016. Tan sólo en el 2020, la participación de China en el PIB mundial aumentó en 1.1 puntos porcentuales, lo que significa el mayor incremento de participación relativa en un año, desde la década de 1970.

Las ganancias de China son resultado del éxito que tuvieron para contener la enfermedad del Covid-19 y hacer que sus negocios volvieran a funcionar. Los programas de estímulo del país, que eran más pequeños (como proporción del tamaño de su economía) comparados con los de EE.UU., se enfocaron en relanzar la producción industrial y evitar que las pequeñas empresas quebraran, además de que éstos implicaron poco apoyo directo para los consumidores (a diferencia de EE.UU. que ha gastado miles de millones en cheques de estímulo para los contribuyentes).

Esto implica una estrategia radical, ya que mientras que los consumidores estadounidenses siguieron gastando mucho (gracias a los estímulos), las fábricas chinas estaban listas para atender esa demanda de bienes. Eso ayudó a respaldar los empleos chinos y el propio gasto del consumidor de China durante el resto del año.

China también se benefició porque es difícil para las empresas manufactureras extranjeras reubicarse de país en el corto plazo, incluso después de que las interrupciones de la pandemia dejaron a muchos ejecutivos con el deseo de diversificar sus cadenas de suministro. Las empresas deben sopesar la pérdida de eficiencia al dejar de tener cerca a la mayoría de los proveedores de sus fábricas, así como los riesgos de mudarse a otro lugar después de que China ha demostrado a lo largo de muchos años que es altamente confiable. Contrariamente a lo que se piensa, en una encuesta de noviembre de HSBC Holdings PLC aplicada a más de 1,100 corporaciones globales, se encontró que el 75%, incluido el 70% de las empresas estadounidenses, esperan aumentar su presencia en la cadena de suministro en China durante los próximos dos años.

Tensiones comerciales

Para el resto del mundo, el éxito de China es un arma de doble filo. Por un lado, la demanda por parte de china ha sido una bendición para las empresas que venden a ese país, incluidos los productores de materias primas, así como los fabricantes de automóviles y las empresas de artículos de lujo que perdieron ventas en otros lugares. Pero por el otro, la renovada fuerza de China también ha dejado a las empresas más expuestas a un país cuyos líderes han dejado en claro que quieren reducir la dependencia de China de las empresas extranjeras y ahora buscan construir más corporaciones propias.

En Estados Unidos, los aranceles que la Administración Trump le aplicó a China tenían como objetivo el atacar los desequilibrios en la economía global y “nivelar el campo de juego” entre los dos países. Sin embargo, se espera que en 2020 China registre el mayor superávit en su cuenta corriente, la medida más amplia de las transacciones de un país con el resto del mundo, en la historia de cualquier país, según Capital Economics, una firma de investigación.

No obstante lo anterior, China continúa enfrentando grandes desafíos económicos, incluido el envejecimiento de su población y el aumento de los costos laborales, que encarecen la fabricación. Una reciente ola de incumplimientos crediticios por parte de empresas estatales se ha sumado a las preocupaciones de hace varios años respecto del manejo de su deuda.  Por su parte, el impulso que ha tenido su manufactura podría disminuir este 2021, si otras partes del mundo echan a andar con fuerza sus aparatos manufactureros. Además, algunos economistas dicen que el modelo económico liderado por el estado del país ha debilitado la innovación del sector privado, la cual sin duda es vital para el futuro de China.

Sin embargo, desde que surgió Covid-19, la economía de China ha sido resistente, reforzando la creencia de los líderes de Beijing de que su sistema ofrece una alternativa más confiable al capitalismo democrático occidental, especialmente durante tiempos de crisis.

No obstante todo lo anterior, no podemos dejar de reconocer que Estados Unidos sigue siendo la economía número uno del mundo, con el mercado de consumo más grande, un nivel de vida mucho más alto y una moneda cuya importancia eclipsa a la del yuan chino. El PIB nominal de Estados Unidos sigue siendo 50% mayor que el de China.

¿Qué esperar en 2021? Es bien sabido que Estados Unidos también está lidiando con un estrés político extremo. Este año, se espera que su PIB crezca entre un 3% y un 4%, pero es probable que su economía no vuelva a su tamaño de 2019 hasta la segunda mitad del año, según las previsiones de algunos economistas. Por su parte, se espera que China crezca hasta un 9% en 2021, según estimaciones de Morgan Stanley.

Fabricas reabiertas

Durante años, los economistas han advertido que los crecientes costos laborales de China, la profundización de la deuda y la disminución de las ganancias de productividad, pondrían en peligro su condición de fábrica mundial. La guerra comercial y los aranceles más altos redujeron aún más las ventajas de China. Pero la participación de China en las exportaciones mundiales de bienes sigue creciendo. Según Oxford Economics, fue del 15.4% en noviembre, el mes más reciente para el que se dispone de datos al momento de escribir etas líneas, cifra que se compara favorablemente con la participación de 13.7% observada a finales de 2019.  Este incremento en la participación relativa fue  impulsada en parte por la rápida transformación manufacturera de China para vender equipos de protección personal, como máscaras y respiradores, cuyas ventas aumentaron durante la pandemia.

De acuerdo con los autores del artículo, Beijing intervino enérgicamente para contener el Covid-19 y ayudar a mantener abiertas las fábricas y negocios. Cerró gran parte del país e impidió que la gente saliera de sus hogares por períodos prolongados. Estas medidas son difíciles de implementar en países con más libertades. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud de China, alrededor de 4,600 personas han muerto en ese país como resultado de la pandemia, aunque algunos investigadores creen que el número real es mucho más alto. En contraste, en Estados Unidos, el número de muertos se acerca a los 380 mil.

China además le ordenó a los bancos estatales que detuvieran el cobro de deudas de las empresas e individuos afectados, al tiempo que ofrecían crédito fresco a las pequeñas empresas a tasas más baratas de lo habitual. Los funcionarios locales exigieron que los propietarios de las fábricas cumplieran con estrictos estándares para garantizar operaciones seguras, incluido, en algunos casos, el monitorear los desplazamientos de los trabajadores en las regiones afectadas.

En aras de mantener la manufactura de píe, muchos gobiernos locales, incluida la ciudad de Foshan, enviaron autobuses para llevar a los trabajadores migrantes varados en las aldeas de regreso a las fábricas una vez que el virus desapareció. Como ejemplo tenemos que algunos de los más grandes fabricantes, como Foxconn Technology Group, que ensambla productos de Apple Inc. en China, ofrecieron a los trabajadores bonificaciones de hasta 430 dólares por persona para que regresaran al trabajo.

Con los consumidores en Occidente pasando más tiempo en casa, los pedidos del extranjero aumentaron y las empresas manufactureras chinas se beneficiaron. Para muchas empresas, sus ventas en 2020 aumentaron alrededor de un 20%. Es así que desde principios de abril, más del 97% de las empresas más grandes de China habían reabierto, según Zhang Weihua, funcionario de la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Expandiendo los mercados de consumo

El gasto del consumidor en China se recuperó hacía el otoño de 2020. De acuerdo con la firma de investigación Euromonitor International, se anticipa que el mercado de artículos de lujo personales de China haya crecido un 7.6% en 2020, en un contexto en el que el mercado global de estos artículos se contrajo un 20%.

Por su parte, si bien la inversión extranjera directa en Estados Unidos y Europa se desplomó en la primera mitad de este año, se mantuvo en gran medida estable en China, donde de hecho aumentó un 6.3% en el acumulado de los primeros once meses de 2020, de acuerdo con cifras del Ministerio de Comercio de China.

Todo lo anterior se tradujo en que el dinero internacional siguió entrando a China de diversas formas, lo que dio impulso a su objetivo a largo plazo de construir importantes centros financieros nacionales. Los mercados chinos, incluido el de Hong Kong, representaron el 43% de las cotizaciones públicas del mundo el año pasado, según datos de Refinitiv.

Las tenencias extranjeras de bonos chinos alcanzaron un récord de 3.25 billones de yuanes, equivalentes a unos 503 mil millones de dólares, en diciembre, cifra 49% más elevada respecto a hace un año, según datos compilados por Bond Connect Co.

Finalmente, el índice MSCI China, que incluye las empresas chinas que cotizan en el país y las que cotizan en Nueva York u otras ubicaciones, subió un 27% en términos de dólares el año pasado. El índice MSCI AC World subió 14% en el mismo período, y el índice de referencia de MSCI en EE.UU. creció un vigoroso 19%.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de China al lidiar con la crisis del Covid-19?

En primer lugar, que lo más importante no es mantener el consumo a flote, sino la capacidad productiva. Desde este espacio he sido un duro crítico de la estrategia del gobierno federal mexicano de no apoyar a los empleadores (empresas) y permitir una destrucción masiva de capital privado, fuente de empleos, ingresos y productividad.

No sé si esto haya sido un acto deliberado para debilitar al sector empresarial mexicano, pero la realidad es que México es de los países que habría salido peor librado por la pandemia. El resucitar las miles de empresas que cerraron sus puertas nos tomará años, mientras que los importadores no tendrán problemas en traer del exterior todo lo que no encuentren en el mercado doméstico. En 2021 comenzaremos a ver con mayor claridad los costos económicos de un pésimo manejo de la pandemia, en la que al cerrar la actividad económica, se condenó a muerte a miles de empresas mexicanas, mientras que las fábricas chinas estuvieron listas para cubrir la demanda mundial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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El mundo en el 2021: después de la crisis, la oportunidad

La revista inglesa The Economist publicó su edición titulada “El Mundo en 2021”, la cual contiene diversos artículos que analizan a profundidad lo que podemos esperar para el año que viene a nivel global. En esta entrega quiero hacer referencia a dos piezas: la primera de Tom Standage, editor de la edición “El Mundo en 2021”; y la segunda, de Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist, titulado “Después de la crisis, oportunidad”. Me parece que ambas son lecturas imperdibles que nos dan una buena idea sobre qué esperar para el año que viene en el ámbito mundial, y cómo Estados Unidos podría regresar a liderar nuevamente la escena mundial.

El mundo en 2021

Tom Standage publicó una carta en la que menciona las 10 tendencias que habremos de observar en año 2021, mismas que dejan claro que no todo será fatalidad y tristeza como en el año que está por concluir. La carta comienza haciendo la pregunta de si nos sentimos con suerte. El número 21 está relacionado con la suerte, como el riesgo de lanzar los dados, es el número de puntos en un dado estándar y es el nombre de una familia de juegos de cartas, incluido el blackjack.

Todo esto parece extrañamente apropiado para un año de inusual incertidumbre. El gran premio que se ofrece es la posibilidad de controlar la pandemia de coronavirus. Pero en el proceso, abundan múltiples riesgos para la salud, la recuperación económica y la estabilidad social en 2021. A continuación se presentan las diez tendencias a seguir en el próximo año:

1. Peleas por las vacunas. A medida que las primeras vacunas ya están disponibles en cantidad, el enfoque pasará del heroico esfuerzo para desarrollarlas a la igualmente abrumadora tarea de distribuirlas. La “diplomacia” de las vacunas acompañará las luchas dentro y entre países sobre quién debería recibirlos y cuándo. Pero habrá un comodín: ¿cuántas personas rechazarán una vacuna cuando se les ofrezca?

2. Una recuperación económica desigual. A medida que las economías reboten después de la crisis de la pandemia, la recuperación será irregular, ya que los cierres económicos parciales se seguirán imponiendo en diferentes lugares, se removerán y se volverán a imponer conforme la pandemia avance. Y los gobiernos que han dado apoyos, pasarán de una estrategia de apoyar a las empresas (para mantenerlas con vida artificial) a ayudar a los trabajadores que han perdido sus trabajos. Se ampliará la brecha entre empresas fuertes y débiles.

3. Reparando el desorden del nuevo mundo. ¿Cuánto podrá Joe Biden, recién llegado a la Casa Blanca, arreglar de un orden internacional basado en reglas que se desmoronan? El Acuerdo climático de París y el Acuerdo nuclear con Irán son los lugares obvios donde comenzará la presidencia de Biden. La tarea será difícil porque el derrumbe del orden mundial comenzó desde antes de la Presidencia de Donald Trump, por lo que repararlo durará más de los cuatro años que duró su presidencia.

4. Más tensiones entre Estados Unidos y China. No esperen que Biden termine la guerra comercial con China. En cambio, querrá enmendar las relaciones con los aliados para librarla de una manera más efectiva. Muchos países, desde África hasta el sudeste asiático, están haciendo todo lo posible para evitar tomar partido a medida que aumenta la tensión.

5. Empresas en primera línea. Otro frente para el conflicto entre Estados Unidos y China son las empresas, y no solo los ejemplos obvios de Huawei y TikTok, en la medida en la que los negocios se convierten más en un campo de batalla geopolítico. Además de la presión desde arriba, los jefes de estas grandes empresas también se enfrentan a la presión desde abajo, ya que los empleados y clientes exigen que se tomen posiciones más firmes sobre el cambio climático y la justicia social, donde los políticos han hecho muy poco.

6 Después de la tecno-celeración. En 2020, la pandemia aceleró la adopción de muchos comportamientos tecnológicos, desde videoconferencias y compras en línea hasta trabajo remoto y aprendizaje a distancia. En 2021, será más claro hasta qué punto estos cambios se mantendrán o si retrocederán.

7 Un mundo menos suelto. El turismo se encogerá y cambiará de forma, con más énfasis en los viajes nacionales. Las aerolíneas, las cadenas hoteleras y los fabricantes de aviones seguirán teniendo dificultades, al igual que las universidades que dependen en gran medida de los estudiantes extranjeros. El intercambio cultural también se verá afectado.

8. Una oportunidad sobre el cambio climático. Un lado positivo en medio de la crisis es la oportunidad de tomar medidas sobre el cambio climático, ya que los gobiernos de países desarrollados han estado invirtiendo en planes de recuperación ecológica para crear empleos y reducir las emisiones. ¿Qué tan ambiciosas serán las promesas de reducción por parte de los países en la Conferencia de la ONU sobre el Clima, la cual no se pudo llevar en 2020?

9. El año del déjà vu. Ese es solo un ejemplo de cómo el próximo año puede sentirse, en muchos aspectos como una segunda versión del 2020, ya que los organizadores de eventos como los Juegos Olímpicos, la Expo de Dubai y muchas otras reuniones políticas, deportivas y comerciales harán todo lo posible para llevarlas a cabo un año después de lo planeado. No todos tendrán éxito.

10 Una llamada de atención para otros riesgos. Los académicos y analistas, muchos de los cuales han advertido del peligro de una pandemia durante años, intentarán aprovechar esta estrecha ventana de oportunidad para lograr que los responsables de la formulación de políticas tomen más en serio otros riesgos desatendidos, como la resistencia a los antibióticos y el terrorismo nuclear. Hay que desearles suerte.

Tom Standage concluye señalando que el próximo año promete ser particularmente impredecible, dadas las interacciones entre la pandemia, una recuperación económica desigual y una geopolítica conflictiva. Advierte que entre más informados estemos, tendremos mayores probabilidades de sortear los riesgos y las oportunidades que se avecinan.

Después de la crisis, la oportunidad

En el artículo de Zanny Minton Beddoes, la autora aborda lo que considera que son las fuerzas que darán forma al mundo post-Trump y post-covid. Ella comienza señalando que algunos años cobran protagonismo en la historia. Por lo general, es el final de una guerra o el inicio de una revolución lo que marca el cambio de un capítulo a otro, pero el 2020 será una excepción. La derrota de Donald Trump marcó el final de una de las presidencias más divisivas y dañinas en la historia de Estados Unidos. Por su parte, una pandemia única en un siglo ha creado la oportunidad de un reinicio económico y social tan dramático como el de la era progresista. La gran pregunta para 2021 es si los políticos son lo suficientemente atrevidos para comprenderlo.

El Covid-19 no solo ha golpeado la economía global. Ha cambiado la trayectoria de las tres grandes fuerzas que están dando forma al mundo moderno: 1. La globalización se ha truncado, 2. La revolución digital se ha acelerado radicalmente, y 3. La rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y China se ha intensificado. Al mismo tiempo, la pandemia ha agravado uno de los grandes flagelos actuales: la desigualdad. Y al mostrar el costo de no estar preparados para un desastre de baja probabilidad pero de muy alto impacto, ha hecho que más mentes piensen en el desastre inevitable e incluso de mayor impacto del próximo siglo: el del cambio climático. Todo esto significa que no hay vuelta atrás al mundo pre-covid.

Esto no será obvio a principios del siguiente año. En medio de la miseria de una segunda ola de contagios y muertos, la atención en muchos países seguirá centrada en controlar el virus. Cuando comience el año nuevo, ya habrá vacunas, aunque no estén todavía ampliamente disponibles. Solo a medida que avance el 2021 y se hagan vacunaciones masivas, quedará claro cuánto en el mundo ha cambiado permanentemente.

Y eso resultará ser mucho, particularmente para Occidente. El mundo post-covid será mucho más digital. Desde el trabajo a distancia hasta el comercio minorista en línea, la pandemia ha reducido años de transformación digital a meses, lo que ha traído consigo un cambio radical en la forma en que las personas viven, lo que compran y dónde trabajan. Los ganadores de este ataque de destrucción creativa incluyen a los gigantes tecnológicos (cuyas ganancias y precios de las acciones han aumentado) y las grandes empresas en general (que tienen los mayores tesoros de datos y los suficientes recursos para invertir en la transformación digital). Las grandes ciudades tendrán que reinventarse. Habremos de presenciar una avalancha de más cierres, especialmente entre pequeñas empresas y en las industrias minorista, de viajes y hotelería.

Aunque la globalización seguirá siendo sobre bienes y capitales que cruzan fronteras, la gente viajará menos. Los países asiáticos que controlaron el virus con mayor eficacia fueron también los que cerraron sus fronteras de forma más estricta. Su experiencia dará forma a las políticas de otros. Las restricciones fronterizas y las cuarentenas permanecerán vigentes mucho después de que disminuyan los casos de covid-19. E incluso después de que se reinicie el turismo, la migración seguirá siendo mucho más difícil. Eso hará mella en las perspectivas de los países pobres que dependen de los flujos de remesas de sus trabajadores migrantes en el extranjero, reforzando el daño causado por la pandemia en sí. Es probable que unos 150 millones de personas caigan en la pobreza extrema a fines de 2021.

El comercio mundial se llevará a cabo en un contexto geopolítico desfavorable. El mercantilismo de Trump desaparecerá, pero las sospechas de Estados Unidos sobre el comportamiento de China no terminarán con la partida del «Tariff Man», como el presidente Trump se enorgullecía de ser conocido. Se mantendrán los aranceles, ahora aplicados a dos tercios de las importaciones de China, al igual que las restricciones a sus empresas de tecnología. Continuará la fragmentación del mundo digital y su cadena de suministro en dos partes, una dominada por los chinos y la otra por los estadounidenses. La rivalidad chino-estadounidense no será la única influencia de esas dos potencias en la globalización. Castigados por su dependencia de suministros médicos importados y otros bienes críticos (a menudo de China), los gobiernos de Europa a India redefinirán el alcance de las “industrias estratégicas” que deben protegerse. Las ayudas estatales para apoyar esta nueva política industrial se han convertido y seguirán siendo omnipresentes.

Todo esto dejará la economía mundial dividida y debilitada. La brecha entre la fuerza de China (y otras economías asiáticas post-covid) y la debilidad de otros lugares seguirá siendo evidente. La de China fue la única gran economía que creció en 2020; en 2021 su tasa de crecimiento superará el 7%, sustancialmente más alta que la tasa de recuperación en Europa y América. Y, a diferencia de las economías occidentales, su recuperación no se sustentará en enormes déficits presupuestarios o estímulos monetarios extraordinarios. El éxito económico de China y la rápida derrota del covid-19 serán el telón de fondo de un año de celebración triunfal en Beijing, ya que el Partido Comunista celebra su centenario.

El contraste con Occidente será profundo. Estados Unidos comenzará el año con un crecimiento tambaleante, sobre todo por no haber aprobado un paquete de estímulo económico lo suficientemente robusto en los últimos días de la administración Trump. Las economías de Europa serán lentas por mucho más tiempo, con generosos apoyos laborales que atan a las personas a trabajos que ya no existen y mantienen empresas zombis respaldadas por el estado. A ambos lados del Atlántico, la inequidad del impacto del covid-19 será cada vez más clara: los más vulnerables son los más afectados por el virus; la pérdida de puestos de trabajo se concentra entre las personas menos calificadas; la interrupción educativa afectará más a los niños más pobres. La ira pública crecerá, particularmente en Estados Unidos, que entrará en 2021 como un país profundamente dividido.

Con un mundo occidental golpeado y China cacareando, muchos expertos declararán que la pandemia será la sentencia de muerte para un orden mundial liderado por Occidente. Esa afirmación resultará prematura. A pesar de su “diplomacia de las vacunas”, China inspira más miedo y sospecha que admiración. Y a pesar de toda su determinación de llevar a China al centro del escenario, su presidente, Xi Jinping, muestra poco apetito por un liderazgo global genuino. Aunque el desprecio de Trump por los aliados y las incursiones en la diplomacia transaccional han sacudido la confianza en el orden global liderado por Estados Unidos, no la han destruido del todo.

Eso significa que Estados Unidos, una vez más, tendrá la capacidad desproporcionada para moldear el mundo pospandémico, y el hombre más capaz de marcar la pauta es un hombre de 78 años. Joe Biden, quien es considerado como un moderado constructor de consensos cuyas propias posiciones políticas siempre se han acercado al centro de gravedad de su partido, es poco probable que se convierta en el arquitecto del nuevo orden mundial.

Pero podría ser la persona adecuada. La plataforma política de Biden es lo suficientemente ambiciosa. Detrás del lema de «reconstruir mejor» hay un intento audaz, pero no radical, de unir un estímulo a corto plazo con una fuerte inversión en infraestructura verde, investigación y tecnología para acelerar drásticamente la transformación energética de Estados Unidos. Desde ampliar el acceso a la atención médica hasta mejorar el seguro social, el contrato social propuesto por Bidenomics es una versión del siglo XXI de la era progresista: reforma audaz sin izquierdismo peligroso.

En política exterior, Biden reparará las relaciones y reafirmará los valores y el papel global de Estados Unidos. Un veterano de la diplomacia y un multilateralista instintivo y constructor de instituciones, Biden enviará señales fuertes rápidamente: Estados Unidos volverá a entrar en el Acuerdo climático de París, permanecerá en la Organización Mundial de la Salud y se unirá a COVAX, la coalición global para distribuir una vacuna covid-19. Se dirigirá rápidamente a Europa para reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la OTAN y la alianza transatlántica, aunque su primera parada será Berlín o París, en lugar del Brexit de Boris Johnson en Gran Bretaña. Biden reafirmará la importancia de los derechos humanos y la democracia para la política exterior estadounidense. Espere críticas más duras a China por su trato a los uigures en Xinjiang y su opresión en Hong Kong. Con Biden ya no habrá más simpatías para con los dictadores.

Sin embargo, en las cuestiones más importantes, la presidencia de Biden ofrecerá más un cambio de enfoque que de dirección. Estados Unidos seguirá preocupado por la amenaza que representa una China en ascenso: la administración Trump merece crédito por centrar la atención en este punto. Pero en lugar de atacar con aranceles unilaterales, el equipo de Biden se centrará en construir una coalición multilateral para contrarrestar a China. Espere que se hable de una gran negociación transatlántica en la que Estados Unidos tranquilizará las preocupaciones europeas sobre sus gigantes tecnológicos, particularmente los datos personales que recopilan y el impuesto que no pagan, a cambio de una estrategia conjunta en contra de las empresas tecnológicas chinas. Espere escuchar de una nueva alianza global, que unirá a las democracias asiáticas en la coalición occidental para contrarrestar a China, la base, posiblemente, de un nuevo tipo de orden mundial liderado por Estados Unidos.

Zanny Minton Beddoes concluye señalando que la oportunidad esta ahí. La pregunta es si el señor Biden lo comprenderá. El riesgo es que, tanto en casa como en el extranjero, una presidencia de Biden demuestre ser extensa en palabras tranquilizadoras y corta en acciones efectivas. De igual forma existe el riesgo de que Biden, esté o no limitado por un Senado controlado por el partido Republicano, dedique demasiado tiempo en reparar el mundo del ayer en lugar de construir el de mañana. En conclusión, el mayor peligro no es la sacudida de la izquierda que temen muchos simpatizantes de derecha, sino la inacción, la timidez y el estancamiento. Para Estados Unidos y el mundo, sería una lástima terrible.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un futuro laboral espantoso

El economista Peter Koening recién escribió un artículo titulado “El mundo Post Covid: El proyecto diabólico del FEM (´La agenda para el reinicio del futuro del trabajo´ y ´El gran reinicio´) que plantea un futuro espantoso”. En dicho artículo se hace una dura crítica y advertencia respecto de lo que aparentemente son los planes del Foro Económico Mundial (FEM) para la deshumanización del trabajo en un mundo post-covid, mismos que se plasman en “La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid”.

Koening, quien trabajó en el Banco Mundial por 30 años, advierte que con el documento previo del FEM (de julio de este año), titulado “Covid-19 el gran reinicio”, el fundador del FEM, Klauss Schwab, tuvo la intención de medir la reacción de la gente ante el planteamiento de un escenario futuro. Al no haber habido mayor reacción negativa, ahora el FEM nos presenta una nueva visión del futuro que si el mundo leyera con atención se levantaría en armas y lucharía contra este reciente plan totalitario, ofrecido al mundo por el FEM.

La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid promete un futuro, para el 80% de la población que haya sobrevivido el Covid, que hace ver la obra de «1984» de George Orwell como una fantasía benigna en comparación con lo que el FEM tiene en mente para la humanidad.

El marco temporal de la nueva agenda es dentro de 10 años, en 2030, cuando el plan de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se haya implementado.

Las medidas empresariales contempladas, en materia de trabajo, como respuesta al COVID-19 son las siguientes:

• Una aceleración de los procesos de trabajo digitalizados. Esto ocasionará que el 84% de todos los procesos de trabajo como conferencias, sean digitales o virtuales.

• Se prevé que el 83% de las personas trabajen de forma remota. Es decir, ya no más interacción entre colegas, habrá distanciamiento social absoluto, separación de la humanidad del contacto humano.

• Se planea automatizar alrededor del 50% de todas las tareas; en otras palabras, la participación humana en los centros de trabajo disminuirá drásticamente, incluso mientras se trabaja a distancia.

• Habrá una aceleración de la mejora / actualización de los procesos de digitalización de habilidades (por ejemplo, proveedores de tecnología educativa): el 42% de la actualización de habilidades o la capacitación para nuevas habilidades se digitalizará. Esto significa que se disminuirá aún más el  contacto humano, el futuro es de todo en computadoras, inteligencia artificial (IA) y algoritmos.

• Se acelerará la implementación de programas de perfeccionamiento y/o readaptación de habilidades. Se prevé que el 35% de las habilidades sean «remodeladas», es decir, se planea abandonar las habilidades existentes, declarándolas extintas. Esto implica un duro y costoso proceso de readaptación para quienes cuenten con los medios para lograrlo.

• Se acelerarán las transformaciones organizativas en curso (por ejemplo, reestructuración): se prevé «reestructurar» el 34% de las configuraciones organizacionales actuales o, en otras palabras, las estructuras organizativas existentes se declararán obsoletas para dejar espacio para nuevos conjuntos de marcos organizativos. Se crearán nuevas estructuras digitales que proporcionan el máximo control sobre todas las actividades.

• Reasignación temporal de trabajadores a diferentes tareas: se espera que esto afecte al 30% de la fuerza laboral mundial. Eso también significa escalas de pago completamente diferentes, lo más probable es que haya nuevos salarios insuficientes para subsistir. Esto además provocaría que el también planificado «salario básico universal» o «ingreso básico», sea un salario que apenas te permita sobrevivir, una necesidad obvia. – Pero te haría totalmente dependiente del sistema (el Estado), habría un sistema digital, donde no tienes control alguno.

• Se reducirá temporalmente la población activa: se prevé que esto afectará al 28% de la población. Es una cifra adicional de desempleo, disfrazada, ya que el «temporal» nunca volverá a ser de tiempo completo.

• Reducir permanentemente la fuerza laboral: 13% de la fuerza laboral se reduce permanentemente.

• Incrementar temporalmente la fuerza laboral – 5% – no se hace referencia a qué tipo de fuerza laboral – probablemente será la mano de obra no calificada que tarde o temprano también será reemplazada por la automatización, por la Inteligencia Artificial (IA) y la robotización del lugar de trabajo.

• No se han implementado medidas específicas – 4% – ¿eso significa que solo un 4% permanecerá intacto? ¿Desde el algoritmo y los nuevos lugares de trabajo dirigidos por la IA? – por pequeña e insignificante que sea la cifra, suena como una «ilusión», que nunca se logrará.

• Aumentar permanentemente la fuerza laboral: se proyecta un mero 1% como “fuerza laboral en aumento permanente”. Esto, por supuesto es ridículo. Es un chiste.

Para Koening, esto es lo que se está planteando, es decir, este es el proceso concreto de implementación de “El Gran Reinicio.”

El Gran Reinicio también prevé que haya un plan de crédito mediante el cual toda la deuda personal sería «perdonada» – a cambio de la entrega de todos los activos personales a un organismo o agencia administrativa – la cual podría ser el FMI.

Entonces, no poseerías nada y serías feliz. Porque todas tus necesidades estarán cubiertas.

Además, no se les debería ocurrir estar en desacuerdo con el sistema, porque, a estas alturas, un enorme porcentaje de la población estará vacunado contra la Covid y en su sistema habrá nano-chips, de modo que con la tecnología 5G, y pronto con 6G, su mente puede ser leída e influenciada.

Koening menciona en su artículo que no debemos llamar a esto una teoría de la conspiración, ya que es un borrador o Libro Blanco, es decir, proviene de un «informe autorizado» del FEM.

DARPA – La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, es parte del Pentágono – y hace años desarrolló la tecnología. Es solo cuestión de tiempo para implementarlo. Y se implementará, si nosotros, como pueblo, no protestamos. Cuanto más esperemos antes de tomar acción, más dormidos estaremos caminando hacia este absoluto desastre humano.

“Se están destripando las relaciones sociales y humanas”

Koening menciona en su artículo que se están destruyendo las relaciones sociales y humanas; y esto tiene varias ventajas para este nuevo enfoque “totalitario” de la humanidad por parte del FEM: controlar a la humanidad.

– “Nosotros, el Pueblo”, no podemos rebelarnos, ya no tenemos cohesión entre nosotros,

– «Nosotros, el Pueblo», se utilizará para enemistar a unos contra otros – y habrá un control digital absoluto sobre la humanidad – ejecutado por una pequeña súper élite.

-No tenemos acceso a este control digital, está mucho más allá de nuestro alcance. La idea es que poco a poco nos convertiremos en eso, aquellos de nosotros que podamos sobrevivir. Dentro de una generación más o menos, se espera que esto se convierta en la Nueva Normalidad.

El «ángulo de supervivencia» es un aspecto que no se menciona directamente ni en “El gran reinicio” ni en el Libro blanco que contiene «La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid”.

Bill Gates, los Rockefeller, Kissinger y otros tantos más, nunca han ocultado su firme opinión de que el mundo está sobrepoblado y que la cantidad de personas tiene que reducirse literalmente. Estamos tratando con eugenistas.

Un método perfecto para reducir la población mundial son los programas de vacunación iniciados por Bill Gates y apoyados por la OMS. Se registraron escándalos de programas de vacunación tan desastrosos que provocaron la muerte de niños en la India (en la década de 1990), Kenia (2014 y en adelante) y otras partes del mundo.

Véase también un TedTalk muy revelador de Bill Gates de febrero de 2010, «Innovating to Zero«, el cual ocurrió cerca del momento en que se emitió el «Informe Rockefeller 2010», el mismo informe que nos ha proporcionado la idea de los encierros y del cierre de actividades económicas que ahora se vive en varias partes del mundo.

Lo que ninguno de los informes, ni “El gran reinicio” ni «La agenda para el reinicio del trabajo” mencionan es quién va a hacer cumplir estas nuevas reglas draconianas. – Supuestamente son las mismas fuerzas que ahora están siendo entrenadas para la guerra urbana y para reprimir los disturbios en Estados Unidos y Europa: son la policía y el ejército.

Parte de la Organización Popular de Desobediencia Civil, debe estar centrada en cómo enfocar,  hablar, educar e informar a la policía y al ejército de qué serán utilizados por esta pequeña élite, y que al final también son solo seres humanos, como el resto de nosotros. Por eso es mejor que se pongan del lado de la defensa del pueblo y de la humanidad. Lo mismo debe hacerse con los maestros y el personal médico: información, la verdad sin restricciones.

La desinformación mediática es brutal y poderosa y difícil de contradecir por parte de “nosotros”, sin un presupuesto para contrapropaganda, y al ser un grupo de personas, cada vez más dividido por los propios medios de comunicación. Temas como el uso obligatorio de cubrebocas y el distanciamiento social ya se ha convertido en enemigos de lo que solíamos ser, colegas, amigos, incluso dentro de la familia. Este mismo dictado ha logrado crear rupturas, divisiones y discordia dentro de nuestras sociedades.

Koening finaliza mencionando que se debe destrozar «La agenda para el restablecimiento del futuro del trabajo en un mundo Post-Covid”, así como «El Gran Reinició”. Debe haber una alternativa humana que acabe con organizaciones como el FEM y agencias de la ONU cooptadas, como la OMS, UNICEF, OMC, el Banco Mundial, el FMI, y tal vez incluso todo el sistema de la ONU. Los líderes políticos y empresariales detrás de este proyecto deben ser confrontados y se les deben aplicar los principios fundamentales del derecho internacional.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Buenas noticias, se va Trump; pero su legado quedará

Después de una semana llena de incertidumbre, todo parece indicar que el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, ganó las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Lo único que falta es que se reúna el Colegio Electoral de dicho país y que los delegados lo formalicen. Con esto parece que concluye una etapa de constante incertidumbre mundial y una era de populismo que le “dio alas” para hacer y deshacer a muchos líderes populistas en todo el mundo, incluido al presidente mexicano. El desdén por la verdad, los medios de comunicación, la ciencia, la globalización, así como la práctica de polarizar a la población, tienen ya sus días contados. 

Ahora en día, las redes sociales están inundadas de mensajes en el sentido de que el triunfo de Biden es un triunfo de los “socialistas”, pero me parece que no es así. El triunfo de Biden pone un fin a una etapa en la cual la política exterior de los Estados Unidos se regía por el estado de ánimo de Donald Trump y su cuenta de Twitter. Se acabó el solapar lo que sucede en Venezuela porque Maduro es un protegido de Putin, quien a su vez “se la lleva bien” o tiene una relación obscura con Trump. Si las descalificaciones hacia Joe Biden están fincadas en que el Partido Demócrata trabajará más para crear un estado de bienestar en Estados Unidos o si se basan en que los demócratas son pro aborto y los republicanos son anti aborto, pues me parece que están dejando de ver los temas más importantes que nos deben importar a los mexicanos.

Me parece que con la llegada de Joe Biden a la presidencia, veremos una mayor estabilidad global hacía el futuro. Estados Unidos regresará a una agenda de globalización, una agenda en favor del combate al cambio climático y los derechos de los trabajadores, y dejara de socavar a sus aliados históricos con el fin de congraciarse con sus enemigos históricos como Rusia y Corea del Norte.

Sin embargo, a Joe Biden, no le alcanzará su presidencia (sea de 4 u 8 años) para remediar el daño que ha causado Donald Trump, que por muy Republicano que sea, ocasionó un enorme daño a una economía mundial de libre mercado. Y no me refiero al tema de combatir las trampas de los chinos y lo que hicieron creando su virus y enfermedad del Covid-19, y la ventaja que esto les ha dado para la conquista mundial. Me refiero a lo mucho que Donald Trump dañó con su populismo a la economía mundial.

Es así que después del triunfo de Joe Biden, la mayor parte del mundo ha mostrado su beneplácito, sin embargo subsisten aspectos que van a continuar, aunque Donald Trump haya dejado la Casa Blanca. A continuación  los explico:

1. La animadversión contra china. Para la mayoría de estadounidenses es bastante claro que China no juega limpio en el comercio mundial. Es un país que no tiene una economía de mercado por lo que los costos de producción de sus fábricas están distorsionados.  Los gobiernos provinciales siguen dando subsidios a la exportación, además de que sigue teniendo una gran participación del Estado en la vida económica mediante la participación de empresas públicas. Y eso no es todo, sino que además manipula su moneda en aras de obtener una ventaja en precio en los mercados mundiales (el yuan debería estar más caro).

Si a esto le sumamos que hay serias sospechas de que el virus que causa el Covid-19 salió de un laboratorio de China, pues los políticos estadounidenses, con independencia de su partido político, difícilmente permitirán que un presidente Joe Biden sea suave con China. Si bien es probable que las hostilidades en si guerra comercial bajen de nivel, las exigencias a que China juegue limpio van a seguir.  

Por su parte, y esto lo explico más ampliamente en el siguiente punto, los empresarios de Estados Unidos probablemente se lo piensen dos veces antes de invertir fuerte en China, ya que no se descarta que en 4 años llegue a la presidencia otro populista, igual o más duro que Trump, que vuelva a emprender una guerra comercial contra China. Es por ello que considero que las inversiones estadounidenses seguirán saliendo de China y se ubicarán en naciones como Vietnam o Myanmar. A México llegarán unas pocas ya que los inversionistas tampoco confían en las políticas públicas que lleva a cabo el presidente López Obrador. La falta de certidumbre que genera nuestro gobierno no nos permite capitalizar lo que sucede en Oriente.

2. Se ha perdido la confianza en los Estados Unidos. Los problemas de nuestro vecino del norte son muy complejos. Los retos para reactivar su economía, en un  contexto de una creciente pandemia de Covid-19 son mayúsculos, por lo que difícilmente Joe Biden será un presidente popular en el mediano plazo. Es por ello, además de su edad, que es probable que él pierda las elecciones de 2024 (si es que se decide reelegir). Es así que puede ser que en 2024, el propio Donald Trump busque regresar a la presidencia de Estados Unidos o lo haga algún otro populista radical republicano.

Ante este riesgo, los países no tomarán muy en serio el regreso de Estados Unidos a la arena mundial y al mundo globalizado. ¿Si Estados Unidos regresa al Acuerdo de París será sólo mientras los demócratas estén en la Casa Blanca? ¿Si Estados Unidos decide incorporarse al Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífica (TIPAT o CPTPP por sus siglas en inglés) será hasta que llegue un radical del partido que sea y decida salirse?  

La confianza en las relaciones que los países, sobre todo los aliados europeos, puedan fincar con Estados Unidos se ha deteriorado. Veremos cómo van evolucionando las cosas en el multilateralismo de Joe Biden.

3. La política del “America First”. Como lo señalé líneas arriba, los problemas económicos para Estados Unidos van a continuar. Su planta manufacturera seguirá cabildeando fuerte para que continúen las políticas arancelarias y no arancelarias que le den protección y le permitan crecer. Estados Unidos ya se dio cuenta de que con la amenaza de aranceles punitivos puede doblar a sus adversarios, por lo que seguirá utilizando esta herramienta para buscar fortalecer su manufactura.

Los tiempos en los que Estados Unidos desdeñaba la manufactura y buscaba las maquilas en Asia, han quedado atrás. Nuestro vecino del norte seguirá buscando atraer de regreso a las fábricas y volver a ser una potencia manufacturera. En ese sentido, Estados Unidos mantendrá una dura política comercial y cuando algo no le parezca, seguirá haciendo valer su palabra con amenazas.

En su relación con México, la llegada de Biden a la Casa Blanca y con la videpresidenta Kamala Harris, pondrá una fuerte presión para que los capítulos laborales y ambientales contenidos en el T-MEC se cumplan. La presión para que se fortalezca el sindicalismo y se aplique la reforma laboral en México va a subir de tono.

AMLO apostó por Trump y se equivocó.

A manera de conclusión podemos decir que la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos es una buena noticia para el mundo. Veremos un regreso al multilateralismo y la cooperación, pero el legado de Donald Trump subsistirá, además de que nos queda claro que siempre quedará la puerta abierta para que regrese un populista con un mensaje mesiánico de que resolverá todos sus problemas.

México debe ser inteligente y aprovechar la animadversión contra China y debe entablar una relación de confianza con el nuevo gobierno estadounidense. No creo que le vayan a cobrar muy caro a AMLO la visita de respaldo político que hizo a Washington el pasado 8 de julio, con el pretexto de la ratificación de la entrada en vigor del T-MEC. Sin embargo, les debe quedar bien claro que ya se acabó el gobierno de Donald Trump que les “solapaba” lo que sucedía en México en todos los ámbitos, mientras que nuestro país le detuviera a los migrantes. Ahora si se le exigirán resultados a México, veremos si el gobierno de López Obrador está a la altura.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un ascenso largo y difícil para la recuperación económica

No cabe duda de que la recuperación económica, para muchos países, ha sido un proceso largo y difícil, pero van avanzando. Desafortunadamente, para otras economías, como la mexicana, la recuperación de los niveles de actividad prepandemia será aún más tardado por la falta de políticas públicas que impulsen el mercado interno. En este sentido, el pasado 13 de octubre, el Fondo Monetario Internacional publicó la actualización de su Perspectiva Económica Mundial 2020 (WEO por sus siglas en inglés), la cual tituló “Un ascenso largo y difícil”. En dicho documento se nos da un panorama claro respecto de la situación que guarda la economía mundial y de las perspectivas de ésta para el corto y mediano plazos. De igual manera, se hacen una serie de recomendaciones en materia de políticas públicas, que no estaría mal que los políticos mexicanos implementaran.

El resumen ejecutivo del documento de 204 páginas, comienza señalando que la economía mundial está saliendo de las profundidades a las que llegó tras el desplome de la actividad económica durante el Gran Cierre de abril de este año. Pero con la propagación de la pandemia de COVID-19, muchos países han retrasado la reapertura económica y algunos están restableciendo cierres parciales para proteger a las poblaciones vulnerables. Si bien la recuperación en China ha sido más rápida de lo esperado (este año crecerá 1.9%), el largo ascenso de la economía mundial para regresar a los niveles de actividad previos a la pandemia sigue estando lleno de riesgos y es propenso a retrocesos. A continuación presento los aspectos más relevantes del WEO de octubre y hago algunos comentarios respecto de algunos puntos que aplican a la economía de México.

Perspectivas de crecimiento global y riesgos

Perspectiva de corto plazo. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial se espera que caiga en -4.4% en 2020, una contracción menos severa que la pronosticada en la actualización del WEO de junio de 2020. Para el caso de México, el FMI pronostica una caída del PIB en 2020 de -9.0% y un rebote marginal de 3.5% en 2021. La perspectiva de desempeño económico de México contrasta con la de Brasil, la cual se espera que caiga -5.8% en 2020 y crezca 2.8% en 2021.

La favorable revisión en la perspectiva de desempeño económico mundial refleja que algunos de los resultados del PIB del segundo trimestre fueron mejores de lo anticipado, principalmente en las economías avanzadas, donde la actividad comenzó a mejorar antes de lo esperado después de que se fue abriendo nuevamente la actividad económica en mayo y junio, así como indicadores de una recuperación más sólida en el tercer trimestre. El crecimiento global se proyecta que será de  5.2% en 2021, un poco más bajo que en la Actualización WEO de junio de 2020, lo que refleja la desaceleración más moderada proyectada para 2020 y es una cifra consistente con las expectativas de un prolongado distanciamiento social en el 2021. Tras la contracción en 2020 y la recuperación en 2021, se espera que el nivel del PIB mundial en 2021 sea apenas 0.6% superior al observado en 2019. Las proyecciones de crecimiento implican amplias brechas de producción negativas y elevadas tasas de desempleo este año y en 2021 en países avanzados y en las economías emergentes.

Perspectiva a medio plazo. Después del repunte en 2021, se espera que el crecimiento global se desacelere gradualmente y se estabilice en una tasa de alrededor del 3.5% en el mediano plazo. Esto implica solo un progreso limitado para regresar a la senda de actividad económica que se había anticipado para el periodo de 2020-25, misma que se había proyectado antes de la pandemia. También es un revés severo para la mejora proyectada en el nivel de vida promedio de la población de todos los grupos de países. La pandemia revertirá el progreso logrado desde la década de 1990 en la reducción de la pobreza mundial y aumentará la desigualdad. Las personas que dependen de un trabajo asalariado y están fuera de la red de seguridad social formal enfrentaron pérdidas repentinas de ingresos cuando se impusieron las restricciones de movilidad y se cerraron la mayoría de las actividades económicas. Este año, cerca de 90 millones de personas podrían caer por debajo del umbral de ingresos de 1.90 dólares diarios de pobreza extrema. Además, el cierre de escuelas durante la pandemia plantea un nuevo desafío importante que podría retrasar gravemente la formación y acumulación de capital humano. En el caso de México, investigadores de la UNAM han estimado que este año entre 12 y 16 millones de personas podrían caer a una situación de pobreza extrema.

Por su parte, la moderada perspectiva de crecimiento económico en el mediano plazo viene acompañada de un aumento significativo en el monto de deuda soberana de infinidad de países. Las revisiones a la baja de la producción potencial también implican una base impositiva menor a mediano plazo de lo que se había previsto anteriormente, lo que agrava las dificultades para cumplir con los pagos de intereses de la deuda. En el caso de México, y de acuerdo con cifras oficiales, hemos visto como el monto total de la deuda neta del sector público pasó de 10.83 billones de pesos en 2018 a 11.03 billones en 2019 a 12.18 billones de pesos en 2020. Este incremento en el tamaño de la deuda se debe a la adquisición de nuevos empréstitos, pero también al ajuste en el tipo de cambio que elevó el costo de la deuda pública externa. El incremento en el monto de la deuda neta trae aparejado un aumento en el costo financiero de la misma, no obstante la disminución en las tasas de interés nominales en México y los principales mercados financieros. En 2018 el costo financiero fue de 615.04 miles de millones de pesos (mmdp), en 2019 subió a 666.48 mmdp y para 2020 se proyecta que será de 718 mmdp. Esta evolución de la deuda y su costo financiero, desde luego que ejerce una enorme presión en las finanzas públicas y resta posibilidades de atender temas prioritarios como la salud, educación, seguridad, infraestructura, entre otros.

Volviendo al WEF, tenemos que la proyección de aumento del PIB mundial planteada, asume que el distanciamiento social continuará en 2021, pero posteriormente se desvanecerá con el tiempo a medida que se amplíe la cobertura de vacunas y mejoren las terapias. Se espera que la transmisión local de la enfermedad se reducirá a niveles bajos en todas partes del mundo hasta finales del año 2022.

En función de todo lo anterior, es que las proyecciones a mediano plazo asumen que las economías experimentarán profundas cicatrices debido a la gravedad de la recesión y la necesidad de un cambio estructural, lo que implica efectos negativos persistentes en la producción potencial. Estos efectos incluyen los costos de los ajustes y los impactos negativos en la productividad para las empresas sobrevivientes por diversos motivos: a. Costos para aumentar la seguridad en el lugar de trabajo, b. Amplificación del impacto por la quiebra de empresas, c. Reasignación costosa de recursos entre los sectores productivos, y d. Salida de la fuerza laboral de trabajadores capacitados desalentados. Se espera que estas secuelas de la pandemia agraven las tendencias de estancamiento y pérdida de productividad que venían experimentando muchas economías en los años previos a la pandemia por un bajo crecimiento de la inversión, mejoras modestas en el capital humano y lentas ganancias de eficiencia al combinar la tecnología con factores de producción.

Riesgos. La incertidumbre que rodea al escenario base planteado por el FMI es bastante grande. El pronóstico del FMI se basa en factores económicos y de salud pública que son intrínsecamente difíciles de predecir. Un primer nivel de riesgo se relaciona con la trayectoria de la pandemia, la respuesta de salud pública necesaria y las posibles interrupciones de la actividad doméstica asociadas, sobre todo en los sectores de contacto intensivo. Otra fuente de incertidumbre es qué tan grande serán los efectos globales de los contagios, mismos que ocasionan una débil demanda agregada, un sector turismo muy por debajo de su potencial y menores remesas internacionales. Un tercer conjunto de factores de riesgo comprende las expectativas de los mercados financieros y sus implicaciones para los flujos de capital globales. Además, existe incertidumbre en torno al daño a las cadenas globales de manufactura, mismo que depende de la persistencia de la pandemia y al tamaño y eficacia de la respuesta gubernamental, así como de la magnitud de los desajustes de recursos sectoriales.

El progreso en el desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos contra la enfermedad, así como los ajustes realizados en los lugares de trabajo, así como los cambios por parte de los consumidores para reducir la transmisión, pueden permitir que la actividad se recupere a los niveles prepandémicos más rápidamente. De igual manera, una extensión de las medidas de impulso fiscal hasta 2021, por parte de los países que las llevaron a cabo, también podría elevar el crecimiento por encima del pronóstico.  Sin embargo, el riesgo de que ocurran tasas de crecimiento económico peores a los que se anticipan,  sigue siendo considerable. Si el virus resurge, y los avances en los tratamientos y las vacunas son más lentos de lo previsto, o el acceso de los países a ellos sigue siendo desigual, el ritmo de actividad económica podría ser menor de lo esperado, con un distanciamiento social renovado y bloqueos más estrictos.

Teniendo en cuenta la gravedad de la recesión y la posible retirada de los apoyos de emergencia en algunos países, el aumento de las quiebras de empresas podría agravar la pérdida de empleo y de ingresos. El deterioro de la confianza financiera podría desencadenar una interrupción repentina del flujo de préstamos (o la imposibilidad de refinanciar la deuda existente) a economías vulnerables. Y los efectos de contagio transfronterizos de una demanda externa más débil podrían amplificar el impacto de los shocks específicos de cada país.

En el caso de México, hemos señalado en múltiples ocasiones que la falta de apoyos para mantener las fuentes de trabajo tendrá secuelas importantes. La destrucción de capital físico en las empresas que cerraron y no volverán a abrir, así como la pérdida de recursos humanos capacitados en determinadas actividades, tendrá secuelas importantes. Resulta difícil de comprender que mientras que el FMI pide a los gobiernos de los países no recortar abruptamente los apoyos y estímulos para sus economías, aquí en México, realmente estuvimos todo este tiempo sin apoyos del gobierno federal. Si acaso contamos con cierta flexibilidad en la política monetaria que se tradujo en una disminución de las tasas de interés de Cetes y TIIE, pero con un efecto limitado dado que la llave del crédito se cerró (en agosto la cartera de crédito vigente al sector privado de la banca comercial se redujo 1.4% real anual en agosto de 2020).

Prioridades políticas: imperativos a corto plazo, desafíos a mediano plazo

El WEO señala que además de combatir la profunda recesión a corto plazo, los gobernantes deben abordar otros desafíos complejos para poder colocar a sus economías en una senda de mayor crecimiento de la productividad, que de manera paralela garanticen que las ganancias se compartan de manera uniforme y la deuda pública siga siendo sostenible. Muchos países ya enfrentan difíciles dilemas entre implementar medidas para apoyar el crecimiento a corto plazo y evitar una mayor acumulación de deuda que será difícil de pagar en el futuro, considerando el impacto de la crisis en el producto potencial. Por lo tanto, las políticas para respaldar la economía a corto plazo deben diseñarse con miras a guiar a las economías por sendas de crecimiento más fuerte, equitativo y resistente.

Las medidas fiscales y de gasto de los diferentes países deben privilegiar las iniciativas que pueden ayudar a elevar la producción potencial, garantizar un crecimiento participativo que beneficie a todos y proteger a los vulnerables. Es más probable que la deuda adicional contraída para financiar tales esfuerzos se amortice en el futuro aumentando el tamaño de la economía y la base impositiva futura que si los préstamos se hicieran para financiar subsidios mal dirigidos o gastos corrientes derrochadores. Las inversiones en salud, educación y proyectos de infraestructura de alto rendimiento pueden promover esos objetivos. El gasto en investigación puede facilitar la innovación y la adopción de tecnología, los principales impulsores del crecimiento de la productividad a largo plazo.

Como comentario final, pues resulta evidente que a la luz se las sugerencias que hace el FMI, en México estamos siguiendo la receta al revés, ya que el gobierno está otorgando subsidios mal dirigidos ya que éstos no generan riqueza, y se derrocha el escaso recurso en proyectos con escaso impacto en la economía nacional. Es por esto que tardaremos hasta el 2024 o 2025 en retomar los niveles de producción de 2019, siendo que en otros países en el 2021 estarán ligeramente arriba de donde estaban dos años antes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Con falta de confianza empresarial, la manufactura se recupera lentamente

En un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicado el pasado 16 de septiembre y titulado “Generar confianza es crucial en medio de una recuperación económica incierta” se menciona que la pandemia de COVID-19 sigue amenazando los puestos de trabajo, empresas y la salud y el bienestar de millones de personas en todo el mundo. Esto en un contexto de  incertidumbre excepcional, por lo que generar confianza es fundamental para garantizar que las economías se recuperen y se adapten.

En México el gobierno federal destruye la confianza empresarial casi todos los días, y esta es parte de la razón por la cual la OCDE publicó la expectativa de que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá -10.2% en 2020, tasa similar a la de la contracción que tendrá la India y solo superado por Italia, que caerá -10.5%. Contrariamente, el PIB de Estados Unidos se contraerá apenas -3.8%, el PIB mundial -4.5%, mientras que el de los países que conforman la Zona Euro disminuirá -7.9%. Pero lo malo no se limita a la pronunciada caída del PIB mexicano este año, sino a la lenta recuperación que se anticipa. Mientras que la OCDE espera que el PIB de Italia crezca 5.4% en 2021, para el caso de México la expectativa es de un incremento de apenas 3.0%. Para el caso de India, la OCDE estima que en 2021 su PIB crecerá 10.7% y para Estados Unidos se espera un rebote de 4.0%. Nosotros somos de los pocos países que no tendrán una recuperación en forma de V, sino que será una U muy profunda, como lo hemos señalado en anteriores entregas.

El gobierno federal no ha querido entender que si no hay confianza empresarial, no habrá inversión, y si no hay nuevas inversiones, las capacidades futuras de producir bienes y servicios se ven limitadas. Esto es parte de lo que nos hace pensar que la recuperación del PIB de México a los niveles que se observaron en 2019, tardará al menos de aquí al 2023 si somos muy optimistas, y hasta el 2024 o 2025 si somos realistas.

La afirmación que hago de que el gobierno federal destruye la confianza empresarial se constata al ver los resultados del Indicador de Confianza Empresarial (ICE) Manufacturero, de la Construcción y del Comercio elaborados por el INEGI. Tenemos que en el caso del ICE manufacturero éste se encontraba en agosto de este año en un nivel de 38.1 puntos, lo que implica -0.4 puntos respecto al mes inmediato anterior y -11.3 puntos por debajo del nivel de agosto de 2019. De esta manera, el ICE manufacturero suma 10 meses consecutivos con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos (cualquier cifra por debajo de 50 puntos implica desconfianza empresarial). En el caso del ICE de la construcción, éste tuvo un valor de 40.1 puntos en agosto de 2020, cifra 0.7 puntos por debajo del valor de julio y 8.2 puntos por debajo del dato de agosto de 2019. Es así que el ICE de la construcción acumula 22 meses consecutivos con un valor por debajo de los 50 puntos. Finalmente, el ICE del comercio registró un valor de 41.5 puntos en agosto, cifra 0.3 puntos por debajo del valor del mes inmediato anterior y 9.3 puntos por debajo del observado en agosto de 2019. Es así que el ICE del Comercio acumula 10 meses con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos.

En este contexto de incertidumbre y pobres expectativas de recuperación, es que el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) durante agosto de 2020. A continuación se presentan los resultados en relación a la evolución del valor nominal de la producción para la industria manufacturera en su conjunto y para cada una de las 21 ramas de actividad manufacturera. Se presentan comparativos de tres periodos: 1. Julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, 2. Julio de 2020 respecto del mes inmediato anterior, y 3. Comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

1. Comparativo Julio 2020 vs Julio 2019.

En cuanto a la evolución del valor de la producción de la industria manufacturera en el periodo de julio de 2019 al mismo mes de 2020, tenemos que ésta pasó de 688.9 miles de millones de pesos (mmdp) a 677.5 mmdp, lo que implica una caída nominal de -1.7%. Esto implica una importante recuperación, ya que la caída anualizada en junio había sido de -12.7%, mientras que en mayo fue de -45.1%. Esto es, el valor de la producción manufacturera se sigue contrayendo respecto a hace un año, pero la caída es cada vez menor.

Ahora, en cuanto a la evolución de cada rama de actividad en el comparativo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (+7.0%); 2. Fabricación de equipo de transporte (+6.0%); 3. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (+5.8%); 4. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (+5.5%); 5. Industria alimentaria (+4.6%); 6. Industria de las bebidas y del tabaco (+3.5%); 7. Fabricación de productos metálicos (-3.4%); 8. Industria del plástico y del hule (-5.4%); 9. Industria del papel (-5.5%); 10. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-5.5%); 11. Industria de la madera (-7.0%); 12. Industria química (-7.5%); 13. Otras industrias manufactureras (-8.9%); 14. Industrias metálicas básicas (-11.6%); 15. Fabricación de maquinaria y equipo (-13.5%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-13.5%); 17. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-27.0%); 18. Impresión e industrias conexas (-29.3%); 19. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-31.3%); 20. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-44.7%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-45.4%).

Como se puede apreciar, en el séptimo mes de 2020, ya hubo seis ramas de actividad manufacturera que presentaron un incremento nominal en el valor de su producción en el comparativo del séptimo mes de 2020 respecto de igual mes de 2019. Cabe señalar que en el mes de junio solamente la industria alimentaria presentaba incremento anualizado respecto a junio de 2019. Esto nos lleva a la conclusión de que la recuperación se va consolidando conforme se le permite trabajar a más actividades manufactureras.

2. Comparativo Junio 2020 – Julio 2020

Con cifras originales (no desestacionalizadas, es decir, no incorpora variaciones estacionales), tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera pasó de 602.3 mmdp en junio de 2020 a 677.5 mmdp en julio del mismo año, lo que implica un sólido incremento de 12.5% en términos nominales.

Ahora, en cuanto a la evolución a nivel de rama de actividad, tenemos la siguiente evolución (en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): 1. Fabricación de prendas de vestir (52.6%); 2. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (47.8%); 3. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (28.4%); 4. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (24.7%); 5. Fabricación de productos metálicos (24.3%); 6. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (23.7%); 7. Fabricación de equipo de transporte (22.0%); 8. Fabricación de muebles, colchones y persianas (21.3%); 9. Industria de la madera (16.7%); 10. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (13.6%); 11. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (13.6%); 12. Otras industrias manufactureras (12.6%); 13. Industria de las bebidas y del tabaco (12.2%); 14. Industria del plástico y del hule (12.2%); 15. Impresión e industrias conexas (12.1%); 16. Industrias metálicas básicas (10.1%); 17. Industria del papel (7.7%); 18. Industria química (3.1%); 19. Industria alimentaria (1.1%); 20. Fabricación de maquinaria y equipo (-2.7%); y 21. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-15.3%).

Como se puede apreciar, en el comparativo de junio y julio de este año, 19 de las 21 ramas de actividad mostraron un incremento en términos nominales. Con independencia de que no utilizamos cifras desestacionalizadas, es innegable que hubo una enorme mejoría en el desempeño de la industria manufacturera en dicho periodo.

3. Comparativo Enero – Julio 2020 vs Enero – Julio 2019.

En el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera cayó -15.1% en términos nominales al haber pasado de 4.793 billones a 4.067 billones de pesos.

En cuanto al desempeño de cada una de las 21 ramas manufactureras, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Industria alimentaria (+4.6%); 2. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-4.3%); 3. Industria del papel (-6.3%); 4. Industria de las bebidas y del tabaco (-6.5%); 5. Industria química (-8.6%); 6. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-8.7%); 7. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-9.4%); 8. Otras industrias manufactureras (    -11.6%); 9. Industria de la madera (-11.7%); 10. Industrias metálicas básicas (-12.6%); 11. Fabricación de productos metálicos (-15.1%); 12. Industria del plástico y del hule (-16.9%); 13. Fabricación de maquinaria y equipo (-17.4%); 14. Impresión e industrias conexas (-18.1%); 15. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-20.3%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-25.7%); 17. Fabricación de equipo de transporte (-26.9%); 18. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-30.5%); 19. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-32.8%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.5%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-40.5%).

Como se puede apreciar, solamente una rama de actividad manufacturera presenta un aumento nominal en el comparativo de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

Derivado de lo anterior, las ramas de actividad de la industria manufacturera nacional sufrieron una importante transformación en términos de su importancia relativa. Entre los cambios más importantes están el hecho de que la Industria alimentaria pasó de representar el 15.6% del valor total de la producción manufacturera en los primeros siete meses de 2019 a representar el 19.2%, lo que implica un incremento de 3.63 puntos porcentuales. Otra rama que ganó importancia relativa es la Industria química, misma que pasó de representar el 9.4% a ser el 10.2% del total, un aumento de 0.73 puntos porcentuales. De igual forma, tenemos a la Industria de las bebidas y del tabaco, la cual pasó de representar el 6.0% del valor de producción en los primeros siete meses de 2019 a ser el 6.6% del total en los mismos meses de 2020, lo que representa un aumento de 0.61 puntos porcentuales. Ahora, en cuanto a las ramas de actividad que más participación perdieron, están la Fabricación de prendas de vestir, la cual pasó de ser el 0.6% a representar el 0.5%, una caída de -0.19 puntos porcentuales. En el mismo sentido está el caso de la Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, la cual pasó de representar el 3.5% del total a ser el 2.9%, lo que implica una caída de -0.64 puntos porcentuales. La rama de actividad que más participación en el valor de la producción registró fue la Fabricación de equipo de transporte, misma que pasó de representar el 34.8% del valor en los primeros siete meses de 2019 a ser el 30.0% del total en los primeros siete meses de 2020, lo que implica una caída de 4.84 puntos porcentuales.

Conclusiones.

Los datos del valor de la producción manufacturera de julio sin duda son positivos cuando se les compara con el mes inmediato anterior, pero es indiscutible que el nivel de actividad económica aún se encuentra muy por debajo del observado en 2019, y como se señaló líneas arriba, la recuperación al nivel de actividad que se tenía en 2019 tardará varios años.

La falta de confianza empresarial complica mucho más las cosas, ya que no se trata de un tema de falta de demanda agregada que reactive la actividad productiva, sino que se mantiene el shock de oferta con empresarios que dudan de si es el momento adecuado para invertir, ven con profunda preocupación la situación económica del país, así como la de su empresa.

La falta de políticas públicas por parte del gobierno federal para apoyar a los empleadores a lo largo de este año, sumado a lo plasmado en el Paquete Económico 2021, auguran tiempos muy difíciles para la mayoría de micro y pequeñas empresas, así como para quienes laboran en ellas. En el 2021 muchos países recuperarán lo perdido en 2020, México tardará años en salir de este bache.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt