Buenas noticias, se va Trump; pero su legado quedará

Después de una semana llena de incertidumbre, todo parece indicar que el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, ganó las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Lo único que falta es que se reúna el Colegio Electoral de dicho país y que los delegados lo formalicen. Con esto parece que concluye una etapa de constante incertidumbre mundial y una era de populismo que le “dio alas” para hacer y deshacer a muchos líderes populistas en todo el mundo, incluido al presidente mexicano. El desdén por la verdad, los medios de comunicación, la ciencia, la globalización, así como la práctica de polarizar a la población, tienen ya sus días contados. 

Ahora en día, las redes sociales están inundadas de mensajes en el sentido de que el triunfo de Biden es un triunfo de los “socialistas”, pero me parece que no es así. El triunfo de Biden pone un fin a una etapa en la cual la política exterior de los Estados Unidos se regía por el estado de ánimo de Donald Trump y su cuenta de Twitter. Se acabó el solapar lo que sucede en Venezuela porque Maduro es un protegido de Putin, quien a su vez “se la lleva bien” o tiene una relación obscura con Trump. Si las descalificaciones hacia Joe Biden están fincadas en que el Partido Demócrata trabajará más para crear un estado de bienestar en Estados Unidos o si se basan en que los demócratas son pro aborto y los republicanos son anti aborto, pues me parece que están dejando de ver los temas más importantes que nos deben importar a los mexicanos.

Me parece que con la llegada de Joe Biden a la presidencia, veremos una mayor estabilidad global hacía el futuro. Estados Unidos regresará a una agenda de globalización, una agenda en favor del combate al cambio climático y los derechos de los trabajadores, y dejara de socavar a sus aliados históricos con el fin de congraciarse con sus enemigos históricos como Rusia y Corea del Norte.

Sin embargo, a Joe Biden, no le alcanzará su presidencia (sea de 4 u 8 años) para remediar el daño que ha causado Donald Trump, que por muy Republicano que sea, ocasionó un enorme daño a una economía mundial de libre mercado. Y no me refiero al tema de combatir las trampas de los chinos y lo que hicieron creando su virus y enfermedad del Covid-19, y la ventaja que esto les ha dado para la conquista mundial. Me refiero a lo mucho que Donald Trump dañó con su populismo a la economía mundial.

Es así que después del triunfo de Joe Biden, la mayor parte del mundo ha mostrado su beneplácito, sin embargo subsisten aspectos que van a continuar, aunque Donald Trump haya dejado la Casa Blanca. A continuación  los explico:

1. La animadversión contra china. Para la mayoría de estadounidenses es bastante claro que China no juega limpio en el comercio mundial. Es un país que no tiene una economía de mercado por lo que los costos de producción de sus fábricas están distorsionados.  Los gobiernos provinciales siguen dando subsidios a la exportación, además de que sigue teniendo una gran participación del Estado en la vida económica mediante la participación de empresas públicas. Y eso no es todo, sino que además manipula su moneda en aras de obtener una ventaja en precio en los mercados mundiales (el yuan debería estar más caro).

Si a esto le sumamos que hay serias sospechas de que el virus que causa el Covid-19 salió de un laboratorio de China, pues los políticos estadounidenses, con independencia de su partido político, difícilmente permitirán que un presidente Joe Biden sea suave con China. Si bien es probable que las hostilidades en si guerra comercial bajen de nivel, las exigencias a que China juegue limpio van a seguir.  

Por su parte, y esto lo explico más ampliamente en el siguiente punto, los empresarios de Estados Unidos probablemente se lo piensen dos veces antes de invertir fuerte en China, ya que no se descarta que en 4 años llegue a la presidencia otro populista, igual o más duro que Trump, que vuelva a emprender una guerra comercial contra China. Es por ello que considero que las inversiones estadounidenses seguirán saliendo de China y se ubicarán en naciones como Vietnam o Myanmar. A México llegarán unas pocas ya que los inversionistas tampoco confían en las políticas públicas que lleva a cabo el presidente López Obrador. La falta de certidumbre que genera nuestro gobierno no nos permite capitalizar lo que sucede en Oriente.

2. Se ha perdido la confianza en los Estados Unidos. Los problemas de nuestro vecino del norte son muy complejos. Los retos para reactivar su economía, en un  contexto de una creciente pandemia de Covid-19 son mayúsculos, por lo que difícilmente Joe Biden será un presidente popular en el mediano plazo. Es por ello, además de su edad, que es probable que él pierda las elecciones de 2024 (si es que se decide reelegir). Es así que puede ser que en 2024, el propio Donald Trump busque regresar a la presidencia de Estados Unidos o lo haga algún otro populista radical republicano.

Ante este riesgo, los países no tomarán muy en serio el regreso de Estados Unidos a la arena mundial y al mundo globalizado. ¿Si Estados Unidos regresa al Acuerdo de París será sólo mientras los demócratas estén en la Casa Blanca? ¿Si Estados Unidos decide incorporarse al Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífica (TIPAT o CPTPP por sus siglas en inglés) será hasta que llegue un radical del partido que sea y decida salirse?  

La confianza en las relaciones que los países, sobre todo los aliados europeos, puedan fincar con Estados Unidos se ha deteriorado. Veremos cómo van evolucionando las cosas en el multilateralismo de Joe Biden.

3. La política del “America First”. Como lo señalé líneas arriba, los problemas económicos para Estados Unidos van a continuar. Su planta manufacturera seguirá cabildeando fuerte para que continúen las políticas arancelarias y no arancelarias que le den protección y le permitan crecer. Estados Unidos ya se dio cuenta de que con la amenaza de aranceles punitivos puede doblar a sus adversarios, por lo que seguirá utilizando esta herramienta para buscar fortalecer su manufactura.

Los tiempos en los que Estados Unidos desdeñaba la manufactura y buscaba las maquilas en Asia, han quedado atrás. Nuestro vecino del norte seguirá buscando atraer de regreso a las fábricas y volver a ser una potencia manufacturera. En ese sentido, Estados Unidos mantendrá una dura política comercial y cuando algo no le parezca, seguirá haciendo valer su palabra con amenazas.

En su relación con México, la llegada de Biden a la Casa Blanca y con la videpresidenta Kamala Harris, pondrá una fuerte presión para que los capítulos laborales y ambientales contenidos en el T-MEC se cumplan. La presión para que se fortalezca el sindicalismo y se aplique la reforma laboral en México va a subir de tono.

AMLO apostó por Trump y se equivocó.

A manera de conclusión podemos decir que la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos es una buena noticia para el mundo. Veremos un regreso al multilateralismo y la cooperación, pero el legado de Donald Trump subsistirá, además de que nos queda claro que siempre quedará la puerta abierta para que regrese un populista con un mensaje mesiánico de que resolverá todos sus problemas.

México debe ser inteligente y aprovechar la animadversión contra China y debe entablar una relación de confianza con el nuevo gobierno estadounidense. No creo que le vayan a cobrar muy caro a AMLO la visita de respaldo político que hizo a Washington el pasado 8 de julio, con el pretexto de la ratificación de la entrada en vigor del T-MEC. Sin embargo, les debe quedar bien claro que ya se acabó el gobierno de Donald Trump que les “solapaba” lo que sucedía en México en todos los ámbitos, mientras que nuestro país le detuviera a los migrantes. Ahora si se le exigirán resultados a México, veremos si el gobierno de López Obrador está a la altura.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un ascenso largo y difícil para la recuperación económica

No cabe duda de que la recuperación económica, para muchos países, ha sido un proceso largo y difícil, pero van avanzando. Desafortunadamente, para otras economías, como la mexicana, la recuperación de los niveles de actividad prepandemia será aún más tardado por la falta de políticas públicas que impulsen el mercado interno. En este sentido, el pasado 13 de octubre, el Fondo Monetario Internacional publicó la actualización de su Perspectiva Económica Mundial 2020 (WEO por sus siglas en inglés), la cual tituló “Un ascenso largo y difícil”. En dicho documento se nos da un panorama claro respecto de la situación que guarda la economía mundial y de las perspectivas de ésta para el corto y mediano plazos. De igual manera, se hacen una serie de recomendaciones en materia de políticas públicas, que no estaría mal que los políticos mexicanos implementaran.

El resumen ejecutivo del documento de 204 páginas, comienza señalando que la economía mundial está saliendo de las profundidades a las que llegó tras el desplome de la actividad económica durante el Gran Cierre de abril de este año. Pero con la propagación de la pandemia de COVID-19, muchos países han retrasado la reapertura económica y algunos están restableciendo cierres parciales para proteger a las poblaciones vulnerables. Si bien la recuperación en China ha sido más rápida de lo esperado (este año crecerá 1.9%), el largo ascenso de la economía mundial para regresar a los niveles de actividad previos a la pandemia sigue estando lleno de riesgos y es propenso a retrocesos. A continuación presento los aspectos más relevantes del WEO de octubre y hago algunos comentarios respecto de algunos puntos que aplican a la economía de México.

Perspectivas de crecimiento global y riesgos

Perspectiva de corto plazo. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial se espera que caiga en -4.4% en 2020, una contracción menos severa que la pronosticada en la actualización del WEO de junio de 2020. Para el caso de México, el FMI pronostica una caída del PIB en 2020 de -9.0% y un rebote marginal de 3.5% en 2021. La perspectiva de desempeño económico de México contrasta con la de Brasil, la cual se espera que caiga -5.8% en 2020 y crezca 2.8% en 2021.

La favorable revisión en la perspectiva de desempeño económico mundial refleja que algunos de los resultados del PIB del segundo trimestre fueron mejores de lo anticipado, principalmente en las economías avanzadas, donde la actividad comenzó a mejorar antes de lo esperado después de que se fue abriendo nuevamente la actividad económica en mayo y junio, así como indicadores de una recuperación más sólida en el tercer trimestre. El crecimiento global se proyecta que será de  5.2% en 2021, un poco más bajo que en la Actualización WEO de junio de 2020, lo que refleja la desaceleración más moderada proyectada para 2020 y es una cifra consistente con las expectativas de un prolongado distanciamiento social en el 2021. Tras la contracción en 2020 y la recuperación en 2021, se espera que el nivel del PIB mundial en 2021 sea apenas 0.6% superior al observado en 2019. Las proyecciones de crecimiento implican amplias brechas de producción negativas y elevadas tasas de desempleo este año y en 2021 en países avanzados y en las economías emergentes.

Perspectiva a medio plazo. Después del repunte en 2021, se espera que el crecimiento global se desacelere gradualmente y se estabilice en una tasa de alrededor del 3.5% en el mediano plazo. Esto implica solo un progreso limitado para regresar a la senda de actividad económica que se había anticipado para el periodo de 2020-25, misma que se había proyectado antes de la pandemia. También es un revés severo para la mejora proyectada en el nivel de vida promedio de la población de todos los grupos de países. La pandemia revertirá el progreso logrado desde la década de 1990 en la reducción de la pobreza mundial y aumentará la desigualdad. Las personas que dependen de un trabajo asalariado y están fuera de la red de seguridad social formal enfrentaron pérdidas repentinas de ingresos cuando se impusieron las restricciones de movilidad y se cerraron la mayoría de las actividades económicas. Este año, cerca de 90 millones de personas podrían caer por debajo del umbral de ingresos de 1.90 dólares diarios de pobreza extrema. Además, el cierre de escuelas durante la pandemia plantea un nuevo desafío importante que podría retrasar gravemente la formación y acumulación de capital humano. En el caso de México, investigadores de la UNAM han estimado que este año entre 12 y 16 millones de personas podrían caer a una situación de pobreza extrema.

Por su parte, la moderada perspectiva de crecimiento económico en el mediano plazo viene acompañada de un aumento significativo en el monto de deuda soberana de infinidad de países. Las revisiones a la baja de la producción potencial también implican una base impositiva menor a mediano plazo de lo que se había previsto anteriormente, lo que agrava las dificultades para cumplir con los pagos de intereses de la deuda. En el caso de México, y de acuerdo con cifras oficiales, hemos visto como el monto total de la deuda neta del sector público pasó de 10.83 billones de pesos en 2018 a 11.03 billones en 2019 a 12.18 billones de pesos en 2020. Este incremento en el tamaño de la deuda se debe a la adquisición de nuevos empréstitos, pero también al ajuste en el tipo de cambio que elevó el costo de la deuda pública externa. El incremento en el monto de la deuda neta trae aparejado un aumento en el costo financiero de la misma, no obstante la disminución en las tasas de interés nominales en México y los principales mercados financieros. En 2018 el costo financiero fue de 615.04 miles de millones de pesos (mmdp), en 2019 subió a 666.48 mmdp y para 2020 se proyecta que será de 718 mmdp. Esta evolución de la deuda y su costo financiero, desde luego que ejerce una enorme presión en las finanzas públicas y resta posibilidades de atender temas prioritarios como la salud, educación, seguridad, infraestructura, entre otros.

Volviendo al WEF, tenemos que la proyección de aumento del PIB mundial planteada, asume que el distanciamiento social continuará en 2021, pero posteriormente se desvanecerá con el tiempo a medida que se amplíe la cobertura de vacunas y mejoren las terapias. Se espera que la transmisión local de la enfermedad se reducirá a niveles bajos en todas partes del mundo hasta finales del año 2022.

En función de todo lo anterior, es que las proyecciones a mediano plazo asumen que las economías experimentarán profundas cicatrices debido a la gravedad de la recesión y la necesidad de un cambio estructural, lo que implica efectos negativos persistentes en la producción potencial. Estos efectos incluyen los costos de los ajustes y los impactos negativos en la productividad para las empresas sobrevivientes por diversos motivos: a. Costos para aumentar la seguridad en el lugar de trabajo, b. Amplificación del impacto por la quiebra de empresas, c. Reasignación costosa de recursos entre los sectores productivos, y d. Salida de la fuerza laboral de trabajadores capacitados desalentados. Se espera que estas secuelas de la pandemia agraven las tendencias de estancamiento y pérdida de productividad que venían experimentando muchas economías en los años previos a la pandemia por un bajo crecimiento de la inversión, mejoras modestas en el capital humano y lentas ganancias de eficiencia al combinar la tecnología con factores de producción.

Riesgos. La incertidumbre que rodea al escenario base planteado por el FMI es bastante grande. El pronóstico del FMI se basa en factores económicos y de salud pública que son intrínsecamente difíciles de predecir. Un primer nivel de riesgo se relaciona con la trayectoria de la pandemia, la respuesta de salud pública necesaria y las posibles interrupciones de la actividad doméstica asociadas, sobre todo en los sectores de contacto intensivo. Otra fuente de incertidumbre es qué tan grande serán los efectos globales de los contagios, mismos que ocasionan una débil demanda agregada, un sector turismo muy por debajo de su potencial y menores remesas internacionales. Un tercer conjunto de factores de riesgo comprende las expectativas de los mercados financieros y sus implicaciones para los flujos de capital globales. Además, existe incertidumbre en torno al daño a las cadenas globales de manufactura, mismo que depende de la persistencia de la pandemia y al tamaño y eficacia de la respuesta gubernamental, así como de la magnitud de los desajustes de recursos sectoriales.

El progreso en el desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos contra la enfermedad, así como los ajustes realizados en los lugares de trabajo, así como los cambios por parte de los consumidores para reducir la transmisión, pueden permitir que la actividad se recupere a los niveles prepandémicos más rápidamente. De igual manera, una extensión de las medidas de impulso fiscal hasta 2021, por parte de los países que las llevaron a cabo, también podría elevar el crecimiento por encima del pronóstico.  Sin embargo, el riesgo de que ocurran tasas de crecimiento económico peores a los que se anticipan,  sigue siendo considerable. Si el virus resurge, y los avances en los tratamientos y las vacunas son más lentos de lo previsto, o el acceso de los países a ellos sigue siendo desigual, el ritmo de actividad económica podría ser menor de lo esperado, con un distanciamiento social renovado y bloqueos más estrictos.

Teniendo en cuenta la gravedad de la recesión y la posible retirada de los apoyos de emergencia en algunos países, el aumento de las quiebras de empresas podría agravar la pérdida de empleo y de ingresos. El deterioro de la confianza financiera podría desencadenar una interrupción repentina del flujo de préstamos (o la imposibilidad de refinanciar la deuda existente) a economías vulnerables. Y los efectos de contagio transfronterizos de una demanda externa más débil podrían amplificar el impacto de los shocks específicos de cada país.

En el caso de México, hemos señalado en múltiples ocasiones que la falta de apoyos para mantener las fuentes de trabajo tendrá secuelas importantes. La destrucción de capital físico en las empresas que cerraron y no volverán a abrir, así como la pérdida de recursos humanos capacitados en determinadas actividades, tendrá secuelas importantes. Resulta difícil de comprender que mientras que el FMI pide a los gobiernos de los países no recortar abruptamente los apoyos y estímulos para sus economías, aquí en México, realmente estuvimos todo este tiempo sin apoyos del gobierno federal. Si acaso contamos con cierta flexibilidad en la política monetaria que se tradujo en una disminución de las tasas de interés de Cetes y TIIE, pero con un efecto limitado dado que la llave del crédito se cerró (en agosto la cartera de crédito vigente al sector privado de la banca comercial se redujo 1.4% real anual en agosto de 2020).

Prioridades políticas: imperativos a corto plazo, desafíos a mediano plazo

El WEO señala que además de combatir la profunda recesión a corto plazo, los gobernantes deben abordar otros desafíos complejos para poder colocar a sus economías en una senda de mayor crecimiento de la productividad, que de manera paralela garanticen que las ganancias se compartan de manera uniforme y la deuda pública siga siendo sostenible. Muchos países ya enfrentan difíciles dilemas entre implementar medidas para apoyar el crecimiento a corto plazo y evitar una mayor acumulación de deuda que será difícil de pagar en el futuro, considerando el impacto de la crisis en el producto potencial. Por lo tanto, las políticas para respaldar la economía a corto plazo deben diseñarse con miras a guiar a las economías por sendas de crecimiento más fuerte, equitativo y resistente.

Las medidas fiscales y de gasto de los diferentes países deben privilegiar las iniciativas que pueden ayudar a elevar la producción potencial, garantizar un crecimiento participativo que beneficie a todos y proteger a los vulnerables. Es más probable que la deuda adicional contraída para financiar tales esfuerzos se amortice en el futuro aumentando el tamaño de la economía y la base impositiva futura que si los préstamos se hicieran para financiar subsidios mal dirigidos o gastos corrientes derrochadores. Las inversiones en salud, educación y proyectos de infraestructura de alto rendimiento pueden promover esos objetivos. El gasto en investigación puede facilitar la innovación y la adopción de tecnología, los principales impulsores del crecimiento de la productividad a largo plazo.

Como comentario final, pues resulta evidente que a la luz se las sugerencias que hace el FMI, en México estamos siguiendo la receta al revés, ya que el gobierno está otorgando subsidios mal dirigidos ya que éstos no generan riqueza, y se derrocha el escaso recurso en proyectos con escaso impacto en la economía nacional. Es por esto que tardaremos hasta el 2024 o 2025 en retomar los niveles de producción de 2019, siendo que en otros países en el 2021 estarán ligeramente arriba de donde estaban dos años antes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Con falta de confianza empresarial, la manufactura se recupera lentamente

En un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicado el pasado 16 de septiembre y titulado “Generar confianza es crucial en medio de una recuperación económica incierta” se menciona que la pandemia de COVID-19 sigue amenazando los puestos de trabajo, empresas y la salud y el bienestar de millones de personas en todo el mundo. Esto en un contexto de  incertidumbre excepcional, por lo que generar confianza es fundamental para garantizar que las economías se recuperen y se adapten.

En México el gobierno federal destruye la confianza empresarial casi todos los días, y esta es parte de la razón por la cual la OCDE publicó la expectativa de que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá -10.2% en 2020, tasa similar a la de la contracción que tendrá la India y solo superado por Italia, que caerá -10.5%. Contrariamente, el PIB de Estados Unidos se contraerá apenas -3.8%, el PIB mundial -4.5%, mientras que el de los países que conforman la Zona Euro disminuirá -7.9%. Pero lo malo no se limita a la pronunciada caída del PIB mexicano este año, sino a la lenta recuperación que se anticipa. Mientras que la OCDE espera que el PIB de Italia crezca 5.4% en 2021, para el caso de México la expectativa es de un incremento de apenas 3.0%. Para el caso de India, la OCDE estima que en 2021 su PIB crecerá 10.7% y para Estados Unidos se espera un rebote de 4.0%. Nosotros somos de los pocos países que no tendrán una recuperación en forma de V, sino que será una U muy profunda, como lo hemos señalado en anteriores entregas.

El gobierno federal no ha querido entender que si no hay confianza empresarial, no habrá inversión, y si no hay nuevas inversiones, las capacidades futuras de producir bienes y servicios se ven limitadas. Esto es parte de lo que nos hace pensar que la recuperación del PIB de México a los niveles que se observaron en 2019, tardará al menos de aquí al 2023 si somos muy optimistas, y hasta el 2024 o 2025 si somos realistas.

La afirmación que hago de que el gobierno federal destruye la confianza empresarial se constata al ver los resultados del Indicador de Confianza Empresarial (ICE) Manufacturero, de la Construcción y del Comercio elaborados por el INEGI. Tenemos que en el caso del ICE manufacturero éste se encontraba en agosto de este año en un nivel de 38.1 puntos, lo que implica -0.4 puntos respecto al mes inmediato anterior y -11.3 puntos por debajo del nivel de agosto de 2019. De esta manera, el ICE manufacturero suma 10 meses consecutivos con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos (cualquier cifra por debajo de 50 puntos implica desconfianza empresarial). En el caso del ICE de la construcción, éste tuvo un valor de 40.1 puntos en agosto de 2020, cifra 0.7 puntos por debajo del valor de julio y 8.2 puntos por debajo del dato de agosto de 2019. Es así que el ICE de la construcción acumula 22 meses consecutivos con un valor por debajo de los 50 puntos. Finalmente, el ICE del comercio registró un valor de 41.5 puntos en agosto, cifra 0.3 puntos por debajo del valor del mes inmediato anterior y 9.3 puntos por debajo del observado en agosto de 2019. Es así que el ICE del Comercio acumula 10 meses con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos.

En este contexto de incertidumbre y pobres expectativas de recuperación, es que el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) durante agosto de 2020. A continuación se presentan los resultados en relación a la evolución del valor nominal de la producción para la industria manufacturera en su conjunto y para cada una de las 21 ramas de actividad manufacturera. Se presentan comparativos de tres periodos: 1. Julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, 2. Julio de 2020 respecto del mes inmediato anterior, y 3. Comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

1. Comparativo Julio 2020 vs Julio 2019.

En cuanto a la evolución del valor de la producción de la industria manufacturera en el periodo de julio de 2019 al mismo mes de 2020, tenemos que ésta pasó de 688.9 miles de millones de pesos (mmdp) a 677.5 mmdp, lo que implica una caída nominal de -1.7%. Esto implica una importante recuperación, ya que la caída anualizada en junio había sido de -12.7%, mientras que en mayo fue de -45.1%. Esto es, el valor de la producción manufacturera se sigue contrayendo respecto a hace un año, pero la caída es cada vez menor.

Ahora, en cuanto a la evolución de cada rama de actividad en el comparativo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (+7.0%); 2. Fabricación de equipo de transporte (+6.0%); 3. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (+5.8%); 4. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (+5.5%); 5. Industria alimentaria (+4.6%); 6. Industria de las bebidas y del tabaco (+3.5%); 7. Fabricación de productos metálicos (-3.4%); 8. Industria del plástico y del hule (-5.4%); 9. Industria del papel (-5.5%); 10. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-5.5%); 11. Industria de la madera (-7.0%); 12. Industria química (-7.5%); 13. Otras industrias manufactureras (-8.9%); 14. Industrias metálicas básicas (-11.6%); 15. Fabricación de maquinaria y equipo (-13.5%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-13.5%); 17. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-27.0%); 18. Impresión e industrias conexas (-29.3%); 19. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-31.3%); 20. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-44.7%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-45.4%).

Como se puede apreciar, en el séptimo mes de 2020, ya hubo seis ramas de actividad manufacturera que presentaron un incremento nominal en el valor de su producción en el comparativo del séptimo mes de 2020 respecto de igual mes de 2019. Cabe señalar que en el mes de junio solamente la industria alimentaria presentaba incremento anualizado respecto a junio de 2019. Esto nos lleva a la conclusión de que la recuperación se va consolidando conforme se le permite trabajar a más actividades manufactureras.

2. Comparativo Junio 2020 – Julio 2020

Con cifras originales (no desestacionalizadas, es decir, no incorpora variaciones estacionales), tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera pasó de 602.3 mmdp en junio de 2020 a 677.5 mmdp en julio del mismo año, lo que implica un sólido incremento de 12.5% en términos nominales.

Ahora, en cuanto a la evolución a nivel de rama de actividad, tenemos la siguiente evolución (en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): 1. Fabricación de prendas de vestir (52.6%); 2. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (47.8%); 3. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (28.4%); 4. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (24.7%); 5. Fabricación de productos metálicos (24.3%); 6. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (23.7%); 7. Fabricación de equipo de transporte (22.0%); 8. Fabricación de muebles, colchones y persianas (21.3%); 9. Industria de la madera (16.7%); 10. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (13.6%); 11. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (13.6%); 12. Otras industrias manufactureras (12.6%); 13. Industria de las bebidas y del tabaco (12.2%); 14. Industria del plástico y del hule (12.2%); 15. Impresión e industrias conexas (12.1%); 16. Industrias metálicas básicas (10.1%); 17. Industria del papel (7.7%); 18. Industria química (3.1%); 19. Industria alimentaria (1.1%); 20. Fabricación de maquinaria y equipo (-2.7%); y 21. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-15.3%).

Como se puede apreciar, en el comparativo de junio y julio de este año, 19 de las 21 ramas de actividad mostraron un incremento en términos nominales. Con independencia de que no utilizamos cifras desestacionalizadas, es innegable que hubo una enorme mejoría en el desempeño de la industria manufacturera en dicho periodo.

3. Comparativo Enero – Julio 2020 vs Enero – Julio 2019.

En el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera cayó -15.1% en términos nominales al haber pasado de 4.793 billones a 4.067 billones de pesos.

En cuanto al desempeño de cada una de las 21 ramas manufactureras, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Industria alimentaria (+4.6%); 2. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-4.3%); 3. Industria del papel (-6.3%); 4. Industria de las bebidas y del tabaco (-6.5%); 5. Industria química (-8.6%); 6. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-8.7%); 7. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-9.4%); 8. Otras industrias manufactureras (    -11.6%); 9. Industria de la madera (-11.7%); 10. Industrias metálicas básicas (-12.6%); 11. Fabricación de productos metálicos (-15.1%); 12. Industria del plástico y del hule (-16.9%); 13. Fabricación de maquinaria y equipo (-17.4%); 14. Impresión e industrias conexas (-18.1%); 15. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-20.3%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-25.7%); 17. Fabricación de equipo de transporte (-26.9%); 18. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-30.5%); 19. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-32.8%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.5%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-40.5%).

Como se puede apreciar, solamente una rama de actividad manufacturera presenta un aumento nominal en el comparativo de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

Derivado de lo anterior, las ramas de actividad de la industria manufacturera nacional sufrieron una importante transformación en términos de su importancia relativa. Entre los cambios más importantes están el hecho de que la Industria alimentaria pasó de representar el 15.6% del valor total de la producción manufacturera en los primeros siete meses de 2019 a representar el 19.2%, lo que implica un incremento de 3.63 puntos porcentuales. Otra rama que ganó importancia relativa es la Industria química, misma que pasó de representar el 9.4% a ser el 10.2% del total, un aumento de 0.73 puntos porcentuales. De igual forma, tenemos a la Industria de las bebidas y del tabaco, la cual pasó de representar el 6.0% del valor de producción en los primeros siete meses de 2019 a ser el 6.6% del total en los mismos meses de 2020, lo que representa un aumento de 0.61 puntos porcentuales. Ahora, en cuanto a las ramas de actividad que más participación perdieron, están la Fabricación de prendas de vestir, la cual pasó de ser el 0.6% a representar el 0.5%, una caída de -0.19 puntos porcentuales. En el mismo sentido está el caso de la Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, la cual pasó de representar el 3.5% del total a ser el 2.9%, lo que implica una caída de -0.64 puntos porcentuales. La rama de actividad que más participación en el valor de la producción registró fue la Fabricación de equipo de transporte, misma que pasó de representar el 34.8% del valor en los primeros siete meses de 2019 a ser el 30.0% del total en los primeros siete meses de 2020, lo que implica una caída de 4.84 puntos porcentuales.

Conclusiones.

Los datos del valor de la producción manufacturera de julio sin duda son positivos cuando se les compara con el mes inmediato anterior, pero es indiscutible que el nivel de actividad económica aún se encuentra muy por debajo del observado en 2019, y como se señaló líneas arriba, la recuperación al nivel de actividad que se tenía en 2019 tardará varios años.

La falta de confianza empresarial complica mucho más las cosas, ya que no se trata de un tema de falta de demanda agregada que reactive la actividad productiva, sino que se mantiene el shock de oferta con empresarios que dudan de si es el momento adecuado para invertir, ven con profunda preocupación la situación económica del país, así como la de su empresa.

La falta de políticas públicas por parte del gobierno federal para apoyar a los empleadores a lo largo de este año, sumado a lo plasmado en el Paquete Económico 2021, auguran tiempos muy difíciles para la mayoría de micro y pequeñas empresas, así como para quienes laboran en ellas. En el 2021 muchos países recuperarán lo perdido en 2020, México tardará años en salir de este bache.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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Debemos prepararnos para una larga recuperación económica

Desde este espacio he ido comentando la evolución de los diferentes indicadores económicos nacionales que dan cuenta del enorme daño que le ha causado a la economía el cierre de la actividad económica y las medidas de distanciamiento social. La semana que recién concluye se publicó uno de los datos más importantes: el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) al mes de abril y este indicador es muy importante porque hace las veces de un Producto Interno Bruto (PIB) mensual. Es así que en el comparativo de abril de 2020 respecto del mismo mes de 2019 el IGAE cayó -19.9%, lo que constituyó su mayor caída de la historia para este indicador. La caída de -19.9% es producto de que las actividades primarias (agropecuario) aumentaron 1.8%, mientras que las secundarias cayeron -29.3% y las terciarias (comercio y servicios) retrocedieron -16.4%.

A su vez, la caída de -29.3% en la actividad industrial se debió a que la minería se contrajo -3.6%; electricidad, gas y agua -3.5%; la construcción se colapsó -38.0%, mientras que las industrias manufactureras cayeron -35.3%. En cuanto a las actividades terciarias, sólo quisiera destacar que el comercio al por mayor cayó -19.6%, mientras que el comercio al por menor se contrajo -32.7%. Estas cifras se leen con facilidad, pero denotan una caída brutal en la actividad económica como la que se observa cuando un país está en guerra.

IGAE 2020

En México el problema económico se ha exacerbado por la falta de apoyos gubernamentales y por la ausencia de una banca de desarrollo con una clara intención de apoyar a las empresas para que salven los empleos y cuenten con los recursos para retomar la actividad productiva, en un contexto en el que las cuentas por cobrar a los clientes no disminuyen.

En esta entrega quiero presentar un resumen de lo publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reciente actualización de perspectivas económicas mundiales, así como un interesante artículo de Michael Snyder respecto de otras complicaciones que están surgiendo en diversas partes del mundo y que deben movernos a prepararnos para enfrentar un complicado segundo semestre de 2020.

Fondo Monetario Internacional (FMI)

El escenario económico mundial, en lugar de mostrar una mejoría, da señales claras de deterioro. Muestra de ello es que el FMI publicó la actualización de sus Perspectivas para la Economía Global (WEO por sus siglas en inglés) correspondiente a junio de 2020 y en él señala que la previsión de caída en el Producto Interno Bruto (PIB) mundial es de -4.9% en 2020, nivel 1.9 puntos porcentuales por debajo del pronóstico del WEO de abril de 2020. La expectativa de crecimiento del consumo privado se ha reducido para la mayoría de las economías, lo cual es resultado de una prolongada interrupción de la actividad económica en casi todas las naciones.  Las previsiones de un consumo privado más débil son, a su vez, resultado de la combinación de un gran choque adverso de la demanda agregada por el distanciamiento social y el cierre de la actividad económica, así como de un aumento en el ahorro precautorio. Además, se espera que el nivel de inversión productiva sea moderado en este entorno de alta incertidumbre. No obstante lo anterior, en algunos países, el apoyo a través de políticas públicas ha compensado parcialmente el deterioro de la demanda interna privada.

En el escenario base del FMI, se espera que la actividad económica mundial caiga sustancialmente en el segundo trimestre de 2020 y que se recupere posteriormente. Se prevé que en 2021 el crecimiento se reactive con una tasa de 5.4%, lo que implica 0.4 puntos porcentuales menos que el pronóstico de abril. Se prevé que el consumo se fortalezca gradualmente el próximo año y que la  inversión productiva aumente, pero que se mantenga moderada. Derivado de lo anterior, se espera que el PIB mundial para el año 2021 en su conjunto superare el nivel observado en 2019.

En estos pronósticos la incertidumbre sigue siendo generalizada ya que estos dependen de la profundidad de la contracción que observemos en el segundo trimestre de 2020 (para el cual aún no se dispone de datos completos), así como de la magnitud y la persistencia del choque adverso. Estos elementos, a su vez, dependen de varios factores inciertos, incluidos los siguientes:

  • La duración de la pandemia y los cierres de las economías.
  • El distanciamiento social voluntario, lo cual afecta el nivel de gasto de los hogares.
  • La capacidad de los trabajadores desempleados de encontrar un nuevo trabajo, posiblemente en otros sectores.
  • Los problemas derivados del cierre de empresas y desempleo, lo que puede dificultar que la actividad se recupere una vez que la pandemia desaparezca.
  • El costo para las empresas asociado a los cambios requeridos para fortalecer la seguridad en el lugar de trabajo, turnos de trabajo escalonados, mayor higiene y limpieza, ajustes respecto a la proximidad del personal en las líneas de producción, entre otros.
  • Reconfiguraciones en las cadenas globales de suministro, que afectan la productividad a medida que las empresas intentan mejorar su respuesta a las interrupciones en el suministro.

De acuerdo al FMI, el crecimiento económico en el grupo de países de economías avanzadas se proyecta de –8.0% en 2020, tasa 1.9 puntos porcentuales menos respecto de la presentada en el WEO de abril de 2020. El ajuste se debe al mayor impacto, respecto a lo previsto, en la actividad en la primera mitad del año. Hay datos que sugieren una recuperación más lenta en la segunda mitad del año, ya que es probable que continúe el miedo al contagio. Para el 2020, se prevén bajas profundas en Estados Unidos (–8.0%); Japón (–5.8%); Reino Unido (–10.2%); Alemania (–7.8%); Francia (–12.5%); Italia y España (–12.8%). En 2021, se prevé que la tasa de crecimiento de este grupo de países sea de apenas 4.8%, lo que implica que en 2021 el PIB del grupo aun estará 4% por debajo de su nivel de 2019.

En cuanto al crecimiento del grupo de países emergentes y en desarrollo, se pronostica que en 2020 habrá una caída de –3.0% en su PIB, tasa 2 puntos porcentuales por debajo del pronóstico del WEO de abril de 2020. El crecimiento del grupo de países en desarrollo de bajos ingresos se espera que sea de –1.0% en 2020, tasa 1.4 puntos porcentuales por debajo del pronóstico WEO de abril de 2020, aunque con diferencias sustanciales entre países individuales.

De esta manera, por primera vez se espera que todas las regiones del mundo experimentarán un crecimiento negativo en 2020. Sin embargo, existen diferencias sustanciales entre las diferentes economías, lo que es producto de: a. La evolución de la pandemia y la efectividad de las estrategias de contención; b. La variación en la estructura económica (por ejemplo, dependencia de sectores gravemente afectados, como el turismo y el petróleo); c. Dependencia de los flujos financieros externos, incluidas las remesas; y d. La tendencia de crecimiento previa a la crisis.

En China, donde inició la pandemia, se proyecta un crecimiento de 1.0% en 2020, respaldado por el fuerte estímulo gubernamental. Se prevé que la economía de la India se contraiga en un -4.5% luego de un período de cierre de actividad económica más largo y una recuperación más lenta de lo previsto. En América Latina, donde la mayoría de los países aún luchan por contener las infecciones, se proyecta que las dos economías más grandes, Brasil y México, se contraerán 9.1% y 10.5%, respectivamente en 2020. Se espera que en 2021 crezcan 3.6% y 3.3% respectivamente, por lo que queda claro que será muy lento el proceso de recuperar los niveles de actividad de 2019.

IMF 2020

En 2021, se prevé que la tasa de crecimiento de los mercados emergentes y las economías en desarrollo sea de 5.9%, lo cual se debe, en gran medida, al pronóstico de rebote para China de 8.2%. Se espera que la tasa de crecimiento para el grupo de países emergentes, excluyendo a China, sea –5.0% en 2020 y 4.7% en 2021, dejando el PIB de 2021 para este subconjunto de mercados ligeramente por debajo de su nivel de 2019.

Como consecuencia de todo lo anterior, el comercio mundial sufrirá una profunda contracción este año de –11.9%, lo que refleja una demanda considerablemente más débil de bienes y servicios, incluido el turismo. En consonancia con la recuperación gradual de la demanda interna el próximo año, se espera que el crecimiento del comercio aumente en apenas 8.0 por ciento.

¿Por qué todos debemos prepararnos para la segunda mitad de 2020?

Es así que hemos prácticamente concluido la primera mitad del año 2020 y desafortunadamente, el escenario para la segunda mitad del año es bastante complicado. En un artículo de Michael Snyder, publicado por TheMostImportantNews.com y titulado “Por qué cada persona en los Estados Unidos necesita estar preparada en la segunda mitad de 2020”, se pinta un negro panorama.

Snyder señala que en la segunda mitad de 2020 Estados Unidos habrá de seguir enfrentando grandes problemas económicos y nos recuerda que en lo que va del año, más de 47 millones de estadounidenses han presentado nuevos solicitudes de apoyo para el desempleo. Además, más de 100 mil empresas han cerrado permanentemente sus puertas, por lo que se espera que el PIB de nuestro vecino del norte caerá en un 46.6% anualizado durante el segundo trimestre. Esas son cifras absolutamente desastrosas, pero hasta ahora, los billones de dólares en gastos gubernamentales de emergencia han ayudado a mitigar un poco el  dolor.

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Sin embargo, estas medidas de emergencia solo tenían la intención de ayudar a los estadounidenses a sobrellevar unos pocos meses, y ahora está quedando claro que esta nueva depresión económica estará presente durante mucho tiempo.

Por supuesto que el deterioro de las condiciones económicas generará aún más problemas sociales. En las últimas semanas hemos visto disturbios, saqueos, incendios provocados y violencia en ciudad tras ciudad, y podemos anticipar que habrá mayores complicaciones sociales en el horizonte. De hecho, producto de la pandemia del Covid-19, los cierres de la actividad económica y los desmanes sociales, muchas personas han comenzado a mudarse a vivir en pueblos pequeños y áreas rurales, donde los precios de las propiedades han comenzado a aumentar.

Aunado a todo lo anterior, la escasez de alimentos está comenzando a ocurrir en diversas partes del mundo. El jefe de la ONU advirtió el jueves, a la mayor congregación de líderes mundiales desde que comenzó la pandemia de coronavirus,  que éste causará “devastación y sufrimiento inimaginables en todo el mundo”, con niveles históricos de hambre y hambruna y que habrá 1.6 miles de millones de personas que serán incapaces de ganarse la vida a menos de que se tomen medidas ahora.

Por su parte, enjambres gigantes de langostas del tamaño de ciudades enteras están devorando cultivos en África, Oriente Medio y Asia; la peste porcina africana ya ha matado a aproximadamente un cuarto de todos los cerdos en todo el mundo; y el cambio climático esta causando estragos en la producción de cultivos en todo el planeta. Y ahora, para complicar las cosas aún más, el Covid-19 ha interrumpido de manera importante los sistemas de distribución de alimentos en todo el mundo. Nunca hemos visto tantas amenazas graves para la producción mundial de alimentos simultáneamente.

Mientras tanto, una guerra importante podría estallar en el Medio Oriente en cualquier momento. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha dicho que comenzará el proceso de anexión de porciones de Judea y Samaria en julio, y los vecinos árabes de Israel han prometido una respuesta muy contundente si eso realmente sucede. La región ha estado constantemente en el umbral de una guerra durante años, y esto podría ser el desencadenante que finalmente provoque que suceda.

Es un panorama complicado, pero incluso teniendo en cuenta todo lo que acabo de compartir con ustedes, no hay otro momento en la historia humana en el que hubiera preferido estar vivo que en este momento. Sin embargo, va a ser extremadamente difícil prosperar durante los eventos históricos que se avecinan si no nos preparamos para lo que viene.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Entendiendo el choque económico global del COVID19

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El COVID-19 ha expuesto la fragilidad económica mundial

Conforme la pandemia del COVID-19 continúa avanzando por todo el mundo, hemos visto que en aras de frenarla, los gobiernos han recurrido a medidas eficaces de salud pública, tales como el distanciamiento social. Sin embargo, al hacer esto, se ha interrumpido el flujo de bienes y personas, lo que ha provocado el colapso de la actividad económica y ahora nos encontramos en el proceso de generación de una recesión global. Hemos visto pujes que el contagio económico ahora se está extendiendo tan rápido como la propia enfermedad.

Este escenario recesivo global no parecía muy probable todavía hace unas semanas; pero la inacción  por parte de políticos, formuladores de políticas públicas y los mercados, quienes pensaban que el COVID-19 se comportaría como pasadas infecciones, ahora le generará enormes costos a la economía mundial.  Ahora, que ya vamos muy avanzados a lo largo de la trayectoria de la enfermedad, con más de 683 mil casos a nivel mundial, los costos económicos de las medidas de contención son mucho más altos, mientras que predecir lo que sucederá en los próximos días se ha vuelto casi imposible, ya que múltiples dimensiones de esta crisis no tienen precedentes y por lo tanto son desconocidas.

En este contexto, el hablar de una recesión global es bastante ambiguo y lo único que deja claro es  la expectativa de crecimiento negativo para este año. Las preguntas que ahora muchos se hacen tienen que ver con la trayectoria esperada del shock económico y el tiempo que tardaremos para la recuperación, si las economías podrán volver a sus niveles de producción y tasas de crecimiento previos al shock, y si habrá algún legado estructural de la crisis del coronavirus. En esta entrega planteo los escenarios que se abordan en el artículo de Philipp Carlsson-Szlezak, Martin Reeves y Paul Swartz, titulado “Entendiendo el choque económico del Coronavirus” y que fue publicado el 27 de marzo en el Harvard Business Review.

Perspectiva complicada y poca confiabilidad de los pronósticos

El tiempo para la implementación de un distanciamiento social efectivo (el único enfoque conocido para abordar la enfermedad eficazmente) se agota. Queda claro que no se logró contener en la provincia de Hubei, pero el resto de China se aseguró de hacer las cosas bien y lograron contener la expansión de la enfermedad. En Italia se perdió la oportunidad, y luego el resto de Europa también la perdió. En los Estados Unidos queda claro que también no se aprovechó la oportunidad. En México el gobierno federal ha dado señales encontradas, por lo que aún no sabemos si lo que la sociedad ha hecho por su cuenta ha servido. Lo que si sabemos es que a medida que la enfermedad prolifera, las medidas de distanciamiento social deberán aplicarse de manera más estricta y durante más tiempo para lograr el mismo efecto, lo que ahoga a la actividad económica en el proceso.

Desde luego que sigue siendo una posibilidad real el que ocurra una nueva ola de infecciones, lo que significa que incluso los países que actuaron con relativa rapidez todavía están en riesgo, sobre todo ahora que tratan de regresar a sus economías a trabajar en pleno empleo. De hecho, ya hemos visto un resurgimiento del virus en Singapur y Hong Kong. En ese sentido, solo la historia dirá si sus respuestas tempranas y agresivas dieron resultado en el mediano plazo.

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Los mercados bursátiles han borrado años de utilidades en el último mes

En la actualidad, las perspectivas económicas para los actores tardíos parecen sombrías, ya que han tomado a todos por sorpresa. Lo que sucedió en las últimas cuatro semanas no fue parte del cálculo del riesgo y los pronósticos de la devastación económica no han más que fallado. Por ejemplo, hace cuatro semanas el debate en México era si lograríamos crecer al menos 1.0% en este año, y gozábamos de un tipo de cambio en 18.50 pesos por dólar; mientras que ahora hablamos de una caída esperada del PIB superior al 6% y de un tipo de cambio que ya ha rebasado los 25 pesos por dólar. Otro ejemplo lo tenemos en Estados Unidos, donde hace una semana las estimaciones del consenso para las solicitudes iniciales de desempleo eran de alrededor de 1.6 millones, pero la cifra real llegó a 3.28 millones, una cifra históricamente sin precedentes, ya que equivale a casi cinco veces más que el mayor incremento semanal ocurrido en la crisis financiera de 2008-2009. Es así que los pronósticos que ahora se hacen, y que abundan todos los días en los medios, parecen especialmente poco creíbles, especialmente ahora que hay tantos aspectos desconocidos, entre los que destacan:

  1. Las propiedades del virus no se entienden completamente y podrían cambiar.
  2. El papel de los pacientes asintomáticos aún se entiende de manera imperfecta. Por lo tanto, las tasas reales de infección e inmunidad son inciertas, especialmente en aquellos países en los que las pruebas son limitadas.
  3. Las respuestas de los gobernantes serán diferentes, a menudo demoradas, y cometerán errores.
  4. Las reacciones de corto y mediano plazo de empresas y hogares son inciertas.

Quizás la única certeza es que cualquier intento de un pronóstico definitivo fracasará. Sin embargo, en este contexto el examinar varios posibles escenarios sigue siendo útil. A continuación se exponen tres posibles escenarios:

Anticipando la forma que tendrá el choque

El concepto de recesión es binario y contundente (o creces o decreces). Lo que hasta ahora sabemos es que las expectativas han cambiado de crecimiento positivo a negativo, y que así será al menos durante dos trimestres consecutivos. En este sentido, la cuestión más amplia del escenario gira en torno a la forma que tendrá el choque o lo que llamamos “geometría del choque”, y su legado estructural. ¿Qué es lo que lleva a que se dé determinada forma de choque y dónde encaja COVID-19?

Para ilustrar esto, el artículo del Harvard Business Review que menciono líneas arriba, analiza cómo un mismo shock: la crisis financiera mundial de 2008-2009, condujo a recesiones con progresiones y recuperaciones muy diferentes en tres países. A continuación se ejemplifican los diferentes escenarios de progresión económica.

  1. Forma de V. En 2008, Canadá evitó una crisis bancaria ya que el crédito continuó fluyendo y la formación de capital no fue tan significativamente interrumpida. Evitar un colapso más profundo ayudó a mantener a la población trabajando y evitó que sus habilidades se atrofiaran. El PIB cayó pero volvió a subir sustancialmente de regreso a su trayectoria de crecimiento previa. Esto es típico de un choque clásico de “forma de V”, donde la producción cae en el corto plazo, pero el crecimiento finalmente retoma su antigua trayectoria.
  2. Forma de U. Los Estados Unidos tenían un camino marcadamente diferente ya que el crecimiento cayó precipitadamente y nunca se recuperó de regreso a la trayectoria anterior precrisis. Eventualmente la tasa de crecimiento se recuperó, pero la brecha respecto de la trayectoria anterior y la nueva es grande y se ha mantenido, lo que representa un daño en la capacidad productiva (por el lado de la oferta) y una pérdida de producción indefinida. Como saben, esto fue producto de una profunda crisis bancaria que interrumpió la intermediación crediticia. A medida que la recesión se prolongó, causó más daño a la oferta laboral y a la productividad. La forma cómo evolucionó Estados Unidos en 2008 y delante es una clásica “forma de U”, una versión mucho más costosa que la forma de V que observó Canadá.
  3. Forma de L. Grecia es el tercer ejemplo y, con mucho, la peor forma ya que el país no solo nunca recuperó su trayectoria de producción anterior, sino que también su tasa de crecimiento ha disminuido. La distancia entre la trayectoria antigua del PIB y la nueva se ha ampliado, además de que la producción perdida sigue creciendo. Esto significa que la crisis ha dejado daños estructurales duraderos por el lado de la capacidad productiva (oferta) de la economía. Los insumos de capital y laborales, así como la productividad han sido repetidamente dañados. Grecia puede verse como un ejemplo de forma de L, con mucho, la forma más perniciosa.

Entonces, ¿qué es lo que provoca la “geometría de choque” como en los tres ejemplos mencionados? El determinante clave es la capacidad del choque para dañar la capacidad productiva de la economía (el lado de la oferta), y más específicamente, que tanto se daña la formación de capital fijo. Cuando se interrumpe la intermediación crediticia y el stock de capital no crece o de plano cae por el cierre de múltiples empresas, la recuperación va a ser muy lenta. Además, los trabajadores abandonan la fuerza laboral, se pierden sus habilidades y la productividad disminuye. De esta manera es como un choque se vuelve estructural.

Es cierto que los choques en forma de V, U y L pueden darse en diferentes intensidades. Un camino en forma de V puede ser poco profundo o muy profundo, como se anticipa la caída del PIB de Estados Unidos de hasta -30% en el segundo trimestre de este año. Mientras que una forma de U puede venir con una caída profunda que ocasione una nueva ruta de crecimiento, con una trayectoria por debajo de la que antes se tenía.

¿Por lo que hasta ahora hemos visto, dónde encaja el shock del coronavirus? La intensidad del choque estará determinada por las propiedades subyacentes del virus, las respuestas de los gobiernos, así como el comportamiento del consumidor y de los empresarios frente a la adversidad. Pero la forma del choque (V, U o L) está determinada por la capacidad del virus de dañar la estructura productiva (la oferta agregada) de cada economía, particularmente es la formación de capital fijo. En este sentido, en este momento lo más seguro respecto de lo que le espera a México es una forma de U profunda, dado que en el 2019 la inversión fija bruta ya había caído -4.94% y este arranque de 2020 no ha sido nada positivo.

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El desdén con el que el Gobierno Federal ha tratado la enfermedad y la falta de apoyos para las empresas tendrá consecuencias de muy largo plazo para las perspectivas de crecimiento de mediano y largo plazo.

México es de los pocos países que no ha anunciado apoyos para las empresas. El gobierno federal ha dicho que no destinará recursos para las medianas y grandes empresas, lo que supone un deterioro de la capacidad productiva en el país para el mediano plazo. ¿Cuántas empresas van a quebrar en los próximos tres meses? Por su parte, la cancelación del proyecto de Constellation Brands en Baja California ha mermado la confianza empresarial en el país, sobre todo por parte de extranjeros. De esta manera, el escenario macroeconómico para México es de una caída en el PIB de al menos -6.0% en 2020 y posiblemente una ligera recuperación de 2 a 3% en 2021. El daño estructural será grande y posiblemente no nos recuperaremos en al menos 20 años.

Comprendiendo los mecanismos del daño

Teniendo en cuenta las 3 geometrías antes descritas, esto nos lleva a dos preguntas sobre el choque del COVID-19: ¿Cuál es el mecanismo a través del cual se provoca un daño por el lado de la oferta? y ¿Cuál debe ser la respuesta de los gobiernos para evitar tal daño?

Históricamente hemos visto que las crisis financieras paralizan el lado de la oferta de una economía. Hay una larga historia de tales crisis, y sobre ellas, los formuladores de política económica a nivel mundial han aprendido mucho sobre cómo lidiar con ellas. Pero el coronavirus extiende los problemas de liquidez y falta de capital a la economía real, y lo hace a una escala sin precedentes. Como si los riesgos de los shocks de liquidez financiera y real no fueran suficiente, tenemos el hecho de que ambos están interrelacionados, lo que hace que ambos riesgos se retroalimenten y refuercen.

Veamos con más detalle los dos posibles caminos para que el COVID-19 produzca daños estructurales en la economía mundial, en un escenario en forma de U:

Riesgos del sistema financiero: El choque del COVID-19 ya ha generado estrés en los mercados de capitales, provocando una respuesta contundente por parte de los bancos centrales. Si los problemas de liquidez persisten y los problemas de la economía real conducen a la imposibilidad del sector privado de pagar sus deudas, surgirán entonces problemas para mantener el capital físico. Si bien conocemos las soluciones, sabemos que los rescates y la recapitalización de los bancos son políticamente controversiales. En el caso de una crisis financiera, la formación de capital sufriría un gran golpe, provocando una caída prolongada, también con daños al empleo y la productividad de la mano de obra.

Un mayor congelamiento de la economía real: La verdadera posibilidad, sin precedentes, de meses de distanciamiento social podrían interrumpir también la formación de capital y, en última instancia, el empleo y el crecimiento de la productividad. A diferencia de las crisis financieras, una congelación prolongada de esta magnitud que dañe la capacidad productiva (oferta) sería algo nuevo para los políticos.

Los riesgos para la economía financiera y real están interrelacionados de dos maneras: en primer lugar, una crisis prolongada de COVID-19 podría aumentar el número de quiebras en la economía real, lo que dificulta aún más la gestión del sistema financiero. Mientras tanto, una crisis financiera terminaría por matar de hambre a la economía real, la cual requiere urgentemente de crédito.

Es justo decir que el perfil de riesgo de la crisis de COVID-19 es particularmente amenazante. Si bien existe un libro de recetas de política económica para enfrentar las crisis financieras, no existe tal cosa para un escenario de congelación a gran escala de la actividad de la economía real.

Innovando para mitigar el choque

Es importante reconocer que ninguno de los escenarios de choque descritos anteriormente es inevitable, lineal o uniforme para todos los países. Las naciones tendrán experiencias considerablemente diferentes por dos razones: la resistencia estructural de las economías para absorber tales choques (llamémoslo destino) y la capacidad de los investigadores médicos y los encargados de formular políticas para responder de nuevas maneras a un desafío sin precedentes (llamémoslo innovación). ¿Podemos crear un sistema novedoso, a una velocidad sin precedentes, que nos ayude a salvar vidas humanas sin crear miseria económica? Esta es la mayor pregunta en este momento.

En el aspecto médico: está claro que una vacuna reduciría la necesidad de distanciamiento social y, por lo tanto, relajaría la asfixia de la política en la economía global. Pero el tiempo para que esto ocurra es largo, por lo que es posible que el enfoque deba estar en la innovación incremental dentro de los límites de las soluciones existentes. Se pueden encontrar ejemplos de tal innovación en todo el espectro médico. Los tratamientos existentes pueden resultar efectivos para combatir la enfermedad y actualmente se están evaluando varias docenas de tratamientos existentes.

En el aspecto económico: mientras que en México no hay apoyos para el sector privado y de lo poco que hemos visto en apoyos se ha dado por la Asociación Mexicana de Bancos (AMB), en los Estados Unidos se aprobó un paquete de estímulo de $2 billones de dólares. Esto para suavizar el golpe de la crisis del coronavirus. Pero más allá de esto, la innovación política también tendrá que ocurrir. Por ejemplo, los bancos centrales operan las llamadas “ventanillas de descuento” que proporcionan financiamiento ilimitado a corto plazo para los bancos privados. Lo que se necesita ahora, es una “ventanilla de descuento para la economía real” que también puede ofrecer liquidez ilimitada a hogares y empresas sanas.

El panorama emergente incluye muchas otras ideas valiosas. Entre ellas se encuentran los “préstamos puente” que ofrecen préstamos sin intereses a hogares y empresas por la duración de la crisis y un período de reembolso generoso; una moratoria en los pagos de hipotecas para deudores residenciales y comerciales; o usar a los reguladores bancarios para que los bancos proporcionen financiamiento y modifiquen los términos de los préstamos existentes. Dicha innovación podría tener un impacto significativo al suavizar el impacto del virus en la capacidad productiva de las economías.

Es así que, con voluntad, existe la posibilidad de que la innovación evite una evolución económica en forma de U, y así podamos lograr mantener la trayectoria del choque más cercana a una forma de V profunda. Pero la batalla está en marcha, y queda claro que sin innovación, las probabilidades no están a favor del escenario menos dañino que es la forma de V.

Alejandro Gómez Tamez*

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¿Cómo impactará el COVID-19 a la economía de México?

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Escenas de desolación en varias ciudades del mundo.

Los días recientes han estado saturados de información respecto a la propagación del COVID-19 y las acciones de los gobiernos para tratar mitigar el avance de la enfermedad. La cancelación de diversas actividades económicas en diversos países aunado a las medidas de contención que se implementarán en los próximos días, hacen prever que la tasa de crecimiento económico a nivel mundial será la más baja desde 2009, año en que ésta registró una caída de -1.679%

De acuerdo con Kozul-Wright, Director de la División sobre Globalización y Estrategias de Desarrollo en la UNCTAD, la desaceleración de la economía global a una tasa por debajo del 2% para este año, tendrá un costo de 1 billón de dólares (cifra equivalente al 80% del PIB de México). Sin embargo, en un “escenario del día del juicio final” en el que la economía mundial crece a una tasa de apenas 0.5%,  implicaría un golpe al PIB de la economía mundial de 2 billones de dólares.

Estas perspectivas, de la mano del colapso de los precios del petróleo y la interrupción de las cadenas de suministro de China y Europa, ha sido un factor que contribuye a una creciente sensación de inquietud y pánico en materia económica. De esta manera, atravesamos por el peor de los escenarios, ya que ahora hay un grado enorme de ansiedad que va mucho más allá de los problemas de salud, los cuales de por sí son muy graves y preocupantes. Todo esto ha impactado muy negativamente en el ánimo de inversionistas en las diferentes bolsas de valores a nivel mundial, de manera que éstas han tenido los peores días desde el crack bursátil de 1987.

De acuerdo con el sitio de internet mx.investing.com, en el último mes el Dow Jones de Nueva York muestra una caída de -21.13%, mientras que el índice Nasdaq presenta una disminución de -19.08%, el Euro Stoxx 50 una caída de -32.67%,  el índice DAX de Alemania una contracción de -32.83%, el FTSE MIB de Italia una caída de -35.86%, y el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores una disminución de -15.37%. Curiosamente las bolsas de valores de China presentan caídas mucho más moderadas. En lo que va del año el SZSE Component muestra un incremento de 13.41%, mientras que la bolsa de Shanghai presenta una caída de -5.33%.

Hong-Kong
La industria del turismo tendrá pérdidas gigantescas este año por el Covid-19

A nivel mundial hay una creciente preocupación de que en la medida en que el COVID-19 se propaga, provocando el colapso de los precios del petróleo y en la industria del turismo, así como cierre de fábricas en Italia, Francia, España y China, pues aumenta el riesgo de que las compañías en los sectores de energía, turismo, automóviles, entre otros, no podrán hacer frente a sus obligaciones de deuda. Esto podría desencadenar una serie de incumplimientos y rebajas en las calificaciones, lo que desestabilizaría aún más los mercados financieros y agravarían el shock económico al hacerlo mucho más duradero.

En este contexto, la economía mexicana ha recibido duros golpes en los últimos días. La amenaza de Arabia Saudita de inundar el mercado con petróleo tras un desacuerdo con Rusia desató el apocalipsis. Para México el escenario de mayor preocupación comenzó el domingo 8 de marzo, cuando los mercados de petróleo en Asia abrieron y en menos de 30 minutos se registró una caída de más de un 30% en el precio del barril de petróleo. La preocupación de lo que esta caída representa para Pemex y las finanzas del sector público federal, con una posible degradación en la calificación crediticia, fue lo que de inmediato llevó al tipo de cambio a niveles por encima de los 21.50 pesos por dólar.

Al igual que para la mayoría de países, el escenario para México (por lo que está sucediendo en materia de salud y con la economía), es por demás complejo. En aras de explicar cómo se interrelacionan las diferentes variables económicas, a continuación presento algunos escenarios respecto de lo que podría suceder en México en los próximos seis meses:

Finanzas públicas

Debemos comenzar diciendo que Pemex ha sido muy poco transparente y por lo tanto es difícil evaluar el impacto de la baja en el precio del petróleo en sus finanzas y las finanzas de la administración pública federal. Cabe recordar que hace apenas unos días se nos informó que dicha empresa registró pérdidas por 346.135 miles de millones de pesos (mmdp) durante 2019, cifra 92% superior respecto a las pérdidas de un año antes.

De acuerdo con un análisis de Citibanamex, la situación del sector público en 2020 dependerá de: 1. El grado en el que las coberturas petroleras actuales cubran el faltante de ingresos, y 2. El impacto que tendrá el menor precio del petróleo respecto del precio local de la gasolina, dado que la diferencia es el IEPS, actualmente en 4.95 pesos por litro (para la gasolina de bajo octanaje) y que representa 297.5 mmdp de los ingresos públicos (aproximadamente el 9.3% de los ingresos tributarios).

Suponiendo un precio para la Mezcla Mexicana de Exportación de 35dpb (vs. 50 dpb estimado en el presupuesto 2020), se estima que habrá un faltante de ingresos para el Sector Público de 188.2 mmdd, de los cuales aproximadamente 40% serían compensados por las coberturas petroleras del Gobierno Federal. El faltante de ingresos adicional sería parcialmente compensado con la cobertura de Pemex (sobre la cual no tenemos detalles específicos). Esto aún dejaría un faltante de ingresos, el cual se podría compensar con ingresos adicionales de aproximadamente 105 mmdp si, por ejemplo, el IEPS aumentara a partir del mes de abril a 6.4 pesos por litro. Esto implica que la caída de los precios internacionales de la gasolina no se traduzca en precios más bajos de las gasolinas, sino que efectivamente se utilice para fortalecer las finanzas públicas.

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En México han comenzado las compras de pánico

Otro tema de preocupación en materia de finanzas públicas es cómo afectará a la recaudación de ISR e IVA el continuar con una economía en recesión. Hay que recordar que los Criterios Generales de Política Económica 2020 estiman una tasa de crecimiento del PIB de entre 1.5% y 2.5%, algo que definitivamente no sucederá.  En este sentido el gobierno federal debe encontrar fuentes alternas de recaudación y una gran oportunidad subsiste estableciendo un combate frontal en contra del contrabando y subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Este tema ya lo he abordado en pasadas entregas.

Tipo de cambio

El 19 de febrero de este año un dólar costaba 18.588 pesos y al momento de escribir estas líneas la paridad es de 21.9169 pesos por dólar, lo que implica que en tres semanas el dólar se encareció 17.9%. Esto es el resultado del nerviosismo por parte de inversionistas que prefieren llevar su dinero a lugares más seguros. Como ya se explicó, la caída de los precios del petróleo y la desaceleración  económica global, pondrán una mayor presión en las finanzas públicas y las de Pemex, lo que hace muy probable que las calificadoras de riesgo degraden la nota mexicana y pongan a la de Pemex en calidad de inversión especulativa. De suceder esto, las medidas como las que ha tomado el Banco de México, de aumentar las subastas de coberturas cambiarias, tendrán un impacto positivo limitado.

Por otra parte, la posibilidad de que los Estados Unidos impongan medidas más severas de control de restricción de viajes desde otros países, entre ellos México si la epidemia se nos sale de control, deja abierta la puerta para que el tipo de cambio siga aumentando (la noche del 11 de marzo se acercó bastante a los 23 pesos por dólar durante unos momentos). El Banco Base ha señalado que existen las condiciones para que el dólar aumente hasta los 25 pesos, lo cual desde luego que puede ocurrir. Sin embargo, es de esperarse que una vez que regrese la calma a los mercados, el dólar pudiera regresarse a niveles de 20 pesos por dólar. Para que esto suceda, dependerá mucho el resultado de las elecciones en los Estados Unidos, siendo el triunfo de Joe Biden lo que más le conviene a México.

Inflación

La inflación anualizada en México se ubicó en 3.70% en febrero de este año, muy cerca del rango máximo objetivo por el Banco de México de 3% más un punto porcentual. Si a esta situación le agregamos la posible presión que un tipo de cambio más alto ejercerá en los precios nacionales, es posible que la inflación continúe con su tendencia alcista, al menos en el corto plazo.

De acuerdo con Citibanamex, las estimaciones actuales de traspaso de alza en el tipo de cambio en la inflación en México son de alrededor de 3 puntos base por 1% de depreciación. Esto implica que una depreciación del peso de 10% provocaría que la inflación aumentara en 0.3 puntos porcentuales. No obstante lo anterior, se podría considerar que el efecto traspaso del tipo de cambio a la inflación, sería limitado porque la demanda interna sigue débil. ¿Cómo puedes subirle los precios a tus clientes si de por si tus ventas son bajas?

Tasas de interés

La suerte de las tasas de interés dependerá de varios factores. En primer lugar, pues el hecho de que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) haya bajado sorpresivamente su tasa de interés de fondos federales en 0.5 puntos, le da un enorme margen al Banco de México para hacer lo propio. Sin embargo, el banco central estará muy vigilante de cómo la evolución del tipo de cambio impacta a los precios nacionales. De esta manera, lo que se anticipa es que en la reunión de la Junta de Gobierno del Banxico de marzo se realice un recorte a la tasa de interés objetivo de medio punto porcentual, para darle un respiro a la economía, y que de ahí en adelante las decisiones de política monetaria dependan de la evolución de la inflación.

Crecimiento económico

El pasado 11 de marzo, el Bank of America ajustó de +0.5% a -0.1% su pronóstico del crecimiento de la economía mexicana en 2020, lo que implica un escenario similar de contracción económica que vivió el país en 2019 y significa dos años consecutivos con caídas en el Producto Interno Bruto. Este pronóstico está sustentado en un entorno económico global más débil (pronósticos de crecimiento del PIB de Estados Unidos que inclusive apuntan a una recesión) así como una mayor aversión al riesgo global y precios del petróleo considerablemente más bajos.

A manera de conclusión podemos señalar que no cabe duda que el escenario macroeconómico mundial y para México es muy complicado. Se requiere de todo el talento de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México, para evitar que el país caiga en una crisis económica. Para evitar esto, también es fundamental el apoyo y prudencia de las diferentes fuerzas políticas, así como la del propio presidente López Obrador.

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Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Cómo el COVID-19 impactará a las cadenas globales de manufactura?

52555819_303El panorama económico ha cambiado de manera importante en la última semana y ahora el riesgo de recesión mundial ha aumentado. En la semana que recién concluye los mercados bursátiles alrededor del mundo cayeron significativamente. El emblemático índice Dow Jones de los Estados Unidos registra una caída de 14% desde su reciente record máximo, mientras que el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores acumula una caída del 8.4% en las últimas dos semanas. Esto ha convertido a la semana del 24 al 28 de febrero en la peor desde el 2008, cuando azotaba la crisis financiera mundial.

En Asia, los parques de Tokio Disneyland y Universal Studios Japón anunciaron que cerraran sus puertas, y se suspendieron diversos eventos que se espera atrajeran a decenas de miles de personas, incluida una serie de conciertos del famoso grupo de K-pop BTS. También se reportó que la llegada de turistas a Tailandia se redujo en un 50% en comparación con la de hace un año. Al escribir estas líneas, en Italia se han reportado ya 1,128 casos de COVID-19, la mayor cantidad de cualquier país fuera de Asia, por lo que las reservaciones en los hoteles se están derrumbando. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha planteado la posibilidad de una recesión.

Por su parte, la economía europea ya está al borde de la recesión. El indicador de sentimiento comercial en Alemania cayó bruscamente la semana pasada, lo que sugiere que algunas compañías podrían posponer los planes de inversión y expansión. Esto ocurre por la dependencia de los exportadores alemanes en el mercado chino.

Los economistas más optimistas pronostican que el crecimiento mundial caerá a 2.4% este año, el cual sería el menor desde la Gran Recesión de 2009, y estaría muy por debajo de las expectativas anteriores más cercanas al 3%. Para los Estados Unidos, las estimaciones caen a un crecimiento tan bajo como 1.7% este año, inferior al 2.3% observado en 2019.

Sin embargo, los más realistas estiman que si el COVID-19 se convierte en una pandemia global entonces se espera que el impacto sea mucho peor y que los Estados Unidos y otras economías globales posiblemente caigan en recesión. En México, con una economía que en el 2019 decreció -0.14%, el escenario pinta doblemente complicado. Aunque el Banxico, seguramente temeroso de contaminar con expectativas pesimistas, mantiene la prospectiva poco creíble de que la economía nacional crecerá entre 0.8% y 1.8% en 2020.

Ahora bien, en un artículo de Pierre Haren y David Simchi-Levi, titulado “¿Cómo es que el Coronavirus impactará a las cadenas de suministro globales para mediados de marzo?” publicado en el Harvard Business Review, se presenta un panorama sombrío para la industria manufacturera mundial en los próximos meses. En esta entrega presento algunos de los puntos más importantes de dicho artículo y al final hago una serie de reflexiones respecto a lo que hasta ahora he visto de cómo puede impactar toda esta situación a la planta manufacturera de México.

En dicho artículo se señala que los informes respecto a cómo es que el COVID-19 está afectando a las cadenas de suministro e interrumpiendo las operaciones de fabricación en todo el mundo, aumentan a diario. Pero de acuerdo con los autores, lo peor está por llegar. Como preludio a lo que viene tenemos que se acaba de dar a conocer que el Índice mensual de gerentes de compras, emitido por la Agencia de Estadísticas China, cayó a 35.7 desde los 50 puntos registrados en enero. Esto es muy preocupante porque los números por debajo de 50 indican la contratación de la actividad.

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No obstante lo anterior, se prevé que el pico del impacto económico negativo del COVID-19 en las cadenas de suministro mundiales ocurrirá a mediados de marzo. De ser cierto, esto obligará a miles de empresas globales a reducir o cerrar temporalmente las plantas de ensamblaje y fabricación en los Estados Unidos, Europa y países como México. Las empresas más vulnerables son aquellas que dependen en gran medida o exclusivamente de fábricas en China para piezas, materiales e insumos. Como muestran los indicadores, la actividad de las plantas manufactureras chinas ha disminuido sustancialmente en el último mes y se espera que éstas continúen deprimidas durante varios meses más.

Muchos analistas han comparado la epidemia actual del COVID-19 con la del SARS, la cual duró del 2002 al 2003 y generó apenas un bache en los mercados financieros mundiales. Esta comparación no tiene sustento porque la importancia relativa de China en el ecosistema económico mundial ha aumentado enormemente en los últimos 18 años.  China ha más que duplicado su participación en el comercio con el resto del mundo en el periodo comprendido entre la epidemia de SARS y la actualidad, y muchas más industrias ahora dependen más de China que hace dos décadas. La epidemia de SARS comenzó en la provincia de Guangdong en 2002 y generó 8 mil casos de enfermedad en el 2003. Durante ese año, el PIB de China representaba apenas el 4.31% del PIB mundial. Por el contrario, el número de casos detectados de COVID-19 ya superó mundialmente los 87 mil y China ahora representa alrededor del 16% del PIB mundial.

Igualmente importante, es el hecho de que la creciente presión para reducir los costos de la cadena de suministro ha llevado a las empresas a seguir estrategias como la manufactura esbelta, la deslocalización y la subcontratación. Tales medidas de reducción de costos implican que cuando hay una interrupción en la cadena de suministro, la fabricación se detendrá rápidamente debido a la falta de piezas o insumos suficientes en inventario. La gran mayoría de las compañías globales no tienen idea de cuál es realmente su exposición al riesgo de lo que está sucediendo en Asia. Esto se debe a que pocos, si es que tienen alguno, tienen el conocimiento completo de las ubicaciones de todas las empresas que les proveen piezas o insumos a sus proveedores directos.

Dados los esfuerzos actuales del gobierno chino para poner en cuarentena a casi la mitad de su población y el impacto negativo que está teniendo en las actividades de transporte y fabricación en el país, podemos concluir con seguridad que el impacto de COVID-19 en la fabricación china es mayor que el del SARS.

Cabe destacar que como resultado de algunos eventos como la epidemia de SARS 2002-2003, la erupción del volcán de Islandia en marzo de 2010, el terremoto y el tsunami de Japón en marzo de 2011 y la inundación en Tailandia en agosto de 2011, las compañías globales recientemente han aumentado la cantidad de inventario de insumos y piezas que tienen a la mano, por lo que ahora suelen tener uno para un periodo de 15 a 30 días de operaciones. Es posible que las vacaciones de una semana del Año Nuevo chino motivaran a algunas compañías a aumentar su cobertura de inventario por otra semana más. Por lo tanto, para la mayoría de las empresas, la cobertura de inventario que tienen les permitirá seguir trabajando sin problemas por un plazo de entre dos y cinco semanas, dependiendo de la estrategia de la cadena de suministro de la empresa. Pero si el suministro de componentes se interrumpe por más tiempo, la fabricación tendrá que detenerse.

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Los plazos de entrega también tendrán un impacto. El envío por mar a México, Estados Unidos o Europa tarda en promedio 30 días. Esto implica que si las plantas chinas dejaron de fabricar antes del comienzo de las vacaciones chinas el 25 de enero, el último de sus envíos llegará a su destino la última semana de febrero. Todo esto implica que habrá un incremento en los cierres temporales o paros técnicos de las instalaciones de ensamblaje y fabricación a mediados de marzo.

Algunos fabricantes ya han tenido que reducir la producción en sus plantas fuera de China, y la lista se incrementa a diario. Por ejemplo, Fiat Chrysler Automobiles NV anunció el 14 de febrero que “está deteniendo temporalmente la producción en una fábrica de automóviles en Serbia porque no puede obtener piezas de China”. Del mismo modo, Hyundai dijo que “decidió suspender sus líneas de producción de operar en sus plantas en Corea… debido a interrupciones en el suministro de piezas como resultado del brote de coronavirus en China”. Estos dos ejemplos son consistentes con el análisis de Haren y Simchi-Levi: dado que los plazos de entrega de China a estos países son significativamente más cortos que 30 días, la interrupción ocurrió antes.

El desafío también es significativo en la industria de alta tecnología. De hecho, el 17 de febrero, Apple anunció que esperaba que sus ganancias trimestrales fueran más bajas de lo esperado anteriormente. La compañía se enfrenta a dos desafíos: una oferta mundial limitada de iPhones y una caída significativa de la demanda en los mercados de consumo de China.

La creciente epidemia de coronavirus ya está afectando también a los puertos. Allard Castelein, CEO del puerto de Rotterdam, dijo: “El efecto del coronavirus ya es visible. El número de salidas desde los puertos chinos ha disminuido en un 20% en estos días”. La actividad en el puerto francés de Le Havre también se está desacelerando y podría caer un 30% en los próximos dos meses.

Los autores concluyen que no queda más que prepararnos para el importante efecto que se viene para la manufactura global. Tenemos poco tiempo porque el problema comenzará a alcanzar toda su fuerza en dos o tres semanas y podría durar durante varios meses.

Ahora, a título personal, para el caso de México lo que pienso es que habrá un impacto para la actividad manufacturera en cuatro sentidos:

  1. Sustitución de importaciones de algunos productos para el consumidor final. Como lo señalé en la entrega de hace dos semanas, la dificultad de traer algunos bienes de consumo final desde China, será positivo para algunas empresas nacionales, las cuales verán sus ventas incrementarse mientras se recupera China.
  2. Escasez de insumos para la producción. En línea con lo que señalan Pierre Haren y David Simchi-Levi, algunos sectores manufactureros en México se verán afectados negativamente (e inclusive pueden llegar a realizar paros técnicos) si dependen de insumos de China o Italia, y no logran conseguir proveeduría nacional de esos insumos, o al menos importarlos desde otras partes del mundo.
  3. Posibilidad de paros en las empresas, similares a los que se dieron en el 2009 en la crisis por el H1N1. El gobierno federal ha señalado que hasta ahora el COVID-19 no cumple con las características para ser declarado una emergencia. Sin embargo, si en México no se toman las medidas de contingencia y la infección se sale de control, el gobierno podría decretar otro tipo de medidas que dañarían la producción y consumo de bienes y servicios.
  4. Impacto negativo para exportadores por menor crecimiento mundial. Si Estados Unidos baja su tasa de crecimiento a 1.7% este año y varios países europeos terminan por caer en recesión, el escenario para varios fabricantes nacionales que dependen de los mercados extranjeros será complicado.

Dados estos cuatro puntos, el primer paso es que las empresas hagan una evaluación del origen de sus insumos para la producción y tengan bien claro el mapa de cómo los van a sustituir, en caso de que éstos provengan de China. Por otra parte, si dependen de manera importante de mercados extranjeros, analizar el impacto que diversos escenarios de caídas de ventas pueden tener en la compañía. El mensaje es claro, el COVID-19 está aquí, no se irá pronto y las empresas deben elaborar escenarios y prepararse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General de GAEAP*

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En Twitter: @alejandrogomezt

Los costos económicos globales por el coronavirus

China-coronavirus-e1580162861299La semana que recién concluye estuvo llena de noticias intensas. El Reino Unido abandonó la Unión Europea, después de 47 años de haber sido parte de este enorme bloque económico; Estados Unidos anunció un nuevo plan de paz en Medio Oriente, que por cierto no gustó a los Palestinos; y el Senado estadounidense adelantó su juicio político contra el presidente Trump, quien sabemos que la semana que viene será exonerado dado que no se autorizó llamar a testigos a poder declarar.

En México el INEGI dio a conocer que con cifras originales y en su estimación preliminar, el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país disminuyó -0.3% en su comparación del cuarto trimestre de 2019 respecto al mismo trimestre de 2018. Con esto México se encuentra en recesión, ya que acumula tres trimestres consecutivos con caídas anualizadas (-0.9% en II/19, -0.3% en III/19 y -0.3% en IV/19) y cierra el 2019 con una caída preliminar de -0.1% en su PIB anual. Desde luego que el presidente López Obrador dijo que él tiene otros datos y que aunque haya caído el PIB, la población está mejor, entre otras tantas cosas que no merecen mayor comentario por parte de esta columna.

No obstante todo lo anterior, mejor he decidido dedicar mi columna semanal a otro tema: los costos globales y amenaza por la epidemia de coronavirus. Y es que no es demasiado pronto para contemplar las posibles consecuencias de este virus, que se cree que se originó en un mercado de vida silvestre de Wuhan y que ya ha resultado (al momento de escribir estas líneas) en 305 muertes y 14,677 casos confirmados en 19 regiones de China y 25 países alrededor del mundo. Los casos ahora incluyen transmisiones de persona a persona en los Estados Unidos, y una advertencia de nivel cuatro del Departamento de Estado de “no viajar” a ninguna parte de China.

Image1Recuerdo que hace apenas una semana hacía mención en mi comentario editorial que China estaría muy contenta por su acuerdo comercial con Estados Unidos, el cual bajaría los aranceles punitivos impuestos por el presidente Donald Trump de un 15% a un 7.5% a partir del 14 de febrero de este año. Pero en una semana bastantes cosas cambiaron y parece que el arreglo con Estados Unidos será poca cosa comparada con lo que se necesitará China para impulsar su economía en el contexto de una crisis del coronavirus que se sale de control.

Muchos han comparado la epidemia de SARS del 2003 con lo que sucede actualmente, pero el impacto en la economía mundial ahora será mucho mayor dada la importancia de la economía china en la actualidad. En un artículo publicado en el portal de Forbes y titulado “China entonces y ahora: ¿Por qué el coronavirus es una amenaza mayor para la economía mundial que los brotes anteriores?” se menciona que hace dieciséis años el virus del SARS infectó a más de 8,000 personas y mató a 77, por lo que las cifras de contagio y muerte por coronavirus ya rebasaron por mucho a las del SARS, lo que ha generado temor en todo el mundo y no se tiene ninguna vacuna a la vista.

Es así que es probable que el coronavirus tenga un mayor impacto económico que los brotes anteriores gracias a una economía china que continua registrando rápido crecimiento y que ahora mantiene lazos comerciales más profundos con los Estados Unidos. En 2003, cuando llegó el virus del SARS, el PIB de China era de $1.6 billones. Hoy, el PIB de China ronda los $13 billones de dólares, lo que la ubica como la segunda mayor economía del mundo.

Durante ese período, China ha sido un centro de atracción de inversiones y crecimiento para las empresas estadounidenses que buscan formas de aumentar su rentabilidad. Ahora esas compañías están en la primera línea de una creciente pandemia de salud. Esto implica complicaciones gigantescas en las operaciones de una enorme cantidad de empresas globales.

No cabe duda que la economía de China se encuentra entre las de más rápido crecimiento en el mundo (6.6% en 2018 y 6.1% en 2019 a pesar de los costos que le representó la guerra comercial con los Estados Unidos); sin embargo, hay crecientes preocupaciones de que la tasa de crecimiento de China para el 2020 pueda verse fuertemente impactada por la amenaza del coronavirus y que no se logre la meta de un crecimiento de 6.0%. Esto es relevante, ya que China contribuyó en 2019 con aproximadamente el 30% del crecimiento del PIB mundial. Esto significa que si la tasa de crecimiento del PIB de China se reduce a un 4.0%, la tasa de crecimiento del PIB mundial caerá en 1 por ciento.

CoronaEs así que anticipándose al impacto económico que causará el coronavirus, el Banco central de China informó que el lunes 3 de febrero, inyectará a su sistema bancario 150 mil millones de yuanes (unos 21.6 miles de millones de dólares) para ayudar a su economía a protegerse de la epidemia de coronavirus. Esta sin duda será la primera de muchas intervenciones por parte del banco central chino.

El impacto económico de la desaceleración China afectará a muchos países, tanto por el comercio internacional, como por el turismo. En 2019 el volumen total de comercio de China creció 3.4% y registró un volumen total de comercio superior a los 31 billones de yuanes (unos 4.5 billones de dólares). Es así que China se ubicó en 2019 como el mayor país del mundo en términos de comercio de artículos. Ahora, en cuanto al turismo, hemos visto que muchas aerolíneas han cancelado sus vuelos hacia y desde China, y países como Estados Unidos están restringiendo la entrada a todas aquellas personas que hayan estado en China recientemente. Si esto se prolonga demasiado, habrá un fuerte golpe a la actividad turística global. Según la consultora Nielsen, los viajes se han convertido en un indicador clave de la calidad de vida de la creciente población acomodada de China, ya que cada vez más chinos viajan al extranjero para sus vacaciones. Los turistas chinos gastaron un promedio de $762 dólares por persona en sus viajes al extranjero, mientras que los turistas no chinos promediaron $486 dólares, según una encuesta de Nielsen de 2017. En 2018, hubo 163 millones de turistas chinos, lo que representó una tercera parte de las ventas de viajes a nivel mundial.

Por otra parte, en un artículo publicado por el portal de CNBC y titulado “El coronavirus comienza a causar un impacto en la economía y política globales”, Frederick Kempe hace mención de que aún es muy temprano para valorar qué tan grande será el impacto económico del coronavirus, pero sabemos que será significativo en China y para las cadenas globales de suministro, así como para los mercados globales y varias economías nacionales. También tendrá un impacto importante en el Partido Comunista Chino, además de que afectará las relaciones chinas con sus vecinos y con los Estados Unidos, con quien la confianza ya estaba mermada.

Kempe menciona que el primer efecto, y quizás el más fácil de medir, será el golpe para los mercados y economías de China y sus principales socios comerciales. Esto en un momento en que el mundo, no creía que se fuera a presentar un evento de “cisne negro” que podría empujar a la economía mundial hacia una recesión, después del peor año de la economía mundial en una década, en 2019, cuando la economía mundial creció apenas 2.3%. En este contexto, los mercados estadounidenses se convulsionaron el viernes 31 de enero, cayendo en más de 600 puntos.

El impacto es aún mayor, ya que coincide con lo que ya era una economía china en franca desaceleración. Además, llega en un momento en que las compañías estadounidenses y de otros países ya estaban mudando las cadenas de suministro de China hacía otros lugares debido a los aranceles impuestos por los Estados Unidos y las tensiones comerciales. En este contexto, el virus servirá como otro recordatorio para que las empresas diversifiquen más rápidamente sus cadenas de suministro fuera de China.

Tras el acuerdo comercial de la “fase uno” con los Estados Unidos, el golpe del coronavirus también socava el naciente optimismo comercial bilateral que había impulsado a los mercados recientemente. En la última semana ha cambiado la narrativa y han aumentado las probabilidades de una desaceleración de la economía mundial en 2020. Eso le pegará más fuerte a los mercados emergentes y a los productores de productos básicos, desde petróleo hasta cobre.

Si la crisis se prolonga por otro mes, y los expertos ahora consideran que es más probable que ésta llegue hasta el verano, el costo podría ser una disminución de dos puntos porcentuales en el crecimiento de China a 4% o menos este año. Las cifras de crecimiento del primer trimestre en China podrían caer al 2% interanual, lo que sería el más bajo en décadas, y muy por debajo del 6% observado en el último trimestre de 2019.

Es así que el impacto en la economía mundial será mucho más significativo que durante la pandemia de SARS de 2003, que se estima que provocó una pérdida económica global de $ 40 mil millones de dólares y un impacto del 0.1% en el PIB mundial. Esto se debe a que la participación de China en el PIB mundial se ha cuadruplicado desde entonces al 16% desde el 4%, y un tercio del crecimiento global proviene de China, como se señaló líneas arriba.

En todo este contexto, cabe entonces preguntarse. ¿Qué planes tiene el gobierno mexicano para mitigar el impacto negativo que causará el coronavirus en la economía nacional?, ¿Tienen alguna cuantificación del posible impacto de una caída en el crecimiento del PIB mundial y en el sector externo mexicano? Lo más probable es que no haya ni plan de contingencia, ni cuantificación de cómo nos va a afectar este asunto. Entonces la pregunta obligada, es hacía nosotros mismos, ¿Estamos preparados para enfrentar esta pandemia en México?, ¿Qué aprendimos de cuando vivimos en México la crisis del virus H1N1?

Alejandro Gómez Tamez*

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¿Está listo México para enfrentar los retos económicos globales 2020?

ONU Desarrollo 2La Organización de las Naciones Unidas (ONU) recién publicó el documento Situación económica mundial y prospectiva 2020 y en él se abordan varios de los principales problemas y retos en materia económica, comercial, monetaria, energética y ambiental, que el mundo afronta y que se intensificarán en el futuro inmediato. En esta entrega se presenta un resumen de algunos de ellos con el fin de valorar que tan bien preparados estamos en México para enfrentarlos.

El deterioro generalizado de las perspectivas económicas mundiales puede causar contratiempos para el logro de los objetivos de desarrollo. Una economía global dinámica e incluyente es esencial para cumplir los ambiciosos objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Pero las disputas comerciales prolongadas y la incertidumbre política casi generalizada que la economía mundial ha experimentado, generó un deterioro significativo y de amplia base durante el año pasado. Esto obstaculiza los esfuerzos para reducir la pobreza, crear empleos decentes, ampliar el acceso a energía limpia, y lograr muchos otros de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial cayó a 2.3% en 2019, la más baja desde la crisis financiera mundial de 2008-2009. Esta desaceleración se produce aunado al creciente descontento con la calidad social y ambiental del crecimiento económico, a la par de desigualdades generalizadas y profundización de la crisis climática. A pesar de que las tensiones comerciales mundiales disminuyen en algunos frentes, el probabilidad de recaída es alta, ya que los problemas que subyacen a estas disputas aún no se han abordado en profundidad. Bajo el supuesto de que los riesgos no se materialicen, se pronostica un repunte modesto en el crecimiento global del 2.5% para 2020, aunque la incertidumbre política seguirá afectando los planes de inversión.

La incertidumbre en la política comercial ha afectado la inversión y las exportaciones mundiales. La guerra comercial con su aumento de aranceles han alimentado la incertidumbre política, reducido significativamente la inversión y mermado la tasa de crecimiento del comercio mundial a 0.3% en 2019, su nivel más bajo en una década. El comercio bilateral entre los Estados Unidos de América y China se ha desplomado, con importantes interrupciones en las cadenas de suministro internacionales. Los sectores mundiales de la electrónica y el automóvil, que tienen amplias redes de producción entre países, se han visto particularmente afectados. Sin embargo, algunos países se han beneficiado de un aumento en la participación del mercado de exportación global, ya que las empresas buscan obtener insumos de países que no están directamente afectados por el aumento de los aranceles.

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Las tensiones comerciales se han entrelazado con las fragilidades financieras. La economía mundial está plagada de riesgos que amenazan la estabilidad financiera. Derivado de condiciones monetarias relajadas durante mucho tiempo en las economías desarrolladas y el rápido crecimiento del crédito en algunas economías emergentes, los altos niveles de deuda ahora son generalizados. Los niveles elevados de deuda no solo plantean riesgos financieros por sí mismos, sino que también reducen la resistencia de una economía a los choques, creando una fuente de fragilidad en casos de un mayor deterioro de la actividad económica. Una escalada de las tensiones comerciales mundiales podría exacerbar estas debilidades si se provocaran flujos financieros hacía activos más seguros (por ejemplo los estadounidenses) entre los inversores, impulsando una apreciación del dólar de los Estados Unidos y un endurecimiento implícito de las condiciones monetarias en los países en desarrollo.

Hay una creciente preocupación de que la política monetaria ha alcanzado sus límites… Las políticas monetarias sobreutilizadas han demostrado ser insuficientes para estimular la inversión, que en muchos países se ve frenada más por la falta de confianza empresarial que por los costos financieros de ésta. Por su parte, gran parte de la deuda global acumulada recientemente se ha canalizado hacia activos financieros en lugar de aumentar la capacidad productiva, lo que denota una desconexión preocupante entre el sector financiero y la actividad económica real. La fuerte demanda de bonos soberanos con tasas de rendimiento negativo (como se han registrado en Europa durante los últimos cinco años) sugiere que muchos inversores están más dispuestos a soportar pequeñas pérdidas que a realizar inversiones productivas, lo que indica una visión muy pesimista sobre las posibilidades de crecimiento económico en el futuro. Sin signos de una recuperación significativa de la inversión en el corto plazo, es de esperarse que el crecimiento de la productividad seguirá siendo débil.

Los riesgos permanecen fuertemente inclinados a la baja. El modesto repunte del crecimiento mundial previsto para 2020 está basado en el supuesto de que no se materialicen numerosos riesgos que acechan en el horizonte: que las tensiones comerciales y los aranceles no se intensifican aún más; que el Brexit concluya con un marco transparente para la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea; que las fricciones geopolíticas no se intensifiquen; que los riesgos para la estabilidad financiera permanezcan contenidos; y que las crisis climáticas catastróficas permanezcan a raya. Incluso una pequeña desviación de cualquiera de estas estipulaciones podría generar una mayor desaceleración en el crecimiento mundial en 2020. Por ejemplo, un estallido de tensiones comerciales que lleve a las empresas en las economías desarrolladas y en el este de Asia a posponer solo el 1% de la inversión podría provocar que el comercio mundial desacelerarse a una tasa de crecimiento de apenas 0.6% y el crecimiento del PIB a solo 1.8% en 2020. Esto se compara con las proyecciones de referencia del 2.3% y 2.5%, respectivamente.

Se necesita una combinación de políticas fiscal y monetaria más equilibrada. En un contexto de preocupación por las políticas monetarias sobreutilizadas, se requiere una combinación de políticas económicas más equilibrada. Si bien los bancos centrales han respondido rápidamente al deterioro de las perspectivas mundiales, la política fiscal generalmente se ha subutilizado como herramienta anticíclica. Con las tasas de interés en mínimos históricos, los gobiernos que tengan espacio fiscal, deberían hacer uso de las condiciones financieras favorables actuales para atender sus necesidades de inversión pública. Sin embargo, los altos niveles de deuda y los déficits fiscales considerables limitan el margen de estímulo fiscal en muchos casos, como es el caso de México.

Las políticas nacionales deben complementarse con una cooperación mundial más efectiva. Muchos desafíos de desarrollo son de naturaleza global y no pueden abordarse adecuadamente mediante políticas estructurales nacionales por sí solas. Las políticas nacionales deben complementarse con una cooperación internacional más efectiva para lograr objetivos compartidos, particularmente en las áreas de cambio climático, comercio internacional y finanzas. A medida que el equilibrio económico global está cambiando de la Unión Europea, los Estados Unidos y otros países desarrollados hacia China, India y otros países en desarrollo, el poder de toma de decisiones económicas globales también está cambiando.

El progreso hacia niveles de vida más altos se ha estancado para muchos. En términos per cápita, se proyecta que la economía mundial crecerá un 1.5% en 2020 (México está en el rango de países que tendrán un crecimiento de su PIB por habitante de entre -0.5% y +0.5%). El escenario base proyecta una aceleración modesta en el crecimiento del PIB en muchas regiones en desarrollo, y se espera que África Oriental y Asia Oriental continúen exhibiendo un rápido crecimiento de los ingresos. Sin embargo, 1 de cada 5 países verá los ingresos per cápita estancados o disminuidos este año. En un tercio de los países en desarrollo que dependen de los productos básicos (hogar de 870 millones de personas), los ingresos reales promedio son más bajos hoy que en 2014.

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Erradicar la pobreza dependerá cada vez más de abatir la desigualdad. La proporción de la población que vive en la pobreza extrema ha disminuido de manera constante y significativa en las últimas décadas, en gran parte debido a las experiencias exitosas en China e India. Si bien se han logrado progresos en términos globales, el número de personas que viven en la pobreza extrema ha aumentado en varios países del África subsahariana y en partes de América Latina y el Caribe y Asia occidental. El progreso sostenido hacia la reducción de la pobreza requerirá tanto un impulso significativo para el crecimiento de la productividad como compromisos firmes para abordar los altos niveles de desigualdad.

Los riesgos climáticos representan cada vez más amenazas para la humanidad… Los riesgos asociados con la crisis climática se están convirtiendo en un desafío cada vez mayor para muchos países, y la acción climática debe ser una parte integral de cualquier combinación de políticas. La única forma de romper la conexión entre las emisiones de gases de efecto invernadero y la actividad económica es cambiar la combinación energética. La lucha contra el calentamiento global requerirá una fuerte voluntad política y el despliegue completo de todos los instrumentos de política disponibles.

…Mientras que muchas acciones políticas actuales carecen de visión a largo plazo, lo que agrava los riesgos globales. Los riesgos climáticos continúan siendo subestimados, alentando decisiones miopes que expanden la inversión en activos intensivos en carbono. La transición a un mundo que pone precio al carbono, donde los contaminadores asumen una parte cada vez mayor de los costos ambientales asociados con sus actividades, expondrá vulnerabilidades generalizadas entre los tenedores de activos intensivos en carbono. En términos más generales, la falta actual de una visión a largo plazo hará que los objetivos ambientales sean extremadamente difíciles de alcanzar.

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Muchos países pueden beneficiarse de la transición energética… La transición a una combinación energética más limpia tiene el potencial de traer no solo beneficios ambientales sino también beneficios económicos para muchos países. Por ejemplo, los grandes importadores de combustibles fósiles se beneficiarán del desarrollo de fuentes locales de energía renovable, lo que conducirá a mejoras en la seguridad del suministro de energía y los equilibrios externos. Mientras tanto, algunos países verán una mayor demanda de recursos utilizados en tecnologías bajas en carbono, incluidos metales y materiales necesarios para sistemas de energía renovable, edificios eficientes y nuevas formas de transporte. En última instancia, la transición dará lugar a un mayor valor de los recursos naturales como el sol, el viento y las vías fluviales, y a un mayor apoyo para la protección y expansión de los bosques a medida que se hunde el carbono.

…pero los costos y beneficios no se compartirán por igual. Las consecuencias económicas y sociales de la transición energética global serán necesariamente de largo alcance. Los costos y beneficios se distribuirán de manera muy desigual dentro y entre los países; Las discrepancias deben reconocerse y abordarse mediante acuerdos de cooperación para garantizar una transición justa.

Acciones urgentes pueden acelerar el progreso hacia el logro de los objetivos mundiales de desarrollo sostenible relacionados con la energía… Las estrategias para la entrega de energía accesible, confiable y descarbonizada están disponibles pero requieren priorización política y apoyo público. Lograr la disminución necesaria en los niveles de emisión requerirá una combinación de cambios tecnológicos para mejorar la eficiencia energética; cambio de comportamiento para promover la conservación de energía y la expansión de los sumideros de carbono; inversión en la infraestructura y tecnología requerida para cambiar la composición de la combinación energética; y el desarrollo y despliegue de tecnologías de captura y secuestro de carbono.

A manera de conclusión podemos señalar que queda claro que persisten importantes riesgos de diversa índole a nivel mundial y que México desafortunadamente resulta vulnerable por los siguientes motivos: no ha sabido crear un clima de negocios que incentive la inversión privada; por su elevada dependencia con la economía de Estados Unidos y la amenaza latente de que nos quieran poner aranceles cuando hagamos algo que no le guste al presidente Donald Trump; porque dados su niveles de endeudamiento y bajo nivel de recaudación tributaria, tiene prácticamente nulo margen fiscal para incentivar el crecimiento económico con algo además de la política monetaria; porque ha dado pasos hacía atrás golpeando el mercado de energías renovables y dando prioridad a combustibles fósiles y el carbón; y porque a todas luces se ha aislado del mundo en muchos temas. Aquí están las advertencias y sugerencias que hace la ONU, depende de nosotros hacer algo al respecto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

En un complicado entorno internacional, México al borde de la recesión

El pasado 31 de octubre, el INEGI publicó su estimación oportuna del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el tercer trimestre de 2019. El dato se anticipaba negativo y así acabo sucediendo ya que, con cifras originales, el PIB disminuyó -0.4% en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018. Esta caída fue producto de un incremento de 5.4% en las actividades primarias (agricultura y ganadería), una disminución de -1.7% en las actividades secundarias (industria) y un retroceso de -0.1% en las actividades terciarias (comercio y servicios).

Con esta cifra, se ligan dos trimestres consecutivos con caídas anualizadas en el PIB total, ya que éste retrocedió -0.8% en el segundo trimestre de 2019, lo que ubica a México al borde de una recesión técnica. Por su parte, el PIB de las actividades secundarias acumula cuatro trimestres consecutivos con caídas anualizadas, mientras que para las actividades terciarias se registró la primera caída desde el cuarto trimestre de 2009.

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Es así que en el promedio de los tres primeros trimestres de 2019 la tasa de crecimiento anual promedio del PIB total es de 0.0%, y es con este escenario que los analistas encuestados por el Banco de México estiman que el crecimiento del PIB en todo el 2019 será de apenas 0.26%, mientras que en GAEAP mantenemos nuestro pronóstico (hecho público desde agosto) de que el PIB de 2019 cerrará en terreno negativo.

Se debe destacar que la situación de estancamiento económico que vive México no es generalizada a lo largo y ancho del país. Precisamente el miércoles 30 de octubre el INEGI publicó los datos de la evolución del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) durante el segundo trimestre de 2019 y con dichos datos vemos que hay entidades que al primer semestre del año aún registraban un desempeño positivo. A continuación se presenta la evolución del ITAEE con cifras originales, en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018 (en paréntesis se indica la tasa de crecimiento o disminución): Chihuahua (3.5%), Tlaxcala (3.4%), Sinaloa (2.8%), Nuevo León (2.8%), Colima (2.7%), Durango (2.2%), Tamaulipas (2.0%), Baja California (1.9%), Yucatán (1.8%), Jalisco (1.3%), Veracruz (1.3%), Puebla (1.2%), Querétaro (1.2%), Nayarit (1.1%), Quintana Roo (1.1%), Aguascalientes (0.7%), Coahuila (0.6%), Sonora (0.2%), Ciudad de México (0.2%), Guerrero (0.0%), Morelos (-0.2%), San Luis Potosí (-0.4%), Hidalgo (-0.5%), Guanajuato (-0.6%), Michoacán (-0.9%), Estado de México (-2.0%), Oaxaca (-2.0%), Campeche (-2.5%), Chiapas (-2.7%), Baja California Sur (-2.8%), Zacatecas (-3.6%) y Tabasco (-10.5%). Como puede apreciarse, hay 20 entidades que presentan incremento en su crecimiento económico y 12 que presentan decremento.

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La inversión productiva del país muestra una caída de -4.6% en los primeros siete meses del año.

Regresando al desempeño del PIB, a lo largo del año hemos señalado que éste se ha visto fuertemente afectado por la caída de la inversión privada y pública.  Por el lado de la inversión productiva del sector privado tenemos que de acuerdo al INEGI, en el comparativo de los primeros siete meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, el Índice de volumen físico de la inversión fija bruta muestra un retroceso de -4.6%, producto de que el total de inversión en construcción cayó -3.2%, mientras que la inversión total en maquinaria y equipo se ha contraído -6.5%.

En cuanto a la inversión pública las cifras son aun más preocupantes ya que de acuerdo con la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el comparativo de los primeros nueve meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, la inversión física del sector público presupuestario muestra una caída en términos reales de -14.4%, pero si sustraemos la inversión de PEMEX, vemos que la disminución es de -21.7% en términos reales.  Si nos centramos exclusivamente en la inversión física del sector público en el rubro de Desarrollo Económico la caída es de -20.8% en el periodo de referencia.

¿Hay alguna expectativa de que el año que viene pueda ser mejor? Por el lado interno se antoja muy complicado que pueda haber una recuperación, ya que las expectativas empresariales continúan deteriorándose; mientras que por el lado externo la situación también es bastante complicada en varias de las principales economías del mundo.

El pasado 1 de noviembre, el INEGI publicó el resultado de su Encuesta de Expectativas Empresariales con datos al mes de septiembre, y el ella se aprecia un claro deterioro en este indicador. Con cifras originales, en el comparativo del noveno mes del 2019 respecto del mismo mes de 2018, vemos que en el sector manufacturero hubo un deterioro de las expectativas en Demanda nacional de sus productos (-0.1), Exportaciones (-1.4), Personal ocupado total (-1.1) e Inversión en planta y equipo (-1.3). En el sector de la construcción se deterioró la expectativa en Valor de las obras ejecutadas como contratista principal (-3.6), Valor de las obras ejecutadas como subcontratista (-6.5), Total de contratos y subcontratos (-1.5) y Personal ocupado total (-0.5). En cuanto a las expectativas del sector comercio, hubo baja en Ingresos por consignación y/o comisión (-0.1), Compras netas (-3.0), Inventarios de mercancías (-5.2) y Personal ocupado total (-4.2). Finalmente, en los servicios privados no financieros hubo un deterioro en las expectativas de Ingresos por la prestación de servicios (-2.8), Demanda nacional de servicios (-4.6) y Gastos por consumo de bienes y servicios (-6.4).

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La economía mundial enfrenta grandes retos y peligros. 

Por su parte, respecto al ámbito mundial, quiero hacer eco de lo señalado en un reciente artículo editorial publicado en el portal de The Japan Times, y titulado “El panorama económico problemático del FMI”. En él se hace eco del mensaje principal de la más reciente edición de la publicación Panorama Económico Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), y que es que la economía global continúa desacelerándose y el problema principal que se enfrenta es la perspectiva geopolítica. El reporte vislumbra diversos peligros y sugiere que los encargados de formular políticas públicas deben estar atentos a una serie de desafíos que amenazan la estabilidad y el bienestar mundiales.

Se menciona que el crecimiento en 2019 será el más débil desde la crisis financiera de 2008. El FMI anticipa un crecimiento global del 3.0%, que representa una caída de 0.3 puntos porcentuales con respecto a su pronóstico de abril de este año y una reducción sustancial comparada con la expansión del 3.6% observada el año pasado.

Los factores de riesgo son bastante conocidos: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las crecientes tensiones en Medio Oriente y el Golfo Pérsico, el Brexit y una desaceleración en las economías más grandes. Las disputas comerciales son el mayor problema. La creciente disposición a imponer aranceles a los socios comerciales ha frenado el crecimiento del comercio en los primeros seis meses del año a apenas 1.0%, que representa el desempeño anual más bajo desde 2012. Kristalina Georgieva, la nueva directora gerente del FMI, advirtió que las disputas comerciales podrían costar $700 mil millones de dólares en producción global para fines del próximo año, cantidad que representa alrededor del 0.8% del total mundial.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha intensificado la desaceleración de este último. El FMI pronostica que el crecimiento de China caerá a 6.1% en 2019 y luego a 5.8% en 2020, las tasas más bajas desde 1990, cuando el país fue golpeado por sanciones internacionales tras la masacre de la Plaza Tiananmen. Los economistas de China son más pesimistas y concluyen que el crecimiento del tercer trimestre ya ha caído al 6%. Sus exportaciones cayeron un 3.2% respecto al año anterior, una señal preocupante para una economía que depende en gran medida del acceso a los mercados extranjeros.

Y al contrario de la creencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, el FMI concluye que la guerra comercial le ha costado a los Estados Unidos un 0.6% en riqueza; El FMI proyecta que su economía también se desacelerará, registrando una expansión de 2.4% en 2019, lo que representa una caída de medio punto porcentual desde 2018.

Por otra parte, en un artículo publicado el 28 de octubre, en el portal estadounidense de Forbes y titulado “Aquí están los países al borde de la recesión hacia 2020” se presenta un vistazo a las principales economías que están en alerta de recesión, y si, si aparece México:

  • Hong Kong, aunque no es un país, ha visto cinco meses de protestas ciudadanas que han golpeado la economía de la ciudad, enviándola a una “recesión técnica”, con industrias como el turismo y el comercio minorista especialmente afectadas por la agitación en curso.
  • El Reino Unido, con su actual incertidumbre sobre dejar la Unión Europea (y todavía no se vislumbra el final), ha visto cómo su economía se contrae recientemente por primera vez desde 2012, y un Brexit sin acuerdo podría llevarlo a una recesión.
  • Alemania, la economía más grande de la Unión Europea, está preparada para caer en una recesión debido a una disminución continua en su sector manufacturero, así como a las mediocres ventas mundiales de automóviles.
  • Italia, la cuarta economía más grande de la Unión Europea, se encontraba en una recesión técnica durante la segunda mitad de 2018 y se ha enfrentado a continuos problemas económicos debido a la débil productividad, el alto desempleo, la enorme deuda y la agitación política.
  • La economía de China también se ha desacelerado en medio de la guerra comercial, aunque aún no se acerca a una recesión: el FMI pronosticó un crecimiento de solo 5.8% para la segunda economía más grande del mundo (en términos de PIB) en 2020, por debajo del 6.6% en 2018 y el pronóstico del 6.1% en 2019.
  • Otras economías altamente estresadas en todo el mundo incluyen Turquía, Argentina, Irán, México y Brasil, entre otros.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que a pesar de que Estados Unidos presenta tasas de crecimiento económico aceptables, México se dirige a una recesión autoinfligida al haber registrado esa fuerte caída en la inversión productiva y en la inversión del sector público. La situación mundial se complicará aun más, los flujos internacionales de capital podrían ser más limitados y en nuestro país parece que no se dimensiona el tamaño del reto que se avecina para todos. No hemos visto un verdadero plan de desarrollo económico que establezca estrategias reales de cómo saldremos de la eventual recesión en la que vamos a caer. Urge tomar el tema en serio, ya que el deterioro económico nos llevará a mayores complicaciones en otros ámbitos como el social, la seguridad pública y la política.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt