El robo de 6,300 millones de dólares a Binance exhibe la vulnerabilidad del sistema financiero ante los ciberataques. La inteligencia artificial permite a los delincuentes atacar más rápido y a menor costo, poniendo en riesgo a empresas, gobiernos y familias.
Durante los últimos días se han conocido casos muy preocupantes de ataques informáticos. Los delincuentes están utilizando inteligencia artificial para encontrar fallas de seguridad, robar contraseñas, suplantar identidades y entrar a sistemas empresariales de manera muy rápida. Los agentes de inteligencia artificial pueden trabajar por su cuenta, utilizando distintas herramientas informáticas y realizando operaciones de manera autónoma. Esto ha facilitado enormemente el trabajo de los hackers, que ahora pueden realizar ataques de gran escala con herramientas cada vez más accesibles y sin necesidad de contar con grandes equipos de especialistas. Lo preocupante es que estas capacidades aumentan de manera exponencial y los delincuentes han aprendido a aprovecharlas.
El jueves 29 de octubre ocurrió algo que debería preocupar seriamente a los responsables de la seguridad del sistema financiero internacional. Binance, la mayor plataforma de intercambio de criptomonedas del mundo, sufrió un ataque en el que delincuentes consiguieron robar aproximadamente 6,300 millones de dólares en apenas 20 minutos. Es el mayor robo de criptomonedas registrado en la historia. Aunque no se ha demostrado que los responsables utilizaran inteligencia artificial en este ataque, las investigaciones apuntan hacia un grupo de hackers norcoreanos con antecedentes de operaciones similares. Precisamente esta semana, Microsoft dio a conocer nuevas investigaciones sobre cómo organizaciones criminales vinculadas con Corea del Norte están incorporando inteligencia artificial a sus operaciones. Y esto nos lleva a una pregunta fundamental. Si los delincuentes hoy ya pueden hacer todo esto, ¿qué podemos esperar dentro de seis meses, un año o tres años, cuando los agentes de inteligencia artificial sean todavía más poderosos?

La inteligencia artificial ha cambiado la manera de realizar ataques informáticos
El 17 de octubre, la inteligencia artificial china DeepSeek publicó una actualización de su modelo V4.1 Flash, con capacidades avanzadas de programación y ejecución de tareas autónomas. Poco después, desarrolladores independientes difundieron versiones modificadas mediante una técnica conocida como abliteration, que permite eliminar algunas de sus restricciones de seguridad. Esto significa que personas con los conocimientos y equipos necesarios pueden utilizar estos modelos para realizar tareas que sus desarrolladores originales habían prohibido, incluyendo actividades que podrían facilitar ataques informáticos.
El 19 de octubre, Reuters informó sobre un atacante de habla china que utilizó agentes de inteligencia artificial para realizar más de 1,200 intentos de intrusión y consiguió comprometer más de 100 sitios web, entre ellos páginas relacionadas con Deere, SharkNinja y Cummins. El investigador Snorre Fagerland, de NorForge, calculó que toda la operación habría costado apenas unos miles de dólares. Aunque no se comprobó que el delincuente hubiera ingresado a los sistemas internos de todas esas empresas, el caso resulta preocupante por la cantidad de ataques que pudo realizar una sola persona con tan poco dinero.
Dos días después, el 21 de octubre, Microsoft dio a conocer que el grupo Storm-0940, vinculado con intereses del gobierno chino, había utilizado un agente de inteligencia artificial llamado ARTEX para intentar ingresar a sistemas de empresas de defensa, energía, manufactura, finanzas y semiconductores. Se registraron ataques contra más de 2,250 entornos empresariales en la nube y, en algunos casos, los delincuentes consiguieron permisos de administrador en menos de tres horas. Por esas mismas fechas, Symantec descubrió un programa malicioso denominado Skynet, equipado con 74 herramientas para realizar ataques y preparado para ejecutar hasta 100,000 operaciones. Los investigadores no comprobaron que hubiera completado todas esas tareas, pero sí encontraron las instrucciones para realizarlas.
También se descubrieron dos graves fallas de seguridad en PHP, un lenguaje utilizado por millones de sitios web. Estas vulnerabilidades, conocidas como PHP2Shell, permitían ejecutar instrucciones en determinados servidores sin necesidad de conocer una contraseña. Amazon detectó intentos de aprovecharlas desde el 17 de octubre, antes de que se hicieran públicas. Posteriormente circularon instrucciones para realizar los ataques e incluso se publicó por error un video que explicaba cómo hacerlo. Los responsables de PHP adelantaron las actualizaciones de seguridad y algunas organizaciones desconectaron temporalmente sus páginas para evitar problemas. A esto se sumaron incidentes en LiteLLM y OpenCode, herramientas utilizadas para desarrollar aplicaciones de inteligencia artificial, así como un ataque contra los sistemas de Quest Diagnostics, una importante empresa estadounidense de laboratorios médicos, en el que se accedió sin autorización a expedientes de pacientes.
Ante esta situación, Jason Clinton, subdirector de seguridad informática de Anthropic, advirtió que los problemas podrían agravarse durante los próximos meses. Recomendó a los responsables de seguridad solicitar mayores recursos a sus consejos de administración y concentrarse en mejorar las medidas básicas de protección. Incluso habló de prepararse para unos 18 meses especialmente difíciles. Marc Benioff, director general de Salesforce, respaldó su advertencia y calificó la situación como una alerta máxima.
El 30 de octubre se conoció otra investigación de Microsoft sobre ocho grupos de hackers norcoreanos. Tres de ellos ya utilizan ampliamente inteligencia artificial para preparar sus ataques. Entre agosto y septiembre, uno de estos grupos elaboró más de 100 documentos PDF falsos, personalizados para engañar a organizaciones de Corea del Sur. También utilizan estas herramientas para crear identidades falsas, elaborar currículos, simular ofertas de empleo y desarrollar programas maliciosos. Microsoft identificó que grupos como Onyx Sleet y Pearl Sleet utilizan ARTEX para automatizar parte de sus operaciones. Aunque todavía no se ha comprobado que puedan realizar ataques completamente autónomos, ya consiguen hacer en mucho menos tiempo trabajos que antes requerían una mayor intervención humana.
Ante toda esta evidencia, lo que más me preocupa es la velocidad con la que está avanzando esta tecnología. Hace apenas un año, los agentes de inteligencia artificial tenían capacidades mucho más limitadas. Hoy pueden escribir programas, detectar errores y realizar numerosas tareas informáticas por su cuenta. ¿Qué podrán hacer dentro de seis meses, un año o tres años? No lo sabemos, pero es razonable pensar que serán mucho más capaces. Y si los delincuentes ya están aprovechando estas herramientas, imaginemos lo que podría suceder cuando puedan utilizar cientos o miles de agentes trabajando simultáneamente, día y noche, buscando fallas en bancos, empresas, hospitales y dependencias gubernamentales. Las empresas tienen que proteger todos sus sistemas, mientras que a un hacker le basta encontrar una sola vulnerabilidad para causar daños enormes.
El robo a Binance demuestra la magnitud del riesgo para el sistema financiero
El ataque contra Binance es un ejemplo de lo que puede suceder cuando los delincuentes consiguen entrar a los sistemas de una organización que administra enormes cantidades de dinero. Durante la noche del jueves 29 de octubre, los hackers lograron transferir aproximadamente 6,300 millones de dólares desde las billeteras digitales de la plataforma hacia cuentas bajo su control. De acuerdo con TRM Labs, la mayor parte del robo ocurrió en apenas 20 minutos. La investigación preliminar de Binance apunta a que uno de los posibles puntos de entrada fue la computadora portátil de un ingeniero encargado de operaciones tecnológicas. Los atacantes habrían conseguido acceso suficiente para ordenar retiros no autorizados. La empresa también reconoció que encontró otros puntos por los que pudieron haber ingresado los delincuentes.
Estamos hablando de un robo sin precedentes. En febrero de 2025, un grupo de hackers vinculado con Corea del Norte sustrajo aproximadamente 1,500 millones de dólares de Bybit, una cifra que entonces había establecido un récord. En septiembre de 2026, Bitget sufrió otro ataque por alrededor de 350 a 387 millones de dólares, dependiendo de la estimación. Para darnos una idea de la gravedad de lo ocurrido, durante todo 2025 los delincuentes robaron aproximadamente 2,900 millones de dólares en criptomonedas mediante casi 150 ataques, según TRM Labs. Lo que se llevaron de Binance en apenas 20 minutos representa más del doble de todo lo robado durante aquel año.
El mismo jueves 29 de octubre se reportó otro ataque, esta vez contra Polymarket, una plataforma de mercados de predicción. Los delincuentes aprovecharon una falla de seguridad en su sitio web y consiguieron sustraer al menos 2.6 millones de dólares de cuentas de sus usuarios. La empresa tuvo que suspender temporalmente las operaciones de su plataforma internacional mientras atendía el problema. Aunque la cantidad robada fue mucho menor que en Binance, ambos incidentes ocurrieron el mismo día y afectaron a plataformas que administran recursos de sus clientes.
Los investigadores de TRM Labs, Chainalysis y Elliptic atribuyen el ataque a TraderTraitor, un grupo vinculado con los servicios de inteligencia de Corea del Norte. Esta organización tiene experiencia engañando a empleados de empresas tecnológicas y financieras, haciéndose pasar por reclutadores o posibles socios comerciales para conseguir acceso a sus sistemas. En 2024, mediante una operación de este tipo, los delincuentes comprometieron a un proveedor de servicios de la plataforma japonesa DMM Bitcoin y consiguieron robar más de 300 millones de dólares. Entre enero de 2024 y septiembre de 2025, TraderTraitor habría sustraído alrededor de 2,600 millones de dólares en criptomonedas. Si agregamos el robo a Binance, la cantidad acumulada atribuida a esta organización supera los 5,000 millones de dólares.
Hay otro aspecto de este asunto que resulta especialmente preocupante. Investigadores y autoridades estadounidenses sostienen que Corea del Norte utiliza buena parte de los recursos obtenidos mediante estos robos para financiar sus programas militares. Funcionarios de Estados Unidos han señalado que los ingresos del cibercrimen financian aproximadamente la mitad del programa de misiles norcoreano. El gobierno de Pyongyang rechaza estas acusaciones, pero las investigaciones han documentado redes dedicadas a mover criptomonedas robadas entre diferentes plataformas para dificultar su rastreo y posteriormente convertirlas en dinero convencional. Por lo tanto, no estamos hablando solamente de delincuentes que buscan enriquecerse, sino de organizaciones que, según las autoridades estadounidenses, obtienen recursos para financiar programas de armamento.
La respuesta de Binance permite entender el enorme costo económico de un ataque de esta naturaleza. La plataforma suspendió temporalmente los retiros mientras revisaba sus sistemas y anunció que utilizaría recursos propios para cubrir las pérdidas confirmadas de sus clientes. El 30 de octubre informó que había reservado más de 6,340 millones de dólares para hacer frente al problema. De esa cantidad, aproximadamente 5,000 millones ya estaban disponibles en las mismas criptomonedas que habían sido robadas, mientras que los restantes 1,340 millones estaban siendo adquiridos mediante operaciones de mercado y negociaciones directas. Binance contaba con un fondo especial de emergencia, denominado SAFU, que tenía aproximadamente 1,230 millones de dólares en bitcoin. Sin embargo, la caída en el precio de esta criptomoneda redujo su valor en unos 100 millones de dólares. El fondo resultó claramente insuficiente frente al tamaño del robo.
Afortunadamente, la colaboración entre distintas empresas del sector permitió congelar aproximadamente 3,000 millones de dólares de los recursos sustraídos. Tether inmovilizó cerca de 1,570 millones y Circle más de 800 millones, mientras que Ripple, World Liberty Financial y otras organizaciones participaron en las acciones para impedir que los delincuentes siguieran moviendo parte del dinero. Sin embargo, alrededor de 3,300 millones de dólares permanecían bajo control de los hackers y todavía no estaba claro cuánto podría recuperarse. Binance aseguró que repondría los recursos de sus clientes con dinero de la propia empresa y que posteriormente recuperaría parte de esos desembolsos cuando se liberaran los activos congelados. Estamos hablando de una plataforma con 335 millones de usuarios registrados y entre 163,000 y 167,000 millones de dólares en activos digitales bajo su administración y control, según las distintas mediciones disponibles.
El robo también provocó pérdidas en los mercados financieros. El viernes 30 de octubre, Bitcoin cayó hasta 76,368 dólares, su nivel más bajo en seis semanas, mientras que ether retrocedió más de 3% y BNB perdió alrededor de 5%. Las acciones de Coinbase bajaron 4.8% y las de Strategy casi 6% en operaciones extendidas. Es importante destacar que estas empresas no fueron víctimas del ataque, pero sus cotizaciones también resultaron afectadas. Esto nos recuerda que un problema de seguridad en una plataforma financiera puede perjudicar a inversionistas que ni siquiera tienen una cuenta en la institución atacada. Cuando se pierde la confianza en la seguridad de un mercado, las consecuencias pueden extenderse a otros participantes.
¿Y qué significa todo esto para México?
Las implicaciones para México van mucho más allá de lo que algunos podrían pensar. Nuestros bancos, casas de bolsa, empresas industriales, comercios y millones de familias dependen diariamente de sistemas informáticos para administrar su dinero y realizar operaciones. Un ataque contra una institución financiera puede impedir transferencias, interrumpir pagos o dejar expuesta información confidencial. Pensemos también en una fábrica que pierde acceso a sus sistemas durante dos o tres días. Puede quedarse sin producir, sin facturar, sin controlar inventarios y sin cumplir sus entregas. Además de las pérdidas directas, tendría que enfrentar posibles penalizaciones contractuales y gastos para recuperar sus operaciones. Para una familia, las consecuencias pueden ser igualmente graves si los delincuentes consiguen vaciar una cuenta bancaria, robar información personal o contratar créditos utilizando una identidad falsa.
Por eso considero que las empresas mexicanas deben revisar seriamente sus medidas de ciberseguridad. No basta con tener un antivirus o contratar a alguien que se encargue de las computadoras. Es necesario saber quién tiene acceso a cada sistema, limitar los permisos de empleados y proveedores, mantener actualizados los programas y utilizar mecanismos de autenticación multifactorial. También resulta indispensable revisar qué información pueden consultar y qué operaciones pueden realizar los agentes de inteligencia artificial que se están incorporando a las actividades empresariales. En el caso de las familias, conviene utilizar contraseñas diferentes para cada servicio, administradores de contraseñas y verificaciones adicionales para acceder a cuentas bancarias. También hay que proteger las líneas telefónicas contra transferencias no autorizadas y desconfiar de llamadas o mensajes que soliciten información personal. Con la facilidad que existe para falsificar voces e imágenes mediante inteligencia artificial, incluso sería conveniente establecer alguna palabra o mecanismo privado de verificación entre familiares. Ninguna de estas precauciones garantiza que nunca sufriremos un ataque, pero sí puede hacer mucho más difícil que los delincuentes consigan su objetivo.
Conclusiones
El robo de 6,300 millones de dólares a Binance debería ser una severa llamada de atención para el sistema financiero internacional. Una plataforma con cientos de millones de usuarios, enormes recursos tecnológicos y un fondo especial para emergencias sufrió un ataque cuyo monto superó ampliamente los recursos de dicho fondo. Si esto le ocurrió a una organización de semejante tamaño, imaginemos las consecuencias para una empresa mediana o pequeña que no cuenta con los mismos recursos para protegerse. Además, el problema no se limita a las criptomonedas. Prácticamente todas las actividades económicas dependen de sistemas informáticos y una falla de seguridad puede provocar pérdidas millonarias, paralizar operaciones o dejar expuesta información confidencial.
Me preocupa especialmente la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial y lo poco preparadas que están muchas organizaciones para enfrentar sus riesgos. Aunque no se ha demostrado que esta tecnología haya sido utilizada en el robo a Binance, las investigaciones que hemos revisado muestran que los delincuentes ya la emplean para encontrar vulnerabilidades, desarrollar programas maliciosos y realizar numerosos intentos de intrusión en muy poco tiempo. Lo que antes requería equipos de especialistas y grandes cantidades de dinero ahora puede hacerse con herramientas relativamente accesibles. Conforme mejoren las capacidades de estos sistemas, también aumentará el daño que puede causar una persona con suficientes conocimientos y malas intenciones. No podemos esperar a que ocurra un desastre mayor para tomarnos este asunto en serio.
Por eso considero indispensable que la ciberseguridad ocupe un lugar prioritario en las decisiones de las empresas mexicanas y en el cuidado del patrimonio familiar. Los consejos de administración deberían revisar los riesgos informáticos con la misma seriedad con la que analizan sus finanzas, sus inversiones o sus obligaciones fiscales. Las familias también necesitan proteger mejor sus cuentas bancarias, dispositivos e información personal. La inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades para aumentar la productividad, pero sería un grave error aprovechar sus beneficios sin invertir lo necesario para protegernos de quienes la utilizan para delinquir. Tengo la impresión de que dentro de algunos años veremos los acontecimientos de octubre de 2026 como una advertencia de lo que estaba por venir. Ojalá me equivoque, pero prefiero que nos preparemos desde ahora a que tengamos que lamentar después pérdidas que pudieron haberse evitado.
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Alejandro Gómez Tamez
Director General de GAEAP
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