Consideraciones respecto a la negociación bilateral México – EE.UU. en el marco del TLCAN

8ca58ce3-2894-4d3b-a1ce-df2ef7b9ed2fSi bien hay aspectos positivos que se desprenden de la negociación bilateral de México y Estados Unidos en el TLCAN; a continuación expongo algunos puntos de la “renegociación” del TLCAN que me preocupan:

  1. Afectación al sector textil mexicano por eliminación de TPLs, los que permiten importar insumos de fuera de la región, transformarlos y gozar de preferencia arancelaria.
  2. En automotriz, se impondrán aranceles de 25% a las exportaciones de vehículos mexicanos por encima de 2.4 millones anuales y a las autopartes que excedan un valor de 90 mil millones de dólares. Para todos fines prácticos es un cupo. Se estima que de acuerdo al ritmo de crecimiento actual, dicho cupo podría alcanzarse en 6 años.
  3. El alza en la franquicia libre de arancel para importaciones vía empresas de mensajería y paquetería (de minimis) de $50 a $100 dólares incentivará la “importación hormiga” de mercancías sensibles.
  4. México cedió ante Estados Unidos en el Capítulo 19 de resolución de controversias.
  5. En propiedad intelectual hay temas de marcas y patentes que pueden afectar a empresas mexicanas, así como en el aspecto farmacéutico.
  6. Afectación al sector transporte mexicano de carga y pasaje. De igual forma hay preocupación por parte del sector acero y farmaceúticos.
  7. No está Canadá, lo que nos resta capacidad de negociación. En caso de que Canadá no regrese a mesa de negociación, en los EE.UU. entrarán en un debate respecto a la facultad que tuvo el gobierno de dicho país de negociar un tratado bilateral con México, cuando la autorización era de negociar un acuerdo trilateral.
  8. Lo acordado hasta ahora sólo ha sido de manera verbal, no hay textos que se puedan revisar. Falta la redacción de los detalles, lo cual puede ser sumamente tardado y complicado.
  9. No obstante el acuerdo en el TLCAN, los aranceles al acero y aluminio por parte de EE.UU. en contra de México se mantendrán.

Alejandro Gómez Tamez*

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La Guerra comercial EE.UU. – China, la perderá Trump

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La guerra comercial de EE.UU. con China se intensificará, antes de terminar.

La Guerra comercial del presidente estadounidense Donald Trump con China entra en su sexto mes, y no hay evidencia alguna que indique que ésta terminará pronto. Tanto Trump como China han continuado lanzándose nuevas amenazas de imponer más aranceles, mientras que las negociaciones han sido escasas, incrementando la posibilidad de una lucha prolongada.

Ed Mills, un analista de política en la firma Raymond James, dijo a sus clientes en una nota que si bien susbsiste la posibilidad de llegar a un acuerdo que provoque el cese de las amenazas, parece poco probable que éste se alcance antes de que se incrementen más las tensiones y las restricciones al comercio entre ambas naciones.

“Nos mantenemos extremadamente preocupados respecto a la volatilidad potencial entre ahora y el momento en el que se llegue a un acuerdo, especialmente porque ambos lados están más inclinados a elevar las tensiones que a parpadear”, dijo Mills. Es de esperarse que el conflicto se prolongue más allá de las elecciones de medio término dado que las reformas que busca la Administración Trump, por parte de China serán difíciles de aceptar e implementar por parte de la nación asiática.

Y es que en lugar de moverse hacía algún tipo de solución, tanto China como Estados Unidos, han externado nuevas amenazas de aranceles durante las últimas semanas, aquí presento una recapitulación de los puntos más relevantes:

  • La guerra comercial inició en serio en julio cuando Trump impuso aranceles del 25% a las importaciones de productos chinos por un valor de $34 mil millones de dólares, provocando que China respondiera de manera recíproca.
  • Trump amenazó con imponer aranceles de 10% en otros $200 mil millones de dólares de bienes chinos, nuevamente generando una contra-amenaza por parte de Pekín.
  • Las hostilidades se intensificaron el pasado jueves 2 de agosto cuando el Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR por sus siglas en inglés), Robert Lighthizer, anunció que Trump le instruyó a su oficina examinar la posibilidad de incrementar los aranceles a ser impuestos en los $200 mil millones de dólares de importaciones chinas, al 25%.
  • China posteriormente respondió con una amenaza el viernes 3, de imponer aranceles del 5% al 25% a sus importaciones provenientes de Estados Unidos por un valor equivalente a $60 mil millones de dólares.
  • Si China cumple con su amenaza, eso significa que cerca del 90%, de los bienes estadounidenses que se exportan a China estarían sujetos a aranceles.

Cabe señalar que estas amenazas de imponer aranceles no parten de aranceles cero para la mayoría de los productos. Veamos un ejemplo, si un producto originario de China paga actualmente un arancel de 10%, la amenaza de Estados Unidos es que pague 25%.

Además de la posible segunda ola de aranceles, ambas partes han estado ventilando sus diferencias en público. Larry Kudlow, el principal asesor del Presidente Trump en comercio, le dijo a Bloomberg TV que el presidente no tiene miedo de concretar sus amenazas en la pelea con China.

“Su economía es débil, su moneda es débil, la gente se está saliendo del país”, dijo Kudlow. “No subestimen la determinación del Presidente Trump de cumplir (sus amenazas)”.

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El presidente Donald Trump enfrentará una mayor presión política que el presidente Xi. ¿Quién reculara primero?

Al mismo tiempo China ha expresado su disposición de ir al fondo del asunto en el tema de aranceles. El Ministerio de Comercio de China dijo el viernes 3 que si los Estados Unidos continúan chantajeando a China, el conflicto solo se intensificará.

Kudlow, un ex economista de Wall Street y ex comentarista de CNBC, dijo en otra entrevista con el programa Marketplace de  Kai Ryssdal, que las negociaciones con China se han estancado. “Virtualmente nada ha sucedido en el diálogo con China en el último mes o seis semanas…No hemos escuchado de ellos”.

La falta de negociaciones se ve agravada por el hecho de que Trump y la Casa Blanca no han articulado claramente los objetivos de su guerra comercial con China.

Dado todo lo anterior, ¿Quién se espera que sea el primero en recular en esta guerra comercial? Los recientes movimientos de mercado sugieren que será China, donde el índice Shanghai recientemente se tambaleó en el territorio del mercado bajista, mientras que los índices bursátiles estadounidenses se han mantenido a flote. Sin embargo, los analistas sugieren que hay muchos más elementos que se deben tomar en cuenta en esta guerra comercial antes de saber quién cederá primero.

El analista John Rutledge dijo en el programa “Closing Bell” de CNBC que “eso es definitivamente cierto en los mercados de valores, porque los mercados chinos dependen fuertemente de los flujos extranjeros de inversión y en China se han registrado salidas de capitales…pero hay otros dos ángulos en China que importan: uno es el de la economía y el otro es la política”.

En lo que respecta a la política, Rutledge señala que Trump podría ser el primero en doblarse ante la presión de su base política. De los agricultores en los estados republicanos, pasando por las grandes empresas estadounidenses que tienen operaciones en China, “la presión está aquí…una tercera parte del valor agregado de las exportaciones Chinas a los Estados Unidos es de empresas estadounidenses.  De aquí es de donde llegará la presión política en los Estados Unidos, de empresas que no quieren arruinar las ventas de los productos que han estado fabricando en China y de aquellas empresas que ya están vendiendo a consumidores chinos”.

Rutledge agrega que el presidente chino, Xi Jinping, no enfrenta el mismo tipo de presión. “A Xi no le importa la gente pobre de China. ¿Por qué crees que atacaron a la soya? No sólo para dañar a nuestros agricultores, sino porque (a Xi) no le importa la presión de su propio pueblo”.

Por su parte, Veronique de Rugy, una economista de derecha que trabaja en el Mercatus Center Research, está de acuerdo y agrega “China tiene un gobierno autoritario. Creo que la presión legislativa no existe allá…creo que el optimismo de la administración Trump de que China reculará primero es exagerada”.

¿Cómo incide todo esto en la negociación del TLCAN? A juicio de varios analistas, Estados Unidos tiene ahora un mayor incentivo en lograr una renegociación satisfactoria del tratado comercial de América del Norte, ya que eso le dará elementos al presidente Trump para venderse ante su base como alguien que cumple lo que promete. Ante este escenario, la guerra comercial con China podría entonces efectivamente prolongarse.

Por otra parte, es importante señalar que México se podría ver beneficiado y recibir inversión extranjera de empresas que muden sus operaciones de China hacía otras naciones, en busca de evitar los posibles nuevos aranceles. Sin embargo, subsiste el riesgo de que China, al ver cerrados sus mercados en Estados Unidos busque colocar su producción, vía exportaciones, en otras naciones. Esto último es un gran riesgo para la planta productiva nacional, por lo que se vuelve indispensable el contar con un mayor control en las aduanas del país y evitar que nuestro país sea víctima de casos de dumping de mercancías chinas. Habrá que estar atentos a la evolución de las importaciones provenientes de China.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué está tan enojado el pueblo de México?

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Gane quien gane la elección presidencial, deberá emprender una transformación a fondo de México

El 1 de julio se elige al Nuevo presidente de México, y gane quien gane éste se enfrentara una enorme cantidad de importantes retos, muchos de los cuales explican porque muchos mexicanos han estado enojados con el gobierno estos últimos años. Es por esto que a partir de esta fecha México, su gobierno y población, deberá cambiar si se quiere ahora aspirar a ser un país desarrollado. Entre los asuntos que el próximo gobierno deberá atender prioritariamente, y que inclusive han sido ampliamente documentados por el diario Financial Times, tenemos:

Corrupción  y violencia

México es percibido como el sexto país más corrupto del continente americano, y ocupa la posición  135 de 180 naciones en el índice de corrupción del Foro Económico Mundial. La percepción de corrupción no sólo ha continuado a lo largo del tiempo, sino que ha empeorado, y ahora es considerado el problema más grande del país para las empresas extranjeras que se quieren instalar en nuestro país.

El segundo mayor problema que presiona a esas empresas que quieren operar en México es la delincuencia. Después de haber disminuido ligeramente durante tres años en el periodo de 2012 a 2014, la violencia y delincuencia en México han ido en aumento en los años recientes. El número de homicidios en los primeros cinco meses de 2018 es 42% mayor al observado en los mismos meses de 2015. Además, México tiene el nada honroso primer lugar en tasa de homicidios entre los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y es la nación  con el porcentaje más bajo de población que se siente segura al caminar sola por la calle durante la noche.

El Foro Económico Mundial califica a México entre los países de peor desempeño en términos de costo para hacer negocios por el crimen y la violencia, la presencia del crimen organizado y la escaza confiabilidad en los servicios policiacos o de las fuerzas de seguridad pública. “Los crecientes niveles de violencia han destruido la confianza en todos los estratos de la sociedad y han minado al ya de por si deteriorado estado de derecho” dijo recientemente Talia Hagerty del Instituto Henry J. Leir, un centro de estudios especializado en la materia.

Los dos Méxicos

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En México, amplios sectores de la población viven en condiciones de pobreza extrema 

El qué tan mal te sientas respecto a la situación del país depende de dónde vives. Mientras que menos de una de cada tres personas se sienten inseguros en el estado de Yucatán, esta proporción más que se duplica en los estados más empobrecidos como Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

La violencia va de la mano de la ausencia de crecimiento económico, el tamaño de la economía informal y la pobreza. El crecimiento económico acumulado en los estados de mejor desempeño en México alcanzó 32% en el periodo de 2007 a 2016, cerca del doble del promedio del crecimiento de los países de América Latina, pero es cerca de cuatro veces más alto que la tasa de crecimiento promedio de los estados de peor desempeño. Más alarmante aún es el hecho de que el producto promedio por habitante muestra el mismo patrón divergente.

“Las ambiciosas reformas estructurales y las sólidas políticas macroeconómicas han asegurado la resistencia de una economía mexicana muy abierta”, escribió la OCDE en su encuesta más reciente. Sin embargo, “el crecimiento no ha sido lo suficientemente inclusivo para alcanzar mejores niveles de vida para muchas familias mexicanas”. Esto se debe en gran medida a las crecientes disparidades entre “la economía moderna, altamente productiva, del norte y el centro, respecto a la economía menos productiva y tradicional del sur”.

Un reporte del despacho de consultoría McKinsey menciona las disparidades de los “dos Méxicos que se mueven en direcciones opuestas”. Por su parte, la publicación Geopolitical Futures, especializada en la realización de pronósticos, explicó en una nota que mientras que el norte tiene trabajadores mejor educados con  salarios más elevados y más empleo formal, los “estados del sur tienen acceso limitado a la educación, frecuentemente la población ocupada se emplea en el sector informal y se les pagan salarios más bajos, empleados generalmente en manufactura de bajo valor agregado y agricultura de subsistencia.”

El crecimiento promedio del Producto Interno Bruto (PIB) al final del año pasado varió de una expansión de 14% en el estado de Baja California, el cual contrasta con la caída de -8% en el estado de Campeche, ampliamente dependiente del petróleo, y con las contracciones menores en los estados de Oaxaca y Chiapas. Es ampliamente sabido que en estos estados hay un problema por la falta de acceso a las necesidades básicas de la población.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), cerca del 70% de la población de Oaxaca y Chiapas vive en condiciones de pobreza y entre el 23 y 28% vive en pobreza extrema. El trabajo es mayoritariamente en el sector informal en ambos estados, y muestra de ello es que aproximadamente el 80% de los trabajadores en estas entidades no tienen acceso a la seguridad social. Por su parte, cerca del 20% de su población vive en casas sin agua, el 40% vive por debajo de la línea de pobreza y la mitad de su población reporta falta de seguridad alimenticia.

Aunado a lo anterior, de acuerdo a un estudio de evaluación internacional de la OCDE, los estudiantes en las áreas más pobres tienen un desempeño menor al promedio nacional.

La convergencia con los Estados Unidos se ha detenido

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El vagón mexicano ha dejado de estar enganchado a la locomotora estadounidense

La economía de México se ha expandido a un ritmo sólido y consistente (de 2.4% en lo que va del presente sexenio), pero no a una tasa suficiente para mantener la convergencia con los Estados Unidos observada hasta la década de los noventas y años anteriores. La economía de México más que se duplicó hasta alcanzar el 16% del producto estadounidense a mediados de la década de los ochentas, pero desde entonces ha disminuido hasta representar el 12%.

Esto se debe en parte al hecho de que ahora en día el producto por trabajador, en relación al de los Estados Unidos, está en su nivel más bajo observado desde 1950. Esto a pesar de que México pasó de ser una economía dependiente del petróleo a principios de la década de los noventas para convertirse en un creciente centro mundial de fabricación manufacturera después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

A este respecto, la OCDE ha advertido que los altos niveles de pobreza, una economía informal extendida, el escaso nivel educativo y los persistentes niveles de corrupción e inseguridad y corrupción, limitan el potencial económico de México.

Estos tres puntos son una pequeña muestra de los retos que el nuevo presidente de México deberá atender con eficiencia y premura a partir del 1 de diciembre. México está en deuda con millones de sus habitantes, a los cuales les ha privado de bienestar y seguridad. El gobierno federal que resulte electo no le puede fallar a los mexicanos más pobres, y en ese sentido será fundamental implementar una política industrial moderna, conservar la poca estabilidad macroeconómica que nos queda respetando la autonomía del Banco de México, además de mantener finanzas públicas equilibradas, algo que no hizo el gobierno de Enrique Peña Nieto. Vamos pues por un cambio, veremos que tipo de cambio queremos para nuestro país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Queda claro, Donald Trump no sabe economía

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El presidente Donald Trump parece desconocer que un mayor déficit fiscal ocasiona un creciente déficit en la balanza comercial

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no sabe de economía, y esto lo digo por la serie de políticas equivocadas que ha estado implementando: por un lado realiza una reforma fiscal con una serie de recortes a los impuestos que elevan su déficit fiscal, luego se queja del creciente déficit comercial que los Estados Unidos tienen con China y México, y después decide iniciar una guerra comercial imponiendo aranceles a importaciones chinas por un monto de 46 mil millones de dólares.

En los Estados Unidos los economistas están preocupados porque no les gusta el problema de “los déficits gemelos”, un fenómeno que se ha vuelto crónico y en el que se presentan de manera simultánea fuertes desequilibrios en el ámbito fiscal y en la balanza comercial. Esta es una situación que se ha dado desde la década de los ochentas, salvo por un breve periodo a principios de los 2000s.

El déficit comercial de los Estados Unidos sigue creciendo y sumó 57.6 mil millones de dólares en febrero de este año. Y gracias al estímulo masivo por el recorte de impuestos de la administración Trump, el gobierno de los Estados Unidos incrementará la diferencia entre lo que gasta y lo que recauda. El resultante déficit fiscal llegará a un billón de dólares (trillón en inglés) para el año 2020 y será de 1.5 billones de dólares  para el año 2028.

La hipótesis de los déficits gemelos sostiene que un creciente déficit fiscal ocasiona un mayor déficit en la balanza comercial, ya que el mayor gasto público ocasiona un mayor gasto de consumo, lo que a su vez aumenta las importaciones. Los déficits gemelos muchas veces son vistos como fenómenos aislados en lugar de analizarse como elementos que coexisten y se refuerzan uno al otro con efectos perversos para la economía, en especial cuando quien los registra es una economía desarrollada.

El problema de un creciente déficit fiscal se potencializa cuando la economía que lo registra ya está en una situación de pleno empleo. La teoría económica sostiene que cuando una economía está en recesión, el registrar un mayor gasto público y por lo tanto un déficit fiscal ayuda a paliar la caída del Producto Interno Bruto (PIB), ya que un mayor gasto fiscal compensa la disminución de la demanda, provocando que las empresas puedan vender más, contraten personal, aumenten los ingresos, y se reactive el consumo. Esta es la razón por la que a Estados Unidos le ha ido mejor en cuanto a crecimiento económico, comparado con Europa después de la crisis global de 2008 – 2009.

Pero no es aconsejable mantener grandes déficits fiscales cuando la economía ya está trabajando con toda su capacidad, y básicamente todos los que quieren un empleos ya cuentan con uno. En una economía que ya está en pleno empleo de su fuerza laboral y de su capital, el echar un montón de dinero no ayudará a producir más (porque ya no hay gente disponible para producir más), sino que lo que ocasiona es que se incrementen las importaciones, aumentando así el déficit en la balanza comercial.

Entonces esto es lo que le sucede a Estados Unidos, y en lugar de poner remedio al problema del déficit fiscal, lo que hace la administración del presidente Trump es culpar a China y a México. En particular, hemos visto en las semanas recientes como los Estados Unidos, argumentando los robos de propiedad intelectual por parte de China, como ha propuesto imponerle a este país una serie de aranceles a la importación de sus productos. China ha respondido a Estados Unidos y ahora estamos a punto de presenciar una guerra comercial entre las dos mayores potencias económicas a nivel mundial.

¿Quién está en mejores condiciones para ganar la guerra comercial? Como veremos a continuación, es China.

El presidente Donald Trump ha dicho por Twitter “Cuando ya tienes un déficit comercial de 500 mil millones de dólares, no puedes perder”. Él cree esto porque su país tiene un enorme déficit comercial con China, el cual de hecho fue de 337 mil millones de dólares en 2017 no 500 mil millones, y piensa que puede ganar la guerra comercial entre los dos países. Pero aunque China le vende más a los Estados Unidos respecto a lo que le compra, la posición de Pekín es mucho más fuerte, tanto política como económicamente, de lo que cree Trump.

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Una guerra comercial entre China y Estados Unidos le hace más daño a éste último país

Desde el punto de vista económico, tanto los Estados Unidos como China, perderán en una guerra comercial. La imposición de aranceles aumentará los precios, disminuirá las exportaciones y perjudicará el crecimiento económico; por lo que tanto Estados Unidos como China estarían mejor si cesan las hostilidades. Pero ahora que la administración Trump amenaza con imponer aranceles a 46 mil millones de dólares de importaciones originarias de China y este país le ha respondido con una amenaza similar, estamos al borde de una guerra comercial. Desde entonces Trump ha aumentado el conflicto amenazando con imponer aranceles a otros 100 mil millones de dólares de importaciones provenientes de China, a lo que Pekin respondió que igualaría en respuesta. Los cálculos de Trump sugieren que piensa que China tiene más que perder y que por lo tanto terminará cediendo. Pero está equivocado.

Las estadísticas parecen indicar que China es más vulnerable que los Estados Unidos, pero no es así. Si nos concentramos en el intercambio de bienes, como lo hacen la mayoría de los analistas, vemos que China le vendió a Estados Unidos un total de 506 mil millones de dólares el año pasado, y le compró apenas bienes por 131 mil millones de dólares. Pero los Estados Unidos también le vendieron a China 38 mil millones de dólares más en servicios de lo que le compraron. Pero el punto fundamental es que la mayor parte de lo que Estados Unidos le vende a China son productos agrícolas y bienes cuyo contenido es en su mayoría estadounidense. Por el contrario, las exportaciones de China a Estados Unidos son típicamente bienes ensamblados en China que contienen muchos componentes de otros países, y muchas veces son de marcas estadounidenses. Y más aún, el 37% de las importaciones de Estados Unidos provenientes de China consisten de partes y componentes que requieren los productores estadounidenses.

Tomemos el ejemplo del IPhone de Apple. Cuando los IPhones son enviados de las fábricas chinas a los Estados Unidos, el costo total de la importación se le atribuye a China. Sin embargo, estos IPhones incluyen componentes de Corea del Sur, Japón, y de muchos otros países. De acuerdo con una estimación, el ensamblaje en China representa entre el 3 y el 6% de los 370 dólares que representa el costo de manufactura de un IPhone X. Dado que este teléfono se vende al público en 999 dólares, el grueso del valor agregado es estadounidense: el margen de Apple y el de los minoristas estadounidenses.

Claro que este es un ejemplo extremo y Trump no le ha puesto aranceles a los IPhones. Pero consideremos que de los 46 mil millones de dólares en aranceles con los que amenaza Trump, 26 mil millones corresponden a importaciones de bienes electrónicos. Las tarifas de Trump fueron diseñadas para perjudicar el objetivo del gobierno chino de desarrollar su propia gama de productos de alta tecnología. Pero de acuerdo con estimaciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), aproximadamente la mitad del valor de las exportaciones chinas de computadoras, electrónicos y equipo óptico es de origen foráneo. Así que aunque los aranceles propuestos se convirtieran en realidad para estos productos, y esto ocasionará una caída de un 25% de las exportaciones chinas de estos productos, el impacto directo para China sería de apenas 6.5 mil millones de dólares, algo así como el 0.05% de su PIB.

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México podría beneficiarse de la guerra comercial entre China y Estados Unidos si se convierte en una alternativa para la proveeduría

En contraste, el daño potencial que puede ocasionar China a los Estados Unidos es mucho mayor. Esto porque un primer objetivo de China fueron los aviones para transporte civil producidos por la empresa Boeing por un monto de 16 mil millones de dólares. Las acciones de esta empresa se desplomaron después del anuncio de China, pero las aerolíneas chinas se están expandiendo tan rápido que tal vez Boeing esté dispuesto a disminuir los precios de sus aviones para mantener las ventas allá. En ese caso, las tarifas impuestas por China serían pagadas por los Estados Unidos y no por las empresas chinas. Hay que recordar que Boeing compite contra la europea Airbus.

Aunado a lo anterior, otro objetivo de China en cuanto a la imposición de aranceles son las exportaciones estadounidenses de soya, las cuales fueron de 12.8 mil millones de dólares en 2017. China compra la mitad de las exportaciones estadounidenses de este bien, lo que le da poder de mercado. De hecho conforme avanzaba la retórica de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, los precios de la soya se desplomaron y no debemos olvidar que China cuenta con Brasil como proveedor de soya.

Es así que podemos llegar a la conclusión de que el presidente estadounidense, Donald Trump, no sabe de economía y está mal asesorado. No sabe que él es el causante de los crecientes déficits comerciales que registra su país, derivado de su crónico déficit fiscal; y tampoco sabe que en una guerra comercial tiene todo para perder, eligió pelear contra un país que si sabe cómo hacerle daño.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Implicaciones para México de la guerra comercial

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Estados Unidos ha iniciado una guerra comercial con China, busca evitar la transferencia injusta de tecnología y disminuir su déficit comercial en 100 mil millones de dólares

En las últimas dos semanas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump impuso una variedad de aranceles en contra de numerosos países, bloqueó la adquisición de empresas tecnológicas estadounidenses por parte de China y busca imponer nuevas restricciones a las futuras inversiones chinas también en el sector tecnológico. Muchos economistas han advertido que el mundo está al borde de una guerra comercial total, en la que veremos represalias al estilo “ojo por ojo”, una retórica acalorada y llamados a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a poner orden, pero ésta está  pobremente equipada para responder. Estamos ante el riesgo de que si las provocaciones comerciales de Trump se salen de control, docenas de tratados comerciales negociados durante varias décadas podrían ser echados de lado, mientras que la perspectiva de un menor crecimiento económico tiene a los mercados bursátiles de todo el mundo tambaleándose.

Las guerras comerciales no son buenas para la economía, y la historia nos da buenos ejemplos. Tenemos el caso de cuando en 1930 el Congreso estadounidense pasó la Ley Smoot-Hawley, la cual elevó los aranceles en 20% en promedio, inicialmente para proteger a los agricultores estadounidenses, pero que después fue ampliado a industrias manufactureras que buscaban protección. En la medida en que se colapsó la demanda de bienes y servicios, el resto de los países buscaron mantener sus reservas de oro devaluando sus monedas o imponiendo más barreras comerciales, por lo que se derrumbó el comercio internacional. Esto provocó que la depresión económica que se vivía en ese entonces se hiciera aún más pronunciada y el mundo, en particular los Estados Unidos, acabaron sufriendo lo que se convirtió en La Gran Depresión.

Lamentablemente esto al parecer ya quedó en el olvido. Los Estados Unidos con la firma del memorándum del pasado 22 de marzo por parte del presidente Trump, en contra de las prácticas de China, iniciaron una guerra comercial que seguro será perjudicial y tendrá consecuencias imprevistas para las relaciones de Estados Unidos con la segunda mayor economía mundial. Además de generar repercusiones en los mercados bursátiles, tasas de interés y tipos de cambio.  De hecho el índice bursátil Dow Jones pasó de 24,879 puntos el 21 de marzo a las 14.30hrs a 23,533 puntos el 23 de marzo a las 16.00hrs, una pérdida de más de 1,300 puntos en dos días.

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Aún no se sabe la lista de productos que serán sujetos a aranceles de 25% por un  monto de 60 mil millones de dólares

Argumentando el daño ocasionado por las prácticas injustas y dañinas de adquisición de tecnología estadounidense por parte de China, los Estados Unidos impondrán en los próximos días aranceles del 25% en ciertos productos de China por un monto equivalente al daño ocasionado a la economía estadounidense. No se ha especificado qué productos serán, esto tardará unos días más en definirse, pero se sabe que equivaldrán a unos 60 mil millones de dólares. Por su parte, en la “Section 301 Fact Sheet” se propone que le sean impuestos a los sectores aeroespaciales, tecnologías de comunicaciones e información, así como maquinaria. Aunque no se descarta que eventualmente se impongan aranceles también a calzado, ropa y electrónicos para los consumidores.

La meta de Trump, y así lo anunció en la conferencia de prensa cuando informó de las medidas contra China, es disminuir el déficit comercial que su país tiene con dicha nación en unos 100 mil millones de dólares, equivalente a una reducción del 25%. Sin embargo, se considera que las medidas anunciadas no lograrán dicha meta, ya que no debemos olvidar que China posee más de 1.17 billones de dólares de bonos del Tesoro de Estados Unidos, por lo que su capacidad de negociación con los Estados Unidos será muy amplia.

Ante los aranceles impuestos por los Estados Unidos, China ha tenido una reacción dura en el discurso, pero muy tibia en los hechos, ya que en represalia anunciaron que le impondrán a Estados Unidos aranceles por apenas 3 mil millones de dólares, en productos que van desde frutas frescas, nueces, vino, puerco, aluminio reciclado y tubería de acero. Sin embargo, no podemos descartar que una vez que se conozca la lista de productos a los que Estados Unidos impondrá aranceles, China podría anunciar una gama de productos más amplia, en la cual probablemente estarán más bienes agrícolas como el sorgo y la soya, así como los aviones de la empresa Boeing.

Es importante mencionar que todo esto se da después de la salida de la Casa Blanca de Gary Cohn, un internacionalista que se desempeñaba como director del Consejo Económico Nacional de Trump, y de Robert Porter, quien fungía como secretario de personal de la Casa Blanca. Es así que el presidente Trump ahora está en las manos de nacionalistas comerciales como Peter Navarro y Wilbur Ross, el Secretario de Comercio, quien amasó una fortuna en sus negocios del acero y los textiles apoyado en la existencia de aranceles. Esto es relevante porque queda claro que ya no hay oposición interna seria a los peores instintos de Trump respecto al comercio internacional y China.

Aquí lo bueno es que esta agresividad contra el comercio internacional, erosionará el apoyo de las empresas y del Congreso hacía Trump, ya que mucho de lo que había hecho en favor de las empresas con el recorte de impuestos y la desregulación, perderá efectividad ante su visión mercantilista del comercio internacional.

¿Y qué papel juega México en todo esto? Nuestro país ha sufrido la retórica del presidente Trump, quien no se ha cansado de decir que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es el peor acuerdo comercial jamás firmado por los Estados Unidos. De igual forma, Trump ha señalado de manera recurrente a México como un país que se aprovecha indebidamente de Estados Unidos y que por eso obtiene importantes superávits comerciales, el cual en el 2017 fue de 71.056 mil millones de dólares.

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La relación comercial entre México y China , tampoco es sencilla y debe ser revisada 

Sin embargo, México se benefició al quedar excluido de la lista de países a los que recientemente se les impusieron aranceles a la importación de acero y aluminio. De igual forma, en este contexto de conflicto comercial entre China y Estados Unidos, trascendió que Estados Unidos retiraría de la mesa de negociación del TLCAN una de sus demandas que ocasionaban mayor problema, y es la de que el 50% del valor de contenido de los automóviles deberían tener contenido estadounidense para gozar de preferencias arancelarias. Para muchos, este anuncio es muestra de que nuestro vecino del norte se ha dado cuenta de que no puede mantener tantos flancos de guerra abiertos en materia comercial, y que le conviene tener un bloque comercial sólido en Norteamérica para contrarrestar sus desequilibrios comerciales con Asia, y en especial con China.

De igual manera, para las empresas mexicanas será muy importante conocer la lista final de bienes a los que Estados Unidos les impondrá aranceles, para en función de ello ver en que sectores surgirán oportunidades para incrementar nuestras exportaciones.

Esto de ninguna manera implica que una guerra comercial total entre Estados Unidos y China beneficiará a México en el largo plazo. Queda claro que en el corto plazo si, ya que la Administración Trump ahora se muestra más flexible en la negociación del TLCAN y podría haber un incremento de exportaciones mexicanas hacía Estados Unidos; sin embargo, en el largo plazo no sabemos si la guerra comercial que aparentemente ha iniciado pueda dañar la dinámica de comercio internacional a nivel mundial, y hacer que la economía mundial crezca más lentamente, lo que acabará por perjudicar las exportaciones totales de nuestro país.

En este sentido, la Secretaría de Economía debe trazar un plan para aprovechar al máximo esta situación, o bien, evitar que nos perjudique.

Y pues a manera de conclusión podemos decir que se confirma que la política comercial estadounidense es llevada a cabo por una administración que no sabe de economía y que se ha convertido en una amenaza para el bienestar global. El presidente Trump y sus asesores están enfocados en disminuir el gigantesco déficit comercial que tienen a través de la imposición de barreras comerciales, pero no entienden que la principal razón de este desequilibrio es su enorme déficit fiscal, el cual eleva artificialmente su demanda agregada, provocando un crecimiento crónico de sus importaciones. Mientras tanto suenan los tambores de guerra y no sabemos cuál vaya a ser el desenlace económico de este episodio.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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La mayoría de los países crece, pero México no

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La economía mexicana tuvo un desempeño económico mediocre en 2017, al resto del mundo le fue bien

El año 2017 fue bueno para la economía mundial, pero en México pasaron varias cosas que hicieron que perdiéramos el incipiente dinamismo del mercado interno que teníamos. En esta entrega veremos que sucede con la economía mundial y qué fue lo que pasó en nuestro país que nos impidió disfrutar de los beneficios de lo que fue el mejor año para la economía mundial desde la crisis financiera de 2008.

 

En la minuta de la Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, con motivo de la decisión de política monetaria anunciada el 14 de diciembre de 2017, publicada el pasado 28 de diciembre, se da cuenta de la buena marcha de la economía mundial. Concretamente se menciona que “la economía mundial continuó expandiéndose en el tercer trimestre y a principios del cuarto de manera más generalizada, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes.”

 

En relación a Estados Unidos, se señala que en el tercer trimestre del año, la economía más grande del mundo creció a una tasa trimestral anualizada de 3.3 por ciento. Este dinamismo se debe al repunte en la inversión en equipo y por una mayor contribución al crecimiento de las exportaciones netas y de la variación en inventarios. Se agrega que el índice de producción industrial y la producción manufacturera repuntaron en octubre, y también se menciona que las condiciones del mercado laboral de  nuestro vecino del norte han continuado mejorando. En efecto, se han generado en promedio 174 mil nuevas plazas mensuales en lo que va del año, superando el ritmo necesario para absorber el crecimiento de la fuerza laboral.

 

En cuanto a la economía de la zona Euro, se menciona que los indicadores prospectivos apuntan a un crecimiento generalizado entre países y sectores durante el cuarto trimestre del año. La sólida expansión de esta región ha estado respaldada por las condiciones monetarias acomodaticias y la expansión del crédito. Además, los niveles de confianza en los principales sectores de la economía se ubican por encima de sus promedios históricos, lo que también parecería haber impulsado la demanda interna.

 

Finalmente, en cuanto a las economías emergentes (China, India, Brasil), los indicadores disponibles apuntan a que durante el cuarto trimestre persistirá la recuperación de la actividad productiva. La expansión de este grupo de economías continúa explicándose por el sólido crecimiento de la producción industrial y de sus exportaciones. Adicionalmente, el consumo privado siguió fortaleciéndose en la mayoría de estas economías.

 

Hasta aquí lo mencionado por la minuta del Banxico; y es en este contexto de buen desempeño económico mundial que nuestro país ahora sufre una fuerte desaceleración. De acuerdo con cifras del INEGI, el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció apenas 1.5% en el tercer trimestre de 2017, después de haber aumentado 3.2% el primero y 1.9% el segundo trimestre. De hecho, con series desestacionalizadas de tendencia-ciclo, podemos ver que el crecimiento del PIB de México registró un crecimiento de 0% en el tercer trimestre del año que recién concluyó.

 

Por su parte, el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) en México acumuló en octubre de 2017, cinco meses consecutivos con caídas anualizadas, siendo el decremento en octubre de este año de -1.10%.

 

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El mercado interno mexicano sigue siendo precario

¿A qué se debe esta desfavorable evolución? Pues en parte a la pérdida de dinamismo del consumo privado. Con cifras del INEGI podemos ver que el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior creció en términos anualizados apenas 2.93% en el tercer trimestre de 2017, siendo que en el mismo trimestre de 2016 éste creció 3.93%. Pero lo peor es que la tasa de incremento del componente de consumo de bienes nacionales pasó de 4.5% en el tercer trimestre de 2016 a sólo 2.66% en el mismo trimestre de 2017; mientras que el componente de consumo de bienes importados pasó de haber caído -1.0% en el tercer trimestre de 2016 a aumentar 5.66% en el mismo trimestre de 2017. Es decir, el consumo de los mexicanos ahora crece menos que antes por la pérdida de poder adquisitivo, pero estamos privilegiando los bienes importados respecto a los hechos en México. Una de las causas de esta situación es el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, tema que he abordado en muchas ocasiones desde este espacio.

 

Otra causa de la desaceleración económica en México es la pérdida de dinamismo por parte del crédito otorgado por la banca comercial al sector privado del país (empresas y personas físicas). Tenemos que de acuerdo con cifras del Banxico, al mes de noviembre de 2017 éste creció apenas 2.41% en términos reales anualizados (ajustado por inflación), siendo que en noviembre de 2016 éste creció un 12.47%, lo que implica entonces una caída de 10 puntos porcentuales.

 

Desde luego que la causa raíz de esta situación es la astringente política monetaria implementada por el propio Banxico desde diciembre de 2015, lo que ha llevado a su tasa de interés objetivo desde 3.0% hasta el actual 7.25%. Alguien podrá decir que un aumento de 4.25 puntos porcentuales no es gran cosa, pero el problema es que las tasas que cobran los bancos por muchos de sus créditos han aumentado en un rango mayor. Por ejemplo, una prestigiada tarjeta de crédito internacional emitida en México, en su versión platino, cobraba en diciembre de 2015 una tasa de interés regular de 26.95% y ya en el mismo mes de 2017 cobraba el 39.20%, lo que representa un incremento de casi 13 puntos porcentuales. ¿Si esta es la situación de una tarjeta de crédito platino, cual es la situación del resto de las tarjetas de crédito? Obviamente el resto de los créditos, como los automotrices y para las micro, pequeñas y medianas empresas también han aumentado en su tasa de interés en más de lo que creció la tasa de interés objetivo del Banxico.

 

Desde luego que este aumento en tasas de interés también ha causado mella en la inversión productiva en nuestro país. En el tercer trimestre de 2014 el Índice de Volumen Físico de la inversión Fija Bruta en México creció en términos anualizados 8.2%, producto de un incremento de 4.5% en la construcción y de 14.0% en maquinaria y equipo. Después de las alzas en la tasa de interés, en el tercer trimestre de 2017, la inversión total privada cayó -0.8%, producto de un decremento en la construcción de -3.2% y un aumento en maquinaria y equipo de apenas 2.3%.

 

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Las políticas monetaria y fiscal restrictivas en México, son culpables de la desaceleración económica que se vive

Pero no toda la culpa de la desaceleración económica de México es culpa del Banco de México. Después de la borrachera de deuda en la que se incurrió en el periodo de 2013 a 2016, que llevó a los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) a representar el 50.5% del PIB, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se vio forzada a recortar el gasto público. En el comparativo de los primeros once meses de 2017 respecto a los mismos meses de 2016, el gasto neto total del sector público federal muestra una disminución en términos reales (ajustado por inflación) de -6.5%. Dentro de este recorte, el rubro que más se ha visto afectado es el de gasto de capital (inversión física como carreteras), el cual presenta una caída real de -33.9%. Esto ha tenido fuertes repercusiones porque la inversión física directa en los primeros once meses de 2017 suma 284.920 miles de millones de pesos (mmdp), mientras que el costo financiero de la deuda (pago de intereses) fue de 387.938 mmdp, lo que denota que derivado de un menor gasto público y el alza en las tasas de interés en México, el gobierno federal gasta un 36.15% más en el servicio de la deuda que en desarrollar la necesaria infraestructura que requiere el país.

 

La lista de indicadores que dan cuenta de los problemas que enfrenta México en el arranque de 2018 podría extenderse mucho más. Podemos hablar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios reales, de la inflación causada por parte del propio gobierno federal con sus recurrentes alzas en los precios de combustibles y energéticos. También podemos extendernos mencionando la caída de la producción petrolera debido al saqueo y corrupción de la que ha sido objeto Pemex estos últimos años, lo que impidió invertir en el desarrollo de nuevos campos petroleros.

 

Pero la pregunta es entonces, ¿Qué hacer en el 2018 para revertir esta tendencia? ¿Por qué mientras el resto del mundo vive una etapa de relativa bonanza económica en México nos dirigimos a una posible recesión? Desde luego que las respuestas no son sencillas, pero si hay ciertas cosas que se pueden hacer, entre las que destacan el aprovechar el crecimiento económico de otras partes del mundo y apoyar el sector exportador a través de Proméxico (organismo que sigue sin dar resultados y ha brillado por su ausencia durante todo el presente sexenio), se puede redoblar la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, se puede fortalecer la competitividad y la productividad de las empresas dotándole de más recursos al Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) y al Programa para la Productividad y Competitividad Industrial (PPCI) de la Secretaría de Economía, se pueden atender las propuestas de ajustes fiscales hechas por la iniciativa privada nacional para recuperar la competitividad perdida después de la aprobación de la reforma fiscal estadounidense, y se pueden hacer muchas cosas más.

 

El que piense que dado que este es un año electoral y que habrá mucho gasto en las campañas, hará que se recupere la economía, está muy equivocado. Los problemas de la economía de México son estructurales y se requieren medidas de fondo en materia de política industrial, fiscal y monetaria para resolverlos. Veremos que sucede, y los primeros tres meses de este año que comienza serán fundamentales si se quiere hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La crisis minorista en Estados Unidos sólo empeorará

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En los Estados Unidos esté año cerrarán sus puertas unas 6,800 tiendas

Son muchas las notas que se han generado respecto a los graves problemas que enfrentan los comerciantes minoristas en los Estados Unidos, los cuales se han traducido en una enorme cantidad de tiendas de ladrillo y concreto que han cerrado sus puertas en los últimos años. Una de las notas/investigaciones que mejor explica lo que está pasando, qué fue lo que lo causó y que se puede esperar para el futuro del mundo de los minoristas, fue publicada por Bloomberg el pasado 8 de noviembre y se titula “America’s ‘Retail Apocalypse’ Is Really Just Beginning”, y a continuación haré mención de varios de los puntos que en ella se abordan.

 

Esta crisis sin precedente, también llamada “apocalipsis minorista”, se ha arraigado tanto en los Estados Unidos que ya hasta tiene su correspondiente entrada en la Wikipedia.  La respuesta de la industria minorista a ese tipo de descripción acerca del final de sus tiempos se ha basado en culpar a los medios de comunicación por exagerar los problemas de “unas cuantas cadenas comerciales bien conocidas” y querer hacer creer que este es un problema generalizado o sistémico. Hay algo de razón en la molestia de los minoristas ya que es verdad que en los Estados Unidos éstos han anunciado que en los tres primeros trimestres de este año, han abierto más de 3,000 tiendas nuevas.

 

Pero las cadenas comerciales también han dicho que cerrarían 6,800 tiendas en el año, lo que implica una pérdida neta en espacio comercial. Y lo paradójico es que esto sucede en un momento en el que hay una elevada confianza del consumidor, el desempleo está en un nivel históricamente bajo y la economía estadounidense sigue creciendo. Estos son normalmente ingredientes para que estuviéramos viendo un “boom” en las ventas al detalle, sin embargo, ahora es cuando más cadenas comerciales están declarándose en bancarrota y siendo calificadas como “en problemas”, en comparación con los años de la reciente crisis financiera (2008 – 2009). Esto ha ocasionado un aumento en los créditos con pagos vencidos por parte de los centros comerciales o mejor conocidos como “malls”.

 

Contrario a lo que se piensa, la razón no es tan simple como para echarle toda la culpa a Amazon.com Inc., quien cada vez cuenta con una mayor participación  de mercado; tampoco se trata de culpar a los veinteañeros, quienes cada vez disfrutan más el gastar su dinero en “experiencias” en lugar de cosas. La causa raíz es que muchas de estas viejas cadenas comerciales están abrumadas por sus deudas, las cuales en muchas ocasiones se originaron por haber realizado operaciones de compra de su competencia a través de endeudamiento.

 

De esta manera, hoy por hoy, hay miles de millones de dólares en préstamos registrados en las hojas de balance de muchos minoristas en problemas, y la realidad es que el sostener esa carga financiera solamente se hará más difícil al paso del tiempo, inclusive para las cadenas comerciales que hoy son sanas; a continuación veremos porque.

 

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Amazon.com, los cambios en los hábitos de consumo y el exceso de crédito son los responsables del apocalipisis minorista en EE.UU.

La combinación de la deuda de los minoristas que está por vencerse, aunado a que en Estados Unidos los suburbios están sobre saturados de tiendas, además de las crecientes ganancias de los vendedores en línea, es el caldo de cultivo perfecto para un desastre. Los efectos negativos secundarios de esto seguramente se sentirán lejos a lo largo de la economía estadounidense. Habrá trabajadores de bajos ingresos desplazados, una disminución de la recaudación por impuesto predial en varias localidades, y pérdidas bursátiles para inversionistas, tenedores de bonos y dueños de bienes raíces.  De esta manera, si lo de hoy es considerado un apocalipsis del comercio minorista, entonces lo que viene será verdaderamente terrorífico.

 

Hasta este año, los minoristas con problemas habían sido capaces, en su mayoría, de evitar la bancarrota a través del refinanciamiento para de esa manera ganar tiempo.  Pero el mercado ha cambiado, y ahora tiene una visión negativa respecto a las perspectivas del comercio minorista. De esta manera, los inversionistas que podrían prestarles se han ido alejando. El caso de Toys “R” Us Inc. parece ser un buen ejemplo de lo que sucederá a muchos en el medio minorista. Esta empresa sorprendió a los inversionistas cuando en septiembre solicitó la bancarrota, convirtiéndose así en la tercera mayor declaratoria de bancarrota en el sector minorista en la historia de Estados Unidos, después de haber tenido graves dificultades para refinanciar una deuda de tan sólo $400 millones de dólares de los $5 mil millones de dólares que debe en total. Y esto a pesar de que sus resultados eran en su mayoría estables, con un creciente margen de utilidad aparejada de una pequeña caída en sus ventas.

 

Para complicar las cosas aún más, tenemos la explosiva cantidad de deuda riesgosa que deben los minoristas y que debe ser pagada en los siguientes cinco años. Varias compañías padecen lo mismo que la cadena de joyería para adolescentes “Claire Stores Inc.”, la cual fue comprada a través de la contratación de deuda por parte del grupo Apollo Global Management LLC, la cual ahora debe $2 mil millones de dólares que comenzarán a vencerse en 2019.

 

Sólo $100 millones de dólares de deuda de alto rendimiento (high yield) por parte de los minoristas vencerá en 2017, pero esa cantidad subirá a $1.9 mil millones de dólares en 2018, de acuerdo con la calificadora Fitch Ratings Inc. Y de 2019 a 2025, esta cantidad se disparará a 5 mil millones de dólares por año. De igual manera, el monto de deuda de los minoristas que es considerada riesgosa también está aumentando. A lo largo del año pasado, los bonos de alto rendimiento subieron 20%, hasta 35 mil millones de dólares, y los préstamos apalancados han aumentado 15%, hasta los 152 mil millones de dólares, de acuerdo con información de Bloomberg.

 

Lo que es aún peor es que esto sucederá en un momento en el que la deuda de alto rendimiento para todas las industrias alcanza un nivel record de un billón de dólares y se vencerá en los próximos cinco años, de acuerdo con Moody´s. De esta manera, el incremento en la demanda de refinanciamiento para los minoristas es probable que ocurra en un momento en el que los mercados crediticios se aprietan y se vuelven menos accesibles para los deudores con problemas.

 

Los minoristas han postergado su ajuste estructural debido a que las tasas de interés han estado históricamente bajas por todo el dinero que el Banco de la Reserva Federal (FED) ha inyectado a la economía desde la crisis financiera. Esto ha hecho el invertir en deuda más riesgosa más atractivo para diversos grupos con liquidez. Pero ahora que la FED ha comenzado a subir sus tasas de interés, la demanda por instrumentos “riesgosos” dejará de crecer o inclusive podría ir a la baja. Eso podría llevar a varias cadenas comerciales a enfrentar problemas de refinanciamiento.

 

Otro hecho que confirma el pesimismo respecto a los minoristas llegó a principios de este año cuando la familia fundadora de Nordstroms Inc. trató de regresar a la tienda departamental a ser nuevamente privada (ya no cotizar en bolsa). Eventualmente ellos se dieron por vencidos porque los acreedores estaban pidiendo el 13% de intereses, tasa que representa cerca del doble de la tasa de interés regular que pagan los minoristas.

 

Otro efecto de todo esto es un golpe directo a la industria que es la mayor empleadora de estadounidenses  en la parte baja de la escala de ingresos. Las estadísticas gubernamentales más recientes muestran que los vendedores y cajeros en la industria suman 8 millones.

 

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La lista de las tiendas minoristas que cerraron sus puertas a principios de 2017

Durante la parte más álgida de la crisis financiera, los empleados de las tiendas, sintieron la parte más dura del golpe cuando se perdieron 1.2 millones de empleos, lo que implica uno de cada siete empleos perdidos de 2008 a 2009, de acuerdo con el Departamento de Trabajo. Desde la crisis, el empleo ha venido aumentando, incluyendo en la industria minorista, pero esa tendencia terminó este año cuando los empleos en las tiendas cayeron en 101 mil puestos.

 

La  caída coincide con la rápida aceleración en el cierre de tiendas conforme aumentan las bancarrotas; mientras que varios de los mayores minoristas de Estados Unidos, incluyendo a Wal-Mart Stores Inc. y Target Corp., se han dado cuenta de que tienen demasiado espacio disponible. Desde antes del “boom” en el comercio electrónico, los Estados Unidos ya sufrían de un exceso de tiendas (como resultado de los inversionistas que metieron enormes cantidades de dinero a los bienes raíces comerciales décadas atrás, conforme los suburbios crecían de manera exponencial. Todos estos edificios debían ser llenados con tiendas, y esa demanda obtuvo la atención de grandes sumas de capital de riesgo. El resultado fue el nacimiento de la era de tiendas masivas en prácticamente todas las categorías), desde proveedores de artículos de oficina hasta vendedores de artículos para mascotas.

 

Ahora ese “boom” está finalmente terminando. A lo largo del tercer trimestre de 2017, son 6,752 ubicaciones las que estaban previstas para cerrar en los Estados Unidos, excluyendo tiendas de comestibles y restaurantes, de acuerdo con el Consejo de Centros Comerciales. Eso es más del doble del total de las tiendas que cerraron en 2016 y está cerca de rebasar el máximo histórico de 6,900 tiendas cerradas en 2008, en el momento más álgido de la crisis financiera.

 

Las tiendas de ropa son las que, por mucho, han recibido el golpe más duro con el cierre de 2,500 tiendas. Las tiendas departamentales también fueron golpeadas, siendo Macy´s Inc., Sears Holding Corp., y J.C. Penny Co. los casos de disminución de mayor tamaño. En total, cerca de 550 tiendas departamentales, con una capacidad de 43 millones de píes cuadrados, o cerca de la mitad del total han cerrado.

 

A manera de conclusión vale la pena recordar el dicho de que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Sin bien es cierto que México no está saturado de tiendas como si lo está Estados Unidos, es muy importante que los comerciantes en México tomen en cuenta los grandes cambios que se están dando en los canales de venta y comercialización. Las ventas en línea en México aun representan un pequeño porcentaje del total, pero éstas crecen año con año y eventualmente representarán un porcentaje elevado.

 

Otra enseñanza de lo que está sucediendo en la industria minorista de Estados Unidos son los efectos perversos del sobreendeudamiento. Queda claro que ahora están pagando las secuelas de la “borrachera de crédito” que vivieron durante décadas y que se tradujo en un desarrollo explosivo del espacio comercial y cadenas comerciales poco rentables.

 

Finalmente, es importante que los exportadores de bienes terminados, tomen en cuenta lo que sucede en con las grandes cadenas comerciales y tiendas departamentales de Estados Unidos. El hecho de que su situación financiera se deterioré implica que el riesgo de realizar una venta y que no se recupere la cartera de cobranza va en aumento. Es por ello que los exportadores deben auxiliarse de los reportes especializados sobre la capacidad de pago de sus clientes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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