¿Por qué ha caído el consumo en México?

En el arranque de 2021 el consumo privado en México tuvo un mal desempeño. En el comparativo del primer bimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020, el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior reportó una caída de -7.55%. Esto sin duda denota una caída en el bienestar general de la población y tiene dos explicaciones: por un lado, hay una disminución importante en el número de personas que conforman la población ocupada, y por otro lado, se ha dado una caída en términos reales en el nivel de ingresos promedio de la población.

En esta entrega abordaremos estos dos fenómenos que explican lo sucedido con el poder adquisitivo y consumo de los mexicanos. Desde luego que lo presentado aquí no tiene el rigor de una investigación científica, pero si busca proporcionar una idea clara de la magnitud del problema en el mercado laboral y en los niveles de ingreso promedio de la población ocupada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021, la población ocupada total en México disminuyó -4.30%, al haber pasado de 55.352 millones a 52.973 millones de personas. El porcentaje se dice fácil, pero implica que en los primeros tres meses de este año hubo 2.379 millones de personas menos trabajando con respecto a un año antes.

Desde luego que al haber menos gente trabajando, hay menos ingresos para millones de familias, y esto sin duda afecta su capacidad de comprar bienes y servicios. Por otra parte, es verdad que en el último año se dio un aumento importante en el salario mínimo, al haber pasado éste de 123.22 pesos a 141.70 pesos diarios entre 2020 y 2021; sin embargo, ocurrió un cambio significativo en la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso. Esto lo explico a continuación.

La ENOEN nos muestra que entre el primer trimestre de 2020 y los primeros tres meses de 2021 la población ocupada que gana menos de un salario mínimo (sm) aumentó 6.99%, al pasar de 12.533 millones a 13.409 millones. Esto ocurrió mientras que todos los demás rangos de ingreso presentaron disminuciones en la población ocupada que se encuentra en ellos.

Tenemos que la cantidad de personas que ganan de 1 hasta 2 sm disminuyeron -3.64%, al pasar de 19.781 millones a 19.062 millones; los que ganan de 2 a 3 sm decrecieron -19.22%, al pasar de 8.613 millones a 6.958 millones de personas; los que ganan de 3 a 5 sm disminuyeron -11.89%, al pasar de 3.715 millones a 3.273 millones de personas; mientras que los que perciben más de 5 sm decrecieron -23.45%, al pasar de 1.534 millones a apenas 1.174 millones de personas. Por su parte, una buena noticia es que aquellos que no reciben ingresos bajaron -4.22%, al pasar de 2.908 millones a 2.785 millones de personas. Finalmente, los que no revelaron cuánto ganan (los no especificados) aumentaron 0.70%, pasando de 6.264 millones a 6.308 millones de personas. Con estos datos, en principio queda claro que hay un empobrecimiento relativo de la población ocupada ya que si excluimos al grupo de “no especificados”, los que ganan menos de un salario mínimo pasaron de representar el 25.5% del total de población ocupada a ser el 28.7% del total.

Ahora, para poder determinar el número de salarios mínimos percibidos en promedio por persona ocupada al día, es necesario realizar algunos supuestos, dado que el INEGI no nos da información en este sentido. Para fines de esta entrega vamos a asumir las siguientes tres cosas:

a. En el primer trimestre de 2020 los que declararon que ganan menos de un sm, percibían 0.7 sm; los que dijeron que ganan de entre 1 y 2 sm perciben 1.4 sm; los que ganan entre 2 y 3 sm perciben 2.4 sm, los que dijeron que ganan de 3 a 5 sm perciben 3.9 sm; los que dijeron ganar más de 5 sm perciben 5.9 sm.

b. La crisis económica ocasionada por el Covid-19 ha mermado los niveles de ingreso de la población ocupada, por lo que las percepciones promedio en cada uno de los rangos se ajustaron a la baja.

c. Conservadoramente, vamos a asumir que en el primer trimestre de 2021, los que declararon que ganan menos de un sm, percibían en promedio 0.6 sm; los que dijeron que ganan de entre 1 y 2 sm perciben 1.25 sm; los que ganan entre 2 y 3 sm perciben 2.3 sm, los que dijeron que ganan de 3 a 5 sm perciben 3.8 sm; los que dijeron ganar más de 5 sm perciben en promedio 5.8 sm.

Si el optimismo plasmado en los supuestos anteriores es verdad, eso implica que en el primer trimestre de 2020 la población ocupada promedio percibía 1.64 sm diarios, mientras que en el primer trimestre de 2021 la percepción económica promedio fue de 1.44 sm. Esto implica una caída de -12.48% en el número de salarios mínimos que en promedio gana la población ocupada. Sin embargo, debemos recordar que en el salario mínimo pasó de 123.22 pesos en los primeros tres meses de 2020 a 141.70 pesos en los mismos meses de 2021, lo que representa un aumento de 15.00%.

Esto significa que el salario nominal promedio diario de la población ocupada habría pasado de 202.53 pesos en el primer trimestre de 2020 a 203.85 pesos en promedio en los mismos meses de 2021. Es decir, habría habido un aumento nominal de los ingresos promedio de 0.65% en el periodo referido. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación del periodo fue de 3.99%, eso significa que las percepciones promedio en términos reales habrían bajado -3.21% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021.

Ahora, en cuanto a la evolución de la masa salarial nominal (la percepción promedio diaria multiplicado por el número de días en el trimestre por el número de personas en la población ocupada) pasó de 1.008 billones de pesos en el primer trimestre de 2020 a 971.9 miles de millones de pesos en el primer trimestre de 2021. Esto implica una disminución  de -3.68% en términos nominales.  Obvio, si tomamos en consideración la inflación del periodo, vemos que el valor de la masa salarial se contrajo -7.37% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021. No es coincidencia que esta caída en el nivel de ingresos de la población ocupada sea en una magnitud similar a lo que cayó el consumo privado en el mercado interior en el primer bimestre de 2021, tal y como se indicó en el primer párrafo de esta entrega.

A manera de conclusión quiero señalar que México está en un proceso de recuperación económica, pero los niveles de consumo por habitante que veíamos en 2019 tardarán al menos tres años en recuperarse. En esta entrega vemos que la caída en los niveles de ingreso promedio de la población ocupada cayeron casi marginalmente, pero sin duda hay muchas personas que ahora ganan considerablemente menos que hace un año. Por otra parte, para recuperar los niveles de consumo agregado, será necesario que se recuperen las fuentes de empleo que se han perdido. Esto se ve bastante complicado a la luz de que no hay incentivos fiscales ni apoyos para que las empresas puedan expandir sus operaciones. Estamos atenidos a la recuperación de Estados Unidos para que a través del sector externo se pueda expandir la producción. No hay estrategia y por eso, con todo y que este año la economía crezca un 4 o 5%, el bienestar perdido tardará muchos años en recuperarse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twiter: @alejandrogomezt

Desempeño económico de las entidades federativas en México en 2020

México es un país de enormes contrastes, y más aún en cuestiones como el desempeño económico de sus diversas regiones en tiempos de crisis económica. Se ha comentado sobradamente que con el dato del primer trimestre de 2021, nuestro país acumuló 8 trimestres consecutivos con caídas anualizadas en su Producto Interno Bruto (PIB), lo que convierte a ésta en una de las recesiones más largas de nuestra historia moderna.

Como referencia tenemos que la primera crisis de la década de 1980 tuvo una duración de 6 trimestres (de III/82 a IV/83); la segunda crisis de los ochentas duró 5 trimestres (de I/86 a I/87); la crisis derivada del “error de diciembre de 1994” duró 4 trimestres (de I/95 a IV/95); la crisis financiera internacional tuvo un impacto en México de 5 trimestres (de IV/08 a IV/09); mientras que la recesión ocasionada por el actual gobierno federal aunada a la crisis del Covid-19 ya ha durado 8 trimestres (de II/19 a I/21). Cabe señalar que la estimación oportuna del PIB del primer trimestre de 2021 ubicó la caída de este indicador (con cifras originales) en -3.8%.

Como hemos mencionado desde este espacio, los costos sociales de la más reciente crisis económica han sido enormes, con millones de personas que abandonaron el mercado laboral, perdieron su empleo, les recortaron su jornada de trabajo y/o les disminuyeron su ingreso. Sin embargo, el impacto de ésta crisis no ha sido homogénea en México. En ese sentido, en esta entrega analizamos cual fue el impacto de la crisis económica en las diferentes entidades federativas del país.

Esto lo podemos presentar puesto que el INEGI dio a conocer los resultados del Indicador Trimestral de la Actividad Económica (ITAEE) del cuarto trimestre de 2020, con lo que se puede tener una imagen completa de lo sucedido en México a nivel de entidad federativa durante dicho año.  Presentaré primero la evolución de las economías en su conjunto, posteriormente veremos lo que sucedió con las actividades primarias (agricultura, ganadería, pesca, etc.), luego analizamos lo que pasó con las actividades secundarias (industria) haciendo especial énfasis en el sector manufacturero, finalmente, vemos el desempeño de las actividades terciarias (comercio y servicios).

Actividad económica total

En cuanto a la actividad económica total, cabe recordar que con cifras originales, el PIB de México en 2020 registró una caída de -8.2%. Esto implica que en dicho año hubo 20 entidades federativas que tuvieron un mejor desempeño comparado con el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Tabasco (3.4%), 2. Chiapas (-4.1%), 3. Zacatecas (-4.2%), 4. Baja California (-4.5%), 5. Oaxaca (-4.9%), 6. Sonora (-5.4%), 7. Chihuahua (-6.0%), 8. Durango (-6.3%), 9. Michoacán (-6.7%), 10. Campeche (-6.8%), 11. Jalisco (-6.9%), 12. México (-7.0%), 13. Guanajuato (-7.1%), 14. Aguascalientes (-7.2%), 15. Sinaloa (-7.2%), 16. Colima (-7.5%), 17. San Luis Potosí (-7.5%), 18. Yucatán (-7.9%), 19. Tamaulipas (-8.0%), 20. Veracruz (-8.2%), 21. Nuevo León (-8.7%), 22. Guerrero (-9.2%), 23. Ciudad de México (-9.4%), 24. Querétaro (-9.5%), 25. Nayarit (-10.1%), 26. Hidalgo (-10.6%), 27. Coahuila (-11.1%), 28. Morelos (-11.6%), 29. Tlaxcala (-11.6%), 30. Puebla (-11.7%), 31. Baja California Sur (-21.5%) y 32. Quintana Roo (-24.2%).

Actividades primarias

En cuanto al PIB de las actividades primarias, tenemos que en 2020 éste aumentó 1.9%.  Eso significa que hubo 19 entidades que tuvieron un mejor desempeño comparado con el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades primarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Zacatecas (25.5%), 2. San Luis Potosí (12.8%), 3. Campeche (8.6%), 4. Guerrero (8.3%), 5. México (6.7%), 6. Oaxaca (6.7%), 7. Durango (4.6%), 8. Tabasco (4.5%), 9. Puebla (4.4%), 10. Veracruz (4.3%), 11. Aguascalientes (4.3%), 12. Coahuila (4.1%), 13. Baja California Sur (3.2%), 14. Nuevo León (3.1%), 15. Nayarit (3.1%), 16. Colima (2.6%), 17. Jalisco (2.3%), 18. Chiapas (2.1%), 19. Guanajuato (2.1%), 20. Hidalgo (1.8%), 21. Yucatán (1.6%), 22. Morelos (1.1%), 23. Ciudad de México (0.8%), 24. Sonora (0.6%), 25. Querétaro (0.1%), 26. Tlaxcala (0.0%), 27. Tamaulipas (-1.6%), 28. Chihuahua (-2.5%), 29. Michoacán (-3.4%), 30. Quintana Roo (-4.4%), 31. Sinaloa (-5.5%) y 32. Baja California (-6.5%).

Actividades secundarias

En cuanto al PIB de las actividades secundarias, tenemos que en 2020 éste disminuyó -10.0%.  Esto implica que hubo sólo 13 entidades que tuvieron un desempeño mejor que el observado por el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades secundarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Tabasco (10.1%), 2. Oaxaca (0.4%), 3. Chiapas (-2.0%), 4. Baja California (-3.7%), 5. Sonora (-6.3%), 6. Michoacán (-6.5%), 7. Campeche (-7.0%), 8. Chihuahua (-7.5%), 9. Sinaloa (-7.9%), 10. Guanajuato (-8.5%), 11. San Luis Potosí (-9.1%), 12. Jalisco (-9.3%), 13. Zacatecas (-9.5%), 14. Guerrero (-10.2%), 15. Durango (-10.5%), 16. Aguascalientes (-11.2%), 17. Nuevo León (-11.6%), 18. Yucatán (-11.9%), 19. Tamaulipas (-12.1%), 20. Veracruz (-12.1%), 21. Querétaro (-12.6%), 22. México (-13.3%), 23. Ciudad de México (-13.4%), 24. Nayarit (-13.5%), 25. Colima (-14.8%), 26. Coahuila (-15.8%), 27. Puebla (-18.2%), 28. Hidalgo (-18.8%), 29. Morelos (-20.4%), 30. Tlaxcala (-20.7%), 31. Quintana Roo (-25.4%) y 32. Baja California Sur (-32.7%).

Manufacturas

En cuanto al PIB de la industria manufacturera, tenemos que en 2020 éste disminuyó -10.0%, igual que la caída del conjunto de las actividades secundarias.  Esto implica que hubo 17 entidades que tuvieron un desempeño mejor que el registrado por el total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de la industria manufacturera para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Sinaloa (2.4%), 2. Tabasco (1.6%), 3. Michoacán (0.2%), 4. Baja California Sur (0.0%), 5. Nayarit (-2.5%), 6. Baja California (-2.7%), 7. Colima (-3.6%), 8. Tamaulipas (-4.5%), 9. Chihuahua (-4.7%), 10. Campeche (-4.7%), 11. Yucatán (-5.3%), 12. Guerrero (-6.0%), 13. Guanajuato (-6.5%), 14. Oaxaca (-8.4%), 15. San Luis Potosí (-8.4%), 16. Durango (-9.0%), 17. Jalisco (-9.3%), 18. Sonora (-10.2%), 19. Nuevo León (-10.6%), 20. Tlaxcala (-11.1%), 21. Zacatecas (-11.3%), 22. México (-11.5%), 23. Ciudad de México (-11.7%), 24. Veracruz (-12.2%), 25. Aguascalientes (-12.5%), 26. Quintana Roo (-12.5%), 27. Querétaro (-13.1%), 28. Chiapas (-14.4%), 29. Morelos (-15.5%), 30. Puebla (-16.2%), 31. Coahuila (-16.2%) y 32. Hidalgo (-22.6%).

Actividades terciarias

En cuanto al PIB de las actividades terciarias, tenemos que en 2020 éste disminuyó -7.7%. Esto implica que hubo 24 entidades federativas que registraron una evolución mejor que la del total nacional. A continuación se presenta la evolución del ITAEE de las Actividades terciarias para cada estado en 2020, ordenados de mejor a peor desempeño (en paréntesis se menciona la tasa de crecimiento o disminución): 1. Baja California (-4.9%), 2. Aguascalientes (-5.0%), 3. México (-5.1%), 4. Chihuahua (-5.2%), 5. Chiapas (-5.2%), 6. Colima (-5.4%), 7. Sonora (-5.5%), 8. Zacatecas (-5.6%), 9. Tamaulipas (-5.8%), 10. Durango (-5.8%), 11. Tlaxcala (-6.2%), 12. Jalisco (-6.6%), 13. Campeche (-6.7%), 14. Coahuila (-6.8%), 15. Guanajuato (-6.9%), 16. Yucatán (-6.9%), 17. Tabasco (-7.0%), 18. Nuevo León (-7.2%), 19. Sinaloa (-7.3%), 20. Michoacán (-7.3%), 21. Veracruz (-7.3%), 22. Hidalgo (-7.4%), 23. Oaxaca (-7.4%), 24. Querétaro (-7.7%), 25. San Luis Potosí (-7.9%), 26. Morelos (-8.2%), 27. Ciudad de México (-9.0%), 28. Puebla (-9.1%), 29. Guerrero (-10.2%), 30. Nayarit (-10.6%), 31. Baja California Sur (-18.1%) y 32. Quintana Roo (-24.2%).

Conclusiones

Resulta evidente que gran parte de la caída en el PIB se debió al mal desempeño económico de los grandes centros económicos, como es el caso de la Ciudad de México. En el ITAEE total la CDMX cayó -9.4%, mientras que en el de las actividades secundarias se desplomó -13.4% y en el de las terciarias se contrajo -9.0%. Este mal desempeño de la entidad de mayor peso económico en el país se debió a que el cierre de su actividad económica en 2020 fue mucho más duradero que el de otros estados como Guanajuato, que reabrió su economía relativamente rápido y sólo se contrajo -7.1%.  Para reafirmar este comentarios, tenemos el caso de Puebla que ocupó el tercer lugar en cuanto a peor caída del ITAEE, al haber registrado una disminución de -11.7%. Este estado también tuvo uno de los cierres de actividad más largos y estrictos en el país en 2020.

Otro aspecto relevante es que los dos estados más golpeados por la crisis de 2020 fueron entidades con una clara vocación turística: Baja California Sur y Quintana Roo. El primero cayó a una tasa de más del doble que la caída nacional, mientras que el segundo vio colapsarse su economía casi al triple de lo que cayó el PIB de México. Es muy difícil imaginar lo que debe ser que la economía de donde resides caiga en una cuarta parte de su valor.

Finalmente, los estados de mejor desempeño económico Tabasco, Chiapas y Zacatecas no lograron jalar al resto de la economía ya que sus economía son muy pequeñas. Estas tres entidades representaron en su conjunto el 4.59% del PIB total en 2019. El buen desempeño de Tabasco, que de hecho fue el único estado del país que creció en 2020 se debió al estímulo económico recibido de la federación.

Y esto último debería llevarnos a la reflexión de cuál hubiese sido el desempeño económico del país en 2020 si lo que hizo el gobierno federal en Tabasco lo hubiera hecho (aunque sea en menor escala) en los demás estados del país. Si se hubiese contrato un billón de pesos de deuda pública adicional y ese dinero integro se hubiera invertido en la realización de obras públicas a lo largo y ancho de México. Hasta la propia calificadora de riesgo Moody´s, señaló el pasado 12 de enero que “más deuda puede ser positivo para México si se destina al crecimiento económico”.

Con mayor deuda dudo mucho que la situación fiscal relativa de México se hubiese deteriorado más de lo que lo hizo el año pasado (con un aumento nominal de la deuda neta del sector público federal de 1.1 billones de pesos), pero sin duda tendríamos una economía menos perjudicada y con mejores expectativas de recuperación para este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El mercado de la plata es “El juego de las sillas”

En infinidad de activos, es mucho más lo que se compra y vende en papel que lo que existe físicamente; y este es el caso del oro y la plata. En un artículo de Cyrille Jubert, publicado el 20 de abril de este año en el sitio goldbroker.com, y titulado “El juego de las sillas y el mercado de la plata” (https://goldbroker.com/news/musical-chairs-silver-market-2269), se evidencia este hecho y se muestra cómo el precio de la plata, que al momento de escribir estas líneas se encuentra en los mercados mundiales en 25.92 dólares por onza, no tiene absolutamente nada que ver con el precio que en ocasiones se debe pagar para obtener el metal en físico (si es que se pudiera obtener).

Esto porque en lo que va de este año se han dado episodios en los que con los precios oficiales se han vaciado las reservas de plata física de diversos cambistas en diferentes partes del mundo. La evidencia muestra que el precio del metal está claramente manipulado a la baja en base a una oferta ilimitada de plata virtual, que no está respaldada en plata que exista físicamente. En esta entrega veremos cómo es que esto ocurre.

¿Cómo darle en la torre a los grandes capitales que apuestan a la caída de precios de los activos?

Como fue ampliamente comentado en la prensa financiera, en enero de 2021, un ejército de inversionistas (traders) novatos se coordinó en el foro de la red social Reddit para sacudir a Wall Street al tomar una posición masiva contraria a la de los enormes fondos de cobertura. Estos pequeños especuladores son casi 13 millones de personas y salen de cacería en manada.

En particular, el asunto de la empresa GameStop hizo que hubiera enormes pérdidas para los grandes fondos de Nueva York y otros centros financieros del mundo. Sucede que GameStop fue vendida “en corto” (cuando vendes algo que no tienes) por los fondos de cobertura (ya que pensaban que el precio de la acción iba a bajar), mismos que vendieron más acciones que las que la propia empresa había emitido. Los especuladores de Reddit vieron esta situación por lo que compraron todas las acciones disponibles en el mercado e hicieron que el precio subiera (así creando las pérdidas para los fondos de inversión). Posteriormente compraron opciones de compra (call options) y exigieron la entrega de sus acciones en físico, no en efectivo.

Como sabían que era imposible entregar en físico, era una apuesta segura. Cuando el ataque inició el precio de GameStop era de $20 dólares y los especuladores lograron que se disparara. Algunos inversionistas se jactaron de vender sus acciones fuera del mercado hasta en $5,000 dólares. Las autoridades del mercado y los medios de comunicación se ocuparon del asunto, y las enormes pérdidas de los fondos de cobertura hicieron que casi estallara todo el sistema.

Cómo vender la plata que físicamente no existe

Con esto en mente y a sabiendas de que hay casi 100 onzas de papel-plata por cada onza de plata que existe en físico, una pequeña parte de otro grupo de inversionistas, llamado Wall Street Silver, decidió dar un «pequeño apretón» al mercado de la plata. Inicialmente, eran solo unos pocos miles de personas que no estaban familiarizadas con las complejidades del mercado. Como resultado, su primer ataque fue bastante disperso. Atacaron en todas direcciones, no solo las existencias de monedas y barras de los comerciantes en línea, sino también SLV (iShares Silver Trust ETF) y el COMEX Silver Futures. Su ataque provocó un breve desvío en los precios entre el 28 de enero y el 2 de febrero de este año, moviendo los precios de $24.80 dólares a $30 dólares la onza.

Ocho días después de este primer ataque, Craig Hemke (propietario de TFMetalsReport) publicó un artículo advirtiendo a los especuladores que dejaran de perder el tiempo en SLV y COMEX y que mejor atacaran lugares secundarios como Perth (Australia), Zurich (Suiza) o Montreal (Canadá).  Queda claro que al escribir el artículo, Hemke sabía perfectamente lo que se iba a suceder y evidenciar.

De hecho, la horda de pequeños inversores vació rápidamente las monedas y barras de plata físicas disponibles para la venta en el Perth Mint (Australian Mint).

El 20 de marzo, el economista australiano John Adams (Adamseconomics) reveló que algunos de sus contactos habían solicitado la entrega de su plata en físico vaciando así sus cuentas de plata no asignadas de Perth Mint. Según los informes, la Casa de la Moneda les dijo que no había plata física disponible. Después de esto, John Adams subió un tweet, mismo que concluyó con «¡Perth Mint ha incumplido!»

Este Tweet había sido visto por 369 mil personas y despertó a todos los australianos, que poseen plata u oro a través de cuentas de metales, lo que desencadenó una revuelta en Perth Mint y Australian Bullion Banks, que ofrecían la posibilidad de invertir en una cuenta de metal con opción a liquidar en físico. Los inversores se apresuraron a recuperar su plata física, si es que quedaba alguna disponible.

En cuestión de días, Perth Mint se quedó sin barras de 1,000 onzas. Los clientes a principios de abril recibieron barras de plata de China, compradas rápidamente por Perth Mint, que tiene el monopolio de la acuñación de metales preciosos en Australia. Los clientes australianos estaban furiosos porque querían que su plata se acuñara «Mint de Perth» y con el grado de LBMA. Además, la Casa de la Moneda de Australia facturó esos productos chinos agregando los costos de acuñación, que se han multiplicado por 4 durante el año pasado.

Esta es una prueba más de que el precio al contado de COMEX o Londres ya no tiene nada que ver con la realidad del precio físico. ¿De qué sirve que te digan que una onza de plata vale 26.24 dólares si no la puedes obtener en físico? Lo que si puedes comprar con 26.24 dólares es un papel que dice “Vale por una onza de plata”.

El australiano John Adams no solo escribió en Twitter, sino que dio entrevistas en video en muchos sitios que cubren los mercados del oro y la plata.  Su publicación inicial desencadenó el inicio de una avalancha. En todo el mundo, los inversores informados han comenzado a preocuparse por la realidad de sus inversiones en plata física.

Desde el 8 de abril, la Royal Mint del Reino Unido se ha quedado sin reservas de lingotes de plata, independientemente de su peso. Señalan «Disculpas, pero debido al aumento de la demanda, este producto está actualmente agotado», pero si te dicen que «La plata digital está en stock y disponible para comprar o vender 24 horas al día, 7 días a la semana. Compre plata digital». ¡Qué vergüenza!

The Crown Journal publicó un artículo el 13 de abril sobre la Casa de la Moneda de Austria en el cual menciona que «Claramente, los metales preciosos tienen una demanda como nunca antes: la Casa de la Moneda de Austria, incluso operando en dos turnos, está luchando para cumplir con los pedidos de monedas de la Filarmónica de Viena en oro, plata y platino».

Después de haber asaltado las acciones de los revendedores online de Wall Street Silver, ahora es necesario esperar varias semanas de retraso antes de que cualquier pedido sea entregado, así como una prima en las piezas de hasta un 45% por encima del precio del papel de plata.

Para John Adams, el mercado de la plata está cambiando drásticamente. Los inversores se dan cuenta de que los ETFs, las cuentas de metales y todos los productos financieros de metales preciosos sintéticos son una trampa. Finalmente entienden que invertir en este tipo de productos es una ilusión, es totalmente contraproducente y va en contra de sus propios intereses.

Es así que la confianza en el sistema digital de plata y reserva fraccionaria está siendo destruida ante nuestros ojos. Es posible que veamos que se forman colas frente a las tiendas numismáticas y los bancos de lingotes, como en China el 23 de diciembre de 1948, cuando la gente luchaba por un poco de oro cuando la moneda perdía su valor.

Cyrille Jubert lleva varios años hablando de que todo esto es el juego de las sillas musicales, diciendo que con SLV y GLD, cuando la música se detenga, habrá una persona sentada y al menos 49 más que no tendrán silla.

¿Qué repercusiones tiene esto para México y qué debemos hacer?

Todo esto tiene dos repercusiones importantes para México. La primera es que debemos saber que lo que sucede con la plata, también ocurre con el oro, y nuestro país tiene el 3% de sus reservas internacionales en oro.  

En una nota del 23 de octubre de 2019, publicada en El Financiero, y en otra del 16 de septiembre de 2020, publicada por El Universal, se menciona que el Banco de México cuenta con 120 toneladas de oro, que equivalen a 3.86 millones de onzas troy, o alrededor de 9,700 lingotes. Pero estas reservas no están en el edificio de Avenida 5 de Mayo en la Ciudad de México, sino que se encuentran distribuidas en diferentes partes del mundo, pero principalmente en la bóveda del Banco de Inglaterra desde el 2011, fecha en que el banco central comenzó a comprar el metal precioso. Actualmente el oro representa el 3 por ciento del total de las reservas internacionales del país. Aquí cabe hacerse varias preguntas, ¿El oro del Banxico está en onzas físicas o en una cuenta que dice que tiene 3.86 millones de onzas? ¿Si el Banxico quisiera repatriar ese oro en físico, el Banco de Inglaterra se lo permitiría? ¿Existe ese oro en físico? Me parece que la respuesta a estas preguntas es una cuestión de soberanía que se debe abordar en el actual contexto mundial.

La segunda consideración tiene que ver con el hecho de que en la actual situación, con una inflación anualizada de 6.05% en la primera quincena de abril de 2021, en aras de preservar el poder adquisitivo de la moneda, se debería legalizar que la plata pueda ser utilizada en México como moneda de curso legal. Como lo dice la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata A.C, “No se propone la sustitución total de la base monetaria; el peso actual, seguiría circulando. La plata ingresa a la economía nacional como una moneda alternativa, una opción a la cual los ciudadanos podrían recurrir para ahorrar y obtener financiamiento, en vez de hacerlo en pesos actuales o monedas extranjeras”.

Hay una coyuntura monetaria importante que no podemos dejar de observar. El tema da para un extenso debate, ya que no podemos ignorar los riesgos que implica este nuevo sistema, pero ya es momento de reflexionar respecto de lo que debemos hacer para que México cuente con una moneda fuerte a prueba de devaluaciones y del desgaste de la inflación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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A más de un año de pandemia, sigue la crisis de empleo e ingresos

Llevamos mucho tiempo padeciendo los problemas ocasionados y exacerbados por el actual gobierno federal, así como los derivados de la pandemia del Covid-19. Respecto al cierre de la actividad económica del año pasado, fue el 31 de marzo de 2020 cuando la Secretaría de Salud publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo por el que se establecen acciones extraordinarias para atender la emergencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV2. A través de ese instrumento se ordenó la suspensión inmediata de las actividades no esenciales. Esta suspensión de actividades, que fue ampliada hasta el 30 de mayo de ese año para posteriormente comenzar a relajarse muy paulatinamente a diferentes ritmos en los diferentes estados del país, sigue teniendo un costo enorme en la economía nacional y en el bienestar de millones de personas en México.

Las secuelas de la decisión gubernamental se siguen sintiendo con los indicadores económicos actuales y muestra de ello es que en la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), que tiene datos a marzo 2021, se manifiesta la cruda realidad que siguen enfrentando millones de personas en materia de empleo y de ingresos.  Esto con independencia de las graves secuelas en materia de salud y la pérdida de más de 215 mil vidas humanas, según las cifras oficiales.

En contraste a lo que vivimos en México, en los Estados Unidos su gobierno federal y banco central  han brindado diversos paquetes de apoyo y estímulos económicos por el Covid-19, mismos que representan el 24.46% de su Producto Interno Bruto (PIB). Su política de estímulos ha sido exitosa y muestra de ello es que las solicitudes de apoyo por desempleo bajaron la semana pasada a apenas 547 mil y alcanzan el nivel más bajo registrado desde principios de 2020. Mientras tanto en México, no ha habido apoyos del gobierno federal por lo hay millones de personas que a la fecha siguen sin haber recuperado su empleo, están en una situación de subempleo y/o han registrado una disminución en su nivel de ingresos.

En esta entrega se presentan los principales resultados de la ENOEN en el comparativo de marzo de 2021 respecto del mismo mes de 2020, para posteriormente abordar los problemas de carestía que viven millones de familias.

1. Se aprecia un descenso de la Población Económicamente Activa (PEA) de 1.5 millones de personas. Esta es gente que sigue sin salir a buscar trabajo ya sea por miedo a la pandemia o porque de plano piensan que no van a obtener empleo, por lo que se han retirado de la fuerza laboral. En términos de porcentajes, tenemos que en marzo de 2021, la ENOEN reportó una Tasa de Participación Económica  de 57.2% de la población en edad para trabajar, cifra 2.6 puntos porcentuales inferior a la de marzo del 2020.

En este mismo orden de ideas, la encuesta arroja que la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no trabajó ni buscó trabajo pero que aceptaría un trabajo si se lo ofrecieran, fue de 8 millones, y representó 19% de la PNEA. En comparación con marzo de 2020, la PNEA disponible para trabajar pero que no trabaja aumentó en 2.1 millones de personas durante el tercer mes de 2021.

2. La población ocupada resultó de 53.8 millones de personas en marzo de 2021, cifra inferior en 2 millones de personas a la reportada en el mismo mes del 2020. En relación a la población ocupada, los y las trabajadoras subordinadas y remuneradas reportaron una disminución de 2.2 millones. Por lo general el fenómeno de personas que laboran sin remuneración se ve en los negocios familiares, pero no deja de preocupar que ahora haya más personas trabajando sin recibir ingresos.

3. Como se ha comentado, de los sectores económicos más golpeados por la pandemia están las actividades de hospedaje y preparación de alimentos. En este sentido, las estadísticas del INEGI muestran que en el sector terciario se han perdido 2.4 millones de puestos de trabajo.

4. La ENOEN en marzo de 2021 registró una Tasa de subocupación de la población ocupada de 13.2%, cifra superior en 4.1 puntos porcentuales respecto a la del mismo mes del año pasado. Este aumento representa 2 millones de personas subocupadas.

5. La ocupación informal en marzo de 2021 ascendió a 30.6 millones de personas, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 56.8%. Si bien esta cifra es inferior en 1.1 puntos porcentuales a la observada en marzo de 2020, denota lo grave y extendido que es el problema de la informalidad laboral en México.

6. La población desocupada de 15 y más años como proporción de la PEA, representó 3.9% equivalente a 2.2 millones de personas y un punto porcentual por arriba de la del tercer mes del año pasado. Respecto a este dato, pudiera parecer que el desempleo en México es bastante bajo comparado con el de otros países, pero no debemos dejar de ver que el desempleo en nuestro país es bajo porque la gente no tiene una red de seguridad social que lo proteja, por lo que la gente se ve forzada a salir a buscar empleo de inmediato (aunque sea vendiendo macetas en el tianguis). 

Si a todo este complejo panorama le agregamos el hecho de que en la primera quincena de abril de 2021 la inflación anual se ubicó en 6.05%, mientras que el índice de precios de la canasta de consumo mínimo aumentó 7.51%, pues es evidente que la situación de pobreza y carestía de la población en general va en aumento. Si asumimos que la persona promedio sufrió una caída nominal de su ingreso en el último año de 10%, pues con el alza de precios, la pérdida sería de 15.13%. Por su parte, si la caída nominal del ingreso fuera del 20%, entonces la disminución en términos reales es de 24.56%. De este tamaño es el problema para muchos mexicanos.

En este sentido, una variable clara que denota el deterioro de la calidad de vida de las personas lo tenemos en el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior. Con series originales tenemos que en la totalidad del año 2020 éste cayó -11.0%, mientras que en el comparativo de enero de 2021 respecto del mismo mes de 2020 la disminución es de -7.1%. Este deterioro en el nivel de vida de la población es producto de lo que he comentado líneas arriba: pérdida de empleo e ingresos, así como de un encarecimiento de las mercancías que adquieren los consumidores mexicanos. La debilidad del consumo privado es un círculo vicioso que se debe romper ya que si el consumo es bajo, la demanda es insuficiente, lo que a su vez provoca que las fábricas trabajen por debajo de su capacidad, lo que a su vez se traduce en pocas oportunidades de empleo para quienes están desempleados.  

¿Qué hacer ante esta situación? Como hemos señalado en anteriores entregas, de los cuatro posibles motores de crecimiento económico, sólo está encendido el de las exportaciones. En la medida en que más empresas manufactureras nacionales puedan incursionar en los mercados de exportación, mejor nos irá a pesar de las políticas del gobierno federal. De igual manera, los sectores de comercio y servicios deben procurar vincularse a empresas exportadoras, ya que éstas serán en promedio los mejores clientes en 2021.

Otra cosa que las empresas pueden hacer es innovar para moverse a los segmentos de mercado en los que la demanda es mayor. En este sentido hemos visto en el sector calzado múltiples fábricas que solían producir calzado escolar, pero que dada la nula demanda de estos productos, han cambiado sus líneas de producción para fabricar calzado industrial. Este tipo de ajustes, que requieren realizar inversiones, son obligados para aquellas empresas que no han logrado recuperar sus ventas.

Sabemos que no contamos con el gobierno federal. Hay que buscar en nuestro interior, en nuestra empresa y con nuestro equipo de trabajo, cómo incursionar en mayores mercados con los productos que más se están demandando. Sólo así se reactivará la economía y se recuperarán los empleos y jornadas laborales completas que se perdieron.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

China imparable, ahora tiene una nueva arma: el ciber-yuan

El gobierno federal de México ha destruido muchos de los programas que se tenían para apoyar a los que menos tienen, como el Seguro Popular, guarderías y estancias infantiles financiadas con recursos públicos, refugios para mujeres violentadas, comedores comunitarios, entre otros. Pero no solo eso, el gobierno federal también volvió inoperante uno de los principales impulsores del desarrollo tecnológico nacional y me refiero al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Y mientras el promedio de empresas en México son cada vez menos productivas, comparadas con sus pares extranjeras, por la falta de tecnología e inversión, el resto del mundo sigue avanzando por lo que la brecha de nuestro país y las naciones líderes se amplía todos los días.

En este contexto quiero abordar en esta entrega el artículo de James T. Areddy, publicado el pasado 5 de abril en el Wall Street Journal, y titulado “China crea su propia moneda digital, la primera de las grandes economías”. En dicha nota se explica como un ciber-yuan puede dar a Pekín nuevos poderes y medios de influencia global, tales cómo realizar un seguimiento del gasto de las personas en tiempo real y tener  el mecanismo para evadir las sanciones estadounidenses contra cualquier país, al tener una moneda que no esté vinculada al sistema financiero mundial dominado por el dólar. Es así que como en el Siglo VII, cuando el dinero significaba monedas metálicas, China inventó el papel moneda; ahora el gobierno chino está acuñando efectivo digitalmente, en una reinvención del dinero que ha comenzado a sacudir el poder estadounidense.

Es verdad que en el pasado el dólar se ha enfrentado a rivales, como el euro, pero eventualmente ha recuperado su importancia cuando las deficiencias de sus competidores se han hecho evidentes. El dólar supera con creces a todas las demás monedas para su uso en el comercio internacional de divisas, con un 88% en los últimos rankings del Banco de Pagos Internacionales, mientras que el yuan se utilizó solo en un 4 por ciento de las operaciones.

El concepto de  una moneda nacional virtual o una cibermoneda puede ser confuso. Para muchos hay una idea de que el dinero ya es virtual, ya que las tarjetas de crédito y las aplicaciones de pago como Apple Pay en los EE.UU. y WeChat en China eliminan la necesidad de billetes o monedas físicos. Pero esas son solo formas de pago o de mover dinero electrónicamente. Lo que está haciendo China ahora es convertir su moneda de curso legal en un código informático sin intermediarios para la realización de transacciones. Por su parte, las criptomonedas, como bitcoin, aunque existen fuera del sistema financiero global tradicional, no son moneda de curso legal como el efectivo emitido por los gobiernos, además de que han sido objeto de inmensa especulación y volatilidad.

La versión china de una moneda digital es una que está controlada por su banco central, quien emitirá el nuevo dinero electrónico. Se espera que brinde al gobierno de China amplias herramientas nuevas para monitorear tanto su economía como a su gente; y una de ellas es que el yuan digital anulará uno de los principales atractivos de bitcoin: el anonimato para el usuario.

A diferencia de las transacciones electrónicas de hoy, el yuan digital está diseñado para moverse de A a B instantáneamente, al menos en teoría eliminando una forma en que los bancos y las aplicaciones financieras se benefician de las comisiones y eliminando los breves retrasos incorporados en tales transferencias. El único intermediario necesario es el banco central. El yuan digital, debido a que está respaldado por el estado, reducirá los riesgos para el sistema financiero que plantean las plataformas de pago dominantes de China, que son propiedad de empresas privadas.

Pekín  también está posicionando el yuan digital para uso internacional y diseñándolo para que no esté atado al sistema financiero global, donde el dólar estadounidense ha sido el rey desde el acuerdo de Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial. China está adoptando esta estrategia de digitalización, incluido el dinero, en un intento por obtener un control más centralizado al tiempo que se adelanta a las tecnologías del futuro.

El dinero digitalizado podría reordenar los fundamentos de las finanzas de la misma manera que Amazon transformó el comercio minorista y Uber Technologies revolucionó los sistemas de taxis.

El hecho de que China, un estado autoritario y un rival estadounidense, haya tomado la iniciativa para introducir una moneda digital nacional está generando ansiedad en Washington. Cuando se les preguntó recientemente cómo las monedas nacionales digitalizadas como la de China podrían afectar al dólar, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijeron que el tema se está estudiando seriamente, incluso están valorando si un dólar digital tiene sentido algún día.

Posteriormente, cuando se le preguntó durante una comparecencia reciente en el Senado si el dólar podría digitalizarse para ayudar a Estados Unidos a defender su supremacía, Powell, de la Fed, dijo que investigar esa cuestión es un «proyecto de la más alta prioridad».

De acuerdo con analistas y economistas, la mera digitalización del yuan por sí sola no convertiría a dicha moneda instantáneamente en un rival del dólar en transferencias bancarias de banco a banco, pero en su nueva forma, el yuan podría ganar importancia en el sistema financiero internacional. Brindaría opciones para que las personas de países pobres transfieran dinero a nivel internacional. Incluso un uso internacional limitado podría socavar el impacto de las sanciones estadounidenses en contra de naciones, corporaciones e individuos, mismas que se utilizan cada vez más contra empresas o personas chinas.

El yuan digital reside en el ciberespacio, está disponible en el teléfono móvil del propietario o en una tarjeta para los menos conocedores de la tecnología. Gastarlo no requiere estrictamente una conexión a internet, simplemente aparece en una pantalla con una silueta de Mao Zedong, que se parece al papel moneda.

En las pruebas de los últimos meses, más de 100 mil personas en China han descargado una aplicación para teléfonos móviles del banco central que les permite gastar pequeñas donaciones gubernamentales de efectivo digital con comerciantes, incluidos los puntos de venta chinos de Starbucks y McDonald’s. Su uso es bastante sencillo, sólo se necesita apuntar tu teléfono hacia un escáner instalado en el comercio donde vas a hacer tu compra.

China ha indicado que el yuan digital circulará junto con billetes y monedas durante algún tiempo. Los banqueros y otros analistas dicen que Pekín  tiene como objetivo digitalizar todo su dinero eventualmente, pero el gobierno chino no se ha pronunciado formalmente al respecto.

Herramienta macroeconómica de ensueño

El dinero digital parece una herramienta macroeconómica de ensueño potencial para el gobierno emisor, que se puede utilizar para rastrear el gasto de las personas en tiempo real, acelerar el auxilio a las víctimas de desastres o identificar las actividades delictivas. Con él, Pekín puede obtener nuevos y vastos poderes para endurecer aún más el gobierno autoritario del presidente Xi Jinping.

El dinero en sí es programable. Pekín  ha establecido fechas de vencimiento del dinero digital para alentar a los usuarios a gastarlo rápidamente en momentos en que la economía necesita un impulso. De hecho una idea es que con el dinero digital, el gobierno puede imponer una tasa de interés negativa y así provocar que la gente gaste más en momentos en los que la demanda agregada sea débil.

El yuan digital también es rastreable, lo que agrega otra herramienta a la intensa vigilancia estatal de China. El gobierno despliega cientos de millones de cámaras de reconocimiento facial para monitorear a su población, a veces usándolas para imponer multas por actividades como cruzar imprudentemente la calle. Una moneda digital permitiría imponer y cobrar multas tan pronto como se detecte una infracción.

Un estallido de acumulación de efectivo en China el año pasado indica la preocupación de los residentes sobre el ojo del banco central en cada transacción. Song Ke, profesor de finanzas de la Universidad Renmin en Pekín , dijo en una conferencia reciente que la medida de China del yuan en circulación, o efectivo, aumentó un 10% en 2020.

¿Qué pasa con la volatilidad?

Las criptomonedas como bitcoin son famosas por ser inestables. Pero en el caso del Banco Popular de China éste controlará estrictamente el yuan digital para garantizar que no haya diferencias de valoración entre éste y los billetes y monedas de papel. Eso significa que no tendrá sentido que los inversores y comerciantes especulen con el yuan digital como lo hacen algunos con las criptomonedas.

Si bien China no ha publicado la legislación final en la materia, el banco central dice que inicialmente puede imponer límites a la cantidad de yuanes digitales que las personas pueden poseer, como una forma de controlar cómo circula y proporcionar a los usuarios una dosis de seguridad y privacidad.

El banco central de China no usará la nueva tecnología como una forma de poner más dinero en circulación, ya que cada yuan emitido digitalmente cancelará esencialmente un yuan que circula en forma física.

Un gobierno visionario

Con todo esto queda claro que cuando el Bitcoin fue lanzado en 2009, los responsables políticos de la mayoría de las naciones le restaron importancia al tema, pero China si prestó atención. Al ser una nación hipervigilante ante las amenazas, el liderazgo chino temía que una criptomoneda pudiera socavar el poder del gobierno si la gente comenzaba a usarla en serio. Zhou Xiaochuan, el principal banquero central de China de 2002 a 2018, ha dicho que Bitcoin lo deslumbró y lo asustó. En 2014, lanzó un estudio formal para una posible moneda digital china y ahora se ven los resultados.

Paralelamente, durante este tiempo en China se estaba produciendo una revolución de la tecnología financiera, con la adopción frenética de aplicaciones como Alipay y WeChat que impulsaban a las empresas de nueva creación con sencillas formas de pagar.

El caso de Facebook

A mediados de 2019, Facebook Inc. dijo que buscaría crear su propia criptomoneda. Este anuncio le abrió los ojos a muchos para visualizar que las criptomonedas podrían circular en una base de usuarios mucho más grande que cualquier población nacional y trajo el reconocimiento inmediato de que la tecnología podría cambiar las monedas tradicionales.

Sin embargo, el plan no prosperó porque los reguladores estadounidenses se centraron en detener a Facebook hasta finalmente en lograrlo, mientras que China aceleró su búsqueda de un yuan digitalizado y lanzó pruebas en abril de 2020.

Ahora los banqueros centrales de EE.UU. y de otras economías occidentales temen que lo que Facebook planeó con una moneda digital ahora lo pueda hacer China, un gobierno poderoso.

«Existe una especie de miedo a Uber», dijo un alto funcionario del Banco Central Europeo, refiriéndose al estrés en los sistemas de taxis cuando la empresa de transporte privado llegó a ciudades de todo el mundo. «No quiere que la moneda de otro país circule entre sus ciudadanos», dijo el banquero.

Evadir las sanciones de EE.UU.

Estados Unidos, como el emisor de los dólares que necesitan los más de 21 mil bancos del mundo para hacer negocios, ha exigido durante mucho tiempo información sobre los principales movimientos de divisas transfronterizos. Esto le da a Washington la capacidad de congelar las cuentas de individuos e instituciones y dejarlos fuera del sistema financiero global al prohibir que los bancos realicen transacciones con ellos, una práctica criticada como «armamento del dólar».

Las sanciones estadounidenses contra Corea del Norte e Irán por sus programas nucleares aíslan sus economías. Después del golpe de estado de febrero de este año en Myanmar, Estados Unidos utilizó sanciones para bloquear el movimiento de activos financieros de altos oficiales militares a través de los bancos. La base de datos del Tesoro de personas y empresas sancionadas, la «Lista de ciudadanos especialmente designados y personas bloqueadas», afecta prácticamente a todas las naciones del mundo. Este poder de EE.UU. podría desaparecer. 

Pekín  está especialmente desconcertada por la rápida expansión de la lista de personas sancionadas: más de 250 nombres chinos, incluidos políticos a los que Estados Unidos acusa de atrocidades contra las minorías étnicas o de restringir las libertades en Hong Kong. Como ejemplo, tenemos el caso de cómo las sanciones dejaron a Carrie Lam, la principal funcionaria de China en Hong Kong, con una reserva de efectivo en su casa porque los bancos temían que aceptar sus depósitos los expondría también a una congelación bancaria estadounidense.

El yuan digital podría darles a aquellos que Estados Unidos busca penalizar, una forma de cambiar dinero sin su conocimiento. Los intercambios no necesitarían usar SWIFT, la red de mensajería que se usa en transferencias de dinero entre bancos comerciales y que puede ser monitoreada por el gobierno de EE.UU. La posibilidad de debilitar el poder de las sanciones estadounidenses es fundamental para la comercialización del yuan digital por parte del gobierno de Pekín y para sus esfuerzos por internacionalizar el yuan en general.

En una simulación de un juego de guerra de 2019 en la Universidad de Harvard, los legisladores estadounidenses veteranos se apresuraron a elaborar una respuesta al desarrollo de un misil nuclear por parte de Corea del Norte financiado en secreto con yuanes digitales. Debido al poder de la moneda para socavar las sanciones, los participantes, incluidos varios que ahora están en la administración de Joe Biden, lo consideraron más amenazante que la ojiva.

Conclusiones

Los avances digitales de China llaman la atención sobre cómo Estados Unidos y otros países necesitan modernizar su propia infraestructura financiera. Ahora en día más de 60 países se encuentran en alguna etapa de estudio o desarrollo de una moneda digital, según el grupo de investigación CBDC Tracker. Las monedas digitales tienen su mayor potencial para los 1.7 miles de millones de personas en todo el mundo que, según el Banco Mundial, carecen de una cuenta bancaria. Las Bahamas ya ha emitido una moneda digital para abordar las poblaciones económicamente desatendidas. Algunos bancos centrales dicen que esas monedas serían útiles para las familias de trabajadores migrantes que realizan pequeñas transferencias de fondos que son engorrosas y costosas.

En el caso de México no se tiene conocimiento de que el Banco de México esté planeando el lanzamiento de alguna moneda como ciber-peso o peso digital. Sin duda el mayor reto en caso de que lo piensen hacer es la baja tasa de bancarización de los mexicanos, que en agosto de 2020 era del 36.9%, de las tasas más bajas de los grandes países latinoamericanos. En lo personal, dudo mucho que con el actual gobierno federal, su falta de visión y desdén por la tecnología, vaya a prosperar cualquier iniciativa de ciber-peso, además de que se requerirá del visto bueno por parte de los Estados Unidos. Sin embargo, no me cabe duda de que eventualmente tendremos en México una moneda digital, sólo que no con los que actualmente nos gobiernan.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Iniciamos el 17 de abril.

El inminente rebote de las tasas de interés

Después de que el pasado 10 de marzo se aprobó el paquete de apoyo económico de 1.9 billones de dólares en los Estados Unidos, ahora se negocia otro paquete de 3 billones de dólares para infraestructura, educación, desarrollo de la fuerza laboral y lucha contra el cambio climático, con el objetivo de hacer la economía más productiva.  Estos gigantescos estímulos son lo que sustenta buena parte de la recuperación económica de Estados Unidos prevista para este año, de al menos un crecimiento del PIB de 6%; pero paralelamente causan temor por el impacto que tendrán en el consumo y las presiones inflacionarias que nuestro vecino del norte pueda registrar. Esto a su vez provocaría un incremento en sus tasas de interés de corto plazo, con repercusiones en todo el mundo y en México de manera especial.

El presidente del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), Jerome Powell, ha manifestado en diversas ocasiones que no existen tales riesgos inflacionarios en su país y que la FED tiene un compromiso para mantener tasas de interés ultra bajas al menos hasta el 2023. Sin embargo, la especulación de una mayor inflación ha provocado que la tasa de interés de los bonos del Tesoro a plazo de 10 años no deje de aumentar y al momento de escribir estas líneas se ubica en 1.72%.  

Jerome Powell, Presidente de la FED

Por su parte, en China también se está registrando un problema inflacionario por el aumento de los costos de las materias primas y por los graves problemas que enfrentan las cadenas globales de  suministro, lo que está provocando que muchos exportadores chinos aumenten los precios de los productos que venden en el extranjero, lo que incrementa los temores de que aumenten las presiones inflacionarias globales.

De igual forma, en México estamos experimentando un episodio inflacionario, como no se registraba desde mayo de 2019, al registrar una inflación anualizada en la primera quincena de marzo de 2021 de 4.12%. Por su parte, el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP) registró un aumento de 5.88% entre febrero de 2020 y el mismo mes de 2021, su nivel más alto desde diciembre de 2018, y todo indica que el INPP seguirá en aumento dados los incrementos observados en los precios de una infinidad de materias primas y commodities, tales como acero, algodón, poliuretano, madera, y un largo etcétera.

Estas presiones en los niveles de precios, aunado a la volatilidad en el tipo de cambio, que ha llevado este año a la cotización a estar en niveles máximos de 21.454 pesos por dólar el 8 de marzo, después de haber estado en su nivel mínimo de 19.597 pesos por dólar el 20 de enero, es lo que ha ocasionado que el Banco de México concluyera su ciclo de disminuciones en la tasa de interés objetivo.

Dado lo anterior y después de la reunión del jueves 25 de marzo, en la que el Banxico decidió dejar su tasa de interés objetivo en 4.00%, cada vez somos más quienes pensamos que ya no habrá nuevos recortes en dicha tasa en lo que resta del año 2021, aunque aún quedan algunos optimistas que creen que dada la debilidad de la recuperación económica en México y la amplitud de la brecha de producto, que es posible que la tasa objetivo pueda bajar a 3.75%.

En este contexto, el mercado ya se hizo a la idea de que las tasas de interés van a aumentar. Si analizamos lo que ha sucedido con la tasa de los Cetes estas últimas semanas, en especial lo que ocurrió en la subasta del lunes 29 de marzo, queda claro que el mercado está anticipando un alza importante en las tasas de interés en el lapso de un año, siendo éste de casi un punto porcentual. En la subasta del 29 de marzo los Cetes a 29 días subieron 5 centésimas de punto para pagar una tasa anualizada de 4.08%, los Cetes a 92 días aumentaron 10 centésimas de punto para situarse en 4.16%, los Cetes con plazo de 176 días subieron 11 centésimas de punto y ahora pagan 4.33%, mientras que los instrumentos con plazo de 344 días aumentaron su tasa en 25 centésimas de punto y se situaron con una tasa anualizada de 4.70 por ciento.

Cabe señalar que la tasa de interés implícita anualizada que calculamos en GAEAP indica que el mercado está anticipando que los  Cetes a 28 días pagarán 4.18% para dentro de 92 días, 4.42% en 182 días y 4.98% en 344 días.  Esto implica que en este momento el mercado anticipa que el rendimiento de los Cetes a plazo de 28 días estarán 0.90 puntos porcentuales más altos en un año respecto de lo que están ahora.

Desde luego que este escenario puede cambiar conforme se vayan publicando los datos de la evolución de la inflación en México y Estados Unidos, así como los datos de la recuperación económica y la volatilidad del tipo de cambio. Pero no deja de llamar la atención el fuerte incremento de tasas de interés que el mercado está descontando ya que de materializarse tendrá implicaciones negativas para el gobierno, empresas y familias.

Un alza de un punto porcentual en la tasa de interés de los Cetes implica un mayor costo financiero para el gobierno federal. De acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación 2021, se espera que este año el costo financiero de la deuda del sector público federal sea de 724 mil millones de pesos, cifra superior a los 686.09 miles de millones de pesos erogados en 2020 para dicho fin (en el 2020, de cada peso que gastó el sector público federal, destinó 11 centavos a pagar los intereses de la deuda pública).

De acuerdo con las cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el saldo de la deuda total neta del sector público federal ascendió a 12.309 billones de pesos al 28 de febrero de este año (275 mil millones de pesos más que el saldo registrado al 31 de diciembre de 2020), por lo que la tasa de interés promedio de la deuda debe ser cercano al 5.8% y entonces un alza de medio punto porcentual en el costo financiero del gobierno nos costaría unos 60 mil millones de pesos más de intereses adicionales. ¿De dónde va a salir ese dinero para pagar más intereses de la deuda con lo debilitadas que están las finanzas públicas? Evidentemente, de recortar el gasto de otros rubros, tales como la inversión pública en infraestructura, como se ha venido haciendo en los últimos dos años.

El alza en la tasa de interés de los Cetes también ocasionará problemas a la deuda de empresas y familia que tienen créditos contratados con tasa de interés variable. Cualquier alza en la tasa de Cetes ocasionará un incremento en la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), a la cual está  referenciada una infinidad de créditos. El pagar más intereses por los créditos en un contexto de debilidad económica retrasará la recuperación económica.

Dado todo lo anterior, los miembros de la junta de gobierno del Banco de México, así como los funcionarios de la SHCP, deben estar monitoreando muy de cerca lo que suceda en Estados Unidos y sus tasas de interés. Elevar tasas en el contexto actual hará menos probable que se materialice el escenario alegre de la SHCP de crecimiento económico este año de 5.3%. Estoy seguro de que el Banxico tratará de evitar a toda costa subir tasas de interés en México, pero dada la inminente materialización de los riesgos inflacionarios, el mercado ya está apostando en que el incremento en el costo del dinero es inevitable.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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La desgracia nacional en materia de empleo

Resulta sencillo hablar de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -8.5% en 2020, como que no nos imaginamos lo que esto representa para la vida de millones de personas. Durante el año que acaba de concluir y en el arranque de este 2021, miles de empresarios (y no me refiero sólo a los que usan traje), se vieron forzados a cerrar su centro de trabajo o fábrica, a despedir a buena parte de sus colaboradores o recortar salarios. Estas medidas han tenido una fuerte repercusión en el nivel de vida de miles de personas que dependen de las fuentes de ingreso generadas por los empresarios. De verdad que es necesario ponerle un rostro humano a este asunto para entender el tamaño de la desgracia económica por la que estamos transitando. El problema no se limita a grandes empresas, de hecho es mayor en las microempresas, tanto del sector formal como informal. En esta entrega hacemos un recuento de los indicadores laborales al cierre de 2020 y arranque de 2021.

Empleo en el IMSS

Comenzamos haciendo una valoración de lo que ha sucedido con el empleo formal, medido a través de las estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). De acuerdo con el IMSS, en el comparativo de enero de 2020 al mismo mes de 2021, el número de trabajadores asegurados a nivel nacional pasó de 20.490 millones a 19.821 millones, lo que implica una disminución de casi 669 mil empleos formales, equivalentes a una caída de -3.3%. Esta es una ligera mejora respecto de la disminución anualizada de -4.4% observada en julio de 2020, aunque sin duda sigue siendo preocupante.

Al analizar la evolución de cada una de las ramas de actividad, tenemos lo siguiente (las actividades se encuentran ordenadas de peor a mejor desempeño, se indica en paréntesis la variación porcentual en el número de trabajadores registrados): Servicios para Empresas, Personas y El Hogar (-9.9%); Industria de  la Construcción (-6.0%); Industrias Extractivas (-5.4%); Comercio (-2.4%); Industria Eléctrica y Captación y Suministro de  Agua Potable (-0.5%); Transportes y Comunicaciones (-0.1%); Industrias de la Transformación (+0.1%); Servicios Sociales y Comunales (+0.3%); y Agricultura, Ganadería, Silvicultura, Pesca y Caza (+0.7%).

Ahora, en cuanto a la variación en números absolutos, queda clara la terrible crisis por la que pasa el sector servicios (restaurantes y hoteles principalmente), que perdió en el periodo en cuestión 478,068 empleos; mientras que en el comercio al por mayor y por menor la caída fue de 98,427 empleos formales. La buena noticia es que ha comenzado la recuperación de la industria manufacturera, misma que incrementó su número de puestos de trabajo en 3,254; mientras que las actividades primarias continúan con su buena racha con un incremento de 5,203 empleos formales.

Si analizamos el desempeño del empleo registrado en el IMSS en el periodo de enero de 2020 al mismo mes de 2021, pero por entidad federativa, tenemos que siguen siendo tres las que presentan incremento (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Baja California (+3.0%), Tabasco (+2.4%) y Chihuahua (+1.4%). Cabe señalar que el número de empleos formales creados por estos tres estados sumó 44,815.  Si ahora analizamos los cinco estados con las mayores disminuciones porcentuales en su número de trabajadores registrados en el IMSS, vemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución): Distrito Federal (-6.3%), Puebla (-6.6%), Guerrero (-7.7%), Baja California Sur (-9.1%) y Quintana Roo (-23.2%). Cabe señalar que estas cinco entidades perdieron juntas 395,778 empleos formales en el periodo mencionado.

Es evidente que de los tres estados de buen desempeño, dos son norteños con vocación exportadora y el otro pues es la tierra del presidente Andrés Manuel López Obrador. Por su parte, los estados de peor desempeño en empleo formal son los que tienen una vocación turística, y los otros dos tuvieron cerrada buena parte de su actividad económica en el mes de enero de este año.

Indicadores de INEGI

En relación a los indicadores de empleo y desempleo que recién dio a conocer el INEGI y que corresponden al cuarto trimestre de 2020, a continuación se presentan los datos más relevantes obtenidos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del cuarto trimestre de 2020.

La ENOEN en el cuarto trimestre de 2020 reportó una disminución de -1.7 millones de personas en la Población  Económicamente Activa (PEA), lo que se traduce en que la Tasa de Participación Económica sea de 57.5% respecto a la población de 15 años y más- Esta tasa es 2.9 puntos porcentuales inferior a la de mismo trimestre de 2019 y denota que derivado de la pandemia y de la crisis económica, aún hay casi dos millones de personas que no se han reintegrado a la fuerza laboral (ya sea porque tengan miedo de contagiarse o porque de plano piensan que no van a conseguir trabajo). Esta es una cantidad enorme, válgame la comparación, es como si comentáramos que en una súper fábrica retiraron de la planta 1.7 millones de máquinas.

En línea con lo anterior, tenemos que en el periodo de octubre a diciembre de 2020, la población ocupada resultó en 53.3 millones de personas, cantidad inferior en -2.4 millones de personas comparada con la observada en el cuarto trimestre de 2019. Es preocupante que la disminución en la población ocupada sea más pronunciada en las mujeres. Las cifras oficiales indican que la población ocupada de hombres fue de 32.6 millones, cifra menor en -1 millón, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 20.7  millones, cifra 1.3 millones menor a la observada en el cuarto trimestre de 2019.

En cuanto a la población que se encuentra sin trabajar, que estaba disponible y estuvo buscando trabajo en el último mes (personas en una situación de desempleo), fue de 4.6% de la PEA en el cuarto trimestre de 2020, porcentaje mayor al 3.4% observado en el cuarto trimestre de 2019. Esto implica que en términos absolutos, la población desocupada fue de 2.5 millones de personas al cierre de 2020, cantidad superior en 607 mil personas al observado en el cuarto trimestre de 2019.

La estructura sectorial de la ocupación reporta que las actividades terciarias (comercio y servicios), tuvieron una participación del 61.9% de la población ocupada en en el cuarto trimestre de 2020; sin embargo, registran una disminución en términos absolutos de -1.7 millones de personas respecto al cuarto trimestre de 2019. El sector de restaurantes y servicios de alojamiento presentó una disminución de -769 mil ocupados y los servicios diversos de -489 mil personas ocupadas. Esto es reflejo de la severa crisis que enfrentan estas actividades.

En la ocupación por tamaño de la unidad económica, vemos que el número de personas que laboran en micronegocios tuvieron una disminución de -914 mil con lo que reportaron la pérdida de ocupación más alta, específicamente en unidades económicas con establecimiento, en donde la disminución fue de -474 mil ocupados entre el cuarto trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2020. Esta cifra es relevante porque demuestra que esta crisis económica ha afectado más a las microempresas que a las grandes empresas, por lo que es evidente que el haber negado apoyos a la planta empresarial definitivamente afectó más a los más vulnerables.

Otro problema es que el fenómeno del subempleo ha aumentad de manera dramática. Las cifras del INEGI muestran que las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda (población subocupada), pasaron de 4.3 millones en el cuarto trimestre de 2019 a 8.1 millones en el último trimestre de 2020, con un aumento de 3.8 millones de personas.

Cabe señalar que esta crisis económica ha afectado tanto a la economía formal como a la informal. Los indicadores muestran que la población ocupada informal, que comprende tanto a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en el cuarto trimestre de 2020 fue de 29.6 millones, esta cifra es 1.7 millones de personas menor a la observada en igual trimestre de 2019. Es importante aclarar que la disminución en la población  ocupada en la economía informal no indica que ésta se haya reducido porque hay más oportunidades en la economía formal, sino que es producto de que muchas unidades económicas informales cerraron sus operaciones.

Llama mucho la atención  que la tasa de informalidad en las localidades rurales fue de 78.2% en el cuarto trimestre de 2020, mientras que en las localidades más urbanizadas fue de 42.8 por ciento. Además, no es de extrañarse que en Oaxaca el porcentaje de población ocupada en la informalidad es del 78.5%, en Guerrero del 77.3%, mientras que en Chiapas asciende a 76.4%. Por su parte, en Nuevo León fue considerablemente más baja son un 35.6% de la población ocupada, en Coahuila de 36.7% y en Chihuahua de 37.3%.

De la mano de lo anterior, tenemos que en cuanto a las tasas de condiciones críticas de ocupación en materia de ingresos y horas trabajadas, en Chiapas el 44.4% de la población ocupada está en esta condición, en Tlaxcala es del 33% y en Puebla del 28.9%. En contraste, en Nuevo León el porcentaje de población ocupada en condiciones críticas en el cuarto trimestre de 2020 fue del 10.9%, en Sinaloa fue el 11.8%, mientras que Jalisco y Querétaro observaron tasas del 12.9% cada una.

Conclusiones

Resulta evidente que cuando hablamos de una caída del PIB  de -8.5% en 2020, la cifra viene acompañada de miles de desgracias en materia de empleo. Es lamentable que ante esta situación el gobierno federal no hay lanzado programas de apoyo y haya dejado a la mayoría de las empresas a merced de la debilidad del mercado.

La expectativa es que en 2021 haya una recuperación de la economía con un repunte del PIB de entre un 3.2 y un 4.2%. Esto sin duda ayudará a recuperar muchos de los empleos perdidos (sobre todo en la economía informal) y a que mucha de la gente que se retiró voluntariamente del mercado laboral regrese. Sin embargo, la recuperación  plena de la fuerza de trabajo, con todas sus horas-hombre involucradas, será un  proceso lento que nos llevará al menos cuatro años más. Y es que no sólo se deben recuperar los empleos perdidos y las jornadas completas, sino que además, habrá que generar las fuentes de trabajo para todas aquellas personas que se estarán incorporando al mercado laboral. La labor es titánica, y lamentablemente no hay políticas públicas que faciliten este proceso.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*  

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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México y su creciente problema de deuda pública

Un tema que causa preocupación en el arranque de 2021 es el del crecimiento que ha tenido el saldo de la deuda del sector público federal. Ha quedado claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha rechazado endeudarse en aras de incentivar el crecimiento económico tras el catastrófico 2020, el cual registró una caída de -8.5% en su PIB. Sin embargo, y a pesar de su promesa de no endeudar más a México (sólo en función de la inflación), las estadísticas oficiales narran otra historia, misma que explicamos a continuación.  

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al 31 de diciembre del año 2000 el saldo nominal de la deuda total del sector público federal en México fue de 1.33 billones de pesos, para el cierre del 2006 ésta ascendió a 1.99 billones de pesos, por lo que en el sexenio de Vicente Fox dicho saldo aumentó en 660 mil millones de pesos. La deuda siguió aumentando y al concluir el año 2012 la deuda neta del sector público federal ya era de 5.35 billones de pesos, lo que implica que en el sexenio de Felipe Calderón está creció en 3.37 billones de pesos.

Con la presidencia de Enrique Peña Nieto las cosas adquirieron una nueva dimensión de manera que cuando concluyó el año 2018 el saldo de esa deuda ya era de 10.83 billones de pesos, lo que implica un crecimiento de 5.48 billones de pesos en 6 años. Esto significa que en el sexenio de Peña endeudaron a México a razón de 913 mil millones de pesos por año o algo así como 2.5 miles de millones por día, una cifra estratosférica por donde se le quiera ver.

Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue que no endeudaría más a México, ¿qué tanto se ha cumplido dicha promesa?  Según las cifras presentadas por la SHCP el saldo de la deuda neta del sector público se ubicó en 11.03 billones de pesos al cierre de 2019, lo que implica que ese año el saldo creció en 200 mil millones de pesos respecto a 2018. Esta cantidad en su momento la calificamos como “responsable” a la luz del ritmo de endeudamiento que se venía registrando en el sexenio de Peña Nieto.

Sin embargo, la historia del 2020 es distinta. El saldo al 31 de diciembre de 2020 fue de 12.13 billones de pesos, lo que implica un aumento nominal de la deuda de 1.10 billones de pesos respecto al año anterior. Esta es la cifra nominal de endeudamiento más elevada para un solo año desde 2016 e implica que el año que acaba de concluir la deuda pública consolidada del sector público federal creció en 10%.

Muchos consideran que no tiene mucho sentido hablar de cifras absolutas de la deuda si no se relacionan éstas con otros indicadores como el tamaño de la economía. En este sentido hicimos el ejercicio de relacionar el saldo de la deuda del sector público al cierre de cada año con el monto del PIB nominal del cuarto trimestre de cada año. Vemos que en el año 2000 dicho saldo de la deuda equivalía al 19.28% del PIB, para el 2006 representó el 18.11%, en el 2012 fue el 32.68% del PIB y cuando concluyó el 2018 llegó hasta el 44.4% del PIB. En 2019 bajó un poquito a 44.30%, pero en 2020 el saldo de la deuda del sector público ya se espera que represente el 49.65% del PIB (estamos en espera de que se publique el dato oficial de PIB nominal del cuarto trimestre de 2020). Sea como sea no cabe duda de que cada vez estamos más endeudados como se le quiera ver. Es verdad que estamos lejos de los niveles de endeudamiento de Estados Unidos, países europeos y Japón, donde el porcentaje de la deuda respecto al PIB llega a niveles de hasta 230%.  Sin embargo, este dato debe matizarse en función de lo que le cuesta la deuda pública a cada país (este punto lo abordaré más adelante en este texto).

Otra manera de dimensionar el tamaño de la deuda es en relación a la población. El INEGI acaba de publicar que en México hay 126 millones de personas en el 2020, lo que implica que la deuda promedio por habitante es de poco más de 96 mil pesos (incluidos bebés y personas adultos mayores). Si consideramos solo a la Población Económicamente Activa (PEA) que había en el tercer trimestre de 2020, la cual fue de 53.780 millones de personas, entonces la deuda por habitante es de poco más de 225 mil pesos. 

¿A qué se debió el fuerte incremento de la deuda del sector público en 2020? Para responder esta pregunta debemos tomar en consideración que la deuda del sector público federal tiene dos componentes: deuda interna y deuda externa. Entre 2019 y 2020 la deuda interna aumentó en 522.8 miles de millones de pesos (mmdp), cifra equivalente a un incremento nominal de 7.3%; por su parte, el saldo de la deuda externa aumentó en 17.8 miles de millones de dólares, lo que representa un incremento de 8.7%.

De diversas maneras se nos ha comunicado que gran parte del incremento de la deuda pública en 2020 se debió al incremento en el tipo de cambio, ya que pasó de un promedio de 19.118 pesos por dólar en diciembre de 2019 a 19.956 pesos por dólar en diciembre de 2020. Es decir, en el balance el dólar sólo aumentó en 0.838 pesos en dicho periodo. Si tomamos en consideración que el saldo de la deuda externa fue de 203.708 miles de millones de dólares en diciembre de 2019, entonces el alza en el precio del dólar sería responsable de un  aumento de 170.7 miles de millones de pesos en el saldo en pesos de la deuda total. De esta manera, queda claro que el sector público federal aumentó su endeudamiento en 2020 (por motivos ajenos al alza del dólar) en 931.29 mmdp.  

Este nivel de endeudamiento excede el techo de endeudamiento autorizado por el Congreso de la Unión en la Ley de Ingresos de la Federación 2020 e implica que no se ha respetado la promesa de no endeudar más al país.  

En este contexto es importante destacar que el endeudamiento de México es casi inevitable, ya que aunque se mantengan “superávits primarios”, al  considerar el pago de intereses por la deuda, terminamos con un déficit en las finanzas públicas que nos arroja que cada año estamos más y más endeudados. Para el 2020 se había presupuestado un superávit primario equivalente al 0.7% del PIB, pero evidentemente dicha meta fue abandonada y terminamos con un déficit primario y en el balance final.

El creciente saldo de la deuda del sector público es preocupante por dos razones: 1. Por el elevado costo financiero que representa, y 2. Por el deterioro en la calificación soberana de nuestra deuda. A continuación explico ambas cuestiones.

Creciente costo financiero de la deuda

El costo financiero de la deuda del sector público lo constituye el gasto por intereses que se paga por dicho endeudamiento (no incluye amortizaciones de capital). Las cifras de la SHCP indican mientras que en el año 2000 se pagaron 201.02 mmdp de intereses, para el año 2006 dicho pago se elevó a 250.07 mmdp. En el año 2012 se pagaron 305.12 mmdp y en 2018 dicha erogación por parte del sector público federal ya era de 615.04 mmdp. No obstante la baja en tasas de interés en México, en 2019 se erogaron 666.09 mmdp y en 2020 sumaron 686.09 mmdp. La cifra pudiera patrecer poco significativa, pero es relevante cuando se considera que por cada peso adicional que se destina al pago de intereses de la deuda, pues hay un peso menos para otros rubros de gasto como el de infraestructura.

Es relevante también relacionar el pago de intereses de la deuda respecto al Gasto neto del sector público presupuestario de cada año.  De acuerdo a cifras de la SHCP, el costo financiero del sector público federal representó el 7.8% del total del gasto neto del sector público presupuestario en 2012. Para el año 2018 dicho porcentaje creció hasta el 11.0% y para el 2020 éste alcanzó el 11.4% del gasto total del sector público.

Impacto en calificación de la deuda soberana

La situación de la calificación de la deuda soberana de México es un tema por demás relevante. Al día de hoy  las principales calificadoras de riesgo (Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch) le siguen otorgando a México el grado de inversión, pero en el caso de Moody´s y Standard & Poor´s la perspectiva es negativa, lo que significa que en su próxima revisión pueden degradar nuestra deuda.

Cabe señalar que si la deuda del sector público mexicano deja de tener una calificación de grado de inversión, entonces irremediablemente habría una importante fuga de divisas del país, lo que provocaría un importante alza en el tipo de cambio y una espiral inflacionaria en el país. El perder nuestro grado de inversión  echaría a la basura años de trabajo para contar con la confianza de inversionistas y fondos de capital internacionales.

Es verdad que las calificadoras de riesgo tienen como principal encomienda el valorar la capacidad de repago de la deuda de un país, y en ese sentido, México no ha incurrido en los inmensos niveles de deuda como otros países que han buscado reactivar su economía. El menor nivel de endeudamiento por parte de México es un punto a favor de nuestro país. Sin embargo, la calificadora Moody´s también ha dicho que México podría elevar su nivel de deuda sin comprometer su grado de inversión si dicho endeudamiento va dirigido a la reactivación económica.

Conclusiones

Lo que hemos visto es que a pesar de que no hubo apoyos relevantes para la reactivación económica, nuestro país incurrió en un fuerte nivel de endeudamiento del sector público federal. Se había comentado que gran parte del incremento en el saldo de la deuda había sido provocado por el incremento en el tipo de cambio, lo que revalora el saldo de la deuda externa, pero hemos visto que no fue así.

Es innegable que este año la deuda del sector público crecerá en al menos 724 mmdp, que es el costo financiero presupuestado para este año. Definitivamente la promesa de no endeuda más a México se ha incumplido. Lo más importante en este momento es convencer a las calificadoras de riesgo de que seguimos teniendo capacidad de repago y que honraremos nuestros compromisos, independientemente de lo que suceda con el cumplimiento de las metas presupuestarias de este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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¿Qué hizo China para ser el gran ganador de la pandemia de Covid-19?

Los recientes indicadores económicos de China, que dan cuenta de su desempeño en 2020, nos hablan de una historia de “éxito” cuando la enorme mayoría del mundo desarrollado registró un desempeño terrible con caídas en su producción, comercio exterior, empleo, entre otros. Este es el punto abordado en un artículo de Stella Yifan Xie, Eun-Young Jeong y Mike Cherney, publicado en el Wall Street Journal el pasado 13 de enero, y titulado “La economía de China avanza mientras que el resto del mundo se tambalea”. El artículo es por demás ilustrativo e interesante, ya que no obstante que China es el lugar en el que se originó la pandemia de Covid-19 (y hay serias sospechas de que el virus es sintético y se filtró de uno de sus laboratorios), los autores dan cuenta de qué fue lo que hizo China para aprovechar la crisis mundial del Covid-19. En esta entrega lo analizamos.

El artículo comienza señalando que China terminó el año del Covid-19 más fuerte de cómo lo comenzó, en muchos sentidos, acelerando su posición para ser un jugador cada vez más importante en la  economía global, que durante mucho tiempo ha sido dominada por Estados Unidos. Ahora en día, mientras que EE.UU. y Europa están a la expectativa de que la vacunación masiva les permita retomar la senda del crecimiento, China es la única economía importante que habría crecido en 2020, acercándose así a tener una economía del tamaño de la estadounidense.

En el 2020, China amplió su papel en el comercio mundial y reforzó su posición como fábrica mundial, a pesar de los años de esfuerzos de Estados Unidos para persuadir a las empresas de que ubiquen sus empresas en otros países. El mercado de consumo de China, impulsado por su rápida recuperación de Covid-19, sigue ganando impulso, lo que lo convierte en el motor más importante para las ganancias de las empresas globales.

Además, el país ha consolidado su posición como una fuerza en los mercados financieros globales, con una participación récord de ofertas públicas iniciales (OPIs) y cotizaciones secundarias en 2020, además de haber registrado grandes entradas de capital en acciones y bonos, y mantener el desempeño de índices bursátiles que superaron con creces al magnífico desempeño del mercado bursátil estadounidense.

El resultado del 2020 es un mundo que ahora depende más que nunca de China para crecer. De acuerdo con Moody´s Analytics, se espera que en el 2020 la economía de China haya representado el 16.8% del producto interno bruto mundial, ajustado a la inflación. Eso representa un aumento importante respecto del 14.2% que tenía en 2016, antes de que Estados Unidos y China entraran en una guerra comercial. Se espera que EE.UU. haya representado el 22.2% del PIB mundial en 2020, ligeramente por debajo del 22.3% observado en 2016. Tan sólo en el 2020, la participación de China en el PIB mundial aumentó en 1.1 puntos porcentuales, lo que significa el mayor incremento de participación relativa en un año, desde la década de 1970.

Las ganancias de China son resultado del éxito que tuvieron para contener la enfermedad del Covid-19 y hacer que sus negocios volvieran a funcionar. Los programas de estímulo del país, que eran más pequeños (como proporción del tamaño de su economía) comparados con los de EE.UU., se enfocaron en relanzar la producción industrial y evitar que las pequeñas empresas quebraran, además de que éstos implicaron poco apoyo directo para los consumidores (a diferencia de EE.UU. que ha gastado miles de millones en cheques de estímulo para los contribuyentes).

Esto implica una estrategia radical, ya que mientras que los consumidores estadounidenses siguieron gastando mucho (gracias a los estímulos), las fábricas chinas estaban listas para atender esa demanda de bienes. Eso ayudó a respaldar los empleos chinos y el propio gasto del consumidor de China durante el resto del año.

China también se benefició porque es difícil para las empresas manufactureras extranjeras reubicarse de país en el corto plazo, incluso después de que las interrupciones de la pandemia dejaron a muchos ejecutivos con el deseo de diversificar sus cadenas de suministro. Las empresas deben sopesar la pérdida de eficiencia al dejar de tener cerca a la mayoría de los proveedores de sus fábricas, así como los riesgos de mudarse a otro lugar después de que China ha demostrado a lo largo de muchos años que es altamente confiable. Contrariamente a lo que se piensa, en una encuesta de noviembre de HSBC Holdings PLC aplicada a más de 1,100 corporaciones globales, se encontró que el 75%, incluido el 70% de las empresas estadounidenses, esperan aumentar su presencia en la cadena de suministro en China durante los próximos dos años.

Tensiones comerciales

Para el resto del mundo, el éxito de China es un arma de doble filo. Por un lado, la demanda por parte de china ha sido una bendición para las empresas que venden a ese país, incluidos los productores de materias primas, así como los fabricantes de automóviles y las empresas de artículos de lujo que perdieron ventas en otros lugares. Pero por el otro, la renovada fuerza de China también ha dejado a las empresas más expuestas a un país cuyos líderes han dejado en claro que quieren reducir la dependencia de China de las empresas extranjeras y ahora buscan construir más corporaciones propias.

En Estados Unidos, los aranceles que la Administración Trump le aplicó a China tenían como objetivo el atacar los desequilibrios en la economía global y “nivelar el campo de juego” entre los dos países. Sin embargo, se espera que en 2020 China registre el mayor superávit en su cuenta corriente, la medida más amplia de las transacciones de un país con el resto del mundo, en la historia de cualquier país, según Capital Economics, una firma de investigación.

No obstante lo anterior, China continúa enfrentando grandes desafíos económicos, incluido el envejecimiento de su población y el aumento de los costos laborales, que encarecen la fabricación. Una reciente ola de incumplimientos crediticios por parte de empresas estatales se ha sumado a las preocupaciones de hace varios años respecto del manejo de su deuda.  Por su parte, el impulso que ha tenido su manufactura podría disminuir este 2021, si otras partes del mundo echan a andar con fuerza sus aparatos manufactureros. Además, algunos economistas dicen que el modelo económico liderado por el estado del país ha debilitado la innovación del sector privado, la cual sin duda es vital para el futuro de China.

Sin embargo, desde que surgió Covid-19, la economía de China ha sido resistente, reforzando la creencia de los líderes de Beijing de que su sistema ofrece una alternativa más confiable al capitalismo democrático occidental, especialmente durante tiempos de crisis.

No obstante todo lo anterior, no podemos dejar de reconocer que Estados Unidos sigue siendo la economía número uno del mundo, con el mercado de consumo más grande, un nivel de vida mucho más alto y una moneda cuya importancia eclipsa a la del yuan chino. El PIB nominal de Estados Unidos sigue siendo 50% mayor que el de China.

¿Qué esperar en 2021? Es bien sabido que Estados Unidos también está lidiando con un estrés político extremo. Este año, se espera que su PIB crezca entre un 3% y un 4%, pero es probable que su economía no vuelva a su tamaño de 2019 hasta la segunda mitad del año, según las previsiones de algunos economistas. Por su parte, se espera que China crezca hasta un 9% en 2021, según estimaciones de Morgan Stanley.

Fabricas reabiertas

Durante años, los economistas han advertido que los crecientes costos laborales de China, la profundización de la deuda y la disminución de las ganancias de productividad, pondrían en peligro su condición de fábrica mundial. La guerra comercial y los aranceles más altos redujeron aún más las ventajas de China. Pero la participación de China en las exportaciones mundiales de bienes sigue creciendo. Según Oxford Economics, fue del 15.4% en noviembre, el mes más reciente para el que se dispone de datos al momento de escribir etas líneas, cifra que se compara favorablemente con la participación de 13.7% observada a finales de 2019.  Este incremento en la participación relativa fue  impulsada en parte por la rápida transformación manufacturera de China para vender equipos de protección personal, como máscaras y respiradores, cuyas ventas aumentaron durante la pandemia.

De acuerdo con los autores del artículo, Beijing intervino enérgicamente para contener el Covid-19 y ayudar a mantener abiertas las fábricas y negocios. Cerró gran parte del país e impidió que la gente saliera de sus hogares por períodos prolongados. Estas medidas son difíciles de implementar en países con más libertades. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud de China, alrededor de 4,600 personas han muerto en ese país como resultado de la pandemia, aunque algunos investigadores creen que el número real es mucho más alto. En contraste, en Estados Unidos, el número de muertos se acerca a los 380 mil.

China además le ordenó a los bancos estatales que detuvieran el cobro de deudas de las empresas e individuos afectados, al tiempo que ofrecían crédito fresco a las pequeñas empresas a tasas más baratas de lo habitual. Los funcionarios locales exigieron que los propietarios de las fábricas cumplieran con estrictos estándares para garantizar operaciones seguras, incluido, en algunos casos, el monitorear los desplazamientos de los trabajadores en las regiones afectadas.

En aras de mantener la manufactura de píe, muchos gobiernos locales, incluida la ciudad de Foshan, enviaron autobuses para llevar a los trabajadores migrantes varados en las aldeas de regreso a las fábricas una vez que el virus desapareció. Como ejemplo tenemos que algunos de los más grandes fabricantes, como Foxconn Technology Group, que ensambla productos de Apple Inc. en China, ofrecieron a los trabajadores bonificaciones de hasta 430 dólares por persona para que regresaran al trabajo.

Con los consumidores en Occidente pasando más tiempo en casa, los pedidos del extranjero aumentaron y las empresas manufactureras chinas se beneficiaron. Para muchas empresas, sus ventas en 2020 aumentaron alrededor de un 20%. Es así que desde principios de abril, más del 97% de las empresas más grandes de China habían reabierto, según Zhang Weihua, funcionario de la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Expandiendo los mercados de consumo

El gasto del consumidor en China se recuperó hacía el otoño de 2020. De acuerdo con la firma de investigación Euromonitor International, se anticipa que el mercado de artículos de lujo personales de China haya crecido un 7.6% en 2020, en un contexto en el que el mercado global de estos artículos se contrajo un 20%.

Por su parte, si bien la inversión extranjera directa en Estados Unidos y Europa se desplomó en la primera mitad de este año, se mantuvo en gran medida estable en China, donde de hecho aumentó un 6.3% en el acumulado de los primeros once meses de 2020, de acuerdo con cifras del Ministerio de Comercio de China.

Todo lo anterior se tradujo en que el dinero internacional siguió entrando a China de diversas formas, lo que dio impulso a su objetivo a largo plazo de construir importantes centros financieros nacionales. Los mercados chinos, incluido el de Hong Kong, representaron el 43% de las cotizaciones públicas del mundo el año pasado, según datos de Refinitiv.

Las tenencias extranjeras de bonos chinos alcanzaron un récord de 3.25 billones de yuanes, equivalentes a unos 503 mil millones de dólares, en diciembre, cifra 49% más elevada respecto a hace un año, según datos compilados por Bond Connect Co.

Finalmente, el índice MSCI China, que incluye las empresas chinas que cotizan en el país y las que cotizan en Nueva York u otras ubicaciones, subió un 27% en términos de dólares el año pasado. El índice MSCI AC World subió 14% en el mismo período, y el índice de referencia de MSCI en EE.UU. creció un vigoroso 19%.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de China al lidiar con la crisis del Covid-19?

En primer lugar, que lo más importante no es mantener el consumo a flote, sino la capacidad productiva. Desde este espacio he sido un duro crítico de la estrategia del gobierno federal mexicano de no apoyar a los empleadores (empresas) y permitir una destrucción masiva de capital privado, fuente de empleos, ingresos y productividad.

No sé si esto haya sido un acto deliberado para debilitar al sector empresarial mexicano, pero la realidad es que México es de los países que habría salido peor librado por la pandemia. El resucitar las miles de empresas que cerraron sus puertas nos tomará años, mientras que los importadores no tendrán problemas en traer del exterior todo lo que no encuentren en el mercado doméstico. En 2021 comenzaremos a ver con mayor claridad los costos económicos de un pésimo manejo de la pandemia, en la que al cerrar la actividad económica, se condenó a muerte a miles de empresas mexicanas, mientras que las fábricas chinas estuvieron listas para cubrir la demanda mundial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleonjandrogomezt

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Bajas generalizadas en Cetes, tasa líder en 4.19%

Staff GAEAP*

Agencia GAEAP. 12/01/21.- La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a través del Banco de México, en su carácter de agente financiero del gobierno federal, informó los resultados de la subasta de valores gubernamentales correspondientes a la semana 02/21, los cuales se presentan a continuación:

En la subasta del martes 12 de enero, los Cetes con plazos de 28, 91, 182 y 364 días registraron disminuciones. Concretamente, tenemos que los Cetes a 28 días bajaron 9 centésimas de punto porcentual y ahora pagarán 4.19%; los Cetes a 91 días retrocedieron 8 centésimas y se ubicaron en 4.20%; por su parte, los instrumentos a plazo de 182 días bajaron 7 centésimas de punto para situarse en 4.18%. Finalmente, los Cetes a plazo de 364 días disminuyeron 3 centésimas de punto y ahora pagarán 4.20%.

Este resultado, en el cual la tasa de los Cetes a 91 días y los Cetes a 364 días es el mismo (4.20%) denota la expectativa por parte de los inversionistas de que a lo largo de 2021 se registrarán nuevos recortes a la tasa de interés objetivo del Banco de México. En GAEAP consideramos que a partir de febrero de este año la tasa de inflación comenzará a acercarse más al objetivo del Banxico de 3.0%, por lo que es de esperarse que en febrero veamos un recorte en la tasa de interés objetivo a 4.0%.

El día de ayer, las tasas de interés de los T-Bills en los Estados Unidos se ubicaron en los siguientes porcentajes: en 0.09% para el instrumento a plazo de un mes, de 0.08% para el que tiene plazo a tres meses, 0.10% para el que tiene vencimiento a seis meses, y 0.10% para los instrumentos a plazo de un año. Estos niveles de tasas son similares a los observados hace una semana.

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