Fitch nos mantuvo la calificación, pero subsiste la debilidad fiscal

fitch-ratings-foto-reuters_0_41_800_497El viernes 13 de diciembre la agencia internacional de calificación crediticia Fitch Ratings emitió un comunicado en el que ratificó la calificación de la deuda soberana de México en “BBB” con perspectiva estable. Esta es una magnifica noticia para México, pero es importante hacer mención de varios de los aspectos que se resaltan en el comunicado, así como hacer una valoración de cómo han evolucionado las finanzas públicas a lo largo de este año. Esos son los temas que abordaré en esta entrega.

Con respecto a Fitch, se debe destacar que la agencia sustentó su decisión de mantener la calificación de México porque ésta está respaldada por una economía nacional diversificada y un historial de políticas económicas sólido y disciplinado que ha mantenido la estabilidad macroeconómica y ha contenido los desequilibrios. Señala que si bien algunas de las decisiones de política microeconómica de la administración del presidente López Obrador han resultado polémicas, las decisiones de políticas macroeconómicas han sido relativamente ortodoxas hasta la fecha. Sin embargo, señala que estas fortalezas se ven contrarrestadas por el nulo crecimiento económico, una base de ingresos fiscales baja en comparación con otras naciones, una penetración crediticia superficial y puntajes de gobierno entre los más bajos en la categoría de países ‘BBB’.

De su Modelo de Calificación Soberana (SRM por sus siglas en inglés), se desprende que se le asignó a México un puntaje equivalente a una calificación BBB en la escala IDR en moneda extranjera en el largo plazo, en función de lo siguiente:

  1. Macroeconomía: +1 nivel, para reflejar el historial de México en administraciones sucesivas con políticas macroeconómicas prudentes, creíbles y consistentes. Las autoridades continúan enfatizando la estabilidad macroeconómica en sus decisiones de política buscando remediar los desequilibrios macroeconómicos.
  2. Finanzas públicas: -1 nivel, para reflejar la expectativa de que el continuo apoyo soberano para Pemex resultará en una menor disponibilidad de recursos para otras tareas gubernamentales y/o una mayor carga de la deuda del gobierno federal y del sector público, impactando negativamente las finanzas públicas.

Respecto a Pemex señalan que ésta contribuirá menos a los ingresos federales en 2020 en comparación con 2019 (aportando sólo el equivalente al 1.8% del PIB), ya que el gobierno tiene contemplados recortes adicionales  en las tasas impositivas para ésta hasta 2021. Fitch también espera que la producción de petróleo de Pemex continúe disminuyendo en 2020, habiendo caído 9.6% anual en octubre de 2019, promediando 1.64 millones de barriles diarios (mbd). Esto contrasta con el ambicioso aumento de la producción a 1.85 mbd asumido para 2020 en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) actuales.

Pemex sigue siendo un contribuyente neto del gobierno federal y mantiene una deuda mayoritariamente denominada en dólares estadounidenses que representa más del 8% del PIB, por lo que continuará representando un importante pasivo contingente para el gobierno federal. Cabe recordar que el gobierno federal le inyectó a la compañía 5 mil millones de dólares adicionales en septiembre de este año para respaldar una recompra de deuda a corto plazo y una operación de gestión de pasivos que reduce los pagos a corto plazo, con lo que mejora su liquidez.

Pero más allá de las consideraciones de Fitch Ratings, ¿Qué datos duros podemos mencionar sobre la situación de las finanzas públicas de México? En GAEAP analizamos las cifras más recientes y vemos que al cierre de octubre de 2019 el saldo de la deuda interna bruta del sector público federal fue de 7.555 billones de pesos, mientras que el saldo de la deuda externa bruta fue de 205.9 miles de millones de dólares (mmdd), de manera que el saldo del total de la deuda sumó 11.491 billones de pesos al 31 de octubre de este año. Si tomamos en consideración que el Producto Interno Bruto (PIB) nominal ha promediado 24.085 billones de pesos en los tres primeros trimestres de este año, entonces se ve que el saldo de la deuda bruta del sector público federal representa aproximadamente el 47.7% del PIB.

Deuda del sector público Oct19

Se debe recordar que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en varias ocasiones que durante su gobierno el saldo de la deuda pública no aumentará en términos reales ya que se tiene una meta de un superávit primario de 1.0% del PIB, aunque una vez que se toma en cuenta el costo financiero de la deuda este superávit primario se convierte en un déficit fiscal de 2.4% del PIB, por lo que la deuda pública claro que sigue creciendo. ¿Cómo vamos con esta meta? Pues de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el  comparativo del cierre de diciembre de 2018 al cierre de octubre de 2019, tenemos que el saldo de la deuda interna bruta aumentó en 519.4 miles de millones de pesos (mmdp), equivalente a un 7.4% adicional; mientras que el saldo de la deuda externa bruta aumentó en 3.5 miles de millones de dólares, lo que equivale a un incremento de 1.7%. De esta manera, el saldo de la deuda bruta total del sector público reporta un aumento de 472.4 mmdp, lo que representa un incremento de 4.3% en los primeros 10 meses de 2019.

Es importante mencionar que en un contexto de una deuda bruta del gobierno federal creciente, es que no obstante las disminuciones en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México de 8.25% hasta un actual 7.5%, el costo financiero de la deuda ha aumentado de manera importante este año. En el periodo de enero a octubre de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 482.98 mmdp, mientras que en los mismos meses de 2018 fue de 438.34 mmdp, lo que representa un incremento nominal de 10.2% o de un 6.2% en términos reales.

Volviendo al comunicado de la agencia Fitch, éste menciona los elementos que podrían contribuir a la mejora o al deterioro de la calificación crediticia de México en los próximos meses. Entre los aspectos que jugarían a favor están:

– Mejores perspectivas de inversión y crecimiento respaldadas por políticas macroeconómicas creíbles;

– Disminución de la carga de la deuda pública y reducción de los riesgos de responsabilidad contingente relacionados con Pemex;

– Mejora en los indicadores de gobernanza a un nivel más cercano al promedio de la categoría de la calificación BBB.

Por su parte, los eventos que podrían resultar en una baja de nuestra calificación son:

– Un debilitamiento de la congruencia y credibilidad del marco de la política macroeconómica y/o un continuo bajo desempeño macroeconómico, por ejemplo un crecimiento consistentemente débil;

– Un aumento de la tendencia de la carga de la deuda pública, evidenciado por una trayectoria ascendente en el índice de deuda del sector público;

– El deterioro en los indicadores de gobernanza que amplíe aún más la brecha respecto de los  puntajes de otros países de la categoría BBB.

2018-03-13T011242Z_357512528_RC1E9454AA50_RTRMADP_3_MEXICO-PEMEX-e1547050156479-640x360¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que se le reconoce al gobierno federal un manejo “prudente” de las finanzas públicas, pero los grandes riesgos ahí subsisten. Hay que recordar que para el 2020 se anticipa un superávit primario de apenas 0.7% del PIB (menor al de 1.0% de este año), lo que se traducirá en un déficit fiscal total del PIB. Diversos analistas han criticado que el Presupuesto de Ingresos del año que viene es muy optimista con respecto a la plataforma de producción petrolera y que antes de ver un aumento de la producción veremos mayores disminuciones en 2020. De igual gorma es demasiado optimista en sus proyecciones de ingresos derivados de recaudación de impuestos como ISR e IVA, ya que definitivamente no hay forma de que crezcamos a una tasa del 2.0%, como se anticipa en los CGPE 2020.

Se debe destacar que en 2019 no se lograron las metas de ingresos petroleros por un monto equivalente a 0.5% del PIB, por lo que el gobierno habrá utilizado hasta 150 mmdp del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros (FEIP), pero a dicho fondo ya no le quedará mucho para sacarle en el 2020 por lo que seguramente para el 2021 ya habrá quedado vacío cubriendo los faltantes de ingresos petroleros, derivado de las cuentas alegres que se han hecho. Esto obliga a una reforma fiscal, a la cual el gobierno federal no le ha querido entrar ahora y ha anunciado que será hasta el 2022.

Queda claro pues que Fitch nos da el voto de confianza, por ahora, pero habrán de tomarse importantes medidas a lo largo de 2020 para mitigar los riesgos, si no queremos ver nuestra calificación de deuda degradada. Veremos que dicen las otras dos calificadoras (Moody´s y Standard and Poor´s) al respecto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué el “ajuste estacional” es un engaño?

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir sobre este tema, y dada la reciente publicación de los datos del Producto Interno Bruto (PIB) correspondiente al tercer trimestre de 2019, y la confusión que arrojan las diferentes tasas de crecimiento publicadas, decidí no dejar pasar más tiempo sin externar mi opinión. Hoy escribo respecto de un tema que se presta al engaño a la opinión pública por su naturaleza intrínseca de  manipulación de información estadística: el ajuste estacional de series de tiempo.

La publicación de estadísticas oficiales por parte del INEGI en lugar de ser un ejercicio sencillo para que la mayoría de la población sepa cómo vamos en diferentes indicadores, frecuentemente es motivo de confusión, sobre todo cuando se trata del dato de variables tan importantes como el crecimiento del PIB. Sucede que, por ejemplo, para el tercer trimestre de 2019 hay tres datos oficiales de crecimiento del PIB, los cuales menciono a continuación: a. Variación anual del PIB con cifras originales: -0.3%; b. Variación trimestral del PIB con cifras desestacionalizadas: 0.0%; y c. Variación anual del PIB con cifras desestacionalizadas: -0.2%.

El primer porcentaje se refiere al crecimiento real (ajustado por inflación) del valor del PIB del tercer trimestre de 2019 respecto del PIB del mismo trimestre de 2018 y se obtiene de una serie de tiempo que simplemente plasma el valor de producción de bienes y servicios en la economía.  El segundo y tercer datos se derivan de una serie de tiempo que fue “ajustada estacionalmente”, es decir una serie de tiempo que fue manipulada sometiéndola a un método estadístico que elimina el efecto de elementos estacionales en una serie de tiempo que exhibe variaciones que son claramente provocadas por estacionalidad o por la época del año (por ejemplo, que en diciembre el consumo es más elevado que en febrero).

Entonces, dados los tres valores del crecimiento del PIB, todos oficiales, ¿cuál es el “bueno”? Pues de acuerdo a la escuela tradicional o la vieja escuela, el primero (con cifras originales) es el mejor ya que denota la realidad percibida en los bolsillos de las personas y en las cajas registradoras de las empresas, con independencia de consideraciones estacionales. A lo largo de esta entrega veremos cómo es que el utilizar cifras desestacionalizadas no es más que un truco estadístico que implica manipular series de tiempo, por lo que se pierde el sentido de lo que verdaderamente ocurre con la economía y su impacto en los bolsillos de la población.

PIB Originas y desestacionalizado

Esta manipulación queda evidenciada cuando comparamos la serie original con la serie desestacionalizada del PIB real (en pesos de 2013) de los últimos cuatro trimestres. Tenemos que la serie desestacionalizada del PIB reporta 203.9 miles de millones de pesos (mmdp) adicionales respecto de la serie original en el cuarto trimestre, reporta 25.8 mmdp adicionales en el segundo trimestre de 2019, reporta 278.5 mmdp  adicionales en el primer trimestre de 2019 y reporta 459.3 mmdp menos que la serie original en el cuarto trimestre de 2018.  O sea el punto es que en el tercer trimestre de 2019 la gente sintió realmente en su bolsillo un PIB real de 18.348 billones de pesos, mientras que la serie desestacionalizada reporta un PIB real de 18.552 billones de pesos. ¿Se observa la manipulación de las cifras? ¿Se entiende que el medir el crecimiento del PIB con estos datos manipulados es una tomada de pelo porque no muestra lo que la gente vive?, ¿Cómo es posible que la serie desestacionalizada implique 342.8 mmdp adicionales de PIB en el periodo del primer trimestre de 2015 al tercer trimestre de 2019 y muchos economistas tomen estas cifras como las buenas para medir el crecimiento económico?

PIBs 2

Respecto del tema del uso de series desestacionalizadas, cabe hacer mención de un artículo de Lee Adler, publicado el 15 de enero de 2012 en el portal de internet The Wall Street Examiner, y titulado “¿Por qué el ajuste estacional apesta?”. En dicha entrega, el autor califica la utilización de series desestacionalizadas como un “odioso proceso estacional de hacer trampa, fingir, falsificar, manipular o como quieran llamarlo.”

El autor se pregunta ¿Por qué los economistas y los expertos pagados de Wall Street usan solo datos ajustados estacionalmente? A lo que él mismo responde que “puede ser porque son demasiado flojos, porque la mayoría de las agencias gubernamentales que publican estos datos los proporcionan. O tal vez quieren manipularnos o tal vez porque creen que somos demasiado tontos para entender la diferencia entre una serie original y una desestacionalizada.”

Adler agrega que no somos tontos y elabora una crítica respecto de la capacidad de algunos  economistas y expertos de hacer pronósticos de mediano plazo que sean certeros. Señala que gran parte de las fallas en los pronósticos se debe a que los economistas utilizan series desestacionalizadas en lugar de series originales y menciona que los economistas suelen obtener pronósticos correctos sólo en menos de la mitad de las veces, lo que es probablemente peor que el resultado de un ejercicio de adivinar resultados de manera aleatoria. Respecto al asunto de los pronósticos, coincido completamente con Adler y esto ha sido motivo de reiteradas críticas de mi parte a los siempre equivocados pronósticos macroeconómicos publicados, por ejemplo, en la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco de México.

Para ilustrar esto, tenemos que en la encuesta de diciembre de 2018, los encuestados por el Banxico pronosticaron que en el 2019 sucedería lo siguiente: Inflación de 3.85%, Crecimiento del PIB de 1.89%, Tipo de cambio de 20.79 pesos por dólar y Tasa de fondeo interbancario de 8.22%. Como puede verse, ¡no le atinaron a ninguna variable! Y no es la primera vez que esto sucede, cada año es lo mismo, los “expertos” encuestados por el Banxico son tan buenos haciendo pronósticos como lo sería un niño al que se le dieran a escoger al azar determinados valores dentro de un rango. ¿Y a qué se debe entonces estas grandes fallas? Pues como lo señala Adler, en parte a la realización de modelos económicos que utilizan series de tiempo manipuladas estadísticamente como las series desestacionalizadas.

En mi despecho de GAEAP realizamos nuestros pronósticos macroeconómicos utilizando series originales, además de que somos bastante realistas porque no tenemos interés de andar quedando bien con el gobierno federal. Muestra de ello es que en un artículo publicado en economex.blog, desde el 25 de agosto de este año, predijimos que el PIB este año tendría un desempeño de entre -0.5% y 0.0% (https://economex.blog/2019/08/25/la-decepcion-del-pib-mexicano/). Esto mientras que en agosto de este año, los analistas encuestados por el Banxico aun pensaban que el PIB crecería 0.5% en el 2019. Obvio, se equivocaron al principio de año y se seguían equivocando a mediados.

¿Por qué el pronóstico de GAEAP fue más acertado que el de los economistas encuestados por el Banxico? Pues además del tema del uso de series originales vs series desestacionalizadas, está el hecho de que nosotros vivimos en el mundo real, mientras que muchos de los “expertos” encuestados por el Banxico, muchos de ellos economistas, muy bien remunerados por sus jefes del sistema financiero, viven en torres de marfil, sin tener que preocuparse por las pruebas y tribulaciones diarias que el resto de nosotros conocemos como la “realidad”, la cual no es ajustada estacionalmente.

Por cierto, ¿cuándo harán los medios especializados, como El Financiero, El Economista o Forbes un reportaje respecto de lo fraudulentas que son la mayoría de los pronósticos de los analistas encuestados por el Banxico? Creo que sabemos la respuesta.

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Los analistas encuestados por el Banxico tienen grandes márgenes de error en sus pronósticos. 

Los números ajustados estacionalmente a menudo se alejan de la realidad por la naturaleza misma del proceso arbitrario de ajuste estacional. Los economistas y los medios se centran casi por completo en este sinsentido, que intenta comparar un número ficticio con otro número ficticio para derivar un cambio porcentual ficticio de mes a mes o de trimestre a trimestre. Mientras tanto, ignoran los datos reales.

Los datos no ajustados estacionalmente (NSA por sus siglas en inglés) o series originales son los datos reales. Los datos ajustados estacionalmente son una ficción absoluta, y con frecuencia sobrepasan o subestiman la tasa real de cambio de la tendencia (como se señaló líneas arriba), y a veces incluso van en la dirección opuesta al impulso real de la tendencia. Muchos de los analistas de las grandes firmas financieras, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la OCDE, intentan minimizar los datos reales llamándolos datos “no” ajustados estacionalmente, lo que conlleva la connotación de que de alguna manera “estacionalmente ajustado” sin el “no” en frente es lo real, cuando lo contrario es lo cierto.

Al parecer pues, estos analistas de las grandes empresas financieras, organismos internacionales y algunos economistas académicos tienen otros intereses y no realizan el análisis simple de comparar los cambios año a año y la tasa mensual de cambio en los datos reales de los años pasados ​​para tener una idea clara de hacia dónde se dirige la tendencia. Es muy fácil hacerlo cuando los datos se colocan en un gráfico. Pero a diferencia de los analistas técnicos que realmente saben leer patrones y tendencias en datos en los que aparece mucho ruido, la gran mayoría de los economistas que se venden al mejor postor, no tienen idea de cómo hacerlo. El proceso es muy simple. Quizás ese sea el problema. Les gusta la complicación porque piensan que pone la verdad fuera del alcance del público en general. En realidad, el público lo entiende porque lo vive todos los días. Son estos economistas los que no lo entienden.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Relanzar la manufactura para romper su dualidad

que-es-un-empleo-formal-e-informal-600x345 2El 2019 ha sido bastante complicado para la mayoría de las ramas de actividad de la industria manufacturera. Los meses pasan, la actividad va en decremento y desafortunadamente no se ve ninguna política pública en el horizonte que haga pensar que en el corto plazo la situación para la manufactura nacional pueda mejorar de manera sustancial. El mal desempeño de la mayoría de sus ramas de actividad se debe principalmente a la contracción del mercado interno, ya que esta caída ocurrió no obstante que el valor en dólares de sus exportaciones aumentó 4.6% en el acumulado de los primeros nueve meses de 2019, mientras que el valor en dólares de sus importaciones creció apenas 0.6% en el mismo periodo.

Para dar cuenta del desempeño de la principal actividad del sector secundario de la economía, tenemos que la semana que recién concluye se publicaron los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI al mes de septiembre. En ella podemos ver que en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018, el valor de la producción de las manufacturas aumentó apenas 2.16% en términos nominales; sin embargo, al tomar en cuenta la inflación del periodo vemos que dicho valor de producción disminuyó en -1.11% en términos reales. De esta manera, en el acumulado de los primeros nueve meses de 2019, el valor de la producción de la industria manufacturera muestra un incremento nominal de 2.25%, pero al tomar en cuenta la inflación del periodo vemos que dicho indicador presenta una caída acumulada de -1.56%. Este desempeño contrasta con los incrementos en términos reales de 2.16% en 2018 y de 5.39% en 2017.

¿Cuál fue el desempeño específico de cada una de las ramas de actividad manufacturera durante el tercer trimestre de 2019? Para responder esta pregunta, a continuación se presenta la variación del valor de la producción de cada una de las ramas de actividad (en paréntesis se indica el porcentaje de aumento o disminución anualizado y se presentan las actividades ordenadas de mejor a peor desempeño): 1. Industria de las bebidas y del tabaco (5.41%); 2. Fabricación de equipo de transporte (3.98%); 3. Fabricación de maquinaria y equipo (2.07%); 4. Industria alimentaria (0.83%); 5. Industria de la madera (0.36%); 6. Industria del plástico y del hule (0.24%); 7. Industria del papel (-0.65%); 8. Fabricación de prendas de vestir (-1.15%); 9. Otras industrias manufactureras (-1.36%); 10. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-2.07%); 11. Impresión e industrias conexas (-2.30%); 12. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-2.48%); 13. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-2.86%); 14.  Fabricación de muebles, colchones y persianas (-3.39%); 15. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-4.81%); 16. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-5.43%); 17. Industrias metálicas básicas (-7.89%); 18. Industria química (-9.23%); 19. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-10.16%); 20. Fabricación de productos metálicos (-10.22%); y 21. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-15.15%).

factory-robots-making-carComo puede apreciarse, México vive una dualidad en su manufactura porque de las 21 ramas de actividad manufacturera, solamente seis presentan incremento en términos reales en el periodo del tercer trimestre de 2018 al mismo trimestre de 2019. Sin embargo, estas seis ramas de actividad que reportan aumento representan el 63.0% del valor de la producción manufacturera del país, aunque esto se debe principalmente porque en dicho grupo se encuentra la rama de Fabricación del equipo de transporte (sector automotriz), la cual por si sola representa el 36.0% del total del valor de la producción manufacturera de México.  Puesto de otra forma, la situación es preocupante porque si excluimos del análisis a la Fabricación de equipo de transporte, el desempeño de la industria manufacturera en su conjunto sería de una caída en términos reales de -3.8% en su valor de producción en el tercer trimestre de 2019.

Para comprender mejor lo que sucede con la industria manufacturera, también es necesario mencionar que si bien las seis ramas de actividad que reportan incremento en términos reales en su valor de producción en el tercer trimestre de 2019, representan el 63.0% del valor de producción total, estas industrias generan el 55.7% de los 4.354 millones de puestos de trabajo existentes en la industria manufacturera. Esto implica que el restante 44.3% de la población ocupada en la industria manufacturera labora en ramas de actividad que se encuentran en un proceso de contracción de su valor de producción.

Al hablar de la evolución de la manufactura, es pertinente especificar que su desempeño no es homogéneo a lo largo del país, y que hay diferencias sustanciales en las regiones. De acuerdo con la misma EMIM, en cuanto a la evolución del valor de la producción por entidad federativa, tenemos que entre el tercer trimestre de 2018 y el mismo trimestre de 2019, el estado de mejor desempeño en términos reales fue Tamaulipas, con un incremento de 19.3%. A continuación se presenta el desempeño del resto de los estados (en paréntesis se indica el porcentaje anualizado de cambio en términos reales): 2. Baja California (11.9%), 3. Sonora (10.6%), 4. Aguascalientes (10.0%), 5. Michoacán (8.8%), 6. Coahuila (7.8%), 7. Jalisco (2.6%), 8. Chihuahua (2.4%), 9. Guanajuato (1.9%), 10. Puebla (1.6%), 11. Sinaloa (0.7%), 12. Querétaro (0.6%), 13. Baja California Sur (-0.5%), 14. Ciudad de México (-2.2%), 15. Yucatán (-2.5%), 16. Zacatecas (-2.7%), 17. Nayarit (-3.9%), 18. Quintana Roo (-4.8%), 19. Nuevo León (-5.0%), 20. Hidalgo (-5.9%), 21. Guerrero (-6.1%), 22. Tlaxcala (-6.3%), 23. Durango (-6.6%), 24. Estado de México (-8.4%), 25. Veracruz (-9.7%), 26. San Luis Potosí (-10.5%), 27. Morelos (-14.1%), 28. Campeche (-14.6%), 29. Colima (-15.9%), 30. Tabasco (-16.7%), 31. Oaxaca (-24.5%) y 32. Chiapas (-31.4%). Como puede apreciarse, de las 32 entidades del país, solo 12 muestran incremento en términos reales en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018.

Las 12 entidades federativas que presentan incrementos anualizados en términos reales en su valor de producción manufacturera representan el 54.6% del valor total de la manufactura nacional y puede apreciarse que en su mayoría son estados ubicados en el norte y centro del país. Además de ser  estados en los que en su mayoría hay una importante presencia de la industria automotriz.

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Un ciclo económico virtuoso

Todo este complejo panorama debe movernos a la acción e implementación de políticas públicas tendientes a crear un ambiente macroeconómico propicio para la inversión y el crecimiento económico. México tiene un gran potencial para consolidarse como potencia manufacturera global y desplazar a China en la fabricación de muchos productos. Las autoridades del gobierno federal deben entender que la manufactura es extremadamente importante como estrategia de desarrollo nacional. Es por ello que quisiera recordar lo que escribí en un artículo de octubre de 2016, en el que cito a Jon Rynn, autor del libro “Manufacturando Prosperidad Verde; El Poder para reconstruir la clase media estadounidense”, y quien explica las razones por las que la manufactura debe ser muy importante para cualquier país:

  1. La manufactura ha sido el sendero hacía el desarrollo. El crear un sector manufacturero de alta calidad para poder desarrollar riqueza nacional y poder, ha sido el logro estratégico de las naciones ricas durante varios cientos de años. Tal como lo señala Erik Reinert en su libro “Porque los países ricos se hicieron ricos…y los pobres se quedaron pobres”, desde el surgimiento de Inglaterra en el siglo XIX, pasando por el surgimiento de los Estados Unidos, Alemania, Japón, y la Unión Soviética en el siglo XX, hasta la experiencia de los nuevos países industrializados como Corea, Taiwán y China, la manufactura ha sido la clave para la prosperidad.
  2. La manufactura es el cimiento para un “Gran poder” global. Las naciones más poderosas del mundo – los “Grandes Poderes”- son aquellas que controlan la mayor parte de la producción global de tecnología manufacturera. Esto significa que no es suficiente simplemente tener fábricas que produzcan más bienes, sino que preferentemente se debe saber cómo construir las máquinas que producen los bienes. Así pues, la clave para el poder económico es tener la capacidad de crear los medios para la producción (bienes de capital).
  3. La manufactura es la causa más importante para el crecimiento económico. El crecimiento de la producción de maquinaria para la manufactura, así como las mejoras tecnológicas en dicha maquinaria, son las principales fuerzas para el crecimiento económico. Si no hay industrias de maquinaria en un país no habrá crecimiento económico sostenido en el largo plazo.

A este respecto quisiera comentar que en el caso de México, el PIB de la fabricación de maquinaria y equipo muestra una tasa de crecimiento promedio anual de 1.4% en el periodo del año 2013 al segundo trimestre de 2019, lo cual es claramente insuficiente y preocupa que en el segundo trimestre de 2019 dicha actividad registró una caída anualizada de -3.7% en su PIB.

  1. El comercio internacional está basado en bienes, no en servicios. Un país no puede intercambiar servicios para obtener todos los bienes que requiere. De acuerdo con la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 80% del comercio mundial es de mercancías y solo el 20% es de servicios. Estados Unidos ha aprendido de una forma ruda lo que sucede cuando se desmantelan las fábricas y se mudan los procesos productivos a otras naciones, y lo podemos ver con un abultado déficit comercial de 621 mil millones de dólares en 2018.
  2. Los servicios dependen de los bienes manufacturados. Los servicios son básicamente el acto de usar bienes manufacturados. No se puede exportar la experiencia de usar algo. El sector comercio al mayoreo y menudeo, que en el caso de México representa el 17.5% del PIB mexicano en el segundo trimestre de 2019 (en Estados Unidos es el 11%), no es más que el acto de comprar y vender bienes manufacturados, lo que indica que si no hay manufactura no hay comercio.
  3. La manufactura crea empleos. La mayoría de los trabajos, de manera directa o indirecta, dependen de la manufactura, por lo que tener un sector manufacturero fuerte puede generar millones de empleos adicionales. En los Estados Unidos se han hecho estudios por parte del Economic Policy Institute y se ha encontrado que cada empleo en la manufactura es el soporte de otros tres empleos, lo cual hace sentido considerando los cinco puntos antes mencionados. Por otra parte, se estima que si Estados Unidos lograra tener la misma participación que Alemania de la manufactura en su PIB, podría crear 10 millones de empleos adicionales.

Dado todo lo anterior, es indispensable que el gobierno federal establezca políticas públicas tendientes a fortalecer todas las ramas de actividad de la industria manufacturera, y no sólo el sector automotriz, que si bien es fuente de una enorme riqueza y divisas, no es la única actividad que puede impulsar el desarrollo de México.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Disminuye el ingreso promedio de la población ocupada en México

1200px-Unemployment_in_Mexico_2009En fechas recientes se han publicado una serie de indicadores de ocupación y empleo que son muy preocupantes y que dan cuenta de que el estancamiento del Producto Interno Bruto (PIB), observado en el acumulado de los primeros tres trimestres del año, ya ha afectado negativamente al mercado laboral, y que por lo tanto, pronto tendrá un impacto en la escasa fortaleza que le quedaba al mercado interno. A continuación se presenta la información:

De acuerdo con los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el periodo del tercer trimestre de 2018 al mismo trimestre de 2019, la población ocupada total a nivel nacional aumentó en 1.173 millones de personas, lo que implica un incremento de 2.1% y ubica a la población ocupada total en México en 55.202 millones de personas. Si consideramos que el número de trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al cierre de septiembre de 2019 fue de 20.567 millones de personas, entonces tenemos que del total de personas laborando, solamente el 37.25% cuenta con la prestación del IMSS. Pero si tomamos en consideración que poco más de 4 millones de personas son trabajadores registrados en el Instituto de Seguridad Social para los Trabajadores al Servicio del Estado (ISSTE), entonces tenemos que el total de personas ocupadas que gozan de seguridad social en nuestro país es de aproximadamente el 44.5% de la población ocupada. Estos datos preocupan, porque denotan una enorme incidencia de la economía informal, y preocupan aun más, cuando tomamos en consideración que la enorme mayoría de quienes trabajan en México lo hacen con niveles de ingreso muy bajos, como veremos a continuación.

Ingresos 1

De acuerdo con la ENOE, al tercer trimestre de 2019, esta población ocupada en México estaba conformada de la siguiente manera, en función de su nivel de ingresos: había 3.485 millones de personas laborando sin recibir ingresos, 10.948 millones de personas ganando menos de un salario mínimo (s.m.) al día, 17.531 millones que ganan entre 1 y 2 s.m. diarios, 10.038 millones de personas que ganan entre 2 y 3 s.m., apenas 4.629 millones de personas ganando entre 3 y 5 s.m. y sólo 1.810 millones de personas que ganan más de 5 s.m. por día. Cabe señalar que 6.757 millones de personas ocupadas no especificaron su nivel de ingresos en la ENOE.

Si dejamos de lado la población ocupada que no especificó su nivel de ingresos, los anteriores datos implican que en nuestro país el 86.7% de la población ocupada que reportó sus ingresos, percibe menos de tres salarios mínimos al día, equivalentes a 308.04 pesos diarios o 9,364 pesos al mes (unos 482 dólares al tipo de cambio promedio del trimestre, de 19.43 pesos por dólar).

Como hemos señalado en anteriores entregas, la situación económica nacional se ha deteriorado de manera que no obstante que se dio un aumento de 16.2% en el salario mínimo a partir del 1 de enero de 2019, el nivel de ingresos de la población ocupada en México se ha deteriorado este año en términos reales y a continuación analizamos las causas.

Comencemos analizando la evolución de la población ocupada por nivel de ingreso en el periodo del tercer trimestre de 2018 al mismo trimestre de 2019. Vemos que la población ocupada que no recibe ingresos aumentó en 5 mil 607 personas, la que gana menos de 1 s.m. creció en 2.401 millones, los que ganan de 1 a 2 s.m. aumentaron en 2.418 millones, mientras que los que perciben de 2 a 3 s.m. crecieron en 185 mil 722 personas. Lo desafortunado es que en el mismo periodo los que ganan de 3 a 5 s.m. disminuyeron en 2.279 millones de personas y los que perciben más de 5 s.m. bajaron en 594 mil 921 personas. Se podría argumentar que esta evolución se debe a que el salario mínimo aumentó de manera importante, pero a pesar de esto las cifras muestran que la persona ocupada promedio en México gana en el tercer trimestre de 2019 menos que en el mismo trimestre de 2018, una vez que descontamos la inflación.

Sobre la base de la información anterior, podemos estimar que la población ocupada en México ganaba 2.16 s.m. diarios en el tercer trimestre de 2018 y en el tercer trimestre de 2019 el ingreso promedio de la población ocupada es de 1.90 s.m. Al tomar en consideración el salario mínimo nominal, vemos que en el tercer trimestre de 2018 la persona ocupada promedio percibía 190.46 pesos diarios, mientras que en el tercer trimestre de 2019 dicho nivel de ingresos promedio fue de 195.53 pesos al día, lo que implica un aumento nominal de 2.7%. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación del periodo fue de 3.3%, pues esto implica que el ingreso promedio de la población ocupada cayó -0.6% en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto de los mismos meses de 2018.

Respecto al ingreso promedio de la población ocupada, un dato sumamente negativo es que si bien el ingreso promedio nominal es de 195.53 pesos, el de los hombres que trabajan es de 211.89, mientras que el de las mujeres fue de 170.35 pesos. Esto indica que en promedio los hombres ganan 24.4% más que las mujeres. ¿Esta es una situación que este en vías de mejorar? La evidencia muestra que no, ya que en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, el ingreso promedio que perciben los hombres subió 0.2% en términos reales, mientras que el de las mujeres cayó -1.5% en términos reales.

Retomando el tema de los datos agregados, debemos señalar que el hecho de que en el último año haya crecido la población ocupada total en 2.1%, aunado a un incremento nominal de 2.7% en los ingresos promedio de ésta, provocaron que la base salarial nominal se hubiera incrementado en 4.9%; sin embargo, si tomamos en cuenta la inflación del periodo, vemos que el incremento de la base salarial en términos reales es de apenas 1.5%.

Ingresos 2

Como lo hemos señalado en pasadas entregas, este aumento marginal de la masa salarial en términos reales, es lo que genera cierto crecimiento económico inercial, pero cuando vemos que el incremento de la masa salarial se da en un contexto en el que los ingresos promedio de la población ocupada van a la baja, pues queda claro porque los fabricantes no pueden incrementar los precios de sus productos. Simplemente se venden más unidades a una población que en promedio cada vez gana menos. El hecho de que los fabricantes no puedan aumentar precios, en un contexto en el que los costos de producción van al alza, erosionan los márgenes de utilidad de las empresas y se obstaculiza la capacidad de que éstos realicen inversiones productivas. Esta falta de inversión, a su vez provoca que haya un estancamiento de la productividad de la mano de obra, lo que a su vez limita las posibilidades de aumentar los niveles de ingreso de la población ocupada.

Antes de proceder a realizar algunas conclusiones, considero que también es pertinente tomar en cuenta que si bien el ingreso promedio nominal de la población ocupada en México fue de 195.53 pesos al día, a septiembre de 2019, el salario base de cotización de trabajadores asegurados al IMSS alcanzó un monto de 374.50 pesos diarios. Esto es indicativo de que quienes gozan de un empleo formal tienen un nivel de ingresos 91.53% por encima del ingreso promedio de la población ocupada total. Dado lo anterior, debe quedar claro que una de las prioridades del actual gobierno federal debe ser seguir avanzando en la formalización del empleo.

trabajo-informal¿Qué hacer para revertir esta situación? Pues sin duda las políticas públicas deben ir dirigidas a aumentar la productividad de la mano de obra, lo cual requiere forzosamente inversión productiva, en especial por parte del sector privado. Es así que se hace fundamental que el gobierno federal diseñe esquemas fiscales que incentiven la inversión productiva, además de que mejore el clima de confianza empresarial.

Aunado a lo anterior, otro punto que debe ser atendido, por autoridades y empresarios, es el de la formación laboral, la cual le da a los colaboradores de las empresas más herramientas y conocimientos para ser más productivos. En la medida en que una persona sabe hacer más actividades o se profesionaliza en lo que hace, su capacidad de generar ingresos para la organización sube y las remuneraciones que se le pueden pagar también se incrementan sin generar presiones inflacionarias.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El consumo y la confianza del consumidor comienzan a agrietarse

Consumo EconomíaEn la semana que concluye el INEGI publicó las cifras del Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior (IMCPMI) correspondiente al mes de agosto, así como el Indicador de confianza del consumidor (ICC), al mes de octubre. Los datos muestran claramente que en la medida en que ha avanzado este año, el consumo nacional se ha venido desacelerando, hasta frenarse en agosto, mientras que el optimismo reflejado en la confianza de los consumidores se mantiene porque muchos creen que las cosas habrán de mejorar.

En esta entrega, analizo el comportamiento de ambos indicadores y de sus componentes, pero antes de presentar el análisis considero pertinente hacer mención de que contrario a lo que se pudiera pensar en el sentido de que si sube la confianza del consumidor, aumentará el consumo, en la práctica en México dicho supuesto no se mantiene. Al calcular el coeficiente de correlación entre el ICC y el IMCPMI, con datos mensuales para el periodo de enero de 2012 a agosto de 2019, vemos que éste es de apenas 0.071, lo que indica que no hay relación entre ambas variables. Esto implica que la confianza de los consumidores es algo que sienten las personas más en función de sus sentimientos y no tanto en base a su realidad económica. O puesto de otra forma, el hecho de que haya altas expectativas de los consumidores, esto no se traduce en más consumo, como lo veremos a continuación.

Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior (IMCPMI)

En el acumulado de los primeros ocho meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, el índice de volumen físico del IMCPMI muestra un avance de apenas 0.88%, producto de que el índice consumo nacional aumentó 0.73%, mientras que el de consumo de bienes importados muestra un incremento de 1.04%. Al analizar con detalle el índice de consumo de bienes nacionales, vemos que el consumo de bienes duraderos se ha contraído -9.32%, mientras que el consumo de bienes semi duraderos presenta un  aumento de 1.95% y el consumo de bienes no duraderos crece 1.89%. En cuanto a los bienes importados, vemos que el consumo de bienes duraderos muestra una caía de -2.34%, mientras que los bienes semi duraderos presentan un incremento de 4.46% y los bienes no duraderos muestran un aumento de 2.46%.

Dados estos datos, lo primero que destaca es que el índice de consumo privado crece marginalmente, aunque por encima del desempeño del PIB, el cual muestra una tasa de crecimiento acumulado de 0.0% en los primeros nueve meses de 2019.  Cabe destacar que en 2018 el IMCPMI creció a una tasa de 2.2%, por lo que resulta evidente la desaceleración del 2019. Lo segundo que destaca es que desafortunadamente el consumo de bienes importados crece a una tasa más elevada que el consumo de bienes nacionales (1.04% vs 0.73%). El tercer aspecto a destacar es la fuerte caída en el consumo de bienes duraderos de origen nacional (-9.32%), lo cual resulta preocupante porque indica que muchos hogares este año no están “invirtiendo” en bienes tales como refrigeradores, televisiones, lavadoras, etc.

tianguis organicoLamentablemente si bien la tasa de crecimiento de 0.88% es baja, la tendencia es hacía un deterioro en el índice de consumo conforme nos acercamos al cierre del año. En el comparativo de agosto de 2018 a agosto de 2019, vemos que el índice de volumen físico total del IMCPMI presenta una contracción de -0.5%, lo que representa la primera caída en este indicador desde junio de 2013, cuando cayó -0.1%. La contracción de -0.5% se debe a que el consumo de bienes nacionales cayó -0.03%, mientras que el consumo de bienes importados presenta una disminución de -4.3%. Respecto a este último dato de la caída en la importación de bienes de consumo, se debe destacar que dicha disminución no implica un cambio en la tendencia de las importaciones de estos artículos y que se debe a la volatilidad del propio indicador.

Indicador de confianza del consumidor (ICC)

El ICC mide el optimismo de los consumidores respecto de su situación económica actual y esperada, así como la percibida respecto a la economía nacional. Y en relación a este indicador, tenemos que en el  comparativo de los primeros ocho meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, con cifras originales el ICC muestra un incremento de 17.3%. Este fuerte aumento es producto de que sus cinco componentes registraron incrementos, en especial los relacionados con la situación futura del país y del hogar, tal como se muestra a continuación: 1. “Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿Cómo cree que es su situación en este momento?” presenta el menor incremento, siendo de 8.1%; 2. “¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?” registra un aumento de 9.4%; 3. “¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?” presenta el mayor aumento de todos los componentes, siendo éste de 34.1%; 4. “¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto de la actual situación?” presenta un aumento de 23.0%; y 5. “Comparando la situación económica actual con la de hace un año ¿Cómo considera en el momento actual las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc.?” muestra un aumento del 20.0%.

ICC 2019

En esta información agregada se ve claramente que la mayor parte de la mejora en las expectativas de los consumidores se derivan de la creencia de tres cosas: primero que el país en su conjunto está mejor que hace doce meses, cuando los datos macroeconómicos dan cuenta de un deterioro; segundo, la expectativa de que la situación económica del país será mejor dentro de 12 meses en comparación con la situación actual; 3. La creencia de que han mejorado las posibilidades de comprar muebles y electrodomésticos. Respecto a estos tres puntos, es obligado comentar que la situación económica del país no está mejor que hace doce meses; que tal vez la situación económica del país mejore en los próximos doce meses, aunque es difícil que haya una mejora sustancial; y por último, la idea de que han mejorado las posibilidades de comprar bienes duraderos para el hogar es refutada con los datos duros del índice de consumo de bienes duraderos, que como ya vimos líneas arriba, muestra una contracción de -9.32% en el acumulado de los primeros ocho meses de 2019.

No obstante lo anterior, dados los escasos resultados en materia económica en el año 2019, la confianza del consumidor comienza a mostrar debilidad al enfrentarse a la realidad. Con cifras originales, en el comparativo de octubre de 2019 respecto del mismo mes de 2018, el Indicador de confianza del consumidor presenta un incremento de apenas 3.5%, pero con el detalle de que dos de sus cinco componentes presentan disminuciones, tal como se presenta a continuación: 1. “Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿Cómo cree que es su situación en este momento?” ya sólo presenta un aumento de 3.8%; 2. “¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?” registra una caída de -2.2%; 3. “¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?” se mantiene muy fuerte y presenta el mayor aumento, siendo éste de 22.8%; 4. “¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto de la actual situación?” presenta una caída de -2.2%; y 5. “Comparando la situación económica actual con la de hace un año ¿Cómo considera en el momento actual las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc.?” muestra un aumento de apenas 1.8%.

Queda claro que la razón por la cual el ICC total no muestra una contracción en el mes de octubre de 2019 es porque muchos consumidores siguen creyendo que la situación económica del país es ahora mejor a la que se tenía hace un año. Siendo que en el tercer trimestre de 2018 el PIB crecía a una tasa anual de 2.5% y en el tercer trimestre de 2019 muestra una contracción  de -0.4%.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que la desaceleración económica que vive el país, sin duda ha afectado el consumo privado de manera que ya en agosto se aprecia la primera caída anualizada del 2019. La prolongación de la contracción del consumo privado terminará de apagar la actividad económica, con lo que se dificultará más que se logren las metas de ingresos públicos del gobierno federal del año 2020. De manera paralela, con todo y que la confianza del consumidor continúa en niveles más elevados respecto del año pasado, conforme las familias mexicanas se enfrentan a la realidad de que las cosas no han mejorado en materia económica, pues comenzarán a modificar sus expectativas de manera más pronunciada. El gran riesgo que se corre es que ante la descomposición de panorama económico, más personas caigan en la desesperación, y con ello veamos un mayor deterioro social, ya no sólo manifestándose en delincuencia, sino en la pérdida de la paz social como sucede en Chile, país líder en desarrollo en Latinoamérica, pero con una gigantesca desigualdad.  Es así que se vuelve urgente reactivar la economía nacional y evitar que las clases medias continúen erosionándose (queda claro que muchos de los más pobres reciben apoyos directos del gobierno federal). En este sentido, los empresarios tienen mucho que aportar, ya que la precaria situación de las finanzas públicas del gobierno federal, lo imposibilita a poder reactivar por si mismo la actividad económica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

En un complicado entorno internacional, México al borde de la recesión

El pasado 31 de octubre, el INEGI publicó su estimación oportuna del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el tercer trimestre de 2019. El dato se anticipaba negativo y así acabo sucediendo ya que, con cifras originales, el PIB disminuyó -0.4% en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018. Esta caída fue producto de un incremento de 5.4% en las actividades primarias (agricultura y ganadería), una disminución de -1.7% en las actividades secundarias (industria) y un retroceso de -0.1% en las actividades terciarias (comercio y servicios).

Con esta cifra, se ligan dos trimestres consecutivos con caídas anualizadas en el PIB total, ya que éste retrocedió -0.8% en el segundo trimestre de 2019, lo que ubica a México al borde de una recesión técnica. Por su parte, el PIB de las actividades secundarias acumula cuatro trimestres consecutivos con caídas anualizadas, mientras que para las actividades terciarias se registró la primera caída desde el cuarto trimestre de 2009.

PIB III19

Es así que en el promedio de los tres primeros trimestres de 2019 la tasa de crecimiento anual promedio del PIB total es de 0.0%, y es con este escenario que los analistas encuestados por el Banco de México estiman que el crecimiento del PIB en todo el 2019 será de apenas 0.26%, mientras que en GAEAP mantenemos nuestro pronóstico (hecho público desde agosto) de que el PIB de 2019 cerrará en terreno negativo.

Se debe destacar que la situación de estancamiento económico que vive México no es generalizada a lo largo y ancho del país. Precisamente el miércoles 30 de octubre el INEGI publicó los datos de la evolución del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) durante el segundo trimestre de 2019 y con dichos datos vemos que hay entidades que al primer semestre del año aún registraban un desempeño positivo. A continuación se presenta la evolución del ITAEE con cifras originales, en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018 (en paréntesis se indica la tasa de crecimiento o disminución): Chihuahua (3.5%), Tlaxcala (3.4%), Sinaloa (2.8%), Nuevo León (2.8%), Colima (2.7%), Durango (2.2%), Tamaulipas (2.0%), Baja California (1.9%), Yucatán (1.8%), Jalisco (1.3%), Veracruz (1.3%), Puebla (1.2%), Querétaro (1.2%), Nayarit (1.1%), Quintana Roo (1.1%), Aguascalientes (0.7%), Coahuila (0.6%), Sonora (0.2%), Ciudad de México (0.2%), Guerrero (0.0%), Morelos (-0.2%), San Luis Potosí (-0.4%), Hidalgo (-0.5%), Guanajuato (-0.6%), Michoacán (-0.9%), Estado de México (-2.0%), Oaxaca (-2.0%), Campeche (-2.5%), Chiapas (-2.7%), Baja California Sur (-2.8%), Zacatecas (-3.6%) y Tabasco (-10.5%). Como puede apreciarse, hay 20 entidades que presentan incremento en su crecimiento económico y 12 que presentan decremento.

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La inversión productiva del país muestra una caída de -4.6% en los primeros siete meses del año.

Regresando al desempeño del PIB, a lo largo del año hemos señalado que éste se ha visto fuertemente afectado por la caída de la inversión privada y pública.  Por el lado de la inversión productiva del sector privado tenemos que de acuerdo al INEGI, en el comparativo de los primeros siete meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, el Índice de volumen físico de la inversión fija bruta muestra un retroceso de -4.6%, producto de que el total de inversión en construcción cayó -3.2%, mientras que la inversión total en maquinaria y equipo se ha contraído -6.5%.

En cuanto a la inversión pública las cifras son aun más preocupantes ya que de acuerdo con la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el comparativo de los primeros nueve meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, la inversión física del sector público presupuestario muestra una caída en términos reales de -14.4%, pero si sustraemos la inversión de PEMEX, vemos que la disminución es de -21.7% en términos reales.  Si nos centramos exclusivamente en la inversión física del sector público en el rubro de Desarrollo Económico la caída es de -20.8% en el periodo de referencia.

¿Hay alguna expectativa de que el año que viene pueda ser mejor? Por el lado interno se antoja muy complicado que pueda haber una recuperación, ya que las expectativas empresariales continúan deteriorándose; mientras que por el lado externo la situación también es bastante complicada en varias de las principales economías del mundo.

El pasado 1 de noviembre, el INEGI publicó el resultado de su Encuesta de Expectativas Empresariales con datos al mes de septiembre, y el ella se aprecia un claro deterioro en este indicador. Con cifras originales, en el comparativo del noveno mes del 2019 respecto del mismo mes de 2018, vemos que en el sector manufacturero hubo un deterioro de las expectativas en Demanda nacional de sus productos (-0.1), Exportaciones (-1.4), Personal ocupado total (-1.1) e Inversión en planta y equipo (-1.3). En el sector de la construcción se deterioró la expectativa en Valor de las obras ejecutadas como contratista principal (-3.6), Valor de las obras ejecutadas como subcontratista (-6.5), Total de contratos y subcontratos (-1.5) y Personal ocupado total (-0.5). En cuanto a las expectativas del sector comercio, hubo baja en Ingresos por consignación y/o comisión (-0.1), Compras netas (-3.0), Inventarios de mercancías (-5.2) y Personal ocupado total (-4.2). Finalmente, en los servicios privados no financieros hubo un deterioro en las expectativas de Ingresos por la prestación de servicios (-2.8), Demanda nacional de servicios (-4.6) y Gastos por consumo de bienes y servicios (-6.4).

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La economía mundial enfrenta grandes retos y peligros. 

Por su parte, respecto al ámbito mundial, quiero hacer eco de lo señalado en un reciente artículo editorial publicado en el portal de The Japan Times, y titulado “El panorama económico problemático del FMI”. En él se hace eco del mensaje principal de la más reciente edición de la publicación Panorama Económico Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), y que es que la economía global continúa desacelerándose y el problema principal que se enfrenta es la perspectiva geopolítica. El reporte vislumbra diversos peligros y sugiere que los encargados de formular políticas públicas deben estar atentos a una serie de desafíos que amenazan la estabilidad y el bienestar mundiales.

Se menciona que el crecimiento en 2019 será el más débil desde la crisis financiera de 2008. El FMI anticipa un crecimiento global del 3.0%, que representa una caída de 0.3 puntos porcentuales con respecto a su pronóstico de abril de este año y una reducción sustancial comparada con la expansión del 3.6% observada el año pasado.

Los factores de riesgo son bastante conocidos: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las crecientes tensiones en Medio Oriente y el Golfo Pérsico, el Brexit y una desaceleración en las economías más grandes. Las disputas comerciales son el mayor problema. La creciente disposición a imponer aranceles a los socios comerciales ha frenado el crecimiento del comercio en los primeros seis meses del año a apenas 1.0%, que representa el desempeño anual más bajo desde 2012. Kristalina Georgieva, la nueva directora gerente del FMI, advirtió que las disputas comerciales podrían costar $700 mil millones de dólares en producción global para fines del próximo año, cantidad que representa alrededor del 0.8% del total mundial.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha intensificado la desaceleración de este último. El FMI pronostica que el crecimiento de China caerá a 6.1% en 2019 y luego a 5.8% en 2020, las tasas más bajas desde 1990, cuando el país fue golpeado por sanciones internacionales tras la masacre de la Plaza Tiananmen. Los economistas de China son más pesimistas y concluyen que el crecimiento del tercer trimestre ya ha caído al 6%. Sus exportaciones cayeron un 3.2% respecto al año anterior, una señal preocupante para una economía que depende en gran medida del acceso a los mercados extranjeros.

Y al contrario de la creencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, el FMI concluye que la guerra comercial le ha costado a los Estados Unidos un 0.6% en riqueza; El FMI proyecta que su economía también se desacelerará, registrando una expansión de 2.4% en 2019, lo que representa una caída de medio punto porcentual desde 2018.

Por otra parte, en un artículo publicado el 28 de octubre, en el portal estadounidense de Forbes y titulado “Aquí están los países al borde de la recesión hacia 2020” se presenta un vistazo a las principales economías que están en alerta de recesión, y si, si aparece México:

  • Hong Kong, aunque no es un país, ha visto cinco meses de protestas ciudadanas que han golpeado la economía de la ciudad, enviándola a una “recesión técnica”, con industrias como el turismo y el comercio minorista especialmente afectadas por la agitación en curso.
  • El Reino Unido, con su actual incertidumbre sobre dejar la Unión Europea (y todavía no se vislumbra el final), ha visto cómo su economía se contrae recientemente por primera vez desde 2012, y un Brexit sin acuerdo podría llevarlo a una recesión.
  • Alemania, la economía más grande de la Unión Europea, está preparada para caer en una recesión debido a una disminución continua en su sector manufacturero, así como a las mediocres ventas mundiales de automóviles.
  • Italia, la cuarta economía más grande de la Unión Europea, se encontraba en una recesión técnica durante la segunda mitad de 2018 y se ha enfrentado a continuos problemas económicos debido a la débil productividad, el alto desempleo, la enorme deuda y la agitación política.
  • La economía de China también se ha desacelerado en medio de la guerra comercial, aunque aún no se acerca a una recesión: el FMI pronosticó un crecimiento de solo 5.8% para la segunda economía más grande del mundo (en términos de PIB) en 2020, por debajo del 6.6% en 2018 y el pronóstico del 6.1% en 2019.
  • Otras economías altamente estresadas en todo el mundo incluyen Turquía, Argentina, Irán, México y Brasil, entre otros.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que a pesar de que Estados Unidos presenta tasas de crecimiento económico aceptables, México se dirige a una recesión autoinfligida al haber registrado esa fuerte caída en la inversión productiva y en la inversión del sector público. La situación mundial se complicará aun más, los flujos internacionales de capital podrían ser más limitados y en nuestro país parece que no se dimensiona el tamaño del reto que se avecina para todos. No hemos visto un verdadero plan de desarrollo económico que establezca estrategias reales de cómo saldremos de la eventual recesión en la que vamos a caer. Urge tomar el tema en serio, ya que el deterioro económico nos llevará a mayores complicaciones en otros ámbitos como el social, la seguridad pública y la política.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Apuntes para una neopolítica industrial en México

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El Presidente Andrés Manuel López Obrador y la Secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín.

Habían sido días de un enorme nerviosismo y de un arduo trabajo de cabildeo con autoridades del gobierno federal, por parte de los sectores calzado, textil y vestido. Esto porque los aranceles máximos Nación Más Favorecida (NMF) cobrados a las importaciones de estos productos originarios de países con los que no tenemos un tratado de libre comercio, en especial originarios de China y Vietnam, estaban programados para disminuir al 20% a partir del próximo 2 de noviembre.

Dada la enorme diferencia de costo-país de México versus China, y el hecho de que dicha nación asiática no es una economía de mercado aunque ellos digan que si, la baja arancelaria planteada representaba un enorme riesgo para decenas de miles de empleos de estas industrias, erosiona la rentabilidad de las empresas, merma la recaudación de impuestos por parte del gobierno federal en favor de grupos de importadores, afecta el crecimiento de varias regiones de México, y no se traduce en precios más bajos para los consumidores. La baja arancelaría implicaba simplemente entregarle nuestro mercado a las empresas de naciones asiáticas, una mayor concentración  de la riqueza y lo peor es que sería a cambio de absolutamente nada.

Dada esta situación y la urgencia de tener una definición que diera certidumbre a los sectores productivos, el viernes 25 de octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador, y la Secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín, anunciaron la decisión de mantener los aranceles máximos a la importación de productos de calzado, textil y vestido, en los niveles actuales hasta el fin del sexenio, es decir, hasta el 31 de agosto de 2024.

Esta decisión, que fue recibida con un enorme beneplácito por parte de empresarios y trabajadores de la industria, así como por parte de la población en general que entiende la importancia de los sectores calzado, textil y vestido, es posiblemente la acción más clara de política industrial que ha llevado a cabo el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Es una acción contundente que demuestra que cuando dijo que Primero México y luego el extranjero, el presidente hablaba en serio.

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Simón Levy Dabbah, un aliado de la industria nacional.

Es así que debe reconocerse la importancia que el gobierno federal le ha dado a estas actividades productivas que tienen un enorme potencial de crecimiento del empleo y creación de riqueza que puede permear a miles de familias. La decisión implica un cambio de mentalidad por parte del gobierno federal respecto a administraciones anteriores. En este sentido, resulta relevante hacer alusión a los mensajes de Twitter que publicó mi amigo Simón Levy Dabbah tras el anuncio de mantener los aranceles: “Hoy me siento orgulloso de la #4taTransformacion porque la industria del calzado es considerada –a diferencia del modelo neoliberal- estratégica para el mercado interno. Compitamos globalmente; si a la apertura pero no al libertinaje. Tanto mercado interno para tanta globalización” y “Todos los ortodoxos que predican y rezan a favor del libre comercio, están equivocados: el comercio libre es una falacia hoy más que nunca. Lo que hay, es comercio inteligente y los jugadores ya no sólo son empresas sino paraestatales. Impulsemos una apertura con inteligencia.”

Tal vez por las acciones del presidente estadounidense Donald Trump y su America First, o por la manera cómo han permeado los conceptos de Manufactura 4.0 impulsados fuertemente por Alemania, o tal vez sea por los problemas crónicos de crecimiento económico que enfrenta México, pero la realidad es que afortunadamente en nuestro país, hay una creciente cantidad de funcionarios públicos y líderes empresariales que reconocen la importancia de implementar una política industrial inteligente y moderna. Esto es muy bueno, porque la idea de una política industrial de verdad fue relegada durante décadas en nuestro país. Hoy más que nunca, las teorías de libros de texto de economía de los ochentas y noventas han quedado atrás y sólo los académicos trasnochados siguen creyendo en ellas.

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Noah Smith de Bloomberg

Y pues en este contexto y dado que el tema será cada vez más importante, quiero hacer referencia a un reciente artículo de Noah Smith, publicado en el portal de Bloomberg y titulado “¿Deben los gobiernos elegir ganadores? Ha funcionado anteriormente” en él se hace un recuento de ocho libros que dan cuenta de los éxitos y fracasos de la política industrial en el mundo. A continuación se mencionan dichos libros y algunos de sus principales argumentos.

  1. Economía concreta: El Enfoque de Hamilton hacía el Crecimiento Económico y la Política” de Stephen S. Cohen y Brad DeLong. En este libro los autores tratan menos el tema de cómo llevar a cabo la política industrial y elaboran más sobre la necesidad de llevarla a cabo. Dando una enorme cantidad de ejemplos en base a la historia de Estados Unidos, Cohen y DeLong argumentan que el apoyar a ciertos sectores económicos específicos y realizar algunas promesas específicas es esencial para ganar legitimidad popular y apoyo para un programa de economía política. La gente sólo apoyará un plan, argumentan los autores, si tienen cierta idea concreta de cómo dicho plan mejorará sus vidas. El simplemente dejar el desarrollo económico a los caprichos del mercado seguramente resultará en un sector financiero hinchado de ganancias y en desilusión popular.
  2. Política industrial para el Siglo Veintiuno” de Dani Rodrik. En este libro, Rodrik, un economista de la Universidad de Harvard, ofrece una teoría de porqué la política industrial funciona como una estrategia de desarrollo para los países pobres. En lugar de elegir industrias ganadoras, Rodrik argumenta, que los países exitosos subsidian las exportaciones, con el objetivo de darse cuenta de qué cosas son las que fabrican mejor. Los mercados mundiales reaccionan como una herramienta de descubrimiento, recompensando a las industrias exitosas y castigando a las que no son productivas, y ayudando a cada país a encontrar su lugar de mayor eficiencia en el sistema global de comercio.
  3. Como funciona Asia” de Joe Studwell. Si quieres leer acerca de la historia reciente de políticas industriales exitosas, este es el libro de lectura obligada. Haciendo uso de una enorme cantidad de recursos y fuentes de información, Studwell presenta una visión unificada del modelo de desarrollo del Este de Asia que convirtió a Japón, Corea del Sur y Taiwán en naciones ricas, y que ahora ayuda a impulsar la economía de China. Algunos elementos del modelo –por ejemplo, redistribución de la tierra agrícola de terratenientes a agricultores- son solo aplicables a países pobres. Pero la idea de Studwell de “disciplina exportadora” –mover a las empresas a incursionar en los mercados globales y forzar la liquidación de aquellos que fallan- podría usarse en los países ricos también.
  4. La era de Park Chung-Hee: La Transformación de Corea del Sur”, editado por Byung-Kook Kim y Ezra Vogel. Esta colección de ensayos detalla la impresionante forma de gobernar durante 16 años por parte del dictador militar surcoreano Park Chung-Hee, un periodo en el que su ingreso real per cápita casi se cuadruplico. Aunque Park fue un tirano represor, sus políticas económicas sacaron al país de la pobreza a una tasa más rápida que cualquier otro país en toda la historia. El enfoque de Park, que incluía vastas cantidades de planeación estatal, grandes conglomerados apoyados por el gobierno, focalización de industrias estratégicas y promoción de exportaciones, es tal vez el ejemplo más puro de una política industrial moderna en funcionamiento.
  5. ¿Puede competir Japón?” de Michael Porter, Hirotaka Takeuchi y Mariko Sakakibara. Escrito en el año 2000, este libro ofrece una historia con moraleja sobre cómo la política industrial puede distorsionarse, especialmente en los países desarrollados. El profesor de negocios Porter, Takeuchi y Sakakibara nos muestran cómo es que el famoso Ministerio de Comercio Exterior e Industria de Japón (MITI por sus siglas en inglés) ayudó a impulsar al país al liderazgo mundial en industrias como la manufactura de automóviles y herramientas para maquinaria, pero comenzó a fallar en los 80s y 90s. En las nuevas industrias como la electrónica, las viejas recetas fallaron, y Japón perdió competitividad, y la reputación del MITI quedó amargada.
  6. El Estado Emprendedor: Desenmascarando los mitos del sector público vs privado” de Mariana Mazzucato. En este contundente libro, que ha sido muy influyente en el Reino Unido, la economista Mazzucato argumenta que los mayores avances tecnológicos tienen una cantidad significativa de apoyo gubernamental. Ella demuestra que las compañías privadas como Apple, aunque venerada por su innovación, de hecho cosecha los frutos de un proceso de largo alcance de investigación y desarrollo apoyado por el gobierno. Mazzucato argumenta que las teorías populares respecto a la superioridad del sector privado sobre el gobierno están equivocadas, y que sólo el sector público puede hacerse cargo de los enormes gastos y apoyar en los grandes proyectos de largo plazo.
  7. Iniciando América: cómo la ciencia revolucionaria puede revivir el crecimiento económico y el sueño americano” de Jonathan Gruber y Simon Johnson. Los economistas Gruber y Johnson no sólo teorizan respecto del valor de la política industrial, ellos diseñan un plan concreto. Aprovechando las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y la carrera espacial, proponen un aumento anual de $ 100 mil millones de dólares en gastos de investigación y desarrollo en los Estados Unidos. Conscientes del problema de la actividad económica que se concentra en un puñado de centros tecnológicos de las grandes ciudades, proponen construir grandes parques de investigación nuevos en áreas económicamente deprimidas con mucho talento local y buena calidad de vida. Cada centro se centraría en un área prometedora de descubrimiento científico, con el gobierno poniendo fondos para investigación y asistencia de comercialización, y extrayendo un retorno a través de la propiedad pública de la tierra. Es un plan audaz y también bueno.
  8. Nuestras ciudades: un viaje de 100,000 millas al corazón de América” de James y Deborah Fallows. Volando alrededor de los Estados Unidos, en un pequeño avión, los dos escritores veteranos narran las historias de ciudades que han revivido después del triple impacto del declive de la franja conocida como el Cinturón de Óxido, la competencia china y la Gran Recesión de 2009. Al observar los elementos comunes, intentan extraer lecciones generales sobre los tipos de políticas industriales locales que las ciudades pueden adoptar para revivirse. Las recetas incluyen un centro de la ciudad revitalizado, educación técnica sólida, enfoque en una industria específica o un conjunto de industrias y, lo más importante, una estrecha cooperación entre el gobierno local, las empresas, las universidades y las organizaciones sin fines de lucro.

Esta lista de lecturas proporciona una introducción al mejor pensamiento moderno sobre el tema de la política industrial, pero hay mucho más para leer. Debemos aprovechar la coyuntura actual para lanzar una gran política industrial mexicana que replique los milagros industriales de las naciones asiáticas. Hay que apoyar al gobierno federal en esta gran tarea y hay que esperar que éste haga lo propio para crear las condiciones necesarias para el desarrollo industrial de México.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt