El Banco de México presta cada vez más atención a riesgos tecnológicos, operativos y de infraestructura que trascienden a los bancos.

Cuando pensamos en una crisis financiera, solemos imaginar bancos quebrando, gente corriendo al banco a retirar sus ahorros o desplomes bursátiles. No es casualidad. Así fueron las crisis que marcaron a generaciones enteras, desde la Gran Depresión de 1929 hasta la crisis bancaria mexicana de 1995 y el colapso financiero global de 2008. Durante décadas aprendimos que la estabilidad financiera dependía, sobre todo, de la solidez de los bancos.

Esa lógica sigue siendo válida, pero ya no es suficiente.

Cada seis meses, el Banco de México publica el Reporte de Estabilidad Financiera, uno de los documentos más importantes para entender los riesgos que enfrenta el sistema financiero nacional. La mayoría de las notas sobre la edición de 2026 se quedaron con una sola conclusión: “la banca mexicana permanece sólida”. Y es cierto. Los bancos mantienen niveles elevados de capitalización y liquidez, y las pruebas de estrés muestran que cuentan con capacidad para enfrentar escenarios económicos adversos.

Sin embargo, después de leer el documento completo, queda claro que ese no es su mensaje más importante.

Lo verdaderamente relevante es que el reporte muestra con mayor claridad el peso que hoy tienen la infraestructura financiera, la continuidad operativa, la ciberseguridad, la inteligencia artificial y los riesgos asociados al cambio climático dentro del diagnóstico de estabilidad financiera. No se trata de un cambio de rumbo —Banco de México lleva años incorporando estos temas a su marco macroprudencial—, sino de la evolución de un sistema financiero cada vez más digital, interconectado y complejo. Precisamente por eso vale la pena leer este análisis completo: el mensaje más importante del reporte no está en los encabezados que circularon tras su publicación, sino en las implicaciones que tiene para empresas, inversionistas y cualquier persona que utiliza el sistema financiero todos los días. Y es justamente ahí donde aparece el verdadero cambio de enfoque.

En ese contexto, un evento de inestabilidad financiera ya no tendría que originarse necesariamente en el deterioro de un banco. Una falla tecnológica, un ataque cibernético o una interrupción prolongada de infraestructura crítica también podrían desencadenar disrupciones con efectos desastrosos.

Ese cambio debería llamar mucho más la atención de empresarios, inversionistas y autoridades. Porque la seguridad de tu dinero y la estabilidad financiera del siglo XXI ya no depende únicamente de la fortaleza de los bancos.

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La estabilidad financiera dejó de estar confinada a los bancos

Existen una serie de datos que ilustran la transformación del sistema financiero mexicano. De acuerdo con datos del Panorama de Inclusión Financiera de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), durante 2025, las sucursales de OXXO procesaron cerca de 215 millones de depósitos en efectivo para bancos y sociedades financieras populares, por un monto superior a 366 mil millones de pesos. Hace apenas dos décadas, realizar un depósito en efectivo implicaba acudir a una sucursal bancaria; hoy, millones de mexicanos llevan a cabo esa misma operación en una tienda de conveniencia.

No se trata únicamente de OXXO. Comercios, fintech, empresas tecnológicas e incluso operadores de telecomunicaciones participan cada vez más activamente en los pagos, las transferencias y otros servicios financieros. La competencia por la relación cotidiana con el cliente ya no se limita a los bancos; hoy también se libra a través de plataformas digitales, redes de pago y nuevos canales de acceso al sistema financiero.

Aunque Banco de México no analiza casos específicos como OXXO, el Reporte de Estabilidad Financiera adopta una visión más amplia al definir un sistema financiero estable como aquel en el que las instituciones, los mercados y sus infraestructuras permiten que los recursos circulen de forma eficiente y segura. En otras palabras, el énfasis deja de estar exclusivamente en los bancos para incorporar todos los componentes que hacen posible que el dinero se mueva todos los días.

Esa transformación tampoco significa que el efectivo esté desapareciendo. Lo que está ocurriendo es algo bastante más interesante: México está evolucionando hacia un sistema de pagos híbrido, en el que conviven canales físicos y digitales. Esa coexistencia explica por qué la infraestructura financiera se ha vuelto mucho más amplia y compleja. Además, la transición será gradual. La elevada informalidad de la economía mexicana —que concentra al 55% de la población ocupada y genera alrededor de una cuarta parte del PIB— sigue favoreciendo el uso del efectivo, por lo que ambos sistemas convivirán durante muchos años.

De hecho, el efectivo dista mucho de desaparecer. Ocho de cada diez transacciones comerciales en México todavía se realizan con billetes y monedas, mientras que éstos continúan creciendo año con año en términos reales. Entonces, lo que está cambiando no es la existencia del efectivo, sino la forma en que circula dentro de la economía, donde convive cada vez más con pagos digitales, transferencias inmediatas y nuevos canales financieros.

Es así que la infraestructura financiera es hoy mucho más compleja. Una transferencia puede iniciar en un teléfono celular, procesarse mediante redes de telecomunicaciones, centros de datos y plataformas tecnológicas, liquidarse en los sistemas de pago del Banco de México y terminar en un comercio completamente ajeno al banco del usuario. La digitalización ha ampliado la inclusión financiera y reducido costos, pero también ha incrementado los riesgos por la dependencia en esa infraestructura.

Por ello, el reporte del Banco de México concede una atención creciente a la continuidad operativa. No basta con que los bancos sean solventes; los sistemas que procesan millones de operaciones deben mantenerse disponibles prácticamente todo el tiempo. Durante el primer trimestre de 2026, el SPEI registró una disponibilidad de 99.999%, un indicador que refleja la importancia de mantener en funcionamiento la infraestructura sobre la que descansan pagos, nóminas, transferencias y buena parte de la actividad económica. Ese 0.001% restante puede parecer insignificante, pero cuando una infraestructura que procesa millones de operaciones diarias deja de funcionar, incluso durante unos minutos, las consecuencias pueden ser graves: empresas que no pueden pagar nóminas, comercios que no reciben pagos, transferencias detenidas y miles de usuarios afectados al mismo tiempo.

Ese es uno de los mensajes más relevantes del reporte: la estabilidad financiera ya no depende únicamente de la fortaleza de los bancos, sino también de la resiliencia de la infraestructura que sostiene el funcionamiento cotidiano del sistema financiero.

Los nuevos riesgos que Banco de México pide no perder de vista

Si la primera conclusión del Reporte de Estabilidad Financiera es que la estabilidad financiera ya no depende únicamente de los bancos, la segunda es que los riesgos que enfrenta el sistema financiero también están cambiando.

Las variables tradicionales —inflación, crecimiento, tasas de interés, liquidez, tipo de cambio y solvencia bancaria— siguen siendo fundamentales. Sin embargo, el reporte de junio de 2026 concede mayor importancia a los riesgos derivados del entorno internacional, la infraestructura tecnológica y la transformación digital del sistema financiero.

En el frente externo, Banco de México identifica como principales amenazas un agravamiento de los conflictos geopolíticos, condiciones financieras internacionales más restrictivas, un menor crecimiento global y la posible materialización de eventos con repercusiones sistémicas. La experiencia reciente demuestra que un conflicto internacional puede modificar los precios de la energía, las expectativas de inflación y el costo del financiamiento para empresas y familias mexicanas.

El reporte también enfatiza la continuidad operativa y la ciberseguridad. En una economía donde millones de pagos dependen de plataformas digitales, una falla tecnológica o un ataque informático pueden convertirse en riesgos para la estabilidad financiera. Por ello, el banco central subraya la necesidad de fortalecer la resiliencia de la infraestructura crítica y anticipar amenazas cada vez más sofisticadas.

Algo similar ocurre con la inteligencia artificial. Banco de México reconoce su potencial para mejorar la eficiencia y la gestión de riesgos, pero advierte que una excesiva concentración en proveedores, modelos o plataformas tecnológicas podría convertirse en una fuente de vulnerabilidad operativa para el sistema financiero.

El cambio climático también forma parte de esta nueva agenda. Los fenómenos meteorológicos extremos y los riesgos asociados a la transición energética pueden afectar la capacidad de pago de empresas y hogares, modificar el valor de los activos e incidir sobre la estabilidad de las instituciones financieras.

Al mismo tiempo, los riesgos tradicionales tampoco han desaparecido. Uno de los focos amarillos que identifica el reporte se encuentra en el crédito al consumo. Banco de México advierte que la morosidad aumentó respecto al reporte previo en todos los segmentos de esta cartera, siendo los préstamos personales el rubro con el deterioro más evidente. El banco central también señala que este comportamiento es particularmente visible entre los acreditados de menores ingresos y que, en algunas instituciones, responde a deficiencias en los procesos de originación y evaluación del riesgo crediticio.

Aunque el problema permanece acotado y no representa una amenaza sistémica, sí refleja una mayor vulnerabilidad financiera en una parte de los hogares mexicanos. No deja de llamar la atención que actualmente el crédito al consumo se acerque ya a los dos billones de pesos y que lleve cuatro años creciendo a un ritmo superior al financiamiento destinado a empresas o vivienda. Al mismo tiempo, la economía mexicana apenas ha crecido 1.2% durante el primer semestre de 2026, mientras que una familia de cuatro integrantes necesita en promedio alrededor de 19 mil 500 pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas sin caer en pobreza por ingresos. En ese contexto, resulta razonable pensar que, para muchas familias, el crédito ha dejado de ser una herramienta para adelantar consumo y comienza a utilizarse para compensar la pérdida de poder adquisitivo.

En ese mismo sentido, en su reporte, el Banxico también reconoce que durante el primer semestre de 2026 aumentaron tanto el riesgo macroeconómico como el riesgo asociado al apalancamiento del sistema financiero. En otras palabras, los riesgos tradicionales no sólo siguen presentes, sino que hoy se desarrollan en un entorno internacional más incierto y complejo.

No obstante lo anterior, y frente a este escenario, las pruebas de estrés muestran que la banca mexicana conserva capital suficiente para absorber choques severos. Esa es una buena noticia, pero no el principal mensaje del reporte. Su importancia radica en mostrar que la estabilidad financiera ya no depende únicamente de la fortaleza de los bancos, sino de la capacidad del sistema para adaptarse a un entorno cada vez más complejo, digital e interconectado.

Conclusiones

El Reporte de Estabilidad Financiera 2026 deja un mensaje que va mucho más allá de confirmar que la banca mexicana permanece bien capitalizada. El sistema financiero sigue siendo sólido, pero su estabilidad ya no depende únicamente de la fortaleza de los bancos. También descansa sobre la resiliencia de la infraestructura tecnológica, los sistemas de pago, la continuidad operativa y la capacidad para gestionar riesgos cada vez más complejos.

Lejos de anticipar una crisis, el reporte muestra cómo la agenda de estabilidad financiera ha evolucionado para responder a un sistema cada vez más digital, interconectado y expuesto a nuevos riesgos. La geopolítica, la ciberseguridad, la inteligencia artificial y el cambio climático ya forman parte del análisis cotidiano del banco central, sin desplazar los riesgos macroeconómicos tradicionales.

Mientras buena parte de la discusión pública sigue concentrándose en la inflación, las tasas de interés o el tipo de cambio, Banco de México está observando un panorama mucho más amplio. Entender esa evolución será indispensable para empresas, inversionistas y autoridades, porque la estabilidad financiera del futuro dependerá tanto de la solidez de los bancos como de la resiliencia de toda la infraestructura que permite que el dinero siga circulando.

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Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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