El impacto causado por la expansión monetaria en México

Desde hace muchos años, desde tiempos de los Mercantilistas (Siglos XVI al XVIII), se ha analizado el  impacto que tiene la cantidad de dinero en circulación en el crecimiento económico y en el nivel de  precios. La teoría cuantitativa del dinero, que estipula que M*V = P*Q (donde M es la cantidad de dinero, V la velocidad de circulación del dinero, P el nivel de precios y Q el nivel de producción) data de 1556 y desde entonces se ha señalado que dado que la velocidad del dinero y el nivel de producción son relativamente fijos en el corto plazo, cualquier incremento en la cantidad de dinero (M) se traducirá en un aumento del nivel de precios (P).

Teniendo esto en mente, es pertinente hacer mención de la enorme expansión monetaria que ha registrado Estados Unidos en lo que va del siglo XXI. De acuerdo con los Datos Económicos del Banco de la Reserva Federal (FRED por sus siglas en inglés), el agregado monetario M1 de Estados Unidos pasó de 1.095 billones de dólares en enero de 2001 a 18.059 billones en enero de 2021, lo que representa un incremento de 1,549.2%. Por su parte, el agregado monetario M2 de dicho país pasó de 4.971 billones de dólares en enero de 2001 a 19.350 billones de dólares en enero de 2021, lo que representa un aumento de 289.2% en términos nominales.

Cabe señalar que M1 es el agregado monetario compuesto por instrumentos altamente líquidos en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero (incluye billetes y monedas emitidos por el banco central, así como depósitos de exigibilidad inmediata en bancos y entidades de ahorro y crédito popular). Por su parte, el agregado monetario M2 está integrado por el M1 más los instrumentos monetarios a plazo en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero (incluye la captación con un plazo residual de hasta 5 años en bancos, entidades de ahorro y crédito popular, y uniones de crédito; las acciones de los fondos de inversión de deuda; y los acreedores por reporto de valores).

El enorme incremento de la cantidad de dólares en circulación (medido a través de M2) en nuestro vecino del norte, si bien no ha causado problemas inflacionarios, si ha provocado un enorme incremento en los precios de diversos activos como los precios de acciones, viviendas, criptomonedas, obras de arte, entre muchas más. En el 2020, pese a que el PIB de Estados Unidos cayó -3.5%, derivado de que su M2 creció en 23.62%, es que vimos que el precio del Bitcoin subió 301%, el índice Nasdaq 100 aumentó 48.6%, los commodities aumentaron 13.8%, etc. El fuerte incremento nominal en la cantidad de dólares en circulación ha llevado a los más temerarios, como Michael Burry (les sugiero ver la  película “La Gran Apuesta”) a afirmar que los Estados Unidos se aproximan a un eventual colapso del dólar porque tendrán un episodio de hiperinflación similar al de la Alemania de Weimar (1921-1923).

Para los más moderados, el fuerte aumento de la cantidad de dólares en circulación no es un asunto que represente mayor problema, ya que en buena medida se explica por el hecho de que el dólar estadounidense es la moneda más utilizada para el comercio internacional, y es por ello que en la medida en que ha aumentado el volumen y valor del comercio mundial, pues debe crecer también la cantidad de dólares en circulación. Para ellos, mientras la inflación siga estando baja (en febrero de 2021 fue de 1.7% anualizada) y haya capacidad instalada ociosa, difícilmente habrá un escenario en el que la inflación se salga de control. Sin embargo, no deja de llamar la atención que las expectativas de inflación a un año de los consumidores siguen estando por encima del 3.0%, concretamente en 3.1%.

Con todo esto en mente, en esta entrega analizamos cuál ha sido la evolución de los componentes monetarios M1 y M2 en México y veremos si es sólo Estados Unidos quien ha emprendido una política de aumento desmedido de la oferta monetaria en lo que va del Siglo XXI.

De acuerdo con cifras del Banco de México, el agregado monetario M1 pasó de 524.8 miles de millones de pesos (mmdp) corrientes en enero de 2001 a 5.588 billones de pesos en enero de 2021, lo que implica un incremento nominal de 964.9% (esto implica una tasa de crecimiento promedio anual de 12.6%); por su parte, el agregado monetario M2 pasó de 1.776 billones de pesos en enero de 2001 a 10.444 billones de pesos en enero de 2021, lo que implica un incremento nominal de 488.0% (tasa de crecimiento promedio anual de 9.3%).

Estos datos dejan en claro que en relación a M1 el crecimiento registrado por el peso mexicano ha sido inferior al observado por el dólar estadounidense, pero al analizar lo sucedido con el agregado monetario M2, vemos que el incremento observado por el peso mexicano es considerablemente mayor al registrado por el dólar de EE.UU. Esto llama poderosamente la atención, ¿cómo es que México ha aumentado más su agregado monetario M2 que Estados Unidos si el peso mexicano no es una moneda de reserva ni es utilizada para las operaciones de comercio exterior?

Habiendo dicho lo anterior, ahora es pertinente preguntarse qué pasó con el PIB y el nivel de precios en nuestro país en el periodo de 2001 a 2021. Vemos que el PIB nominal pasó de 6.972 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2001 a uno de unos 24.706 billones de pesos corrientes en el primer trimestre de 2021 (este último dato es el pronóstico de GAEAP). Esto implica que sin tomar en cuenta la inflación (es decir, analizando el PIB en pesos corrientes), el valor de la producción de bienes y servicios en México habría crecido aproximadamente 254.3% entre 2001 y 2021.

Esto mientras que el PIB real, o ajustado por inflación, sólo habría crecido aproximadamente 36.63% en los 20 años de 2001 a 2021, cifra equivalente a una tasa de crecimiento anual promedio de apenas 1.57%. De lo anterior se infiere que el mayor impacto de la expansión monetaria no fue en la tasa de crecimiento de la producción real, sino en la inflación, tanto de bienes como de activos (como los precios de las acciones). De hecho el crecimiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) entre enero de 2001 y el mismo mes de 2021 fue de 126.9%, lo que implica una tasa promedio de inflación en el periodo de 4.18%, tasa muy superior a la del crecimiento del PIB real en el periodo, de apenas 1.57%.

Otro aspecto relevante de la discusión del impacto de la cantidad de dinero en circulación es su efecto en las tasas de interés. Los datos sugieren que el nivel de la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) a plazo de 28 días se mueve más en función de lo que pasa con el INPC (el coeficiente de correlación entre la tasa de inflación y el nivel de la TIIE a 28 días es de 0.63 para el periodo de enero de 2001 a enero de 2021) que con respecto a lo que ocurre con M2. Los datos del Banxico nos permiten identificar siete periodos de baja y alza en las tasas de interés en los últimos 20 años: 1. De enero de 2001 a julio de 2003, cuando la TIIE bajo de 18.12% a 4.97% (duración de 30 meses); 2. De julio de 2003 a abril de 2005, cuando la TIIE subió de 4.97% a 10.12% (21 meses); 3. De abril de 2005 a julio de 2006, cuando la TIIE bajó de 10.12% a 7.30% (15 meses); 4. De julio de 2006 a noviembre de 2008, cuando la TIIE subió de 7.30% a 8.74% (28 meses); 5. De noviembre de 2008 a agosto de 2014 cuando la TIIE bajó de bajó de 8.74% a 3.29% (69 meses); 6. De agosto de 2014 a enero de 2019 cuando la TIIE subió de 3.29% a 8.56% (53 meses); y 7. De enero de 2019 al actual febrero de 2021, cuando la TIIE bajó de 8.56% a 4.36% (24 meses).

Si analizamos la tasa de crecimiento nominal del agregado monetario en cada uno de estos periodos y lo comparamos con el nivel de la TIIE a 28 días vemos que el coeficiente de correlación es de -0.46, lo que confirma que el incremento de la cantidad de dinero en circulación está asociado a movimientos en la TIIE a 28 días. Esto puede sonar como una obviedad, pero es una conclusión relevante porque confirma que la TIIE se mueve en función de dos elementos: la evolución de los precios y de lo que sucede con el agregado monetario M2. Los datos muestran, por ejemplo que en el periodo de abril de 2005 a julio de 2006 la TIIE bajó de 10.12% a 7.30% y en ese periodo M2 aumentó 1.31% mensual, en contraste con el periodo de agosto de 2014 a enero de 2019 cuando la TIIE subió de 3.29% a 8.56%, M2 sólo creció 0.66% mensual en promedio.

La conclusión de todo esto es que México también ha tenido una importante expansión de sus agregados monetarios M1 y M2, pero con escaso impacto en el nivel de producción. Por el contrario, parece que el excesivo crecimiento de la cantidad de dinero en circulación sirve para tres cosas: 1. Alimentar una creciente economía informal; 2. Perpetuar un problema inflacionario, que además nos ocasiona una depreciación crónica del peso frente al dólar; 3. Mantener en constante aumento el precio de diversos activos como precios de acciones y de viviendas.

Si nos centramos en el aspecto de inflación de precios, la realidad es que el desempeño del Banco de México, con todo y su autonomía, en cuanto a mantener una inflación a raya no siempre ha sido el mejor (¿O le aplaudimos al Banxico por ese 126.9% de inflación en los últimos 20 años?). Es verdad que el gobierno federal no le ha ayudado con los gasolinazos y porque subsisten múltiples problemas estructurales que causan alzas de precios, pero no podemos dejar de señalar que llama mucho la atención que mientras que el agregado monetario M2 creció en los últimos 20 años en EE.UU. en 289.2%, en México se disparó  488.0%. Allá la expansión monetaria si es noticia, en México no lo es.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Un “súper peso” detenido por alfileres (tasas de interés)

Ha transcurrido un año desde que Andrés Manuel López Obrador ganó la elección por la Presidencia de la República el 1 de julio de 2018. Desde ese día hemos presenciado algunas decisiones gubernamentales que han mermado la confianza empresarial, lo que ha frenado la tasa de crecimiento económico e inclusive ha ocasionado la degradación de la calificación de la deuda soberana de México. De igual manera, vivimos la incertidumbre respecto a la renegociación del TLCAN y posteriormente las complicaciones para la aprobación del T-MEC en el Congreso de los Estados Unidos. También hemos sido agredidos verbalmente con amenazas arancelarias por parte del presidente estadounidense, quien recientemente nos ha convertido en su principal instrumento de control migratorio. Todo esto ha ocasionado episodios temporales de volatilidad en el tipo de cambio. En esta entrega analizamos el comportamiento de la paridad peso-dólar en el último año y explicamos la razón de la “fortaleza” del peso a pesar de las malas noticias y la interminable incertidumbre política y económica en la que vivimos.

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Con datos del Pacific Exchange Rate Service de la Universidad de British Columbia, vemos que en el último año, una de las monedas que más se apreció frente al dólar estadounidense fue precisamente el peso mexicano, al haber pasado de un promedio de 20.392 pesos por dólar en junio de 2018 a uno de 19.034 pesos por dólar en junio de 2019, lo que implica una disminución del precio del dólar de -5.1% y ubica al peso mexicano como la divisa de mejor desempeño del grupo de las 10 más importantes a nivel global.

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A la par de ese buen desempeño frente al dólar estadounidense, durante ese mismo periodo, el peso mexicano también se fortaleció frente a las principales monedas del mundo, como se muestra a continuación (en paréntesis se indica el porcentaje de apreciación del peso frente a cada divisa): dólar australiano (13.60%), won de Corea del Sur (12.77%), yuan chino (12.31%), dólar de Nueva Zelanda (10.71%), libra esterlina (10.38%), euro (8.86%), dong de Vietnam (7.67%), rublo ruso (7.46%), dólar canadiense (6.58%), franco suizo (5.11%), dólar de Hong Kong (5.04%) y yen japonés (3.40%). Queda claro pues que en el balance posterior a un año el peso tiene ahora una posición que previo a las elecciones presidenciales.

De igual manera, haciendo el análisis con datos mensuales vemos que en el periodo de enero de 2018 a lo que llevamos de julio de 2019, el peso mexicano exhibe una volatilidad media en comparación con otras monedas en su cotización frente al dólar estadounidense. En GAEAP calculamos la desviación estándar de cada moneda y la dividimos entre su cotización promedio del periodo y obtuvimos los siguientes valores (en paréntesis se indica el cociente obtenido): dólar de Hong Kong (0.2%), dong de Vietnam (1.1%), yen japonés (1.8%), franco suizo (2.1%), dólar canadiense (2.2%) peso mexicano (2.7%), won coreano (3.1%), euro (3.3%), libra esterlina (3.4%), yuan chino (3.5%), dólar neozelandes (3.6%), dólar australiano (4.1%) y real brasileño (6.9%).

Tipo de cambio

Lo anterior significa que si bien en México hemos vivido episodios de volatilidad en momentos de mayor incertidumbre económica y política, esta volatilidad es menor a la que han registrado otras divisas como el euro o el real.

¿A qué se debe la “fortaleza” del peso y su buen desempeño? Las cifras oficiales dan cuenta de que no se debe a que nuestra economía esté en una posición de solidez por su crecimiento económico o por tener un superávit en su cuenta corriente de la balanza de pagos. El peso ha estado fuerte básicamente por lo elevadas que están las tasas de interés en nuestro país. Y es que de las economías más importantes del mundo, la de México es la que paga las mayores tasas de interés, siendo la tasa objetivo del Banco de México de 8.25% en la actualidad. Claro, hay casos como el de Turquía, que paga actualmente un interés del 24.0%; pero de ahí en más tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica la tasa de interés actual fijada por el banco central): Rusia (7.5%), Sudáfrica (6.75%), Brasil (6.5%), Indonesia (6.5%), India (5.75%), China (4.35%), Arabia Saudita (3.0%), Estados Unidos (2.5%), Chile (2.5%), República Checa (2.0%), Corea del Sur (1.75%), Canadá (1.75%), Nueva Zelanda (1.5%), Polonia (1.5%), Noruega (1.25%), Australia (1.0%). Hungría (0.9%), Gran Bretaña (0.75%), Israel (0.25%), Dinamarca (0.05%), Europa (0.0%), Japón (-0.1%), Suecia (-0.25%) y Suiza (-0.75%).

Tasas de interés

Si usted fuera un inversionista internacional y dados estos valores de tasa de interés ¿a usted en qué país le gustaría invertir? Desde luego que México es una alternativa atractiva, ya que aún conserva su calificación de deuda soberana en la categoría de “grado de inversión”. Mientras que en los Estados Unidos un bono a un mes paga actualmente una tasa anualizada de 2.26%, los Cetes a 28 días en México pagan 8.10%, por lo que queda claro que el diferencial de tasas es muy elevado. En una entrega anterior había explicado que cualquier riesgo de la inversión por motivo de la depreciación del peso se puede cubrir comprando coberturas cambiarias, por lo que nuestro país sigue representando una magnifica alternativa para los inversionistas internacionales (claro a costa de los bolsillos de los mexicanos como veremos a continuación).

Estas elevadas tasas de interés, si bien ayudan a mantener el tipo de cambio estable porque son el imán que atrae capitales golondrinos, son también en parte causa de la desaceleración económica del país ya que han afectado la inversión productiva. La contracción del sector construcción, la caída en la venta de automóviles y la disminución en la adquisición de maquinaria y equipo por parte de empresas, en buena medida fue ocasionada por las fuertes alzas en la tasa de interés por parte del Banco de México, organismo que llevó su tasa de interés objetivo de 3.0% en diciembre de 2015 hasta el actual 8.25%. Y de igual manera, el hecho de que ahora familias, empresas y gobiernos en México paguen mucho más por sus créditos, es producto de las decisiones del banco central mexicano en su lucha contra la inflación. En este sentido cabe recordar que gran parte de la inflación que el Banxico ha combatido fue causada por el propio gobierno federal en la administración anterior con los interminables gasolinazos.

Mucho se ha especulado respecto a cuándo llegará el momento en el que el Banxico comenzará a bajar su tasa de interés objetivo. Los analistas del grupo financiero Citibanamex especulan que esto comenzará en septiembre de este año, pero aunque eso suceda, se prevé que las bajas serán muy lentas de manera que tal vez en diciembre de 2020 dicha tasa se ubique en 7.50%. Claro que este escenario está sujeto a que la inflación se mantenga dentro del rango tolerable para el banco central que es de 3.0% +/- un punto porcentual (la inflación anualizada a la primera quincena de junio fue de 4.0%). Si la inflación cierra este año en torno a 3.85%, entonces habrá espacio para estas pequeñas bajas marginales en la tasa de interés en México.

Debemos señalar que la lentitud en la regularización de la política monetaria en México (llevar la tasa de interés a un nivel “neutro”) se debe a que el Banco de México tiene pánico de que una baja inoportuna en su tasa de interés objetivo se traduzca en movimientos desordenados del tipo de cambio.

Es bien sabido que México depende de la entrada de inversión extranjera de cartera para mantener su equilibrio externo, por lo que una baja en la tasa de interés que ocasione una caída en la entrada de divisas al país, hará que la demanda de dólares en México sea mayor que la oferta y con ello el dólar podría subir de manera considerable y con ello volveríamos a sufrir problemas inflacionarios.

mexico-china_69_cuadradaDado lo anterior, y para evitar ser tan dependientes de la entrada de inversión extranjera de cartera, es importante que se trabaje en otros flancos como lo es la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, así como buscar equilibrar nuestro desequilibrio comercial con los países asiáticos. El tema del déficit comercial con las naciones asiáticas lo he abordado en anteriores entregas, pero hay que recordar que en el año 2018 dicho déficit fue de -135.803 miles de millones de dólares.

Para lograr lo anterior, es fundamental dos cosas: primero, se debe modificar la Ley Aduanera para que se le den más facultades a las autoridades para desechar el valor de las mercancías a ser importadas cuando éstas estén claramente subvaluadas; y segundo, se debe hacer una exhausta revisión de la política arancelaria de México con el fin de obtener concesiones de países asiáticos. Y pues cosas como los compromisos unilaterales de México de bajar aranceles a cambio de nada (como lo es el caso de los sectores textil, vestido y calzado), deberían posponerse de manera indefinida.

México necesita ser menos dependiente de las entradas de capitales internacionales. El costo de la entrada de dichas divisas ha sido muy elevado para todos, pero seguiremos siendo dependientes en la medida en que no implementemos medidas para tener cuentas externas más sólidas, y eso no lo lograremos mientras sigamos siendo inundados de productos asiáticos subvaluados que perjudican la planta productiva nacional y mientras mantengamos ese fuerte desequilibrio comercial con los países asiáticos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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China en la siguiente recesión global y cómo afectará a México

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Las complicaciones económicas de China tendrán un impacto en la economía mexicana

Las probabilidades de enfrentar una desaceleración económica global en 2019 van en aumento. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial será de 3.7% en dicho año, pero la semana que recién concluye, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) publicó que estima que el año que viene el PIB global crecerá apenas 3.5%.

Uno de los factores que inciden en el pesimismo respecto al desempeño económico para el año que viene es la desaceleración de la economía de China, la segunda más grande del mundo. De acuerdo con el banco de inversión UBS, si la guerra comercial que sostiene con Estados Unidos se recrudece, su tasa de crecimiento económico podría caer hasta 5.5%, lo que de materializarse sería la tasa más baja en casi tres décadas. Por su parte, para Goldman Sachs, la tasa de crecimiento del PIB chino podría caer a 6.2% en la medida en que su economía enfrenta la presión de la disputa comercial, así como vientos en contra internos derivados de un menor dinamismo en su mercado inmobiliario y altos niveles de deuda.

Cabe recordar que este año la administración del presidente, Donald Trump, ha impuesto aranceles a prácticamente la mitad de las importaciones estadounidenses de productos chinos, y está programado que dichos aranceles aumentarán a 25% a partir del 1 de enero de 2019 para unos 200 mil millones de dólares de productos fabricados en China. El gigante asiático ha respondido con la imposición de sus propios aranceles a la importación de productos estadounidenses, lo que constituye una grave amenaza a casi tres décadas de expansión sin restricciones.

En este contexto, naciones orientadas al comercio internacional y sus monedas, tales como Taiwan y Singapur, probablemente enfrenten mayor presión conforme el impacto de los aranceles estadounidenses aplicados a China se abre paso a lo largo de las cadenas de suministro asiáticas. En este sentido cabe señalar que de acuerdo con el economista Mahamoud Islam, de la compañía de seguros de crédito Euler Hermes, se espera que el comercio mundial crezca 3.8% este año y que dicha tasa baje hasta 3.6% en 2019. Estas cifras contrastan con el crecimiento del comercio internacional de 4.8% registrado en 2017.

Pero la principal pregunta que subyace en el armado de pronósticos económicos para el año 2019 es qué tanto más el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) continuará aumentando su tasa de interés de fondos federales y qué tanto esto provocará mayores restricciones monetarias a nivel mundial. En el caso de México ya tenemos una tasa objetivo del Banco de México de 8.0%, nivel considerado como un peligro para la inversión productiva y para la adquisición de bienes de capital.

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El endurecimiento de la política monetaria estadounidense ocasiona mayores costos a países deudores en dólares.

El alza en la tasa de interés por parte de la FED es especialmente importante cuando se considera que la suma de deudas en dólares fuera de los Estados Unidos asciende a 12 billones de dólares (12 trillion en inglés), lo que implica un incremento respecto a los 9 billones registrados en 2013. Con estas cifras uno puede imaginarse el impacto que tiene en el costo financiero global cada vez que la FED decide aumentar su tasa en un cuarto de punto porcentual. Cabe señalar que la deuda externa del sector público de México, al mes de septiembre de 2018, es de 201.8 miles de millones de dólares. De ese tamaño es nuestra exposición (por parte del sector público) a lo que suceda con el precio del dólar y sus tasas de interés.

Lamentablemente para las condiciones crediticias en México y el mundo, se espera que la FED aumente la tasa de interés, por novena ocasión desde 2015, este próximo diciembre. Este hecho presionará al Banco de México a realizar un nuevo aumento en su tasa de interés objetivo a 8.25%; pero el problema es que al parecer aquí no concluirá el ciclo alcista de tasas de interés. Muchos economistas esperan hasta cuatro incrementos adicionales a lo largo de 2019. Estos aumentos son esperados, no tanto porque exista un problema inflacionario, sino como una medida para disminuir la liquidez del dólar a nivel mundial. Será entonces hasta el 2020, cuando Estados Unidos pudiera entrar en una recesión, que pudiéramos ver estabilidad en su tasa de interés e inclusive una disminución en éstas.

Con este escenario de fondo, los líderes empresariales y analistas tienen altas esperanzas de que China y los Estados Unidos puedan llegar a un acuerdo comercial una vez que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reúnan en Buenos Aires la siguiente semana en el marco del encuentro de líderes del G20. Para otros analistas, no debemos esperar mucho de dicha reunión, ya que el vicepresidente estadounidense, Mike Pence y el presidente Xi se culparon mutuamente, la semana pasada, de ser responsables de la guerra comercial.

La guerra comercial ha ocasionado la caída de la moneda china y el tipo de cambio se acerca al nivel sicológico de 7 yuanes por dólar. La pregunta que se hacen muchos observadores es si el gobierno chino tomará acciones para apoyar su moneda en un contexto de un debilitamiento económico interno.  Para algunos, toda China depende de la evolución de la guerra comercial. Si ésta escala, como muchos piensan que sucederá, lo más probable es que veremos un yuan cada vez más débil respecto al dólar. Esto tiene implicaciones para la competitividad relativa de México frente a China (y por lo tanto, del precio promedio de importaciones originarias de dicha nación). En junio de este año un yuan costaba 3.1394 pesos, mientras que para octubre su precio bajó a 2.7734 pesos y al momento de escribir estas líneas se cotiza en 2.9472 pesos. Sea como sea, las importaciones de origen chino hoy cuestan más baratas que a mediados de este año.

Un aspecto por demás importante es que conforme el crecimiento económico de China comenzó a disminuir a lo largo de este año, el gobierno chino desistió de sus esfuerzos por disminuir la deuda corporativa, los cuales había comenzado a finales de 2016, particularmente en el sector financiero. Algunos analistas han dicho que esos esfuerzos por desapalancarse podrían suspenderse hasta que la economía dé muestras de un fortalecimiento.

De acuerdo con un artículo de Panos Mourdoukoutas, titulado “La deuda, no la guerra comercial, es el problema más grande de China”, el autor señala que la guerra comercial entre China y Estados Unidos creó bastante ansiedad en los mercados financieros. Pero ésta llegará eventualmente a su fin tarde o temprano, así como Washington ya dio por terminada la guerra comercial con México y Canadá. Pero lo que Washington no puede hacer es terminar el problema de deuda de China, lo que puede ser un gran problema para la propia China y la economía global.

Es verdad que Estados Unidos tiene un problema de deuda pública, ya que ésta representa el 105.4% de su PIB. De igual manera, Japón tiene un problema de deuda pública al representar ésta el 250% de su PIB. Estos son números gigantescos, pero son bien conocidos, y en un mercado eficiente esto provoca entonces que los rendimientos y los precios de la deuda en ambos países reflejen correctamente las primas de riesgo para los inversionistas, pero esta no es la situación con la deuda de China.

Oficialmente, la de China es una deuda pública razonable que representa el 47.6% de su PIB, pero de manera extraoficial es difícil saber el verdadero tamaño de su deuda, y esto se debe a una buena razón: el gobierno es tanto el acreedor como el deudor. Una rama del gobierno le presta a otra (bancos propiedad del gobierno le prestan dinero a las empresas propiedad del estado, por ejemplo).

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Estimaciones extra oficiales ubican la deuda publica y privada de China en una cantidad equivalente al 300% de su PIB.

Es así que surgen algunas estimaciones extra oficiales, como el del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés), que la semana pasada publicó que la deuda total de China respecto a su PIB es del 300%. Este problema no pudo haber sido mejor expresado, que de la manera en que lo plasmó Bloomberg en una nota de septiembre de este año: “ha sido llamada una montaña, una película de terror, una bomba y un camino al infierno. Para los pesimistas, la deuda total pública y privada de China (equivalente a) 34 billones de dólares (34 trillion en inglés) esta es una amenaza explosiva para la economía global”. Como ya se mencionó, lo grave es que este aumento en la deuda china llega en un momento en el que su economía se desacelera.

Kevin Lai, economista en jefe para Asia de la firma Daiwa Capital Markets, señala que la deuda masiva de China ha sido por mucho tiempo un dolor de cabeza para Pekín, pero es el creciente apalancamiento externo del dólar estadounidense en China lo que se ha subestimado y lo que podría ocasionar una crisis financiera mayúscula. La deuda de 3 billones de dólares (3 trillion en inglés) vuelve a China muy vulnerable debido a las restricciones monetarias de la FED en la forma de alzas en la tasa de interés de fondos federales, además de la debilidad del yuan y la guerra comercial con Estados Unidos.

Queda claro entonces que la deuda de China en dólares representa el 25% de toda la deuda global en dólares fuera de los Estados Unidos. Esta enorme dependencia con el dólar, en un marco de alza en las tasas de interés estadounidenses y un yuan débil, ahora en día rozando los 7 yuanes por dólar, podría complicarle las cosas bastante a China. De hecho, existe la posibilidad de que si no hay acuerdo entre Trump y Jinping en Argentina, que ponga fin a su guerra comercial, el dólar podría superar la barrera sicológica de los 7 yuans por dólar y veríamos entonces a la moneda china devaluarse aún más.

¿Por qué es esto relevante para México? Pues porque con un yuan relativamente fuerte, hemos sido inundados por productos chinos y hemos sufrido un creciente y crónico déficit comercial con China, entonces imaginemos que pasará con un yuan crónicamente débil. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con cifras del INEGI, en los primeros nueve meses de 2017 México registró un déficit comercial con China de -48.871 miles de millones de dólares (mmdd) y en los mismos meses de 2018, dicho déficit es de -55.604 mmdd, lo que implica que en el último año nuestro desequilibrio comercial aumentó en un preocupante 13.8%. ¿Qué clase de déficit comercial vamos a tener si un yuan llegara a costar 2.50 pesos o menos?

Este tema da para mucho más análisis pero por cuestiones de espacio, hasta aquí dejo mi comentario. Sólo resta mencionar que aunado a la ceremonia de firma del T-MEC por parte de los presidentes de México y Estados Unidos, así como de primer ministro de Canadá; el otro evento relevante de la cumbre del G20 en Argentina, será entonces el encuentro entre Trump y Xinping. Por el bien de México y el mundo, ojala que después de su encuentro veamos que pronto darán por terminada su guerra comercial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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La inflación la causa el gobierno y todos la pagamos

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La inflación anualizada en agosto fue de 4.9%, y con eso ya se ligan 20 meses en que la inflación ha estado por encima de la meta del Banxico

Uno de los mayores retos que enfrenta la economía nacional es el de abatir la inflación, ya que ésta ha sido la causante de que los avances que se dieron al principio del sexenio en materia de ingresos promedio de la población ocupada se vieran nulificados. La inflación empobrece a la población, erosiona los ahorros y genera importantes distorsiones en la economía.

El INEGI recién informó que durante agosto la inflación anualizada en México fue de 4.9%, nivel casi un punto porcentual por encima del objetivo del Banco de México, de 3.0% con un margen de variación de +/- un punto porcentual.  Esta tasa de inflación es superior al 4.5% registrado en mayo de este año y en esta entrega veremos que es lo que provoca que el banco central no pueda cumplir su meta. Cabe señalar que con el dato de agosto, se ligan 20 meses consecutivos en los que la inflación anualizada en México ha estado por encima del 4%. Esto es lo que nos ha ocasionado un constante apretón monetario por parte del Banco de México, cuyo mandato constitucional es preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional, aunque se dé al traste con el crecimiento económico.

El nuevo dato de inflación ha generado muchos comentarios en el sentido de que en la próxima reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, programada para el 4 de octubre, se anunciará una nueva alza en la tasa de interés objetivo del banco central para llevarla a un nivel de 8.00% desde el actual 7.75%. Cabe recordar que este ciclo alcista en la tasa de interés del Banxico inició el 17 de  diciembre de 2015, cuando dicha tasa subió de 3.0% a 3.25%, y desde entonces se han registrado 12 aumentos adicionales.

La muy probable alza en la tasa de interés del banco central en octubre sería un error, ya que con ella no se va a lograr una reducción de la tasa de inflación, ya que como veremos a continuación, el alza de precios en buena medida es ocasionada por el gobierno.

Analizando a detalle el dato de la inflación de 4.9%, vemos que ésta tiene dos componentes. Por un lado está la inflación subyacente, la cual fue de 3.6%, y por otro lado está la inflación no subyacente, la cual fue de 8.8%. De la inflación subyacente, vemos que su componente de mercancías aumentó en  3.9%, mientras que el de servicios creció 3.4%. Queda claro que aquí no es donde se concentra el problema inflacionario que vivimos en México. En cuanto a la inflación no subyacente, tenemos que la de bienes agropecuarios fue de apenas 1.4%, mientras que la de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 13.7%.

Es así que queda claro que la inflación en México la está causando el gobierno con su política de precios para los energéticos y en especial de los combustibles. Una vez que concluyó el proceso electoral, el gobierno federal ha ido eliminando poco a poco el “subsidio” que se le daba a la gasolina mediante el menor cobro del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), y ahora ya el cobro del impuesto es prácticamente completo. En el caso de la gasolina Magna, el IEPS es de aproximadamente 3.27 pesos, mientras que el de la Premium es de 4 pesos y el del diésel es de 3.32 pesos.  Es así que aunque a nivel internacional ha bajado el precio de los combustibles, en México la gasolina no deja de subir, en la medida en que el gobierno federal nos cobra el IEPS completo, y esto es lo que ha ocasionado que el precio de la gasolina Magna ya esté cerca de los 20 pesos, mientras que la Premium se vende por encima de los 21 pesos por litro.

Con todo esto en mente, vale la pena preguntarse, ¿el subir la tasa de interés hará que baje el precio de la gasolina? La respuesta obviamente es no. Aunque suban la tasa de interés al 10% la gasolina no va a bajar de precio, pero si se causa un enorme daño a la economía, tal y como se muestra a continuación.

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El Banxico ha apretado fuerte la política monetaria para controlar la inflación, pero no ha tenido éxito.

Entre los múltiples problemas que causa el alza en las tasas de interés, tenemos la forma como se ha incrementado el costo financiero para familias, empresas y el gobierno.  Producto de las interminables alzas registradas en la tasa de interés objetivo del Banxico, las cuales iniciaron en diciembre de 2015, tenemos que la tasa de interés de los Cetes a 28 días subió de 3.14% en diciembre de 2015 a 7.73% en agosto de 2018, lo que implica un incremento de 146.2%; mientras que en el mismo periodo la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIEE) a 28 días pasó de 3.5475% a 8.1038%, lo que representa un aumento de 128.4%.

Claro que los bancos no se han limitado a subir el costo de muchos de sus créditos en 4.55 puntos porcentuales, que es lo que ha subido la TIIE en el periodo antes señalado. Tenemos los casos de tarjetas de crédito que han aumentado su tasa de interés hasta en 20 puntos porcentuales, con el pretexto de que el dinero ahora es más caro. Y pues producto de los mayores intereses que cobran a empresas y familias, es que los bancos nuevamente alcanzan su nivel más alto de utilidades, siendo éstas de 89 mil millones de pesos en los primeros siete meses de 2018, cifra 14.72% superior a las observadas en los mismos meses de 2017.

En el caso de las familias, también vale la pena señalar que el alza en las tasas de interés ocasiona problemas en los presupuestos de gastos, ya que al pagar más intereses por los créditos, hace que se destinen menos recursos para la compra de otros artículos como zapatos, ropa, salidas a comer, entre otros.

En cuanto al sector público, tenemos que de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda, en los primeros 7 meses de 2018 el costo financiero de la deuda del sector público fue de 364.385 miles de millones de pesos, cifra 107.17% más alta a la erogada en los primeros siete meses del año 2013. Aunque efectivamente se debe reconocer que parte de este incremento en el costo financiero de la deuda del sector público se debe a que en el periodo de diciembre de 2013 a julio de 2018 el saldo de la deuda neta del sector público pasó de 5.943 a 10.142 billones de pesos, lo que representa un aumento de 70.65%.

Finalmente, quiero señalar que también se ha mencionado que el Banxico debe subir su tasa de interés objetivo para estar en sincronía con lo que hace el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), institución que muy probablemente aumentará su tasa de interés de fondos federales en su próxima reunión. Se especula que la FED aumentará su tasa de interés porque la economía de Estados Unidos crece de manera vigorosa (4.2% el segundo trimestre de este año) y es prudente subir la tasa antes de que se presenten problemas inflacionarios.

Se nos dice que la razón para subir la tasa en México, si es que sube en los Estados Unidos, es para mantener el atractivo y mantener la entrada de divisas al país. Sin embargo, hay mucha evidencia que muestra que los movimientos en la tasa de interés en México dejaron de ser relevantes para la entrada de capitales y el nivel de tipo de cambio. Lo he dicho en varias ocasiones desde este espacio, y la realidad es que le ayuda más a México un mensaje positivo vía Twitter del presidente Donald Trump, que un alza de medio punto porcentual en la tasa de interés objetivo del Banxico.

Es así que esperemos que el Banco de México actúe con prudencia antes de recetarnos una nueva alza en la tasa de interés. Por otra parte, es preocupante que los combustibles no dejan de subir y la promesa del nuevo gobierno es que una vez que entren en funciones los aumentos a los energéticos estarán ligados a la inflación, lo que implica que en los próximos 6 años la gasolina aumentará en promedio un peso cada año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt