Diez tendencias que darán forma al consumo en 2022

Las perspectivas económicas de México continúan deteriorándose. El INEGI acaba de publicar los datos del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del mes de diciembre de 2021 y éstos apuntan a que la economía nacional volvió a caer en dicho mes. Se estima que entre diciembre de 2020 y el mismo mes de 2021, la actividad económica cayó -0.2%, producto de que si bien las actividades industriales crecieron 0.4%, el comercio y servicios retrocedieron -1.3%.  Con estos datos preliminares, lo más probable es que el Producto Interno Bruto (PIB) de México haya retrocedido -0.2% anualizado en el cuarto trimestre de 2021 y que entonces el resultado de todo el 2021 sea de un aumento del PIB de apenas 4.6%, lejos de la meta de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) de  un crecimiento de 6.3 por ciento.

En materia de la evolución de las industrias manufactureras, tenemos que en el acumulado al mes de noviembre de 2021, comparado con los mismos meses de 2019, el valor de la producción ya se recuperó en términos reales. De hecho ya hay 13 actividades manufactureras que presentan un valor de producción superior al que tenían en 2019, pero quedan 8 actividades muy dañadas que no se han podido recuperar. Las actividades manufactureras más rezagadas en su recuperación son (en paréntesis se indica el porcentaje de caída respecto a 2019): Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-8.5%); Fabricación de equipo de transporte (-13.5%); Fabricación de prendas de vestir (-21.2%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-21.2%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-26.2%).

Todos estos datos, y muchos otros más, confirman las dificultades por las que atraviesa el proceso de recuperación económica; son muy importantes, pero en esta ocasión (a solicitud de varios de mis lectores) prefiero no abordar la problemática macroeconómica sino enfocarme en cosas positivas y que puedan servir para la toma de decisiones de en los negocios.

Es así que en esta ocasión planteo algunas oportunidades de negocio en función de un artículo editorial de Ann-Marie Alcántara, publicado en el Wall Street Journal el pasado 17 de enero, y titulado “Diez tendencias que darán forma a la forma en que compramos, comemos y vivimos este año”. Si bien el artículo está enfocado en el consumidor norteamericano y europeo, me parece que hay cosas muy rescatables que aplican en el caso de amplios segmentos de consumidores mexicanos o latinoamericanos, y por eso me parece pertinente presentar los puntos más relevantes.

En el escrito de Ann-Marie Alcántara, plantea que en 2021 debemos prepararnos para un nuevo tipo de mesura por parte de los consumidores, a medida que muchos cambian sus hábitos de consumo comprando más artículos de segunda mano y se van solucionando los problemas de la cadena de suministro.

La autora toma como referencia el informe anual de tendencias de la firma de investigación de mercado Euromonitor International, mismo que indica que se espera que este año los consumidores se vuelvan  más moderados y sean más conscientes de sus comportamientos de gasto, buscando alternativas para comprar productos de formas menos tradicionales. Se pronostica lo que los consumidores valoran cada vez más y cómo las empresas deben adaptarse a esos comportamientos. Este año, los consumidores cambiarán sus gastos de manera sutil e incluso experimentarán con el metaverso.

Alison Angus, jefa de investigación de estilos de vida en Euromonitor dijo “Vemos que la clase media está en un periodo de reset y piensa más sus gastos, pero vemos que esto va mucho más allá: todo mundo es mucho más moderado”.

A continuación se presentan las 10 tendencias de consumo de Euromonitor para 2022:

1. Soluciones alternativas de la cadena de suministro

La escasez de productos y las interrupciones en las cadenas de abastecimiento de insumos y productos terminados, han provocado que los consumidores utilicen servicios de suscripción o comprar productos de segunda mano para encontrar lo que buscan. Las empresas deben adaptarse a los gustos de estas personas ofreciendo alternativas a los artículos. Los sistemas de filas virtuales presentan una oportunidad para que los compradores obtengan un lugar en la fila y esperen recibir un producto. Ofrecer productos en alquiler o reacondicionados es otra oportunidad para fidelizar clientes, al igual que tentarlos con artículos exclusivos o en preventa.

2. El cambio climático se convierte en lo más importante

La 26ª conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, también conocida como COP26, hizo que los consumidores pensaran en sus acciones cotidianas en relación con el cambio climático. Las personas buscan reducir el desperdicio de alimentos, reducir el uso de plástico y reciclar más. El 67% de los consumidores encuestados por Euromonitor afirmaron que intentaban hacer algo todos los días para tener un impacto beneficioso en el medio ambiente. El cambio climático y la sustentabilidad son tendencias que continuarán evolucionando desde años anteriores, pero en 2022, los consumidores más jóvenes tendrán un mayor impacto en sus pares, padres y abuelos.

3. Las personas mayores optimizan su vida digital

La pandemia obligó a muchas personas a ajustar sus comportamientos, como comprar comestibles en línea por primera vez. Esa tendencia fue especialmente popular entre las personas mayores. Ahora, este grupo de consumidores quiere continuar con su uso digital, y las empresas deben responder en consecuencia ofreciendo capacitación, soporte y fabricando productos que sean fáciles de usar. Para algunas empresas, puede significar hacer que una aplicación (app) o que su sitio web funcione de la misma manera en todos los tipos de dispositivos, como una computadora portátil o un teléfono inteligente.

4. Tomar el control de las finanzas

La inestabilidad de la pandemia hizo que muchos consumidores fueran más conscientes de sus finanzas, además de experimentar con inversiones y probar las criptomonedas.  Las empresas deben ofrecer formas de educar a los consumidores sobre sus servicios financieros o hacer que los productos sean más accesibles, como reducir el cobro de comisiones.

5. Priorizar los valores y objetivos personales

El 34% de las personas en la encuesta de 2021, prefirió gastar dinero en experiencias en lugar de productos, en comparación con el 27% de 2015. Las empresas deben abordar el cambio siendo flexibles a lo que los consumidores quieren, ya sea que éstos estén trabajando o en busca de una nueva oportunidad laboral. “El año pasado, hablábamos de que los consumidores reconsideraran sus prioridades y cómo quieren que sea su vida”, dijo la Sra. Angus.  “Este año… en realidad están haciendo los cambios”.

6. El metaverso cambia de experimento a realidad.

Los consumidores que se vieron obligados a llevar su vida en línea a través de videoconferencias o chats, ahora están cambiando su comportamiento para interactuar con los mundos y las comunidades digitales. Los conciertos virtuales, las ventas de tokens no fungibles (NFTs) y los avatares de vestimenta son comportamientos que los consumidores están aprovechando, y algunas empresas están conociendo a sus clientes allí, dijo la firma de investigación. “Ninguna empresa puede darse el lujo de no pensar en esto”, dijo la Sra. Angus. “Porque está sucediendo y los consumidores van allí”.

7. Los artículos de segunda mano pierden el estigma

Comprar artículos de segunda mano ya no está estigmatizado. Se ha convertido en una opción buscada por los consumidores que quieren tener artículos únicos o están comprando con un presupuesto limitado. Las opciones como las tarjetas de regalo o los programas de recompra que promueven comportamientos de compra de segunda mano por parte de los consumidores, están siendo esquemas exitosos. Las empresas deben satisfacer esta demanda, también atendiendo a los consumidores que desean regresar sus artículos a la tienda a cambio de un cupón o solicitar una reparación.

8. Los residentes de la ciudad optan por ventajas suburbanas y rurales

Las personas que se quedaron en las ciudades y no huyeron a los suburbios durante la pandemia ahora quieren algunas de las ventajas de vivir fuera de una ciudad, como tener acceso a espacios verdes. Otros quieren más servicios más cerca de sus hogares, y muchos todavía trabajan desde casa, dijo la firma de investigación. Las empresas deberían apuntar a acercar las tiendas y los servicios a los consumidores. “Hacer que todo sea accesible para los consumidores en 15 minutos”.

9. Indulgencia en el autocuidado y la felicidad.

El 56% de los consumidores esperan ser más felices en los próximos cinco años, afirmó la firma. Para alcanzar ese nirvana, las personas están comprando productos que ayudan a su mente y cuerpo, como productos de cannabis o cursos de meditación. Las experiencias de compra personalizadas, que pueden predecir las necesidades de un consumidor, se convertirán en un componente clave para llegar a estas personas.

10. Enfoques híbridos de socialización

A medida que continúa la pandemia, los consumidores se fragmentan: los que quieren volver a su vida normal y participar en actividades sociales, y los que siguen siendo cautelosos. Esto significa que las posibilidades híbridas, tales como las visitas digitales o el no cobrar tarifas por cancelación, pueden abordar las necesidades de los diferentes consumidores. Los productos y servicios deben volverse multifacéticos y fluidos para servir a esta base de consumidores dividida.

Como lo mencioné en los comentarios introductorios, estas tendencias pueden ser de utilidad para ajustar algunas de las estrategias de las empresas y mejorar así el desempeño de ventas. Dado el complicado entorno económico en el que estamos, es nuestra responsabilidad encontrar e implementar acciones que nos permitan tener un desempeño mejor que el de la competencia.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Para abajo en los pronósticos de crecimiento económico 2022

Derivado del crecimiento explosivo de los contagios de Covid-19, por la variante ómicron, así como por la persistencia de los problemas en las cadenas globales de suministros, escasez de insumos clave para diversos procesos manufactureros y cierre de actividades en China, es que a nivel mundial se han ajustado a la baja las expectativas de crecimiento económico. En México, por lo anterior y por los problemas que nos causamos a nosotros mismos, derivados de una ausencia de política económica que incentive la inversión productiva y el crecimiento económico, es que los recortes de las proyecciones son aún más pronunciados. En esta entrega revisamos lo que está sucediendo en el mundo, con especial interés en los Estados Unidos, y posteriormente vemos la situación de México.

El mundo

En una nota publicada en el Wall Street Journal (WSJ) del 11 de enero, titulada “Ómicron, problemas en la cadena de suministro desacelerarán el crecimiento, dice el Banco Mundial” y escrita por Josh Zumbrun, se menciona que dicho organismo internacional ha advertido que la economía global está a punto de desacelerarse este año debido al creciente número de enfermos por la variante Ómicron, la continuidad en las interrupciones en las cadenas de suministro, la escasez de mano de obra y la disminución de los apoyos económicos por parte de algunos gobiernos nacionales. Se espera que estos factores reduzcan el crecimiento económico al 4.1 % en 2022, por debajo del 5.5% observado en 2021, que tras la crisis de 2020 ha sido la tasa de crecimiento más alta en 80 años.

De acuerdo con el informe semestral Perspectivas económicas mundiales del Banco Mundial (BM), la tasa de crecimiento del PIB mundial se desacelerará aún más en 2023 con una tasa prevista de 3.2%. Y para los países en desarrollo (donde las tasas de vacunación son más bajas) advierte que en un momento en que los gobiernos de muchas economías carecen del espacio político y fiscal para apoyar la actividad económica (en caso de ser necesario), los nuevos brotes de Covid-19, los cuellos de botella persistentes en la cadena de suministro, las presiones inflacionarias y las elevadas vulnerabilidades financieras en grandes franjas del mundo, aumentan el riesgo de un aterrizaje forzoso en materia de crecimiento económico.

Los problemas antes mencionados también ocasionarán dificultades en los países desarrollados. El BM espera que el crecimiento del PIB de EE.UU. se desacelere a 3.7% desde un 5.6% en 2021; de igual manera, se proyecta que China se desacelere a 5.1% desde el 8.0% que habría crecido en 2021. Sin embargo, algunas economías podrán contrarrestar la tendencia y crecer con más fuerza en 2022, especialmente aquellas que permanecieron significativamente debilitadas durante la pandemia, como varias economías del sudeste y este de Asia. En este sentido, Japón, Indonesia, Tailandia, Malasia y Vietnam se encuentran entre los países que se espera que se fortalezcan en 2022.

En su informe, el BM proporcionó estimaciones del impacto de las interrupciones en las cadenas de suministro, que ha afectado más a los países más dependientes en el comercio exterior, mencionado que han suprimido el comercio internacional en un 8.4% y la producción industrial en un 6.9%, en comparación con la cantidad de actividad que habría ocurrido en un sistema internacional que funcionara normalmente. Para ilustrar esto tenemos que a mediados de 2021, el comercio mundial fue un 5% más alto que en diciembre de 2019, pero si no hubiera habido interrupciones en las cadenas de suministros, el comercio habría crecido un 13.40%, lo que habría permitido que el mundo hubiera entrado al 2022 con bases más sólidas.

El BM dijo que estima que los cuellos de botella en el suministro y la escasez de mano de obra se disiparán gradualmente a lo largo de 2022 y que en la segunda mitad del año, la inflación y los precios de las materias primas también disminuirían paulatinamente. La demanda subyacente de bienes duraderos, una fuerza que ejerce presión sobre las cadenas de suministro, probablemente se moderará a la par de la desaceleración de la economía mundial.

Estados Unidos

En una nota de Paul R. La Monica, publicada el 12 de enero en CNN Business y titulada “Si los precios siguen subiendo, un escenario de pesadilla para la economía estadounidense es una posibilidad real”, menciona que no se puede negar que la inflación está aquí, ya que los precios al consumidor aumentaron 7% en 2021. Los precios de energéticos y vivienda han seguido subiendo fuerte, pero la pregunta en la mente de muchos economistas y estrategas de Wall Street es si podría pasar algo aún peor, y la respuesta es si, ya que los precios suben a medida que la economía se desacelera.

Esa es la definición de libro de texto de estanflación, y sería la peor pesadilla para los consumidores, los inversionistas y el Banco de la Reserva Federal (FED). Sin mencionar al presidente Joe Biden y al resto del liderazgo del Partido Demócrata en Washington. Solo hay que preguntarle al ex presidente Jimmy Carter, quien perdió ante Ronald Reagan en la campaña para su reelección en 1980 cuando la economía sufría por el aumento de los precios de la gasolina.

Obviamente, la pandemia causó severas disrupciones en la economía estadounidense y contribuyó a las presiones inflacionarias, pero la realidad es que la producción de EE.UU. es ahora mayor y los puertos de dicha nación mueven un 27% más de bienes que antes de la pandemia. Para comenzar a resolver el problema inflacionario, el gobierno de EE.UU. debe reconocer que buena parte de la inflación es impulsada por el exceso de demanda que ellos mismos están ocasionando con sus diversos paquetes de estímulo y apoyo a sus ciudadanos. En ese sentido, es posible que ahora los problemas en la cadena de suministro son cada vez más el resultado de la inflación y no la causa de ésta.

En un artículo editorial publicado en el WSJ el 14 de enero, por parte de Jason Furman y titulado “Cuatro razones para seguir preocupados por la inflación”, el autor menciona que si nos enfocamos solo en las razones por las que la inflación debería ser más baja en 2022, corremos el riesgo de ignorar cuatro fuerzas compensatorias que impulsarán una inflación más alta este año:

Primero, la economía estadounidense arrancó el 2022 con mercados laborales mucho más apretados con respecto a hace un año. Durante las dos décadas anteriores a la pandemia, el mejor predictor de la inflación anual fue la tasa de personas que renunciaban a su trabajo como porcentaje del empleo total. Ahora es, por mucho, la tasa más alta que jamás haya existido.

En segundo lugar, la demanda debería mantenerse por encima de las tendencias previas a la pandemia, mientras que la oferta probablemente seguirá rezagada. Muchos analistas contaban con que habría una drástica reducción del apoyo fiscal con el fin de contener la inflación. Esa reducción dramática ocurrió hace más de ocho meses y no hay señales de que el gasto de los consumidores se esté enfriando. El apoyo fiscal seguirá siendo relativamente alto con más de $500 mil millones del Plan de Rescate Estadounidense gastado este año fiscal.

En tercer lugar, los consumidores, las empresas, los analistas y los mercados financieros esperan que la inflación a corto plazo sea entre 1 y 3 puntos porcentuales más alta que hace un año. Esto presionará aún más a la inflación al alza. Las expectativas acaban convirtiéndose en una profecía autorrealizada.

Cuarto, la trayectoria de Covid-19 y su efecto sobre la inflación son altamente inciertos. Si la pandemia se vuelve manejablemente endémica en 2022, eso podría impulsar la inflación de la misma manera que lo hizo la rápida reapertura de la economía en la primera mitad de 2021. Si China intenta mantener una tasa cero de Covid-19, con su población efectivamente sin vacunar contra Ómicron, podríamos obtener lo peor de todos los mundos a medida que la fuerte demanda de EE.UU. siga presionando las cadenas globales de suministro.

La FED de Estados Unidos ha anunciado que espera realizar tres aumentos en su tasa de interés de fondos federales. Esto sin duda enfriará la economía, pero es incierta la efectividad de la medida como freno a la inflación, en un contexto en el que el crecimiento económico podría colapsar en cualquier momento, tal y como sucedió en el tercer trimestre de 2021.

El año que recién concluyó, el PIB de Estados Unidos creció respecto al trimestre inmediato anterior, en 6.3% en el primer trimestre, 6.7% en el segundo, apenas 2.3% en el tercero y se espera un aumento de 5.5% en el cuarto (tasa anualizada de 2021 de 5.6%). Sin embargo, producto de todo lo anterior, ahora la mayoría de los analistas esperan una tasa de crecimiento anualizado de 3.9% en 2022, lo que implica una disminución  respecto del estimado previo de 4.1% parta dicho año.

México

México enfrenta importantes retos en materia económica durante este año, y entre los que destacan está el hacer frente a la inflación de precios al consumidor, que cerró el 2021 en 7.36%, así como evitar que la normalización de la política monetaria en Estados Unidos se traduzca en una depreciación desordenada del tipo de cambio. Desde luego que México también se enfrenta a los problemas causados por los bajos niveles de inversión fija bruta, las disrupciones en las cadenas de valor y escasez de insumos y componentes para ciertas industrias manufactureras.

Dado todo lo anterior, el Bank of America (BofA Securities) comunicó el martes 12 de enero que recortó su pronóstico de crecimiento del PIB mexicano para 2022 a tan sólo 1.5% desde el 2.5% pronosticado anteriormente, citando una actividad económica interna más débil de lo esperado, lo que subraya las preocupaciones sobre la recuperación de nuestro país.

BofA dijo que había establecido su pronóstico de crecimiento de México muy por debajo del consenso de la encuesta de expectativas del Banco de México de 2.8%, debido a una «combinación de políticas conservadoras, alta incertidumbre y bajas expectativas de crecimiento», destacando también la situación de un crecimiento exponencial de casos de Covid-19 en el país.

Llama la atención que en México estamos tendiendo bajas tasas de crecimiento a pesar del crecimiento de EE.UU. mencionado en los párrafos anteriores. La dinámica estadounidense ha ayudado a la economía mexicana a través del comercio exterior y las remesas. En materia de comercio, en los primeros 10 meses de 2021, nuestras exportaciones a EE.UU. sumaron 322.651 miles de millones de dólares (mmdd), cifra 18.4% superior a la observada en los mismos meses de 2020 e inclusive es 4.4% mayor a la registrada en los mismos meses de 2019.   Las exportaciones de México a EE.UU en el periodo de enero a octubre de 2021 representan el 28% del PIB total de dicho año. En cuanto a las remesas recibidas por México, el Banco de México informó que en el acumulado de los primeros once meses de 2021 éstas sumaron 46.833 mmdd, cifra que representa un aumento de 26.7% respecto a los mismos meses de 2020 y 40.6% de incremento respecto del mismo periodo de 2019. El valor de las remesas de los primeros once meses de 2021 representan el 4.0% del PIB de todo el año 2021. Con estas cifras nos damos cuenta de que si no fuera por el apoyo que nos brinda la fortaleza económica de EE.UU., estaríamos atravesando una crisis económica.

Para ilustrar la severa desaceleración de la economía nacional, tomemos los datos de crecimiento anualizado del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) del segundo semestre de 2021. En julio de 2021 el IGAE creció 7.52% en términos anuales y 0.1% en mensuales, en agosto creció 4.32% en términos anuales y -1.2% mensuales, en septiembre aumentó sólo 0.93% anualizado y cayó -0.4% en relación al mes inmediato anterior, y en octubre (mes más reciente para el que se tiene información), el IGAE cayó -0.67% en términos anuales y cayó -0.2% en términos mensuales. Los datos muestran que el pico de actividad se alcanzó en julio de 2021 y desde entonces ésta ha disminuido mes con mes.

Por su parte, también el 12 de enero, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) también ajustó a la baja sus estimados de crecimiento económico para México a 2.9% en 2022, desde un 3.2% que había pronosticado en agosto de 2021. Si bien sigue siendo optimista, la CEPAL menciona que hay una profunda incertidumbre a nivel mundial y enormes asimetrías en la capacidad de respuesta en términos macroeconómicos, productivos, de salud entre los países.

Finalmente, la más reciente Encuesta Citibanamex de Expectativas, publicada el 5 pasado de enero y en la que participaron 28 grupos de análisis económico y financiero, también pinta un escenario menos positivo respecto de lo que se estimaba hace todavía un mes. Los analistas esperan que en 2022, la tasa de interés objetivo del Banxico se eleve a un rango de entre 6.50% y 6.75%, respecto del actual 5.50%; que el tipo de cambio llegué al cierre del año a los 21.47 pesos por dólar; que el crecimiento del PIB sea de apenas 2.70% después de un aumento de 5.50% en 2021; y que la inflación general de precios al consumidor se moderé a 4.20% al cierre del año.

A manera de conclusión, pues queda claro que las expectativas de desempeño mundial y nacional se han ajustado a la baja. Pero no podemos dejar de señalar que los actuales problemas por los que atraviesa el mundo, en México se exacerban producto de la falta de políticas económicas que incentiven la inversión productiva, la producción, las ventas y el empleo. El escenario es que si bien nos va, este año regresaremos al nivel de PIB que teníamos en 2019, lo que implica que habremos 3 valiosos años en los que aumentó la pobreza y se deterioraron las posibilidades de crecer en el mediano y largo plazos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Por una política inteligente de sustitución de importaciones

La teoría económica es clara al identificar los componentes de la demanda agregada, y éstos son el consumo privado (C), la inversión física privada (I), el gasto público (G), las exportaciones (X) e importaciones (M). En la medida en que crecen C, I, G y X, aumenta la demanda, y si hay capacidad productiva ociosa, se logra el crecimiento económico sin mayores presiones inflacionarias. Sólo el incremento de M (dejando todo lo demás constante) ocasiona una caída de la demanda agregada, y por lo tanto menor crecimiento económico.

Es por este hecho que muchos estudiosos de la economía, desde el siglo XVI con la escuela de los Mercantilistas, han apoyado la idea de que una buena estrategia para aumentar la producción de la economía es sustituyendo importaciones, y en la medida de lo posible lograr superávits anuales en la balanza comercial.

Con esto en mente, es pertinente mencionar que de acuerdo con cifras del INEGI, durante los primeros once meses de 2021, México logró exportaciones totales por 446.531 miles de millones de dólares (mmdd), lo que implicó un incremento de 19.4% respecto al valor de las exportaciones de los mismos meses de 2020 y representa un aumento de 5.8% respecto a las de 2019. Por su parte, en los primeros once meses de 2021 las importaciones sumaron 458.6 mmdd, lo que significó un incremento de 32.5% respecto a las de 2020 y de 9.3% en comparación de las de 2019.  De esta manera, México pasó de tener un superávit en su balanza comercial de 2.295 mmdd en los primeros once meses de 2019, a un superávit aún más grande de 27.837 mmdd en el mismo periodo de 2020, para lamentablemente caer a  un déficit de -12.081 mmdd en los primeros once meses de 2021.

Es verdad que mucho de lo que importamos son insumos para la producción, por lo que muchas de estas importaciones son positivas para el crecimiento del país en estos casos; pero en ocasiones, las compras del exterior desplazan a la producción nacional ocasionando cierre de empresas y pérdida de empleos. Bajo la lógica de libre mercado esto es “bueno” porque le “ayuda” al país a reubicar sus recursos productivos en aquellas industrias en la que es más eficiente y dedicarse a lo que le genera mayores ganancias (este es el argumento de la Teoría de la Ventaja Comparativa de David Ricardo). Pero la realidad no siempre es así, ya que las importaciones que destruyen industrias pueden darse porque existen condiciones de competencia desleal o ilegal, lo cual entonces es injusto para los fabricantes y trabajadores nacionales que ven afectada su economía. Además de que el desplazamiento de la mano de obra entre sectores productivos no es automático, toma tiempo e implica costos de adiestramiento de la mano de obra.

Dado lo anterior, en esta entrega analizamos la capacidad de planta instalada que emplea la industria manufacturera nacional y posteriormente vemos el nivel de importaciones que se tienen en cada tipo de rama manufacturera en el año 2021.

De acuerdo con el INEGI, en los primeros 10 meses de 2021, la planta manufacturera nacional total trabajó utilizando sólo el 77.8% de su capacidad de planta instalada en promedio, lo cual implica una mejoría respecto de la utilización del 71.1% en el 2020, pero todavía por debajo del nivel de 2019 y 2018 cuando ascendió a 78.9% y 81.1% respectivamente.

Como es de esperarse, la utilización de la capacidad manufacturera instalada de 77.8% es producto de que diversas actividades productivas trabajan casi al 90% de su capacidad, mientras que otras laboran rozando un nivel de utilización de casi la mitad de lo que podrían potencialmente producir.

Las ramas de actividad que en el acumulado de los primeros 10 meses de 2021, trabajan con un nivel de utilización de su capacidad instalada superior al 80% son las siguientes (en paréntesis se indica el porcentaje): Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (89.1%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (86.9%); Industria del papel (86.0%); Otras industrias manufactureras (85.5%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (85.3%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (84.1%); Fabricación de maquinaria y equipo (81.8%); Industrias metálicas básicas (81.6%); Industria del plástico y del hule (81.0%); Industria de la madera (80.5%); e Industria de las bebidas y del tabaco (80.3%).

Ahora, las ramas de actividad manufacturera que trabajan con un nivel de utilización de su capacidad instalada entre un 70% y 80% son las siguientes: Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (79.4%); Fabricación de productos metálicos (79.1%); Industria alimentaria (77.9%); Fabricación de equipo de transporte (77.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (74.4%); e Impresión e industrias conexas (70.9%).

Finalmente, las ramas de actividad que en los primeros 10 meses de 2021 trabajan con un nivel de utilización de su capacidad instalada por debajo de un 70% son las siguientes: Fabricación de prendas de vestir (66.6%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (66.3%); Industria química (65.7%); y Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (53.3%).

Desde luego que no es sorpresa que los sectores calzado, textil y vestido, que sufren de elevados niveles de importaciones, muchas de las cuales se dan en condiciones de contrabando técnico y bronco, sean de los que trabajan con menores porcentajes de su capacidad instalada.

También es importante mencionar que si bien se ve que hay ramas de actividad que en promedio trabajan utilizando un “elevado” porcentaje de su capacidad instalada, al momento de analizar el detalle de la situación a nivel de actividad económica (código Scian a 6 dígitos), vemos que hay 22 trabajando con menos del 60% de su capacidad, mismas que se mencionan a continuación: confección en serie de camisas (59.7%); Fabricación de calzado con corte de tela (59.1%); Fabricación de equipo telefónico (59.0%); Tratamiento de la madera y fabricación de postes y durmientes (58.1%); Fabricación de equipo ferroviario (57.7%); Fabricación de ropa interior de tejido de punto (57.6%); Fabricación de calcetines y medias de tejido de punto (55.8%); Confección de otros accesorios y prendas de vestir no clasificados en otra parte (55.8%); Fabricación de pesticidas y otros agroquímicos, excepto fertilizantes (53.8%); Fabricación de fertilizantes (52.6%); Elaboración de bebidas alcohólicas a base de uva (52.3%); Refinación de petróleo (51.3%); Fabricación de películas, placas y papel fotosensible para fotografía (50.9%); Elaboración de cigarros (50.9%); Impresión de libros, periódicos y revistas (50.8%); Fabricación de ropa exterior de tejido de punto (50.7%); Fabricación de calzado con corte de piel y cuero (50.2%); Fabricación de productos de asfalto (43.8%); Elaboración de azúcar de caña (43.0%); Fabricación de embarcaciones (42.8%); Fabricación de alfombras y tapetes (38.5%); y Fabricación de petroquímicos básicos del gas natural y del petróleo refinado (28.9%).

Es verdad que varias de estas actividades están atravesando una complicada situación económica porque los productos que generan cada vez se usan menos o porque enfrentan problemáticas más complejas; pero quiero insistir en el hecho de que muchas industrias trabajan a un nivel mínimo de su capacidad porque enfrentan la competencia de crecientes volúmenes de importaciones, muchas de las cuales se dan en condiciones de ilegalidad.

Ahora, tomando en consideración las cifras del INEGI, tenemos los siguientes valores de importaciones totales por rama de actividad en los primeros diez meses de 2021 (en paréntesis se menciona el valor en millones de dólares): Total de importaciones manufactureras (351,508.2 mdd); Alimentos, bebidas y tabaco (14,824.6 mdd); Textiles, artículos de vestir e industria del cuero (11,170.3 mdd); Industria de la madera (2,072.8 mdd); Papel, imprentas e industria editorial (6,532.7 mdd); Química (27,920.7 mdd); Productos plásticos y de caucho (25,281.4 mdd); Fabricación de otros productos minerales no metálicos (3,046.9 mdd); Siderurgia y minerometalurgia (34,794.4 mdd); Productos metálicos, maquinaria y equipo (203,272.8 mdd); y Otras industrias manufactureras (22,591.5 mdd).

En particular, llama la atención  que se importaron en los primeros 10 meses de 2021 productos de las industrias textil, vestido y calzado por más de 11 mil millones de dólares, y estas tres industrias operan por debajo del 60% de su capacidad. Este es un claro ejemplo de cómo, a través de la sustitución inteligente de importaciones, se podría impulsar la producción y empleo nacionales.

Reitero que es cierto que muchas de las importaciones que hace la industria son necesarias para poder realizar nuestras exportaciones; pero insisto en que muchas de estas importaciones son de bienes terminados, intermedios o materias primas que podrían producirse en México. Lamentablemente muchas compras del exterior se hacen a China, país al que en los primeros 10 meses de 2021 le compramos 73.505 m miles de millones de dólares (mmdd) en 2020 y 80.575 mmdd en los primeros 10 meses de 2021, y mucho de lo que importamos desde ese país se da en condiciones de dumping, subsidios disfrazados o con precios distorsionados y es por ello que China sigue sin obtener el reconocimiento de tener una economía de mercado. Además de que está el problema de subvaluación de mercancías, lo cual implica evasión de impuestos y también provoca que no se puedan compensar las diferencias de costo país, ocasionando que frecuentemente el producto importado sea más barato que el hecho en México.

Si como país nos pusiéramos la meta de disminuir el 10% de las importaciones anuales y reemplazarlas con producto nacional, eso implicaría un impulso al PIB de aproximadamente un billón de pesos, cantidad que representa 4.0% del PIB nominal actual. En un país que registra una tasa de crecimiento promedio de su PIB de apenas 1.77% en el periodo de 2000 a 2021, el impulso de 4 puntos porcentuales adicionales, basado en una política inteligente de sustitución de importaciones, debería analizarse seriamente como estrategia nacional.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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El cáncer de la informalidad en México

La existencia de una vasta economía informal en México ocasiona todo tipo de males que impiden el desarrollo económico y social. Desde luego que es una fuente de competencia injusta e ilegal para empresarios que si pagan sus impuestos y hacen frente a la elevada carga social que implica el generar empleos registrados ante el IMSS. Las empresas, sean micro, pequeñas, medianas o grandes, que están en la informalidad por lo general pueden ofertar sus bienes y servicios a precios más bajos, ya que tienen costos de mano de obra inferiores y no cobran el 16% de Impuesto al Valor Agregado (IVA). Las empresas en la economía informal, al no pagar correctamente sus impuestos, tampoco contribuyen al desarrollo nacional.

En el encabezado de esta entrega digo que la economía informal es un cáncer porque con su existencia, se limitan las posibilidades de que el Producto Interno Bruto (PIB) crezca por encima del nivel promedio de 1.5% observado de 2000 a 2021. Esto porque al mermar la rentabilidad de las empresas formales, se limita su capacidad de invertir, crecer en producción, aumentar la contratación de personal y mejorar los sueldos.

Y lo que es peor, la economía informal es un cáncer porque provoca que algunos negocios formales se vuelvan total o parcialmente informales para poder “sobrevivir”. ¿Cómo le hace un negocio para subsistir cuando su competencia se ahorra el 30 a 40% del costo de mano de obra, además de que no carga el IVA a sus clientes y por lo tanto tiene precios mucho más bajos? La respuesta es que en ocasiones, se quedan con una menor cuota de mercado o de plano comienzan a vender parte de su producción sin facturarlo ni reportarlo al fisco. Es decir, aquí aplica la teoría de las ventanas rotas y un informal puede provocar que haya más informales.

En este sentido, en una de las pasadas entregas comenté que la razón por la cual México no era considerado un país del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es porque no tiene un mercado interno fuerte que le permita crecer por sí solo, o bien poder ser considerado un “motor de crecimiento” de la economía mundial.

Es decir, desafortunadamente nuestro país es un “seguidor” de los acontecimientos mundiales, y no es un “líder” que provoque que a la economía mundial le vaya bien o le vaya mal. Y esto obedece precisamente a esta grave incidencia de la economía informal en todo tipo de actividades económicas, desde el comercio hasta las actividades manufactureras, pasando por los servicios. En todas ellas vemos personas y empresas que no pagan impuestos correctamente o bien que tampoco registran a sus trabajadores ante el IMSS.

En esta entrega, quiero analizar lo extendida y lo poco productiva que es la economía informal en México. El pasado jueves 16 de diciembre, el INEGI presentó los resultados preliminares de la Medición de la Economía Informal 2020, que tiene como objetivo medir qué tanto contribuye al Producto Interno Bruto (PIB) del país. En el reporte vemos que en 2020 la economía informal registró una participación de 21.9% en el PIB nacional, la proporción más baja desde 2003 (cuando se empezó a medir este problema). El porcentaje de participación más alto de la economía informal ocurrió en 2009 con un 24.4%, mientras que en 2019 fue de 23.1%. De acuerdo con el INEGI, derivado del confinamiento por la pandemia por COVID-19 es que dicho porcentaje bajó al 21.9% antes mencionado.

De acuerdo con cifras preliminares, la contribución de 21.9% del PIB informal se generó por 55.6% de la población ocupada en condiciones de informalidad. Por el contrario, el 78.1% del PIB lo generó el sector formal empleando el 44.4% de la población ocupada formal. Esto significa que por cada 100 pesos generados del PIB del país, 78 pesos lo generan el 44% de ocupados formales, mientras que 22 pesos los generan el 56% de ocupados en informalidad. Esto tiene implicaciones enormes, ya que denota que la productividad del sector formal es 3.46 veces más productivo que el sector informal de la economía o puesto de manera más simple: si una persona que labora en la economía informal en promedio produce 1 peso, su contraparte en la economía formal produce 4.46 pesos.

Este hecho explica buenas parte del por que generalmente los sueldos o ingresos son más altos en la economía formal respecto de la informal y exhibe que en cuanto a mano de obra, tenemos el potencial de generar un PIB al menos 77% más alto que el actual.

Por su parte, cabe señalar que en el comparativo de 2019 a 2020, las participación de la ocupación laboral informal disminuyó de 56.5% a 55.6%, mientras que su aportación al PIB pasó de 23.1% a 21.9%. Esto es indicativo de que entre 2019 y 2020, el personal ocupado en la economía informal aumentó su productividad en 3.79%, pero fue porque disminuyó más la gente laborando en la economía informal que lo que bajó su producción.

Es verdad que la economía informal es vista por muchos, como una válvula de escape en materia laboral, ante la imposibilidad del sector formal de crear los empleos suficientes que se requieren cada año. Pero también es cierto que dado lo extendido que esta la economía informal, hace prácticamente imposible que el sector formal pueda crecer a todo su potencial. Es  así que estamos atrapados en un círculo vicioso del cual es muy difícil escapar.

Las personas responden a incentivos, y con esto en mente queda claro que la forma de revertir la incidencia de la economía informal es creando castigos para quienes están en la ilegalidad y premiando a los formales. Pero lo malo es que en México, en materia fiscal las cosas están completamente al revés, ya que con el marco actual se castiga al formal por cualquier falta que éste cometa, mientras que al informal no se le molesta.

Alejandro Gomez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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La política monetaria no nos salvará en esta ocasión

Hay un problema inflacionario de precios al consumidor en la mayoría de los países del mundo y en México la situación es aún más grave comparada con la de la mayoría de naciones. En Estados Unidos se acaba de informar que su inflación anualizada en noviembre fue de 6.8%, la tasa más alta desde 1982. Por su parte, en Canadá es de 4.7%, Alemania 5.2%, Irlanda 5.3%, España 5.6%, Polonia 6.8%, Rusia 7.45%, Brasil 10.7%, y pues en nuestro país el alza de precios anualizada fue de 7.37% en el onceavo mes de 2021. Para nosotros en México, una inflación  superior al 5% anual podría parecer “normal” y estamos “acostumbrados” a lidiar con ella, pero en EE.UU. y Europa la escalada de precios  es el principal tema en materia económica, así como la forma como se debe lidiar con él.  

El nivel actual de inflación en los Estados Unidos es similar al que experimentaron a finales de la década de los setentas y principios de los ochentas en las presidencias de Jimmy Carter y Ronald Reagan; mientras que en México estamos viviendo la inflación más alta desde enero de 2001. Sin embargo, las causas del alza de precios de ahora no son las mismas que las del pasado, por lo que las viejas recetas de política monetaria de recortar la oferta monetaria y subir las tasas de interés no necesariamente funcionaran ahora, o al menos sin ocasionar un severo golpe al proceso de recuperación económica en el que nos encontramos.

Es verdad que en Estados Unidos y México se dio un fuerte incremento en su agregado monetario M1, el cual consiste de billetes y monedas en circulación, así como los depósitos a la vista. Entre septiembre de 2019 y el mismo mes de 2021, en EE.UU. M1 aumentó 410.9%, mientras que en México subió 35.8%. Es evidente que en ambos casos el dinero en circulación  creció mucho más de lo que lo hizo la actividad económica. Esto sin duda contribuye al crecimiento de los precios, pero en este momento no es la única causa.

Como ya lo señalé, en los Estados Unidos el índice de precios al consumidor subió un 6.8% anualizado en noviembre de 2021, la mayor tasa de inflación anualizada desde junio de 1982. Se observaron aumentos de precios en muchos sectores, incluidos la gasolina, el gas, la alimentación y la vivienda. Este es el sexto mes consecutivo que Estados Unidos experimenta aumentos de precios. Los precios de la gasolina aumentaron un 58.1% en noviembre, el mayor aumento anual desde 1980. En el caso de México, la inflación general fue de 7.37% anualizado en noviembre, pero tenemos diversos bienes y servicios que aumentaron más que eso. Está el caso de frutas y verduras, que subieron 17.8%, los energéticos aumentaron 15.41%, los productos pecuarios subieron 11.44%, mientras que el rubro de alimentos, bebidas y tabaco presenta un crecimiento de 7.59%.

Es verdad que los estímulos económicos que dio el gobierno de Estados Unidos a su población, durante la presidencia de Donald Trump y en la de Joe Biden, impulsaron una fuerte recuperación de la demanda de bienes y servicios, cuando la producción de bienes y servicios en muchos países aún estaba cerrada, lo que provocó escasez de diversos productos e insumos para la producción, de igual manera escasearon los contenedores y hubo saturación en los puertos para despachar las mercancías que venían de Oriente. También es cierto que estamos viviendo en un “crunch” energético porque muchas compañías han dejado de invertir en los combustibles fósiles cuando aun no estamos listos para depender exclusivamente de las energías renovables.  

Con esto en mente y al analizar los componentes de los índices de precios que más están aumentando, que la inflación que ahora vemos en México y Estados Unidos no es causada exclusivamente por un fenómeno monetario, sino que es un problema estructural global. Por lo que la vieja receta de subir tasas de interés no hará que bajen los precios de las frutas, ni resolverá los problemas logísticos internacionales, ni hará que baje el precio del petróleo (al menos en el corto plazo).

Debemos recordar que la situación inflacionaria de principios de los ochentas y en los noventas en México fue causada por las tres crisis económicas de balanza de pagos que sufrimos (III/82 a IV/83, I/86 a I/87 y I/95 a IV/95), las cuales se traducían en fuertes devaluaciones del peso, encarecimiento de importaciones, inflación, alza en tasas de interés y caídas generalizadas del PIB durante varios trimestres. En el caso de Estados Unidos, los problemas inflacionarios de finales de los setentas y principios de los ochentas fueron impulsados por lo que se llamó «estanflación», una combinación de desempleo de dos dígitos, inflación y altas tasas de interés. El abandono del patrón oro, la revolución iraní, los controles de precios y salarios de la era Nixon y una serie de otros factores contribuyeron a las tasas de inflación del pasado estadounidense.

En los últimos 18 meses, a nivel global, hemos sufrido más una inflación como la que ocurre cuando estamos en guerra o en una crisis financiera. La pandemia ocasionada por el Partido Comunista Chino y su Covid-19, cerró la producción de muchos sectores económicos, por lo que poner en funcionamiento esos sistemas lleva tiempo, especialmente en una situación en la que una nueva variante del covid-19  puede retrasar el proceso una y otra vez. Las cadenas de suministro simplemente no han tenido la oportunidad de recuperarse de manera que pueda mantenerse al día con la creciente demanda, impulsada por los miles de millones de dólares de estímulo que Estados Unidos dio a sus  consumidores.

Los problemas de la cadena de suministro y el transporte pueden ayudar a explicar por qué los precios de la gasolina son más altos ahora que en 2008, cuando el costo del barril de petróleo era mucho más alto que en la actualidad. Los precios de muchas mercancías, frutas, verduras y productos pecuarios seguirán aumentando independientemente del nivel de las tasas de interés. Esto por el simple hecho de que la oferta no ha seguido el ritmo de crecimiento de la demanda. No importa lo que hagan con  las tasas de interés, el problema de inflación  no se resolverá hasta que aumente la producción, o sea, no se trata de descarrilar el proceso de recuperación golpeando la recuperación de la demanda agregada de consumo y de inversión empresarial.

En Estados Unidos el Banco de la Reserva Federal (FED) anunció el 3 de noviembre que comenzarían a disminuir lentamente (en 15 mil millones de dólares menos al mes) su programa de compra de bonos que venía siendo de 120 mil millones de dólares que venía comprando al mes. Sin embargo, se espera que en su reunión del 14 y 15 de diciembre, la FED discuta la posibilidad de acelerar el fin de su programa de compra de bonos. Si la FED decide reducir sus compras de bonos más rápidamente, también podría comenzar a subir las tasas de interés más rápido, tal vez tan pronto como marzo o abril de 2022. Los inversionistas estarán atentos a las nuevas previsiones de tasas de interés de la FED.

El Banco de México tendrá su última reunión de 2021 este jueves 16 de diciembre y prácticamente la totalidad de analistas estamos seguros de que habrá un nuevo incremento en la tasa de interés objetivo a un día, misma que en la actualidad está en 5.00%. La mayoría de analistas se inclina a pensar que será un aumento de un cuarto de punto porcentual, pero no se descarta que el alza sea de medio punto hasta 5.50% si la FED anuncia que tomará medidas más contundentes contra la inflación. Sin embargo, el perfil de los nuevos integrantes de la Junta de Gobierno (más paloma que halcón) nos hace pensar que cuidarán no estropear el proceso de recuperación de la economía mexicana, mandando también una señal de que están preocupados por la inflación y la estabilidad del tipo de cambio, por lo que lo más probable es que vemos que la tasa objetivo cierre 2021 en 5.25%.

Al final, con independencia de los aumentos que veamos en tasas de interés en México, el problema inflacionario por el que transitamos es estructural por lo que tardará al menos dos años en resolverse. Esperemos que no se agrave más y no se cumpla el pronóstico de los más pesimistas de que veremos tasas de inflación superiores al 10 por ciento.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Nos acercamos a una crisis económica?

México atraviesa por un periodo muy complicado en múltiples aspectos, entre los que destaca el económico. La semana que recién concluye el INEGI dio a conocer diversos indicadores que dan cuenta de la debilidad de la recuperación de la producción, además de que hubo un deterioro significativo de las variables financieras. En esta entrega hacemos un recuento de la situación por la que atraviesa en país, analizando primero las variables de la economía real y posteriormente las financieras.

Economía real

En este apartado analizamos la evolución reciente del Producto Interno Bruto (PIB), el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), los resultados de la Encuesta Nacional de Empresas Constructoras (ENEC) y la balanza comercial. Todo con datos del INEGI.  

Producto Interno Bruto (PIB)

Utilizando cifras desestacionalizadas vemos que entre el tercer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2021, el PIB  total aumentó en 4.7%, producto de que las actividades primarias crecieron 0.3%, las secundarias 5.1% y las terciarias 4.4%. Cabe señalar que dentro de las actividades secundarias, destaca que el PIB de la industria manufacturera creció 4.7%. Estos datos denotarían un magnífico desempeño, si no fuera por el hecho de que un año antes, el PIB total se había colapsado -8.4% en el comparativo del tercer trimestre de 2020 y el mismo trimestre de 2019. Es así que con los datos del tercer trimestre de 2021, el PIB está 4.1% por debajo del nivel que tenía en el tercer trimestre de 2019.

Otro problema que surge es el desempeño del PIB en el comparativo del segundo al tercer trimestre de este año, ya que éste disminuyó -0.4%. Este mal desempeño ocurrió porque las actividades terciarias  retrocedieron -0.9%, y no obstante que las actividades primarias y secundarias crecieron 1.3% y 0.3% respectivamente. Además de que las manufacturas también se incrementaron 0.4%. 

Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE)

El IGAE es una muy buena aproximación a lo que sería un PIB mensual en la forma de un índice. En este sentido, es relevante mencionar que con cifras desestacionalizadas hay una clara tendencia de desaceleración ya que la economía pasó de crecer, en términos anualizados, de 25.8% en mayo, a 13.4% en junio, 7.9% en julio, 3.9% en agosto y sólo 1.3% en septiembre. La situación se ve más complicada cuando analizamos los datos mensuales, ya que el IGAE disminuyó -1.2% entre julio y agosto, y cayó otro -0.4% entre agosto y septiembre.

Al analizar la evolución por actividad, vemos que en términos anualizados, en septiembre las actividades primarias disminuyeron -1.7%, las secundarias avanzaron sólo 1.7% (después de haber crecido 5.0% en el mes inmediato anterior), mientras que las terciarias crecieron 1.2%. Ahora, en su comparación de agosto a septiembre de este año, las actividades primarias cayeron -1.4%, las secundarias disminuyeron -1.4%, mientras que las terciarias bajaron -0.3%. Las manufacturas hicieron lo propio con una contracción mensual de -1.3%.

La debilidad del PIB y del IGAE en el tercer trimestre de 2021 se debe en parte al surgimiento de la variable Delta del Covid, misma que causó nuevas disrupciones en las cadenas globales de valor, la fabricación de ciertos componentes, además de que impactó negativamente el turismo y otros tantos servicios.

Construcción

De acuerdo con la Encuesta nacional de empresas constructoras (ENEC), el valor de la producción de este tipo de empresas sumó 331.632 miles de millones de pesos en 2021, cifra que en términos nominales es 10.1% superior a la observada en 2020, pero 11.1% más baja comparada con la observada en los mismos meses de 2019. Esta información es bastante más grave cuando consideramos los datos en pesos constantes de 2013, ya que denotan una caída de 2.0% entre 2020 y 2021 y una disminución de -22.0% en el comparativo de 2019 a 2021.

Desde luego que es preocupante que este sector de actividad se encuentre en 2021 en un  nivel de producción, en términos reales, inferior al que tenía en 2020, año que de por si ya había sido bastante malo para el sector. La construcción es un elemento clave de la inversión fija bruta, por lo que parte de su caída obedece a la desconfianza de los empresarios en las políticas públicas llevadas a cabo por el gobierno federal.

Balanza comercial

En cuanto a la balanza comercial, vemos que en el acumulado de los primeros 10 meses de 2021, las exportaciones muestran un alza anualizada de 19.43% respecto a 2020 y un incremento de 4.29% comparado con los mismos meses de 2019. Sin duda que esto puede verse como buenas noticias, pero el problema es que las importaciones crecen a una tasa más alta que las exportaciones. En el comparativo de los primeros 10 meses de 2021 respecto a 2020, las importaciones han aumentado 32.83% y en el periodo de 2019 a 2021 las importaciones muestran un crecimiento de 7.82%. Todo esto ha provocado que pasáramos de un superávit comercial de 1.508 miles de millones de dólares (mmdd) en los primeros 10 meses de 2019 a uno de 24.853 mmdd en 2020 a un déficit de -11.969 mmdd en los mismos meses de 2021.

El hecho de que crezcan más las importaciones que las exportaciones y tengamos un creciente déficit comercial debilita la recuperación económica en la medida en que la producción nacional es desplazada por insumos o productos terminados extranjeros.

Variables financieras

Aunado al mal desempeño de la economía real, recientemente hemos visto un deterioro de importantes variables financieras, mismas que se describen a continuación.

Inflación

El INEGI informó que la inflación general anualizada fue de 7.05% en la primera quincena de noviembre, con lo que se acumulan 17 quincenas consecutivas en las que tenemos una inflación arriba de la meta máxima establecida por el Banco de México. Este nivel de inflación preocupa porque deteriora el poder adquisitivo de los salarios, lo que se traducirá en menores niveles de consumo real; pero también  preocupa porque los analistas anticipamos que se mantendrá elevada durante lo que resta de este año y en todo 2022. Es verdad que el problema inflacionario no es exclusivo de México, pero sin duda somos de los países más afectados.

Si las cosas salen de acuerdo a lo previsto, estaremos cerrando el 2021 con una inflación de 7.5% y ésta sería de 5.0% en 2022. Estas elevadas perspectivas inflacionarias tendrán fuertes implicaciones en las decisiones de política monetaria que se tomen en las próximas reuniones de la Junta de Gobierno del Banco de México, lo que nos lleva al tema de tasas de interés.

Tasas de interés

En la medida en la que hemos estado con niveles inflacionarios persistentes por encima del 4%, el Banco de México ha ido ajustando su tasa de interés objetivo hasta llevarla al actual 5.00%. La mayoría de analistas da por un hecho que en la próxima reunión  de la Junta de Gobierno del Banxico del mes de diciembre, el banco central volverá a aumentar la tasa para cerrar el año en 5.25%, aunque no se descarta que el alza de diciembre sea de medio punto porcentual.

De igual manera, dado que el problema inflacionario va para largo, se espera que los ajustes al alza en la tasa de interés objetivo continúen en 2022 hasta llegar a niveles de 6.00%. Sin embargo, el mercado está muy nervioso y muestra de ello es que la tasa de interés implícita para los Cetes a 28 días para dentro de un año es de 7.18%, nivel 2.13 puntos porcentuales superior al 5.05% que pagan los Cetes a 28 días actualmente.

El problema con subir tanto las tasas de interés es que difícilmente tendrán un impacto real para bajar la tasa de inflación, ya que las causas de la actual inflación son estructurales de oferta y no son por un problema de exceso de demanda. Lo he mencionado en anteriores entregas, el subir tasas de interés en México no hará que se resuelva el problema de escasez de chips para los autos y computadoras.

Tipo de cambio

La variable que más ruido hizo la semana que recién concluye fue el tipo de cambio, mismo que se encuentra en un nivel de 21.91 pesos por dólar al momento de escribir estas líneas. Mucho se ha dicho que la caída del peso está motivada en parte porque el dólar estadounidense se ha fortalecido tras la ratificación de Jerome Powell al frente del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), pero la realidad es que el peso mexicano se ha depreciado más que el resto de las monedas.

De acuerdo con el Pacific Exchange Rate Service, entre el 26 de noviembre de 2020 y el mismo día de 2021, este es el porcentaje que se ha depreciado o apreciado el dólar estadounidense respecto a las diferentes divisas (los datos están ordenados de mejor a peor desempeño): Yuan chino (-2.8%), Dólar canadiense (-1.9%); Rublo ruso (-0.1%); Rupia India (1.5%); Real brasileño (5.1%); Euro (5.3%); Rand de Sudáfrica (6.7%); Won de Corea del Sur (8.0%), Peso Chileno (8.2%), Peso Mexicano (8.8%) y Peso Colombiano (10.9%).  La información deja en claro que de este grupo de 11 monedas, las más débiles son las Latinoamericanas, y de este subgrupo, México tiene el peor desempeño, sólo superado por Colombia.

Es evidente que el mal desempeño del peso mexicano se debe a las erráticas políticas económicas implementadas por el gobierno federal, mismas que han ocasionado una caída de la inversión productiva y fuga de capitales. En este sentido, el Banco de México acaba de informar que en el tercer trimestre de este 2021, nuestro país registró un déficit de cuenta corriente de 4,070 millones de dólares.

La Cuenta Corriente registró un déficit de 4,070 millones de dólares en tercer trimestre el año, tras el superávit que alcanzó entre abril y junio, informó el Banco de México. Este mal desempeño de la cuenta corriente de la balanza de pagos se debe a que en ese trimestre la fuga de fuga de capitales extranjeros ascendió a 7 mil 369 millones de dólares, mientras que la de mexicanos fue de 7 mil 227 millones. El total supone 1,147% más de la fuga de capitales con respecto a los 1 mil 170 millones de dólares del mismo periodo de 2020.

Conclusiones

Es posible que la reactivación económica prevista para los Estados Unidos en el cuarto trimestre de este año sirva para impulsar al sector exportador mexicano, pero la carestía que están viviendo las familias por el alza de precios supone un freno al crecimiento real del consumo privado. Es preocupante el impacto que causarán las mayores tasas de interés en la evolución del crédito, de las finanzas públicas y de la inversión productiva, por lo que el escenario de crecimiento para el año que entra tiene riesgos importantes a la baja que harían que no se logre un incremento del 2.0%. De esta manera, estaríamos recuperando el nivel de PIB que teníamos en 2019 hasta el 2023.

¿Es posible una crisis económica? Pues depende de nuestra definición de crisis económica, para muchos ya estamos en crisis porque la inflación se encuentra casi fuera de control, el dólar tiene pocas probabilidades de regresarse a niveles por debajo de 20 pesos, y las familias están enfrentando un proceso de empobrecimiento. ¿la situación puede empeorar? Lamentablemente el escenario se deterioró muy rápidamente y lo más seguro es que si, la situación económica va a empeorar.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Complicaciones en la recuperación de la manufactura nacional

Se ha comentado ampliamente que la industria manufacturera mundial atraviesa por momentos complicados. En un reporte del Foro Económico Mundial publicado el 11 de noviembre se menciona que el COVID-19 mostró que las cadenas de suministro modernas son como un castillo de naipes, que colapsan en el momento en que se ven sometidas a cualquier tipo de presión sostenida. Muchas empresas que sufrieron los bloqueos y cierres globales se han dado cuenta de que la velocidad de la recuperación económica en países como Estados Unidos ha probado ser un proceso igualmente complejo e incierto. La obstrucción de puertos y la escasez generalizada de insumos y componentes han provocado una acumulación récord de pedidos pendientes de atender en las diferentes cadenas de suministro.

La crisis en la capacidad de contenedores podría durar hasta el cuarto trimestre de 2022, según la firma de investigación marítima Drewry. La escasez de componentes clave, incluidos los semiconductores, podría tardar aún más en resolverse. ¿La respuesta es seguir impulsando los pedidos con la esperanza de que estos problemas se resuelvan por sí solos? Dos años después de la pandemia, hay fuertes indicios de que las empresas globales están comenzando a darse cuenta de que las cadenas de suministro realmente necesitan una reforma radical.

Desde luego que la planta manufacturera de México no se ha salvado de los problemas y diversas ramas de actividad han presentado una evolución un tanto volátil en lo que va de este año. En esta entrega analizamos el comportamiento del valor de la producción de la industria manufacturera de México en dos periodos: primero, en el comparativo del tercer trimestre de 2021 respecto del mismo trimestre de 2020; y segundo, en el comparativo del acumulado de los primeros nueve meses de 2021 respecto de los mismos meses de 2020. Veremos cuales son los sectores de mayor y menor dinamismo, y analizamos la importancia relativa de cada actividad en el valor total de la industria manufacturera nacional en 2021.

El análisis aquí presentado se realiza con los datos de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, de la cual vale la pena destacar que no es un censo, es una encuesta, por lo que el valor de producción de ciertas industrias pudiera estar subestimado. No obstante lo anterior, la información presentada es por demás útil para comprender el desempeño económico de las actividades en los últimos dos años.

Datos del tercer trimestre de 2021

De acuerdo con la información de la EMIM, el valor de la producción manufacturera de México en el tercer trimestre de 2019 fue de 2.081 billones de pesos, en el mismo trimestre de 2020 fue de 2.092 billones y en igual trimestre de 2021 sumó 2.247 billones de pesos. Esto implica que en términos nominales (sin tomar en cuenta la inflación), el valor de la producción creció 7.4% entre 2020 y 2021, y aumentó 8.0% entre 2019 y 2021. Estas se ven como cifras muy positivas, pero al tomar en cuenta la inflación del periodo, el panorama se aprecia diferente, ya que el valor de la producción solamente aumentó 1.51% en términos reales entre 2020 y 2021, y se encuentra 1.78% por debajo en el comparativo de 2019 a 2021 (tomando en consideración los datos del tercer trimestre de cada año).

Ahora, si queremos analizar con mayor detalle la evolución del valor de la producción en términos reales en el comparativo del tercer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, tenemos que hay un grupo de 12 ramas de actividad que muestran un incremento, mientras que las restantes 9 ramas de actividad presentan un retroceso, indicativo de que aun no recuperan el valor de producción que tenían antes de la pandemia del COVID-19.

A continuación se presentan las diversas ramas de actividad, ordenadas de mayor a menor crecimiento durante el periodo del tercer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021 (en paréntesis se indica la tasa de crecimiento en términos reales, ordenados de mayor a menor crecimiento): Industrias metálicas básicas (36.51%); Fabricación de productos metálicos (33.51%); Industria de la madera (26.59%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (26.36%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (12.12%); Industria química (7.78%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (7.73%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (6.09%); Industria del plástico y del hule (5.03%); Industria alimentaria (4.57%); Industria del papel (3.52%); e Industria de las bebidas y del tabaco (2.54%). Podemos decir que estas ramas de actividad ya superaron la parte más complicada de la crisis y que en promedio se han recuperado.

En seguida se presentan las ramas de actividad que en el tercer trimestre de 2021 se encuentran con un valor de producción  inferior al observado en el tercer trimestre de 2019 (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución en términos reales, ordenados de menor a mayor caída): Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-0.54%); Otras industrias manufactureras (-1.28%); Fabricación de maquinaria y equipo (-2.90%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-7.21%); Impresión e industrias conexas (-12.17%); Fabricación de prendas de vestir (-19.20%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-19.70%); Fabricación de equipo de transporte (-21.99%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-27.80%).

De los datos presentados llama la atención  la fuerte caída en el valor de la producción de la rama de Fabricación  de equipo de transporte, en la que entra la fabricación de automóviles. Vemos un retroceso de –21.99% en términos reales entre 2019 y 2021, mientras que la caída de 2020 a 2021 es de -22.17%. Como se ha venido comentando, la rama de fabricación de equipo de transporte se ha visto impactada por la escasez de semiconductores y otros insumos para la producción. De igual forma, vemos que los sectores del vestido y del calzado y marroquinería siguen muy golpeados con niveles de producción  19.2% y 19.7% por debajo de lo observado en el tercer trimestre de 2019. En la entrega de la semana pasada comentábamos como el consumo nacional privado de bienes semiduraderos continúa deprimido, lo que explica la desfavorable evolución de estas dos ramas de actividad. De igual manera, preocupa cómo se ha afectado a la rama de Fabricación de equipo de computación, comunicación y medición, ya que presenta una caída de -27.80%, producto de la escasez de chips, componentes e insumos indispensables para la elaboración de sus productos.

Datos de los primeros nueve meses de 2021

Ahora analizamos la evolución  de la industria manufacturera nacional en el acumulado de los primeros nueve meses de 2021. De acuerdo con la información de la EMIM, el valor de la producción de la industria manufacturera fue de 6.180 billones de pesos en los primeros nueve meses de 2019 y cayó a 5.528 billones en los mismos meses de 2020. En el 2021 hemos estado en un proceso de recuperación por lo que éste subió a 6.641 billones de pesos en los primeros nueve meses de 2021. Esto significa que en términos nominales el valor de la producción manufacturera en 2021 está 20.1% arriba del observado en 2020 y 7.5% por encima del registrado en 2019. El panorama es un poco diferente cuando tomamos en cuenta la inflación  del periodo, ya que se aprecia que entre 2020 y 2021 el crecimiento real del valor de la producción fue de 14.24%, mientras que en el comparativo de 2019 a 2021 éste muestra un retroceso de -1.22%, lo que indica que en lo que va del año no se ha logrado alcanzar el valor de producción manufacturera precrisis COVID-19.

Al analizar la evolución a nivel de rama de actividad, vemos que en el comparativo de los primeros nueve meses de 2021 respecto de los mismos meses de 2019, hay 12 ramas de actividad que muestran crecimiento, mientras que las restantes 9 ramas de actividad presentan disminución, por lo que aún no recuperan su valor de producción  que tenían previo a las crisis ocasionada por el COVID-19.

A continuación se presentan las diversas ramas de actividad, ordenadas de mayor a menor crecimiento durante el periodo de los primeros nueve meses de 2019 a los mismos meses de 2021 (en paréntesis se indica la tasa de crecimiento en términos reales, ordenados de mayor a menor crecimiento): Industrias metálicas básicas (26.97%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (22.11%); Fabricación de productos metálicos (20.05%); Industria de la madera (18.95%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (9.29%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (5.33%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (4.55%); Industria alimentaria (4.37%); Industria del plástico y del hule (2.32%); Industria de las bebidas y del tabaco (1.71%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (1.23%); y Otras industrias manufactureras (0.72%).

En seguida se presentan las ramas de actividad que en el acumulado de los primeros nueve meses de 2021 se encuentran con un valor de producción  inferior al observado en los primeros nueve meses de 2019 (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución en términos reales, ordenados de menor a mayor caída): Industria del papel (-2.10%); Industria química (-2.15%); Impresión e industrias conexas (-7.15%); Fabricación de maquinaria y equipo (-7.33%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-10.13%); Fabricación de equipo de transporte (-13.52%); Fabricación de prendas de vestir (-21.86%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-21.97%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-26.43%). De esta información, pues destaca lo mismo que señalábamos en el análisis del tercer trimestre con fuertes caídas en la rama de equipo de transporte, en los sectores vestido y calzado, así como en el de computo y equipo de medición.

Para entender cómo es que la caída en términos reales del valor de la producción de 9 ramas de actividad arrastra hacía abajo el valor total de la producción de la industria manufacturera, debemos analizar la participación relativa de cada una de las ramas de actividad en el total del valor de producción.

Con los datos de la EMIM podemos calcular la distribución porcentual de ésta en los primeros nueve meses de 2021 (en paréntesis se indica la participación porcentual): Fabricación de equipo de transporte (30.7%); Industria alimentaria (16.2%); Industria química (9.3%); Industrias metálicas básicas (9.2%); Industria de las bebidas y del tabaco (6.3%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (4.0%); Industria del plástico y del hule (4.0%); Fabricación de productos metálicos (4.0%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (3.7%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (3.3%); Industria del papel (3.1%); Fabricación de maquinaria y equipo (2.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (0.7%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (0.7%); Otras industrias manufactureras (0.5%); Fabricación de prendas de vestir (0.5%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (0.4%); Impresión e industrias conexas (0.4%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (0.4%);  Industria de la madera (0.3%); y Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.2%).

Resulta evidente que la rama de fabricación de equipo de transporte, al representar casi una tercera parte del valor de la producción manufacturera (30.7%), y con una caída de su valor de producción de -13.52%, pues genera un arrastre hacía abajo de 4.15 puntos porcentuales en el valor total de producción de la industria manufacturera.

Conclusiones

Los datos del INEGI muestran que el valor de producción de la industria manufacturera nacional se encuentra por debajo del nivel que tenía en 2019 y esto se debe a que hay nueve ramas de actividad que presentan problemas serios, como es el caso de la fabricación de equipo de transporte, vestido, calzado y fabricación de equipo de cómputo. Veremos como es que a nivel global se resuelven los problemas de escasez de chips y semiconductores, así como la manera cómo México puede sumarse a resolver estos importantes retos. En el caso de vestido y calzado, su recuperación será paulatina en la medida en que se siga recuperando el mercado interno.

Es así que no se puede negar que las dificultades en la industria manufacturera continuaron en el tercer trimestre de 2021; sin embargo, el panorama económico general para el cierre de este año es favorable. Esto porque en los Estados Unidos las ventas el menudeo continúan fuertes (subieron 1.7% en octubre), además de que los recientes indicadores de la marcha económica en México, por parte del INEGI, denotan una mejoría.

El INEGI recién publicó que su Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) estima una variación positiva del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de 1.9% en octubre de 2021 respecto al mismo mes del año anterior.  Para los principales Grandes Sectores de Actividad del IGAE, se tiene que para las actividades Secundarias se calcula un incremento anual de 1.3% en octubre pasado y para el sector Terciario el aumento anual es de 2 por ciento.

Obvio que los retos para la industria manufacturera persistirán, pero en la medida en que se resuelvan los problemas logísticos y de escasez de componentes, otras ramas de actividad se seguirán recuperando. El gran riesgo que ahora se ve en el horizonte es el impacto que tendrá en el proceso de recuperación económica, los apretones monetarios por parte del Banco de México (los que ya se dieron más los que faltan para este año y 2022), pero ese tema será abordado en otra entrega.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com.  

En Twitter: @alejandrogomezt

Un debilitado consumo nacional

El proceso de recuperación económica durante el 2021 ha sido lento y complicado. En el caso de México el INEGI recientemente informó que entre agosto y septiembre de este año, con cifras desestacionalizadas, el índice de volumen físico de la producción industrial disminuyó -1.43%, producto de que la minería avanzó 0.13%; electricidad, gas y agua cayó -1.06%; la construcción decreció -1.44%; mientras que las industrias manufactureras cayeron -1.33%.  Con la caída de -1.43% de septiembre, tenemos que en cuatro de los primeros nueve meses de este año, la actividad industrial en México ha caído respecto al mes inmediato anterior.

La irregular recuperación de la industria se debe a problemas globales en las cadenas de suministro, encarecimiento y escasez de diversos insumos y componentes, la aparición de la variante delta del Covid-19, escasez de mano de obra, los problemas logísticos internacionales, el clima poco propicio para la inversión, entre otros tantos factores. El asunto es que la debilidad industrial es otro factor que incide negativamente en el desempeño de variables como el indicador de consumo privado en el mercado interior (ICPMI), mismo que se encuentra todavía en niveles muy por debajo del observado en 2019 en lo que respecta a bienes y servicios nacionales.

El INEGI informó que entre julio y agosto de este año el consumo privado (por parte de hogares y familias) en el país cayó -0.6%, producto de que el consumo de bienes nacionales cayó -0.3%, el de servicios nacionales se contrajo -0.4%, mientras que el de bienes importados cayó -6.8% (aunque no hay que dejarse llevar por este último dato, ya que como veremos más adelante el consumo de bienes importados se encuentra ya en un nivel muy por encima del observado en 2019).  Es muy preocupante que con la caída de agosto, el consumo privado nacional liga tres meses consecutivos con contracciones respecto al mes inmediato anterior (cayó -0.82% en junio y -0.03% en julio).

Ahora, con los datos de agosto, y con independencia del mal desempeño observado en dicho mes, ya podemos tener una valoración de cómo se ha venido recuperando el consumo nacional en el acumulado de los primeros ocho meses del año, mismo que se presenta a continuación:

En el acumulado de los primeros ocho meses de 2021 vemos que el consumo privado total se encuentra 8.67% por encima de los mismos meses de 2020, pero aun está 4.86% por debajo del nivel de 2019. En cuanto a la categoría de bienes y servicios nacionales, ésta muestra un aumento de 8.69% respecto a 2020, pero está un preocupante 6.02% por debajo de 2019.

En cuanto al consumo de bienes nacionales, tenemos que muestra un incremento de 8.69% respecto a 2020, pero está aun 1.41% por debajo del nivel de 2019. El consumo de bienes duraderos presenta un incremento de 21.47% respecto a 2020, pero sigue 0.78% por debajo del nivel de 2019; el consumo de bienes semiduraderos es el más golpeado, ya que presenta un incremento de 30.48% respecto de 2020, pero está todavía  14.67% por debajo del nivel de 2019; mientras que el consumo de bienes no duraderos ya se recuperó porque está 4.45% arriba del nivel de 2020 y se encuentra 1.11% por encima del nivel de 2019. En relación al consumo de servicios, éste también sigue muy afectado ya que muestra un crecimiento de 4.62% respecto a 2020 y se encuentra 10.30% abajo del nivel de 2019.

Es muy preocupante lo que sucede con el consumo de bienes importados, ya que el consumo de los nacionales está 1.41% abajo del 2019, mientras que el de los importados se encuentra 5.39% arriba del nivel de 2019. Esto muestra cómo buena parte de la recuperación económica nacional esta sirviendo para ayudar en el crecimiento de las industrias de otras naciones, como China. Analizando por tipo de bien, tenemos que el consumo de bienes duraderos importados está 42.23% arriba de 2019, pero 1.84% debajo de 2019; el consumo de bienes importados semi duraderos está 18.36% por arriba de 2019 y sólo 3.37% debajo del nivel de 2019; mientras que el consumo de bienes importados no duraderos está 23.44% arriba del nivel de 2020 y 16.40% por encima del nivel de 2019.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Los indicadores del INEGI muestran tres temas de preocupación para la recuperación plena del mercado interno y la reactivación nacional de producción de bienes y servicios:

  1. La debilidad general del consumo de bienes y servicios, mismo que se debe a que no se ha recuperado la totalidad de la población ocupada que se tenía en 2019; Además de que hay una importante disminución real de los ingresos promedio de la población  ocupada, mismos que se exacerban con los elementos mencionados en el segundo párrafo de esta entrega.
  2. Como ya se mencionó, no es lo ideal que el crecimiento del consumo de bienes importados a una tasa muy superior a la del aumento del consumo de bienes nacionales. Esto resulta sospechoso en un contexto en el que se supone que hay problemas logísticos serios en la importación de mercancías por la escasez de contenedores y el encarecimiento de éstos.
  3. Se mantiene una severa debilidad en el consumo de bienes intermedios nacionales, lo que se traduce en que ciertas industrias, como las del vestido y calzado, continúen experimentando problemas fuertes en su reactivación.

A manera de conclusión, podemos señalar que es muy importante que se dé una reactivación del mercado interno con un consumo sólido. Hasta ahora, buena parte de nuestra recuperación económica ha estado fincada en las exportaciones, pero eso no es lo ideal. Para que se reactive el mercado interno hay que consumir productos hechos en México, incentivar la incorporación de más personas al mercado laboral, reactivar la inversión productiva, tener un gasto público inteligente, entre otros. Pero el gobierno federal parece no entender eso, por lo que el proceso de recuperación a lo que teníamos en 2019 probablemente se vaya a prolongar hasta finales de 2022 o principios de 2023.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La caída de la productividad laboral en México

El gobierno federal actual ha decretado aumentos considerables en el salario mínimo, el cual pasó de 88.36 pesos en 2018 a 141.70 pesos en 2021, lo que representa un incremento nominal de 60.4%. Sin embargo, son pocas las personas ocupadas que se han visto beneficiadas de este incremento, ya que los ingresos en el empleo informal no se rigen con el salario mínimo, mientras que en el empleo formal el salario promedio de cotización es mucho más elevado ($432 pesos diarios al 30 de septiembre de 2021), por lo que para la enorme mayoría de asegurados los incrementos salariales no se dan en función de cómo se mueve el salario mínimo.

Sin lugar a duda, una gran asignatura pendiente en México es elevar el nivel de ingresos de la población ocupada, pero sin que esto se traduzca en mayores costos o menor rentabilidad para las empresas, ya que no se trata de que los aumentos en los salarios se traduzcan en inflación que merme el poder adquisitivo de las familias. Lo he señalado en múltiples entregas, que de acuerdo con la teoría económica, el aumento de la productividad laboral es una condición indispensable para que haya mejora en los ingresos de la población  ocupada sin presiones inflacionarias, lo que implica que cada unidad de mano de obra empleada produzca un mayor valor de producción. En esta entrega analizamos qué tan bien vamos en el objetivo de tener una economía cada vez más productiva, tanto para la totalidad de la economía nacional como a nivel de entidad federativa.

El INEGI ha informado los datos del índice global de la productividad laboral de la economía con base en la población ocupada al segundo trimestre de 2021. Los datos confirman que lamentablemente para México y su competitividad relativa a nivel mundial, la productividad total promedio ha caído fuerte en lo que va del actual sexenio del gobierno federal. Esto se debe principalmente a la disminución de la productividad de la mano de obra en las actividades industriales. Cabe señalar que en el texto subsecuente, cuando se haga mención a los años 2012, 2018 o 2021, me referiré siempre a los datos del segundo trimestre de cada año.

Productividad a nivel nacional

Para la totalidad de las actividades económicas, mientras que en el periodo de 2012 a 2018 la productividad laboral creció 5.56%, en el periodo de 2018 a 2021 ésta disminuyó en -6.17%, de manera que para el periodo completo de 2012 a 2021, se registra un retroceso de -0.95%. En las actividades primarias (agricultura, ganadería, pesca), observamos un aumento considerable de 15.02% en el periodo de 2012 a 2018, y una caída de -0.27% entre 2018 y 2021, de manera que para el periodo de 2012 a 2021 la productividad laboral muestra un avance de 14.70%. En las actividades secundarias (industria) observamos una caída de la productividad laboral de -12.24% en el periodo de 2012 a 2018 y una caída adicional de -7.70% en el periodo de 2018 a 2021, de manera que para todo el periodo de 2012 a 2021 hay un fuerte retroceso de -19.0%. Finalmente, en las actividades terciarias (comercio y servicios), observamos que entre 2012 y 2018 hubo un aumento de la productividad de 12.85%, pero entre 2018 y 2021 ésta cayó -5.83%, de manera que el balance de 2012 a 2021 es de un incremento de apenas 6.27%. ¿Cuáles son las causas de la pérdida de productividad en actividades primarias, secundarias y terciarias en el actual sexenio? Desde luego que la pandemia del covid-19 jugó un papel, pero desde mi punto de vista el principal problema es la fuerte caída en la inversión fija bruta de -15.6% ocurrida en el comparativo de los primeros siete meses de 2018 y los mismos meses de 2021.

Es muy preocupante la fuerte caída de la productividad de las actividades secundarias y al profundizar en el tema, vemos que el INEGI nos proporciona información para la industria de la construcción y la manufacturera. Respecto a la productividad de la mano de obra ocupada en la industria de la construcción, tenemos que en el periodo de 2012 a 2018 ésta creció 2.82%, pero en el periodo de 2018 a 2021 disminuyó -15.78%, de manera que el balance de 2012 a 2021 es de un retroceso de -13.41%.

Ahora, al analizar la evolución del índice de productividad laboral con base en la población ocupada en la industria manufacturera vemos que en el periodo de 2012 a 2018 ésta cayó -8.11%, producto de que retrocedió -4.85% entre 2012 y 2018 y cayó otro -3.43% entre 2018 y 2021. Esta disminución de la productividad promedio de la industria manufacturera es lo que hace difícil que los salarios puedan aumentar más en esta actividad, además de que nos deja mal parados respecto a otros países que pudieran resultar más atractivos para la atracción de plantas manufactureras.

Productividad en las entidades federativas

Al analizar la evolución de la productividad de la mano de obra en la industria manufacturera, pero a nivel de entidad federativa, tenemos que para el periodo completo de 2012 a 2021, los estados que muestran crecimiento de su productividad de la mano de obra son (en paréntesis se indica el porcentaje de incremento) son: Michoacán (75.76%), Baja California Sur (62.01%), Morelos (60.98%), Oaxaca (48.72%), Guerrero (44.43%), Baja California (13.44%), Guanajuato (11.30%), Yucatán (9.31%), Campeche (9.27%), Durango (9.02%), Ciudad de México (8.27%), Querétaro (5.71%), Nuevo León (5.38%), Colima (5.27%) y Jalisco (2.94%). En estos 15 estados la mano de obra promedio es ahora más productiva de lo que era en 2012. ¿Qué están haciendo los empresarios de estos estados para avanzar en su productividad?

Por su parte, los estados que presentan disminuciones en su índice de productividad laboral entre 2012 y 2021 son (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución): Chiapas (-39.71%), Zacatecas (-25.76%), Tamaulipas (-24.93%), Nayarit (-23.73%), Hidalgo (-20.77%), Sonora (-20.06%), Quintana Roo (-17.90%), Veracruz (-15.07%), Tlaxcala (-11.04%), Estado de México (-5.44%), Coahuila (-3.91%), Aguascalientes (-3.89%), San Luis Potosí (-3.85%), Tabasco (-3.79%), Chihuahua (-2.90%), Puebla (-2.03%) y Sinaloa (-0.29%).   Desafortunadamente en estos 17 estados la mano de obra es ahora menos productiva de lo que era hace nueve años. ¿Qué sucedió en estas entidades para que no hayan logrado avanzar en su productividad laboral?

Es importante precisar que los datos de la tabla que se presenta a continuación sólo se refieren al crecimiento o disminución de la productividad laboral, no refleja la posición relativa del nivel de productividad de cada entidad. Las cifras del INEGI no permiten conocer la magnitud del nivel de productividad absoluta de los estados, sólo cómo han evolucionado desde 1993.

Al final de cuentas, esta evolución es lo que explica buena parte porque en unas entidades mejora el nivel de vida, mientras que en otras ocurre un estancamiento salarial, además de que confirma que una de las mayores asignaturas pendientes que tienen el sector privado y el sector público es la de elevar la productividad de su fuerza laboral a lo largo y ancho de México. Si no se logra esto, será imposible tener incrementos salariales permanentes cada año sin generar presiones inflacionarias.

Respecto al tema de la productividad laboral, desde luego que se pueden realizar muchos más análisis con un mayor nivel de detalle a nivel nacional y estatal, y claro que también se pueden obtener muchas más conclusiones de lo aquí presentado. Hay tres acciones fundamentales para elevar la productividad de la mano de obra, y son: 1. Elevar el nivel de capacitación y competencias de la población económicamente activa, 2. Generar un entorno económico propicio y amable con la inversión y 3. Brindar incentivos fiscales a la inversión productiva de manera que las empresas puedan adquirir más y mejor maquinaria y equipo.

La estrategia debe ser apostarle a los aumentos en la productividad para hacer frente al enorme reto de disminuir las brechas salariales en la población ocupada, por lo que este debería ser uno de los principales objetivos de la Secretaría de Economía, la Secretaría de Hacienda y la Secretaría del Trabajo del gobierno federal actual.   

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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El comercio exterior es el principal motor de crecimiento económico

Mucho se ha dicho respecto de que el principal motor de crecimiento económico, desde el segundo semestre de 2020 y a lo largo de 2021, ha sido el sector externo, concretamente las exportaciones. En las pasadas entregas hemos comentado que de los componentes de la demanda agregada, en el comparativo del primer semestre de 2021 respecto del mismo semestre de 2020, el consumo privado de bienes y servicios nacionales muestra un aumento de 5.8%; mientras que la inversión fija bruta total presenta un incremento de 11.1%. No obstante estos aumentos, el consumo privado de bienes y servicios nacionales se encuentra 5.9% por debajo del nivel del primer semestre de 2019, mientras que la inversión fija bruta está 12.2% por debajo de lo observado en el primer semestre de 2019. Respecto del gasto neto del sector público presupuestario, las estadísticas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) muestran que en términos reales, entre el primer semestre de 2020 y el mismo semestre de 2021, éste creció 9.3% y que se encuentra 15.0% por encima del nivel del primer semestre de 2019. Pero no nos vayamos con la finta de datos preliminares del primer semestre, ya que al tomar en cuanta años completos vemos que entre 2019 y 2020 este gasto neto del sector público creció apenas 0.1% en términos reales.

Con lo anterior en mente, en esta entrega analizamos lo que está pasando con el sector externo y como contribuye a la recuperación económica nacional. Comenzamos haciendo un repaso de lo que sucedió en el periodo de 2019 a 2020, utilizando información de años completos; y posteriormente hacemos un análisis de lo sucedido en los primeros siete meses de 2021 respecto de los mismos meses de 2020. Este análisis se presenta primero para el volumen total de comercio (exportaciones, importaciones y saldo de la balanza comercial), y posteriormente se presenta la evolución de las diferentes actividades que conforman la industria manufacturera.

Comercio total de México 2019 – 2020

En el 2020 México realizó exportaciones totales de 416.999 miles de millones de dólares (mmdd), cifra que representó una disminución de -9.47% respecto de los 460.603 mmdd exportados en 2019. Por su parte, en cuanto a las importaciones totales, éstas sumaron 382.985 mmdd en 2020, cifra inferior en -15.87% a los 455.241 mmdd observados en 2019.  De esta manera, pasamos de tener un superávit en la balanza comercial de 5.362 mmdd en 2019 a uno de 34.013 mmdd en 2020, lo que implica un aumento del superávit de 534.34 por ciento.

El volumen de comercio exterior de México es enorme cuando lo relacionamos al tamaño de nuestra economía. En 2019 las exportaciones mexicanas sumaron el equivalente a 8.868 billones de pesos, mientras que las importaciones fueron de 8.765 billones de pesos. Es así que la suma de exportaciones e importaciones fue de 17.633 billones de pesos. Si tomamos en cuenta que el PIB nominal de México en 2019 sumó 24.453 billones de pesos, queda claro que en ese año las exportaciones representaron el 36.3% del PIB, las importaciones el 35.8%, mientras que la suma del comercio exterior fue de 72.1% del PIB. En el 2020 las exportaciones mexicanas tuvieron un valor equivalente a 8.882 billones de pesos, mientras que las importaciones sumaron 8.164 billones, por lo que la suma del comercio exterior fue de 17.047 billones de pesos. Si tomamos en consideración que el PIB nominal en 2020 fue de 23.073 billones de pesos, queda claro que en dicho año las exportaciones fueron equivalentes a 38.5% del PIB, las importaciones al 35.4% del PIB y la suma del comercio exterior fue de 72.1% del PIB.

Comercio total de México primeros siete meses de cada año 2019 – 2021

En el acumulado de los primeros siete meses de 2021 vemos que las exportaciones totales de México sumaron 276.994 mmdd, cifra que representa un incremento de 26.9% respecto de los mismos meses de 2020 y que también está 3.9% por encima de lo exportado en los primeros siete meses de 2019.  En materia de importaciones, la dinámica ha sido mayor, ya que éstas sumaron 279.962 mmdd en los primeros siete meses de 2021, cifra 33.2% superior a la observada en los primeros siete meses de 2020 y superior en 5.8% a la observada en los primeros siete meses de 2019.

Es así que derivado de la crisis económica de 2020 y la posterior recuperación de importaciones en 2021, es que pasamos de tener un superávit comercial de 1.945 mmdd en los primeros siete meses de 2019 a un superávit de 8.045 mmdd en los primeros siete meses de 2020 a tener un déficit de -2.968 mmdd en los primeros siete meses de 2021. Este importante aumento de importaciones puede tener dos componentes: 1. Varias de las importaciones son de insumos para la producción de exportaciones, por lo que serían positivas para la economía nacional; y 2. Si son importaciones que desplazan producción nacional, como muchas importaciones de bienes de consumo final, pues estas perjudican a la planta productiva nacional.

Ahora, para ilustrar el peso de las exportaciones e importaciones en el PIB de México en los primeros siete meses de 2021, tenemos que las exportaciones sumaron el equivalente a 5.582 billones de pesos, mientras que las importaciones fueron de 5.642 billones de pesos y la suma del comercio exterior de México de enero a julio de 2021 es de 11.225 billones de pesos. Si tomamos en consideración que el PIB nominal anual en el primer semestre del 2021 fue de 25.419 billones de pesos, tenemos que las exportaciones representan el 22.0% del PIB, las importaciones el 22.2% del PIB y la suma del comercio exterior es equivalente al 44.2% del PIB. Estos porcentajes evidentemente son más bajos que los  presentados líneas arriba, pero hay que tener en mente que corresponden únicamente a los primeros siete meses de 2021, por lo que la expectativa es de que al cierre de 2021 la suma de exportaciones e importaciones de México represente cerca del 75.0% del PIB mexicano.

Comercio manufacturas de México 2019 – 2020

En cuanto al comercio exterior de manufacturas, por pare de México, vemos que en 2020 las exportaciones sumaron 373.823 mmdd, cifra 9.0% inferior a la observada en 2019, cuando éstas sumaron 410.789 mmdd. Por su parte, las importaciones manufactureras sumaron 336.489 mmdd en 2020, cifra 14.3% más baja respecto de los 392.640 mmdd observados en 2019.  De esta manera, México pasó de tener un superávit manufacturero de 18.149 mmdd en 2019 a uno de 37.335 mmdd en 2020, lo que representó un incremento de 105.7%.

En 2020, las actividades manufactureras que más contribuyeron a generar el enorme superávit comercial fueron las siguientes (en paréntesis se indica el monto del superávit generado): Productos metálicos, maquinaria y equipo (78.400 mmdd); Alimentos, bebidas y tabaco (6.941 mmdd); Minerometalurgia (2.326 mmdd); y Fabricación de otros productos minerales no metálicos (1.247 mmdd). Ahora, a continuación se presentan las actividades manufactureras que registraron déficit en su balanza comercial en 2020 (en paréntesis se indica el monto de dicho déficit): Química (-16.444 mmdd); Productos plásticos y de caucho (-12.715 mmdd); Siderurgia (-8.478 mmdd); Otras industrias manufactureras (-5.611 mmdd); Papel, imprentas e industria editorial (-4.415 mmdd); Textiles, artículos de vestir e industria del cuero (-3.505 mmdd) e Industria de la madera (-0.412 mmdd)     

Comercio manufacturas  de México primeros siete meses de cada año 2019 – 2021

En cuanto al comercio exterior de manufacturas, por pare de México, vemos que en los primeros siete meses de 2021 las exportaciones sumaron 243.916 mmdd, cifra 26.0% superior a la observada en los primeros siete meses de 2020, cuando éstas sumaron 193.639 mmdd. Por su parte, las importaciones manufactureras sumaron 238.387 mmdd en 2021, cifra 29.8% más alta respecto de los 183.634 mmdd observados en los primeros siete meses de 2020.  De esta manera, México pasó de tener un superávit manufacturero de 10.005 mmdd en los primeros siete meses de 2020 a uno de 5.529 mmdd en los primeros siete meses de 2021, lo que representó un decremento de -44.7% en el valor del seuperavit comercial manufacturero.

En los primeros siete meses de 2021, las actividades manufactureras que más contribuyeron a generar el superávit comercial antes mencionado, fueron las siguientes (en paréntesis se indica el monto del superávit generado): Total productos metálicos, maquinaria y equipo (41.969 mmdd); Alimentos, bebidas y tabaco (3.787 mmdd); y Fabricación de otros productos minerales no metálicos (0.658 mmdd). Ahora, a continuación se presentan las actividades manufactureras que registraron déficit en su balanza comercial en el acumulado de los primeros siete meses de 2021 (en paréntesis se indica el monto de dicho déficit): Química (-12.614 mmdd); Productos plásticos y de caucho (-9.626 mmdd); Siderurgia (-8.268 mmdd); Otras industrias manufactureras (-4.461 mmdd); Papel, imprentas e industria editorial (-3.133 mmdd); Textiles, artículos de vestir e industria del cuero (-2.170 mmdd); Industria de la madera (-0.406 mmdd); y Minerometalurgia (-0.207 mmdd).

Conclusiones

Resulta evidente la dinámica exportadora de México es el principal motor de crecimiento económico de nuestro país. El hecho de que en los primeros siete meses de 2021 las exportaciones totales estén 26.9% por encima de lo observado en los primeros siete meses de 2020 y 3.9% superior a lo registrado en los primeros siete meses de 2019, aunado al enorme peso que tienen las exportaciones en el PIB, deja claro que esta actividad incide positivamente en el desempeño económico nacional. Sin embargo, no dejan de preocupar las importaciones que llegan al país y desplazan producción nacional. Como lo hemos señalado en otras entregas, la recuperación de la economía nacional debe ser en beneficio del empleo y producción mexicanos. Es importante que se cuide a la industria nacional de las prácticas de dumping que realizan diversos países, así como de las prácticas ilegales de comercio como el contrabando y la subvaluación de mercancías. El sector externo puede seguir siendo el principal motor de crecimiento del país, pero sin duda, se debe cuidar que las industrias nacionales sensibles no vayan a ser depredadas por las prácticas comerciales desleales e ilegales.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt