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En un complicado entorno internacional, México al borde de la recesión

El pasado 31 de octubre, el INEGI publicó su estimación oportuna del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el tercer trimestre de 2019. El dato se anticipaba negativo y así acabo sucediendo ya que, con cifras originales, el PIB disminuyó -0.4% en el comparativo del tercer trimestre de 2019 respecto del mismo trimestre de 2018. Esta caída fue producto de un incremento de 5.4% en las actividades primarias (agricultura y ganadería), una disminución de -1.7% en las actividades secundarias (industria) y un retroceso de -0.1% en las actividades terciarias (comercio y servicios).

Con esta cifra, se ligan dos trimestres consecutivos con caídas anualizadas en el PIB total, ya que éste retrocedió -0.8% en el segundo trimestre de 2019, lo que ubica a México al borde de una recesión técnica. Por su parte, el PIB de las actividades secundarias acumula cuatro trimestres consecutivos con caídas anualizadas, mientras que para las actividades terciarias se registró la primera caída desde el cuarto trimestre de 2009.

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Es así que en el promedio de los tres primeros trimestres de 2019 la tasa de crecimiento anual promedio del PIB total es de 0.0%, y es con este escenario que los analistas encuestados por el Banco de México estiman que el crecimiento del PIB en todo el 2019 será de apenas 0.26%, mientras que en GAEAP mantenemos nuestro pronóstico (hecho público desde agosto) de que el PIB de 2019 cerrará en terreno negativo.

Se debe destacar que la situación de estancamiento económico que vive México no es generalizada a lo largo y ancho del país. Precisamente el miércoles 30 de octubre el INEGI publicó los datos de la evolución del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) durante el segundo trimestre de 2019 y con dichos datos vemos que hay entidades que al primer semestre del año aún registraban un desempeño positivo. A continuación se presenta la evolución del ITAEE con cifras originales, en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018 (en paréntesis se indica la tasa de crecimiento o disminución): Chihuahua (3.5%), Tlaxcala (3.4%), Sinaloa (2.8%), Nuevo León (2.8%), Colima (2.7%), Durango (2.2%), Tamaulipas (2.0%), Baja California (1.9%), Yucatán (1.8%), Jalisco (1.3%), Veracruz (1.3%), Puebla (1.2%), Querétaro (1.2%), Nayarit (1.1%), Quintana Roo (1.1%), Aguascalientes (0.7%), Coahuila (0.6%), Sonora (0.2%), Ciudad de México (0.2%), Guerrero (0.0%), Morelos (-0.2%), San Luis Potosí (-0.4%), Hidalgo (-0.5%), Guanajuato (-0.6%), Michoacán (-0.9%), Estado de México (-2.0%), Oaxaca (-2.0%), Campeche (-2.5%), Chiapas (-2.7%), Baja California Sur (-2.8%), Zacatecas (-3.6%) y Tabasco (-10.5%). Como puede apreciarse, hay 20 entidades que presentan incremento en su crecimiento económico y 12 que presentan decremento.

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La inversión productiva del país muestra una caída de -4.6% en los primeros siete meses del año.

Regresando al desempeño del PIB, a lo largo del año hemos señalado que éste se ha visto fuertemente afectado por la caída de la inversión privada y pública.  Por el lado de la inversión productiva del sector privado tenemos que de acuerdo al INEGI, en el comparativo de los primeros siete meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, el Índice de volumen físico de la inversión fija bruta muestra un retroceso de -4.6%, producto de que el total de inversión en construcción cayó -3.2%, mientras que la inversión total en maquinaria y equipo se ha contraído -6.5%.

En cuanto a la inversión pública las cifras son aun más preocupantes ya que de acuerdo con la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el comparativo de los primeros nueve meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, la inversión física del sector público presupuestario muestra una caída en términos reales de -14.4%, pero si sustraemos la inversión de PEMEX, vemos que la disminución es de -21.7% en términos reales.  Si nos centramos exclusivamente en la inversión física del sector público en el rubro de Desarrollo Económico la caída es de -20.8% en el periodo de referencia.

¿Hay alguna expectativa de que el año que viene pueda ser mejor? Por el lado interno se antoja muy complicado que pueda haber una recuperación, ya que las expectativas empresariales continúan deteriorándose; mientras que por el lado externo la situación también es bastante complicada en varias de las principales economías del mundo.

El pasado 1 de noviembre, el INEGI publicó el resultado de su Encuesta de Expectativas Empresariales con datos al mes de septiembre, y el ella se aprecia un claro deterioro en este indicador. Con cifras originales, en el comparativo del noveno mes del 2019 respecto del mismo mes de 2018, vemos que en el sector manufacturero hubo un deterioro de las expectativas en Demanda nacional de sus productos (-0.1), Exportaciones (-1.4), Personal ocupado total (-1.1) e Inversión en planta y equipo (-1.3). En el sector de la construcción se deterioró la expectativa en Valor de las obras ejecutadas como contratista principal (-3.6), Valor de las obras ejecutadas como subcontratista (-6.5), Total de contratos y subcontratos (-1.5) y Personal ocupado total (-0.5). En cuanto a las expectativas del sector comercio, hubo baja en Ingresos por consignación y/o comisión (-0.1), Compras netas (-3.0), Inventarios de mercancías (-5.2) y Personal ocupado total (-4.2). Finalmente, en los servicios privados no financieros hubo un deterioro en las expectativas de Ingresos por la prestación de servicios (-2.8), Demanda nacional de servicios (-4.6) y Gastos por consumo de bienes y servicios (-6.4).

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La economía mundial enfrenta grandes retos y peligros. 

Por su parte, respecto al ámbito mundial, quiero hacer eco de lo señalado en un reciente artículo editorial publicado en el portal de The Japan Times, y titulado “El panorama económico problemático del FMI”. En él se hace eco del mensaje principal de la más reciente edición de la publicación Panorama Económico Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), y que es que la economía global continúa desacelerándose y el problema principal que se enfrenta es la perspectiva geopolítica. El reporte vislumbra diversos peligros y sugiere que los encargados de formular políticas públicas deben estar atentos a una serie de desafíos que amenazan la estabilidad y el bienestar mundiales.

Se menciona que el crecimiento en 2019 será el más débil desde la crisis financiera de 2008. El FMI anticipa un crecimiento global del 3.0%, que representa una caída de 0.3 puntos porcentuales con respecto a su pronóstico de abril de este año y una reducción sustancial comparada con la expansión del 3.6% observada el año pasado.

Los factores de riesgo son bastante conocidos: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las crecientes tensiones en Medio Oriente y el Golfo Pérsico, el Brexit y una desaceleración en las economías más grandes. Las disputas comerciales son el mayor problema. La creciente disposición a imponer aranceles a los socios comerciales ha frenado el crecimiento del comercio en los primeros seis meses del año a apenas 1.0%, que representa el desempeño anual más bajo desde 2012. Kristalina Georgieva, la nueva directora gerente del FMI, advirtió que las disputas comerciales podrían costar $700 mil millones de dólares en producción global para fines del próximo año, cantidad que representa alrededor del 0.8% del total mundial.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha intensificado la desaceleración de este último. El FMI pronostica que el crecimiento de China caerá a 6.1% en 2019 y luego a 5.8% en 2020, las tasas más bajas desde 1990, cuando el país fue golpeado por sanciones internacionales tras la masacre de la Plaza Tiananmen. Los economistas de China son más pesimistas y concluyen que el crecimiento del tercer trimestre ya ha caído al 6%. Sus exportaciones cayeron un 3.2% respecto al año anterior, una señal preocupante para una economía que depende en gran medida del acceso a los mercados extranjeros.

Y al contrario de la creencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, el FMI concluye que la guerra comercial le ha costado a los Estados Unidos un 0.6% en riqueza; El FMI proyecta que su economía también se desacelerará, registrando una expansión de 2.4% en 2019, lo que representa una caída de medio punto porcentual desde 2018.

Por otra parte, en un artículo publicado el 28 de octubre, en el portal estadounidense de Forbes y titulado “Aquí están los países al borde de la recesión hacia 2020” se presenta un vistazo a las principales economías que están en alerta de recesión, y si, si aparece México:

  • Hong Kong, aunque no es un país, ha visto cinco meses de protestas ciudadanas que han golpeado la economía de la ciudad, enviándola a una “recesión técnica”, con industrias como el turismo y el comercio minorista especialmente afectadas por la agitación en curso.
  • El Reino Unido, con su actual incertidumbre sobre dejar la Unión Europea (y todavía no se vislumbra el final), ha visto cómo su economía se contrae recientemente por primera vez desde 2012, y un Brexit sin acuerdo podría llevarlo a una recesión.
  • Alemania, la economía más grande de la Unión Europea, está preparada para caer en una recesión debido a una disminución continua en su sector manufacturero, así como a las mediocres ventas mundiales de automóviles.
  • Italia, la cuarta economía más grande de la Unión Europea, se encontraba en una recesión técnica durante la segunda mitad de 2018 y se ha enfrentado a continuos problemas económicos debido a la débil productividad, el alto desempleo, la enorme deuda y la agitación política.
  • La economía de China también se ha desacelerado en medio de la guerra comercial, aunque aún no se acerca a una recesión: el FMI pronosticó un crecimiento de solo 5.8% para la segunda economía más grande del mundo (en términos de PIB) en 2020, por debajo del 6.6% en 2018 y el pronóstico del 6.1% en 2019.
  • Otras economías altamente estresadas en todo el mundo incluyen Turquía, Argentina, Irán, México y Brasil, entre otros.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que a pesar de que Estados Unidos presenta tasas de crecimiento económico aceptables, México se dirige a una recesión autoinfligida al haber registrado esa fuerte caída en la inversión productiva y en la inversión del sector público. La situación mundial se complicará aun más, los flujos internacionales de capital podrían ser más limitados y en nuestro país parece que no se dimensiona el tamaño del reto que se avecina para todos. No hemos visto un verdadero plan de desarrollo económico que establezca estrategias reales de cómo saldremos de la eventual recesión en la que vamos a caer. Urge tomar el tema en serio, ya que el deterioro económico nos llevará a mayores complicaciones en otros ámbitos como el social, la seguridad pública y la política.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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México en el Índice de Libertad Económica 2019

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De izquierda a derecha: Larry Rubin, James M. Roberts y Luis Cervera.

El pasado miércoles 19 de junio, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia por parte de James M. Roberts, en la cual se presentaron los resultados, en general y para México, del 2019 Index of Economic Freedom, elaborado por The Heritage Foundation. Dicha presentación se llevó a cabo en el auditorio de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN) y fue organizada por mi amigo, Larry Rubin, miembro de la Mesa Directiva de CONCAMIN y Representante del Partido Republicano en México.

Considero que es importante compartir los hallazgos de dicho reporte, en un contexto en el cual a México le cuesta cada vez más trabajo alcanzar tasas medianamente aceptables de crecimiento económico. No hay que olvidar que en la semana que recién concluye, el Grupo Financiero Citibanamex revisó a la baja su pronóstico de crecimiento del PIB mexicano para 2019 a 0.9% desde 1.2% anteriormente. También modificaron su pronóstico de crecimiento del PIB para 2020 a 1.5% desde 1.7%.

Con esto en mente, tenemos que en general los resultados del Índice de Libertad Económica 2019 nuevamente confirman la importancia de la libertad económica para promover el rápido crecimiento económico y el progreso social sustentable. Entre sus principales conclusiones están las siguientes:

  1. Los ciudadanos de países “libres” o “mayormente libres” disfrutan de niveles de ingresos que son más del doble respecto del promedio global y son más de seis veces más altos respecto a aquellos ciudadanos que viven en economías reprimidas.
  2. La liga entre las mejoras en la libertad económica y el crecimiento económico es robusta. Una mayor libertad económica ha contribuido a duplicar el PIB mundial desde 1995, año en el que se publicó por primera ocasión el Índice de Libertad Económica.
  3. La gente en sociedades económicamente libres viven más, disfrutan de mejor salud, pueden acceder a “bienes sociales” de mayor calidad tales como educación, y cuentan con los recursos para cuidar de una mejor manera del medio ambiente.
  4. Una mayor libertad económica también está correlacionada con una mejor gobernanza democrática y un estado de derecho más sólido.

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El Índice global 2019 promedio de todo el mundo de libertad económica es de 60.8 puntos, el tercer mayor nivel desde 1995. De los 180 países evaluados, seis son considerados “libres”, mientras que otros 88 son considerados al menos como “moderadamente libres”. Del otro lado del espectro, 86 economías recibieron valores por debajo de 60 puntos y son considerados como ”mayormente poco libres” o “represivas”.

La pequeña caída en la libertad económica en 2019 a nivel mundial fue impulsada por un mayor proteccionismo en algunos grandes mercados, retrocesos en la efectividad judicial e intentos de algunos gobiernos de influir en las decisiones de los consumidores y de las empresas a través de la regulación y el gasto público.

Los 10 países con mayor libertad económica son los siguientes (en paréntesis se indica su calificación): Hong Kong (90.2), Singapur (89.4), Nueva Zelanda (84.4), Suiza (81.9), Australia (80.9), Irlanda (80.5), Reino Unido (78.9), Canadá (77.7), Emiratos Árabes Unidos (77.6) y Taiwán (77.3). Los Estados Unidos están en la posición 12 con una calificación de 76.8, mientras que China ocupa la posición 100 con una calificación de 58.4. Por su parte, los 10 peores países en libertad económica son los siguientes (en paréntesis se indica su calificación): Corea del Norte (5.9), Venezuela (25.9), Cuba (27.8), Eritrea (38.9), República del Congo (39.7), Zimbabue (39.7), Guinea Ecuatorial (40.4), Bolivia (42.3), Timor del Este (44.2) y Algeria (46.2).

La situación de México

La calificación de libertad económica de México fue de 64.7 lo que lo ubica en la posición 66 a nivel mundial del índice 2019. Respecto a la pasada medición, su calificación general disminuyó en 0.1 puntos, con caídas en su efectividad judicial, libertad de comercio, libertad monetaria y libertad laboral, nulificando el mayor puntaje obtenido en la salud fiscal. México está en la posición 12 de 32 países en el continente americano, y su puntaje en general está por encima de los promedios regional (59.6) y mundial (60.8).

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Imagen del documento 2019 Index of Economic Freedom

El estudio 2019 destaca que las fortalezas relativas de México están en su salud fiscal y su libertad comercial, mientras que las preocupaciones residen en la integridad gubernamental y la efectividad judicial. Desde 1995, México ha aumentado apenas 1.6 puntos en su calificación. Esto último contrasta con los casos de la República de Georgia que ha aumentado en 31.8 puntos y ahora tiene un puntaje de 75.9, o el caso de Ruanda que ha aumentado 32.8 puntos y ahora registra una calificación de 71.1 (ambas superiores a la calificación de México).

El estudio menciona que el PIB de 2 billones de dólares de México refleja los beneficios del comercio regional, por lo que el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) firmado en 2018 es vital. Dice que el nuevo gobierno probablemente continúe reformando los sectores energético, financiero, fiscal y de telecomunicaciones con el objetivo de largo plazo de mejorar la competitividad y el crecimiento económico en toda la economía. Señala que el crecimiento en 2019 debe ser apoyado por mayores precios del petróleo, pero la economía está limitada por su baja productividad, un amplio sector informal que emplea a más de la mitad de la fuerza laboral, un débil estado de derecho y la corrupción.

A continuación se presenta lo que se dice de México en cuatro de las dimensiones que se miden:

Estado de derecho: Los derechos de propiedad son protegidos, pero el gobierno ha vuelto el proceso de registro de propiedad más caro. El sistema judicial es débil. Es frecuente la solicitud de sobornos por parte de burócratas y funcionarios, existe una amplia impunidad, y hay una alta incidencia de extorsión criminal, lo que deteriora el estado de derecho. La corrupción es penetrante y alimentada por miles de millones de narco-dólares. Más de 100 políticos fueron asesinados en 2018. En este rubro las calificaciones obtenidas son las siguientes: Derechos de propiedad (59.1), Efectividad judicial (34.9), Integridad gubernamental (26.3).

Tamaño del gobierno: La tasa más alta de impuesto sobre la renta para las personas físicas es de 35%, mientras que la tasa para las empresas es de 30%. Otros impuestos incluyen al valor agregado. La carga fiscal total equivale a 17.2% del ingreso nacional total. En los últimos tres años, el gasto público ha representado el 26.9% de la producción del país (PIB), y los déficits fiscales han promediado 2.6% del PIB, La deuda pública es equivalente al 54.2% del PIB. En este rubro las calificaciones obtenidas son las siguientes: Carga fiscal (75.8), Gasto público (78.2), Salud fiscal (83.2).

Eficiencia regulatoria: No hay requisitos mínimos de capital para iniciar un negocio, pero el completar los requisitos de papeleo sigue siendo costoso. Las leyes laborales rígidas que hacen que el contratar y despedir empleados sea costoso, proveen un incentivo para que las pequeñas empresas operen fuera del sector formal. El gobierno comenzó a liberalizar su mercado energético al desregular los precios de las gasolinas en 2017. En este rubro las calificaciones obtenidas fueron: Libertad de los negocios (67.8), Libertad laboral (58.6), Libertad monetaria (75.9).

Apertura de mercados: El valor combinado de exportaciones e importaciones anuales es igual al 77.6% de su PIB. El arancel promedio cobrado a las importaciones es de 4.3%. Al 30 de junio de 2018, de acuerdo a la OMC, México tenía 236 medidas no arancelarias implementadas. El sistema bancario permanece relativamente bien capitalizado, y la participación de participantes extranjeros ha aumentado. Cerca del 38% de los mexicanos adultos tienen acceso a una cuenta con una institución bancaria formal.

El estudio concluye que los países que han reconocido los límites para la actividad gubernamental y han continuado con su compromiso de lograr una libertad económica sostenida han capitalizado las recompensas tangibles de un fuerte rebote económico y un dinamismo renovado. En contraste, aquellos que han renunciado a la libertad económica en favor de la intervención gubernamental de corto plazo y políticas populistas, han sufrido crisis prolongadas y caído en la trampa de la estagflación económica y mayor incertidumbre.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

México y los riesgos para la economía mundial en 2019

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Las exportaciones mexicanas se verán afectadas ante una desaceleración de la economía mundial.

Más allá de las complicaciones en la agenda económica y política interna de México, hay una serie de amenazas a nivel mundial que de concretarse, podrían hacer que la tasa de crecimiento económico de México en este año sea aún más baja de la ya de por si insuficiente meta de 2.0% para el Producto Interno Bruto (PIB). Lo que sucede en el resto del mundo es un verdadero riesgo porque el desempeño del sector exportador mexicano depende del dinamismo económico global, y las exportaciones de nuestro país representan un porcentaje cada vez más alto del PIB llegando a representar el 37.4% en 2018.

De los aproximadamente 450 mil millones de dólares que México exportó en 2018, el 79.4% tuvo como destino los Estados Unidos, por lo que resulta obvia la dependencia de nuestra economía respecto a la evolución económica de nuestro vecino del norte.

Hay un viejo adagio que dice más o menos así: “Lo que te perjudica no es lo que crees que sabes, sino lo que das por un hecho y no es así”.  En los próximos dos años, los mayores riesgos para la economía mundial se derivan precisamente de que los inversionistas creen que las tendencias económicas recientes es poco probable que cambien. Los mayores riesgos incluyen una mayor desaceleración de la economía china, un aumento en las tasas de interés de largo plazo a nivel mundial, y un incremento en las políticas económicas populistas que mermen la credibilidad de la independencia de los bancos centrales, resultando en mayores tasas de interés en los bonos gubernamentales (concebidos como instrumentos 100% seguros) de economías avanzadas. A continuación se explican estos temas.

Razones por las que la economía mundial se dirige a una recesión en 2019

En un artículo del columnista de Reuters, John Kemp, publicado el pasado 18 de enero se menciona que el crecimiento global se está desacelerando y la economía mundial se aproxima a una recesión a menos de que algo suceda que le dé un nuevo impulso. El indicador líder compuesto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) cayó a 99.3 puntos en noviembre, su menor nivel desde octubre de 2012, y por debajo de su pico de 100.5 puntos alcanzado a finales de 2017.  Este indicador se ha venido debilitando de manera consistente durante el último año y ahora se dirige (de manera indiscutible) hacía una contracción de la actividad económica.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China, pone presión adicional al gigante asiático que se ha visto afectado al cambiar su modelo de crecimiento.

La inercia de crecimiento ha ido en declive por algún tiempo en Gran Bretaña, Canadá, Francia e Italia y se han presentado indicios de problemas en los Estados Unidos y Alemania durante el pasado noviembre. El dato de diciembre del indicador compuesto de la OCDE probablemente registrará una mayor caída cuando sea publicado el mes que entra, dada la debilidad ya revelada en los mercados de renta variable, así como en las encuestas empresariales.

Durante los últimos 50 años, prácticamente todas las veces en que el índice ha disminuido por debajo del umbral de 99.3, ha habido una recesión en los Estados Unidos (1970, 1974, 1980, 1981, 1990, 2001 y 2008). La única excepción fue cuando el índice se debilitó en 1998 y la economía estadounidense siguió creciendo, a pesar de una economía mundial debilitada después de la crisis financiera de los Tigres Asiáticos (mejor conocida como “Efecto Dragón”).

La mayoría de las economías, fuera de los Estados Unidos, mostraron señales claras de desaceleración económica en el cuarto trimestre de 2018. Inclusive en los Estados Unidos, el índice manufacturero de Supply Management correspondiente a diciembre, mostró su mayor desaceleración en su tasa de crecimiento desde las recesiones de 2008 y 2001.  Por su parte, los volúmenes mundiales de comercio han mostrado señales de desaceleración hacía finales de 2018, después de un robusto 2017.

Cabe señalar que los fletes aéreos a través del Aeropuerto Internacional de Hong Kong, el centro de carga aérea más importante del mundo y un proxy del dinamismo del comercio mundial, registraron  una disminución anualizada de 1.6% en el cuarto trimestre de 2018.

La mayoría de los economistas ahora pronostican un periodo de menor crecimiento en 2019 pero los responsables políticos han expresado su esperanza de un aterrizaje suave en lugar del inicio de una recesión. Los políticos casi siempre buscan con sus declaraciones lograr aterrizajes suaves, esforzándose en mantener la confianza de negocios y empresarios, pero hay buenas razones para ser escépticos respecto a este escenario.

La experiencia muestra que la economía está caracterizada por una cantidad relevante de mecanismos de retroalimentación positiva que amplifican los episodios expansivos, así como los baches. Las expansiones tienden a acelerar la inversión privada, el empleo, los ingresos, el gasto del consumidor y los precios de las acciones y todos ellos se refuerzan mutuamente.  Una vez que la economía comienza a perder impulso, todos estos elementos tienden a interactuar entre sí en la dirección opuesta, lo que intensifica la desaceleración.

Un aterrizaje suave aun es posible, pero un aterrizaje duro es más probable, a menos de que algo suceda que le dé un nuevo impulso al crecimiento económico global. En este sentido, si los políticos quieren evitar una recesión, tienen dos opciones principales: a. Recortar las tasas de interés en los Estados Unidos para soltar un poco las condiciones financieras, y b. Concluir un acuerdo comercial entre China y los Estados Unidos para relajar las tensiones comerciales e impulsar la confianza empresarial.

Pero a menos de que los políticos intervengan con alguna de estas dos alternativas, el impulso de la economía mundial continuará menguándose y dirigiéndose hacía una recesión.

Los mayores riesgos económicos del 2019

En el mismo sentido de lo hasta ahora expresado, de acuerdo con Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, este año existen importantes riesgos para la economía mundial. A continuación presento dos de ellos porque tendrían un impacto en la economía mexicana:

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El mundo ya no aguanta una mayor expansión exportadora por parte de China.

China. Una desaceleración económica significativa en China puede que ya esté en proceso de ocurrir. La guerra comercial del presidente Trump ha socavado la confianza, pero este es sólo un golpe más a una economía que ya se estaba desacelerando conforme transitaba de una estrategia de crecimiento guiada por las exportaciones a una dirigida por la inversión que lleve a un crecimiento sostenido del consumo interno. ¿Qué tanto se desacelerará la economía china? Esta es una pregunta abierta, pero dada la contradicción inherente entre un sistema político cada vez más centralizado y la necesidad de un sistema económico más descentralizado dirigido por el consumo, es previsible que la desaceleración económica de largo plazo sea muy significativa.

Desafortunadamente, la opción de evitar la transición y sólo continuar promoviendo las exportaciones y las inversiones en bienes raíces no es muy atractiva tampoco. China ya es el exportador mundial dominante, y ya no queda espacio de mercado ni tolerancia política que le permita continuar su expansión de exportaciones a los mismos niveles de crecimiento de antes. El mantener el crecimiento a través de la inversión es un reto aún más grande, particularmente en los bienes raíces residenciales que representa la mayor parte de la industria de la construcción de China. La presión hacía abajo en los precios, especialmente fuera de las ciudades más grandes, está provocando que sea cada vez más difícil el inducir a las familias a que inviertan una mayor parte de su riqueza en una vivienda.

Resulta obvio que cualquier recesión significativa en China le pegará al resto de Asia, y afectará de manera importante a los países exportadores de materias primas y commodities, que en su mayoría son países en desarrollo. Europa ya está sintiendo los efectos de esta situación, especialmente Alemania. Aunque los Estados Unidos son menos dependientes de China como destino para sus  exportaciones, el golpe que han sufrido sus mercados financieros (Dow Jones, NYSE, etc) y las exportaciones políticamente sensibles, especialmente de los estados que votaron por Donald Trump, podrían hacer que la desaceleración de China sea mucho más dolorosa de lo que los líderes estadounidenses quieren reconocer.

Alza en las tasas de interés de largo plazo. Un riesgo menos probable pero más severo en su impacto sería que después de varios años de una tendencia a la baja, las tasas de interés mundiales de instrumentos de largo plazo observaran una tendencia contraria y aumentarán significativamente. No se trata de un simple apretón monetario por parte del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) en 2019. Si, es verdad que tasas de interés más altas por parte de la FED sería problemático y trastocaría los flujos internacionales de capitales y tipos de cambio, pero esto tendría un efecto de corto plazo y se podría revertir con el tiempo. La verdadera preocupación es por el riesgo de un impacto en las tasas de interés de los bonos de muy largo plazo, las cuales están ahora en su nivel más bajo de la era moderna.

¿Qué podría generar que las tasas de interés de largo plazo aumenten? Un factor, por el lado benigno, sería un aumento en la productividad en sólo una parte de mundo. Un ejemplo sería que la Cuarta Revolución Industrial comenzará a impactar más rápido de lo que se anticipa, lo cual sería bueno para la economía en su conjunto, pero podría presionar ciertas regiones y grupos que se queden rezagados. Otro ejemplo menos benigno sería que ocurriera una caída pronunciada en el crecimiento económico en Asia que hiciera que esta región perdiera su superávit comercial para convertirlo en un déficit, presionando así las tasas de interés globales. Pero tal vez la causa más probable de mayores tasas de interés globales sea la expansión del populismo que está sucediendo en buena parte del mundo. En la medida en que los populistas echen abajo las políticas pro-globalización de las últimas décadas, sus acciones sembraran las semillas de la duda respecto a que tan “seguras” son las inversiones en la deuda pública de largo plazo de los países desarrollados. Esto podría elevar las primas de riesgo de las tasas de interés, y si los gobiernos son lentos en ajustarse, los déficits fiscales aumentarán, los mercados dudarán aún más de los gobiernos y se generaría un círculo vicioso.

La mayoría de los economistas están de acuerdo en que con las actuales tasas de interés de largo plazo, las economías desarrolladas pueden contratar más deuda pública de la que contratarían si las tasas fueran más altas; pero la noción de que las bajas tasas de interés implican un costo menor y tolerable es una tontería. Los altos niveles de deuda hacen que sea más difícil para los gobiernos el responder agresivamente a shocks, tales como una crisis financiera, una ciberguerra, una pandemia o una guerra comercial que se salga de proporción. La falta de capacidad para responder agresivamente a estos shocks aumenta sustancialmente el riesgo de largo plazo de estancamiento con inflación (estagflación), y es una explicación importante del porque muchos estudios serios han encontrado que los altos niveles de deuda están asociados a menores tasas de crecimiento en el largo plazo.

Si las políticas progresivas descansan demasiado en la deuda pública (en lugar de cobrar mayores impuestos a los que más tienen) para redistribuir el ingreso, es más fácil imaginar que los mercados tendrán dudas respecto a la posibilidad de que los gobiernos algún día puedan comenzar a repagar sus compromisos.

Desde luego que hay otros  riesgos para el crecimiento mundial, incluyendo el creciente caos político en los Estados Unidos, mayores complicaciones con el Brexit, los problemas de deuda de Italia y mayores tensiones geopolíticas.

Ante estos escenarios, con alta probabilidad de materializarse, es importante que el gobierno federal establezca un plan que disminuya nuestra dependencia de los mercados extranjeros, en especial del estadounidense. ¿Cómo se va a fortalecer el mercado interno? ¿Cuáles serán los apoyos para que las empresas aumenten su productividad? ¿Cómo vamos a tener una mano de obra mejor preparada y capacitada? ¿Cuál es el plan de política industrial que se implementará? Urgen las respuestas a estas preguntas porque el escenario global se deteriora de manera acelerada.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La mayoría de los países crece, pero México no

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La economía mexicana tuvo un desempeño económico mediocre en 2017, al resto del mundo le fue bien

El año 2017 fue bueno para la economía mundial, pero en México pasaron varias cosas que hicieron que perdiéramos el incipiente dinamismo del mercado interno que teníamos. En esta entrega veremos que sucede con la economía mundial y qué fue lo que pasó en nuestro país que nos impidió disfrutar de los beneficios de lo que fue el mejor año para la economía mundial desde la crisis financiera de 2008.

 

En la minuta de la Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, con motivo de la decisión de política monetaria anunciada el 14 de diciembre de 2017, publicada el pasado 28 de diciembre, se da cuenta de la buena marcha de la economía mundial. Concretamente se menciona que “la economía mundial continuó expandiéndose en el tercer trimestre y a principios del cuarto de manera más generalizada, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes.”

 

En relación a Estados Unidos, se señala que en el tercer trimestre del año, la economía más grande del mundo creció a una tasa trimestral anualizada de 3.3 por ciento. Este dinamismo se debe al repunte en la inversión en equipo y por una mayor contribución al crecimiento de las exportaciones netas y de la variación en inventarios. Se agrega que el índice de producción industrial y la producción manufacturera repuntaron en octubre, y también se menciona que las condiciones del mercado laboral de  nuestro vecino del norte han continuado mejorando. En efecto, se han generado en promedio 174 mil nuevas plazas mensuales en lo que va del año, superando el ritmo necesario para absorber el crecimiento de la fuerza laboral.

 

En cuanto a la economía de la zona Euro, se menciona que los indicadores prospectivos apuntan a un crecimiento generalizado entre países y sectores durante el cuarto trimestre del año. La sólida expansión de esta región ha estado respaldada por las condiciones monetarias acomodaticias y la expansión del crédito. Además, los niveles de confianza en los principales sectores de la economía se ubican por encima de sus promedios históricos, lo que también parecería haber impulsado la demanda interna.

 

Finalmente, en cuanto a las economías emergentes (China, India, Brasil), los indicadores disponibles apuntan a que durante el cuarto trimestre persistirá la recuperación de la actividad productiva. La expansión de este grupo de economías continúa explicándose por el sólido crecimiento de la producción industrial y de sus exportaciones. Adicionalmente, el consumo privado siguió fortaleciéndose en la mayoría de estas economías.

 

Hasta aquí lo mencionado por la minuta del Banxico; y es en este contexto de buen desempeño económico mundial que nuestro país ahora sufre una fuerte desaceleración. De acuerdo con cifras del INEGI, el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció apenas 1.5% en el tercer trimestre de 2017, después de haber aumentado 3.2% el primero y 1.9% el segundo trimestre. De hecho, con series desestacionalizadas de tendencia-ciclo, podemos ver que el crecimiento del PIB de México registró un crecimiento de 0% en el tercer trimestre del año que recién concluyó.

 

Por su parte, el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) en México acumuló en octubre de 2017, cinco meses consecutivos con caídas anualizadas, siendo el decremento en octubre de este año de -1.10%.

 

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El mercado interno mexicano sigue siendo precario

¿A qué se debe esta desfavorable evolución? Pues en parte a la pérdida de dinamismo del consumo privado. Con cifras del INEGI podemos ver que el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior creció en términos anualizados apenas 2.93% en el tercer trimestre de 2017, siendo que en el mismo trimestre de 2016 éste creció 3.93%. Pero lo peor es que la tasa de incremento del componente de consumo de bienes nacionales pasó de 4.5% en el tercer trimestre de 2016 a sólo 2.66% en el mismo trimestre de 2017; mientras que el componente de consumo de bienes importados pasó de haber caído -1.0% en el tercer trimestre de 2016 a aumentar 5.66% en el mismo trimestre de 2017. Es decir, el consumo de los mexicanos ahora crece menos que antes por la pérdida de poder adquisitivo, pero estamos privilegiando los bienes importados respecto a los hechos en México. Una de las causas de esta situación es el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, tema que he abordado en muchas ocasiones desde este espacio.

 

Otra causa de la desaceleración económica en México es la pérdida de dinamismo por parte del crédito otorgado por la banca comercial al sector privado del país (empresas y personas físicas). Tenemos que de acuerdo con cifras del Banxico, al mes de noviembre de 2017 éste creció apenas 2.41% en términos reales anualizados (ajustado por inflación), siendo que en noviembre de 2016 éste creció un 12.47%, lo que implica entonces una caída de 10 puntos porcentuales.

 

Desde luego que la causa raíz de esta situación es la astringente política monetaria implementada por el propio Banxico desde diciembre de 2015, lo que ha llevado a su tasa de interés objetivo desde 3.0% hasta el actual 7.25%. Alguien podrá decir que un aumento de 4.25 puntos porcentuales no es gran cosa, pero el problema es que las tasas que cobran los bancos por muchos de sus créditos han aumentado en un rango mayor. Por ejemplo, una prestigiada tarjeta de crédito internacional emitida en México, en su versión platino, cobraba en diciembre de 2015 una tasa de interés regular de 26.95% y ya en el mismo mes de 2017 cobraba el 39.20%, lo que representa un incremento de casi 13 puntos porcentuales. ¿Si esta es la situación de una tarjeta de crédito platino, cual es la situación del resto de las tarjetas de crédito? Obviamente el resto de los créditos, como los automotrices y para las micro, pequeñas y medianas empresas también han aumentado en su tasa de interés en más de lo que creció la tasa de interés objetivo del Banxico.

 

Desde luego que este aumento en tasas de interés también ha causado mella en la inversión productiva en nuestro país. En el tercer trimestre de 2014 el Índice de Volumen Físico de la inversión Fija Bruta en México creció en términos anualizados 8.2%, producto de un incremento de 4.5% en la construcción y de 14.0% en maquinaria y equipo. Después de las alzas en la tasa de interés, en el tercer trimestre de 2017, la inversión total privada cayó -0.8%, producto de un decremento en la construcción de -3.2% y un aumento en maquinaria y equipo de apenas 2.3%.

 

incertidumbre del dolar en la economia mundial
Las políticas monetaria y fiscal restrictivas en México, son culpables de la desaceleración económica que se vive

Pero no toda la culpa de la desaceleración económica de México es culpa del Banco de México. Después de la borrachera de deuda en la que se incurrió en el periodo de 2013 a 2016, que llevó a los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) a representar el 50.5% del PIB, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se vio forzada a recortar el gasto público. En el comparativo de los primeros once meses de 2017 respecto a los mismos meses de 2016, el gasto neto total del sector público federal muestra una disminución en términos reales (ajustado por inflación) de -6.5%. Dentro de este recorte, el rubro que más se ha visto afectado es el de gasto de capital (inversión física como carreteras), el cual presenta una caída real de -33.9%. Esto ha tenido fuertes repercusiones porque la inversión física directa en los primeros once meses de 2017 suma 284.920 miles de millones de pesos (mmdp), mientras que el costo financiero de la deuda (pago de intereses) fue de 387.938 mmdp, lo que denota que derivado de un menor gasto público y el alza en las tasas de interés en México, el gobierno federal gasta un 36.15% más en el servicio de la deuda que en desarrollar la necesaria infraestructura que requiere el país.

 

La lista de indicadores que dan cuenta de los problemas que enfrenta México en el arranque de 2018 podría extenderse mucho más. Podemos hablar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios reales, de la inflación causada por parte del propio gobierno federal con sus recurrentes alzas en los precios de combustibles y energéticos. También podemos extendernos mencionando la caída de la producción petrolera debido al saqueo y corrupción de la que ha sido objeto Pemex estos últimos años, lo que impidió invertir en el desarrollo de nuevos campos petroleros.

 

Pero la pregunta es entonces, ¿Qué hacer en el 2018 para revertir esta tendencia? ¿Por qué mientras el resto del mundo vive una etapa de relativa bonanza económica en México nos dirigimos a una posible recesión? Desde luego que las respuestas no son sencillas, pero si hay ciertas cosas que se pueden hacer, entre las que destacan el aprovechar el crecimiento económico de otras partes del mundo y apoyar el sector exportador a través de Proméxico (organismo que sigue sin dar resultados y ha brillado por su ausencia durante todo el presente sexenio), se puede redoblar la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, se puede fortalecer la competitividad y la productividad de las empresas dotándole de más recursos al Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) y al Programa para la Productividad y Competitividad Industrial (PPCI) de la Secretaría de Economía, se pueden atender las propuestas de ajustes fiscales hechas por la iniciativa privada nacional para recuperar la competitividad perdida después de la aprobación de la reforma fiscal estadounidense, y se pueden hacer muchas cosas más.

 

El que piense que dado que este es un año electoral y que habrá mucho gasto en las campañas, hará que se recupere la economía, está muy equivocado. Los problemas de la economía de México son estructurales y se requieren medidas de fondo en materia de política industrial, fiscal y monetaria para resolverlos. Veremos que sucede, y los primeros tres meses de este año que comienza serán fundamentales si se quiere hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt