El riesgo inflacionario de Estados Unidos

Hemos entrado a un nuevo episodio de volatilidad y muestra de ello es que este año el tipo de cambio pasó de un mínimo de 19.597 pesos por dólar el 20 de enero a uno de 20.804 pesos por dólar el 25 de febrero, lo que implica un aumento de 6.15% en un periodo de 46 días. Esta volatilidad es causada por diversos factores, tanto internos como externos. En el flanco interno, la aprobación de las modificaciones a la Ley de Energía Eléctrica por parte de la Cámara de Diputados confirman que México ha dejado de ser un país confiable, ya que puede llegar un nuevo gobierno y desconocer los compromisos con inversionistas y otras naciones, modificando el marco normativo sin ninguna consideración de tipo económico o ambiental.

Por el lado externo, la volatilidad se debe principalmente al creciente temor de que el excesivo incremento en la oferta monetaria de Estados Unidos y su impacto en la recuperación económica, podría generar un impacto inflacionario considerable en aquella nación (en los precios al consumidor), lo que provocaría que las históricamente bajas tasas de interés tengan que elevarse, lo que a su vez tendría repercusiones importantes en las finanzas de hogares, empresas, bancos y gobierno.

En esta entrega me voy a centrar específicamente en lo que está sucediendo en los Estados Unidos, aunque no deja de ser relevante la manera como el actual gobierno federal hace añicos la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros.

Quiero comenzar haciendo alusión del newsletter de CNN Business Nightcap enviada el martes 23 de febrero, en la que se plantea en aparente tono de broma que el  mercado de valores de Estados Unidos está todo revuelto (en mal estado) y que nadie sabe nada. Resulta que los precios de las acciones se dispararon durante los meses previos en parte porque Wall Street esperaba que el estímulo económico podría ayudar a impulsar la economía, impulsado por un aumento masivo en el gasto del consumidor. Y ahora resulta que los precios de las acciones comienzan a caer exactamente por la misma causa: en parte porque Wall Street espera que el estímulo económico ayude a impulsar la economía, liderado por un aumento masivo del gasto de los consumidores.

¿Estas confundido? Lo que sucede es que ahora los inversionistas están cada vez más preocupados de que el paquete de estímulo económico a punto de ser aprobado por el Congreso de Estados Unidos (de 1.9 billones de dólares que incluye cheques de $1,400 dólares a los contribuyentes de menores ingresos) se traduzca en un aumento en el gasto de los consumidores y eso haga que los precios de mercancías se disparen, lo que a su vez perjudicaría a la economía porque subirían las tasas de interés y eso encarecería los pagos de las deudas, además de reducir las ganancias corporativas.

Y es que se debe mencionar que las grandes sumas de estímulo monetario que ha inyectado el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) desde que inició la pandemia del Covid-19, hasta ahora sólo se habían traducido en una burbuja financiera con inflación en los precios de muchos tipos de activos, tales como acciones. Esa es la razón por la que en 2020 el PIB  de Estados Unidos cayó -3.5% y paralelamente el Índice Dow Jones subió 7.2%, mientras que el S&P 500 aumentó 16.25% y el Nasdaq hizo lo propio en 43.6%. Evidentemente la racha alcista se prolongó hasta el 12 de febrero de 2021, fecha a partir de la cual comenzaron algunos tropiezos.

Oferta monetaria (M2) de Estados Unidos

Cabe señalar que la expansión monetaria de Estados Unidos es parte de la explicación del porque algunas monedas, como el peso mexicano, se habían mantenido relativamente fuertes frente al dólar a pesar de todas las complicaciones económicas derivadas del Covid-19. Para ilustrar este punto tenemos que el tipo de cambio promedio en diciembre de 2019 fue de 19.118 pesos por dólar, mientras que en diciembre de 2020 fue de 19.956 pesos por billete verde. Gracias al exceso de dólares en circulación el peso recuperó casi todas sus pérdidas después de haber estado en un promedio de 24.231 pesos por dólar en abril de 2020.

Habiendo dicho lo anterior, me parece que es momento de explicar el tamaño de la burbuja financiera de Estados Unidos.  En un artículo de John Rubino, publicado en el portal de Tyler Durden el 10 de febrero de 2021, y titulado “¿Es esta la burbuja financiera más grande de la historia? ¡Demonios, sí lo es!”, se hace una relatoría del gran problema financiero en el que se ha metido nuestro vecino del norte.

El artículo comienza mencionando que si uno tiene más de 40 años, nos ha tocado vivir al menos tres burbujas financieras épicas: bonos basura en la década de 1980, acciones tecnológicas en la década de 1990 y vivienda en la década de 2000. Cada una fue espectacular a su manera, y cuando cada una de ellas estalló, amenazaba con derribar todo el sistema financiero. No obstante lo anterior, todas palidecen en comparación con lo que está sucediendo hoy. Y es que esas burbujas pasadas fueron específicas de un sector, es decir, la manía y la carnicería resultante ocurrieron principalmente dentro de una clase de activos. La burbuja de hoy se extiende por, bueno, casi todo, de ahí el término «burbuja de todo«.

El artículo de Rubino explica que la mayoría de las burbujas comienzan cuando una afluencia de efectivo externo hace subir drásticamente el precio de algo. Esto captura la imaginación del público inversionista en general y el proceso cobra vida propia, culminando en una “orgía de malas decisiones” y, finalmente, en la aniquilación de las fortunas fáciles que se hicieron en el camino.

Entonces, para entender la burbuja de todo, comencemos por el principio explicando esa afluencia de dinero externo. Esta vez proviene de la Reserva Federal en lo que solo puede describirse como la madre de todas las impresiones monetarias. Con el fin de darle liquidez al sistema financiero (tras la crisis inmobiliaria de 2008-2009 y en medio de la peor crisis económica post Segunda Guerra Mundial por el Covid-19), es que la Fed, a través de la compra de activos financieros de todo tipo, ha incrementado su oferta monetaria o la cantidad de dinero en circulación (su hoja de balance). El  agregado monetario M2, una medida medio-amplia de la oferta monetaria de EE.UU. se ha más que triplicado en lo que va de siglo, y últimamente la tendencia se ha vuelto casi vertical, aumentando en casi un tercio tan solo el año pasado.

La anatomía de una burbuja

Todo este dinero adicional tiene que ir a algún lado, y no es sorpresa que éste está fluyendo en muchas direcciones diferentes. Entre los principales receptores están:

a. Renta fija. Los mercados de bonos y dinero, compuestos por instrumentos que pagan intereses, son en conjunto mucho más grandes que los mercados de valores del mundo. Y han estado en auge, en la medida en que las tasas de interés han caído de manera constante durante cuatro décadas consecutivas. Dado que los precios de los bonos se mueven en sentido opuesto a los rendimientos que pagan, se entiende que el dinero que fluye al mercado de bonos eleva sus precios y por lo tanto disminuye el rendimiento que éstos pagan (el interés de un bono se calcula como la tasa implícita entre el precio del bono y su valor al vencimiento). Se ha visto un mercado alcista épico en el precio de los bonos, que ha ganado fuerza en el último año a medida que la creación masiva de dinero ha obligado a los inversionistas de renta fija (que tienen que invertir el nuevo efectivo de alguna manera) a comprar bonos independientemente de su rendimiento. Las tasas de interés actuales no son bajas sólo para los estándares modernos, de hecho son las más bajas en la historia de la humanidad (este argumento refuerza que la burbuja actual es la más grande de la historia).

La tasa de interés de los bonos a 10 años han tenido un repunte

b. Acciones.  Las burbujas más obvias ocurren en los precios de las acciones, porque lo que ocurre en «el mercado» obtiene la mayor exposición tanto a través de los medios de comunicación financieros como en la mente de los inversionistas. Y después de un largo y lento proceso para salir de las profundidades de la Gran Recesión (crisis de 2008 – 2009), en los últimos dos años los precios de las acciones estadounidenses han superado todos los récords de valoración anteriores. Y es verdad, el mercado bursátil de Estados Unidos es ahora una burbuja más grande que las de 1929 y 1999, y sigue siendo fuerte.

Prácticamente cualquier indicador popular de valoración de acciones respalda esta afirmación, pero el más dramático es probablemente el “Indicador Buffet”, llamado así porque el legendario inversionista Warren Buffet, quien lo usa para decidir cómo asignar sus miles de millones. Este indicador es fácil de entender: hay que graficar el valor de capitalización agregado del mercado de todas las acciones de EE.UU. en función del PIB y listo. Cuando las acciones son bajas en comparación con el PIB, implica que están subestimadas o subvaluadas; cuando es alto el valor en comparación con el PIB, entonces están sobrevaloradas. Hoy resulta que los precios de las acciones son más altos que nunca, incluso justo antes de que iniciara el ciclo bajista de las últimas dos crisis (la punto com y la inmobiliaria).

Evolución del precio de las acciones de Tesla

¿Quieres otros indicadores burbujeantes? Aquí los tienes: en este momento, hay más empresas cuyo valor de capitalización es más de 10 veces superior su valor de ventas comparado con 1999, cuando estaba el apogeo de la burbuja de las empresas punto com. Mientras que el número de empresas «zombis», es decir, aquellas que tienen que pedir prestado para cubrir el servicio de su deuda existente y colapsarán si se les corta el crédito nuevo, nunca había sido tan alto.

Indicador Buffet para determinar si una acción está sobre valuada o subvaluada

c. Bienes inmuebles.  Éste es una sorpresa porque fue el epicentro de la última burbuja, y muy pocas veces una clase de activo se reinfla tan rápidamente. Pero bueno, todo ese dinero adicional en circulación tiene que ir a alguna parte, y las casas son la consecución del sueño americano. En los últimos dos años, los precios de las viviendas en muchos lugares han superado los máximos de la burbuja de 2006 y ahora se están acelerando.

Evolución de los precios de casas en Estados Unidos

d. Criptomonedas – ¿las punto-com de esta generación? Las criptomonedas no estaban presentes en las burbujas anteriores, por lo que aún no se conoce su papel en lo que viene. Lo que está claro es que se están comportando como las acciones en la burbuja de las punto com de la década de 1990, con bitcoin (piense en Amazon.com) elevándose de manera parabólica aunque errática… Y cientos de monedas menores con una amplia variedad de perspectivas de futuro (piense en eBay, AOL, Pets.com) que también se disparan alimentadas por un torrente de combustible para cohetes en la forma de moneda fiduciaria.

El explosivo precio del Bitcoin

La conclusión: incluso si las criptomonedas terminan dominando algún sistema monetario futuro, la forma de sus arcos parabólicos de hoy gritan «¡burbuja!»

Desde luego que hay muchos más activos, cuyos precios presentan un comportamiento que denota la formación de una gran burbuja, mismos que no incluyo en el artículo por cuestiones de espacio.

Lo que si quiero abordar a continuación es el artículo de Michael Burry, del pasado 22 de febrero y en el que advierte que un periodo de Hiperinflación, estilo la Alemania de Weimar, se acerca. Desde mi punto de vista la aseveración de Burry es exagerada en el momento actual, sin embargo, es pertinente destacar varios de los puntos que él menciona.

La nota comienza señalando que la semana anterior, el Bank of America (BofA) había insinuado lo impensable: que el tsunami de estímulos monetarios y fiscales de 2020 más los que vienen, aunado al esperado aumento de la velocidad monetaria en la medida en que la economía mundial emerja de los cierres de actividad, conduciría a un sobrecalentamiento económico sin precedentes. O puesto en los mismos términos del Chief Information Officer (CIO) del BofA, Michael Hartnett, quien lo calificó como un fenómeno precedente, haciendo referencia a la situación de Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, que sufrió el episodio “más épico y extremo de creciente velocidad (del dinero) e inflación después del fin de la guerra” causado principalmente por la monetización de la deuda por parte del Reichsbank, extrapolando que esto es similar a lo que está sucediendo ahora.

Por supuesto, hay otro nombre para ese período y es el de la Alemania de Weimar, y como todos sabemos la tragedia que sucedió entonces, es comprensible que el BofA no quiera mencionar ese nombre en particular.

A muchos inversionistas y analistas les ha llamado la atención  que haya sido Michael Burry, quien había estado bastante ocupado haciendo olas dentro de la comunidad financiera expresando ciertas posiciones (más recientemente, su golpe a Robinhood y su visión alcista sobre el uranio), y que haya retomado el tema de la Alemania de Weimar y específicamente su hiperinflación, como modelo para lo que viene a continuación. Y si bien los detalles son familiares para la mayoría de los historiadores monetarios, el hecho es que ahora, nada menos que el hombre que se hizo famoso por sus posiciones cortas en la bolsa, está alertando de una hiperinflación al estilo de Weimar en los EE.UU.

Hombre con una carretilla de Marcos alemanes

Reitero que en mi opinión estamos lejos de visualizar un episodio inflacionario como el que vivió la  Alemania de Weimar, aunque si hay una genuina preocupación por el resurgimiento de presiones inflacionarias una vez que se retome un crecimiento económico vigoroso ante el mar de dólares estadounidenses que hay en el mundo.

Para concluir, quiero hacer referencia al neswletter de Jeffrey Sparshott del Wall Street Journal, del pasado 22 de febrero en el que plantea la pregunta de si se está midiendo la inflación correctamente. Citando un análisis de Jon Hilsenrath, señala que la medida de inflación favorita de la Fed (índice de precios al consumidor) ha estado más de medio punto porcentual por debajo de la meta del banco central durante varios años. Con la inflación tan baja durante tanto tiempo, se piensa que la Fed puede mantener las tasas de interés muy bajas por un largo tiempo para ayudar a impulsar la economía mientras se recupera de los efectos de la pandemia de coronavirus. Esto plantea una pregunta importante: ¿Está pensando el banco central en la medida de inflación correctamente? La Fed define su meta de inflación en términos de precios al consumidor, como los que se pagan por automóviles, pasta de dientes y cortes de pelo. Pero en las últimas décadas, los precios a menudo han subido mucho más rápido para los activos de inversión, como viviendas y acciones, y han provocado dos veces auges (burbujas) y caídas seguidas de recesiones. Si la Fed tiene problemas con las bajas tasas de interés que ha ayudado a diseñar, podría deberse a los precios de los activos y no a los precios al consumidor.

Agrega que es fácil encontrar motivos de malestar. El precio de las acciones de Tesla subió más del 300% el año pasado. Los precios del cobre subieron un 56%. El índice de precios de viviendas S&P Case-Shiller ha subido un 9.5%. Los precios de los fletes aumentaron un 215%; la soja en 54%, madera aserrada en 117%. El tema de los precios de las casas es particularmente espinoso. Si bien las casas proporcionan un servicio, vivimos en ellas, que se mide en índices oficiales de precios al consumidor. También son el activo más valioso en las carteras de inversión de muchos hogares. Lo que llama la atención es que de acuerdo a la medida oficial del Departamento de Trabajo, los costos de alquiler de viviendas en el último año aumentaron solo un 2%, mientras que los precios de las viviendas a nivel nacional aumentaron casi cinco veces esa tasa.

¿Cuál es la conclusión a todo lo aquí expuesto? Pues que hay un enorme nerviosismo por parte de los inversionistas respecto de lo qué sucederá con la inflación y por lo tanto con  las tasas de interés. Si bien el presidente de la Fed, Jerome Powell, dio un testimonio el pasado 23 de febrero, mencionando que la inflación sigue “suave” y que la Fed está comprometida con la política monetaria actual, la realidad es que las voces que anuncian el inminente colapso del dólar y un problema inflacionario seguirán sonando. Esto continuará metiendo ruido en los mercados financieros, y obviamente, para los países con una estructura financiera debilitada como México, las palabras de analistas y del propio presidente de la Fed tendrán la capacidad de tumbar nuestra moneda en un instante.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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¿Qué hizo China para ser el gran ganador de la pandemia de Covid-19?

Los recientes indicadores económicos de China, que dan cuenta de su desempeño en 2020, nos hablan de una historia de “éxito” cuando la enorme mayoría del mundo desarrollado registró un desempeño terrible con caídas en su producción, comercio exterior, empleo, entre otros. Este es el punto abordado en un artículo de Stella Yifan Xie, Eun-Young Jeong y Mike Cherney, publicado en el Wall Street Journal el pasado 13 de enero, y titulado “La economía de China avanza mientras que el resto del mundo se tambalea”. El artículo es por demás ilustrativo e interesante, ya que no obstante que China es el lugar en el que se originó la pandemia de Covid-19 (y hay serias sospechas de que el virus es sintético y se filtró de uno de sus laboratorios), los autores dan cuenta de qué fue lo que hizo China para aprovechar la crisis mundial del Covid-19. En esta entrega lo analizamos.

El artículo comienza señalando que China terminó el año del Covid-19 más fuerte de cómo lo comenzó, en muchos sentidos, acelerando su posición para ser un jugador cada vez más importante en la  economía global, que durante mucho tiempo ha sido dominada por Estados Unidos. Ahora en día, mientras que EE.UU. y Europa están a la expectativa de que la vacunación masiva les permita retomar la senda del crecimiento, China es la única economía importante que habría crecido en 2020, acercándose así a tener una economía del tamaño de la estadounidense.

En el 2020, China amplió su papel en el comercio mundial y reforzó su posición como fábrica mundial, a pesar de los años de esfuerzos de Estados Unidos para persuadir a las empresas de que ubiquen sus empresas en otros países. El mercado de consumo de China, impulsado por su rápida recuperación de Covid-19, sigue ganando impulso, lo que lo convierte en el motor más importante para las ganancias de las empresas globales.

Además, el país ha consolidado su posición como una fuerza en los mercados financieros globales, con una participación récord de ofertas públicas iniciales (OPIs) y cotizaciones secundarias en 2020, además de haber registrado grandes entradas de capital en acciones y bonos, y mantener el desempeño de índices bursátiles que superaron con creces al magnífico desempeño del mercado bursátil estadounidense.

El resultado del 2020 es un mundo que ahora depende más que nunca de China para crecer. De acuerdo con Moody´s Analytics, se espera que en el 2020 la economía de China haya representado el 16.8% del producto interno bruto mundial, ajustado a la inflación. Eso representa un aumento importante respecto del 14.2% que tenía en 2016, antes de que Estados Unidos y China entraran en una guerra comercial. Se espera que EE.UU. haya representado el 22.2% del PIB mundial en 2020, ligeramente por debajo del 22.3% observado en 2016. Tan sólo en el 2020, la participación de China en el PIB mundial aumentó en 1.1 puntos porcentuales, lo que significa el mayor incremento de participación relativa en un año, desde la década de 1970.

Las ganancias de China son resultado del éxito que tuvieron para contener la enfermedad del Covid-19 y hacer que sus negocios volvieran a funcionar. Los programas de estímulo del país, que eran más pequeños (como proporción del tamaño de su economía) comparados con los de EE.UU., se enfocaron en relanzar la producción industrial y evitar que las pequeñas empresas quebraran, además de que éstos implicaron poco apoyo directo para los consumidores (a diferencia de EE.UU. que ha gastado miles de millones en cheques de estímulo para los contribuyentes).

Esto implica una estrategia radical, ya que mientras que los consumidores estadounidenses siguieron gastando mucho (gracias a los estímulos), las fábricas chinas estaban listas para atender esa demanda de bienes. Eso ayudó a respaldar los empleos chinos y el propio gasto del consumidor de China durante el resto del año.

China también se benefició porque es difícil para las empresas manufactureras extranjeras reubicarse de país en el corto plazo, incluso después de que las interrupciones de la pandemia dejaron a muchos ejecutivos con el deseo de diversificar sus cadenas de suministro. Las empresas deben sopesar la pérdida de eficiencia al dejar de tener cerca a la mayoría de los proveedores de sus fábricas, así como los riesgos de mudarse a otro lugar después de que China ha demostrado a lo largo de muchos años que es altamente confiable. Contrariamente a lo que se piensa, en una encuesta de noviembre de HSBC Holdings PLC aplicada a más de 1,100 corporaciones globales, se encontró que el 75%, incluido el 70% de las empresas estadounidenses, esperan aumentar su presencia en la cadena de suministro en China durante los próximos dos años.

Tensiones comerciales

Para el resto del mundo, el éxito de China es un arma de doble filo. Por un lado, la demanda por parte de china ha sido una bendición para las empresas que venden a ese país, incluidos los productores de materias primas, así como los fabricantes de automóviles y las empresas de artículos de lujo que perdieron ventas en otros lugares. Pero por el otro, la renovada fuerza de China también ha dejado a las empresas más expuestas a un país cuyos líderes han dejado en claro que quieren reducir la dependencia de China de las empresas extranjeras y ahora buscan construir más corporaciones propias.

En Estados Unidos, los aranceles que la Administración Trump le aplicó a China tenían como objetivo el atacar los desequilibrios en la economía global y “nivelar el campo de juego” entre los dos países. Sin embargo, se espera que en 2020 China registre el mayor superávit en su cuenta corriente, la medida más amplia de las transacciones de un país con el resto del mundo, en la historia de cualquier país, según Capital Economics, una firma de investigación.

No obstante lo anterior, China continúa enfrentando grandes desafíos económicos, incluido el envejecimiento de su población y el aumento de los costos laborales, que encarecen la fabricación. Una reciente ola de incumplimientos crediticios por parte de empresas estatales se ha sumado a las preocupaciones de hace varios años respecto del manejo de su deuda.  Por su parte, el impulso que ha tenido su manufactura podría disminuir este 2021, si otras partes del mundo echan a andar con fuerza sus aparatos manufactureros. Además, algunos economistas dicen que el modelo económico liderado por el estado del país ha debilitado la innovación del sector privado, la cual sin duda es vital para el futuro de China.

Sin embargo, desde que surgió Covid-19, la economía de China ha sido resistente, reforzando la creencia de los líderes de Beijing de que su sistema ofrece una alternativa más confiable al capitalismo democrático occidental, especialmente durante tiempos de crisis.

No obstante todo lo anterior, no podemos dejar de reconocer que Estados Unidos sigue siendo la economía número uno del mundo, con el mercado de consumo más grande, un nivel de vida mucho más alto y una moneda cuya importancia eclipsa a la del yuan chino. El PIB nominal de Estados Unidos sigue siendo 50% mayor que el de China.

¿Qué esperar en 2021? Es bien sabido que Estados Unidos también está lidiando con un estrés político extremo. Este año, se espera que su PIB crezca entre un 3% y un 4%, pero es probable que su economía no vuelva a su tamaño de 2019 hasta la segunda mitad del año, según las previsiones de algunos economistas. Por su parte, se espera que China crezca hasta un 9% en 2021, según estimaciones de Morgan Stanley.

Fabricas reabiertas

Durante años, los economistas han advertido que los crecientes costos laborales de China, la profundización de la deuda y la disminución de las ganancias de productividad, pondrían en peligro su condición de fábrica mundial. La guerra comercial y los aranceles más altos redujeron aún más las ventajas de China. Pero la participación de China en las exportaciones mundiales de bienes sigue creciendo. Según Oxford Economics, fue del 15.4% en noviembre, el mes más reciente para el que se dispone de datos al momento de escribir etas líneas, cifra que se compara favorablemente con la participación de 13.7% observada a finales de 2019.  Este incremento en la participación relativa fue  impulsada en parte por la rápida transformación manufacturera de China para vender equipos de protección personal, como máscaras y respiradores, cuyas ventas aumentaron durante la pandemia.

De acuerdo con los autores del artículo, Beijing intervino enérgicamente para contener el Covid-19 y ayudar a mantener abiertas las fábricas y negocios. Cerró gran parte del país e impidió que la gente saliera de sus hogares por períodos prolongados. Estas medidas son difíciles de implementar en países con más libertades. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud de China, alrededor de 4,600 personas han muerto en ese país como resultado de la pandemia, aunque algunos investigadores creen que el número real es mucho más alto. En contraste, en Estados Unidos, el número de muertos se acerca a los 380 mil.

China además le ordenó a los bancos estatales que detuvieran el cobro de deudas de las empresas e individuos afectados, al tiempo que ofrecían crédito fresco a las pequeñas empresas a tasas más baratas de lo habitual. Los funcionarios locales exigieron que los propietarios de las fábricas cumplieran con estrictos estándares para garantizar operaciones seguras, incluido, en algunos casos, el monitorear los desplazamientos de los trabajadores en las regiones afectadas.

En aras de mantener la manufactura de píe, muchos gobiernos locales, incluida la ciudad de Foshan, enviaron autobuses para llevar a los trabajadores migrantes varados en las aldeas de regreso a las fábricas una vez que el virus desapareció. Como ejemplo tenemos que algunos de los más grandes fabricantes, como Foxconn Technology Group, que ensambla productos de Apple Inc. en China, ofrecieron a los trabajadores bonificaciones de hasta 430 dólares por persona para que regresaran al trabajo.

Con los consumidores en Occidente pasando más tiempo en casa, los pedidos del extranjero aumentaron y las empresas manufactureras chinas se beneficiaron. Para muchas empresas, sus ventas en 2020 aumentaron alrededor de un 20%. Es así que desde principios de abril, más del 97% de las empresas más grandes de China habían reabierto, según Zhang Weihua, funcionario de la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Expandiendo los mercados de consumo

El gasto del consumidor en China se recuperó hacía el otoño de 2020. De acuerdo con la firma de investigación Euromonitor International, se anticipa que el mercado de artículos de lujo personales de China haya crecido un 7.6% en 2020, en un contexto en el que el mercado global de estos artículos se contrajo un 20%.

Por su parte, si bien la inversión extranjera directa en Estados Unidos y Europa se desplomó en la primera mitad de este año, se mantuvo en gran medida estable en China, donde de hecho aumentó un 6.3% en el acumulado de los primeros once meses de 2020, de acuerdo con cifras del Ministerio de Comercio de China.

Todo lo anterior se tradujo en que el dinero internacional siguió entrando a China de diversas formas, lo que dio impulso a su objetivo a largo plazo de construir importantes centros financieros nacionales. Los mercados chinos, incluido el de Hong Kong, representaron el 43% de las cotizaciones públicas del mundo el año pasado, según datos de Refinitiv.

Las tenencias extranjeras de bonos chinos alcanzaron un récord de 3.25 billones de yuanes, equivalentes a unos 503 mil millones de dólares, en diciembre, cifra 49% más elevada respecto a hace un año, según datos compilados por Bond Connect Co.

Finalmente, el índice MSCI China, que incluye las empresas chinas que cotizan en el país y las que cotizan en Nueva York u otras ubicaciones, subió un 27% en términos de dólares el año pasado. El índice MSCI AC World subió 14% en el mismo período, y el índice de referencia de MSCI en EE.UU. creció un vigoroso 19%.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de China al lidiar con la crisis del Covid-19?

En primer lugar, que lo más importante no es mantener el consumo a flote, sino la capacidad productiva. Desde este espacio he sido un duro crítico de la estrategia del gobierno federal mexicano de no apoyar a los empleadores (empresas) y permitir una destrucción masiva de capital privado, fuente de empleos, ingresos y productividad.

No sé si esto haya sido un acto deliberado para debilitar al sector empresarial mexicano, pero la realidad es que México es de los países que habría salido peor librado por la pandemia. El resucitar las miles de empresas que cerraron sus puertas nos tomará años, mientras que los importadores no tendrán problemas en traer del exterior todo lo que no encuentren en el mercado doméstico. En 2021 comenzaremos a ver con mayor claridad los costos económicos de un pésimo manejo de la pandemia, en la que al cerrar la actividad económica, se condenó a muerte a miles de empresas mexicanas, mientras que las fábricas chinas estuvieron listas para cubrir la demanda mundial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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El mundo en el 2021: después de la crisis, la oportunidad

La revista inglesa The Economist publicó su edición titulada “El Mundo en 2021”, la cual contiene diversos artículos que analizan a profundidad lo que podemos esperar para el año que viene a nivel global. En esta entrega quiero hacer referencia a dos piezas: la primera de Tom Standage, editor de la edición “El Mundo en 2021”; y la segunda, de Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist, titulado “Después de la crisis, oportunidad”. Me parece que ambas son lecturas imperdibles que nos dan una buena idea sobre qué esperar para el año que viene en el ámbito mundial, y cómo Estados Unidos podría regresar a liderar nuevamente la escena mundial.

El mundo en 2021

Tom Standage publicó una carta en la que menciona las 10 tendencias que habremos de observar en año 2021, mismas que dejan claro que no todo será fatalidad y tristeza como en el año que está por concluir. La carta comienza haciendo la pregunta de si nos sentimos con suerte. El número 21 está relacionado con la suerte, como el riesgo de lanzar los dados, es el número de puntos en un dado estándar y es el nombre de una familia de juegos de cartas, incluido el blackjack.

Todo esto parece extrañamente apropiado para un año de inusual incertidumbre. El gran premio que se ofrece es la posibilidad de controlar la pandemia de coronavirus. Pero en el proceso, abundan múltiples riesgos para la salud, la recuperación económica y la estabilidad social en 2021. A continuación se presentan las diez tendencias a seguir en el próximo año:

1. Peleas por las vacunas. A medida que las primeras vacunas ya están disponibles en cantidad, el enfoque pasará del heroico esfuerzo para desarrollarlas a la igualmente abrumadora tarea de distribuirlas. La “diplomacia” de las vacunas acompañará las luchas dentro y entre países sobre quién debería recibirlos y cuándo. Pero habrá un comodín: ¿cuántas personas rechazarán una vacuna cuando se les ofrezca?

2. Una recuperación económica desigual. A medida que las economías reboten después de la crisis de la pandemia, la recuperación será irregular, ya que los cierres económicos parciales se seguirán imponiendo en diferentes lugares, se removerán y se volverán a imponer conforme la pandemia avance. Y los gobiernos que han dado apoyos, pasarán de una estrategia de apoyar a las empresas (para mantenerlas con vida artificial) a ayudar a los trabajadores que han perdido sus trabajos. Se ampliará la brecha entre empresas fuertes y débiles.

3. Reparando el desorden del nuevo mundo. ¿Cuánto podrá Joe Biden, recién llegado a la Casa Blanca, arreglar de un orden internacional basado en reglas que se desmoronan? El Acuerdo climático de París y el Acuerdo nuclear con Irán son los lugares obvios donde comenzará la presidencia de Biden. La tarea será difícil porque el derrumbe del orden mundial comenzó desde antes de la Presidencia de Donald Trump, por lo que repararlo durará más de los cuatro años que duró su presidencia.

4. Más tensiones entre Estados Unidos y China. No esperen que Biden termine la guerra comercial con China. En cambio, querrá enmendar las relaciones con los aliados para librarla de una manera más efectiva. Muchos países, desde África hasta el sudeste asiático, están haciendo todo lo posible para evitar tomar partido a medida que aumenta la tensión.

5. Empresas en primera línea. Otro frente para el conflicto entre Estados Unidos y China son las empresas, y no solo los ejemplos obvios de Huawei y TikTok, en la medida en la que los negocios se convierten más en un campo de batalla geopolítico. Además de la presión desde arriba, los jefes de estas grandes empresas también se enfrentan a la presión desde abajo, ya que los empleados y clientes exigen que se tomen posiciones más firmes sobre el cambio climático y la justicia social, donde los políticos han hecho muy poco.

6 Después de la tecno-celeración. En 2020, la pandemia aceleró la adopción de muchos comportamientos tecnológicos, desde videoconferencias y compras en línea hasta trabajo remoto y aprendizaje a distancia. En 2021, será más claro hasta qué punto estos cambios se mantendrán o si retrocederán.

7 Un mundo menos suelto. El turismo se encogerá y cambiará de forma, con más énfasis en los viajes nacionales. Las aerolíneas, las cadenas hoteleras y los fabricantes de aviones seguirán teniendo dificultades, al igual que las universidades que dependen en gran medida de los estudiantes extranjeros. El intercambio cultural también se verá afectado.

8. Una oportunidad sobre el cambio climático. Un lado positivo en medio de la crisis es la oportunidad de tomar medidas sobre el cambio climático, ya que los gobiernos de países desarrollados han estado invirtiendo en planes de recuperación ecológica para crear empleos y reducir las emisiones. ¿Qué tan ambiciosas serán las promesas de reducción por parte de los países en la Conferencia de la ONU sobre el Clima, la cual no se pudo llevar en 2020?

9. El año del déjà vu. Ese es solo un ejemplo de cómo el próximo año puede sentirse, en muchos aspectos como una segunda versión del 2020, ya que los organizadores de eventos como los Juegos Olímpicos, la Expo de Dubai y muchas otras reuniones políticas, deportivas y comerciales harán todo lo posible para llevarlas a cabo un año después de lo planeado. No todos tendrán éxito.

10 Una llamada de atención para otros riesgos. Los académicos y analistas, muchos de los cuales han advertido del peligro de una pandemia durante años, intentarán aprovechar esta estrecha ventana de oportunidad para lograr que los responsables de la formulación de políticas tomen más en serio otros riesgos desatendidos, como la resistencia a los antibióticos y el terrorismo nuclear. Hay que desearles suerte.

Tom Standage concluye señalando que el próximo año promete ser particularmente impredecible, dadas las interacciones entre la pandemia, una recuperación económica desigual y una geopolítica conflictiva. Advierte que entre más informados estemos, tendremos mayores probabilidades de sortear los riesgos y las oportunidades que se avecinan.

Después de la crisis, la oportunidad

En el artículo de Zanny Minton Beddoes, la autora aborda lo que considera que son las fuerzas que darán forma al mundo post-Trump y post-covid. Ella comienza señalando que algunos años cobran protagonismo en la historia. Por lo general, es el final de una guerra o el inicio de una revolución lo que marca el cambio de un capítulo a otro, pero el 2020 será una excepción. La derrota de Donald Trump marcó el final de una de las presidencias más divisivas y dañinas en la historia de Estados Unidos. Por su parte, una pandemia única en un siglo ha creado la oportunidad de un reinicio económico y social tan dramático como el de la era progresista. La gran pregunta para 2021 es si los políticos son lo suficientemente atrevidos para comprenderlo.

El Covid-19 no solo ha golpeado la economía global. Ha cambiado la trayectoria de las tres grandes fuerzas que están dando forma al mundo moderno: 1. La globalización se ha truncado, 2. La revolución digital se ha acelerado radicalmente, y 3. La rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y China se ha intensificado. Al mismo tiempo, la pandemia ha agravado uno de los grandes flagelos actuales: la desigualdad. Y al mostrar el costo de no estar preparados para un desastre de baja probabilidad pero de muy alto impacto, ha hecho que más mentes piensen en el desastre inevitable e incluso de mayor impacto del próximo siglo: el del cambio climático. Todo esto significa que no hay vuelta atrás al mundo pre-covid.

Esto no será obvio a principios del siguiente año. En medio de la miseria de una segunda ola de contagios y muertos, la atención en muchos países seguirá centrada en controlar el virus. Cuando comience el año nuevo, ya habrá vacunas, aunque no estén todavía ampliamente disponibles. Solo a medida que avance el 2021 y se hagan vacunaciones masivas, quedará claro cuánto en el mundo ha cambiado permanentemente.

Y eso resultará ser mucho, particularmente para Occidente. El mundo post-covid será mucho más digital. Desde el trabajo a distancia hasta el comercio minorista en línea, la pandemia ha reducido años de transformación digital a meses, lo que ha traído consigo un cambio radical en la forma en que las personas viven, lo que compran y dónde trabajan. Los ganadores de este ataque de destrucción creativa incluyen a los gigantes tecnológicos (cuyas ganancias y precios de las acciones han aumentado) y las grandes empresas en general (que tienen los mayores tesoros de datos y los suficientes recursos para invertir en la transformación digital). Las grandes ciudades tendrán que reinventarse. Habremos de presenciar una avalancha de más cierres, especialmente entre pequeñas empresas y en las industrias minorista, de viajes y hotelería.

Aunque la globalización seguirá siendo sobre bienes y capitales que cruzan fronteras, la gente viajará menos. Los países asiáticos que controlaron el virus con mayor eficacia fueron también los que cerraron sus fronteras de forma más estricta. Su experiencia dará forma a las políticas de otros. Las restricciones fronterizas y las cuarentenas permanecerán vigentes mucho después de que disminuyan los casos de covid-19. E incluso después de que se reinicie el turismo, la migración seguirá siendo mucho más difícil. Eso hará mella en las perspectivas de los países pobres que dependen de los flujos de remesas de sus trabajadores migrantes en el extranjero, reforzando el daño causado por la pandemia en sí. Es probable que unos 150 millones de personas caigan en la pobreza extrema a fines de 2021.

El comercio mundial se llevará a cabo en un contexto geopolítico desfavorable. El mercantilismo de Trump desaparecerá, pero las sospechas de Estados Unidos sobre el comportamiento de China no terminarán con la partida del «Tariff Man», como el presidente Trump se enorgullecía de ser conocido. Se mantendrán los aranceles, ahora aplicados a dos tercios de las importaciones de China, al igual que las restricciones a sus empresas de tecnología. Continuará la fragmentación del mundo digital y su cadena de suministro en dos partes, una dominada por los chinos y la otra por los estadounidenses. La rivalidad chino-estadounidense no será la única influencia de esas dos potencias en la globalización. Castigados por su dependencia de suministros médicos importados y otros bienes críticos (a menudo de China), los gobiernos de Europa a India redefinirán el alcance de las “industrias estratégicas” que deben protegerse. Las ayudas estatales para apoyar esta nueva política industrial se han convertido y seguirán siendo omnipresentes.

Todo esto dejará la economía mundial dividida y debilitada. La brecha entre la fuerza de China (y otras economías asiáticas post-covid) y la debilidad de otros lugares seguirá siendo evidente. La de China fue la única gran economía que creció en 2020; en 2021 su tasa de crecimiento superará el 7%, sustancialmente más alta que la tasa de recuperación en Europa y América. Y, a diferencia de las economías occidentales, su recuperación no se sustentará en enormes déficits presupuestarios o estímulos monetarios extraordinarios. El éxito económico de China y la rápida derrota del covid-19 serán el telón de fondo de un año de celebración triunfal en Beijing, ya que el Partido Comunista celebra su centenario.

El contraste con Occidente será profundo. Estados Unidos comenzará el año con un crecimiento tambaleante, sobre todo por no haber aprobado un paquete de estímulo económico lo suficientemente robusto en los últimos días de la administración Trump. Las economías de Europa serán lentas por mucho más tiempo, con generosos apoyos laborales que atan a las personas a trabajos que ya no existen y mantienen empresas zombis respaldadas por el estado. A ambos lados del Atlántico, la inequidad del impacto del covid-19 será cada vez más clara: los más vulnerables son los más afectados por el virus; la pérdida de puestos de trabajo se concentra entre las personas menos calificadas; la interrupción educativa afectará más a los niños más pobres. La ira pública crecerá, particularmente en Estados Unidos, que entrará en 2021 como un país profundamente dividido.

Con un mundo occidental golpeado y China cacareando, muchos expertos declararán que la pandemia será la sentencia de muerte para un orden mundial liderado por Occidente. Esa afirmación resultará prematura. A pesar de su “diplomacia de las vacunas”, China inspira más miedo y sospecha que admiración. Y a pesar de toda su determinación de llevar a China al centro del escenario, su presidente, Xi Jinping, muestra poco apetito por un liderazgo global genuino. Aunque el desprecio de Trump por los aliados y las incursiones en la diplomacia transaccional han sacudido la confianza en el orden global liderado por Estados Unidos, no la han destruido del todo.

Eso significa que Estados Unidos, una vez más, tendrá la capacidad desproporcionada para moldear el mundo pospandémico, y el hombre más capaz de marcar la pauta es un hombre de 78 años. Joe Biden, quien es considerado como un moderado constructor de consensos cuyas propias posiciones políticas siempre se han acercado al centro de gravedad de su partido, es poco probable que se convierta en el arquitecto del nuevo orden mundial.

Pero podría ser la persona adecuada. La plataforma política de Biden es lo suficientemente ambiciosa. Detrás del lema de «reconstruir mejor» hay un intento audaz, pero no radical, de unir un estímulo a corto plazo con una fuerte inversión en infraestructura verde, investigación y tecnología para acelerar drásticamente la transformación energética de Estados Unidos. Desde ampliar el acceso a la atención médica hasta mejorar el seguro social, el contrato social propuesto por Bidenomics es una versión del siglo XXI de la era progresista: reforma audaz sin izquierdismo peligroso.

En política exterior, Biden reparará las relaciones y reafirmará los valores y el papel global de Estados Unidos. Un veterano de la diplomacia y un multilateralista instintivo y constructor de instituciones, Biden enviará señales fuertes rápidamente: Estados Unidos volverá a entrar en el Acuerdo climático de París, permanecerá en la Organización Mundial de la Salud y se unirá a COVAX, la coalición global para distribuir una vacuna covid-19. Se dirigirá rápidamente a Europa para reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la OTAN y la alianza transatlántica, aunque su primera parada será Berlín o París, en lugar del Brexit de Boris Johnson en Gran Bretaña. Biden reafirmará la importancia de los derechos humanos y la democracia para la política exterior estadounidense. Espere críticas más duras a China por su trato a los uigures en Xinjiang y su opresión en Hong Kong. Con Biden ya no habrá más simpatías para con los dictadores.

Sin embargo, en las cuestiones más importantes, la presidencia de Biden ofrecerá más un cambio de enfoque que de dirección. Estados Unidos seguirá preocupado por la amenaza que representa una China en ascenso: la administración Trump merece crédito por centrar la atención en este punto. Pero en lugar de atacar con aranceles unilaterales, el equipo de Biden se centrará en construir una coalición multilateral para contrarrestar a China. Espere que se hable de una gran negociación transatlántica en la que Estados Unidos tranquilizará las preocupaciones europeas sobre sus gigantes tecnológicos, particularmente los datos personales que recopilan y el impuesto que no pagan, a cambio de una estrategia conjunta en contra de las empresas tecnológicas chinas. Espere escuchar de una nueva alianza global, que unirá a las democracias asiáticas en la coalición occidental para contrarrestar a China, la base, posiblemente, de un nuevo tipo de orden mundial liderado por Estados Unidos.

Zanny Minton Beddoes concluye señalando que la oportunidad esta ahí. La pregunta es si el señor Biden lo comprenderá. El riesgo es que, tanto en casa como en el extranjero, una presidencia de Biden demuestre ser extensa en palabras tranquilizadoras y corta en acciones efectivas. De igual forma existe el riesgo de que Biden, esté o no limitado por un Senado controlado por el partido Republicano, dedique demasiado tiempo en reparar el mundo del ayer en lugar de construir el de mañana. En conclusión, el mayor peligro no es la sacudida de la izquierda que temen muchos simpatizantes de derecha, sino la inacción, la timidez y el estancamiento. Para Estados Unidos y el mundo, sería una lástima terrible.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

No cesa la crisis del empleo en México

Al cierre del sábado 21 de noviembre, México registraba de manera oficial 101.4 miles de muertes y 1.032 millones de casos de Covid-19. Cómo lo hemos señalado desde este espacio, el reciente repunte en el número de casos y fallecidos diarios ha provocado que diversos estados retrocedan en el color de su semáforo sanitario. Es así que para las siguientes dos semanas, habrá 2 entidades en rojo, 14 en naranja, 14 en amarillo y 2 en verde. Cabe recordar que el nivel rojo del semáforo significa riesgo máximo de contagio; el naranja, riesgo alto; el amarillo, riesgo medio; y el verde, riesgo bajo.

Lo anterior ha ocasionado que se impongan nuevas limitaciones a la actividad económica, tanto en el sector comercio, servicios e industrial; además de que el miedo al contagio que se le ha vuelto a meter a la población ha provocado que muchos cierren la cartera. Esto se da en un contexto en el que la  actividad económica siguió teniendo una lenta recuperación en septiembre y octubre. De acuerdo con las cifras del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), elaborado por el INEGI, se espera que haya habido una contracción anual de -7.0% del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) durante septiembre, con caídas anuales de -7.5% en las actividades secundarias y de -7.3% en el sector terciario. Para octubre, el IOAE prevé una caída anualizada del IGAE de -6.2%, con retrocesos de -6.9% en las actividades secundarias y de -6.0% en las terciarias.

Cómo lo he señalado en anteriores entregas, las cifras de caídas en la actividad económica se dicen fácil, pero hay que entender que detrás de ellas hay millones de personas que perdieron su empleo y no lo han recuperado, a millones de personas se les ha bajado el sueldo y/o les recortaron su jornada laboral. Son muchas personas las que la están pasando mal en materia económica, y la desaceleración de la recuperación ocasionada por las nuevas limitantes a la actividad económica y por el miedo de los consumidores a salir a gastar, no hará más que prolongar el sufrimiento.  

Para ilustrar los graves problemas por los que seguimos transitando tenemos que el INEGI publicó los Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) correspondientes al tercer trimestre de 2020 y en términos generales los resultados del levantamiento de la ENOEN del tercer trimestre de 2020 confirman una lenta recuperación de la ocupación, la cual todavía está por debajo de los niveles previos a la pandemia.

Los cambios más importantes entre el tercer trimestre de 2019 e igual trimestre de 2020 fueron: 1. Una disminución de la Población Económicamente Activa (PEA) por la vía de la población ocupada, la cual se ve reflejada en la caída de la ocupación en el sector terciario, principalmente en restaurantes y servicios de alojamiento así como en el comercio; 2. Pérdida de empleos de tiempo completo, disminución de la ocupación en los micronegocios y en condiciones de informalidad; y 3. Un aumento de la desocupación, la subocupación y en la ocupación en condiciones críticas.

Ocupación laboral

Es así que la ENOEN del tercer trimestre de 2020 reportó una disminución de -3.6 millones de personas en la PEA, lo que implica que la Tasa de Participación Económica fue de 55.5% respecto a la población de 15 años y más, cifra 4.9 puntos porcentuales inferior a la de mismo trimestre del año pasado.  En términos de personas, eso significa que en el periodo de julio a septiembre de 2020, la población ocupada resultó en 51 millones de personas, cifra inferior en -4.2 millones de personas comparada con la del tercer trimestre de 2019. La población ocupada de hombres fue de 31.8 millones, cifra menor en -1.9 millones, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 19.2 millones, cantidad inferior en 2.3 millones menos en el mismo lapso. Este dato confirma que en materia laboral, la actual crisis económica ha afectado más a las mujeres que a los hombres.

Distribución de la población ocupada

La estructura sectorial de la ocupación reporta que las actividades terciarias tuvieron una participación del 60.7% en el tercer trimestre de 2020, lo que implica que en términos absolutos registra una disminución de -3 millones de personas laborando respecto al tercer trimestre de 2019. Llama la atención en particular la situación del sector de restaurantes y servicios de alojamiento y el comercio, ya que éstos reportaron una disminución de 1.1 millones, cada uno.

En cuanto a la ocupación por ámbito y tamaño de la unidad económica, tenemos que ésta tuvo un descenso de -3.8 millones de personas respecto al tercer trimestre de 2019. Vemos que los ocupados en micronegocios son los más afectados, con una disminución de -2.2 millones puestos de trabajo perdidos entre el tercer trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2020. Destaca lo sucedido en las  unidades económicas sin establecimiento, en donde la pérdida fue de -1.3 millones de ocupados.

Subempleo, desempleo y empleo formal e informal

La EMOEN reporta que las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda, pasaron de 4.3 millones en el tercer trimestre de 2019 a 8.7 millones en el mismo periodo de 2020, con un aumento de 4.4 millones de personas.

Por su parte, la población que se encuentra sin trabajar y que estuvo buscando trabajo en el último mes, fue de 5.1% de la PEA en el tercer trimestre de 2020, porcentaje que en igual periodo del año anterior fue de 3.7 por ciento. En términos absolutos, la población desocupada fue de 2.8 millones de personas, monto superior en 622 mil personas comparado con el tercer trimestre de 2019.

Por su parte, la población ocupada informal, que comprende a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en el tercer trimestre de 2020 fue de 27.7 millones, cifra que representa 3.5 millones menos comparado con el mismo trimestre del año pasado. Destaca el hecho de que la tasa de informalidad en las localidades rurales fue de 79% en el tercer trimestre de 2020, mientras que en las localidades más urbanizadas fue de 40.5 por ciento. Por su parte la tasa de trabajo asalariado en las localidades rurales fue de 50.7% contra 72.4% de las áreas más urbanizadas.

Finalmente, en cuanto al empleo formal, es pertinente mencionar que de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al cierre de octubre, se registraron 19.902 millones de puestos de trabajo formales. Según las cifras del instituto, en octubre se registró un incremento mensual de poco más de 200 mil puestos, equivalente a una tasa mensual de aumento de 1.0%.  Con lo anterior, la disminución del empleo en lo que va del año (enero-octubre) es de 518 mil 609 puestos; sin embargo, en los últimos doce meses se registró una disminución de más de 824 mil puestos, equivalente a una tasa anual de -4.0%.

Consideraciones finales

Dado el sombrío panorama que vivimos en materia económica y sus repercusiones para la recuperación del empleo, me veo obligado a insistir que la estrategia que han emprendido varios gobiernos locales en el sentido de limitar la actividad económica como instrumento para frenar los nuevos contagios de Covid-19 es errónea. De poco sirve impedir que los centros de trabajo operen con un horario regular o a una menor capacidad, si eso se traduce en que haya más gente sin cubrebocas en la calle, en lugares aglomerados como los tianguis, en el transporte público o haciendo fiestas en sus casas. Es francamente ridículo que cierren restaurantes que cumplen los protocolos de salud, pero si permitan que haya puestos de tacos en la calle o en el tianguis, con decenas de personas apretujadas alrededor del taquero. No hay congruencia, evidentemente.

Desafortunadamente la estrategia del gobierno federal de no ser claros respecto al uso del cubrebocas ha provocado que haya gente que piense que su uso no es benéfico, siendo que hay decenas de estudios que demuestran su efectividad. Si los gobiernos locales se preocuparan más por hacer completamente obligatorio el uso del cubrebocas cuando uno está fuera de su domicilio o vehículo, imponiendo sanciones a quienes no lo usen, no estarían pensando en cerrar negocios y generar más pobreza.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha señalado que los cierres de la economía deben ser la última opción a considerar para frenar la pandemia; sin embargo queda claro que hay gobernantes a los que les resulta más sencillo, desde la comodidad de su despacho y su solvencia económica, decretar que los negocios cierren en lugar de hacer obligatorio el uso del cubrebocas (no vayan a parecer represores). A estos gobernantes les preocupa más su futuro electoral que la salud y la economía de quienes los eligieron.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La recuperación económica se estanca…..en un nivel muy bajo

Cada vez son más los gobiernos estatales que imponen restricciones a la actividad económica, en aras de tratar de frenar la creciente propagación del Covid-19. Desde mi punto de vista, el limitar la actividad en algunos horarios y días no es la medida más efectiva para frenar la propagación de la enfermedad, ya que los colaboradores de muchas empresas están más seguros en los centros de trabajo que en sus casas. Muchas empresas han implementado protocolos sanitarios y eso mantiene a las personas con bajas probabilidades de contagiarse, ya sea dentro de una fábrica, tienda o restaurante.

Lo que las autoridades deben hacer es hacer obligatorio el uso del cubrebocas en todo momento cuando una persona está fuera de su casa o vehículo. De igual forma, se deben limitar las fiestas que se organizan y tienen una elevada concurrencia de personas.  Si no se toman este tipo de medidas para contener la enfermedad, de nada servirá seguir golpeando las actividades económicas y sólo se generará más desempleo, pobreza y sufrimiento.

Es en este contexto de nuevas limitaciones a la actividad económica, que se publican más indicadores que confirman que la recuperación económica en nuestro país se ha estancado, y lo peor es que lo ha hecho en un nivel de actividad muy por debajo del que registramos en 2019.

El INEGI dio a conocer los datos del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) y los datos son muy preocupantes ya que en septiembre la industria ya no creció respecto a agosto, y esto es relevante porque la industria en México representa poco más del 28% del Producto Interno Bruto (PIB). En esta entrega analizamos primero la evolución del IVFAI en el comparativo de agosto a septiembre de este año, y posteriormente en el comparativo de septiembre de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Evolución de agosto a septiembre de 2020

Con cifras desestacionalizadas, en el comparativo de agosto a septiembre de 2020, el total del volumen físico de la actividad industrial disminuyó -0.05%, con lo que se le pone freno a una racha de tres meses consecutivos en los que la actividad industrial crecía. La caída marginal de -0.05% es producto de que la Minería aumentó 0.2%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final cayó -3.1%; la Construcción decreció -5.6%; mientras que las Industrias manufactureras aumentaron 2.4%.

El aumento de 2.4% por parte de la industria manufacturera se debe a la siguiente evolución de cada una de las ramas de actividad (en paréntesis se indica el porcentaje de variación mensual): Industria alimentaria (1.2%); Industria de las bebidas y del tabaco (-2.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (2.8%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (1.2%); Fabricación de prendas de vestir (6.1%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (3.7%); Industria de la madera (-1.1%); Industria del papel (1.4%); Impresión e industrias conexas (-1.2%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (21.7%); Industria química (0.0%); Industria del plástico y del hule (1.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (0.8%); Industrias metálicas básicas (12.3%); Fabricación de productos metálicos (0.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (-1.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (3.3%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (4.9%); Fabricación de equipo de transporte (5.1%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (0.9%); y Otras industrias manufactureras (1.5%).

Como puede apreciarse, la actividad industrial total se estancó entre agosto y septiembre de 2020, esto se debe porque la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; así como la Construcción presentaron caídas en el mes. Por su parte, en cuanto a la Manufacturera, tenemos que 4 de las 21 ramas de actividad que la conforman, presentaron disminuciones.

Como ya lo mencioné líneas arriba, queda claro pues que la recuperación de la actividad industrial se interrumpió en septiembre y lo peor es que esto se dio en un nivel de actividad económica muy por debajo del observado el año pasado, tal y como veremos a continuación:

Evolución de enero a septiembre de 2020 vs enero a septiembre de 2019

En los primeros nueve meses de 2020 observamos que la totalidad de la actividad industrial está un 12.2% por debajo del nivel observado en los primeros nueve meses de 2019. Esto se debe a que en el mismo periodo la Minería cayó -0.8%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final disminuyó -5.3%; la Construcción se contrajo -19.6%; mientras que las Industrias manufactureras retrocedieron -13.1%.

Entrando en el detalle de la Minería, tenemos que su caída de -0.8% se debió a que la Extracción de petróleo y gas aumentó 0.7%; la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas decreció -7.7%; mientras que los Servicios relacionados con la minería crecieron 3.2%. 

En cuanto a la caída de -5.3% observada por la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final, tenemos que dicha caída se debió a que la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica se contrajo -5.9%; mientras que el Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final retrocedieron -3.1%.

La Construcción ha sido, desde hace más de dos años, un sector muy golpeado, sobre todo por la contracción de la inversión fija bruta. Su caída de -19.6% en el comparativo de los primeros nueve meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 se debió a que la Edificación cayó -19.1%, la Construcción de obras de ingeniería civil disminuyó -26.4%, mientras que los Trabajos especializados para la construcción cayeron -14.0%.

En relación a las Industrias manufactureras, tenemos que su caída de -13.1% es producto de que sus 21 ramas de actividad están en 2020 en un nivel por debajo del de 2019. A continuación se presenta cada rama de actividad ordenadas de menor a mayor caída (en paréntesis se menciona el porcentaje de disminución): Industria alimentaria (-0.5%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (-3.8%); Industria química (-5.2%); Industria del papel (-6.6%);  Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-9.0%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-9.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-10.9%); Industria de las bebidas y del tabaco (-11.1%); Industrias metálicas básicas (-12.0%); Otras industrias manufactureras (-12.7%); Industria del plástico y del hule (-13.8%); Fabricación de productos metálicos (-14.3%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-17.8%); Industria de la madera (-18.2%); Impresión e industrias conexas (-19.5%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-21.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (        -21.8%); Fabricación de equipo de transporte (-27.5%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-36.5%); Fabricación de prendas de vestir (-37.8%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.6%).

En el anterior listado se puede ver que hay 6 ramas de actividad con un nivel de actividad que está entre 0.5 y 10% por debajo del de 2019, hay otras 9 ramas de actividad con un nivel que está entre 11 y 20% por debajo de que tenían en 2019, hay 3 ramas de actividad con un nivel de entre 21 y 30% por debajo del de 2019 y otras 3 que tienen un nivel entre 30 y 40% por debajo del de 2019.

Reflexiones finales

Es en este contexto de una gran debilidad industrial que los estados se mueven hacía las limitaciones a la actividad económica. En anteriores entregas habíamos estimado que el balance del PIB para el 2020 sería de una caída de -8.5%, pero con los cierres que estamos viendo, y el impacto sicológico que estos causan en la población, consideramos que la caída de este año será cercana a un -10.0%.

De igual manera, la recuperación esperada para el 2021 será aun más lenta de lo que se anticipaba. Si bien preveíamos un crecimiento del PIB de 4.0%, consideramos que éste será de 3.5%, dada la debilidad del mercado interno y posibles mayores restricciones a la actividad económica en los Estados Unidos una vez que asuma la presidencia de dicho país el candidato ganador, Joe Biden.

Sigamos preparándonos para un complicado invierno en materia de salud y económica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El PIB del III/20: ¿El vaso medio vació o medio lleno?

En la mañanera del viernes 30 de octubre, el presidente López Obrador, reiteró que la recuperación económica de México está en marcha y que tendría forma de “V”, ya que de acuerdo con la estimación oportuna de INEGI; el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país habría creció 12% en el tercer trimestre del año en el comparativo respecto al trimestre inmediato anterior. Sin duda esta es una buena noticia si se quiere ver la situación económica del país desde la óptica de un vaso que está medio lleno.

El aumento del PIB de 12% fue producto de que las  Actividades Secundarias (industria) avanzaron 22%, las Terciarias (comercio y servicios) aumentaron 8.6%, mientras que las Actividades Primarias (agricultura y ganadería) subieron 7.4% en el trimestre julio‑septiembre de 2020 respecto al trimestre que le precede.

Si bien es aplaudible que el PIB creció 12.0% en el periodo referido, se debe señalar que esto no se dio gracias a algún estímulo o apoyo a los empresarios por parte del gobierno federal. La recuperación ocurrió gracias a la resiliencia de los empresarios, que pese a todo, con apoyo de sus ahorros, proveedores, la banca privada y algunos gobiernos locales, pudieron sobrevivir el cierre de las actividades no esenciales y el lento retorno hacía la normalidad en base a semáforos sanitarios de cada entidad federativa. El crecimiento del PIB también se debió a los 26.4 miles de millones de dólares en remesas que han enviado nuestros paisanos que viven en el exterior, y desde luego, que también se debe a la sólida recuperación económica que tuvo Estados Unidos en el tercer trimestre del año.

En este sentido, me parece que es pertinente poner los datos en perspectiva ya que en el mismo periodo, mientras que México creció 12%, el PIB de Estados Unidos aumentó 33.1%, mientras que el de Italia creció 16.1% y el de España aumentó 16.7%. Es así que queda claro que hubo recuperación, fue sólida, pero no fue tan robusta como la observada en otras naciones.

Ahora bien, si ahora queremos valorar la situación  económica del país desde una óptica de un vaso medio vacío, pues tenemos que en el comparativo del tercer trimestre de 2020 respecto al mismo trimestre de 2019, con cifras desestacionalizadas, el PIB total cayó un -8.6%, lo cual es producto de que las actividades secundarias retrocedieron -8.9%, las Terciarias cayeron -8.8%, mientras que las Actividades Primarias registraron un aumento de 7.4 por ciento.

Estas tasas de caída del PIB total y del PIB de las actividades Secundarias y Terciarias, son más moderadas que las observadas en términos anualizados en el segundo trimestre de este año. Y es que en los meses de abril a junio de este año, en relación a los mismos meses de 2019, el PIB total cayó -18.7%, mientras que el de las actividades primarias disminuyó -0.5%, el de las secundarias se contrajo -25.7%, mientras que el de las terciarias se colapsó -16.2%.

Es así que en términos anualizados el PIB total de México acumula seis trimestres consecutivos con disminuciones. Esto es, desde el segundo trimestre de 2019 el PIB de México no ha dejado de caer, y de hecho la tasa de crecimiento promedio anual del segundo trimestre del 2019 al tercer trimestre de 2020 es de -5.1%. Por su parte, las actividades secundarias acumulan ocho trimestres consecutivos con caídas anualizadas y su tasa de crecimiento promedio de los últimos seis trimestres es de -5.6%. De igual forma, las actividades terciarias acumulan 6 trimestres consecutivos con caídas anualizadas y su tasa de crecimiento promedio de los últimos seis trimestres es de -4.4%.

Por donde se le quiera ver, lo que va de este sexenio ha sido un total desastre en materia de crecimiento económico, y queda claro que no es un problema derivado del cierre de actividades económicas, erróneamente  decretado por la pandemia del Covid-19, sino que es un problema que ya se venía dando desde que arrancó el sexenio. El que ahora el gobierno federal pretenda hacernos creer que el tema de la caída económica es nuevo y que se debe al Covid-19, pues no deja de ser más que un intento de engaño.

Desde luego que esta difícil situación ha afectado a todas las regiones del país, y en ese sentido el INEGI acaba de publicar los datos del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) durante el segundo trimestre del 2020. Esta es información valiosa porque nos permite ver dónde la crisis económica ha pegado más fuerte.

Utilizando cifras originales, a continuación se presenta la evolución de cada estado, ordenados éstos de mejor a peor desempeño, para el periodo del segundo trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2020 (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Tabasco (+1.2%), 2. Campeche (-9.6%), 3. Chiapas (-12.4%), 4. Michoacán (-14.0%), 5. Colima (-14.0%), 6. Sonora (-14.6%), 7. Sinaloa (-15.4%), 8. Durango (-15.9%), 9. Jalisco (-16.1%), 10. Tamaulipas (-16.2%), 11. Veracruz (-16.5%), 12. Ciudad de México (-16.6%), 13. Chihuahua (-17.0%), 14. Estado de México (-17.1%), 15. Oaxaca (-17.3%), 16. Yucatán (-17.3%), 17. Hidalgo (-18.6%), 18. Baja California (-18.6%), 19. Zacatecas (-20.1%), 20. Nuevo León (-21.9%), 21. Guerrero (-22.0%), 22. San Luis Potosí (-22.4%), 23. Guanajuato (-22.5%), 24. Tlaxcala (-22.6%), 25. Querétaro (-23.1%), 26. Nayarit (-23.2%), 27. Aguascalientes (-23.4%), 28. Morelos (-23.6%), 29. Coahuila (-26.2%), 30. Puebla (-29.3%), 31. Quintana Roo (-40.6%), y 32. Baja California Sur (-42.4%).

Más allá de que el único estado que creció en el momento más terrible de la crisis económica, sea la tierra del presidente, estos datos muestran que los mayores impactos negativos se dieron en los estados que tienen una mayor presencia de lo que en su momento fueron identificados como sectores no esenciales. Vemos que estados con una alta dependencia en el turismo, como Quintana Roo y Baja California Sur, fueron muy afectados. Por otra parte, estados con una importante presencia del sector automotriz también se vieron afectados, como es el caso de Guanajuato, Coahuila y Aguascalientes. También vemos casos como el de Puebla, con una importante presencia automotriz, pero con una afectación más significativa derivado de las políticas de un cierre de actividades más prolongado (mientras que muchos estados permitieron que los algunos de los sectores productivos no esenciales regresaran a trabajar en la primera semana de junio, en el caso de Puebla y otras entidades el retorno a la nueva normalidad para la mayor parte de las actividades se retrasó varias semanas más).

¿Qué podemos esperar en materia económica para los próximos meses? Definitivamente el camino de aquí al cierre del año está pavimentado con incertidumbre. En lo interno ya sabemos que el gobierno federal no estimulará el crecimiento económico, sino que lo obstaculizará mermando la confianza empresarial y deteriorando las condiciones para invertir. En lo internacional, pues vemos cómo los  casos de Covid-19 aumentan en todo el mundo y hemos visto como en diversos países europeos se están volviendo a cerrar ciertas actividades económicas y decretando toques de queda. En los Estados Unidos las elecciones presidenciales son este martes 3 de noviembre y si se reelige el presidente Donald Trump, podemos estar tranquilos en el sentido de que se continuará con la misma política de que cada estado determine qué hacer con el cierre o apertura de la actividad económica; pero si gana Joe Biden, pues es posible que desde el gobierno federal de dicho país se presione más a los gobernadores para que cierren la actividad económica para tratar de disminuir los contagios y muertes.

Quiero ser enfático en el sentido de que las políticas económicas de Joe Biden han sido bien evaluadas por expertos de la talla de Paul Krugman, ya que éstas le darían un impulso fiscal a la economía estadounidense a través de un mayor gasto público, resultado de eliminar los recortes de impuestos que llevó a cabo Donald Trump. Sin embargo, en el corto plazo a México le pegaría muy fuerte la llegada de un presidente estadounidense que tomé medidas radicales contra el Covid-19 y se regrese a confinamientos masivos. No nos conviene que la mayoría de los negocios de nuestro vecino del norte cierren sus puertas. Esto lo comento porque lo único que ha evitado un mayor colapso de la actividad económica en México es el sector exportador.

Es importante tener presente que de acuerdo con el INEGI, en el comparativo de septiembre de 2020 respecto del mismo mes de 2019, las exportaciones totales de México ya se recuperaron y aumentaron 5.1%, mientras que las destinadas a los Estados Unidos subieron 5.8%. Es por ello que no queremos que se descarrile la economía estadounidense.

Es así que ante la ausencia de políticas públicas que promuevan el crecimiento económico en México, la  evolución de la pandemia del Covid-19 y el resultado de la elección del 3 de noviembre, son los factores más importantes que incidirán en el tipo de recuperación económica que seguiremos teniendo. El incipiente optimismo por la recuperación económica podría borrarse o bien, podría consolidarse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director general de GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleonrogomezt

Sigue la crisis del empleo en México

La enfermedad del Covid-19 sigue activa y varios gobiernos locales han entrado en pánico. De hecho el gobierno de Chihuahua ha decretado el regreso al semáforo rojo, mientras que otros amenazan con hacerlo si la pandemia satura sus endebles sistemas de salud. Aunque hasta ahora la medida no implica el cierre de  actividades productivas no esenciales, como ocurrió en abril y mayo de este año, si se eleva la percepción de miedo por lo que se descarrillan los esfuerzos de recuperación económica. Esto ocurre en un contexto nacional en el que la enorme mayoría de las actividades económicas se ha estancado en la recuperación y aún están muy lejos del nivel de actividad que tenían a principios de este año.

De hecho, el INEGI recién publicó el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) y éste estima que en agosto la actividad económica nacional cayó -7.9% anualizado, mientras que en septiembre se contrajo -6.9%. De esta manera, reitero mi pronóstico de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -8.5% en todo 2020.

En este escenario de una muy lenta recuperación económica, es que el INEGI también dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del mes de septiembre, y en ella se ve claramente que las penurias continúan para millones de mexicanos. En esta entrega presento cómo va evolucionando la situación del empleo en nuestro país, misma que se puede complicar bastante más si en esta temporada de compras en noviembre y diciembre la gente se queda en casa en lugar de salir de compras.

Situación de la fuerza de trabajo

Un primer signo de debilidad en el mercado laboral lo vemos con el tamaño de la Población Económicamente Activa (PEA), misma que sumó 53.8 millones de personas en septiembre de 2020, lo que implica un incremento de apenas 621 mil personas más respecto a agosto pasado. La tasa de participación económica fue de 55.6% de la población en edad para trabajar, 0.5 puntos porcentuales superior a la del mes previo. Como referencia debemos señalar que en septiembre de 2019 la tasa de participación fue de 60.1%, por lo que queda claro que sigue habiendo muchas personas que se retiraron de la fuerza laboral y no han regresado porque tienen miedo de enfermarse o porque de plano saben que no conseguirán un buen trabajo.

En cuanto a la población desocupada, en septiembre de este año ésta representó el 5.1% de la PEA, tasa inferior al 5.4% observado en el pasado mes de julio, pero aun por encima del 3.8% observado en septiembre de 2019. Es así que en términos absolutos, la población desocupada fue de 2.7 millones de personas al mes de septiembre de 2020. Cabe recordar nuevamente que en México la Tasa de Desocupación es más baja que en otros países, no porque aquí tengamos un mercado laboral sólido, sino porque en México no hay seguro de desempleo y la gente no tienen muchos ahorros, además de que hay un problema extendido de economía informal. Es así que una persona que pierde su empleo no se puede dar el lujo de quedarse mucho tiempo desempleado, por lo que si no consigue empleo, pues lo más fácil es salirse a lavar carros o poner un puesto en el tianguis más cercano.

Población ocupada

Durante septiembre de 2020, la población ocupada fue de 51.1 millones, cifra mayor en apenas 670 mil personas comparada con la de agosto del mismo año. Cabe destacar que la población ocupada de hombres fue de 31.5 millones, cifra inferior en -215 mil a la de agosto, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 19.6 millones, 885 mil personas más en el mismo periodo.

Cabe destacar que de acuerdo con las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en septiembre de este año había 19.2 millones de trabajadores asegurados, cifra superior a la de agosto en apenas 113 mil personas. Esto es relevante porque vemos que si bien la población ocupada total aumentó en 670 mil personas, de este total sólo 113 mil obtuvieron un empleo formal registrado en el IMSS. También es relevante señalar que el balance de febrero a septiembre de 2020 sigue siendo muy negativo ya que se han perdido 911 mil empleos formales.

Ahora, en cuanto a los ingresos derivados del trabajo, en septiembre de 2020 vemos que el 23.4% de la población ocupada gana menos de un salario mínimo, el 33.7% percibe de 1 a 2 salarios mínimos, el 14.8% gana de 2 a 3 salarios mínimos, el 6.3% gana de 3 a 5 salarios mínimos, mientras que sólo el 2.5% de la gente que trabaja gana más de 5 salarios mínimos al día. Por su parte, el 6.0% no recibe ingresos por su trabajo. El restante 13.3% de la población ocupada no específico su nivel de ingresos. Es así que en comparación con el mes previo, la población ocupada con una percepción de uno a dos salarios mínimos aumentó 1.1 puntos porcentuales; en cambio, la contribución de los ocupados de 2 a 3 salarios mínimos disminuyó -0.5 puntos porcentuales y el de los ocupados que perciben hasta un salario mínimo disminuyó -0.8 puntos porcentuales, en el mismo periodo.

Con estos bajos niveles de ingresos de la población ocupada es muy difícil que se pueda reactivar el mercado interno, y será aún más difícil si los gobiernos de los estados ponen sus respectivos semáforos de salud en rojo.

Población subocupada y en la informalidad

Posiblemente, uno de los aspectos en donde ha habido una mayor afectación por parte de la crisis económica es en el incremento de la subocupación. Esto es, que hay una enorme cantidad de personas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda. Los subocupados pasaron de 8.6 millones en agosto a 8.0 millones en septiembre de 2020, por lo que hubo una disminución de -583 mil personas; sin embargo, cabe señalar que en septiembre de este año la tasa de subocupación fue de 15.7%, mientras que en septiembre de 2019 fue de 7.9%. La enorme cantidad de personas en una situación de subocupación es indicativo de que sigue habiendo muchas empresas que no han retomado sus actividades al 100% y laboran únicamente dos o tres días a la semana.

En cuanto a la población ocupada y que está en una situación de informalidad, misma que  comprende a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, tenemos que en septiembre de 2020 ésta fue de 28.1 millones, esto es 245 mil personas más que en agosto del mismo año. Cabe señalar que en septiembre de 2019 el número de ocupados en la informalidad fue de 31.3 millones de personas, por lo que queda claro que esta crisis ha afectado a las personas que trabajan tanto en la formalidad, como en la informalidad. La baja tasa de crecimiento del empleo formal nos hace prever que en unos meses el número de personas que trabajan en la informalidad rebasará los 31.3 millones observados en septiembre de 2019.

Conclusiones

Cuando hablamos de una caída del PIB de -8.5% para este 2020 debemos ponerle rostro a la crisis y no hay mejor manera que viendo el impacto de ésta en las condiciones de empleo de la población. Hemos comentado en diversas ocasiones que vamos a tardar hasta el 2024 para recuperar los niveles de producción y consumo que se tenían en 2019, pero si en esta temporada de compras por el Buen Fin en noviembre y la Navidad en diciembre, la gente vive atemorizada por el regreso de los semáforos de salud al color rojo, pues la recuperación será aún más tardada y el sufrimiento y desesperación de las personas que están desempleadas o subempleadas, con un bajo nivel de ingreso, continuará de manera innecesaria.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Depender de la recuperación económica global para volver a crecer

De acuerdo con la más reciente encuesta de expectativas económicas de los analistas del sector privado, realizada por el Banco de México, la expectativa es de que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá -9.82% en el 2020. A nuestro juicio este pronóstico sigue siendo demasiado pesimista y, así como lo señalamos en la entrega de la semana pasada, nosotros consideramos que la caída del PIB de este año será de aproximadamente -8.5%. La disminución es brutal por donde se le quiera ver, pero aquí lo más importante son las medidas que se tomen para que la recuperación económica sea más rápida.

Sabemos que por parte del gobierno federal los estímulos para la reactivación económica son prácticamente nulos. El gasto público del 2021 será de 6.295 billones de pesos, lo que significa una reducción de 0.3% real anual respecto del 2020, además de que el Paquete Económico 2021 no contempla ningún incentivo fiscal para las empresas. Por su parte, la inversión fija bruta del sector privado apenas crecerá un poco en 2021 después de la fuerte caída del 20% que registrará al cierre de este año; mientras que el consumo privado probablemente tenga una recuperación marginal de un 4 0 5% el año que viene, siempre y cuando el gobierno federal no vuelva a cometer el error de cerrar el economía, independientemente de lo que pase con la epidemia del Covid-19.  Dado lo anterior, la gran esperanza para la recuperación económica está puesta en el sector exportador, el cual depende principalmente de la evolución económica de los Estados Unidos.

Para ilustrar la importancia del sector exportador en México tenemos que de acuerdo con información del Sistema Nacional de Cuentas Nacionales de INEGI, en el año 2019 el PIB de México fue de 24.237 billones de pesos, mientras que el valor de las exportaciones FOB de bienes y servicios sumaron 9.491 billones de pesos. Esto implica que las exportaciones representaron el 39.2% del PIB. En el primer semestre del 2020 el PIB de México promedió 22.131 billones de pesos, mientras que las exportaciones fueron de 8.185 billones de pesos, por lo que éstas representaron el 37.0% del PIB.

Con estos porcentajes queda clara la enorme importancia que tienen nuestras ventas al exterior como motor de nuestra economía. Desde este espacio hemos señalado que las empresas manufactureras que se queden quietas atenidas a la evolución del mercado interno, verán un proceso de recuperación muy lento y que el promedio de ellas recuperará (si es que sobreviven) los niveles de producción del 2019 hasta el 2023 o 2024 en el mejor de los casos. Es por ello que la apuesta debe ser hacía el exterior y aprovechar la recuperación económica más rápida que se espera para países como Estados Unidos, que en 2019 fue el destino del 80.5% de nuestras exportaciones, mientras que en los primeros seis meses de 2020 se llevó el 81.2% de nuestras ventas al exterior.

No obstante lo anterior, debemos tener presente que la recuperación de la economía mundial, sobre todo de las economías desarrolladas, y en especial la de Estados Unidos, no será tan fácil y que de hecho ya se comienzan a ver signos de agotamiento de la rápida recuperación que se observó en los meses de junio a agosto. De hecho ya no se habla de una recuperación en forma de V, sino de K, lo que implica que algunos sectores económicos tendrán una rápida recuperación, mientras que otros seguirán con caídas y problemas durante largo tiempo.

De acuerdo con una nota de Enda Curran y Rich Miller, publicada el pasado 30 de septiembre en el portal de Bloomberg y titulada “La recuperación económica mundial se está desacelerando de un rebote hacía un estancamiento” se menciona que aparentemente la mejor parte de la recuperación económica de la economía global ya terminó, la cual había comenzado con un sprint, pero que ahora muestra claros signos de agotamiento.

Señalan que esa es la advertencia de los economistas de Wall Street, quienes se acercan al último trimestre de un año por demás traumático. Aproximadamente 20 billones de dólares (cifra equivalente a unas 17 veces el PIB de México pre pandemia) es lo que diversos gobiernos y bancos centrales de varias de las economías del mundo se han gastado o han prestado con el fin de recuperar la mayor parte de lo que se tenía previo a la pandemia del Covid-19. Pero por múltiples razones, el último tramo de la recuperación será el más difícil.

Fuente: El Financiero

Este estímulo fiscal de 20 billones de dólares le añadió 3.7 puntos porcentuales de crecimiento al PIB mundial este año, según JPMorgan Chase & Co, pero los economistas del banco esperan que los responsables de la formulación de políticas repitan los errores que cometieron después de la crisis financiera de 2008 y regresen prematuramente hacia la austeridad convirtiendo el estímulo fiscal de este año en un lastre fiscal de 2.4 puntos el próximo año.

En las próximas semanas, los funcionarios de los gobiernos de múltiples países podrían reducir el apoyo fiscal, mismo que ha sido clave para la recuperación, tal y como ha sucedido en países como los Estados Unidos. De esta manera, lo que se suponía que eran recortes temporales de empleos podrían convertirse en despidos permanentes. Esta preocupación se agravó la semana que recién concluye cuando los gigantes corporativos de Walt Disney Co. y Royal Dutch Shell Plc despidieron a miles de trabajadores. Otra complicación es que en algunas partes del mundo el virus se está propagando más rápido, y con la retórica auspiciada por gobiernos como el de China, podrían incidir en el ambiente social para presionar a que algunos gobiernos de economías importantes vuelvan a imponer cierres de la actividad económica.

Ethan Harris, jefe de investigación económica global de Bank of America Corp, dijo que «Estamos concluyendo la fase en la que nos recuperamos de haber cerrado actividades…Ahora estamos en la fase de complicaciones para seguir avanzando”. Todos estos riesgos han desanimado a los inversionistas, y con ello en septiembre el índice bursátil S&P500 cayó después de haber registrado cinco meses consecutivos de avances.

En los Estados Unidos, los economistas han estado recortando los pronósticos de crecimiento del PIB en el cuarto trimestre de 2020 porque temen que los esfuerzos para aprobar otro proyecto de ley de gastos relacionados con el coronavirus en el Congreso, se han estancado, aunque sigue siendo posible un acuerdo antes de las elecciones presidenciales de noviembre. Otro factor que frena las esperanzas de una recuperación en forma de V es la propagación acelerada del virus en las últimas semanas y la ausencia de una vacuna.

La economía de China crecerá 1.3%, mientras que la de Estados Unidos caerá -5.6% este año

Es así que con sus ingresos mermados y reducidos, las empresas en infinidad de países podrían enfrentar problemas para pagar sus deudas, lo que provocaría más quiebras y haría que los bancos se muestren más reacios a extender crédito incluso a empresas viables. Y cuanto más tiempo existan los regímenes de distanciamiento social, más probable es que las empresas consideren que la caída en la demanda de sus bienes o servicios no es un fenómeno temporal, sino permanente, y reduzcan aún más su fuerza laboral.

Respecto al tema del financiamiento, es importante señalar que en México ya se materializó el credit crunch, ya que en agosto de 2020, el saldo del financiamiento otorgado por la banca comercial al sector privado, que constituye 66% del financiamiento total, fue de 5,030.3 miles de millones de pesos, lo que implica una disminución de 1.7% respecto a hace un año.

A manera de conclusión podemos señalar que los tiempos difíciles van a continuar. La apuesta por la exportación es la más viable para las empresas manufactureras, que podrían ser tractoras del resto de la economía nacional, pero esta estrategia no estará libre de riesgos. México debe aprovechar el sentimiento anti China que prevalece en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. Ya no hay un Proméxico que ayude en la tarea de exportar y atraer inversiones, pero las empresas, apoyadas en los organismos empresariales encontrarán la manera.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Con falta de confianza empresarial, la manufactura se recupera lentamente

En un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicado el pasado 16 de septiembre y titulado “Generar confianza es crucial en medio de una recuperación económica incierta” se menciona que la pandemia de COVID-19 sigue amenazando los puestos de trabajo, empresas y la salud y el bienestar de millones de personas en todo el mundo. Esto en un contexto de  incertidumbre excepcional, por lo que generar confianza es fundamental para garantizar que las economías se recuperen y se adapten.

En México el gobierno federal destruye la confianza empresarial casi todos los días, y esta es parte de la razón por la cual la OCDE publicó la expectativa de que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá -10.2% en 2020, tasa similar a la de la contracción que tendrá la India y solo superado por Italia, que caerá -10.5%. Contrariamente, el PIB de Estados Unidos se contraerá apenas -3.8%, el PIB mundial -4.5%, mientras que el de los países que conforman la Zona Euro disminuirá -7.9%. Pero lo malo no se limita a la pronunciada caída del PIB mexicano este año, sino a la lenta recuperación que se anticipa. Mientras que la OCDE espera que el PIB de Italia crezca 5.4% en 2021, para el caso de México la expectativa es de un incremento de apenas 3.0%. Para el caso de India, la OCDE estima que en 2021 su PIB crecerá 10.7% y para Estados Unidos se espera un rebote de 4.0%. Nosotros somos de los pocos países que no tendrán una recuperación en forma de V, sino que será una U muy profunda, como lo hemos señalado en anteriores entregas.

El gobierno federal no ha querido entender que si no hay confianza empresarial, no habrá inversión, y si no hay nuevas inversiones, las capacidades futuras de producir bienes y servicios se ven limitadas. Esto es parte de lo que nos hace pensar que la recuperación del PIB de México a los niveles que se observaron en 2019, tardará al menos de aquí al 2023 si somos muy optimistas, y hasta el 2024 o 2025 si somos realistas.

La afirmación que hago de que el gobierno federal destruye la confianza empresarial se constata al ver los resultados del Indicador de Confianza Empresarial (ICE) Manufacturero, de la Construcción y del Comercio elaborados por el INEGI. Tenemos que en el caso del ICE manufacturero éste se encontraba en agosto de este año en un nivel de 38.1 puntos, lo que implica -0.4 puntos respecto al mes inmediato anterior y -11.3 puntos por debajo del nivel de agosto de 2019. De esta manera, el ICE manufacturero suma 10 meses consecutivos con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos (cualquier cifra por debajo de 50 puntos implica desconfianza empresarial). En el caso del ICE de la construcción, éste tuvo un valor de 40.1 puntos en agosto de 2020, cifra 0.7 puntos por debajo del valor de julio y 8.2 puntos por debajo del dato de agosto de 2019. Es así que el ICE de la construcción acumula 22 meses consecutivos con un valor por debajo de los 50 puntos. Finalmente, el ICE del comercio registró un valor de 41.5 puntos en agosto, cifra 0.3 puntos por debajo del valor del mes inmediato anterior y 9.3 puntos por debajo del observado en agosto de 2019. Es así que el ICE del Comercio acumula 10 meses con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos.

En este contexto de incertidumbre y pobres expectativas de recuperación, es que el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) durante agosto de 2020. A continuación se presentan los resultados en relación a la evolución del valor nominal de la producción para la industria manufacturera en su conjunto y para cada una de las 21 ramas de actividad manufacturera. Se presentan comparativos de tres periodos: 1. Julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, 2. Julio de 2020 respecto del mes inmediato anterior, y 3. Comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

1. Comparativo Julio 2020 vs Julio 2019.

En cuanto a la evolución del valor de la producción de la industria manufacturera en el periodo de julio de 2019 al mismo mes de 2020, tenemos que ésta pasó de 688.9 miles de millones de pesos (mmdp) a 677.5 mmdp, lo que implica una caída nominal de -1.7%. Esto implica una importante recuperación, ya que la caída anualizada en junio había sido de -12.7%, mientras que en mayo fue de -45.1%. Esto es, el valor de la producción manufacturera se sigue contrayendo respecto a hace un año, pero la caída es cada vez menor.

Ahora, en cuanto a la evolución de cada rama de actividad en el comparativo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (+7.0%); 2. Fabricación de equipo de transporte (+6.0%); 3. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (+5.8%); 4. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (+5.5%); 5. Industria alimentaria (+4.6%); 6. Industria de las bebidas y del tabaco (+3.5%); 7. Fabricación de productos metálicos (-3.4%); 8. Industria del plástico y del hule (-5.4%); 9. Industria del papel (-5.5%); 10. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-5.5%); 11. Industria de la madera (-7.0%); 12. Industria química (-7.5%); 13. Otras industrias manufactureras (-8.9%); 14. Industrias metálicas básicas (-11.6%); 15. Fabricación de maquinaria y equipo (-13.5%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-13.5%); 17. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-27.0%); 18. Impresión e industrias conexas (-29.3%); 19. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-31.3%); 20. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-44.7%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-45.4%).

Como se puede apreciar, en el séptimo mes de 2020, ya hubo seis ramas de actividad manufacturera que presentaron un incremento nominal en el valor de su producción en el comparativo del séptimo mes de 2020 respecto de igual mes de 2019. Cabe señalar que en el mes de junio solamente la industria alimentaria presentaba incremento anualizado respecto a junio de 2019. Esto nos lleva a la conclusión de que la recuperación se va consolidando conforme se le permite trabajar a más actividades manufactureras.

2. Comparativo Junio 2020 – Julio 2020

Con cifras originales (no desestacionalizadas, es decir, no incorpora variaciones estacionales), tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera pasó de 602.3 mmdp en junio de 2020 a 677.5 mmdp en julio del mismo año, lo que implica un sólido incremento de 12.5% en términos nominales.

Ahora, en cuanto a la evolución a nivel de rama de actividad, tenemos la siguiente evolución (en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): 1. Fabricación de prendas de vestir (52.6%); 2. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (47.8%); 3. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (28.4%); 4. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (24.7%); 5. Fabricación de productos metálicos (24.3%); 6. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (23.7%); 7. Fabricación de equipo de transporte (22.0%); 8. Fabricación de muebles, colchones y persianas (21.3%); 9. Industria de la madera (16.7%); 10. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (13.6%); 11. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (13.6%); 12. Otras industrias manufactureras (12.6%); 13. Industria de las bebidas y del tabaco (12.2%); 14. Industria del plástico y del hule (12.2%); 15. Impresión e industrias conexas (12.1%); 16. Industrias metálicas básicas (10.1%); 17. Industria del papel (7.7%); 18. Industria química (3.1%); 19. Industria alimentaria (1.1%); 20. Fabricación de maquinaria y equipo (-2.7%); y 21. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-15.3%).

Como se puede apreciar, en el comparativo de junio y julio de este año, 19 de las 21 ramas de actividad mostraron un incremento en términos nominales. Con independencia de que no utilizamos cifras desestacionalizadas, es innegable que hubo una enorme mejoría en el desempeño de la industria manufacturera en dicho periodo.

3. Comparativo Enero – Julio 2020 vs Enero – Julio 2019.

En el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera cayó -15.1% en términos nominales al haber pasado de 4.793 billones a 4.067 billones de pesos.

En cuanto al desempeño de cada una de las 21 ramas manufactureras, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Industria alimentaria (+4.6%); 2. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-4.3%); 3. Industria del papel (-6.3%); 4. Industria de las bebidas y del tabaco (-6.5%); 5. Industria química (-8.6%); 6. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-8.7%); 7. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-9.4%); 8. Otras industrias manufactureras (    -11.6%); 9. Industria de la madera (-11.7%); 10. Industrias metálicas básicas (-12.6%); 11. Fabricación de productos metálicos (-15.1%); 12. Industria del plástico y del hule (-16.9%); 13. Fabricación de maquinaria y equipo (-17.4%); 14. Impresión e industrias conexas (-18.1%); 15. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-20.3%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-25.7%); 17. Fabricación de equipo de transporte (-26.9%); 18. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-30.5%); 19. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-32.8%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.5%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-40.5%).

Como se puede apreciar, solamente una rama de actividad manufacturera presenta un aumento nominal en el comparativo de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

Derivado de lo anterior, las ramas de actividad de la industria manufacturera nacional sufrieron una importante transformación en términos de su importancia relativa. Entre los cambios más importantes están el hecho de que la Industria alimentaria pasó de representar el 15.6% del valor total de la producción manufacturera en los primeros siete meses de 2019 a representar el 19.2%, lo que implica un incremento de 3.63 puntos porcentuales. Otra rama que ganó importancia relativa es la Industria química, misma que pasó de representar el 9.4% a ser el 10.2% del total, un aumento de 0.73 puntos porcentuales. De igual forma, tenemos a la Industria de las bebidas y del tabaco, la cual pasó de representar el 6.0% del valor de producción en los primeros siete meses de 2019 a ser el 6.6% del total en los mismos meses de 2020, lo que representa un aumento de 0.61 puntos porcentuales. Ahora, en cuanto a las ramas de actividad que más participación perdieron, están la Fabricación de prendas de vestir, la cual pasó de ser el 0.6% a representar el 0.5%, una caída de -0.19 puntos porcentuales. En el mismo sentido está el caso de la Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, la cual pasó de representar el 3.5% del total a ser el 2.9%, lo que implica una caída de -0.64 puntos porcentuales. La rama de actividad que más participación en el valor de la producción registró fue la Fabricación de equipo de transporte, misma que pasó de representar el 34.8% del valor en los primeros siete meses de 2019 a ser el 30.0% del total en los primeros siete meses de 2020, lo que implica una caída de 4.84 puntos porcentuales.

Conclusiones.

Los datos del valor de la producción manufacturera de julio sin duda son positivos cuando se les compara con el mes inmediato anterior, pero es indiscutible que el nivel de actividad económica aún se encuentra muy por debajo del observado en 2019, y como se señaló líneas arriba, la recuperación al nivel de actividad que se tenía en 2019 tardará varios años.

La falta de confianza empresarial complica mucho más las cosas, ya que no se trata de un tema de falta de demanda agregada que reactive la actividad productiva, sino que se mantiene el shock de oferta con empresarios que dudan de si es el momento adecuado para invertir, ven con profunda preocupación la situación económica del país, así como la de su empresa.

La falta de políticas públicas por parte del gobierno federal para apoyar a los empleadores a lo largo de este año, sumado a lo plasmado en el Paquete Económico 2021, auguran tiempos muy difíciles para la mayoría de micro y pequeñas empresas, así como para quienes laboran en ellas. En el 2021 muchos países recuperarán lo perdido en 2020, México tardará años en salir de este bache.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Lo peor de la crisis está por llegar?

«El bienestar de la gente en particular, siempre ha sido la coartada de los tiranos».

– Albert Camus (2012). “Resistencia, rebelión y muerte: ensayos”, p.101, Vintage

Con el afán de acabar con los contagios, los gobiernos han implementado medidas que han mermado severamente la actividad económica a un costo enorme. El sacrificio y sufrimiento para millones de personas que han perdido su empleo, han visto disminuida su jornada laboral o han sufrido un recorte en sus ingresos, ha sido mayúsculo. En México, en materia de empleo los indicadores de abril y mayo fueron terribles por la disminución de 12 millones de personas de la Población Económicamente Activa y por el incremento del subempleo hasta un 29.9%. En junio vimos una incipiente recuperación y en julio confirmamos que esto tardará mucho en resolverse. Para ilustrar esto tenemos que la semana que recién concluyó, el INEGI publicó los Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo nueva edición (ENOEN) con datos a julio, y entre los resultados más importantes de ésta tenemos lo siguiente:

1. La ENOEN en julio de 2020, reportó un incremento de 1.5 millones de personas en la PEA, con una Tasa de Participación Económica de 54.9% respecto a la población de 15 años y más, cifra 1.8 puntos porcentuales superior a la de junio pasado, pero aun por debajo del 59.8% observado en marzo de este año. Esto implica que en el séptimo mes de 2020, la población ocupada resultó en 49.8 millones de personas. No obstante lo anterior, la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no trabajó ni buscó trabajo pero que aceptaría un trabajo si se lo ofrecieran, fue de 11.3 millones.

2. La población desocupada fue de 5.4% en julio y de 5.5% en junio como proporción de la PEA, porcentaje equivalente a 2.8 millones de personas en ambos meses. En julio de 2019 la tasa de desocupación fue de 3.7%. ¿Por qué no ha aumentado más el desempleo? Como ya lo hemos señalado, por dos razones principales: 1. Mucha gente sigue en casa sin buscar trabajo porque tiene miedo al Covid o porque sabe que de plano es muy difícil conseguir un empleo en la actual situación económica, y 2. Porque la economía informal siempre será una vía de escape para millones de personas que no encuentran una ocupación en el sector formal de la economía.

3. La población ocupada a tiempo parcial (jornadas inferiores a 35 horas semanales) disminuyó en (-)2 millones entre junio y julio de 2020. La ENOEN en julio de 2020 registró una tasa de subocupación de 18.4%, cifra inferior en (-)1.6 puntos porcentuales a la de junio del mismo año. Este descenso representa una variación de (-)0.5 millones de personas ocupadas. Estas cifras denotan una mejoría, pero debemos considerar que la tasa de subocupación era de apenas 7.9% en julio de 2019.

4. La ocupación informal en julio de 2020 ascendió a 27.3 millones, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 54.9%, cifra mayor en 1.9 puntos porcentuales comparada con la del mes previo. En julio de 2019 había 30.9 millones de personas laborando en la economía informal, por lo que es de esperase que a finales de este año el número de personas laborando en la informalidad supere las 31 millones de personas.

Las cifras se dicen fácil, pero el hablar de un problema de desempleo, subempleo y pérdida de ingresos que afecta a millones de personas es una verdadera tragedia. Con esto en mente, quiero pasar a comentar un artículo de Gary Barnett titulado “¡La Destrucción Económica de 2020 debido a la respuesta del Estado, palidecerá en comparación de lo que viene!” el cual hace una dura crítica a la manera cómo los gobiernos, en especial el de Estados Unidos, han respondido a la pandemia del Covid-19, con una agenda obscura de empobrecimiento de las mayorías para el beneficio de un grupo que se encuentra por encima del propio gobierno federal.

El artículo de Barnett señala que hay una elite económica, encabezada por banqueros, aquellos que están en el gran mundo corporativo y quienes controlan la política monetaria y económica. Esta élite está por encima del gobierno,  pero no obstante lo anterior, el gobierno federal es responsable de la destrucción económica por ser el iniciador y ejecutor de políticas que tienen como objetivo enriquecer a unos pocos que se encuentran en lo más alto de la pirámide a costa del bienestar las mayorías. Esto nunca había sido más evidente que ahora. Es interesante ver como la empresa Zoom ahora vale más que Boeing, IBM, Starbucks, entre muchas más, con un valor de capitalización de 122 mil millones de dólares.

La mayoría de los países han pasado por un infierno este año debido a las políticas implementadas para combatir lo que se ha llamado una «pandemia» mortal. Teniendo en cuenta la evidencia y las cifras actuales de muertes totales, esta «pandemia» ha demostrado “ser un fraude” (al momento de escribir estas líneas van 883 mil muertes a nivel mundial, lo que representa el 0.011% de la población total).  Aparentemente, eso no importa, ya que el público en general ha aceptado la propaganda y ha aceptado inmensas medidas draconianas que han devastado la economía y la salud natural de la población. Hasta ahora, las cosas han ido exactamente según lo planeado, y la gente ha dado por un hecho la exageración hasta el punto de permitir la destrucción de su sistema inmunológico natural al estar encerrados y sin contacto con otras personas; además de que en muchos casos, han permitido la destrucción de su patrimonio y sus medios de sustento económico. Esto no augura nada bueno para el futuro si no se revierte la tendencia actual, señala Barnett.

Los sistemas económicos en todo el mundo, y en especial de las economías desarrolladas,  se han hinchado por el aumento constante en la oferta monetaria durante al menos los últimos 12 años o más. Solo este año, esa expansión se ha disparado exponencialmente y no se ve que vaya a terminar pronto, y por supuesto que esta expansión monetaria se atribuyó al brote del virus. Con este tipo de expansión, y la respuesta coincidente de cierre de la actividad económica, de negocios y viajes, cuarentenas y propaganda del miedo, algunos precios han aumentado dramáticamente y el desempleo se ha disparado. Se han cerrado miles de empresas en todo el país, muchas de forma permanente y otras tantas se han visto obligadas a declararse en quiebra. Por supuesto, a las que peor les ha ido es, en su mayor parte las pequeñas y medianas empresas, lo que constituye la columna vertebral de las economías como la de Estados Unidos y México. El desempleo causado por esta dura e injustificada respuesta del gobierno ha sido inimaginable y ha llevado a más de 40 millones de personas en los Estados Unidos a quedarse sin trabajo. En el caso de México, abordamos el tema de la afectación al empleo al inicio de esta entrega. Esto hecho por sí solo, tiene el potencial de destruir la economía de cualquier país, pero desafortunadamente esto podría ser solo el comienzo.

Se me viene a la mente la pregunta que se pudieron haber formulado los chinos. ¿Cómo destruir la planta manufacturera mundial? Sencillo, con un virus que obligue a muchas empresas a cerrar, para que luego esa producción “faltante” sea reemplazada por fábricas chinas. Es una magnifica manera de llenar los pedidos faltantes ocasionados por la guerra comercial con los Estados Unidos. Por eso es fundamental salvar la planta productiva nacional, aunque en México el gobierno federal ha mostrado una y otra vez su desdén en contra de los empresarios.

De acuerdo con Barnett, la destrucción de la economía como la conocíamos es un aspecto necesario del plan para promover una gobernanza global. Entre más personas haya sin trabajo y dependientes del gobierno, éstas serán mucho más fáciles de controlar. La pobreza masiva ya es evidente, el suministro de alimentos ha sido menguando en algunas regiones, hay muchos que son incapaces de mantener a sus familias, y la hambruna entre una gran parte de la población es ciertamente posible. Esta es la agenda buscada por aquellos en la clase dominante que necesitan que se cumpla para reestructurar el sistema económico global. El colapso económico que se avecinaba después de las debilidades expuestas tras la crisis de 2008, era más que inminente, pero ahora se está impulsando ese colapso a una mucho mayor velocidad y se ha usado al Covid-19 como “chivo expiatorio” para generar el deseado “reinicio económico”.

La mayor amenaza que enfrentamos la viviremos en el próximo otoño e invierno, ya que esta temporada de gripe probablemente será mucho peor de lo normal debido al debilitamiento intencionado del sistema inmunológico de la mayoría de las personas. Negarse a someterse a las órdenes gubernamentales  que debilitan el sistema inmunológico, ciertamente detendría en seco este ataque de tiranía. Eso no ha sucedido hasta ahora, pero sin esa disidencia, enfrentaremos renovados problemas de salud que se traducirán en un agravamiento del problema económico. Imagínese todo lo malo que ha sucedido en los últimos 6 meses y luego duplique o triplique esa respuesta. La respuesta gubernamental vista hasta ahora será eclipsada por la respuesta que veremos este invierno si el número de muertos es mayor como lo predice Gary Barnett.

Es así que al parecer muy pronto se verá en algunos países una respuesta gubernamental mucho más estricta conforme los casos de influenza tradicional se confunden con casos de Covid-19. Existe una programación y la próxima gran ola de contagios está planificada y lista para lanzarse en las próximas semanas. Ya en diversos países se están adoptando medidas mucho más brutales y opresivas por el incumplimiento del uso de máscaras, el distanciamiento y la evasión de cuarentena. Estamos en la víspera de medidas mucho más duras y los gobernantes deben acostumbrar a la población a una ampliación en su vigencia de manera que puedan hacer los cambios necesarios en el sistema económico. Es así que este otoño e invierno serán los más importantes para el país, tal vez el tiempo más importante de la historia.

Si continúa el cumplimiento masivo de las medidas que han dado echado a perder la economía, y si no se produce el desacuerdo de amplios sectores de la población, la vida tal como la conocemos podría terminar antes de la primavera de 2021. El reinicio o establecimiento de un nuevo orden económico global podría estar avanzando ahora mismo a un ritmo tal que luego sea casi imposible de detener.

Con más cierres de la actividad económica, más cuarentenas, más aislamiento social y más destrucción de la economía, el desempleo se disparará a niveles inauditos, causando aún más enfermedades, muertes y tiranía a manos del gobierno. Además, cuantas más muertes ocurran, más draconianas se volverán las políticas públicas, y la matanza provocada por la respuesta maligna a este llamado virus no cejará, solo empeorará. ¿Imagínese un desempleo en los Estados Unidos en niveles de 50%, 60% o más?

Todo esto conduce a una vacuna mundial obligatoria que se lanzará en algún momento de este otoño o invierno. Si la mayoría de la población mundial se pone esta vacuna, algo que ahora parece posible, los efectos resultantes de estas toxinas que se desconocen en este momento ya habrán entrado en acción dentro de los cuerpos de la mayoría de la población. ¿Qué daño traerá eso? ¿Será irreversible?

Barnett finaliza señalando que en esta etapa, el plan para la gobernanza global habrá avanzado, y estaríamos en camino de establecer una sociedad que no utiliza el efectivo, con todos los sistemas monetarios volviéndose digitales y siendo todas las transacciones rastreables. Adiós a la privacidad. Esto marcará el final de una era que comenzó con la libertad, pero que terminará en muerte, destrucción, esclavitud y tiranía. No se puede permitir que esto ocurra.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt