El sistema financiero mexicano en tiempos del COVID-19

GF15P13F1_171553Las perspectivas respecto a la duración de la emergencia sanitaria derivada del COVID-19 son inciertas. La mayoría de los analistas considera que ésta durará hasta julio de este año, pero la realidad es que podría durar mucho más. Con este escenario, las perspectivas respecto al desempeño del Producto Interno Bruto (PIB) de México se siguen recortando hasta llegar a un -8.0% por parte del Bank of America. Una caída de esa magnitud equivale a desaparecer casi todo el valor agregado que genera el Estado de México en un año.

Las perspectivas recesivas se han apoderado también de los Estados Unidos, Sudamérica y Europa. La gran pregunta es cuánto tiempo tardará cada país para salir de la recesión en la que inevitablemente caerán, tema que abordé la semana pasada.

En este contexto, vemos que los bancos en México y alrededor del mundo, han tenido un pésimo desempeño bursátil en el último mes, derivado de la combinación de varios factores: 1. Baja en la tasa de interés objetivo, la cual no se ve que se vaya a recuperar pronto y en el caso de México trae aparejada la disminución en la TIIE; 2. Miedo a una recesión prolongada, lo que podría lanzar a miles de créditos a caer en mora y disminuir la actividad bancaria en general; y 3. En el caso de México, la recomendación oficial de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) en el sentido de que los bancos no paguen dividendos a sus accionistas y que cualquier grupo bancario o financiero que pretenda no seguir esta recomendación tiene siete días para explicarlo a dicha comisión.

Dado lo anterior, es de esperarse que la presión en los precios de las acciones de los bancos persistirá hasta que tengamos una idea más clara de qué tan larga y profunda será la recesión. Pero tal vez esto sea cosa menor dado que los bancos tienen “carnita para subsistir, ya que han sido de los negocios más rentables en México. En 2019, los 51 bancos que operan en México acumularon ganancias por 163 mil millones de pesos, aproximadamente 6 mil millones de pesos más de los registrados en 2018.

¿No obstante esta inmensidad de ganancias, obtenidas en buena parte por la intermediación  financiera en un esquema de reservas fraccionarias, cabe preguntarse qué tan grave ha sido la caída de los precios de las acciones de los bancos en México?

18190120943236La respuesta es que de las 35 empresas que conforman el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), cinco son de bancos. La estadística muestra que en el último mes, éstas han tenido un muy mal desempeño. Por ejemplo. Las acciones de Banregio Grupo Financiero O muestran una caída de -47.39%, las de Santander Mexico B un -44.82%, Banco del Bajio un -42.35%, Financiero Banorte trae -41.92% y Grupo Financiero Inbursa registra -22.75%.

Para complementar la imagen de lo que está sucediendo, busqué en el portal de internet de investing.com, la evolución de las acciones que aparecieran con los campos de país México, con todos los mercados, en el sector financiero (bancos y aseguradoras principalmente) y todo tipo de activos. La búsqueda me arrojó resultados para 84 empresas. De este total, 48 empresas presentan variación negativa en el último mes. A continuación se presenta su desempeño ordenado de peor a mejor (en paréntesis se indica su porcentaje de disminución): Santander México  B (-44.82%), Capital One Financial (-43.83%), Banco del Bajio (-42.35%), Erste Bank (-40.34%), AIG (-37.93%), BNP Paribas (-34.89%), Credito Real SAPI (-34.36%), ING ADR (-32.32%), Synchrony Financial (-29.68%), Grupo Profuturo (-29.29%), Barclays ADR (-27.41%), Value GF (-26.87%), Citigroup (-26.28%), Qualitas Controladora (-26.19%), MetLife (-24.77%), Prudential Financial (-24.56%), UniCredit (-23.47%), Société Générale (-21.69%), BBVA (-20.56%), China Life Insurance ADR (-19.71%), Concentradora HipotecariaPI (-19.06%), Credicorp (-18.64%), Santander (-18.54%), American Express (-17.67%), US Bancorp (-17.37%), Itau Unibanco (-14.73%), Wells Fargo&Co (-14.42%), Allianz (-13.83%), Intesa (-13.76%), Ameriprise Financial (-11.26%), Axa (-10.13%), Credit Suisse ADR (-9.52%), Goldman Sachs (-8.60%), Bank of Nova Scotia (-8.60%), JPMorgan (-8.38%), Banco Bradesco (-7.10%), Actinver B (-6.55%), Prudential Public ADR (-6.52%), Deutsche Bank (-6.45%), Bank of America (-6.03%), The Travelers (-5.16%), Morgan Stanley (-4.65%), Financiera Independencia (-3.93%), HSBC ADR (-1.60%), Fidelity National Info (-1.53%), Invex Control A (-1.33%), Grupo Financiero Multiva (-0.77%) y GBM O (-0.55%).

Hay otras 21 empresas, las cuales no presentan variación en el precio de la acción. También hay otras 15 empresas que presentan incremento (en paréntesis se indica el porcentaje de incremento en el precio de la acción en el último mes): RBC (0.7%), KB Financial (1.14%), UnitedHealth (1.58%), ICE (1.63%), Mastercard (2.18%) Cigna (2.9%), The Charles Schwab (3.37%), Grupo Nacional Provincial (3.9%), PayPal Holdings Inc (4.0%), Holding Monex SAB de CV (4.17%), UBS Group (4.94%), Berkshire Hathaway B (5.39%), BlackRock (10.69%), Genworth (15.8%) y BME (38.38%).

Dadas las enormes pérdidas en el valor de capitalización de los bancos, incluidos los mexicanos, es de esperarse que éstos tomen medidas para capitalizarse y tratar de hacer negocio. Esto para provocar un rebote en el precio de sus acciones, aunque esto sea en perjuicio de algunos de sus clientes empresariales, no obstante el comunicado No.016/2020 de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) en el sentido de que iban a apoyar a los deudores (“créditos al consumo, de vivienda y comerciales, para los clientes cuya fuente de pago se encuentre afectada por esta contingencia” dice el comunicado).

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Para verificar lo que está pasando con las condiciones crediticias a unos días del anuncio de la CNBV, la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG), levantó una encuesta entre sus afiliados en la semana del 30 de marzo al 2 de abril. Entre las respuestas interesantes de la encuesta está el que el 12% de los encuestados manifestaron que han percibido incremento en la tasa de interés que les cobran por sus créditos; y de este 12% de encuestados que han notado incrementos, el 66.6% lo ha visto en el rango de entre 1% y 5%, mientras que el resto entre 6% a 10%.

De igual manera, de la totalidad de los encuestados, 24% manifestó que ha tenido afectación en sus líneas de crédito, ya sea porque le fueron canceladas o disminuidas. Por su parte, el 32% de los encuestados manifestó que ha tenido problemas para la adquisición de nuevos créditos. Entre los problemas que han enfrentado están: “No hay créditos sin garantías; Problemas por demasiados requisitos y políticas; Desconocemos la razón, simplemente se ha aplazado el tiempo que nos habían indicado inicialmente para la liberación del crédito; y Burocracia del banco ante la incertidumbre”.

Es de esperarse que las condiciones crediticias en México se sigan apretando en la medida en que los bancos comerciales buscan la rentabilidad y disminuir los riesgos de prestarle a empresas que no saben cuando van a retomar sus operaciones y que han sido definidas como “no esenciales”. Pero es entonces aquí donde debería entrar la banca de desarrollo a apoyar a las empresas mexicanas, aunque no ha sido así.

El pasado jueves 2 de abril, la Confederación de Cámaras Industriales de la República Mexicana (CONCAMIN), emitió un comunicado de prensa en el que se cuestiona ¿dónde están NAFIN, BANCOMEXT, FIRA y la FR en este momento de emergencia? Y agrega que en otros países, la banca de desarrollo es crucial frente a la crisis del COVID-19 ya que ésta sirve como instrumento del Estado para atemperar los efectos nocivos de la enfermedad sobre la economía.

Menciona además que “en el caso de México, no vemos en absoluto una respuesta de los bancos de desarrollo, especialmente de NAFIN y BANCOMEXT, que deberían estar actuando como garantes de la liquidez de más de un millón de MIPYMES, solamente en el sector industrial.

CONCAMIN considera que estas instituciones deben propiciar el crecimiento económico garantizando que no se interrumpan los flujos financieros que existen alrededor de los proyectos públicos y privados estratégicos; no debe perderse de vista que la contingencia de salud pasará, pero el daño económico podría ser de enorme profundidad y largo plazo.”

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Francisco Cervantes Díaz, Presidente de CONCAMIN

La CONCAMIN propone que estas instituciones desarrollen programas especiales que permitan la continuidad de las empresas a través de: 1. Garantizar el pago oportuno a proveedores de bienes y servicios de los tres niveles de gobierno. Ello impediría que se interrumpan los flujos económicos y se origine desempleo; 2. Reactivar el factoraje, con líneas suficientes a través de todo el sistema bancario; 3. Desarrollen nuevos y ágiles mecanismos de financiamiento para mantener los flujos operativos de las empresas, como los que se están aplicando en otros países; y 4. Impulse novedosos productos financieros en los que actúe como banca de primer piso y a través de la banca comercial para apoyar los sectores y cadenas productivas estratégicas ya sea por su contribución al empleo, al crecimiento, al cuidado de la salud o a las exportaciones hacia los Estados Unidos, evitando que los productos de México sean sustituidos por los de otros países como consecuencia de las drásticas medidas de contención anunciadas.

A manera de conclusión podemos señalar que un país que no cuenta con suficientes mecanismos sanos de financiamiento en tiempos de crisis, simplemente acabará por agravar la situación. Es apremiante que se garantice a la brevedad que el crédito seguirá fluyendo en los términos de lo que propone la CONCAMIN, entre más se tarde el gobierno federal en tomar las medidas de apoyo, mayor será el daño a la planta productiva nacional y más nos tardaremos en salir de la crisis económica en la que estamos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Entendiendo el choque económico global del COVID19

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El COVID-19 ha expuesto la fragilidad económica mundial

Conforme la pandemia del COVID-19 continúa avanzando por todo el mundo, hemos visto que en aras de frenarla, los gobiernos han recurrido a medidas eficaces de salud pública, tales como el distanciamiento social. Sin embargo, al hacer esto, se ha interrumpido el flujo de bienes y personas, lo que ha provocado el colapso de la actividad económica y ahora nos encontramos en el proceso de generación de una recesión global. Hemos visto pujes que el contagio económico ahora se está extendiendo tan rápido como la propia enfermedad.

Este escenario recesivo global no parecía muy probable todavía hace unas semanas; pero la inacción  por parte de políticos, formuladores de políticas públicas y los mercados, quienes pensaban que el COVID-19 se comportaría como pasadas infecciones, ahora le generará enormes costos a la economía mundial.  Ahora, que ya vamos muy avanzados a lo largo de la trayectoria de la enfermedad, con más de 683 mil casos a nivel mundial, los costos económicos de las medidas de contención son mucho más altos, mientras que predecir lo que sucederá en los próximos días se ha vuelto casi imposible, ya que múltiples dimensiones de esta crisis no tienen precedentes y por lo tanto son desconocidas.

En este contexto, el hablar de una recesión global es bastante ambiguo y lo único que deja claro es  la expectativa de crecimiento negativo para este año. Las preguntas que ahora muchos se hacen tienen que ver con la trayectoria esperada del shock económico y el tiempo que tardaremos para la recuperación, si las economías podrán volver a sus niveles de producción y tasas de crecimiento previos al shock, y si habrá algún legado estructural de la crisis del coronavirus. En esta entrega planteo los escenarios que se abordan en el artículo de Philipp Carlsson-Szlezak, Martin Reeves y Paul Swartz, titulado “Entendiendo el choque económico del Coronavirus” y que fue publicado el 27 de marzo en el Harvard Business Review.

Perspectiva complicada y poca confiabilidad de los pronósticos

El tiempo para la implementación de un distanciamiento social efectivo (el único enfoque conocido para abordar la enfermedad eficazmente) se agota. Queda claro que no se logró contener en la provincia de Hubei, pero el resto de China se aseguró de hacer las cosas bien y lograron contener la expansión de la enfermedad. En Italia se perdió la oportunidad, y luego el resto de Europa también la perdió. En los Estados Unidos queda claro que también no se aprovechó la oportunidad. En México el gobierno federal ha dado señales encontradas, por lo que aún no sabemos si lo que la sociedad ha hecho por su cuenta ha servido. Lo que si sabemos es que a medida que la enfermedad prolifera, las medidas de distanciamiento social deberán aplicarse de manera más estricta y durante más tiempo para lograr el mismo efecto, lo que ahoga a la actividad económica en el proceso.

Desde luego que sigue siendo una posibilidad real el que ocurra una nueva ola de infecciones, lo que significa que incluso los países que actuaron con relativa rapidez todavía están en riesgo, sobre todo ahora que tratan de regresar a sus economías a trabajar en pleno empleo. De hecho, ya hemos visto un resurgimiento del virus en Singapur y Hong Kong. En ese sentido, solo la historia dirá si sus respuestas tempranas y agresivas dieron resultado en el mediano plazo.

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Los mercados bursátiles han borrado años de utilidades en el último mes

En la actualidad, las perspectivas económicas para los actores tardíos parecen sombrías, ya que han tomado a todos por sorpresa. Lo que sucedió en las últimas cuatro semanas no fue parte del cálculo del riesgo y los pronósticos de la devastación económica no han más que fallado. Por ejemplo, hace cuatro semanas el debate en México era si lograríamos crecer al menos 1.0% en este año, y gozábamos de un tipo de cambio en 18.50 pesos por dólar; mientras que ahora hablamos de una caída esperada del PIB superior al 6% y de un tipo de cambio que ya ha rebasado los 25 pesos por dólar. Otro ejemplo lo tenemos en Estados Unidos, donde hace una semana las estimaciones del consenso para las solicitudes iniciales de desempleo eran de alrededor de 1.6 millones, pero la cifra real llegó a 3.28 millones, una cifra históricamente sin precedentes, ya que equivale a casi cinco veces más que el mayor incremento semanal ocurrido en la crisis financiera de 2008-2009. Es así que los pronósticos que ahora se hacen, y que abundan todos los días en los medios, parecen especialmente poco creíbles, especialmente ahora que hay tantos aspectos desconocidos, entre los que destacan:

  1. Las propiedades del virus no se entienden completamente y podrían cambiar.
  2. El papel de los pacientes asintomáticos aún se entiende de manera imperfecta. Por lo tanto, las tasas reales de infección e inmunidad son inciertas, especialmente en aquellos países en los que las pruebas son limitadas.
  3. Las respuestas de los gobernantes serán diferentes, a menudo demoradas, y cometerán errores.
  4. Las reacciones de corto y mediano plazo de empresas y hogares son inciertas.

Quizás la única certeza es que cualquier intento de un pronóstico definitivo fracasará. Sin embargo, en este contexto el examinar varios posibles escenarios sigue siendo útil. A continuación se exponen tres posibles escenarios:

Anticipando la forma que tendrá el choque

El concepto de recesión es binario y contundente (o creces o decreces). Lo que hasta ahora sabemos es que las expectativas han cambiado de crecimiento positivo a negativo, y que así será al menos durante dos trimestres consecutivos. En este sentido, la cuestión más amplia del escenario gira en torno a la forma que tendrá el choque o lo que llamamos “geometría del choque”, y su legado estructural. ¿Qué es lo que lleva a que se dé determinada forma de choque y dónde encaja COVID-19?

Para ilustrar esto, el artículo del Harvard Business Review que menciono líneas arriba, analiza cómo un mismo shock: la crisis financiera mundial de 2008-2009, condujo a recesiones con progresiones y recuperaciones muy diferentes en tres países. A continuación se ejemplifican los diferentes escenarios de progresión económica.

  1. Forma de V. En 2008, Canadá evitó una crisis bancaria ya que el crédito continuó fluyendo y la formación de capital no fue tan significativamente interrumpida. Evitar un colapso más profundo ayudó a mantener a la población trabajando y evitó que sus habilidades se atrofiaran. El PIB cayó pero volvió a subir sustancialmente de regreso a su trayectoria de crecimiento previa. Esto es típico de un choque clásico de “forma de V”, donde la producción cae en el corto plazo, pero el crecimiento finalmente retoma su antigua trayectoria.
  2. Forma de U. Los Estados Unidos tenían un camino marcadamente diferente ya que el crecimiento cayó precipitadamente y nunca se recuperó de regreso a la trayectoria anterior precrisis. Eventualmente la tasa de crecimiento se recuperó, pero la brecha respecto de la trayectoria anterior y la nueva es grande y se ha mantenido, lo que representa un daño en la capacidad productiva (por el lado de la oferta) y una pérdida de producción indefinida. Como saben, esto fue producto de una profunda crisis bancaria que interrumpió la intermediación crediticia. A medida que la recesión se prolongó, causó más daño a la oferta laboral y a la productividad. La forma cómo evolucionó Estados Unidos en 2008 y delante es una clásica “forma de U”, una versión mucho más costosa que la forma de V que observó Canadá.
  3. Forma de L. Grecia es el tercer ejemplo y, con mucho, la peor forma ya que el país no solo nunca recuperó su trayectoria de producción anterior, sino que también su tasa de crecimiento ha disminuido. La distancia entre la trayectoria antigua del PIB y la nueva se ha ampliado, además de que la producción perdida sigue creciendo. Esto significa que la crisis ha dejado daños estructurales duraderos por el lado de la capacidad productiva (oferta) de la economía. Los insumos de capital y laborales, así como la productividad han sido repetidamente dañados. Grecia puede verse como un ejemplo de forma de L, con mucho, la forma más perniciosa.

Entonces, ¿qué es lo que provoca la “geometría de choque” como en los tres ejemplos mencionados? El determinante clave es la capacidad del choque para dañar la capacidad productiva de la economía (el lado de la oferta), y más específicamente, que tanto se daña la formación de capital fijo. Cuando se interrumpe la intermediación crediticia y el stock de capital no crece o de plano cae por el cierre de múltiples empresas, la recuperación va a ser muy lenta. Además, los trabajadores abandonan la fuerza laboral, se pierden sus habilidades y la productividad disminuye. De esta manera es como un choque se vuelve estructural.

Es cierto que los choques en forma de V, U y L pueden darse en diferentes intensidades. Un camino en forma de V puede ser poco profundo o muy profundo, como se anticipa la caída del PIB de Estados Unidos de hasta -30% en el segundo trimestre de este año. Mientras que una forma de U puede venir con una caída profunda que ocasione una nueva ruta de crecimiento, con una trayectoria por debajo de la que antes se tenía.

¿Por lo que hasta ahora hemos visto, dónde encaja el shock del coronavirus? La intensidad del choque estará determinada por las propiedades subyacentes del virus, las respuestas de los gobiernos, así como el comportamiento del consumidor y de los empresarios frente a la adversidad. Pero la forma del choque (V, U o L) está determinada por la capacidad del virus de dañar la estructura productiva (la oferta agregada) de cada economía, particularmente es la formación de capital fijo. En este sentido, en este momento lo más seguro respecto de lo que le espera a México es una forma de U profunda, dado que en el 2019 la inversión fija bruta ya había caído -4.94% y este arranque de 2020 no ha sido nada positivo.

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El desdén con el que el Gobierno Federal ha tratado la enfermedad y la falta de apoyos para las empresas tendrá consecuencias de muy largo plazo para las perspectivas de crecimiento de mediano y largo plazo. 

México es de los pocos países que no ha anunciado apoyos para las empresas. El gobierno federal ha dicho que no destinará recursos para las medianas y grandes empresas, lo que supone un deterioro de la capacidad productiva en el país para el mediano plazo. ¿Cuántas empresas van a quebrar en los próximos tres meses? Por su parte, la cancelación del proyecto de Constellation Brands en Baja California ha mermado la confianza empresarial en el país, sobre todo por parte de extranjeros. De esta manera, el escenario macroeconómico para México es de una caída en el PIB de al menos -6.0% en 2020 y posiblemente una ligera recuperación de 2 a 3% en 2021. El daño estructural será grande y posiblemente no nos recuperaremos en al menos 20 años.

Comprendiendo los mecanismos del daño

Teniendo en cuenta las 3 geometrías antes descritas, esto nos lleva a dos preguntas sobre el choque del COVID-19: ¿Cuál es el mecanismo a través del cual se provoca un daño por el lado de la oferta? y ¿Cuál debe ser la respuesta de los gobiernos para evitar tal daño?

Históricamente hemos visto que las crisis financieras paralizan el lado de la oferta de una economía. Hay una larga historia de tales crisis, y sobre ellas, los formuladores de política económica a nivel mundial han aprendido mucho sobre cómo lidiar con ellas. Pero el coronavirus extiende los problemas de liquidez y falta de capital a la economía real, y lo hace a una escala sin precedentes. Como si los riesgos de los shocks de liquidez financiera y real no fueran suficiente, tenemos el hecho de que ambos están interrelacionados, lo que hace que ambos riesgos se retroalimenten y refuercen.

Veamos con más detalle los dos posibles caminos para que el COVID-19 produzca daños estructurales en la economía mundial, en un escenario en forma de U:

Riesgos del sistema financiero: El choque del COVID-19 ya ha generado estrés en los mercados de capitales, provocando una respuesta contundente por parte de los bancos centrales. Si los problemas de liquidez persisten y los problemas de la economía real conducen a la imposibilidad del sector privado de pagar sus deudas, surgirán entonces problemas para mantener el capital físico. Si bien conocemos las soluciones, sabemos que los rescates y la recapitalización de los bancos son políticamente controversiales. En el caso de una crisis financiera, la formación de capital sufriría un gran golpe, provocando una caída prolongada, también con daños al empleo y la productividad de la mano de obra.

Un mayor congelamiento de la economía real: La verdadera posibilidad, sin precedentes, de meses de distanciamiento social podrían interrumpir también la formación de capital y, en última instancia, el empleo y el crecimiento de la productividad. A diferencia de las crisis financieras, una congelación prolongada de esta magnitud que dañe la capacidad productiva (oferta) sería algo nuevo para los políticos.

Los riesgos para la economía financiera y real están interrelacionados de dos maneras: en primer lugar, una crisis prolongada de COVID-19 podría aumentar el número de quiebras en la economía real, lo que dificulta aún más la gestión del sistema financiero. Mientras tanto, una crisis financiera terminaría por matar de hambre a la economía real, la cual requiere urgentemente de crédito.

Es justo decir que el perfil de riesgo de la crisis de COVID-19 es particularmente amenazante. Si bien existe un libro de recetas de política económica para enfrentar las crisis financieras, no existe tal cosa para un escenario de congelación a gran escala de la actividad de la economía real.

Innovando para mitigar el choque

Es importante reconocer que ninguno de los escenarios de choque descritos anteriormente es inevitable, lineal o uniforme para todos los países. Las naciones tendrán experiencias considerablemente diferentes por dos razones: la resistencia estructural de las economías para absorber tales choques (llamémoslo destino) y la capacidad de los investigadores médicos y los encargados de formular políticas para responder de nuevas maneras a un desafío sin precedentes (llamémoslo innovación). ¿Podemos crear un sistema novedoso, a una velocidad sin precedentes, que nos ayude a salvar vidas humanas sin crear miseria económica? Esta es la mayor pregunta en este momento.

En el aspecto médico: está claro que una vacuna reduciría la necesidad de distanciamiento social y, por lo tanto, relajaría la asfixia de la política en la economía global. Pero el tiempo para que esto ocurra es largo, por lo que es posible que el enfoque deba estar en la innovación incremental dentro de los límites de las soluciones existentes. Se pueden encontrar ejemplos de tal innovación en todo el espectro médico. Los tratamientos existentes pueden resultar efectivos para combatir la enfermedad y actualmente se están evaluando varias docenas de tratamientos existentes.

En el aspecto económico: mientras que en México no hay apoyos para el sector privado y de lo poco que hemos visto en apoyos se ha dado por la Asociación Mexicana de Bancos (AMB), en los Estados Unidos se aprobó un paquete de estímulo de $2 billones de dólares. Esto para suavizar el golpe de la crisis del coronavirus. Pero más allá de esto, la innovación política también tendrá que ocurrir. Por ejemplo, los bancos centrales operan las llamadas “ventanillas de descuento” que proporcionan financiamiento ilimitado a corto plazo para los bancos privados. Lo que se necesita ahora, es una “ventanilla de descuento para la economía real” que también puede ofrecer liquidez ilimitada a hogares y empresas sanas.

El panorama emergente incluye muchas otras ideas valiosas. Entre ellas se encuentran los “préstamos puente” que ofrecen préstamos sin intereses a hogares y empresas por la duración de la crisis y un período de reembolso generoso; una moratoria en los pagos de hipotecas para deudores residenciales y comerciales; o usar a los reguladores bancarios para que los bancos proporcionen financiamiento y modifiquen los términos de los préstamos existentes. Dicha innovación podría tener un impacto significativo al suavizar el impacto del virus en la capacidad productiva de las economías.

Es así que, con voluntad, existe la posibilidad de que la innovación evite una evolución económica en forma de U, y así podamos lograr mantener la trayectoria del choque más cercana a una forma de V profunda. Pero la batalla está en marcha, y queda claro que sin innovación, las probabilidades no están a favor del escenario menos dañino que es la forma de V.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Qué esperar para la economía mexicana en lo que resta del 2020?

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Al día de hoy, a nivel mundial ya hay más de 318 mil casos de COVID-19, en México apenas 251.

Las últimas dos semanas, desde el sábado 7 de marzo cuando Arabia Saudita anunció que inundaría el mercado mundial con petróleo, han sido de extrema volatilidad en los mercados financieros mundiales. En el caso de México la hemos resentido de manera importante, por las propias debilidades estructurales de nuestra economía.

Por una parte, hemos comentado el enorme riesgo en el que están nuestras finanzas públicas por la fuerte caída de los precios internacionales del petróleo, incluido el de la mezcla mexicana. De acuerdo con información del Banco de México, el 18 de febrero, el barril estaba en 48.85 dólares y el 20 de marzo cerró en 15.78 dólares, lo que implica que en cosa de un mes, éste se derrumbó 67.7%, con el consecuente golpe para las finanzas públicas. En este sentido, muchos hemos criticado la falta de transparencia de Pemex y el gobierno federal por no dar suficientes detalles respecto de las condiciones de contratación de las coberturas petroleras que se debieron haber adquirido para garantizar un precio mínimo del petróleo. En el caso concreto de Pemex la falta de transparencia es aún mayor.

El desajuste fiscal ocasionado por la caída en el precio del petróleo será exacerbado por el desplome de los ingresos fiscales del gobierno por concepto de Impuesto Sobre la Renta (ISR) e Impuesto al Valor Agregado (IVA). En la semana que concluye, la mayoría de los analistas han ajustado su expectativa de crecimiento económico para México para este año. El Bank of America espera una contracción de -4.5%, Banorte de -3.5%, Citibanamex de -2.6%, JP Morgan de -1.8%, Credit Suisse -4.0%, Scotiabank -5.8% y así puedo mostrarles más ejemplos. Pero lo que es aún peor es la expectativa de caída del PIB para el segundo trimestre de 2020, siendo la expectativa de JP Morgan de -15.5%. Para poner dicha cifra en contexto, tenemos que el Banco de Información Económica (BIE) de INEGI nos presenta la información trimestral de evolución del PIB para el periodo de 1981 a 2019 y para todo ese periodo la caída del PIB más fuerte registrada fue de -9.1% el segundo trimestre de 1995. Esto implica que de materializarse la expectativa de JP Morgan, en el segundo trimestre de 2020 veremos la mayor caída del PIB para un trimestre desde 1932, año en el que el PIB de México cayó -14.83% según Manuel Aguirre Botello.

Para agravar las cosas aún más para México, pues tenemos que en Estados Unidos también se anticipa un escenario casi apocalíptico, que frenará nuestras exportaciones hacía dicha nación. El viernes 20 de marzo, los economistas de Goldman Sachs dijeron que anticipan una caída en el PIB estadounidense de -24.0%, después de una caída de -6.0% en el primer trimestre. Esto después del freno repentino e histórico de la actividad, en aras de frenar la pandemia del Covid-19.  La buena noticia es que los economistas esperan un rebote de 12.0% en el tercer trimestre y uno de 10.0% en el cuarto. De esta manera, la expectativa es que Estados Unidos cierre con una caída anualizada de su PIB en todo 2020 de -3.8%.

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Todo esto hace que se observe un escenario muy complicado para las finanzas públicas de México, por lo que es altamente probable que las agencias calificadoras de deuda como Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch nos bajen la calificación de la deuda tanto soberana, como la de Pemex, lo cual amplificaría el problema de depreciación de nuestra moneda que de por si nos ha pegado fuerte. Es verdad que muchos capitales han abandonado el país anticipándose a la degradación de la calificación de nuestra deuda, pero muchos más pueden salir una vez que se materialice el escenario en el que perdamos el “grado de inversión”.  Sucede que muchos de los capitales que se mueven por el mundo, son controlados por algoritmos computacionales, de manera que una baja en la calificación de la deuda mexicana y de Pemex ocasionaría mayores salidas de capitales sin intervención humana. De esta manera, si las autoridades federales continúan sin explicar cómo van a abordar el problema fiscal que se nos avecina, no se descarta ver al tipo de cambio en niveles de hasta 28 pesos por dólar o más, al menos en el corto plazo.

Referente al tipo de cambio, varias personas me han preguntado cómo se ha comportado nuestra moneda frente al dólar y cómo se compara esto con el desempeño de otras monedas. Entonces decidimos hacer un pequeño análisis en GAEAP, con datos del Pacific Exchange Rate Service, el cual presentamos a continuación:

Encontramos que en el comparativo de la primera semana completa del año (del 6 al 10 de enero) y la semana más reciente (del 16 al 20 de marzo) el dólar estadounidense pasó de un promedio de 18.83 a 23.586 pesos mexicanos, lo que implica un encarecimiento de 25.3%. Al comparar esto con las monedas más importantes a nivel mundial y de Latinoamérica, vemos que el dólar se apreció 26.1% respecto al peso colombiano y 24.3% frente al real brasileño. Siendo entonces estos dos países y México los que mayor depreciación de su moneda han registrado en lo que va de 2020.

Por su parte, el dólar estadounidense se ha apreciado 16.3% respecto del dólar australiano, 13.3% frente al dólar de Nueva Zelanda, 11.8% frente al peso chileno, 10.3% frente a la libra esterlina, 9.7% frente al dólar canadiense, 7.2% frente al won de Corea del Sur, 6.0% frente al peso argentino, 2.3% frente al euro y 1.5% frente al yuan chino. Por su parte, el dólar estadounidense ha perdido el 0.1% de su valor frente al dólar de Hong Kong, se ha depreciado -0.3% frente al franco suizo y se ha depreciado -0.4% respecto del yen japonés.

Queda claro pues que de este grupo de 15 monedas, en lo que va de 2020, el peso mexicano es la de segundo peor desempeño, debilidad que se explica por los factores antes mencionados, y que desde luego se puede agravar.

En este sentido, una buena noticia es que el Banco de México adelantó su decisión de política monetaria una semana, y que el viernes 20 de marzo anunció que disminuyó su tasa de interés objetivo a un día a un nivel de 6.50%. Esta decisión en principio no tuvo un impacto en el tipo de cambio, el cual se encuentra al momento de escribir estas líneas en 24.4368 pesos por dólar en su cotización interbancaria. Es un nivel de tipo de cambio muy alto, que ya se había observado desde el jueves 19, por lo que no se puede decir que la baja en la tasa de interés haya tenido un impacto negativo en la moneda.

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Los más pobres son los más vulnerables al Covid-19, en todos los sentidos. 

Cabe destacar que en el comunicado de prensa que el Banxico emitió para dar a conocer su decisión, hace una reflexión de que la baja en la tasa de interés se dio porque se espera que la demanda interna caiga tanto que habrá menores presiones en los precios, pero al mismo tiempo hace mención de que el aumento en el tipo de cambio podría presionar la inflación hacía arriba. Cabe recordar que la inflación anualizada de febrero de 2020 fue de 3.7%, por lo que cualquier contaminación de los precios por el alza en el tipo de cambio, pondría un freno a mayores bajas en la tasa de interés. Sin embargo, la baja temporal en los precios de las gasolinas ayuda de manera importante a restar presiones inflacionarias.

A manera de conclusión, podemos señalar que estamos viviendo la peor crisis económica en al menos 90 años si se analiza desde la óptica del freno que veremos en el segundo trimestre de 2020, y será la peor crisis desde 1995 si se analiza en términos del balance esperado para todo el año. Muchas empresas ya están sufriendo los estragos de clientes que les han cancelado pedidos e inclusive a muchos los han dejado con el producto terminado y no se los van a recibir. Muchos compradores han anunciado que no realizarán pagos y varios de los compradores internacionales han solicitado al menos un mes más de plazo para poder pagar.

En México no ha habido ningún anuncio de apoyos por parte de la Secretaría de Economía, y tampoco ninguna consideración por parte de las autoridades fiscales del país como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La sociedad y los empresarios hemos sido dejados a nuestra suerte. Otro aspecto a considerar es el fuerte problema que se le puede ocasionar a los bancos por quienes de plano les dejarán de pagar sus créditos, por lo que se espera que ellos anuncien alguna medida de apoyo en los próximos días. Es así que el escenario económico se complica día con día a pasos agigantados, y lo peor está aún por llegar.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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¿Cómo impactará el COVID-19 a la economía de México?

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Escenas de desolación en varias ciudades del mundo.

Los días recientes han estado saturados de información respecto a la propagación del COVID-19 y las acciones de los gobiernos para tratar mitigar el avance de la enfermedad. La cancelación de diversas actividades económicas en diversos países aunado a las medidas de contención que se implementarán en los próximos días, hacen prever que la tasa de crecimiento económico a nivel mundial será la más baja desde 2009, año en que ésta registró una caída de -1.679%

De acuerdo con Kozul-Wright, Director de la División sobre Globalización y Estrategias de Desarrollo en la UNCTAD, la desaceleración de la economía global a una tasa por debajo del 2% para este año, tendrá un costo de 1 billón de dólares (cifra equivalente al 80% del PIB de México). Sin embargo, en un “escenario del día del juicio final” en el que la economía mundial crece a una tasa de apenas 0.5%,  implicaría un golpe al PIB de la economía mundial de 2 billones de dólares.

Estas perspectivas, de la mano del colapso de los precios del petróleo y la interrupción de las cadenas de suministro de China y Europa, ha sido un factor que contribuye a una creciente sensación de inquietud y pánico en materia económica. De esta manera, atravesamos por el peor de los escenarios, ya que ahora hay un grado enorme de ansiedad que va mucho más allá de los problemas de salud, los cuales de por sí son muy graves y preocupantes. Todo esto ha impactado muy negativamente en el ánimo de inversionistas en las diferentes bolsas de valores a nivel mundial, de manera que éstas han tenido los peores días desde el crack bursátil de 1987.

De acuerdo con el sitio de internet mx.investing.com, en el último mes el Dow Jones de Nueva York muestra una caída de -21.13%, mientras que el índice Nasdaq presenta una disminución de -19.08%, el Euro Stoxx 50 una caída de -32.67%,  el índice DAX de Alemania una contracción de -32.83%, el FTSE MIB de Italia una caída de -35.86%, y el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores una disminución de -15.37%. Curiosamente las bolsas de valores de China presentan caídas mucho más moderadas. En lo que va del año el SZSE Component muestra un incremento de 13.41%, mientras que la bolsa de Shanghai presenta una caída de -5.33%.

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La industria del turismo tendrá pérdidas gigantescas este año por el Covid-19

A nivel mundial hay una creciente preocupación de que en la medida en que el COVID-19 se propaga, provocando el colapso de los precios del petróleo y en la industria del turismo, así como cierre de fábricas en Italia, Francia, España y China, pues aumenta el riesgo de que las compañías en los sectores de energía, turismo, automóviles, entre otros, no podrán hacer frente a sus obligaciones de deuda. Esto podría desencadenar una serie de incumplimientos y rebajas en las calificaciones, lo que desestabilizaría aún más los mercados financieros y agravarían el shock económico al hacerlo mucho más duradero.

En este contexto, la economía mexicana ha recibido duros golpes en los últimos días. La amenaza de Arabia Saudita de inundar el mercado con petróleo tras un desacuerdo con Rusia desató el apocalipsis. Para México el escenario de mayor preocupación comenzó el domingo 8 de marzo, cuando los mercados de petróleo en Asia abrieron y en menos de 30 minutos se registró una caída de más de un 30% en el precio del barril de petróleo. La preocupación de lo que esta caída representa para Pemex y las finanzas del sector público federal, con una posible degradación en la calificación crediticia, fue lo que de inmediato llevó al tipo de cambio a niveles por encima de los 21.50 pesos por dólar.

Al igual que para la mayoría de países, el escenario para México (por lo que está sucediendo en materia de salud y con la economía), es por demás complejo. En aras de explicar cómo se interrelacionan las diferentes variables económicas, a continuación presento algunos escenarios respecto de lo que podría suceder en México en los próximos seis meses:

Finanzas públicas

Debemos comenzar diciendo que Pemex ha sido muy poco transparente y por lo tanto es difícil evaluar el impacto de la baja en el precio del petróleo en sus finanzas y las finanzas de la administración pública federal. Cabe recordar que hace apenas unos días se nos informó que dicha empresa registró pérdidas por 346.135 miles de millones de pesos (mmdp) durante 2019, cifra 92% superior respecto a las pérdidas de un año antes.

De acuerdo con un análisis de Citibanamex, la situación del sector público en 2020 dependerá de: 1. El grado en el que las coberturas petroleras actuales cubran el faltante de ingresos, y 2. El impacto que tendrá el menor precio del petróleo respecto del precio local de la gasolina, dado que la diferencia es el IEPS, actualmente en 4.95 pesos por litro (para la gasolina de bajo octanaje) y que representa 297.5 mmdp de los ingresos públicos (aproximadamente el 9.3% de los ingresos tributarios).

Suponiendo un precio para la Mezcla Mexicana de Exportación de 35dpb (vs. 50 dpb estimado en el presupuesto 2020), se estima que habrá un faltante de ingresos para el Sector Público de 188.2 mmdd, de los cuales aproximadamente 40% serían compensados por las coberturas petroleras del Gobierno Federal. El faltante de ingresos adicional sería parcialmente compensado con la cobertura de Pemex (sobre la cual no tenemos detalles específicos). Esto aún dejaría un faltante de ingresos, el cual se podría compensar con ingresos adicionales de aproximadamente 105 mmdp si, por ejemplo, el IEPS aumentara a partir del mes de abril a 6.4 pesos por litro. Esto implica que la caída de los precios internacionales de la gasolina no se traduzca en precios más bajos de las gasolinas, sino que efectivamente se utilice para fortalecer las finanzas públicas.

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En México han comenzado las compras de pánico

Otro tema de preocupación en materia de finanzas públicas es cómo afectará a la recaudación de ISR e IVA el continuar con una economía en recesión. Hay que recordar que los Criterios Generales de Política Económica 2020 estiman una tasa de crecimiento del PIB de entre 1.5% y 2.5%, algo que definitivamente no sucederá.  En este sentido el gobierno federal debe encontrar fuentes alternas de recaudación y una gran oportunidad subsiste estableciendo un combate frontal en contra del contrabando y subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Este tema ya lo he abordado en pasadas entregas.

Tipo de cambio

El 19 de febrero de este año un dólar costaba 18.588 pesos y al momento de escribir estas líneas la paridad es de 21.9169 pesos por dólar, lo que implica que en tres semanas el dólar se encareció 17.9%. Esto es el resultado del nerviosismo por parte de inversionistas que prefieren llevar su dinero a lugares más seguros. Como ya se explicó, la caída de los precios del petróleo y la desaceleración  económica global, pondrán una mayor presión en las finanzas públicas y las de Pemex, lo que hace muy probable que las calificadoras de riesgo degraden la nota mexicana y pongan a la de Pemex en calidad de inversión especulativa. De suceder esto, las medidas como las que ha tomado el Banco de México, de aumentar las subastas de coberturas cambiarias, tendrán un impacto positivo limitado.

Por otra parte, la posibilidad de que los Estados Unidos impongan medidas más severas de control de restricción de viajes desde otros países, entre ellos México si la epidemia se nos sale de control, deja abierta la puerta para que el tipo de cambio siga aumentando (la noche del 11 de marzo se acercó bastante a los 23 pesos por dólar durante unos momentos). El Banco Base ha señalado que existen las condiciones para que el dólar aumente hasta los 25 pesos, lo cual desde luego que puede ocurrir. Sin embargo, es de esperarse que una vez que regrese la calma a los mercados, el dólar pudiera regresarse a niveles de 20 pesos por dólar. Para que esto suceda, dependerá mucho el resultado de las elecciones en los Estados Unidos, siendo el triunfo de Joe Biden lo que más le conviene a México.

Inflación

La inflación anualizada en México se ubicó en 3.70% en febrero de este año, muy cerca del rango máximo objetivo por el Banco de México de 3% más un punto porcentual. Si a esta situación le agregamos la posible presión que un tipo de cambio más alto ejercerá en los precios nacionales, es posible que la inflación continúe con su tendencia alcista, al menos en el corto plazo.

De acuerdo con Citibanamex, las estimaciones actuales de traspaso de alza en el tipo de cambio en la inflación en México son de alrededor de 3 puntos base por 1% de depreciación. Esto implica que una depreciación del peso de 10% provocaría que la inflación aumentara en 0.3 puntos porcentuales. No obstante lo anterior, se podría considerar que el efecto traspaso del tipo de cambio a la inflación, sería limitado porque la demanda interna sigue débil. ¿Cómo puedes subirle los precios a tus clientes si de por si tus ventas son bajas?

Tasas de interés

La suerte de las tasas de interés dependerá de varios factores. En primer lugar, pues el hecho de que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) haya bajado sorpresivamente su tasa de interés de fondos federales en 0.5 puntos, le da un enorme margen al Banco de México para hacer lo propio. Sin embargo, el banco central estará muy vigilante de cómo la evolución del tipo de cambio impacta a los precios nacionales. De esta manera, lo que se anticipa es que en la reunión de la Junta de Gobierno del Banxico de marzo se realice un recorte a la tasa de interés objetivo de medio punto porcentual, para darle un respiro a la economía, y que de ahí en adelante las decisiones de política monetaria dependan de la evolución de la inflación.

Crecimiento económico

El pasado 11 de marzo, el Bank of America ajustó de +0.5% a -0.1% su pronóstico del crecimiento de la economía mexicana en 2020, lo que implica un escenario similar de contracción económica que vivió el país en 2019 y significa dos años consecutivos con caídas en el Producto Interno Bruto. Este pronóstico está sustentado en un entorno económico global más débil (pronósticos de crecimiento del PIB de Estados Unidos que inclusive apuntan a una recesión) así como una mayor aversión al riesgo global y precios del petróleo considerablemente más bajos.

A manera de conclusión podemos señalar que no cabe duda que el escenario macroeconómico mundial y para México es muy complicado. Se requiere de todo el talento de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México, para evitar que el país caiga en una crisis económica. Para evitar esto, también es fundamental el apoyo y prudencia de las diferentes fuerzas políticas, así como la del propio presidente López Obrador.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Cómo el COVID-19 impactará a las cadenas globales de manufactura?

52555819_303El panorama económico ha cambiado de manera importante en la última semana y ahora el riesgo de recesión mundial ha aumentado. En la semana que recién concluye los mercados bursátiles alrededor del mundo cayeron significativamente. El emblemático índice Dow Jones de los Estados Unidos registra una caída de 14% desde su reciente record máximo, mientras que el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores acumula una caída del 8.4% en las últimas dos semanas. Esto ha convertido a la semana del 24 al 28 de febrero en la peor desde el 2008, cuando azotaba la crisis financiera mundial.

En Asia, los parques de Tokio Disneyland y Universal Studios Japón anunciaron que cerraran sus puertas, y se suspendieron diversos eventos que se espera atrajeran a decenas de miles de personas, incluida una serie de conciertos del famoso grupo de K-pop BTS. También se reportó que la llegada de turistas a Tailandia se redujo en un 50% en comparación con la de hace un año. Al escribir estas líneas, en Italia se han reportado ya 1,128 casos de COVID-19, la mayor cantidad de cualquier país fuera de Asia, por lo que las reservaciones en los hoteles se están derrumbando. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha planteado la posibilidad de una recesión.

Por su parte, la economía europea ya está al borde de la recesión. El indicador de sentimiento comercial en Alemania cayó bruscamente la semana pasada, lo que sugiere que algunas compañías podrían posponer los planes de inversión y expansión. Esto ocurre por la dependencia de los exportadores alemanes en el mercado chino.

Los economistas más optimistas pronostican que el crecimiento mundial caerá a 2.4% este año, el cual sería el menor desde la Gran Recesión de 2009, y estaría muy por debajo de las expectativas anteriores más cercanas al 3%. Para los Estados Unidos, las estimaciones caen a un crecimiento tan bajo como 1.7% este año, inferior al 2.3% observado en 2019.

Sin embargo, los más realistas estiman que si el COVID-19 se convierte en una pandemia global entonces se espera que el impacto sea mucho peor y que los Estados Unidos y otras economías globales posiblemente caigan en recesión. En México, con una economía que en el 2019 decreció -0.14%, el escenario pinta doblemente complicado. Aunque el Banxico, seguramente temeroso de contaminar con expectativas pesimistas, mantiene la prospectiva poco creíble de que la economía nacional crecerá entre 0.8% y 1.8% en 2020.

Ahora bien, en un artículo de Pierre Haren y David Simchi-Levi, titulado “¿Cómo es que el Coronavirus impactará a las cadenas de suministro globales para mediados de marzo?” publicado en el Harvard Business Review, se presenta un panorama sombrío para la industria manufacturera mundial en los próximos meses. En esta entrega presento algunos de los puntos más importantes de dicho artículo y al final hago una serie de reflexiones respecto a lo que hasta ahora he visto de cómo puede impactar toda esta situación a la planta manufacturera de México.

En dicho artículo se señala que los informes respecto a cómo es que el COVID-19 está afectando a las cadenas de suministro e interrumpiendo las operaciones de fabricación en todo el mundo, aumentan a diario. Pero de acuerdo con los autores, lo peor está por llegar. Como preludio a lo que viene tenemos que se acaba de dar a conocer que el Índice mensual de gerentes de compras, emitido por la Agencia de Estadísticas China, cayó a 35.7 desde los 50 puntos registrados en enero. Esto es muy preocupante porque los números por debajo de 50 indican la contratación de la actividad.

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No obstante lo anterior, se prevé que el pico del impacto económico negativo del COVID-19 en las cadenas de suministro mundiales ocurrirá a mediados de marzo. De ser cierto, esto obligará a miles de empresas globales a reducir o cerrar temporalmente las plantas de ensamblaje y fabricación en los Estados Unidos, Europa y países como México. Las empresas más vulnerables son aquellas que dependen en gran medida o exclusivamente de fábricas en China para piezas, materiales e insumos. Como muestran los indicadores, la actividad de las plantas manufactureras chinas ha disminuido sustancialmente en el último mes y se espera que éstas continúen deprimidas durante varios meses más.

Muchos analistas han comparado la epidemia actual del COVID-19 con la del SARS, la cual duró del 2002 al 2003 y generó apenas un bache en los mercados financieros mundiales. Esta comparación no tiene sustento porque la importancia relativa de China en el ecosistema económico mundial ha aumentado enormemente en los últimos 18 años.  China ha más que duplicado su participación en el comercio con el resto del mundo en el periodo comprendido entre la epidemia de SARS y la actualidad, y muchas más industrias ahora dependen más de China que hace dos décadas. La epidemia de SARS comenzó en la provincia de Guangdong en 2002 y generó 8 mil casos de enfermedad en el 2003. Durante ese año, el PIB de China representaba apenas el 4.31% del PIB mundial. Por el contrario, el número de casos detectados de COVID-19 ya superó mundialmente los 87 mil y China ahora representa alrededor del 16% del PIB mundial.

Igualmente importante, es el hecho de que la creciente presión para reducir los costos de la cadena de suministro ha llevado a las empresas a seguir estrategias como la manufactura esbelta, la deslocalización y la subcontratación. Tales medidas de reducción de costos implican que cuando hay una interrupción en la cadena de suministro, la fabricación se detendrá rápidamente debido a la falta de piezas o insumos suficientes en inventario. La gran mayoría de las compañías globales no tienen idea de cuál es realmente su exposición al riesgo de lo que está sucediendo en Asia. Esto se debe a que pocos, si es que tienen alguno, tienen el conocimiento completo de las ubicaciones de todas las empresas que les proveen piezas o insumos a sus proveedores directos.

Dados los esfuerzos actuales del gobierno chino para poner en cuarentena a casi la mitad de su población y el impacto negativo que está teniendo en las actividades de transporte y fabricación en el país, podemos concluir con seguridad que el impacto de COVID-19 en la fabricación china es mayor que el del SARS.

Cabe destacar que como resultado de algunos eventos como la epidemia de SARS 2002-2003, la erupción del volcán de Islandia en marzo de 2010, el terremoto y el tsunami de Japón en marzo de 2011 y la inundación en Tailandia en agosto de 2011, las compañías globales recientemente han aumentado la cantidad de inventario de insumos y piezas que tienen a la mano, por lo que ahora suelen tener uno para un periodo de 15 a 30 días de operaciones. Es posible que las vacaciones de una semana del Año Nuevo chino motivaran a algunas compañías a aumentar su cobertura de inventario por otra semana más. Por lo tanto, para la mayoría de las empresas, la cobertura de inventario que tienen les permitirá seguir trabajando sin problemas por un plazo de entre dos y cinco semanas, dependiendo de la estrategia de la cadena de suministro de la empresa. Pero si el suministro de componentes se interrumpe por más tiempo, la fabricación tendrá que detenerse.

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Los plazos de entrega también tendrán un impacto. El envío por mar a México, Estados Unidos o Europa tarda en promedio 30 días. Esto implica que si las plantas chinas dejaron de fabricar antes del comienzo de las vacaciones chinas el 25 de enero, el último de sus envíos llegará a su destino la última semana de febrero. Todo esto implica que habrá un incremento en los cierres temporales o paros técnicos de las instalaciones de ensamblaje y fabricación a mediados de marzo.

Algunos fabricantes ya han tenido que reducir la producción en sus plantas fuera de China, y la lista se incrementa a diario. Por ejemplo, Fiat Chrysler Automobiles NV anunció el 14 de febrero que “está deteniendo temporalmente la producción en una fábrica de automóviles en Serbia porque no puede obtener piezas de China”. Del mismo modo, Hyundai dijo que “decidió suspender sus líneas de producción de operar en sus plantas en Corea… debido a interrupciones en el suministro de piezas como resultado del brote de coronavirus en China”. Estos dos ejemplos son consistentes con el análisis de Haren y Simchi-Levi: dado que los plazos de entrega de China a estos países son significativamente más cortos que 30 días, la interrupción ocurrió antes.

El desafío también es significativo en la industria de alta tecnología. De hecho, el 17 de febrero, Apple anunció que esperaba que sus ganancias trimestrales fueran más bajas de lo esperado anteriormente. La compañía se enfrenta a dos desafíos: una oferta mundial limitada de iPhones y una caída significativa de la demanda en los mercados de consumo de China.

La creciente epidemia de coronavirus ya está afectando también a los puertos. Allard Castelein, CEO del puerto de Rotterdam, dijo: “El efecto del coronavirus ya es visible. El número de salidas desde los puertos chinos ha disminuido en un 20% en estos días”. La actividad en el puerto francés de Le Havre también se está desacelerando y podría caer un 30% en los próximos dos meses.

Los autores concluyen que no queda más que prepararnos para el importante efecto que se viene para la manufactura global. Tenemos poco tiempo porque el problema comenzará a alcanzar toda su fuerza en dos o tres semanas y podría durar durante varios meses.

Ahora, a título personal, para el caso de México lo que pienso es que habrá un impacto para la actividad manufacturera en cuatro sentidos:

  1. Sustitución de importaciones de algunos productos para el consumidor final. Como lo señalé en la entrega de hace dos semanas, la dificultad de traer algunos bienes de consumo final desde China, será positivo para algunas empresas nacionales, las cuales verán sus ventas incrementarse mientras se recupera China.
  2. Escasez de insumos para la producción. En línea con lo que señalan Pierre Haren y David Simchi-Levi, algunos sectores manufactureros en México se verán afectados negativamente (e inclusive pueden llegar a realizar paros técnicos) si dependen de insumos de China o Italia, y no logran conseguir proveeduría nacional de esos insumos, o al menos importarlos desde otras partes del mundo.
  3. Posibilidad de paros en las empresas, similares a los que se dieron en el 2009 en la crisis por el H1N1. El gobierno federal ha señalado que hasta ahora el COVID-19 no cumple con las características para ser declarado una emergencia. Sin embargo, si en México no se toman las medidas de contingencia y la infección se sale de control, el gobierno podría decretar otro tipo de medidas que dañarían la producción y consumo de bienes y servicios.
  4. Impacto negativo para exportadores por menor crecimiento mundial. Si Estados Unidos baja su tasa de crecimiento a 1.7% este año y varios países europeos terminan por caer en recesión, el escenario para varios fabricantes nacionales que dependen de los mercados extranjeros será complicado.

Dados estos cuatro puntos, el primer paso es que las empresas hagan una evaluación del origen de sus insumos para la producción y tengan bien claro el mapa de cómo los van a sustituir, en caso de que éstos provengan de China. Por otra parte, si dependen de manera importante de mercados extranjeros, analizar el impacto que diversos escenarios de caídas de ventas pueden tener en la compañía. El mensaje es claro, el COVID-19 está aquí, no se irá pronto y las empresas deben elaborar escenarios y prepararse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General de GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Puede el coronavirus impulsar a la planta productiva nacional?

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El COVID-19 visto en microscópico de electrones

El coronavirus o COVID-19, que al momento de escribir estas líneas ha infectado a más de 69 mil personas y matado a 1,671, es ahora en día la mayor amenaza real para el crecimiento económico mundial en 2020. Los escenarios y pronósticos de crecimiento económico pronto comenzarán a ser revisados a la baja y una desaceleración global, sin duda le afectará negativamente a la economía mexicana porque una menor tasa de crecimiento significa menor aumento de exportaciones y precios más bajos de materias primas como el Petróleo. Sin embargo, existe la posibilidad de que este organismo microscópico haya abierto la posibilidad para que muchas empresas grandes y pequeñas de México, tengan un mejor desempeño económico este año respecto del 2019. En esta entrega explico por qué.

En múltiples ocasiones he destacado el problema crónico que sufre México por su excesivo y creciente déficit comercial con las naciones asiáticas. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con el INEGI, mientras que en el año 2012 el déficit comercial de México con las naciones asiáticas fue de -96.388 miles de millones de dólares (mmdd), en el 2018 subió hasta -135.802 mmdd y en los primeros once meses de 2019 (dato más reciente al escribir estas líneas) fue de -129.909 mmdd, lo que hace prever que el dato oficial cerrará en unos -140 mmdd. El país que es responsable de más de la mitad del desequilibrio comercial con Asia es China, nación  con la que tuvimos un déficit comercial de -51.215 mmdd en 2012, luego de -76.081 mmdd en 2018 y de -69.867 mmdd en los primeros once meses de 2019, lo que hace pensar que el dato oficial será de unos -75.0 mmdd al cierre del año que recién terminó.

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Peña Nieto y Xi Jinping se reunieron en al menos tres ocasiones a hablar sobre el comercio bileteral.

En el discurso, México ha tratado de remediar este creciente déficit comercial con China y muestra de ello es que en el sexenio pasado el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el presidente chino, Xi Jinping, se reunieron en al menos tres ocasiones. Después de cada encuentro se emitieron sendos comunicados de prensa destacando la disposición de China a comprar más productos mexicanos, pero como se puede observar con las estadísticas, el problema comercial de México a lo largo del tiempo no sólo no mejoró, sino que empeoró. Es verdad que entre 2012 y 2018 las compras de China de productos mexicanos aumentaron en 1.708 mmdd, pero también es verdad que en el mismo periodo las compras de México de productos chinos aumentaron en 26.6 mmdd.

Si consideramos que en la actualidad el PIB nominal de México es de 25 billones de pesos y un tipo de cambio de 19 pesos por dólar, eso significa que el PIB de México es de aproximadamente unos 1.315 billones de dólares, lo que entonces implica que el déficit comercial con las naciones asiáticas (estimado en unos -140 mmdd en 2019), equivale al 10.64% del PIB, mientras que el de China, (estimado en unos -75 mmdd en 2019), representa el 5.70% del PIB.

Todo lo anterior implica que si México instrumentara políticas públicas que le permitieran disminuir en 10% las importaciones originarias de Asia y sustituirlas por producción nacional, entonces ese sólo hecho haría que el PIB de México aumente en 1.22 puntos porcentuales. Es decir, sin hacer nada extraordinario, el sólo hecho de dejar de comprarle a las naciones asiáticas el 10% de lo que ahora les compramos y reemplazarlo con producción nacional, sería un formidable impulso para nuestra actividad económica. Desde luego, que estas cifras no consideran el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. Si se combatieran frontalmente estos dos grandes delitos, el impacto positivo para la planta productiva nacional sería mucho mayor.

La realidad es que México no ha instrumentado una política de sustitución de importaciones originarias de Asia, ni ha dado un combate frontal a las importaciones ilegales, por lo que el problema comercial no solo subsiste sino que cada vez es peor. Pero afortunadamente para la planta productiva nacional eso podría cambiar gracias al COVID-19 o mejor conocido como el coronavirus.

Para comenzar a ilustrar esto tenemos que hace unos días comenzó a circular en redes un video de MVS Noticias, en el que se relata como el coronavirus ha impedido que el grupo delincuencial de los Marco Polos, asociado a la Unión Tepito, pueda viajar a China a realizar las compras de mercancía, mucha de la cual es pirata, y que entra por contrabando por la frontera sur de México. Se menciona en la nota que esta mercancía ya escasea en comercios formales e informales del Centro Histórico de la Ciudad de México.

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Complicado hacer negocios con China por el COVID-19

De esta manera, tenemos que gracias al COVID-19, diversos negocios del Centro Histórico de la CDMX, y de muchas partes del país, ya han dejado de vender algunos productos chinos, lo cual sin duda debería impulsar la comercialización y consumo de algunos productos nacionales.

Y así como el COVID-19 ha impedido que grupos de contrabandistas puedan ir a China a hacer sus negocios, también ha dificultado que compradores de negocios mexicanos formales puedan ir a la nación asiática a hacer sus negocios. De hecho, el Director del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Fernando Ruiz, recientemente advirtió que sí se intensifica la propagación del coronavirus se podría afectar a las empresas mexicanas que utilizan insumos provenientes de China, como componentes electrónicos, eléctricos y acero, entre muchos otros.

Esto, para muchos comercializadores, puede representar un grave problema y sin duda les puede ocasionar grandes pérdidas por pedidos ya comprometidos de clientes nacionales que no podrán ser surtidos. Pero al mismo tiempo abre las posibilidades de incrementar la compra y producción nacional de ciertos insumos y productos.

Hace unos días un fabricante de insumos para el sector calzado me comentaba que durante la primera quincena de febrero de este año sus pedidos y ventas han aumentado de manera importante, ya que sus competidores, muchos de los cuales traen insumos de China, comienzan a tener dificultades para aceptar pedidos. Esto por los retrasos que comienza a haber en los trámites y en las embarcaciones de los productos originarios de aquella nación con motivo del temor que despierta el coronavirus.  Los recuentos periodísticos dan cuenta de que en China se están atrasando embarques, que algunas mercancías no llegan a los puertos porque no hay personal o movimiento terrestre para llevarlos. De hecho el sitio de internet diarioelcanal.com advierte que “en cuanto a las importaciones provenientes de China se prevén retrasos en las entregas que se hayan expedido después del inicio del Año Nuevo Chino a causa del cierre de las aduanas de este país, hecho que puede provocar problemas de provisionamiento para las empresas. Una vez desbloqueada esta situación se prevé que el coste del transporte se incremente a causa de la gran demanda y la limitada oferta de navieras”.

Dado lo anterior la gran pregunta es si el grueso de la planta productiva nacional está en condiciones de hacer frente a la oportunidad que representa la posible disminución de importaciones legales e ilegales (de productos terminados y de insumos) originarias de China, y de igual forma poder abastecer una mayor demanda de productos por parte de Estados Unidos, dadas las dificultades que ellos también enfrentan de importar desde China. La pregunta es relevante porque el año pasado, pese a los aranceles punitivos que impuso Estados Unidos a China y que la economía estadounidense creció a una sólida tasa del 2.3%, nuestras exportaciones hacía dicho país sólo crecieron en 3.60% en los primeros once meses de 2019. Esto es evidencia de que en muchos sectores manufactureros no pudimos sustituir a China como proveedor de Estados Unidos. Ahora parece haber una nueva oportunidad.

China-coronavirus-1-640x400Lo que debemos tener claro es que si las fábricas mexicanas son capaces de abastecer los insumos que se dejen de importar de China a precios competitivos, se generará la ansiada sustitución de importaciones y se impulsará el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en beneficio de la creación de empleos bien remunerados.

Y es que las importaciones originarias de China, formales o contrabandeadas, cuando vienen con precios excesivamente bajos por sus economías de escala o por la política de subsidios que llevan a cabo, son las que en muchas ocasiones impiden que las fábricas en México puedan pagar mejores salarios.

Por ejemplo, en el caso del sector calzado en el 2019, de los 102 millones de pares importados, el 41% de las importaciones se realizaron con precios por debajo de lo que se denomina Precio Materia Prima (PMP) o presuntamente subvaluadas. Estas importaciones, aunadas a las que entran contrabandeadas y no se tienen cuantificadas, ingresan al mercado nacional y son las responsables de que no se puedan pagar mejores sueldos en la industria. Esto porque el comercializador de calzado le puede decir al fabricante nacional que si no le vende a determinados precios, optará por el producto importado. De esta manera el fabricante nacional se ve forzado a vender con precios sumamente bajos, lo que imposibilita a mejorar los salarios. Este problema ocurre en infinidad de actividades manufactureras nacionales como textiles, vestido, muebles, entre muchos más.

Pero ahora con el COVID-19 y las dificultades para importar productos desde China, se abre la posibilidad de fortalecer las cadenas productivas nacionales, reactivar la proveeduría nacional de productos terminados y de insumos, y aumentar la creación de empleos. Es de esta manera que es posible que un virus, que complica las importaciones desde China, podría hacer más por la planta productiva nacional que las políticas públicas implementadas por el actual gobierno federal, cuyo resultado del primer año de actividades fue el de un decrecimiento económico de -0.1% en 2019.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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