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Recaudación fiscal y actividad económica en México: balance al primer semestre de 2019

dinero_okLa teoría económica nos indica que a mayor actividad económica, el sector público tendrá mayores ingresos, lo que a su vez se traduce en mayor gasto público, lo que eventualmente genera mayor crecimiento económico si este gasto tiene un elevado componente de inversión física, generando así un círculo virtuoso. En el caso de México, estamos viendo una situación en la que los ingresos del sector público crecen en términos reales, mientras que el gasto público cae de manera importante, en especial el de inversión, y en este contexto el sector público federal continúa presentando un desequilibrio fiscal que se traduce en una deuda pública que no deja de crecer. En esta entrega se presenta un breve análisis de cuál ha sido la evolución de los ingresos y gastos públicos, y cómo éstos se relacionan con el nivel de actividad económica medida a través de distintos indicadores. De igual manera, en el análisis se hace especial énfasis en la evolución de los ingresos tributarios.

Ingresos del sector público

A la par de un incremento anualizado del PIB en términos reales de apenas 0.3% en el primer semestre de 2019, con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), vemos que los ingresos totales del sector público federal presentan un incremento real de 0.6%, ya que pasaron de 2.501 billones de pesos en los primeros seis meses de 2018 a 2.622 billones de pesos en los mismos meses de 2019.  Este marginal incremento se deriva de una caída de -16.7% en los ingresos petroleros y un aumento significativo de 4.7% real en los ingresos no petroleros. Cabe señalar que en la primera mitad del 2019, los ingresos petroleros representaron apenas el 15.73% del total de ingresos del sector público, mientras que los ingresos no petroleros representaron el restante 84.27% del total. Se debe pues destacar que no obstante el casi nulo crecimiento de la economía nacional, los ingresos no petroleros del sector público aumentaron en casi 5% en la primera mitad del año, lo que indica que la autoridad fiscal está apretando más a los contribuyentes cautivos.

Es importante destacar que el aumento de 4.7% en los ingresos no petroleros se deriva de un aumento de 4.5% en los ingresos del gobierno federal, un incremento de 2.5% en los ingresos de los organismos de control presupuestario directo (IMSS e ISSSTE), y un incremento de 9.4% en los ingresos de la empresa productiva del estado (CFE).

Dentro del rubro de ingresos del gobierno federal, tenemos un dato por demás importante y es que los ingresos tributarios (impuestos) crecieron 4.4%, mientras que los no tributarios se elevaron en 5.9%. Más adelante, se explica la evolución de los ingresos tributarios del gobierno federal y cómo se relacionan éstos con la evolución económica nacional.

Ingresos sector público

Gastos del sector público

Contrario al incremento anualizado en términos reales de 0.3% en los ingresos del sector público en el primer semestre de 2019, el gasto del sector público reporta una caída de -4.5%, ya que éste pasó de 2.789 billones de pesos en los primeros seis meses de 2018 a 2.775 billones de pesos en los mismos meses de 2019. Esta evolución se deriva de una caída de -2.5% en el gasto corriente, una caída por demás relevante de -17.0% en el gasto de capital y un incremento de 5.1% en el gasto de pensiones.

Profundizando en la evolución del gasto programable corriente, vemos que éste disminuyó -5.2% debido a que el gasto en los servicios personales (nómina) disminuyó -4.8%, mientras que los gastos de operación disminuyeron -2.9%. En cuanto a los gastos programables de capital, vemos que lamentablemente, la inversión física disminuyó -17.3% en términos reales, lo que a su vez se debe a que la inversión física directa cayó -15.1% y la inversión física indirecta decreció -19.8%. Cabe señalar que la inversión física del gasto programable representó apenas el 9.82% del gasto total del sector público federal en el primer semestre de 2019 (en el primer semestre de 2018 dicho porcentaje ascendió a 11.34%, por lo que se percibe el acelerado deterioro en este indicador).

En cuanto al gasto no programable, tenemos que en la primera mitad de 2019, el costo financiero de la deuda pública creció 4.7% real respecto a los mismos meses de 2018, ya que pasó de 331.772 a 361.949 miles de millones de pesos (mmdp). Este incremento se debe a una creciente deuda pública y a un aumento generalizado en las tasas de interés que pagan los instrumentos del sector público. Por ejemplo, tenemos que la tasa de interés promedio de los Cetes a 28 días pasó de 7.46% en el primer semestre de 2018 a 8.00% en el primer semestre de 2019.  Respecto al costo financiero, se debe destacar que lamentablemente en el primer semestre de 2019, el costo financiero de la deuda pública fue 32% mayor que el gasto por inversión física de todo el sector público.  Por su parte, el gasto en participaciones creció en 4.9% en términos reales en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018.

Gasto Secctor Público I19

Balance de ingresos y gastos del sector público

Si tomamos los ingresos presupuestarios del sector público y le sustraemos el gasto neto del sector público presupuestario durante el primer semestre de 2019, vemos que hay un déficit de -153.118 mmdp, el cual se compara favorablemente respecto del déficit de -166.553 mmdp observado en el primer semestre de 2018.

De esta manera, pese al aumento en los ingresos presupuestarios del sector público y la fuerte caída en el gasto neto del sector público presupuestario, la deuda del sector público continúa creciendo. De acuerdo con información de la SHCP, el total de la deuda neta del sector público federal pasó de 10.829 billones de pesos en diciembre de 2018 a 10.965 billones de pesos en junio de 2019, lo que representa un incremento de 136 mil millones de pesos en los primeros seis meses de 2019. Cabe aclarar que este ritmo de endeudamiento es considerablemente más bajo que el observado en el sexenio anterior, en el que la deuda del sector público creció en promedio en 910 mmdp por año.

DEuda I19

Recaudación fiscal del gobierno federal

Como se señaló líneas arriba, en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018, los ingresos tributarios (impuestos) del gobierno federal crecieron 4.4% en términos reales al haber pasado de 1.558 a 1.694 billones de pesos.

A continuación  se menciona la evolución de los impuestos más relevantes durante el primer semestre de 2019: La recaudación por el Impuesto Sobre la Renta (ISR) creció 1.5% en términos reales, al haber pasado de 877.3 mmdp a  927.2 mmdp. Mientras que lo recaudado por el Impuesto al Valor Agregado (IVA) cayó -0.4% en términos reales al haber pasado de 460.8 mmdp a 477.9 mmdp. Por su parte, lo obtenido por el Impuesto Especial sobre Producción y Servicio (IEPS) a la gasolina y diésel subió 69.5% en términos reales al haber pasado de 83.8 mmdp a 147.9 mmdp. Finalmente, la recaudación por impuestos a la importación subió 11.1% en términos reales, al haber pasado de 27.6 mmdp a 32.0 mmdp.

Evolución económica y su relación con la recaudación fiscal

Como ya se señaló, esta evolución de la recaudación impositiva se da en un contexto en el que de acuerdo a la más reciente estimación oportuna del PIB, en el primer semestre de 2019 la economía creció 0.3% en términos reales respecto del mismo semestre de 2018. Por su parte, y en el mismo sentido, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció también 0.3% anualizado en el comparativo de los primeros cinco meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018.

Por su parte, el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior, muestra un aumento de apenas 1.0% real en el comparativo de los primeros cinco meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018. Finalmente, vemos que el valor de las importaciones de México (en términos de pesos) subió 0.6% en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018.

Relación de la recaudación fiscal y evolución económica

La recaudación por ISR es mayor que la tasa de crecimiento del PIB (1.5% vs 0.3%), lo que es indicativo de que se está apretando a las empresas con mayores actos de fiscalización. Las medidas tomadas en contra de la venta de facturas y operaciones simuladas también pueden haber jugado un papel relevante. De igual forma, el continuo retraso en la devolución de los saldos a favor de IVA para los exportadores, también juega un papel. No se considera que el gobierno federal esté tomando medidas relevantes respecto al combate a la economía informal.

Respecto a la recaudación de IVA, vemos que ésta ha caído -0.4% a pesar de que el consumo privado aumentó en 1.0%. Esto puede deberse a que los canales de comercialización formales se han visto más afectados que los informales.

Llama la atención el fuerte aumento en la recaudación de IEPS a gasolinas y diésel, esto ocurre por el menor “subsidio” otorgado a éstas por parte del gobierno federal. Hay que recordar que antes de las elecciones de 2018, el gobierno federal trató de mantener los precios de las gasolinas amortiguando las alzas cobrando menos IEPS.

Finalmente, el hecho de que la recaudación por impuestos a la importación haya aumentado en 11.1% en un contexto en el que el valor de las importaciones creció sólo 0.6% en pesos, es indicativo de que puede estarse dando un cambio en el origen de las mercancías de países con los que tenemos tratado de libre comercio a naciones con los que no lo tenemos (ej. China), mayores controles a la importación de mercancías, cambios en los hábitos de consumo hacía bienes con mayores aranceles originarios de naciones con los que no tenemos acuerdo comercial.

A manera de conclusión podemos señalar que el gobierno federal está haciendo su trabajo en cuanto a mantener finanzas públicas sanas, ya que a pesar de la caída en los ingresos petroleros, en el balance sus ingresos han aumentado. Es muy positivo que la deuda del sector público ahora crezca a un ritmo mucho más lento que en el sexenio pasado, sin embargo, preocupa que esto se dé porque el gasto público ha caído principalmente por un mucho menor gasto de inversión.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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México en el Índice de Libertad Económica 2019

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De izquierda a derecha: Larry Rubin, James M. Roberts y Luis Cervera.

El pasado miércoles 19 de junio, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia por parte de James M. Roberts, en la cual se presentaron los resultados, en general y para México, del 2019 Index of Economic Freedom, elaborado por The Heritage Foundation. Dicha presentación se llevó a cabo en el auditorio de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN) y fue organizada por mi amigo, Larry Rubin, miembro de la Mesa Directiva de CONCAMIN y Representante del Partido Republicano en México.

Considero que es importante compartir los hallazgos de dicho reporte, en un contexto en el cual a México le cuesta cada vez más trabajo alcanzar tasas medianamente aceptables de crecimiento económico. No hay que olvidar que en la semana que recién concluye, el Grupo Financiero Citibanamex revisó a la baja su pronóstico de crecimiento del PIB mexicano para 2019 a 0.9% desde 1.2% anteriormente. También modificaron su pronóstico de crecimiento del PIB para 2020 a 1.5% desde 1.7%.

Con esto en mente, tenemos que en general los resultados del Índice de Libertad Económica 2019 nuevamente confirman la importancia de la libertad económica para promover el rápido crecimiento económico y el progreso social sustentable. Entre sus principales conclusiones están las siguientes:

  1. Los ciudadanos de países “libres” o “mayormente libres” disfrutan de niveles de ingresos que son más del doble respecto del promedio global y son más de seis veces más altos respecto a aquellos ciudadanos que viven en economías reprimidas.
  2. La liga entre las mejoras en la libertad económica y el crecimiento económico es robusta. Una mayor libertad económica ha contribuido a duplicar el PIB mundial desde 1995, año en el que se publicó por primera ocasión el Índice de Libertad Económica.
  3. La gente en sociedades económicamente libres viven más, disfrutan de mejor salud, pueden acceder a “bienes sociales” de mayor calidad tales como educación, y cuentan con los recursos para cuidar de una mejor manera del medio ambiente.
  4. Una mayor libertad económica también está correlacionada con una mejor gobernanza democrática y un estado de derecho más sólido.

Index

El Índice global 2019 promedio de todo el mundo de libertad económica es de 60.8 puntos, el tercer mayor nivel desde 1995. De los 180 países evaluados, seis son considerados “libres”, mientras que otros 88 son considerados al menos como “moderadamente libres”. Del otro lado del espectro, 86 economías recibieron valores por debajo de 60 puntos y son considerados como ”mayormente poco libres” o “represivas”.

La pequeña caída en la libertad económica en 2019 a nivel mundial fue impulsada por un mayor proteccionismo en algunos grandes mercados, retrocesos en la efectividad judicial e intentos de algunos gobiernos de influir en las decisiones de los consumidores y de las empresas a través de la regulación y el gasto público.

Los 10 países con mayor libertad económica son los siguientes (en paréntesis se indica su calificación): Hong Kong (90.2), Singapur (89.4), Nueva Zelanda (84.4), Suiza (81.9), Australia (80.9), Irlanda (80.5), Reino Unido (78.9), Canadá (77.7), Emiratos Árabes Unidos (77.6) y Taiwán (77.3). Los Estados Unidos están en la posición 12 con una calificación de 76.8, mientras que China ocupa la posición 100 con una calificación de 58.4. Por su parte, los 10 peores países en libertad económica son los siguientes (en paréntesis se indica su calificación): Corea del Norte (5.9), Venezuela (25.9), Cuba (27.8), Eritrea (38.9), República del Congo (39.7), Zimbabue (39.7), Guinea Ecuatorial (40.4), Bolivia (42.3), Timor del Este (44.2) y Algeria (46.2).

La situación de México

La calificación de libertad económica de México fue de 64.7 lo que lo ubica en la posición 66 a nivel mundial del índice 2019. Respecto a la pasada medición, su calificación general disminuyó en 0.1 puntos, con caídas en su efectividad judicial, libertad de comercio, libertad monetaria y libertad laboral, nulificando el mayor puntaje obtenido en la salud fiscal. México está en la posición 12 de 32 países en el continente americano, y su puntaje en general está por encima de los promedios regional (59.6) y mundial (60.8).

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Imagen del documento 2019 Index of Economic Freedom

El estudio 2019 destaca que las fortalezas relativas de México están en su salud fiscal y su libertad comercial, mientras que las preocupaciones residen en la integridad gubernamental y la efectividad judicial. Desde 1995, México ha aumentado apenas 1.6 puntos en su calificación. Esto último contrasta con los casos de la República de Georgia que ha aumentado en 31.8 puntos y ahora tiene un puntaje de 75.9, o el caso de Ruanda que ha aumentado 32.8 puntos y ahora registra una calificación de 71.1 (ambas superiores a la calificación de México).

El estudio menciona que el PIB de 2 billones de dólares de México refleja los beneficios del comercio regional, por lo que el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) firmado en 2018 es vital. Dice que el nuevo gobierno probablemente continúe reformando los sectores energético, financiero, fiscal y de telecomunicaciones con el objetivo de largo plazo de mejorar la competitividad y el crecimiento económico en toda la economía. Señala que el crecimiento en 2019 debe ser apoyado por mayores precios del petróleo, pero la economía está limitada por su baja productividad, un amplio sector informal que emplea a más de la mitad de la fuerza laboral, un débil estado de derecho y la corrupción.

A continuación se presenta lo que se dice de México en cuatro de las dimensiones que se miden:

Estado de derecho: Los derechos de propiedad son protegidos, pero el gobierno ha vuelto el proceso de registro de propiedad más caro. El sistema judicial es débil. Es frecuente la solicitud de sobornos por parte de burócratas y funcionarios, existe una amplia impunidad, y hay una alta incidencia de extorsión criminal, lo que deteriora el estado de derecho. La corrupción es penetrante y alimentada por miles de millones de narco-dólares. Más de 100 políticos fueron asesinados en 2018. En este rubro las calificaciones obtenidas son las siguientes: Derechos de propiedad (59.1), Efectividad judicial (34.9), Integridad gubernamental (26.3).

Tamaño del gobierno: La tasa más alta de impuesto sobre la renta para las personas físicas es de 35%, mientras que la tasa para las empresas es de 30%. Otros impuestos incluyen al valor agregado. La carga fiscal total equivale a 17.2% del ingreso nacional total. En los últimos tres años, el gasto público ha representado el 26.9% de la producción del país (PIB), y los déficits fiscales han promediado 2.6% del PIB, La deuda pública es equivalente al 54.2% del PIB. En este rubro las calificaciones obtenidas son las siguientes: Carga fiscal (75.8), Gasto público (78.2), Salud fiscal (83.2).

Eficiencia regulatoria: No hay requisitos mínimos de capital para iniciar un negocio, pero el completar los requisitos de papeleo sigue siendo costoso. Las leyes laborales rígidas que hacen que el contratar y despedir empleados sea costoso, proveen un incentivo para que las pequeñas empresas operen fuera del sector formal. El gobierno comenzó a liberalizar su mercado energético al desregular los precios de las gasolinas en 2017. En este rubro las calificaciones obtenidas fueron: Libertad de los negocios (67.8), Libertad laboral (58.6), Libertad monetaria (75.9).

Apertura de mercados: El valor combinado de exportaciones e importaciones anuales es igual al 77.6% de su PIB. El arancel promedio cobrado a las importaciones es de 4.3%. Al 30 de junio de 2018, de acuerdo a la OMC, México tenía 236 medidas no arancelarias implementadas. El sistema bancario permanece relativamente bien capitalizado, y la participación de participantes extranjeros ha aumentado. Cerca del 38% de los mexicanos adultos tienen acceso a una cuenta con una institución bancaria formal.

El estudio concluye que los países que han reconocido los límites para la actividad gubernamental y han continuado con su compromiso de lograr una libertad económica sostenida han capitalizado las recompensas tangibles de un fuerte rebote económico y un dinamismo renovado. En contraste, aquellos que han renunciado a la libertad económica en favor de la intervención gubernamental de corto plazo y políticas populistas, han sufrido crisis prolongadas y caído en la trampa de la estagflación económica y mayor incertidumbre.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Las finanzas públicas y nuestra calificación crediticia

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La calificación de la deuda soberana de México ha estado bajo la lupa desde que arrancó la presente administración. 

Desde que arrancó la presente administración federal, dos calificadoras (Moody´s y Standard & Poor´s) asignaron una perspectiva negativa para el riesgo soberano y una de ellas (Fitch Ratings) redujo en un escalón su calificación para la deuda emitida por México. Estas tres agencias dicen haber sustentado las revisiones de calificación y perspectivas de la deuda del país en: i) la incertidumbre sobre la implementación de las políticas públicas y su efecto en la confianza de los inversionistas, ii) cambios en la política energética y, iii) la incertidumbre sobre la situación financiera de Pemex y su plan de negocios. Sobre esto último, las agencias señalaron que estos factores podrían tener implicaciones para las finanzas públicas y el crecimiento económico en el corto y mediano plazos.

Con respecto a la deuda de Pemex, en lo que va del año, Moody´s y Standard & Poor´s modificaron su perspectiva crediticia de estable a negativa, mientras que la Fitch Ratings le redujo su calificación en tres escalones, colocándola por debajo del grado de inversión. Esta agencia calificadora argumentó que dicho ajuste es acorde con: i) el descenso de un grado que asignó a la calificación crediticia a nivel nacional (riesgo soberano), ii) el continuo deterioro del perfil financiero de la empresa y, iii) la falta de inversión para revertir la disminución en su capacidad de producción.

Habiendo temporalmente dejado atrás el riesgo inherente a las amenazas de aranceles por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, es momento de reflexionar sobre la fortaleza de las finanzas públicas de México. No puede pasarse por alto que el deterioro en la calificación crediticia soberana y de Pemex es un importante factor de riesgo que debe ser atendido.

¿Es justa la evaluación de las calificadoras? ¿Hay riesgo de que México o Pemex dejen de honrar sus compromisos financieros nacionales e internacionales? En esta entrega analizamos el comportamiento de las finanzas públicas en los primeros cuatro meses de este año en materia de ingresos, gastos y balance público con el fin de tener más elementos para valorar lo que pasa con el sector público federal.

Ingresos públicos

De acuerdo con información proporcionada por la Secretaría de Hacienda, los ingresos totales del sector público federal en los primeros cuatro meses del año sumaron 1.786 billones de pesos, cifra que representa 0.1% menos, en términos reales, respecto a los ingresos de los primeros cuatro meses de 2018. La caída de 0.1% se debe a que ocurrió una disminución de -21.8% en los ingresos petroleros, mientras que los ingresos no petroleros aumentaron en 4.9% en términos reales. Con estos datos comienza a quedar claro dónde está el problema fiscal de México.

Profundizando, vemos que las cifras oficiales indican que en los primeros cuatro meses de 2019, los ingresos petroleros ya solamente representan el 14.74% de los ingresos totales del sector público federal. La brutal caída de -21.8% en los ingresos petroleros es preocupante y se explica en parte, porque los ingresos de Pemex se desplomaron -32.9% en términos reales. Y pues esto último pesa mucho en el ánimo de las calificadoras de riesgo al momento de evaluar la posición financiera de México y como Pemex podría arrastrar al gobierno federal a un severo problema financiero.

En cuanto a los ingresos no petroleros, las cosas marchan bien en general, ya que en el comparativo de los primeros cuatro meses de 2019 respecto a los mismos meses de 2018, los ingresos tributarios del gobierno federal aumentaron 4.5% en términos reales, lo cual se deriva de un aumento de 2.4% en la recaudación de Impuesto Sobre la Renta (ISR), una caída de -1.8% en el Impuesto al Valor Agregado (IVA), un incremento de 30.3% en la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), aumento de 21.0% en los Impuestos a la Importación, crecimiento de 27.4% en los impuestos por la actividad de exploración y explotación de hidrocarburos, y caída de -4.1% en la recaudación por otros impuestos.

De esta manera tenemos que en los primeros cuatro meses de 2019, la contribución a los ingresos tributarios está conformada de la siguiente manera (en paréntesis se indica su participación porcentual): Impuesto sobre la renta (56.9%), Impuesto al valor agregado (26.4%), Impuesto especial sobre producción y servicios (13.3%), Impuestos a la importación (1.9%), Impuesto por la actividad de exploración y explotación de hidrocarburos (0.2%), y Otros impuestos (1.3%).

Ingresos públicos

Gasto público

En cuanto a la evolución del gasto total del sector público, se observan caídas importantes derivado de subejercicios fiscales. En los primeros cuatro meses de 2019, el gasto total fue de 1.771 billones de pesos, cifra 6.0% inferior en términos reales de la observada en el primer cuatrimestre de 2018. Esto desde luego que es preocupante en un contexto de desaceleración económica nacional.

Las cifras de la SHCP muestran que en el periodo antes mencionado, el gasto corriente observa una caída de -5.4% en términos reales, el cual se debe a disminuciones de -2.7% en los servicios personales (nómina), caída de -0.4% en otros gastos de operación y desplome de -18.2% en subsidios y transferencias. Se debe destacar que el gasto de nómina sumó 355.138 miles de millones de pesos (mmdp) en los primeros cuatro meses de 2019, lo que implica un ahorro de apenas 2.7% en términos reales, por lo que la estrategia del gobierno federal de recortar plazas y bajar sueldos no se ha reflejado en las finanzas públicas como uno se hubiera imaginado.  En este contexto, hace mucho sentido la reciente declaración del Secretario de Hacienda, Carlos Urzua, cuando dijo que se ha exagerado “un poquito” sobre los despidos en el gobierno federal, porque sólo se ha limitado a niveles de mando medio y superior.

El gran problema con el gasto público es que no obstante que el gasto corriente disminuyó en -5.4% en términos reales, esto no se ha traducido en un mayor gasto en inversión física. La inversión física en los primeros cuatro meses de 2019 sumó apenas 182.599 mmdp y esta cantidad representa una caída de -16.8% en términos reales con respecto a la ya de por si mermada cifra registrada en los primeros cuatro meses de 2018. Esta disminución de -16.8% se debe a una contracción de -11.2% en la inversión física directa y una caída de -22.8% en la inversión física indirecta.

Otro punto importante es el relacionado al costo financiero de la deuda pública, el cual se elevó 4.8% en términos reales en los primeros cuatro meses de 2019 hasta llegar a los 182.683 mmdp. Uno pudiera pensar que la caída en el gasto de inversión se debe a un mayor costo financiero de la deuda, pero eso es sólo parcialmente cierto, ya que en términos nominales la inversión física disminuyó en 28.048 mmdp en el comparativo de los primeros cuatro meses de 2019 respecto a los mismos meses de 2018, mientras que el aumento en el costo financiero de la deuda fue de 15.395 mmdp en el mismo periodo.

Gasto público

Balance público

Resultado de los mayores ingresos y menores gastos, el balance público del sector público federal muestra un superávit de 38.043 mmdp, el cual se compara favorablemente con el balance de 5.803 mmdp en los primeros cuatro meses de 2018.  De igual forma, en los primeros cuatro meses de 2019, el balance del gobierno federal es superavitario en 39.757 mmdp, cifra que se contrasta con el déficit de -89.291 mmdp observado en los primeros cuatro meses de 2018. Estos datos explican la razón por la cual el salde de la deuda del sector público prácticamente no ha crecido en el arranque de este año.

Si bien en las cifras agregadas de todo el sector público se aprecia disciplina fiscal y fortaleza, la gravedad del asunto recae en que el balance de Pemex fue deficitario en -66.204 mmdp en los primeros cuatro meses de 2019, cifra que denota un fuerte deterioro respecto al déficit de -20.484 mmdp observado en los primeros cuatro meses de 2018.  Una situación, un poco menos compleja pero igualmente preocupante, es la que vive la CFE que pasó de tener un balance de -48.272 mmdp en el primer cuatrimestre de 2018 a uno de -34.158 mmdp en los primeros cuatro meses de 2019.

Balance público

¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que hay estabilidad en los ingresos del sector público porque se está recaudando más de impuestos y pese a la enorme caída de los ingresos de Pemex. Sin embargo, no debemos olvidar que el pronóstico de ingresos del sector público se construyó sobre la base de una estimación de crecimiento económico de 2.0% y la realidad es que este año lo más probable es que la economía crezca apenas arriba del 1.0%, lo que sin duda afectará los pronósticos de recaudación fiscal. En cuanto al gasto público, preocupan los subejercicios en un contexto de menor crecimiento económico. Vemos también que apenas si ha habido ahorros en materia de servicios personales, mientras que el gasto de inversión es cada vez menor, lo cual es preocupante dado que el país requiere de obras de infraestructura para desarrollarse. Finalmente, preocupa el mayor costo financiero de la deuda, lo que presiona el que no se pueda gastar en otros rubros, y con expectativas de menores tasas de interés hasta finales de este año. En cuanto al balance público, vemos la disciplina del gobierno federal por mantener finanzas sanas, pero es muy preocupante el creciente déficit de Pemex y la manera cómo éste puede comprometer las finanzas del gobierno federal. Dado todo lo anterior, lamentablemente creo que las calificadoras de deuda tienen razón en estar preocupadas y por eso es razonable que hayan puesto la deuda de México con perspectiva negativa, pero lo que si evidentemente es un exceso es lo que hizo Fitch al haber degradado la calificación de México de esa manera.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @Alejandrogomezt

Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

Deuda pública

Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

Intereses

Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La deuda pública es el mayor lastre para México

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Una variable que explica la debilidad de la economía mexicana es su débil situación fiscal.

La deuda pública es el mayor lastre en materia económica con el que carga el país y es responsable de muchos de los recortes presupuestales que se han propuesto para el 2019, además de ser la causa de los mayores controles fiscales propuestos, los cuales sin duda afectarán los flujos operativos de las empresas. En esta entrega se explica lo que la deuda pública representa para las finanzas de México y como ésta limita las posibilidades de desarrollo económico y social.

Al mes de octubre de 2018, el saldo total de la deuda neta se ubicó en 10.517 billones de pesos, de los cuales 6.602 billones de pesos correspondían a deuda interna neta y el resto, el equivalente a 3.915 billones de pesos eran deuda externa neta (197,731 millones de dólares). Aunque diversos economistas y analistas lo nieguen, este nivel de endeudamiento representa una pesada carga fiscal para el país.

Diversos economistas dicen que el saldo de la deuda pública no representa un problema porque equivale a apenas el 45% de un PIB nominal, que ascendió a 23.425 billones de pesos al tercer trimestre de 2018. Argumentan inclusive que México todavía se puede endeudar más y ponen como ejemplo la situación fiscal de naciones desarrolladas, como Japón que tiene una deuda pública que representa el 253% de su PIB, o los Estados Unidos con una que representa el 105.4% de su PIB.

Estas comparaciones son irresponsables, porque pretenden hacer creer que todavía nos podemos endeudar más como país, siendo que ya hemos llegado al límite del endeudamiento en función de nuestra capacidad de hacer frente al costo financiero de dicha deuda. Para el año 2018 el costo financiero de la deuda se estima que será de 630.791 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representa el 12.35% de los 5.106 billones de pesos que se tendrán de ingresos presupuestarios por parte del sector público.  Para el 2019 el costo financiero se pronostica en 749.574 mmdp, cantidad que representa el 14.21% de los ingresos presupuestarios del sector público previstos para dicho año. Vemos pues que para el 2019 se espera que tan sólo por los intereses que genera la deuda del sector público se eroguen casi 120 mmdp adicionales respecto a este año, y pues de algún lugar debe salir ese dinero extra que se requiere.

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2018/p: dato al mes de octubre de 2018, Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Es así que sin duda, este mayor costo financiero, sumado al capricho de cancelar el aeropuerto de Texcoco, así como la necesidad de cumplir promesas de campaña, explican varios de los  muy sensibles recortes planteados en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. En otras palabras, dados los compromisos existentes, el costo de tener finanzas públicas ”equilibradas” es el recorte presupuestal planteado. Y no, no se trata de estar en crisis para que sea justificable realizar ajustes presupuestales (como recientemente lo dijo el columnista Pablo Hiriart), sino que los recortes al gasto son precisamente una condición indispensable para evitar esa crisis.

Al final de cuentas, debemos quedarnos con el dato de que tan sólo el pagar los intereses de la deuda del sector público se lleva casi uno de cada siete pesos que eroga todo el sector público federal; y lo peor es que en tanto no bajen las tasas de interés en México, éste se ha convertido en un problema crónico para las finanzas públicas del país. ¿Cómo fue que llegamos a esta lamentable situación?

En el año 2006 el costo financiero de la deuda pública en México fue de apenas 250.065 mmdp, para el año 2012 fue de 305.118 mmdp, ya en el año 2015 fue de 408.287 mmdp, y como ya se señaló, en el 2018 se estima que será de 630.791 mmdp, hasta llegar a los casi 750 mmdp en 2019. Estas mayores erogaciones son producto de tres factores: 1) El incremento irresponsable del saldo de la deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto (creció 96.5% entre el 31 de diciembre de 2012 y el 31 de octubre de 2018), 2) El aumento en las tasas de interés en México a partir de diciembre de 2015 (los Cetes a 28 días pasaron de 3.14 en diciembre de 2015 a 7.83% en noviembre de 2018), y 3) Por la reciente alza en las tasas de interés en los Estados Unidos (la tasa de fondos federales pasó de 0.12% en noviembre de 2015 a 2.20% en noviembre de 2018).

Cabe señalar que en 2019 la deuda del sector público seguirá aumentando en términos nominales. Para dicho año se plantea un superávit de 245.733 mmdp, pero al restarle los intereses de la deuda por 749.574 mmdp, pues acabamos con un balance económico deficitario por 503.841 mmdp, y es precisamente en este monto en lo que veremos aumentar la deuda del sector público el año que viene. En otras palabras, la deuda del sector público federal aumentará el año que viene en más de medio billón de pesos para rebasar los 11 billones al cierre de 2019.

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2018/p: Estimación de cierre de año; Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Una de las peores cosas de toda esta situación es que el crecimiento de la deuda pública en México no se ha traducido en un país más competitivo o un país con mucha mayor infraestructura física. ¡El ritmo de endeudamiento durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue equivalente a 2,700 millones de pesos diarios! ¿Y para qué sirvió todo ese dinero? Los responsables del endeudamiento deberían dar una explicación, pero lo que si es una realidad es que no fue dinero que fuera para inversión física.

De acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda, el gasto en inversión física directa estuvo muy por debajo del ritmo de endeudamiento y vino hacía menos en los últimos años del sexenio de Peña Nieto. En 2016 dicho gasto fue de 455.074 mmdp, en 2017 cayó a 321.225 mmdp, y en los primeros 10 meses de 2018 es de tan sólo 279.085 mmdp. Queda claro que lo que se invirtió en infraestructura por parte de sector público en el pasado sexenio fue tan sólo una parte del monto en el que endeudaron al país, por eso la forma como nos endeudaron fue irresponsable y ahora pagamos las consecuencias.

A manera de conclusión podemos decir que la herencia fiscal de Enrique Peña Nieto trascenderá su sexenio y limitará mucho lo que se pueda hacer en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La apuesta del gobierno no es lograr un balance económico positivo (superávit fiscal) sino simplemente lograr que la deuda crezca a una tasa inferior a lo que crece el PIB nominal para que éste tenga cada vez un menor peso en la economía. Sin embargo, lo que se debe cuidar es que el costo financiero de la deuda sea cada vez un porcentaje más bajo de los ingresos presupuestarios del país. Esta es la única manera en que las calificadoras de deuda soberana nos podrán ver como un país con finanzas públicas sólidas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El compromiso que México requiere escuchar de los candidatos presidenciales

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Los candidatos presidenciales deben comprometerse tácitamente a no desequilibrar más las finanzas públicas 

El próximo 21 de junio se llevará a cabo la cuarta reunión del 2018 de la Junta de Gobierno del Banco de México, de la cual se desprenderá un nuevo anuncio de decisión de política monetaria. Para la mayoría de los analistas, es prácticamente un hecho que el Banxico anunciará que decidió elevar su tasa de interés objetivo nuevamente para llevarla a 7.75% desde el actual 7.50%, derivado de los riesgos inflacionarios percibidos para lo que resta del año. Esto a pesar de que el INEGI acaba de dar a conocer que la inflación anualizada durante mayo de este año fue de apenas 4.51%, la inflación anualizada más baja desde diciembre de 2016.

El llevar la tasa a 7.75% será nuevamente un duro golpe para las empresas, gobierno y familias mexicanas, quienes tendrán que pagar un mayor costo financiero por sus deudas a tasa variable y cuando deseen renegociar pasivos o contratar nuevos créditos. La mayor parte de los riesgos de que repunte la inflación en los próximos meses están asociados a la evolución del tipo de cambio en México, y a continuación explico algunos de los factores que alimentan la especulación y han hecho que nuestra moneda se deprecie y que tenga una perspectiva poco favorable:

El hecho de que el presidente estadunidense, Donald Trump, ha seguido descalificando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), argumentando que será mejor negociar acuerdos bilaterales con México y Canadá, mantiene a los especuladores en los mercados cambiarios entretenidos apostando en contra del peso mexicano. Ahora en día, la probabilidad de cerrar la negociación del TLCAN antes de que concluya el año es muy baja, a pesar de que el Secretario de Economía señaló el pasado 6 de junio que hay un 50% de probabilidades de que éste se cierre antes de que concluya el año.

Otro factor que ha alimentado a los especuladores, y debilitado al peso mexicano, es la imposición de aranceles del 25% al acero y de 10% al aluminio por parte de los Estados Unidos en contra de las exportaciones mexicanas de estos productos a partir del 1 de junio. Esto aunado a la respuesta que dio el gobierno de México imponiendo también aranceles a las importaciones de diversos productos provenientes de dicha nación por un monto aproximado de 4 mil millones de dólares, monto equivalente al impacto que se espera tendrán los aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos en contra de las exportaciones de acero y aluminio de México. El riesgo de que crezca la guerra comercial entre México y Estados Unidos está presente y no se puede descartar que próximamente Estados Unidos imponga aranceles en contra de la importación de automóviles, argumentando absurdas razones de seguridad nacional.

Un tercer factor que está debilitando al peso mexicano es la especulación respecto al resultado electoral en México y la política económica que pudiera implementar el candidato, que de acuerdo a las encuestas, encabeza las preferencias electorales. Si bien es cierto que el equipo de Andrés Manuel López Obrador ya ha dicho que, si ganan las elecciones, se sumarán a partir del 2 de julio al equipo de la Secretaría de Economía que está renegociando el TLCAN y también han dicho que es mejor no tener TLCAN a tener un mal TLCAN, también es verdad que sigue habiendo grandes incertidumbres respecto al rumbo que puede tomar la macroeconomía.

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La autonomía del Banxico será fundamental para evitar que un mayor endeudamiento sea financiado con “la máquinita de hacer billetes”

Las encuestas, además de poner a AMLO a la cabeza, indican que probablemente el próximo Congreso de la Unión tendrá mayoría de izquierda, lo cual puede ser un riesgo porque al tener control del Legislativo, podrá modificar leyes prácticamente a discreción. Pero también preocupa lo que pueda suceder con el gasto público, ya que ha realizado diversas promesas de campaña, que de cumplirse sin  que estén aparejadas a recortes en el gasto público de otros rubros, dispararán el déficit fiscal con el consecuente incremento de la deuda pública. Cabe señalar que al 30 de abril de este año la deuda neta del sector público federal sumó 10.167 billones de pesos, cifra que representa el 45.2% del PIB nominal del primer trimestre de 2018. Una mayor deuda respecto al PIB pone nerviosos a los inversionistas y puede perjudicar la calificación crediticia de México ahuyentando la inversión financiera.

Para cerrar el tema AMLO, se debe agregar que, de resultar electo presidente y si los partidos que lo impulsan obtienen la mayoría en el Congreso de la Unión, entonces en México los únicos garantes de la institucionalidad serán el Banxico y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Serán las dos instituciones que podrán frenar algún abuso que se quiera realizar y, en particular el Banxico con su autonomía, será el que podrá garantizar que una mayor deuda pública no se monetice como sucedió en tiempos de los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo, con el nefasto impacto en la inflación y en el empobrecimiento de la población.

Estos temas han estado presionando fuerte al peso mexicano desde abril de este año, y lo mucho que pesan queda constatado al observar que en el periodo de junio de 2017 al mismo mes de 2018, el dólar aumentó un 11.65% frente al peso mexicano, al haber pasado de 18.136 a 20.249 pesos por billete verde. Si bien es cierto que los niveles actuales de tipo de cambio están por debajo del máximo histórico de 21.898 pesos por dólar observado el 19 de enero de 2017, es verdad que muchos importadores realizan incrementos a sus productos cuando el tipo de cambio sube, pero luego no los bajan cuando el dólar disminuye, por lo que con los recientes incrementos en el dólar a niveles de 20.50 pesos, nuevamente están cometiendo abusos en contra de los fabricantes mexicanos.

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La ira de Donald Trump contra México impide que las decisiones de política monetaria del Banxico sean efectivas.

Por su parte, este incremento del dólar, aunado al elevado componente de impuestos en la fórmula para determinar los precios de la gasolina, es lo que ha provocado que el precio del combustible no deje de aumentar mes con mes, llegando la gasolina Premium a rebasar los 20 pesos por litro. Es bien sabido que los incrementos en los combustibles ocasionan aumentos en cascada en los demás precios en la economía, y es por ello que el alza del dólar es peligrosa y pone en riesgo la posibilidad de lograr una inflación por debajo del 4% a finales de este año.

Por todo lo anterior, es de esperarse que en la medida en que continúan las complicaciones comerciales para México y exista incertidumbre respecto a la política económica del próximo gobierno, sobre todo en el ámbito de política fiscal, el tipo de cambio siga aumentando en perjuicio del esfuerzo por reducir la inflación que ha llevado a cabo el Banxico a costa de todos los mexicanos, que ahora tenemos que pagar más intereses por nuestros créditos.

¿Es correcto entonces que en su próxima reunión de Junta de Gobierno el Banco de México suba su tasa de interés objetivo? Desde mi punto de vista definitivamente NO, ya que hemos visto que tras los últimos aumentos en la tasa de interés, el tipo de cambio ha dejado de responder positivamente y que éste más bien se mueve en función de lo que declare o haga el presidente Donald Trump y, en ocasiones, en función de lo que digan los candidatos a la presidencia de la república. En este sentido, si bien no tenemos capacidad de influir en lo que piense y diga Trump, si sería una magnifica señal para los mercados si los tres candidatos punteros a la presidencia hicieran declaraciones contundentes de que de ganar la contienda, mantendrán la estabilidad de las finanzas públicas y que se comprometen a seguir manteniendo al menos un superávit primario en las finanzas del país. El superávit primario implica ingresar más de lo que se gasta antes de tomar en consideración los gastos por intereses de la deuda pública. No me cabe duda de que un compromiso firmado de estas características haría por el peso mexicano más que cualquier alza en la tasa de interés por parte del Banxico.

Es muy importante entender que elevar nuevamente la tasa de interés ocasionará mayores costos financieros para muchos en México, incluidas las familias, empresas y los diferentes órdenes de gobierno. De hecho el costo financiero del sector público federal muestra un incremento de 24.0% en su comparativo del primer cuatrimestre de 2018 respecto al mismo cuatrimestre de 2017, ya que éste pasó de 128.360 a 167.280 miles de millones de pesos. Y no debemos olvidar que por cada peso adicional que se destina a pagar la deuda pública, pues es un peso menos que se destina a las cuestiones prioritarias como infraestructura, educación, salud y seguridad.

Entonces pues, esperemos que el Banxico haga lo correcto no subiendo la tasa de interés, y que para que los integrantes de la Junta de Gobierno se sientan más cómodos con la decisión  de no subir la tasa, reciban la ayuda de los candidatos presidenciales con el compromiso de que cuando lleguen a la presidencia, no echarán a perder lo que muchos años nos ha costado construir: estabilidad macroeconómica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La nota más ridícula del año…

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El Secretario de Hacienda, Jose Antonio Meade.

Previo a los muy lamentables hechos ocurridos el día de ayer, 19 de septiembre, en los cuales más de 200 personas perdieron la vida, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, se aventó la nota más ridícula del año, la cual evidentemente pretende engañar a la población y abusar de que la mayoría de las personas no saben de economía.

El Sr. Meade dijo, de acuerdo a una nota publicada por El Financiero, que el gobierno heredará “las finanzas públicas más sanas de la historia”.

¿Cómo puede decir eso alguien que sabe que la administración Peña Nieto elevó la deuda pública como porcentaje del PIB de 27% en 2012 a 47.5% en 2017?

¿Cómo se puede mentir tan descaradamente cuando se sabe que el año entrante el gasto por intereses de la deuda pública será de casi 664 mil millones de pesos? Cifra que representa el 14% del presupuesto total de egresos para el año 2018.

¿Cómo puede decir eso quien sabe que el actual gobierno federal endeudó al país en 4 billones 340 mil millones de pesos en menos de 5 años? ¡Esta cifra equivale a 2 mil 594 millones de pesos diarios!

¿Cómo puede decir esto alguien que sabe que si no fuera por el remanente de operación del Banco de México del año 2016 la deuda del sector público federal ya estaría rozando los 10 billones de pesos?

México es ahora una economía con finanzas públicas más endebles que hace cinco años. El margen de maniobra para el próximo gobierno es ínfimo….y Pemex sigue siendo un pozo sin fondo.

En fin, se acercan los tiempos electorales y los políticos comienzan a decir mentiras buscando aprovecharse de una población que no conoce de economía.

Difunde por favor, para que se sepa la realidad.

Alejandro Gómez Tamez