Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

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Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

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Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La deuda pública es el mayor lastre para México

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Una variable que explica la debilidad de la economía mexicana es su débil situación fiscal.

La deuda pública es el mayor lastre en materia económica con el que carga el país y es responsable de muchos de los recortes presupuestales que se han propuesto para el 2019, además de ser la causa de los mayores controles fiscales propuestos, los cuales sin duda afectarán los flujos operativos de las empresas. En esta entrega se explica lo que la deuda pública representa para las finanzas de México y como ésta limita las posibilidades de desarrollo económico y social.

Al mes de octubre de 2018, el saldo total de la deuda neta se ubicó en 10.517 billones de pesos, de los cuales 6.602 billones de pesos correspondían a deuda interna neta y el resto, el equivalente a 3.915 billones de pesos eran deuda externa neta (197,731 millones de dólares). Aunque diversos economistas y analistas lo nieguen, este nivel de endeudamiento representa una pesada carga fiscal para el país.

Diversos economistas dicen que el saldo de la deuda pública no representa un problema porque equivale a apenas el 45% de un PIB nominal, que ascendió a 23.425 billones de pesos al tercer trimestre de 2018. Argumentan inclusive que México todavía se puede endeudar más y ponen como ejemplo la situación fiscal de naciones desarrolladas, como Japón que tiene una deuda pública que representa el 253% de su PIB, o los Estados Unidos con una que representa el 105.4% de su PIB.

Estas comparaciones son irresponsables, porque pretenden hacer creer que todavía nos podemos endeudar más como país, siendo que ya hemos llegado al límite del endeudamiento en función de nuestra capacidad de hacer frente al costo financiero de dicha deuda. Para el año 2018 el costo financiero de la deuda se estima que será de 630.791 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representa el 12.35% de los 5.106 billones de pesos que se tendrán de ingresos presupuestarios por parte del sector público.  Para el 2019 el costo financiero se pronostica en 749.574 mmdp, cantidad que representa el 14.21% de los ingresos presupuestarios del sector público previstos para dicho año. Vemos pues que para el 2019 se espera que tan sólo por los intereses que genera la deuda del sector público se eroguen casi 120 mmdp adicionales respecto a este año, y pues de algún lugar debe salir ese dinero extra que se requiere.

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2018/p: dato al mes de octubre de 2018, Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Es así que sin duda, este mayor costo financiero, sumado al capricho de cancelar el aeropuerto de Texcoco, así como la necesidad de cumplir promesas de campaña, explican varios de los  muy sensibles recortes planteados en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. En otras palabras, dados los compromisos existentes, el costo de tener finanzas públicas ”equilibradas” es el recorte presupuestal planteado. Y no, no se trata de estar en crisis para que sea justificable realizar ajustes presupuestales (como recientemente lo dijo el columnista Pablo Hiriart), sino que los recortes al gasto son precisamente una condición indispensable para evitar esa crisis.

Al final de cuentas, debemos quedarnos con el dato de que tan sólo el pagar los intereses de la deuda del sector público se lleva casi uno de cada siete pesos que eroga todo el sector público federal; y lo peor es que en tanto no bajen las tasas de interés en México, éste se ha convertido en un problema crónico para las finanzas públicas del país. ¿Cómo fue que llegamos a esta lamentable situación?

En el año 2006 el costo financiero de la deuda pública en México fue de apenas 250.065 mmdp, para el año 2012 fue de 305.118 mmdp, ya en el año 2015 fue de 408.287 mmdp, y como ya se señaló, en el 2018 se estima que será de 630.791 mmdp, hasta llegar a los casi 750 mmdp en 2019. Estas mayores erogaciones son producto de tres factores: 1) El incremento irresponsable del saldo de la deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto (creció 96.5% entre el 31 de diciembre de 2012 y el 31 de octubre de 2018), 2) El aumento en las tasas de interés en México a partir de diciembre de 2015 (los Cetes a 28 días pasaron de 3.14 en diciembre de 2015 a 7.83% en noviembre de 2018), y 3) Por la reciente alza en las tasas de interés en los Estados Unidos (la tasa de fondos federales pasó de 0.12% en noviembre de 2015 a 2.20% en noviembre de 2018).

Cabe señalar que en 2019 la deuda del sector público seguirá aumentando en términos nominales. Para dicho año se plantea un superávit de 245.733 mmdp, pero al restarle los intereses de la deuda por 749.574 mmdp, pues acabamos con un balance económico deficitario por 503.841 mmdp, y es precisamente en este monto en lo que veremos aumentar la deuda del sector público el año que viene. En otras palabras, la deuda del sector público federal aumentará el año que viene en más de medio billón de pesos para rebasar los 11 billones al cierre de 2019.

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2018/p: Estimación de cierre de año; Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Una de las peores cosas de toda esta situación es que el crecimiento de la deuda pública en México no se ha traducido en un país más competitivo o un país con mucha mayor infraestructura física. ¡El ritmo de endeudamiento durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue equivalente a 2,700 millones de pesos diarios! ¿Y para qué sirvió todo ese dinero? Los responsables del endeudamiento deberían dar una explicación, pero lo que si es una realidad es que no fue dinero que fuera para inversión física.

De acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda, el gasto en inversión física directa estuvo muy por debajo del ritmo de endeudamiento y vino hacía menos en los últimos años del sexenio de Peña Nieto. En 2016 dicho gasto fue de 455.074 mmdp, en 2017 cayó a 321.225 mmdp, y en los primeros 10 meses de 2018 es de tan sólo 279.085 mmdp. Queda claro que lo que se invirtió en infraestructura por parte de sector público en el pasado sexenio fue tan sólo una parte del monto en el que endeudaron al país, por eso la forma como nos endeudaron fue irresponsable y ahora pagamos las consecuencias.

A manera de conclusión podemos decir que la herencia fiscal de Enrique Peña Nieto trascenderá su sexenio y limitará mucho lo que se pueda hacer en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La apuesta del gobierno no es lograr un balance económico positivo (superávit fiscal) sino simplemente lograr que la deuda crezca a una tasa inferior a lo que crece el PIB nominal para que éste tenga cada vez un menor peso en la economía. Sin embargo, lo que se debe cuidar es que el costo financiero de la deuda sea cada vez un porcentaje más bajo de los ingresos presupuestarios del país. Esta es la única manera en que las calificadoras de deuda soberana nos podrán ver como un país con finanzas públicas sólidas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El compromiso que México requiere escuchar de los candidatos presidenciales

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Los candidatos presidenciales deben comprometerse tácitamente a no desequilibrar más las finanzas públicas 

El próximo 21 de junio se llevará a cabo la cuarta reunión del 2018 de la Junta de Gobierno del Banco de México, de la cual se desprenderá un nuevo anuncio de decisión de política monetaria. Para la mayoría de los analistas, es prácticamente un hecho que el Banxico anunciará que decidió elevar su tasa de interés objetivo nuevamente para llevarla a 7.75% desde el actual 7.50%, derivado de los riesgos inflacionarios percibidos para lo que resta del año. Esto a pesar de que el INEGI acaba de dar a conocer que la inflación anualizada durante mayo de este año fue de apenas 4.51%, la inflación anualizada más baja desde diciembre de 2016.

El llevar la tasa a 7.75% será nuevamente un duro golpe para las empresas, gobierno y familias mexicanas, quienes tendrán que pagar un mayor costo financiero por sus deudas a tasa variable y cuando deseen renegociar pasivos o contratar nuevos créditos. La mayor parte de los riesgos de que repunte la inflación en los próximos meses están asociados a la evolución del tipo de cambio en México, y a continuación explico algunos de los factores que alimentan la especulación y han hecho que nuestra moneda se deprecie y que tenga una perspectiva poco favorable:

El hecho de que el presidente estadunidense, Donald Trump, ha seguido descalificando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), argumentando que será mejor negociar acuerdos bilaterales con México y Canadá, mantiene a los especuladores en los mercados cambiarios entretenidos apostando en contra del peso mexicano. Ahora en día, la probabilidad de cerrar la negociación del TLCAN antes de que concluya el año es muy baja, a pesar de que el Secretario de Economía señaló el pasado 6 de junio que hay un 50% de probabilidades de que éste se cierre antes de que concluya el año.

Otro factor que ha alimentado a los especuladores, y debilitado al peso mexicano, es la imposición de aranceles del 25% al acero y de 10% al aluminio por parte de los Estados Unidos en contra de las exportaciones mexicanas de estos productos a partir del 1 de junio. Esto aunado a la respuesta que dio el gobierno de México imponiendo también aranceles a las importaciones de diversos productos provenientes de dicha nación por un monto aproximado de 4 mil millones de dólares, monto equivalente al impacto que se espera tendrán los aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos en contra de las exportaciones de acero y aluminio de México. El riesgo de que crezca la guerra comercial entre México y Estados Unidos está presente y no se puede descartar que próximamente Estados Unidos imponga aranceles en contra de la importación de automóviles, argumentando absurdas razones de seguridad nacional.

Un tercer factor que está debilitando al peso mexicano es la especulación respecto al resultado electoral en México y la política económica que pudiera implementar el candidato, que de acuerdo a las encuestas, encabeza las preferencias electorales. Si bien es cierto que el equipo de Andrés Manuel López Obrador ya ha dicho que, si ganan las elecciones, se sumarán a partir del 2 de julio al equipo de la Secretaría de Economía que está renegociando el TLCAN y también han dicho que es mejor no tener TLCAN a tener un mal TLCAN, también es verdad que sigue habiendo grandes incertidumbres respecto al rumbo que puede tomar la macroeconomía.

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La autonomía del Banxico será fundamental para evitar que un mayor endeudamiento sea financiado con “la máquinita de hacer billetes”

Las encuestas, además de poner a AMLO a la cabeza, indican que probablemente el próximo Congreso de la Unión tendrá mayoría de izquierda, lo cual puede ser un riesgo porque al tener control del Legislativo, podrá modificar leyes prácticamente a discreción. Pero también preocupa lo que pueda suceder con el gasto público, ya que ha realizado diversas promesas de campaña, que de cumplirse sin  que estén aparejadas a recortes en el gasto público de otros rubros, dispararán el déficit fiscal con el consecuente incremento de la deuda pública. Cabe señalar que al 30 de abril de este año la deuda neta del sector público federal sumó 10.167 billones de pesos, cifra que representa el 45.2% del PIB nominal del primer trimestre de 2018. Una mayor deuda respecto al PIB pone nerviosos a los inversionistas y puede perjudicar la calificación crediticia de México ahuyentando la inversión financiera.

Para cerrar el tema AMLO, se debe agregar que, de resultar electo presidente y si los partidos que lo impulsan obtienen la mayoría en el Congreso de la Unión, entonces en México los únicos garantes de la institucionalidad serán el Banxico y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Serán las dos instituciones que podrán frenar algún abuso que se quiera realizar y, en particular el Banxico con su autonomía, será el que podrá garantizar que una mayor deuda pública no se monetice como sucedió en tiempos de los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo, con el nefasto impacto en la inflación y en el empobrecimiento de la población.

Estos temas han estado presionando fuerte al peso mexicano desde abril de este año, y lo mucho que pesan queda constatado al observar que en el periodo de junio de 2017 al mismo mes de 2018, el dólar aumentó un 11.65% frente al peso mexicano, al haber pasado de 18.136 a 20.249 pesos por billete verde. Si bien es cierto que los niveles actuales de tipo de cambio están por debajo del máximo histórico de 21.898 pesos por dólar observado el 19 de enero de 2017, es verdad que muchos importadores realizan incrementos a sus productos cuando el tipo de cambio sube, pero luego no los bajan cuando el dólar disminuye, por lo que con los recientes incrementos en el dólar a niveles de 20.50 pesos, nuevamente están cometiendo abusos en contra de los fabricantes mexicanos.

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La ira de Donald Trump contra México impide que las decisiones de política monetaria del Banxico sean efectivas.

Por su parte, este incremento del dólar, aunado al elevado componente de impuestos en la fórmula para determinar los precios de la gasolina, es lo que ha provocado que el precio del combustible no deje de aumentar mes con mes, llegando la gasolina Premium a rebasar los 20 pesos por litro. Es bien sabido que los incrementos en los combustibles ocasionan aumentos en cascada en los demás precios en la economía, y es por ello que el alza del dólar es peligrosa y pone en riesgo la posibilidad de lograr una inflación por debajo del 4% a finales de este año.

Por todo lo anterior, es de esperarse que en la medida en que continúan las complicaciones comerciales para México y exista incertidumbre respecto a la política económica del próximo gobierno, sobre todo en el ámbito de política fiscal, el tipo de cambio siga aumentando en perjuicio del esfuerzo por reducir la inflación que ha llevado a cabo el Banxico a costa de todos los mexicanos, que ahora tenemos que pagar más intereses por nuestros créditos.

¿Es correcto entonces que en su próxima reunión de Junta de Gobierno el Banco de México suba su tasa de interés objetivo? Desde mi punto de vista definitivamente NO, ya que hemos visto que tras los últimos aumentos en la tasa de interés, el tipo de cambio ha dejado de responder positivamente y que éste más bien se mueve en función de lo que declare o haga el presidente Donald Trump y, en ocasiones, en función de lo que digan los candidatos a la presidencia de la república. En este sentido, si bien no tenemos capacidad de influir en lo que piense y diga Trump, si sería una magnifica señal para los mercados si los tres candidatos punteros a la presidencia hicieran declaraciones contundentes de que de ganar la contienda, mantendrán la estabilidad de las finanzas públicas y que se comprometen a seguir manteniendo al menos un superávit primario en las finanzas del país. El superávit primario implica ingresar más de lo que se gasta antes de tomar en consideración los gastos por intereses de la deuda pública. No me cabe duda de que un compromiso firmado de estas características haría por el peso mexicano más que cualquier alza en la tasa de interés por parte del Banxico.

Es muy importante entender que elevar nuevamente la tasa de interés ocasionará mayores costos financieros para muchos en México, incluidas las familias, empresas y los diferentes órdenes de gobierno. De hecho el costo financiero del sector público federal muestra un incremento de 24.0% en su comparativo del primer cuatrimestre de 2018 respecto al mismo cuatrimestre de 2017, ya que éste pasó de 128.360 a 167.280 miles de millones de pesos. Y no debemos olvidar que por cada peso adicional que se destina a pagar la deuda pública, pues es un peso menos que se destina a las cuestiones prioritarias como infraestructura, educación, salud y seguridad.

Entonces pues, esperemos que el Banxico haga lo correcto no subiendo la tasa de interés, y que para que los integrantes de la Junta de Gobierno se sientan más cómodos con la decisión  de no subir la tasa, reciban la ayuda de los candidatos presidenciales con el compromiso de que cuando lleguen a la presidencia, no echarán a perder lo que muchos años nos ha costado construir: estabilidad macroeconómica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La nota más ridícula del año…

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El Secretario de Hacienda, Jose Antonio Meade.

Previo a los muy lamentables hechos ocurridos el día de ayer, 19 de septiembre, en los cuales más de 200 personas perdieron la vida, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, se aventó la nota más ridícula del año, la cual evidentemente pretende engañar a la población y abusar de que la mayoría de las personas no saben de economía.

El Sr. Meade dijo, de acuerdo a una nota publicada por El Financiero, que el gobierno heredará “las finanzas públicas más sanas de la historia”.

¿Cómo puede decir eso alguien que sabe que la administración Peña Nieto elevó la deuda pública como porcentaje del PIB de 27% en 2012 a 47.5% en 2017?

¿Cómo se puede mentir tan descaradamente cuando se sabe que el año entrante el gasto por intereses de la deuda pública será de casi 664 mil millones de pesos? Cifra que representa el 14% del presupuesto total de egresos para el año 2018.

¿Cómo puede decir eso quien sabe que el actual gobierno federal endeudó al país en 4 billones 340 mil millones de pesos en menos de 5 años? ¡Esta cifra equivale a 2 mil 594 millones de pesos diarios!

¿Cómo puede decir esto alguien que sabe que si no fuera por el remanente de operación del Banco de México del año 2016 la deuda del sector público federal ya estaría rozando los 10 billones de pesos?

México es ahora una economía con finanzas públicas más endebles que hace cinco años. El margen de maniobra para el próximo gobierno es ínfimo….y Pemex sigue siendo un pozo sin fondo.

En fin, se acercan los tiempos electorales y los políticos comienzan a decir mentiras buscando aprovecharse de una población que no conoce de economía.

Difunde por favor, para que se sepa la realidad.

Alejandro Gómez Tamez