China imparable, ahora tiene una nueva arma: el ciber-yuan

El gobierno federal de México ha destruido muchos de los programas que se tenían para apoyar a los que menos tienen, como el Seguro Popular, guarderías y estancias infantiles financiadas con recursos públicos, refugios para mujeres violentadas, comedores comunitarios, entre otros. Pero no solo eso, el gobierno federal también volvió inoperante uno de los principales impulsores del desarrollo tecnológico nacional y me refiero al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Y mientras el promedio de empresas en México son cada vez menos productivas, comparadas con sus pares extranjeras, por la falta de tecnología e inversión, el resto del mundo sigue avanzando por lo que la brecha de nuestro país y las naciones líderes se amplía todos los días.

En este contexto quiero abordar en esta entrega el artículo de James T. Areddy, publicado el pasado 5 de abril en el Wall Street Journal, y titulado “China crea su propia moneda digital, la primera de las grandes economías”. En dicha nota se explica como un ciber-yuan puede dar a Pekín nuevos poderes y medios de influencia global, tales cómo realizar un seguimiento del gasto de las personas en tiempo real y tener  el mecanismo para evadir las sanciones estadounidenses contra cualquier país, al tener una moneda que no esté vinculada al sistema financiero mundial dominado por el dólar. Es así que como en el Siglo VII, cuando el dinero significaba monedas metálicas, China inventó el papel moneda; ahora el gobierno chino está acuñando efectivo digitalmente, en una reinvención del dinero que ha comenzado a sacudir el poder estadounidense.

Es verdad que en el pasado el dólar se ha enfrentado a rivales, como el euro, pero eventualmente ha recuperado su importancia cuando las deficiencias de sus competidores se han hecho evidentes. El dólar supera con creces a todas las demás monedas para su uso en el comercio internacional de divisas, con un 88% en los últimos rankings del Banco de Pagos Internacionales, mientras que el yuan se utilizó solo en un 4 por ciento de las operaciones.

El concepto de  una moneda nacional virtual o una cibermoneda puede ser confuso. Para muchos hay una idea de que el dinero ya es virtual, ya que las tarjetas de crédito y las aplicaciones de pago como Apple Pay en los EE.UU. y WeChat en China eliminan la necesidad de billetes o monedas físicos. Pero esas son solo formas de pago o de mover dinero electrónicamente. Lo que está haciendo China ahora es convertir su moneda de curso legal en un código informático sin intermediarios para la realización de transacciones. Por su parte, las criptomonedas, como bitcoin, aunque existen fuera del sistema financiero global tradicional, no son moneda de curso legal como el efectivo emitido por los gobiernos, además de que han sido objeto de inmensa especulación y volatilidad.

La versión china de una moneda digital es una que está controlada por su banco central, quien emitirá el nuevo dinero electrónico. Se espera que brinde al gobierno de China amplias herramientas nuevas para monitorear tanto su economía como a su gente; y una de ellas es que el yuan digital anulará uno de los principales atractivos de bitcoin: el anonimato para el usuario.

A diferencia de las transacciones electrónicas de hoy, el yuan digital está diseñado para moverse de A a B instantáneamente, al menos en teoría eliminando una forma en que los bancos y las aplicaciones financieras se benefician de las comisiones y eliminando los breves retrasos incorporados en tales transferencias. El único intermediario necesario es el banco central. El yuan digital, debido a que está respaldado por el estado, reducirá los riesgos para el sistema financiero que plantean las plataformas de pago dominantes de China, que son propiedad de empresas privadas.

Pekín  también está posicionando el yuan digital para uso internacional y diseñándolo para que no esté atado al sistema financiero global, donde el dólar estadounidense ha sido el rey desde el acuerdo de Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial. China está adoptando esta estrategia de digitalización, incluido el dinero, en un intento por obtener un control más centralizado al tiempo que se adelanta a las tecnologías del futuro.

El dinero digitalizado podría reordenar los fundamentos de las finanzas de la misma manera que Amazon transformó el comercio minorista y Uber Technologies revolucionó los sistemas de taxis.

El hecho de que China, un estado autoritario y un rival estadounidense, haya tomado la iniciativa para introducir una moneda digital nacional está generando ansiedad en Washington. Cuando se les preguntó recientemente cómo las monedas nacionales digitalizadas como la de China podrían afectar al dólar, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijeron que el tema se está estudiando seriamente, incluso están valorando si un dólar digital tiene sentido algún día.

Posteriormente, cuando se le preguntó durante una comparecencia reciente en el Senado si el dólar podría digitalizarse para ayudar a Estados Unidos a defender su supremacía, Powell, de la Fed, dijo que investigar esa cuestión es un «proyecto de la más alta prioridad».

De acuerdo con analistas y economistas, la mera digitalización del yuan por sí sola no convertiría a dicha moneda instantáneamente en un rival del dólar en transferencias bancarias de banco a banco, pero en su nueva forma, el yuan podría ganar importancia en el sistema financiero internacional. Brindaría opciones para que las personas de países pobres transfieran dinero a nivel internacional. Incluso un uso internacional limitado podría socavar el impacto de las sanciones estadounidenses en contra de naciones, corporaciones e individuos, mismas que se utilizan cada vez más contra empresas o personas chinas.

El yuan digital reside en el ciberespacio, está disponible en el teléfono móvil del propietario o en una tarjeta para los menos conocedores de la tecnología. Gastarlo no requiere estrictamente una conexión a internet, simplemente aparece en una pantalla con una silueta de Mao Zedong, que se parece al papel moneda.

En las pruebas de los últimos meses, más de 100 mil personas en China han descargado una aplicación para teléfonos móviles del banco central que les permite gastar pequeñas donaciones gubernamentales de efectivo digital con comerciantes, incluidos los puntos de venta chinos de Starbucks y McDonald’s. Su uso es bastante sencillo, sólo se necesita apuntar tu teléfono hacia un escáner instalado en el comercio donde vas a hacer tu compra.

China ha indicado que el yuan digital circulará junto con billetes y monedas durante algún tiempo. Los banqueros y otros analistas dicen que Pekín  tiene como objetivo digitalizar todo su dinero eventualmente, pero el gobierno chino no se ha pronunciado formalmente al respecto.

Herramienta macroeconómica de ensueño

El dinero digital parece una herramienta macroeconómica de ensueño potencial para el gobierno emisor, que se puede utilizar para rastrear el gasto de las personas en tiempo real, acelerar el auxilio a las víctimas de desastres o identificar las actividades delictivas. Con él, Pekín puede obtener nuevos y vastos poderes para endurecer aún más el gobierno autoritario del presidente Xi Jinping.

El dinero en sí es programable. Pekín  ha establecido fechas de vencimiento del dinero digital para alentar a los usuarios a gastarlo rápidamente en momentos en que la economía necesita un impulso. De hecho una idea es que con el dinero digital, el gobierno puede imponer una tasa de interés negativa y así provocar que la gente gaste más en momentos en los que la demanda agregada sea débil.

El yuan digital también es rastreable, lo que agrega otra herramienta a la intensa vigilancia estatal de China. El gobierno despliega cientos de millones de cámaras de reconocimiento facial para monitorear a su población, a veces usándolas para imponer multas por actividades como cruzar imprudentemente la calle. Una moneda digital permitiría imponer y cobrar multas tan pronto como se detecte una infracción.

Un estallido de acumulación de efectivo en China el año pasado indica la preocupación de los residentes sobre el ojo del banco central en cada transacción. Song Ke, profesor de finanzas de la Universidad Renmin en Pekín , dijo en una conferencia reciente que la medida de China del yuan en circulación, o efectivo, aumentó un 10% en 2020.

¿Qué pasa con la volatilidad?

Las criptomonedas como bitcoin son famosas por ser inestables. Pero en el caso del Banco Popular de China éste controlará estrictamente el yuan digital para garantizar que no haya diferencias de valoración entre éste y los billetes y monedas de papel. Eso significa que no tendrá sentido que los inversores y comerciantes especulen con el yuan digital como lo hacen algunos con las criptomonedas.

Si bien China no ha publicado la legislación final en la materia, el banco central dice que inicialmente puede imponer límites a la cantidad de yuanes digitales que las personas pueden poseer, como una forma de controlar cómo circula y proporcionar a los usuarios una dosis de seguridad y privacidad.

El banco central de China no usará la nueva tecnología como una forma de poner más dinero en circulación, ya que cada yuan emitido digitalmente cancelará esencialmente un yuan que circula en forma física.

Un gobierno visionario

Con todo esto queda claro que cuando el Bitcoin fue lanzado en 2009, los responsables políticos de la mayoría de las naciones le restaron importancia al tema, pero China si prestó atención. Al ser una nación hipervigilante ante las amenazas, el liderazgo chino temía que una criptomoneda pudiera socavar el poder del gobierno si la gente comenzaba a usarla en serio. Zhou Xiaochuan, el principal banquero central de China de 2002 a 2018, ha dicho que Bitcoin lo deslumbró y lo asustó. En 2014, lanzó un estudio formal para una posible moneda digital china y ahora se ven los resultados.

Paralelamente, durante este tiempo en China se estaba produciendo una revolución de la tecnología financiera, con la adopción frenética de aplicaciones como Alipay y WeChat que impulsaban a las empresas de nueva creación con sencillas formas de pagar.

El caso de Facebook

A mediados de 2019, Facebook Inc. dijo que buscaría crear su propia criptomoneda. Este anuncio le abrió los ojos a muchos para visualizar que las criptomonedas podrían circular en una base de usuarios mucho más grande que cualquier población nacional y trajo el reconocimiento inmediato de que la tecnología podría cambiar las monedas tradicionales.

Sin embargo, el plan no prosperó porque los reguladores estadounidenses se centraron en detener a Facebook hasta finalmente en lograrlo, mientras que China aceleró su búsqueda de un yuan digitalizado y lanzó pruebas en abril de 2020.

Ahora los banqueros centrales de EE.UU. y de otras economías occidentales temen que lo que Facebook planeó con una moneda digital ahora lo pueda hacer China, un gobierno poderoso.

«Existe una especie de miedo a Uber», dijo un alto funcionario del Banco Central Europeo, refiriéndose al estrés en los sistemas de taxis cuando la empresa de transporte privado llegó a ciudades de todo el mundo. «No quiere que la moneda de otro país circule entre sus ciudadanos», dijo el banquero.

Evadir las sanciones de EE.UU.

Estados Unidos, como el emisor de los dólares que necesitan los más de 21 mil bancos del mundo para hacer negocios, ha exigido durante mucho tiempo información sobre los principales movimientos de divisas transfronterizos. Esto le da a Washington la capacidad de congelar las cuentas de individuos e instituciones y dejarlos fuera del sistema financiero global al prohibir que los bancos realicen transacciones con ellos, una práctica criticada como «armamento del dólar».

Las sanciones estadounidenses contra Corea del Norte e Irán por sus programas nucleares aíslan sus economías. Después del golpe de estado de febrero de este año en Myanmar, Estados Unidos utilizó sanciones para bloquear el movimiento de activos financieros de altos oficiales militares a través de los bancos. La base de datos del Tesoro de personas y empresas sancionadas, la «Lista de ciudadanos especialmente designados y personas bloqueadas», afecta prácticamente a todas las naciones del mundo. Este poder de EE.UU. podría desaparecer. 

Pekín  está especialmente desconcertada por la rápida expansión de la lista de personas sancionadas: más de 250 nombres chinos, incluidos políticos a los que Estados Unidos acusa de atrocidades contra las minorías étnicas o de restringir las libertades en Hong Kong. Como ejemplo, tenemos el caso de cómo las sanciones dejaron a Carrie Lam, la principal funcionaria de China en Hong Kong, con una reserva de efectivo en su casa porque los bancos temían que aceptar sus depósitos los expondría también a una congelación bancaria estadounidense.

El yuan digital podría darles a aquellos que Estados Unidos busca penalizar, una forma de cambiar dinero sin su conocimiento. Los intercambios no necesitarían usar SWIFT, la red de mensajería que se usa en transferencias de dinero entre bancos comerciales y que puede ser monitoreada por el gobierno de EE.UU. La posibilidad de debilitar el poder de las sanciones estadounidenses es fundamental para la comercialización del yuan digital por parte del gobierno de Pekín y para sus esfuerzos por internacionalizar el yuan en general.

En una simulación de un juego de guerra de 2019 en la Universidad de Harvard, los legisladores estadounidenses veteranos se apresuraron a elaborar una respuesta al desarrollo de un misil nuclear por parte de Corea del Norte financiado en secreto con yuanes digitales. Debido al poder de la moneda para socavar las sanciones, los participantes, incluidos varios que ahora están en la administración de Joe Biden, lo consideraron más amenazante que la ojiva.

Conclusiones

Los avances digitales de China llaman la atención sobre cómo Estados Unidos y otros países necesitan modernizar su propia infraestructura financiera. Ahora en día más de 60 países se encuentran en alguna etapa de estudio o desarrollo de una moneda digital, según el grupo de investigación CBDC Tracker. Las monedas digitales tienen su mayor potencial para los 1.7 miles de millones de personas en todo el mundo que, según el Banco Mundial, carecen de una cuenta bancaria. Las Bahamas ya ha emitido una moneda digital para abordar las poblaciones económicamente desatendidas. Algunos bancos centrales dicen que esas monedas serían útiles para las familias de trabajadores migrantes que realizan pequeñas transferencias de fondos que son engorrosas y costosas.

En el caso de México no se tiene conocimiento de que el Banco de México esté planeando el lanzamiento de alguna moneda como ciber-peso o peso digital. Sin duda el mayor reto en caso de que lo piensen hacer es la baja tasa de bancarización de los mexicanos, que en agosto de 2020 era del 36.9%, de las tasas más bajas de los grandes países latinoamericanos. En lo personal, dudo mucho que con el actual gobierno federal, su falta de visión y desdén por la tecnología, vaya a prosperar cualquier iniciativa de ciber-peso, además de que se requerirá del visto bueno por parte de los Estados Unidos. Sin embargo, no me cabe duda de que eventualmente tendremos en México una moneda digital, sólo que no con los que actualmente nos gobiernan.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Para frenar al monstruo chino

El pasado jueves 18 y viernes 19 de marzo, los Estados Unidos y China sostuvieron conversaciones de alto nivel en la ciudad de Anchorage, Alaska. Estas reuniones terminaron con un tono amargo y  pusieron nuevamente en perspectiva la creciente rivalidad entre ambas naciones, complicando los esfuerzos de las dos potencias para derribar barreras y evitar que las tensiones sigan aumentando.

Las reuniones cubrieron una serie de temas que durante el año pasado llevaron las relaciones entre Estados Unidos y China a su punto más inestable en décadas: la represión de China contra Hong Kong, la represión de los musulmanes en Xinjiang, el control de tecnologías críticas, los reclamos de China contra Taiwán y Japón y en el Mar de China Meridional, entre otros.

En esta entrega me centraré en los aspectos económicos y comerciales, primero presentando los indicadores que dan cuenta de la situación económica de China en el arranque de 2021 y posteriormente abordo la situación que guarda el Acuerdo Comercial de Fase Uno, que fue firmado en enero de 2020 entre Estados Unidos y China.

La evolución de China en el arranque de 2021

Las cifras oficiales muestran que la actividad económica china aumentó fuerte en el comparativo del primer bimestre de 2021 respecto de los mismos meses de 2020, cuando dicha nación era azotada por el coronavirus, aunque el panorama se ve ligeramente menos optimista cuando se compara con el desempeño que registraron en el cuarto trimestre de 2020.

Los datos económicos publicados el 15 de marzo por parte de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, mostraron que la producción industrial, el consumo, la inversión y las ventas de viviendas en enero y febrero aumentaron más del 30% con respecto al mismo período del 2020, cuando la economía china estaba cerrada en gran medida para contener el coronavirus. Concretamente, tenemos que la producción industrial en el período enero-febrero aumentó 35.1% respecto al año anterior, mientras que las ventas minoristas (un indicador importante del consumo de China), se expandieron 33.8% durante ese mismo período de tiempo.

Por su parte, los volumen de ventas de viviendas, un indicador de la demanda, se dispararon un 143.5% en los dos primeros meses de 2021 respecto al año anterior; mientras que el valor de la inversión inmobiliaria subió 38.3% en el mismo periodo. Aunado a lo anterior, la inversión en activos fijos aumentó 35.0% durante ese período en comparación con el año anterior.

No obstante este buen desempeño, a varios analistas les preocupa que el desempleo urbano en China,  subió al 5.5% en febrero, desde un 5.4% en enero y 5.2% en diciembre.

Lo que todos estos indicadores indican es que la recuperación económica continúa en la segunda economía más grande del mundo, aunque es evidente que ésta se desaceleró un poco a partir de enero, debido a la imposición de nuevos controles a la movilidad para contener una nueva ola de contagios por el virus. Los sectores más afectados fueron el consumo minorista en los restaurantes y en las tiendas

No obstante lo anterior, derivado de la caída anualizada de 6.8% en el PIB chino en el primer trimestre de 2020, es que se espera que en el primer trimestre de 2021 su PIB crezca en 15% o más. Es importante señalar que la economía china solo cayó el primer trimestre de 2020, ya que en el segundo trimestre creció 3.2%, en el tercero lo hizo en 4.9%, mientras que en el cuarto aumentó 6.5%.

Para todo el año 2021, el gobierno chino se ha fijado una meta de crecimiento del PIB relativamente modesta para sus estándares,  siendo ésta de 6% o más. Esto les da oportunidad para ir dejando paulatinamente los estímulos fiscales y así comenzar a controlar el crecimiento de su deuda. Muchos economistas dicen que la economía de China podría crecer un 8% o más en 2021, incluso con políticas fiscales y monetarias más restrictivas.

¿En qué se ha fincado la recuperación de China? Desde que los principales indicadores económicos de China se desplomaron a tasa de doble dígito en el primer trimestre del año pasado, la economía se ha recuperado en gran medida, liderada por la manufactura y las exportaciones. A partir de 2021, la producción de las fábricas de China ha sido impulsada por una fuerte demanda externa y políticas gubernamentales que alentaron a los trabajadores a permanecer en sus lugares de trabajo en lugar de irse a sus casas para la celebración del Año Nuevo Lunar. Esas políticas tuvieron el doble efecto de contener las infecciones e impulsar la producción.

Los conflictos comerciales con Estados Unidos continuarán  

El éxito económico de China y la llegada del presidente Joe Biden en los Estados Unidos no han relajado en lo más mínimo el estado de cuasi guerra fría que libran ambas naciones. Esto es evidente por las declaraciones públicas de varios altos mandos de la Administración Biden que indican que el Acuerdo Comercial de Fase Uno (firmado en enero de 2020 en la Administración Trump) no será abandonado. A  menos de que el comportamiento de Beijing cambie considerablemente, el enfoque de la Administración Biden para el comercio con China no será muy diferente al de la pasada administración.

De acuerdo con un análisis de Mervyn Piesse, Gerente de investigación del Programa de investigación de crisis mundial de alimentos y agua de Future Ditrections International, se destacan los siguientes puntos clave de lo que podemos esperar de la relación entre Estados Unidos y China:

1. Es poco probable que el enfoque comercial de la Administración Biden con China sea significativamente diferente al de su predecesor. Parece que continuarán los aranceles punitivos y otras medidas que buscan fomentar el cambio sistémico dentro de China.

2. Si bien el acuerdo comercial de la Fase Uno entre Estados Unidos y China está bajo revisión, es poco probable que la Administración Biden lo altere significativamente.

3. No se espera que China cumpla con los objetivos de importación de mercancías estadounidenses establecidos en el acuerdo comercial, pero los funcionarios estadounidenses parecen estar satisfechos con el progreso que Beijing ha logrado en otros puntos del acuerdo.

4. Las declaraciones de varios altos funcionarios de la Administración Biden también sugieren que es probable que el proceso de desvinculación económica de China continúe de alguna forma.

A continuación se explican algunos detalles de estos puntos:

Como antecedente tenemos que el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició una guerra comercial contra China el 6 de julio de 2018, al imponer un arancel del 25% a productos chinos con un valor de 34 mil millones de dólares (mmdd). Este fue el primero grupo de una serie de aranceles punitivos que se fueron imponiendo. En 2019, la administración estadounidense aumentó los aranceles sobre prácticamente todas las importaciones de China.

En enero de 2020, China y Estados Unidos firmaron el Acuerdo Comercial de Fase Uno, y China acordó comprar al menos 200 mmdd más en productos y servicios estadounidenses que en 2017 durante el período de dos años 2020-21. Trump en su momento calificó el acuerdo como «un paso importante…hacia un futuro comercial justo y recíproco con China».

Según el gobierno chino, China estaba dispuesta a cumplir con sus obligaciones. Pero evidentemente la pandemia de Covid-19 y el cierre de actividades productivas, evitó que los exportadores estadounidenses pudieran suministrar a China suficientes bienes y servicios. Según las aduanas de China, las importaciones totales de bienes y servicios estadounidenses del país en 2020 ascendieron a 94 mmdd, más del 40 por ciento por debajo del objetivo. La cifra de compras por parte de China era aproximadamente la misma que en 2017, es decir, antes de que Trump desencadenara la guerra comercial.

La mayor parte del déficit estaba en la manufactura, que representó el 70% de los bienes del Acuerdo Comercial  de Fase Uno. Las exportaciones estadounidenses a China en esta categoría se acordaron en 99 mmdd. Sin embargo, el valor real de las exportaciones estadounidenses fue de solo 57 mmdd en 2020, incluso más bajo que el año anterior. El suministro de recursos energéticos avanzó a un ritmo lento, totalizando solo 10 mmdd contra los 26 mmdd previstos. Y la exportación de productos agrícolas estadounidenses, que fue demasiado sensible para Trump, fue la más cercana de cumplir su objetivo al sumar 27 mmdd, ligeramente por debajo de los 33 mmdd acordados.

Cabe señalar que los compromisos de compra antes mencionados son solo un elemento del acuerdo comercial y, si bien son su componente principal, otros elementos se han implementado con mayor éxito. En junio de 2020, por ejemplo, Beijing había completado 50 de los 57 cambios estructurales que acordó realizar para mejorar el acceso a su mercado para los exportadores estadounidenses. Robert Lighthizer, el Representante Comercial de la Administración Trump, declaró en su momento que Beijing ha hecho un «trabajo razonablemente bueno» en la implementación de partes del acuerdo y que la Administración Biden debería continuar en su implementación.  

Según los términos del acuerdo, Beijing acordó realizar reformas estructurales a su régimen económico y comercial en las áreas de propiedad intelectual, transferencia de tecnología, acceso al mercado agrícola, servicios financieros y de divisas, así como en el tipo de cambio.  El Secretario de Agricultura de Estadcos Unidos, Tom Vilsack afirmó que China ha realizado reformas significativas a sus normas sanitarias y fitosanitarias, lo que ha aumentado el acceso de Estados Unidos a partes clave del mercado chino. Sin embargo, también sugirió que China no ha adoptado completamente las reformas a las que se comprometió en virtud del acuerdo. Si no logra más avances en el segundo año del acuerdo, entonces sugiere que Estados Unidos deberá entablar más negociaciones con Beijing para encontrar medidas de reforma alternativas. Los líderes comerciales republicanos están alentando a la Administración Biden a presionar a China para que cumpla plenamente con el Acuerdo Comercial de la Fase Uno y comience las negociaciones en la segunda fase.

La Agenda de Política Comercial de la Administración Biden recientemente publicada, no es diferente a la de la Administración Trump. Reconoce que las prácticas comerciales coercitivas e injustas de China dañan a los trabajadores estadounidenses, amenazan su ventaja tecnológica, debilitan la capacidad de recuperación de su cadena de suministro y socavan sus intereses nacionales. Abordar el desafío de China requerirá una estrategia integral y un enfoque más sistemático que el enfoque fragmentado del pasado reciente.

La agenda considera que el programa de trabajo forzoso en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang es particularmente perjudicial para el trabajo estadounidense y los valores liberales universales. Es por ello que se espera que la Administración Biden continúe presionando a Beijing para que promulgue reformas económicas y sociales que beneficien a los trabajadores estadounidenses y defiendan los valores estadounidenses.

Conclusiones

El análisis en retrospectiva muestra que los esfuerzos de la Administración Trump para cambiar las prácticas económicas chinas a favor de Estados Unidos fracasaron en gran medida. A finales de 2020, por ejemplo, los inversores estadounidenses seguían teniendo 1.1 billones de dólares en acciones emitidas por empresas chinas, lo que sugiere que el proceso de disociación económica ha sido lento. China también se convirtió en el mayor receptor de inversión extranjera en 2020, superando a Estados Unidos por primera vez. El déficit comercial de Estados Unidos con China al final del mandato de Trump en el cargo es aproximadamente igual al que tenía al final del mandato de Obama. Los consumidores estadounidenses de todo el espectro político, sin embargo, han indicado que están dispuestos a pagar más por productos fabricados en EE.UU. si ello conduce a una menor dependencia de la fabricación china. Ya veremos si ese deseo se reflejará en la relación comercial y de inversión entre los dos países.

Todo parece indicar que Estados Unidos seguirá esforzándose por evitar que China adquiera una mayor relevancia económica mundial, a la luz de las herramientas que utiliza para lograr su objetivo de expansión, como lo son las prácticas desleales de comercio, el robo de propiedad intelectual, la utilización de trabajo forzoso, entre otros. En este sentido, el propio Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, se ha referido a China como el desafío más importante para el sistema internacional estable y abierto. Ha señalado que EE.UU. necesitaría «utilizar todas las herramientas para evitar que los países roben nuestra propiedad intelectual o manipulen sus monedas para obtener una ventaja injusta».

Finalmente, es de esperarse que la Administración Biden busque trabajar en conjunto con sus aliados, en lugar de seguir el enfoque de «Estados Unidos Primero» de la Administración Trump. Esto queda claro en el documento de Orientación Estratégica de Seguridad Nacional Provisional, publicado recientemente, el cual establece “Nuestras alianzas democráticas nos permiten presentar un frente común, producir una visión unificada y unir nuestras fuerzas para promover altos estándares, establecer reglas internacionales efectivas y hacer que países como China rindan cuentas”.

Es probable que la Administración Biden continúe presionando a China para que se adhiera a la reforma económica y política y tampoco abandonarán el Acuerdo Comercial de Fase Uno. Queda claro pues que el enfoque de la administración Biden con respecto a la relación comercial con China no es ni será significativamente diferente al de la administración anterior.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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¿Qué hizo China para ser el gran ganador de la pandemia de Covid-19?

Los recientes indicadores económicos de China, que dan cuenta de su desempeño en 2020, nos hablan de una historia de “éxito” cuando la enorme mayoría del mundo desarrollado registró un desempeño terrible con caídas en su producción, comercio exterior, empleo, entre otros. Este es el punto abordado en un artículo de Stella Yifan Xie, Eun-Young Jeong y Mike Cherney, publicado en el Wall Street Journal el pasado 13 de enero, y titulado “La economía de China avanza mientras que el resto del mundo se tambalea”. El artículo es por demás ilustrativo e interesante, ya que no obstante que China es el lugar en el que se originó la pandemia de Covid-19 (y hay serias sospechas de que el virus es sintético y se filtró de uno de sus laboratorios), los autores dan cuenta de qué fue lo que hizo China para aprovechar la crisis mundial del Covid-19. En esta entrega lo analizamos.

El artículo comienza señalando que China terminó el año del Covid-19 más fuerte de cómo lo comenzó, en muchos sentidos, acelerando su posición para ser un jugador cada vez más importante en la  economía global, que durante mucho tiempo ha sido dominada por Estados Unidos. Ahora en día, mientras que EE.UU. y Europa están a la expectativa de que la vacunación masiva les permita retomar la senda del crecimiento, China es la única economía importante que habría crecido en 2020, acercándose así a tener una economía del tamaño de la estadounidense.

En el 2020, China amplió su papel en el comercio mundial y reforzó su posición como fábrica mundial, a pesar de los años de esfuerzos de Estados Unidos para persuadir a las empresas de que ubiquen sus empresas en otros países. El mercado de consumo de China, impulsado por su rápida recuperación de Covid-19, sigue ganando impulso, lo que lo convierte en el motor más importante para las ganancias de las empresas globales.

Además, el país ha consolidado su posición como una fuerza en los mercados financieros globales, con una participación récord de ofertas públicas iniciales (OPIs) y cotizaciones secundarias en 2020, además de haber registrado grandes entradas de capital en acciones y bonos, y mantener el desempeño de índices bursátiles que superaron con creces al magnífico desempeño del mercado bursátil estadounidense.

El resultado del 2020 es un mundo que ahora depende más que nunca de China para crecer. De acuerdo con Moody´s Analytics, se espera que en el 2020 la economía de China haya representado el 16.8% del producto interno bruto mundial, ajustado a la inflación. Eso representa un aumento importante respecto del 14.2% que tenía en 2016, antes de que Estados Unidos y China entraran en una guerra comercial. Se espera que EE.UU. haya representado el 22.2% del PIB mundial en 2020, ligeramente por debajo del 22.3% observado en 2016. Tan sólo en el 2020, la participación de China en el PIB mundial aumentó en 1.1 puntos porcentuales, lo que significa el mayor incremento de participación relativa en un año, desde la década de 1970.

Las ganancias de China son resultado del éxito que tuvieron para contener la enfermedad del Covid-19 y hacer que sus negocios volvieran a funcionar. Los programas de estímulo del país, que eran más pequeños (como proporción del tamaño de su economía) comparados con los de EE.UU., se enfocaron en relanzar la producción industrial y evitar que las pequeñas empresas quebraran, además de que éstos implicaron poco apoyo directo para los consumidores (a diferencia de EE.UU. que ha gastado miles de millones en cheques de estímulo para los contribuyentes).

Esto implica una estrategia radical, ya que mientras que los consumidores estadounidenses siguieron gastando mucho (gracias a los estímulos), las fábricas chinas estaban listas para atender esa demanda de bienes. Eso ayudó a respaldar los empleos chinos y el propio gasto del consumidor de China durante el resto del año.

China también se benefició porque es difícil para las empresas manufactureras extranjeras reubicarse de país en el corto plazo, incluso después de que las interrupciones de la pandemia dejaron a muchos ejecutivos con el deseo de diversificar sus cadenas de suministro. Las empresas deben sopesar la pérdida de eficiencia al dejar de tener cerca a la mayoría de los proveedores de sus fábricas, así como los riesgos de mudarse a otro lugar después de que China ha demostrado a lo largo de muchos años que es altamente confiable. Contrariamente a lo que se piensa, en una encuesta de noviembre de HSBC Holdings PLC aplicada a más de 1,100 corporaciones globales, se encontró que el 75%, incluido el 70% de las empresas estadounidenses, esperan aumentar su presencia en la cadena de suministro en China durante los próximos dos años.

Tensiones comerciales

Para el resto del mundo, el éxito de China es un arma de doble filo. Por un lado, la demanda por parte de china ha sido una bendición para las empresas que venden a ese país, incluidos los productores de materias primas, así como los fabricantes de automóviles y las empresas de artículos de lujo que perdieron ventas en otros lugares. Pero por el otro, la renovada fuerza de China también ha dejado a las empresas más expuestas a un país cuyos líderes han dejado en claro que quieren reducir la dependencia de China de las empresas extranjeras y ahora buscan construir más corporaciones propias.

En Estados Unidos, los aranceles que la Administración Trump le aplicó a China tenían como objetivo el atacar los desequilibrios en la economía global y “nivelar el campo de juego” entre los dos países. Sin embargo, se espera que en 2020 China registre el mayor superávit en su cuenta corriente, la medida más amplia de las transacciones de un país con el resto del mundo, en la historia de cualquier país, según Capital Economics, una firma de investigación.

No obstante lo anterior, China continúa enfrentando grandes desafíos económicos, incluido el envejecimiento de su población y el aumento de los costos laborales, que encarecen la fabricación. Una reciente ola de incumplimientos crediticios por parte de empresas estatales se ha sumado a las preocupaciones de hace varios años respecto del manejo de su deuda.  Por su parte, el impulso que ha tenido su manufactura podría disminuir este 2021, si otras partes del mundo echan a andar con fuerza sus aparatos manufactureros. Además, algunos economistas dicen que el modelo económico liderado por el estado del país ha debilitado la innovación del sector privado, la cual sin duda es vital para el futuro de China.

Sin embargo, desde que surgió Covid-19, la economía de China ha sido resistente, reforzando la creencia de los líderes de Beijing de que su sistema ofrece una alternativa más confiable al capitalismo democrático occidental, especialmente durante tiempos de crisis.

No obstante todo lo anterior, no podemos dejar de reconocer que Estados Unidos sigue siendo la economía número uno del mundo, con el mercado de consumo más grande, un nivel de vida mucho más alto y una moneda cuya importancia eclipsa a la del yuan chino. El PIB nominal de Estados Unidos sigue siendo 50% mayor que el de China.

¿Qué esperar en 2021? Es bien sabido que Estados Unidos también está lidiando con un estrés político extremo. Este año, se espera que su PIB crezca entre un 3% y un 4%, pero es probable que su economía no vuelva a su tamaño de 2019 hasta la segunda mitad del año, según las previsiones de algunos economistas. Por su parte, se espera que China crezca hasta un 9% en 2021, según estimaciones de Morgan Stanley.

Fabricas reabiertas

Durante años, los economistas han advertido que los crecientes costos laborales de China, la profundización de la deuda y la disminución de las ganancias de productividad, pondrían en peligro su condición de fábrica mundial. La guerra comercial y los aranceles más altos redujeron aún más las ventajas de China. Pero la participación de China en las exportaciones mundiales de bienes sigue creciendo. Según Oxford Economics, fue del 15.4% en noviembre, el mes más reciente para el que se dispone de datos al momento de escribir etas líneas, cifra que se compara favorablemente con la participación de 13.7% observada a finales de 2019.  Este incremento en la participación relativa fue  impulsada en parte por la rápida transformación manufacturera de China para vender equipos de protección personal, como máscaras y respiradores, cuyas ventas aumentaron durante la pandemia.

De acuerdo con los autores del artículo, Beijing intervino enérgicamente para contener el Covid-19 y ayudar a mantener abiertas las fábricas y negocios. Cerró gran parte del país e impidió que la gente saliera de sus hogares por períodos prolongados. Estas medidas son difíciles de implementar en países con más libertades. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud de China, alrededor de 4,600 personas han muerto en ese país como resultado de la pandemia, aunque algunos investigadores creen que el número real es mucho más alto. En contraste, en Estados Unidos, el número de muertos se acerca a los 380 mil.

China además le ordenó a los bancos estatales que detuvieran el cobro de deudas de las empresas e individuos afectados, al tiempo que ofrecían crédito fresco a las pequeñas empresas a tasas más baratas de lo habitual. Los funcionarios locales exigieron que los propietarios de las fábricas cumplieran con estrictos estándares para garantizar operaciones seguras, incluido, en algunos casos, el monitorear los desplazamientos de los trabajadores en las regiones afectadas.

En aras de mantener la manufactura de píe, muchos gobiernos locales, incluida la ciudad de Foshan, enviaron autobuses para llevar a los trabajadores migrantes varados en las aldeas de regreso a las fábricas una vez que el virus desapareció. Como ejemplo tenemos que algunos de los más grandes fabricantes, como Foxconn Technology Group, que ensambla productos de Apple Inc. en China, ofrecieron a los trabajadores bonificaciones de hasta 430 dólares por persona para que regresaran al trabajo.

Con los consumidores en Occidente pasando más tiempo en casa, los pedidos del extranjero aumentaron y las empresas manufactureras chinas se beneficiaron. Para muchas empresas, sus ventas en 2020 aumentaron alrededor de un 20%. Es así que desde principios de abril, más del 97% de las empresas más grandes de China habían reabierto, según Zhang Weihua, funcionario de la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Expandiendo los mercados de consumo

El gasto del consumidor en China se recuperó hacía el otoño de 2020. De acuerdo con la firma de investigación Euromonitor International, se anticipa que el mercado de artículos de lujo personales de China haya crecido un 7.6% en 2020, en un contexto en el que el mercado global de estos artículos se contrajo un 20%.

Por su parte, si bien la inversión extranjera directa en Estados Unidos y Europa se desplomó en la primera mitad de este año, se mantuvo en gran medida estable en China, donde de hecho aumentó un 6.3% en el acumulado de los primeros once meses de 2020, de acuerdo con cifras del Ministerio de Comercio de China.

Todo lo anterior se tradujo en que el dinero internacional siguió entrando a China de diversas formas, lo que dio impulso a su objetivo a largo plazo de construir importantes centros financieros nacionales. Los mercados chinos, incluido el de Hong Kong, representaron el 43% de las cotizaciones públicas del mundo el año pasado, según datos de Refinitiv.

Las tenencias extranjeras de bonos chinos alcanzaron un récord de 3.25 billones de yuanes, equivalentes a unos 503 mil millones de dólares, en diciembre, cifra 49% más elevada respecto a hace un año, según datos compilados por Bond Connect Co.

Finalmente, el índice MSCI China, que incluye las empresas chinas que cotizan en el país y las que cotizan en Nueva York u otras ubicaciones, subió un 27% en términos de dólares el año pasado. El índice MSCI AC World subió 14% en el mismo período, y el índice de referencia de MSCI en EE.UU. creció un vigoroso 19%.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de China al lidiar con la crisis del Covid-19?

En primer lugar, que lo más importante no es mantener el consumo a flote, sino la capacidad productiva. Desde este espacio he sido un duro crítico de la estrategia del gobierno federal mexicano de no apoyar a los empleadores (empresas) y permitir una destrucción masiva de capital privado, fuente de empleos, ingresos y productividad.

No sé si esto haya sido un acto deliberado para debilitar al sector empresarial mexicano, pero la realidad es que México es de los países que habría salido peor librado por la pandemia. El resucitar las miles de empresas que cerraron sus puertas nos tomará años, mientras que los importadores no tendrán problemas en traer del exterior todo lo que no encuentren en el mercado doméstico. En 2021 comenzaremos a ver con mayor claridad los costos económicos de un pésimo manejo de la pandemia, en la que al cerrar la actividad económica, se condenó a muerte a miles de empresas mexicanas, mientras que las fábricas chinas estuvieron listas para cubrir la demanda mundial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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¿Cómo el COVID-19 impactará a las cadenas globales de manufactura?

52555819_303El panorama económico ha cambiado de manera importante en la última semana y ahora el riesgo de recesión mundial ha aumentado. En la semana que recién concluye los mercados bursátiles alrededor del mundo cayeron significativamente. El emblemático índice Dow Jones de los Estados Unidos registra una caída de 14% desde su reciente record máximo, mientras que el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores acumula una caída del 8.4% en las últimas dos semanas. Esto ha convertido a la semana del 24 al 28 de febrero en la peor desde el 2008, cuando azotaba la crisis financiera mundial.

En Asia, los parques de Tokio Disneyland y Universal Studios Japón anunciaron que cerraran sus puertas, y se suspendieron diversos eventos que se espera atrajeran a decenas de miles de personas, incluida una serie de conciertos del famoso grupo de K-pop BTS. También se reportó que la llegada de turistas a Tailandia se redujo en un 50% en comparación con la de hace un año. Al escribir estas líneas, en Italia se han reportado ya 1,128 casos de COVID-19, la mayor cantidad de cualquier país fuera de Asia, por lo que las reservaciones en los hoteles se están derrumbando. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha planteado la posibilidad de una recesión.

Por su parte, la economía europea ya está al borde de la recesión. El indicador de sentimiento comercial en Alemania cayó bruscamente la semana pasada, lo que sugiere que algunas compañías podrían posponer los planes de inversión y expansión. Esto ocurre por la dependencia de los exportadores alemanes en el mercado chino.

Los economistas más optimistas pronostican que el crecimiento mundial caerá a 2.4% este año, el cual sería el menor desde la Gran Recesión de 2009, y estaría muy por debajo de las expectativas anteriores más cercanas al 3%. Para los Estados Unidos, las estimaciones caen a un crecimiento tan bajo como 1.7% este año, inferior al 2.3% observado en 2019.

Sin embargo, los más realistas estiman que si el COVID-19 se convierte en una pandemia global entonces se espera que el impacto sea mucho peor y que los Estados Unidos y otras economías globales posiblemente caigan en recesión. En México, con una economía que en el 2019 decreció -0.14%, el escenario pinta doblemente complicado. Aunque el Banxico, seguramente temeroso de contaminar con expectativas pesimistas, mantiene la prospectiva poco creíble de que la economía nacional crecerá entre 0.8% y 1.8% en 2020.

Ahora bien, en un artículo de Pierre Haren y David Simchi-Levi, titulado “¿Cómo es que el Coronavirus impactará a las cadenas de suministro globales para mediados de marzo?” publicado en el Harvard Business Review, se presenta un panorama sombrío para la industria manufacturera mundial en los próximos meses. En esta entrega presento algunos de los puntos más importantes de dicho artículo y al final hago una serie de reflexiones respecto a lo que hasta ahora he visto de cómo puede impactar toda esta situación a la planta manufacturera de México.

En dicho artículo se señala que los informes respecto a cómo es que el COVID-19 está afectando a las cadenas de suministro e interrumpiendo las operaciones de fabricación en todo el mundo, aumentan a diario. Pero de acuerdo con los autores, lo peor está por llegar. Como preludio a lo que viene tenemos que se acaba de dar a conocer que el Índice mensual de gerentes de compras, emitido por la Agencia de Estadísticas China, cayó a 35.7 desde los 50 puntos registrados en enero. Esto es muy preocupante porque los números por debajo de 50 indican la contratación de la actividad.

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No obstante lo anterior, se prevé que el pico del impacto económico negativo del COVID-19 en las cadenas de suministro mundiales ocurrirá a mediados de marzo. De ser cierto, esto obligará a miles de empresas globales a reducir o cerrar temporalmente las plantas de ensamblaje y fabricación en los Estados Unidos, Europa y países como México. Las empresas más vulnerables son aquellas que dependen en gran medida o exclusivamente de fábricas en China para piezas, materiales e insumos. Como muestran los indicadores, la actividad de las plantas manufactureras chinas ha disminuido sustancialmente en el último mes y se espera que éstas continúen deprimidas durante varios meses más.

Muchos analistas han comparado la epidemia actual del COVID-19 con la del SARS, la cual duró del 2002 al 2003 y generó apenas un bache en los mercados financieros mundiales. Esta comparación no tiene sustento porque la importancia relativa de China en el ecosistema económico mundial ha aumentado enormemente en los últimos 18 años.  China ha más que duplicado su participación en el comercio con el resto del mundo en el periodo comprendido entre la epidemia de SARS y la actualidad, y muchas más industrias ahora dependen más de China que hace dos décadas. La epidemia de SARS comenzó en la provincia de Guangdong en 2002 y generó 8 mil casos de enfermedad en el 2003. Durante ese año, el PIB de China representaba apenas el 4.31% del PIB mundial. Por el contrario, el número de casos detectados de COVID-19 ya superó mundialmente los 87 mil y China ahora representa alrededor del 16% del PIB mundial.

Igualmente importante, es el hecho de que la creciente presión para reducir los costos de la cadena de suministro ha llevado a las empresas a seguir estrategias como la manufactura esbelta, la deslocalización y la subcontratación. Tales medidas de reducción de costos implican que cuando hay una interrupción en la cadena de suministro, la fabricación se detendrá rápidamente debido a la falta de piezas o insumos suficientes en inventario. La gran mayoría de las compañías globales no tienen idea de cuál es realmente su exposición al riesgo de lo que está sucediendo en Asia. Esto se debe a que pocos, si es que tienen alguno, tienen el conocimiento completo de las ubicaciones de todas las empresas que les proveen piezas o insumos a sus proveedores directos.

Dados los esfuerzos actuales del gobierno chino para poner en cuarentena a casi la mitad de su población y el impacto negativo que está teniendo en las actividades de transporte y fabricación en el país, podemos concluir con seguridad que el impacto de COVID-19 en la fabricación china es mayor que el del SARS.

Cabe destacar que como resultado de algunos eventos como la epidemia de SARS 2002-2003, la erupción del volcán de Islandia en marzo de 2010, el terremoto y el tsunami de Japón en marzo de 2011 y la inundación en Tailandia en agosto de 2011, las compañías globales recientemente han aumentado la cantidad de inventario de insumos y piezas que tienen a la mano, por lo que ahora suelen tener uno para un periodo de 15 a 30 días de operaciones. Es posible que las vacaciones de una semana del Año Nuevo chino motivaran a algunas compañías a aumentar su cobertura de inventario por otra semana más. Por lo tanto, para la mayoría de las empresas, la cobertura de inventario que tienen les permitirá seguir trabajando sin problemas por un plazo de entre dos y cinco semanas, dependiendo de la estrategia de la cadena de suministro de la empresa. Pero si el suministro de componentes se interrumpe por más tiempo, la fabricación tendrá que detenerse.

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Los plazos de entrega también tendrán un impacto. El envío por mar a México, Estados Unidos o Europa tarda en promedio 30 días. Esto implica que si las plantas chinas dejaron de fabricar antes del comienzo de las vacaciones chinas el 25 de enero, el último de sus envíos llegará a su destino la última semana de febrero. Todo esto implica que habrá un incremento en los cierres temporales o paros técnicos de las instalaciones de ensamblaje y fabricación a mediados de marzo.

Algunos fabricantes ya han tenido que reducir la producción en sus plantas fuera de China, y la lista se incrementa a diario. Por ejemplo, Fiat Chrysler Automobiles NV anunció el 14 de febrero que «está deteniendo temporalmente la producción en una fábrica de automóviles en Serbia porque no puede obtener piezas de China». Del mismo modo, Hyundai dijo que «decidió suspender sus líneas de producción de operar en sus plantas en Corea… debido a interrupciones en el suministro de piezas como resultado del brote de coronavirus en China». Estos dos ejemplos son consistentes con el análisis de Haren y Simchi-Levi: dado que los plazos de entrega de China a estos países son significativamente más cortos que 30 días, la interrupción ocurrió antes.

El desafío también es significativo en la industria de alta tecnología. De hecho, el 17 de febrero, Apple anunció que esperaba que sus ganancias trimestrales fueran más bajas de lo esperado anteriormente. La compañía se enfrenta a dos desafíos: una oferta mundial limitada de iPhones y una caída significativa de la demanda en los mercados de consumo de China.

La creciente epidemia de coronavirus ya está afectando también a los puertos. Allard Castelein, CEO del puerto de Rotterdam, dijo: “El efecto del coronavirus ya es visible. El número de salidas desde los puertos chinos ha disminuido en un 20% en estos días». La actividad en el puerto francés de Le Havre también se está desacelerando y podría caer un 30% en los próximos dos meses.

Los autores concluyen que no queda más que prepararnos para el importante efecto que se viene para la manufactura global. Tenemos poco tiempo porque el problema comenzará a alcanzar toda su fuerza en dos o tres semanas y podría durar durante varios meses.

Ahora, a título personal, para el caso de México lo que pienso es que habrá un impacto para la actividad manufacturera en cuatro sentidos:

  1. Sustitución de importaciones de algunos productos para el consumidor final. Como lo señalé en la entrega de hace dos semanas, la dificultad de traer algunos bienes de consumo final desde China, será positivo para algunas empresas nacionales, las cuales verán sus ventas incrementarse mientras se recupera China.
  2. Escasez de insumos para la producción. En línea con lo que señalan Pierre Haren y David Simchi-Levi, algunos sectores manufactureros en México se verán afectados negativamente (e inclusive pueden llegar a realizar paros técnicos) si dependen de insumos de China o Italia, y no logran conseguir proveeduría nacional de esos insumos, o al menos importarlos desde otras partes del mundo.
  3. Posibilidad de paros en las empresas, similares a los que se dieron en el 2009 en la crisis por el H1N1. El gobierno federal ha señalado que hasta ahora el COVID-19 no cumple con las características para ser declarado una emergencia. Sin embargo, si en México no se toman las medidas de contingencia y la infección se sale de control, el gobierno podría decretar otro tipo de medidas que dañarían la producción y consumo de bienes y servicios.
  4. Impacto negativo para exportadores por menor crecimiento mundial. Si Estados Unidos baja su tasa de crecimiento a 1.7% este año y varios países europeos terminan por caer en recesión, el escenario para varios fabricantes nacionales que dependen de los mercados extranjeros será complicado.

Dados estos cuatro puntos, el primer paso es que las empresas hagan una evaluación del origen de sus insumos para la producción y tengan bien claro el mapa de cómo los van a sustituir, en caso de que éstos provengan de China. Por otra parte, si dependen de manera importante de mercados extranjeros, analizar el impacto que diversos escenarios de caídas de ventas pueden tener en la compañía. El mensaje es claro, el COVID-19 está aquí, no se irá pronto y las empresas deben elaborar escenarios y prepararse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General de GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Por qué resulta tan difícil competir contra China? Subsidios y apoyos

mexico-china_69_cuadradaDejando de lado el brote de Coronavirus en China y su expansión por el mundo, el Gobierno chino debe estar muy contento ya que el pasado 23 de enero el Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR por sus siglas en inglés) anunció que su país reducirá de 15% a 7.5% los aranceles adicionales impuestos a diversos productos originarios de China. De esta manera, si un par de zapatos de cuero de China estaba pagando, desde el 1 de septiembre de 2019, el arancel regular de 10% + 15% de arancel punitivo, a partir del 14 de febrero de este año pagará 10% + 7.5%.

Esto es el resultado de que el pasado 16 de enero, finalmente China y Estados Unidos firmaron la primera fase de un acuerdo comercial. Los principales temas incluidos en este primer acuerdo son: a) China se compromete a comprar más productos americanos por valor de 200 mil millones de dólares en 2 años, incluyendo 32 mil millones en productos agrícolas; b) en cuanto a la protección de propiedad intelectual se incluyen medidas para prevenir y castigar el robo de secretos comerciales; y c) China se compromete a abrir su mercado de servicios financieros a través de la eliminación de barreras operativas. El acuerdo también incluye la creación de una oficina para la solución de controversias. En cuanto a los aranceles que ambos países han impuesto y que permanecen vigentes no se presentaron detalles de cuándo podrían ser eliminados, lo que podría ocurrir cuando se complete la Fase 2 del acuerdo. Finalmente, China también se comprometió a no intervenir en el mercado cambiario o devaluar su moneda y a proporcionar información de forma regular sobre sus posiciones cambiarias.

Esto sin duda es una gran noticia para el mundo y genera la expectativa de que los flujos comerciales mundiales irán paulatinamente retomando su cauce. Mejora la expectativa de crecimiento del PIB mundial y del bienestar global. Sin embargo y con independencia del acuerdo entre China y Estados Unidos, debe quedar bien claro, en especial para el gobierno mexicano, que China seguirá siendo una gran amenaza para muchas actividades manufactureras nacionales. Esto por la naturaleza propia de su sector público y aparato productivo, así como por los apoyos y subsidios que sigue dando directa o indirectamente a muchas actividades productivas.

Subsidios ChinaEn un estudio de enero de 2020, titulado “Apoyos, incentivos y subsidios por parte del sector público a la cadena del calzado en China” y elaborado por el Dr. Enrique Dussel Peters, Director del Centro de Estudios China-México (CECHIMEX) de la UNAM, para la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG), se da cuenta de esta situación. A continuación expongo un resumen de lo que considero son los puntos más relevantes:

El sector público de China

En el estudio del Dr. Dussel se menciona que el sector público en China, que descansa en la existencia y la fuerza política del Partido Comunista Chino (PCCh), puede comprenderse como una institución que no existe en América Latina y el Caribe: se trata de la suma de las instituciones públicas del gobierno central, de provincias, ciudades y municipios, que con una visión de desarrollo de largo plazo compiten entre sí, logrando así relativamente altos niveles de coherencia nacionales en el tiempo.

Además, existen una multiplicidad de instrumentos y mecanismos utilizados por el sector público, lo que ha generado un alto grado de producción, productividad y eficiencia con base en la propia propiedad pública -con participación en niveles cercanos al 50% del PIB, y muy por encima de cualquier economía comparable en la actualidad y de su tamaño. Dussel habla de la “omnipresencia del sector público” en China, la cual ha sido la principal fuente y el motor de dinamismo; es decir, en China no necesariamente ha sido el sector privado el mayor impulsor de su éxito económico.

En China existen millones de empresas de propiedad pública -y mucho más allá de un estrecho número de state-owned enterprises-, destaca que son un instrumento fundamental para la generación de ciencia y tecnología, innovación, empleo, financiamiento, comercio exterior y la propia entrada y salida de inversión extranjera directa (IED), entre muchas otras.

Comenta que el Consejo de Estado y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reformas (CNDR) son las instituciones públicas líderes que permiten la definición de objetivos de desarrollo con instrumentos de largo plazo. No se trata necesariamente de una estructura monolítica y vertical, sino de planteamientos generales, el establecimiento de tecnologías para la fabricación de semiconductores para competir con los principales productores de éstos en Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, o un generalizado proceso de escalamiento industrial y del incremento del valor agregado de la industria, que son implementados por las diversas agencias del sector público (gobierno central, provincias, ciudades y/o municipios).  Por estas instancias pasan y se evalúan los objetivos de desarrollo como la urbanización, el crecimiento del PIB, los cambios de las exportaciones al sector doméstico y los esfuerzos para mejorar la entrada y salida de IED, así como la eficiencia de la energía y la protección del medio ambiente.

Apoyos, incentivos y subsidios

fabrica_chinaEn cuanto a los apoyos, incentivos y subsidios otorgados por China, Dussel cita a Dihn (2017), y señala que el enfoque de coordinación descentralizada utilizado en China fue muy útil para identificar y superar limitaciones para el crecimiento y desarrollo de manufacturas ligeras como la industria del calzado, textil y vestido. Este autor identifica seis características relevantes para el desarrollo de la competitividad de las manufacturas ligeras en China: i. Disponibilidad, costo y calidad de los insumos; ii. Acceso a tierras industriales y localización; iii. Acceso al financiamiento; iv. Logística comercial; v. Capacidades empresariales, tanto técnicas como gerenciales y; vi. Habilidades de los trabajadores.

Dussel señala que las políticas industriales en China con frecuencia identifican industrias y, a veces, incluso empresas individuales para recibir apoyo del sector público y superar la mayoría de las restricciones señaladas: apoyos explícitos, como un trato especial al obtener licencias y aprobaciones, así como regímenes de importación/exportación destinados a crear condiciones de mercado favorables dentro de China.

Menciona que en 2006, China proporcionó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) una notificación de sus prácticas de subsidios a actividades productivas con cierto tiempo de aplicación. Esa notificación confirmó la existencia de programas de subsidios como los siguientes: Preferencias para la inversión extranjera en actividades «seleccionadas» o de interés para promover; Promoción de inversión y desarrollo (I&D) y la transferencia de tecnología; Acelerar la industrialización agrícola y promover la silvicultura; Desarrollo de circuitos integrados; e Impulsar a las empresas a actualizar la tecnología y los equipos.

Por su parte, respecto de los programas y medidas de apoyo notificados por China, de aplicación general o de los que no se incluyen información que desagregue condiciones o sectores específicos a los que se aplica, éstos se pueden clasificar de la siguiente manera de acuerdo con Dorn y Cloutier (2013):

  1. Política de financiamiento: El sector bancario de China está dominado prácticamente en su totalidad por el sector público: cuatro bancos «comerciales» y tres bancos «más de carácter político», todos los cuales son propiedad del sector público. Debido al nivel de desarrollo del mercado interno de capitales para las emisiones de deuda y capital, estos bancos determinan efectivamente la asignación de capital de inversión a las empresas en China. Aunque los cuatro bancos, nominalmente comerciales, consideran riesgos y beneficios comerciales, la evidencia indica que se ven principalmente a sí mismos como agentes del poder del Estado: desde la década de los noventa del siglo XX el financiamiento al sector productivo en China representó más del 100% del PIB y el 161% en 2018.
  2. Tipo de cambio fijo. Durante décadas (Kroeber 2016), y particularmente hasta inicios del siglo XXI donde el aparato productivo chino todavía dependía en forma significativa de sus exportaciones de procesos de ensamble y de la IED, el control del tipo de cambio y particularmente la subvaluación del renminbi (RMB), fue una medida macroeconómica significativa en aras de incentivar las exportaciones chinas, a la IED y buscar sustituir importaciones por producción en China.
  3. Impuesto sobre la renta. El sector público en China -y particularmente a nivel de municipios, ciudades y provincias- tiene la capacidad no sólo de otorgar financiamiento, sino que también significativas reducciones de impuestos y puntualmente del impuesto sobre la renta a ciertas empresas nacionales y extranjeras que busca atraer.
  4. Pagos directos. En China existen además una serie de medidas y programas que proporcionan pagos directos a las empresas. Los pagos de subvenciones a menudo están relacionados con el desarrollo de propiedad intelectual de propiedad china, la innovación tecnológica o la actualización de equipos para hacer que las instalaciones sean más eficientes (USITC 2007; Stevenson-Yang 2013).
  5. Devoluciones de impuestos. Otro pago directo importante utilizado para guiar la actividad económica es la devolución de los impuestos al valor agregado (IVA) en el momento de la exportación. El gobierno central recauda el IVA sobre las ventas (excepto las exportaciones), las importaciones de bienes y la prestación de servicios para el procesamiento, reparación y reemplazo de bienes.
  6. Adquisiciones gubernamentales. Finalmente, las autoridades chinas también se han embarcado en un programa para ayudar a las industrias nacionales a través de las adquisiciones.

Es indispensable comprender que más allá de estos instrumentos específicos, el sector público en China tiene la propiedad significativa del sector público, es decir, el gobierno central, provincias, ciudades y municipios son los únicos propietarios -en algunos casos mediante docenas de forma de propiedad con el sector privado y extranjero- con lo que estas empresas son tratadas como parte del sector público y con innumerables relaciones políticas, económicas, de proveeduría y receptoras de compras y programas que en muchos casos ni siquiera se registran formalmente.

El Dr. Dussel nos da ejemplos específicos de apoyos a la cadena de valor del sector calzado de China, lo cual explica los precios extraordinariamente bajos de muchos de los calzados que se fabrican allá. El documento completo del Dr. Enrique Dussel, que es de lectura obligada para entender los crecientes desequilibrios comerciales entre México y China, se encuentra disponible para descarga gratuita en: https://www.ciceg.org/pdf/China_incentivos.pdf

Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que los apoyos, incentivos y subsidios en China orientados al sector productivo, son cualitativamente diferentes a los conocidos en México. De igual forma, buscar mediante una “política industrial” en México sobrellevar estas diferencias pareciera ser iluso, ya que no comprende la profundidad y extensión de la omnipresencia del sector público en general y específicamente en muchas de las actividades de las industrias ligeras. Desde una perspectiva global, y para México, las condiciones de competencia no sólo son desiguales, sino que también inconmensurables: después de décadas de esfuerzos de políticas de desarrollo del sector público en China, las industrias ligeras de China se encuentran en condiciones de competencia global y es el líder en un grupo sustantivo de segmentos de las propias cadenas, por ende el interés de China de lograr acuerdos comerciales de (libre) comercio, entre ellos con México. Debemos tener mucho cuidado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

México y los riesgos para la economía mundial en 2019

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Las exportaciones mexicanas se verán afectadas ante una desaceleración de la economía mundial.

Más allá de las complicaciones en la agenda económica y política interna de México, hay una serie de amenazas a nivel mundial que de concretarse, podrían hacer que la tasa de crecimiento económico de México en este año sea aún más baja de la ya de por si insuficiente meta de 2.0% para el Producto Interno Bruto (PIB). Lo que sucede en el resto del mundo es un verdadero riesgo porque el desempeño del sector exportador mexicano depende del dinamismo económico global, y las exportaciones de nuestro país representan un porcentaje cada vez más alto del PIB llegando a representar el 37.4% en 2018.

De los aproximadamente 450 mil millones de dólares que México exportó en 2018, el 79.4% tuvo como destino los Estados Unidos, por lo que resulta obvia la dependencia de nuestra economía respecto a la evolución económica de nuestro vecino del norte.

Hay un viejo adagio que dice más o menos así: “Lo que te perjudica no es lo que crees que sabes, sino lo que das por un hecho y no es así”.  En los próximos dos años, los mayores riesgos para la economía mundial se derivan precisamente de que los inversionistas creen que las tendencias económicas recientes es poco probable que cambien. Los mayores riesgos incluyen una mayor desaceleración de la economía china, un aumento en las tasas de interés de largo plazo a nivel mundial, y un incremento en las políticas económicas populistas que mermen la credibilidad de la independencia de los bancos centrales, resultando en mayores tasas de interés en los bonos gubernamentales (concebidos como instrumentos 100% seguros) de economías avanzadas. A continuación se explican estos temas.

Razones por las que la economía mundial se dirige a una recesión en 2019

En un artículo del columnista de Reuters, John Kemp, publicado el pasado 18 de enero se menciona que el crecimiento global se está desacelerando y la economía mundial se aproxima a una recesión a menos de que algo suceda que le dé un nuevo impulso. El indicador líder compuesto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) cayó a 99.3 puntos en noviembre, su menor nivel desde octubre de 2012, y por debajo de su pico de 100.5 puntos alcanzado a finales de 2017.  Este indicador se ha venido debilitando de manera consistente durante el último año y ahora se dirige (de manera indiscutible) hacía una contracción de la actividad económica.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China, pone presión adicional al gigante asiático que se ha visto afectado al cambiar su modelo de crecimiento.

La inercia de crecimiento ha ido en declive por algún tiempo en Gran Bretaña, Canadá, Francia e Italia y se han presentado indicios de problemas en los Estados Unidos y Alemania durante el pasado noviembre. El dato de diciembre del indicador compuesto de la OCDE probablemente registrará una mayor caída cuando sea publicado el mes que entra, dada la debilidad ya revelada en los mercados de renta variable, así como en las encuestas empresariales.

Durante los últimos 50 años, prácticamente todas las veces en que el índice ha disminuido por debajo del umbral de 99.3, ha habido una recesión en los Estados Unidos (1970, 1974, 1980, 1981, 1990, 2001 y 2008). La única excepción fue cuando el índice se debilitó en 1998 y la economía estadounidense siguió creciendo, a pesar de una economía mundial debilitada después de la crisis financiera de los Tigres Asiáticos (mejor conocida como “Efecto Dragón”).

La mayoría de las economías, fuera de los Estados Unidos, mostraron señales claras de desaceleración económica en el cuarto trimestre de 2018. Inclusive en los Estados Unidos, el índice manufacturero de Supply Management correspondiente a diciembre, mostró su mayor desaceleración en su tasa de crecimiento desde las recesiones de 2008 y 2001.  Por su parte, los volúmenes mundiales de comercio han mostrado señales de desaceleración hacía finales de 2018, después de un robusto 2017.

Cabe señalar que los fletes aéreos a través del Aeropuerto Internacional de Hong Kong, el centro de carga aérea más importante del mundo y un proxy del dinamismo del comercio mundial, registraron  una disminución anualizada de 1.6% en el cuarto trimestre de 2018.

La mayoría de los economistas ahora pronostican un periodo de menor crecimiento en 2019 pero los responsables políticos han expresado su esperanza de un aterrizaje suave en lugar del inicio de una recesión. Los políticos casi siempre buscan con sus declaraciones lograr aterrizajes suaves, esforzándose en mantener la confianza de negocios y empresarios, pero hay buenas razones para ser escépticos respecto a este escenario.

La experiencia muestra que la economía está caracterizada por una cantidad relevante de mecanismos de retroalimentación positiva que amplifican los episodios expansivos, así como los baches. Las expansiones tienden a acelerar la inversión privada, el empleo, los ingresos, el gasto del consumidor y los precios de las acciones y todos ellos se refuerzan mutuamente.  Una vez que la economía comienza a perder impulso, todos estos elementos tienden a interactuar entre sí en la dirección opuesta, lo que intensifica la desaceleración.

Un aterrizaje suave aun es posible, pero un aterrizaje duro es más probable, a menos de que algo suceda que le dé un nuevo impulso al crecimiento económico global. En este sentido, si los políticos quieren evitar una recesión, tienen dos opciones principales: a. Recortar las tasas de interés en los Estados Unidos para soltar un poco las condiciones financieras, y b. Concluir un acuerdo comercial entre China y los Estados Unidos para relajar las tensiones comerciales e impulsar la confianza empresarial.

Pero a menos de que los políticos intervengan con alguna de estas dos alternativas, el impulso de la economía mundial continuará menguándose y dirigiéndose hacía una recesión.

Los mayores riesgos económicos del 2019

En el mismo sentido de lo hasta ahora expresado, de acuerdo con Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, este año existen importantes riesgos para la economía mundial. A continuación presento dos de ellos porque tendrían un impacto en la economía mexicana:

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El mundo ya no aguanta una mayor expansión exportadora por parte de China.

China. Una desaceleración económica significativa en China puede que ya esté en proceso de ocurrir. La guerra comercial del presidente Trump ha socavado la confianza, pero este es sólo un golpe más a una economía que ya se estaba desacelerando conforme transitaba de una estrategia de crecimiento guiada por las exportaciones a una dirigida por la inversión que lleve a un crecimiento sostenido del consumo interno. ¿Qué tanto se desacelerará la economía china? Esta es una pregunta abierta, pero dada la contradicción inherente entre un sistema político cada vez más centralizado y la necesidad de un sistema económico más descentralizado dirigido por el consumo, es previsible que la desaceleración económica de largo plazo sea muy significativa.

Desafortunadamente, la opción de evitar la transición y sólo continuar promoviendo las exportaciones y las inversiones en bienes raíces no es muy atractiva tampoco. China ya es el exportador mundial dominante, y ya no queda espacio de mercado ni tolerancia política que le permita continuar su expansión de exportaciones a los mismos niveles de crecimiento de antes. El mantener el crecimiento a través de la inversión es un reto aún más grande, particularmente en los bienes raíces residenciales que representa la mayor parte de la industria de la construcción de China. La presión hacía abajo en los precios, especialmente fuera de las ciudades más grandes, está provocando que sea cada vez más difícil el inducir a las familias a que inviertan una mayor parte de su riqueza en una vivienda.

Resulta obvio que cualquier recesión significativa en China le pegará al resto de Asia, y afectará de manera importante a los países exportadores de materias primas y commodities, que en su mayoría son países en desarrollo. Europa ya está sintiendo los efectos de esta situación, especialmente Alemania. Aunque los Estados Unidos son menos dependientes de China como destino para sus  exportaciones, el golpe que han sufrido sus mercados financieros (Dow Jones, NYSE, etc) y las exportaciones políticamente sensibles, especialmente de los estados que votaron por Donald Trump, podrían hacer que la desaceleración de China sea mucho más dolorosa de lo que los líderes estadounidenses quieren reconocer.

Alza en las tasas de interés de largo plazo. Un riesgo menos probable pero más severo en su impacto sería que después de varios años de una tendencia a la baja, las tasas de interés mundiales de instrumentos de largo plazo observaran una tendencia contraria y aumentarán significativamente. No se trata de un simple apretón monetario por parte del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) en 2019. Si, es verdad que tasas de interés más altas por parte de la FED sería problemático y trastocaría los flujos internacionales de capitales y tipos de cambio, pero esto tendría un efecto de corto plazo y se podría revertir con el tiempo. La verdadera preocupación es por el riesgo de un impacto en las tasas de interés de los bonos de muy largo plazo, las cuales están ahora en su nivel más bajo de la era moderna.

¿Qué podría generar que las tasas de interés de largo plazo aumenten? Un factor, por el lado benigno, sería un aumento en la productividad en sólo una parte de mundo. Un ejemplo sería que la Cuarta Revolución Industrial comenzará a impactar más rápido de lo que se anticipa, lo cual sería bueno para la economía en su conjunto, pero podría presionar ciertas regiones y grupos que se queden rezagados. Otro ejemplo menos benigno sería que ocurriera una caída pronunciada en el crecimiento económico en Asia que hiciera que esta región perdiera su superávit comercial para convertirlo en un déficit, presionando así las tasas de interés globales. Pero tal vez la causa más probable de mayores tasas de interés globales sea la expansión del populismo que está sucediendo en buena parte del mundo. En la medida en que los populistas echen abajo las políticas pro-globalización de las últimas décadas, sus acciones sembraran las semillas de la duda respecto a que tan “seguras” son las inversiones en la deuda pública de largo plazo de los países desarrollados. Esto podría elevar las primas de riesgo de las tasas de interés, y si los gobiernos son lentos en ajustarse, los déficits fiscales aumentarán, los mercados dudarán aún más de los gobiernos y se generaría un círculo vicioso.

La mayoría de los economistas están de acuerdo en que con las actuales tasas de interés de largo plazo, las economías desarrolladas pueden contratar más deuda pública de la que contratarían si las tasas fueran más altas; pero la noción de que las bajas tasas de interés implican un costo menor y tolerable es una tontería. Los altos niveles de deuda hacen que sea más difícil para los gobiernos el responder agresivamente a shocks, tales como una crisis financiera, una ciberguerra, una pandemia o una guerra comercial que se salga de proporción. La falta de capacidad para responder agresivamente a estos shocks aumenta sustancialmente el riesgo de largo plazo de estancamiento con inflación (estagflación), y es una explicación importante del porque muchos estudios serios han encontrado que los altos niveles de deuda están asociados a menores tasas de crecimiento en el largo plazo.

Si las políticas progresivas descansan demasiado en la deuda pública (en lugar de cobrar mayores impuestos a los que más tienen) para redistribuir el ingreso, es más fácil imaginar que los mercados tendrán dudas respecto a la posibilidad de que los gobiernos algún día puedan comenzar a repagar sus compromisos.

Desde luego que hay otros  riesgos para el crecimiento mundial, incluyendo el creciente caos político en los Estados Unidos, mayores complicaciones con el Brexit, los problemas de deuda de Italia y mayores tensiones geopolíticas.

Ante estos escenarios, con alta probabilidad de materializarse, es importante que el gobierno federal establezca un plan que disminuya nuestra dependencia de los mercados extranjeros, en especial del estadounidense. ¿Cómo se va a fortalecer el mercado interno? ¿Cuáles serán los apoyos para que las empresas aumenten su productividad? ¿Cómo vamos a tener una mano de obra mejor preparada y capacitada? ¿Cuál es el plan de política industrial que se implementará? Urgen las respuestas a estas preguntas porque el escenario global se deteriora de manera acelerada.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt