La lógica detrás de las amenazas de Donald Trump

U.S. President Trump participates in revitalization council meeting at the White House in Washington
Después de amenazar con cerrar la frontera con México, ahora Trump amenaza con cobrar aranceles a todas las importaciones originarias de México.

El jueves 30 de mayo, el presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a hacer algo que parece disfrutar y es el agarrar a México de “piñata” con el fin de armar un show para satisfacer a su base electoral que está cansada de la creciente inmigración. Como ya ha sido ampliamente comentado, Trump dijo que a partir del 10 de junio impondría un arancel del 5% a todos los bienes importados desde México a menos de que se detenga el flujo de inmigración ilegal a los Estados Unidos, lo que fue visto como un escalamiento de sus amenazas fronterizas que podría tener implicaciones bastante negativas para ambas economías, en especial para la mexicana.

La nueva amenaza de Trump es peculiar porque combina dos de sus temas favoritos: migración y comercio, y llega en un momento en que él ha tenido dificultades para lograr victorias en ambos temas, a menos de año y medio de las elecciones presidenciales en las que estará en juego su reelección.

La Casa Blanca planea imponer aranceles punitivos a las importaciones provenientes de México, comenzando con un 5% e incrementar dichos aranceles mensualmente hasta llegar al 25%, si el flujo migratorio no se detiene. Trump dijo que eliminaría los aranceles solo si toda la migración ilegal a través de la frontera cesaba, aunque otros funcionarios de la Casa Blanca han dicho que les bastaría si México toma “acciones mayores” en el tema. La gran duda para muchos es ¿cómo el elevar el costo de los productos mexicanos puede ayudar a reducir el flujo de migrantes? Lo lógico es que si los aranceles deterioran la economía mexicana, más mexicanos querrán emigrar para buscar un empleo en los Estados Unidos.

De concretarse, es de esperarse que las consecuencias económicas del nuevo plan de Trump se comiencen a sentir rápidamente y que éstas sean severas. En teoría, los aranceles son pagados por las empresas que importan los productos, por lo que las empresas estadounidenses pagarían los aranceles y posteriormente podrían pasarle algunos de estos costos adicionales a los consumidores. Sin embargo, eso es en teoría, pero en la práctica podríamos ver casos en los que el exportador mexicano tenga que absorber el costo del arancel en áreas de mantener el cliente (esto básicamente depende de la elasticidad-precio de la demanda de cada producto importado).  En otras palabras, es probable que Estados Unidos nos siga comprando aguacates, pero es difícil saber si nos seguirán comprando zapatos. México le exportó 346.5 miles de millones de dólares (mmdd) a los Estados Unidos en 2018, cifra equivalente al 28% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB).

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Las importaciones del sector automotriz podrían verse fuertemente afectadas.

Dado lo anterior, no se han hecho esperar las críticas a esta amenaza en ambos lados de la frontera. Nadie puede negar que los flujos masivos de migrantes centroamericanos hacía los Estados Unidos son un problema real; pero la amenaza repentina del presidente Trump es injusta y claramente inapropiada. No solo le atribuye la totalidad de la culpa del flujo migratorio a México, sino que toma de rehén a la débil economía mexicana, además de que encarecerá los productos para los consumidores estadounidenses. Todo debido a una disputa que no tiene absolutamente nada que ver con el comercio internacional.

Por su parte, el presidente Trump socavó la buena voluntad que recientemente se había alcanzado cuando se eliminaron los aranceles al acero y aluminio mexicanos, lo cual se había hecho para promover la ratificación del T-MEC. Ahora las expectativas de que dicho acuerdo pueda ser aprobado por el Congreso estadounidense se han desplomado y Donald Trump le ha vuelto a mostrar al mundo porque es tan difícil, para cualquier contraparte nacional o extranjera, construir con él.

De acuerdo con un artículo editorial publicado por el diario Washington Post, si el presidente Trump en realidad lleva a cabo su ultimátum, tan sólo por frutas y verduras, el consumidor estadounidense comenzará a pagar por los nuevos aranceles unos cuantos cientos de millones de dólares hasta llegar a unos 3 mil millones de dólares en octubre, en caso de que México no haya satisfecho las demandas de Trump para entonces.  Si se toma en consideración que en 2018 la totalidad de importaciones originarias de México sumaron 346.5 mil millones de dólares, entonces el costo máximo para el consumidor estadounidense sería de unos 87 mil millones de dólares, suponiendo que no hubiese sustitución de importaciones desde otros países, algo que resulta impensable. Queda claro que Trump no está pensando en términos de costo-beneficio, sino en términos de causar caos en su vecino del sur argumentando “una emergencia y amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y economía de los Estados Unidos”.

En cuanto a la legitimidad de la medida, funcionarios de la Casa Blanca creen que Trump tiene la facultad, en base a una ley de 1977, de imponer aranceles en todas las importaciones de ciertos países si cita una “emergencia nacional”. Y hace varios meses, Trump declaró una emergencia nacional a lo largo de la frontera con México debido a un incremento de migrantes cruzando hacía los Estados Unidos.  Pero la ley de 1977 nunca se ha utilizado para imponer aranceles de esta manera, y las nuevas acciones de Trump podrían enfrentar retos legales importantes por la diversidad de compañías transnacionales que resultarían afectadas.

En otro editorial de Jeff Spross, publicado en el portal The Week, el autor nos recuerda que Donald Trump se hace llamar “hombre aranceles”, pero la realidad es que él no entiende para que sirve y como funciona su herramienta favorita para torcerle el brazo a sus adversarios internacionales. Trump lanzó sus amenazas contra México, pero no para contrarrestar malas prácticas comerciales por parte de su vecino del sur, sino para detener el flujo de migrantes indocumentados, lo cual carece de lógica.

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El Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, se reunirá el miércoles 5 con funcionarios estadounidenses en Washington.

Los críticos de Trump insisten en que cuando un país “A” le impone aranceles a otro país “B”, no es “B” o sus empresas las que pagan los aranceles. Son los consumidores y empresas del país “A” las que acaban pagando los aranceles, por eso consideran que lo que hace Trump es castigar a los consumidores estadounidenses. En teoría, la idea de imponer aranceles es para equiparar los precios de los productos entre ambos países con el fin de conservar producción y empleos. Bajo este tenor, es lógico pensar que en el mediano y largo plazos las empresas mexicanas perderán ventas en los Estados Unidos, y las deberán reemplazar con exportaciones a otros países para evitar ”sufrir alguna forma de dolor económico”, como quiere Trump.

Los aranceles propuestos por Trump causarán una gran disrupción en la industria automotriz, ya que las cadenas de suministro para los fabricantes automotrices descansan en una red compleja en la que los productos van y vienen entre los dos países hasta ocho veces. Entonces la imposición de los aranceles podría provocar que algunos procesos manufactureros intermedios dejen de realizarse en México y se muden a los Estados Unidos o Canadá.

El editorial de Jeff Spross menciona que es verdad que hay casos en los que se han utilizado aranceles punitivos para incidir en las políticas de otros países.  Pero si está es la ruta que se va a tomar, pues al menos Estados Unidos debería asegurarse de que México pueda cumplir con sus exigencias. En este caso es difícil ver qué más podría hacer México para agradar a la Administración Trump. En el primer trimestre de este año, México arrestó a 31 mil personas y deportó a otras 22 mil. El país enfrenta un gran problema de corrupción, por lo que la aplicación de la ley se hace aún más difícil. Como ya se mencionó, mucha de la migración que Trump quiere frenar no viene de México, sino que proviene de Centroamérica, con miles de migrantes que huyen de la crisis económica, problemas políticos, violencia, entre otras cosas sobre las que el gobierno mexicano no puede hacer mucho. Y si los nuevos aranceles de Trump logran infligir suficiente “dolor económico” a las empresas mexicanas, ¿Quién llevará la mayor carga de eso? Desde luego que muchos de los trabajadores que pierdan su empleo decidirán migrar hacía el norte, provocando que la migración que Trump quiere controlar sea aun más difícil de atenuar.

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Las probabilidades de que se apruebe el T-MEC han disminuido sustancialmente después de la amenaza de aranceles por parte de Trump.

Además, la administración Trump no le dio a México ningún objetivo en términos cuantitativos que el gobierno deba lograr para evitar los aranceles. Esto desde luego que implica que los Estados Unidos nos pueden hacer dejar los aranceles que quieran durante el tiempo que quieran, y nosotros no tendremos elementos para decir “ya cumplimos, quita los aranceles”.

Desde luego que todo esto echa a la basura los esfuerzos por aprobar pronto el T-MEC. Es imposible pensar que los políticos mexicanos y estadounidenses, en sus respectivas esferas, se pongan de acuerdo ahora, cuando la amenaza de nuevos y crecientes aranceles está en el aire. Es así que el presidente Trump ha convertido su mayor iniciativa comercial en algo que el día de hoy es impasable en el Congreso estadounidense.

Pero tal vez ese era el punto. Era poco probable que los legisladores demócratas aprobaran el T-MEC sin realizar revisiones significativas en temas ambientales, laborales y de propiedad intelectual; los cuales posteriormente serían rechazadas por los republicanos. Al castigar y enfurecer a políticos y empresarios mexicanos, Trump podría forzar a México a retirarse del acuerdo antes de que los políticos estadounidenses lo maten. Entonces Trump podría culpar a México de hundir el T-MEC, mientras que su amenaza de poner aranceles por el tema migratorio tendrá a su base política muy contenta. En otras palabras, tal vez Trump no desea que los aranceles contra México entren en vigor y sólo necesita una distracción y una salida.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El primer nubarrón internacional para AMLO: la aprobación del T-MEC

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El T-MEC fue firmado el 30 de noviembre en Buenos Aires, Argentina.

Más allá de la estructuración y presentación ante el Congreso de la Unión del Paquete Económico 2019, uno de los primeros retos que habrá de afrontar el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en materia económica es el de la volatilidad financiera que seguramente se dará durante el proceso de aprobación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC o USMCA por sus siglas en inglés) en el Congreso de los Estados Unidos. Y es que después de la firma de este nuevo tratado, el pasado viernes 30 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, ahora viene el complicado proceso político para su aprobación legislativa en las tres naciones.

Mientras que en México el proceso de aprobación es relativamente sencillo, en los Estados Unidos el proceso es mucho más complejo. De acuerdo al Artículo 76 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los tratados internacionales deben ser aprobados por el Senado de la República y dicha aprobación debe hacerse por mayoría absoluta. Esto implica que se requieren 65 votos de los 128 legisladores que conforman dicha cámara. En este sentido, no se prevén complicaciones para lograr una aprobación en el Senado mexicano dado que Jesus Seade del equipo de transición de AMLO participó en la fase final de la negociación del nuevo tratado. Cabe señalar que el movimiento “Juntos Haremos Historia”, que llevó a López Obrador al poder, cuenta con 69 senadores, cantidad suficiente para aprobar el T-MEC sin necesidad de sumar a ningún otro partido político.

Como lo señalé en el párrafo anterior, el proceso de aprobación en los Estados Unidos es mucho más complicado, ya que en dicho país se requiere la aprobación por parte de sus dos cámaras legislativas: el Senado y la Cámara de Representantes. Hay que recordar que el pasado 6 de noviembre, dicho país celebró “elecciones intermedias” en las que se renovaron 35 escaños del Senado y la totalidad de los 435 asientos de la Cámara de representantes.  Después de dicha elección vemos que en cuanto a la aprobación en el Senado, no se prevén mayores problemas dado que el Partido Republicano (el partido de Donald Trump) mantuvo la mayoría con 53 de 100 asientos. En cuanto a la Cámara de Representantes, ahí si pueden complicarse las cosas para Trump dado que su partido perdió la mayoría de la que gozaba y ahora solo tiene 200 de los 435 asientos que la conforman, siendo entonces el Partido Demócrata quien ostenta la mayoría.

El hecho de no contar con mayoría del Partido Republicano en la Cámara de Representantes probablemente le complicará mucho a Trump la aprobación del T-MEC. Es de esperarse que los legisladores del Partido Demócrata no le darán a Donald Trump “una victoria” fácil que pueda ir a presumir a su base como una promesa de campaña cumplida. En este sentido, desde mediados de noviembre hemos visto notas periodísticas en las que se señala que los Demócratas en el nuevo Congreso (que entra en funciones este 3 de enero) han dejado en claro que no aceptan la forma como quedó redactado el T-MEC y que desean estándares laborales más estrictos, además de que realmente sean exigibles en cuanto a su cumplimiento por parte de México.

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El T-MEC aún debe ser aprobado por los cuerpos legislativos de los tres países que lo conforman. El proceso será complicado en EE.UU. 

El Representante del Partido Demócrata, Richard Neal, quien probablemente encabezará el Comité de Medios y Arbitrios en la Cámara de Representantes, ha dicho “necesitamos evaluar si este acuerdo (el T-MEC) realmente implica mejoras reales respecto al TLCAN existente…especialmente en lo que respecta al cumplimiento de las disposiciones del acuerdo, incluyendo las disposiciones que siempre han sido críticas para el apoyo Demócrata – aquellas que proveen las protecciones para los derechos de los trabajadores y en materia ambiental.”

Más preocupante aún resultan las declaraciones de la poderosa senadora Demócrata por Massachusetts, Elizabeth Warren, que es considerada una posible contendiente para la elección presidencial del 2020. El pasado 29 de noviembre durante un discurso criticó el T-MEC al señalar que en la forma como está escrito “El acuerdo de Trump no detendrá el serio y constante daño que el TLCAN le causa a los trabajadores estadounidenses.  No detendrá el outsourcing, no aumentará los sueldos y no creará empleos. Es el TLCAN 2.0”. Warren mencionó algunos de los puntos que históricamente le han preocupado a los Demócratas: estándares laborales, estándares ambientales más bajos y las reglas que protegen las patentes de las compañías farmacéuticas. “Las nuevas reglas harán más difícil el bajar los precios de algunos medicamentos para los adultos mayores y para cualquiera que requiera acceso a medicinas que pueden salvar su vida”, agregó Warren.

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Elizabeth Warren, una mujer muy poderosa en el Senado, quiere cambios al T-MEC antes de aprobarlo. 

Pero no sólo los algunos Demócratas se oponen, también hay críticos en el Partido Republicano, como es el caso del Senador Pat Toomey de Pensilvania. Este Senador expresó sus objeciones al T-MEC, que incluyen la manera como quedó redactada la cláusula “sunset” que requiere que el acuerdo sea revisado cada 6 años y renovado cada 16, reglas de origen con requerimientos de salarios mínimos y una protección a inversionistas mucho más débil. Además es muy crítico de que los aranceles al acero y al aluminio no fueron removidos del nuevo acuerdo. “Será un gran ´no´ en su forma actual, dijo Toomey.  Por su parte, el Senador Marco Rubio de Florida, también ha manifestado su insatisfacción con el T-MEC al señalar que es un mal acuerdo para los productores agrícolas estacionales porque “le permitirá a México continuar con sus prácticas injustas que literalmente sacarán del negocio a los productores de Florida.”

En este contexto es que, después de la firma del T-MEC en Argentina por parte de los líderes de los tres países que lo conforman, el presidente Donald Trump dijo a bordo del Airforce One que tiene la intención de notificarle al Congreso de su país que planea dar por terminado el TLCAN para de esa manera presionar a los legisladores a que aprueben el T-MEC. De materializarse esta notificación de denuncia del TLCAN entonces el Congreso de los Estados Unidos tendría un periodo de 6 meses para aprobar el T-MEC tal como está o de lo contrario, nos quedamos sin libre comercio en Norteamérica.

Esta amenaza y chantaje por parte de Trump no cae nada bien en el ánimo del Congreso estadounidense por lo que el escenario de aprobación del T-MEC en Estados Unidos se ha complicado innecesariamente, ya que mientras no se aprobara el nuevo tratado el comercio en Norteamérica seguiría siendo regido por el tratado actual. Es decir, no había prisa por aprobarlo ya que no estaban amenazados los flujos comerciales. Es así que ahora hay que esperar y ver si efectivamente Trump cumple con su amenaza de denunciar el TLCAN, pero también debemos prepararnos para posibles reacciones fuertes en el mercado cambiario en México en caso de que se cumpla la amenaza.

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Como forma para presionar a su Congreso, Trump amenaza con denunciar el T-MEC.

Si Trump presenta la denuncia del TLCAN y los Demócratas por consigna le dicen “No al T-MEC”, entonces hay que prepararnos para probablemente ver el dólar en niveles de 22 o 23 pesos. De materializarse este escenario las cosas se complican en México para el arranque del sexenio de López Obrador, ya que con un dólar en eses niveles se complicará la lucha contra la inflación; la tasa de interés objetivo del Banxico seguirá aumentando en perjuicio de familias, empresas y del propio gobierno; el costo financiero de la deuda se elevará dejando menos recursos en el Presupuesto de Egresos para lo realmente importante; entre otras cosas.

Considero que esta es la mayor amenaza externa para la estabilidad macroeconómica de México; y por lo tanto el equipo económico de López Obrador debe estar trabajando ya en un plan de contención para evitar la denuncia del TLCAN por parte de Trump y para calmar los mercados en caso de que ésta se materialice. Se aproximan tiempos por demás complicados en demasiados frentes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General de GAEAP¨

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Perspectivas para México y la economía mundial en 2019

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La economía mexicana enfrentará importantes retos en 2019, y un contexto internacional adverso

A partir del 1 de diciembre, el nuevo gobierno federal tendrá que darse a la tarea de atender varios problemas económicos relevantes, así como de restaurar la confianza de amplios sectores empresariales y de consumidores que no saben qué acciones de política económica llevará a cabo la administración de Andrés Manuel López Obrador. Esto último aparentemente ya ha comenzado a afectar las decisiones de inversión productiva y de consumo, ya veremos cómo salen los índices de confianza del consumidor y confianza empresarial del mes de noviembre.

Esto se da en un contexto internacional complicado, ya que como veremos más adelante, 3 de las 4 principales economías del mundo enfrentan caídas o desaceleración en su tasa de crecimiento. Esto es importante porque si ocurre una disminución considerable en la tasa de crecimiento de Estados Unidos, entonces uno de nuestros principales motores de crecimiento económico se verá afectado: las exportaciones.

Antes de explicar lo que sucede con las economías de Alemania, Japón y China, vale la pena hacer un breve recuento de algunas de los retos que enfrentará el nuevo gobierno federal en materia económica:

  1. Mayor presión para las finanzas públicas derivadas de un incremento sustancial en el costo financiero de la deuda pública (interna y externa). Esto es producto del alza en el tipo de cambio y de las tasas de interés. Un tipo de cambio en 20.30 pesos por dólar, y CETES a 28 días en torno al 8.0% implican que el año que viene el costo financiero de la deuda en la práctica superará los 750 mil millones de pesos. Con esta cifra, queda claro que una de las herencias más perversas que le deja el gobierno de Enrique Peña Nieto al de Andrés Manuel López Obrador, es la situación de las finanzas públicas. Peña Nieto endeudó al país de una manera irresponsable y muestra de ello es que en lo que va de su mandato la deuda del sector público pasó de 5.35 a 10.31 billones de pesos (al mes de septiembre de 2018).
  2. Otro tema que preocupa es una posible disminución en la inversión productiva, derivada del alza en las tasas de interés, y por la incertidumbre o riesgo de que el próximo gobierno decida suspender la reforma energética. El alza en la tasa de interés en 5 puntos porcentuales en el periodo de los últimos tres años ha afectado negativamente a diversos sectores como el inmobiliario y el de venta de automóviles. Además, en el periodo de enero a agosto de 2018, se aprecia un estancamiento del sector construcción con un alza anualizada de apenas 0.5%, mientras que la inversión en maquinaria nacional presenta una disminución anualizada de -0.5%. En cuanto a la reforma energética, se debe destacar que bajo las reglas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), los inversionistas estadounidenses y canadienses que se vean afectados por una cancelación de la reforma energética pueden demandar al gobierno mexicano, por lo que se ve poco probable una cancelación; sin embargo, si existe un elevado riesgo de que la reforma citada se suspenda y que ya no veamos más licitaciones en el periodo de 2019 a 2024.
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    Fitch Ratings ha puesto la calificación de la deuda soberana de México con perspectiva negativa.

    En el tema de la calificación de la deuda soberana, pues ya tanto Fitch Ratings como HR Ratings nos la pusieron con perspectiva “negativa” después de haberla tenido en “estable”. Sin embargo, la prueba de fuego para la calificación de la deuda mexicana será la presentación del Paquete Económico 2019, ya que en esos documentos (Criterios Generales de Política Económica, Presupuesto de Egresos y Ley de Ingresos) veremos cuanto y en qué pretenderán gastar, si habrá impuestos nuevos, cuanto se destinará para el pago de intereses para deuda interna y externa, si los supuestos en los que se basan los ingresos son reales, entre muchas otras cosas más. Los mercados analizarán con lupa el Paquete Económico 2019, y el día de su presentación ante el Legislativo es un día en el que podríamos ver un movimiento relevante en el tipo de cambio.

  4. Otro tema que preocupa es el proceso de ratificación del T-MEC en el Congreso de los Estados Unidos. En la semana que concluye ya escuchamos a legisladores del envalentonado Partido Demócrata insinuando que solicitarán modificaciones al texto del tratado. “Ciertamente hay algunas mejoras en el USMCA (T-MEC) con respecto al previo TLCAN, pero aún no hay nada definido sobre si este acuerdo cumple con mi estándar para un acuerdo mejor para los trabajadores estadounidenses”, dijo el representante de Nueva Jersey, Bill Pascrell, actualmente el demócrata de más alto nivel de comercio del Subcomité de Medios y Arbitrios. Veremos si la negativa del Partido Demócrata a aprobar el T-MEC no se traduce en la denuncia del presidente Donald Trump de que se retiran del TLCAN, y con ello veamos al tipo de cambio mexicano presionarse de manera importante. No debemos olvidar que el tema tipo de cambio es muy relevante, y que si este no se estabiliza seguiremos viendo alzas en diversos insumos para la producción y en los bienes de consumo final, lo que representa más apretones en la política monetaria del Banco de México.
  5. Incidencia de Andrés Manuel López Obrador en la política monetaria. Desde que el Banxico obtuvo su autonomía, AMLO será el primer presidente de México que tendrá la oportunidad de proponer durante su mandato a tres Subgobernadores del banco central. Si bien esto no ocurrirá en el 2019, si podríamos presenciar en los próximos años a un banco central más preocupado por coadyuvar para que haya un mayor crecimiento de la producción y del empleo, y no tan preocupado en cumplir su mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda. ¿Es esto algo positivo? Creo que sí porque tendríamos un banco central moderno con objetivos similares a los que tiene el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos; sin embargo, hay que ver cómo reaccionan los mercados cuando se hagan las propuestas de quienes serán los subgobernadores (hasta ahora solo sabemos de Jonathan Heath, quien me parece una magnífica elección) y cuidar que quienes sean propuestos sean personas de una reconocidísima trayectoria y profesionalismo.

Como lo mencioné al principio de esta entrega, tenemos que el gobierno de López Obrador enfrentará los retos en materia económica antes mencionados, y muchos otros más, en un contexto internacional de desaceleración en su tasa de crecimiento.

De acuerdo con información publicada la semana que recién terminó, la desaceleración económica mundial es una realidad y ésta probablemente golpeará a los Estados Unidos en 2019. Esto porque las economías de Alemania y Japón reportaron una caída de su respectivo PIB en el tercer trimestre de este año, la primera de -0.2%, mientras que la segun

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La economía de Estados Unidos creció 4.2% en el segundo trimestre y 3.5% en el segundo, pero hay elevadas probabilidades de que se desacelere en el 2019.

da de -1.2%. Esto contrasta con el crecimiento de 3.5% anualizado reportado por los Estados Unidos durante el mismo periodo. Por su parte, en China, hay diversas señales de una profundización en su malestar económico, ya que su crecimiento fue de 6.5%, la tasa más baja desde la crisis financiera mundial. Es así que tres de las cuatro mayores economías del mundo están en problemas.

El tema de la posible desaceleración económica de Estados Unidos es muy relevante porque nuestras exportaciones a dicho mercado equivalen al 27.5% de nuestro PIB, y obviamente no es coincidencia que nuestras exportaciones con destino a nuestro vecino del norte hayan aumentado a una tasa superior al 10% en el tercer trimestre del año, y al mismo tiempo hayamos visto una economía estadounidense extremadamente fuerte en el segundo y tercer trimestres de este año.

Estados Unidos, con su creciente déficit fiscal y sus guerras comerciales, enfrentará gigantescos retos en el 2019, por lo que es incierto el desempeño que vaya a tener el comercio exterior mexicano. ¿Cuál será entonces la estrategia para lograr una economía dinámica que genere los puestos de trabajo bien remunerado que se requieren? Hemos visto que el crecimiento del mercado interno en México se ha dado porque cada vez hay más gente trabajando, y no porque haya habido una recuperación de los ingresos promedio de la población ocupada. Ojala que el próximo gobierno federal no se vea tentado a aumentar el gasto público de manera desproporcionada como detonante del crecimiento, habrá que esperar.

Mientras tanto, en GAEAP ya hemos ajustado a la baja nuestra proyección de crecimiento del PIB mexicano en 2019 a un 1.9%, cifra que implica una tasa de crecimiento 0.3 puntos porcentuales por debajo de la que estimamos para el 2018.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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Lo que el T-MEC significa para China

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El 30 de noviembre se firmará el T-MEC

Después de 13 meses de negociaciones, México, Estados Unidos y Canadá finalmente llegaron a un nuevo acuerdo comercial trilateral. Lo lograron antes de la fecha límite autoimpuesta por la administración del presidente Donald Trump del 30 de septiembre.

El nuevo acuerdo, que actualiza al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue denominado en español como T-MEC (Tratado México, Estados Unidos, Canadá) o bien USMCA por sus siglas en inglés (United States-México-Canadá Agreement). Llama la atención que el nuevo tratado no contiene las palabras “libre comercio”, y se debe destacar que incorpora concesiones clave hacía el proteccionismo estadounidense, fortalece la posición de nuestro vecino del norte en su guerra comercial con China, y que en general, no promueve más el libre comercio en comparación con el TLCAN.

Los detalles del tratado han sido acordados por los negociadores y los legisladores de cada país aún deben aprobar el acuerdo, algo que se espera ocurra hasta el año 2019. Cabe señalar que aunque el T-MEC sea aprobado por los legislativos de cada uno de los tres países, la mayoría de las provisiones del nuevo acuerdo no entrarán en vigor sino hasta el 2020.

¿En qué difiere el T-MEC respecto al TLCAN?

La respuesta corta es que no en mucho. La renegociación del TLCAN fue una promesa de campaña clave del presidente Donald Trump, y el nuevo acuerdo es en su mayoría una mezcla del viejo TLCAN y el fallido Tratado Transpacífico (TPP), del cual Trump se retiró en enero de 2017, tras asumir la presidencia de su país.

Sin embargo, algunos pocos cambios introducidos en el T-MEC tienen grandes implicaciones para el sector automotriz, además de disposiciones que afectan el mercado agrícola, la regulación ambiental, la propiedad intelectual (IP), y el comercio digital. Importante también es la manera en la que el T-MEC apoya los intereses comerciales y económicos estadounidenses, como veremos en esta entrega.

A continuación expondré algunas de las nuevas disposiciones del T-MEC que podrían afectar a otras naciones, en especial a China.

El poder de veto de Estados Unidos tiene a China como objetivo

Muchos observadores han destacado la inclusión del Artículo 32.10 en el T-MEC, el cual establece las consecuencias de negociar un tratado de libre comercio con una “economía que nos sea de mercado”, concepto que para muchos se refiere a China.

Lo que el texto del artículo señala es que si México o Canadá quieren negociar un tratado de libre comercio con China, éstos deben informar a los Estados Unidos con tres meses de anticipación antes de iniciar la negociación. En caso de que se firme un tratado de libre comercio bilateral con China, cualquiera de los tres países que conforman el T-MEC podría retirarse del tratado sólo avisando con seis meses de anticipación.

Para muchos, lo que significa la cláusula “somos nosotros o son ellos” es más simbólica que sustantiva, ya que el Artículo 2205 del anterior TLCAN ya permitía que cualquiera de sus miembros se retirara del acuerdo avisando a las otras partes con seis meses de anticipación; y de manera similar, el T-MEC en su Artículo 34.6 también permite que cualquiera de los países miembros se retiren del tratado avisando con seis meses de anticipación y sin tener que dar ninguna justificación.

Más aun, ni México ni Canadá están siquiera cerca de firmar un tratado de libre comercio con China.  Canadá ha llegado a explorar la posibilidad de firmar un TLC con China, pero la realidad es que ambos países comparten muchas de las lamentaciones que tiene Estados Unidos sobre su relación con China. Por su parte, México busca fortalecer su posición de potencia manufacturera y hace lo posible para ser considerada una alternativa respecto a China, no tendría sentido un TLC México-China.

El T-MEC endurece las reglas de origen e introduce una nueva regla de salario mínimo

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El T-MEC endurece reglas de origen para el sector automotriz. Se piensa que éstas disminuirán la competitividad del sector en la región.

El T-MEC tiene importantes cambios en el sector automotriz. Bajo el nuevo acuerdo, los carros y las camionetas deben tener el 75% de su valor de contenido regional de México, Estados Unidos y/o Canadá para obtener la preferencia de cero arancel. Con el TLCAN dicho porcentaje era del 62.5%.

Esto implica que los fabricantes automotrices que venden a los consumidores de Norteamérica que dejen de abastecerse de algunas partes e insumos de algunos mercados más baratos de Asia, incluidas China, Vietnam y la India. Esto para muchos es un contrasentido porque entonces en aras de aprovechar los beneficios arancelarios, se tendrá una proveeduría más cara y se elevarán los costos finales de mercado.

Más aún, se ha establecido una regla de salario mínimo para el sector automotriz por primera vez. El T-MEC exige que entre el 40 y el 45% de las manufacturas del auto sean producidas por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora para el año 2023. Y de manera similar a lo que indicaba el TPP, el T-MEC permitirá a cada país sancionar a los demás por violaciones laborales que impacten el comercio, aunque el proceso es bastante complejo.

No obstante el optimismo de muchos por esta nueva regla, para algunos más realistas, las reglas de origen y de salario desincentivarán la inversión y la producción en México (o China y Vietnam), donde los sueldos más bajos y la manufactura barata han, ante los ojos de Donald Trump, resultado en pérdida de empleos estadounidenses y cierre de plantas. Esto es algo que Trump espera terminar con el nuevo tratado.

Al mismo tiempo, tales estándares salariales más altos y limitantes al abastecimiento de proveeduría, harán que los carros de Norteamérica sean menos competitivos en los mercados internacionales. Una producción más costosa resultará en precios más altos para los carros y los camiones. Esto podría reducir sus exportaciones al resto del mundo en la medida en que los fabricantes de automóviles en Asia y Europa no están sujetos a las reglas de origen del T-MEC.

Si tal escenario se materializara, para los fabricantes de automóviles extranjeros no sería difícil diversificar sus inversiones en mercados fuera de Norteamérica. Por ejemplo, China es todavía el mercado automotriz más grande del mundo, a pesar de una reciente desaceleración en las ventas. De hecho los analistas de mercado destacan a China por sus mayores estándares de consumo, un mayor interés por la adquisición de autos eléctricos, y gusto por las marcas japonesas y las alemanas de lujo.

Protección a la propiedad intelectual y comercio digital

El T-MEC extiende el término de la protección a la propiedad intelectual de 50 años después de la vida del autor a 70 años después de la vida del autor.

En el sector farmacéutico, el nuevo tratado aumenta la protección para los medicamentos biológicos de 8 a 10 años, lo que protegerá a las nuevas medicinas de la competencia de los fabricantes de genéricos más baratos.

Finalmente, el T-MEC incorpora nuevas disposiciones en materia de economía digital, lo que representa un avance considerable respecto al viejo TLCAN. Se establece que no se podrán cobrar aranceles a los productos comprados electrónicamente, tales como descargas de música o libros electrónicos, y protege a las compañías de internet de manera de que no serán responsables por el contenido producido por usuarios en sus plataformas.

Protección para el gobierno de las demandas de inversionistas

El Capítulo 11 del TLCAN permite a los inversionistas demandar a los gobiernos por los cambios en las políticas que pudieran afectar negativamente sus ganancias futuras. Esto ha sido eliminado para los Estados Unidos y Canadá; en México quedo restringido a unos cuantos sectores, tales como el energético, algo que se percibe como un blindaje para que el próximo gobierno federal no vaya a dar marcha atrás a la reforma energética.

Los aranceles al acero y al aluminio continuarán

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A pesar del acuerdo en el T-MEC, Estados Unidos conserva aranceles al acero y aluminio de México y Canadá

La Sección 232 de los Estados Unidos es una laguna legal que la administración Trump ha utilizado para la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio, incluido para sus socios y aliados:  México, Canadá, la Unión Europea, entre otros. Esta laguna legal continuará en el T-MEC.

La Sección 232 básicamente permite que los Estados Unidos bloqueen la importación de insumos o materiales que sean críticos para la seguridad nacional para asegurarse que el país tenga sus propias fuentes de abastecimiento seguras para el caso de una guerra. Dada esa lógica, la imposición de aranceles no tiene sentido ya que los Estados Unidos obtiene mucho de su acero de sus aliados.

Lo que hace la cláusula es darle peso legal a la habilidad de la administración Trump de imponer tales aranceles proteccionistas a sus industrias nacionales.

Introducción de cláusula de extinción (sunset)

El T-MEC contiene una “cláusula de extinción” en la que se señala que los términos del tratado expiran de manera automática a los 16 años a menos de que sea explícitamente extendido por los tres países miembros. Los Estados Unidos inicialmente querían que la extinción ocurriera a los cinco años.

Adicionalmente, el acuerdo será revisado cada seis años, momento en el que México, Estados Unidos y Canadá pueden decidir extender el T-MEC.

El T-MEC aún debe ser aprobado

El T-MEC debe ser primero firmado, lo cual ocurrirá el 30 de noviembre, para posteriormente ser ratificado por los legislativos de los tres países. Si alguno de los legislativos de los países quiere que se le hagan modificaciones al texto negociado como condición para aprobarlo (por ejemplo en materia laboral o ambiental), esto alargaría la entrada en vigor del nuevo tratado y podría provocar una nueva ronda de amenazas de Donald Trump respecto a abandonar el TLCAN, que al día de hoy sigue estando vigente. Este noviembre hay elecciones en los Estados Unidos y si el partido Republicano pierde el control de la Cámara de Representantes, las cosas se podrían complicar bastante para la aprobación del T-MEC en dicha nación, los Demócratas no querrán darle una victoria fácil a quien ven como el rival a vencer en el año 2020.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt