La muerte causada por la utopía comunista

En este convulsionado momento de la historia, en el que existe el riesgo permanente de que la China comunista invada a Taiwán a un costo incalculable para el mundo, en el que Rusia invadió Ucrania por las locuras de su presidente que sueña con regresar a los años de gloria de la Unión Soviética, en el que Corea del Norte sigue haciendo pruebas con misiles que pueden llevar ojivas nucleares fácilmente a Japón y posiblemente hasta Alaska, en el que China pretende construir una base de espionaje civil y militar en Cuba, en el que el narco gobierno de Nicolas Maduro sigue afianzado en Venezuela, en el que el pueblo cubano sigue en la miseria y en opresión, creo que es pertinente recordar de qué se trata la basura comunista y toda la muerte que genera. En México sigue habiendo gente que cree en la utopía comunista y que quiere que ese sistema de odio se enraíce en nuestro país. Me imagino que muchos de ellos son personas que quieren destruir las libertades para implementar un sistema que a ellos en lo individual les garantice la riqueza a costa de empobrecer a todos los demás. Es por ello que se dice que el peor error de un comunista es estar fuera del gobierno.

El 22 de diciembre de 2019 publiqué en mi blog de economex.blog un artículo editorial titulado En contra de quienes quieren la basura Marxista en México”, y en él hago una relatoría de los enormes costos sociales y económicos que el comunismo ha causado en todas aquellas naciones en las que se ha pretendido implementar. Menciono sus incongruencias, la falta de incentivos económicos, y cómo sus líderes políticos se convierten en tiranos que abusan del pueblo que los llevó al poder, entre otras tantas características nefastas de dicho sistema económico.  

El profesor de la Universidad George Mason, Bryan Caplan en su artículo sobre el comunismo para la Concise Encyclopedia of Economics, señala que “comunismo” y “socialismo” eran básicamente sinónimos hasta la revolución bolchevique en Rusia. Después de eso, el “comunismo” se asoció más estrechamente con la filosofía revolucionaria de Vladimir Lenin. Los dos términos se pueden usar indistintamente y básicamente significan “una economía centralmente planificada en la que el gobierno controla los medios de producción”. En el Manifiesto Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels escriben que “la teoría de los comunistas se puede resumir en una sola oración: abolición de la propiedad privada”.  

Partiendo de lo anterior y como ya lo señalé, en esta entrega quiero profundizar la crítica al comunismo, pero ahora abordando con mayor detalle los enormes costos humanos impuestos a través de los genocidios comunistas que se dieron a lo largo del Siglo XX y que le quitaron la vida a más de 100 millones de personas.

En el libro “Genocide: A world history” de Norman M. Naimark, en el capítulo dedicado a los “Genocidios comunistas” se menciona que la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Genocidio de 1948, el documento legal fundacional que define el genocidio, limitó las categorías de sus víctimas a grupos nacionales, étnicos, religiosos o raciales. Los intentos de incluir grupos sociales y políticos en la convención fracasaron en gran parte debido a la oposición de la delegación Soviética ante las Naciones Unidas, que temía que su represión de grupos sociales y políticos en el país pudiera considerarse genocida. Desde entonces, ha sido difícil pensar en el genocidio como un crimen contra un grupo social o político o, en su caso, de otros grupos identificables de connacionales como, por ejemplo, homosexuales o discapacitados en el caso de los nazis.

Sólo un ignorante retrograda puede negar que el comunismo, el marxismo-leninismo y sus variantes, significa en la práctica terrorismo sangriento, purgas mortales, gulags letales y trabajos forzados, deportaciones fatales, hambrunas provocadas por el hombre, ejecuciones extrajudiciales y juicios espectáculo, y genocidio. También es ampliamente conocido que, como resultado, millones de personas inocentes han sido asesinadas a sangre fría con el pretexto de esta ideología.

Es una cuestión de suma importancia a la luz del angustioso hábito de nuestra especie de matarse unos a otros. Las muertes generadas es uno de los puntos en los que el fracaso del comunismo es  más visible. Diversos libros dan cuenta de que los experimentos con el comunismo tienen una preocupante tendencia a convertirse en asesinatos en masa. Como explica Kristian Niemietz en su excelente libro “Socialismo: la idea fallida que nunca muere”, los intelectuales tienen una relación de tres etapas con el socialismo. Surge un régimen socialista y tal vez tenga algunos éxitos. Durante esta fase de luna de miel, los defensores del socialismo señalan que los detractores están equivocados y que esta vez es diferente. La luna de miel pasa a ser un período de “excusas y cosas por el estilo” en el que los defensores del régimen intentan explicar los crecientes problemas en el paraíso de los trabajadores. Durante esta fase, podríamos aprender que las causas del fracaso económico son el mal clima o algo así como el sabotaje deliberado de la CIA, y no las torpezas de la planificación central.  Finalmente, una vez que las fallas del experimento se vuelven demasiado obvias para ignorarlas o explicarlas, ingresamos a la tercera etapa, la etapa del “socialismo no real”. ¿La Unión Soviética? No es socialismo real. ¿China bajo Mao? No es socialismo real. ¿Venezuela? No es socialismo real. Etcétera. Y es por ello que al paso del tiempo llega un nuevo líder en alguna otra para del mundo diciendo que ahora si funcionará porque ahora si lo van a implementar bien.

Entre las teorías de porque los regímenes comunistas se mueven tan rápidamente hacia la opresión y el asesinato en masa, Bryan Caplan nos dice que el comunismo “nació en la maldad” en el sentido de que “los primeros socialistas eran de hecho ‘idealistas'” pero “su ideal era el totalitarismo”. En un nivel fundamental, las revoluciones comunistas no se han tratado simplemente de producir cosas de manera más eficiente o de garantizar que la producción se comparta equitativamente. Los experimentos comunistas han sido esfuerzos para rediseñar fundamentalmente a la humanidad. Han sido proyectos de transformación social, y su brutalidad a veces ha sido excusada como una desafortunada necesidad histórica. El historiador Eric Hobsbawm, por ejemplo, estuvo de acuerdo, sin dudarlo, en que millones de muertos serían un precio aceptable a pagar por una sociedad comunista. Después de todo, Lenin dijo célebremente “no se puede hacer un omelette sin romper los huevos”.

Comunismo: la principal causa ideológica de muerte en el siglo XX

En un artículo del autor taiwanés, Jim Liao, se menciona que de todas las plagas que han asolado a la humanidad, desde la Peste Negra hasta el cáncer, una de las más mortíferas ha sido una idea virulenta que se ha cobrado millones de almas. Y como no va a ser así si el comunismo niega la existencia de un alma, y sus adherentes normalmente castigan a aquellos que digan lo contrario. La creación brutal de Karl Marx, el Manifiesto Comunista, prometía una utopía en la Tierra. Todo lo que había que hacer era derrocar a la sociedad y deshacerse de la clase dominante mediante una revolución violenta. El camino al paraíso era rojo, construido sobre un nuevo orden social construido mediante la destrucción de creencias tradicionales, estructuras sociales, propiedad y gobierno.

El terrible Holocausto de Adolf Hitler es un horror más conocido para la mayoría, pero los sombríos recuentos de muertes causadas por las revoluciones comunistas en Rusia y China superan con creces sus esfuerzos genocidas. Mientras Hitler apuntaba principalmente en contra del pueblo judío, los comunistas apuntaban a todas las religiones y clases enteras de la sociedad.

Algunos marxistas laicos han descrito como aberraciones a las oleadas de asesinatos que siguieron a las revoluciones comunistas. De hecho, estas muertes son resultados sistemáticos de las revoluciones comunistas, son soluciones prescritas a las desigualdades del capitalismo y creencias y prácticas arraigadas. Por esta razón, las revoluciones comunistas han sido acompañadas por matanzas sin precedentes.

Según El libro Negro del Comunismo de Stéphane Courtois, el comunismo es responsable de 100 millones de muertes, un número total que supera con creces al nazismo, que dejó 16.3 millones de asesinados, y eclipsa las cifras de muertes por cáncer de pulmón, diabetes y homicidios del siglo XX. Al llevar a cabo la implementación de esta ideología, los regímenes políticos del siglo XX encabezados por dictadores como Mao Zedong, Joseph Stalin y Pol Pot, entre otros, fueron responsables de una rápida destrucción de vidas humanas como nunca se había visto en la historia.

Según la mayoría de las estimaciones, el más asesino de varios dictadores del siglo XX fue Mao Zedong de China. El número estimado de muertos de Mao oscila entre 60 y 80 millones, lo que supera las vidas cobradas por la Primera Guerra Mundial (37 millones) y posiblemente la Segunda Guerra Mundial (66 millones). La composición de estos más de 60 millones de muertes en China incluye, pero no se limita a: guerras civiles, terratenientes que fueron asesinados bajo la política de reforma agraria comunista y guardias rojos durante la Revolución Cultural que torturaron y mataron a supuestos “enemigos de clase”.

Courtois ubica el número total de muertes del dictador ruso Joseph Stalin en 20 millones, aunque este número fluctúa de 10 a 60 millones dependiendo de la fuente. Stalin, el infame autor de la cita “la muerte de una persona es una tragedia, un millón de muertes es una estadística”, arrojó a los campos de concentración y persiguió a millones de ciudadanos “desleales”. También ejecutó a intelectuales y figuras políticas consideradas como amenaza a su poder para establecerse como la única autoridad de Rusia. Incluso pudo hacer “desaparecer” a estas personas eliminando sus fotos y registros de la historia. Con 20 millones, el total de muertes de Stalin supera los recuentos de todas las muertes causadas por cáncer de páncreas (17 millones), VIH/SIDA (12.5 millones) y epilepsia (10 millones) del siglo XX.

Una de las formas más comunes en que los comunistas matan y quebrantan para siempre la voluntad de los ciudadanos en sus “repúblicas populares” ha sido el hambre.

“El Gran Salto Adelante” de Mao se presentó como una forma de modernizar la economía de China. Sacó comunidades de trabajadores de las granjas y los obligó a fundir metales como el hierro y el acero en hornos de traspatio. Esta eliminación de la mano de obra dedicada a la producción de alimentos finalmente resultó en la gran hambruna de China, que según los expertos se cobró entre 30 y 40 millones de vidas.

En Ucrania, la colectivización y la industrialización soviética provocaron el Holomodor, una hambruna que causó entre 2.5 y 7.5 millones de muertos.

Aquellos que han escapado de Corea del Norte a menudo les dicen a los gobiernos que envíen ayuda alimentaria allí y que si realmente quieren ayudar a aliviar la hambruna perpetua allí, sería mejor enviar alimento para animales, ya que es más probable que llegue a quienes realmente lo necesitan.

Si bien Rusia y China encabezan el recuento de muertes, las cifras en otros países comunistas son igualmente trágicas.

En Camboya, Pol Pot, quien anteriormente fue miembro del Partido Comunista Francés, intentó crear su versión de una sociedad comunista utópica al llevar a millones de personas de las ciudades a las áreas rurales para realizar trabajos manuales. Esta fue una práctica común después de las revoluciones comunistas también en otros países, al igual que su asesinato de miembros educados de la sociedad, como abogados, médicos y filósofos, a quienes llamó “la raíz de todo el mal capitalista”.

Durante su reinado de 1975 a 1979, murieron entre 1.5 y 2 millones de una población total de 7 millones de camboyanos, ya sea por matanza directa o por hambruna debido a la intensa mano de obra y la escasez de alimentos en los campos.

Otros dos millones fueron asesinados por comunistas en Corea del Norte y Etiopía.

¿Cómo podemos entender todos estos asesinatos por parte de los comunistas? De acuerdo con R.J. Rummel, es el matrimonio de una ideología absolutista con el poder absoluto. Los comunistas creían que sabían la verdad, absolutamente. Creían que sabían a través del marxismo lo que traería el mayor bienestar y felicidad humana. Y creían que el poder, la dictadura del proletariado, debe usarse para derribar el viejo orden feudal o capitalista y reconstruir la sociedad y la cultura para realizar esta utopía. Nada debe interponerse en el camino de su logro. El gobierno, el Partido Comunista, estaba por lo tanto por encima de cualquier ley. Todas las instituciones, normas culturales, tradiciones y sentimientos eran prescindibles. Y la gente era como madera y ladrillos, para ser usados en la construcción del nuevo mundo.

Para los comunistas, la construcción de esta utopía es vista como una guerra contra la pobreza, la explotación, el imperialismo y la desigualdad. Y por el bien mayor, como en una guerra real, se mata gente. Y así esta guerra por la utopía comunista tuvo sus necesarias bajas enemigas: el clero, burguesía, capitalistas, saboteadores, contrarrevolucionarios, derechistas, tiranos, ricos, terratenientes y no combatientes que lamentablemente quedaron atrapados en la batalla.

Para concluir solo hay que recordar que mientras gobernaban bajo el pretexto de la libertad y la prosperidad para todos, los regímenes comunistas, han causado miseria y destrucción en todas las naciones en las que han reinado. A través de regímenes en Europa, Asia y África, el comunismo se ha cobrado un total de 100 millones de vidas en 100 años, lo que lo convierte en un asesino ideológico sin precedentes. El comunismo ha sido el mayor experimento de ingeniería social que jamás hayamos visto. Fracasó por completo con un enorme costo en vidas para millones de hombres, mujeres y niños. Sin embargo, hay una lección más grande que aprender de este horrendo sacrificio a una ideología, y esa es que a NADIE se le puede confiar todo el poder. Cuanto más poder tiene el tirano o dictador para imponer las creencias de una élite ideológica o religiosa o imponer sus caprichos, más probable es que se sacrifiquen vidas humanas. Esta es solo una razón, pero quizás la más importante, para fomentar la democracia liberal.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Cómo las ideas económicas han dado forma al mundo actual

La filosofía económica es la ciencia que estudia la toma de decisiones y opera en nuestra vida diaria, nos demos cuenta o no. Vivimos en un mundo de recursos finitos de manera que la economía nos ayuda a determinar cómo es que se deben utilizar los recursos limitados para satisfacer la lista interminable de deseos y necesidades de la humanidad. Este es el dilema económico y es por ello que la definición más simple de lo que es la economía es que es la ciencia de la escasez.

Los economistas estudian y analizan las relaciones entre los recursos (materiales y trabajo) y la producción, distribución y consumo de los bienes y productos resultantes. En un mundo ideal la búsqueda es la maximización de la satisfacción, de las ganancias, de la producción, del empleo, entre otros.  Los economistas pueden estudiar cómo se toman estas decisiones a nivel microeconómico entre las personas y empresas involucradas en una decisión o transacción comercial, o en un nivel macroeconómico que considera a toda una ciudad, estado o país como una unidad singular.

Por ejemplo, en el ámbito de la microeconomía, un economista puede estudiar cómo la oferta y la demanda están impactando los precios en una empresa, así como sus niveles de producción y empleo generado. Por su parte, en el mundo de la macroeconomía, se estudia la forma en que el Producto Interno Bruto (PIB) se ve afectado por los cambios en los patrones de comercio internacional o cómo un shock como el Covid-19 afecta al empleo y nivel de ingresos de la población.

Aunque ambos campos operan a escalas diferentes, la microeconomía y la macroeconomía comparten en gran medida las mismas metodologías. También comparten una suposición subyacente de interés propio sobre la que descansa toda la teoría económica moderna. El economista clásico Adam Smith acuñó este término por primera vez para describir la noción de que las personas actuarán con determinación para maximizar su satisfacción, dado su tiempo, información, recursos y presupuestos limitados. Smith, también referido como un promotor de la libertad económica, partía del supuesto de que los seres humanos son buenos por naturaleza, dejándolos en libertad tomaran las decisiones que los lleven a la felicidad, y la suma de las felicidades individuales ocasionará la felicidad colectiva. Sabemos que esto no necesariamente es verdad y esto es ilustrado de una gran manera en la película Una Mente Brillante (2001), misma que trata sobre la vida del economista John Nash, en la escena en la que los jóvenes están en el bar y llega un grupo de chicas a quienes quieren sacar a bailar. Si no se ponen de acuerdo y cada uno actúa de manera individual, todos se quedarán sin bailar (Aquí el link de la escena en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=PSKQ-egVQbM).  

Como parte de esas decisiones de maximización de beneficios, las personas y empresas deben considerar los recursos con los que cuentan y su capacidad de producir bienes y servicios. Los economistas suelen clasificar estos recursos en tres tipos de factores de producción: Tierra (T, recursos naturales), Trabajo (L, tiempo, esfuerzo y habilidad) y Capital (K, las herramientas creadas por el hombre como maquinaria, equipo, herramientas, software). Estos tres desembocan en el espíritu empresarial, que los organiza a través de habilidades directivas, para generar bienes y servicios que satisfacen necesidades (de quien pueda pagar por dichos bienes y servicios) y que maximizan los beneficios del propietario de dichos factores de producción. Caso contrario ocurre en un régimen socialista, en el que el Estado decide cómo es que se deben combinar los factores de producción con el fin de producir lo que el Estado diga para quien el Estado determine. 

Con independencia del enfoque que se le quiera dar, de libre mercado o de un modelo centralmente planificado, el pensamiento económico tiene como principal preocupación resolver el problema de escasez. Esto ha ido evolucionando durante cientos de años y a continuación se presenta una línea de tiempo de algunos de los personajes más importantes y sus fechas, que ayuda a entender de manera muy sintetizada la manera en que este campo del conocimiento ha evolucionado.

850-1000 d.C. – Marca el surgimiento del sistema de organización conocido como feudalismo, que surgió en Inglaterra e implica una sociedad donde la tierra la mantienen los campesinos a cambio de que ésta sea trabajada para el señor feudal, quien en el mejor de los casos permitirá que los campesinos tengan un “ingreso” de subsistencia. Los campesinos o la clase trabajadora están protegidos por una clase militar en recompensa por su obediencia. El origen y la existencia de este sistema injusto, a menudo cruel, se debate hoy.

1500 – 1750 d.C. – Surge el mercantilismo en Europa y tiene como principal característica la búsqueda del enriquecimiento de las naciones mediante la acumulación de metales preciosos. Surge en Inglaterra y Francia, donde los autores eran mercaderes que escribían acerca de sus intereses y su relación con la política económica. Para ellos el comercio internacional debería estar regulado y las naciones sólo podrían enriquecerse si lograban un superávit comercial que se tradujera en mayores recursos para la financiación de la clase militar. Uno puede pensar que las ideas mercantilistas están sepultadas, pero vemos que quedan muchos empresarios y políticos, como Donald Trump, en los que es evidente que el mercantilismo sigue vivo.

Los mercantilistas ponían énfasis en el superávit de la balanza comercial

1750 – 1780 d.C. – Los fisiócratas, cuyo principal exponente fue Francois Quesnay, consideraban que la riqueza solo podría provenir de la agricultura (todas las demás actividades económicas son estériles), exigían la libertad económica (laissez faire laissez passer). Estaban cansados de los controles al comercio por parte de los gobernantes. Necesitaban fronteras abiertas para vender en el extranjero sus remanentes de producción agrícola y así lograr un bon prix.

Francois Quesnay, máximo expositor de los fisiócratas

1723-1790. –  Adam Smith es considerado en gran medida como el padre de la economía moderna. Fue influenciado por los fisiócratas. Su obra, mejor conocida como La Riqueza de las Naciones, incluye conceptos tan importantes como la “mano invisible”, un término que describe la naturaleza autorreguladora del funcionamiento de los mercados; y la noción de que el interés propio racional en una economía de libre mercado conduce al bienestar económico. Incorpora otros elementos como la especialización y su impacto en la producción, la teoría del valor y el papel que juega el capital. 

Adam Smith, máximo exponente de los economistas clásicos y padre de la ciencia económica

1766-1843: Thomas Robert Malthus estudió poblaciones humanas y fue uno de los primeros economistas en explorar la relación entre el crecimiento de la población y la inflación. Fue un pesimista que argumentaba que la sociedad, producto del crecimiento poblacional a una tasa superior a la de los medios de subsistencia, estaba destinada a caer en una trampa de miseria. Es considerado el primer promotor serio del control del crecimiento poblacional, pero a través de la moralidad. Otras de sus principales contribuciones incluyen su trabajo sobre la relación entre el suministro de alimentos y las poblaciones, y la teoría de la renta económica.

Thomas Malthus, el primer gran promotor del control del crecimiento poblacional

1748-1832 – Jeremy Bentham fue un economista británico que hoy se asocia a menudo con la doctrina del utilitarismo (la búsqueda de la mayor utilidad en el sentido de lo que resulta útil). Muy adelantado a su tiempo, abogó por el sufragio universal y es considerado un precursor de la economía del bienestar.

Jeremy Bentham, padre de la doctrina utilitarista

1772-1823 – David Ricardo se inspiró en La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, a la edad de 37 años, pasó a proponer la Teoría del Valor Trabajo, que sostiene que el trabajo es el único factor que debería determinar el valor de una mercancía. Esto se opone a la teoría de la demanda (análisis marginal de la utilidad del consumidor), que es la columna vertebral del capitalismo. Ricardo hizo grandes aportaciones al comercio exterior con su Teoría de la Ventaja Comparativa, que muestra como dos naciones que comercian dos bienes, pueden comerciar y ganar las dos, aunque una de ellas sea mejor que la otra en la producción de ambos bienes.

David Ricardo tuvo una gran aportación con la Teoría de la Ventaja Comparativa, misma que explica los patrones de comercio internacional

1806-1873 – John Stuart Mill se basó en las ideas de Smith y Ricardo cuando escribió Principios de Economía Política, que se convirtió en el principal texto económico de su época. A Mill se le atribuye la idea de una economía de libre mercado y fue un firme defensor de la creación de una economía democrática (en oposición al capitalismo).

John Stuart Mill, impulsor de la economía de mercado

1818-1883 – Karl Marx es más conocido por su defensa del socialismo y del comunismo por encima del  capitalismo, el cual denunció enérgicamente. Podría decirse que es uno de los economistas más influyentes de la historia. Marx creía que el comunismo era inevitable en el proceso de evolución que comienza con el feudalismo y pasa por el capitalismo y el socialismo. A él se le atribuyen conceptos como el de la lucha de clases y la manera como el burgués explota al proletariado al extraer de él el producto de su trabajo (la plusvalía).

Karl Marx, uno de los economistas más influyentes de la historia

1842-1924 – Alfred Marshall se centró en el estudio de la microeconomía y escribió Principios de Economía, que es uno de los libros de texto de economía más notables de todos los tiempos. Marshall propuso la idea de que la economía era una disciplina científica que requería más matemáticas y menos filosofía y retórica. Marshall es además el padre de las curvas de demanda que se enseñan en todos los libros de texto de economía, mismas que se grafican con el precio en el eje de las Ys y la cantidad en el eje de las Xs.

Marshall incorporó un fuerte uso de las matemáticas a la ciencia económica

1857-1929 – El economista estadounidense Thorstein Veblen, uno de mis favoritos, es mejor conocido por su libro La Teoría de la Clase Ociosa, y su enfoque de “economía institucional” exploró los efectos de los establecimientos sociales, como la religión, la pobreza y la afiliación política, sobre la productividad económica. Veblen parte de la categoría de ‘clase social’ para analizar la dinámica de la economía industrial estadounidense, que configuraba a una clase social alta que se dedicaba al ocio, exacerbaba su consumo y hacía gala de la ostentación.

Thorstein Veblen y su crítica al consumo conspicuo

1883-1950 – Joseph Schumpeter contribuyó con la idea de “destrucción creativa”, que implica que la economía se encuentra en un estado cíclico constante de innovación-productividad y colapso. También es uno de los primeros en reconocer y presentar un concepto claro de espíritu empresarial.

Joseph Schumpeter y el heroísmo empresarial

1883-1946 – John Maynard Keynes fue uno de los economistas más revolucionarios del siglo XX. Es el padre del sistema de cuentas nacionales. Argumentaba en contra de los principios del libre mercado y afirmó que la demanda agregada, a diferencia de la flexibilidad del trabajador, desempeñaba el papel más importante en la determinación del nivel de empleo. También promovió medidas fiscales como medio para corregir depresiones y recesiones (ajustando el gasto y cobro de impuestos); los rescates recientes por parte de los gobiernos, en respuesta a la reciente crisis económica, son un ejemplo de ello.

Keynes, las cuentas nacionales, la receta para reactivar la economía y la economía Post Segunda Guerra Mundial

1899 – 1992 – Friedrich von Hayek impulsó una  economía basada en la libertad del mercado, la cual tuvo gran empuje tras el hundimiento del sistema keynesiano en los años 80 (Por el presidente Ronald Reagan y la Primer Ministro Thatcher). Las dos principales aportaciones de Hayek son su defensa de la libertad personal contra los totalitarismos y la elaboración de una teoría sobre los ciclos económicos. Para Hayek los precios, creados con la decisión libre y competitiva de millones de individuos son los únicos indicadores que pueden ayudar a los gobiernos a tomar decisiones correctas en momentos concretos en que haga falta intervenir.

Hayek, impulsor de la libertad personal y crítico de los regímenes totalitarios

1912-2006 – Milton Friedman fue un defensor de los mercados libres, y sus filosofías se convirtieron en un principio importante del movimiento conservador fiscal. Se le conoce por ser el padre de la corriente de pensamiento monetarista, misma que le atribuye muchos de los males económicos a las decisiones de los bancos centrales. Fue asesor del presidente estadounidense Richard Nixon y presidente de la Asociación Económica Estadounidense en 1967.

Milton Friedman, fundador de la escuela monetarista, en la que los males económicos son causados por las decisiones de los bancos centrales.

1908-2006 – John Kenneth Galbraith exploró el papel de las corporaciones en la economía de los Estados Unidos y criticó su influencia y la forma como reemplazan a las empresas más pequeñas en su libro American Capitalism: The Concept of Countervailing Power (Capitalismo Americano: El Concepto de Poder Compensatorio). En este sentido, él desarrolló el concepto de tecnoestructura, un término de aplicación a las organizaciones empresariales con un tamaño relevante

Galbraith y su crítica a las grandes corporaciones

Esta lista no le hace justicia a muchos otros economistas que han realizado grandes aportaciones al pensamiento económico, ya que por motivos de espacio es extremadamente breve. Lo importante es ver las aportaciones realizadas y darnos cuenta de cómo, en múltiples ocasiones, el pensamiento económico ha evolucionado como un péndulo, que va y viene, con soluciones diametralmente opuestas para el mismo problema al paso del tiempo.  Por otra parte, debe quedar claro que la evolución de la economía no se ha frenado y que por el contrario, ésta se ha acelerado al paso del tiempo. Este es un campo fascinante que sin duda seguirá desempeñando un papel importante en los negocios, el gobierno y la sociedad en todo el mundo en los años, décadas y siglos venideros.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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