La revisión del T-MEC, la deuda y la fragilidad institucional en el centro del riesgo soberano

La economía mexicana arrancó 2026 con un crecimiento débil, presión creciente sobre las finanzas públicas y un mercado laboral que genera básicamente empleo informal. Desde este espacio hemos dado cuenta de los correspondientes datos duros: el PIB habría crecido entre 0.5% y 0.7% el año pasado, el peor desempeño desde el desplome provocado por la pandemia en 2020. Para este año, las proyecciones oscilan entre 1% y 1.5%. Es decir, seguimos muy lejos del dinamismo requerido para aliviar presiones estructurales.

Al mismo tiempo, la calificación soberana se encuentra en “Baa2” con perspectiva negativa, mientras que la revisión del T-MEC se vuelve determinante en la percepción de riesgo del país para las calificadoras de riesgo y los inversionistas. Y en paralelo, el empleo formal registró en enero la desaparición de más de 8,000 plazas, su peor inicio de año en 17 años.

Las cifras oficiales son claras. Y lo que muestran es una economía que en el mejor de los casos, podemos decir que tiene un desempeño mediocre en general y de crisis para algunos sectores en particular.

Perfil crediticio: crecimiento bajo y presión sobre la deuda

Moody’s mantiene la calificación soberana de México en “Baa2 con perspectiva negativa”. Una perspectiva negativa suele implicar un horizonte de siete a 18 meses en el que podría presentarse una rebaja si no mejoran las condiciones observadas.

La agencia recientemente señaló dos debilidades principales en el perfil crediticio del país; por un lado está el deterioro institucional y por el otro la erosión de la fortaleza fiscal, que durante años fue un valor positivo para la nota soberana.

Desde 2020 comenzaron a observar debilitamiento de los contrapesos institucionales y formulación de políticas que podrían afectar negativamente el crecimiento y las finanzas públicas. México había mantenido desde 2014 una calificación “A3”, que reconocía el buen manejo macroeconómico y las reformas estructurales de 2013 y 2014, las cuales alimentaban la posibilidad de un crecimiento tendencial superior a 2%. Sin embargo, los cambios regulatorios que afectaron la inversión y la incertidumbre generada en la reorganización del marco comercial con Estados Unidos y Canadá, primero bajo NAFTA y luego bajo el T-MEC, sumaron al deterioro en la dinámica de inversión.

En términos de crecimiento, Moody’s anticipa un PIB cercano a 1% para 2026 y de 1.5% para 2027. Son tasas bajas que implican que México seguirá lejos del crecimiento tendencial de 2% del cual gozaba todavía hasta antes de 2019, lo que aumenta la posibilidad de que los indicadores de finanzas públicas en general, y de la deuda en particular, sigan deteriorándose.

La deuda pública de México se mantiene en niveles competitivos frente a sus pares de calificación ‘Baa’, cuyo promedio oscila entre el 51% y 62% del PIB. Con una carga proyectada en torno al 53.9% (según estimaciones de BBVA Research), el país se ubica en la parte media de este rango. Un matiz técnico crucial es que Moody’s Ratings no consolida formalmente la deuda de Pemex dentro de la métrica soberana, debido a la ausencia de una garantía explícita por parte del Gobierno Federal. No obstante, la calificadora la clasifica como un pasivo contingente crítico: la recurrente asistencia financiera y las transferencias directas para cubrir vencimientos han estrechado el vínculo fiscal, convirtiendo la fragilidad de la petrolera en el principal riesgo para la métrica de asequibilidad de la deuda de México.

El dato más revelador no es solo el saldo de deuda, sino el costo financiero. Los pares con calificación similar gastan alrededor de 9% de sus ingresos en pago de intereses. México gastaba 11% en 2021. En 2024, los pagos de intereses consumieron casi 17% de los ingresos del gobierno. Es decir, casi el doble que sus pares.

No se trata únicamente de cuánto se debe, sino de cuánto cuesta sostener esa deuda. Y ese margen fiscal se ha reducido, lo que ha ocasionado el desplome del gasto de inversión a un nivel de apenas 3.2% del PIB.

En ese contexto, Moody’s ha señalado que esperará la resolución de la revisión del T-MEC antes de pronunciarse sobre una eventual decisión en la nota soberana. Si esto sucede tendría efectos financieros negativos concretos. Significaría que el país se ubicaría en el último escalón del grado de inversión, lo que elevaría la prima de riesgo y encarecería el costo de financiamiento tanto para el gobierno como para empresas. En un contexto donde el pago de intereses ya consume casi 17% de los ingresos públicos, un mayor costo financiero estrecharía aún más el margen fiscal. Además, algunos fondos con mandatos restrictivos podrían reducir exposición, aumentando la volatilidad cambiaria y presionando tasas de interés.

El T-MEC y el escenario de crecimiento contenido

Por su parte, la empresa de gestión de inversiones, Franklin Templeton proyecta un crecimiento de aproximadamente 1.5% para 2026. Otorga 70% de probabilidad a un escenario base en el que el T-MEC se renueve y México resulte relativamente favorecido frente a otros países. Sin embargo, identifica la revisión del acuerdo como el mayor riesgo para este año, aunque considera que sí se renovará.

La firma destaca que la industria de Estados Unidos no está preparada para reemplazar a México si el tratado terminara. Sin embargo, anticipa volatilidad durante el proceso.

Desde el banco de inversión Barclays, su economista jefe para América Latina proyecta que la revisión terminará en buen puerto antes de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos. Argumenta que el presidente estadounidense buscará presentarse como un líder capaz de conseguir acuerdos favorables.

La negociación no será exclusivamente comercial. Se incorporarán tres temas prioritarios para Estados Unidos: migración ilegal, evitar que China utilice a México como plataforma para evadir aranceles y fortalecer la cooperación en seguridad.

En ese sentido, México ha compartido inteligencia mediante drones y satélites contra traficantes, ha detenido migración antes de que llegue a la frontera utilizando la Guardia Nacional y ha impuesto aranceles a productos de origen chino. Estos elementos podrían facilitar el acuerdo.

Sin embargo, debe quedar claro que lo más probable es que no regresaremos a aranceles cero. La expectativa es mantener aranceles efectivos por debajo de 15%, en comparación con los que pagan países como Japón o la Eurozona.

Actualmente pueden estimarse dos tasas efectivas:

  • 7.6% considerando la estructura sectorial: cobre, acero y aluminio pagan 50% de arancel salvo excepciones; automóviles 25% menos el contenido americano.
  • 5.6% si se divide la recaudación arancelaria total entre las importaciones provenientes de México.

El tipo de cambio se ubica hoy alrededor de 17.20 pesos por dólar y el escenario global apunta a un debilitamiento estructural del dólar, en un contexto de incertidumbre en Estados Unidos y posible relajamiento monetario. Franklin Templeton incluso contempla la posibilidad de que el dólar se acerque a niveles de 16 pesos por unidad hacia el cierre del año.

Sin embargo, esa tendencia de fondo no excluye episodios de volatilidad. Durante el proceso de revisión del T-MEC podrían presentarse momentos de tensión negociadora que generen movimientos transitorios del tipo de cambio hacia niveles de 18 o incluso 19 pesos por dólar, según el escenario planteado por Barclays.

En materia de tasas, la expectativa es que Banco de México mantenga la tasa en 7% durante el primer semestre y posteriormente la reduzca hacia 6.50%. Aun con ese ajuste, México conservaría un diferencial atractivo que seguiría apoyando los flujos de capital.

En el mercado bursátil mexicano se percibe un optimismo que ha resistido la volatilidad externa. A diferencia del mercado estadounidense, fuertemente concentrado en empresas vinculadas a la inteligencia artificial, la bolsa local descansa principalmente en compañías de consumo básico, telecomunicaciones y emisoras con flujos relativamente estables. Es decir, sectores menos expuestos al ciclo global. Ese perfil ha ayudado a sostener el desempeño, apoyado además en niveles elevados de confianza empresarial y del consumidor, aunque todavía bajo la sombra de riesgos políticos externos.

Empleo formal: señales de enfriamiento

En enero de 2026 desaparecieron más de 8,000 plazas formales, el peor desempeño en 17 años. Este resultado ocurre en un entorno de bajo crecimiento, debilidad de la demanda e incertidumbre.

El PIB habría avanzado entre 0.5% y 0.7% el año pasado y la inversión ha mostrado persistente caída. De acuerdo con el banco Bx+, el deterioro del empleo formal obedece a factores demográficos y macroeconómicos, baja inversión y magro crecimiento.

Las reformas laborales han elevado el costo por trabajador: aumento de vacaciones, mayores aportaciones patronales y reducciones en la jornada laboral. Al mismo tiempo, la productividad por trabajador ha disminuido. La combinación de salarios creciendo de forma acelerada y caída en productividad reduce el atractivo de nuevas contrataciones.

Hace ocho años la brecha entre el salario mínimo y el salario promedio era amplia. Con los ajustes recientes, esa brecha se ha cerrado de forma significativa, poniendo en riesgo el crecimiento del empleo.

En este sentido lo que vemos es un crecimiento acelerado de la informalidad del empleo, dados los incrementos en costos laborales vía salarios y regulación. En 2025, la debilidad del empleo formal estuvo vinculada a la destrucción de puestos en sectores clave. El sector agropecuario acumuló 28 meses consecutivos con tasas anuales negativas y cerró el año con una contracción de 3.9%.

Para 2026 se estima la generación de 300,000 empleos formales, cifra inferior a las 400,000 plazas previstas por el gobierno. Muy por debajo del millón que se deberían estar creando en condiciones económicas óptimas. Si bien, se anticipa una mejora temporal en el sector servicios por el Mundial de Futbol, el reto será convertir esas plazas en empleo formal permanente.

Adicionalmente, la inteligencia artificial es señalada como un factor disruptivo que transformará el tejido empresarial y la fuerza laboral en los próximos años.

Conclusiones

México enfrenta 2026 con un crecimiento proyectado entre 1% y 1.5%, una deuda de 53.9% del PIB —con Pemex como principal riesgo contingente— y un costo financiero que consume casi 17% de los ingresos públicos, casi el doble que sus pares.

La calificación soberana permanece en grado de inversión, pero con perspectiva negativa. La revisión del T-MEC será determinante para la percepción de riesgo y podría implicar volatilidad cambiaria.

El empleo formal muestra señales de enfriamiento con la pérdida de más de 8,000 plazas en enero y un sector agropecuario con 28 meses de contracción.

México lleva ya varios años con una economía con bajo crecimiento, creciente presión fiscal e incertidumbre interna y externa, lo cual limita el margen de maniobra.

Los datos duros no permiten complacencia. El desafío es recuperar dinamismo sin comprometer estabilidad fiscal y fortalecer la confianza institucional en un momento clave para el país, pero hasta ahora, no se observa una estrategia clara para lograrlo.

Son tiempos de alta incertidumbre. Con una suscripción al Servicio Informativo de GAEAP podemos ayudarte a anticipar escenarios y tomar mejores decisiones.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

Suscríbete GRATIS a mi newsletter en Substack: https://economex.substack.com/

Sígueme en X: https://x.com/alejandrogomezt

Si disfrutas de nuestro contenido, te invitamos a apoyar nuestro trabajo suscribiéndote a nuestro servicio informativo premium. Tu suscripción nos permitirá seguir adelante con nuestra labor y, además, te dará acceso a contenido exclusivo. ¡Agradecemos de antemano tu apoyo!

🎙️📊 Ya está disponible el episodio 88 de #EconomexPodcast, no te lo pierdas 🚀

📺🔔 No te pierdas nuestras cápsulas informativas en YouTube, análisis claro y directo en pocos minutos 🎙️📊

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo