Con falta de confianza empresarial, la manufactura se recupera lentamente

En un reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicado el pasado 16 de septiembre y titulado “Generar confianza es crucial en medio de una recuperación económica incierta” se menciona que la pandemia de COVID-19 sigue amenazando los puestos de trabajo, empresas y la salud y el bienestar de millones de personas en todo el mundo. Esto en un contexto de  incertidumbre excepcional, por lo que generar confianza es fundamental para garantizar que las economías se recuperen y se adapten.

En México el gobierno federal destruye la confianza empresarial casi todos los días, y esta es parte de la razón por la cual la OCDE publicó la expectativa de que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá -10.2% en 2020, tasa similar a la de la contracción que tendrá la India y solo superado por Italia, que caerá -10.5%. Contrariamente, el PIB de Estados Unidos se contraerá apenas -3.8%, el PIB mundial -4.5%, mientras que el de los países que conforman la Zona Euro disminuirá -7.9%. Pero lo malo no se limita a la pronunciada caída del PIB mexicano este año, sino a la lenta recuperación que se anticipa. Mientras que la OCDE espera que el PIB de Italia crezca 5.4% en 2021, para el caso de México la expectativa es de un incremento de apenas 3.0%. Para el caso de India, la OCDE estima que en 2021 su PIB crecerá 10.7% y para Estados Unidos se espera un rebote de 4.0%. Nosotros somos de los pocos países que no tendrán una recuperación en forma de V, sino que será una U muy profunda, como lo hemos señalado en anteriores entregas.

El gobierno federal no ha querido entender que si no hay confianza empresarial, no habrá inversión, y si no hay nuevas inversiones, las capacidades futuras de producir bienes y servicios se ven limitadas. Esto es parte de lo que nos hace pensar que la recuperación del PIB de México a los niveles que se observaron en 2019, tardará al menos de aquí al 2023 si somos muy optimistas, y hasta el 2024 o 2025 si somos realistas.

La afirmación que hago de que el gobierno federal destruye la confianza empresarial se constata al ver los resultados del Indicador de Confianza Empresarial (ICE) Manufacturero, de la Construcción y del Comercio elaborados por el INEGI. Tenemos que en el caso del ICE manufacturero éste se encontraba en agosto de este año en un nivel de 38.1 puntos, lo que implica -0.4 puntos respecto al mes inmediato anterior y -11.3 puntos por debajo del nivel de agosto de 2019. De esta manera, el ICE manufacturero suma 10 meses consecutivos con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos (cualquier cifra por debajo de 50 puntos implica desconfianza empresarial). En el caso del ICE de la construcción, éste tuvo un valor de 40.1 puntos en agosto de 2020, cifra 0.7 puntos por debajo del valor de julio y 8.2 puntos por debajo del dato de agosto de 2019. Es así que el ICE de la construcción acumula 22 meses consecutivos con un valor por debajo de los 50 puntos. Finalmente, el ICE del comercio registró un valor de 41.5 puntos en agosto, cifra 0.3 puntos por debajo del valor del mes inmediato anterior y 9.3 puntos por debajo del observado en agosto de 2019. Es así que el ICE del Comercio acumula 10 meses con un valor por debajo del umbral de los 50 puntos.

En este contexto de incertidumbre y pobres expectativas de recuperación, es que el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) durante agosto de 2020. A continuación se presentan los resultados en relación a la evolución del valor nominal de la producción para la industria manufacturera en su conjunto y para cada una de las 21 ramas de actividad manufacturera. Se presentan comparativos de tres periodos: 1. Julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, 2. Julio de 2020 respecto del mes inmediato anterior, y 3. Comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

1. Comparativo Julio 2020 vs Julio 2019.

En cuanto a la evolución del valor de la producción de la industria manufacturera en el periodo de julio de 2019 al mismo mes de 2020, tenemos que ésta pasó de 688.9 miles de millones de pesos (mmdp) a 677.5 mmdp, lo que implica una caída nominal de -1.7%. Esto implica una importante recuperación, ya que la caída anualizada en junio había sido de -12.7%, mientras que en mayo fue de -45.1%. Esto es, el valor de la producción manufacturera se sigue contrayendo respecto a hace un año, pero la caída es cada vez menor.

Ahora, en cuanto a la evolución de cada rama de actividad en el comparativo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (+7.0%); 2. Fabricación de equipo de transporte (+6.0%); 3. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (+5.8%); 4. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (+5.5%); 5. Industria alimentaria (+4.6%); 6. Industria de las bebidas y del tabaco (+3.5%); 7. Fabricación de productos metálicos (-3.4%); 8. Industria del plástico y del hule (-5.4%); 9. Industria del papel (-5.5%); 10. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-5.5%); 11. Industria de la madera (-7.0%); 12. Industria química (-7.5%); 13. Otras industrias manufactureras (-8.9%); 14. Industrias metálicas básicas (-11.6%); 15. Fabricación de maquinaria y equipo (-13.5%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-13.5%); 17. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-27.0%); 18. Impresión e industrias conexas (-29.3%); 19. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-31.3%); 20. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-44.7%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-45.4%).

Como se puede apreciar, en el séptimo mes de 2020, ya hubo seis ramas de actividad manufacturera que presentaron un incremento nominal en el valor de su producción en el comparativo del séptimo mes de 2020 respecto de igual mes de 2019. Cabe señalar que en el mes de junio solamente la industria alimentaria presentaba incremento anualizado respecto a junio de 2019. Esto nos lleva a la conclusión de que la recuperación se va consolidando conforme se le permite trabajar a más actividades manufactureras.

2. Comparativo Junio 2020 – Julio 2020

Con cifras originales (no desestacionalizadas, es decir, no incorpora variaciones estacionales), tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera pasó de 602.3 mmdp en junio de 2020 a 677.5 mmdp en julio del mismo año, lo que implica un sólido incremento de 12.5% en términos nominales.

Ahora, en cuanto a la evolución a nivel de rama de actividad, tenemos la siguiente evolución (en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): 1. Fabricación de prendas de vestir (52.6%); 2. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (47.8%); 3. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (28.4%); 4. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (24.7%); 5. Fabricación de productos metálicos (24.3%); 6. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (23.7%); 7. Fabricación de equipo de transporte (22.0%); 8. Fabricación de muebles, colchones y persianas (21.3%); 9. Industria de la madera (16.7%); 10. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (13.6%); 11. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (13.6%); 12. Otras industrias manufactureras (12.6%); 13. Industria de las bebidas y del tabaco (12.2%); 14. Industria del plástico y del hule (12.2%); 15. Impresión e industrias conexas (12.1%); 16. Industrias metálicas básicas (10.1%); 17. Industria del papel (7.7%); 18. Industria química (3.1%); 19. Industria alimentaria (1.1%); 20. Fabricación de maquinaria y equipo (-2.7%); y 21. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-15.3%).

Como se puede apreciar, en el comparativo de junio y julio de este año, 19 de las 21 ramas de actividad mostraron un incremento en términos nominales. Con independencia de que no utilizamos cifras desestacionalizadas, es innegable que hubo una enorme mejoría en el desempeño de la industria manufacturera en dicho periodo.

3. Comparativo Enero – Julio 2020 vs Enero – Julio 2019.

En el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos que el valor de la producción de la industria manufacturera cayó -15.1% en términos nominales al haber pasado de 4.793 billones a 4.067 billones de pesos.

En cuanto al desempeño de cada una de las 21 ramas manufactureras, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Industria alimentaria (+4.6%); 2. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-4.3%); 3. Industria del papel (-6.3%); 4. Industria de las bebidas y del tabaco (-6.5%); 5. Industria química (-8.6%); 6. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-8.7%); 7. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-9.4%); 8. Otras industrias manufactureras (    -11.6%); 9. Industria de la madera (-11.7%); 10. Industrias metálicas básicas (-12.6%); 11. Fabricación de productos metálicos (-15.1%); 12. Industria del plástico y del hule (-16.9%); 13. Fabricación de maquinaria y equipo (-17.4%); 14. Impresión e industrias conexas (-18.1%); 15. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-20.3%); 16. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-25.7%); 17. Fabricación de equipo de transporte (-26.9%); 18. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-30.5%); 19. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-32.8%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.5%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-40.5%).

Como se puede apreciar, solamente una rama de actividad manufacturera presenta un aumento nominal en el comparativo de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

Derivado de lo anterior, las ramas de actividad de la industria manufacturera nacional sufrieron una importante transformación en términos de su importancia relativa. Entre los cambios más importantes están el hecho de que la Industria alimentaria pasó de representar el 15.6% del valor total de la producción manufacturera en los primeros siete meses de 2019 a representar el 19.2%, lo que implica un incremento de 3.63 puntos porcentuales. Otra rama que ganó importancia relativa es la Industria química, misma que pasó de representar el 9.4% a ser el 10.2% del total, un aumento de 0.73 puntos porcentuales. De igual forma, tenemos a la Industria de las bebidas y del tabaco, la cual pasó de representar el 6.0% del valor de producción en los primeros siete meses de 2019 a ser el 6.6% del total en los mismos meses de 2020, lo que representa un aumento de 0.61 puntos porcentuales. Ahora, en cuanto a las ramas de actividad que más participación perdieron, están la Fabricación de prendas de vestir, la cual pasó de ser el 0.6% a representar el 0.5%, una caída de -0.19 puntos porcentuales. En el mismo sentido está el caso de la Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, la cual pasó de representar el 3.5% del total a ser el 2.9%, lo que implica una caída de -0.64 puntos porcentuales. La rama de actividad que más participación en el valor de la producción registró fue la Fabricación de equipo de transporte, misma que pasó de representar el 34.8% del valor en los primeros siete meses de 2019 a ser el 30.0% del total en los primeros siete meses de 2020, lo que implica una caída de 4.84 puntos porcentuales.

Conclusiones.

Los datos del valor de la producción manufacturera de julio sin duda son positivos cuando se les compara con el mes inmediato anterior, pero es indiscutible que el nivel de actividad económica aún se encuentra muy por debajo del observado en 2019, y como se señaló líneas arriba, la recuperación al nivel de actividad que se tenía en 2019 tardará varios años.

La falta de confianza empresarial complica mucho más las cosas, ya que no se trata de un tema de falta de demanda agregada que reactive la actividad productiva, sino que se mantiene el shock de oferta con empresarios que dudan de si es el momento adecuado para invertir, ven con profunda preocupación la situación económica del país, así como la de su empresa.

La falta de políticas públicas por parte del gobierno federal para apoyar a los empleadores a lo largo de este año, sumado a lo plasmado en el Paquete Económico 2021, auguran tiempos muy difíciles para la mayoría de micro y pequeñas empresas, así como para quienes laboran en ellas. En el 2021 muchos países recuperarán lo perdido en 2020, México tardará años en salir de este bache.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Deterioro de las expectativas económicas de México para el 2019

33e85-peso-caida-flecha_635-798034Diversos pronósticos respecto a la marcha de la economía mexicana en 2019 continúan ajustándose para mal. Hace apenas unos días el Grupo Financiero Citibanamex dio a conocer los resultados de su encuesta de expectativas económicas correspondiente a febrero de este año, y entre los resultados que arrojó tenemos que la expectativa para el crecimiento económico en 2019 es de apenas 1.7%; mientras que para el 2020, la mediana de los pronósticos de crecimiento del PIB es 1.9%.

De igual manera, los Resultados de la Encuesta de Febrero de 2019 sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, por parte del Banco de México, indican también un deterioro. Esto porque la expectativa de crecimiento del PIB para el 2019 disminuyó de 1.80% (encuesta de enero 2019) a 1.64%, mientras que la de crecimiento económico en 2020 se situó en 1.91%, ligeramente por debajo de la expectativa registrada un mes previo de 1.92%. La misma encuesta de febrero da cuenta de un deterioro en la expectativa de la cotización del tipo de cambio ya que lo ubica en 20.19 pesos por dólar para el cierre de 2019 y en 20.56 pesos por dólar para el cierre de 2020, niveles por encima de los observados en la encuesta del mes inmediato anterior.

En línea con lo anterior, el 27 de febrero, el Banco de México publicó su Informe Trimestral correspondiente al cuarto trimestre de 2018, y en él también se hacen una serie de ajustes a los pronósticos de crecimiento económico, creación de empleos formales e inflación. El Banxico menciona, en cuanto al escenario macroeconómico previsto, lo siguiente:

Crecimiento de la economía nacional: Las perspectivas sobre la actividad económica en México para 2019 se revisaron a la baja de un crecimiento esperado en un rango de 1.7% y 2.7%, a uno de entre 1.1% y 2.1%. Es decir un ajuste a la baja de 0.6 puntos porcentuales, equivalentes a unos 144 mil millones de pesos menos de PIB. Para el año 2020, el intervalo se ajustó de uno de entre 2.0% y 3.0%, a uno de entre 1.7% y 2.7%. Estas previsiones están sujetas a que el gobierno federal preserve un marco macroeconómico sólido y finanzas públicas sostenibles.

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El Banxico ha ajustado a la baja la expectativa de crecimiento económico para México

El Banxico menciona que el ajuste en el crecimiento económico para 2019 se debe a cuestiones externas e internas. En el ámbito externo, se ha observado una pérdida de dinamismo en el comercio mundial y en la actividad económica global más marcada de lo anticipado, lo que se prevé influya sobre la evolución de las exportaciones mexicanas. En el ámbito interno, desde el segundo semestre de 2018 y, en especial en el último trimestre del año que recién concluyó, se observó una desaceleración más pronunciada de la actividad económica. A este respecto, cabe señalar que el INEGI recién dio a conocer que el Producto Interno Bruto creció apenas 2.0% en el 2018 y que la tasa de incremento anualizado de esta variable en el cuarto trimestre fue de 1.7%.

A este panorama de desaceleración al cierre de 2018 y arranque de 2019, se suma la expectativa de que la actividad productiva a principios de año se haya visto afectada por eventos transitorios, tales como el desabasto temporal de combustibles en ciertas regiones del país durante enero, las interrupciones a las vías férreas en Michoacán y los conflictos laborales en Matamoros. Aunado a lo anterior, está la tendencia negativa en la plataforma de producción petrolera y la debilidad de la inversión. Finalmente, está el hecho natural de que al inicio de una nueva administración generalmente se presenta un rezago en la ejecución del gasto público, lo que también puede afectar al crecimiento. Respecto a esto último, tenemos que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) acaba de informar que en el comparativo de enero de 2019 respecto al mismo mes de 2018, el gasto presupuestario registró una disminución real de 1.0%, derivado de la combinación de un aumento de 3.0 por ciento real en el gasto programable y una disminución de 10.1 por ciento real en el no programable.

Empleo: Desde luego que si se revisa a la baja la expectativa de crecimiento económico, lo mismo debe hacerse en cuanto al empleo. Es así que para 2019 se ajustó la expectativa del aumento en el número de puestos de trabajo registrados en el IMSS de un intervalo de entre 670 y 770 mil a uno de entre 620 y 720 mil. Para 2020, el intervalo se ajusta de uno de entre 690 y 790 mil a uno de entre 650 y 750 mil. Cabe señalar que en el 2018 el número de trabajadores registrados en el IMSS aumentó en casi 661 mil personas, por lo que la previsión de Banxico implica que se anticipa que en 2019 aumentará el número de empleos formales en una cifra similar a la observada en el año que recién concluyó.

El Banxico también presenta un listado de los factores de riesgo que persisten y dan lugar a que el balance de riesgos para la actividad económica del país continúe sesgado a la baja. Entre los riesgos a la baja en el horizonte destacan:

i. Que permanezca o se deteriore el actual ambiente de incertidumbre que ha venido afectando a la inversión, y que ello ocasione que diversas empresas pospongan o no lleven a cabo sus planes de inversión o que los consumidores reduzcan su gasto de manera precautoria.

ii. Que el proceso de ratificación e implementación del acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se retrase y genere mayor incertidumbre, afectando a la inversión.

iii. Que haya un escalamiento de las tensiones comerciales internacionales o de que se adopten mayores medidas proteccionistas a nivel mundial que afecten al crecimiento, la inversión y el comercio a nivel global, así como a los mercados financieros internacionales.

iv. Que se observen episodios de volatilidad en los mercados financieros internacionales derivados, entre otros factores, de mayores tensiones comerciales a nivel global, de aumentos imprevistos en las tasas de interés de los principales bancos centrales, de un menor apetito por riesgo, así como de un posible contagio proveniente de otras economías emergentes o de acontecimientos geopolíticos que pudieran reducir las fuentes de financiamiento.

v. Que se observe una desaceleración de la economía y el comercio globales mayor a la esperada.

vi. Que se observe un deterioro en la calificación crediticia del país o en las empresas productivas del Estado y, en particular, que se observen revisiones generalizadas a la baja por parte de las agencias calificadoras a la calificación de la deuda de Pemex que compliquen la situación financiera de la empresa.

vii. Que el efecto sobre la actividad económica de eventos tales como el desabasto de combustible, los bloqueos a las vías férreas en Michoacán o los conflictos laborales en Tamaulipas sea mayor y más persistente que lo previsto o que se presenten nuevos episodios de esta índole.

No obstante lo anterior, el Banxico también destaca posibles eventos que mejorarían el desempeño económico de México, entre los que se encuentran:

i. Que los anuncios referentes al acuerdo alcanzado con Estados Unidos y Canadá en materia comercial (T-MEC) den lugar a una notoria reactivación de la inversión.

ii. Que un dinamismo de la producción industrial en Estados Unidos mayor al anticipado favorezca el desempeño de las exportaciones manufactureras de México.

iii. Que se observe un dinamismo de la demanda agregada mayor al previsto, derivado de un aumento en el gasto de los consumidores o de que algunos sectores productivos enfrenten mejores condiciones para aumentar sus inversiones.

Inflación: En cuanto a la expectativa de alza de precios, tomando en cuenta la postura de política monetaria restrictiva y el horizonte en el que esta opera, así como la información disponible de los determinantes de la inflación, incluyendo el entorno económico actual y el dinamismo económico, tenemos que los pronósticos para la inflación general anual son de que ésta se ubicará en 3.4% anualizado en el cuarto trimestre de 2019, y que será hasta el tercer trimestre de 2020 cuando ésta se ubique por debajo del 3.0% (en un nivel de 2.8% anualizado).

Inflación

Desde luego que esto es una buena noticia ya que más allá de que se cuidará el poder adquisitivo de los salarios, pudiera implicar que en el ciclo bajista de tasas de interés está cercano. El que comiencen a bajar tasas de interés de los Certificados de la Tesorería (CETES) y de la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) es fundamental para reactivar la inversión privada, la venta de viviendas y automóviles.

Cabe señalar que así como con el crecimiento económico, de acuerdo al Banxico, los pronósticos de inflación se encuentran sujetos a los siguientes riesgos: i. Que la cotización de la moneda nacional se vea presionada por factores externos o internos; ii. Que se observen nuevas presiones sobre los precios de los energéticos o de los productos agropecuarios; iii. Que se presente un escalamiento de medidas proteccionistas y compensatorias a nivel global; iv. Que se deterioren las finanzas públicas; v. Considerando la magnitud de los aumentos recientes en el salario mínimo, además de su posible impacto directo, se enfrenta el riesgo de que estos propicien revisiones salariales que rebasen las ganancias en productividad y generen presiones de costos, con afectaciones en el empleo formal y en los precios; y vi. La persistencia que ha mostrado la inflación subyacente podría dar lugar a una mayor resistencia de las expectativas de inflación de largo plazo a disminuir.

De igual manera, existen eventos que de ocurrir, mejorarían la trayectoria de la inflación, entre los que destacan: i. Que se presenten menores variaciones en los precios de algunos bienes incluidos en el subíndice no subyacente; y ii. Que las condiciones de holgura se amplíen más de lo previsto.

Es así que tomando en cuenta todo lo anterior, se considera que el balance de riesgos respecto a la trayectoria esperada para la inflación mantiene un sesgo al alza, en un entorno de marcada incertidumbre.

Como puede apreciarse, hay una enorme cantidad de factores que están jugando en contra de la economía nacional; pero lo importante es que se atiendan las que son de índole interna, como el fortalecer el estado de derecho y la confianza empresarial. El gobierno federal, en voz del Ing. Alfonso Romo Garza, Jefe de la Oficina de la Presidencia, recién señaló en una reunión con empresarios guanajuatenses que están conscientes de que para poder repartir la riqueza, primero ésta se debe crear. Dado lo anterior pues, es fundamental dar muestras claras del rumbo económico que queremos tomar. Sin crecimiento económico el gobierno del Presidente López Obrador no podrá cumplir su promesa de un México más incluyente y justo.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un muy negro panorama para el peso mexicano en 2018

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El escenario para el 2018 no pinta bien para el peso mexicano

Después de la aprobación de la reforma fiscal en los Estados Unidos, el pasado 22 de diciembre cuando fue firmada por el presidente Donald Trump, el peso mexicano sufrió una fuerte caída frente al dólar, que llevó la paridad hasta los 19.81 unidades por billete verde en su cotización interbancaria (a pesar de que la semana anterior el Banxico había aumentado la tasa de interés objetivo hasta 7.25%). De hecho el peso fue la moneda de todo el mundo que más se depreció frente al dólar en la semana del 18 al 22 de diciembre y es muestra de la poca confianza que se tiene en nuestro país y denota el enorme nerviosísimo que tienen los mercados respecto a lo que sucederá en nuestro país en el 2018. En esta entrega explicamos lo que está pasando con nuestra moneda y las razones de su debilidad.

 

De acuerdo con un estudio publicado por Bank of America Merrill Lynch (BofAML), se espera que el tipo de cambio se encuentre por arriba de los 20.50 pesos por dólar en el primer trimestre de 2018 y se señala que en agosto de este año, cuando el dólar estaba por debajo de los 18 pesos fue cuando éste alcanzó su verdadero valor al que hubiera llegado si Donald Trump no hubiera ganado la presidencia de Estados Unidos. Las posiciones largas (posesión) en pesos se mantienen  fuertes, y de hecho la participación de extranjeros en los MBonos también se ha incrementado, lo que deja a nuestra moneda en una posición vulnerable ante un posible flujo en reversa de capitales ante factores locales y globales.

 

Se espera que la economía continúe desacelerándose por debajo de las expectativas de mercado, la inflación permanece elevada, y el sector externo seguramente seguirá bajo presión en la medida en la que las tasas de interés en Estados Unidos aumentan por una combinación de una política fiscal más relajada y una política monetaria más apretada. Adicionalmente, BofAML considera que los riesgos de los posibles resultados adversos de las próximas elecciones presidenciales y de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) están fuertemente subestimadas por el mercado.

 

Se espera que la elección presidencial en México sea apretada, y hay un riesgo de mercado de que el candidato de la izquierda, que es menos amigable con los mercados que los gobiernos pasados, gane. En este escenario, la falta de una mayoría en el Congreso de la Unión puede no ser suficiente para limitar una agenda populista. La actual postura moderada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es una consecuencia natural de que hasta hace unas semanas era el único candidato presidencial definido. Es de esperarse que conforme avanzan las campañas, los candidatos del PRI y de la Coalición Por México al Frente, provoquen con sus propuestas que AMLO se mueva de regreso hacía la izquierda.

 

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De acuerdo con BofAML, la salida de Estados Unidos del TLCAN ocasionaría una depreciación del peso de 10%, el triunfo de AMLO en las elecciones presidenciales una caída de 11.0%. 

Las renegociaciones del TLCAN han sido largas y llenas de escollos, tal como se esperaba, y es probable que se vuelvan más tensas en los siguientes meses. BofAML asigna una probabilidad significativa de que los Estados Unidos se retiren del TLCAN en el primer semestre de 2018, lo que deteriorará significativamente la inversión y reducirá el comercio con México.

 

El modelo econométrico de BofAML sugiere que un dólar en un nivel de 19 pesos implica un peso sobrevaluado en un 5% (es decir que su nivel de equilibrio es en torno a los 20 pesos por dólar), pero estos modelos no incorporan los impactos del TLCAN y de un triunfo de AMLO en las elecciones presidenciales. Ellos estiman el impacto para el peso de un triunfo de AMLO basados en las elecciones previas (2006 y 2012) así como el impacto de que los Estados Unidos se retiren del TLCAN basados en las consecuencias que esto tendría en la inversión extranjera directa y en el comercio. Concluyen que un triunfo de AMLO implica una depreciación del peso del 10%, mientras que un retiro de Estados Unidos del TLCAN ocasionaría al menos una depreciación del 11%. Si los dos eventos llegarán a suceder al mismo tiempo, ambos se reforzarían mutuamente de manera que se vería una depreciación no lineal, es decir exponencial. BofAML advierte que estas estimaciones constituyen el límite inferior de lo que podría suceder con el tipo de cambio peso-dólar. En apoyo de esta visión pesimista, se espera que las tasas de interés en Estados Unidos aumenten nuevamente en el primer trimestre de 2018 como consecuencia del impacto de la reforma fiscal en dicho país. Esto podría agregarle al peso un 1.8% adicional de depreciación.

 

Se espera que la incertidumbre llegue a su máximo nivel en febrero-marzo, ya que en ese periodo se estaría llegando a lo que se supone es la fecha límite para la renegociación del TLCAN y ya habrá campañas electorales bien definidas en México. Por su parte, las elecciones primarias del partido Republicano serán también en marzo, y el presidente Donald Trump tiene hasta el 1 de abril para solicitar una extensión de la Trade Promotion Authority (la posibilidad de negociar acuerdos comerciales rápidamente o “fast track”).

 

Desde luego que ésta muy negativa visión de lo que podría suceder con el peso mexicano en el 2018 está basado en que los fundamentales económicos de nuestro país son negativos. Por eso a nosotros nos afectan más los sucesos internacionales que a otras naciones.

 

El contexto económico es desfavorable para el peso y hay presiones para la moneda que la continuarán debilitando en los próximos meses. El crecimiento económico se está desacelerando como consecuencia de políticas monetaria y fiscal astringentes por parte del Banxico y la Secretaría de Hacienda. La inflación ha demostrado difícil de combatir a pesar de un apretón sustancial de la política monetaria que llevó la tasa de interés objetivo de 3.0% en diciembre de 2015 a 7.25% en diciembre de 2017. Los factores estructurales están presionando a la cuenta corriente de la balanza de pagos, y factores cíclicos probablemente ocasionarán una corrección, lo que le agrega presión a la moneda.

 

En el tema del crecimiento económico cabe señalar que el crecimiento del PIB se ha desacelerado y de hecho en el último trimestre ya fue negativo (en su comparación con el trimestre inmediato anterior). BofAML espera que el crecimiento sea de aproximadamente 2.0% este año y que sea de 1.6% en el 2018. Desde una perspectiva agregada de gasto, los principales impulsores del PIB serán un consumo e inversión más débiles, y las exportaciones netas. El consumo se espera que se desacelere aún más debido a que los salarios reales se han contraído como resultado de la alta inflación, y el crecimiento del crédito ha caído como resultado de mayores tasas de interés. El crecimiento de la inversión se ha visto afectado por la incertidumbre respecto al TLCAN, la elección presidencial de 2018 y las mayores tasas de interés. Por su parte, la inversión pública se ha visto fuertemente afectada por la consolidación fiscal.

 

En cuanto a la política monetaria, la tasa de interés está ahora por arriba del 3% en términos reales (ex-ante) y está llegando el límite superior de lo que el Banxico considera neutral. A pesar de esto, muchos creemos que el Banxico volverá a elevar su tasa de interés objetivo en al menos una ocasión después de que el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) lo haga en el primer semestre de 2018. Esto sin duda llevará la política monetaria a un nivel contracíclico, lo que elevará las probabilidades de una recesión.

 

Es así que no se espera que el ciclo de baja en tasas de interés en México comience sino hasta después de las elecciones presidenciales. Los riesgos son que veamos mayores alzas en las tasas si son necesarias para tratar de estabilizar el peso, en caso de una fuerte depreciación de éste por las elecciones presidenciales o por el posible retiro de Estados Unidos del TLCAN. La intervención en el mercado vendiendo dólares por parte del Banxico, será la primera línea de defensa para el peso en 2018, pero si esto no sirve para estabilizar al peso y sólo sirve para alimentar especuladores, entonces veremos más alzas en la tasa de interés a lo largo de todo el 2018.

 

Este es, de manera general, lo que pinta en el horizonte para nuestra economía y el peso mexicano. Sin embargo, esto no está escrito en piedra y las perspectivas económicas podrían mejorar si es que la Secretaría de Hacienda toma medidas para hacernos menos vulnerables ante la reforma fiscal en los Estados Unidos. De igual manera, el escenario podría mejorar si los candidatos presidenciales hacen propuestas económicas congruentes con la lógica de mercado y dejan de lado la retórica populista. México se metió solo en este problema que ahora enfrenta al haber sido negligente en la búsqueda de nuevos mercados para la exportación y haber dependido tanto de la inversión extranjera de cartera para mantener tanto tiempo un tipo de cambio barato para hacernos de importaciones de productos baratos a costa de perjudicar a la planta productiva nacional.

 

Ahora en el momento de ser creativos, iniciativa privada, academia y gobierno, con el fin de desarrollar e implementar propuestas que nos ayuden a sobrellevar mejor el temporal que se nos viene con el tipo de cambio en 2018. De lo contrario, estaremos a la expectativa de ver cómo es que Donald Trump nos pueda ayudar, al menos no retirando a su país del TLCAN.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt