En los últimos meses, ha cobrado fuerza un intenso debate en torno a las políticas económicas del presidente Donald Trump, especialmente por sus planes de debilitar deliberadamente al dólar estadounidense para impulsar la economía nacional. La llamada “doctrina Miran”, propuesta por Stephen Miran —presidente del Consejo de Asesores Económicos de Trump—, plantea que una moneda más débil podría impulsar la competitividad de las exportaciones estadounidenses y reindustrializar la economía.

En este contexto, el artículo titulado “Trump & The Fate Of The Dollar”, publicado el 28 de marzo de 2025 en el portal DailyReckoning.com, ofrece un amplio análisis de la situación. Su autor, James Rickards, examina la propuesta de un posible “Acuerdo de Mar-a-Lago”, una iniciativa inspirada en acuerdos históricos como el del Plaza (1985) y el del Louvre (1987), cuyo objetivo fue devaluar estratégicamente el dólar. Impulsada por Trump y por el propio Miran, esta nueva versión contempla medidas como la emisión de bonos a 100 años, controles de capital y un reordenamiento geoeconómico basado en alianzas estratégicas. No obstante, diversos analistas y críticos advierten que esta estrategia podría desestabilizar el orden financiero global, al socavar tanto la confianza en el dólar como moneda de reserva internacional como el mercado de deuda a corto plazo, columna vertebral del sistema bancario mundial. En este escenario, el oro reaparece como refugio por excelencia.

El artículo inicia preguntando: ¿Qué es el Acuerdo de Mar-a-Lago? ¿Y qué significaría para el valor del dólar estadounidense? Para responder, Rickards comienza su análisis con el nombre mismo: el “Acuerdo de Mar-a-Lago” evoca una continuidad con los tres grandes acuerdos monetarios internacionales celebrados desde Bretton Woods en 1944.

Acuerdos a lo largo de los años

El primero de estos acuerdos fue el Acuerdo del Smithsonian, celebrado en diciembre de 1971, tras la decisión del presidente Richard Nixon, el 15 de agosto de ese mismo año, de suspender la convertibilidad del dólar en oro a la tasa fija de 35 dólares por onza, tal como lo establecía el sistema de Bretton Woods. En respuesta, las principales economías del mundo —incluyendo a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Países Bajos, Suecia, Suiza, Canadá y Bélgica— se reunieron en el Instituto Smithsonian en Washington D.C. con el objetivo de redefinir el sistema monetario internacional.

El propósito central de Estados Unidos era devaluar el dólar frente al oro y otras monedas. Como resultado del acuerdo, el precio del oro se elevó a 38 dólares por onza (posteriormente ajustado a 42.22 dólares en 1973), lo que representó una devaluación del dólar del 7.9%. A su vez, varias divisas se revalorizaron frente al dólar, como el yen japonés, que se apreció un 16.9%.

Sin embargo, el intento por restaurar el sistema de paridades fijas fracasó. Poco después, las principales economías adoptaron tipos de cambio flotantes, régimen que prevalece hasta hoy. El oro dejó de tener un precio oficial y comenzó a cotizar libremente en los mercados. Actualmente, su valor ronda los 3,050 dólares por onza, lo que implica una devaluación acumulada del dólar de aproximadamente 98.8% en términos del oro desde 1971.

El periodo de 1971 a 1985 fue turbulento en los mercados de divisas, incluyendo el acuerdo del petrodólar (1974), el colapso del banco Herstatt (1974), la crisis de la libra esterlina (1976), la hiperinflación en EE.UU. (50% entre 1977-1981), un súper repunte del precio del oro (1980), y una gran recesión global (1981-1982). Para 1983, la inflación se había controlado, el dólar ganaba fuerza, y EE.UU. logró un fuerte crecimiento económico bajo Ronald Reagan.

La siguiente gran reunión económica sobre divisas fue el Acuerdo del Plaza en septiembre de 1985. Fue convocado por el Secretario del Tesoro de EE.UU., James Baker, en el Hotel Plaza de Nueva York e incluyó a EE.UU., Alemania, Reino Unido, Japón y Francia. En ese momento, el dólar estaba en un punto máximo histórico en relación con otras monedas. Incluso se había fortalecido frente al oro, cuyo precio cayó de $800.00 por onza en enero de 1980 a alrededor de $320.00 por onza en 1985.

El propósito de la reunión era devaluar el dólar en etapas. En ese sentido, la reunión fue un éxito. Es importante destacar que el método de devaluación sería gradual y se lograría mediante intervenciones de bancos centrales y ministerios de finanzas en los mercados de divisas. No fue una devaluación por decreto; fue una maniobra sutil.

En la práctica, las intervenciones del mercado fueron bastante escasas. Una vez que los operadores de divisas entendieron el mensaje, ellos mismos llevaron al dólar a donde necesitaba ir. Ningún operador quería estar del lado equivocado de la operación si los bancos centrales decidían intervenir ese día.

El Acuerdo del Louvre, firmado el 22 de febrero de 1987 entre EE.UU., Reino Unido, Canadá, Francia, Japón y Alemania fue, en efecto, una nueva victoria tras el Acuerdo del Plaza. Entre 1985 y 1987, el dólar se devaluó frente a otras monedas. El dólar también cayó frente al oro, que subió de $320 a $445 por onza para el momento de la reunión. Fue una misión cumplida para el Secretario del Tesoro James Baker. El propósito del Acuerdo del Louvre fue consolidar los logros del Plaza, detener más depreciación del dólar y regresar a un periodo de relativa estabilidad en los mercados de divisas.

Este acuerdo también fue un éxito. El dólar se mantuvo mayormente estable después de 1987, a pesar de la introducción del euro en 2000 (el euro osciló entre $0.80 y $1.60 dólares en los primeros años. Hoy está en aproximadamente $1.09 dólares, no muy lejos de su valoración original de $1.16).

El otro comodín fue el oro. Después de tocar fondo en torno a los $250 por onza en 1999, el oro se disparó a $1,900 por onza en 2011, una ganancia del 670% para el oro y una devaluación de facto del dólar medida en peso de oro. El periodo de relativa estabilidad en los mercados de divisas duró hasta 2010, cuando se desató una nueva guerra de divisas bajo el presidente Obama.

Un nuevo Acuerdo de Mar-a-Lago

Lo anterior nos lleva a la discusión sobre una posible nueva conferencia monetaria internacional en la cadena de conferencias desde el Acuerdo del Smithsonian, el Plaza y el Louvre. Dado el dominio de Donald Trump en la escena económica mundial hoy en día y su amor por la arquitectura ornamentada del tipo visto en el Hotel Plaza y el Louvre (Trump fue dueño del Plaza de 1988 a 1995), no es descabellado esperar que Trump convoque un día de estos a una nueva conferencia monetaria mundial en su igualmente ornamentado club Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida.

La primera discusión del Acuerdo de Mar-a-Lago aparece en el capítulo seis del libro Aftermath (2019) de James Rickards. Ese capítulo se titula “El Acuerdo de Mar-a-Lago” y contiene una extensa discusión sobre la evolución del sistema monetario internacional desde 1870, incluyendo los acuerdos más recientes mencionados arriba.

Luego hace un recuento de las reuniones privadas de Rickards con el jefe del FMI John Lipsky y el Secretario del Tesoro Tim Geithner, enfocándose en un posible nuevo patrón oro y el intento de reemplazo del oro por los Derechos Especiales de Giro (SDR), creados en 1969 y usados entre los miembros del FMI desde entonces. Termina con la clásica cita de 1912 de Pierpont Morgan: “El dinero es oro, y nada más.”, y recomienda a los inversionistas adquirir oro físico para sus carteras. El precio del oro en dólares ha subido un 120% desde esa recomendación de 2019.

Mar-a-Lago

El renovado interés por un posible “Acuerdo de Mar-a-Lago” tomó fuerza a partir de un documento publicado en noviembre de 2024 por Stephan Miran, titulado “A User’s Guide to Restructuring the Global Trading System”, y difundido por Hudson Bay Capital. Aunque el enfoque principal del texto es la reforma del sistema comercial global, Miran plantea que la devaluación controlada del dólar podría servir como herramienta para contrarrestar los efectos negativos de la imposición de aranceles y mejorar la competitividad de EE.UU. En ese contexto, advierte sobre la “persistente sobrevaloración del dólar”, y sugiere que una estrategia concertada de devaluación, al estilo del Acuerdo del Plaza de 1985, podría ser necesaria.

A partir de ese documento, la idea de replicar un acuerdo similar al Acuerdo del Plaza de 1985 empezó a cobrar fuerza bajo el nombre de “Acuerdo de Mar-a-Lago”. La propuesta ganó aún más relevancia cuando, tras la publicación del documento, Donald Trump nombró a Stephan Miran como presidente de su Consejo de Asesores Económicos, lo que envió una señal clara de que estas ideas no son meras teorías académicas, sino parte del plan económico que Trump podría intentar implementar ahora en la Casa Blanca.

Emisión de bonos a 100 años

En la sección de divisas del documento de Miran (págs. 27–34), el autor no solo sugiere una devaluación del dólar; propone que EE.UU. emita bonos a 100 años. En su visión, estos instrumentos serían atractivos para los administradores de reservas extranjeras y reducirían la presión sobre los bancos centrales de otros países para vender dólares y sostener sus propias monedas. Estas tenencias en dólares a muy largo plazo ayudarían, según Miran, a mitigar la volatilidad cambiaria de corto plazo y a llevar al sistema monetario internacional hacia un equilibrio más sostenible. El propio autor se refiere a esta estrategia como el “Acuerdo de Mar-a-Lago”.

El documento también incluye una serie de medidas adicionales, como el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro, el Programa de Financiamiento Bancario a Plazo de la Reserva Federal, y el establecimiento de nuevas líneas de intercambio de divisas (swap lines). Además, Miran sugiere aplicar la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 (IEEPA) para imponer retenciones fiscales a los intereses que se pagan a tenedores extranjeros de bonos del Tesoro, una forma de control de capitales con el objetivo de desincentivar la acumulación de deuda estadounidense por parte de países considerados adversarios.

En esta lógica, propone un sistema de semáforo geopolítico para clasificar a los socios comerciales: países verdes (amigables) recibirían protección militar y los aranceles más favorables; países amarillos (neutrales) enfrentarían aranceles recíprocos; y países rojos (adversarios) quedarían expuestos a aranceles punitivos, ausencia de apoyo en seguridad y posibles controles financieros.

Donald Trump y Stephan Miran

Una catástrofe financiera en desarrollo

En efecto, Miran intenta tenerlo todo: devaluar el dólar para mejorar la competitividad comercial, pero al mismo tiempo mantener al dólar como eje del sistema monetario global. Nixon intentó algo similar en 1971 y James Baker lo hizo con éxito en 1985. Pero mientras el Acuerdo del Plaza se logró gracias a una estrecha cooperación internacional, hoy no existe tal alineación: las tensiones con China, las sanciones a Rusia y el distanciamiento con Europa por la guerra en Ucrania han fracturado el consenso entre potencias.

Desde la publicación del documento de Miran, el tema ha ganado una atención mediática desproporcionada e incluso especulativa. Un reciente titular de MarketWatch afirmaba: “Wall Street no puede dejar de hablar del ‘Acuerdo de Mar-a-Lago’”. Algunas propuestas ya en circulación sugieren revaluar el oro registrado en el balance de la Reserva Federal (que en realidad es un certificado, no oro físico) del valor oficial de $42.22 por onza al precio de mercado actual de aproximadamente $3,050, y contabilizar la “ganancia” como ingreso extraordinario en la Cuenta General del Tesoro. Otros analistas plantean ideas aún más radicales, como respaldar parte de la deuda estadounidense con activos tangibles, entre ellos tierras federales o derechos sobre recursos naturales.

Hasta ahora, nadie sabe con certeza qué sería realmente un Acuerdo de Mar-a-Lago ni si llegará a concretarse, lo que hace imposible proyectar con precisión su impacto. Sin embargo, la versión más discutida del plan tendría efectos secundarios altamente peligrosos que podrían desatar una crisis financiera global.

En GAEAP elaboramos estudios sectoriales para que puedas anticiparte al impacto de la situación económica en tu sector productivo.

De acuerdo con Rickards, una de las propuestas más problemáticas es precisamente la sustitución de deuda del Tesoro a corto plazo por bonos a 100 años. Aunque a simple vista puede parecer una medida eficaz para reducir presiones cambiarias, en realidad afectaría gravemente la arquitectura financiera internacional. Los bonos del Tesoro a corto plazo —especialmente los T-bills— son el activo más líquido y seguro del mundo, y constituyen la principal garantía utilizada en operaciones de financiamiento interbancario, repos y derivados financieros. Estos instrumentos están además en el corazón del sistema eurodólar y del mercado de derivados globales, cuyo valor nocional supera el cuatrillón de dólares.

Al reemplazar estos activos líquidos por deuda ilíquida a muy largo plazo, se generaría una escasez crítica de colateral de alta calidad, lo que dificultaría enormemente la operatividad de los bancos, afectaría sus balances, provocaría desconfianza entre contrapartes y podría detonar una crisis sistémica aún mayor que la de 2008. En otras palabras, el Acuerdo de Mar-a-Lago, tal como se plantea hoy, atenta contra el mecanismo que permite que los mercados financieros globales funcionen con seguridad y confianza.

La devaluación del dólar, además, no combate una inflación arancelaria que no se ha materializado en Estados Unidos hasta ahora, y por el contrario, incrementaría el precio de las importaciones, alimentando nuevas presiones inflacionarias internas. Por su parte, las propuestas como la revaluación contable del oro en los libros de la Fed o una “auditoría” de Fort Knox impulsada por Trump y Elon Musk no tienen impacto económico real: el precio del oro lo determina el mercado global, no los juegos contables entre el Tesoro y la Reserva Federal.

En este contexto, el gran ganador seguirá siendo el oro.

Mientras los BRICS avanzan decididamente hacia un sistema financiero respaldado por activos reales —especialmente el oro—, los inversionistas individuales aún tienen tiempo para anticiparse a ese cambio de paradigma. El dólar, lejos de fortalecerse con esta estrategia, podría volverse más vulnerable si se debilita su infraestructura financiera clave.

El momento de actuar es ahora.

Si los gobiernos están acumulando oro a marchas forzadas, ¿por qué tú no?

No te quedes atrás.

Son tiempos de mucha incertidumbre y con una suscripción al Servicio Informativo de GAEAP podemos mantenerte informado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

Suscríbete GRATIS a mi newsletter en Substack: https://economex.substack.com/

Sígueme en X: https://x.com/alejandrogomezt

Si disfrutas de nuestro contenido, te invitamos a apoyar nuestro trabajo suscribiéndote a nuestro servicio informativo premium. Tu suscripción nos permitirá seguir adelante con nuestra labor y, además, te dará acceso a contenido exclusivo. ¡Agradecemos de antemano tu apoyo!

🎙️ ¡El episodio 51 de #EconomexPodcast ya está disponible! No te lo pierdas y descubre los temas relevantes de esta semana. 🎧👇

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo