Nos salvamos, pero Trump nos volverá a amenazar

2019-05-31-trump-tariffs-mexicoMéxico es un país sumamente dependiente de su comercio exterior, y en especial del que mantiene con los Estados Unidos. De acuerdo con cifras del INEGI, en el año 2018 México realizó exportaciones con un valor de 450.685 miles de millones de dólares (mmdd), de las cuales 358.285 mmdd tuvieron como destino a nuestro vecino del norte, lo que representa el 79.5% del total. Si tomamos en consideración que en el 2018 el Producto Interno Bruto (PIB) de México sumó 23.517 billones de pesos y el tipo de cambio promedió 19.23 pesos por dólar, entonces se deduce que nuestro PIB fue de 1.222 billones de dólares.

De esta manera, vemos que el total de nuestras exportaciones del 2018 representaron el 38.88% del PIB, mientras que las destinadas a Estados Unidos representaron el 29.3% del PIB. Resulta claro entonces porque cuando el presidente Donald Trump amenazó a México con imponer aranceles del 5% a partir del 10 de junio y aumentarlos mensualmente hasta llegar al 25%, bastantes personas se pusieron muy nerviosas; y es que una caída de nuestras exportaciones a Estados Unidos del 10% representa una disminución del 2.93% de nuestro PIB. Al ver estas cifras y analizar la estabilidad en el comportamiento del tipo de cambio durante la semana 3 al 7 de junio, se puede intuir que el mercado preveía que habría un arreglo entre México y Estados Unidos, tal como el que se anunció el viernes 7.

Ahora que ha pasado la más reciente amenaza económica de Trump, en esta entrega elaboro una serie de consideraciones respecto a la vulnerabilidad de nuestro país por su dependencia con los Estados Unidos, y hago una propuesta de mediano y largo plazo respecto a cómo mitigar una posible caída de exportaciones a Estados Unidos, la cual consiste en trabajar para reducir nuestro gigantesco y creciente déficit comercial con las naciones asiáticas, en especial con China.

De acuerdo con cifras del INEGI, en 2018 México le exportó a China mercancías con un valor de 7.429 mmdd e importamos desde dicha nación bienes con un valor de 83.511 mmdd, lo que nos ocasionó un déficit comercial con dicho país en ese año de -76.082 mmdd. En ese mismo sentido, en 2018 nuestras exportaciones totales a las naciones asiáticas sumaron apenas 25.211 mmdd, mientras que nuestras importaciones desde dichas naciones fueron de 161.014 mmdd, lo que nos ocasionó un enorme déficit en nuestra balanza comercial de -135.803 mmdd. ¿Cómo le hicimos para pagar ese gigantesco déficit comercial? Pues gracias al superávit que tenemos en nuestro comercio con Estados Unidos. En 2018 nuestras exportaciones a nuestro vecino del norte sumaron 358.285 mmdd, mientras que nuestras importaciones desde dicha nación fueron de 215.828 mmdd, lo que nos generó un superávit comercial de 142.457 mmdd. Es así que desde hace muchos años utilizamos nuestro creciente superávit comercial con Estados Unidos para financiar nuestro también creciente déficit comercial con las naciones asiáticas.

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Como lo he señalado en otras entregas, el problema de esta situación es que es un problema crónico por lo que empeora año con año. En el primer trimestre de 2019 nuestras exportaciones a China sumaron 1.567 mmdd, cifra 5.1% inferior al valor de nuestras exportaciones a dicho país en el primer trimestre de 2018. Por su parte, nuestras importaciones originarias de China sumaron 19.856 mmdd en el primer trimestre de 2019, cifra 8.7% superior a la observada en el primer trimestre de 2018. De esta manera, en los primeros tres meses del 2019, nuestro déficit comercial con China sumó 18.289 mmdd, cifra 10.0% mayor a la observada en el primer trimestre de 2018.

En cuanto a la situación comercial con la suma de las naciones asiáticas tenemos una situación similar. En el primer trimestre de 2019 nuestras exportaciones a dichas naciones sumaron 6.180 mmdd, cifra 6.9% superior a la observada en el primer trimestre de 2018. Sin embargo, el problema es que nuestras importaciones de mercancías originarias de las naciones asiáticas sumaron 39.668 mmdd en el primer trimestre de 2019, cifra 12.4% superior a la observada en el primer trimestre de 2018. De esta manera, en los primeros tres meses de 2019 nuestro déficit comercial con las naciones asiáticas sumó -33.488 mmdd, cifra 13.5% superior a la registrada en el primer trimestre de 2018.

En este contexto, vemos que Estados Unidos sigue siendo nuestra fuente de divisas para financiar nuestras compras de productos asiáticos. En el primer trimestre de 2019 las exportaciones de México a Estados Unidos sumaron 86.121 mmdd, cifra 4.2% superior a la observada en el primer trimestre de 2018. En el primer trimestre de 2019 nuestras importaciones de mercancías originarias de Estados Unidos sumaron 50.025 mmdd, cifra 0.8% inferior a la observada en el primer trimestre de 2018. De esta manera, en los primeros tres meses de 2019 logramos un superávit comercial con dicha nación por 36.096 mmdd, cantidad 12.1% superior a la registrada en el primer trimestre de 2018.

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El Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, en la mesa de negociación con el Vicepresidente Mike Pence. 

Ante la contundencia de estos datos que evidencian lo mucho que necesitamos las divisas que nos genera el superávit comercial con Estados Unidos para poder financiar los desequilibrios comerciales con Asia, urge platear soluciones. La verdad es que resulta poco realista decir que debemos buscar exportarle menos a Estados Unidos, cuando lo que debemos hacer es exportarle más a nuestro vecino del norte, pero sobre todo a los demás países con los que tenemos un tratado de libre comercio y que son acuerdos comerciales poco utilizados por nosotros.

Sin embargo, ahora que ya no existen las oficinas de Proméxico, dicha labor se antoja más difícil. Existen algunos organismos promotores del comercio exterior en los estados, como es el caso de COFOCE en Guanajuato. Estos organismos deben pues promover las exportaciones, haciendo énfasis en mercados como el europeo, el Sudamericano y el Japonés.

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Para depender menos de EE.UU:, la prioridad para México debe ser disminuir su creciente déficit comercial con China. 

Otra política que debemos implementar para depender menos de las divisas que nos genera el superávit comercial con los Estados Unidos es buscar disminuir el déficit comercial con las naciones asiáticas, y en especial con China. Desde diciembre de 2008 México emprendió una desgravación arancelaria unilateral en favor de todos los países que forman parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC), bajando los aranceles máximos para los productos manufacturados, que cobra a los países con los que no tenemos tratado de libre comercio, a un nivel de 20% (salvo algunas excepciones en textil, vestido, calzado, entre otros). Esta desgravación arancelaria benefició a muchos países, especialmente a China y Vietnam. ¿Pero cuándo estos dos países han bajado sus aranceles a bienes manufacturados unilateralmente en favor de la economía mundial? La realidad es que no lo han hecho después de su respectivo ingreso a la OMC y tampoco tienen planes de hacerlo en el corto plazo.

Es así que México debería hacer dos cosas en este sentido: 1. Suspender el calendario de desgravaciones arancelarias unilaterales, tales como las de textil, vestido y calzado (programadas para noviembre de este año), y 2. Revisar su política arancelaria, de manera que se ajusten al alza los aranceles de aquellos sectores aquejados por competencia desleal y cuando las diferencias de costo país sean demasiado elevadas. Claro, se deben respetar los acuerdos de la OMC y no rebasar los aranceles consolidados registrados, pero desde luego que hay espacio para ajustar hacía arriba algunas tasas en favor de la producción nacional y en aras de comenzar a resolver los desequilibrios comerciales con las naciones asiáticas. Esto que escribo no es más que proteccionismo para muchos, pero la realidad es que los tiempos del aperturismo indiscriminado ya quedaron atrás y forman parte del discurso de académicos trasnochados que no se han dado cuenta que el mundo ya cambió. México debe cuidar su planta productiva y mantener una sana competencia con el exterior, se debe lograr ese equilibrio.

Necesitamos tomar medidas para anticiparnos a las nuevas amenazas que seguramente nos volverá a lanzar el presidente estadounidense Donald Trump. Faltan 17 meses para las elecciones en los Estados Unidos y les puedo asegurar que los problemas para México no se han terminado. No duden que en uno o dos meses Trump salga a decir que el acuerdo migratorio con México no sirvió y que ahora si impondrá los aranceles, o bien, que salga y diga que la industria automotriz mexicana está acabando con los empleos allá y que pondrá un arancel especial a los autos mexicanos. En fin, todos estamos en riesgo y sabemos que Trump hará y dirá lo que sea en contra de México en aras de aumentar popularidad y reelegirse. Por eso debemos estar preparados, diversifiquemos mercados de exportación y comprémosle menos productos a las naciones asiáticas reactivando nuestra planta  productiva nacional.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La lógica detrás de las amenazas de Donald Trump

U.S. President Trump participates in revitalization council meeting at the White House in Washington
Después de amenazar con cerrar la frontera con México, ahora Trump amenaza con cobrar aranceles a todas las importaciones originarias de México.

El jueves 30 de mayo, el presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a hacer algo que parece disfrutar y es el agarrar a México de “piñata” con el fin de armar un show para satisfacer a su base electoral que está cansada de la creciente inmigración. Como ya ha sido ampliamente comentado, Trump dijo que a partir del 10 de junio impondría un arancel del 5% a todos los bienes importados desde México a menos de que se detenga el flujo de inmigración ilegal a los Estados Unidos, lo que fue visto como un escalamiento de sus amenazas fronterizas que podría tener implicaciones bastante negativas para ambas economías, en especial para la mexicana.

La nueva amenaza de Trump es peculiar porque combina dos de sus temas favoritos: migración y comercio, y llega en un momento en que él ha tenido dificultades para lograr victorias en ambos temas, a menos de año y medio de las elecciones presidenciales en las que estará en juego su reelección.

La Casa Blanca planea imponer aranceles punitivos a las importaciones provenientes de México, comenzando con un 5% e incrementar dichos aranceles mensualmente hasta llegar al 25%, si el flujo migratorio no se detiene. Trump dijo que eliminaría los aranceles solo si toda la migración ilegal a través de la frontera cesaba, aunque otros funcionarios de la Casa Blanca han dicho que les bastaría si México toma “acciones mayores” en el tema. La gran duda para muchos es ¿cómo el elevar el costo de los productos mexicanos puede ayudar a reducir el flujo de migrantes? Lo lógico es que si los aranceles deterioran la economía mexicana, más mexicanos querrán emigrar para buscar un empleo en los Estados Unidos.

De concretarse, es de esperarse que las consecuencias económicas del nuevo plan de Trump se comiencen a sentir rápidamente y que éstas sean severas. En teoría, los aranceles son pagados por las empresas que importan los productos, por lo que las empresas estadounidenses pagarían los aranceles y posteriormente podrían pasarle algunos de estos costos adicionales a los consumidores. Sin embargo, eso es en teoría, pero en la práctica podríamos ver casos en los que el exportador mexicano tenga que absorber el costo del arancel en áreas de mantener el cliente (esto básicamente depende de la elasticidad-precio de la demanda de cada producto importado).  En otras palabras, es probable que Estados Unidos nos siga comprando aguacates, pero es difícil saber si nos seguirán comprando zapatos. México le exportó 346.5 miles de millones de dólares (mmdd) a los Estados Unidos en 2018, cifra equivalente al 28% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB).

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Las importaciones del sector automotriz podrían verse fuertemente afectadas.

Dado lo anterior, no se han hecho esperar las críticas a esta amenaza en ambos lados de la frontera. Nadie puede negar que los flujos masivos de migrantes centroamericanos hacía los Estados Unidos son un problema real; pero la amenaza repentina del presidente Trump es injusta y claramente inapropiada. No solo le atribuye la totalidad de la culpa del flujo migratorio a México, sino que toma de rehén a la débil economía mexicana, además de que encarecerá los productos para los consumidores estadounidenses. Todo debido a una disputa que no tiene absolutamente nada que ver con el comercio internacional.

Por su parte, el presidente Trump socavó la buena voluntad que recientemente se había alcanzado cuando se eliminaron los aranceles al acero y aluminio mexicanos, lo cual se había hecho para promover la ratificación del T-MEC. Ahora las expectativas de que dicho acuerdo pueda ser aprobado por el Congreso estadounidense se han desplomado y Donald Trump le ha vuelto a mostrar al mundo porque es tan difícil, para cualquier contraparte nacional o extranjera, construir con él.

De acuerdo con un artículo editorial publicado por el diario Washington Post, si el presidente Trump en realidad lleva a cabo su ultimátum, tan sólo por frutas y verduras, el consumidor estadounidense comenzará a pagar por los nuevos aranceles unos cuantos cientos de millones de dólares hasta llegar a unos 3 mil millones de dólares en octubre, en caso de que México no haya satisfecho las demandas de Trump para entonces.  Si se toma en consideración que en 2018 la totalidad de importaciones originarias de México sumaron 346.5 mil millones de dólares, entonces el costo máximo para el consumidor estadounidense sería de unos 87 mil millones de dólares, suponiendo que no hubiese sustitución de importaciones desde otros países, algo que resulta impensable. Queda claro que Trump no está pensando en términos de costo-beneficio, sino en términos de causar caos en su vecino del sur argumentando “una emergencia y amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y economía de los Estados Unidos”.

En cuanto a la legitimidad de la medida, funcionarios de la Casa Blanca creen que Trump tiene la facultad, en base a una ley de 1977, de imponer aranceles en todas las importaciones de ciertos países si cita una “emergencia nacional”. Y hace varios meses, Trump declaró una emergencia nacional a lo largo de la frontera con México debido a un incremento de migrantes cruzando hacía los Estados Unidos.  Pero la ley de 1977 nunca se ha utilizado para imponer aranceles de esta manera, y las nuevas acciones de Trump podrían enfrentar retos legales importantes por la diversidad de compañías transnacionales que resultarían afectadas.

En otro editorial de Jeff Spross, publicado en el portal The Week, el autor nos recuerda que Donald Trump se hace llamar “hombre aranceles”, pero la realidad es que él no entiende para que sirve y como funciona su herramienta favorita para torcerle el brazo a sus adversarios internacionales. Trump lanzó sus amenazas contra México, pero no para contrarrestar malas prácticas comerciales por parte de su vecino del sur, sino para detener el flujo de migrantes indocumentados, lo cual carece de lógica.

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El Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, se reunirá el miércoles 5 con funcionarios estadounidenses en Washington.

Los críticos de Trump insisten en que cuando un país “A” le impone aranceles a otro país “B”, no es “B” o sus empresas las que pagan los aranceles. Son los consumidores y empresas del país “A” las que acaban pagando los aranceles, por eso consideran que lo que hace Trump es castigar a los consumidores estadounidenses. En teoría, la idea de imponer aranceles es para equiparar los precios de los productos entre ambos países con el fin de conservar producción y empleos. Bajo este tenor, es lógico pensar que en el mediano y largo plazos las empresas mexicanas perderán ventas en los Estados Unidos, y las deberán reemplazar con exportaciones a otros países para evitar ”sufrir alguna forma de dolor económico”, como quiere Trump.

Los aranceles propuestos por Trump causarán una gran disrupción en la industria automotriz, ya que las cadenas de suministro para los fabricantes automotrices descansan en una red compleja en la que los productos van y vienen entre los dos países hasta ocho veces. Entonces la imposición de los aranceles podría provocar que algunos procesos manufactureros intermedios dejen de realizarse en México y se muden a los Estados Unidos o Canadá.

El editorial de Jeff Spross menciona que es verdad que hay casos en los que se han utilizado aranceles punitivos para incidir en las políticas de otros países.  Pero si está es la ruta que se va a tomar, pues al menos Estados Unidos debería asegurarse de que México pueda cumplir con sus exigencias. En este caso es difícil ver qué más podría hacer México para agradar a la Administración Trump. En el primer trimestre de este año, México arrestó a 31 mil personas y deportó a otras 22 mil. El país enfrenta un gran problema de corrupción, por lo que la aplicación de la ley se hace aún más difícil. Como ya se mencionó, mucha de la migración que Trump quiere frenar no viene de México, sino que proviene de Centroamérica, con miles de migrantes que huyen de la crisis económica, problemas políticos, violencia, entre otras cosas sobre las que el gobierno mexicano no puede hacer mucho. Y si los nuevos aranceles de Trump logran infligir suficiente “dolor económico” a las empresas mexicanas, ¿Quién llevará la mayor carga de eso? Desde luego que muchos de los trabajadores que pierdan su empleo decidirán migrar hacía el norte, provocando que la migración que Trump quiere controlar sea aun más difícil de atenuar.

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Las probabilidades de que se apruebe el T-MEC han disminuido sustancialmente después de la amenaza de aranceles por parte de Trump.

Además, la administración Trump no le dio a México ningún objetivo en términos cuantitativos que el gobierno deba lograr para evitar los aranceles. Esto desde luego que implica que los Estados Unidos nos pueden hacer dejar los aranceles que quieran durante el tiempo que quieran, y nosotros no tendremos elementos para decir “ya cumplimos, quita los aranceles”.

Desde luego que todo esto echa a la basura los esfuerzos por aprobar pronto el T-MEC. Es imposible pensar que los políticos mexicanos y estadounidenses, en sus respectivas esferas, se pongan de acuerdo ahora, cuando la amenaza de nuevos y crecientes aranceles está en el aire. Es así que el presidente Trump ha convertido su mayor iniciativa comercial en algo que el día de hoy es impasable en el Congreso estadounidense.

Pero tal vez ese era el punto. Era poco probable que los legisladores demócratas aprobaran el T-MEC sin realizar revisiones significativas en temas ambientales, laborales y de propiedad intelectual; los cuales posteriormente serían rechazadas por los republicanos. Al castigar y enfurecer a políticos y empresarios mexicanos, Trump podría forzar a México a retirarse del acuerdo antes de que los políticos estadounidenses lo maten. Entonces Trump podría culpar a México de hundir el T-MEC, mientras que su amenaza de poner aranceles por el tema migratorio tendrá a su base política muy contenta. En otras palabras, tal vez Trump no desea que los aranceles contra México entren en vigor y sólo necesita una distracción y una salida.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La lógica detrás de la guerra comercial de Estados Unidos con China

descarga (1)En un artículo de Robert E. Kelly, publicado el 10 de abril en el sitio de noticias nationalinterest.org, se presenta un interesante análisis respecto a las verdaderas motivaciones del presidente estadounidense Donald Trump, respecto a la guerra comercial que sostiene contra China y reflexiona respecto a cómo podría hacer un mucho mejor trabajo al venderle a la población estadounidense la necesidad de que Washington confronte a Pekín.

La guerra comercial con China del presidente Trump es claramente controversial. Va en contra de los principios estadounidenses de apertura al comercio internacional. Viola las reglas del libre comercio, un precepto básico del capitalismo de mercado y una de las pocas áreas en las que la profesión de economía es prácticamente monolítica respecto a sus recomendaciones de política pública. Y con certeza,  una prolongada guerra comercial con la segunda mayor economía del mundo tendrá impactos económicos importantes para todo el mundo, en especial para las dos naciones en disputa. Se dicde que los aranceles de Trump pueden salvar empleos en un sector, pero sólo a costa de perder otros empleos en otros sectores en la medida en que ocurre desviación del comercio y se presentan  ineficiencias y disrupciones.

Pero hay una lógica estratégica para la reducción del comercio entre Estados Unidos y China, y es la creciente competencia política y militar con China, especialmente en el este de Asia. Curiosamente, Trump casi nunca utiliza este argumento. Trump se ha referido asimismo como el “hombre aranceles”, y frecuentemente hace comentarios proteccionistas y mercantilistas respecto de sus políticas comerciales. Esto termina por ocasionar resultados absurdos, tales como el que la Casa Blanca asevere que las importaciones de productos canadienses o de los países miembros de la OTAN constituyen un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Al enfatizar el proteccionismo como argumento o su motivación respecto a sus acciones contra China, Trump creó una oposición innecesaria. Las elites estadounidenses generalmente aceptan la teoría de la ventaja comparativa como fundamento económico bien establecido desde hace dos siglos. Los propios miembros del Partido Republicano de Trump también han defendido el libre comercio como la forma para asegurar una competencia continua que mantenga el capitalismo de los Estados Unidos vibrante y abierto a nuevos mercados externos para las exportaciones estadounidenses. De manera absurda, Trump se ha instalado en posiciones contrarias a las de un profundo consenso intelectual en Washington (excepto por los miembros más tradicionalistas del Partido Demócrata) y de esta manera creó más oposición a sus políticas de la que era necesario.

MW-GG111_trade__20180323083543_ZHEn lugar de defender el antagonismo comercial de China como una dudosa iniciativa proteccionista, lo más lógico sería cambiar el discurso de Trump y la casa Blanca a que el comerciar con Pekín significa cada vez más comerciar con el enemigo. Por lo tanto, la economía debe estar sometida a la política, y los estadounidenses deben sacrificar algunos de los beneficios del comercio con China (bienes baratos, capital barato) a cambio del beneficio mayor que implica frenar el incremento de la hegemonía china en Asia, y frenar a la superpotencia que cada vez compite más directamente con los Estados Unidos.

La comunidad de seguridad nacional de los Estados Unidos ha estado preocupada desde hace mucho tiempo respecto al surgimiento de China. Después del colapso de la Unión Soviética, el único posible competidor para los Estados Unidos en el horizonte ha sido China. Otros poderes de tamaño continental como la Unión Europea, Brasil o India son democráticos, mientras que Rusia perdió dos capas de imperio en el colapso Soviético y ha sido muy reducida en poder.

El Partido Comunista Chino sobrevivió el colapso del comunismo de Europa del Este adoptando duras medidas, la más obvia fue la represión de los estudiantes que protestaban en la Plaza de Tianmen en 1989. Esta persistencia, acompañada de la transición hacía una economía de mercado y moderna, significó el posible surgimiento de un súper poder rico y autoritario. Esto podría ser peligroso y las analogías con la Alemania Wilhelmine y la Primera Guerra Mundial son comunes.

En la década de los noventas, sin embargo, esto todavía parecía lejano. En aquel tiempo la comunidad de seguridad nacional podría ser objetada por buscar un nuevo enemigo ahora que los Sovieticos habían dejado de ser una amenaza, o podría ser acusada de ser histérica respecto a China en un momento de unipolaridad sin precedentes.  Presionando en contra de los duros contra China estaba la comunidad empresarial, la cual soñaba con entrar en el enorme mercado interno chino, como ha sido desde la Política de Puerta Abierta (Open Door Policy). Más aun, este bloque de “cámara de comercio” derrotó a los duros y a quienes se quejaban de las condiciones laborales chinas en los noventas. Fue así que los Estados Unidos le brindaron trato de Nación Más Favorecida (NMF) a China con el presidente Bill Clinton, y Washington apoyó la entrada de China la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 2000.

Clinton capturó bien la lógica estratégica de esto al llamarlo “modernización por sigilio”. El jalar a China a la economía global la liberalizaría abriéndola en lo político y en lo social. Una China más rica estaría menos interesada en la competencia y el nacionalismo, y más interesada en lo material y en los avances de la calidad de vida. El tigre estaría saciado y se comportaría mejor.

Esta era una apuesta razonable en aquel entonces. La modernización y la riqueza han calmado a otros Estados, y esto se puede ver en Europa, Latinoamérica y las democracias del Este de Asia, y era una esperanza razonable el que China siguiera la misma ruta.

CHINA-1Pero en 2019, es justo decir que esta esperanza no ha funcionado y el tema no ha sido completamente decidido. Los Estados Unidos y China no están en una situación de guerra fría abierta, pero se dirigen en esa dirección. El conflicto en el Mar del Sur de China gradualmente emerge como uno de los lugares de mayor riesgo en el mundo. China no es mejor en otros temas delicados como Corea del Norte, Taiwán, o en los derechos humanos internos de lo que era en la década de los noventas. No hace mucho esfuerzo en temas ambientales a pesar de ser el contaminador más grande del mundo. Además, Pekín regala dinero en el Sureste de Asia para mermar la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia y promueve sus reclamos territoriales en el Mar del Sur de China. Más aun, China coquetea con la dictadura del presidente Ruso Vladimir Putin. China ha instituido en lo interno un Estado vigilante orwelliano que utiliza miles de cámaras y una descarada vigilancia política y social. Finalmente, el presidente chino Xi Jinping ha (aparentemente) echado por la borda el sistema de rotación del liderazgo del poder post-Mao y se ha instalado como el dirigente permanente.

En pocas palabras: la modernización no ha apaciguado al tigre; si acaso, lo ha alimentado. En lugar de enfrentar un estado autoritario pobre como en 1990, Washington ahora enfrenta a uno rico. Y la comunidad empresarial de Estados Unidos ha lentamente probado las amarguras de China durante décadas a la vista de su regulación politizada y xenofóbica, imparables robos de propiedad intelectual, violación de patentes y derechos de propiedad intelectual, transferencias de tecnología forzosas, subsidios y protección para empresas chinas, espionaje corporativo, entre otros.

Ahora vemos que la discusión de políticas respecto a China en los Estados Unidos se mueve hacía la derecha. La coalición de negocios que mantenía a raya a los duros contra China y a los militares estadounidenses hace 25 años ahora es ambivalente; mientras que el grupo de los duros de la coalición de la “Amenaza China” con sede en Washington, está creciendo.

Ahora se puede decir que existe un argumento estratégico para la guerra comercial contra China, y es el que se debe disminuir el crecimiento de China aunque esto ocasione la desaceleración de los Estados Unidos, ya que esto sirve el propósito de la seguridad nacional, y por lo tanto debe ser considerado. El profesor Robert E. Kelly no cree que los Estados Unidos y China estén en una situación como la guerra fría en este momento. Sostiene que aún queda espacio para maniobrar, particularmente si Xi renunciara al cargo (algo muy improbable), así como lo hicieron sus predecesores después de 10 años en el poder. Sin embargo, el caso para debilitar el crecimiento de China para dificultarle su consolidación como potencia mundial ahora es más claro que nunca. Trump podría unir una coalición bastante grande y amplia si mejor utilizara este mensaje.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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La renovada fortaleza del peso, ¿durará?

dolar-vs-pesoEn los últimos días hemos visto al peso mexicano fortaleciéndose respecto a prácticamente todas las monedas del mundo. Este viernes 11 de enero vimos que el dólar estadounidense bajó hasta los 19.0599 pesos en su cotización interbancaria, lo que implica el mejor nivel para el peso desde octubre de 2018. Dada esta situación, muchos se preguntan las causas de la apreciación del peso, y ese es el tema que desarrollaré a continuación.

El punto por el cual debemos comenzar es aclarando si la evolución antes mencionada se trata verdaderamente de una apreciación del peso o si más bien estamos presenciando un episodio de debilidad del dólar. Es por ello que analizamos el comportamiento del billete verde y vemos, en el  comparativo de los primeros once días de enero de 2019 respecto a los mismos días de diciembre de 2018, un desempeño mixto de dicha divisa. Con información del Pacific Exchange Rate Service, vemos que respecto a las 10 principales monedas del mundo, el billete verde se fortaleció frente a las siguientes monedas: el dólar canadiense, dólar australiano, dólar de Hong Kong, dólar de Nueva Zelanda y Won de Corea del Sur. Por su parte, el dólar estadounidense se debilitó frente a: el euro, yen japonés, a la libra esterlina, al franco suizo y al peso mexicano. Cabe destacar que de todas estas monedas, la que observó la mayor apreciación frente al dólar estadounidense fue el peso mexicano, ya que el tipo de cambio bajó de 20.3587 pesos por dólar en los primeros once días de diciembre de 2018 a 19.3666 pesos por dólar en los primeros once días de enero de 2019, lo que implica una disminución de 4.87% en el último mes.

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Ahora, en cuanto al desempeño del peso frente a varias de las principales monedas del mundo, vemos que fue muy bueno. En el comparativo de los primeros once días de enero de 2019 respecto a los mismos días de diciembre de 2018, apreciamos el siguiente comportamiento (en paréntesis se menciona el porcentaje de apreciación del peso respecto a cada divisa): dólar estadounidense (5.1%), dólar canadiense (5.4%), euro (4.4%), libra esterlina (4.9%), real brasileño (1.1%), yuan chino (4.5%) y won de Corea del Sur (5.2%).

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¿A qué se debe la reciente fortaleza del peso, sobre todo la observada respecto al dólar estadounidense? Para responder esta pregunta podemos identificar factores externos e internos, los cuales se explican a continuación:

a. Inflación estadounidense. El dólar ha reflejado un debilitamiento debido a la inflación de Estados Unidos que se ubica en tasa interanual de 1.9%, durante el mes de diciembre, reduciéndose respecto a la de noviembre inmediato anterior, la cual fue de 2.2%. Esto es relevante ya que en la medida en que la inflación sea baja en los Estados Unidos, será menor la probabilidad de que en dicho país ocurran mayores incrementos en sus tasas de interés.

b. Cierre del gobierno de Estados Unidos. Otro de los factores por los que el dólar se ha debilitado recientemente es la reciente preocupación por la extensión del cierre parcial de operaciones del gobierno estadunidense. Este cierre se debe a que el presidente Donald Trump demanda 5.7 mil millones de dólares para la construcción del muro en la frontera con México, mientras que los legisladores del Partido Demócrata, que ahora son mayoría en la Cámara de Representantes, consideran que ese es un gasto innecesario. Cabe señalar que el cese de operaciones del gobierno es ya el más extenso en la historia desde 1976, año en que se creó la ley que habilita el cierre de algunas agencias del gobierno si no se logra un acuerdo en materia de financiamiento.

El cierre parcial del gobierno estadounidense significa también que no se emitirán cifras macroeconómicas en dicho país, sino hasta que las cosas se normalicen. También significa que el gobierno sigue perdiendo dinero, y aunque son sólo aproximadamente el 25% de las oficinas gubernamentales las que están cerradas, las pérdidas acumuladas de las últimas tres semanas son de cerca de 3.6 mil millones de dólares, de acuerdo al economista principal de Donald Trump, lo que aumenta las preocupaciones respecto a una desaceleración económica, lo que eventualmente afectará  el desempeño de las compañías y la atractividad de las bolsas de valores de dicho país.

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La FED ha dicho que será más paciente en sus alzas de tasa de interés.

c. Minutas del Banco de la Reserva Federal (FED). Un factor muy importante que ha ayudado a la fortaleza del peso y de otras monedas fue la publicación de las minutas de la última reunión de la FED, así como declaraciones de varios funcionarios, que confirman la intensión por parte del banco central estadounidense de ser más paciente en sus alzas en su tasa de interés de fondos federales.

d. Política monetaria por parte del Banco de México. De la mano del punto anterior, tenemos que en México la tasa de interés objetivo por parte del Banxico se ha aumentado a un nivel de 8.25%. En México la inflación cerró el 2018 en 4.83%, todavía muy por encima de la meta inflacionaria del 3.0% por parte del banco central. Ese hecho alimenta la expectativa de que durante este año la tasa de interés objetivo seguirá aumentando hasta en medio punto porcentual. El diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos, y la expectativa de que éste aumente aún más, hace atractiva la entrada de capitales al país, lo que fortalece al peso.

e. Prudencia del Paquete Económico 2019. Si bien tiene algunos detalles que no agradaron al sector empresarial, la realidad es que el Paquete Económico enviado por la Secretaría de Hacienda y aprobado por el Congreso gustó a los inversionistas internacionales, quienes al ver un déficit fiscal moderado y el aseguramiento en el pago de los intereses de la deuda, han ido regresando al país.

En este sentido, durante la semana que recién concluyó, el titular de la Secretaría de Hacienda, Carlos Urzúa, consideró en un mensaje de Twitter que el nivel de tipo de cambio “es indicativo de que el sector financiero internacional acogió con satisfacción el mensaje de estabilidad y prudencia fiscal del Presupuesto Federal de 2019”.  De igual manera, el miércoles 9 de enero, dijo en una entrevista en Nueva York que el peso mexicano podría seguir ganando terreno hasta un nivel de 19 pesos por dólar en el corto plazo, con la posibilidad de ubicarse por debajo de dicho nivel.

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Carlos Urzua informa de los resultados de su gira de trabajo en NY.

f. Carlos Urzua está haciendo su trabajo. Altos funcionarios de Pemex y el Secretario de Hacienda visitaron Wall Street la semana que concluye para presentar los planes de negocios de la paraestatal y la estrategia de combate al mercado negro de combustibles. De acuerdo con un reporte de Barclays publicado en Bloomberg, los resultados no fueron positivos ya que “Los nuevos directivos no convencieron a nadie”.

Ante esta nota, la respuesta fue casi inmediata y en Twitter Carlos Urzúa desmintió la nota de Bloomberg, y dijo lo siguiente: “Regreso de una fructífera gira de trabajo en Nueva York donde me reuní con inversionistas. Les transmití las acciones para impulsar el sector financiero, destacando innovaciones que promueven la inclusión financiera de millones de mexicanos y puedan obtener créditos”.

En un mensaje posterior agregó: “Terminamos exitosamente la negociación de las coberturas petroleras para 2019 y platicamos de cómo el tipo de cambio refleja, además del entorno económico internacional, que el #PaqueteEconómico2019 fue bien recibido por la prudencia de establecer un superávit primario del 1%”. En el tema de las coberturas petroleras, se debe destacar que con ellas se ha garantizado un precio de 55 dólares por barril para la producción nacional de crudo de 2019.

Dado este escenario que explica la fortaleza del peso/debilidad del dólar, ahora la pregunta obligada es ¿Qué factores podrían ocasionar el debilitamiento del peso en los próximos meses? A continuación menciono algunos sucesos que podrían descarrilar la buena marcha del tipo de cambio:

a. Ocurrencias del gobierno o de los legisladores. Así como ya sucedió en el pasado con la presentación de iniciativas de ley que ponen nerviosos a los inversionistas (la de quitarle y hacer uso de las reservas internacionales del Banxico, la de eliminar y disminuir las comisiones bancarias, entre otras), o bien con el anuncio de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM), de repetirse estas situaciones se generarán nuevos episodios de volatilidad en el tipo de cambio. En este sentido, un tema al que se le prestará mucha atención en los próximos días es a la presentación de la iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo para cumplir con el anexo laboral del T-MEC.

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La aprobación del T-MEC en el Congreso de Estados Unidos es tal vez el mayor reto que enfrenta el peso mexicano en el corto plazo.

b. Complicaciones en la aprobación del T-MEC. Diversos analistas coincidimos en que de no resolverse la disputa entre los demócratas en el Congreso y el presidente Donald Trump por los recursos para el muro, difícilmente se darán las condiciones para la aprobación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá en el Congreso Estadounidense. Pero el principal problema surge de la posibilidad de que los congresistas demócratas quieran realizarle cambios, sobre todo en les temas laborales, medio ambiente, patentes de medicamentos, entre otros, y que ante dicha posibilidad Donald Trump le notifique a México y a Canadá que se retirará del TLCAN, lo que abriría un espacio de sólo 6 meses para que se dé la aprobación del T-MEC en Estados Unidos. Esos serían meses de una enorme volatilidad en el mercado cambiario.

c. Que la escasez de gasolina se prolongue y tenga un impacto económico en el país. El problema de escasez de gasolina ha golpeado a diversos sectores económicos, como el agropecuario, turístico, comercial y manufacturero de 6 estados del país y la Ciudad de México. De prolongarse el problema y extenderse a más entidades, habría una afectación mayor en la actividad económica, lo que provocaría una menor tasa de crecimiento económico y por lo tanto una menor atracción de inversión extranjera directa y de cartera.

Para concluir, podemos ver entonces que una serie de acontecimientos externos e internos se han conjuntado para que el peso goce de un nivel de fortaleza que hace varios meses no veíamos. Es posible que el dólar baje hasta los 18.50 pesos si el gobierno hace las cosas correctas y manda las señales correctas a los mercados e inversionistas; sin embargo, existen riesgos (como el descrito respecto a la aprobación del T-MEC) que de materializarse podrían llevar el tipo de cambio nuevamente a niveles de 21 pesos por dólar.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El primer nubarrón internacional para AMLO: la aprobación del T-MEC

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El T-MEC fue firmado el 30 de noviembre en Buenos Aires, Argentina.

Más allá de la estructuración y presentación ante el Congreso de la Unión del Paquete Económico 2019, uno de los primeros retos que habrá de afrontar el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en materia económica es el de la volatilidad financiera que seguramente se dará durante el proceso de aprobación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC o USMCA por sus siglas en inglés) en el Congreso de los Estados Unidos. Y es que después de la firma de este nuevo tratado, el pasado viernes 30 de noviembre en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, ahora viene el complicado proceso político para su aprobación legislativa en las tres naciones.

Mientras que en México el proceso de aprobación es relativamente sencillo, en los Estados Unidos el proceso es mucho más complejo. De acuerdo al Artículo 76 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los tratados internacionales deben ser aprobados por el Senado de la República y dicha aprobación debe hacerse por mayoría absoluta. Esto implica que se requieren 65 votos de los 128 legisladores que conforman dicha cámara. En este sentido, no se prevén complicaciones para lograr una aprobación en el Senado mexicano dado que Jesus Seade del equipo de transición de AMLO participó en la fase final de la negociación del nuevo tratado. Cabe señalar que el movimiento “Juntos Haremos Historia”, que llevó a López Obrador al poder, cuenta con 69 senadores, cantidad suficiente para aprobar el T-MEC sin necesidad de sumar a ningún otro partido político.

Como lo señalé en el párrafo anterior, el proceso de aprobación en los Estados Unidos es mucho más complicado, ya que en dicho país se requiere la aprobación por parte de sus dos cámaras legislativas: el Senado y la Cámara de Representantes. Hay que recordar que el pasado 6 de noviembre, dicho país celebró “elecciones intermedias” en las que se renovaron 35 escaños del Senado y la totalidad de los 435 asientos de la Cámara de representantes.  Después de dicha elección vemos que en cuanto a la aprobación en el Senado, no se prevén mayores problemas dado que el Partido Republicano (el partido de Donald Trump) mantuvo la mayoría con 53 de 100 asientos. En cuanto a la Cámara de Representantes, ahí si pueden complicarse las cosas para Trump dado que su partido perdió la mayoría de la que gozaba y ahora solo tiene 200 de los 435 asientos que la conforman, siendo entonces el Partido Demócrata quien ostenta la mayoría.

El hecho de no contar con mayoría del Partido Republicano en la Cámara de Representantes probablemente le complicará mucho a Trump la aprobación del T-MEC. Es de esperarse que los legisladores del Partido Demócrata no le darán a Donald Trump “una victoria” fácil que pueda ir a presumir a su base como una promesa de campaña cumplida. En este sentido, desde mediados de noviembre hemos visto notas periodísticas en las que se señala que los Demócratas en el nuevo Congreso (que entra en funciones este 3 de enero) han dejado en claro que no aceptan la forma como quedó redactado el T-MEC y que desean estándares laborales más estrictos, además de que realmente sean exigibles en cuanto a su cumplimiento por parte de México.

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El T-MEC aún debe ser aprobado por los cuerpos legislativos de los tres países que lo conforman. El proceso será complicado en EE.UU. 

El Representante del Partido Demócrata, Richard Neal, quien probablemente encabezará el Comité de Medios y Arbitrios en la Cámara de Representantes, ha dicho “necesitamos evaluar si este acuerdo (el T-MEC) realmente implica mejoras reales respecto al TLCAN existente…especialmente en lo que respecta al cumplimiento de las disposiciones del acuerdo, incluyendo las disposiciones que siempre han sido críticas para el apoyo Demócrata – aquellas que proveen las protecciones para los derechos de los trabajadores y en materia ambiental.”

Más preocupante aún resultan las declaraciones de la poderosa senadora Demócrata por Massachusetts, Elizabeth Warren, que es considerada una posible contendiente para la elección presidencial del 2020. El pasado 29 de noviembre durante un discurso criticó el T-MEC al señalar que en la forma como está escrito “El acuerdo de Trump no detendrá el serio y constante daño que el TLCAN le causa a los trabajadores estadounidenses.  No detendrá el outsourcing, no aumentará los sueldos y no creará empleos. Es el TLCAN 2.0”. Warren mencionó algunos de los puntos que históricamente le han preocupado a los Demócratas: estándares laborales, estándares ambientales más bajos y las reglas que protegen las patentes de las compañías farmacéuticas. “Las nuevas reglas harán más difícil el bajar los precios de algunos medicamentos para los adultos mayores y para cualquiera que requiera acceso a medicinas que pueden salvar su vida”, agregó Warren.

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Elizabeth Warren, una mujer muy poderosa en el Senado, quiere cambios al T-MEC antes de aprobarlo. 

Pero no sólo los algunos Demócratas se oponen, también hay críticos en el Partido Republicano, como es el caso del Senador Pat Toomey de Pensilvania. Este Senador expresó sus objeciones al T-MEC, que incluyen la manera como quedó redactada la cláusula “sunset” que requiere que el acuerdo sea revisado cada 6 años y renovado cada 16, reglas de origen con requerimientos de salarios mínimos y una protección a inversionistas mucho más débil. Además es muy crítico de que los aranceles al acero y al aluminio no fueron removidos del nuevo acuerdo. “Será un gran ´no´ en su forma actual, dijo Toomey.  Por su parte, el Senador Marco Rubio de Florida, también ha manifestado su insatisfacción con el T-MEC al señalar que es un mal acuerdo para los productores agrícolas estacionales porque “le permitirá a México continuar con sus prácticas injustas que literalmente sacarán del negocio a los productores de Florida.”

En este contexto es que, después de la firma del T-MEC en Argentina por parte de los líderes de los tres países que lo conforman, el presidente Donald Trump dijo a bordo del Airforce One que tiene la intención de notificarle al Congreso de su país que planea dar por terminado el TLCAN para de esa manera presionar a los legisladores a que aprueben el T-MEC. De materializarse esta notificación de denuncia del TLCAN entonces el Congreso de los Estados Unidos tendría un periodo de 6 meses para aprobar el T-MEC tal como está o de lo contrario, nos quedamos sin libre comercio en Norteamérica.

Esta amenaza y chantaje por parte de Trump no cae nada bien en el ánimo del Congreso estadounidense por lo que el escenario de aprobación del T-MEC en Estados Unidos se ha complicado innecesariamente, ya que mientras no se aprobara el nuevo tratado el comercio en Norteamérica seguiría siendo regido por el tratado actual. Es decir, no había prisa por aprobarlo ya que no estaban amenazados los flujos comerciales. Es así que ahora hay que esperar y ver si efectivamente Trump cumple con su amenaza de denunciar el TLCAN, pero también debemos prepararnos para posibles reacciones fuertes en el mercado cambiario en México en caso de que se cumpla la amenaza.

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Como forma para presionar a su Congreso, Trump amenaza con denunciar el T-MEC.

Si Trump presenta la denuncia del TLCAN y los Demócratas por consigna le dicen “No al T-MEC”, entonces hay que prepararnos para probablemente ver el dólar en niveles de 22 o 23 pesos. De materializarse este escenario las cosas se complican en México para el arranque del sexenio de López Obrador, ya que con un dólar en eses niveles se complicará la lucha contra la inflación; la tasa de interés objetivo del Banxico seguirá aumentando en perjuicio de familias, empresas y del propio gobierno; el costo financiero de la deuda se elevará dejando menos recursos en el Presupuesto de Egresos para lo realmente importante; entre otras cosas.

Considero que esta es la mayor amenaza externa para la estabilidad macroeconómica de México; y por lo tanto el equipo económico de López Obrador debe estar trabajando ya en un plan de contención para evitar la denuncia del TLCAN por parte de Trump y para calmar los mercados en caso de que ésta se materialice. Se aproximan tiempos por demás complicados en demasiados frentes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General de GAEAP¨

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

China en la siguiente recesión global y cómo afectará a México

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Las complicaciones económicas de China tendrán un impacto en la economía mexicana

Las probabilidades de enfrentar una desaceleración económica global en 2019 van en aumento. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial será de 3.7% en dicho año, pero la semana que recién concluye, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) publicó que estima que el año que viene el PIB global crecerá apenas 3.5%.

Uno de los factores que inciden en el pesimismo respecto al desempeño económico para el año que viene es la desaceleración de la economía de China, la segunda más grande del mundo. De acuerdo con el banco de inversión UBS, si la guerra comercial que sostiene con Estados Unidos se recrudece, su tasa de crecimiento económico podría caer hasta 5.5%, lo que de materializarse sería la tasa más baja en casi tres décadas. Por su parte, para Goldman Sachs, la tasa de crecimiento del PIB chino podría caer a 6.2% en la medida en que su economía enfrenta la presión de la disputa comercial, así como vientos en contra internos derivados de un menor dinamismo en su mercado inmobiliario y altos niveles de deuda.

Cabe recordar que este año la administración del presidente, Donald Trump, ha impuesto aranceles a prácticamente la mitad de las importaciones estadounidenses de productos chinos, y está programado que dichos aranceles aumentarán a 25% a partir del 1 de enero de 2019 para unos 200 mil millones de dólares de productos fabricados en China. El gigante asiático ha respondido con la imposición de sus propios aranceles a la importación de productos estadounidenses, lo que constituye una grave amenaza a casi tres décadas de expansión sin restricciones.

En este contexto, naciones orientadas al comercio internacional y sus monedas, tales como Taiwan y Singapur, probablemente enfrenten mayor presión conforme el impacto de los aranceles estadounidenses aplicados a China se abre paso a lo largo de las cadenas de suministro asiáticas. En este sentido cabe señalar que de acuerdo con el economista Mahamoud Islam, de la compañía de seguros de crédito Euler Hermes, se espera que el comercio mundial crezca 3.8% este año y que dicha tasa baje hasta 3.6% en 2019. Estas cifras contrastan con el crecimiento del comercio internacional de 4.8% registrado en 2017.

Pero la principal pregunta que subyace en el armado de pronósticos económicos para el año 2019 es qué tanto más el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) continuará aumentando su tasa de interés de fondos federales y qué tanto esto provocará mayores restricciones monetarias a nivel mundial. En el caso de México ya tenemos una tasa objetivo del Banco de México de 8.0%, nivel considerado como un peligro para la inversión productiva y para la adquisición de bienes de capital.

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El endurecimiento de la política monetaria estadounidense ocasiona mayores costos a países deudores en dólares.

El alza en la tasa de interés por parte de la FED es especialmente importante cuando se considera que la suma de deudas en dólares fuera de los Estados Unidos asciende a 12 billones de dólares (12 trillion en inglés), lo que implica un incremento respecto a los 9 billones registrados en 2013. Con estas cifras uno puede imaginarse el impacto que tiene en el costo financiero global cada vez que la FED decide aumentar su tasa en un cuarto de punto porcentual. Cabe señalar que la deuda externa del sector público de México, al mes de septiembre de 2018, es de 201.8 miles de millones de dólares. De ese tamaño es nuestra exposición (por parte del sector público) a lo que suceda con el precio del dólar y sus tasas de interés.

Lamentablemente para las condiciones crediticias en México y el mundo, se espera que la FED aumente la tasa de interés, por novena ocasión desde 2015, este próximo diciembre. Este hecho presionará al Banco de México a realizar un nuevo aumento en su tasa de interés objetivo a 8.25%; pero el problema es que al parecer aquí no concluirá el ciclo alcista de tasas de interés. Muchos economistas esperan hasta cuatro incrementos adicionales a lo largo de 2019. Estos aumentos son esperados, no tanto porque exista un problema inflacionario, sino como una medida para disminuir la liquidez del dólar a nivel mundial. Será entonces hasta el 2020, cuando Estados Unidos pudiera entrar en una recesión, que pudiéramos ver estabilidad en su tasa de interés e inclusive una disminución en éstas.

Con este escenario de fondo, los líderes empresariales y analistas tienen altas esperanzas de que China y los Estados Unidos puedan llegar a un acuerdo comercial una vez que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reúnan en Buenos Aires la siguiente semana en el marco del encuentro de líderes del G20. Para otros analistas, no debemos esperar mucho de dicha reunión, ya que el vicepresidente estadounidense, Mike Pence y el presidente Xi se culparon mutuamente, la semana pasada, de ser responsables de la guerra comercial.

La guerra comercial ha ocasionado la caída de la moneda china y el tipo de cambio se acerca al nivel sicológico de 7 yuanes por dólar. La pregunta que se hacen muchos observadores es si el gobierno chino tomará acciones para apoyar su moneda en un contexto de un debilitamiento económico interno.  Para algunos, toda China depende de la evolución de la guerra comercial. Si ésta escala, como muchos piensan que sucederá, lo más probable es que veremos un yuan cada vez más débil respecto al dólar. Esto tiene implicaciones para la competitividad relativa de México frente a China (y por lo tanto, del precio promedio de importaciones originarias de dicha nación). En junio de este año un yuan costaba 3.1394 pesos, mientras que para octubre su precio bajó a 2.7734 pesos y al momento de escribir estas líneas se cotiza en 2.9472 pesos. Sea como sea, las importaciones de origen chino hoy cuestan más baratas que a mediados de este año.

Un aspecto por demás importante es que conforme el crecimiento económico de China comenzó a disminuir a lo largo de este año, el gobierno chino desistió de sus esfuerzos por disminuir la deuda corporativa, los cuales había comenzado a finales de 2016, particularmente en el sector financiero. Algunos analistas han dicho que esos esfuerzos por desapalancarse podrían suspenderse hasta que la economía dé muestras de un fortalecimiento.

De acuerdo con un artículo de Panos Mourdoukoutas, titulado “La deuda, no la guerra comercial, es el problema más grande de China”, el autor señala que la guerra comercial entre China y Estados Unidos creó bastante ansiedad en los mercados financieros. Pero ésta llegará eventualmente a su fin tarde o temprano, así como Washington ya dio por terminada la guerra comercial con México y Canadá. Pero lo que Washington no puede hacer es terminar el problema de deuda de China, lo que puede ser un gran problema para la propia China y la economía global.

Es verdad que Estados Unidos tiene un problema de deuda pública, ya que ésta representa el 105.4% de su PIB. De igual manera, Japón tiene un problema de deuda pública al representar ésta el 250% de su PIB. Estos son números gigantescos, pero son bien conocidos, y en un mercado eficiente esto provoca entonces que los rendimientos y los precios de la deuda en ambos países reflejen correctamente las primas de riesgo para los inversionistas, pero esta no es la situación con la deuda de China.

Oficialmente, la de China es una deuda pública razonable que representa el 47.6% de su PIB, pero de manera extraoficial es difícil saber el verdadero tamaño de su deuda, y esto se debe a una buena razón: el gobierno es tanto el acreedor como el deudor. Una rama del gobierno le presta a otra (bancos propiedad del gobierno le prestan dinero a las empresas propiedad del estado, por ejemplo).

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Estimaciones extra oficiales ubican la deuda publica y privada de China en una cantidad equivalente al 300% de su PIB.

Es así que surgen algunas estimaciones extra oficiales, como el del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés), que la semana pasada publicó que la deuda total de China respecto a su PIB es del 300%. Este problema no pudo haber sido mejor expresado, que de la manera en que lo plasmó Bloomberg en una nota de septiembre de este año: “ha sido llamada una montaña, una película de terror, una bomba y un camino al infierno. Para los pesimistas, la deuda total pública y privada de China (equivalente a) 34 billones de dólares (34 trillion en inglés) esta es una amenaza explosiva para la economía global”. Como ya se mencionó, lo grave es que este aumento en la deuda china llega en un momento en el que su economía se desacelera.

Kevin Lai, economista en jefe para Asia de la firma Daiwa Capital Markets, señala que la deuda masiva de China ha sido por mucho tiempo un dolor de cabeza para Pekín, pero es el creciente apalancamiento externo del dólar estadounidense en China lo que se ha subestimado y lo que podría ocasionar una crisis financiera mayúscula. La deuda de 3 billones de dólares (3 trillion en inglés) vuelve a China muy vulnerable debido a las restricciones monetarias de la FED en la forma de alzas en la tasa de interés de fondos federales, además de la debilidad del yuan y la guerra comercial con Estados Unidos.

Queda claro entonces que la deuda de China en dólares representa el 25% de toda la deuda global en dólares fuera de los Estados Unidos. Esta enorme dependencia con el dólar, en un marco de alza en las tasas de interés estadounidenses y un yuan débil, ahora en día rozando los 7 yuanes por dólar, podría complicarle las cosas bastante a China. De hecho, existe la posibilidad de que si no hay acuerdo entre Trump y Jinping en Argentina, que ponga fin a su guerra comercial, el dólar podría superar la barrera sicológica de los 7 yuans por dólar y veríamos entonces a la moneda china devaluarse aún más.

¿Por qué es esto relevante para México? Pues porque con un yuan relativamente fuerte, hemos sido inundados por productos chinos y hemos sufrido un creciente y crónico déficit comercial con China, entonces imaginemos que pasará con un yuan crónicamente débil. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con cifras del INEGI, en los primeros nueve meses de 2017 México registró un déficit comercial con China de -48.871 miles de millones de dólares (mmdd) y en los mismos meses de 2018, dicho déficit es de -55.604 mmdd, lo que implica que en el último año nuestro desequilibrio comercial aumentó en un preocupante 13.8%. ¿Qué clase de déficit comercial vamos a tener si un yuan llegara a costar 2.50 pesos o menos?

Este tema da para mucho más análisis pero por cuestiones de espacio, hasta aquí dejo mi comentario. Sólo resta mencionar que aunado a la ceremonia de firma del T-MEC por parte de los presidentes de México y Estados Unidos, así como de primer ministro de Canadá; el otro evento relevante de la cumbre del G20 en Argentina, será entonces el encuentro entre Trump y Xinping. Por el bien de México y el mundo, ojala que después de su encuentro veamos que pronto darán por terminada su guerra comercial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Lo que el T-MEC significa para China

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El 30 de noviembre se firmará el T-MEC

Después de 13 meses de negociaciones, México, Estados Unidos y Canadá finalmente llegaron a un nuevo acuerdo comercial trilateral. Lo lograron antes de la fecha límite autoimpuesta por la administración del presidente Donald Trump del 30 de septiembre.

El nuevo acuerdo, que actualiza al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue denominado en español como T-MEC (Tratado México, Estados Unidos, Canadá) o bien USMCA por sus siglas en inglés (United States-México-Canadá Agreement). Llama la atención que el nuevo tratado no contiene las palabras “libre comercio”, y se debe destacar que incorpora concesiones clave hacía el proteccionismo estadounidense, fortalece la posición de nuestro vecino del norte en su guerra comercial con China, y que en general, no promueve más el libre comercio en comparación con el TLCAN.

Los detalles del tratado han sido acordados por los negociadores y los legisladores de cada país aún deben aprobar el acuerdo, algo que se espera ocurra hasta el año 2019. Cabe señalar que aunque el T-MEC sea aprobado por los legislativos de cada uno de los tres países, la mayoría de las provisiones del nuevo acuerdo no entrarán en vigor sino hasta el 2020.

¿En qué difiere el T-MEC respecto al TLCAN?

La respuesta corta es que no en mucho. La renegociación del TLCAN fue una promesa de campaña clave del presidente Donald Trump, y el nuevo acuerdo es en su mayoría una mezcla del viejo TLCAN y el fallido Tratado Transpacífico (TPP), del cual Trump se retiró en enero de 2017, tras asumir la presidencia de su país.

Sin embargo, algunos pocos cambios introducidos en el T-MEC tienen grandes implicaciones para el sector automotriz, además de disposiciones que afectan el mercado agrícola, la regulación ambiental, la propiedad intelectual (IP), y el comercio digital. Importante también es la manera en la que el T-MEC apoya los intereses comerciales y económicos estadounidenses, como veremos en esta entrega.

A continuación expondré algunas de las nuevas disposiciones del T-MEC que podrían afectar a otras naciones, en especial a China.

El poder de veto de Estados Unidos tiene a China como objetivo

Muchos observadores han destacado la inclusión del Artículo 32.10 en el T-MEC, el cual establece las consecuencias de negociar un tratado de libre comercio con una “economía que nos sea de mercado”, concepto que para muchos se refiere a China.

Lo que el texto del artículo señala es que si México o Canadá quieren negociar un tratado de libre comercio con China, éstos deben informar a los Estados Unidos con tres meses de anticipación antes de iniciar la negociación. En caso de que se firme un tratado de libre comercio bilateral con China, cualquiera de los tres países que conforman el T-MEC podría retirarse del tratado sólo avisando con seis meses de anticipación.

Para muchos, lo que significa la cláusula “somos nosotros o son ellos” es más simbólica que sustantiva, ya que el Artículo 2205 del anterior TLCAN ya permitía que cualquiera de sus miembros se retirara del acuerdo avisando a las otras partes con seis meses de anticipación; y de manera similar, el T-MEC en su Artículo 34.6 también permite que cualquiera de los países miembros se retiren del tratado avisando con seis meses de anticipación y sin tener que dar ninguna justificación.

Más aun, ni México ni Canadá están siquiera cerca de firmar un tratado de libre comercio con China.  Canadá ha llegado a explorar la posibilidad de firmar un TLC con China, pero la realidad es que ambos países comparten muchas de las lamentaciones que tiene Estados Unidos sobre su relación con China. Por su parte, México busca fortalecer su posición de potencia manufacturera y hace lo posible para ser considerada una alternativa respecto a China, no tendría sentido un TLC México-China.

El T-MEC endurece las reglas de origen e introduce una nueva regla de salario mínimo

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El T-MEC endurece reglas de origen para el sector automotriz. Se piensa que éstas disminuirán la competitividad del sector en la región.

El T-MEC tiene importantes cambios en el sector automotriz. Bajo el nuevo acuerdo, los carros y las camionetas deben tener el 75% de su valor de contenido regional de México, Estados Unidos y/o Canadá para obtener la preferencia de cero arancel. Con el TLCAN dicho porcentaje era del 62.5%.

Esto implica que los fabricantes automotrices que venden a los consumidores de Norteamérica que dejen de abastecerse de algunas partes e insumos de algunos mercados más baratos de Asia, incluidas China, Vietnam y la India. Esto para muchos es un contrasentido porque entonces en aras de aprovechar los beneficios arancelarios, se tendrá una proveeduría más cara y se elevarán los costos finales de mercado.

Más aún, se ha establecido una regla de salario mínimo para el sector automotriz por primera vez. El T-MEC exige que entre el 40 y el 45% de las manufacturas del auto sean producidas por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora para el año 2023. Y de manera similar a lo que indicaba el TPP, el T-MEC permitirá a cada país sancionar a los demás por violaciones laborales que impacten el comercio, aunque el proceso es bastante complejo.

No obstante el optimismo de muchos por esta nueva regla, para algunos más realistas, las reglas de origen y de salario desincentivarán la inversión y la producción en México (o China y Vietnam), donde los sueldos más bajos y la manufactura barata han, ante los ojos de Donald Trump, resultado en pérdida de empleos estadounidenses y cierre de plantas. Esto es algo que Trump espera terminar con el nuevo tratado.

Al mismo tiempo, tales estándares salariales más altos y limitantes al abastecimiento de proveeduría, harán que los carros de Norteamérica sean menos competitivos en los mercados internacionales. Una producción más costosa resultará en precios más altos para los carros y los camiones. Esto podría reducir sus exportaciones al resto del mundo en la medida en que los fabricantes de automóviles en Asia y Europa no están sujetos a las reglas de origen del T-MEC.

Si tal escenario se materializara, para los fabricantes de automóviles extranjeros no sería difícil diversificar sus inversiones en mercados fuera de Norteamérica. Por ejemplo, China es todavía el mercado automotriz más grande del mundo, a pesar de una reciente desaceleración en las ventas. De hecho los analistas de mercado destacan a China por sus mayores estándares de consumo, un mayor interés por la adquisición de autos eléctricos, y gusto por las marcas japonesas y las alemanas de lujo.

Protección a la propiedad intelectual y comercio digital

El T-MEC extiende el término de la protección a la propiedad intelectual de 50 años después de la vida del autor a 70 años después de la vida del autor.

En el sector farmacéutico, el nuevo tratado aumenta la protección para los medicamentos biológicos de 8 a 10 años, lo que protegerá a las nuevas medicinas de la competencia de los fabricantes de genéricos más baratos.

Finalmente, el T-MEC incorpora nuevas disposiciones en materia de economía digital, lo que representa un avance considerable respecto al viejo TLCAN. Se establece que no se podrán cobrar aranceles a los productos comprados electrónicamente, tales como descargas de música o libros electrónicos, y protege a las compañías de internet de manera de que no serán responsables por el contenido producido por usuarios en sus plataformas.

Protección para el gobierno de las demandas de inversionistas

El Capítulo 11 del TLCAN permite a los inversionistas demandar a los gobiernos por los cambios en las políticas que pudieran afectar negativamente sus ganancias futuras. Esto ha sido eliminado para los Estados Unidos y Canadá; en México quedo restringido a unos cuantos sectores, tales como el energético, algo que se percibe como un blindaje para que el próximo gobierno federal no vaya a dar marcha atrás a la reforma energética.

Los aranceles al acero y al aluminio continuarán

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A pesar del acuerdo en el T-MEC, Estados Unidos conserva aranceles al acero y aluminio de México y Canadá

La Sección 232 de los Estados Unidos es una laguna legal que la administración Trump ha utilizado para la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio, incluido para sus socios y aliados:  México, Canadá, la Unión Europea, entre otros. Esta laguna legal continuará en el T-MEC.

La Sección 232 básicamente permite que los Estados Unidos bloqueen la importación de insumos o materiales que sean críticos para la seguridad nacional para asegurarse que el país tenga sus propias fuentes de abastecimiento seguras para el caso de una guerra. Dada esa lógica, la imposición de aranceles no tiene sentido ya que los Estados Unidos obtiene mucho de su acero de sus aliados.

Lo que hace la cláusula es darle peso legal a la habilidad de la administración Trump de imponer tales aranceles proteccionistas a sus industrias nacionales.

Introducción de cláusula de extinción (sunset)

El T-MEC contiene una “cláusula de extinción” en la que se señala que los términos del tratado expiran de manera automática a los 16 años a menos de que sea explícitamente extendido por los tres países miembros. Los Estados Unidos inicialmente querían que la extinción ocurriera a los cinco años.

Adicionalmente, el acuerdo será revisado cada seis años, momento en el que México, Estados Unidos y Canadá pueden decidir extender el T-MEC.

El T-MEC aún debe ser aprobado

El T-MEC debe ser primero firmado, lo cual ocurrirá el 30 de noviembre, para posteriormente ser ratificado por los legislativos de los tres países. Si alguno de los legislativos de los países quiere que se le hagan modificaciones al texto negociado como condición para aprobarlo (por ejemplo en materia laboral o ambiental), esto alargaría la entrada en vigor del nuevo tratado y podría provocar una nueva ronda de amenazas de Donald Trump respecto a abandonar el TLCAN, que al día de hoy sigue estando vigente. Este noviembre hay elecciones en los Estados Unidos y si el partido Republicano pierde el control de la Cámara de Representantes, las cosas se podrían complicar bastante para la aprobación del T-MEC en dicha nación, los Demócratas no querrán darle una victoria fácil a quien ven como el rival a vencer en el año 2020.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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