Dos problemas: Elevado consumo de importaciones y caída de ingresos

En la entrega editorial de hace dos semanas informamos que el INEGI había dado a conocer que en el segundo trimestre de 2021 el PIB total en términos reales (ajustado por inflación) creció a una tasa impresionante de 19.56%, pero que de cualquier manera, el PIB de dicho trimestre se encuentra en un nivel 2.82% por debajo del que tenía en el segundo trimestre de 2019. Con esto en mente, se debe destacar que en el marco de su Informe de Actividades del segundo trimestre de 2021, el Banco de México revisó al alza su estimación de crecimiento de la economía nacional a 6.2% (desde el 6.0% que había considerado a principios de año). De materializarse este pronóstico, entonces sería en el primer trimestre de 2022 cuando se recuperen los niveles de PIB que se tenían previos a la pandemia.

Estas sin duda son buenas noticias porque son datos que muestran que si las cosas salen como las prevé el Banxico, estamos próximos a recuperar los niveles de actividad productiva que se tenían en 2019 para la totalidad de la economía. Es importante precisar que es recuperación de la totalidad de la economía y no se puede dejar de lado que no obstante lo anterior, hay diversos sectores económicos siguen muy golpeados operando hasta 20% por debajo de su nivel de 2019.

Un aspecto que no se puede pasar de lado es que no obstante esta recuperación del PIB total, sigue habiendo variables que preocupan mucho en su desempeño como es el caso del consumo privado, mismo que ha tenido una muy lenta recuperación y por lo tanto refleja el deterioro en el nivel económico tangible de la población al tener ahora menor consumo de bienes y servicios. En esta entrega analizamos la situación en el consumo privado en el primer semestre de 2021 respecto de cómo estábamos antes de la crisis económica de 2020, y cómo la evolución del nivel de consumo va estrechamente relacionado con lo que ha sucedido con los ingresos promedio de la población ocupada.

Consumo privado

El INEGI publicó las cifras del Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior (IMCPMI) al mes de junio de 2021 y vemos que después de tres meses consecutivos de crecimiento, este indicador total sufrió un descalabro y disminuyó -0.8% mensual durante junio, con cifras desestacionalizadas. Derivado de lo anterior es que al cierre del primer semestre de 2021 el IMCPMI total se ha recuperado apenas 7.88% con respecto al primer semestre de 2020. Este aumento semestral es producto de un incremento de sólo 5.81% en el consumo de bienes y servicios nacionales y de un preocupante aumento de 27.69% en el consumo de bienes importados. De esta manera, el nivel del IMCPMI total observado en el primer semestre de 2021 es 4.61% más bajo que el que se tenía en el primer semestre de 2019, mientras que para el consumo de bienes y servicios nacionales es 5.95% inferior, pero en el caso del consumo de bienes importados su nivel del primer semestre de 2021 es 7.46% más alto que el que se tenía en el primer semestre de 2019. Queda claro pues que la recuperación del consumo ha favorecido más a los bienes importados que a los nacionales.

Ahora, analizando lo que ha pasado con el consumo de bienes y servicios nacionales, como ya se señaló, tenemos que entre el primer semestre de 2020 y el mismo semestre de 2021, éste reporta un aumento de 5.81%. Esto es producto de que el consumo de bienes creció 9.77%, mientras que el consumo de servicios sólo ha aumentado 2.00%. De esta manera, el consumo de bienes nacionales está todavía 1.02% por debajo del nivel del primer semestre de 2019; mientras que el consumo de servicios se encuentra muy rezagado en un nivel 10.54% por debajo del observado en el 2019.

Viendo a detalle lo que ha pasado con el consumo de bienes nacionales, tenemos que el crecimiento  de 9.77% comentado líneas arriba es producto de que el consumo de bienes duraderos subió 24.48%, el de bienes semiduraderos creció 38.69% y el de bienes no duraderos aumentó 4.64%. De esta manera, en el comparativo del primer semestre de 2019 al mismo semestre de 2021, el consumo de bienes duraderos presenta un aumento de apenas 0.67%, el consumo de bienes semiduraderos está 14.27% más bajo, mientras que el consumo de bienes no duraderos está apenas 1.36% por arriba. Cabe señalar que la debilidad en la recuperación del consumo de bienes semiduraderos explica la muy lenta evolución de las ventas de productos como ropa y calzado.

Como lo señalé líneas arriba, es preocupante como la recuperación de la economía y el consumo nacional ha servido más para beneficiar las importaciones que el consumo de productos hechos en México.  La espectacular tasa de incremento del consumo de bienes importados de 27.69% entre el primer semestre de 2020 y el mismo semestre de 2021, es producto de que el consumo de bienes duraderos importados creció 44.92%, el consumo de bienes semiduraderos importados subió 15.60%, mientras que el consumo de bienes importados no duraderos aumentó 22.25%. De esta manera, al comparar los niveles de consumo de bienes importados en el primer semestre de 2019 con el nivel observado en el primer semestre de 2021, vemos que el de la totalidad de los bienes está 7.46% arriba, producto de que el consumo de bienes importados de consumo duraderos está 2.75% arriba, el de bienes importados semiduraderos está 2.75% abajo, mientras que el de consumo de bienes importados no duraderos se encuentra 17.06% arriba.

¿A qué se debe que la recuperación del consumo haya ayudado más a los bienes importados que a los nacionales? Puede deberse a muchas cuestiones como lo son los precios de importación. Sabemos que en varias naciones como China, muchos productos no pudieron ser comercializados al caer la demanda de muchos de ellos en naciones como Estados Unidos en el 2020. A lo largo de este año, estos productos podrían ser enviados a mercados emergentes como México con precios que  no cubren ni los costos de producción. De esta manera, aunque los costos logísticos a nivel mundial se hayan disparado multiplicándose por 6, cuando los productos tienen precios de dumping, es negocio para los importadores. Esto con independencia de que es bien conocido que en México continúa la importación en masa de productos con precios subvaluados, con lo que los importadores defraudan al fisco federal y perjudican a la planta productiva nacional. Sea como sea, es una pena que gran parte de la recuperación de la economía nacional sea para ayudar a las empresas chinas a vender  más.  

Ingresos promedio de la población ocupada

Ahora, con independencia de que la reactivación del consumo total ha beneficiado más a los productos importados que a los nacionales, vale la pena preguntarse cuáles son las razones del deterioro del consumo en nuestro país.  Evidentemente se debe a la pérdida en términos reales de poder adquisitivo de la población ocupada.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, la cantidad de personas ocupadas en México pasó de 54.936 millones de personas en el segundo trimestre de 019 a 55.242 millones de personas en el segundo trimestre de 2021, lo que implica un aumento de apenas 306 mil personas más en el mercado laboral en dos años. Es verdad que en dicho periodo el salario mínimo aumentó 38.0% nominal al pasar de 102.68 pesos diarios a 141.70 pesos al día, por lo que se registraron importantes ajustes en la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso.

En el periodo antes mencionado la población ocupada que non recibe ingresos disminuyó en 183 mil personas, la población que gana hasta un salario mínimo (sm) creció en 3.336 millones, la que percibe de 1 a 2 sm subió en 2.014 millones, los que ganan de 2 a 3 sm disminuyeron en 2.639 millones, los que ganan de 3 a 5 sm disminuyeron en 963 mil, los que ganan más de 5 sm disminuyeron en 635 mil, mientras que los no especificados bajaron 622 mil personas. Esta información corrobora lo que se ha dicho en el sentido de que no obstante los fuertes incrementos del salario mínimo, los queestán en la economía informal y los que tienen niveles de ingreso superior a dicho salario no vieron sus ingresos aumentar en la misma proporción.  Muestra de ellos es que mientras que en el segundo trimestre de 2019 el 22.8% de la población ocupada ganaba menos de 1 sm, dicho porcentaje fue de 29.2% en el segundo trimestre de 2021; mientras que los que ganan de 3 a 5 salarios mínimos pasaron de representar el 9.3% de la población ocupada en el segundo trimestre de 2019 a ser el 7.1% de ésta en el segundo trimestre de 2021.

Derivado de lo anteriormente comentado, es que la persona ocupada promedio en México pasó de percibir 1.96 salarios mínimos promedio al día en el segundo trimestre de 2019 a ganar 1.48 salarios mínimos al día en promedio. Si tomamos en consideración el salario mínimo nominal y asumimos algunos ajustes en los rangos salariales, en términos monetarios la población ocupada pasó de ganar 201.364 pesos diarios en el segundo trimestre de 2019 a ganar 209.08 pesos diarios, lo que implica un aumento nominal de 3.7%. El problema es que el nivel de precios subió 8.9% entre el segundo trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2021, por lo que el ingreso promedio de la población en términos reales disminuyó -4.8% en el periodo antes mencionado. 

Si consideramos el número de personas ocupada en el segundo trimestre de 2019 y el que había en el segundo trimestre de 2021, es verdad que en términos nominales la masa salarial promedio diaria creció 4.3% nominal en el periodo, pero nuevamente, cuando tomamos en cuenta el nivel de inflación  del periodo, vemos que en realidad el nivel de masa salarial en términos reales disminuyó -4.2% en los últimos dos años. Esta cifra coincide con el de la caída en el nivel de consumo total en México.

Conclusiones

Resulta evidente que ha habido una pérdida de importante de bienestar por parte del promedio de mexicanos derivado de que el nivel de consumo real es ahora más bajo que hace dos años. Es lamentable que la recuperación haya servido más para que crezca el consumo de productos importados por encima de los hechos en México. El consumo de servicios es el rubro que requiere de más apoyo, pero los relacionados al hospedaje, recreativos, servicios de preparación de alimentos y restaurantes, entre otros, difícilmente se podrán recuperar rápidamente si continúa el desorden del gobierno federal en la aplicación de las vacunas contra el Covid-19.

La pérdida del poder adquisitivo de la población ocupada es evidente, con independencia de que haya aumentado el salario mínimo, en la proporción antes descrita. Sólo a través del crecimiento económico y aumento de productividad se recuperarán los niveles de ingreso previos a la pandemia; pero para ello se requiere consumir productos hechos en México. Aunado a lo anterior, la implementación de casos de remedio comercial (anti dumping) son fundamentales para evitar que los países que se quedaron con miles de millones de productos en saldos, vengan a vender aquí esos productos, perjudicando la planta productiva nacional. Finalmente, la gran asignatura pendiente es la lucha contra la ilegalidad y se deben redoblar esfuerzos para evitar que sigan entrando mercancías al país en condiciones de subfacturación, dañando también a la planta productiva y al fisco federal.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleonrogomezt

¿Qué ha pasado con la deuda del sector público en el sexenio de AMLO?

Está más que documentado que el presidente Andrés Manuel López Obrador es proclive a decir cifras incorrectas respecto de los indicadores y desempeño de su gobierno. En este sentido, el pasado 1 de septiembre, durante su Tercer Informe de Gobierno, AMLO dijo, en materia económica, la siguiente frase: Casi todos los pronósticos para este año coinciden en que la economía crecerá alrededor del 6 por ciento; la inversión extranjera en el primer semestre fue de 18 mil 433 millones de dólares, 2.6 por ciento mayor a la registrada en el mismo periodo del año pasado y la mejor en la historia del país. No hemos contratado deuda pública adicional; el peso no se ha devaluado durante los primeros dos años y nueve meses del sexenio, como no había sucedido en tres décadas, y el salario mínimo ha aumentado en términos reales, en 44 por ciento, algo que no había ocurrido en más de 30 años.

En esta entrega solamente analizo la afirmación del presidente, y que he puesto en negrillas y subrayado, respecto de lo que ha sucedido con la contratación de deuda pública adicional.

De acuerdo con  cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el saldo de la deuda total del sector público federal (en pesos corrientes) al 31 de julio de 2021 fue de 12.429 billones de pesos, una cifra que se compone de 7.993 billones de pesos de deuda interna neta (en pesos) y de 222.3 miles de millones de dólares (mmdd) de deuda externa neta.  El saldo de la deuda total implica que con respecto al 30 de noviembre de 2018, ésta ha crecido en 1.697 billones de pesos, equivalente a un incremento nominal de 15.82%. Este aumento en el endeudamiento es producto de que la deuda interna aumentó en 1.304 billones de pesos, equivalente a 19.50% nominal adicional; mientras que la deuda externa neta ha aumentado en 24.26 mmdd.

Cabe señalar que las cifras se dicen fácil, pero el incremento de la deuda del sector público federal en 1.697 billones de pesos en el periodo del 30 de noviembre de 2018 al 31 de julio de 2021 (974 días), ¡equivale a un endeudamiento adicional promedio diario de 1 mil 743 millones de pesos!

¿Cómo se compara este nivel de endeudamiento con el registrado en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto? Cabe señalar que EPN recibió el país con una deuda total neta del sector público federal de 5.172 billones de pesos y dejó el país con una de 10.731 billones de pesos, por lo que en sus 2,191 días de administración ésta creció en 5.559 billones de pesos, cifra equivalente a 2.537 miles de millones de pesos diarios.  Esto implica que la administración del presidente AMLO ha endeudado al país a un ritmo que representa el 68.7% del endeudamiento diario en que se incurrió en el sexenio anterior.

Con estos datos de la propia SHCP queda evidenciada la información falsa respecto de la situación de la deuda del sector público que fue proporcionada en el Tercer Informe de Gobierno. Pero más allá de esto, tenemos que ver que la situación fiscal del país se ha deteriorado en el sentido de que el saldo de la deuda del sector público federal ha crecido, mientras que el PIB nominal no lo ha hecho en la misma proporción. El problema no es tanto endeudarse, sino ver la capacidad que tienes de hacer frente a esa deuda.

De acuerdo con cifras oficiales de INEGI y de la SHCP. En 2012 el PIB nominal de México fue de 15.817 billones de pesos, mientras que la deuda neta del sector público sumó 5.172 billones, por lo que podemos decir que esta deuda representaba el 32.70% del PIB. Para el 2018 el PIB nominal fue de 23.524 billones de pesos, mientras que el saldo de la deuda llegó a 10.731 billones de pesos, por lo que la deuda ya representaba el 45.62% del PIB. En 2020 el PIB nominal fue de 23.073 billones de pesos, y el saldo de la deuda sumó 12.017 billones, por lo que la deuda respecto al PIB alcanzó su máximo de los últimos años en 52.08%. Con las cifras al segundo trimestre de 2021 el PIB nominal es de 25.419 billones de pesos, mientras que el saldo de la deuda neta del sector público es de 12.429 billones, por lo que ésta representa el 48.90% del PIB, veremos cómo cerramos el año.

Otro aspecto que se debe precisar es que en la actualidad el saldo de la deuda externa en dólares no ha tenido un impacto en el saldo total de la deuda actual del sector público por algún efecto del tipo de cambio. El tipo de cambio promedio de noviembre de 2018 fue de 20.244 pesos por dólar, mientras que el tipo de cambio promedio en julio de 2021 fue de 19.968, por lo que inclusive, este pequeño ajuste en el tipo de cambio ha ayudado a que el saldo de la deuda total no se haya visto más elevado.

Queda claro que la deuda del sector público no se ha destinado para incentivar el crecimiento económico nacional, entonces la pregunta qué debemos formularnos es a qué se destina este endeudamiento adicional. Nuestro endeudamiento crónico se debe a que nos seguimos endeudando para pagar los intereses de la deuda acumulada. En el 2018 México registró un déficit presupuestario de 2.1% del PIB y los requerimientos financieros del sector público (RFSP) sumaron el 2.2% del PIB; en 2019 el déficit fue de 1.6% del PIB y los RFSP sumaron 2.3% del PIB, en 2020 la situación se agravó porque tuvimos un déficit presupuestario de 3.5% del PIB y RSFP de 3.9% del PIB. Para el 2021 la proyección de la SHCP es que el déficit presupuestario será de 2.8% y los requerimientos financieros del SPPF sumarán 3.3% del PIB. Cabe señalar que los RFSP consisten de la diferencia entre los ingresos y los gastos distintos de la adquisición neta de pasivos y activos financieros, por lo que constituyen la medida más amplia del déficit fiscal del país.

Queda claro pues que la deuda adicional no ha servido para aumentar sustancialmente la inversión directa del sector público federal, ni ha servido para impulsar la actividad económica nacional. Seguimos con la misma tendencia de un gobierno que recauda muchos ingresos de unos cuantos contribuyentes, “se hace de la vista gorda” con buena parte de la economía informal, y el gasto público que se realiza no es ni el más eficiente ni el más productivo.

Entonces a manera de conclusión, podemos señalar que la situación fiscal del país se sigue deteriorando. Es verdad que no estamos en niveles de endeudamiento como los que observa el mundo desarrollado, pero nosotros somos un país que tiene dificultades para atraer inversión extranjera directa y de cartera por lo que nuestra debilidad fiscal puede jugarnos en contra. Es por eso que nuestra calificación de deuda soberana se ha venido ajustando a la baja en algunos casos, y tiene perspectiva negativa en otros. Esta es nuestra realidad fiscal, aunque el presidente quiera hacernos creer que México no se ha endeudado más en los casi tres años que van de administración federal.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Qué tan lejos estamos de regresar a la economía que teníamos en 2019?

Mucho se ha especulado respecto a cuándo México podría volver a registrar los niveles de actividad económica que teníamos antes de la crisis ocasionada por los cierres de actividad económica por el Covid-19. Para tratar de responder a esta interrogante, tenemos que el INEGI acaba de dar a conocer los datos de la estimación del Producto Interno Bruto (PIB) en México durante el segundo trimestre del año. Tenemos que el PIB nominal (medido en pesos corrientes) sumó 25.931 billones de pesos, y de este total 1.022 billones fueron generados por el sector primario, 8.109 billones por el sector secundario y 15.242 billones por el terciario. Si tomamos en consideración que el tipo de cambio promedio fue de 20.0137 pesos por dólar, entonces el PIB de México sumó 1.295 billones de dólares. Estas cifras globales pudieran denotar que hemos superado o estamos cerca de superar, los niveles de actividad económica que se registraban antes de la pandemia.

Para evitar generalizaciones, en esta entrega hacemos un análisis de cómo se encuentra el PIB de las diferentes actividades económicas en el segundo trimestre de 2021, en comparación con el mismo trimestre de 2019 y 2020. Veremos que algunas actividades ya se han recuperado, mientras que otras se mantienen con bastantes complicaciones y operando muy por debajo de cómo lo hacían hace dos años. Para algunas actividades esto es producto de los problemas estructurales a nivel global, fallas en las cadenas de suministro de insumos, disminución del poder adquisitivo del promedio de la población o por las erróneas políticas publicas implementadas por el gobierno federal.

PIB Total

En la Tabla 1 podemos ver que, con cifras originales, en el segundo trimestre de 2021 el PIB total en términos reales (ajustado por inflación) creció a una tasa impresionante de 19.56%, pero también vemos que el PIB actual aún se encuentra en un nivel 2.82% por debajo del que tenía en el segundo trimestre de 2019.  Esto significa que si el PIB real creciera a una tasa anualizada de 2.91% en el segundo trimestre de 2022, apenas regresaremos al nivel de PIB prepandemia. Esto es pues, por dónde se le quiera ver, una pérdida de tres años en nuestro proceso de desarrollo económico.

Ahora, si queremos analizar cómo va la economía nacional en el primer semestre del año, tenemos que el nivel de PIB real total se encuentra 6.93% por encima del nivel que tenía en el primer semestre de 2020, pero está 3.83% por debajo del monto de PIB real registrado en el primer semestre de 2019.

En cuanto a las actividades primarias, tenemos que éstas crecieron 6.75% en el comparativo del segundo trimestre de 2021 y el mismo trimestre de 2020; y de hecho se encuentran 2.60% por encima del nivel registrado en el segundo trimestre de 2019. Es así que las actividades primarias son la única gran rama de actividad que ya se encuentra en un nivel superior al prepandemia.

Las actividades secundarias tuvieron un gran desempeño en el segundo trimestre de 2021, ya que crecieron 27.85% a tasa anual con respecto al segundo trimestre de 2020; sin embargo, aún están 4.62% por debajo del nivel observado en el segundo trimestre de 2019. Es así que para regresar al nivel de PIB observado antes de la crisis del Covid-19, las actividades secundarias deberán crecer 4.85% en el comparativo del segundo trimestre de 2021 y el mismo trimestre de 2022. ¿Es posible que la industria nacional crezca a esa tasa el año que viene? Es complicado, pero pudiera darse si continúa el dinamismo de las exportaciones.

Las actividades terciarias también registraron un crecimiento importante en el segundo trimestre de 2021, ya que su PIB real aumentó 17.07%; sin embargo, éste se encuentra 1.99% por debajo del nivel del segundo trimestre de 2019. Es así que el PIB de las actividades terciarias debe crecer 2.04% entre el segundo trimestre de 2021 y el mismo trimestre de 2022 para regresar a los niveles de actividad observados previo a la pandemia del Covid-19. En el caso de las actividades terciarias, si se ve factible que en 2022 se recupere el nivel de PIB observado en 2019.   

A continuación se presenta el análisis particular de las actividades secundarias y terciarias.

Actividades secundarias

Como ya se señaló, las actividades secundarias crecieron 27.85% anualizado en el segundo trimestre de 2021, pero su nivel de PIB aún se encuentra 4.62% por debajo del observado en igual trimestre de 2019. En la Tabla 2 vemos que el crecimiento observado entre abril y junio de 2021 en las actividades secundarias es producto de que la Minería creció 6.43%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final subió 4.19%; la Construcción aumentó 33.76%; mientras que las Industrias manufactureras subieron 36.71%. No obstante lo anterior, vemos que sólo la Minería reporta un nivel de actividad superior al observado en el segundo trimestre de 2019. Vemos que la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final se encuentra todavía 5.64% por debajo de su nivel del segundo trimestre de 2019; mientras que la Construcción y las Industrias Manufactureras están 11.85% y 3.37% por debajo del nivel de 2019, respectivamente. 

¿Es posible que el PIB de la construcción crezca en el segundo trimestre de 2022 a una tasa de 13.45% para regresar al nivel que tenía en 2019? Lamentablemente, con las condiciones de incertidumbre y política de nulos incentivos a la inversión, por parte del gobierno federal se ve casi imposible que eso ocurra. Respecto a la industria manufacturera, ¿es posible que ésta crezca a una tasa de 3.49% en el segundo trimestre de 2022 para regresar a los niveles prepandemia? Es probable que si en la medida en que las exportaciones sigan aumentando y se vayan resolviendo los problemas estructurales que limitan la producción y el comercio a nivel mundial.  

De las actividades secundarias, la de mayor importancia, por su contribución al PIB son las industrias manufactureras. En el segundo trimestre de 2021, el PIB total fue de 25.931 billones de pesos, y de este total, 8.109 billones fueron de las actividades secundarias, y de esta última cifra, 4.589 billones de pesos fueron generados por las industrias manufactureras. A continuación se presenta la evolución de estas últimas:  

Manufacturas

En cuanto a las industrias manufactureras, a continuación se presenta la evolución de cada una de ellas en el periodo del segundo trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021 (en paréntesis se indica el porcentaje de variación y las actividades están ordenadas de mejor a peor desempeño): Curtido y acabado de cuero y piel,  y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (205.58%); Fabricación de prendas de vestir (173.01%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (172.06%); Fabricación de equipo de transporte (139.74%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (98.96%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (66.70%);  Fabricación de productos metálicos (60.10%); Industria del plástico y del hule (54.53%); Impresión e industrias conexas (51.11%); Fabricación de maquinaria y equipo (50.66%); Industria de la madera (49.89%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (44.39%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (42.54%); Industria de las bebidas y del tabaco (40.70%); Otras industrias manufactureras (34.11%); Industrias metálicas básicas (28.56%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (25.71%); Industria del papel (24.20%); Industria alimentaria (3.87%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (3.74%); e Industria química (3.37%).

No obstante muchas de las espectaculares tasas de crecimiento del PIB de diversas actividades manufactureras, muchas de ellas aún se encuentran en un nivel considerablemente por debajo del observado en 2019, aunque es verdad que algunas ya están en un nivel por arriba (a continuación se presenta la evolución de cada una de estas actividades en el periodo del segundo trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, ordenadas de mejor a peor desempeño): Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (18.73%); Industria del papel (6.73%); Industria del plástico y del hule (5.25%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (2.05%); Industrias metálicas básicas  (2.04%); Industria alimentaria (1.62%); Fabricación de productos metálicos (0.66%); Otras industrias manufactureras (0.55%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-1.33%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (-2.16%); Industria de las bebidas y del tabaco (-3.01%); Impresión e industrias conexas (-3.34%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-3.45%); Industria de la madera (-4.14%); Fabricación de maquinaria y equipo (-5.31%);  Industria química (-6.64%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-7.68%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-10.39%); Fabricación de equipo de transporte (-13.85%); Fabricación de prendas de vestir (-19.22%); y Curtido y acabado de cuero y piel,  y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-23.73%).

De esta información llaman la atención varios puntos: 1. De las 21 actividades manufactureras, solamente 8 reportan un nivel de PIB superior al observado en el segundo trimestre de 2020; 2. Que hay sectores que si bien registran importantes tasas de crecimiento entre el 2020 y 2021, aún se encuentran muy por debajo de su nivel de 2019, como es el caso de los sectores automotriz, vestido y calzado; y 3. Los sectores más golpeados son aquellos que dependen más del mercado interno o dependen de las cadenas globales de suministro para varios de sus insumos.

A continuación se presenta la evolución del PIB de las diversas ramas que componen a las actividades terciarias:

Actividades terciarias

Es verdad que en este espacio le dedicamos poco a analizar a las actividades terciarias, mismas que son muy importantes, como vimos en los párrafos introductorios de esta entrega. A continuación se presenta la evolución del PIB de cada rama de actividad en el periodo del segundo trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021 (en paréntesis se indica el porcentaje de variación y las ramas están ordenadas de mejor a peor desempeño): Servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos (168.94%); Servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas (160.58%); Transportes, correos y almacenamiento (54.52%); Comercio al por menor (39.36%); Comercio al por mayor (24.84%); Servicios de salud y de asistencia social (16.45%); Otros servicios excepto actividades gubernamentales (10.28%); Servicios de apoyo a los negocios y manejo de desechos y servicios de remediación (8.31%); Servicios profesionales, científicos y técnicos (7.23%);  Información en medios masivos (4.85%); Servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles e intangibles (4.29%); Corporativos (3.20%); Actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales (2.38%); Servicios educativos (1.51%); y  Servicios financieros y de seguros (-1.98%). Los datos muestran que de las 15 actividades que componen a las actividades terciarias, 14 muestran una recuperación en el segundo trimestre de 2021.

Ahora, en cuanto a la evolución de las ramas de actividad que componen a las actividades terciarias durante el periodo del segundo trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, tenemos lo siguiente (en paréntesis se menciona el porcentaje de variación y las actividades están ordenadas de mejor a peor desempeño): Servicios de salud y de asistencia social (17.08%); Información en medios masivos (4.77%); Actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales (3.26%); Servicios de apoyo a los negocios y manejo de desechos y servicios de remediación (3.19%); Servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles e intangibles (2.74%); Servicios profesionales, científicos y técnicos (-0.38%); Comercio al por menor (-1.14%); Comercio al por mayor (-2.15%); Servicios educativos (-3.70%); Servicios financieros y de seguros (-5.39%); Transportes, correos y almacenamiento (-7.03%); Corporativos (-14.08%); Otros servicios excepto actividades gubernamentales (-18.47%); Servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas (-23.63%); y Servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos (-42.76%). La información muestra que de 15 actividades solamente 5 muestran un nivel de PIB superior al del segundo trimestre de 2019. Vemos que entre los servicios más afectados se encuentran aquellos relacionados al turismo y muchas de las actividades recreativas.

Conclusión

Las cifras agregadas que indican que en el segundo trimestre de 2021 el PIB total creció 19.56% y que estamos sólo 2.82% por debajo del nivel del segundo trimestre de 2019 esconden la realidad que siguen enfrentando varios sectores de actividad como lo son los siguientes (en paréntesis se indica el porcentaje de variación del segundo trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021): Construcción (-11.85%); la Fabricación de equipo de transporte (-13.85%); Corporativos (-14.08%); Fabricación de prendas de vestir (-19.22%); Servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas  (-23.63%); Curtido y acabado de cuero y piel,  y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-23.73%); y Servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos (-42.76%). Todas estas actividades que aún se encuentran en niveles muy por debajo de los observados en 2019, requieren de una estrategia para reactivarlas porque el futuro no será fácil.

Prácticamente todos los analistas serios coinciden en que la actividad económica tendrá una fuerte desaceleración en la segunda mitad de este año, debido al temor que causa en los consumidores la variable Delta del virus que causa la Covid-19, porque es posible que continúen las disrupciones en las cadenas de valor a nivel mundial, porque en Estados Unidos se está perdiendo el impulso que se había logrado por los estímulos económicos que ha estado dando el gobierno federal, por el endurecimiento de la política monetaria en México, entre otros temas. Es por ello que se hace aún más importante el encontrar estrategias para apoyar el crecimiento del PIB nacional, porque el crecimiento inercial se ha comprobado que nos ha empobrecido.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Una recuperación económica muy complicada

El proceso de recuperación económica de México ha sufrido dos reveses en los últimos días. Por una parte, el aumento exponencial en los casos de Covid-19 ha provocado que más personas sean más cautelosas en sus actividades, lo que implica salir menos a de compras, a restaurantes, entre otros. Por otro lado, está la persistente inflación, que ha motivado a un endurecimiento de las condiciones monetarias en el país.

Respecto a este último asunto, tenemos que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) recién informó que en julio de 2021 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) mostró una inflación de 0.59% respecto al mes inmediato anterior. Con este resultado la inflación general anual se ubicó en 5.81% y se acumulan 5 meses consecutivos en los que la inflación ha estado por encima del límite máximo establecido por el Banco de México de un 4 por ciento.  

En este contexto, el Banco de México llevó a cabo su reunión de Junta de Gobierno del pasado 12 de agosto y en ella decidió incrementar nuevamente su tasa de interés objetivo en un cuarto de punto porcentual a 4.50%. La votación fue dividida y los “halcones” ganaron a las “palomas” con marcador de 3 votos a 2.  El instituto central justificó la decisión en función de que las expectativas de inflación general y subyacente en 2021 han estado aumentando. De hecho, en su comunicado de prensa, el Banxico deja en claro que ve los riesgos inflacionarios al alza en función  de lo siguiente: i) presiones inflacionarias externas; ii) presiones de costos; iii) persistencia en la inflación subyacente; iv) depreciación cambiaria; y v) aumentos en los precios agropecuarios. Sin embargo, también concede que hay algunos elementos favorables que pueden ayudar en la lucha contra la inflación: i) por los efectos de la brecha negativa del producto; ii) mayor distanciamiento social; y iii) apreciación cambiaria.

Esta decisión de incrementar la tasa de interés, es un balde de agua fría para los esfuerzos de recuperación económica nacional, en un contexto de renovado temor por el Covid-19.  Para ilustrar este punto, a continuación presento lo que sucede con la industria nacional y con el consumo privado de bienes y servicios.

Industria nacional

De acuerdo con el INEGI, el Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) (con cifras desestacionalizadas) disminuyó -0.5% en términos reales en el sexto mes de 2021 respecto al mes previo. Por componentes, la Construcción descendió -2%; la Minería -0.8%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final -0.5%, mientras que las Industrias manufactureras retrocedieron -0.1 por ciento.

Ahora, en cuanto a su comparación anual de junio de 2021 respecto del mismo mes de 2020, es verdad que se siguen viendo tasas de aumento impresionantes. Tenemos que la Producción Industrial se incrementó 13.6% en términos reales. Por sectores de actividad económica, las Industrias manufactureras crecieron 16.3%; la Construcción 15.5%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final 7.2%, mientras que la Minería aumentó 5.2%. Reitero que estas cifras se ven muy bien, pero no debemos dejar de lado que parten de niveles de comparación muy bajos tras la enorme caída que sufrieron muchas de ellas durante el 2020.

Dado lo anterior, es que a continuación volvemos a analizar la evolución de la industria en el primer semestre del año respecto del 2020, pero más importante, comparada con el nivel prepandemia observado en los primeros seis meses de 2019.

En la Tabla 1 podemos ver que en el nivel de actividad industrial del primer semestre de 2021 es 10.5% superior al observado en el primer semestre de 2020, pero ésta se encuentra 4.7% por debajo del nivel que se tenía en el primer semestre de 2019.  En el caso de la Minería, las cifras del primer semestre de 2021 indican que el nivel de actividad de este sector está 1.6% por encima de lo observado en el primer semestre de 2020 y 2.1% arriba de lo registrado en los primeros seis meses de 2019.

Con relación a la actividad de electricidad, gas y agua, vemos que el índice del primer semestre de 2021 se encuentra 0.9% por debajo de 2020 y está en un nivel 5.7% inferior al registrado en el primer semestre de 2019. Es muy preocupante lo que ocurre con la construcción, misma que en el primer semestre de 2021 se encuentra 9.5% arriba del nivel de 2020, pero sigue estando 13.1% por debajo de lo observado en 2019. Finalmente, en cuanto a las Manufacturas, vemos que en el primer semestre de 2021 éstas se encuentran 15.2% por arriba de 2020, pero están aun 3.1% por debajo del nivel de 2019.

Queda claro, pues, que salvo por la minería, la industria nacional se encuentra operando en niveles por debajo de los que se tenían en 2019; y no debemos olvidar que el 2019 fue cuando comenzaron los problemas recesivos de México porque ese año el PIB cayó -0.15%.

Consumo nacional

En los primeros cinco meses del 2021, el indicador mensual del consumo privado en el mercado interior muestra un incremento de 5.82% respecto de los mismos meses de 2020, pero aún se encuentra 4.96% por debajo del nivel que tenía en los primeros cinco meses de 2019. No obstante lo anterior, lo que más preocupa y es un riesgo para la recuperación económica nacional, es que el consumo de bienes y servicios nacionales muestra un aumento de 3.91% respecto a 2020, pero está 6.10% por debajo del nivel de 2019. Por su parte, el consumo de bienes importados muestra un aumento de 24.05% respecto a 2020 y ya se encuentra 5.20% por encima del valor observado en los primeros cinco meses de 2019.

En otras palabras, lo que estamos viendo es que no obstante que el nivel de consumo total todavía está por debajo del nivel de 2019, el consumo de productos importados ya registra niveles superiores a los observados en 2019. Esto significa que la incipiente recuperación del consumo en México ha beneficiado más a los productos extranjeros que a los nacionales, en perjuicio de la planta productiva nacional.

Para complicar aún más las cosas, tenemos que las alzas en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México, fortalecerán más al tipo de cambio (que al escribir estas líneas se encuentra en 19.87 pesos por dólar). Entonces en el contexto actual, lo que se logrará es abaratar el producto importado respecto del hecho en México y así seguiremos viendo que la recuperación económica se traducirá en mayores tasas de crecimiento de las importaciones comparado con el consumo de productos nacionales. Lo peor que puede pasar, y de hecho está pasando, es que en diversos mercados la recuperación del mercado interno sea para los extranjeros.

Conclusión

México enfrenta tiempos muy complicados por el crecimiento exponencial de los contagios de Covid-19, lo que hace probable que la expectativa de crecimiento de un 6.0% no se cumpla. En este contexto, hay un problema estructural de inflación a nivel global, y en México el problema es aún más grave, pero la autoridad del Banco Central cree que subiendo la tasa de interés logrará disminuirla (tal vez lo haga bajando el precio del dólar y así con importaciones baratas incida en el INPC). Lo que el Banxico no quiere entender es que subiendo la tasa de interés en México no resolverá los problemas de los precios de las gasolinas o lo que pasa con los contenedores atorados en casi todos los puertos del mundo. Pero el Banxico ya tomó una decisión y eso afectará la economía nacional, la cual ya privilegia el consumo de bienes importados.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt   

No se erradicará el Covid, aprendamos a vivir con eso

Al momento de escribir estas líneas, oficialmente se han registrado 201 millones de casos de Covid-19 en el mundo, y de ese total, han fallecido 4.27 millones de personas. En el caso de México, los casos oficiales son 2.964 millones, mientras que las personas que han perdido la vida son 248 mil (El INEGI estima 35.3% más muertes por Covid-19 que las reportadas por el gobierno en el 2020). Desde luego que la cantidad real de casos y muertes a nivel global es considerablemente mayor a lo que indican las cifras oficiales. Ahora, la expectativa con la tercera ola de contagios, impulsada por la variante Delta, es que aún nos falta por ver muchas cosas terribles en materia de salud. En este contexto se abre un debate en cada nación respecto a qué hacer para enfrentar esta nueva ola. Se destaca la importancia de aumentar la vacunación, se refuerza el mensaje de que es indispensable usar cubrebocas y mantener la higiene de manos. Sin embargo, acecha la amenaza de que volvamos a enfrentar cierres de actividad económica y limitaciones a la movilidad, en caso de que el número de casos siga creciendo exponencialmente y que esto ocasione una saturación en el sistema de salud pública y privado.

Esta semana tuve la oportunidad de leer un artículo editorial respecto a la estrategia que deben seguir los gobiernos nacionales para enfrentar la enfermedad del Covid-19 causada por el virus SARS-CoV-2. El artículo se titula “La erradicación del Covid es una fantasía peligrosa y cara” y fue escrito por el Dr. Jay Bhattacharya y Donald J. Boudreaux. Fue publicado por el Wall Street Journal el 4 de agosto. En él se dan argumentos sólidos para pensar que los intentos de erradicar el Covid-19 de la faz de la tierra están destinados al fracaso, que el cierre de la actividad económica es un ejercicio perverso e inútil, y que los esfuerzos deben estar puestos en mantener buenos hábitos de higiene, así como de aumentar las tasas de vacunación. El virus que causa el Covid-19 no se va a ir jamás.

Cabe señalar que el Dr. Bhattacharya es profesor de medicina en Stanford e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigación Económica. El Sr. Boudreaux es profesor de economía en la Universidad George Mason.

El artículo argumenta que gran parte de la patología subyacente a la política gubernamental en contra del Covid surge de la fantasía de que es posible erradicar el virus. Aprovechando el pánico pandémico, los gobiernos de muchas naciones y los medios de comunicación “obedientes” han utilizado la atractiva idea de que es posible llegar a tener cero casos de Covid, y para ello se induce a una obediencia ciega respecto de las duras políticas que limitan la actividad económica, mismas que han sido arbitrarias, además de que en muchos países se han violentado las libertades civiles.

De entre todos los países, Nueva Zelanda, Australia y especialmente China, han adoptado con más celo la política de llegar a cero casos de Covid. El cierre inicial de China en Wuhan fue el más tiránico. Encerró infamemente a las personas en sus hogares, obligó a los pacientes a tomar medicamentos no probados e impuso cuarentenas de 40 días a punta de pistola.

Por su parte, el 24 de marzo de 2020, Nueva Zelanda impuso uno de los bloqueos a la actividad económica más onerosos del mundo libre, con fuertes restricciones a los viajes internacionales, cierres de negocios, prohibición a las personas de salir a la calle y un fomento oficial para que los ciudadanos denunciaran a sus vecinos. En mayo de 2020, después de haber alcanzado cero casos de Covid,  Nueva Zelanda levantó la mayoría de las restricciones a la actividad económica, excepto las cuarentenas para viajeros internacionales y los registros domiciliarios sin orden judicial, para hacer cumplir el bloqueo de actividades y movilidad.

Australia también implementó políticas para llegar a cero casos de Covid. Si bien los pasos iniciales se enfocaron en prohibir los viajes internacionales, los cierres de actividad allá también involucraron a las escuelas, separación ocasional de madres de recién nacidos prematuros, represión brutal de protestas y arrestos por deambular a más de 5 kilómetros de su hogar.

Los medios de comunicación y las revistas científicas acogieron con fanfarria el logro temporal de Nueva Zelanda y Australia cuando alcanzaron los cero casos de Covid, así como del éxito autodeclarado por parte de China. La respuesta autoritaria de China pareció tan exitosa, a pesar del historial del país de mentir sobre el virus, que los gobiernos democráticos de todo el mundo, en estado de pánico, copiaron la estrategia con resultados brutales para sus economías.

Es así que Australia, Nueva Zelanda y China levantaron sus cierres de actividad y celebraron; pero luego, cuando el Covid regresó a esas tres naciones, también lo volvieron a hacer los cierres de la actividad económica. Los bloqueos actuales de Australia en Sídney ahora son aplicados por patrullas militares junto con advertencias estrictas de los funcionarios de salud advirtiendo de los riesgos de algo tan simple como hablar con los vecinos. Después de que el primer ministro Boris Johnson anunció que el Reino Unido debe «aprender a vivir con» el virus”, el ministro encargado de atender el Covid-19 de Nueva Zelanda, Chris Hipkins, respondió imperiosamente: «Eso no es algo que hayamos estado dispuestos a aceptar en Nueva Zelanda».

El historial poco impresionante de la humanidad de erradicar deliberadamente enfermedades contagiosas nos advierte que las medidas de cierre de la economía, por más draconianas que sean, no pueden funcionar. Hasta ahora, el número de enfermedades de ese tipo eliminadas es de dos, y una de ellas, la peste bovina, afectó solo a los ungulados con un número par de dedos. La única enfermedad infecciosa humana que hemos erradicado deliberadamente es la viruela. Por su parte, la bacteria responsable de la peste negra, el brote de peste bubónica del siglo XIV, todavía está con nosotros, causando infecciones incluso en los EE.UU.

El Dr. Jay Bhattacharya y Donald J. Boudreaux agregan que si bien la erradicación de la viruela, un virus 100 veces más mortal que Covid, fue una hazaña impresionante, no debería usarse como un precedente para la lucha contra el Covid. Por un lado, a diferencia de la viruela, que era transportada solo por humanos, el SARS-CoV-2 también es transportado por animales, lo que, según algunas hipótesis, puede transmitir la enfermedad a los humanos. Necesitaríamos deshacernos de perros, gatos, visones, murciélagos y más para llegar a cero casos de Covid.

Por otro lado, la vacuna contra la viruela es increíblemente eficaz para prevenir infecciones y enfermedades graves, incluso después de la exposición a la enfermedad, con una protección que dura de cinco a 10 años. Recientemente ha quedado más que claro que las vacunas Covid son mucho menos efectivas para prevenir la propagación del virus.

Y la erradicación de la viruela requirió un esfuerzo global concertado que duró décadas y una cooperación sin precedentes entre las naciones. Nada como esto es posible hoy, especialmente si requiere un cierre perpetuo a la actividad en todos los países del mundo. Eso es simplemente pedir demasiado, especialmente a los países pobres, donde los cierres de la actividad económica han demostrado ser devastadoramente dañinos para sus esfuerzos de desarrollo (De acuerdo a la Coneval., en México la pobreza creció y ahora alcanza a 44% de la población). Es de esta manera que si incluso un reservorio no humano o un solo país o región no adopta el programa de erradicación del Covid, la estrategia de llegar a cero casos a nivel mundial fallaría.

Los costos de cualquier programa de erradicación del Covid-19 son inmensos y deben justificarse antes de que los gobiernos persigan tal objetivo. Estos costos incluyen el sacrificio de bienes y servicios no relacionados con la salud, así como otras prioridades de salud, prevención y tratamientos a los que se tendría que renunciar. El fracaso constante de los funcionarios del gobierno para reconocer los daños de los cierres económicos, a menudo poniendo como pretexto el principio de prevención, descalifica al Covid como candidato para su erradicación.

La única ruta práctica es aprender a vivir con el virus de la misma manera que hemos aprendido a vivir durante milenios con otros innumerables patógenos. Una política de protección bien focalizada puede ayudarnos a enfrentar el riesgo. Hay una diferencia mil veces mayor en el riesgo de mortalidad y hospitalización que representa el virus para los ancianos en relación con los jóvenes. Ahora tenemos buenas vacunas que han ayudado a proteger a las personas vulnerables de los estragos del Covid. La solución prioritaria es ofrecer la vacuna a los grupos más vulnerables en todas partes del mundo. Se debe abandonar la idea de los cierres de actividad económica, así como las  restricciones a la movilidad, ya que esto ha probado ser una estrategia fallida.

El Dr. Jay Bhattacharya y Donald J. Boudreaux concluyen mencionando que vivimos con innumerables peligros, cada uno de los cuales podríamos elegir sensatamente no erradicar. Las muertes de accidentes de automóviles podrían erradicarse prohibiendo los vehículos de motor. El ahogamiento podría erradicarse prohibiendo la natación y el baño en albercas. La electrocución podría erradicarse prohibiendo la electricidad. Vivimos con estos riesgos no porque seamos indiferentes al sufrimiento, sino porque entendemos que los costos de cero ahogamiento o cero electrocución serían demasiado altos. Lo mismo ocurre con la estrategia de llegar a cero casos de Covid.

 Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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En Twitter: @alejandrogomezt

La pobreza creada en los hogares mexicanos en 2020

Mucho se ha dicho respecto de la crisis económica causada por el Covid-19, aunque la realidad es que la crisis no fue originada por dicho virus, sino por los gobiernos que tomaron la decisión de cerrar la economía prematuramente cuando el problema apenas comenzaba. Como ya sabemos, después de cerrar las actividades económicas “no esenciales”, los gobiernos posteriormente decidieron cuales actividades podrían ir regresando paulatinamente a operar, aunque el daño a la producción, al empleo y los ingresos de millones de personas ya estaba hecho. En países como Estados Unidos, en el que el gobierno federal y el banco central aportaron billones de dólares en estímulos, la población no sufrió tanto en lo económico. Pero, en países, como México, en el que no hubo apoyos significativos por parte del gobierno federal, ni de la banca de desarrollo, ni del banco central (que apenas se limitó a bajar su tasa de interés objetivo de un 7.00% que tenía en febrero de 2020 a 4.00% en febrero de 2021), pues el nivel de creación de pobreza y destrucción del capital ha sido gigantesco.

En este espacio hemos dado cuenta del enorme costo social de haber cerrado la economía, mismo que se ha manifestado en mayor desempleo y subempleo, así como menores niveles de ingreso para la mayoría de la población. En este sentido, la semana que recién concluye, el INEGI publicó los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2020, misma que da enormes detalles de cómo la crisis económica del año pasado afectó a los hogares mexicanos. En esta entrega presento sólo los principales hallazgos de dicha encuesta.

Ingresos de los hogares

En la ENIGH 2020, el promedio del ingreso total trimestral por hogar es de 53,798 pesos, el cual está compuesto del ingreso corriente total de 50,309 pesos y de las percepciones financieras y de capital con 3,489 pesos. Cabe señalar que la ENIGH 2018 reportó que el ingreso promedio total trimestral del hogar fue de 57,065 pesos, el cual estaba conformado de 53,418 pesos de ingreso corriente total y 3,647 pesos de percepciones financieras y de capital. Esto implica que el ingreso total promedio de las familias mexicanas disminuyó -5.7% real, derivado de que el ingreso corriente promedio cayó -5.8%, mientras que las percepciones financieras y de capital se contrajeron -4.3%.

Cabe señalar que del ingreso corriente total, en el 2020 la principal fuente de ingreso es por trabajo que representa 63.8% de éste, seguida por las transferencias (regalos en efectivo o especie) que representó el 17.6% del total, la estimación del alquiler de la vivienda (si tienes casa propia el INEGI estima como ingreso lo que pagarías de renta si no fuera tu vivienda) es de 13.1%, los ingresos por renta de propiedades es el 5.4%, mientras que otros ingresos corrientes fueron el 0.1% restante de los ingresos de los mexicanos promedio. Por su parte, de acuerdo a la ENIGH 2018 las distribuciones de dichas fuentes de ingreso se encontraron conformadas por 67.3% para ingreso por trabajo, 15.3% para transferencias, 11.4% para la estimación del alquiler de la vivienda, 5.9% para renta de la propiedad y 0.1% para otros ingresos corrientes.

Uno de los mayores problemas de México es la desigualdad en materia de ingresos. En este sentido, la ENIGH 2020 muestra la división de los hogares por deciles de ingreso corriente total. Vemos que en el  primer decil (el 10% de los hogares más pobres de México) tuvo un ingreso promedio trimestral de apenas 9,938 pesos; es decir 110 pesos diarios por hogar. En la edición 2018 dicho decil registró un ingreso promedio trimestral de 9,807 pesos, lo que significa un aumento nominal de 1.3%. Por su parte, en los  hogares del décimo decil (el 10% de hogares más ricos), el ingreso corriente promedio trimestral fue de 163,282 pesos; es decir, 1,814 pesos diarios por hogar. En dicho decil, la ENIGH 2018 registró un ingreso de 179 863 pesos; es decir, se registró una disminución de 9.2 por ciento. Estos datos muestran que en 2020 el 10% de los hogares más ricos de México tienen ingresos en promedio 16.5 veces más altos que el 10% de los hogares más pobres, en la ENIGH 2018 la diferencia era de 18 a 1.  Este fenómeno persiste no obstante los “apoyos” que el gobierno federal da a los adultos mayores y a las familias de menores ingresos.  

Gastos de los hogares

Para la ENIGH 2020, el gasto corriente total promedio de los hogares en México es de 39,411 pesos; y de este total, el gasto corriente monetario promedio trimestral por hogar fue de 29,910 pesos, mientras que el  gasto corriente no monetario fue de 9,501 pesos. En la ENIGH 2018 se reportó que el gasto corriente total promedio de los hogares fue de 43,664 pesos, de los cuales 34,329 fue gasto monetario y 9,335 pesos fue gasto no monetario. Esto implica que entre 2018 y 2020 el gasto total de los hogares disminuyó -9.7%, el gasto monetario se contrajo -12.9% real, mientras que el gasto no monetario creció 1.8 por ciento.

Dentro del gasto corriente monetario trimestral el rubro de alimentos, bebidas y tabaco representó la mayor categoría, tanto en la edición 2020, como en 2018, alcanzando 11,380 pesos y 12,090 pesos, respectivamente, lo que representa una disminución de -5.9%. En contraste, el rubro de vestido y calzado alcanzó solamente los 893 pesos para la ENIGH 2020, mientras que para la edición 2018 fue de 1 539 pesos, lo que representa una disminución de 42% en términos reales.

Dentro del rubro de alimentos y bebidas consumidos dentro del hogar, el mayor gasto corriente monetario promedio al trimestre, para ambas ediciones, se encuentra en la carne con 2,243 pesos, en el caso de la ENIGH 2020 y de 2,131 pesos para la ENIGH 2018, lo que representa un incremento de 5.2%; le siguen los cereales con 1,650 pesos en 2020 y 1,648 pesos en 2018, es decir, un incremento de 0.1%; otros alimentos diversos con 1,349 pesos para  2020 y 1,114 pesos en 2018, es decir, un incremento de 21.1%; y por último el gasto en las verduras con un incremento de 7.6%, siendo de 1,162 pesos en 2020 y de 1,080 en 2018.

Los tres primeros lugares de gasto corriente monetario promedio trimestral en los hogares corresponden, en la ENIGH 2020, al gasto en carne con 2,243 pesos, cuidados personales con 1,816 pesos y educación con 1,789 pesos, en tanto que para la ENIGH 2018 el primer lugar correspondió a educación con 2,947 pesos, el segundo a alimentos fuera del hogar con 2,759 pesos y el tercero a combustibles para vehículos con 2,148 pesos. Esto deja claro cómo la contingencia sanitaria vino a modificar sustancialmente los patrones de consumo de los hogares mexicanos.

Ingresos y gastos de los hogares por entidad federativa

En la ENIGH 2020, Nuevo León y Baja California obtuvieron el mayor ingreso corriente promedio trimestral por hogar al presentar valores de 72,931 pesos y 67,821 pesos, respectivamente. En la ENIGH 2018, para dichas entidades, los ingresos fueron de 73,894 pesos y 63,415 pesos respectivamente. En contraste, en ambas ediciones los estados con el menor ingreso corriente promedio trimestral por hogar fueron Guerrero y Chiapas con 32,516 y 29,168 pesos, respectivamente, para el caso de la edición 2020, y con 31,434 y 28,407 pesos, respectivamente, para la edición 2018.

En relación con el gasto corriente monetario promedio trimestral por hogar, en la edición 2020 la Ciudad de México y Baja California presentaron el mayor gasto con 37,771 y 37,058 pesos, respectivamente. En la edición 2018 la Ciudad de México y Baja California ocuparon los sitios con mayor gasto con 49,996 y 41,296 pesos, respectivamente. En el extremo opuesto, Oaxaca y Chiapas reportaron los gastos más bajos en ambas ediciones, siendo de 21,684 y 19,452 pesos, respectivamente, para el caso de la ENIGH 2020 y de 21,406 y 20,345 pesos, respectivamente, para la ENIGH 2018.

Conclusiones

Los resultados de la ENIGH 2020 evidencian un claro deterioro en los ingresos y gastos de los hogares mexicanos en el periodo de 2018 a 2020. Si bien estamos en un periodo de recuperación económica a nivel macroeconómico, tardaremos al menos dos años más en recuperar los niveles de ingresos y gastos per cápita que se tenían en 2018. Las políticas públicas impulsadas por el gobierno federal, que desalientan la inversión productiva y no hacen mucho para frenar las importaciones ilegales, harán que el proceso de recuperación sea complicado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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El estancamiento de la productividad manufacturera en México

La teoría económica sugiere que para que puedan incrementarse los niveles de ingreso de la población ocupada sin que esto cause presiones inflacionarias, es fundamental que aumente la productividad de la fuerza laboral. Esto conlleva a que ocurra una de tres cosas: 1. Que se produzca más con la misma cantidad de recursos, 2. Que la producción crezca a una tasa superior de lo que crecen los recursos empleados; o 3. Que la producción caiga menos de lo que disminuya la utilización de recursos. Sea como sea, la receta de incremento de productividad conlleva que el factor producción/trabajadores suba al paso del tiempo.

Los datos del INEGI sugieren que México la productividad laboral de la economía ha estado estancada desde el año 2005, ya que el índice de productividad laboral en base a la población ocupada (base 2013 = 100) pasó de 97.6 en el primer trimestre de 2005 a 101.4 en el primer trimestre de 2019, lo que implica un aumento de apenas 3.9%. Si tomamos en consideración que dicho índice se encontraba en un valor de 98.9 en el primer trimestre de 2021, pues queda claro que apenas si hemos avanzado en 16 años.

En cuanto a la productividad en las actividades secundarias (industria), la situación  es aún peor. Las cifras oficiales muestran que el índice de productividad laboral en base a la población ocupada (base 2013 = 100) pasó de 100.1 en el primer trimestre de 2005 a 88.6 en el primer trimestre de 2019, lo que implica una caída de -11.5%. El valor de dicho índice en el primer trimestre de 2021 es de 84.6, por lo que queda claro el fuerte retroceso en este indicador.

Esta situación es lo que explica buena parte del estancamiento salarial de México y confirma que una de las mayores asignaturas pendientes que tiene el sector privado es la de elevar la productividad de su fuerza laboral. Si no se logra esto, será imposible tener incrementos salariales permanentes cada año sin generar presiones inflacionarias.

Con esto en mente, en esta entrega quiero presentar un ejercicio que realizamos en GAEAP respecto al valor de producción por trabajador en las diferentes actividades manufactureras, así como la evolución que se ha dado de este indicador en el periodo de 2019 a 2021.  

Es así que conforme a los cálculos de GAEAP, con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria manufacturera (EMIM) de INEGI, tenemos que en el acumulado de los primeros cinco meses de 2021, el valor nominal promedio mensual de la producción por trabajador fue de 168,448 pesos para la totalidad de actividades del sector manufacturero. Esto implica un incremento nominal de 27.3% respecto de los 132,359 pesos promedio mensual de 2020 y un incremento nominal de 7.8% en relación a los 156,243 pesos de 2019. Si tomamos en cuenta la inflación del periodo, entonces el valor promedio de la producción por persona ocupada creció 21.5% entre los primeros cinco meses de 2020 y los primeros cinco meses de 2021, mientras que con respecto a 2019, ésta muestra una caída real de -0.2%. Estos hallazgos coinciden con lo expresado en la parte introductoria de esta entrega. 

Cabe precisar que esta evolución en términos nominales del valor promedio de la producción por persona ocupada se debe a que en el promedio de los primeros cinco meses de 2020 a los primeros cinco meses de 2021, el personal ocupado aumentó 1.5%, mientras que el valor de producción lo hizo en un 28.9%. Por su parte, entre los primeros cinco meses de 2019 y los mismos cinco meses de 2021, el personal ocupado promedio disminuyó -1.3%, mientras que el valor de la producción creció 6.4% en términos nominales. 

Ahora, si queremos ver cuál es el nivel de valor de la producción por persona ocupada para cada una de las actividades productivas en los primeros cinco meses de 2021, tenemos que éste se encuentra de la siguiente manera (en paréntesis se indica dicho valor en pesos mexicanos, las actividades se encuentran ordenadas de mayor a menor): Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón ($1,216,037); Industrias metálicas básicas ($683,648); Industria química ($384,448); Industria de las bebidas y del tabaco ($288,284); Industria del papel ($244,252); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos ($233,706); Fabricación de equipo de transporte ($229,721); Industria alimentaria ($144,621); Fabricación de maquinaria y equipo ($128,052); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica ($112,813); Industria del plástico y del hule ($114,862); Industria de la madera ($108,141); Fabricación de productos metálicos ($97,155); Impresión e industrias conexas ($77,410); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles ($87,607); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir ($58,988); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos ($49,381); Fabricación de muebles, colchones y persianas ($42,472); Fabricación de prendas de vestir ($29,450); Otras industrias manufactureras ($17,170); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos ($15,775). Estos datos son impresionantes en el sentido de que la diferencia de la actividad que genera el mayor valor de producción por persona ocupada es 77 veces más alta respecto de la actividad que genera el menor valor por persona ocupada.

Ahora, en cuanto a la evolución nominal del valor de la producción por persona ocupada en el periodo de los primeros cinco meses de 2019 a los mismos cinco meses de 2021, como se mencionó líneas arriba, para la totalidad de las industrias manufactureras éste creció 7.8% en términos nominales, pero al tomar en cuenta la inflación del periodo, se aprecia una disminución de -0.2%. En relación a la evolución de cada actividad manufacturera, tenemos lo siguiente (en paréntesis se muestra el porcentaje de cambio nominal y los datos están ordenados de mejor a peor desempeño): Industria de la madera (26.8%); Fabricación de productos metálicos (21.2%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (17.4%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (11.7%); Impresión e industrias conexas (9.3%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (8.5%); Industria del plástico y del hule (7.1%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (6.5%); Fabricación de prendas de vestir (2.9%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-0.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (-3.3%); Otras industrias manufactureras (-6.8%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-9.4%).

Si tomamos en consideración que la inflación de precios al consumidor en el periodo del promedio de los primeros cinco meses de 2019 al promedio de los mismos meses de 2021 fue de 7.96%, pues queda claro entonces que solamente 10 actividades manufactureras muestran un incremento en términos reales de su índice de valor de la producción por trabajador. En todo caso, son estas actividades las más proclives a incrementar los niveles salariales sin ocasionar un incremento de precios o disminuir la rentabilidad del negocio.

A manera de conclusión podemos señalar que para tener un mercado interno verdaderamente fuerte, que nos ayude a depender menos de las exportaciones como motor de crecimiento, es fundamental que los niveles salariales de la población aumenten. Para lograr esto sin ocasionar problemas inflacionarios es fundamental que haya aumentos en la productividad de los trabajadores, lo cual sólo puede darse mediante la capacitación de éstos o dotándolos de más y mejores bienes de capital (herramienta, maquinaria, equipo, entre otros).

Es por ello que se requieren cambios legales que permitan la deducción inmediata y al 100% de las compras de capital por parte de todas las empresas; además de que se debe permitir la deducibilidad al 100% de las prestaciones laborales (entre ellas la capacitación), ya que cómo está el esquema actual se tiene un serio obstáculo para el incremento de la productividad.

Los tres órdenes de gobierno, así como los dueños de las empresas, deben tener como la máxima prioridad el que se logren aumentos sostenidos de la productividad de los trabajadores. Esperemos en este sentido que a lo largo de este complicado año escuchemos algún anuncio con medidas tendientes a este fin, sobre todo en beneficio de las microempresas, las cuales son las mayores creadoras de empleos en México.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Una recuperación industrial heterogénea en 2021

Mucho se ha dicho en el sentido de que la recuperación económica nacional está en marcha. En la última encuesta de expectativas económicas del Banco de México los analistas pronostican un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano de 5.80%, que de materializarse nos  ubicaría al cierre de este año en un nivel 3.0% por debajo del PIB registrado en 2019. En esta entrega analizamos la evolución de la industria nacional en los primeros cinco meses de 2021 comparado con el nivel de actividad observado en los mismos meses de 2020 y de 2019. Lo que sucede con la industria nacional es relevante, ya que ésta es la principal fuente de divisas para el país, al mes de junio de 2021 contaba con 7.465 millones de personas trabajando registradas en el IMSS, además de que en el primer trimestre de 2021, representó el 31.6% del PIB de México.

Para analizar el comportamiento de la industria nacional tenemos que el INEGI acaba de dar a conocer  los datos del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) al mes de mayo, por lo que ya podemos hacer una valoración más precisa del grado de recuperación que ha tenido la industria nacional respecto de los meses más complicados de la crisis de 2020, además de darnos cuenta de cuáles son las actividades en las que ya inclusive se recuperaron los niveles de actividad observados en 2019, previo a la pandemia.

Es así que en cuanto al IVFAI total, con cifras originales vemos que éste muestra un aumento de 9.9% en el comparativo de los primeros cinco meses de 2021 respecto de los mismos meses de 2020. Si bien esta es una magnífica noticia, se debe señalar que dicho índice se encuentra 4.7% por debajo del nivel que tenía en los primeros cinco meses de 2019.

A continuación se presenta la evolución de las cuatro actividades que componen la industria nacional:

Minería

La Minería representa el 5.0% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021 y respecto de esta actividad, tenemos que en los primeros cinco meses de 2021 su índice de producción está 0.9% por encima del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020; y destaca que el nivel de 2021 es 2.5% superior al registrado en los primeros cinco meses de 2019. Es así que esta actividad industrial, aparentemente es la única que se ha recuperado de la crisis económica vivida en 2020.

Respecto de las tres ramas de actividad que actividad que conforman la industria minera, tenemos que todas presentan niveles de producción más altos en los primeros cinco meses de 2021 respecto de los observados en los primeros cinco meses de 2019. En este sentido tenemos que los Servicios relacionados con la minería están 5.9% arriba del nivel de 2019, mientras que la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas está 2.4% por encima, y la extracción de petróleo y gas se encuentra 2.0% por encima del nivel de los primeros cinco meses de 2019.

Electricidad, gas y agua

En cuanto a la actividad denominada “Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final”, ésta representa el 1.9% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021. Respecto a su evolución tenemos que ésta no se ha podido recuperar a sus niveles de producción observados en 2019 y de hecho se encuentra aún por debajo de lo observado en 2020. De acuerdo con el INEGI, el IVFAI de electricidad, gas y agua se encuentra en los primeros cinco meses de 2021 en un nivel 2.5% por debajo del de los primeros cinco meses de 2020 y está 5.6% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019.

De las dos ramas de actividad que componen la actividad de electricidad, gas y agua, tenemos que la de Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final se encuentra 1.8% por encima del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020, pero está 1.3% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019. En cuanto a la actividad de Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica es preocupante que ésta se encuentre 3.8% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020 y sea 6.8% inferior al nivel observado en los primeros cinco meses de 2019.

Construcción

La Construcción representa el 6.9% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021. Este porcentaje ha disminuido derivado de que el sector industrial más afectado ha sido el de la Construcción, ya que como es bien sabido, a lo largo de lo que lleva esta administración federal, se ha desanimado la inversión física y productiva. Es así que si bien la industria de la construcción se encuentra 8.5% por encima del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020, aún está 12.8% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019.

Respecto a las tres ramas de actividad que componen a la industria de la construcción, vemos una gran variedad en el desempeño de éstas. Vemos que los Trabajos especializados para la construcción se encuentran 16.7% por encima del nivel registrado en los primeros cinco meses de 2020, pero están 2.0% por debajo del nivel de los primeros cinco meses de 2019. En cuanto a la Edificación, ésta se encuentra 8.9% por encima del nivel registrado en los primeros cinco meses de 2020, pero ésta 13.6% por debajo del nivel de los primeros cinco meses de 2019. Finalmente, en cuanto a la Construcción de obras de ingeniería civil ésta se encuentra 1.6% por debajo del nivel observado en los primeros cinco meses de 2019 y se encuentra 19.2% por debajo del nivel de los primeros cinco meses de 2019.

Industrias manufactureras

Las industrias manufactureras representan el 17.9% del PIB total de México en el primer trimestre de 2021 y respecto de estas actividades, vemos que éstas han tenido una favorable evolución en 2021, aunque aún no recuperan su nivel de 2019. Concretamente tenemos que en los primeros cinco meses de 2021 éstas presentan un crecimiento de 15.0% en el volumen de producción respecto a 2020, pero todavía se encuentran 3.2% por debajo del nivel observado en 2019.

En cuanto al desempeño de cada una de las ramas de actividad manufacturera, tenemos que de las 21 ramas de actividad, 20 presentan incremento respecto del nivel observado en los primeros cinco meses de 2020; aunque con respecto a los primeros cinco meses de 2019, sólo 8 presentan un nivel superior en el nivel real de producción. Esto significa que 8 de 21 ramas de actividad se han recuperado plenamente de la crisis de 2020.

A continuación se presenta el desempeño de las ramas de actividad que presentan un nivel de producción superior en 2021 respecto de 2020. Esto para el comparativo de los primeros cinco meses de 2021 respecto de los primeros cinco meses de 2019, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (17.3%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (12.6%); Industria del plástico y del hule (3.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (2.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (2.2%); Fabricación de productos metálicos (2.2%); Industria alimentaria (0.7%); e Industria del papel (0.3%);

Ahora se presentan las ramas de actividad que en los primeros cinco meses de 2021 se encuentran por debajo de su nivel de 2019, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se incida el porcentaje de variación): Industrias metálicas básicas (-0.6%); Industria de las bebidas y del tabaco (-1.4%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-2.9%);  Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-4.4%); Otras industrias manufactureras (-4.9%); Impresión e industrias conexas (-5.7%); Industria química (      -6.5%); Fabricación de maquinaria y equipo (-7.8%); Industria de la madera (-8.0%); Fabricación de equipo de transporte (-12.1%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-14.6%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-23.8%); Fabricación de prendas de vestir (-23.9%).

Como puede apreciarse, las ramas de actividad más afectadas son las de textiles, vestido, calzado y marroquinería. Un gran apoyo para reactivar estas actividades es el combatir frontalmente las importaciones en condiciones de contrabando y subvaluación, algo que ha sido una asignatura pendiente por parte del gobierno federal desde hace varios años.

En este sentido, preocupan dos cosas: 1. Que el pasado 14 de julio se publicó en la edición vespertina del Diario Oficial de la Federación el “DECRETO por el que se crea la Agencia Nacional de Aduanas de México como un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público”, el cual crea el órgano administrativo desconcentrado denominado Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM); y 2. La intención del Gobierno Federal de crear los Tianguis del Bienestar para comercializar en ellos los productos de importación decomisados y embargados que se encuentran en bodegas.     

Respecto a la ANAM, el Decreto adolece de vicios serios de inconstitucionalidad que pueden derivar en diversas demandas de amparo, además de que ésta estará a cargo de las fuerzas armadas. En cuanto a los Tianguis del Bienestar, pues es una locura querer legalizar lo que de origen es ilegal ya que es producto pirata o que no cumple con normas de seguridad o salud. Es un atentado en contra de los que menos tienen y es otro golpe al estado de derecho en nuestro país. De estos dos temas se puede escribir un editorial completo.

A manera de conclusión se puede señalar que la industria nacional se va recuperando, aunque ésta es desigual ya que hay actividades que ya están operando en niveles superiores a los de 2019, mientras que otros aun se encuentran muy por debajo. Esto requiere de acciones concretas por parte de la Secretaría de Economía, así como de la recién creada ANAM. Por parte de los empresarios, aquellos que sean capaces de incursionar exitosa y rápidamente en los mercados de exportación tendrán un mejor desempeño respecto de los que se queden a abastecer el mercado interno.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com  

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El creciente problema de deuda pública en 2021

Mucho se ha comentado respecto de la vigorosa recuperación económica de Estados Unidos con una proyección de crecimiento económico de 7% para este año. Ésta se sustenta en un incremento sustancial de la oferta monetaria por parte del Banco de la Reserva Federal (FED), así como por los agresivos paquetes de estímulo por parte de su gobierno federal. En total, los estímulos aprobados por parte de Estados Unidos entre 2020 y lo que va de 2021 totalizan casi 5 billones de dólares, cifra que representa el 24.46% de su Producto Interno Bruto (PIB) de este año. Lo más destacable de estos apoyos es que a las personas se les dieron cheques de 1,200 dólares en abril de 2020, otro de 600 dólares entre diciembre de 2020 y enero de 2021, y uno más en marzo de este año por 1,400 dólares. Es así que en el año fiscal 2021 los Estados Unidos registraran un déficit fiscal de 3 billones de dólares, equivalentes al 13.4% de su PIB. Con todo esto queda claro que nuestro vecino del norte está haciendo todo lo posible por resucitar su economía y abatir el desempleo. 

Mientras eso sucede en Estados Unidos, sabemos bien que en México los apoyos por parte del gobierno federal para hacer frente a la pandemia del Covid19 han sido casi nulos. De hecho la recuperación económica que ahora sentimos está sustentada en dos pilares: las exportaciones a los Estados Unidos y la recepción de remesas enviadas desde Estados Unidos. Para ilustrar la importancia de esto tenemos que en los primeros cinco meses de 2021 las exportaciones totales de México se encuentran 29.2% por arriba del valor de las exportadas en los mismos meses de 2020 y también están 2.1% por encima del valor de los primeros cinco meses de 2019. Por su parte, las remesas alcanzaron entre enero y mayo de 2021 un total de 19 mil 178.35 millones de dólares, un aumento del 21.75% respecto al mismo periodo de 2020.

La evidencia muestra que, a diferencia de otros países, en especial respecto a Estados Unidos, el gobierno federal mexicano ha hecho muy poco para que la economía nacional se recupere y lo que vamos avanzando este año es gracias a los empresarios y a lo que los migrantes envían a sus familias. La realidad es que no se sabe si la omisión de México fue por falta de recursos para hacerlo o porque al gobierno federal simplemente no le importa la economía nacional. Pero no obstante lo anterior, pese a que no ha habido apoyos, la situación fiscal del país se sigue deteriorando en términos absolutos con una deuda del sector público federal que no deja de crecer, como veremos a continuación.   

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer los saldos de la deuda del sector público federal al 31 de mayo de 2021, y a dicho mes el saldo total de la deuda neta fue de fue de 12.310 billones de pesos, de los cuales 7.838 billones correspondieron a deuda interna y 224.191 miles de millones de dólares (mmdd) fueron de deuda externa.

De esta manera, pese al discurso oficial de que no se ha endeudado al país, la realidad es que en el periodo del 1 de diciembre de 2018 al 31 de mayo de 2021 (lo que va de la presente administración federal), la deuda interna neta ha aumentado en 1.149 billones de pesos, mientras que la deuda externa creció en 26.127 mmdd. Ambos conceptos suman deuda adicional de 1.579 billones de pesos, equivalente a un crecimiento nominal de 14.1%. Esto implica que el sector público federal se ha endeudado en lo que va de la presente administración federal a un ritmo equivalente a 1,731 millones de pesos adicionales al día en promedio. Esta es una tasa de endeudamiento escandalosa y de hecho es superior a la observada durante el sexenio pasado (2012 – 2018), misma que fue de 1,425 millones de pesos diarios dado que pasó de 5.172 billones de pesos el 1 de diciembre de 2012 a 10.731 billones de pesos el 30 de noviembre de 2018.  

El crecimiento de la deuda del sector público en México se debe a que en 2019 el déficit presupuestario fue de 1.6% del PIB, mientras que en 2020 fue de 3.5% del PIB y se espera que este año llegue a 2.8% del PIB. Este desequilibrio se debe esencialmente a que dejamos de tener superávit primario por lo que ahora el sector público federal se endeuda para poder cubrir el pago de intereses de la deuda

Si tomamos en consideración que el PIB de México en el primer trimestre de 2021 fue de 24.903 billones de pesos, entonces la deuda neta del sector público federal representa el 49.43% del PIB, lo que ubica a México entre los países relativamente menos endeudados; sin embargo, cuando consideramos que los ingresos presupuestarios estimados del sector público federal para el 2021 son de 5.713 billones de pesos, pues queda claro que la deuda del sector público equivale al 215.47% de dicha cantidad. Y es precisamente este dato el que más preocupa.  

Este elevado peso de la deuda respecto de los ingresos del sector público es peligroso, sobre todo, en un contexto de alza en las tasas de interés. En 2020 el costo financiero de la deuda fue de 686.085 miles de millones de pesos (mmdp) y se estima que este año sea de 717.961 mmdp.  Esto significa que el costo financiero de la deuda en 2021 será equivalente al 12.00% de los ingresos presupuestarios. En el caso de Estados Unidos, el gobierno federal pagará este año unos 300 mil millones de dólares de intereses, cifra que representa el 9% de sus ingresos totales, por lo que queda claro que bajo esta medida la situación fiscal de México está más comprometida, aunque tenga una deuda más pequeña en relación al tamaño del PIB.

Para el 2022 el gobierno federal mexicano estima en los Precriterios Generales de Política Económica que la tasa de interés promedio será de 4.0% y que el costo financiero de la deuda será de 761.981 mmdp, pero la realidad es que la tasa de interés estará en promedio en alrededor de 4.75%, por lo que el costo financiero podría ser cercano a los 800 mmdp. Este dato es muy relevante porque implica más presión a las finanzas públicas y que se destinen menos recursos para aspectos prioritarios como el desarrollo de inversión física directa, misma que fue de apenas 362.357 mmdp en 2020. Como referencia, cabe señalar que en 2018 la inversión física directa fue de 346.701 mmdp, por lo que resulta evidente el estancamiento en este indicador.

Hasta ahora las calificadoras de riesgo han valorado el esfuerzo del sector público federal de mantener “finanzas públicas sanas” y dar certeza respecto de la capacidad de pago de los compromisos financieros, pero las perspectivas para el mediano plazo son negativas. Muestra de ello es que el pasado 16 de junio la calificadora de riesgo crediticio S&P Global Ratings informó que ratificó las notas de riesgo crediticio de México de “BBB” en moneda extranjera y de “BBB+” en moneda local, pero a ambas las puso con perspectiva “negativa”. Esto significa que existe la posibilidad de una baja de calificación durante el próximo año debido a un perfil fiscal potencialmente más débil, dados los riesgos provenientes principalmente de Pemex.

Y es que si bien, se mantiene cierta disciplina fiscal, nuestro país no ha logrado el dinamismo económico que si observan otros mercados emergentes, además de que enfrentamos serios problemas con la inversión fija bruta por parte del sector privado, dadas las pocas señales de certidumbre por parte del gobierno federal. De acuerdo con el INEGI, el nivel de inversión fija bruta por parte del sector privado durante el primer trimestre de 2021 es 4.93% más bajo que el del primer trimestre de 2020, pero se debe destacar que es 13.14% inferior al observado en el primer trimestre de 2018.

A manera de conclusión podemos señalar que resulta evidente que es falso que México no esté aumentando si deuda, y que contrario a lo que pudiera pensarse, de hecho la deuda ahora crece a un ritmo más elevado que en el sexenio pasado, lo cual ya es mucho decir. Sin una reforma fiscal que amplíe la base de contribuyentes y combata la economía informal los problemas fiscales del país van a seguir y es probable que perdamos nuestra calificación de deuda soberana con grado de inversión. De suceder esto en 2022 sería una pésima noticia para el país y pudiera ocasionar un fuerte ajuste en el tipo de cambio. El reto para el armado del Paquete Económico 2022 será enorme y los mercados estarán muy atentos. Por el momento, vemos que no habrá motor interno de recuperación económica impulsado por el gobierno federal y que seguiremos dependiendo de las exportaciones y de los paisanos que mandan sus remesas al país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Servirá el alza en las tasas de interés?

La semana que recién concluye, el INEGI dio a conocer diversos indicadores que muestran que si bien la recuperación de la economía nacional está en marcha, el proceso no estará libre de dificultades. En cuanto al Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), éste mostró una disminución de -0.2% en términos reales en el cuarto mes del año en curso respecto al mes previo, con cifras desestacionalizadas. Ahora, en relación a las empresas comerciales, durante abril, sus ingresos por suministro de bienes y servicios disminuyeron -0.4% con respecto al mes inmediato anterior.

En este contexto de un camino hacía la recuperación lleno de baches, es que el INEGI dio a conocer el jueves 24 de junio por la mañana que en la primera quincena de junio de 2021 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una inflación de 0.34% respecto a la quincena inmediata anterior, por lo que con este resultado la inflación anual se ubicó en 6.02%. Con este dato, México  acumula 7 quincenas consecutivas en las que la inflación anual se ha ubicado por encima del 4.0% anualizado. Cabe recordar que la meta de inflación del Banco de México es de 3.0% con un margen de variación de más/menos un punto porcentual.

Derivado de lo anterior, es que ese mismo jueves 24 de junio, la Junta de Gobierno del Banco de México sorprendió a los mercados al anunciar su decisión de incrementar en 25 puntos base el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día a un nivel de 4.25%. Se sabe que esta decisión fue dividida, y que sólo 3 de los 5 miembros de la Junta estuvieron de acuerdo. Digo que resultó una sorpresa porque se había generado una idea de que aunque la inflación estuviera por encima del límite máximo de 4.0%, el Banxico tardaría en aumentar su tasa de interés hasta finales de año, ya que estaría privilegiando la recuperación de la economía nacional. Esto en un contexto en el que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ha dicho que planea subir su tasa de interés hasta 2023, no obstante que la inflación anualizada de aquel país en mayo fue de 5.0%, y hay un fenómeno inflacionario a nivel global por el rápido crecimiento de la demanda, los estímulos monetarios y los múltiples cuellos de botella que se deben resolver.

En el  caso de México, entre las razones para haber realizado el incremento en la tasa de interés objetivo que dio el Banxico, destacan: i) presiones inflacionarias externas; ii) presiones de costos o reasignaciones de gasto; iii) persistencia en la inflación subyacente; iv) depreciación cambiaria; y v) que la sequía presione a los precios agropecuarios; aunque también se reconoce que hay elementos que podrían ayudar a que la inflación no sea tan alta, entre los que destacan: i) los efectos de la brecha negativa del producto (la economía mexicana sigue muy por debajo de su potencial); ii) mayores medidas de distanciamiento social; y iii) apreciación cambiaria. Es así que ahora el Banxico estima que la inflación general regresará a la meta de 3% hasta el tercer trimestre de 2022.

Dado lo anterior, es pertinente preguntarnos si la decisión de haber aumentado la tasa de interés objetivo de 4.00% a 4.25% fue acertada o si el Banxico debió haber esperado un poco más. Para tratar de responder esta pregunta analizaremos a continuación la evolución de los diversos componentes del INPC. Cómo ya se señaló, en la primera quincena de enero de 2021 la inflación anualizada fue de 6.02%, producto de que la inflación subyacente fue de 4.58%, mientras que la no subyacente fue de 10.61%.

Dentro de los componentes de la inflación subyacente, vemos que la inflación de mercancías fue de 5.90%, mientras que la de servicios fue de apenas 3.11%. En cuanto a la inflación no subyacente, la inflación de bienes agropecuarios fue de 7.22%, mientras que la de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 13.36%.

Respecto a estos datos quiero destacar varias cosas: 1. Los energéticos y el gobierno han sido los mayores causantes de la inflación a lo largo de este año, ya que los precios de éstos y las tarifas públicas han estado creciendo un promedio de 16.38% anualizado en las últimas 6 quincenas; 2. Los productos agropecuarios han venido acelerando su inflación, ya que ésta pasó de un promedio de 1.32% anualizado en las primeras seis quincenas de este año  a un promedio de 4.95% en las últimas cinco quincenas; 3. La inflación de mercancías no ha tendido mayores cambios, ya que ésta pasó de un promedio anual de 5.58% en las primeras seis quincenas de 2021 a un promedio de 5.72% en las últimas cinco quincenas.

Con estos datos resulta claro que buena parte de la inflación está siendo causada por razones que no son de demanda, por lo que el haber subido la tasa de interés no ayudará a controlar la inflación. Esto me recuerda la frase que hace muchos años dijo el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando se le preguntaba porque el banco central no aumentaba la tasa de interés para combatir la inflación causada por el incremento en el precio del huevo: “(el subir la tasa de interés) no hará que las gallinas pongan más huevos”, dijo en aquella ocasión. En otras palabras, en el momento actual, el incrementar las tasas de interés no hará que bajen los precios de las gasolinas, ni del petróleo, ni hará que disminuya el precio del maíz, ni bajará el precio del pollo, no resuelve los cuellos de botella globales que causan una inflación mundial en los precios de muchos insumos y bienes terminados, entre otros.

El alza en la tasa de interés, a lo mucho, servirá para que haya una menor demanda de bienes y servicios en México, por lo que algunos bienes nacionales podrían experimentar menores presiones inflacionarias derivadas de que los productores continúen con bajas ventas. Cabe señalar que el alza en la tasa de interés podría ayudar a controlar la inflación en la medida en que sirva para que el precio del dólar baje y de esa manera las importaciones sean un poco más baratas. Como muestra tenemos que una vez que se anunció el alza en la tasa de interés objetivo en México, el dólar bajó unos 20 centavos. Sin embargo, pues esto no puede ser una buena noticia porque si se utiliza la tasa de interés para mantener el tipo de cambio bajo en un contexto de inflación, pues lo único que se logrará es aumentar las importaciones, y quitarle competitividad a las exportaciones, en perjuicio de la planta productiva nacional.

Y pues más allá del impacto negativo que tendrá el alza en la tasa de interés en el proceso de recuperación económica, habrá otro impacto negativo en las finanzas de todos aquellos que tienen deudas contratadas con tasa de interés variable o que piensan contratar deuda. Cabe recordar que la deuda del sector público federal fue de 12.329 billones de pesos al 30 de abril de este año y el costo financiero de ésta implica que todos los días el sector público federal paga 1,468.8 millones de pesos diarios por concepto de intereses. Si bien es cierto que parte de esta deuda tiene tasa fija, las renovaciones de deuda en pesos serán pactadas con una tasa de interés más elevada. Lo mismo pasará con la deuda del sector privado, sobre todo aquella que está ligada a lo que suceda con la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE), y como muestra tenemos que la TIIE a 28 días pasó de 4.2863% el jueves 24 a 4.5200% el viernes 25 de junio.

A manera de conclusión podemos señalar que aparentemente el alza en la tasa de interés por parte del Banxico tendrá un impacto limitado en la evolución de la inflación y que en todo caso parece que busca más un impacto sicológico en la formación de expectativas de inflación para el mediano plazo. No obstante lo anterior, esto vendrá con un costo en la manera de una menor dinámica económica y de creación de empleos, además de que implicará mayores costos financieros para los gobiernos, empresas y familias. El gran problema es que todo parece indicar que ésta no será el única alza que veremos en los siguientes meses y que es posible que veamos que la tasa de interés objetivo del Banxico llega a niveles de 4.50% o 4.75% al cierre de este año y de 5.0% o 5.25% en junio de 2022.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt