Las cosas están mal, pero aún no hemos visto lo peor

El tema de la elevada y persistente inflación es muy importante y se sigue complicando conforme avanza el año, es por ello que nuevamente abordo este asunto en este espacio. El viernes 22 de abril el INEGI informó que en la primera quincena de abril, los precios al consumidor aumentaron 7.72% a tasa anual, lo que constituye la mayor inflación en 21 años e implica que llevamos 27 quincenas consecutivas con una tasa de aumento de precios por encima del 4.0%.

Dentro de esta alza anual de precios de 7.72%, el componente subyacente muestra un aumento de 7.16%, mientras que la inflación  no subyacente tiene un incremento de 9.38%. La inflación  ya es estructural, ya que el índice de precio de las mercancías (algo que no está sujeto a los movimientos coyunturales de mercado), muestra un incremento de 9.13%. Por su parte, en cuanto al índice subyacente, los productos agropecuarios muestran un aumento anual de 15.24%, mientras que los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno han aumentado apenas 5.10% en el último año.

Como ya se señaló, dentro de esta alza de precios de 7.72%, destacan los aumentos en el componente no subyacente de precios agropecuarios, mismos que aumentaron 15.24% y dentro de esta categoría, están las alzas en frutas y verduras de 17.26% y de los productos pecuarios de 13.68%.  La perspectiva es que en los productos alimenticios básicos las cosas van a empeorar más antes de comenzar a mejorar.

Precisamente, en un reciente artículo editorial de Michael Snyder, publicado en el blog The Economic Collapse, y titulado “Las cosas están mal, pero no hemos visto nada todavía”, se plantea un escenario sombrío respecto de las perspectivas inflacionarias en los Estados Unidos, sobre todo en el tema de los alimentos, pero que desde luego también son aplicables a la economía mexicana. A continuación menciono varios de los puntos más destacables del artículo, acompañados de varios comentarios personales:

El artículo comienza señalando que en este momento, los precios de los alimentos en todo Estados Unidos se encuentran en niveles increíblemente bajos. Desde luego que esta afirmación hace pensar que el autor se ha vuelto loco, ya que los precios de los alimentos han estado subiendo a un ritmo muy rápido en todo el país. Pero cuando el autor dice que los precios de los alimentos se encuentran en “niveles increíblemente bajos”, no es porque los esté comparando con los del pasado. Más bien, está comparando los precios actuales con los que estarán en el futuro. Sí, es verdad que las cosas están mal ahora, pero los precios de los alimentos serán mucho más altos dentro en los próximos meses.

Y es que a la crisis global de fertilizantes ciertamente no se le ve ninguna solución; y en todo caso, sólo se va a intensificar.  La escasez de fertilizantes se ha sumado a las crecientes preocupaciones sobre el impacto de la guerra de Ucrania en el precio y la escasez de ciertos alimentos básicos.  Combinados, Rusia y Bielorrusia habían proporcionado alrededor del 40% de las exportaciones mundiales de potasa, según Morgan Stanley. Las exportaciones de Rusia se vieron afectadas por las sanciones impuestas por Occidente. Además, en febrero, un importante productor de Bielorrusia declaró un caso de fuerza mayor y que no podría cumplir con sus contratos debido a fuerzas fuera de su control.

Rusia también solía exportar el 11% de la urea del mundo y el 48% del nitrato de amonio. Rusia y Ucrania juntos exportan el 28% de los fertilizantes hechos de nitrógeno y fósforo, así como de potasio, según Morgan Stanley. ¿Hay solución a la vista? No, ya que las conversaciones de paz están absolutamente muertas, por lo que al parecer, la lucha entre dos de los principales graneros más importantes del mundo continuará durante los próximos meses.

Mientras tanto, la pandemia de gripe aviar continúa acabando con millones de pollos y pavos en todo el mundo. En los reportes de hace dos semanas se mencionaba que en las granjas de Estados Unidos, se han tenido que sacrificar a más de 27 millones de aves de corral en los últimos dos meses y sigue habiendo casos de gripe aviar reportados casi a diario. Hasta ahora se ha visto afectada el 6% de la población de gallinas ponedoras de huevos.

Nunca habíamos visto una “tormenta perfecta” como esta, pero también es cierto que algunos de los factores que harán subir los precios de los alimentos son totalmente autoinfligidos por la humanidad. Por ejemplo, el gobierno chino no necesitaba encerrar a casi 400 millones de personas en un intento desesperado por evitar la propagación del virus del Covid, tras los brotes en Shanghái y áreas circundantes. Los últimos dos años ya han proporcionado amplia evidencia de que tales bloqueos/cierres  son bastante tontos, pero los chinos siguen adelante con su plan de todas maneras.  Como resultado, ahora hay cientos de barcos comerciales esperando impacientes frente a la costa de Shanghái. Esos son barcos de carga gigantes que nos traen cosas a todo el continente americano, a través del Océano Pacífico.

Si los chinos no se relajan y dejan atrás su ridícula política de cero covid, muchos de los estantes de las tiendas de Occidente se verán bastante vacíos en los próximos meses. Esto en si mismo no debería ser una mala noticia si es que somos capaces de implementar una política de sustitución de importaciones, de manera que aprovechemos la oportunidad y produzcamos en México (para el mercado nacional y Norteamérica) lo que no sea posible traer de China.

Pero bueno, no son solo los barcos comerciales los que están inactivos… Shanghái es uno de los centros de fabricación más grandes de China, con una gran concentración de proveedores de productos electrónicos y del sector automotriz. Alberga el puerto de contenedores más grande del mundo y un importante aeropuerto que atiende una gigantesca carga aérea entrante y saliente. Las exportaciones producidas en Shanghai representan el 7.2% del volumen total de China y manejan alrededor del 20% del tráfico de contenedores de exportación de toda China.

Al día de hoy, la mayoría de los almacenes y plantas están cerrados, nueve de cada 10 camiones están fuera de servicio, el puerto y el aeropuerto tienen una función limitada, las unidades de envío están varadas en los lugares equivocados y la carga se acumula.

No hace falta decir que muchos de los principales minoristas, aquí en México y en Estados Unidos, simplemente no podrían operar sin los productos que importan de China, por lo que sería bueno que encuentren su proveeduría hecha en México. Sin embargo, la realidad es que hay muchos insumos para las industrias nacionales que vienen de China y que no se pueden sustituir en el corto plazo, por lo que esperamos que esta pesadilla se resuelva muy pronto.

Derivado de todo lo anterior, así como en México, también en Estados Unidos los precios de los alimentos han subido durante los últimos meses. Para ilustrar el punto, solo es necesario echar un vistazo a los siguientes números:

En Estados Unidos el precio promedio de la mantequilla aumentó 11.9% en el último año. La carne se ha visto especialmente afectada por los problemas de la cadena de suministro, y las salchichas tipo  Frankfurt hechas de 100% carne aumentaron un 35.2% desde marzo de 2021 a un precio promedio de $5.18 por libra (unos 230 pesos por kilo). La chuleta molida, las chuletas de cerdo y el pollo entero mostraron aumentos de precios interanuales del 11.3%, 15.0% y 11.7%, respectivamente.

Como se señaló previamente, puede que esas cifras parezcan malas, pero la verdad es que solo representan los primeros capítulos de esta crisis alimenticia que se aproxima. Las cosas van a empeorar mucho, y hoy, todavía en abril, los informes indican que los aumentos de los precios de los alimentos se están acelerando. En el caso de México, de acuerdo con la agrupación, Certeza en la Toma de Decisiones, el índice de precios de la canasta básica aumentó 13.1% anual en la primera quincena de abril 2022. Este desenvolvimiento se debe a la evolución de los siguientes precios:

  • Pollo: El precio pagado al productor de pollo vivo en granja ha tenido un crecimiento de 25.6%
  • Huevo: Los precios pagados al productor de huevo blanco y rojo presenta un incremento de 10.7 % y 12.0%, respectivamente.
  • Leche: Incremento por el costo de materias primas al productor ha impactado en un 12.5% en el precio al consumidor.
  • Res: Aumento en los precios de la cadena: Ganado para sacrificio 16.7% y la carne en cana 20.3%.
  • Cerdo: En la cadena se percibe un crecimiento de 17.0% en el precio de cerdo en pie.
  • Maíz: El precio del mercado internacional aumenta 35.5%, mientras que el precio de los granos en el mercado nacional se incrementa 30.8%.
  • Trigo: Incremento en los precios futuros de trigo duro y suave en 79.2% y 55.3%, respectivamente.  Los precios de mercado nacional se incrementan 64.8% y 49.6%, respectivamente.
  • Frijol Soya: Los precios de futuros suben 13.1% y el precio de mercado aumenta 16.7%.

Y gracias a la terrible pandemia de gripe aviar que está arrasando a los Estados Unidos, el precio de los huevos se está volviendo completamente loco…Las pérdidas en las parvadas de puesta de huevos han llevado a los productores a competir desesperadamente para satisfacer las demandas del mercado de huevos y ovoproductos, lo que ha resultado en un aumento de los precios de los huevos. El precio promedio de una docena de huevos en Estados Unidos ahora está cerca del equivalente a $60 pesos, comparado con los $32 pesos de principios de año, según un informe nacional sobre los huevos por parte del USDA. En México, el huevo blanco San Juan, con 30 piezas cuesta 75.50 pesos. Cabe señalar que más allá del impacto negativo en las familias, pues el aumento de los precios de los huevos repercute en los beneficios de las panaderías y las empresas alimentarias, que además tienen que hacer frente al aumento de los costes de la harina y otros productos.

Si crees que estos precios son salvajes, simplemente hay que esperar hasta que se dupliquen desde sus niveles actuales.

En todo el mundo ha comenzado una gran batalla por los recursos alimentarios. Los chinos si vieron venir esto con anticipación, por lo que están llevado a cabo el programa de almacenamiento/acaparamiento más grande que cualquiera de nosotros haya visto.

En este momento, la cantidad de comida que los chinos ya han acumulado y guardado, es extremadamente impresionante…De esta manera, menos del 20% de la población mundial ha logrado almacenar más de la mitad del maíz y otros cereales del mundo, lo que ha provocado fuertes aumentos de precios en todo el planeta y sumido en la hambruna a más países. El acaparamiento se está llevando a cabo en China. ¿Estados Unidos o México han estado haciendo algo similar? Por supuesto que no.

Las realidad es que cuando las cosas se pongan realmente mal en nuestro país, estaremos solos.  Por ello es que lo mejor es irse preparando para ello.  Desde que comenzó la guerra en Ucrania, nación tras nación ha comenzado a implementar restricciones a la exportación, y la lucha mundial por los productos básicos agrícolas ha hecho subir constantemente los precios.

Nadie quisiera ser sorprendido con las manos vacías en este juego de las sillas musicales, por lo que debemos emprender una carrera para asegurar los valiosos suministros mientras aún es posible hacerlo.

Lamentablemente, las partes más pobres del mundo terminarán sufriendo más a medida que los países ricos tomen lo que puedan. El aumento dramático que pronto veremos en el hambre global será absolutamente desgarrador.

Pero nadie puede decir que no fuimos advertidos con antelación. Este tipo de colapso se ha estado anunciando desde hace muchos años y ahora ha llegado. Veremos qué acciones toma el gobierno federal al respecto, ya que un pueblo con  hambre puede ser lo que termine con la aprobación presidencial y genere las condiciones para un cambio de régimen en 2024.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Causas y costos de una inflación que llegó para quedarse

Ahora en día, la noticia más importante en materia económica a nivel mundial es el de la elevada inflación, misma que está golpeando a naciones ricas y pobres, pero con diferentes proporciones. De hecho, para el presente año se espera que la inflación mundial registre la tasa más alta desde 1996, al promediar una variación de más de 7.0%, provocada principalmente por los altos costos de los energéticos y de los alimentos, según la nueva estimación al alza de Oxford Economics.

El petróleo ha experimentado una gran volatilidad y fluctuaciones extremas en los últimos meses y semanas, a medida que los mercados siguen la evolución de la guerra entre Rusia y Ucrania. Incluso antes de la guerra, el mercado del petróleo ya presentaba un desequilibrio entre demanda y oferta, ya que la recuperación de la actividad económica tras la crisis del Covid-19 provocó que se drenaran los inventarios, lo que provocó que los precios se dispararan. Por su parte, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Ucrania y Rusia son de los principales países productores mundiales de trigo, cebada, maíz, al tener una participación promedio de 27%, 23% y 15% de las exportaciones globales entre 2016 y 2020, respectivamente.

Como lo mencioné líneas arriba, la inflación está afectando a las naciones en diferentes proporciones, pero casi todas están sufriendo sus estragos. Con los datos más recientes disponibles, vemos los casos más escandalosos como Turquía con una tasa de inflación de 61.1%, Argentina con  52.3%, Rusia con 17.49%, República Checa con 12.7%, Brasil con 11.3% y Polonia con 10.9%; casos de inflación intermedia como Chile con 9.4%, Estados Unidos con 8.5%, Colombia con 8.5%, México con 7.5% e India    con 7.0%; y casos de inflación moderada como Reino Unido con 6.2%, Dinamarca con 5.4%, Suecia con 4.3%, Corea del Sur con 4.1%, Australia con 3.5%, Suiza con 2.4%, China con 1.5% y Japón con 0.9%.  Respecto a este último grupo cabe señalar que aunque parezcan tener tasas bajas de inflación, son países que generalmente tienen tasas de aumento de los precios por debajo del 2.0% o inclusive sufren de deflación.

Respecto de la inflación en países desarrollados, es obligado analizar el caso de Estados Unidos, donde la inflación no tienen las mismas causas que en otros países desarrollados. El pasado martes 12 de abril, se informó que el alza de precios fue de 1.2% en marzo. Esta es la mayor subida mensual desde que se inició la escalada de inflación actual, por lo que el aumento de precios en los últimos 12 meses llegó al 8.5%, la tasa más elevada desde 1981.  Los funcionarios de la Casa Blanca habían salido el día anterior a “curarse en salud” advirtiendo que el informe de inflación que sería publicado el día siguiente sería feo y culparon a Vladimir Putin de este problema. Sin duda, eso es mejor que admitir la culpa por los propios errores de política económica (fiscal y monetaria) que han cometido, ya que deben reconocer que la inflación de precios al consumidor no surgió a partir de la invasión de Rusia a Ucrania, sino que ya era un problema desde el cuarto trimestre de 2021. Y desde luego, que no se puede ignorar el hecho de que desde hace dos años, Estados Unidos ya registraba un importante problema de inflación de precios de activos, con alzas importantes en viviendas, acciones bursátiles, obras de arte, commodities, criptomonedas, entre muchos más.

En Estados Unidos los precios de la energía durante marzo contribuyeron en gran medida al aumento de la inflación, y parte de eso se debe a lo inestabilidad en los mercados petroleros. Pero los llamados precios subyacentes, mismos que excluyen alimentos y energía, subieron un 6.5% en los últimos 12 meses. Por su parte, los precios de los servicios, excluida la energía, que no se suponía que se verían afectados por las interrupciones de la cadena de suministro, presentan un aumento de 4.7 % en el último año.

Si se analiza en una gráfica, es fácilmente identificable que la tendencia de la inflación ascendente en Estados Unidos comenzó hace un año, al comienzo de la presidencia de Biden. Se ha acelerado durante la mayor parte de los últimos 12 meses y eso fue mucho antes de que Putin decidiera invadir a su vecino. El momento actual refleja que hay demasiado dinero en busca de pocos bienes, debido principalmente a la combinación de una creciente deuda pública monetizada (por un aumento del gasto federal) y una política monetaria expansiva con un Banco de la Reserva Federal (FED) que no ha dejado de aumentar su hoja de balance. En este contexto muchos en México se preguntan porqué el dólar está tan barato (19.96 pesos por billete verde al escribir estas líneas) y la respuesta tiene que ver con la enorme cantidad de dólares en circulación y al hecho de las tasas reales negativas que ofrece tener dólares como ahorro.

¿Qué fue lo que detonó el problema inflacionario en EE.UU.? Hay que recordar que el presidente Trump firmó un proyecto de ley de alivio de Covid de $900 mil millones de dólares, ya innecesarios para diciembre de 2020, y los Demócratas arrojaron queroseno sobre la leña con otro paquete de estímulo de $1.9 billones de dólares en marzo de 2021. Por su parte, la FED continúa generando tasas de interés reales negativas (de -8.1% anual en la actualidad) a casi dos años después de que terminó la recesión pandémica. No cabe duda de que la inflación en la economía más grande del planeta es producto de las decisiones tomadas en Washington, D.C.

En el caso de México, la inflación de precios al consumidor ya estaba en niveles por encima del 5.0% anual desde abril de 2021, por lo que tampoco se le puede echar la culpa de la actual escalada de precios únicamente al conflicto en Ucrania, que ha tenido impactos en precios de alimentos y de energéticos.

Es verdad que México se ha visto afectado por los problemas logísticos internacionales y por la escasez de ciertas materias primas, pero también es cierto que hemos visto una enorme expansión monetaria que podría ser una de las principales fuerzas detrás del alza de precios. Tenemos que en entre febrero de 2020 y el mismo mes de 2022, el agregado monetario M1 (billetes y monedas en circulación más depósitos a la vista) creció 38.4% en términos nominales, mientras que el agregado monetario M2 (está integrado por el M1 más los instrumentos monetarios a plazo en poder de los sectores residentes nacionales tenedores de dinero) creció 20.7% nominal. Y este aumento del circulante no sólo se debió a la crisis causada por el virus chino del Covid-19, ya que una vez pasada la crisis, en el periodo de febrero de 2021 a febrero de 2022 M1 creció 14.1%, mientras que M2 aumentó 8.9%.

La teoría cuantitativa del dinero es muy clara y establece que si aumenta el dinero en circulación y no crece la producción, el resultado será un aumento de precios. Por eso, no es descabellado pensar que no todo el problema inflacionario de México es estructural o que se debe a problemas internacionales, sino que también se debe a un enorme crecimiento del dinero en circulación.

En este contexto, tenemos que el INEGI recién informó que en marzo de 2022, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) presentó una variación de 0.99% respecto al mes anterior. Con este resultado, la inflación general anual en México se ubicó en 7.45%. En cuanto al índice de precios subyacente (que excluye frutas, verduras, energéticos y tarifas administradas por el Estado), éste registró un incremento de 0.72% mensual y fue de 6.78% anual. Por su parte, el índice de precios no subyacente aumentó 1.79% a tasa mensual y 9.45% a tasa anual. Finalmente, en marzo del 2022, la canasta básica registró una tasa de inflación interanual de 8.07%.

Desde luego que la escalada de precios representa malas noticias para los trabajadores y consumidores. De acuerdo con cifras del IMSS, al 31 de marzo de 2022, el salario base de cotización promedio de los puestos de trabajo formales afiliados al instituto alcanzó un monto de $472.50 pesos diarios.  Este salario representa un incremento anual nominal de 10.5%, pero al tomar en cuenta la inflación de 7.45%, pues el aumento nominal se diluye a sólo 2.8% real anual. Y este es el caso para el promedio del salario del sector formal de la economía, por lo que hay muchos trabajadores que no han recibido este tipo de incremento nominal en su salario en el último año, por lo que ahora están con un poder adquisitivo más bajo. No se diga, los millones que trabajan en el sector informal de la economía siendo autoempleados, seguramente a ellos les está afectando más la inflación.

Otro impacto para los trabajadores y la economía en general, es lo que sucederá con las tasas de interés. Se sabe que el Banco de México asumirá una posición más agresiva con alza de tasas de interés para combatir la inflación. Con información de la subasta de Cetes del lunes 11 de abril, en GAEAP calculamos la tasa de interés implícita anualizada para los Cetes a 28 días en el futuro, y vemos que ésta es de 7.43% para dentro de 91 días, de 8.12% para dentro de 176 días y de 8.98% para dentro de 357 días.  Esto implica que el mercado anticipa que el rendimiento de los Cetes a plazo de 28 días estará 2.46 puntos porcentuales más altos en un año respecto de lo que están ahora. Si esto se cumple y los Cetes a 28 días están en 9.0% dentro de un año o antes, pues podemos irnos despidiendo de las hipotecas baratas. Además de que las tasas de interés para los negocios y tarjetas de crédito también seguirán aumentando. Obvio esto también pone en serios aprietos las finanzas públicas, ya que el cálculo de costo financiero para la deuda del sector público en 2022 se hizo con una expectativa de tasa de interés promedio para este año de apenas 5.0%. La Secretaría de Hacienda había anticipado que el costo financiero de este año sería de 791,463 millones de pesos; sin embargo, en los Precriterios 2023 ahora se prevé que los recursos destinados a este rubro sumen 869,337 millones de pesos. Esta última estimación se ve bastante optimista y no se puede descartar que el costo financiero rebase los 900 mil millones de pesos este año.

Finalmente, también está el riesgo de caer en una recesión, tanto en Estados Unidos como en México. Como lo he venido señalando en este espacio, las expectativas de crecimiento económico por parte de analistas se han venido ajustando a la baja. En la más reciente Encuesta Citibanamex de Expectativas, se menciona que en cuanto a crecimiento del PIB para 2022 éstas disminuyeron a 1.9% de 2.0%, pero el rango de pronósticos para el crecimiento este año ahora va desde los más pesimistas que lo ven en 1.1% hasta los más optimistas que lo ubican en apenas 2.3%.

En el caso de Estados Unidos, el pasado 16 de marzo, la FED recortó su pronóstico de crecimiento de su PIB a 2.8%, desde una perspectiva previa de 4.0%.  Sin embargo,  hay voces como la del director ejecutivo de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, que advierten del riesgo de que la FED lleve accidentalmente a la economía estadounidense a una recesión mientras combate la inflación, está aumentando.  Esto desde luego que debe preocuparnos porque ahora somos más dependientes que antes en el desempeño de la economía de Estados Unidos para crecer. Una recesión en nuestro vecino del norte, terminará por descarrilar la economía de México, convirtiendo este sexenio en el de peor desempeño económico desde la Gran Depresión.

El gran problema es que en México no se están tomando medidas contracíclicas para evitar este escenario, y no se trata de endeudar más a México (para este año la SHCP contempla que los requerimientos financieros del sector público federal sean equivalentes a 3.7% del PIB, de ese tamaño será la deuda adicional de este año), sino de crear una atmósfera propicia para la inversión y los negocios, pero el actual gobierno federal, ni eso está dispuesto a realizar. Preparémonos para al menos dos años de elevada inflación y carestía, bajo crecimiento económico y una continuada incertidumbre mundial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Crecemos poco y beneficiamos a los fabricantes extranjeros

Las perspectivas de crecimiento económico para México en 2022 se siguen ajustando a la baja. En la semana que recién concluye la agencia calificadora Fitch rebajó su expectativa para la economía de México a 2.0% desde un 2.8% esperado previamente. Por su parte, si bien en la más reciente Encuesta Citibanamex las expectativas de crecimiento del PIB para este año se mantienen en 2.0%, el rango de pronósticos para el crecimiento ahora va de un rango mínimo de 1.1% hasta un máximo de 2.6%. Estos ajustes a la baja se deben a varios factores, entre los que destacan: a. Un entorno económico mundial complicado con la invasión de Rusia a Ucrania y los persistentes problemas logísticos en las cadenas globales de suministro; b. El fuerte endurecimiento de la política monetaria en México ante las persistentes presiones inflacionarias, así como el alza en tasas de interés en otros mercados, como el estadounidense; y c. Los propios errores de política económica de México, con un gobierno que se ha empeñado en ahuyentar la inversión privada, además de tener un nivel de gasto público bajo, que se da el lujo de despilfarrar recursos en obras innecesarias y dádivas.

Sin embargo, este crecimiento anémico esperado para México en 2022, también está relacionado a un persistente problema nacional, y es una elevada elasticidad-ingreso de la demanda de importaciones, lo que significa que cuando crece nuestro PIB, las importaciones crecen a una tasa mucho más elevada, lo que resta posibilidades de crecimiento a la planta productiva nacional. Desde un punto de vista técnico, tenemos una elevada propensión marginal a importar, lo que disminuye nuestro multiplicador de la demanda agregada.

En este sentido, el INEGI publicó los Indicadores Trimestrales de la Oferta y Demanda y del Ahorro Bruto, correspondientes al cuarto trimestre de 2021, y éstos confirman lo que he venido advirtiendo desde este espacio: que la escasa recuperación del consumo nacional se ha traducido en un mayor crecimiento de las importaciones que de la producción nacional. Esta afirmación aplica para bienes terminados, intermedios y materias primas.

Los datos muestran que en el último trimestre de 2021, y con series ajustadas estacionalmente, la Oferta global de bienes y servicios aumentó apenas 0.1% en términos reales respecto al trimestre previo y 3.0% respecto al mismo trimestre de 2020. A su interior, el Producto Interno Bruto no registró variación respecto al trimestre inmediato anterior y aumentó apenas 1.1% respecto al cuarto trimestre de 2020, pero lo preocupante es que las importaciones de bienes y servicios crecieron 0.6% respecto al trimestre inmediato anterior y un sólido 8.1% respecto al mismo trimestre de un año antes.

En el cuarto trimestre de 2021, la Demanda agregada total, al igual que la oferta agregada creció 0.1% en términos reales respecto al trimestre previo y 3.0% respecto al mismo trimestre de 2020; y a nivel de sus componentes vemos que con cifras desestacionalizadas, las Exportaciones de bienes y servicios crecieron 3.5% respecto al trimestre inmediato anterior y 4.2% respecto a un año antes. El Consumo privado aumentó 1.4% respecto al trimestre inmediato anterior y 5.6% en comparación a hace un año (pero en este punto también hay que insistir que las importaciones crecen a una tasa mayor que el consumo de bienes nacionales); el Consumo de gobierno disminuyó 0.6% respecto al trimestre inmediato anterior  y muestra un aumento de apenas 0.7% respecto a un año antes, lo que es reflejo del débil motor de crecimiento que representa el gasto público. Finalmente, en cuanto a la inversión o formación bruta de capital fijo, tenemos que ésta descendió 0.2% respecto al trimestre inmediato anterior y muestra un crecimiento de apenas 6.8% respecto a un año antes, lo que la ubica en un nivel muy por debajo del observado en 2019.

El tema del crecimiento de las importaciones a una tasa superior a la del crecimiento de la producción nacional es relevante por que si analizamos las fuentes de crecimiento o decrecimiento del PIB, vemos que en lo que respecta a todo el año 2021, el consumo privado generó un impulso de 4.9%, el consumo de gobierno apenas 0.1%, la inversión privada 1.7% y las exportaciones 2.6%, lo que significa que sin importaciones la economía nacional el año pasada habría crecido 9.6%, pero derivado del fuerte aumento de las importaciones, la tasa de crecimiento de nuestro PIB fue 4.8 puntos porcentuales menos y acabo siendo precisamente de 4.8%.

Desde luego que se dice fácil el porcentaje de crecimiento de las importaciones y lo que esto implica para las posibilidades de crecimiento nacional, pero también está el lado humano del asunto y es la cantidad de empleos bien remunerados que se podrían crear si sustituyéramos aunque sea el 10% de las importaciones anuales. En 2021 las importaciones totales de México sumaron 505.705 miles de millones de dólares (mmdd), por lo que el 10% de este monto equivaldría a unos 487 mil empleos en el sector manufacturero. Este número se obtiene porque el 10% de 505.705 mmdd son 50.570 mmdd, lo que a un tipo de cambio de 20 pesos por dólar equivale a 1.011 billones de pesos. Si tomamos en consideración que en 2021 el valor promedio de la producción manufacturera por persona ocupada fue de 2.076 millones de pesos, pues entonces el 10% de nuestras importaciones equivales a este casi medio millón de empleos que se podrían crear en México.

Sé que estas son cuentas bastante simplistas, pero ilustran un importante punto que se debería tomar en cuenta. Si queremos tener una tasa de crecimiento del PIB más elevada y queremos crear más y mejores empleos en México, necesitamos sustituir importaciones de algunos bienes e insumos. Parte de ello se podría resolver simplemente evitando los miles de millones de dólares de importaciones subvaluadas que sufre nuestro país. La Secretaría de Economía, y otras autoridades del gobierno federal, junto con el sector privado, pueden armar una buena estrategia en este sentido. Ojalá que lo hagan por el bien de México y de todas aquellas personas que desean un mejor trabajo, bien pagado, en el sector formal de la economía.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Una economía que no avanza en productividad

Después de conocer que la inflación anual de febrero fue de 7.28%, debemos insistir en la importancia de los incrementos de la productividad como elemento indispensable para poder mejorar los niveles de ingreso de la población ocupada, sin que esto se traduzca en más presiones para los costos de las fuentes de empleo. Además de lo anterior, el incremento de la productividad es indispensable para poder aumentar la atracción de inversión productiva, de manera que la principal ventaja competitiva de México  a nivel global deje de ser la mano de obra “barata”. No obstante lo anterior, de manera lamentable, en nuestro país la productividad laboral no solo no ha crecido, sino que ha venido disminuyendo en los últimos años.  En esta entrega analizamos este hecho.

Debemos comenzar mencionando que en esta entrega debemos entender como productividad laboral a la aportación  promedio al Producto Interno Bruto (PIB) por persona ocupada; es decir, es la riqueza que en promedio genera cada persona que tiene un puesto de trabajo, con independencia de si está en la economía formal o informal.

Con esto en mente tenemos que el INEGI dio a conocer los datos del Índice global de productividad laboral de la economía con base en la población ocupada, correspondiente al cuarto trimestre de 2021, por lo que ya podemos hacer la valoración completa de lo sucedido en el año que recién terminó. Con series originales, vemos que en general la población ocupada ha crecido a una tasa más elevada de lo que ha aumentado el PIB, por lo que la productividad ha ido retrocediendo. A continuación vemos el detalle de las cifras, analizando lo sucedido entre 2020 y 2021 y posteriormente de lo que pasó entre 2018 y 2021. El análisis se presenta para la totalidad de la economía y a nivel de grupos de actividad  económica.

Total de la economía

En cuanto al total de la economía, el índice global de productividad laboral retrocedió -3.4% en el 2021, lo cual se debió a que el PIB aumentó 4.7%, pero la población ocupada creció 8.4%. La situación es aun más grave cuando vemos que entre 2018 y 2021 dicha productividad disminuyó 7.2% producto de que el PIB presenta una contracción de -3.7% en un contexto en el que la población ocupada creció 3.8%.

Esto indica que en promedio la gente que ahora está trabajando genera menos PIB de lo que aportaba hace tres años.  Uno pudiera pensar que esta considerable caída en la productividad de la mano de obra se dio porque aumentó la participación de la informalidad laboral, pero no es el caso. De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, la tasa de informalidad laboral pasó de 56.5% de la población ocupada en 2018 a 55.8% en 2021. Este punto es relevante, y vale la pena recordar que el INEGI recientemente informó que en 2020 el 56% de los ocupados en México laboraba en la economía informal y sólo generaron el 22% del PIB; mientras que el 44% de ocupados estaba en la economía formal y generaron el 78% del PIB. Queda claro pues que una persona promedio en la economía informal produce aproximadamente una cuarta parte de lo que produce una persona en la economía formal.

¿A qué se debe que crezca más la población ocupada que el PIB? Principalmente a la falta de inversión  productiva en un contexto en el que muchas empresas o unidades económicas exhiben rendimientos marginales decrecientes de la mano de obra. Hace falta pues un salto que sólo se logrará invirtiendo en maquinaria, equipo y capacitación.

Actividades primarias

En las actividades primarias, mismas que se refieren a las actividades de agricultura y ganadería principalmente, vemos que la productividad laboral disminuyó -4.8% entre 2020 y 2021, aunque la buena noticia es que en el periodo de 2018 a 2021 muestra un ligero incremento de 1.3%.  La razón de la caída de la productividad entre 2020 y 2021 es que el PIB creció apenas 2.9%, pero la población ocupada aumentó 7.6%; mientras que la razón del pequeño aumento registrado entre 2018 y 2021 es que el PIB creció 2.9%, mientras que la población ocupada aumentó sólo 1.5%.

México ha modernizado su sector primario y se ha ido moviendo hacía el cultivo de hortalizas, tecnificando e innovando en los procesos productivos, lo que se ha traducido en este pequeño aumento de la productividad.

Actividades secundarias

En el caso de las actividades secundarias, mismas que están conformadas por las industrias de la  minería; construcción; electricidad, gas y agua; y manufacturas, vemos una situación preocupante ya que en el periodo de 2020 a 2021 la productividad laboral disminuyó 3.2% producto de que el PIB avanzó 6.5%, pero la población  ocupada creció 9.8%. Pero para el periodo de 2018 a 2021 la situación es aún más grave porque la productividad laboral muestra un retroceso de -6.7% producto de que el PIB se contrajo -5.6% y la población ocupada creció 1.1%.

Dentro del comportamiento de la productividad industrial, es relevante lo que sucede con la industria manufacturera. Los indicadores de INEGI muestran que la productividad laboral (medida como el cociente del volumen físico de producción entre el personal ocupado total) muestra un incremento de 7.9% entre 2020 y 2021; sin embargo, en el comparativo 2021 respecto de 2018, la productividad laboral muestra una caída de  -0.6%. Este dato es preocupante porque en este periodo las grandes potencias manufactureras a nivel mundial aumentaron su nivel de producto por trabajador ocupado en una mayor tasa.

Actividades terciarias

Finalmente, en el caso de las actividades terciarias, conformadas por el comercio y los servicios, la situación es aún más grave. En el periodo de 2020 a 2021, el índice de productividad laboral disminuyó -3.6% derivado de que el PIB sólo creció 4.1%, mientras que la población ocupada aumentó 7.9%. Para el periodo de 2018 a 2021, la productividad laboral retrocedió -8.1% ya que el PIB ha disminuido -3.2%, mientras que la población ocupada creció 5.4%.

En este aspecto, se debe destacar que el retroceso de la productividad laboral de las  actividades terciarias es preocupante porque es el sector de actividad de mayor peso en el PIB. Por lo que si éste cae, arrastra hacía abajo la productividad del resto de la economía.

Conclusiones

Como ya se mencionó, el hecho de que la productividad de la economía haya retrocedido en lo que va del actual sexenio federal, dificulta las posibilidades de las empresas de crear mejores puestos de trabajo con remuneraciones más elevadas

¿Qué hacer para revertir esta caída de productividad? Pues sin duda haciendo que el PIB crezca a una tasa más elevada de lo que crece la población ocupada, pero esto sólo se logrará a través de fuertes incrementos en la inversión fija bruta que nos hagan salir de la situación de rendimientos marginales decrecientes en la que estamos. Pero la realidad es que el gobierno federal no hace mucho para facilitar el clima de inversión productiva en el país y por el contrario, ha mostrado desdén hacía el sector empresarial.

Hay tres acciones fundamentales para elevar la productividad de la mano de obra, y son: 1. Elevar el nivel de capacitación y competencias de la población económicamente activa, 2. Generar un entorno económico propicio y amable con la inversión y 3. Brindar incentivos fiscales a la inversión productiva de manera que las empresas puedan adquirir más y mejor maquinaria y equipo.

Si bien es verdad que hay sectores en los que la productividad va avanzando, lo más seguro es que en lo que resta del actual sexenio, la productividad laboral siga cayendo para el promedio de la economía nacional, lo cual es la fuente de empleos mal remunerados. Y pues tampoco vamos a poder explotar esta ventaja competitiva a nivel internacional, ya que de nada sirve tener sueldo bajos cuando la riqueza generada por persona ocupada es baja.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Radiografía de la industria manufacturera en 2021 y retos 2022

La industria manufacturera es fundamental para lograr el desarrollo de las naciones. Para las naciones exportadoras, puede ser la principal fuente de divisas, y en las industrias ligeras la cantidad de empleos que genera es muy importante. Recientemente hemos visto esfuerzos nacionales, como el de Estados Unidos, por reindustrializarse y por eso dan toda clase de incentivos para que los procesos productivos que se mudaron a otras naciones, regresen a producir domésticamente. Dada la importancia de esta industria, es que en esta entrega hago un recuento de cómo cerró en el año 2021.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) del INEGI, el valor de la producción de esta industria en México cayó -9.2% en términos reales en el comparativo de 2019 a 2020, pero en el año 2021 ésta se recuperó en términos reales con un crecimiento anual de 11.6%. Con esto, al cierre del año que acaba de terminar, el valor de la actividad manufacturera en México ya se encontraba 1.3% arriba en comparación del nivel que tenía en 2019. En otras palabras, el agregado de la actividad manufacturera del país ya se recuperó de la pandemia del Covid-19. No obstante lo anterior, debemos dejar claro que dada la debilidad del mercado interno, la recuperación ha estado apoyada en el aumento de las exportaciones.

Las exportaciones han sido un impulso para la industria manufacturera nacional

En 2021, las exportaciones totales de México rompieron récord y sumaron 494.224 miles de millones de dólares (mmdd), y de este total fueron 436.075 mmdd los que correspondieron a exportaciones de la industria manufacturera. Es decir, 88 de cada 100 dólares de exportaciones lo hicieron las empresas manufactureras. Las exportaciones son un motor de crecimiento económico porque en 2021, el valor de éstas creció 18.5% respecto a 2020, por lo que se encuentran 7.3% arriba del 2019; mientras que las exportaciones manufactureras aumentaron 16.7% anual en 2021 y se encuentran 6.2% por encima del valor de 2019. En contraste con esta favorable evolución, tenemos que el consumo privado de bienes nacionales creció en 2021 a una tasa de apenas 7.04%, tasa evidentemente inferior a la del aumento de las exportaciones.

La industria manufacturera es un pilar de la economía nacional. De acuerdo con cifras de la EMIM de  INEGI, en 2021 el valor de la producción de la industria manufacturera sumó 9.010 billones de pesos y de este monto, son sólo cinco ramas de actividad las que generan el 71.3% del valor total de la producción manufacturera del país, mismas que se mencionan a continuación (en paréntesis se indica su participación porcentual): Fabricación de equipo de transporte (30.2%); Industria alimentaria (16.0%); Industria química (9.5%); Industrias metálicas básicas (9.2%); e Industria de las bebidas y del tabaco (6.3%). Las restantes 16 actividades representaron apenas el 28.7% del valor de la producción manufacturera de México en 2021.

Como se señaló previamente, el valor total de la producción de la industria manufacturera creció 11.6% en términos reales entre 2020 y 2021, por lo que se ya encuentra en un nivel 1.3% por encima del valor que tenía en 2019. Sin embargo, como es ampliamente sabido, no todas las industrias se han recuperado en la misma proporción. El desempeño de las industrias manufactureras, con datos del INEGI, se pueden clasificar en cuatro grupos, en función de la evolución en términos reales del valor de su producción en el periodo de 2019 a 2021: 1. Aquellas que muestran niveles de recuperación superiores al 10% (5 actividades); 2. Aquellas que muestran una recuperación que va del 0.1% al 9.9% (9 actividades); 3. Aquellas que aún están en un nivel entre -0.1% a -9.9% por debajo (3 actividades); y 4. Aquellas con un valor de producción más de 10% por debajo (4 actividades).  

Actividades de mejor desempeño

En este sentido, las 5 actividades manufactureras de mejor desempeño, en términos del valor de su producción) en el periodo de 2019 a 2022 son (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Industrias metálicas básicas (32.2%); Fabricación de productos metálicos (24.2%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (24.0%); Industria de la madera (22.2%); y Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (19.3%).

Actividades de buen desempeño

Las 9 actividades que tuvieron una “buena” evolución en el periodo de 2019 a 2021 son: Industria del plástico y del hule (5.9%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (5.1%); Industria alimentaria (4.9%); Industria química (3.1%); Industria de las bebidas y del tabaco (2.9%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (2.8%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (2.1%); Otras industrias manufactureras (0.6%); e Industria del papel (0.5%).

Actividades de mal desempeño

Las 3 actividades que tuvieron un “mal” desempeño en términos del valor de su producción en el periodo de 2019 a 2021 son: Fabricación de maquinaria y equipo (-2.7%); Impresión e industrias conexas (-3.9%); y Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-7.1%).

Actividades en situación muy complicada

Finalmente, las 4 actividades que aún continúan en estado muy complicado por su evolución en el periodo de 2019 a 2021, son: Fabricación de equipo de transporte (-12.1%); Fabricación de prendas de vestir (-20.2%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-20.6%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-24.9%).

Calzado, Textil y Vestido fueron de las actividades más golpeadas por la crisis del Covid-19 y por los problemas de ilegalidad

Vemos que las actividades productivas de peor desempeño económico entre 2019 y 2021, son aquellas que sufren alguno de los siguientes dos problemas: a. Afectación por el quiebre de las cadenas globales de suministro y escasez de insumos o componentes; o b. Afectación por los enormes niveles de importaciones, muchas de las cuales se dan en condiciones de contrabando técnico y bronco, así como de piratería.

No debemos dejar de lado que el consumo de bienes y servicios en México creció 8.3% en los primeros once meses de 2021, pero que el gran problema para la planta productiva nacional es que el consumo de bienes nacionales aumentó sólo 7.0%, mientras que el consumo de bienes importados creció 34.3%. En otras palabras, buena parte de la incipiente recuperación del mercado interno ha servido más para el consumo de bienes importados que para reactivar la fabricación de bienes hechos en México.

La perspectiva es que en 2022 la industria manufacturera se siga recuperando, en función de que las exportaciones seguirán aumentando; pero no podemos dejar de lado de que hay dos grandes riesgos/obstáculos que sobrellevar:

1. El hecho de que el conflicto entre Rusia y Ucrania tendrá un impacto en la economía de Estados Unidos y en las cadenas globales de valor, en especial en las industrias de relacionadas al suministro de chips, la industria automotriz y las medicinas. Además de que se espera un golpe a precios de energéticos y alimentos.

2. El problema de una creciente inflación (que lo más probable es que se acelere en los próximos meses), misma que se traducirá en políticas monetarias más restrictivas, como lo señalé en la entrega de la semana pasada. En el caso de México, el mercado anticipa que la tasa de interés objetivo aumentará hasta 7.75%, mientras que en Estados Unidos se espera llegue hasta 1.50%. Como se sabe, una mayor tasa de interés afectará negativamente la inversión productiva y el consumo, lo que frenará el ritmo de crecimiento económico y, desde luego, a la actividad manufacturera.

La mejor apuesta de la industria manufacturera de México es a los mercados de exportación, ya que el mercado interno crecerá muy lentamente producto de que el PIB aumentará poco más de 2.0% en el escenario base actual. Esperemos que los dos riesgos arriba mencionados no echen a perder las perspectivas de crecimiento mundial, en beneficio de las millones de familias mexicanas que dependen de la actividad manufacturera nacional.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: alejandrogomezt

La pauperización del poder adquisitivo en México

Afortunadamente para nuestro país, los niveles generales de ocupación laboral se han recuperado e inclusive superado los niveles prepandemia. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la población ocupada total (formal e informal) pasó de 54.848 millones de personas en el tercer trimestre de 2019 a 55.836 millones en el mismo trimestre de 2021, lo que representa un incremento de 987 mil personas más con una ocupación, equivalente a un aumento de 1.8%.  Desde luego que el rezago en materia laboral se mantiene, ya que un crecimiento de 1.8% en dos años es muy bajo para los estándares de México, pero el punto es que ya hay más gente trabajando ahora que antes de la pandemia.

Así pues, si bien el dato de la ocupación es positivo, se debe destacar que en el mismo periodo disminuyó la participación del empleo registrado en el IMSS respecto del total de ocupados. En el promedio del tercer trimestre de 2019 había 20.458 millones de trabajadores registrados en el IMSS, lo que representaba el 37.3% de la población ocupada total; mientras que en el tercer trimestre de 2021 el número de trabajadores asegurados fue de 20.435 millones, lo que representa el 36.6% de la población ocupada total. Esta disminución de la participación del empleo formal es un indicador más de la precarización del empleo en el país.

En este contexto, en esta entrega analizamos cómo evolucionó el nivel de ingresos de la población ocupada en el periodo del tercer trimestre de 2019 al mimo trimestre de 2021, para lo cual utilizamos los datos más recientes disponibles por parte de la ENOE de INEGI.

Como se señaló líneas arriba, la ENOE reporta que la población ocupada creció 1.8% en el periodo mencionado. Y pues derivado de los importantes ajustes al salario mínimo general pagado en el país, es que entre el tercer trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2021, el número de ocupados que están en los rangos de ingresos más bajos crecieron, mientras que los que están en los rangos de ingresos más altos disminuyeron. Es decir, el salario mínimo subió 38.0% entre el 2019 y el 2021, pero los ingresos de quienes ganan más de un salario mínimo no necesariamente crecieron en la misma proporción. Concretamente, los datos de la ENOE indican que el número de ocupados que ganan menos de un salario mínimo (sm) creció 27.8%, los que perciben de 1 a 2 sm aumentaron 12.9%, los que tienen ingresos de 2 a 3 sm disminuyeron 26.4%, los que ganan de 3 a 5 sm cayeron 23.2%, mientras que los que ganan más de 5 sm decrecieron 28.6%. Finalmente, la población ocupada que no recibe ingresos disminuyó 2.3 por ciento.

Estos ajustes en la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso carecen  de mucho sentido (son difíciles de interpretar), si no lo traducimos en lo que implica para el poder de compra de la propia población ocupada. Es así que con los ajustes en la distribución relativa de la población ocupada, el promedio de ingresos pasó de 1.97 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2019 a sólo 1.50 sm por día en el tercer trimestre de 2021.   Al tomar en consideración que el salario mínimo pasó de 102.68 pesos diarios en 2019 a 141.70 pesos por día en 2021, es que concluimos que el ingreso promedio diario de la población ocupada pasó de 201.94 pesos en el tercer trimestre de 2019 a 212.65 pesos diarios en el tercer trimestre de 2021, lo que representa un aumento nominal de apenas 5.3% en el periodo, tasa por debajo de la inflación del periodo. Estos datos confirman lo que han arrojado otros análisis en el sentido de que el saldo de la crisis económica ocasionada por las medidas que se tomaron por el Covid-19 ha ocasionado un empobrecimiento de la persona ocupada promedio.

Ahora, si tomamos en consideración  que en el periodo de referencia la población ocupada creció 1.8%, entonces se concluye que la masa salarial debió haber aumentado 7.2% en términos nominales al pasar de 11.076 miles de millones de pesos diarios en el tercer trimestre de 2019 a 11.873 miles de millones de pesos al día en el mismo trimestre de 2021.

Como ya se mencionó, el problema con este incremento es que en el periodo de referencia, la inflación general de precios al consumidor fue de 9.9%, por lo que el nivel de ingresos promedio diario de la población ocupada tuvo un retroceso en los últimos dos años de -4.2%; pero al considerar que la población ocupada aumentó 1.8% en el periodo del tercer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, entonces se concluye que la base salarial disminuyó 2.5% en términos reales. Esto significa que lo que percibe la totalidad de personas ocupadas en el tercer trimestre de 2021, alcanza para comprar 2.5% menos cosas de lo que se podía adquirir en el tercer trimestre de 2019.

La estimación de un retroceso de -2.5% en términos reales en la masa salarial, coincide con la caída del índice de ingresos de los establecimientos comerciales al menudeo (base 2013 = 100). Sucede que este indicador tenía un valor de 114.2 unidades en el tercer trimestre de 2019, cayó a 102.9 puntos en el mismo trimestre de 2020, y subió a 110.8 puntos en el tercer trimestre de 2021. Esto implica que los ingresos de los establecimientos comerciales al menudeo se encuentran 3.0% abajo del nivel que tenían en 2019. Queda claro pues que la debilidad del comercio se explica por la caída en términos reales de los ingresos promedio de la población, no obstante que ahora hay más gente trabajando que antes y lo mucho que ha aumentado el salario mínimo. De igual forma, no podemos dejar de mencionar que en 2021 las familias mexicanas recibieron 51,594 millones de dólares de remesas, y con todo y este monto que representa el 4.0% del PIB, el consumo no se ha podido recuperar plenamente.

¿Qué se puede hacer para mejorar los niveles de ingresos de la población ocupada? Desde este espacio hemos mencionado que los ingresos de las personas no se pueden aumentar por decreto, ya que eso provoca que haya más informalidad laboral y una medida así ocasiona inflación. La clave es el aumento de la productividad laboral, sólo creciendo la productividad las personas generan más ingresos a su centro de trabajo y eso permite pagar mejores sueldos. Como ya lo hemos señalado, el gran problema es que la inversión fija bruta actualmente está 14.5% por debajo del nivel de 2018, por lo que los incrementos en productividad difícilmente se están dando. Eso nos condena a seguir con una economía débil, sin fortaleza en el mercado interno, y muy dependiente del sector exportador. Es así que se vuelve indispensable un cambio en la política económica y la implementación de una política industrial que ponga verdaderamente en el centro de la discusión el aumento de la productividad laboral.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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El crecimiento explosivo de la deuda del sector público mexicano

La semana que recién concluye se dio a conocer que la deuda pública total de los Estados Unidos, sumó 30.01 billones de dólares al 31 de enero de este año (por billón, me refiero a un 1 seguido de 12 ceros). Esto implica un incremento de casi 7 billones de dólares respecto al dato de enero de 2020, justo antes de que la pandemia del virus chino, Covid-19, golpeara la economía de los EE.UU. y su gobierno decidiera lanzar diversos paquetes de rescate y estímulo económico. La deuda del sector público estadounidense, equivale a una cantidad cercana al 130% de su producción económica anual. Esta alucinante cifra convierte a Estados Unidos en una de las naciones más endeudadas del mundo. ¿El haberse endeudado tanto sirvió de algo? Pues en términos de recuperación económica si fue de gran ayuda, ya que su PIB cayó sólo -3.5% en 2020 y se recuperó 5.7% en 2021, aunque con un elevadísimo costo en materia de inflación.

En el caso de México, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) también publicó las Estadísticas Oportunas de Finanzas Públicas al mes de diciembre de 2021, por lo que ya tenemos la fotografía completa de lo sucedido en esta materia en el año que acaba de concluir y vemos que, aunque aquí no hubo apoyos para el rescate económico, hemos alcanzado el mayor nivel de deuda nominal en la historia del país. En esta entrega analizamos la evolución de la deuda neta del sector público federal mexicano, así como el costo de mantener los elevados niveles de endeudamiento con los que opera el sector público.

Las cifras oficiales muestran que contrario a lo que menciona el discurso oficial, la deuda del sector público ha venido aumentando en términos nominales y reales desde que inició la presente administración federal. Al cierre de 2021, el saldo de la deuda neta del sector público federal se encuentra en 13.06 billones de pesos, cifra que representa poco más del 50% del PIB al tomar en consideración que en términos nominales éste último sumó casi 26 billones de pesos al cierre del 2021. Las anteriores cifras, implican que en 2021, el sector público federal endeudó más al país en 1.043 billones de pesos adicionales, lo que significa un incremento nominal de 8.68% respecto a un año antes, tasa por encima de la inflación anual que fue de 7.36 por ciento.

Respecto al cierre del año 2018, el sector público federal ha aumentado su deuda en 2.231 billones de pesos, lo que implica un aumento nominal de 20.6% en un periodo de tres años. Los billones de deuda adicional se dicen fácil, pero implica que la actual administración federal ha endeudado a México a razón de 2,035 millones de pesos diarios (deuda adicional de 2.231 billones de pesos dividida entre los 1,096 días que hay entre el 31 de diciembre de 2018 y el 31 de diciembre de 2021). De hecho, si quisiéramos ser estrictos en la valoración del aumento de la deuda del sector público en lo que va de la presente administración federal, deberíamos tomar como referencia que el saldo de ésta al 30 de noviembre de 2018 fue de 10.731 billones de pesos, por lo que entonces la deuda ha aumentado en 2.33 billones de pesos.

¿Por qué crece la deuda? Pues porque dejamos de tener un superávit primario robusto (ingresos menos gastos públicos antes del pago del servicio de la deuda), por lo que nos seguimos endeudando año con año para pagar los intereses de la deuda. De acuerdo a cifras de la SHCP, en 2017 tuvimos un superávit primario de apenas 0.4% del PIB, en 2018 fue de 0.6%, para 2019 ascendió a 1.1% del PIB, pero ya en 2021 fue deficitario en -0.4% del PIB y para 2022 se estima que será de -0.3% del PIB. Derivado de lo anterior, es que en pasamos de tener requerimientos financieros del sector público federal (la medida más amplia de la deuda del sector público federal) equivalentes al 2.5% del PIB en 2017 a unos de 2.3% en el 2019, hasta llegar al 4.0% en 2020 y a 4.2% en 2021.  Como se puede observar, el saldo acumulado de los requerimientos financieros es más elevado que la tasa de crecimiento del PIB en el mismo periodo.

¿A cuanto asciende el costo financiero de la deuda del sector público federal? Pues al gobierno le favoreció la baja en tasas de interés que vimos de 2019 a 2020, ya que el costo financiero de la deuda pasó de 615.04 miles de millones de pesos en 2018 a apenas 687.0 mmdp en 2021, lo que implica un incremento nominal de sólo 11.7%, una tasa inferior a la de la inflación del periodo. En 2018 la tasa de interés promedio de los Cetes a 28 días fue de 7.62% y en 2021 fue de 4.37%, pero en el contexto actual de alza en tasas de interés de referencia, la tasa de interés de los Cetes a 28 días podría llegar  hasta el 7.25% anual, por lo que se espera que en 2022 el costo financiero de la deuda sea de 791.46 mmdp, de acuerdo al Paquete Económico 2022 aprobado por el Congreso de la Unión.

Estas cifras carecen de mucho sentido cuando no se ponen en función de lo que representan respecto al presupuesto total de egresos del sector público federal. El costo de la deuda llegó a representar el 16.2% del gasto neto del sector público federal en el año 2000, pero dicho porcentaje bajó hasta el 7.8% en 2012, pero luego éste fue subiendo poco a poco hasta alcanzar el 11.5% del presupuesto en el 2020, para posteriormente bajar hasta el 10.2% en el 2021. ¿Es esta cantidad elevada? Pues depende de su perspectiva, en el sentido de preguntarse si usted se sentiría cómodo destinando el 10.2% de la totalidad de sus gastos en pagar los intereses de la deuda de su tarjeta de crédito.

A manera de conclusión podemos decir que no obstante lo anterior, en el reino de los ciegos el tuerto es rey, y es que la posición  fiscal de México es envidiable para muchos otros países que si han aumentado su deuda, de una manera que podríamos considerar casi irresponsable, derivado de las ultra-bajas tasas de interés en sus respectivos países. México si se ha endeudado, contrario a lo que dice el discurso oficial, aunque se debe hacer énfasis en que dicha deuda no ha sido para apoyar las fuentes de empleo o para reactivar la economía nacional. México se ha seguido endeudando porque ha dejado de tener superávit fiscal y se tiene que endeudar en casi tres cuartos de billón de pesos al año para hacer frente a sus compromisos financieros.

La relativa prudencia fiscal del gobierno mexicano ha servido para que no nos bajen más el grado de inversión de nuestra deuda pública, lo que a su vez, ha ayudado a que no tengamos una crisis de balanza de pagos con una mayor fuga de capitales. Pero ahora que se han acabado los guardaditos (fondos de reserva dejados por la anterior administración federal), con un alza importante en las  tasas de interés, y con una economía que no crecerá el 4.1% que proyecta la SHCP, no se descarta la posibilidad de que la deuda del sector público federal crezca en 1.3 billones de pesos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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¿La economía nacional está en crisis?

Las preguntas que muchos se hacen actualmente tienen que ver con la salud de la economía mexicana. En la semana que recién concluye se dieron a conocer dos notas importantes respecto de la disminución en las expectativas de crecimiento económico para este año. Primero, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que su estimación de aumento del PIB de México para el 2022 era de apenas 2.8%, tasa 1.2 puntos más baja que la publicada en octubre de 2021. Posteriormente, salió el grupo financiero BBVA a decir que bajaba su pronóstico de crecimiento del PIB 2022 a 2.2%, tasa un punto porcentual por debajo del 3.2% estimada previamente, y agregó que México registra una recuperación “incompleta”, por debajo de otros países latinoamericanos.

Esto se da en un contexto en el que los datos de cierre 2021 de los principales indicadores económicos muestran un deterioro significativo, de manera que el año que recién concluyó habría cerrado con un desempeño muy por debajo del proyectado todavía hace un par de meses. Esto mientras que en Estados Unidos se acaba de informar que su PIB creció 5.7%, la tasa más alta desde la presidencia de Ronald Reagan. En el vecino del norte, el desempeño económico del cuarto trimestre fue particularmente robusto, con una tasa de incremento de 6.9 por ciento.  

Con esto en mente, en esta entrega analizamos los indicadores económicos más relevantes, que dan cuenta de cómo cerramos el 2021 y arrancamos el 2022.

Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE)

El IGAE es un índice que mide la evolución mensual de la economía y en ese mismo sentido, pues es lo más cercano a un PIB mensual. El INEGI acaba de dar a conocer los datos de este indicador durante noviembre de 2021 y vemos que en el acumulado de los primeros once meses de dicho año, la actividad económica total del país creció 5.2% respecto del 2020, pero se mantiene 3.7% debajo de su nivel de 2019. Como lo señalamos en la pasada entrega, los datos preliminares apuntan a que el IGAE cayó en diciembre, por lo que es posible que en un mes veamos que el saldo de todo el 2021 será de un crecimiento de aproximadamente 4.8 por ciento. Destaca que lo más probable es que en el comparativo del cuarto trimestre de 2020 al mismo trimestre de 2021, el crecimiento del IGAE bien pudo haber sido de 0.0 por ciento.

Al analizar la evolución del IGAE por tipo de actividad, vemos que en el acumulado de los primeros once meses de 2021, las primarias (agricultura, ganadería, etc.) están 6.9% arriba del 2020 y también están 3.1% por encima del nivel que tenían en 2019.

En cuanto a las actividades secundarias (industria), éstas se encuentran en 2021 en un nivel 6.9% superior al de 2020, pero aún están 4.3% debajo de 2019. Analizando con mayor detalle el desempeño de las actividades secundarias, vemos que la Minería va bien porque está 1.7% arriba del nivel de 2020 y también está 1.1% arriba del nivel de 2019; la actividad de electricidad, gas y agua va mal porque se encuentra en 2021 en un nivel 0.6% debajo del de 2020 y está 6.3% inferior al nivel de 2019; la construcción va muy mal porque si bien en 2021 está 7.7% por encima de 2020, todavía está 11.8% por debajo del nivel de actividad que tenía en 2019; y finalmente, las manufacturas van relativamente bien porque están en 2021 en un nivel 9.0% arriba del de 2020, aunque siguen 2.5% abajo del nivel de 2019.

Finalmente, en cuanto a las actividades terciarias (comercio y servicios), que han sido de las más golpeadas en la pandemia de Covid-19, éstas están en 2021 en un nivel 4.6% superior al de 2020, pero siguen 3.8% abajo del de 2019. Esto es muy relevante porque las actividades terciarias representan el 62.3% del valor agregado bruto generado por la economía.  

Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM)

Con relación al valor de la producción de la industria manufacturera, la EMIN nos arroja que, en términos nominales en el acumulado de los primeros once meses de 2021, ésta se encuentra 17.8% arriba del nivel de 2020 y también está 9.2% por encima del valor de 2019. Sin embargo, al analizar la evolución del valor de la producción en términos reales (ajustado por inflación), ésta creció 11.7% respecto al 2020 y se encuentra en el mismo nivel de 2019.  Es importante precisar que valor de la producción no es sinónimo de PIB, ya que éste último se refiere al valor agregado generado por la actividad, no sólo el valor de lo que se produce.

Encuesta Nacional de Empresas Constructoras (ENEC)

Como se señaló líneas arriba, una actividad severamente golpeada desde que inició el actual sexenio del gobierno federal, es el sector construcción. La ENEC arroja que en términos reales, en los primeros once meses de 2021, el valor total de producción generado por las empresas constructoras se encuentra 0.3% abajo del nivel que tenía en 2020, pero está 20.4% por debajo del que tenía en 2019, y lo que es peor, se encuentra en un nivel 26.5% inferior al registrado en 2018.

El caso de la construcción en obras de edificación es aún más grave. Tenemos que en términos reales, en los primeros once meses de 2021, el valor de producción de las empresas constructoras se encuentra 6.1% por debajo del que tenía en 2020, es 29.0% inferior al que tenía en 2019 y está 31.8% por debajo del observado en los primeros once meses de 2018. Esto es gravísimo porque denota que el sector construcción en obras de edificación  ha perdido una tercera parte del negocio en los últimos tres años.

Encuestas sectoriales de comercio y servicios

En materia de comercio, la Encuesta Mensual de Empresas Comerciales (EMEC) de INEGI muestra que en los primeros once meses de 2021, los ingresos por suministro de bienes por parte del comercio al por mayor se encuentra 12.8% por arriba del nivel de 2020 y está 2.0% arriba del observado en 2019. Por su parte, los ingresos de los establecimientos comerciales al por menor se encuentran en 2021 en un nivel 8.0% por encima del observado en 2020, pero todavía están 2.3% debajo de los registrados en 2019. Los datos arrojan una recuperación importante del comercio en 2021, pero el problema es que este buen desempeño ha ayudado más a los fabricantes extranjeros que a los nacionales.

El Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior de INEGI, muestra que en el acumulado de los primeros diez meses de 2021, el consumo de bienes nacionales está 7.4% arriba del que tenía en 2020, pero está 2.1% abajo del observado en 2019. El problema es que el consumo de bienes importados está 25.1% arriba del nivel de 2020 y también está 5.1% por encima del nivel observado en 2019. Las estadísticas son claras en demostrar que la incipiente recuperación del comercio nacional ha beneficiado más (proporcionalmente hablando) a los fabricantes asiáticos.

En cuanto a los ingresos totales por suministro de servicios privados no financieros, éstos muestran que en el acumulado de los primeros once meses de 2021, éstos están 6.6% arriba del nivel de los mismos meses de 2020, pero siguen 12.3% por debajo del nivel observado en 2019. La pandemia ha golpeado fuerte al sector turismo y algunos otros servicios de apoyo a las empresas y vemos que están lejos de recuperarse.

Estadísticas de comercio exterior

Desde este espacio hemos comentado que el principal motor de recuperación de la economía nacional es el comercio exterior. El INEGI recién publicó que en todo 2021 el valor de las exportaciones de México sumó 494.224 miles de millones de dólares (mmdd), cesta es la cifra más alta de la historia y representa un incremento de 18.5% respecto a 2020 y un aumento de 7.3% en comparación del valor de 2019.  Lo negativo de las cifras de comercio exterior, es que las importaciones crecieron más rápido y sumaron en 2021 un valor de 505.715 mmdd, lo que implica un aumento de 32.0% respecto de 2020 y un aumento de 11.1% comparado con el valor de 2019. De esta manera, pasamos de tener un superávit de la balanza comercial de 5.362 mmdd en 2019 a uno de 34.013 mmdd en 2020 a tener un déficit de -11.491 mmdd en 2021. Es importante recalcar que hoy por hoy, las exportaciones son el principal motor de crecimiento de la economía nacional, aunque una estrategia de sustitución de importaciones le daría a la economía un impulso todavía mayor, como lo señalé hace un par de semanas.

Inversión  fija bruta

El último indicador que revisamos es el del índice de volumen físico de la inversión fija bruta (IFB), el cual mide los gastos de las empresas en bienes de capital, tales como maquinaria, equipo, herramientas y vehículos. Este indicador es muy importante ya que denota las posibilidades de crecimiento futuro de la economía nacional y de la productividad de ésta. En este sentido, los datos son muy negativos ya que el INEGI muestran que en el acumulado de los primeros diez meses de 2021, la IFB muestra un aumento de 10.7% comparado con 2020, pero aun se encuentra 10.4% por debajo del nivel que tenía en 2019, y lo que es peor, está 15.0% por debajo de lo observado en 2018. La inversión fija es un componente de la demanda agregada y los datos muestran que en nuestro país está totalmente deprimida.

Conclusiones

Los datos duros aquí presentados muestran que la economía nacional ha tenido un desempeño mediocre en 2021, y que hay sectores ampliamente golpeados como la construcción y los servicios. De igual manera, preocupa que buena parte de la incipiente recuperación  comercial esté sirviendo más para apoyar la demanda de productos importados, por encima de los nacionales. Vemos también que las posibilidades de crecer y ser más productivos en el mediano plazo han quedado severamente afectadas con niveles de inversión que denotan una destrucción neta de capital. La respuesta es que México si está en crisis en diversos sectores de actividad y componentes de la demanda agregada. Por eso hacen sentido los recortes de pronósticos por parte de analistas nacionales y extranjeros. Es una pena para el país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt   

Diez tendencias que darán forma al consumo en 2022

Las perspectivas económicas de México continúan deteriorándose. El INEGI acaba de publicar los datos del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del mes de diciembre de 2021 y éstos apuntan a que la economía nacional volvió a caer en dicho mes. Se estima que entre diciembre de 2020 y el mismo mes de 2021, la actividad económica cayó -0.2%, producto de que si bien las actividades industriales crecieron 0.4%, el comercio y servicios retrocedieron -1.3%.  Con estos datos preliminares, lo más probable es que el Producto Interno Bruto (PIB) de México haya retrocedido -0.2% anualizado en el cuarto trimestre de 2021 y que entonces el resultado de todo el 2021 sea de un aumento del PIB de apenas 4.6%, lejos de la meta de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) de  un crecimiento de 6.3 por ciento.

En materia de la evolución de las industrias manufactureras, tenemos que en el acumulado al mes de noviembre de 2021, comparado con los mismos meses de 2019, el valor de la producción ya se recuperó en términos reales. De hecho ya hay 13 actividades manufactureras que presentan un valor de producción superior al que tenían en 2019, pero quedan 8 actividades muy dañadas que no se han podido recuperar. Las actividades manufactureras más rezagadas en su recuperación son (en paréntesis se indica el porcentaje de caída respecto a 2019): Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-8.5%); Fabricación de equipo de transporte (-13.5%); Fabricación de prendas de vestir (-21.2%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-21.2%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-26.2%).

Todos estos datos, y muchos otros más, confirman las dificultades por las que atraviesa el proceso de recuperación económica; son muy importantes, pero en esta ocasión (a solicitud de varios de mis lectores) prefiero no abordar la problemática macroeconómica sino enfocarme en cosas positivas y que puedan servir para la toma de decisiones de en los negocios.

Es así que en esta ocasión planteo algunas oportunidades de negocio en función de un artículo editorial de Ann-Marie Alcántara, publicado en el Wall Street Journal el pasado 17 de enero, y titulado “Diez tendencias que darán forma a la forma en que compramos, comemos y vivimos este año”. Si bien el artículo está enfocado en el consumidor norteamericano y europeo, me parece que hay cosas muy rescatables que aplican en el caso de amplios segmentos de consumidores mexicanos o latinoamericanos, y por eso me parece pertinente presentar los puntos más relevantes.

En el escrito de Ann-Marie Alcántara, plantea que en 2021 debemos prepararnos para un nuevo tipo de mesura por parte de los consumidores, a medida que muchos cambian sus hábitos de consumo comprando más artículos de segunda mano y se van solucionando los problemas de la cadena de suministro.

La autora toma como referencia el informe anual de tendencias de la firma de investigación de mercado Euromonitor International, mismo que indica que se espera que este año los consumidores se vuelvan  más moderados y sean más conscientes de sus comportamientos de gasto, buscando alternativas para comprar productos de formas menos tradicionales. Se pronostica lo que los consumidores valoran cada vez más y cómo las empresas deben adaptarse a esos comportamientos. Este año, los consumidores cambiarán sus gastos de manera sutil e incluso experimentarán con el metaverso.

Alison Angus, jefa de investigación de estilos de vida en Euromonitor dijo “Vemos que la clase media está en un periodo de reset y piensa más sus gastos, pero vemos que esto va mucho más allá: todo mundo es mucho más moderado”.

A continuación se presentan las 10 tendencias de consumo de Euromonitor para 2022:

1. Soluciones alternativas de la cadena de suministro

La escasez de productos y las interrupciones en las cadenas de abastecimiento de insumos y productos terminados, han provocado que los consumidores utilicen servicios de suscripción o comprar productos de segunda mano para encontrar lo que buscan. Las empresas deben adaptarse a los gustos de estas personas ofreciendo alternativas a los artículos. Los sistemas de filas virtuales presentan una oportunidad para que los compradores obtengan un lugar en la fila y esperen recibir un producto. Ofrecer productos en alquiler o reacondicionados es otra oportunidad para fidelizar clientes, al igual que tentarlos con artículos exclusivos o en preventa.

2. El cambio climático se convierte en lo más importante

La 26ª conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, también conocida como COP26, hizo que los consumidores pensaran en sus acciones cotidianas en relación con el cambio climático. Las personas buscan reducir el desperdicio de alimentos, reducir el uso de plástico y reciclar más. El 67% de los consumidores encuestados por Euromonitor afirmaron que intentaban hacer algo todos los días para tener un impacto beneficioso en el medio ambiente. El cambio climático y la sustentabilidad son tendencias que continuarán evolucionando desde años anteriores, pero en 2022, los consumidores más jóvenes tendrán un mayor impacto en sus pares, padres y abuelos.

3. Las personas mayores optimizan su vida digital

La pandemia obligó a muchas personas a ajustar sus comportamientos, como comprar comestibles en línea por primera vez. Esa tendencia fue especialmente popular entre las personas mayores. Ahora, este grupo de consumidores quiere continuar con su uso digital, y las empresas deben responder en consecuencia ofreciendo capacitación, soporte y fabricando productos que sean fáciles de usar. Para algunas empresas, puede significar hacer que una aplicación (app) o que su sitio web funcione de la misma manera en todos los tipos de dispositivos, como una computadora portátil o un teléfono inteligente.

4. Tomar el control de las finanzas

La inestabilidad de la pandemia hizo que muchos consumidores fueran más conscientes de sus finanzas, además de experimentar con inversiones y probar las criptomonedas.  Las empresas deben ofrecer formas de educar a los consumidores sobre sus servicios financieros o hacer que los productos sean más accesibles, como reducir el cobro de comisiones.

5. Priorizar los valores y objetivos personales

El 34% de las personas en la encuesta de 2021, prefirió gastar dinero en experiencias en lugar de productos, en comparación con el 27% de 2015. Las empresas deben abordar el cambio siendo flexibles a lo que los consumidores quieren, ya sea que éstos estén trabajando o en busca de una nueva oportunidad laboral. “El año pasado, hablábamos de que los consumidores reconsideraran sus prioridades y cómo quieren que sea su vida”, dijo la Sra. Angus.  “Este año… en realidad están haciendo los cambios”.

6. El metaverso cambia de experimento a realidad.

Los consumidores que se vieron obligados a llevar su vida en línea a través de videoconferencias o chats, ahora están cambiando su comportamiento para interactuar con los mundos y las comunidades digitales. Los conciertos virtuales, las ventas de tokens no fungibles (NFTs) y los avatares de vestimenta son comportamientos que los consumidores están aprovechando, y algunas empresas están conociendo a sus clientes allí, dijo la firma de investigación. “Ninguna empresa puede darse el lujo de no pensar en esto”, dijo la Sra. Angus. “Porque está sucediendo y los consumidores van allí”.

7. Los artículos de segunda mano pierden el estigma

Comprar artículos de segunda mano ya no está estigmatizado. Se ha convertido en una opción buscada por los consumidores que quieren tener artículos únicos o están comprando con un presupuesto limitado. Las opciones como las tarjetas de regalo o los programas de recompra que promueven comportamientos de compra de segunda mano por parte de los consumidores, están siendo esquemas exitosos. Las empresas deben satisfacer esta demanda, también atendiendo a los consumidores que desean regresar sus artículos a la tienda a cambio de un cupón o solicitar una reparación.

8. Los residentes de la ciudad optan por ventajas suburbanas y rurales

Las personas que se quedaron en las ciudades y no huyeron a los suburbios durante la pandemia ahora quieren algunas de las ventajas de vivir fuera de una ciudad, como tener acceso a espacios verdes. Otros quieren más servicios más cerca de sus hogares, y muchos todavía trabajan desde casa, dijo la firma de investigación. Las empresas deberían apuntar a acercar las tiendas y los servicios a los consumidores. “Hacer que todo sea accesible para los consumidores en 15 minutos”.

9. Indulgencia en el autocuidado y la felicidad.

El 56% de los consumidores esperan ser más felices en los próximos cinco años, afirmó la firma. Para alcanzar ese nirvana, las personas están comprando productos que ayudan a su mente y cuerpo, como productos de cannabis o cursos de meditación. Las experiencias de compra personalizadas, que pueden predecir las necesidades de un consumidor, se convertirán en un componente clave para llegar a estas personas.

10. Enfoques híbridos de socialización

A medida que continúa la pandemia, los consumidores se fragmentan: los que quieren volver a su vida normal y participar en actividades sociales, y los que siguen siendo cautelosos. Esto significa que las posibilidades híbridas, tales como las visitas digitales o el no cobrar tarifas por cancelación, pueden abordar las necesidades de los diferentes consumidores. Los productos y servicios deben volverse multifacéticos y fluidos para servir a esta base de consumidores dividida.

Como lo mencioné en los comentarios introductorios, estas tendencias pueden ser de utilidad para ajustar algunas de las estrategias de las empresas y mejorar así el desempeño de ventas. Dado el complicado entorno económico en el que estamos, es nuestra responsabilidad encontrar e implementar acciones que nos permitan tener un desempeño mejor que el de la competencia.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Para abajo en los pronósticos de crecimiento económico 2022

Derivado del crecimiento explosivo de los contagios de Covid-19, por la variante ómicron, así como por la persistencia de los problemas en las cadenas globales de suministros, escasez de insumos clave para diversos procesos manufactureros y cierre de actividades en China, es que a nivel mundial se han ajustado a la baja las expectativas de crecimiento económico. En México, por lo anterior y por los problemas que nos causamos a nosotros mismos, derivados de una ausencia de política económica que incentive la inversión productiva y el crecimiento económico, es que los recortes de las proyecciones son aún más pronunciados. En esta entrega revisamos lo que está sucediendo en el mundo, con especial interés en los Estados Unidos, y posteriormente vemos la situación de México.

El mundo

En una nota publicada en el Wall Street Journal (WSJ) del 11 de enero, titulada “Ómicron, problemas en la cadena de suministro desacelerarán el crecimiento, dice el Banco Mundial” y escrita por Josh Zumbrun, se menciona que dicho organismo internacional ha advertido que la economía global está a punto de desacelerarse este año debido al creciente número de enfermos por la variante Ómicron, la continuidad en las interrupciones en las cadenas de suministro, la escasez de mano de obra y la disminución de los apoyos económicos por parte de algunos gobiernos nacionales. Se espera que estos factores reduzcan el crecimiento económico al 4.1 % en 2022, por debajo del 5.5% observado en 2021, que tras la crisis de 2020 ha sido la tasa de crecimiento más alta en 80 años.

De acuerdo con el informe semestral Perspectivas económicas mundiales del Banco Mundial (BM), la tasa de crecimiento del PIB mundial se desacelerará aún más en 2023 con una tasa prevista de 3.2%. Y para los países en desarrollo (donde las tasas de vacunación son más bajas) advierte que en un momento en que los gobiernos de muchas economías carecen del espacio político y fiscal para apoyar la actividad económica (en caso de ser necesario), los nuevos brotes de Covid-19, los cuellos de botella persistentes en la cadena de suministro, las presiones inflacionarias y las elevadas vulnerabilidades financieras en grandes franjas del mundo, aumentan el riesgo de un aterrizaje forzoso en materia de crecimiento económico.

Los problemas antes mencionados también ocasionarán dificultades en los países desarrollados. El BM espera que el crecimiento del PIB de EE.UU. se desacelere a 3.7% desde un 5.6% en 2021; de igual manera, se proyecta que China se desacelere a 5.1% desde el 8.0% que habría crecido en 2021. Sin embargo, algunas economías podrán contrarrestar la tendencia y crecer con más fuerza en 2022, especialmente aquellas que permanecieron significativamente debilitadas durante la pandemia, como varias economías del sudeste y este de Asia. En este sentido, Japón, Indonesia, Tailandia, Malasia y Vietnam se encuentran entre los países que se espera que se fortalezcan en 2022.

En su informe, el BM proporcionó estimaciones del impacto de las interrupciones en las cadenas de suministro, que ha afectado más a los países más dependientes en el comercio exterior, mencionado que han suprimido el comercio internacional en un 8.4% y la producción industrial en un 6.9%, en comparación con la cantidad de actividad que habría ocurrido en un sistema internacional que funcionara normalmente. Para ilustrar esto tenemos que a mediados de 2021, el comercio mundial fue un 5% más alto que en diciembre de 2019, pero si no hubiera habido interrupciones en las cadenas de suministros, el comercio habría crecido un 13.40%, lo que habría permitido que el mundo hubiera entrado al 2022 con bases más sólidas.

El BM dijo que estima que los cuellos de botella en el suministro y la escasez de mano de obra se disiparán gradualmente a lo largo de 2022 y que en la segunda mitad del año, la inflación y los precios de las materias primas también disminuirían paulatinamente. La demanda subyacente de bienes duraderos, una fuerza que ejerce presión sobre las cadenas de suministro, probablemente se moderará a la par de la desaceleración de la economía mundial.

Estados Unidos

En una nota de Paul R. La Monica, publicada el 12 de enero en CNN Business y titulada “Si los precios siguen subiendo, un escenario de pesadilla para la economía estadounidense es una posibilidad real”, menciona que no se puede negar que la inflación está aquí, ya que los precios al consumidor aumentaron 7% en 2021. Los precios de energéticos y vivienda han seguido subiendo fuerte, pero la pregunta en la mente de muchos economistas y estrategas de Wall Street es si podría pasar algo aún peor, y la respuesta es si, ya que los precios suben a medida que la economía se desacelera.

Esa es la definición de libro de texto de estanflación, y sería la peor pesadilla para los consumidores, los inversionistas y el Banco de la Reserva Federal (FED). Sin mencionar al presidente Joe Biden y al resto del liderazgo del Partido Demócrata en Washington. Solo hay que preguntarle al ex presidente Jimmy Carter, quien perdió ante Ronald Reagan en la campaña para su reelección en 1980 cuando la economía sufría por el aumento de los precios de la gasolina.

Obviamente, la pandemia causó severas disrupciones en la economía estadounidense y contribuyó a las presiones inflacionarias, pero la realidad es que la producción de EE.UU. es ahora mayor y los puertos de dicha nación mueven un 27% más de bienes que antes de la pandemia. Para comenzar a resolver el problema inflacionario, el gobierno de EE.UU. debe reconocer que buena parte de la inflación es impulsada por el exceso de demanda que ellos mismos están ocasionando con sus diversos paquetes de estímulo y apoyo a sus ciudadanos. En ese sentido, es posible que ahora los problemas en la cadena de suministro son cada vez más el resultado de la inflación y no la causa de ésta.

En un artículo editorial publicado en el WSJ el 14 de enero, por parte de Jason Furman y titulado “Cuatro razones para seguir preocupados por la inflación”, el autor menciona que si nos enfocamos solo en las razones por las que la inflación debería ser más baja en 2022, corremos el riesgo de ignorar cuatro fuerzas compensatorias que impulsarán una inflación más alta este año:

Primero, la economía estadounidense arrancó el 2022 con mercados laborales mucho más apretados con respecto a hace un año. Durante las dos décadas anteriores a la pandemia, el mejor predictor de la inflación anual fue la tasa de personas que renunciaban a su trabajo como porcentaje del empleo total. Ahora es, por mucho, la tasa más alta que jamás haya existido.

En segundo lugar, la demanda debería mantenerse por encima de las tendencias previas a la pandemia, mientras que la oferta probablemente seguirá rezagada. Muchos analistas contaban con que habría una drástica reducción del apoyo fiscal con el fin de contener la inflación. Esa reducción dramática ocurrió hace más de ocho meses y no hay señales de que el gasto de los consumidores se esté enfriando. El apoyo fiscal seguirá siendo relativamente alto con más de $500 mil millones del Plan de Rescate Estadounidense gastado este año fiscal.

En tercer lugar, los consumidores, las empresas, los analistas y los mercados financieros esperan que la inflación a corto plazo sea entre 1 y 3 puntos porcentuales más alta que hace un año. Esto presionará aún más a la inflación al alza. Las expectativas acaban convirtiéndose en una profecía autorrealizada.

Cuarto, la trayectoria de Covid-19 y su efecto sobre la inflación son altamente inciertos. Si la pandemia se vuelve manejablemente endémica en 2022, eso podría impulsar la inflación de la misma manera que lo hizo la rápida reapertura de la economía en la primera mitad de 2021. Si China intenta mantener una tasa cero de Covid-19, con su población efectivamente sin vacunar contra Ómicron, podríamos obtener lo peor de todos los mundos a medida que la fuerte demanda de EE.UU. siga presionando las cadenas globales de suministro.

La FED de Estados Unidos ha anunciado que espera realizar tres aumentos en su tasa de interés de fondos federales. Esto sin duda enfriará la economía, pero es incierta la efectividad de la medida como freno a la inflación, en un contexto en el que el crecimiento económico podría colapsar en cualquier momento, tal y como sucedió en el tercer trimestre de 2021.

El año que recién concluyó, el PIB de Estados Unidos creció respecto al trimestre inmediato anterior, en 6.3% en el primer trimestre, 6.7% en el segundo, apenas 2.3% en el tercero y se espera un aumento de 5.5% en el cuarto (tasa anualizada de 2021 de 5.6%). Sin embargo, producto de todo lo anterior, ahora la mayoría de los analistas esperan una tasa de crecimiento anualizado de 3.9% en 2022, lo que implica una disminución  respecto del estimado previo de 4.1% parta dicho año.

México

México enfrenta importantes retos en materia económica durante este año, y entre los que destacan está el hacer frente a la inflación de precios al consumidor, que cerró el 2021 en 7.36%, así como evitar que la normalización de la política monetaria en Estados Unidos se traduzca en una depreciación desordenada del tipo de cambio. Desde luego que México también se enfrenta a los problemas causados por los bajos niveles de inversión fija bruta, las disrupciones en las cadenas de valor y escasez de insumos y componentes para ciertas industrias manufactureras.

Dado todo lo anterior, el Bank of America (BofA Securities) comunicó el martes 12 de enero que recortó su pronóstico de crecimiento del PIB mexicano para 2022 a tan sólo 1.5% desde el 2.5% pronosticado anteriormente, citando una actividad económica interna más débil de lo esperado, lo que subraya las preocupaciones sobre la recuperación de nuestro país.

BofA dijo que había establecido su pronóstico de crecimiento de México muy por debajo del consenso de la encuesta de expectativas del Banco de México de 2.8%, debido a una «combinación de políticas conservadoras, alta incertidumbre y bajas expectativas de crecimiento», destacando también la situación de un crecimiento exponencial de casos de Covid-19 en el país.

Llama la atención que en México estamos tendiendo bajas tasas de crecimiento a pesar del crecimiento de EE.UU. mencionado en los párrafos anteriores. La dinámica estadounidense ha ayudado a la economía mexicana a través del comercio exterior y las remesas. En materia de comercio, en los primeros 10 meses de 2021, nuestras exportaciones a EE.UU. sumaron 322.651 miles de millones de dólares (mmdd), cifra 18.4% superior a la observada en los mismos meses de 2020 e inclusive es 4.4% mayor a la registrada en los mismos meses de 2019.   Las exportaciones de México a EE.UU en el periodo de enero a octubre de 2021 representan el 28% del PIB total de dicho año. En cuanto a las remesas recibidas por México, el Banco de México informó que en el acumulado de los primeros once meses de 2021 éstas sumaron 46.833 mmdd, cifra que representa un aumento de 26.7% respecto a los mismos meses de 2020 y 40.6% de incremento respecto del mismo periodo de 2019. El valor de las remesas de los primeros once meses de 2021 representan el 4.0% del PIB de todo el año 2021. Con estas cifras nos damos cuenta de que si no fuera por el apoyo que nos brinda la fortaleza económica de EE.UU., estaríamos atravesando una crisis económica.

Para ilustrar la severa desaceleración de la economía nacional, tomemos los datos de crecimiento anualizado del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) del segundo semestre de 2021. En julio de 2021 el IGAE creció 7.52% en términos anuales y 0.1% en mensuales, en agosto creció 4.32% en términos anuales y -1.2% mensuales, en septiembre aumentó sólo 0.93% anualizado y cayó -0.4% en relación al mes inmediato anterior, y en octubre (mes más reciente para el que se tiene información), el IGAE cayó -0.67% en términos anuales y cayó -0.2% en términos mensuales. Los datos muestran que el pico de actividad se alcanzó en julio de 2021 y desde entonces ésta ha disminuido mes con mes.

Por su parte, también el 12 de enero, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) también ajustó a la baja sus estimados de crecimiento económico para México a 2.9% en 2022, desde un 3.2% que había pronosticado en agosto de 2021. Si bien sigue siendo optimista, la CEPAL menciona que hay una profunda incertidumbre a nivel mundial y enormes asimetrías en la capacidad de respuesta en términos macroeconómicos, productivos, de salud entre los países.

Finalmente, la más reciente Encuesta Citibanamex de Expectativas, publicada el 5 pasado de enero y en la que participaron 28 grupos de análisis económico y financiero, también pinta un escenario menos positivo respecto de lo que se estimaba hace todavía un mes. Los analistas esperan que en 2022, la tasa de interés objetivo del Banxico se eleve a un rango de entre 6.50% y 6.75%, respecto del actual 5.50%; que el tipo de cambio llegué al cierre del año a los 21.47 pesos por dólar; que el crecimiento del PIB sea de apenas 2.70% después de un aumento de 5.50% en 2021; y que la inflación general de precios al consumidor se moderé a 4.20% al cierre del año.

A manera de conclusión, pues queda claro que las expectativas de desempeño mundial y nacional se han ajustado a la baja. Pero no podemos dejar de señalar que los actuales problemas por los que atraviesa el mundo, en México se exacerban producto de la falta de políticas económicas que incentiven la inversión productiva, la producción, las ventas y el empleo. El escenario es que si bien nos va, este año regresaremos al nivel de PIB que teníamos en 2019, lo que implica que habremos 3 valiosos años en los que aumentó la pobreza y se deterioraron las posibilidades de crecer en el mediano y largo plazos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt