Impacto del Covid-19 en la manufactura de cada estado en 2020

La industria manufacturera de México es fundamental para el crecimiento económico y la estabilidad del país. De acuerdo con cifras oficiales, en los primeros once meses de 2020 las actividades manufacturas representaron el 27.13% del total de los empleos registrados en el IMSS, además de haber generado el 89.53% del valor de las exportaciones totales de México en los primeros diez meses de dicho año.

No obstante lo anterior, la crisis económica causada por la suspensión de las actividades “no esenciales” durante abril y mayo de 2020, así como su lenta recuperación por la estrategia de comunicación de “Quédate en casa”, así como la pérdida de miles de empleos y disminución de salarios, ha causado estragos en el mercado interno, con severas implicaciones en la industria manufacturera nacional.

Esto lo confirmamos en la pasada entrega, cuando presentamos el análisis del desempeño de la industria manufacturera en México en los primeros diez meses de 2020. En esta ocasión mostramos el análisis complementario con la evolución de esta actividad en cada estado de la República Mexicana. Se presenta el análisis para dos periodos, primero el comparativo de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, y posteriormente el comparativo de octubre de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Comparativo Enero-Octubre 2020 respecto Enero-Octubre 2019

De acuerdo con las cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, en  el comparativo de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, se observa que el valor total de la producción manufacturera en México cayó -9.2% en términos nominales (-12.3% en términos reales, es decir, ajustado por inflación). No obstante lo anterior, hubo estados con afectaciones menos graves, y desde luego, otros que registraron mucho más severas que el promedio nacional.

A continuación se presenta la evolución nominal del valor de la producción manufacturera por entidad federativa en el comparativo de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 (las entidades están ordenadas de mejor a peor desempeño y en paréntesis se indica el porcentaje de aumento o caída): 1. Colima (9.0%), 2. Tabasco (7.4%), 3. Sinaloa (6.8%), 4. Durango (3.4%), 5. Nayarit (3.2%), 6. Baja California Sur (2.8%), 7. Michoacán (1.7%), 8. Guanajuato (-1.9%), 9. Campeche (-2.4%), 10. Yucatán (-2.7%), 11. Guerrero (-3.6%), 12. San Luis Potosí (-4.0%), 13. Aguascalientes (-4.2%), 14. Chihuahua (-4.4%), 15. Querétaro (-5.5%), 16. Baja California (-6.2%), 17. Tamaulipas (-7.6%), 18. Jalisco (-7.7%), 19. Zacatecas (-7.9%), 20. Ciudad de México (-9.2%), 21. Nuevo León (-9.5%), 22. Sonora (-11.0%), 23. Quintana Roo (-11.8%), 24. Coahuila (-11.9%), 25. Estado de México (-12.3%), 26. Chiapas (-13.2%), 27. Tlaxcala (-14.3%), 28. Puebla (-15.5%), 29. Veracruz (-16.4%), 30. Morelos (-20.2%), 31. Oaxaca (-21.3%), y 32. Hidalgo (-22.0%).

Si tomamos en consideración que la inflación promedio en los primeros diez meses de 2020 fue de 3.4% entonces queda claro que sólo Colima, Tabasco, Sinaloa y Durango observaron un incremento en términos reales; es decir, no presentaron un deterioro en su nivel real de producción en el periodo en cuestión; mientras que 28 entidades federativas si muestran retroceso.

Es importante señalar que si bien hubo 4 entidades con crecimiento en términos reales, éstas representan apenas el 2.6% del valor total de la producción nacional de la industria manufacturera en los primeros 10 meses de 2020.

De hecho para comprender mejor la relevancia del incremento o decremento del valor de la producción manufacturera en cada estado, es importante tener presente el porcentaje de contribución de cada uno al valor total de producción manufacturera a nivel nacional. A continuación se presenta lo que aporta cada estado (en paréntesis se indica el porcentaje): 1. Nuevo León (12.58%), 2. Coahuila (11.68%), 3. Estado de México (11.58%), 4. Guanajuato (9.96%), 5. Jalisco (6.63%), 6. Puebla (5.73%), 7. San Luis Potosí (4.77%), 8. Querétaro (4.52%), 9. Veracruz (3.93%), 10. Aguascalientes (3.90%), 11. Ciudad de México (3.73%), 12. Sonora (3.04%), 13. Baja California (2.68%), 14. Tamaulipas (2.16%), 15. Hidalgo (1.89%), 16. Chihuahua (1.70%), 17. Michoacán (1.62%), 18. Morelos (1.28%), 19. Oaxaca (0.96%), 20. Tabasco (0.88%), 21. Tlaxcala (0.87%), 22. Durango (0.82%), 23. Yucatán (0.78%), 24. Sinaloa (0.72%), 25. Chiapas (0.58%), 26. Zacatecas (0.50%), 27. Colima (0.18%), 28. Nayarit (0.14%), 29. Quintana Roo (0.07%), 30. Baja California Sur (0.05%), 31. Guerrero (0.05%), y 32. Campeche (0.03%).

Llama mucho la atención que cinco estados del país (Nuevo León, Coahuila, Estado de México, Guanajuato y Jalisco) generan el 52.44% del valor total de la industria manufacturera en México, mientras que los 20 estados con menos actividad manufacturera generan apenas el 17.95% del total. Esto es una muestra más de las grandes diferencias y niveles de desarrollo industrial de las regiones de México.

Comparativo octubre 2020 respecto a octubre 2019

Las estadísticas de la EMIM de INEGI dan cuenta de la recuperación del valor de la producción de la industria manufacturera en términos anualizados en septiembre y octubre (creció 4.3% y 8.5% respectivamente). Sin embargo, el aumento nominal de 8.5% observado entre octubre de 2019 y el mismo mes de 2020, no es un fenómeno generalizado para todas las entidades del país, ya que varias crecieron a doble dígito mientras otras tantas caían en proporciones similares.

A continuación se presenta la evolución del valor de la producción manufacturera en el comparativo de octubre de 2020 respecto del mismo mes de 2019 para cada estado del país (las entidades están ordenadas de mejor a peor desempleo y en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): 1. Guanajuato (45.0%), 2. Baja California (27.7%), 3. Tabasco (26.1%), 4. Sonora (21.8%), 5. Aguascalientes (21.2%), 6. Colima (18.0%), 7. Coahuila (14.7%), 8. Michoacán (13.5%), 9. Puebla (9.6%), 10. Querétaro (9.2%), 11. Sinaloa (9.0%), 12. Nuevo León (8.2%), 13. Yucatán (7.3%), 14. San Luis Potosí (7.2%), 15. Baja California Sur (4.7%), 16. Zacatecas (4.0%), 17. Durango (3.6%), 18. Chihuahua (3.1%), 19. Tamaulipas (0.7%), 20. Nayarit (-0.8%), 21. Tlaxcala (-1.0%), 22. Jalisco (-1.4%), 23. Oaxaca (-1.6%), 24. Guerrero (-1.9%), 25. Estado de México (-2.2%), 26. Chiapas (-4.9%), 27. Morelos (-5.7%), 28. Quintana Roo (-5.8%), 29. Ciudad de México (-8.7%), 30. Campeche (-13.8%), 31. Veracruz (-15.4%), y 32. Hidalgo (-26.0%).

Al tomar en consideración que la inflación entre octubre de 2019 y el mismo mes de 2020 fue de 4.2%, queda claro que sólo 15 entidades observaron una tasa de crecimiento real positiva en el periodo de referencia, mientras que 17 observaron una contracción en el valor de su producción manufacturera.

Vemos que los estados de mejor desempeño manufacturero en octubre de 2020 son aquellos en los que hay una importante presencia de Fabricación de equipo de transporte; Industrias metálicas básicas;  3. Fabricación de maquinaria y equipo; Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica; y Fabricación de productos metálicos. De igual forma, las entidades con mejor desempeño son aquellas que tienen un importante volumen de exportaciones.

Conclusiones

Es de esperarse que los datos del cierre de 2020 (noviembre y diciembre) confirmen la recuperación de la industria manufacturera en México y probablemente veremos que ésta cerrará el año que recién concluyó con una caída nominal en su valor de producción de -8.3%. Sin embargo, es un hecho que veremos que muchas actividades seguirán con fuertes problemas (textil, vestido, calzado, muebles, maquinaria y equipo), mientras otras tendrán un buen desempeño (como las que se mencionan líneas arriba). Por su parte, también es de esperarse que algunos estados continuarán mostrando una sólida recuperación, mientras que a otros les tomará años recuperar lo que sus empresas manufactureras perdieron en el 2020. La vía para una recuperación más acelerada seguirá siendo la exportación, dado que el mercado interno seguirá deprimido con una tasa esperada de crecimiento de apenas el 3.0% en 2021.

Si quieres conocer más sobre el desempeño económico de algún estado en particular, contamos con los Análisis coyunturales de las economías estatales de México.

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Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt  

Ganadores y perdedores en la manufactura en 2020

Estamos a unos cuantos días de que termine el 2020, año que será recordado como uno de los peores en la historia moderna de México y el mundo. Si bien, el pesimismo en los pronósticos se ha moderado, sigue siendo terrible el hecho de que se espera que este año el Producto Interno Bruto (PIB) de México se contraiga -8.99% y que rebote apenas 3.54% en 2021 y 2.59% en 2022. De cumplirse estas expectativas por parte de los analistas encuestados por Banxico, significa que al término de 2022 estaremos todavía 3.34% por debajo del nivel de PIB que registramos en 2019.

Cabe señalar que con todo y que se espera esta caída de cerca del -9% en 2020, hay sectores que han sido mucho más afectados, cayendo a tasas de doble dígito, mientras que unos pocos han crecido, pese a todo. En esta entrega presento la evolución del valor de la producción de las diferentes actividades que componen la industria manufacturera nacional, y veremos cuáles son los sectores ganadores y perdedores.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, el  agregado de la industria manufacturera en México continuó recuperándose durante el pasado mes de octubre, aunque con una gran polarización. Si analizamos la evolución nominal del valor de la producción, vemos que hay actividades como la fabricación de equipo de transporte que creció 16.73% en términos anualizados, coexistiendo con actividades como la fabricación de prendas de vestir que cayó -26.30%. Es así que en el agregado de todas las actividades manufactureras, el valor de la producción de octubre muestra que ya se tienen dos meses consecutivos de aumentos anualizados en este indicador (4.26% en septiembre y 8.46% en octubre), después de haber registrado caídas anualizadas de hasta -41.68% y -44.30% en abril y mayo, respectivamente.

Como lo señalé líneas arriba, en esta entrega analizamos la evolución de la industria manufacturera, y de cada una de las actividades que la componen, pero lo hacemos para dos periodos: primero, el comparativo de octubre de 2020 respecto del mismo mes de 2019; y segundo, el comparativo del acumulado de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 (Si se desea conocer información detallada respecto al desempeño de determinada actividad manufacturera en 2020, haz click aquí).

Comparativo octubre 2019 a octubre 2020

En el comparativo de octubre de 2019 a octubre de 2020, vemos que el valor de la producción del sector manufacturero aumentó 8.46% en términos nominales.

A continuación se presenta la evolución de cada una de las actividades manufactureras, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal anualizada): 1. Fabricación de equipo de transporte (16.73%); 2. Industrias metálicas básicas (15.40%); 3. Fabricación de maquinaria y equipo (12.30%); 4. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (11.97%); 5. Fabricación de productos metálicos (10.83%); 6. Industria del plástico y del hule (8.10%); 7. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (6.33%); 8. Industria de la madera (5.40%); 9. Industria de las bebidas y del tabaco (5.04%); 10. Industria alimentaria (4.95%); 11. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (4.15%); 12. Industria del papel (2.21%); 13. Industria química (0.10%); 14. Otras industrias manufactureras (-4.11%); 15. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-6.06%); 16. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-10.10%); 17. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-11.61%); 18. Impresión e industrias conexas (-13.57%); 19. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-16.07%); 20. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-19.10%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-26.30%).

Si tomamos en consideración que la inflación anualizada en octubre de 2020 fue de 4.09%, queda claro que de las 21 ramas de actividad manufacturera, solo 11 presentaron crecimiento anualizado en términos reales en el periodo de octubre de 2019 al mismo mes de 2020.

Comparativo primeros diez meses de 2019 a primeros diez meses de 2020

No obstante que la industria manufacturera presentó incrementos anualizados en septiembre y octubre de este año, cuando se analiza el balance de los primeros diez meses del año, el saldo es bastante negativo ya que el valor de producción disminuyó -9.02% en términos nominales. Esa desfavorable evolución es producto de que solamente dos ramas de actividad muestran un incremento nominal respecto a los primeros diez meses de 2019, y de hecho solo una muestra incremento en términos reales. 

A continuación se presenta la evolución de cada una de las actividades manufactureras ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se muestra el porcentaje de variación): 1. Industria alimentaria (4.70%); 2. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (1.69%); 3. Industria del papel (-3.13%); 4. Industria de las bebidas y del tabaco (-3.50%);  5. Industrias metálicas básicas (-5.61%); 6. Industria química (-5.83%); 7. Fabricación de productos metálicos (-5.86%); 8. Industria de la madera (-6.17%); 9. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-6.28%); 10. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-7.81%); 11. Otras industrias manufactureras (-8.25%); 12. Industria del plástico y del hule (-10.63%); 13. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-10.90%); 14. Fabricación de maquinaria y equipo (-10.93%); 15. Impresión e industrias conexas (-15.02%);  16. Fabricación de equipo de transporte (-15.81%); 17. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-18.44%); 18. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-26.84%); 19. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-28.61%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-32.25%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-36.12%).

Estos datos muestran la compleja realidad de la industria manufacturera nacional. Vemos que las dos actividades más afectadas son calzado (-32.25%) y vestido (-36.12%). Esto se debe a varios factores, entre los que destacan: 1. Con la crisis económica, muchas personas han visto afectados sus ingresos y por lo tanto su gasto en bienes semiduraderos; 2. Mucha gente se queda en casa, lo que provoca que la ropa y el calzado se gasten menos; 3. El que no haya eventos sociales como antes, hace que las personas no tengan que comprar calzado y ropa como antes; y 4. El que no haya clases presenciales en las escuelas golpeó severamente a muchos fabricantes de calzado y ropa.

Respecto a esta la severa afectación que se ha causado a varias actividades manufactureras, y las estrategias para su reactivación, es fundamental que se retome con enorme seriedad la lucha contra las importaciones en condiciones de ilegalidad. Y es que no obstante que las importaciones han caído, por la propia contracción de la economía nacional, se siguen presentando problemas de contrabando y subvaluación en las aduanas del país. Por mencionar un ejemplo, en el sector calzado el porcentaje de pares importados en condiciones de presunta subvaluación (precios por debajo del costo de las materia primas utilizadas) subió de 41% en 2019 a 45% en 2020.

Importancia relativa de cada actividad

La evolución en los valores de producción ha provocado que el tamaño relativo de cada una de las actividades manufactureras cambiara de forma importante. En los primeros diez meses de 2019, las cinco principales actividades manufactureras fueron (en paréntesis se indica su participación relativa respecto del valor total de la industria manufacturera): Fabricación de equipo de transporte (35.1%);  Industria alimentaria (15.3%); Industria química (9.4%); Industrias metálicas básicas (7.1%) e Industria de las bebidas y del tabaco (6.1%). De esta manera, estas cinco actividades generaron en los primeros 10 meses de 2019, el 73.0% del total del valor de producción de la industria manufacturera nacional.

Ahora, en cuanto a la participación relativa de las principales actividades manufactureras en los primeros 10 meses de 2020, tenemos que comparado con 2019, la Fabricación de equipo de transporte disminuyó su importancia a 32.5%, la Industria alimentaria la aumentó a 17.6%, la Industria química subió ligeramente a 9.7%, las Industrias metálicas básicas subieron un poco hasta 7.4%, mientras que la Industria de las bebidas y del tabaco creció hasta representar el 6.5%. Estas cinco actividades aumentaron su participación relativa en la economía a 73.7% del total del valor de producción  de la industria manufacturera.

Conclusiones

No cabe duda que la recuperación económica está en marcha y que el agregado del sector manufacturero es parte de ello, pero no se puede dejar de reconocer que hay actividades productivas con severos problemas ocasionados por la caída en los ingresos de la población, el cierre de algunos canales de comercialización, así como el cambio en los hábitos de consumo de la población. Muchos empresarios han iniciado largos procesos de transformación y ajuste, algunos otros no han aguantado más y tomaron la dolorosa decisión de cerrar su empresa.

Lo más lamentable es que con independencia de que México es uno de los países en los que menos apoyos hubo por parte del gobierno federal para empresas y sus trabajadores, es que los tiempos difíciles están lejos de terminar por lo que habremos de ver nuevas restricciones a la actividad económica, como las que se acaban de establecer para la Ciudad de México, en la que centros comerciales y tiendas departamentales tienen que cerrar de nuevo en la mejor temporada de ventas del año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleondrogomezt

¿La fortaleza del peso o la debilidad del dólar?

En las últimas semanas diversos empresarios me han consultado respecto de las expectativas del tipo de cambio para el 2021. Mi respuesta siempre va acompañada con la advertencia de que nadie puede saber a ciencia cierta cuánto costará un dólar a finales del año que viene y quien lo asegure está mintiendo, y si te dan un pronóstico y acaba sucediendo, pues es producto de la suerte (le atinaron). Con  tantas variables en juego, es imposible poder predecir el tipo de cambio dentro de un año, pero eso no impide que se pueda formular algún escenario. En ese sentido, vemos que en la Encuesta de Expectativas Económicas del Banxico los analistas prevén que al cierre de diciembre de 2021 un dólar costará 21.20 pesos; por su parte, en la más reciente Encuesta de Expectativas del Grupo Financiero Citibanamex se menciona que estará en 21.51 pesos.

En esta entrega básicamente hacemos dos cosas: primero analizamos la evolución de un grupo de 16 divisas frente al dólar estadounidense durante dos periodos distintos, y segundo, analizamos porque el dólar ha bajado de precio en los últimos meses después de haber alcanzado una cotización máxima en 25.3482 pesos el 23 de marzo de 2020. Cabe señalar que para los análisis de la evolución de las diversas divisas, utilicé la base de datos del Pacific Exchange Rate Service de la Universidad de British Columbia en Canadá.

Comparativo diciembre 2019 a diciembre de 2020

En el comparativo del promedio de diciembre de 2019 a diciembre de 2020, vemos la siguiente evolución (en paréntesis de indica el porcentaje en que ha aumentado o disminuido el precio del dólar estadounidense frente a cada divisa): franco suizo (-8.9%), euro (-8.2%), dólar australiano (-7.0%), won surcoreano (-6.7%), yuan chino (-6.6%), dólar neozelandés (-6.6%), yen japonés (-4.4%), libra esterlina (-2.3%), dólar canadiense (-2.1%), peso chileno (-1.8%), dólar de Hong Kong (-0.7%), peso colombiano (+3.9%), peso mexicano (+4.3%), rublo ruso (+19.0%), real brasileño (+26.5%) y peso argentino (+36.3%). Vemos que para este periodo de tiempo, de las 16 monedas analizadas, 11 vieron al dólar estadounidense bajar de precio, mientras que las otras 5 vieron al dólar estadounidense subir, y México forma parte de ese grupo de 5 monedas. De hecho, la moneda de nuestro país ocupa la posición 13 en cuanto a desempeño frente al dólar.

Comparativo marzo a diciembre de 2020

Ahora, si analizamos la evolución de esas mismas 16 monedas frente al dólar estadounidense, pero ahora para el periodo del promedio de  marzo a diciembre de 2020, tenemos lo siguiente evolución (en paréntesis de indica el porcentaje en que ha aumentado o disminuido el precio del dólar estadounidense frente a cada divisa):  dólar australiano (-16.2%), dólar neozelandés (-14.3%), peso mexicano (-10.9%), peso colombiano (-10.5%), won surcoreano (-10.0%), euro (-8.7%), libra esterlina (-8.0%), dólar canadiense (-7.6%), yuan chino (-6.7%), franco suizo (-6.6%), yen japonés (-3.2%), dólar de Hong Kong (-0.2%), rublo ruso (+0.4%), real brasileño (+6.4%) y peso argentino (+29.0%).  Vemos que para este periodo de tiempo, de las 16 divisas analizadas, 13 vieron al dólar estadounidense bajar de precio y sólo 3 vieron que subió. De hecho, también vemos que el peso mexicano ocupa el tercer lugar en cuanto a desempeño frente al dólar.

Es así que el peso mexicano registra una importante recuperación frente al dólar estadounidense en los últimos meses, sin embargo deben quedar en claro dos cosas: Primero, que el peso mexicano no es la única moneda que se ha fortalecido frente al dólar; y segundo, que con respecto a diciembre de 2019 aún estamos con un tipo de cambio más débil (el tipo de cambio promedio de diciembre de 2019 fue de 19.118 pesos por dólar, mientras que en diciembre de 2020 es de 19.947 pesos por dólar).

Habiendo precisado lo anterior, pasamos a analizar las causas que explican porque el dólar estadounidense ha bajado 10.9% frente al peso mexicano, en el comparativo del promedio de marzo a diciembre de este año:

Causas de la caída del dólar

Hay diversas causas que explican lo que está sucediendo con el dólar. A continuación menciono seis  de éstas:

1. Aumento del balance de la Fed

El Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (la Fed) es el banco central de Estados Unidos. En aras de dar liquidez a su sistema financiero en esta crisis económica causada por el Covid-19, desde junio de este año la Fed ha estado comprando un promedio de 120 mil millones de dólares al mes en bonos del Tesoro e hipotecas respaldadas por activos.

De esta manera, su hoja de balance se ubica en 7.2 billones de dólares (trillions en inglés), cifra superior a la observada a principios de año en 3 billones de dólares, lo que representa un incremento de más de 40%. Este súper aumento en la cantidad de dólares en circulación (aunque sólo existen en las computadoras) es una de las causas por las cuales el dólar se ha debilitado frente a la mayoría de las principales divisas del mundo y explica buena parte de los incrementos en los mercados bursátiles estadounidenses. ¿Hay alguna otra razón que explique porque Tesla vale más de 520 mil millones de dólares, cifra superior al valor combinado de Toyota (TM), Volkswagen (VLKAF), GM (GM), Ford (F), Fiat Chrysler (FCAU) y su socio PSA Group (PUGOY)? Hay demasiada liquidez de dólares en el mundo.

Esta borrachera de dólares no va a terminar pronto. El pasado miércoles 2 de diciembre, el jefe de la Fed, Jerome Powell, señaló que la Reserva Federal no está contemplando retirar su programa de compra de bonos a pesar de que existe un optimismo generalizado sobre las perspectivas económicas a mediano plazo dadas las prometedoras noticias sobre las vacunas COVID-19.

2. Altas tasas de interés

Si bien el Banco de México inició su ciclo de disminuciones de su tasa de interés objetivo en agosto de 2019, y llevó dicha tasa de un nivel de 8.25% hasta 4.25% en septiembre de este año, la realidad es que México es de los países importantes que tiene las más elevadas tasas de interés.

Al momento de escribir estas líneas la tasa de interés de los Cetes a 28 días es de 4.35%, mientras que la tasa de un Bono del Tesoro de Estados Unidos con plazo de un mes es de apenas 0.07%. Esta diferencia en la que la tasa libre de riesgo en México es 61 veces más alta que la de Estados Unidos, es lo que provoca que fluyan capitales a nuestro país que buscan los mayores rendimientos a nivel global.

Cabe señalar que la tasa de interés en México se mantiene elevada derivado de que subsisten importantes presiones inflacionarias, por lo que en su última reunión de Junta de Gobierno, el Banxico hizo una pausa en esta fase expansiva en su política monetaria.

3. Se mantiene la calificación de la deuda soberana

Relacionado con el punto anterior esta el tema de que a pesar de todos nuestros problemas y el desastre en materia económica en el que estamos metidos, en las últimas semanas, dos de las tres principales agencias calificadoras ratificaron las calificaciones crediticias de nuestra deuda soberana.

El pasado jueves 3 de diciembre, Standard & Poor’s confirmó la nota crediticia de México en ‘BBB’, pero mantuvo su perspectiva en negativa, lo que significa que es posible ver un recorte de la calificación en los próximos 12 a 18 meses. Por otra parte, tenemos que el pasado 11 de noviembre, la agencia Fitch Ratings ratificó la calificación del país en ‘BBB-‘ con perspectiva estable argumentando un marco de política macroeconómica consistente, finanzas externas relativamente robustas y un nivel de deuda pública estable.

Esto significa que para ambos casos la calificación de la deuda soberana de México se mantiene en la categoría de grado de inversión, lo que nos hace sujetos de continuar recibiendo flujos de inversión de cartera en base a nuestras altas tasas de interés.

4. Manejo de las finanzas públicas

Podemos mencionar otras razones por las cuales la cotización del dólar ha bajado frente al peso mexicano, entre las que destacan que a diferencia de otros países el gobierno federal mexicano prácticamente no se ha endeudado para hacer frente a la crisis económica ocasionada por las limitaciones causadas por el Covid-19. Si, la deuda del sector público ha aumentado en función del déficit fiscal autorizado por el Congreso, pero la mayor parte del incremento se debe a que los pasivos en dólares cotizados en pesos se han movido a la par que el dólar.

5. Superávit en la cuenta corriente

Derivado de la crisis económica que ha frenado muchas de las importaciones de mercancías al país, es que la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos de México registró un superávit de 17.498 miles de millones de dólares en el tercer trimestre del año. Se trata del mayor saldo superavitario desde que se tiene registro, resaltó el Banco de México y supera al histórico que se alcanzó en el segundo trimestre del  2019 de 4.400 miles de millones de dólares.

Cabe señalar que dicho superávit representó 6.9% del PIB, una cifra que contrasta con el déficit de 0.1% del PIB registrado en el mismo periodo del año pasado.

Esto significa que con independencia de la entrada de divisas al país por inversiones de cartera o inversiones fijas, México tuvo en el tercer trimestre de 2020 una entrada neta de divisas principalmente por el saldo de la balanza comercial y las remesas que entran al país,  

6. Optimismo mundial

Otro aspecto que ayuda a la recuperación del peso mexicano es el reciente optimismo mundial por el desarrollo y autorización de las vacunas contra el Covid-19. Este optimismo hace que los inversionistas aumenten su apetito por activos considerados más riesgosos que los Bonos del Tesoro de Estados Unidos (tales como los Cetes mexicanos).

Conclusiones

Hemos visto que gran parte de la disminución en el precio del dólar frente al peso mexicano se debe a cuestiones que nada tienen que ver con las acciones del gobierno federal, tales como el aumento en el balance de la Fed, las altas tasas de interés que ofrecen los instrumentos de inversión en México o el sentimiento de menos pesimismo que hay a nivel mundial. El mérito para el gobierno federal ha sido mantener cierta estabilidad en las finanzas públicas, lo cual es valorado por las agencias calificadoras de riesgo. La principal conclusión es que a pesar del desastre económico que ha causado el gobierno federal en el país con su “política económica de incertidumbre”, el peso mexicano se ha beneficiado de un contexto global favorable. ¿Cuánto durará esta nueva etapa de un dólar barato? Es difícil decirlo, pero pareciera que a menos de que el gobierno federal mexicano cometa otro severo error de política, durará al menos todo el 2021 en tanto la Fed no le cierre la llave a la creación de dólares.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*      

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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No cesa la crisis del empleo en México

Al cierre del sábado 21 de noviembre, México registraba de manera oficial 101.4 miles de muertes y 1.032 millones de casos de Covid-19. Cómo lo hemos señalado desde este espacio, el reciente repunte en el número de casos y fallecidos diarios ha provocado que diversos estados retrocedan en el color de su semáforo sanitario. Es así que para las siguientes dos semanas, habrá 2 entidades en rojo, 14 en naranja, 14 en amarillo y 2 en verde. Cabe recordar que el nivel rojo del semáforo significa riesgo máximo de contagio; el naranja, riesgo alto; el amarillo, riesgo medio; y el verde, riesgo bajo.

Lo anterior ha ocasionado que se impongan nuevas limitaciones a la actividad económica, tanto en el sector comercio, servicios e industrial; además de que el miedo al contagio que se le ha vuelto a meter a la población ha provocado que muchos cierren la cartera. Esto se da en un contexto en el que la  actividad económica siguió teniendo una lenta recuperación en septiembre y octubre. De acuerdo con las cifras del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), elaborado por el INEGI, se espera que haya habido una contracción anual de -7.0% del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) durante septiembre, con caídas anuales de -7.5% en las actividades secundarias y de -7.3% en el sector terciario. Para octubre, el IOAE prevé una caída anualizada del IGAE de -6.2%, con retrocesos de -6.9% en las actividades secundarias y de -6.0% en las terciarias.

Cómo lo he señalado en anteriores entregas, las cifras de caídas en la actividad económica se dicen fácil, pero hay que entender que detrás de ellas hay millones de personas que perdieron su empleo y no lo han recuperado, a millones de personas se les ha bajado el sueldo y/o les recortaron su jornada laboral. Son muchas personas las que la están pasando mal en materia económica, y la desaceleración de la recuperación ocasionada por las nuevas limitantes a la actividad económica y por el miedo de los consumidores a salir a gastar, no hará más que prolongar el sufrimiento.  

Para ilustrar los graves problemas por los que seguimos transitando tenemos que el INEGI publicó los Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) correspondientes al tercer trimestre de 2020 y en términos generales los resultados del levantamiento de la ENOEN del tercer trimestre de 2020 confirman una lenta recuperación de la ocupación, la cual todavía está por debajo de los niveles previos a la pandemia.

Los cambios más importantes entre el tercer trimestre de 2019 e igual trimestre de 2020 fueron: 1. Una disminución de la Población Económicamente Activa (PEA) por la vía de la población ocupada, la cual se ve reflejada en la caída de la ocupación en el sector terciario, principalmente en restaurantes y servicios de alojamiento así como en el comercio; 2. Pérdida de empleos de tiempo completo, disminución de la ocupación en los micronegocios y en condiciones de informalidad; y 3. Un aumento de la desocupación, la subocupación y en la ocupación en condiciones críticas.

Ocupación laboral

Es así que la ENOEN del tercer trimestre de 2020 reportó una disminución de -3.6 millones de personas en la PEA, lo que implica que la Tasa de Participación Económica fue de 55.5% respecto a la población de 15 años y más, cifra 4.9 puntos porcentuales inferior a la de mismo trimestre del año pasado.  En términos de personas, eso significa que en el periodo de julio a septiembre de 2020, la población ocupada resultó en 51 millones de personas, cifra inferior en -4.2 millones de personas comparada con la del tercer trimestre de 2019. La población ocupada de hombres fue de 31.8 millones, cifra menor en -1.9 millones, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 19.2 millones, cantidad inferior en 2.3 millones menos en el mismo lapso. Este dato confirma que en materia laboral, la actual crisis económica ha afectado más a las mujeres que a los hombres.

Distribución de la población ocupada

La estructura sectorial de la ocupación reporta que las actividades terciarias tuvieron una participación del 60.7% en el tercer trimestre de 2020, lo que implica que en términos absolutos registra una disminución de -3 millones de personas laborando respecto al tercer trimestre de 2019. Llama la atención en particular la situación del sector de restaurantes y servicios de alojamiento y el comercio, ya que éstos reportaron una disminución de 1.1 millones, cada uno.

En cuanto a la ocupación por ámbito y tamaño de la unidad económica, tenemos que ésta tuvo un descenso de -3.8 millones de personas respecto al tercer trimestre de 2019. Vemos que los ocupados en micronegocios son los más afectados, con una disminución de -2.2 millones puestos de trabajo perdidos entre el tercer trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2020. Destaca lo sucedido en las  unidades económicas sin establecimiento, en donde la pérdida fue de -1.3 millones de ocupados.

Subempleo, desempleo y empleo formal e informal

La EMOEN reporta que las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda, pasaron de 4.3 millones en el tercer trimestre de 2019 a 8.7 millones en el mismo periodo de 2020, con un aumento de 4.4 millones de personas.

Por su parte, la población que se encuentra sin trabajar y que estuvo buscando trabajo en el último mes, fue de 5.1% de la PEA en el tercer trimestre de 2020, porcentaje que en igual periodo del año anterior fue de 3.7 por ciento. En términos absolutos, la población desocupada fue de 2.8 millones de personas, monto superior en 622 mil personas comparado con el tercer trimestre de 2019.

Por su parte, la población ocupada informal, que comprende a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en el tercer trimestre de 2020 fue de 27.7 millones, cifra que representa 3.5 millones menos comparado con el mismo trimestre del año pasado. Destaca el hecho de que la tasa de informalidad en las localidades rurales fue de 79% en el tercer trimestre de 2020, mientras que en las localidades más urbanizadas fue de 40.5 por ciento. Por su parte la tasa de trabajo asalariado en las localidades rurales fue de 50.7% contra 72.4% de las áreas más urbanizadas.

Finalmente, en cuanto al empleo formal, es pertinente mencionar que de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al cierre de octubre, se registraron 19.902 millones de puestos de trabajo formales. Según las cifras del instituto, en octubre se registró un incremento mensual de poco más de 200 mil puestos, equivalente a una tasa mensual de aumento de 1.0%.  Con lo anterior, la disminución del empleo en lo que va del año (enero-octubre) es de 518 mil 609 puestos; sin embargo, en los últimos doce meses se registró una disminución de más de 824 mil puestos, equivalente a una tasa anual de -4.0%.

Consideraciones finales

Dado el sombrío panorama que vivimos en materia económica y sus repercusiones para la recuperación del empleo, me veo obligado a insistir que la estrategia que han emprendido varios gobiernos locales en el sentido de limitar la actividad económica como instrumento para frenar los nuevos contagios de Covid-19 es errónea. De poco sirve impedir que los centros de trabajo operen con un horario regular o a una menor capacidad, si eso se traduce en que haya más gente sin cubrebocas en la calle, en lugares aglomerados como los tianguis, en el transporte público o haciendo fiestas en sus casas. Es francamente ridículo que cierren restaurantes que cumplen los protocolos de salud, pero si permitan que haya puestos de tacos en la calle o en el tianguis, con decenas de personas apretujadas alrededor del taquero. No hay congruencia, evidentemente.

Desafortunadamente la estrategia del gobierno federal de no ser claros respecto al uso del cubrebocas ha provocado que haya gente que piense que su uso no es benéfico, siendo que hay decenas de estudios que demuestran su efectividad. Si los gobiernos locales se preocuparan más por hacer completamente obligatorio el uso del cubrebocas cuando uno está fuera de su domicilio o vehículo, imponiendo sanciones a quienes no lo usen, no estarían pensando en cerrar negocios y generar más pobreza.

La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha señalado que los cierres de la economía deben ser la última opción a considerar para frenar la pandemia; sin embargo queda claro que hay gobernantes a los que les resulta más sencillo, desde la comodidad de su despacho y su solvencia económica, decretar que los negocios cierren en lugar de hacer obligatorio el uso del cubrebocas (no vayan a parecer represores). A estos gobernantes les preocupa más su futuro electoral que la salud y la economía de quienes los eligieron.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La recuperación económica se estanca…..en un nivel muy bajo

Cada vez son más los gobiernos estatales que imponen restricciones a la actividad económica, en aras de tratar de frenar la creciente propagación del Covid-19. Desde mi punto de vista, el limitar la actividad en algunos horarios y días no es la medida más efectiva para frenar la propagación de la enfermedad, ya que los colaboradores de muchas empresas están más seguros en los centros de trabajo que en sus casas. Muchas empresas han implementado protocolos sanitarios y eso mantiene a las personas con bajas probabilidades de contagiarse, ya sea dentro de una fábrica, tienda o restaurante.

Lo que las autoridades deben hacer es hacer obligatorio el uso del cubrebocas en todo momento cuando una persona está fuera de su casa o vehículo. De igual forma, se deben limitar las fiestas que se organizan y tienen una elevada concurrencia de personas.  Si no se toman este tipo de medidas para contener la enfermedad, de nada servirá seguir golpeando las actividades económicas y sólo se generará más desempleo, pobreza y sufrimiento.

Es en este contexto de nuevas limitaciones a la actividad económica, que se publican más indicadores que confirman que la recuperación económica en nuestro país se ha estancado, y lo peor es que lo ha hecho en un nivel de actividad muy por debajo del que registramos en 2019.

El INEGI dio a conocer los datos del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) y los datos son muy preocupantes ya que en septiembre la industria ya no creció respecto a agosto, y esto es relevante porque la industria en México representa poco más del 28% del Producto Interno Bruto (PIB). En esta entrega analizamos primero la evolución del IVFAI en el comparativo de agosto a septiembre de este año, y posteriormente en el comparativo de septiembre de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Evolución de agosto a septiembre de 2020

Con cifras desestacionalizadas, en el comparativo de agosto a septiembre de 2020, el total del volumen físico de la actividad industrial disminuyó -0.05%, con lo que se le pone freno a una racha de tres meses consecutivos en los que la actividad industrial crecía. La caída marginal de -0.05% es producto de que la Minería aumentó 0.2%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final cayó -3.1%; la Construcción decreció -5.6%; mientras que las Industrias manufactureras aumentaron 2.4%.

El aumento de 2.4% por parte de la industria manufacturera se debe a la siguiente evolución de cada una de las ramas de actividad (en paréntesis se indica el porcentaje de variación mensual): Industria alimentaria (1.2%); Industria de las bebidas y del tabaco (-2.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (2.8%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (1.2%); Fabricación de prendas de vestir (6.1%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (3.7%); Industria de la madera (-1.1%); Industria del papel (1.4%); Impresión e industrias conexas (-1.2%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (21.7%); Industria química (0.0%); Industria del plástico y del hule (1.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (0.8%); Industrias metálicas básicas (12.3%); Fabricación de productos metálicos (0.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (-1.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (3.3%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (4.9%); Fabricación de equipo de transporte (5.1%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (0.9%); y Otras industrias manufactureras (1.5%).

Como puede apreciarse, la actividad industrial total se estancó entre agosto y septiembre de 2020, esto se debe porque la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; así como la Construcción presentaron caídas en el mes. Por su parte, en cuanto a la Manufacturera, tenemos que 4 de las 21 ramas de actividad que la conforman, presentaron disminuciones.

Como ya lo mencioné líneas arriba, queda claro pues que la recuperación de la actividad industrial se interrumpió en septiembre y lo peor es que esto se dio en un nivel de actividad económica muy por debajo del observado el año pasado, tal y como veremos a continuación:

Evolución de enero a septiembre de 2020 vs enero a septiembre de 2019

En los primeros nueve meses de 2020 observamos que la totalidad de la actividad industrial está un 12.2% por debajo del nivel observado en los primeros nueve meses de 2019. Esto se debe a que en el mismo periodo la Minería cayó -0.8%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final disminuyó -5.3%; la Construcción se contrajo -19.6%; mientras que las Industrias manufactureras retrocedieron -13.1%.

Entrando en el detalle de la Minería, tenemos que su caída de -0.8% se debió a que la Extracción de petróleo y gas aumentó 0.7%; la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas decreció -7.7%; mientras que los Servicios relacionados con la minería crecieron 3.2%. 

En cuanto a la caída de -5.3% observada por la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final, tenemos que dicha caída se debió a que la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica se contrajo -5.9%; mientras que el Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final retrocedieron -3.1%.

La Construcción ha sido, desde hace más de dos años, un sector muy golpeado, sobre todo por la contracción de la inversión fija bruta. Su caída de -19.6% en el comparativo de los primeros nueve meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 se debió a que la Edificación cayó -19.1%, la Construcción de obras de ingeniería civil disminuyó -26.4%, mientras que los Trabajos especializados para la construcción cayeron -14.0%.

En relación a las Industrias manufactureras, tenemos que su caída de -13.1% es producto de que sus 21 ramas de actividad están en 2020 en un nivel por debajo del de 2019. A continuación se presenta cada rama de actividad ordenadas de menor a mayor caída (en paréntesis se menciona el porcentaje de disminución): Industria alimentaria (-0.5%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (-3.8%); Industria química (-5.2%); Industria del papel (-6.6%);  Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-9.0%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-9.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-10.9%); Industria de las bebidas y del tabaco (-11.1%); Industrias metálicas básicas (-12.0%); Otras industrias manufactureras (-12.7%); Industria del plástico y del hule (-13.8%); Fabricación de productos metálicos (-14.3%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-17.8%); Industria de la madera (-18.2%); Impresión e industrias conexas (-19.5%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-21.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (        -21.8%); Fabricación de equipo de transporte (-27.5%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-36.5%); Fabricación de prendas de vestir (-37.8%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.6%).

En el anterior listado se puede ver que hay 6 ramas de actividad con un nivel de actividad que está entre 0.5 y 10% por debajo del de 2019, hay otras 9 ramas de actividad con un nivel que está entre 11 y 20% por debajo de que tenían en 2019, hay 3 ramas de actividad con un nivel de entre 21 y 30% por debajo del de 2019 y otras 3 que tienen un nivel entre 30 y 40% por debajo del de 2019.

Reflexiones finales

Es en este contexto de una gran debilidad industrial que los estados se mueven hacía las limitaciones a la actividad económica. En anteriores entregas habíamos estimado que el balance del PIB para el 2020 sería de una caída de -8.5%, pero con los cierres que estamos viendo, y el impacto sicológico que estos causan en la población, consideramos que la caída de este año será cercana a un -10.0%.

De igual manera, la recuperación esperada para el 2021 será aun más lenta de lo que se anticipaba. Si bien preveíamos un crecimiento del PIB de 4.0%, consideramos que éste será de 3.5%, dada la debilidad del mercado interno y posibles mayores restricciones a la actividad económica en los Estados Unidos una vez que asuma la presidencia de dicho país el candidato ganador, Joe Biden.

Sigamos preparándonos para un complicado invierno en materia de salud y económica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El PIB del III/20: ¿El vaso medio vació o medio lleno?

En la mañanera del viernes 30 de octubre, el presidente López Obrador, reiteró que la recuperación económica de México está en marcha y que tendría forma de “V”, ya que de acuerdo con la estimación oportuna de INEGI; el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país habría creció 12% en el tercer trimestre del año en el comparativo respecto al trimestre inmediato anterior. Sin duda esta es una buena noticia si se quiere ver la situación económica del país desde la óptica de un vaso que está medio lleno.

El aumento del PIB de 12% fue producto de que las  Actividades Secundarias (industria) avanzaron 22%, las Terciarias (comercio y servicios) aumentaron 8.6%, mientras que las Actividades Primarias (agricultura y ganadería) subieron 7.4% en el trimestre julio‑septiembre de 2020 respecto al trimestre que le precede.

Si bien es aplaudible que el PIB creció 12.0% en el periodo referido, se debe señalar que esto no se dio gracias a algún estímulo o apoyo a los empresarios por parte del gobierno federal. La recuperación ocurrió gracias a la resiliencia de los empresarios, que pese a todo, con apoyo de sus ahorros, proveedores, la banca privada y algunos gobiernos locales, pudieron sobrevivir el cierre de las actividades no esenciales y el lento retorno hacía la normalidad en base a semáforos sanitarios de cada entidad federativa. El crecimiento del PIB también se debió a los 26.4 miles de millones de dólares en remesas que han enviado nuestros paisanos que viven en el exterior, y desde luego, que también se debe a la sólida recuperación económica que tuvo Estados Unidos en el tercer trimestre del año.

En este sentido, me parece que es pertinente poner los datos en perspectiva ya que en el mismo periodo, mientras que México creció 12%, el PIB de Estados Unidos aumentó 33.1%, mientras que el de Italia creció 16.1% y el de España aumentó 16.7%. Es así que queda claro que hubo recuperación, fue sólida, pero no fue tan robusta como la observada en otras naciones.

Ahora bien, si ahora queremos valorar la situación  económica del país desde una óptica de un vaso medio vacío, pues tenemos que en el comparativo del tercer trimestre de 2020 respecto al mismo trimestre de 2019, con cifras desestacionalizadas, el PIB total cayó un -8.6%, lo cual es producto de que las actividades secundarias retrocedieron -8.9%, las Terciarias cayeron -8.8%, mientras que las Actividades Primarias registraron un aumento de 7.4 por ciento.

Estas tasas de caída del PIB total y del PIB de las actividades Secundarias y Terciarias, son más moderadas que las observadas en términos anualizados en el segundo trimestre de este año. Y es que en los meses de abril a junio de este año, en relación a los mismos meses de 2019, el PIB total cayó -18.7%, mientras que el de las actividades primarias disminuyó -0.5%, el de las secundarias se contrajo -25.7%, mientras que el de las terciarias se colapsó -16.2%.

Es así que en términos anualizados el PIB total de México acumula seis trimestres consecutivos con disminuciones. Esto es, desde el segundo trimestre de 2019 el PIB de México no ha dejado de caer, y de hecho la tasa de crecimiento promedio anual del segundo trimestre del 2019 al tercer trimestre de 2020 es de -5.1%. Por su parte, las actividades secundarias acumulan ocho trimestres consecutivos con caídas anualizadas y su tasa de crecimiento promedio de los últimos seis trimestres es de -5.6%. De igual forma, las actividades terciarias acumulan 6 trimestres consecutivos con caídas anualizadas y su tasa de crecimiento promedio de los últimos seis trimestres es de -4.4%.

Por donde se le quiera ver, lo que va de este sexenio ha sido un total desastre en materia de crecimiento económico, y queda claro que no es un problema derivado del cierre de actividades económicas, erróneamente  decretado por la pandemia del Covid-19, sino que es un problema que ya se venía dando desde que arrancó el sexenio. El que ahora el gobierno federal pretenda hacernos creer que el tema de la caída económica es nuevo y que se debe al Covid-19, pues no deja de ser más que un intento de engaño.

Desde luego que esta difícil situación ha afectado a todas las regiones del país, y en ese sentido el INEGI acaba de publicar los datos del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) durante el segundo trimestre del 2020. Esta es información valiosa porque nos permite ver dónde la crisis económica ha pegado más fuerte.

Utilizando cifras originales, a continuación se presenta la evolución de cada estado, ordenados éstos de mejor a peor desempeño, para el periodo del segundo trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2020 (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): 1. Tabasco (+1.2%), 2. Campeche (-9.6%), 3. Chiapas (-12.4%), 4. Michoacán (-14.0%), 5. Colima (-14.0%), 6. Sonora (-14.6%), 7. Sinaloa (-15.4%), 8. Durango (-15.9%), 9. Jalisco (-16.1%), 10. Tamaulipas (-16.2%), 11. Veracruz (-16.5%), 12. Ciudad de México (-16.6%), 13. Chihuahua (-17.0%), 14. Estado de México (-17.1%), 15. Oaxaca (-17.3%), 16. Yucatán (-17.3%), 17. Hidalgo (-18.6%), 18. Baja California (-18.6%), 19. Zacatecas (-20.1%), 20. Nuevo León (-21.9%), 21. Guerrero (-22.0%), 22. San Luis Potosí (-22.4%), 23. Guanajuato (-22.5%), 24. Tlaxcala (-22.6%), 25. Querétaro (-23.1%), 26. Nayarit (-23.2%), 27. Aguascalientes (-23.4%), 28. Morelos (-23.6%), 29. Coahuila (-26.2%), 30. Puebla (-29.3%), 31. Quintana Roo (-40.6%), y 32. Baja California Sur (-42.4%).

Más allá de que el único estado que creció en el momento más terrible de la crisis económica, sea la tierra del presidente, estos datos muestran que los mayores impactos negativos se dieron en los estados que tienen una mayor presencia de lo que en su momento fueron identificados como sectores no esenciales. Vemos que estados con una alta dependencia en el turismo, como Quintana Roo y Baja California Sur, fueron muy afectados. Por otra parte, estados con una importante presencia del sector automotriz también se vieron afectados, como es el caso de Guanajuato, Coahuila y Aguascalientes. También vemos casos como el de Puebla, con una importante presencia automotriz, pero con una afectación más significativa derivado de las políticas de un cierre de actividades más prolongado (mientras que muchos estados permitieron que los algunos de los sectores productivos no esenciales regresaran a trabajar en la primera semana de junio, en el caso de Puebla y otras entidades el retorno a la nueva normalidad para la mayor parte de las actividades se retrasó varias semanas más).

¿Qué podemos esperar en materia económica para los próximos meses? Definitivamente el camino de aquí al cierre del año está pavimentado con incertidumbre. En lo interno ya sabemos que el gobierno federal no estimulará el crecimiento económico, sino que lo obstaculizará mermando la confianza empresarial y deteriorando las condiciones para invertir. En lo internacional, pues vemos cómo los  casos de Covid-19 aumentan en todo el mundo y hemos visto como en diversos países europeos se están volviendo a cerrar ciertas actividades económicas y decretando toques de queda. En los Estados Unidos las elecciones presidenciales son este martes 3 de noviembre y si se reelige el presidente Donald Trump, podemos estar tranquilos en el sentido de que se continuará con la misma política de que cada estado determine qué hacer con el cierre o apertura de la actividad económica; pero si gana Joe Biden, pues es posible que desde el gobierno federal de dicho país se presione más a los gobernadores para que cierren la actividad económica para tratar de disminuir los contagios y muertes.

Quiero ser enfático en el sentido de que las políticas económicas de Joe Biden han sido bien evaluadas por expertos de la talla de Paul Krugman, ya que éstas le darían un impulso fiscal a la economía estadounidense a través de un mayor gasto público, resultado de eliminar los recortes de impuestos que llevó a cabo Donald Trump. Sin embargo, en el corto plazo a México le pegaría muy fuerte la llegada de un presidente estadounidense que tomé medidas radicales contra el Covid-19 y se regrese a confinamientos masivos. No nos conviene que la mayoría de los negocios de nuestro vecino del norte cierren sus puertas. Esto lo comento porque lo único que ha evitado un mayor colapso de la actividad económica en México es el sector exportador.

Es importante tener presente que de acuerdo con el INEGI, en el comparativo de septiembre de 2020 respecto del mismo mes de 2019, las exportaciones totales de México ya se recuperaron y aumentaron 5.1%, mientras que las destinadas a los Estados Unidos subieron 5.8%. Es por ello que no queremos que se descarrile la economía estadounidense.

Es así que ante la ausencia de políticas públicas que promuevan el crecimiento económico en México, la  evolución de la pandemia del Covid-19 y el resultado de la elección del 3 de noviembre, son los factores más importantes que incidirán en el tipo de recuperación económica que seguiremos teniendo. El incipiente optimismo por la recuperación económica podría borrarse o bien, podría consolidarse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director general de GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleonrogomezt

Sigue la crisis del empleo en México

La enfermedad del Covid-19 sigue activa y varios gobiernos locales han entrado en pánico. De hecho el gobierno de Chihuahua ha decretado el regreso al semáforo rojo, mientras que otros amenazan con hacerlo si la pandemia satura sus endebles sistemas de salud. Aunque hasta ahora la medida no implica el cierre de  actividades productivas no esenciales, como ocurrió en abril y mayo de este año, si se eleva la percepción de miedo por lo que se descarrillan los esfuerzos de recuperación económica. Esto ocurre en un contexto nacional en el que la enorme mayoría de las actividades económicas se ha estancado en la recuperación y aún están muy lejos del nivel de actividad que tenían a principios de este año.

De hecho, el INEGI recién publicó el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) y éste estima que en agosto la actividad económica nacional cayó -7.9% anualizado, mientras que en septiembre se contrajo -6.9%. De esta manera, reitero mi pronóstico de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -8.5% en todo 2020.

En este escenario de una muy lenta recuperación económica, es que el INEGI también dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del mes de septiembre, y en ella se ve claramente que las penurias continúan para millones de mexicanos. En esta entrega presento cómo va evolucionando la situación del empleo en nuestro país, misma que se puede complicar bastante más si en esta temporada de compras en noviembre y diciembre la gente se queda en casa en lugar de salir de compras.

Situación de la fuerza de trabajo

Un primer signo de debilidad en el mercado laboral lo vemos con el tamaño de la Población Económicamente Activa (PEA), misma que sumó 53.8 millones de personas en septiembre de 2020, lo que implica un incremento de apenas 621 mil personas más respecto a agosto pasado. La tasa de participación económica fue de 55.6% de la población en edad para trabajar, 0.5 puntos porcentuales superior a la del mes previo. Como referencia debemos señalar que en septiembre de 2019 la tasa de participación fue de 60.1%, por lo que queda claro que sigue habiendo muchas personas que se retiraron de la fuerza laboral y no han regresado porque tienen miedo de enfermarse o porque de plano saben que no conseguirán un buen trabajo.

En cuanto a la población desocupada, en septiembre de este año ésta representó el 5.1% de la PEA, tasa inferior al 5.4% observado en el pasado mes de julio, pero aun por encima del 3.8% observado en septiembre de 2019. Es así que en términos absolutos, la población desocupada fue de 2.7 millones de personas al mes de septiembre de 2020. Cabe recordar nuevamente que en México la Tasa de Desocupación es más baja que en otros países, no porque aquí tengamos un mercado laboral sólido, sino porque en México no hay seguro de desempleo y la gente no tienen muchos ahorros, además de que hay un problema extendido de economía informal. Es así que una persona que pierde su empleo no se puede dar el lujo de quedarse mucho tiempo desempleado, por lo que si no consigue empleo, pues lo más fácil es salirse a lavar carros o poner un puesto en el tianguis más cercano.

Población ocupada

Durante septiembre de 2020, la población ocupada fue de 51.1 millones, cifra mayor en apenas 670 mil personas comparada con la de agosto del mismo año. Cabe destacar que la población ocupada de hombres fue de 31.5 millones, cifra inferior en -215 mil a la de agosto, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 19.6 millones, 885 mil personas más en el mismo periodo.

Cabe destacar que de acuerdo con las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en septiembre de este año había 19.2 millones de trabajadores asegurados, cifra superior a la de agosto en apenas 113 mil personas. Esto es relevante porque vemos que si bien la población ocupada total aumentó en 670 mil personas, de este total sólo 113 mil obtuvieron un empleo formal registrado en el IMSS. También es relevante señalar que el balance de febrero a septiembre de 2020 sigue siendo muy negativo ya que se han perdido 911 mil empleos formales.

Ahora, en cuanto a los ingresos derivados del trabajo, en septiembre de 2020 vemos que el 23.4% de la población ocupada gana menos de un salario mínimo, el 33.7% percibe de 1 a 2 salarios mínimos, el 14.8% gana de 2 a 3 salarios mínimos, el 6.3% gana de 3 a 5 salarios mínimos, mientras que sólo el 2.5% de la gente que trabaja gana más de 5 salarios mínimos al día. Por su parte, el 6.0% no recibe ingresos por su trabajo. El restante 13.3% de la población ocupada no específico su nivel de ingresos. Es así que en comparación con el mes previo, la población ocupada con una percepción de uno a dos salarios mínimos aumentó 1.1 puntos porcentuales; en cambio, la contribución de los ocupados de 2 a 3 salarios mínimos disminuyó -0.5 puntos porcentuales y el de los ocupados que perciben hasta un salario mínimo disminuyó -0.8 puntos porcentuales, en el mismo periodo.

Con estos bajos niveles de ingresos de la población ocupada es muy difícil que se pueda reactivar el mercado interno, y será aún más difícil si los gobiernos de los estados ponen sus respectivos semáforos de salud en rojo.

Población subocupada y en la informalidad

Posiblemente, uno de los aspectos en donde ha habido una mayor afectación por parte de la crisis económica es en el incremento de la subocupación. Esto es, que hay una enorme cantidad de personas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda. Los subocupados pasaron de 8.6 millones en agosto a 8.0 millones en septiembre de 2020, por lo que hubo una disminución de -583 mil personas; sin embargo, cabe señalar que en septiembre de este año la tasa de subocupación fue de 15.7%, mientras que en septiembre de 2019 fue de 7.9%. La enorme cantidad de personas en una situación de subocupación es indicativo de que sigue habiendo muchas empresas que no han retomado sus actividades al 100% y laboran únicamente dos o tres días a la semana.

En cuanto a la población ocupada y que está en una situación de informalidad, misma que  comprende a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, tenemos que en septiembre de 2020 ésta fue de 28.1 millones, esto es 245 mil personas más que en agosto del mismo año. Cabe señalar que en septiembre de 2019 el número de ocupados en la informalidad fue de 31.3 millones de personas, por lo que queda claro que esta crisis ha afectado a las personas que trabajan tanto en la formalidad, como en la informalidad. La baja tasa de crecimiento del empleo formal nos hace prever que en unos meses el número de personas que trabajan en la informalidad rebasará los 31.3 millones observados en septiembre de 2019.

Conclusiones

Cuando hablamos de una caída del PIB de -8.5% para este 2020 debemos ponerle rostro a la crisis y no hay mejor manera que viendo el impacto de ésta en las condiciones de empleo de la población. Hemos comentado en diversas ocasiones que vamos a tardar hasta el 2024 para recuperar los niveles de producción y consumo que se tenían en 2019, pero si en esta temporada de compras por el Buen Fin en noviembre y la Navidad en diciembre, la gente vive atemorizada por el regreso de los semáforos de salud al color rojo, pues la recuperación será aún más tardada y el sufrimiento y desesperación de las personas que están desempleadas o subempleadas, con un bajo nivel de ingreso, continuará de manera innecesaria.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un ascenso largo y difícil para la recuperación económica

No cabe duda de que la recuperación económica, para muchos países, ha sido un proceso largo y difícil, pero van avanzando. Desafortunadamente, para otras economías, como la mexicana, la recuperación de los niveles de actividad prepandemia será aún más tardado por la falta de políticas públicas que impulsen el mercado interno. En este sentido, el pasado 13 de octubre, el Fondo Monetario Internacional publicó la actualización de su Perspectiva Económica Mundial 2020 (WEO por sus siglas en inglés), la cual tituló “Un ascenso largo y difícil”. En dicho documento se nos da un panorama claro respecto de la situación que guarda la economía mundial y de las perspectivas de ésta para el corto y mediano plazos. De igual manera, se hacen una serie de recomendaciones en materia de políticas públicas, que no estaría mal que los políticos mexicanos implementaran.

El resumen ejecutivo del documento de 204 páginas, comienza señalando que la economía mundial está saliendo de las profundidades a las que llegó tras el desplome de la actividad económica durante el Gran Cierre de abril de este año. Pero con la propagación de la pandemia de COVID-19, muchos países han retrasado la reapertura económica y algunos están restableciendo cierres parciales para proteger a las poblaciones vulnerables. Si bien la recuperación en China ha sido más rápida de lo esperado (este año crecerá 1.9%), el largo ascenso de la economía mundial para regresar a los niveles de actividad previos a la pandemia sigue estando lleno de riesgos y es propenso a retrocesos. A continuación presento los aspectos más relevantes del WEO de octubre y hago algunos comentarios respecto de algunos puntos que aplican a la economía de México.

Perspectivas de crecimiento global y riesgos

Perspectiva de corto plazo. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial se espera que caiga en -4.4% en 2020, una contracción menos severa que la pronosticada en la actualización del WEO de junio de 2020. Para el caso de México, el FMI pronostica una caída del PIB en 2020 de -9.0% y un rebote marginal de 3.5% en 2021. La perspectiva de desempeño económico de México contrasta con la de Brasil, la cual se espera que caiga -5.8% en 2020 y crezca 2.8% en 2021.

La favorable revisión en la perspectiva de desempeño económico mundial refleja que algunos de los resultados del PIB del segundo trimestre fueron mejores de lo anticipado, principalmente en las economías avanzadas, donde la actividad comenzó a mejorar antes de lo esperado después de que se fue abriendo nuevamente la actividad económica en mayo y junio, así como indicadores de una recuperación más sólida en el tercer trimestre. El crecimiento global se proyecta que será de  5.2% en 2021, un poco más bajo que en la Actualización WEO de junio de 2020, lo que refleja la desaceleración más moderada proyectada para 2020 y es una cifra consistente con las expectativas de un prolongado distanciamiento social en el 2021. Tras la contracción en 2020 y la recuperación en 2021, se espera que el nivel del PIB mundial en 2021 sea apenas 0.6% superior al observado en 2019. Las proyecciones de crecimiento implican amplias brechas de producción negativas y elevadas tasas de desempleo este año y en 2021 en países avanzados y en las economías emergentes.

Perspectiva a medio plazo. Después del repunte en 2021, se espera que el crecimiento global se desacelere gradualmente y se estabilice en una tasa de alrededor del 3.5% en el mediano plazo. Esto implica solo un progreso limitado para regresar a la senda de actividad económica que se había anticipado para el periodo de 2020-25, misma que se había proyectado antes de la pandemia. También es un revés severo para la mejora proyectada en el nivel de vida promedio de la población de todos los grupos de países. La pandemia revertirá el progreso logrado desde la década de 1990 en la reducción de la pobreza mundial y aumentará la desigualdad. Las personas que dependen de un trabajo asalariado y están fuera de la red de seguridad social formal enfrentaron pérdidas repentinas de ingresos cuando se impusieron las restricciones de movilidad y se cerraron la mayoría de las actividades económicas. Este año, cerca de 90 millones de personas podrían caer por debajo del umbral de ingresos de 1.90 dólares diarios de pobreza extrema. Además, el cierre de escuelas durante la pandemia plantea un nuevo desafío importante que podría retrasar gravemente la formación y acumulación de capital humano. En el caso de México, investigadores de la UNAM han estimado que este año entre 12 y 16 millones de personas podrían caer a una situación de pobreza extrema.

Por su parte, la moderada perspectiva de crecimiento económico en el mediano plazo viene acompañada de un aumento significativo en el monto de deuda soberana de infinidad de países. Las revisiones a la baja de la producción potencial también implican una base impositiva menor a mediano plazo de lo que se había previsto anteriormente, lo que agrava las dificultades para cumplir con los pagos de intereses de la deuda. En el caso de México, y de acuerdo con cifras oficiales, hemos visto como el monto total de la deuda neta del sector público pasó de 10.83 billones de pesos en 2018 a 11.03 billones en 2019 a 12.18 billones de pesos en 2020. Este incremento en el tamaño de la deuda se debe a la adquisición de nuevos empréstitos, pero también al ajuste en el tipo de cambio que elevó el costo de la deuda pública externa. El incremento en el monto de la deuda neta trae aparejado un aumento en el costo financiero de la misma, no obstante la disminución en las tasas de interés nominales en México y los principales mercados financieros. En 2018 el costo financiero fue de 615.04 miles de millones de pesos (mmdp), en 2019 subió a 666.48 mmdp y para 2020 se proyecta que será de 718 mmdp. Esta evolución de la deuda y su costo financiero, desde luego que ejerce una enorme presión en las finanzas públicas y resta posibilidades de atender temas prioritarios como la salud, educación, seguridad, infraestructura, entre otros.

Volviendo al WEF, tenemos que la proyección de aumento del PIB mundial planteada, asume que el distanciamiento social continuará en 2021, pero posteriormente se desvanecerá con el tiempo a medida que se amplíe la cobertura de vacunas y mejoren las terapias. Se espera que la transmisión local de la enfermedad se reducirá a niveles bajos en todas partes del mundo hasta finales del año 2022.

En función de todo lo anterior, es que las proyecciones a mediano plazo asumen que las economías experimentarán profundas cicatrices debido a la gravedad de la recesión y la necesidad de un cambio estructural, lo que implica efectos negativos persistentes en la producción potencial. Estos efectos incluyen los costos de los ajustes y los impactos negativos en la productividad para las empresas sobrevivientes por diversos motivos: a. Costos para aumentar la seguridad en el lugar de trabajo, b. Amplificación del impacto por la quiebra de empresas, c. Reasignación costosa de recursos entre los sectores productivos, y d. Salida de la fuerza laboral de trabajadores capacitados desalentados. Se espera que estas secuelas de la pandemia agraven las tendencias de estancamiento y pérdida de productividad que venían experimentando muchas economías en los años previos a la pandemia por un bajo crecimiento de la inversión, mejoras modestas en el capital humano y lentas ganancias de eficiencia al combinar la tecnología con factores de producción.

Riesgos. La incertidumbre que rodea al escenario base planteado por el FMI es bastante grande. El pronóstico del FMI se basa en factores económicos y de salud pública que son intrínsecamente difíciles de predecir. Un primer nivel de riesgo se relaciona con la trayectoria de la pandemia, la respuesta de salud pública necesaria y las posibles interrupciones de la actividad doméstica asociadas, sobre todo en los sectores de contacto intensivo. Otra fuente de incertidumbre es qué tan grande serán los efectos globales de los contagios, mismos que ocasionan una débil demanda agregada, un sector turismo muy por debajo de su potencial y menores remesas internacionales. Un tercer conjunto de factores de riesgo comprende las expectativas de los mercados financieros y sus implicaciones para los flujos de capital globales. Además, existe incertidumbre en torno al daño a las cadenas globales de manufactura, mismo que depende de la persistencia de la pandemia y al tamaño y eficacia de la respuesta gubernamental, así como de la magnitud de los desajustes de recursos sectoriales.

El progreso en el desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos contra la enfermedad, así como los ajustes realizados en los lugares de trabajo, así como los cambios por parte de los consumidores para reducir la transmisión, pueden permitir que la actividad se recupere a los niveles prepandémicos más rápidamente. De igual manera, una extensión de las medidas de impulso fiscal hasta 2021, por parte de los países que las llevaron a cabo, también podría elevar el crecimiento por encima del pronóstico.  Sin embargo, el riesgo de que ocurran tasas de crecimiento económico peores a los que se anticipan,  sigue siendo considerable. Si el virus resurge, y los avances en los tratamientos y las vacunas son más lentos de lo previsto, o el acceso de los países a ellos sigue siendo desigual, el ritmo de actividad económica podría ser menor de lo esperado, con un distanciamiento social renovado y bloqueos más estrictos.

Teniendo en cuenta la gravedad de la recesión y la posible retirada de los apoyos de emergencia en algunos países, el aumento de las quiebras de empresas podría agravar la pérdida de empleo y de ingresos. El deterioro de la confianza financiera podría desencadenar una interrupción repentina del flujo de préstamos (o la imposibilidad de refinanciar la deuda existente) a economías vulnerables. Y los efectos de contagio transfronterizos de una demanda externa más débil podrían amplificar el impacto de los shocks específicos de cada país.

En el caso de México, hemos señalado en múltiples ocasiones que la falta de apoyos para mantener las fuentes de trabajo tendrá secuelas importantes. La destrucción de capital físico en las empresas que cerraron y no volverán a abrir, así como la pérdida de recursos humanos capacitados en determinadas actividades, tendrá secuelas importantes. Resulta difícil de comprender que mientras que el FMI pide a los gobiernos de los países no recortar abruptamente los apoyos y estímulos para sus economías, aquí en México, realmente estuvimos todo este tiempo sin apoyos del gobierno federal. Si acaso contamos con cierta flexibilidad en la política monetaria que se tradujo en una disminución de las tasas de interés de Cetes y TIIE, pero con un efecto limitado dado que la llave del crédito se cerró (en agosto la cartera de crédito vigente al sector privado de la banca comercial se redujo 1.4% real anual en agosto de 2020).

Prioridades políticas: imperativos a corto plazo, desafíos a mediano plazo

El WEO señala que además de combatir la profunda recesión a corto plazo, los gobernantes deben abordar otros desafíos complejos para poder colocar a sus economías en una senda de mayor crecimiento de la productividad, que de manera paralela garanticen que las ganancias se compartan de manera uniforme y la deuda pública siga siendo sostenible. Muchos países ya enfrentan difíciles dilemas entre implementar medidas para apoyar el crecimiento a corto plazo y evitar una mayor acumulación de deuda que será difícil de pagar en el futuro, considerando el impacto de la crisis en el producto potencial. Por lo tanto, las políticas para respaldar la economía a corto plazo deben diseñarse con miras a guiar a las economías por sendas de crecimiento más fuerte, equitativo y resistente.

Las medidas fiscales y de gasto de los diferentes países deben privilegiar las iniciativas que pueden ayudar a elevar la producción potencial, garantizar un crecimiento participativo que beneficie a todos y proteger a los vulnerables. Es más probable que la deuda adicional contraída para financiar tales esfuerzos se amortice en el futuro aumentando el tamaño de la economía y la base impositiva futura que si los préstamos se hicieran para financiar subsidios mal dirigidos o gastos corrientes derrochadores. Las inversiones en salud, educación y proyectos de infraestructura de alto rendimiento pueden promover esos objetivos. El gasto en investigación puede facilitar la innovación y la adopción de tecnología, los principales impulsores del crecimiento de la productividad a largo plazo.

Como comentario final, pues resulta evidente que a la luz se las sugerencias que hace el FMI, en México estamos siguiendo la receta al revés, ya que el gobierno está otorgando subsidios mal dirigidos ya que éstos no generan riqueza, y se derrocha el escaso recurso en proyectos con escaso impacto en la economía nacional. Es por esto que tardaremos hasta el 2024 o 2025 en retomar los niveles de producción de 2019, siendo que en otros países en el 2021 estarán ligeramente arriba de donde estaban dos años antes.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Colapso de la inversión fija y cancelación de posibilidades de crecimiento

Uno de los componentes de la demanda agregada que más se ha deteriorado en los últimos 20 meses es el de la inversión fija bruta. Esto es muy preocupante porque más allá del efecto negativo de corto plazo causado por una menor demanda, hay un impacto adverso en las posibilidades de crecimiento de la economía en el mediano y largo plazos (por el lado de la oferta), ya que si no hay inversión productiva, no se está reponiendo el capital requerido para la producción de bienes y servicios. En otras palabras, en México estamos viviendo un proceso de destrucción neta de capital fijo, lo cual limita lo que se podrá producir en la próxima década y merma la productividad de la mano de obra.

Los problemas en la formación de capital fijo bruto no son nuevos y vemos que desde el año 2019 éste ya presentaba problemas considerables por culpa de ciertas decisiones del gobierno federal, así como por las malas señales enviadas por algunos legisladores de izquierda. Con datos del INEGI vemos que en 2019 la inversión física bruta disminuyó -5.1% en términos anualizados, pero si además  consideramos que en ese año la población ocupada aumentó en 1.488 millones de personas (equivalente a un incremento de 2.7%), pues podemos estimar la fuerte caída de la relación de capital por trabajador, la cual resulta de un -7.62%, lo que seguro ha tenido un impacto muy nocivo en la productividad de la mano de obra y de sus posibilidades de mejorar sus niveles de ingreso.

En el año 2020, con el cierre de la actividad económica y sin medidas por parte del gobierno federal que restauren la confianza de los empresarios, el problema de la caída de la inversión fija bruta se ha exacerbado de manera por demás preocupante. A continuación se presenta el análisis de lo que ha sucedido con la inversión fija bruta en el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, y posteriormente se analiza el comparativo en el periodo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Comparación de enero a julio de 2020 respecto a enero a julio de 2019

En el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 vemos una caída de -21.4% en el índice de volumen físico de la inversión fija bruta total. Esta fuerte caída es producto de que la inversión en construcción cayó -20.1%, mientras que la inversión total en maquinaria y equipo se contrajo -23.2%.

En cuanto a la caída de -20.1% en la inversión en construcción, vemos que esta caída se debe a que la construcción residencial se contrajo -20.4%, mientras que la construcción no residencial cayó -19.8%. Ahora, tenemos que la caída de -23.2% en la inversión en maquinaria y equipo se debe a que la inversión nacional en equipo de transporte disminuyó -33.0%, la inversión nacional en maquinaria, equipo y otros bienes cayó -20.3%, la inversión en equipo de transporte importado disminuyó -36.9%, mientras que la inversión de origen importado en maquinaria, equipo y otros bienes cayó -16.5%.

Comparación julio 2019 a julio 2020

Los datos más recientes que nos proporciona el INEGI al momento de escribir estas líneas son los correspondientes a julio de 2020 y éstos siguen mostrando un escenario muy complicado. Tenemos que en el comparativo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, la inversión fija bruta total muestra una caída de -21.2%, lo cual es producto de una contracción de -23.7% en la construcción total y una caída de -18.1% en la inversión en maquinaria y equipo total.

La caída de -23.7% en la construcción total se debe a que la construcción residencial cayó -21.7%, mientras que la construcción no residencial se contrajo -25.8%. Por su parte, la caída de -18.1% en la inversión en maquinaria y equipo total es producto de que la inversión nacional en equipo de transporte disminuyó -24.5%, la inversión nacional en maquinaria, equipo y otros bienes se contrajo -20.5%, la inversión de origen importado en equipo de transporte disminuyó -35.3%, mientras que la inversión de origen importado en maquinaria, equipo y otros bienes disminuyó -10.7%.

Razones del colapso en la inversión fija bruta

Hay diversas razones de la fuerte disminución en 2019 y 2020, y una de ellas es la falta de confianza empresarial ocasionada por las erráticas señales enviadas por el gobierno federal y por diversos legisladores de izquierda que han presentado diversas iniciativas de ley que de materializarse ponen en riesgo la viabilidad económica del país.

Para ilustrar la falta de confianza empresarial en el ámbito del sector manufacturero, tenemos que de acuerdo con el INEGI, al mes de septiembre de este año, el Indicador de Confianza Empresarial Manufacturero se ubicó en un nivel 9.5 puntos por debajo de su nivel de septiembre de 2019, con lo que acumula 13 meses consecutivos en un nivel por debajo del umbral de 50 puntos (nivel por debajo del cual implica falta de confianza por parte de los empresarios). Al desglosar este indicador vemos que respecto al subíndice que mide si es el momento adecuado para invertir, éste muestra un nivel 17.4 puntos por debajo del valor que tenía en septiembre de 2019, con lo que acumula 86 meses por debajo del umbral de 50 puntos.

En relación al Indicador de Confianza Empresarial de la Construcción, tenemos que en septiembre de 2020 éste presentó un valor 7.7 puntos por debajo del nivel de septiembre de 2019 y acumuló 23 meses por debajo del umbral de 50 puntos. De igual forma, en cuanto al subíndice de si es el momento adecuado para invertir, éste presenta un valor 8.3 puntos por debajo del observado en septiembre de 2019, con lo que acumuló 86 meses por debajo del umbral de 50 puntos.

Finalmente, en relación al Indicador de confianza empresarial del sector comercio, éste presentó un valor de 9.4 puntos por debajo del observado en septiembre de 2019, con lo que acumuló 11 meses por debajo del umbral de los 50 puntos. En relación al subíndice de si es el momento adecuado para invertir, tenemos que éste presentó en septiembre de 2020 un nivel 15.4 puntos por debajo del observado en igual mes de 2019, con lo que acumuló 84 meses por debajo del umbral de 50 puntos.

Más allá de la falta de confianza empresarial, que es importantísimo, otro factor que ha ocasionado la fuerte caída de la inversión fija bruta ha sido la enorme baja en los niveles de consumo privado, ya que los empresarios sienten poco incentivo a ampliar sus capacidades productivas cuando el mercado está contraído. De acuerdo con el INEGI, en el comparativo de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior presenta una caída de -11.8%, producto de que el consumo de bienes y servicios de origen nacional cayó -11.3%, mientras que el consumo de bienes de origen importado disminuyó -13.5%.

En cuanto a la caída de -11.3% en el consumo de bienes y servicios de origen nacional, tenemos que el consumo de bienes duraderos presenta una caída de -21.2%, la de consumo de bienes semiduraderos muestra una disminución de -35.7%, mientras que el consumo de bienes no duraderos está abajo -2.1%.

Conclusiones

La caída en la inversión fija bruta que se ha venido dando desde el 2019, y que se ha deteriorado aún más en 2020, será la mayor limitante para las posibilidades de crecimiento de la economía nacional en la próxima década. El nivel de destrucción de capital, al no reponer los activos que se deprecian y deterioran, provoca una fuerte caída de la relación de capital por trabajador, lo que se traduce en bajos niveles de productividad y por lo tanto bajos niveles salariales.

El problema es que el gobierno federal parece no entender esto y muestra de ello es que no ha generado ni un solo incentivo para que las empresas inviertan, y por el contrario, toma decisiones que hacen que muchos empresarios decidan no apostar por el crecimiento y ampliación de las capacidades productivas de sus negocios.

Nos tomará muchos años salir de la trampa de pobreza en la que hemos caído. Lo que sucedió en 2019 y 2020 será recordado como años verdaderamente obscuros, no por el Covid-19, sino porque el gobierno federal no hizo nada para evitar el colapso de la inversión productiva, y la consecuente pérdida de productividad y de niveles de ingreso de la población ocupada. 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Depender de la recuperación económica global para volver a crecer

De acuerdo con la más reciente encuesta de expectativas económicas de los analistas del sector privado, realizada por el Banco de México, la expectativa es de que el Producto Interno Bruto (PIB) de México caerá -9.82% en el 2020. A nuestro juicio este pronóstico sigue siendo demasiado pesimista y, así como lo señalamos en la entrega de la semana pasada, nosotros consideramos que la caída del PIB de este año será de aproximadamente -8.5%. La disminución es brutal por donde se le quiera ver, pero aquí lo más importante son las medidas que se tomen para que la recuperación económica sea más rápida.

Sabemos que por parte del gobierno federal los estímulos para la reactivación económica son prácticamente nulos. El gasto público del 2021 será de 6.295 billones de pesos, lo que significa una reducción de 0.3% real anual respecto del 2020, además de que el Paquete Económico 2021 no contempla ningún incentivo fiscal para las empresas. Por su parte, la inversión fija bruta del sector privado apenas crecerá un poco en 2021 después de la fuerte caída del 20% que registrará al cierre de este año; mientras que el consumo privado probablemente tenga una recuperación marginal de un 4 0 5% el año que viene, siempre y cuando el gobierno federal no vuelva a cometer el error de cerrar el economía, independientemente de lo que pase con la epidemia del Covid-19.  Dado lo anterior, la gran esperanza para la recuperación económica está puesta en el sector exportador, el cual depende principalmente de la evolución económica de los Estados Unidos.

Para ilustrar la importancia del sector exportador en México tenemos que de acuerdo con información del Sistema Nacional de Cuentas Nacionales de INEGI, en el año 2019 el PIB de México fue de 24.237 billones de pesos, mientras que el valor de las exportaciones FOB de bienes y servicios sumaron 9.491 billones de pesos. Esto implica que las exportaciones representaron el 39.2% del PIB. En el primer semestre del 2020 el PIB de México promedió 22.131 billones de pesos, mientras que las exportaciones fueron de 8.185 billones de pesos, por lo que éstas representaron el 37.0% del PIB.

Con estos porcentajes queda clara la enorme importancia que tienen nuestras ventas al exterior como motor de nuestra economía. Desde este espacio hemos señalado que las empresas manufactureras que se queden quietas atenidas a la evolución del mercado interno, verán un proceso de recuperación muy lento y que el promedio de ellas recuperará (si es que sobreviven) los niveles de producción del 2019 hasta el 2023 o 2024 en el mejor de los casos. Es por ello que la apuesta debe ser hacía el exterior y aprovechar la recuperación económica más rápida que se espera para países como Estados Unidos, que en 2019 fue el destino del 80.5% de nuestras exportaciones, mientras que en los primeros seis meses de 2020 se llevó el 81.2% de nuestras ventas al exterior.

No obstante lo anterior, debemos tener presente que la recuperación de la economía mundial, sobre todo de las economías desarrolladas, y en especial la de Estados Unidos, no será tan fácil y que de hecho ya se comienzan a ver signos de agotamiento de la rápida recuperación que se observó en los meses de junio a agosto. De hecho ya no se habla de una recuperación en forma de V, sino de K, lo que implica que algunos sectores económicos tendrán una rápida recuperación, mientras que otros seguirán con caídas y problemas durante largo tiempo.

De acuerdo con una nota de Enda Curran y Rich Miller, publicada el pasado 30 de septiembre en el portal de Bloomberg y titulada “La recuperación económica mundial se está desacelerando de un rebote hacía un estancamiento” se menciona que aparentemente la mejor parte de la recuperación económica de la economía global ya terminó, la cual había comenzado con un sprint, pero que ahora muestra claros signos de agotamiento.

Señalan que esa es la advertencia de los economistas de Wall Street, quienes se acercan al último trimestre de un año por demás traumático. Aproximadamente 20 billones de dólares (cifra equivalente a unas 17 veces el PIB de México pre pandemia) es lo que diversos gobiernos y bancos centrales de varias de las economías del mundo se han gastado o han prestado con el fin de recuperar la mayor parte de lo que se tenía previo a la pandemia del Covid-19. Pero por múltiples razones, el último tramo de la recuperación será el más difícil.

Fuente: El Financiero

Este estímulo fiscal de 20 billones de dólares le añadió 3.7 puntos porcentuales de crecimiento al PIB mundial este año, según JPMorgan Chase & Co, pero los economistas del banco esperan que los responsables de la formulación de políticas repitan los errores que cometieron después de la crisis financiera de 2008 y regresen prematuramente hacia la austeridad convirtiendo el estímulo fiscal de este año en un lastre fiscal de 2.4 puntos el próximo año.

En las próximas semanas, los funcionarios de los gobiernos de múltiples países podrían reducir el apoyo fiscal, mismo que ha sido clave para la recuperación, tal y como ha sucedido en países como los Estados Unidos. De esta manera, lo que se suponía que eran recortes temporales de empleos podrían convertirse en despidos permanentes. Esta preocupación se agravó la semana que recién concluye cuando los gigantes corporativos de Walt Disney Co. y Royal Dutch Shell Plc despidieron a miles de trabajadores. Otra complicación es que en algunas partes del mundo el virus se está propagando más rápido, y con la retórica auspiciada por gobiernos como el de China, podrían incidir en el ambiente social para presionar a que algunos gobiernos de economías importantes vuelvan a imponer cierres de la actividad económica.

Ethan Harris, jefe de investigación económica global de Bank of America Corp, dijo que «Estamos concluyendo la fase en la que nos recuperamos de haber cerrado actividades…Ahora estamos en la fase de complicaciones para seguir avanzando”. Todos estos riesgos han desanimado a los inversionistas, y con ello en septiembre el índice bursátil S&P500 cayó después de haber registrado cinco meses consecutivos de avances.

En los Estados Unidos, los economistas han estado recortando los pronósticos de crecimiento del PIB en el cuarto trimestre de 2020 porque temen que los esfuerzos para aprobar otro proyecto de ley de gastos relacionados con el coronavirus en el Congreso, se han estancado, aunque sigue siendo posible un acuerdo antes de las elecciones presidenciales de noviembre. Otro factor que frena las esperanzas de una recuperación en forma de V es la propagación acelerada del virus en las últimas semanas y la ausencia de una vacuna.

La economía de China crecerá 1.3%, mientras que la de Estados Unidos caerá -5.6% este año

Es así que con sus ingresos mermados y reducidos, las empresas en infinidad de países podrían enfrentar problemas para pagar sus deudas, lo que provocaría más quiebras y haría que los bancos se muestren más reacios a extender crédito incluso a empresas viables. Y cuanto más tiempo existan los regímenes de distanciamiento social, más probable es que las empresas consideren que la caída en la demanda de sus bienes o servicios no es un fenómeno temporal, sino permanente, y reduzcan aún más su fuerza laboral.

Respecto al tema del financiamiento, es importante señalar que en México ya se materializó el credit crunch, ya que en agosto de 2020, el saldo del financiamiento otorgado por la banca comercial al sector privado, que constituye 66% del financiamiento total, fue de 5,030.3 miles de millones de pesos, lo que implica una disminución de 1.7% respecto a hace un año.

A manera de conclusión podemos señalar que los tiempos difíciles van a continuar. La apuesta por la exportación es la más viable para las empresas manufactureras, que podrían ser tractoras del resto de la economía nacional, pero esta estrategia no estará libre de riesgos. México debe aprovechar el sentimiento anti China que prevalece en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. Ya no hay un Proméxico que ayude en la tarea de exportar y atraer inversiones, pero las empresas, apoyadas en los organismos empresariales encontrarán la manera.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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