El impacto de la reforma fiscal estadounidense en México

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El presidente estadounidense, Donald Trump, está a punto de lograr su primera promesa de campaña: una reforma fiscal que implique disminuir el ISR corporativo a 20%

La madrugada del pasado sábado 2 de diciembre, el Senado de los Estados Unidos aprobó su propia versión de una reforma fiscal, la cual tiene como principal componente una disminución del impuesto sobre la renta (ISR) a las corporaciones y empresas de dicho país del 35% actual al 20%, lo que representa un ahorro para éstas de aproximadamente 1.5 billones de dólares (1.5 trillones en inglés) durante los próximos 10 años. También está considerado aumentar el tope de las deducciones fiscales personales a 12 mil dólares para individuos y a 24 mil dólares para parejas. Sin embargo, estos cambios ocurrirán a costa de elevar su deuda pública en 1 billón de dólares durante el mismo periodo, ya tomando en consideración en mayor crecimiento económico que se espera que lograrán.

 

De esta manera, el presidente Donald Trump, está a punto de obtener su primera victoria legislativa en casi un año; lo cual como comentaremos líneas más adelante, podría quitarle un poco de presión a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), dado que Trump ya por fin tiene una importante promesa de campaña cumplida (aunque los cambios fiscales propuestos acabarán por beneficiar más a los ricos que a quienes votaron por Trump en el mediano plazo).

 

Aún falta que se dé una reconciliación en la propuesta de reforma fiscal aprobada por la Cámara de Representantes con la propuesta aprobada por el Senado, pero se estima que esto no implica ningún riesgo de que la reforma fiscal que implica una disminución al ISR corporativo se pueda descarrilar. El líder del partido republicano en el Senado, Mitch McConnell ha dicho que es altamente probable que esta semana ambas cámaras lleguen a un acuerdo respecto a la propuesta final para que se convierta en ley.

 

Con este paquete fiscal, el más importante en tres décadas, se espera que haya un importante estímulo a la economía de nuestro vecino del norte, y que en principio, con los ahorros de impuestos que tengan las empresas, tengan más recursos para realizar inversión productiva, y de esta manera se creen más empleos que estimulen la economía. De igual forma, se cree que con el mayor crecimiento económico, eventualmente habrá una mayor recaudación de impuestos, pero éstos no serán lo suficientemente elevados como para compensar la pérdida de ingresos por la disminución en la tasa impositiva y por eso se endeudarán más. Desde luego que este escenario tiene riesgos, ya que si en Estados Unidos las corporaciones utilizan sus ahorros en impuestos para comprar más acciones, pagar deudas, pagar mayores dividendos a sus accionistas, entre otros; y no se traduce en mayor inversión entonces el efecto será negativo porque estarán más endeudados y no lograrán mayores tasas de crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB), aunque esto en este momento es mera especulación y nadie sabe con certidumbre que harán las empresas estadounidenses con sus ahorros.

 

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Mitch McConnell, lider republicano en el Senado, ha dicho que no ve problema en reconciliar el PLan Fiscal del Senado con el de la Cámara de Representantes

Algunos de ustedes lectores, pudieran preguntarse qué tiene esto que ver con la economía de México; pero la realidad es que este plan fiscal tiene importantes implicaciones para nuestro país, ya que como nación podemos perder competitividad en materia de atracción de inversiones. Es verdad que tenemos un peso depreciado y que nuestros salarios son en promedio una décima parte de lo que son en Estados Unidos, pero para muchas empresas pudiera ser más atractivo instalarse o mover sus operaciones a Estados Unidos que cobrará un ISR de 20% en comparación con México que cobra un 30%.  En este sentido, el senador republicano, John Barrasso, predijo que “el dinero vendrá corriendo a los Estados Unidos debido a la disminución del impuesto a las corporaciones”.

 

Para ilustrar como es que México (y el resto del mundo) pierden competitividad frente a Estados Unidos con su disminución del ISR corporativo, tenemos que si el impuesto baja a 20% en nuestro vecino del norte, una empresa ubicada en México seguirá 30%, pero ésta sólo podría acreditar en aquel país la tasa de 20%, por lo que se genera un mayor incentivo para mudar la compañía a territorio estadunidense.

 

Otra forma como la reforma fiscal de Trump le afectará a la economía mexicana es que con el estímulo fiscal que se está dando y el mayor déficit fiscal que tendrán nuestros vecinos del norte, habrá mayor crecimiento económico, y eventualmente mayor inflación, y con ello, subirán más rápido las tasas de interés en Estados Unidos, lo que seguramente obligará al Banco de México a hacer lo propio y también aumentar su tasa de interés objetivo, ya de por si elevada ubicándose actualmente en 7.0%. Esto podría frenar aún más el ritmo de crecimiento de la inversión productiva interna en nuestro país, y desacelerar las ventas de casas y automóviles.

 

Es importante mencionar que no todo lo que está contenido en el plan fiscal aprobado por el Senado de Estados Unidos es malo para México, ya que podríamos vernos beneficiados indirectamente por un mayor crecimiento de nuestras exportaciones hacía aquella nación en la medida en que su tasa de crecimiento aumenta. Esto sin duda podría ser un impulso importante para nuestra economía, tomando en consideración que las exportaciones representan más del 30% de nuestro PIB y cerca del 80% de éstas tienen como destino Estados Unidos.

 

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El flamante Secretario de Hacienda de México, José Antonio González, enfrentará el reto de implementar medidas que compensen la pérdida de competitividad de México 

En México ya se habla de la necesidad de una nueva reforma fiscal que evite perder competitividad frente a nuestro principal socio comercial, sin embargo, se ve poco probable que se puedan dar fuertes recortes de impuestos dada la precaria situación fiscal que tiene nuestro país, lo que hace sumamente riesgoso aumentar nuestra abultada deuda pública. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (la medida más amplia de la deuda del sector público en México), se ubicó al cierre de octubre de este año en 9.617 billones de pesos, de los cuales 6.043 billones son deuda interna y 186.6 mil millones de dólares son deuda externa.

 

En este sentido, lo que se ha manejado como propuestas por parte de algunos sectores de la iniciativa privada es reducir el ISR empresarial a una tasa de entre el 20 y el 25%, pero que ésta venga acompañada de un aumento del IVA al 18%, y eliminar los bienes que actualmente están exentos y con tasa cero en este gravamen (alimentos, medicinas, transporte público, entre otros).

 

Desde luego que el alza en el IVA planteado es una fuente de enorme polémica, ya que implica sacrificar a los que menos ingresos tienen a costa de beneficiar a los empresarios, lo cual no es bien visto por la población en general, y mucho menos en un año electoral. Claro está también que elevar el IVA al 18% y eliminar exenciones también tendría una repercusión en la inflación y hará más tardado el que bajen tasas de interés y podamos regresar a la meta de una inflación del 3% anual.

 

Finalmente, es pertinente señalar el impacto que la aprobación de la reforma fiscal en Estados Unidos tendrá en las renegociaciones del TLCAN. Mucho se ha dicho de la necesidad que tiene el presidente Trump de obtener una victoria legislativa y así poder cumplir con alguna de sus promesas de campaña; y en este sentido se ha comentado que si no lograba bajarle los impuestos a las corporaciones, lo más “sencillo” para él y en aras de llegar a las elecciones intermedias de noviembre de 2018 con algo para sus electores, sería denunciar el TLCAN y anunciar su retiro de dicho acuerdo comercial.

 

Sin embargo, con la aprobación de la reforma fiscal, el partido Republicano y Donald Trump ya tienen algo para decirle a sus electores que han cumplido, y le resta presión a una eventual salida de Estados Unidos del TLCAN. En otras palabras, los republicanos podrán llegar a las campañas del año que entra diciendo: “logramos una reforma fiscal y estamos renegociando el TLCAN buscando los mejores intereses para los trabajadores estadounidenses”.

 

A manera de conclusión podemos señalar que México está en aprietos porque algo tendrá que hacer en materia fiscal para evitar la pérdida de competitividad que tendremos frente a Estados Unidos, y ninguna decisión será fácil. Un alza generalizada en el IVA a escasos meses de las elecciones y siendo que el candidato del PRI está en el tercer lugar en las encuestas significará cancelar cualquier posibilidad de triunfo electoral para José Antonio Meade y sería regalarle la presidencia de la república a Andrés Manuel López Obrador.

 

Con este escenario en mente, parece lo más factible que el gobierno federal tratará de capotear el temporal el año que viene hasta pasadas las elecciones. Veremos que sucede.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Es el mercado interno verdaderamente fuerte?

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El nivel de ingresos promedio de la población ocupada en México se ha estancado en los últimos cinco años.

La semana que recién concluye el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al tercer trimestre de 2017, y en ella se confirma lo que hemos estado observando a lo largo del sexenio: una importante expansión del empleo, pero de baja calidad, de manera que los ingresos reales de la población ocupada en promedio han estado  estancados.

 

De acuerdo a la ENOE, en el periodo del tercer trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 la población ocupada (que laboró al menos una hora a la semana) aumentó en 3.163 millones de personas al haber pasado de 49.275 a 52.438 millones de personas, lo que representa un aumento de 6.4% (equivalente al 1.25% promedio anual). Esta cifra se compara favorablemente con la evolución del número de trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el cual pasó de 16.033 millones en septiembre de 2012 a 19.428 millones en el mismo mes de 2017, lo que representa  un incremento de 3.395 millones de personas en el lapso de cinco años. Decimos que esta es una cifra favorable porque implica que por primera vez en la historia, el número de trabajadores registrados en el IMSS creció más en términos absolutos que la población ocupada total, de tal manera que pasamos de tener un 32.5% del total de población ocupada con prestación del IMSS a tener el 37.1% del total de la población ocupada con esta prestación.

 

Como se señaló líneas arriba, el problema es que los salarios promedio de la población ocupada se han estancado debido a que los puestos de trabajo de menores remuneraciones han aumentado, mientras que los de mayores ingresos han disminuido. En el comparativo del tercer trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 vemos que la población ocupada que no recibe ingresos disminuyó en -639 mil personas, los que ganan hasta un salario mínimo aumentaron en 567 mil personas, los que perciben de 1 a 2 salarios mínimos subieron en 2.269 millones de personas, y los que ganan de 2 a 3 salarios mínimos crecieron en 484 mil personas. Por su parte, los que perciben de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron en -721 mil personas y los que ganan más de 5 salarios mínimos decrecieron en -1.172 millones de personas.

Población ocupada

De esta manera,  el salario promedio ponderado de la población  ocupada en México disminuyó de 2.44 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2012 a 2.25 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2017. Alguien pudiera argumentar que esto es “normal” dado que el salario mínimo pasó en el periodo de 60.50 a 80.04 pesos por día, de tal manera que el salario promedio diario de la población ocupada en México pasó de 147.77 pesos en el tercer trimestre de 2012 a 180.30 pesos en el mismo trimestre de 2017, lo que representa un aumento nominal de 22.0%.

 

Aquí el problema es que la inflación en el periodo de septiembre de 2012 al mismo mes de 2017 fue de 22.0%, lo que entonces provoca que en términos reales (ajustado por inflación), el salario promedio de la población ocupada en México creció apenas 0.9% en el periodo de los últimos cinco años (equivalente a tan sólo 0.17% promedio anual en el periodo). Queda claro pues que el nivel de ingresos del grueso de la población ocupada en México está estancado.

 

Dados estos datos, ¿Por qué el gobierno nos presume y nos habla tanto de la fortaleza del mercado interno como motor de crecimiento económico? Pues simplemente porque hay más gente trabajando, no porque la gente esté ganando más. La masa salarial en México ha crecido 7.3% en términos reales en el periodo del tercer trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017. Esta tasa equivale a un aumento promedio anual de 1.42%, por lo que queda claro que efectivamente aproximadamente dos terceras partes del mediocre crecimiento económico que hemos tenido este sexenio (2.2% en promedio anual), se debe a “la fortaleza” del mercado interno.

 

Otros indicadores que arroja la ENOE y que dan cuenta de la situación del mercado laboral en México son los relacionados a la población desocupada (entendida como aquella que no trabajó siquiera una hora durante la semana de referencia de la encuesta, pero manifestó su disposición para hacerlo e hizo alguna actividad por obtener empleo), la subocupada (referida al porcentaje de la población ocupada que tiene la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual le demanda) y la ocupada en el sector informal (sector informal, trabajo doméstico remunerado de los hogares, trabajo agropecuario no protegido y trabajadores subordinados que aunque trabajan en unidades económicas formales, lo hacen en modalidades fuera de la seguridad social).

 

En cuanto a la población desocupada, ésta pasó de 2.652 millones de personas en el tercer trimestre de 2012 a 1.931 millones en el mismo trimestre de 2017, lo que representa una disminución de 720 mil personas, equivalente a una caída de -27.2%. De esta manera la tasa de desocupación se ubicó en apenas el 3.3% de la Población Económicamente Activa (PEA), lo que ubica a nuestro país muy cercano al pleno empleo, pero que aunado con los datos antes presentados, denota que el desempleo se encuentra en niveles históricamente bajos, pero esto se debe a la precariedad del empleo.

 

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En México el 26.6% de la población ocupada trabaja en condiciones de informalidad en empresas formales

Dada esta situación, en la que en muchas ciudades muchos sectores económicos enfrentan un serio problema de escasez de mano de obra, se puede presentar un problema ya que los salarios tenderán a aumentar pero sin estar aparejados a los incrementos en la productividad, lo que se traducirá en mayores costos de producción para las empresas que no se vuelvan más productivas. Es por esto que se vuelve muy importante el que los diferentes órdenes de gobierno sepan la razón por la que muchas personas están desocupadas, ya que es posible que muchas de ellas lo que requieran sea capacitación, mejora en el sistema de transporte de su vivienda a donde están las fuentes de trabajo, para las mujeres facilidades para que les cuiden sus hijos en esquemas diferentes a los de las guarderías del IMSS, entre otros.

 

Ahora, en relación a la población subocupada, vemos que ésta pasó de 4.286 millones de personas en el tercer trimestre de 2012 a 3.686 millones en el mismo trimestre de 2017, lo que representa una disminución de -599 mil personas en esta condición, equivalente a una baja de -14.0%. De esta manera, la población subocupada pasó de representar el 8.7% de la población ocupada en el tercer trimestre de 2012 a ser el 7.0% de ésta en el tercer trimestre de 2017.

 

Finalmente, en cuanto a la población ocupada en la informalidad, vemos que ésta pasó de 14.331 millones en el tercer trimestre de 2012 a 13.946 millones en el mismo trimestre de 2017, lo que representa una disminución de -384 mil personas, equivalente a una baja de apenas -2.7%. Es así que los ocupados en la informalidad pasaron de representar el 29.1% de la población ocupada en el tercer trimestre de 2012 a ser el 26.6% de la población ocupada en el mismo trimestre de 2017. En relación a este punto, es muy importante que las autoridades del IMSS y del Servicio de Administración Tributaria (SAT) intensifiquen sus actos de revisión y fiscalización para que todas las personas que trabajan en una empresa legalmente constituida cuenten con las prestaciones de ley. Esto es relevante porque las empresas que sólo tienen en el IMSS a una parte de sus empleados gozan de una ventaja en costo respecto a las que si cumplen con la ley. De esta manera los informales se convierten una especie de cáncer que provoca que los formales dejen de cumplir al 100% para poder ser competitivos.

 

A manera de conclusión podemos señalar que México cuenta con un mercado interno relativamente fuerte por el crecimiento de su fuerza laboral, y no porque la población ocupada en promedio esté ganando más ingresos. La capacitación y el adiestramiento de la población ocupada y la desocupada es fundamental para que los salarios crezcan sin generar presiones inflacionarias y para que los que no tienen empleo cuenten con uno. El combate a la economía informal también debe seguir siendo prioridad, se han logrado avances sustanciales y como evidencia tenemos las estadísticas de trabajadores registrados en el IMSS, pero queda más que claro que aún falta mucho por hacer en este tema.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Los salarios y el crecimiento de la productividad en México

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En el periodo de 2012 a 2017 la productividad promedio de la mano de obra en México creció apenas 4.0 por ciento.

Mucho se ha dicho respecto a las múltiples razones que hacen indispensable que los salarios en México aumenten. Por una parte está la cuestión social y humana, ya que no es justo que, de acuerdo con la más reciente medición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en el año 2016 en nuestro país había una población en condiciones de pobreza que sumó 53.418 millones de personas, lo que representó el 43.6% del total de habitantes.

 

Por otra parte, es necesario que los salarios en México se incrementen porque sólo así generaremos un verdadero mercado interno sólido y creciente, que nos haga menos dependientes del sector exportador. De acuerdo con cálculos de GAEAP, en el periodo del segundo trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017, el salario promedio diario de la población ocupada en México pasó de 2.41 a 2.21 salarios mínimos, y si tomamos en consideración lo que ha aumentado el salario mínimo y la inflación del periodo, vemos que el salario promedio en México ha crecido apenas 0.4% en los últimos cinco años; es decir, se estancó. ¿Por qué las autoridades del gobierno federal nos dicen que el mercado interno en México es sólido si el salario promedio en México no ha crecido? Pues simplemente porque en el último lustro el número de personas que se ha incorporado a la fuerza laboral (formal e informal) aumentó en 3.195 millones de personas, lo que provoca que en el agregado haya una mayor masa salarial, pero no es producto de que la gente en promedio esté ganando más.

Población ocupada por nivel de ingreso

Desde luego que otra razón para aumentar los salarios en México también es para evitar las críticas que se nos hacen en el sentido de que sacamos ventaja del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por los bajos salarios que aquí se pagan. El presidente del sindicato canadiense Unifor, Jerry Dias ha señalado que él y el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, están de acuerdo en que el combatir los bajos salarios en México es un factor clave para romper el punto muerto en el que se encuentran las negociaciones del TLCAN. Ambos están de acuerdo en que Canadá y los Estados Unidos han sido perjudicados por la fuga de empleos manufactureros hacía México y ambos deben trabajar para presionar a nuestro país para que aumente los salarios.

 

Afortunadamente en nuestro país hay consenso casi generalizado de que el salario mínimo debe aumentar. De hecho la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) dijo el pasado 25 de octubre que en los próximos días se anunciará un aumento al salario mínimo general, y que esto ya ha sido acordado por su Consejo de Representantes, conformado por los patrones, los sindicatos y el gobierno federal. Los representantes consideran que “existen condiciones económicas que justifican la revisión” del mínimo, la cual sería para aumentarlo de los actuales 80.04 pesos diarios a 95.24 pesos por día que propone la Coparmex o hasta los 100 pesos diarios que propone el Congreso del Trabajo. Cabe señalar que de acuerdo con el INEGI, al segundo trimestre de 2017 en México había 7.566 millones de personas laborando (en la economía formal e informal) que ganan menos de un salario mínimo por día y 14.118 millones de personas que ganan entre 1 y 2 salarios mínimos diarios.

 

Desafortunadamente unos de los principales detractores de esta propuesta de aumento el salario mínimo es el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, quien argumenta que este aumento generará presiones inflacionarias. Con esta oposición el gobernador del banco central mexicano muestra una total insensibilidad a la realidad de millones de mexicanos, y desconoce el consenso hacía adentro del sector privado mexicano de que dicho aumento es necesario y es posible.

 

La argumentación de Agustín Carstens se basa en los principios económicos que señalan que los aumentos en las remuneraciones a los trabajadores deben ir aparejados a los incrementos en la productividad de éstos, para que de esta manera no se generen costos adicionales para las empresas. En otras palabras, lo ideal es que si una empresa va a dar un aumento del 10% a sus trabajadores, para que este incremento no se vea reflejado en alza de precios se necesita que cada trabajador aumente su contribución a la producción  en ese mismo porcentaje. Es decir, que cada trabajador “desquite” el aumento produciendo más.

 

Con esto en mente, vale la pena hacer un análisis de cómo ha evolucionado la productividad de la mano de obra mexicana en los últimos años.  De acuerdo con el índice global de productividad laboral de la economía con base en la población ocupada, elaborado por el INEGI, en el periodo del segundo trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 el Producto Interno Bruto (PIB) de México se elevó en 10.8%, mientras que la población ocupada total creció en 6.6%, lo que nos arroja un incremento en la productividad laboral en el periodo de 4.0%. Esto equivale a un incremento promedio anual de la productividad de la mano de obra de apenas 0.78%, tasa superior a la del aumento anual promedio del salario medio diario de 0.4% en el mismo periodo.

 

Durante el mismo periodo de 2012 a 2017, en las actividades primarias el PIB creció 10.9%, mientras que la población ocupada se elevó el 1.8%, lo que generó un incremento de la productividad de 8.9% en un periodo de cinco años, equivalente a un incremento promedio anual de 1.72%. En las actividades secundarias el aumento en el PIB fue de 2.0%, mientras que el de la población ocupada fue de 16.6%, lo que se tradujo en una caída de la productividad de -12.4%, equivalente a una caída de -2.61% promedio por año en los últimos cinco años. En relación a las actividades terciarias, el aumento del PIB en el periodo de 2012 a 2017 fue de 15.1%, mientras que el de la población ocupada fue de 3.9%, lo que generó un incremento de la productividad de 10.7% en el periodo, equivalente a un aumento promedio anual de 2.06 por ciento. Queda claro que en las actividades primarias y terciarias las cosas marchan relativamente bien.

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Ahora, dentro de las actividades secundarias encontramos a la industria manufacturera, y en el periodo en cuestión ésta registró un aumento del PIB de 12.9% y uno de la población  ocupada de 14.2%, lo que ocasionó una disminución de la productividad laboral de -1.1% en el periodo de cinco años, lo que nos arroja una caída promedio anual de -0.22 por ciento. Esto sin duda es preocupante porque refuerza la creencia de que la competitividad de México es por sus bajos salarios y no tanto porque su mano de obra manufacturera sea cada vez más productiva.

 

Esto datos evidencian que la gran apuesta de la actual administración  del gobierno federal de aumentar la productividad de la economía hasta ahora ha fracasado, al menos en la parte industrial; aunque cabe señalar que con respecto al periodo de 2006 al 2012, la productividad en México si creció, ya que en el sexenio anterior la productividad laboral del total de la economía cayó -1.1 por ciento durante el periodo de seis años.

 

No obstante lo anterior, y que se deben redoblar los esfuerzos por abatir la economía informal, que es lo que mantiene la economía nacional con este bajo desempeño productivo, la falta de crecimiento de ésta no debe ser excusa para que no aumenten los salarios mínimos en México. Los argumentos de abatimiento de la pobreza, fortalecer el mercado interno y las posibilidades de la mayoría de los empresarios para poderlos aumentar sin presionar un alza de precios deben ser motivo suficiente; y si a eso le sumamos las fuertes críticas que nos hacen nuestros socios comerciales, pues entonces se debe tomar la decisión de un incremento al mínimo cuanto antes.

 

La conclusión es que México no puede seguir basando su competitividad internacional en los bajos costos de su mano de obra, y debe centrarse en ser competitivo por la productividad de su mano de obra.

 

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La nota más ridícula del año…

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El Secretario de Hacienda, Jose Antonio Meade.

Previo a los muy lamentables hechos ocurridos el día de ayer, 19 de septiembre, en los cuales más de 200 personas perdieron la vida, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, se aventó la nota más ridícula del año, la cual evidentemente pretende engañar a la población y abusar de que la mayoría de las personas no saben de economía.

El Sr. Meade dijo, de acuerdo a una nota publicada por El Financiero, que el gobierno heredará “las finanzas públicas más sanas de la historia”.

¿Cómo puede decir eso alguien que sabe que la administración Peña Nieto elevó la deuda pública como porcentaje del PIB de 27% en 2012 a 47.5% en 2017?

¿Cómo se puede mentir tan descaradamente cuando se sabe que el año entrante el gasto por intereses de la deuda pública será de casi 664 mil millones de pesos? Cifra que representa el 14% del presupuesto total de egresos para el año 2018.

¿Cómo puede decir eso quien sabe que el actual gobierno federal endeudó al país en 4 billones 340 mil millones de pesos en menos de 5 años? ¡Esta cifra equivale a 2 mil 594 millones de pesos diarios!

¿Cómo puede decir esto alguien que sabe que si no fuera por el remanente de operación del Banco de México del año 2016 la deuda del sector público federal ya estaría rozando los 10 billones de pesos?

México es ahora una economía con finanzas públicas más endebles que hace cinco años. El margen de maniobra para el próximo gobierno es ínfimo….y Pemex sigue siendo un pozo sin fondo.

En fin, se acercan los tiempos electorales y los políticos comienzan a decir mentiras buscando aprovecharse de una población que no conoce de economía.

Difunde por favor, para que se sepa la realidad.

Alejandro Gómez Tamez

Deterioro de los ingresos y de la confianza del consumidor

1453305Entre los determinantes más importantes de la fortaleza del mercado interno están el poder adquisitivo de los consumidores y el nivel de confianza que éstos tienen. En la medida en que en un país aumenta la población ocupada y el nivel salarial promedio de ésta se eleva en términos reales, habrá una mayor masa salarial para la adquisición de bienes y servicios. Por su parte, es de esperarse que si la confianza del consumidor aumenta entonces las personas se sentirán más animadas para realizar compras, sobre todo de bienes duraderos como refrigeradores, automóviles, lavadoras, televisiones, entre otros.

 

A continuación presento el análisis de cómo se han comportado estas dos variables (ingresos de la población ocupada y nivel de confianza del consumidor) en el comparativo de 2017 respecto a 2012, y lamentablemente veremos que las cosas no marchan de manera óptima, lo cual limita las posibilidades de crecimiento y explica buena parte de la razón por la que la tasa de crecimiento promedio del PIB en el sexenio del presidente Peña Nieto es de apenas 2.16 por ciento.

 

Respecto al primer punto, tenemos que los ingresos promedio de la población ocupada muestran un estancamiento en el periodo del primer semestre de 2012 al mismo semestre de 2017. De acuerdo a cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el primer semestre de 2012 había en México una población ocupada de 48.364 millones de personas, de las cuales el 13.6% percibían hasta 1 salario mínimo, el 23.7% entre 1 y 2 salarios mínimos, el 22.0% entre 2 y 3 salarios mínimos, el 15.1% entre 3 y 5 salarios mínimos, sólo el 8.0% más de 5 salarios mínimos, el 7.8% no recibía ingresos y el restante 9.7% no estaba especificado. Para el primer semestre de 2017 la población ocupada fue de 52.029 millones de personas, de las cuales el 14.4% ganan hasta un salario mínimo, el 27.3% entre 1 y 2 salarios mínimos, el 21.3% entre 2 y 3 salarios mínimos, el 12.6% entre 3 y 5 salarios mínimos, apenas el 5.3% más de 5 salarios mínimos, el 6.2% no recibe ingresos y el 12.9% no estaba especificado.

 

Esto significa que entre el primer semestre de 2012 y el mismo semestre de 2017 la población ocupada total creció en 7.6%, lo cual es un buen dato; sin embargo, los que ganan menos de 1 salario mínimo aumentaron en 14.1%, los que ganan de 1 a 2 salarios mínimos crecieron en 23.6%, y los que ganan de 2 a 3 salarios mínimos subieron 4.3%. Lamentablemente los que ganan de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron -10.1% y los que perciben más de 5 salarios mínimos decrecieron -29.6%. Pero otro buen dato es que los que no perciben ingresos disminuyeron -14.5%. Finalmente, los no especificados aumentaron en 42.9%, seguramente por la falta de confianza de decirle al encuestador cual es su nivel de percepciones.

 

Estos datos son indicativos de que la población ocupada en México pasó de ganar un promedio de 2.46 salarios mínimos en el primer semestre de 2012 a ganar un promedio de 2.25 salarios mínimos en el primer semestre de 2017. Uno puede asumir que esto es normal, dado que en el periodo el salario mínimo creció significativamente al pasar de 60.50 a 80.04 pesos, lo que representa un aumento de 32.3%. Esto provoca que en términos nominales el salario promedio de la población ocupada en México pasara de 148.90 pesos diarios en el primer semestre de 2012 a un promedio de 179.85 pesos diarios en el primer semestre de 2017, lo que implica un incremento nominal de 20.8 por ciento.

 

Sin embargo, cuando tomamos en consideración que la inflación en el periodo fue de 20.6%, pues entonces nos queda que en términos reales el salario promedio de la población ocupada en México creció sólo 0.2% en el periodo del primer semestre de 2012 al mismo semestre de 2017. ¿Entonces porque el gobierno nos habla de que el fortalecimiento del mercado interno ha sido pilar del crecimiento económico en un contexto internacional complicado?

 

Pues lo que sucede es que la población ocupada total ha venido aumentando en promedio 732,886 personas por año en los últimos cinco años y eso es lo que provoca que cada vez haya mayor masa salarial disponible para gastar; aunque como ya se señaló, eso no significa que la población en su conjunto ahora tenga más ingresos reales para poder gastar. Así pues, en resumen, lo que tenemos es que entre 2012 y 2017 la población ocupada gana lo mismo en términos reales, pero hay 3.664 millones de personas adicionales trabajando.

 

Ahora, respecto al nivel de confianza de los consumidores, podemos decir que en lo que va del sexenio éste se ha deteriorado de forma sustancial.

 

De acuerdo a cifras del INEGI, en el comparativo de los primeros ocho meses de 2017 respecto a los mismos meses de 2012, tenemos que el índice de Confianza del Consumidor ha disminuido en -14.0%. Esto denota mayor pesimismo por parte de los consumidores, lo que provoca que éstos cuiden más su gasto ante la percepción de que la situación económica presente y futura no está bien.

 

La fuerte disminución en la confianza del consumidor es el resultado de caídas en los diferentes componentes del índice, los cuales menciono a continuación:

 

En cuanto a la pregunta que hace el INEGI “Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses ¿cómo cree que es su situación en este momento?”, esta presenta una caída de -2.1% en el comparativo de 2017 respecto a 2012; en relación a la pregunta “¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses, respecto a la actual?”, ésta tiene una disminución de -9.2%; respecto a la pregunta “¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?”, ésta es de las que mayor deterioro observa y muestra una caída de -22.6%; y en cuanto a la pregunta “¿Cómo considera usted que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto a la actual situación?”, ésta es la de peor desempeño ya que muestra con una caída de -28.3 por ciento.

 

Queda claro entonces que los consumidores se sienten pesimistas respecto a su situación económica, pero el pesimismo es aún mayor cuando se trata de la situación económica del país, lo que es indicativo de una percepción de que las políticas económicas llevadas a cabo no son las correctas. Factores como la elevada inflación que estamos padeciendo, las dudas respecto a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la creación de miles de empleos inadecuadamente remunerados cada año, los temas de inseguridad, entre otros, seguramente inciden en que las personas no tengan confianza hacía el futuro, como si la tenían en el año 2013, cuando se observaron los índices de confianza más elevados de los últimos cinco años.

 

A manera de conclusión podemos señalar que es indispensable que el gobierno federal pueda dar un mayor impulso a la economía de las familias, y esto se puede lograr con programas más agresivos de apoyo para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), las cuales constituyen el 98% de las unidades económicas del país y dan empleo a más del 70% de la población ocupada.

 

En este sentido se debe cuidar que en el Presupuesto de Egresos de 2018 se le doten de mayores recursos al Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) y al Programa para la Productividad y Competitividad Industrial (PPCI), para que pueda dar más apoyos que incentiven la creación, el desarrollo y la productividad de las empresas; en especial las de jóvenes y mujeres.

 

De igual forma, las autoridades de los tres órdenes de gobierno deben trabajar con los empresarios, para impulsar programas de capacitación de aquellas personas que forman parte de la población económicamente inactiva, y que están en posibilidades de trabajar, pero no lo hacen porque no cuentan con las habilidades suficientes. En este rubro también es pertinente sugerir que se eliminen aquellos incentivos perversos que hacen que muchas personas no quieran trabajar, ya que si trabajan pierden el apoyo que reciben del gobierno.

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Los entresijos del Paquete Económico 2018

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El Srio. de Hacienda, José Antonio Meade, hace entrega del Paquete Económico 2018 

El viernes 8 de septiembre, conforme a los tiempos legales, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) entregó al Congreso de la Unión el Paquete Económico 2018, el cual está compuesto por la Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación (ILIF), el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) y los Criterios Generales de Política Económica (CGPE).

 

De manera general los comentarios respecto a este Paquete han sido positivos porque se espera que el superávit económico primario pase de un aprobado de 78.190 miles de millones de pesos (mmdp) en 2017 a un propuesto de 197.295 mmdp en 2018. Esto es una muestra de que se mantiene el compromiso de mejorar la situación de las finanzas públicas, después del irresponsable y explosivo crecimiento de la deuda del sector público en los primeros cuatro años de la Administración del presidente Peña Nieto.

 

Hay que recordar que el saldo de la deuda neta del sector público pasó de 5.35 billones de pesos en diciembre de 2012 a 9.69 billones de pesos en el mismo mes de 2016, lo que representó un aumento de 4.34 billones, o bien un incremento promedio diario de 2.972 mmdp por día en el periodo. Afortunadamente después de la salida de Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda y la llegada de Jose Antonio Meade, y sobre todo gracias al remanente de operación del Banco de México, el ritmo de crecimiento de la deuda pública se ha moderado y ésta suma 9.29 billones de pesos al 31 de julio de 2017.

 

No obstante lo anterior, es preocupante lo que se puede ver en algunos rubros del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, como es el caso del costo financiero de la deuda (los intereses que se pagan por la deuda), tal como se explica a continuación:

 

En el Paquete Económico 2018, se hace un pronóstico de que el costo financiero del sector público pasará de un aprobado de 573.063 miles de millones de pesos (mmdp) en 2017 a un estimado de 663.980 mmdp en 2018, lo que representa un incremento nominal de 15.86%. De esta manera, este costo pasará de representar el 2.7% del PIB en 2017 a ser 2.9% en 2018.  Esto significa que habrá menor disponibilidad de recursos para infraestructura, combate a la pobreza, seguridad pública, apoyos para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), entre otros rubros de gasto que son muy importantes.

 

El mencionar una cifra de gasto de casi 664 mmdp en intereses, carece de sentido para muchos ya que es una cifra enorme, pero representa el pagar un promedio de 1.82 miles de millones de pesos diarios de intereses, o bien, casi 76 millones de pesos por hora. Puesto de otra forma, lo que nos cuesta pagar los intereses de la deuda representa la totalidad del PIB anual del estado de Chihuahua.

 

No obstante lo anterior, hay quienes dicen que el costo financiero del sector público es muy manejable porque representa menos del 3% del PIB. Considero que no tienen razón ya que desde mi punto de vista resulta mejor analizar el costo financiero de la deuda del sector público como porcentaje de los ingresos presupuestarios, y en ese sentido vemos que éste habría pasado de 13.14% en 2017 a un estimado de 14.02% en 2018. ¿Cree usted que es sano que una familia destine 14 centavos de cada peso que recibe de ingresos exclusivamente al pago de los intereses de sus deudas y que a pesar de este erogación cada vez este más y más endeudada?

 

Otra comparación interesante que ilustra lo costosa que resulta la deuda pública de México surge al ver que de acuerdo con cifras del Departamento del Tesoro, en Estados Unidos el gasto en intereses por su deuda pública sumó $432.649 miles de millones de dólares (mmdd) en 2016, mientras que su PIB nominal fue de 18.57 billones de dólares, por lo que allá su costo financiero representa solo el 2.32% de su PIB, es decir, menos que en México. En su año fiscal 2017 su gasto de intereses por su deuda será de 434.628 mmdd y su PIB será de más de 19 billones de dólares, por lo que su costo financiero como porcentaje del PIB será de aproximadamente 2.2% de su PIB. Esto a pesar de que en el vecino del norte, su deuda pública representó el 77% de su PIB al cierre del año fiscal 2016.

 

Otro punto que se debe destacar es que no obstante el planteamiento de un mayor superávit primario del sector público federal (es el resultante de los ingresos menos los gastos excluyendo los gastos por intereses sobre la deuda), en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, se señala que el balance presupuestario esperado será de un déficit de 466.684 mmdp, cifra que equivale a 2.0% del PIB.  Esta cifra es producto de una estimación de ingresos presupuestarios estimados de 4.735 billones de pesos y de un gasto neto pagado esperado de 5.201 billones de pesos.

 

Esto significa que el año que viene nuevamente nos volveremos a endeudar, y en esta ocasión será por casi medio billón de pesos; y en este contexto hay que tener presente que en 2018 posiblemente no habrá remanente de operación del Banxico (dado que el peso se ha fortalecido respecto a hace un año) que venga a apuntalar las finanzas públicas como si lo hubo en 2016.

 

De esta manera, es altamente probable que en el 2018 veamos que la deuda del sector público llegue a los 10 billones de pesos; aunque de acuerdo con las previsiones de la SHCP, dado el incremento nominal del PIB en 2017 y el esperado en 2018, se prevé que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (la medida más amplia de la deuda total del sector público) pasé de representar cerca del 50% en 2016 a 48.0% en 2017 a 47.3% en 2018. Esto puesto de otra forma implica que la estrategia del gobierno no consiste en disminuir nominalmente la deuda del sector público, sino procurar que ésta crezca menos que el PIB de manera que su peso relativo vaya disminuyendo al paso de los años.

 

Un último punto que vale la pena señalar es que en los Criterios Generales de Política Económica 2018, se establece que la tasa de interés de los Cetes a 28 días promedio en 2017 será de 6.7% y que ésta será de 7.0% en 2018. Cabe señalar que actualmente, la tasa de interés de dichos instrumentos es de 6.98%, mientras que la tasa de interés objetivo del Banxico es de 7.0 por ciento, por lo que la estimación gubernamental para 2018 está asumiendo que no habrá más incrementos de tasa en 2018 o bien, que si los hubiera, sería en el mismo 2018 cuando el Banxico comenzaría la baja de tasas. Sea como sea, me parece una estimación de tasas de interés por demás arriesgada y un tanto irreal.

 

Esto es importante, porque si se da un aumento de un cuarto de punto porcentual en la tasa de interés promedio que paga el sector público en 2018, esto implicará un desembolso adicional de recursos por unos 24 mmdp, lo que sin duda provocaría que se dieran recortes adicionales al gasto o bien, que no se respete la meta de incremento en la deuda pública de casi 467 mmdp en 2018.

 

A manera de conclusión podemos señalar que es aplaudible que el gobierno federal se preocupe por recuperar el orden en las finanzas públicas; sin embargo, es una pena que habiendo tantas necesidades, tengamos que destinar 14 centavos de cada peso para pagar los intereses de la deuda. Es cierto que tenemos una deuda, como porcentaje del PIB, más baja que en Estados Unidos, pero los problemas inflacionarios causados por la depreciación cambiaria y el “gasolinazo” causaron un aumento de la inflación  que provocó una fuerte alza en la tasa de interés objetivo del Banxico. Esto combinado con un crecimiento explosivo de la deuda, provoca que ahora tengamos que gastar más en intereses de la deuda que en las cosas más importantes como promoción de las mipymes, combate a la pobreza, desarrollo de infraestructura, entre otros. El balón ahora está en la cancha del Legislativo, veremos que cambios hacen a la Propuesta que les envió el Ejecutivo, dado que no hay que olvidar que el año que viene es electoral y habrá una gran tentación por subir el gasto público.

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt