El Banxico hizo lo correcto en favor de la economía nacional

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Alejandro Díaz de León, Gobernador del Banco de México

El pasado 4 de octubre, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió mantener su tasa de interés objetivo en un nivel de 7.75%, no obstante que unos días antes, el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (la FED) había decidido aumentar su tasa de interés de fondos federales en un cuarto de punto porcentual a un rango de 2.00 a 2.25%. La decisión de la mayoría de los miembros de la Junta del Banxico fue la más atinada y a continuación explico las razones:

La inflación general en México anualizada durante la primera quincena de septiembre de 2018 fue de 4.88%, cifra por encima de la meta del Banxico de una inflación de 3.0% con un margen de variación de +/- 1 punto porcentual. El dato de inflación general es resultado de una inflación subyacente de 3.56% y una inflación no subyacente de 8.90%. Cabe señalar que la inflación subyacente es la que mide el alza en los precios de las mercancías y los servicios en general, los cuales muestran una inflación anualizada de 3.91% y 3.20% respectivamente. Por su parte, la inflación no subyacente es aquella que mide el incremento en los productos agropecuarios, así como de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, los cuales aumentaron 1.22% y 14.01% en términos anualizados durante la primera quincena de septiembre.

Como lo hemos señalado anteriormente, queda claro que el componente de inflación que se sale de los parámetros aceptables para el Banco de México es el de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, y desde este espacio hemos señalado que ese componente de la inflación es insensible a las decisiones de política monetaria. Es decir, no importa si el Banxico sube o baja su tasa de interés objetivo, eso no hará que bajen los precios de las gasolinas, diésel y casetas de peaje de las carreteras.

Dado lo anterior, es que fue una decisión acertada el que el Banxico no haya aumentado nuevamente su tasa de interés objetivo, no obstante que la FED si la aumentó. En este sentido, también hay que entender el contexto de lo que sucede en la economía de México y en la de nuestro vecino del norte. Y es que mientras que en Estados Unidos el PIB creció 4.2% anualizado en el segundo trimestre de este año, en México dicho indicador creció 2.6% anualizado, por lo que resulta evidente que la economía estadounidense muestra una fortaleza mucho mayor a la nuestra y eso permite dar esos apretones monetarios.

Otro aspecto que resulta importante a considerar es que en Estados Unidos, la tasa de fondos federales subió de 0.12% el 2 de noviembre de 2015 al objetivo actual de 2.0 a 2.25%, mientras que en México la tasa de interés objetivo del Banxico subió en el mismo periodo de 3.0% a 7.75%. Queda claro que en nuestro vecino del norte el aumento ha sido de menos de 2 puntos porcentuales, mientras que en México el ajuste monetario ha sido de 4.75 puntos porcentuales, lo que equivale a más del doble.

Desde luego que los incrementos en la tasa de interés objetivo han causado mella en las finanzas del gobierno federal, de las empresas y de las familias. En cuanto al gobierno federal, tenemos que de acuerdo a las estadísticas oportunas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en los primeros ocho meses de 2018 el costo financiero de la deuda del sector público sumó 388.996 miles de millones de pesos, lo que representa 12.4% más de lo erogado en el mismo periodo del año pasado. Sin embargo, se debe tener en mente que los pagos de intereses por la deuda se concentran hacía finales de año, por lo que la estimación es de que al cierre de 2018 el costo financiero de la deuda pública será de casi 800 mil millones de pesos, una cantidad sin precedentes. Cifra que además representa más doble de la inversión física directa realizada por el sector público federal.

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El alza en las tasas de interés ha dañado las finanzas de gobiernos, empresas y familias.

Otro perjuicio que ha traído el alza en las tasas de interés es que ha provocado que diversos sectores de la economía se hayan “enfriado”, tales como la venta de automóviles, la cual depende fuertemente de las condiciones crediticias. De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, AC, en los primeros nueve meses de 2016 se vendieron en México 1.119 millones de vehículos ligeros, en el mismo periodo de 2017 dicha cifra cayó a 1.106 millones y en los mismos meses de 2018 bajó hasta 1.028 millones. Esto es en buena medida resultado de un incremento de casi 5 puntos porcentuales en el costo del dinero en nuestro país, sin que haya una actividad económica lo suficientemente fuerte como para que compense el efecto negativo del alza en la tasa de interés.

Y pues desde luego que el alza en las tasas de interés también ha afectado a las familias con créditos con tasa de interés variable. Desde este espacio hemos dado cuenta de cómo diversas tarjetas de crédito bancarias han aumentado la tasa de interés que cobran a sus clientes en rangos superiores a los 20 puntos porcentuales, pasando de 24% a 42%, varias de ellas. Desde luego que hay tasas que han subido menos, y otras que han aumentado más, pero al final de cuentas lo que importa es que para aquellos tarjetahabientes que no son totaleros, el gasto en intereses les ha aumentado de manera importante, lo que dificulta que se puedan comprar otros bienes y servicios.

Desde luego que los grandes ganadores de las alzas que se dieron en las tasas de interés, pues son los bancos comerciales, los cuales llevan generando utilidades record cada año, y muestra de ello es que en los primeros siete meses de 2018 éstas alcanzaron 89.133 miles de millones de pesos, cifra 14.72% más alta a la observada en el mismo periodo de 2017.  Este nivel de utilidades de los bancos, a costa de gobiernos, empresas y familias, hace que nuestro país sea un verdadero “paraíso” para los bancos extranjeros. Hay que recordar que de los siete bancos más grandes de México, 6 son extranjeros. Entonces estos bancos obtienen aquí las utilidades que ni en sus casas matriz, ni siquiera en continentes enteros, obtienen. De acuerdo a cifras oficiales, aquí operan con márgenes de intermediación financiera que promedia 8.0%, cuando en Chile y en España lo hacen con apenas el 1.6 por ciento. Este tema sin duda es una asignatura pendiente para el Banco de México.

Es por todo lo anterior que es una excelente noticia que la Junta de Gobierno del Banco de México haya hecho lo correcto y no aumentó su tasa de interés objetivo en su pasada reunión, aunque no fue una decisión unánime de sus miembros. Claro que después del anuncio de la decisión no faltaron los “talibanes” de la ortodoxia monetaria que salieron a criticar al Banco de México y casi casi dijeron que esa decisión le iba a costar caro al peso mexicano. ¿Pero qué fue lo que sucedió con el peso? Pues realmente nada, más allá de que el dólar subió durante unas horas a niveles de 19 pesos, para después retroceder a los niveles de entre 18.80 y 18.90.

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Para que en México comiencen a darse disminuciones en la tasa de interés, es necesario que la FED mantenga sus tasas sin cambio durante algún tiempo 

Desde luego que la buena noticia de la conclusión en la renegociación del Acuerdo México-Estados Unidos-Canadá (AMEC o USMCA por sus siglas en inglés) le ayudó al Banco de México a tomar la valiente decisión, lo que demuestra que si de lo que se trata es de controlar la inflación en base a un dólar más barato, pues resulta más efectivo el generar buenas noticias que el subir la tasa de interés hasta que la economía no pueda más.

Esperemos que la FED deje su tasa de interés de fondos federales en el actual nivel, de manera que esto reste presión al Banco de México para sus reuniones que le quedan antes de terminar el año. Si llegamos al 31 de diciembre de 2018 con una tasa de interés objetivo de 7.75% y una inflación en torno a 4.5% podremos decir que no nos fue tan mal. Sin embargo, este escenario se ve complicado porque no se ve cuando el precio de los combustibles dejará de aumentar, además de que se han acumulado fuertes presiones inflacionarias en el sector manufacturero derivadas de los incrementos en las tarifas eléctricas, tema del cual escribiré en mi siguiente entrega.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La inflación la causa el gobierno y todos la pagamos

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La inflación anualizada en agosto fue de 4.9%, y con eso ya se ligan 20 meses en que la inflación ha estado por encima de la meta del Banxico

Uno de los mayores retos que enfrenta la economía nacional es el de abatir la inflación, ya que ésta ha sido la causante de que los avances que se dieron al principio del sexenio en materia de ingresos promedio de la población ocupada se vieran nulificados. La inflación empobrece a la población, erosiona los ahorros y genera importantes distorsiones en la economía.

El INEGI recién informó que durante agosto la inflación anualizada en México fue de 4.9%, nivel casi un punto porcentual por encima del objetivo del Banco de México, de 3.0% con un margen de variación de +/- un punto porcentual.  Esta tasa de inflación es superior al 4.5% registrado en mayo de este año y en esta entrega veremos que es lo que provoca que el banco central no pueda cumplir su meta. Cabe señalar que con el dato de agosto, se ligan 20 meses consecutivos en los que la inflación anualizada en México ha estado por encima del 4%. Esto es lo que nos ha ocasionado un constante apretón monetario por parte del Banco de México, cuyo mandato constitucional es preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional, aunque se dé al traste con el crecimiento económico.

El nuevo dato de inflación ha generado muchos comentarios en el sentido de que en la próxima reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, programada para el 4 de octubre, se anunciará una nueva alza en la tasa de interés objetivo del banco central para llevarla a un nivel de 8.00% desde el actual 7.75%. Cabe recordar que este ciclo alcista en la tasa de interés del Banxico inició el 17 de  diciembre de 2015, cuando dicha tasa subió de 3.0% a 3.25%, y desde entonces se han registrado 12 aumentos adicionales.

La muy probable alza en la tasa de interés del banco central en octubre sería un error, ya que con ella no se va a lograr una reducción de la tasa de inflación, ya que como veremos a continuación, el alza de precios en buena medida es ocasionada por el gobierno.

Analizando a detalle el dato de la inflación de 4.9%, vemos que ésta tiene dos componentes. Por un lado está la inflación subyacente, la cual fue de 3.6%, y por otro lado está la inflación no subyacente, la cual fue de 8.8%. De la inflación subyacente, vemos que su componente de mercancías aumentó en  3.9%, mientras que el de servicios creció 3.4%. Queda claro que aquí no es donde se concentra el problema inflacionario que vivimos en México. En cuanto a la inflación no subyacente, tenemos que la de bienes agropecuarios fue de apenas 1.4%, mientras que la de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno fue de 13.7%.

Es así que queda claro que la inflación en México la está causando el gobierno con su política de precios para los energéticos y en especial de los combustibles. Una vez que concluyó el proceso electoral, el gobierno federal ha ido eliminando poco a poco el “subsidio” que se le daba a la gasolina mediante el menor cobro del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), y ahora ya el cobro del impuesto es prácticamente completo. En el caso de la gasolina Magna, el IEPS es de aproximadamente 3.27 pesos, mientras que el de la Premium es de 4 pesos y el del diésel es de 3.32 pesos.  Es así que aunque a nivel internacional ha bajado el precio de los combustibles, en México la gasolina no deja de subir, en la medida en que el gobierno federal nos cobra el IEPS completo, y esto es lo que ha ocasionado que el precio de la gasolina Magna ya esté cerca de los 20 pesos, mientras que la Premium se vende por encima de los 21 pesos por litro.

Con todo esto en mente, vale la pena preguntarse, ¿el subir la tasa de interés hará que baje el precio de la gasolina? La respuesta obviamente es no. Aunque suban la tasa de interés al 10% la gasolina no va a bajar de precio, pero si se causa un enorme daño a la economía, tal y como se muestra a continuación.

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El Banxico ha apretado fuerte la política monetaria para controlar la inflación, pero no ha tenido éxito.

Entre los múltiples problemas que causa el alza en las tasas de interés, tenemos la forma como se ha incrementado el costo financiero para familias, empresas y el gobierno.  Producto de las interminables alzas registradas en la tasa de interés objetivo del Banxico, las cuales iniciaron en diciembre de 2015, tenemos que la tasa de interés de los Cetes a 28 días subió de 3.14% en diciembre de 2015 a 7.73% en agosto de 2018, lo que implica un incremento de 146.2%; mientras que en el mismo periodo la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIEE) a 28 días pasó de 3.5475% a 8.1038%, lo que representa un aumento de 128.4%.

Claro que los bancos no se han limitado a subir el costo de muchos de sus créditos en 4.55 puntos porcentuales, que es lo que ha subido la TIIE en el periodo antes señalado. Tenemos los casos de tarjetas de crédito que han aumentado su tasa de interés hasta en 20 puntos porcentuales, con el pretexto de que el dinero ahora es más caro. Y pues producto de los mayores intereses que cobran a empresas y familias, es que los bancos nuevamente alcanzan su nivel más alto de utilidades, siendo éstas de 89 mil millones de pesos en los primeros siete meses de 2018, cifra 14.72% superior a las observadas en los mismos meses de 2017.

En el caso de las familias, también vale la pena señalar que el alza en las tasas de interés ocasiona problemas en los presupuestos de gastos, ya que al pagar más intereses por los créditos, hace que se destinen menos recursos para la compra de otros artículos como zapatos, ropa, salidas a comer, entre otros.

En cuanto al sector público, tenemos que de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda, en los primeros 7 meses de 2018 el costo financiero de la deuda del sector público fue de 364.385 miles de millones de pesos, cifra 107.17% más alta a la erogada en los primeros siete meses del año 2013. Aunque efectivamente se debe reconocer que parte de este incremento en el costo financiero de la deuda del sector público se debe a que en el periodo de diciembre de 2013 a julio de 2018 el saldo de la deuda neta del sector público pasó de 5.943 a 10.142 billones de pesos, lo que representa un aumento de 70.65%.

Finalmente, quiero señalar que también se ha mencionado que el Banxico debe subir su tasa de interés objetivo para estar en sincronía con lo que hace el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), institución que muy probablemente aumentará su tasa de interés de fondos federales en su próxima reunión. Se especula que la FED aumentará su tasa de interés porque la economía de Estados Unidos crece de manera vigorosa (4.2% el segundo trimestre de este año) y es prudente subir la tasa antes de que se presenten problemas inflacionarios.

Se nos dice que la razón para subir la tasa en México, si es que sube en los Estados Unidos, es para mantener el atractivo y mantener la entrada de divisas al país. Sin embargo, hay mucha evidencia que muestra que los movimientos en la tasa de interés en México dejaron de ser relevantes para la entrada de capitales y el nivel de tipo de cambio. Lo he dicho en varias ocasiones desde este espacio, y la realidad es que le ayuda más a México un mensaje positivo vía Twitter del presidente Donald Trump, que un alza de medio punto porcentual en la tasa de interés objetivo del Banxico.

Es así que esperemos que el Banco de México actúe con prudencia antes de recetarnos una nueva alza en la tasa de interés. Por otra parte, es preocupante que los combustibles no dejan de subir y la promesa del nuevo gobierno es que una vez que entren en funciones los aumentos a los energéticos estarán ligados a la inflación, lo que implica que en los próximos 6 años la gasolina aumentará en promedio un peso cada año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La mayoría de los países crece, pero México no

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La economía mexicana tuvo un desempeño económico mediocre en 2017, al resto del mundo le fue bien

El año 2017 fue bueno para la economía mundial, pero en México pasaron varias cosas que hicieron que perdiéramos el incipiente dinamismo del mercado interno que teníamos. En esta entrega veremos que sucede con la economía mundial y qué fue lo que pasó en nuestro país que nos impidió disfrutar de los beneficios de lo que fue el mejor año para la economía mundial desde la crisis financiera de 2008.

 

En la minuta de la Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, con motivo de la decisión de política monetaria anunciada el 14 de diciembre de 2017, publicada el pasado 28 de diciembre, se da cuenta de la buena marcha de la economía mundial. Concretamente se menciona que “la economía mundial continuó expandiéndose en el tercer trimestre y a principios del cuarto de manera más generalizada, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes.”

 

En relación a Estados Unidos, se señala que en el tercer trimestre del año, la economía más grande del mundo creció a una tasa trimestral anualizada de 3.3 por ciento. Este dinamismo se debe al repunte en la inversión en equipo y por una mayor contribución al crecimiento de las exportaciones netas y de la variación en inventarios. Se agrega que el índice de producción industrial y la producción manufacturera repuntaron en octubre, y también se menciona que las condiciones del mercado laboral de  nuestro vecino del norte han continuado mejorando. En efecto, se han generado en promedio 174 mil nuevas plazas mensuales en lo que va del año, superando el ritmo necesario para absorber el crecimiento de la fuerza laboral.

 

En cuanto a la economía de la zona Euro, se menciona que los indicadores prospectivos apuntan a un crecimiento generalizado entre países y sectores durante el cuarto trimestre del año. La sólida expansión de esta región ha estado respaldada por las condiciones monetarias acomodaticias y la expansión del crédito. Además, los niveles de confianza en los principales sectores de la economía se ubican por encima de sus promedios históricos, lo que también parecería haber impulsado la demanda interna.

 

Finalmente, en cuanto a las economías emergentes (China, India, Brasil), los indicadores disponibles apuntan a que durante el cuarto trimestre persistirá la recuperación de la actividad productiva. La expansión de este grupo de economías continúa explicándose por el sólido crecimiento de la producción industrial y de sus exportaciones. Adicionalmente, el consumo privado siguió fortaleciéndose en la mayoría de estas economías.

 

Hasta aquí lo mencionado por la minuta del Banxico; y es en este contexto de buen desempeño económico mundial que nuestro país ahora sufre una fuerte desaceleración. De acuerdo con cifras del INEGI, el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció apenas 1.5% en el tercer trimestre de 2017, después de haber aumentado 3.2% el primero y 1.9% el segundo trimestre. De hecho, con series desestacionalizadas de tendencia-ciclo, podemos ver que el crecimiento del PIB de México registró un crecimiento de 0% en el tercer trimestre del año que recién concluyó.

 

Por su parte, el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) en México acumuló en octubre de 2017, cinco meses consecutivos con caídas anualizadas, siendo el decremento en octubre de este año de -1.10%.

 

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El mercado interno mexicano sigue siendo precario

¿A qué se debe esta desfavorable evolución? Pues en parte a la pérdida de dinamismo del consumo privado. Con cifras del INEGI podemos ver que el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior creció en términos anualizados apenas 2.93% en el tercer trimestre de 2017, siendo que en el mismo trimestre de 2016 éste creció 3.93%. Pero lo peor es que la tasa de incremento del componente de consumo de bienes nacionales pasó de 4.5% en el tercer trimestre de 2016 a sólo 2.66% en el mismo trimestre de 2017; mientras que el componente de consumo de bienes importados pasó de haber caído -1.0% en el tercer trimestre de 2016 a aumentar 5.66% en el mismo trimestre de 2017. Es decir, el consumo de los mexicanos ahora crece menos que antes por la pérdida de poder adquisitivo, pero estamos privilegiando los bienes importados respecto a los hechos en México. Una de las causas de esta situación es el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, tema que he abordado en muchas ocasiones desde este espacio.

 

Otra causa de la desaceleración económica en México es la pérdida de dinamismo por parte del crédito otorgado por la banca comercial al sector privado del país (empresas y personas físicas). Tenemos que de acuerdo con cifras del Banxico, al mes de noviembre de 2017 éste creció apenas 2.41% en términos reales anualizados (ajustado por inflación), siendo que en noviembre de 2016 éste creció un 12.47%, lo que implica entonces una caída de 10 puntos porcentuales.

 

Desde luego que la causa raíz de esta situación es la astringente política monetaria implementada por el propio Banxico desde diciembre de 2015, lo que ha llevado a su tasa de interés objetivo desde 3.0% hasta el actual 7.25%. Alguien podrá decir que un aumento de 4.25 puntos porcentuales no es gran cosa, pero el problema es que las tasas que cobran los bancos por muchos de sus créditos han aumentado en un rango mayor. Por ejemplo, una prestigiada tarjeta de crédito internacional emitida en México, en su versión platino, cobraba en diciembre de 2015 una tasa de interés regular de 26.95% y ya en el mismo mes de 2017 cobraba el 39.20%, lo que representa un incremento de casi 13 puntos porcentuales. ¿Si esta es la situación de una tarjeta de crédito platino, cual es la situación del resto de las tarjetas de crédito? Obviamente el resto de los créditos, como los automotrices y para las micro, pequeñas y medianas empresas también han aumentado en su tasa de interés en más de lo que creció la tasa de interés objetivo del Banxico.

 

Desde luego que este aumento en tasas de interés también ha causado mella en la inversión productiva en nuestro país. En el tercer trimestre de 2014 el Índice de Volumen Físico de la inversión Fija Bruta en México creció en términos anualizados 8.2%, producto de un incremento de 4.5% en la construcción y de 14.0% en maquinaria y equipo. Después de las alzas en la tasa de interés, en el tercer trimestre de 2017, la inversión total privada cayó -0.8%, producto de un decremento en la construcción de -3.2% y un aumento en maquinaria y equipo de apenas 2.3%.

 

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Las políticas monetaria y fiscal restrictivas en México, son culpables de la desaceleración económica que se vive

Pero no toda la culpa de la desaceleración económica de México es culpa del Banco de México. Después de la borrachera de deuda en la que se incurrió en el periodo de 2013 a 2016, que llevó a los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) a representar el 50.5% del PIB, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se vio forzada a recortar el gasto público. En el comparativo de los primeros once meses de 2017 respecto a los mismos meses de 2016, el gasto neto total del sector público federal muestra una disminución en términos reales (ajustado por inflación) de -6.5%. Dentro de este recorte, el rubro que más se ha visto afectado es el de gasto de capital (inversión física como carreteras), el cual presenta una caída real de -33.9%. Esto ha tenido fuertes repercusiones porque la inversión física directa en los primeros once meses de 2017 suma 284.920 miles de millones de pesos (mmdp), mientras que el costo financiero de la deuda (pago de intereses) fue de 387.938 mmdp, lo que denota que derivado de un menor gasto público y el alza en las tasas de interés en México, el gobierno federal gasta un 36.15% más en el servicio de la deuda que en desarrollar la necesaria infraestructura que requiere el país.

 

La lista de indicadores que dan cuenta de los problemas que enfrenta México en el arranque de 2018 podría extenderse mucho más. Podemos hablar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios reales, de la inflación causada por parte del propio gobierno federal con sus recurrentes alzas en los precios de combustibles y energéticos. También podemos extendernos mencionando la caída de la producción petrolera debido al saqueo y corrupción de la que ha sido objeto Pemex estos últimos años, lo que impidió invertir en el desarrollo de nuevos campos petroleros.

 

Pero la pregunta es entonces, ¿Qué hacer en el 2018 para revertir esta tendencia? ¿Por qué mientras el resto del mundo vive una etapa de relativa bonanza económica en México nos dirigimos a una posible recesión? Desde luego que las respuestas no son sencillas, pero si hay ciertas cosas que se pueden hacer, entre las que destacan el aprovechar el crecimiento económico de otras partes del mundo y apoyar el sector exportador a través de Proméxico (organismo que sigue sin dar resultados y ha brillado por su ausencia durante todo el presente sexenio), se puede redoblar la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, se puede fortalecer la competitividad y la productividad de las empresas dotándole de más recursos al Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) y al Programa para la Productividad y Competitividad Industrial (PPCI) de la Secretaría de Economía, se pueden atender las propuestas de ajustes fiscales hechas por la iniciativa privada nacional para recuperar la competitividad perdida después de la aprobación de la reforma fiscal estadounidense, y se pueden hacer muchas cosas más.

 

El que piense que dado que este es un año electoral y que habrá mucho gasto en las campañas, hará que se recupere la economía, está muy equivocado. Los problemas de la economía de México son estructurales y se requieren medidas de fondo en materia de política industrial, fiscal y monetaria para resolverlos. Veremos que sucede, y los primeros tres meses de este año que comienza serán fundamentales si se quiere hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt