El país no se mueve al mismo ritmo… y eso denota un problema estructural
México atraviesa una etapa económica profundamente desigual. Mientras algunas entidades todavía logran mantener cierto dinamismo industrial, comercial o exportador, otras enfrentan una combinación cada vez más preocupante de desaceleración, pérdida de empleo formal, debilitamiento manufacturero y caída en la actividad productiva. Estas diferencias regionales ya no son menores ni coyunturales; comienzan a reflejar una dualidad económica cada vez más visible entre los estados del país, donde algunas regiones todavía resisten y otras muestran señales claras de deterioro económico.
Este proceso ocurre además en un entorno nacional particularmente complejo. La economía mexicana enfrenta estancamiento productivo con un crecimiento de apenas 0.2% a tasa anual en el primer trimestre del año, desplome manufacturero de 1.9%, caída de la inversión fija bruta de 3.0%, debilitamiento del consumo de bienes nacionales con un aumento de 0.0% y por lo tanto, una demanda agregada prácticamente paralizada. A ello se suman mayores presiones fiscales, menor dinamismo del empleo formal y un entorno internacional cada vez más incierto para México. En este contexto, los datos recientes a nivel de entidad federativa confirman que el país dejó atrás la idea de una economía que avanza de manera homogénea.
La economía mexicana no está en una recesión formal, pero si se está fragmentando, lo que puede ser incluso más peligroso.

Un mercado laboral que pierde fuerza y calidad
Uno de los primeros focos de alerta aparece en el mercado laboral. La tasa nacional de desocupación aumentó de 2.2% a 2.4% entre marzo de 2025 y marzo de 2026, mientras la informalidad laboral subió de 54.3% a 54.8%. De hecho, es precisamente esta altísima informalidad la que ayuda a explicar por qué la tasa de desocupación abierta se mantiene relativamente baja, ya que una parte importante de la población termina incorporándose a actividades informales ante la falta de oportunidades suficientes en el empleo formal. Además, la tasa de condiciones críticas de ocupación aumentó hasta 39.6%, reflejando mayores presiones por ingresos insuficientes y baja calidad del empleo.
Ahora bien, bajando a la situación de las entidades, vemos que las de mayores problemas de desempleo fueron Guanajuato, Durango, Tabasco, Coahuila y Ciudad de México. En contraste, Oaxaca, Veracruz y Guerrero registraron menores tasas de desocupación, aunque esto no necesariamente implica mejores condiciones laborales, ya que buena parte de esos estados depende de empleo informal y ocupación precaria.

El empleo formal registrado ante el IMSS también confirma la desaceleración. A nivel nacional el crecimiento anual fue de apenas 1.16%, claramente inferior al observado en años previos. Aunque entidades como Estado de México y Ciudad de México lograron generar una cantidad importante de puestos de trabajo, otros estados muestran deterioros severos.

Coahuila perdió más de 24 mil trabajadores asegurados en un año. Tamaulipas retrocedió más de 16 mil plazas. Guerrero perdió más de 11 mil empleos formales y Campeche más de 6 mil. Esto evidencia que el debilitamiento económico no es un asunto de algún estado en particular, sino que afecta regiones industriales completas.
Y quizá el dato más delicado es que el empleo que sí se genera cada vez es de menor calidad, por lo que México enfrenta desaceleración laboral y una preocupante precarización laboral.

Los estados que todavía muestran dinamismo
Dentro de un entorno nacional débil, hay entidades que todavía muestran capacidad de crecimiento. Hidalgo se ha convertido en uno de los casos más relevantes del país. Su actividad económica total creció 4.5% en 2025, mientras que su actividad industrial aumentó 7.1% y su construcción registró uno de los mayores crecimientos nacionales.

Algo similar sucede con Tamaulipas, que mantiene crecimiento en diversas actividades industriales y exportadoras. Sinaloa también sorprendió positivamente, particularmente por la recuperación de su actividad económica total. El Estado de México y Ciudad de México, aunque enfrentan desaceleración, siguen siendo pilares fundamentales en empleo, comercio y captación de inversión.
En comercio minorista destacan Ciudad de México, Quintana Roo, Querétaro y Guanajuato, que mantienen crecimiento relativamente sólido en ingresos por suministro de bienes y servicios. Esto refleja que, pese a la desaceleración nacional, todavía existen regiones donde el consumo interno conserva cierto dinamismo.
Sin embargo, incluso dentro de estos estados “ganadores” comienzan a aparecer señales de debilitamiento. El problema es que ya no basta con crecer ligeramente: la economía mexicana necesita crecer mucho más para sostener empleo formal, inversión y productividad. Y eso no está ocurriendo.

El norte industrial comienza a resentir el enfriamiento
Durante años, el norte del país fue el gran motor industrial y exportador de México. Estados como Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Sonora y Baja California se beneficiaron enormemente del modelo manufacturero vinculado a Estados Unidos. Sin embargo, los datos recientes muestran señales claras de enfriamiento económico.
Coahuila ya registra una caída de -1.9% en actividad económica total y una disminución de -4.3% en actividad industrial. Además, perdió más de 24 mil empleos formales en un año. Guanajuato —uno de los pilares manufactureros del país— muestra debilitamiento industrial, caída exportadora y crecimiento prácticamente nulo en empleo formal. Chihuahua mantiene fortaleza exportadora, pero también enfrenta señales de desaceleración manufacturera y laboral.

Esto coincide con el debilitamiento nacional de sectores clave como equipo de transporte, maquinaria, productos metálicos y textiles. La manufactura nacional ya muestra una caída de -4.0% nominal en valor de producción durante el primer bimestre de 2026, mientras el empleo manufacturero disminuye -2.2%. Particularmente grave resulta la caída en fabricación de equipo de transporte, uno de los sectores más importantes del aparato exportador mexicano.
El problema es estructural es que el modelo exportador mexicano sigue creciendo en ciertos segmentos, pero no necesariamente genera suficiente valor agregado nacional. México exporta más… pero depende cada vez más de importaciones temporales e insumos extranjeros. Por eso hoy vemos una paradoja: el país mantiene fortaleza exportadora en algunos estados mientras múltiples regiones industriales muestran señales claras de enfriamiento económico.

Las exportaciones muestran otro México desigual
Los datos de exportaciones por entidad federativa al cierre de 2025 reflejan con claridad esta divergencia regional. A nivel nacional, las exportaciones crecieron 7.6%, alcanzando 602.4 mil millones de dólares. Sin embargo, detrás de ese crecimiento agregado existen diferencias enormes entre estados.
Jalisco se convirtió en la entidad con mayor crecimiento exportador del país, con un impresionante aumento de 66.2%, pasando de 31.6 mil millones a 52.6 mil millones de dólares. Además, en el cuarto trimestre de 2025 sus exportaciones crecieron 124% anual, reflejando un fuerte dinamismo industrial y tecnológico.

Chihuahua también registró un desempeño extraordinario, con exportaciones superiores a 109 mil millones de dólares y un crecimiento anual de 45.1%. Colima aumentó 27.8%, Zacatecas 22.6% y Yucatán 21.1%. También destacaron San Luis Potosí y Chiapas con crecimientos superiores al promedio nacional.
En contraste, varias entidades enfrentaron fuertes retrocesos exportadores. Guerrero registró la mayor caída nacional, con una disminución de -40.9%. Campeche cayó -33.3%, Tabasco y Quintana Roo retrocedieron -32.5%, mientras Baja California Sur disminuyó -23%. También destacan las caídas de Hidalgo (-15%), Puebla (-9.4%), Ciudad de México (-9.3%), Morelos (-9.2%) y Veracruz (-8.1%).
El caso de Guanajuato es particularmente importante porque refleja el debilitamiento industrial del Bajío. Sus exportaciones cayeron -6.0% en 2025 y en el cuarto trimestre registraron una caída anual de -11.7%, pasando de 10.7 mil millones a 9.4 mil millones de dólares. Algo similar ocurre con Coahuila, cuyas exportaciones disminuyeron -3.6%, y con Aguascalientes, que cayó -7.8%.
Esto confirma que la desaceleración manufacturera y automotriz ya se refleja claramente en varias regiones exportadoras del país.
La inversión extranjera confirma la concentración regional
Los datos de inversión extranjera directa al cierre de 2025 muestran otro fenómeno relevante: la enorme concentración geográfica del capital extranjero en México.
De acuerdo con la Secretaría de Economía, el país captó 40,870.8 millones de dólares de IED en 2025, la cifra más alta de la serie reciente. Sin embargo, una parte muy importante de esos recursos se concentró en pocas entidades federativas.

La Ciudad de México encabezó ampliamente la captación con 22,381 millones de dólares, equivalente a más de la mitad del total nacional. Le siguieron Nuevo León con 3,627.6 millones, Estado de México con 3,279.3 millones y Baja California con 1,892.3 millones. También destacaron Jalisco, Chihuahua y Baja California Sur.
Pero al observar el resto de México aparecen enormes desigualdades. Campeche registró inversión extranjera negativa, es decir, los extranjeros liquidaron sus inversiones. Veracruz, Tabasco y Aguascalientes también mostraron resultados negativos o fuertes retrocesos. Además, estados industriales relevantes como Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí mostraron disminuciones importantes respecto a años previos.
Esto desmonta parcialmente la narrativa de un nearshoring homogéneo y generalizado. La relocalización industrial existe en una magnitud inferior a lo que podría ser, pero la situación se agrava cuando vemos que está altamente concentrada geográficamente y no necesariamente está beneficiando de manera uniforme a todo el país.

La construcción y el consumo confirman el debilitamiento interno
La construcción es probablemente uno de los mejores termómetros del debilitamiento económico nacional. La inversión fija bruta cayó -3.0% anual en el primer bimestre de 2026 y dentro de ella la construcción se desplomó -8.6%.
Eso ya se refleja regionalmente. Oaxaca, Durango, Puebla, Campeche y Quintana Roo muestran fuertes caídas en actividad constructiva, mientras Hidalgo, Colima, Zacatecas y Estado de México registran incrementos importantes.

Pero incluso donde la producción aumenta, el empleo cae. A nivel nacional el valor de producción de construcción creció 2.8%, pero el personal ocupado disminuyó -3.3%. Esto refleja una economía donde esta actividad ha perdido su capacidad de generar empleo formal suficiente.
En comercio ocurre algo similar. El comercio al mayoreo prácticamente se encuentra estancado, mientras el comercio minorista mantiene algo más de dinamismo. Sin embargo, el consumo nacional de bienes mexicanos cayó -1.6%, mientras el consumo de bienes importados aumentó 11.9%.
Es decir, incluso el poco dinamismo que todavía conserva el mercado interno beneficia cada vez menos a la producción nacional.
México ya no enfrenta un problema aislado… enfrenta una fragmentación económica
La conclusión que dejan los datos es clara: México no está operando como una economía homogénea. El país se ha dividido entre regiones que todavía logran sostener cierto dinamismo mediante industria, exportaciones, logística, inversión o comercio, y otras que enfrentan una combinación mucho más delicada de caída industrial, debilitamiento laboral, menor inversión y desaceleración productiva. Lo preocupante es que esta fragmentación ocurre justo en un momento en el que la economía nacional se ha estancado en su crecimiento económico.
La inversión continúa debilitándose, particularmente en construcción, uno de los sectores con mayor capacidad de arrastre sobre el resto de la economía. La manufactura comienza a resentir el enfriamiento de sectores estratégicos como automotriz, maquinaria y metalmecánica, mientras el consumo nacional muestra señales claras de agotamiento. Incluso las exportaciones, que siguen siendo uno de los principales motores del país, ya no están generando el mismo efecto multiplicador sobre la economía interna debido al alto contenido importado y la baja integración de valor nacional. A esto se suma un entorno fiscal cada vez más presionado, con menores ingresos petroleros, menor dinamismo tributario y crecientes restricciones presupuestales.
México todavía mantiene estabilidad macroeconómica relativa y una importante capacidad exportadora, pero debajo de esa superficie comienzan a acumularse fracturas regionales cada vez más preocupantes. Y cuando una economía se fragmenta, las diferencias se convierten en brechas regionales enormes en empleo, inversión, productividad, infraestructura, oportunidades y calidad de vida. Eso es precisamente lo que se observa en el país: un México donde algunos estados todavía resisten y otros aumentan su rezago en un entorno económico cada vez más complejo.
***
Para conocer con todo detalle lo que sucede en las economías estatales, puedes adquirir el reporte completo “Diagnóstico mensual de la Actividad Económica por Entidad Federativa – No. 49”, solicítalo directamente en: 📩 admin@gaeap.com
***
Si este análisis te resulta útil, no te quedes solo con la lectura.
En ECONOMEX trabajamos todos los días para traducir un entorno complejo en señales claras para la toma de decisiones. No se trata de tener más información, sino de entender qué es relevante y qué no… antes de que el mercado lo descuente.
Hazte suscriptor de pago para recibir todos nuestros análisis y anticipar los cambios que realmente mueven al mercado.
Alejandro Gómez Tamez*
Director General GAEAP*
Sígueme en X: https://x.com/alejandrogomezt

🎙️📺 Ya está disponible el episodio 99 de #EconomexPodcast en YouTube ▶️🇲🇽📊
📺⚡ No te pierdas los Informativos GAEAP en YouTube ▶️📊🇲🇽
