Exportaciones, el principal motor de crecimiento para las empresas

El año 2020 fue uno en el que el Producto Interno Bruto (PIB) de México cayó cerca de -9.0% (el dato oficial lo sabremos el 25 de febrero), cifra que hace ver a las pasadas crisis como asunto menor (en 1983 el PIB cayó -4.35%, en 1986 fue de -3.73%, en 1995 de -6.25% y en 2009 la caída fue de -5.28%). El colapso económico del año que acaba de terminar se dio por shocks de oferta y de demanda, y hablando de ésta última, es bien sabido que prácticamente todos los componentes de la demanda agregada del país se colapsaron. De acuerdo con cifras del INEGI, en el comparativo de los primeros nueve meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 vemos que, en términos reales, el consumo privado presentó una caída de -11.5%, el consumo de gobierno creció 2.5%, la formación bruta de capital fijo (inversión) cayó -20.1%, la variación de existencias (inversión) disminuyó -12.4%, mientras que las exportaciones de bienes y servicios se contrajeron -10.9%.

Como se puede apreciar, fuera del consumo de gobierno, en los primeros nueve meses de 2020, el componente de la demanda agregada del país que registró el desempeño “menos malo” fue el de exportaciones. Esto es muy relevante dado el enorme peso que tienen las ventas al exterior como proporción del PIB, siendo éste de 36.82% en los primeros tres trimestres de 2020. El dato pudiera parecer poco relevante, pero si consideramos que más de una tercera parte de lo que producimos depende del dinamismo económico del resto del mundo, pues las cosas adquieren otra perspectiva.

Es así que dada la importancia que tiene el comercio exterior para nuestro país, en esta entrega analizo las cifras de su desempeño en el acumulado a octubre de 2020, respecto a cómo se comportaron nuestras exportaciones e importaciones de mercancías en el comercio con las diversas zonas geográficas del mundo.

Exportaciones

En los primeros diez meses de 2020, las exportaciones de mercancías de México totalizaron 336.187 miles de millones de dólares (mmdd), cifra que representa una caída de -12.6% respecto a los 384.502 mmdd exportados en los primeros diez meses de 2019. De los 336.187 mmdd exportados, el 83.8% tuvo como destino las naciones de Norteamérica, el 4.4% fueron para las de Centro y Suramérica, el 5.5% para las de Europa, el 5.8% para las de Asia, el 0.2% para las de África el 0.3% para las de Oceanía y el restante 0.1% para países no identificados. Las cifras siguen evidenciando nuestra gigantesca dependencia respecto al desempeño del mercado estadounidense (de acuerdo con el Banco Mundial, el PIB de Estados Unidos habría caído -3.6% en 2020) no obstante que en los discursos de los sectores público y privado, se habla hasta el cansancio de la necesidad de hacer mayor uso de nuestra red de tratados comerciales y diversificar nuestras ventas al exterior.

Ahora, en cuanto a la evolución del valor (en dólares) de las exportaciones en el comparativo de los primeros diez meses de 2019 y los mismos meses de 2020, tenemos que las exportaciones de mercancías dirigidas a las naciones de Norteamérica cayeron -12.2%, las que van a los países de centro y Suramérica bajaron -20.8%, las que van a las de Europa bajaron -15.8%, las que van a las de Asia disminuyeron -7.3%, las que van a las de África bajaron -25.1%, y las que van a Oceanía retrocedieron -8.2%. Queda claro que el desempeño menos malo de nuestras exportaciones se dio en aquellas dirigidas a Asia, mientras que el peor desempeño ocurrió en aquellas que van a África (que realmente son poco significativas) y las que van a Centro y Suramérica.

Como se señaló líneas arriba, se debe destacar que la caída del PIB de Estados Unidos fue de apenas -3.6% y eso ayudó a que en el acumulado de los primeros diez meses de 2020 nuestras exportaciones de mercancías a Norteamérica hubieran caído sólo -12.2%. Es de esperarse que con las cifras finales de todo el 2020 veamos que la caída de exportaciones a totales haya sido de un -10.2% aproximadamente.

Importaciones

En los primeros diez meses de 2020 las importaciones de mercancías por parte de México sumaron 311.005 mmdd, cifra que implica una caída de -18.8% respecto de los 382.995 mmdd de importaciones registrados en los primeros diez meses de 2019. De los 311.0 mmdd de importaciones, el 45.9% tuvo como origen las naciones de Norteamérica, el 3.3% provinieron de los países de Centro y Suramérica, el 12.0% de las de Europa, el 38.2% de las de Asia, el 0.3% de las de África y el 0.2% de Oceanía.  De entrada llama la atención que mientras que Norteamérica es el destino del 83.8% de nuestras exportaciones, dicha región del mundo es el origen de apenas el 45.9% de nuestras compras del extranjero. En contraste, Asia es el destino del 5.8% de nuestras exportaciones, pero de esas naciones proviene el 38.2% de las mercancías que importamos.

Ahora, en cuanto a la evolución de las importaciones por región del mundo, primero debemos señalar que la caída de las importaciones mexicanas de -18.8% es producto de la severa contracción de la actividad económica en nuestro país. Si la actividad manufacturera se frena, cae la importación de materias primas y bienes intermedios, mientras que la pérdida de poder adquisitivo de la población ha provocado que caigan las importaciones de bienes de consumo final. En el comparativo de los primeros diez meses de 2019 y los mismos meses de 2020, tenemos que las importaciones de México desde Norteamérica cayeron -21.2%, las de Centro y Suramérica retrocedieron -18.7%, las de Europa cayeron -21.1%, las de Asia bajaron -14.9%, las originarias de África bajaron -21.5%, mientras que las que vienen de Oceanía bajaron -22.4%.

Es pertinente precisar que la caída de las importaciones, más allá de ser un síntoma de la recesión que vive nuestro país, tiene un efecto positivo para la recuperación económica de algunos sectores económicos en la medida en que esto implique que se consumen más productos hechos en México. Este es un tema que abordaré en otra entrega.

Saldo de la balanza comercial

Derivado de que las importaciones de México cayeron más de lo que disminuyeron nuestras exportaciones, es que en el periodo del comparativo de los primeros diez meses de 2019 a los mismos meses de 2020, nuestra posición en la balanza comercial mejoró con respecto a algunas regiones del mundo. Vemos que en los primeros diez meses de 2019 México registró un superávit en su balanza comercial total de 1.507 mmdd, mientras que en los primeros diez meses de 2020 dicho superávit aumentó hasta los 25.182 mmdd, lo que implica un aumento de 1,570.5%. Esto sin duda son buenas noticias para nuestras cuentas externas (y de hecho esto ayuda a la fortaleza relativa del peso frente al dólar), pero si debe quedar bien claro que este mayor superávit del 2020 no es producto de que estemos exportando más, sino que es el resultado de que nuestras importaciones cayeron más que nuestras exportaciones, lo que a su vez se debe a que la economía mexicana fue de las que más se contrajo en 2020.

En cuanto al saldo de la balanza comercial de México con las distintas regiones del mundo, tenemos que con Norteamérica pasamos de un superávit de 145.646 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de 143.294 mmdd en los mismos meses de 2020, lo que implica que dicho superávit se redujo en -1.6%. En relación a Centro y Suramérica, pasamos de un superávit de 5.771 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de 4.298 mmdd, lo que implica una disminución de -25.5% en el balance positivo que se venía observando.  Con respecto a Europa hubo una mejoría importante, ya que pasamos de un déficit de -25.412 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de -18.899 mmdd en los mismos meses de 2020, lo que significa que nuestro déficit con esa región del mundo bajó -25.6%.

La región con la que tuvimos la principal mejora en nuestra balanza comercial fue con Asia, ya que pasamos de tener un déficit de -118.662 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de -99.372 mmdd en los mismos meses de 2020. Esto significa que nuestro déficit con dicha región disminuyó en -16.3%, cifra equivalente a 19.291 mmdd menos de déficit. Respecto a África el déficit de México se mantuvo casi sin cambios en torno al medio millardo de dólares, mientras que con Oceanía nuestro superávit creció un poco al pasar de 327 millones de dólares (mdd) a 394 mdd.

Conclusiones

Lo que podemos concluir de todo esto es que en los primeros diez meses de 2020 las cuentas externas de México han mostrado un buen desempeño, pero esto se debe principalmente a que la fuerte crisis económica que vivimos ha frenado nuestras importaciones más de lo que se cayeron las exportaciones. Sin embargo las positivas perspectivas económicas para el PIB mundial y de los Estados Unidos en el 2021 (el Banco Mundial estima un crecimiento de 3.7% para el mundial y de 4.0% para nuestro vecino del norte) hacen pensar que el 2021 será un año de una importante recuperación de las ventas al exterior. Esto es muy importante, sobre todo cuando se considera que el mercado interno mexicano se recuperará a sus niveles precrisis hasta el 2023 en el mejor de los casos. Esto significa que las empresas que incursionen en los mercados de exportación son de las que más rápido se recuperarán. Es así pues, que la exportación puede ser el principal motor de crecimiento para las empresas manufactureras nacionales que hagan la tarea.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Ganadores y perdedores en la manufactura en 2020

Estamos a unos cuantos días de que termine el 2020, año que será recordado como uno de los peores en la historia moderna de México y el mundo. Si bien, el pesimismo en los pronósticos se ha moderado, sigue siendo terrible el hecho de que se espera que este año el Producto Interno Bruto (PIB) de México se contraiga -8.99% y que rebote apenas 3.54% en 2021 y 2.59% en 2022. De cumplirse estas expectativas por parte de los analistas encuestados por Banxico, significa que al término de 2022 estaremos todavía 3.34% por debajo del nivel de PIB que registramos en 2019.

Cabe señalar que con todo y que se espera esta caída de cerca del -9% en 2020, hay sectores que han sido mucho más afectados, cayendo a tasas de doble dígito, mientras que unos pocos han crecido, pese a todo. En esta entrega presento la evolución del valor de la producción de las diferentes actividades que componen la industria manufacturera nacional, y veremos cuáles son los sectores ganadores y perdedores.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, el  agregado de la industria manufacturera en México continuó recuperándose durante el pasado mes de octubre, aunque con una gran polarización. Si analizamos la evolución nominal del valor de la producción, vemos que hay actividades como la fabricación de equipo de transporte que creció 16.73% en términos anualizados, coexistiendo con actividades como la fabricación de prendas de vestir que cayó -26.30%. Es así que en el agregado de todas las actividades manufactureras, el valor de la producción de octubre muestra que ya se tienen dos meses consecutivos de aumentos anualizados en este indicador (4.26% en septiembre y 8.46% en octubre), después de haber registrado caídas anualizadas de hasta -41.68% y -44.30% en abril y mayo, respectivamente.

Como lo señalé líneas arriba, en esta entrega analizamos la evolución de la industria manufacturera, y de cada una de las actividades que la componen, pero lo hacemos para dos periodos: primero, el comparativo de octubre de 2020 respecto del mismo mes de 2019; y segundo, el comparativo del acumulado de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 (Si se desea conocer información detallada respecto al desempeño de determinada actividad manufacturera en 2020, haz click aquí).

Comparativo octubre 2019 a octubre 2020

En el comparativo de octubre de 2019 a octubre de 2020, vemos que el valor de la producción del sector manufacturero aumentó 8.46% en términos nominales.

A continuación se presenta la evolución de cada una de las actividades manufactureras, ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal anualizada): 1. Fabricación de equipo de transporte (16.73%); 2. Industrias metálicas básicas (15.40%); 3. Fabricación de maquinaria y equipo (12.30%); 4. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (11.97%); 5. Fabricación de productos metálicos (10.83%); 6. Industria del plástico y del hule (8.10%); 7. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (6.33%); 8. Industria de la madera (5.40%); 9. Industria de las bebidas y del tabaco (5.04%); 10. Industria alimentaria (4.95%); 11. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (4.15%); 12. Industria del papel (2.21%); 13. Industria química (0.10%); 14. Otras industrias manufactureras (-4.11%); 15. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-6.06%); 16. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-10.10%); 17. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-11.61%); 18. Impresión e industrias conexas (-13.57%); 19. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-16.07%); 20. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-19.10%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-26.30%).

Si tomamos en consideración que la inflación anualizada en octubre de 2020 fue de 4.09%, queda claro que de las 21 ramas de actividad manufacturera, solo 11 presentaron crecimiento anualizado en términos reales en el periodo de octubre de 2019 al mismo mes de 2020.

Comparativo primeros diez meses de 2019 a primeros diez meses de 2020

No obstante que la industria manufacturera presentó incrementos anualizados en septiembre y octubre de este año, cuando se analiza el balance de los primeros diez meses del año, el saldo es bastante negativo ya que el valor de producción disminuyó -9.02% en términos nominales. Esa desfavorable evolución es producto de que solamente dos ramas de actividad muestran un incremento nominal respecto a los primeros diez meses de 2019, y de hecho solo una muestra incremento en términos reales. 

A continuación se presenta la evolución de cada una de las actividades manufactureras ordenadas de mejor a peor desempeño (en paréntesis se muestra el porcentaje de variación): 1. Industria alimentaria (4.70%); 2. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (1.69%); 3. Industria del papel (-3.13%); 4. Industria de las bebidas y del tabaco (-3.50%);  5. Industrias metálicas básicas (-5.61%); 6. Industria química (-5.83%); 7. Fabricación de productos metálicos (-5.86%); 8. Industria de la madera (-6.17%); 9. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-6.28%); 10. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-7.81%); 11. Otras industrias manufactureras (-8.25%); 12. Industria del plástico y del hule (-10.63%); 13. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-10.90%); 14. Fabricación de maquinaria y equipo (-10.93%); 15. Impresión e industrias conexas (-15.02%);  16. Fabricación de equipo de transporte (-15.81%); 17. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-18.44%); 18. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-26.84%); 19. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-28.61%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-32.25%); y 21. Fabricación de prendas de vestir (-36.12%).

Estos datos muestran la compleja realidad de la industria manufacturera nacional. Vemos que las dos actividades más afectadas son calzado (-32.25%) y vestido (-36.12%). Esto se debe a varios factores, entre los que destacan: 1. Con la crisis económica, muchas personas han visto afectados sus ingresos y por lo tanto su gasto en bienes semiduraderos; 2. Mucha gente se queda en casa, lo que provoca que la ropa y el calzado se gasten menos; 3. El que no haya eventos sociales como antes, hace que las personas no tengan que comprar calzado y ropa como antes; y 4. El que no haya clases presenciales en las escuelas golpeó severamente a muchos fabricantes de calzado y ropa.

Respecto a esta la severa afectación que se ha causado a varias actividades manufactureras, y las estrategias para su reactivación, es fundamental que se retome con enorme seriedad la lucha contra las importaciones en condiciones de ilegalidad. Y es que no obstante que las importaciones han caído, por la propia contracción de la economía nacional, se siguen presentando problemas de contrabando y subvaluación en las aduanas del país. Por mencionar un ejemplo, en el sector calzado el porcentaje de pares importados en condiciones de presunta subvaluación (precios por debajo del costo de las materia primas utilizadas) subió de 41% en 2019 a 45% en 2020.

Importancia relativa de cada actividad

La evolución en los valores de producción ha provocado que el tamaño relativo de cada una de las actividades manufactureras cambiara de forma importante. En los primeros diez meses de 2019, las cinco principales actividades manufactureras fueron (en paréntesis se indica su participación relativa respecto del valor total de la industria manufacturera): Fabricación de equipo de transporte (35.1%);  Industria alimentaria (15.3%); Industria química (9.4%); Industrias metálicas básicas (7.1%) e Industria de las bebidas y del tabaco (6.1%). De esta manera, estas cinco actividades generaron en los primeros 10 meses de 2019, el 73.0% del total del valor de producción de la industria manufacturera nacional.

Ahora, en cuanto a la participación relativa de las principales actividades manufactureras en los primeros 10 meses de 2020, tenemos que comparado con 2019, la Fabricación de equipo de transporte disminuyó su importancia a 32.5%, la Industria alimentaria la aumentó a 17.6%, la Industria química subió ligeramente a 9.7%, las Industrias metálicas básicas subieron un poco hasta 7.4%, mientras que la Industria de las bebidas y del tabaco creció hasta representar el 6.5%. Estas cinco actividades aumentaron su participación relativa en la economía a 73.7% del total del valor de producción  de la industria manufacturera.

Conclusiones

No cabe duda que la recuperación económica está en marcha y que el agregado del sector manufacturero es parte de ello, pero no se puede dejar de reconocer que hay actividades productivas con severos problemas ocasionados por la caída en los ingresos de la población, el cierre de algunos canales de comercialización, así como el cambio en los hábitos de consumo de la población. Muchos empresarios han iniciado largos procesos de transformación y ajuste, algunos otros no han aguantado más y tomaron la dolorosa decisión de cerrar su empresa.

Lo más lamentable es que con independencia de que México es uno de los países en los que menos apoyos hubo por parte del gobierno federal para empresas y sus trabajadores, es que los tiempos difíciles están lejos de terminar por lo que habremos de ver nuevas restricciones a la actividad económica, como las que se acaban de establecer para la Ciudad de México, en la que centros comerciales y tiendas departamentales tienen que cerrar de nuevo en la mejor temporada de ventas del año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleondrogomezt

La recuperación económica se estanca…..en un nivel muy bajo

Cada vez son más los gobiernos estatales que imponen restricciones a la actividad económica, en aras de tratar de frenar la creciente propagación del Covid-19. Desde mi punto de vista, el limitar la actividad en algunos horarios y días no es la medida más efectiva para frenar la propagación de la enfermedad, ya que los colaboradores de muchas empresas están más seguros en los centros de trabajo que en sus casas. Muchas empresas han implementado protocolos sanitarios y eso mantiene a las personas con bajas probabilidades de contagiarse, ya sea dentro de una fábrica, tienda o restaurante.

Lo que las autoridades deben hacer es hacer obligatorio el uso del cubrebocas en todo momento cuando una persona está fuera de su casa o vehículo. De igual forma, se deben limitar las fiestas que se organizan y tienen una elevada concurrencia de personas.  Si no se toman este tipo de medidas para contener la enfermedad, de nada servirá seguir golpeando las actividades económicas y sólo se generará más desempleo, pobreza y sufrimiento.

Es en este contexto de nuevas limitaciones a la actividad económica, que se publican más indicadores que confirman que la recuperación económica en nuestro país se ha estancado, y lo peor es que lo ha hecho en un nivel de actividad muy por debajo del que registramos en 2019.

El INEGI dio a conocer los datos del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) y los datos son muy preocupantes ya que en septiembre la industria ya no creció respecto a agosto, y esto es relevante porque la industria en México representa poco más del 28% del Producto Interno Bruto (PIB). En esta entrega analizamos primero la evolución del IVFAI en el comparativo de agosto a septiembre de este año, y posteriormente en el comparativo de septiembre de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Evolución de agosto a septiembre de 2020

Con cifras desestacionalizadas, en el comparativo de agosto a septiembre de 2020, el total del volumen físico de la actividad industrial disminuyó -0.05%, con lo que se le pone freno a una racha de tres meses consecutivos en los que la actividad industrial crecía. La caída marginal de -0.05% es producto de que la Minería aumentó 0.2%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final cayó -3.1%; la Construcción decreció -5.6%; mientras que las Industrias manufactureras aumentaron 2.4%.

El aumento de 2.4% por parte de la industria manufacturera se debe a la siguiente evolución de cada una de las ramas de actividad (en paréntesis se indica el porcentaje de variación mensual): Industria alimentaria (1.2%); Industria de las bebidas y del tabaco (-2.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (2.8%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (1.2%); Fabricación de prendas de vestir (6.1%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (3.7%); Industria de la madera (-1.1%); Industria del papel (1.4%); Impresión e industrias conexas (-1.2%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (21.7%); Industria química (0.0%); Industria del plástico y del hule (1.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (0.8%); Industrias metálicas básicas (12.3%); Fabricación de productos metálicos (0.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (-1.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (3.3%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (4.9%); Fabricación de equipo de transporte (5.1%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (0.9%); y Otras industrias manufactureras (1.5%).

Como puede apreciarse, la actividad industrial total se estancó entre agosto y septiembre de 2020, esto se debe porque la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; así como la Construcción presentaron caídas en el mes. Por su parte, en cuanto a la Manufacturera, tenemos que 4 de las 21 ramas de actividad que la conforman, presentaron disminuciones.

Como ya lo mencioné líneas arriba, queda claro pues que la recuperación de la actividad industrial se interrumpió en septiembre y lo peor es que esto se dio en un nivel de actividad económica muy por debajo del observado el año pasado, tal y como veremos a continuación:

Evolución de enero a septiembre de 2020 vs enero a septiembre de 2019

En los primeros nueve meses de 2020 observamos que la totalidad de la actividad industrial está un 12.2% por debajo del nivel observado en los primeros nueve meses de 2019. Esto se debe a que en el mismo periodo la Minería cayó -0.8%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final disminuyó -5.3%; la Construcción se contrajo -19.6%; mientras que las Industrias manufactureras retrocedieron -13.1%.

Entrando en el detalle de la Minería, tenemos que su caída de -0.8% se debió a que la Extracción de petróleo y gas aumentó 0.7%; la Minería de minerales metálicos y no metálicos excepto petróleo y gas decreció -7.7%; mientras que los Servicios relacionados con la minería crecieron 3.2%. 

En cuanto a la caída de -5.3% observada por la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final, tenemos que dicha caída se debió a que la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica se contrajo -5.9%; mientras que el Suministro de agua y suministro de gas por ductos al consumidor final retrocedieron -3.1%.

La Construcción ha sido, desde hace más de dos años, un sector muy golpeado, sobre todo por la contracción de la inversión fija bruta. Su caída de -19.6% en el comparativo de los primeros nueve meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 se debió a que la Edificación cayó -19.1%, la Construcción de obras de ingeniería civil disminuyó -26.4%, mientras que los Trabajos especializados para la construcción cayeron -14.0%.

En relación a las Industrias manufactureras, tenemos que su caída de -13.1% es producto de que sus 21 ramas de actividad están en 2020 en un nivel por debajo del de 2019. A continuación se presenta cada rama de actividad ordenadas de menor a mayor caída (en paréntesis se menciona el porcentaje de disminución): Industria alimentaria (-0.5%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (-3.8%); Industria química (-5.2%); Industria del papel (-6.6%);  Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-9.0%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-9.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-10.9%); Industria de las bebidas y del tabaco (-11.1%); Industrias metálicas básicas (-12.0%); Otras industrias manufactureras (-12.7%); Industria del plástico y del hule (-13.8%); Fabricación de productos metálicos (-14.3%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-17.8%); Industria de la madera (-18.2%); Impresión e industrias conexas (-19.5%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-21.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (        -21.8%); Fabricación de equipo de transporte (-27.5%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-36.5%); Fabricación de prendas de vestir (-37.8%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-38.6%).

En el anterior listado se puede ver que hay 6 ramas de actividad con un nivel de actividad que está entre 0.5 y 10% por debajo del de 2019, hay otras 9 ramas de actividad con un nivel que está entre 11 y 20% por debajo de que tenían en 2019, hay 3 ramas de actividad con un nivel de entre 21 y 30% por debajo del de 2019 y otras 3 que tienen un nivel entre 30 y 40% por debajo del de 2019.

Reflexiones finales

Es en este contexto de una gran debilidad industrial que los estados se mueven hacía las limitaciones a la actividad económica. En anteriores entregas habíamos estimado que el balance del PIB para el 2020 sería de una caída de -8.5%, pero con los cierres que estamos viendo, y el impacto sicológico que estos causan en la población, consideramos que la caída de este año será cercana a un -10.0%.

De igual manera, la recuperación esperada para el 2021 será aun más lenta de lo que se anticipaba. Si bien preveíamos un crecimiento del PIB de 4.0%, consideramos que éste será de 3.5%, dada la debilidad del mercado interno y posibles mayores restricciones a la actividad económica en los Estados Unidos una vez que asuma la presidencia de dicho país el candidato ganador, Joe Biden.

Sigamos preparándonos para un complicado invierno en materia de salud y económica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Sigue la crisis del empleo en México

La enfermedad del Covid-19 sigue activa y varios gobiernos locales han entrado en pánico. De hecho el gobierno de Chihuahua ha decretado el regreso al semáforo rojo, mientras que otros amenazan con hacerlo si la pandemia satura sus endebles sistemas de salud. Aunque hasta ahora la medida no implica el cierre de  actividades productivas no esenciales, como ocurrió en abril y mayo de este año, si se eleva la percepción de miedo por lo que se descarrillan los esfuerzos de recuperación económica. Esto ocurre en un contexto nacional en el que la enorme mayoría de las actividades económicas se ha estancado en la recuperación y aún están muy lejos del nivel de actividad que tenían a principios de este año.

De hecho, el INEGI recién publicó el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) y éste estima que en agosto la actividad económica nacional cayó -7.9% anualizado, mientras que en septiembre se contrajo -6.9%. De esta manera, reitero mi pronóstico de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -8.5% en todo 2020.

En este escenario de una muy lenta recuperación económica, es que el INEGI también dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del mes de septiembre, y en ella se ve claramente que las penurias continúan para millones de mexicanos. En esta entrega presento cómo va evolucionando la situación del empleo en nuestro país, misma que se puede complicar bastante más si en esta temporada de compras en noviembre y diciembre la gente se queda en casa en lugar de salir de compras.

Situación de la fuerza de trabajo

Un primer signo de debilidad en el mercado laboral lo vemos con el tamaño de la Población Económicamente Activa (PEA), misma que sumó 53.8 millones de personas en septiembre de 2020, lo que implica un incremento de apenas 621 mil personas más respecto a agosto pasado. La tasa de participación económica fue de 55.6% de la población en edad para trabajar, 0.5 puntos porcentuales superior a la del mes previo. Como referencia debemos señalar que en septiembre de 2019 la tasa de participación fue de 60.1%, por lo que queda claro que sigue habiendo muchas personas que se retiraron de la fuerza laboral y no han regresado porque tienen miedo de enfermarse o porque de plano saben que no conseguirán un buen trabajo.

En cuanto a la población desocupada, en septiembre de este año ésta representó el 5.1% de la PEA, tasa inferior al 5.4% observado en el pasado mes de julio, pero aun por encima del 3.8% observado en septiembre de 2019. Es así que en términos absolutos, la población desocupada fue de 2.7 millones de personas al mes de septiembre de 2020. Cabe recordar nuevamente que en México la Tasa de Desocupación es más baja que en otros países, no porque aquí tengamos un mercado laboral sólido, sino porque en México no hay seguro de desempleo y la gente no tienen muchos ahorros, además de que hay un problema extendido de economía informal. Es así que una persona que pierde su empleo no se puede dar el lujo de quedarse mucho tiempo desempleado, por lo que si no consigue empleo, pues lo más fácil es salirse a lavar carros o poner un puesto en el tianguis más cercano.

Población ocupada

Durante septiembre de 2020, la población ocupada fue de 51.1 millones, cifra mayor en apenas 670 mil personas comparada con la de agosto del mismo año. Cabe destacar que la población ocupada de hombres fue de 31.5 millones, cifra inferior en -215 mil a la de agosto, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 19.6 millones, 885 mil personas más en el mismo periodo.

Cabe destacar que de acuerdo con las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en septiembre de este año había 19.2 millones de trabajadores asegurados, cifra superior a la de agosto en apenas 113 mil personas. Esto es relevante porque vemos que si bien la población ocupada total aumentó en 670 mil personas, de este total sólo 113 mil obtuvieron un empleo formal registrado en el IMSS. También es relevante señalar que el balance de febrero a septiembre de 2020 sigue siendo muy negativo ya que se han perdido 911 mil empleos formales.

Ahora, en cuanto a los ingresos derivados del trabajo, en septiembre de 2020 vemos que el 23.4% de la población ocupada gana menos de un salario mínimo, el 33.7% percibe de 1 a 2 salarios mínimos, el 14.8% gana de 2 a 3 salarios mínimos, el 6.3% gana de 3 a 5 salarios mínimos, mientras que sólo el 2.5% de la gente que trabaja gana más de 5 salarios mínimos al día. Por su parte, el 6.0% no recibe ingresos por su trabajo. El restante 13.3% de la población ocupada no específico su nivel de ingresos. Es así que en comparación con el mes previo, la población ocupada con una percepción de uno a dos salarios mínimos aumentó 1.1 puntos porcentuales; en cambio, la contribución de los ocupados de 2 a 3 salarios mínimos disminuyó -0.5 puntos porcentuales y el de los ocupados que perciben hasta un salario mínimo disminuyó -0.8 puntos porcentuales, en el mismo periodo.

Con estos bajos niveles de ingresos de la población ocupada es muy difícil que se pueda reactivar el mercado interno, y será aún más difícil si los gobiernos de los estados ponen sus respectivos semáforos de salud en rojo.

Población subocupada y en la informalidad

Posiblemente, uno de los aspectos en donde ha habido una mayor afectación por parte de la crisis económica es en el incremento de la subocupación. Esto es, que hay una enorme cantidad de personas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda. Los subocupados pasaron de 8.6 millones en agosto a 8.0 millones en septiembre de 2020, por lo que hubo una disminución de -583 mil personas; sin embargo, cabe señalar que en septiembre de este año la tasa de subocupación fue de 15.7%, mientras que en septiembre de 2019 fue de 7.9%. La enorme cantidad de personas en una situación de subocupación es indicativo de que sigue habiendo muchas empresas que no han retomado sus actividades al 100% y laboran únicamente dos o tres días a la semana.

En cuanto a la población ocupada y que está en una situación de informalidad, misma que  comprende a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, tenemos que en septiembre de 2020 ésta fue de 28.1 millones, esto es 245 mil personas más que en agosto del mismo año. Cabe señalar que en septiembre de 2019 el número de ocupados en la informalidad fue de 31.3 millones de personas, por lo que queda claro que esta crisis ha afectado a las personas que trabajan tanto en la formalidad, como en la informalidad. La baja tasa de crecimiento del empleo formal nos hace prever que en unos meses el número de personas que trabajan en la informalidad rebasará los 31.3 millones observados en septiembre de 2019.

Conclusiones

Cuando hablamos de una caída del PIB de -8.5% para este 2020 debemos ponerle rostro a la crisis y no hay mejor manera que viendo el impacto de ésta en las condiciones de empleo de la población. Hemos comentado en diversas ocasiones que vamos a tardar hasta el 2024 para recuperar los niveles de producción y consumo que se tenían en 2019, pero si en esta temporada de compras por el Buen Fin en noviembre y la Navidad en diciembre, la gente vive atemorizada por el regreso de los semáforos de salud al color rojo, pues la recuperación será aún más tardada y el sufrimiento y desesperación de las personas que están desempleadas o subempleadas, con un bajo nivel de ingreso, continuará de manera innecesaria.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Colapso de la inversión fija y cancelación de posibilidades de crecimiento

Uno de los componentes de la demanda agregada que más se ha deteriorado en los últimos 20 meses es el de la inversión fija bruta. Esto es muy preocupante porque más allá del efecto negativo de corto plazo causado por una menor demanda, hay un impacto adverso en las posibilidades de crecimiento de la economía en el mediano y largo plazos (por el lado de la oferta), ya que si no hay inversión productiva, no se está reponiendo el capital requerido para la producción de bienes y servicios. En otras palabras, en México estamos viviendo un proceso de destrucción neta de capital fijo, lo cual limita lo que se podrá producir en la próxima década y merma la productividad de la mano de obra.

Los problemas en la formación de capital fijo bruto no son nuevos y vemos que desde el año 2019 éste ya presentaba problemas considerables por culpa de ciertas decisiones del gobierno federal, así como por las malas señales enviadas por algunos legisladores de izquierda. Con datos del INEGI vemos que en 2019 la inversión física bruta disminuyó -5.1% en términos anualizados, pero si además  consideramos que en ese año la población ocupada aumentó en 1.488 millones de personas (equivalente a un incremento de 2.7%), pues podemos estimar la fuerte caída de la relación de capital por trabajador, la cual resulta de un -7.62%, lo que seguro ha tenido un impacto muy nocivo en la productividad de la mano de obra y de sus posibilidades de mejorar sus niveles de ingreso.

En el año 2020, con el cierre de la actividad económica y sin medidas por parte del gobierno federal que restauren la confianza de los empresarios, el problema de la caída de la inversión fija bruta se ha exacerbado de manera por demás preocupante. A continuación se presenta el análisis de lo que ha sucedido con la inversión fija bruta en el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, y posteriormente se analiza el comparativo en el periodo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Comparación de enero a julio de 2020 respecto a enero a julio de 2019

En el comparativo del acumulado de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 vemos una caída de -21.4% en el índice de volumen físico de la inversión fija bruta total. Esta fuerte caída es producto de que la inversión en construcción cayó -20.1%, mientras que la inversión total en maquinaria y equipo se contrajo -23.2%.

En cuanto a la caída de -20.1% en la inversión en construcción, vemos que esta caída se debe a que la construcción residencial se contrajo -20.4%, mientras que la construcción no residencial cayó -19.8%. Ahora, tenemos que la caída de -23.2% en la inversión en maquinaria y equipo se debe a que la inversión nacional en equipo de transporte disminuyó -33.0%, la inversión nacional en maquinaria, equipo y otros bienes cayó -20.3%, la inversión en equipo de transporte importado disminuyó -36.9%, mientras que la inversión de origen importado en maquinaria, equipo y otros bienes cayó -16.5%.

Comparación julio 2019 a julio 2020

Los datos más recientes que nos proporciona el INEGI al momento de escribir estas líneas son los correspondientes a julio de 2020 y éstos siguen mostrando un escenario muy complicado. Tenemos que en el comparativo de julio de 2020 respecto del mismo mes de 2019, la inversión fija bruta total muestra una caída de -21.2%, lo cual es producto de una contracción de -23.7% en la construcción total y una caída de -18.1% en la inversión en maquinaria y equipo total.

La caída de -23.7% en la construcción total se debe a que la construcción residencial cayó -21.7%, mientras que la construcción no residencial se contrajo -25.8%. Por su parte, la caída de -18.1% en la inversión en maquinaria y equipo total es producto de que la inversión nacional en equipo de transporte disminuyó -24.5%, la inversión nacional en maquinaria, equipo y otros bienes se contrajo -20.5%, la inversión de origen importado en equipo de transporte disminuyó -35.3%, mientras que la inversión de origen importado en maquinaria, equipo y otros bienes disminuyó -10.7%.

Razones del colapso en la inversión fija bruta

Hay diversas razones de la fuerte disminución en 2019 y 2020, y una de ellas es la falta de confianza empresarial ocasionada por las erráticas señales enviadas por el gobierno federal y por diversos legisladores de izquierda que han presentado diversas iniciativas de ley que de materializarse ponen en riesgo la viabilidad económica del país.

Para ilustrar la falta de confianza empresarial en el ámbito del sector manufacturero, tenemos que de acuerdo con el INEGI, al mes de septiembre de este año, el Indicador de Confianza Empresarial Manufacturero se ubicó en un nivel 9.5 puntos por debajo de su nivel de septiembre de 2019, con lo que acumula 13 meses consecutivos en un nivel por debajo del umbral de 50 puntos (nivel por debajo del cual implica falta de confianza por parte de los empresarios). Al desglosar este indicador vemos que respecto al subíndice que mide si es el momento adecuado para invertir, éste muestra un nivel 17.4 puntos por debajo del valor que tenía en septiembre de 2019, con lo que acumula 86 meses por debajo del umbral de 50 puntos.

En relación al Indicador de Confianza Empresarial de la Construcción, tenemos que en septiembre de 2020 éste presentó un valor 7.7 puntos por debajo del nivel de septiembre de 2019 y acumuló 23 meses por debajo del umbral de 50 puntos. De igual forma, en cuanto al subíndice de si es el momento adecuado para invertir, éste presenta un valor 8.3 puntos por debajo del observado en septiembre de 2019, con lo que acumuló 86 meses por debajo del umbral de 50 puntos.

Finalmente, en relación al Indicador de confianza empresarial del sector comercio, éste presentó un valor de 9.4 puntos por debajo del observado en septiembre de 2019, con lo que acumuló 11 meses por debajo del umbral de los 50 puntos. En relación al subíndice de si es el momento adecuado para invertir, tenemos que éste presentó en septiembre de 2020 un nivel 15.4 puntos por debajo del observado en igual mes de 2019, con lo que acumuló 84 meses por debajo del umbral de 50 puntos.

Más allá de la falta de confianza empresarial, que es importantísimo, otro factor que ha ocasionado la fuerte caída de la inversión fija bruta ha sido la enorme baja en los niveles de consumo privado, ya que los empresarios sienten poco incentivo a ampliar sus capacidades productivas cuando el mercado está contraído. De acuerdo con el INEGI, en el comparativo de los primeros siete meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior presenta una caída de -11.8%, producto de que el consumo de bienes y servicios de origen nacional cayó -11.3%, mientras que el consumo de bienes de origen importado disminuyó -13.5%.

En cuanto a la caída de -11.3% en el consumo de bienes y servicios de origen nacional, tenemos que el consumo de bienes duraderos presenta una caída de -21.2%, la de consumo de bienes semiduraderos muestra una disminución de -35.7%, mientras que el consumo de bienes no duraderos está abajo -2.1%.

Conclusiones

La caída en la inversión fija bruta que se ha venido dando desde el 2019, y que se ha deteriorado aún más en 2020, será la mayor limitante para las posibilidades de crecimiento de la economía nacional en la próxima década. El nivel de destrucción de capital, al no reponer los activos que se deprecian y deterioran, provoca una fuerte caída de la relación de capital por trabajador, lo que se traduce en bajos niveles de productividad y por lo tanto bajos niveles salariales.

El problema es que el gobierno federal parece no entender esto y muestra de ello es que no ha generado ni un solo incentivo para que las empresas inviertan, y por el contrario, toma decisiones que hacen que muchos empresarios decidan no apostar por el crecimiento y ampliación de las capacidades productivas de sus negocios.

Nos tomará muchos años salir de la trampa de pobreza en la que hemos caído. Lo que sucedió en 2019 y 2020 será recordado como años verdaderamente obscuros, no por el Covid-19, sino porque el gobierno federal no hizo nada para evitar el colapso de la inversión productiva, y la consecuente pérdida de productividad y de niveles de ingreso de la población ocupada. 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Lo peor de la crisis está por llegar?

«El bienestar de la gente en particular, siempre ha sido la coartada de los tiranos».

– Albert Camus (2012). “Resistencia, rebelión y muerte: ensayos”, p.101, Vintage

Con el afán de acabar con los contagios, los gobiernos han implementado medidas que han mermado severamente la actividad económica a un costo enorme. El sacrificio y sufrimiento para millones de personas que han perdido su empleo, han visto disminuida su jornada laboral o han sufrido un recorte en sus ingresos, ha sido mayúsculo. En México, en materia de empleo los indicadores de abril y mayo fueron terribles por la disminución de 12 millones de personas de la Población Económicamente Activa y por el incremento del subempleo hasta un 29.9%. En junio vimos una incipiente recuperación y en julio confirmamos que esto tardará mucho en resolverse. Para ilustrar esto tenemos que la semana que recién concluyó, el INEGI publicó los Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo nueva edición (ENOEN) con datos a julio, y entre los resultados más importantes de ésta tenemos lo siguiente:

1. La ENOEN en julio de 2020, reportó un incremento de 1.5 millones de personas en la PEA, con una Tasa de Participación Económica de 54.9% respecto a la población de 15 años y más, cifra 1.8 puntos porcentuales superior a la de junio pasado, pero aun por debajo del 59.8% observado en marzo de este año. Esto implica que en el séptimo mes de 2020, la población ocupada resultó en 49.8 millones de personas. No obstante lo anterior, la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no trabajó ni buscó trabajo pero que aceptaría un trabajo si se lo ofrecieran, fue de 11.3 millones.

2. La población desocupada fue de 5.4% en julio y de 5.5% en junio como proporción de la PEA, porcentaje equivalente a 2.8 millones de personas en ambos meses. En julio de 2019 la tasa de desocupación fue de 3.7%. ¿Por qué no ha aumentado más el desempleo? Como ya lo hemos señalado, por dos razones principales: 1. Mucha gente sigue en casa sin buscar trabajo porque tiene miedo al Covid o porque sabe que de plano es muy difícil conseguir un empleo en la actual situación económica, y 2. Porque la economía informal siempre será una vía de escape para millones de personas que no encuentran una ocupación en el sector formal de la economía.

3. La población ocupada a tiempo parcial (jornadas inferiores a 35 horas semanales) disminuyó en (-)2 millones entre junio y julio de 2020. La ENOEN en julio de 2020 registró una tasa de subocupación de 18.4%, cifra inferior en (-)1.6 puntos porcentuales a la de junio del mismo año. Este descenso representa una variación de (-)0.5 millones de personas ocupadas. Estas cifras denotan una mejoría, pero debemos considerar que la tasa de subocupación era de apenas 7.9% en julio de 2019.

4. La ocupación informal en julio de 2020 ascendió a 27.3 millones, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 54.9%, cifra mayor en 1.9 puntos porcentuales comparada con la del mes previo. En julio de 2019 había 30.9 millones de personas laborando en la economía informal, por lo que es de esperase que a finales de este año el número de personas laborando en la informalidad supere las 31 millones de personas.

Las cifras se dicen fácil, pero el hablar de un problema de desempleo, subempleo y pérdida de ingresos que afecta a millones de personas es una verdadera tragedia. Con esto en mente, quiero pasar a comentar un artículo de Gary Barnett titulado “¡La Destrucción Económica de 2020 debido a la respuesta del Estado, palidecerá en comparación de lo que viene!” el cual hace una dura crítica a la manera cómo los gobiernos, en especial el de Estados Unidos, han respondido a la pandemia del Covid-19, con una agenda obscura de empobrecimiento de las mayorías para el beneficio de un grupo que se encuentra por encima del propio gobierno federal.

El artículo de Barnett señala que hay una elite económica, encabezada por banqueros, aquellos que están en el gran mundo corporativo y quienes controlan la política monetaria y económica. Esta élite está por encima del gobierno,  pero no obstante lo anterior, el gobierno federal es responsable de la destrucción económica por ser el iniciador y ejecutor de políticas que tienen como objetivo enriquecer a unos pocos que se encuentran en lo más alto de la pirámide a costa del bienestar las mayorías. Esto nunca había sido más evidente que ahora. Es interesante ver como la empresa Zoom ahora vale más que Boeing, IBM, Starbucks, entre muchas más, con un valor de capitalización de 122 mil millones de dólares.

La mayoría de los países han pasado por un infierno este año debido a las políticas implementadas para combatir lo que se ha llamado una «pandemia» mortal. Teniendo en cuenta la evidencia y las cifras actuales de muertes totales, esta «pandemia» ha demostrado “ser un fraude” (al momento de escribir estas líneas van 883 mil muertes a nivel mundial, lo que representa el 0.011% de la población total).  Aparentemente, eso no importa, ya que el público en general ha aceptado la propaganda y ha aceptado inmensas medidas draconianas que han devastado la economía y la salud natural de la población. Hasta ahora, las cosas han ido exactamente según lo planeado, y la gente ha dado por un hecho la exageración hasta el punto de permitir la destrucción de su sistema inmunológico natural al estar encerrados y sin contacto con otras personas; además de que en muchos casos, han permitido la destrucción de su patrimonio y sus medios de sustento económico. Esto no augura nada bueno para el futuro si no se revierte la tendencia actual, señala Barnett.

Los sistemas económicos en todo el mundo, y en especial de las economías desarrolladas,  se han hinchado por el aumento constante en la oferta monetaria durante al menos los últimos 12 años o más. Solo este año, esa expansión se ha disparado exponencialmente y no se ve que vaya a terminar pronto, y por supuesto que esta expansión monetaria se atribuyó al brote del virus. Con este tipo de expansión, y la respuesta coincidente de cierre de la actividad económica, de negocios y viajes, cuarentenas y propaganda del miedo, algunos precios han aumentado dramáticamente y el desempleo se ha disparado. Se han cerrado miles de empresas en todo el país, muchas de forma permanente y otras tantas se han visto obligadas a declararse en quiebra. Por supuesto, a las que peor les ha ido es, en su mayor parte las pequeñas y medianas empresas, lo que constituye la columna vertebral de las economías como la de Estados Unidos y México. El desempleo causado por esta dura e injustificada respuesta del gobierno ha sido inimaginable y ha llevado a más de 40 millones de personas en los Estados Unidos a quedarse sin trabajo. En el caso de México, abordamos el tema de la afectación al empleo al inicio de esta entrega. Esto hecho por sí solo, tiene el potencial de destruir la economía de cualquier país, pero desafortunadamente esto podría ser solo el comienzo.

Se me viene a la mente la pregunta que se pudieron haber formulado los chinos. ¿Cómo destruir la planta manufacturera mundial? Sencillo, con un virus que obligue a muchas empresas a cerrar, para que luego esa producción “faltante” sea reemplazada por fábricas chinas. Es una magnifica manera de llenar los pedidos faltantes ocasionados por la guerra comercial con los Estados Unidos. Por eso es fundamental salvar la planta productiva nacional, aunque en México el gobierno federal ha mostrado una y otra vez su desdén en contra de los empresarios.

De acuerdo con Barnett, la destrucción de la economía como la conocíamos es un aspecto necesario del plan para promover una gobernanza global. Entre más personas haya sin trabajo y dependientes del gobierno, éstas serán mucho más fáciles de controlar. La pobreza masiva ya es evidente, el suministro de alimentos ha sido menguando en algunas regiones, hay muchos que son incapaces de mantener a sus familias, y la hambruna entre una gran parte de la población es ciertamente posible. Esta es la agenda buscada por aquellos en la clase dominante que necesitan que se cumpla para reestructurar el sistema económico global. El colapso económico que se avecinaba después de las debilidades expuestas tras la crisis de 2008, era más que inminente, pero ahora se está impulsando ese colapso a una mucho mayor velocidad y se ha usado al Covid-19 como “chivo expiatorio” para generar el deseado “reinicio económico”.

La mayor amenaza que enfrentamos la viviremos en el próximo otoño e invierno, ya que esta temporada de gripe probablemente será mucho peor de lo normal debido al debilitamiento intencionado del sistema inmunológico de la mayoría de las personas. Negarse a someterse a las órdenes gubernamentales  que debilitan el sistema inmunológico, ciertamente detendría en seco este ataque de tiranía. Eso no ha sucedido hasta ahora, pero sin esa disidencia, enfrentaremos renovados problemas de salud que se traducirán en un agravamiento del problema económico. Imagínese todo lo malo que ha sucedido en los últimos 6 meses y luego duplique o triplique esa respuesta. La respuesta gubernamental vista hasta ahora será eclipsada por la respuesta que veremos este invierno si el número de muertos es mayor como lo predice Gary Barnett.

Es así que al parecer muy pronto se verá en algunos países una respuesta gubernamental mucho más estricta conforme los casos de influenza tradicional se confunden con casos de Covid-19. Existe una programación y la próxima gran ola de contagios está planificada y lista para lanzarse en las próximas semanas. Ya en diversos países se están adoptando medidas mucho más brutales y opresivas por el incumplimiento del uso de máscaras, el distanciamiento y la evasión de cuarentena. Estamos en la víspera de medidas mucho más duras y los gobernantes deben acostumbrar a la población a una ampliación en su vigencia de manera que puedan hacer los cambios necesarios en el sistema económico. Es así que este otoño e invierno serán los más importantes para el país, tal vez el tiempo más importante de la historia.

Si continúa el cumplimiento masivo de las medidas que han dado echado a perder la economía, y si no se produce el desacuerdo de amplios sectores de la población, la vida tal como la conocemos podría terminar antes de la primavera de 2021. El reinicio o establecimiento de un nuevo orden económico global podría estar avanzando ahora mismo a un ritmo tal que luego sea casi imposible de detener.

Con más cierres de la actividad económica, más cuarentenas, más aislamiento social y más destrucción de la economía, el desempleo se disparará a niveles inauditos, causando aún más enfermedades, muertes y tiranía a manos del gobierno. Además, cuantas más muertes ocurran, más draconianas se volverán las políticas públicas, y la matanza provocada por la respuesta maligna a este llamado virus no cejará, solo empeorará. ¿Imagínese un desempleo en los Estados Unidos en niveles de 50%, 60% o más?

Todo esto conduce a una vacuna mundial obligatoria que se lanzará en algún momento de este otoño o invierno. Si la mayoría de la población mundial se pone esta vacuna, algo que ahora parece posible, los efectos resultantes de estas toxinas que se desconocen en este momento ya habrán entrado en acción dentro de los cuerpos de la mayoría de la población. ¿Qué daño traerá eso? ¿Será irreversible?

Barnett finaliza señalando que en esta etapa, el plan para la gobernanza global habrá avanzado, y estaríamos en camino de establecer una sociedad que no utiliza el efectivo, con todos los sistemas monetarios volviéndose digitales y siendo todas las transacciones rastreables. Adiós a la privacidad. Esto marcará el final de una era que comenzó con la libertad, pero que terminará en muerte, destrucción, esclavitud y tiranía. No se puede permitir que esto ocurra.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandroparaleonejandrogomezt

El circulo vicioso por la crisis del comercio y del empleo

En la pasada entrega hacíamos mención de la fuerte caída de la producción industrial, y señalamos que en esta ocasión abordaríamos cómo es que el mercado interno se encuentra en terapia intensiva, lo cual se puede confirmar al ver la evolución de las ventas del comercio al menudeo. Esto es relevante, porque es de esperarse que en la medida en que la demanda (ventas al por menor de productos terminados) es baja, la producción  industrial de bienes y servicios finales no se reactivará. Entonces el bajo nivel de consumo es uno de los factores que explica las fuertes caídas en el nivel de producción industrial, en especial en las manufacturas, que comentábamos la semana pasada.

El INEGI publicó los resultados de la Encuesta mensual sobre empresas comerciales (EMEC) y en ella podemos ver la evolución de los ingresos totales por suministro de bienes y servicios (ventas) para el comercio al por menor. En este rubro, vemos que en el comparativo del segundo trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019, el comercio al por menor total se contrajo -21.3%. Esta cifra explica buena parte de la caída de -29.6% registrada por parte de las manufacturas en el mismo periodo.

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La caída de -21.3% en las ventas del comercio al menudeo es producto de la siguiente evolución (en paréntesis se muestra el porcentaje de variación anualizada en el segundo trimestre de 2020): Comercio al por menor de abarrotes, alimentos, bebidas, hielo y tabaco (-24.5%); Comercio al por menor en tiendas de autoservicio y departamentales (-8.9%); Comercio al por menor de productos textiles, bisutería, accesorios de vestir y calzado (-70.3%); Comercio al por menor de artículos para el cuidado de la salud (+1.2%); Comercio al por menor de artículos de papelería, para el esparcimiento y otros artículos de uso personal (-58.9%); Comercio al por menor de enseres domésticos, computadoras, artículos para la decoración de interiores y artículos usados (-27.8%); Comercio al por menor de artículos de ferretería, tlapalería y vidrios (-11.5%); Comercio al por menor de vehículos de motor, refacciones, combustibles y lubricantes (-28.0%); y Comercio al por menor exclusivamente a través de Internet, y catálogos impresos, televisión y similares (+60.5%).

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Entrando al detalle de las categorías mencionadas en el párrafo anterior, tenemos la siguiente evolución de cada rama del comercio al por menor (en paréntesis se menciona el porcentaje de cambio anualizado en el segundo trimestre de 2020): Abarrotes y alimentos (-20.6%); Bebidas, hielo y tabaco (-52.3%); Tiendas de autoservicio (2.5%); Tiendas departamentales (-52.8%); Ropa, bisutería y accesorios de vestir (-71.7%); Calzado (-72.4%); Artículos de perfumería y joyería (-65.5%); Artículos para el esparcimiento (-72.5%); Artículos de papelería, libros, revistas y periódicos (-49.1%); Mascotas, regalos, artículos religiosos, desechables y otros artículos de uso personal (-48.2%); Muebles para el hogar y otros enseres domésticos (-22.6%); Mobiliario, equipo y accesorios de cómputo, teléfonos y otros aparatos de comunicación (-28.5%); Artículos para la decoración de interiores (-51.4%); Artículos usados (-42.7%); Automóviles y camionetas (-45.0%); Partes y refacciones para automóviles, camionetas y camiones (-23.4%); Motocicletas y otros vehículos de motor (-25.3%); y Combustibles, aceites y grasas lubricantes (-17.8%).

Vemos que de todas las categorías del comercio al menudeo, solamente tres presentan una evolución favorable en el segundo trimestre de 2020: 1. Comercio al por menor en tiendas de autoservicio; 2. Comercio al por menor de artículos para el cuidado de la salud; y 3. Comercio al por menor exclusivamente a través de Internet, y catálogos impresos, televisión y similares.

Como se puede apreciar, la evolución del comercio es otro signo más del desastre económico que vivimos, el cual es producto de varios factores, de los cuales destacan dos:

1. El cierre total o parcial de la actividad económica y la campaña de “quédate en casa”, lo que ocasiona que la gente tenga miedo y no salga a consumir, más que en lo esencial.

2. La terrible pérdida de empleo, el aumento del subempleo, pero sobre todo, la caída en el poder adquisitivo de la población ocupada.

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Con respecto al segundo punto, vale la pena destacar algunos de los principales resultados de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo de junio, mismos que dan cuenta de la afectación a la población:

a. La Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, quienes no buscaron trabajo, pero aceptarían uno si se los ofrecieran, fue de 13.2 millones de personas en el sexto mes de 2020. Gran parte de estas personas son gente que solía tener un empleo, fueron despedidos y no salen a buscar uno nuevo porque consideran que no lo van a conseguir o por temor a contagiarse.

b. Con relación a los ingresos derivados del trabajo, la población ocupada entre mayo y junio de 2020 con una percepción de apenas entre 1 y 2 salarios mínimos, aumentó en 3.5 millones, al pasar de 14.3 millones a 17.8 millones; en términos relativos. Esto es indicativo de que ahora más mexicanos ganan entre 3,746 y 7,491 pesos al mes, cantidad insuficiente para cubrir las necesidades básicas de un hogar.

c. Las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda fue de 9.7 millones en junio de 2020. Esta es una cifra escandalosa del subempleo en México.

d. La población ocupada informal, que comprende a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en junio de 2020 fue de 25.6 millones, 3 millones más que en mayo del mismo año. Queda claro que la economía informal nuevamente es la válvula de escape para muchos de los que perdieron su empleo formal.

e. La población que se encuentra sin trabajar y que estuvo buscando trabajo en el último mes, fue de 5.5% de la PEA en el mes de junio de 2020, porcentaje 1.3 puntos porcentuales mayor respecto al del mes inmediato anterior que fue de 4.2 por ciento. En términos absolutos, la población desocupada aumentó en 901 mil personas al pasar de 1.9 millones en mayo a 2.8 millones en el mes en cuestión. Nuevamente, podemos señalar que las razones por las que el número de desempleados no aumentó más son las siguientes: i. Por la existencia de la economía informal; ii. Porque al no haber una red de seguridad social que proteja a los desempleados y por la falta de ahorros de la población, quien pierde su empleo debe salir rápidamente a buscar uno nuevo, aunque sea vendiendo cosas en el tianguis; y iii. Porque la metodología empleada para medir el desempleo establece que cualquier persona que labora al menos una hora a la semana (en la economía formal o informal), no está desempleado. De esta manera, si alguien sale a lavar carros un par de horas los sábados “no está desempleado”.

COMERCIO-CERRADO

A manera de conclusión podemos señalar que mientras se mantenga así de débil el mercado laboral, y se le siga metiendo miedo a la población  para que no salga a gastar, el nivel de ventas del comercio al por menor se mantendrá bajo, lo que a su vez tendrá un impacto negativo en la planta manufacturera nacional. Esto a su vez, provoca que las empresas paguen sueldos bajos a sus empleados, lo que entonces implica un círculo vicioso. El reto es romper este círculo vicioso. Un primer paso en ese sentido es dejar atrás el “quédate en casa” y cambiarlo por “sal, cuídate, usa el cubre bocas, guarda la sana distancia y gasta en productos hechos en México”.

Desafortunadamente no hay ninguna fuerza económica que nos pueda hacer recuperarnos rápidamente de la crisis económica en la que estamos metidos, el gasto público va en descenso, la inversión productiva está colapsada, el consumo privado hemos visto que está fuertemente contraído, por eso insisto en la importancia del sector exportador. De esto hablaremos en la próxima entrega.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Rebotó la actividad industrial, pero estamos muy por debajo de 2019

Después del colapso de la actividad económica registrado en el segundo trimestre de este año, periodo en el que el Producto Interno Bruto (PIB) cayó -18.9%, hemos comenzado una etapa en la que diversos indicadores económicos dan cuenta de un fuerte rebote cuando se comparan con el periodo inmediato anterior. Ese es el caso del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IFAI) durante junio de 2020, mismo que registró un fuerte aumento respecto a mayo, pero que aún se encuentra muy por debajo del nivel que observó en 2019. A continuación se presentan la evolución del indicador en ambos periodos.

Evolución mayo a junio 2020

Vamos a comenzar con las buenas noticias. En el comparativo de mayo a junio de este año, vemos que el IVFAI de la totalidad de la industria repuntó 17.9%, esta tasa sorprendió positivamente ya que estuvo por encima de la previsión del Grupo Financiero Citibanamex de 14.2% mensual y también estuvo por arriba de la expectativa reportada en la encuesta de expectativas económicas de dicho grupo financiero, de 17.0%. Sin embargo, este incremento se da después de las caídas de -0.4%, -3.0%, -25.9% y -1.2% mensual observadas en febrero, marzo, abril y mayo, respectivamente.

El repunte de 17.9% en junio es producto del incremento de los cuatro subsectores de actividad industrial que lo conforman: la Minería subió 1.6%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final aumentó 0.7%; la Construcción se recuperó 17.5%; mientras que las Industrias manufactureras repuntaron 26.7%.

Dentro de las actividades manufactureras, tenemos la siguiente evolución con cifras desestacionalizadas durante junio (las actividades están ordenadas de mejor a peor desempeño): Fabricación de equipo de transporte (250.1%); Curtido y acabado de cuero y piel,  y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (214.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (100.5%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (99.6%); Fabricación de prendas de vestir (67.9%); Industria del plástico y del hule (38.1%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (36.7%); Fabricación de maquinaria y equipo (36.6%); Industria de las bebidas y del tabaco (35.7%); Fabricación de productos metálicos (31.6%); Industria de la madera (27.1%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (24.6%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (21.0%); Otras industrias manufactureras (9.6%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (5.3%); Industria del papel (5.1%); Industria química (3.8%); Industria alimentaria (-0.1%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-0.6%); Impresión e industrias conexas (-1.5%); e Industrias metálicas básicas (-2.8%).

IVFAIb

Cabe destacar que aunque varios de los porcentajes de crecimiento se vean espectacularmente altos, en algunos casos se debe a que parten de una base muy reducida, como es el caso de la Fabricación de equipo de transporte, misma que creció 250.1% porque el valor de su índice (Base 2013 = 100) pasó de 29.2 a 102.3; o bien, esta el caso de la cadena de cuero-calzado-marroquinería, que creció 214.2% al haber pasado su índice (Base 2013 = 100) de 12.9 a 40.7. Para la cadena cuero-calzado-marroquinería implica que aunque aumentó su producción en 214.2% entre mayo y junio, aún está 59.3% por debajo del nivel de producción que tenía en el 2013. Por otra parte, tenemos que caso de la Industria alimentaria, misma que cayó -0.1%, pero ésta ha sido de las actividades menos afectadas ya que su índice (Base 2013 = 100) pasó de 112.6 en mayo a 112.5 en junio.

Evolución segundo trimestre 2019 a segundo trimestre 2020

Ahora las malas noticias. Con cifras originales, tenemos que no obstante la recuperación mensual de 17.9% observada en junio, en el comparativo del segundo trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019, la actividad industrial total se colapsó -25.6%. Esto es producto de que la Minería cayó -4.8%; la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de  agua y de gas por ductos al consumidor final disminuyó -10.0%; la Construcción bajó -34.2%; mientras que las Industrias manufactureras bajaron -29.6%.

Entrando en el detalle de la evolución de la Industria manufacturera, tenemos que en el comparativo del segundo trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019, las ramas de actividad mostraron la siguiente evolución (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución y están ordenadas de mejor a peor desempeño): Industria alimentaria (-1.1%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-5.8%); Industria química (-10.5%); Industria del papel (-16.5%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (-16.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-22.1%); Industrias metálicas básicas (-22.5%); Otras industrias manufactureras (-26.2%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-29.5%); Industria de las bebidas y del tabaco (-30.2%); Industria del plástico y del hule (-32.7%); Industria de la madera (-36.1%); Impresión e industrias conexas (-37.3%); Fabricación de productos metálicos (-37.3%); Fabricación de maquinaria y equipo (-37.7%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-49.4%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-51.6%); Fabricación de equipo de transporte (-64.2%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-68.2%); Fabricación de prendas de vestir (-70.7%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-76.7%).

IVFAIa

Tras estos datos, es de esperarse que la producción industrial seguirá recuperándose en los próximos meses, aunque a un ritmo más lento. Como ya se señaló, las cifras publicadas por el INEGI implican que la producción industrial (con cifras originales) disminuyó en -25.6% anual durante el segundo trimestre del año. Esta cifra es ligeramente mejor que el -26.0% anual publicado con la estimación oportuna del PIB. Esta revisión implica que el PIB del segundo trimestre se redujo en -18.8% anual en lugar de la estimación oportuna de -18.9% anual.

No obstante lo anterior, los datos mostrados en esta entrega dan cuenta de que el camino hacía la recuperación de los niveles de actividad industrial que se tenían en el 2019 será muy largo y de que tal vez sea hasta el 2023 cuando se recuperen. Esto implica que esta crisis económica nos habrá hecho perder 4 años (de 2020 a 2023) en los que México se pudo haber seguido desarrollando. El golpe económico por el cierre de actividad económica fue brutal, pero la falta de políticas públicas que apoyaran a las micro, pequeñas y medianas empresas, y los empleos que éstas generan, fue la puntilla que nos arrojó al abismo de la peor crisis económica en casi 90 años.

Como hemos señalado en anteriores entregas, todos los motores de crecimiento económico de México están apagados, y por la falta de acciones por parte del gobierno federal, queda claro que lo único que hará que nuestra economía se recupere paulatinamente son las exportaciones. Y es que si bien, las exportaciones totales de México registraron en junio un nivel 12.8% inferior al observado en el mismo mes de 2019, es de destacarse que entre mayo y junio de este año las ventas de México al extranjero subieron 83.0%.

La recuperación ya está en marcha, pero hagamos planes pensando que ésta será muy larga. Los que quieran avanzar más rápido deberán buscar mercados en el exterior o vincularse a alguna empresa exportadora. El mercado interno sigue en terapia intensiva y de eso hablaremos la siguiente semana.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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La terrible crisis del empleo en México

La epidemia del COVID-19 ha dejado en México una secuela de destrucción. Al momento de escribir estas líneas el número de contagiados y de fallecidos, de los que se tiene registro, es de más de 252 mil y más de 30 mil respectivamente. Este sólo hecho supone un gigantesco costo para el país, pero desafortunadamente no es el único, ya que además hay que sumar los costos sociales y emocionales ocasionados por el cierre de las actividades económicas y que se ven reflejados en un severo deterioro de la calidad del empleo en nuestra nación.

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Para ilustrar los severos problemas en materia laboral que se vive en nuestro país, a continuación se presentan los principales resultados de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) correspondiente a mayo, misma que fue elaborada por el INEGI:

1. La Tasa de Participación Económica fue de 47.4% respecto a la población de 15 años y más, cifra similar al 47.5% observado en el mes de abril de 2020. Esto implica que se mantiene la cifra de 12 millones de personas que dejaron de ser económicamente activas. Para darnos una idea de la disminución, tenemos que en el pasado mes de marzo la tasa de participación económica fue de 59.8%, pero debido a la suspensión laboral temporal ocasionada por las medidas de distanciamiento social, esta participación disminuyó dramáticamente. Es importante subrayar que se trata de una suspensión laboral sin percepción de ingresos de por medio y sin certeza de si se mantiene el vínculo laboral o de retorno al trabajo.

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2. La encuesta arroja que en el quinto mes del año, la tasa de subocupación fue del 29.9% de la población ocupada, cifra superior en 4.5 puntos porcentuales a la registrada en el pasado mes de abril, cuando ésta fue de 25.4% (en mayo de 2019 era de apenas 7.2%). Este aumento representa un incremento de otras 2 millones de personas, para llegar a un total de 13 millones de personas subempleadas (que trabajan menos de 35 horas a la semana y quisieran laborar más horas).

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3. La población ocupada que no estaba yendo a trabajar, pero que mantiene el vínculo laboral disminuyó en 3.1 millones entre abril y mayo de 2020.

4. La ocupación informal en mayo de 2020 ascendió a 22.6 millones, por lo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 51.8%, cifra mayor en 4.1 puntos porcentuales comparada con la del mes previo cuando había 20.7 millones de personas en la informalidad.

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4. Dado de que cualquier persona de más de 15 años que trabaje al menos una hora a la semana (aunque sea lavando carros) no es considerada desempleada, es que en el mes de mayo la población desocupada se mantuvo sin cambios significativos con respecto a abril de 2020. Cabe señalar que en abril, se estimó que la población desocupada fue de 2.1 millones de personas, que equivalen a 4.7% de la Población Económicamente Activa (PEA), tasa superior en 1.7 puntos porcentuales respecto al mes inmediato anterior y en 1.2 puntos porcentuales mayor a la de abril del año pasado. Como se puede ver, las personas que se retiraron de la PEA no son consideradas como desempleadas (porque no están buscando trabajo), ya que de otra manera los desocupados serían unos 14.1 millones de personas al mes de mayo.

5. Derivado de lo anterior, la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no buscó trabajo pero que aceptaría uno si se lo ofrecieran, fue de 19.4 millones en mayo, lo que representa el 38.4% de la población no económicamente activa.

En la ETOE no se hace mención de los niveles de ingreso de la población que mantiene su empleo, pero como se puede ver, hay un enorme deterioro laboral por la enorme cantidad de gente que salió de la población económicamente activa y los millones que mantuvieron su ocupación, pero están en una condición de subempleados. Los datos también sugieren que ni la economía informal sirvió de escape para el desempleo ya que las personas que trabajan en la informalidad de hecho pasaron de 30.9 millones de en mayo de 2019 a 22.6 millones en el mismo mes de 2020.

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¿Qué podemos esperar para los próximos meses? La realidad es que el proceso de recuperación de empleos será extremadamente tardado. Mis estimaciones son en el sentido de que con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 10.5%, como lo estima el Fondo Monetario Internacional, al cierre del año se habrán perdido más de un millón de empleos formales y que eventualmente veremos el indicador de tasa de desempleo aumentar mes con mes, posiblemente a niveles cercanos al 10%, conforme las personas buscan reingresar a la población económicamente activa y no encuentren una fuente de empleo más que en la forma de autoempleo o en la informalidad. Desde luego que es de esperarse que la subocupación se mantenga alta.

El problema del desempleo y la crisis económica que estamos viviendo han ocasionado y exacerbarán los problemas de delincuencia en nuestro país. Diario vemos notas de cómo se han disparado los asaltos, los robos a casa habitación y negocios, así como todo tipo de actos criminales. Este es un fenómeno que desde mediados del mes pasado ya había sido advertido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNOCD, por sus siglas en inglés) emitió su reporte “COVID-19 y la cadena de suministros de drogas: de la producción y el tráfico al consumo”, en el que advierte que la crisis económica y el desempleo ocasionada por la pandemia de COVID-19 provocarán que más personas se enlisten en el crimen organizado y que un mayor número de campesinos se dediquen a la siembra de cultivos ilícitos, como marihuana y amapola. La agencia de la ONU aseguró que a México le espera una reducción de 6.5% de su PIB, la pérdida de hasta 14% de los empleos formales y pobreza extrema.

Además, advirtió de un mayor consumo de drogas en el mundo, debido a una sobreoferta a menor precio: “Por una reducción en la demanda, traficantes y distribuidores están acumulando grandes cantidades de droga (incluyendo en la frontera entre México y Estados Unidos), lo cual podría generar una sobreoferta (menor precio y más riesgo de sobredosis) una vez que se levanten las restricciones…Se espera que la crisis económica propicie un mayor uso de sustancias ilegales para acoplarse a las dificultades. Asimismo, se prevé un incremento en el uso de drogas más económicas”.

La UNOCD afirmó que durante el distanciamiento social aumentó la demanda de productos cannábicos y se registró una importante baja en la demanda de drogas de uso recreativo, concretamente las sintéticas y cocaína, debido al cierre de centros nocturnos y conciertos.

Concluye que ante un panorama en el que se ha visto afectado el traslado de drogas entre países (sobre todo a través de mulas humanas), las organizaciones criminales se diversificaron hacía otras actividades como el cibercrimen y el tráfico de medicinas falsificadas, además, “han llenado vacíos del Estado al proveer comida y servicios a la población vulnerable durante el confinamiento, ganando terreno en territorios y poblaciones en disputa”. Tal y como lo hemos visto en México en donde varios cárteles han entregado despensas a la población vulnerable.

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¿Qué hacer ante este complicado panorama? Es imperativo reactivar la economía, pero la falta de políticas públicas que estimulen la economía (por el lado de la oferta y de la demanda) hará que el proceso sea aún más largo y si a esto le sumamos el severo deterioro en el clima para invertir, pues el panorama se complica aun más. Por su parte, la inacción para frenar las importaciones subvaluadas es más que evidente ya que erróneamente se piensa que dejando entrar productos subvaluados, los consumidores tendrán productos más baratos, pero eso es totalmente falso ya que la subvaluación lo único que genera es ahorros para los importadores defraudando a un fisco que les acaban engordando la cartera. Todo parece indicar que la apuesta de los empresarios que puedan irá enfocada a la exportación a los Estados Unidos, lo cual tampoco será sencillo. Ojala que nuestros vecinos tengan una rápida recuperación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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México se dirige a una crisis con forma de U profunda

La inversión productiva  es una pieza fundamental para la salud de la economía. Por un lado, vemos que es un componente muy importante de la demanda agregada, ya que tiene múltiples efectos en ésta: primero, en la forma de compra de activos productivos por parte de las empresas, lo que provoca que quienes producen bienes de capital tengan más ventas; y segundo, porque la construcción de bienes inmuebles, genera un impacto positivo en múltiples industrias como la del cemento, acero, aluminio, vidrio, arena, entre muchas otras más. Pero eso no es todo ya que la inversión productiva también tiene un impacto en el mediano plazo por el lado de la oferta agregada, ya que ésta determina las posibilidades de expandir la capacidad productiva en el futuro. Si los negocios hoy compran más máquinas y equipo y expanden el tamaño de su planta, estarán en posibilidades de producir más bienes y servicios en el futuro cercano. De manera inversa, en una economía en la que cae la inversión, disminuye la demanda agregada y se limitan las posibilidades de crecimiento para el futuro.

Como veremos en esta entrega, en el caso de México, con la caída de la actividad económica, la cancelación de múltiples proyectos de inversión, así como el cierre de negocios y la falta de confianza empresarial, se está dando un duro golpe a la capacidad de crecimiento y desarrollo económico que tendremos en los próximos años.

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Mucho se ha analizado respecto a qué tan grave será esta crisis económica causada por el encierro y el cese de actividades productivas decretado por el gobierno federal. La semana pasada veíamos que en el Informe Trimestral del Banco de México, dicha institución planteó tres escenarios de caída y recuperación. El banco central mencionó que en un escenario “Tipo V” se esperaría que el PIB caiga este año -4.6% y crezca 4.0% en 2021, en un escenario “Tipo V Profunda” el PIB caería -8.8% este año y crecería 4.1% en 2021, mientras que en un escenario “Tipo U Profunda” el PIB caería -8.3% este año y caería otro -0.5% en 2021.

¿De qué depende que se materialice alguno de estos tres escenarios? O puesto de otra forma ¿Qué es lo que provoca la geometría del choque (V o U)? Como lo veíamos en mi editorial del 29 de marzo de este año, pues básicamente depende del grado de daño que sufra el capital y la inversión productiva en el país (el lado de la oferta agregada). Mencionábamos que cuando el stock de capital no crece o de plano cae por el cierre definitivo de múltiples empresas, la recuperación económica va a ser muy lenta. A esto hay que agregar el problema de los trabajadores que “abandonan” la fuerza laboral, como lamentablemente sucedió en México durante el pasado mes de abril cuando 12 millones de personas dejaron de estar en la Población Económicamente Activa  (PEA). En este punto cabe destacar que el INEGI no los contabilizó como “desocupados” porque se retiraron de la PEA y no salieron a buscar un nuevo empleo (supongo que muchos porque sabían que no encontrarían uno nuevo), pero si tomáramos en consideración a estos 12 millones de personas que salieron de la PEA y los sumamos a los 2.1 millones de desempleados oficiales, tendríamos una tasa de desempleo en abril de 25.2% respecto de la PEA observada en el primer trimestre de 2020. Es así que el choque provocado por el encierro se ha vuelto estructural para nuestro país, es decir, ya no es sólo un problema de demanda agregada que se pueda arreglar incentivando sus componentes.

¿Por lo que hasta ahora hemos visto, qué se puede anticipar respecto a la geometría del shock del encierro decretado por el coronavirus? La intensidad del choque ha sido y será brutal para México dado que el Gobierno Federal abandonó a las empresas a su suerte y porque se ha perdido buena parte del poder adquisitivo de la población en edad de trabajar (ocupada, desempleada o que abandonó la PEA). En este sentido confirmamos el pronóstico de que a México le espera un choque en forma de U profunda, algo que igual ya se podía anticipar al ver la manera como se ha colapsado la inversión fija bruta en el primer trimestre de 2020, lo que se debe sumar al pésimo desempeño de ésta en 2019, año en el que cayó -4.94 por ciento.

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El INEGI recién informó los datos de la evolución del índice de volumen físico de la Inversión  Fija Bruta al mes de marzo y los resultados son bastante negativos al cierre del primer trimestre de este año. Tenemos que en el comparativo de los primeros tres meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, el Índice total de la inversión fija bruta disminuyó -9.3%, lo que representa la mayor caída anualizada trimestral desde el tercer trimestre de 2009, cuando ésta disminuyó -12.3%. La caída de -9.3% es producto de una contracción de -7.3% en la inversión en Construcción y una caída de -12.2% en la inversión en Maquinaria y equipo.

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En cuanto a la construcción, el INEGI nos muestra que en el primer trimestre de 2020, la residencial se contrajo -6.3% anualizado, mientras que la no residencial muestra una caída de -8.3%. Ahora, en relación a  la inversión en maquinaria y equipo, tenemos que la de origen nacional cayó -9.1%, mientras que la de origen importado se contrajo -14.2%.

Se debe hacer hincapié en el hecho de que estos son los datos del primer trimestre de 2020, antes de que se decretara el cierre de actividades no esenciales en México. Además de que los datos del mes de marzo, vistos de manera aislada, cuentan una historia aún más grave respecto a cómo llegamos a enfrentar la crisis ocasionada por el cese de actividades. En el comparativo de marzo de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, vemos que el índice de volumen físico de la inversión fija bruta cayó -11.0%, lo que se convierte en la mayor caída mensual anualizada desde octubre de 2009. La caída de -11.0% fue producto de una contracción de -7.2% en la construcción y una disminución de -16.1% en la inversión en maquinaria y equipo. Se debe destacar que la caída de -16.1% en la inversión en maquinaria y equipo se debe a que este tipo de inversión de origen nacional cayó -14.9%, mientras que la de origen importado se contrajo -16.9%.

Queda claro pues el complicado escenario en cuanto al daño estructural que se le está causando a la economía nacional; y si a esto le sumamos la evolución de otro indicador que se informó la semana pasada, que es lo que ha sucedido con el consumo privado, pues cobra aún más sentido el pensar que la recuperación económica será bastante lenta.

La debilidad de la demanda agregada, desde antes de que se generara la crisis económica por el encierro, queda evidenciada con las cifras que divulgó el INEGI en el sentido de que el consumo privado en el mercado interior disminuyó en -2.6% en el comparativo de marzo de 2020 respecto del mismo mes de 2019, lo cual se debió a una contracción de -2.3% en el consumo de bienes nacionales y una caída de -5.6% en el de bienes importados. Resulta más que evidente que el dato de caída en el consumo durante abril será terrible, una vez que se considera que 12 millones de personas dejaron de trabajar y por lo tanto ellos y sus familias se quedaron sin una fuente de ingresos y posibilidades de consumir.

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Es de esperarse que para todo 2020 la caída en la inversión productiva (lado de la oferta) sea de cerca de un 20%, mientras que el consumo privado (lado de la demanda) se contraiga en un 12%.  Esto es indicativo de que la economía mexicana caerá fuerte y el proceso de recuperación será muy lento, con la posibilidad de que en el arranque del 2021 nuestro PIB continúe cayendo y comencemos a ver las primeras tasas de aumento del PIB hasta el segundo o tercer trimestre del año que viene. Es decir, veremos una crisis en forma de U profunda.

Para concluir, solo agregaría que lo aquí planteado es el escenario inercial en base a un gobierno federal que no toma medidas para mitigar el impacto negativo de la crisis económica en las personas y en las empresas. Si el gobierno federal tomara la decisión de aumentar la deuda pública y esos recursos los utiliza de manera inteligente en inversión productiva que detone la demanda agregada, y que además se generen incentivos fiscales para que las empresas inviertan y contraten personal, pues las cosas podrían cambiar para bien en cuanto a las expectativas económicas.

P.D. Deliberadamente no mencioné el término “crisis económica ocasionada por el Covid-19” ya que el virus no causó esta crisis, sino los diferentes gobiernos que a nivel mundial decidieron cerrar la actividad económica sin consideraciones geográficas o demográficas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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