La debilidad de la inversión, la falta de confianza empresarial y la incertidumbre jurídica limitan el desarrollo justo cuando se tenían las mejores condiciones para acelerarlo
La economía mexicana sigue creciendo, pero definitivamente no lo está haciendo de manera satisfactoria. Los datos más recientes del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del INEGI muestran que la actividad económica habría crecido 1.1% anual en mayo de 2026, por debajo del 1.5% observado en abril. Más preocupante aún es que, al analizar el acumulado de los primeros cinco meses del año, el incremento apenas alcanza 0.6%.
Estamos hablando de una economía que para todos fines prácticos está estancada. Un crecimiento de apenas seis décimas de punto porcentual difícilmente puede generar el dinamismo necesario para elevar de manera sostenida los ingresos de las familias, crear más empleos formales de calidad y ampliar las oportunidades de desarrollo para millones de mexicanos.
Lo más preocupante es que este mediocre desempeño económico ocurre justamente cuando México cuenta con una de las mayores oportunidades de crecimiento de las últimas décadas. La relocalización de procesos productivos, la guerra comercial entre Estados Unidos y China y las ventajas derivadas del T-MEC colocan al país en una posición privilegiada para atraer inversiones, aumentar su producción y fortalecer su papel como plataforma exportadora hacia el mercado estadounidense. Y es que no todo ha sido malo para México con la Administración del presidente Donald Trump, como nos lo ha querido hacer creer la narrativa oficialista; por el contrario, pocas veces en la historia reciente habíamos contado con una combinación tan favorable de factores externos.
Sin embargo, los resultados de los últimos ocho años, en los que la tasa promedio de crecimiento anual del PIB fue inferior al 1%, han quedado muy lejos de las expectativas. El problema es que el país no ha logrado traducir esas ventajas externas en mayores niveles de inversión productiva. Por el contrario, la inversión fija bruta acumula una prolongada etapa de debilidad, la confianza empresarial se ha deteriorado y cada vez son más las instituciones financieras y organismos especializados que ajustan a la baja sus pronósticos de crecimiento para la economía mexicana.

La falta de inversión se convierte en el principal obstáculo para crecer
Los datos oficiales permiten identificar dónde se encuentra el problema. La debilidad económica no se debe únicamente a factores externos ni a la incertidumbre asociada a la revisión del T-MEC o a los conflictos geopolíticos. Los síntomas son visibles en prácticamente todos los indicadores de actividad productiva.
Las actividades secundarias, que incluyen manufacturas, construcción, minería y generación de energía, acumulan una caída de 0.2% durante los primeros cinco meses de 2026. En otras palabras, el sector productivo de la economía continúa estancado después de dos años consecutivos de retrocesos registrados en 2024 y 2025. Mientras tanto, los servicios y el comercio siguen siendo las actividades que mantienen el poco dinamismo de la economía. Las actividades terciarias crecieron 1.8% anual en mayo y acumulan un crecimiento de 1.2% durante el año. Son el comercio y los servicios los que hoy están evitando que México caiga en una recesión, pero difícilmente pueden compensar la debilidad de la industria.
Detrás de este estancamiento industrial aparece una variable que lleva varios años deteriorándose: la inversión.
La situación se vuelve más clara cuando observamos la Formación Bruta de Capital Fijo, el principal indicador de inversión productiva del país. Durante el primer trimestre de 2026 registró una caída anual de 3.0%, lo que representó una pérdida superior a 175 mil millones de pesos respecto al mismo periodo del año anterior. Pero el deterioro no comenzó este año. Si se compara con el máximo histórico alcanzado durante el primer trimestre de 2024, la inversión acumula una disminución superior a 607 mil millones de pesos.

Más preocupante aún es el comportamiento de la inversión privada. Durante el primer trimestre de 2026 cayó 4.5% anual y acumuló siete trimestres consecutivos con tasas negativas. En términos trimestrales suma seis trimestres consecutivos de contracción. Esto significa que lo que vivimos no es un ajuste coyuntural ni es una reacción pasajera a algún evento específico. Lo que observamos es una pérdida de dinamismo que se ha venido agravando durante los últimos años.
Los números son todavía más reveladores cuando se expresan como proporción del PIB. La inversión total representa actualmente apenas 21.2% de la economía, su nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2021. La inversión privada equivale a solamente 17.9% del PIB, la menor proporción observada desde el tercer trimestre de 2020. De acuerdo con la organización México como Vamos, estas cifras contrastan con los objetivos planteados por el propio gobierno federal. El Plan México establece como meta elevar la inversión hasta 25% del PIB en 2026 y superar el 28% en 2030. Sin embargo, la realidad muestra una tendencia exactamente opuesta: la inversión pasó de representar 23.3% del PIB en el primer trimestre de 2024 a apenas 21.2% en el primer trimestre de este año. Es así que, la brecha entre los objetivos del Plan México y la realidad de la inversión se amplía cada año.
Además, conviene recordar que la inversión privada representa aproximadamente el 86% de toda la inversión realizada en el país, mientras que la inversión pública aporta el 14% restante. Esto significa que cualquier estrategia de crecimiento que quiera implementar el gobierno federal requiere de manera obligada recuperar la confianza del sector privado. Sin inversión privada resulta imposible alcanzar tasas de crecimiento económico elevadas y sostenidas.
Precisamente ahí aparecen las principales preocupaciones expresadas por analistas y empresarios. BBVA se suma a lo que han hecho otros organismos y acaba de reducir su pronóstico de crecimiento para México de 1.8% a 1.2% para este año. La institución identifica como principales factores la moderación del consumo, la caída de la inversión y un entorno de incertidumbre que mantiene a las empresas actuando con cautela. Entre los elementos que más preocupan destacan la revisión del T-MEC, los cambios en la política comercial estadounidense, la incertidumbre legal, regulatoria e institucional dentro de México —incluida la implementación de la reforma judicial— y los riesgos derivados del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de la energía.

Banamex llega a conclusiones similares. Sus economistas señalan que el bajo crecimiento mexicano no se debe únicamente a factores coyunturales, sino a problemas estructurales acumulados durante décadas: baja productividad, elevada informalidad, rezagos en infraestructura, limitaciones en capital humano y niveles de inversión insuficientes para sostener un crecimiento más acelerado.
Las declaraciones de Carlos Serrano, economista en jefe de BBVA, son particularmente relevantes. A su juicio, el principal problema de México es la oportunidad histórica desperdiciada. México es probablemente el país mejor posicionado del mundo para producir y exportar hacia Estados Unidos, pero no logra atraer los niveles de inversión necesarios para aprovechar plenamente esa ventaja.
Y mientras esa inversión no llegue, será difícil que México rompa con la dinámica de bajo crecimiento que ha caracterizado a la economía durante los últimos años.
La confianza empresarial se debilita mientras el gobierno apuesta por otras prioridades
La discusión sobre el crecimiento económico no puede limitarse al comportamiento del sector privado. También es necesario revisar las prioridades de política económica que han predominado durante los últimos años.
Desde 2019 el gobierno federal ha impulsado una estrategia centrada en ir aumentando los programas sociales, las transferencias directas y las pensiones no contributivas. Los resultados en materia de reducción de pobreza y desigualdad han sido reconocidos incluso por economistas que suelen ser críticos de la administración federal. Sin embargo, una cosa es reducir pobreza y otra muy distinta generar condiciones para que la economía crezca de manera sostenida.
El problema es que el crecimiento económico depende fundamentalmente de la inversión y la productividad. Son la inversión en infraestructura, maquinaria, tecnología, energía y capacidad productiva las que permiten aumentar la producción, generar empleos mejor remunerados y elevar los ingresos de manera permanente. El gasto corriente puede estimular el consumo en el corto plazo, pero difícilmente sustituye el papel que desempeña la inversión en la expansión de la capacidad productiva, el aumento de la productividad y el crecimiento de largo plazo.
Por ello resulta preocupante que mientras el gasto social sigue ganado participación dentro del presupuesto de egresos, la inversión física gubernamental perdió participación y por lo tanto, capacidad para actuar como motor de crecimiento. El propio debate económico actual gira alrededor de la necesidad de atraer más inversión privada y desarrollar esquemas de inversión mixta, particularmente en sectores como el energético.
Paradójicamente, varias de las oportunidades de crecimiento identificadas por BBVA dependen precisamente de una mayor participación de la inversión privada. La institución considera que los contratos mixtos en el sector energético podrían convertirse en un motor importante de crecimiento durante los próximos años. También identifica una oportunidad relevante en el auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos, donde México podría integrarse a nuevas cadenas de valor vinculadas a la manufactura avanzada. Pero ninguna de estas oportunidades se materializará por sí sola. Todas requieren certidumbre, reglas claras y condiciones favorables para la inversión.

Por eso la discusión sobre la certeza jurídica ha adquirido tanta importancia. Tanto BBVA como Banamex coinciden en que la inversión no depende únicamente de la existencia de oportunidades de negocio. Los inversionistas necesitan claridad respecto a las reglas del juego, los permisos, la regulación, la disponibilidad de energía, la infraestructura, el acceso a mercados y la estabilidad institucional. Cuando existen dudas sobre estos elementos, las empresas tienden a posponer decisiones de inversión o a reducir el ritmo de expansión de sus proyectos.
Y no es un tema simplemente de las condiciones de incertidumbre actual, también hay temor empresarial por las condiciones futuras. En un contexto donde los contrapesos institucionales se han debilitado y donde las reglas pueden modificarse con relativa facilidad, los inversionistas prefieren actuar con mayor cautela.
Los resultados ya son visibles. Mientras la Secretaría de Hacienda mantiene una expectativa de crecimiento de entre 1.8% y 2.8% para este año, el consenso del mercado se ha movido en dirección contraria. La Encuesta Citi ubica el crecimiento esperado en 1.2%, BBVA también proyecta 1.2%, Banxico estima 1.1% y el IMEF prevé entre 1.1% y 1.15%.
La diferencia entre la visión oficial y la del mercado refleja una preocupación cada vez más extendida: mientras no se recupere la inversión y la confianza empresarial, será difícil que la economía mexicana retome una trayectoria de sólido crecimiento.
Conclusiones
México enfrenta un problema de crecimiento insuficiente que se ha vuelto estructural. Durante las últimas cuatro décadas la economía mexicana creció en promedio alrededor de 2% anual. No era una tasa particularmente elevada, pero permitía cierto avance en los niveles de bienestar. Desde 2018, sin embargo, el crecimiento ha sido menor a la mitad de ese promedio histórico. Como resultado, el crecimiento del PIB por habitante durante los últimos siete años ha sido nulo.
La principal explicación se encuentra en la falta de inversión. La caída persistente de la inversión privada, el deterioro de la confianza empresarial, la incertidumbre regulatoria y la insuficiente inversión pública, terminan limitando el potencial de crecimiento de la economía.
Lo más preocupante es que esta situación ocurre justamente cuando México cuenta con una de las mayores oportunidades económicas de las últimas décadas.
El gobierno federal parece que sigue sin entender que sin condiciones propicias no habrá inversión, y sin inversión no hay expansión de la capacidad productiva. Sin capacidad productiva no hay aumentos sostenidos de productividad. Y sin productividad no existe crecimiento económico duradero.
Por eso la discusión económica no debería centrarse en cuánto gasta el gobierno, sino en qué está haciendo para recuperar la confianza, fortalecer la certeza jurídica y volver a colocar a la inversión en el centro de la estrategia de desarrollo.
Porque el verdadero riesgo para México es acostumbrarse al estancamiento.
***
Si este análisis te resultó útil, compártelo.
La inversión y la confianza empresarial serán determinantes para el crecimiento económico de México en los próximos años. En ECONOMEX seguiremos analizando los indicadores y decisiones que marcarán el rumbo de la economía nacional.
Si deseas acceder a análisis económicos, financieros y geopolíticos exclusivos, puedes suscribirte a ECONOMEX Premium.
Alejandro Gómez Tamez
Director General de GAEAP
GAEAP ofrece servicios de consultoría económica, estudios especializados y conferencias para empresas, organismos empresariales y gobiernos.
Sígueme en X: https://x.com/alejandrogomezt
Suscríbete a ECONOMEX: https://economex.substack.com

🎙️🚨 Ya está disponible el Episodio 105 de Economex Podcast en YouTube. Un análisis indispensable para entender uno de los temas económicos más importantes del momento. 📊🇲🇽 No te lo pierdas, míralo completo y comparte tu opinión. ▶️🔔
🎓📈 No te pierdas los nuevos episodios de Economía Explicada por Economex en YouTube. Conceptos económicos complejos, explicados de forma clara, sencilla y con ejemplos reales. ▶️🇲🇽🔔
🚨📰 No te pierdas los Informativos GAEAP / Economex en YouTube. La información económica, financiera y geopolítica más relevante del día, explicada con contexto y análisis. 🇲🇽🌎▶️🔔


