La deuda pública en el sexenio de EPN vs el primer año de AMLO

Hace unos días la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer los saldos de la deuda pública de México al cierre del 2019 y hay relativamente buenas noticias. Esto porque contrario a la desastrosa gestión de las finanzas públicas durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el primer año de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador resultó de una evolución ordenada del saldo de la deuda pública, tal y como veremos en esta entrega.

La deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto

Al cierre de diciembre de 2012 el saldo total de la deuda neta del sector público fue de 5.352 billones de pesos, pero durante el sexenio de Peña Nieto dicho saldo aumentó hasta los 10.829 billones de pesos al cierre de 2018, lo que representa un incremento de 5.477 billones de pesos o bien, un 102.3% de incremento nominal. Este ritmo de aumento implica que con Peña Nieto el país se endeudó a razón de 912.8 miles de millones de pesos (mmdp) al año, cifra equivalente a ¡2.499 miles de millones de pesos diarios! El tamaño de este número es enorme, por lo que queda más claro si decimos que en el sexenio pasado el ritmo de aumento de la deuda total del sector público fue de 104.2 millones de pesos por hora o 1.73 millones de pesos por minuto.

Deuda pública

Cabe señalar que la totalidad de la deuda del sector público está compuesta por la deuda del gobierno federal más la deuda de empresas públicas como PEMEX y CFE, así como de la deuda de otros organismos como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Si consideramos que en el cuarto trimestre de 2012 el PIB nominal fue de 16.4 billones de pesos y que en el mismo trimestre de 2018 éste fue de 24.3 billones de pesos, esto implica que el saldo de la deuda neta del sector público pasó de representar el 32.7% del PIB en 2012 a representar el 44.6% del PIB en 2018. Queda claro pues que en el sexenio Peñista, el peso de la deuda aumentó en 11.9 puntos porcentuales del PIB, lo que implica un incremento de casi dos puntos porcentuales del PIB por año. Si tomamos en consideración que la economía mexicana creció en promedio a una tasa de 2.4%  durante el periodo de 2012 a 2018, pues con las cifras del aumento de la deuda pública queda claro de donde salió buena parte del impulso económico que vivimos. En otras palabras, podemos hipotetizar que si Peña Nieto no hubiera endeudado al país como lo hizo, la economía mexicana prácticamente no habría crecido.

Producto del incremento desordenado del saldo de la deuda total del sector público, aunado al aumento en las tasas de interés en México, es que el costo financiero de ésta se elevó de manera considerable. En el 2012 dicho costo fue de 305.118 mmdp y para el 2018 éste ascendió hasta los 615.040 mmdp, lo que implica un incremento de 101.57% en el pago de intereses. Este incremento en el costo financiero de la deuda significa que comparado con el 2012, en 2018 el sector público federal tenía unos 309.922 mmdp menos disponibles para atender los grandes rezagos del país en materia de infraestructura, seguridad, combate a la pobreza, desarrollo regional, entre otros.

La deuda pública en el primer año del sexenio de AMLO

Como se señaló líneas arriba, al cierre de 2018 el saldo de la deuda pública de México fue de 10.829 billones de pesos, mientras que al 31 de diciembre de 2019 dicho saldo fue de 11.027 billones de pesos, lo que significa que en el año que recién concluyó el saldo de la deuda neta pública aumentó en apenas 197.6 mmdp o en un 1.8% nominal. Si tomamos en consideración que el PIB mexicano fue de unos 25 billones de pesos a cierre de 2019, entonces queda claro que el saldo de la deuda pública como porcentaje del PIB bajó ligeramente a 44.1%.

Resulta evidente que este ritmo de endeudamiento es apenas un 20% de lo que fue en el sexenio de Enrique Peña Nieto, lo cual son buenas noticias para México. Haber roto la inercia de endeudamiento irresponsable de los seis años anteriores.

Es importante destacar que es verdad que el año pasado el gobierno federal tomó más de la mitad de los recursos, unos 125 mmdp, del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP), para compensar la caída de los ingresos por impuestos y petróleo en el ejercicio fiscal 2019.

Y es que en el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, los ingresos tributarios fueron menores en 108.75 mmdp respecto a los esperados de 3.311 billones de pesos; mientras que los ingresos petroleros llegaron a 955.55 mmdp, casi 89.9 mmdp menos de lo esperado. Este faltante se compensaría con más deuda pública o utilizando los recursos del FEIP. El gobierno de AMLO optó por lo segundo probablemente porque López Obrador prometió en campaña no endeudar más a México y que el saldo de la deuda aumentaría en función de la inflación, algo que si cumplió en 2019.

Supongamos que no hubieran tomado los recursos del FEIP, entonces hubieran tenido que compensar la caída en la recaudación fiscal con más deuda pública. En este caso, pues la deuda del sector público hubiera crecido en 2019 en unos 322 mmdp (125 mmdp adicionales a los 197.6 mmdp en que aumentó el saldo de la deuda neta total). Esta cifra de cualquier manera está muy por debajo del casi billón de pesos que nos endeudó por año el presidente Peña Nieto.

No obstante que la deuda del sector público creció a un ritmo mucho menor en 2019 respecto de los seis años anteriores, el costo financiero de ésta llegó a su nivel más alto de la historia. En 2019 el sector público federal destinó 666.5 mmdp a pagar los intereses de la deuda, lo cual es 8.36% nominal más alto a lo pagado en 2018. Si tomamos en consideración que el gasto neto total por parte del sector público fue de 5.786 billones de pesos en 2019, entonces queda claro que el 11.5% de los gastos totales se destinan a pagar intereses de la deuda, en lugar de servir para abatir los rezagos mencionados líneas arriba.

Costo de la deuda 2019

Consideraciones finales

Si bien el manejo económico del país que ha llevado a cabo la administración del presidente López Obrador deja mucho que desear, ya que la economía ha entrado en recesión acumulando tres trimestres consecutivos con caídas anualizadas del PIB, en materia de finanzas públicas el manejo ha sido mucho más responsable que el de la administración del presidente Peña Nieto.

López Obrador y su Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, han sabido mantener a los inversionistas financieros tranquilos, así como a las calificadoras de riesgo. Muestra de ello es que el riesgo país de México cerró el 2019 en un nivel de 177 puntos base, con lo que acumuló en dicho año una disminución de 64 puntos. De igual forma, el pasado mes de diciembre de 2019, la agencia calificadora de riesgos, Fitch Ratings, nos mantuvo la calificación en un nivel de grado de inversión BBB con perspectiva estable.

Ahora el reto será mantener la disciplina fiscal para que el ritmo de crecimiento de la deuda del sector público se mantenga bajo. De igual forma, se debe cuidar el abatir los problemas de corrupción, inseguridad, gobernanza, Estado de derecho y la debilidad en la plataforma petrolera de Pemex. Si no trabajamos en estos aspectos, eventualmente nuestro país lo resentirá en la forma de la pérdida del grado de inversión. López Obrador ha demostrado tenerle respeto a las calificadoras de riesgo, y por eso se ha esforzado por mantener la disciplina fiscal, ojala que no lo eche a perder por no atender estos problemas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Fitch nos mantuvo la calificación, pero subsiste la debilidad fiscal

fitch-ratings-foto-reuters_0_41_800_497El viernes 13 de diciembre la agencia internacional de calificación crediticia Fitch Ratings emitió un comunicado en el que ratificó la calificación de la deuda soberana de México en “BBB” con perspectiva estable. Esta es una magnifica noticia para México, pero es importante hacer mención de varios de los aspectos que se resaltan en el comunicado, así como hacer una valoración de cómo han evolucionado las finanzas públicas a lo largo de este año. Esos son los temas que abordaré en esta entrega.

Con respecto a Fitch, se debe destacar que la agencia sustentó su decisión de mantener la calificación de México porque ésta está respaldada por una economía nacional diversificada y un historial de políticas económicas sólido y disciplinado que ha mantenido la estabilidad macroeconómica y ha contenido los desequilibrios. Señala que si bien algunas de las decisiones de política microeconómica de la administración del presidente López Obrador han resultado polémicas, las decisiones de políticas macroeconómicas han sido relativamente ortodoxas hasta la fecha. Sin embargo, señala que estas fortalezas se ven contrarrestadas por el nulo crecimiento económico, una base de ingresos fiscales baja en comparación con otras naciones, una penetración crediticia superficial y puntajes de gobierno entre los más bajos en la categoría de países ‘BBB’.

De su Modelo de Calificación Soberana (SRM por sus siglas en inglés), se desprende que se le asignó a México un puntaje equivalente a una calificación BBB en la escala IDR en moneda extranjera en el largo plazo, en función de lo siguiente:

  1. Macroeconomía: +1 nivel, para reflejar el historial de México en administraciones sucesivas con políticas macroeconómicas prudentes, creíbles y consistentes. Las autoridades continúan enfatizando la estabilidad macroeconómica en sus decisiones de política buscando remediar los desequilibrios macroeconómicos.
  2. Finanzas públicas: -1 nivel, para reflejar la expectativa de que el continuo apoyo soberano para Pemex resultará en una menor disponibilidad de recursos para otras tareas gubernamentales y/o una mayor carga de la deuda del gobierno federal y del sector público, impactando negativamente las finanzas públicas.

Respecto a Pemex señalan que ésta contribuirá menos a los ingresos federales en 2020 en comparación con 2019 (aportando sólo el equivalente al 1.8% del PIB), ya que el gobierno tiene contemplados recortes adicionales  en las tasas impositivas para ésta hasta 2021. Fitch también espera que la producción de petróleo de Pemex continúe disminuyendo en 2020, habiendo caído 9.6% anual en octubre de 2019, promediando 1.64 millones de barriles diarios (mbd). Esto contrasta con el ambicioso aumento de la producción a 1.85 mbd asumido para 2020 en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) actuales.

Pemex sigue siendo un contribuyente neto del gobierno federal y mantiene una deuda mayoritariamente denominada en dólares estadounidenses que representa más del 8% del PIB, por lo que continuará representando un importante pasivo contingente para el gobierno federal. Cabe recordar que el gobierno federal le inyectó a la compañía 5 mil millones de dólares adicionales en septiembre de este año para respaldar una recompra de deuda a corto plazo y una operación de gestión de pasivos que reduce los pagos a corto plazo, con lo que mejora su liquidez.

Pero más allá de las consideraciones de Fitch Ratings, ¿Qué datos duros podemos mencionar sobre la situación de las finanzas públicas de México? En GAEAP analizamos las cifras más recientes y vemos que al cierre de octubre de 2019 el saldo de la deuda interna bruta del sector público federal fue de 7.555 billones de pesos, mientras que el saldo de la deuda externa bruta fue de 205.9 miles de millones de dólares (mmdd), de manera que el saldo del total de la deuda sumó 11.491 billones de pesos al 31 de octubre de este año. Si tomamos en consideración que el Producto Interno Bruto (PIB) nominal ha promediado 24.085 billones de pesos en los tres primeros trimestres de este año, entonces se ve que el saldo de la deuda bruta del sector público federal representa aproximadamente el 47.7% del PIB.

Deuda del sector público Oct19

Se debe recordar que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado en varias ocasiones que durante su gobierno el saldo de la deuda pública no aumentará en términos reales ya que se tiene una meta de un superávit primario de 1.0% del PIB, aunque una vez que se toma en cuenta el costo financiero de la deuda este superávit primario se convierte en un déficit fiscal de 2.4% del PIB, por lo que la deuda pública claro que sigue creciendo. ¿Cómo vamos con esta meta? Pues de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el  comparativo del cierre de diciembre de 2018 al cierre de octubre de 2019, tenemos que el saldo de la deuda interna bruta aumentó en 519.4 miles de millones de pesos (mmdp), equivalente a un 7.4% adicional; mientras que el saldo de la deuda externa bruta aumentó en 3.5 miles de millones de dólares, lo que equivale a un incremento de 1.7%. De esta manera, el saldo de la deuda bruta total del sector público reporta un aumento de 472.4 mmdp, lo que representa un incremento de 4.3% en los primeros 10 meses de 2019.

Es importante mencionar que en un contexto de una deuda bruta del gobierno federal creciente, es que no obstante las disminuciones en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México de 8.25% hasta un actual 7.5%, el costo financiero de la deuda ha aumentado de manera importante este año. En el periodo de enero a octubre de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 482.98 mmdp, mientras que en los mismos meses de 2018 fue de 438.34 mmdp, lo que representa un incremento nominal de 10.2% o de un 6.2% en términos reales.

Volviendo al comunicado de la agencia Fitch, éste menciona los elementos que podrían contribuir a la mejora o al deterioro de la calificación crediticia de México en los próximos meses. Entre los aspectos que jugarían a favor están:

– Mejores perspectivas de inversión y crecimiento respaldadas por políticas macroeconómicas creíbles;

– Disminución de la carga de la deuda pública y reducción de los riesgos de responsabilidad contingente relacionados con Pemex;

– Mejora en los indicadores de gobernanza a un nivel más cercano al promedio de la categoría de la calificación BBB.

Por su parte, los eventos que podrían resultar en una baja de nuestra calificación son:

– Un debilitamiento de la congruencia y credibilidad del marco de la política macroeconómica y/o un continuo bajo desempeño macroeconómico, por ejemplo un crecimiento consistentemente débil;

– Un aumento de la tendencia de la carga de la deuda pública, evidenciado por una trayectoria ascendente en el índice de deuda del sector público;

– El deterioro en los indicadores de gobernanza que amplíe aún más la brecha respecto de los  puntajes de otros países de la categoría BBB.

2018-03-13T011242Z_357512528_RC1E9454AA50_RTRMADP_3_MEXICO-PEMEX-e1547050156479-640x360¿Qué podemos concluir de todo esto? Pues que se le reconoce al gobierno federal un manejo “prudente” de las finanzas públicas, pero los grandes riesgos ahí subsisten. Hay que recordar que para el 2020 se anticipa un superávit primario de apenas 0.7% del PIB (menor al de 1.0% de este año), lo que se traducirá en un déficit fiscal total del PIB. Diversos analistas han criticado que el Presupuesto de Ingresos del año que viene es muy optimista con respecto a la plataforma de producción petrolera y que antes de ver un aumento de la producción veremos mayores disminuciones en 2020. De igual gorma es demasiado optimista en sus proyecciones de ingresos derivados de recaudación de impuestos como ISR e IVA, ya que definitivamente no hay forma de que crezcamos a una tasa del 2.0%, como se anticipa en los CGPE 2020.

Se debe destacar que en 2019 no se lograron las metas de ingresos petroleros por un monto equivalente a 0.5% del PIB, por lo que el gobierno habrá utilizado hasta 150 mmdp del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros (FEIP), pero a dicho fondo ya no le quedará mucho para sacarle en el 2020 por lo que seguramente para el 2021 ya habrá quedado vacío cubriendo los faltantes de ingresos petroleros, derivado de las cuentas alegres que se han hecho. Esto obliga a una reforma fiscal, a la cual el gobierno federal no le ha querido entrar ahora y ha anunciado que será hasta el 2022.

Queda claro pues que Fitch nos da el voto de confianza, por ahora, pero habrán de tomarse importantes medidas a lo largo de 2020 para mitigar los riesgos, si no queremos ver nuestra calificación de deuda degradada. Veremos que dicen las otras dos calificadoras (Moody´s y Standard and Poor´s) al respecto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Recaudación fiscal y actividad económica en México: balance al primer semestre de 2019

dinero_okLa teoría económica nos indica que a mayor actividad económica, el sector público tendrá mayores ingresos, lo que a su vez se traduce en mayor gasto público, lo que eventualmente genera mayor crecimiento económico si este gasto tiene un elevado componente de inversión física, generando así un círculo virtuoso. En el caso de México, estamos viendo una situación en la que los ingresos del sector público crecen en términos reales, mientras que el gasto público cae de manera importante, en especial el de inversión, y en este contexto el sector público federal continúa presentando un desequilibrio fiscal que se traduce en una deuda pública que no deja de crecer. En esta entrega se presenta un breve análisis de cuál ha sido la evolución de los ingresos y gastos públicos, y cómo éstos se relacionan con el nivel de actividad económica medida a través de distintos indicadores. De igual manera, en el análisis se hace especial énfasis en la evolución de los ingresos tributarios.

Ingresos del sector público

A la par de un incremento anualizado del PIB en términos reales de apenas 0.3% en el primer semestre de 2019, con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), vemos que los ingresos totales del sector público federal presentan un incremento real de 0.6%, ya que pasaron de 2.501 billones de pesos en los primeros seis meses de 2018 a 2.622 billones de pesos en los mismos meses de 2019.  Este marginal incremento se deriva de una caída de -16.7% en los ingresos petroleros y un aumento significativo de 4.7% real en los ingresos no petroleros. Cabe señalar que en la primera mitad del 2019, los ingresos petroleros representaron apenas el 15.73% del total de ingresos del sector público, mientras que los ingresos no petroleros representaron el restante 84.27% del total. Se debe pues destacar que no obstante el casi nulo crecimiento de la economía nacional, los ingresos no petroleros del sector público aumentaron en casi 5% en la primera mitad del año, lo que indica que la autoridad fiscal está apretando más a los contribuyentes cautivos.

Es importante destacar que el aumento de 4.7% en los ingresos no petroleros se deriva de un aumento de 4.5% en los ingresos del gobierno federal, un incremento de 2.5% en los ingresos de los organismos de control presupuestario directo (IMSS e ISSSTE), y un incremento de 9.4% en los ingresos de la empresa productiva del estado (CFE).

Dentro del rubro de ingresos del gobierno federal, tenemos un dato por demás importante y es que los ingresos tributarios (impuestos) crecieron 4.4%, mientras que los no tributarios se elevaron en 5.9%. Más adelante, se explica la evolución de los ingresos tributarios del gobierno federal y cómo se relacionan éstos con la evolución económica nacional.

Ingresos sector público

Gastos del sector público

Contrario al incremento anualizado en términos reales de 0.3% en los ingresos del sector público en el primer semestre de 2019, el gasto del sector público reporta una caída de -4.5%, ya que éste pasó de 2.789 billones de pesos en los primeros seis meses de 2018 a 2.775 billones de pesos en los mismos meses de 2019. Esta evolución se deriva de una caída de -2.5% en el gasto corriente, una caída por demás relevante de -17.0% en el gasto de capital y un incremento de 5.1% en el gasto de pensiones.

Profundizando en la evolución del gasto programable corriente, vemos que éste disminuyó -5.2% debido a que el gasto en los servicios personales (nómina) disminuyó -4.8%, mientras que los gastos de operación disminuyeron -2.9%. En cuanto a los gastos programables de capital, vemos que lamentablemente, la inversión física disminuyó -17.3% en términos reales, lo que a su vez se debe a que la inversión física directa cayó -15.1% y la inversión física indirecta decreció -19.8%. Cabe señalar que la inversión física del gasto programable representó apenas el 9.82% del gasto total del sector público federal en el primer semestre de 2019 (en el primer semestre de 2018 dicho porcentaje ascendió a 11.34%, por lo que se percibe el acelerado deterioro en este indicador).

En cuanto al gasto no programable, tenemos que en la primera mitad de 2019, el costo financiero de la deuda pública creció 4.7% real respecto a los mismos meses de 2018, ya que pasó de 331.772 a 361.949 miles de millones de pesos (mmdp). Este incremento se debe a una creciente deuda pública y a un aumento generalizado en las tasas de interés que pagan los instrumentos del sector público. Por ejemplo, tenemos que la tasa de interés promedio de los Cetes a 28 días pasó de 7.46% en el primer semestre de 2018 a 8.00% en el primer semestre de 2019.  Respecto al costo financiero, se debe destacar que lamentablemente en el primer semestre de 2019, el costo financiero de la deuda pública fue 32% mayor que el gasto por inversión física de todo el sector público.  Por su parte, el gasto en participaciones creció en 4.9% en términos reales en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018.

Gasto Secctor Público I19

Balance de ingresos y gastos del sector público

Si tomamos los ingresos presupuestarios del sector público y le sustraemos el gasto neto del sector público presupuestario durante el primer semestre de 2019, vemos que hay un déficit de -153.118 mmdp, el cual se compara favorablemente respecto del déficit de -166.553 mmdp observado en el primer semestre de 2018.

De esta manera, pese al aumento en los ingresos presupuestarios del sector público y la fuerte caída en el gasto neto del sector público presupuestario, la deuda del sector público continúa creciendo. De acuerdo con información de la SHCP, el total de la deuda neta del sector público federal pasó de 10.829 billones de pesos en diciembre de 2018 a 10.965 billones de pesos en junio de 2019, lo que representa un incremento de 136 mil millones de pesos en los primeros seis meses de 2019. Cabe aclarar que este ritmo de endeudamiento es considerablemente más bajo que el observado en el sexenio anterior, en el que la deuda del sector público creció en promedio en 910 mmdp por año.

DEuda I19

Recaudación fiscal del gobierno federal

Como se señaló líneas arriba, en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018, los ingresos tributarios (impuestos) del gobierno federal crecieron 4.4% en términos reales al haber pasado de 1.558 a 1.694 billones de pesos.

A continuación  se menciona la evolución de los impuestos más relevantes durante el primer semestre de 2019: La recaudación por el Impuesto Sobre la Renta (ISR) creció 1.5% en términos reales, al haber pasado de 877.3 mmdp a  927.2 mmdp. Mientras que lo recaudado por el Impuesto al Valor Agregado (IVA) cayó -0.4% en términos reales al haber pasado de 460.8 mmdp a 477.9 mmdp. Por su parte, lo obtenido por el Impuesto Especial sobre Producción y Servicio (IEPS) a la gasolina y diésel subió 69.5% en términos reales al haber pasado de 83.8 mmdp a 147.9 mmdp. Finalmente, la recaudación por impuestos a la importación subió 11.1% en términos reales, al haber pasado de 27.6 mmdp a 32.0 mmdp.

Evolución económica y su relación con la recaudación fiscal

Como ya se señaló, esta evolución de la recaudación impositiva se da en un contexto en el que de acuerdo a la más reciente estimación oportuna del PIB, en el primer semestre de 2019 la economía creció 0.3% en términos reales respecto del mismo semestre de 2018. Por su parte, y en el mismo sentido, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció también 0.3% anualizado en el comparativo de los primeros cinco meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018.

Por su parte, el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior, muestra un aumento de apenas 1.0% real en el comparativo de los primeros cinco meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018. Finalmente, vemos que el valor de las importaciones de México (en términos de pesos) subió 0.6% en el comparativo del primer semestre de 2019 respecto del mismo semestre de 2018.

Relación de la recaudación fiscal y evolución económica

La recaudación por ISR es mayor que la tasa de crecimiento del PIB (1.5% vs 0.3%), lo que es indicativo de que se está apretando a las empresas con mayores actos de fiscalización. Las medidas tomadas en contra de la venta de facturas y operaciones simuladas también pueden haber jugado un papel relevante. De igual forma, el continuo retraso en la devolución de los saldos a favor de IVA para los exportadores, también juega un papel. No se considera que el gobierno federal esté tomando medidas relevantes respecto al combate a la economía informal.

Respecto a la recaudación de IVA, vemos que ésta ha caído -0.4% a pesar de que el consumo privado aumentó en 1.0%. Esto puede deberse a que los canales de comercialización formales se han visto más afectados que los informales.

Llama la atención el fuerte aumento en la recaudación de IEPS a gasolinas y diésel, esto ocurre por el menor “subsidio” otorgado a éstas por parte del gobierno federal. Hay que recordar que antes de las elecciones de 2018, el gobierno federal trató de mantener los precios de las gasolinas amortiguando las alzas cobrando menos IEPS.

Finalmente, el hecho de que la recaudación por impuestos a la importación haya aumentado en 11.1% en un contexto en el que el valor de las importaciones creció sólo 0.6% en pesos, es indicativo de que puede estarse dando un cambio en el origen de las mercancías de países con los que tenemos tratado de libre comercio a naciones con los que no lo tenemos (ej. China), mayores controles a la importación de mercancías, cambios en los hábitos de consumo hacía bienes con mayores aranceles originarios de naciones con los que no tenemos acuerdo comercial.

A manera de conclusión podemos señalar que el gobierno federal está haciendo su trabajo en cuanto a mantener finanzas públicas sanas, ya que a pesar de la caída en los ingresos petroleros, en el balance sus ingresos han aumentado. Es muy positivo que la deuda del sector público ahora crezca a un ritmo mucho más lento que en el sexenio pasado, sin embargo, preocupa que esto se dé porque el gasto público ha caído principalmente por un mucho menor gasto de inversión.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

Deuda pública

Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

Intereses

Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La deuda pública es el mayor lastre para México

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Una variable que explica la debilidad de la economía mexicana es su débil situación fiscal.

La deuda pública es el mayor lastre en materia económica con el que carga el país y es responsable de muchos de los recortes presupuestales que se han propuesto para el 2019, además de ser la causa de los mayores controles fiscales propuestos, los cuales sin duda afectarán los flujos operativos de las empresas. En esta entrega se explica lo que la deuda pública representa para las finanzas de México y como ésta limita las posibilidades de desarrollo económico y social.

Al mes de octubre de 2018, el saldo total de la deuda neta se ubicó en 10.517 billones de pesos, de los cuales 6.602 billones de pesos correspondían a deuda interna neta y el resto, el equivalente a 3.915 billones de pesos eran deuda externa neta (197,731 millones de dólares). Aunque diversos economistas y analistas lo nieguen, este nivel de endeudamiento representa una pesada carga fiscal para el país.

Diversos economistas dicen que el saldo de la deuda pública no representa un problema porque equivale a apenas el 45% de un PIB nominal, que ascendió a 23.425 billones de pesos al tercer trimestre de 2018. Argumentan inclusive que México todavía se puede endeudar más y ponen como ejemplo la situación fiscal de naciones desarrolladas, como Japón que tiene una deuda pública que representa el 253% de su PIB, o los Estados Unidos con una que representa el 105.4% de su PIB.

Estas comparaciones son irresponsables, porque pretenden hacer creer que todavía nos podemos endeudar más como país, siendo que ya hemos llegado al límite del endeudamiento en función de nuestra capacidad de hacer frente al costo financiero de dicha deuda. Para el año 2018 el costo financiero de la deuda se estima que será de 630.791 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representa el 12.35% de los 5.106 billones de pesos que se tendrán de ingresos presupuestarios por parte del sector público.  Para el 2019 el costo financiero se pronostica en 749.574 mmdp, cantidad que representa el 14.21% de los ingresos presupuestarios del sector público previstos para dicho año. Vemos pues que para el 2019 se espera que tan sólo por los intereses que genera la deuda del sector público se eroguen casi 120 mmdp adicionales respecto a este año, y pues de algún lugar debe salir ese dinero extra que se requiere.

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2018/p: dato al mes de octubre de 2018, Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Es así que sin duda, este mayor costo financiero, sumado al capricho de cancelar el aeropuerto de Texcoco, así como la necesidad de cumplir promesas de campaña, explican varios de los  muy sensibles recortes planteados en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. En otras palabras, dados los compromisos existentes, el costo de tener finanzas públicas ”equilibradas” es el recorte presupuestal planteado. Y no, no se trata de estar en crisis para que sea justificable realizar ajustes presupuestales (como recientemente lo dijo el columnista Pablo Hiriart), sino que los recortes al gasto son precisamente una condición indispensable para evitar esa crisis.

Al final de cuentas, debemos quedarnos con el dato de que tan sólo el pagar los intereses de la deuda del sector público se lleva casi uno de cada siete pesos que eroga todo el sector público federal; y lo peor es que en tanto no bajen las tasas de interés en México, éste se ha convertido en un problema crónico para las finanzas públicas del país. ¿Cómo fue que llegamos a esta lamentable situación?

En el año 2006 el costo financiero de la deuda pública en México fue de apenas 250.065 mmdp, para el año 2012 fue de 305.118 mmdp, ya en el año 2015 fue de 408.287 mmdp, y como ya se señaló, en el 2018 se estima que será de 630.791 mmdp, hasta llegar a los casi 750 mmdp en 2019. Estas mayores erogaciones son producto de tres factores: 1) El incremento irresponsable del saldo de la deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto (creció 96.5% entre el 31 de diciembre de 2012 y el 31 de octubre de 2018), 2) El aumento en las tasas de interés en México a partir de diciembre de 2015 (los Cetes a 28 días pasaron de 3.14 en diciembre de 2015 a 7.83% en noviembre de 2018), y 3) Por la reciente alza en las tasas de interés en los Estados Unidos (la tasa de fondos federales pasó de 0.12% en noviembre de 2015 a 2.20% en noviembre de 2018).

Cabe señalar que en 2019 la deuda del sector público seguirá aumentando en términos nominales. Para dicho año se plantea un superávit de 245.733 mmdp, pero al restarle los intereses de la deuda por 749.574 mmdp, pues acabamos con un balance económico deficitario por 503.841 mmdp, y es precisamente en este monto en lo que veremos aumentar la deuda del sector público el año que viene. En otras palabras, la deuda del sector público federal aumentará el año que viene en más de medio billón de pesos para rebasar los 11 billones al cierre de 2019.

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2018/p: Estimación de cierre de año; Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Una de las peores cosas de toda esta situación es que el crecimiento de la deuda pública en México no se ha traducido en un país más competitivo o un país con mucha mayor infraestructura física. ¡El ritmo de endeudamiento durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue equivalente a 2,700 millones de pesos diarios! ¿Y para qué sirvió todo ese dinero? Los responsables del endeudamiento deberían dar una explicación, pero lo que si es una realidad es que no fue dinero que fuera para inversión física.

De acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda, el gasto en inversión física directa estuvo muy por debajo del ritmo de endeudamiento y vino hacía menos en los últimos años del sexenio de Peña Nieto. En 2016 dicho gasto fue de 455.074 mmdp, en 2017 cayó a 321.225 mmdp, y en los primeros 10 meses de 2018 es de tan sólo 279.085 mmdp. Queda claro que lo que se invirtió en infraestructura por parte de sector público en el pasado sexenio fue tan sólo una parte del monto en el que endeudaron al país, por eso la forma como nos endeudaron fue irresponsable y ahora pagamos las consecuencias.

A manera de conclusión podemos decir que la herencia fiscal de Enrique Peña Nieto trascenderá su sexenio y limitará mucho lo que se pueda hacer en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La apuesta del gobierno no es lograr un balance económico positivo (superávit fiscal) sino simplemente lograr que la deuda crezca a una tasa inferior a lo que crece el PIB nominal para que éste tenga cada vez un menor peso en la economía. Sin embargo, lo que se debe cuidar es que el costo financiero de la deuda sea cada vez un porcentaje más bajo de los ingresos presupuestarios del país. Esta es la única manera en que las calificadoras de deuda soberana nos podrán ver como un país con finanzas públicas sólidas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La inestabilidad del peso y algunas de sus causas

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En 2017 y 2018 el peso mexicano ha sido una de las monedas más volátiles.

Para muchos, el año 2018 ha sido uno de elevada volatilidad en materia de tipo de cambio. A lo largo de este año hemos visto el dólar en niveles que han oscilado entre 17.9830 y los 20.7120 pesos, lo que implica que el peso ha fluctuado en un rango de 2.7290 pesos. Esta gran inestabilidad en el tipo de cambio desde luego que ha complicado las tareas de planeación, sobre todo para aquellas empresas que realizan operaciones de comercio exterior.

El problema de la volatilidad cambiaria no es reciente, sino que la venimos arrastrando de manera relevante desde el 2016, año en el que se realizaron las campañas presidenciales en los Estados Unidos, y el candidato del Partido Republicano, Donald Trump, amenazaba que si ganaba la elección retiraría a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), construiría un muro fronterizo con México, haría que fluyera menos inversión extranjera hacía México, y haría una deportación masiva de migrantes mexicanos. Una vez que se dio el triunfo del Republicano, sus políticas económicas y declaraciones han ocasionado importantes fluctuaciones en el valor de las monedas, y a México parece afectarle más que a otros países.

En esta entrega se analiza cómo ha evolucionado la volatilidad del peso mexicano frente al dólar y posteriormente se realiza un análisis comparativo de la volatilidad de nuestra moneda en relación a un grupo de otras 10 divisas. Finalmente, se explican algunas de las razones que provocan la debilidad y volatilidad del peso.

De acuerdo con datos del Pacific Exchange Rate Service (PERS) de la Universidad de British Columbia, con cotizaciones diarias, el tipo de cambio promedió 18.91 pesos por dólar en 2017, y las cotizaciones registraron una desviación estándar de 1.06 pesos. Con estos dos datos podemos construir un indicador de volatilidad dividiendo el valor de la desviación estándar entre la media, y de esta manera, este indicador arroja un valor de 5.6% para el peso mexicano en el año 2017.  Ahora, en relación a lo que va del año 2018 la media (o promedio) de las cotizaciones diarias del tipo de cambio es de 19.18 pesos por dólar y se registra una desviación estándar de 0.68 pesos, lo que arroja un cociente de desviación estándar respecto a la media de 3.5%.

Si limitamos el análisis a las cotizaciones diarias del peso mexicano frente al dólar, para el periodo del 1 de noviembre al 6 de diciembre de este año, vemos que el tipo de cambio promedio fue de 20.27 pesos por dólar con una desviación estándar de 0.20 pesos, lo que nos arroja una relación de desviación estándar respecto a la media de apenas el 1.0%. Todos estos datos significan que contrario a lo que pudiera pensarse, la volatilidad del tipo de cambio ha venido disminuyendo en 2018 respecto a la observada en 2017.

¿Cómo se compara la volatilidad del tipo de cambio del peso mexicano frente al dólar con la registrada por otras monedas? Para responder esta pregunta, en GAEAP realizamos un análisis de la volatilidad de las siguientes divisas: peso argentino (ARS), real brasileño (BRL), dólar canadiense (CAD), peso chileno (CLP), yuan chino (CNY), peso colombiano (COP), euro (EUR), yen japonés (JPY), won de Corea del Sur (KRW) y el dong vietnamita (VND).

Con datos del PERS, encontramos que durante 2017 de este grupo de 11 monedas la de mayor volatilidad fue el peso mexicano (MXN) con un cociente de desviación estándar dividido entre su cotización promedio de 5.6%. Le siguieron las siguientes monedas de mayor a menor volatilidad (en paréntesis se indica el cociente de la desviación estándar dividido entre el promedio anual de cotizaciones diarias): ARS (5.5%), EUR (4.6%), CAD (3.2%), CLP (2.5%), BRL (2.2%), KRW (2.1%), CNY (1.9%), COP (1.9%), JPY (1.6%), y VND (0.6%). Vemos que contrario a lo sucedido con el peso mexicano, el dong vietnamita fue la moneda que presentó la mayor estabilidad, lo cual se debe a los controles cambiarios que ejerce el régimen comunista que controla al país.

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En el 2018 el dólar ha oscilado entre los 17.9830 y los 20.7120 pesos

En lo que va del año 2018, vemos que la moneda que registra la mayor volatilidad es el peso argentino (ARS) con un cociente de desviación estándar respecto a su cotización promedio del año de 26.2%. Le siguen las siguientes monedas ordenadas de mayor a menor volatilidad (en paréntesis se indica el cociente de desviación estándar respecto a la cotización promedio del periodo): BRL (8.1%), CLP (5.0%), COP (4.5%), CNY (3.9%), MXN (3.5%), EUR (3.0%), KRW (2.4%), JPY (2.1%), CAD (2.0%) y VND (1.2%). Vemos que el peso mexicano (MXN) ocupó la sexta posición de las 11 monedas analizadas, también destaca que nuevamente fue el dong vietnamita (VND) la de menor volatilidad. Esto último es positivo para la manufactura en México porque en la medida en que se ha encarecido el dólar estadounidense, también lo ha hecho el dong y eso hace que los productos vietnamitas sean más caros y entonces se limiten las importaciones originarias desde dicha nación.

En cuanto a la volatilidad observada en el periodo del 1 de noviembre al 6 de diciembre, vemos que la moneda de mayor volatilidad fue nuevamente el peso argentino (ARS) con un cociente de desviación estándar respecto al tipo de cambio promedio de 2.8%. Le siguen las siguientes monedas ordenadas de mayor a menor volatilidad (en paréntesis se indica el cociente de desviación estándar respecto al tipo de cambio promedio del periodo): BRL (1.7%), MXN (1.1%), JPY (1.0%), COP (1.0%), CLP (0.6%), CAD (0.6%), VND (0.5%), CNY (0.5%), EUR (0.4%) y KRW (0.4%). Vemos que en el periodo de análisis el peso mexicano (MXN) ocupa el tercer lugar en cuanto a volatilidad, mientras que el won de Corea del Sur es la moneda más estable. Por su parte, el yuan chino ha disminuido mucho sus fluctuaciones frente al dólar, no obstante la guerra comercial que mantiene con los Estados Unidos.

Lo que este análisis nos indica es que para las monedas de Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Japón, Corea del Sur y Vietnam el año 2018 ha sido más volátil, para sus respectivas monedas, comparado con el año 2017. Mientras que para Canadá, las naciones de la Unión Económica y Monetaria de Europa, así como para México, la volatilidad de sus monedas ha sido menor.

Volatilidad tipo de cambio

Después de conocer estos datos, resulta relevante preguntarnos cuales son las causas de que México tenga una de las monedas más volátiles a nivel mundial. ¿Por qué México no tiene una moneda fuerte?

Una de las causas que explica la debilidad del peso mexicano es el deterioro que han sufrido las finanzas públicas del país. De acuerdo con estadísticas de la secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), a octubre de 2018 el saldo de la deuda neta del sector público federal ascendió a 10.517 billones de pesos, cifra que se compara negativamente con el saldo de la deuda neta de 5.352 billones de pesos, observada al cierre de diciembre de 2012. Estos datos implican que en el lapso de 5 años y 10 meses, el nivel de endeudamiento de nuestro país se elevó en 96.50%, equivalente a 5.165 billones de pesos. Este aumento en el nivel de endeudamiento ha sido más que irresponsable, nominalmente ha sido por mucho el más alto de la historia del país, y tendrá importantes repercusiones para las finanzas públicas por el excesivo costo financiero de la deuda.

Deduda pública
El mayor problema que Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray le heredan a Andres Manuel López Obrador es el saldo de la deuda del sector público federal. 

En el año 2012 el sector público federal destinó 305.12 mil millones de pesos (mmdp) para pagar los intereses de la deuda del sector público. En el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2018 se presupuestaron 663.98 mmdp para hacer frente al costo financiero de la deuda, pero en realidad dicho costo acabará siendo superior a los 700 mmdp. Derivado de las alzas en las tasas de interés, se estima que en 2019 el pago de intereses por la deuda del sector público será cercano a los 800 mmdp. Esto implica que para el año que viene el costo financiero de la deuda se llevará aproximadamente el 14.5% de la totalidad de los recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación (los que dispondrá el sector público).

Desde luego que este dato ilustra la posición de enorme vulnerabilidad en la que se encuentran las finanzas del país, esto lo ven las calificadoras de riesgo y hace imposible que mejore nuestra calificación crediticia de la deuda soberana. Sin una mejor calificación, pues es difícil atraer suficientes flujos de divisas a menores tasas de interés, y por el contrario, el estar con la incertidumbre respecto a la evolución de la calificación de nuestra deuda nos pone en una situación complicada.

Claro que hay otros factores que inciden en la debilidad de nuestra moneda y por lo tanto, en la volatilidad que sufrimos. Podemos extender este análisis y hablar del papel que juegan los especuladores, del rol del gigantesco déficit comercial que tenemos con las naciones asiáticas, de la escasa participación de componentes mexicanos en el total de “nuestras” exportaciones, del papel de la política monetaria por parte del Banco de México, del efecto perverso causado por la inflación generada por parte del propio gobierno federal, de los Twits de Donald Trump, entre otros. Ya habrá oportunidad de elaborar respecto a estos elementos en posteriores entregas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Perspectivas para México y la economía mundial en 2019

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La economía mexicana enfrentará importantes retos en 2019, y un contexto internacional adverso

A partir del 1 de diciembre, el nuevo gobierno federal tendrá que darse a la tarea de atender varios problemas económicos relevantes, así como de restaurar la confianza de amplios sectores empresariales y de consumidores que no saben qué acciones de política económica llevará a cabo la administración de Andrés Manuel López Obrador. Esto último aparentemente ya ha comenzado a afectar las decisiones de inversión productiva y de consumo, ya veremos cómo salen los índices de confianza del consumidor y confianza empresarial del mes de noviembre.

Esto se da en un contexto internacional complicado, ya que como veremos más adelante, 3 de las 4 principales economías del mundo enfrentan caídas o desaceleración en su tasa de crecimiento. Esto es importante porque si ocurre una disminución considerable en la tasa de crecimiento de Estados Unidos, entonces uno de nuestros principales motores de crecimiento económico se verá afectado: las exportaciones.

Antes de explicar lo que sucede con las economías de Alemania, Japón y China, vale la pena hacer un breve recuento de algunas de los retos que enfrentará el nuevo gobierno federal en materia económica:

  1. Mayor presión para las finanzas públicas derivadas de un incremento sustancial en el costo financiero de la deuda pública (interna y externa). Esto es producto del alza en el tipo de cambio y de las tasas de interés. Un tipo de cambio en 20.30 pesos por dólar, y CETES a 28 días en torno al 8.0% implican que el año que viene el costo financiero de la deuda en la práctica superará los 750 mil millones de pesos. Con esta cifra, queda claro que una de las herencias más perversas que le deja el gobierno de Enrique Peña Nieto al de Andrés Manuel López Obrador, es la situación de las finanzas públicas. Peña Nieto endeudó al país de una manera irresponsable y muestra de ello es que en lo que va de su mandato la deuda del sector público pasó de 5.35 a 10.31 billones de pesos (al mes de septiembre de 2018).
  2. Otro tema que preocupa es una posible disminución en la inversión productiva, derivada del alza en las tasas de interés, y por la incertidumbre o riesgo de que el próximo gobierno decida suspender la reforma energética. El alza en la tasa de interés en 5 puntos porcentuales en el periodo de los últimos tres años ha afectado negativamente a diversos sectores como el inmobiliario y el de venta de automóviles. Además, en el periodo de enero a agosto de 2018, se aprecia un estancamiento del sector construcción con un alza anualizada de apenas 0.5%, mientras que la inversión en maquinaria nacional presenta una disminución anualizada de -0.5%. En cuanto a la reforma energética, se debe destacar que bajo las reglas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), los inversionistas estadounidenses y canadienses que se vean afectados por una cancelación de la reforma energética pueden demandar al gobierno mexicano, por lo que se ve poco probable una cancelación; sin embargo, si existe un elevado riesgo de que la reforma citada se suspenda y que ya no veamos más licitaciones en el periodo de 2019 a 2024.
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    Fitch Ratings ha puesto la calificación de la deuda soberana de México con perspectiva negativa.

    En el tema de la calificación de la deuda soberana, pues ya tanto Fitch Ratings como HR Ratings nos la pusieron con perspectiva “negativa” después de haberla tenido en “estable”. Sin embargo, la prueba de fuego para la calificación de la deuda mexicana será la presentación del Paquete Económico 2019, ya que en esos documentos (Criterios Generales de Política Económica, Presupuesto de Egresos y Ley de Ingresos) veremos cuanto y en qué pretenderán gastar, si habrá impuestos nuevos, cuanto se destinará para el pago de intereses para deuda interna y externa, si los supuestos en los que se basan los ingresos son reales, entre muchas otras cosas más. Los mercados analizarán con lupa el Paquete Económico 2019, y el día de su presentación ante el Legislativo es un día en el que podríamos ver un movimiento relevante en el tipo de cambio.

  4. Otro tema que preocupa es el proceso de ratificación del T-MEC en el Congreso de los Estados Unidos. En la semana que concluye ya escuchamos a legisladores del envalentonado Partido Demócrata insinuando que solicitarán modificaciones al texto del tratado. “Ciertamente hay algunas mejoras en el USMCA (T-MEC) con respecto al previo TLCAN, pero aún no hay nada definido sobre si este acuerdo cumple con mi estándar para un acuerdo mejor para los trabajadores estadounidenses”, dijo el representante de Nueva Jersey, Bill Pascrell, actualmente el demócrata de más alto nivel de comercio del Subcomité de Medios y Arbitrios. Veremos si la negativa del Partido Demócrata a aprobar el T-MEC no se traduce en la denuncia del presidente Donald Trump de que se retiran del TLCAN, y con ello veamos al tipo de cambio mexicano presionarse de manera importante. No debemos olvidar que el tema tipo de cambio es muy relevante, y que si este no se estabiliza seguiremos viendo alzas en diversos insumos para la producción y en los bienes de consumo final, lo que representa más apretones en la política monetaria del Banco de México.
  5. Incidencia de Andrés Manuel López Obrador en la política monetaria. Desde que el Banxico obtuvo su autonomía, AMLO será el primer presidente de México que tendrá la oportunidad de proponer durante su mandato a tres Subgobernadores del banco central. Si bien esto no ocurrirá en el 2019, si podríamos presenciar en los próximos años a un banco central más preocupado por coadyuvar para que haya un mayor crecimiento de la producción y del empleo, y no tan preocupado en cumplir su mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda. ¿Es esto algo positivo? Creo que sí porque tendríamos un banco central moderno con objetivos similares a los que tiene el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos; sin embargo, hay que ver cómo reaccionan los mercados cuando se hagan las propuestas de quienes serán los subgobernadores (hasta ahora solo sabemos de Jonathan Heath, quien me parece una magnífica elección) y cuidar que quienes sean propuestos sean personas de una reconocidísima trayectoria y profesionalismo.

Como lo mencioné al principio de esta entrega, tenemos que el gobierno de López Obrador enfrentará los retos en materia económica antes mencionados, y muchos otros más, en un contexto internacional de desaceleración en su tasa de crecimiento.

De acuerdo con información publicada la semana que recién terminó, la desaceleración económica mundial es una realidad y ésta probablemente golpeará a los Estados Unidos en 2019. Esto porque las economías de Alemania y Japón reportaron una caída de su respectivo PIB en el tercer trimestre de este año, la primera de -0.2%, mientras que la segun

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La economía de Estados Unidos creció 4.2% en el segundo trimestre y 3.5% en el segundo, pero hay elevadas probabilidades de que se desacelere en el 2019.

da de -1.2%. Esto contrasta con el crecimiento de 3.5% anualizado reportado por los Estados Unidos durante el mismo periodo. Por su parte, en China, hay diversas señales de una profundización en su malestar económico, ya que su crecimiento fue de 6.5%, la tasa más baja desde la crisis financiera mundial. Es así que tres de las cuatro mayores economías del mundo están en problemas.

El tema de la posible desaceleración económica de Estados Unidos es muy relevante porque nuestras exportaciones a dicho mercado equivalen al 27.5% de nuestro PIB, y obviamente no es coincidencia que nuestras exportaciones con destino a nuestro vecino del norte hayan aumentado a una tasa superior al 10% en el tercer trimestre del año, y al mismo tiempo hayamos visto una economía estadounidense extremadamente fuerte en el segundo y tercer trimestres de este año.

Estados Unidos, con su creciente déficit fiscal y sus guerras comerciales, enfrentará gigantescos retos en el 2019, por lo que es incierto el desempeño que vaya a tener el comercio exterior mexicano. ¿Cuál será entonces la estrategia para lograr una economía dinámica que genere los puestos de trabajo bien remunerado que se requieren? Hemos visto que el crecimiento del mercado interno en México se ha dado porque cada vez hay más gente trabajando, y no porque haya habido una recuperación de los ingresos promedio de la población ocupada. Ojala que el próximo gobierno federal no se vea tentado a aumentar el gasto público de manera desproporcionada como detonante del crecimiento, habrá que esperar.

Mientras tanto, en GAEAP ya hemos ajustado a la baja nuestra proyección de crecimiento del PIB mexicano en 2019 a un 1.9%, cifra que implica una tasa de crecimiento 0.3 puntos porcentuales por debajo de la que estimamos para el 2018.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt