Una deuda pública que no deja de crecer

Mucho se ha dicho respecto a la manera tan irresponsable en la que la administración del presidente Enrique Peña Nieto, endeudó al país. En diciembre de 2012 la deuda neta del sector público federal era de 5.35 billones de pesos, mientras que en diciembre de 2018 ésta ascendió a 10.83 billones, lo que implica un aumento de la deuda de 5.48 billones de pesos o de un 102.4% en seis años. Evidentemente esta tendencia no se puede frenar rápidamente, por lo que en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sigue aumentando la deuda pública, como veremos en esta entrega.

De acuerdo con las estadísticas oportunas de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al mes de febrero de 2019 el total de la deuda neta del sector público federal sumó 10.815 billones de pesos, cifra que representa un 8.0% más respecto al saldo observado en febrero de 2018, cuando está ascendió a 10.017 billones de pesos. De esta manera vemos que en el último año, el saldo de la deuda neta del sector público aumentó en 798.4 miles de millones de pesos. ¡Ese monto equivale a un endeudamiento neto de 2.187 miles de millones de pesos por día en el último año! Es una cifra que se dice fácil, pero es descomunal.

Deuda pública

Del saldo de la deuda de 10.815 billones de pesos, cabe señalar que 6.938 billones corresponden a deuda interna, mientras que el resto, equivalente a 202.315 miles de millones de dólares fue el saldo de la deuda externa. Así, vemos que en el periodo de febrero de 2018 al mismo mes de 2019 el saldo de la deuda interna neta aumentó 9.2%, mientras que el saldo de la deuda externa neta creció en 3.0%.

¿La deuda pública de México es demasiado grande? Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México en 2018 fue de 23.542 billones de pesos, y asumimos que en 2019 será de unos 24.719 billones de pesos, entonces el saldo de la deuda neta del sector público federal representa el 43.7% del PIB. Esta proporción de deuda a PIB puede ser considerada por muchos como “sana”, sin embargo, la dimensión del problema de la deuda se aprecia mejor cuando comparamos la deuda con otros indicadores como los ingresos del sector público.

La Ley de Ingresos de la Federación 2019 establece que los ingresos totales del sector público serán de 5.838 billones de pesos, de los cuales 539.871 mil millones de pesos provienen de nuevos financiamientos (más deuda), por lo que los verdaderos ingresos del sector público federal serán en el mejor de los casos de 5.299 billones de pesos. Sin embargo, de acuerdo con los “Pre-Criterios 2020” entregados por la SHCP al Congreso de la Unión el pasado 1 de abril, se estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores a los presupuestados en 121.2 miles de millones de pesos por la caída en los ingresos petroleros. De esta manera, lo más probable es que los ingresos del sector público federal en 2019 sean de unos 5.178 billones de pesos. Si comparamos el monto de la deuda con los ingresos del sector público, queda claro que la deuda neta del sector público mexicano es de más del doble (de hecho representa el 209% de los ingresos del sector público).

Al analizar la deuda, otro punto que se debe tomar en consideración es el costo financiero que nos ocasiona dicha deuda. Al mes de febrero de 2019 el costo financiero de la deuda fue de 94.602 miles de millones de pesos, cantidad 11.1% más alta a la observada en el mismo periodo de 2018. Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, el costo financiero de la deuda se estima que será de 749.074 miles de millones de pesos. Esta cifra es enorme cuando se toma en consideración que en 2012 el costo financiero fue de 305.12 miles de millones de pesos, por lo que queda claro que en 7 años éste aumentó en 145.5%.

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Con todos estos datos se puede hacer una analogía para entender mejor lo que pasa en nuestro país. Si México fuera una familia que tuviera un ingreso de 500 mil pesos al año, tendría un saldo de deuda de 1.045 millones de pesos y un gasto anual de intereses de 72.3 miles de pesos.  En términos mensuales tendría un ingreso de 41.666 miles de pesos y pagaría intereses por sus deudas de 6.025 miles de pesos. Desde luego, como tiene muchas necesidades, esta familia no se puede dar el lujo de pagar el saldo del capital de sus deudas, y apenas paga los intereses endeudándose cada año más y más.

Otro aspecto que vale la pena mencionar respecto a las finanzas públicas de México es que se nos dice hasta el cansancio que hay “disciplina en las finanzas públicas” y que se mantiene un “superávit primario”, pero la realidad es que el grueso de la gente no conoce ese concepto y sólo se va con la idea de que hay “superávit”. La realidad es que el superávit primario es sólo la diferencia de los ingresos menos los gastos antes de pagar el costo financiero de la deuda. Es un tecnicismo que confunde.

De acuerdo con la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos 2019, se espera un superávit primario de 245.7 mil millones de pesos, pero si tomamos en consideración que el costo financiero será de 749.074 miles de millones de pesos, pues eso nos da que en el mejor de los casos este año nos endeudaremos en otros 503.3 miles de millones de pesos adicionales.  Y digo que en el mejor de los casos porque, como ya se señaló líneas arriba, el gobierno federal está estimando una caída de los ingresos de 121.2 miles de millones de pesos, por lo que si no se ajusta el gasto público en la misma proporción, entonces veremos que la deuda crecerá en mucho más del medio billón de pesos en los que ahora se espera que aumente.

La debilidad de las finanzas públicas de México y la adicción a la deuda por parte de los gobernantes genera una serie de problemas económicos adicionales. Muchos piensan que con un mayor endeudamiento que se traduzca en más gasto público se incentiva la actividad económica, pero la realidad es que en México la deuda no ha servido para que crezcamos más. No obstante que la deuda pública aumentó en 5.48 billones de pesos en el pasado sexenio, vemos que la tasa de crecimiento promedio fue de apenas 2.41%. ¿Por qué sucedió esto? Pues porque nos endeudamos para pagar gasto corriente y no es un endeudamiento productivo. Es decir, no nos endeudamos en más de 5 billones de pesos para construir infraestructura que nos volviera más productivos.

Por otra parte, se debe señalar que estos enormes déficits fiscales, que se registran cada año, son parte de la explicación de los crecientes déficits que tenemos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Una mayor demanda agregada, ocasionada por un gasto público inflado, se traduce en mayores importaciones y por lo tanto más dependencia del exterior. Por lo tanto, en un contexto de debilidad fiscal arrastrada por los problemas de Pemex, aunado a crecientes desequilibrios externos, es que las calificadoras como Standard & Poor´s amenazan con bajarnos nuestra calificación de deuda soberana.

Dado todo lo anterior, lo ideal es que se establezca la obligación legal de tener un presupuesto equilibrado, y no sólo una meta de tener un superávit primario, que ya vimos es sólo un concepto técnico que confunde a quien no es experto en finanzas públicas. Si México logra un presupuesto equilibrado en sus finanzas públicas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por lo que el tema de las calificadoras dejaría de ser tema. Con ello se fortalecería el peso y en general la actividad económica.

Desde luego que es difícil lograr un presupuesto equilibrado, ya que se deben aumentar ingresos o disminuir gastos. Esto conlleva importantes costos políticos y económicos en el corto plazo, pero sentaría las bases para un crecimiento ordenado en el mediano y largo plazos. México debe abandonar su adicción a la deuda, en beneficio de las generaciones futuras.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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La deuda pública es el mayor lastre para México

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Una variable que explica la debilidad de la economía mexicana es su débil situación fiscal.

La deuda pública es el mayor lastre en materia económica con el que carga el país y es responsable de muchos de los recortes presupuestales que se han propuesto para el 2019, además de ser la causa de los mayores controles fiscales propuestos, los cuales sin duda afectarán los flujos operativos de las empresas. En esta entrega se explica lo que la deuda pública representa para las finanzas de México y como ésta limita las posibilidades de desarrollo económico y social.

Al mes de octubre de 2018, el saldo total de la deuda neta se ubicó en 10.517 billones de pesos, de los cuales 6.602 billones de pesos correspondían a deuda interna neta y el resto, el equivalente a 3.915 billones de pesos eran deuda externa neta (197,731 millones de dólares). Aunque diversos economistas y analistas lo nieguen, este nivel de endeudamiento representa una pesada carga fiscal para el país.

Diversos economistas dicen que el saldo de la deuda pública no representa un problema porque equivale a apenas el 45% de un PIB nominal, que ascendió a 23.425 billones de pesos al tercer trimestre de 2018. Argumentan inclusive que México todavía se puede endeudar más y ponen como ejemplo la situación fiscal de naciones desarrolladas, como Japón que tiene una deuda pública que representa el 253% de su PIB, o los Estados Unidos con una que representa el 105.4% de su PIB.

Estas comparaciones son irresponsables, porque pretenden hacer creer que todavía nos podemos endeudar más como país, siendo que ya hemos llegado al límite del endeudamiento en función de nuestra capacidad de hacer frente al costo financiero de dicha deuda. Para el año 2018 el costo financiero de la deuda se estima que será de 630.791 miles de millones de pesos (mmdp), cifra que representa el 12.35% de los 5.106 billones de pesos que se tendrán de ingresos presupuestarios por parte del sector público.  Para el 2019 el costo financiero se pronostica en 749.574 mmdp, cantidad que representa el 14.21% de los ingresos presupuestarios del sector público previstos para dicho año. Vemos pues que para el 2019 se espera que tan sólo por los intereses que genera la deuda del sector público se eroguen casi 120 mmdp adicionales respecto a este año, y pues de algún lugar debe salir ese dinero extra que se requiere.

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2018/p: dato al mes de octubre de 2018, Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Es así que sin duda, este mayor costo financiero, sumado al capricho de cancelar el aeropuerto de Texcoco, así como la necesidad de cumplir promesas de campaña, explican varios de los  muy sensibles recortes planteados en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. En otras palabras, dados los compromisos existentes, el costo de tener finanzas públicas ”equilibradas” es el recorte presupuestal planteado. Y no, no se trata de estar en crisis para que sea justificable realizar ajustes presupuestales (como recientemente lo dijo el columnista Pablo Hiriart), sino que los recortes al gasto son precisamente una condición indispensable para evitar esa crisis.

Al final de cuentas, debemos quedarnos con el dato de que tan sólo el pagar los intereses de la deuda del sector público se lleva casi uno de cada siete pesos que eroga todo el sector público federal; y lo peor es que en tanto no bajen las tasas de interés en México, éste se ha convertido en un problema crónico para las finanzas públicas del país. ¿Cómo fue que llegamos a esta lamentable situación?

En el año 2006 el costo financiero de la deuda pública en México fue de apenas 250.065 mmdp, para el año 2012 fue de 305.118 mmdp, ya en el año 2015 fue de 408.287 mmdp, y como ya se señaló, en el 2018 se estima que será de 630.791 mmdp, hasta llegar a los casi 750 mmdp en 2019. Estas mayores erogaciones son producto de tres factores: 1) El incremento irresponsable del saldo de la deuda pública en el sexenio de Enrique Peña Nieto (creció 96.5% entre el 31 de diciembre de 2012 y el 31 de octubre de 2018), 2) El aumento en las tasas de interés en México a partir de diciembre de 2015 (los Cetes a 28 días pasaron de 3.14 en diciembre de 2015 a 7.83% en noviembre de 2018), y 3) Por la reciente alza en las tasas de interés en los Estados Unidos (la tasa de fondos federales pasó de 0.12% en noviembre de 2015 a 2.20% en noviembre de 2018).

Cabe señalar que en 2019 la deuda del sector público seguirá aumentando en términos nominales. Para dicho año se plantea un superávit de 245.733 mmdp, pero al restarle los intereses de la deuda por 749.574 mmdp, pues acabamos con un balance económico deficitario por 503.841 mmdp, y es precisamente en este monto en lo que veremos aumentar la deuda del sector público el año que viene. En otras palabras, la deuda del sector público federal aumentará el año que viene en más de medio billón de pesos para rebasar los 11 billones al cierre de 2019.

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2018/p: Estimación de cierre de año; Fuente: Elaborado por GAEAP con datos de la SHCP

Una de las peores cosas de toda esta situación es que el crecimiento de la deuda pública en México no se ha traducido en un país más competitivo o un país con mucha mayor infraestructura física. ¡El ritmo de endeudamiento durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue equivalente a 2,700 millones de pesos diarios! ¿Y para qué sirvió todo ese dinero? Los responsables del endeudamiento deberían dar una explicación, pero lo que si es una realidad es que no fue dinero que fuera para inversión física.

De acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda, el gasto en inversión física directa estuvo muy por debajo del ritmo de endeudamiento y vino hacía menos en los últimos años del sexenio de Peña Nieto. En 2016 dicho gasto fue de 455.074 mmdp, en 2017 cayó a 321.225 mmdp, y en los primeros 10 meses de 2018 es de tan sólo 279.085 mmdp. Queda claro que lo que se invirtió en infraestructura por parte de sector público en el pasado sexenio fue tan sólo una parte del monto en el que endeudaron al país, por eso la forma como nos endeudaron fue irresponsable y ahora pagamos las consecuencias.

A manera de conclusión podemos decir que la herencia fiscal de Enrique Peña Nieto trascenderá su sexenio y limitará mucho lo que se pueda hacer en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La apuesta del gobierno no es lograr un balance económico positivo (superávit fiscal) sino simplemente lograr que la deuda crezca a una tasa inferior a lo que crece el PIB nominal para que éste tenga cada vez un menor peso en la economía. Sin embargo, lo que se debe cuidar es que el costo financiero de la deuda sea cada vez un porcentaje más bajo de los ingresos presupuestarios del país. Esta es la única manera en que las calificadoras de deuda soberana nos podrán ver como un país con finanzas públicas sólidas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La inestabilidad del peso y algunas de sus causas

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En 2017 y 2018 el peso mexicano ha sido una de las monedas más volátiles.

Para muchos, el año 2018 ha sido uno de elevada volatilidad en materia de tipo de cambio. A lo largo de este año hemos visto el dólar en niveles que han oscilado entre 17.9830 y los 20.7120 pesos, lo que implica que el peso ha fluctuado en un rango de 2.7290 pesos. Esta gran inestabilidad en el tipo de cambio desde luego que ha complicado las tareas de planeación, sobre todo para aquellas empresas que realizan operaciones de comercio exterior.

El problema de la volatilidad cambiaria no es reciente, sino que la venimos arrastrando de manera relevante desde el 2016, año en el que se realizaron las campañas presidenciales en los Estados Unidos, y el candidato del Partido Republicano, Donald Trump, amenazaba que si ganaba la elección retiraría a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), construiría un muro fronterizo con México, haría que fluyera menos inversión extranjera hacía México, y haría una deportación masiva de migrantes mexicanos. Una vez que se dio el triunfo del Republicano, sus políticas económicas y declaraciones han ocasionado importantes fluctuaciones en el valor de las monedas, y a México parece afectarle más que a otros países.

En esta entrega se analiza cómo ha evolucionado la volatilidad del peso mexicano frente al dólar y posteriormente se realiza un análisis comparativo de la volatilidad de nuestra moneda en relación a un grupo de otras 10 divisas. Finalmente, se explican algunas de las razones que provocan la debilidad y volatilidad del peso.

De acuerdo con datos del Pacific Exchange Rate Service (PERS) de la Universidad de British Columbia, con cotizaciones diarias, el tipo de cambio promedió 18.91 pesos por dólar en 2017, y las cotizaciones registraron una desviación estándar de 1.06 pesos. Con estos dos datos podemos construir un indicador de volatilidad dividiendo el valor de la desviación estándar entre la media, y de esta manera, este indicador arroja un valor de 5.6% para el peso mexicano en el año 2017.  Ahora, en relación a lo que va del año 2018 la media (o promedio) de las cotizaciones diarias del tipo de cambio es de 19.18 pesos por dólar y se registra una desviación estándar de 0.68 pesos, lo que arroja un cociente de desviación estándar respecto a la media de 3.5%.

Si limitamos el análisis a las cotizaciones diarias del peso mexicano frente al dólar, para el periodo del 1 de noviembre al 6 de diciembre de este año, vemos que el tipo de cambio promedio fue de 20.27 pesos por dólar con una desviación estándar de 0.20 pesos, lo que nos arroja una relación de desviación estándar respecto a la media de apenas el 1.0%. Todos estos datos significan que contrario a lo que pudiera pensarse, la volatilidad del tipo de cambio ha venido disminuyendo en 2018 respecto a la observada en 2017.

¿Cómo se compara la volatilidad del tipo de cambio del peso mexicano frente al dólar con la registrada por otras monedas? Para responder esta pregunta, en GAEAP realizamos un análisis de la volatilidad de las siguientes divisas: peso argentino (ARS), real brasileño (BRL), dólar canadiense (CAD), peso chileno (CLP), yuan chino (CNY), peso colombiano (COP), euro (EUR), yen japonés (JPY), won de Corea del Sur (KRW) y el dong vietnamita (VND).

Con datos del PERS, encontramos que durante 2017 de este grupo de 11 monedas la de mayor volatilidad fue el peso mexicano (MXN) con un cociente de desviación estándar dividido entre su cotización promedio de 5.6%. Le siguieron las siguientes monedas de mayor a menor volatilidad (en paréntesis se indica el cociente de la desviación estándar dividido entre el promedio anual de cotizaciones diarias): ARS (5.5%), EUR (4.6%), CAD (3.2%), CLP (2.5%), BRL (2.2%), KRW (2.1%), CNY (1.9%), COP (1.9%), JPY (1.6%), y VND (0.6%). Vemos que contrario a lo sucedido con el peso mexicano, el dong vietnamita fue la moneda que presentó la mayor estabilidad, lo cual se debe a los controles cambiarios que ejerce el régimen comunista que controla al país.

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En el 2018 el dólar ha oscilado entre los 17.9830 y los 20.7120 pesos

En lo que va del año 2018, vemos que la moneda que registra la mayor volatilidad es el peso argentino (ARS) con un cociente de desviación estándar respecto a su cotización promedio del año de 26.2%. Le siguen las siguientes monedas ordenadas de mayor a menor volatilidad (en paréntesis se indica el cociente de desviación estándar respecto a la cotización promedio del periodo): BRL (8.1%), CLP (5.0%), COP (4.5%), CNY (3.9%), MXN (3.5%), EUR (3.0%), KRW (2.4%), JPY (2.1%), CAD (2.0%) y VND (1.2%). Vemos que el peso mexicano (MXN) ocupó la sexta posición de las 11 monedas analizadas, también destaca que nuevamente fue el dong vietnamita (VND) la de menor volatilidad. Esto último es positivo para la manufactura en México porque en la medida en que se ha encarecido el dólar estadounidense, también lo ha hecho el dong y eso hace que los productos vietnamitas sean más caros y entonces se limiten las importaciones originarias desde dicha nación.

En cuanto a la volatilidad observada en el periodo del 1 de noviembre al 6 de diciembre, vemos que la moneda de mayor volatilidad fue nuevamente el peso argentino (ARS) con un cociente de desviación estándar respecto al tipo de cambio promedio de 2.8%. Le siguen las siguientes monedas ordenadas de mayor a menor volatilidad (en paréntesis se indica el cociente de desviación estándar respecto al tipo de cambio promedio del periodo): BRL (1.7%), MXN (1.1%), JPY (1.0%), COP (1.0%), CLP (0.6%), CAD (0.6%), VND (0.5%), CNY (0.5%), EUR (0.4%) y KRW (0.4%). Vemos que en el periodo de análisis el peso mexicano (MXN) ocupa el tercer lugar en cuanto a volatilidad, mientras que el won de Corea del Sur es la moneda más estable. Por su parte, el yuan chino ha disminuido mucho sus fluctuaciones frente al dólar, no obstante la guerra comercial que mantiene con los Estados Unidos.

Lo que este análisis nos indica es que para las monedas de Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Japón, Corea del Sur y Vietnam el año 2018 ha sido más volátil, para sus respectivas monedas, comparado con el año 2017. Mientras que para Canadá, las naciones de la Unión Económica y Monetaria de Europa, así como para México, la volatilidad de sus monedas ha sido menor.

Volatilidad tipo de cambio

Después de conocer estos datos, resulta relevante preguntarnos cuales son las causas de que México tenga una de las monedas más volátiles a nivel mundial. ¿Por qué México no tiene una moneda fuerte?

Una de las causas que explica la debilidad del peso mexicano es el deterioro que han sufrido las finanzas públicas del país. De acuerdo con estadísticas de la secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), a octubre de 2018 el saldo de la deuda neta del sector público federal ascendió a 10.517 billones de pesos, cifra que se compara negativamente con el saldo de la deuda neta de 5.352 billones de pesos, observada al cierre de diciembre de 2012. Estos datos implican que en el lapso de 5 años y 10 meses, el nivel de endeudamiento de nuestro país se elevó en 96.50%, equivalente a 5.165 billones de pesos. Este aumento en el nivel de endeudamiento ha sido más que irresponsable, nominalmente ha sido por mucho el más alto de la historia del país, y tendrá importantes repercusiones para las finanzas públicas por el excesivo costo financiero de la deuda.

Deduda pública
El mayor problema que Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray le heredan a Andres Manuel López Obrador es el saldo de la deuda del sector público federal. 

En el año 2012 el sector público federal destinó 305.12 mil millones de pesos (mmdp) para pagar los intereses de la deuda del sector público. En el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2018 se presupuestaron 663.98 mmdp para hacer frente al costo financiero de la deuda, pero en realidad dicho costo acabará siendo superior a los 700 mmdp. Derivado de las alzas en las tasas de interés, se estima que en 2019 el pago de intereses por la deuda del sector público será cercano a los 800 mmdp. Esto implica que para el año que viene el costo financiero de la deuda se llevará aproximadamente el 14.5% de la totalidad de los recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación (los que dispondrá el sector público).

Desde luego que este dato ilustra la posición de enorme vulnerabilidad en la que se encuentran las finanzas del país, esto lo ven las calificadoras de riesgo y hace imposible que mejore nuestra calificación crediticia de la deuda soberana. Sin una mejor calificación, pues es difícil atraer suficientes flujos de divisas a menores tasas de interés, y por el contrario, el estar con la incertidumbre respecto a la evolución de la calificación de nuestra deuda nos pone en una situación complicada.

Claro que hay otros factores que inciden en la debilidad de nuestra moneda y por lo tanto, en la volatilidad que sufrimos. Podemos extender este análisis y hablar del papel que juegan los especuladores, del rol del gigantesco déficit comercial que tenemos con las naciones asiáticas, de la escasa participación de componentes mexicanos en el total de “nuestras” exportaciones, del papel de la política monetaria por parte del Banco de México, del efecto perverso causado por la inflación generada por parte del propio gobierno federal, de los Twits de Donald Trump, entre otros. Ya habrá oportunidad de elaborar respecto a estos elementos en posteriores entregas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Perspectivas para México y la economía mundial en 2019

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La economía mexicana enfrentará importantes retos en 2019, y un contexto internacional adverso

A partir del 1 de diciembre, el nuevo gobierno federal tendrá que darse a la tarea de atender varios problemas económicos relevantes, así como de restaurar la confianza de amplios sectores empresariales y de consumidores que no saben qué acciones de política económica llevará a cabo la administración de Andrés Manuel López Obrador. Esto último aparentemente ya ha comenzado a afectar las decisiones de inversión productiva y de consumo, ya veremos cómo salen los índices de confianza del consumidor y confianza empresarial del mes de noviembre.

Esto se da en un contexto internacional complicado, ya que como veremos más adelante, 3 de las 4 principales economías del mundo enfrentan caídas o desaceleración en su tasa de crecimiento. Esto es importante porque si ocurre una disminución considerable en la tasa de crecimiento de Estados Unidos, entonces uno de nuestros principales motores de crecimiento económico se verá afectado: las exportaciones.

Antes de explicar lo que sucede con las economías de Alemania, Japón y China, vale la pena hacer un breve recuento de algunas de los retos que enfrentará el nuevo gobierno federal en materia económica:

  1. Mayor presión para las finanzas públicas derivadas de un incremento sustancial en el costo financiero de la deuda pública (interna y externa). Esto es producto del alza en el tipo de cambio y de las tasas de interés. Un tipo de cambio en 20.30 pesos por dólar, y CETES a 28 días en torno al 8.0% implican que el año que viene el costo financiero de la deuda en la práctica superará los 750 mil millones de pesos. Con esta cifra, queda claro que una de las herencias más perversas que le deja el gobierno de Enrique Peña Nieto al de Andrés Manuel López Obrador, es la situación de las finanzas públicas. Peña Nieto endeudó al país de una manera irresponsable y muestra de ello es que en lo que va de su mandato la deuda del sector público pasó de 5.35 a 10.31 billones de pesos (al mes de septiembre de 2018).
  2. Otro tema que preocupa es una posible disminución en la inversión productiva, derivada del alza en las tasas de interés, y por la incertidumbre o riesgo de que el próximo gobierno decida suspender la reforma energética. El alza en la tasa de interés en 5 puntos porcentuales en el periodo de los últimos tres años ha afectado negativamente a diversos sectores como el inmobiliario y el de venta de automóviles. Además, en el periodo de enero a agosto de 2018, se aprecia un estancamiento del sector construcción con un alza anualizada de apenas 0.5%, mientras que la inversión en maquinaria nacional presenta una disminución anualizada de -0.5%. En cuanto a la reforma energética, se debe destacar que bajo las reglas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), los inversionistas estadounidenses y canadienses que se vean afectados por una cancelación de la reforma energética pueden demandar al gobierno mexicano, por lo que se ve poco probable una cancelación; sin embargo, si existe un elevado riesgo de que la reforma citada se suspenda y que ya no veamos más licitaciones en el periodo de 2019 a 2024.
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    Fitch Ratings ha puesto la calificación de la deuda soberana de México con perspectiva negativa.

    En el tema de la calificación de la deuda soberana, pues ya tanto Fitch Ratings como HR Ratings nos la pusieron con perspectiva “negativa” después de haberla tenido en “estable”. Sin embargo, la prueba de fuego para la calificación de la deuda mexicana será la presentación del Paquete Económico 2019, ya que en esos documentos (Criterios Generales de Política Económica, Presupuesto de Egresos y Ley de Ingresos) veremos cuanto y en qué pretenderán gastar, si habrá impuestos nuevos, cuanto se destinará para el pago de intereses para deuda interna y externa, si los supuestos en los que se basan los ingresos son reales, entre muchas otras cosas más. Los mercados analizarán con lupa el Paquete Económico 2019, y el día de su presentación ante el Legislativo es un día en el que podríamos ver un movimiento relevante en el tipo de cambio.

  4. Otro tema que preocupa es el proceso de ratificación del T-MEC en el Congreso de los Estados Unidos. En la semana que concluye ya escuchamos a legisladores del envalentonado Partido Demócrata insinuando que solicitarán modificaciones al texto del tratado. “Ciertamente hay algunas mejoras en el USMCA (T-MEC) con respecto al previo TLCAN, pero aún no hay nada definido sobre si este acuerdo cumple con mi estándar para un acuerdo mejor para los trabajadores estadounidenses”, dijo el representante de Nueva Jersey, Bill Pascrell, actualmente el demócrata de más alto nivel de comercio del Subcomité de Medios y Arbitrios. Veremos si la negativa del Partido Demócrata a aprobar el T-MEC no se traduce en la denuncia del presidente Donald Trump de que se retiran del TLCAN, y con ello veamos al tipo de cambio mexicano presionarse de manera importante. No debemos olvidar que el tema tipo de cambio es muy relevante, y que si este no se estabiliza seguiremos viendo alzas en diversos insumos para la producción y en los bienes de consumo final, lo que representa más apretones en la política monetaria del Banco de México.
  5. Incidencia de Andrés Manuel López Obrador en la política monetaria. Desde que el Banxico obtuvo su autonomía, AMLO será el primer presidente de México que tendrá la oportunidad de proponer durante su mandato a tres Subgobernadores del banco central. Si bien esto no ocurrirá en el 2019, si podríamos presenciar en los próximos años a un banco central más preocupado por coadyuvar para que haya un mayor crecimiento de la producción y del empleo, y no tan preocupado en cumplir su mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda. ¿Es esto algo positivo? Creo que sí porque tendríamos un banco central moderno con objetivos similares a los que tiene el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos; sin embargo, hay que ver cómo reaccionan los mercados cuando se hagan las propuestas de quienes serán los subgobernadores (hasta ahora solo sabemos de Jonathan Heath, quien me parece una magnífica elección) y cuidar que quienes sean propuestos sean personas de una reconocidísima trayectoria y profesionalismo.

Como lo mencioné al principio de esta entrega, tenemos que el gobierno de López Obrador enfrentará los retos en materia económica antes mencionados, y muchos otros más, en un contexto internacional de desaceleración en su tasa de crecimiento.

De acuerdo con información publicada la semana que recién terminó, la desaceleración económica mundial es una realidad y ésta probablemente golpeará a los Estados Unidos en 2019. Esto porque las economías de Alemania y Japón reportaron una caída de su respectivo PIB en el tercer trimestre de este año, la primera de -0.2%, mientras que la segun

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La economía de Estados Unidos creció 4.2% en el segundo trimestre y 3.5% en el segundo, pero hay elevadas probabilidades de que se desacelere en el 2019.

da de -1.2%. Esto contrasta con el crecimiento de 3.5% anualizado reportado por los Estados Unidos durante el mismo periodo. Por su parte, en China, hay diversas señales de una profundización en su malestar económico, ya que su crecimiento fue de 6.5%, la tasa más baja desde la crisis financiera mundial. Es así que tres de las cuatro mayores economías del mundo están en problemas.

El tema de la posible desaceleración económica de Estados Unidos es muy relevante porque nuestras exportaciones a dicho mercado equivalen al 27.5% de nuestro PIB, y obviamente no es coincidencia que nuestras exportaciones con destino a nuestro vecino del norte hayan aumentado a una tasa superior al 10% en el tercer trimestre del año, y al mismo tiempo hayamos visto una economía estadounidense extremadamente fuerte en el segundo y tercer trimestres de este año.

Estados Unidos, con su creciente déficit fiscal y sus guerras comerciales, enfrentará gigantescos retos en el 2019, por lo que es incierto el desempeño que vaya a tener el comercio exterior mexicano. ¿Cuál será entonces la estrategia para lograr una economía dinámica que genere los puestos de trabajo bien remunerado que se requieren? Hemos visto que el crecimiento del mercado interno en México se ha dado porque cada vez hay más gente trabajando, y no porque haya habido una recuperación de los ingresos promedio de la población ocupada. Ojala que el próximo gobierno federal no se vea tentado a aumentar el gasto público de manera desproporcionada como detonante del crecimiento, habrá que esperar.

Mientras tanto, en GAEAP ya hemos ajustado a la baja nuestra proyección de crecimiento del PIB mexicano en 2019 a un 1.9%, cifra que implica una tasa de crecimiento 0.3 puntos porcentuales por debajo de la que estimamos para el 2018.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El desorden fiscal que hereda Peña Nieto

dineroLos retos que enfrentará el próximo gobierno federal son inmensos, por los problemas que como mexicanos debemos atender y por las enormes expectativas generadas respecto a un cambio en la manera de generar el ansiado desarrollo económico. Desde luego que para instrumentar muchas de las cosas que se deben realizar se requieren recursos y es por ello que el equipo del presidente electo se ha dado a la tarea de buscar la manera de generar ahorros en diversos rubros del presupuesto de egresos.

Por el discurso que hemos escuchado, el próximo gobierno federal no pretende hacer uso exhaustivo de la deuda pública para financiar los gastos adicionales que se pretenden realizar, y eso está muy bien, dado que el margen que tendrá el próximo gobierno para endeudarse, sin ocasionar una baja en la calificación de la deuda soberana o sin comprometer la estabilidad de las variables macroeconómicas es muy limitado, como veremos a continuación.

Durante lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto, en el periodo de diciembre de 2012 a junio de 2018, la deuda neta total del sector público federal pasó de 5.352 billones de pesos a 10.578 billones de pesos, lo que implica un aumento de 5.225 billones, equivalentes a un incremento de 97.7%. Esto implica que en menos de un sexenio, México se endeudó por una cantidad equivalente al saldo de deuda que tenía acumulado en su historia moderna. La cantidad es difícil de comprender, pero representa ¡un incremento de 2,603 millones de pesos diarios!, una cantidad mayor a la del presupuesto anual de egresos de una ciudad mediana-grande de nuestro país.

De manera paralela, el Producto Interno Bruto (PIB) nominal de nuestro país pasó de 16.376 billones en el cuarto trimestre de 2012 a 22.513 billones en el primer trimestre de 2018, por lo que el saldo de la deuda neta del sector público pasó de representar el 32.7% a ser de 47.0% del PIB. Este último porcentaje se considera como el límite máximo de endeudamiento antes de que se prendan focos rojos respecto a nuestra posición fiscal.

Al analizar la evolución de la deuda del sector público con mayor detalle, vemos que la deuda interna neta pasó de 3.769 billones de pesos en diciembre de 2012 a 6.606 billones en junio de 2018, lo que implica un aumento de 75.2%, mientras que la deuda externa neta pasó de 121.659 miles de millones de dólares en diciembre de 2012 a 198.057 miles de millones de dólares en junio de 2018, lo que implica un incremento de 62.8%. Este porcentaje se hace mucho más grande cuando expresamos esta deuda en pesos por la depreciación que sufrió nuestra moneda frente al dólar en el periodo.

Deuda pública

Respecto a este último punto se debe destacar que el enorme incremento en el saldo de la deuda externa nos pone en una posición muy delicada, ya que la perspectiva casi unánime de los analistas es de que las tasas de interés en los Estados Unidos seguirán aumentando, y eventualmente la tasa de fondos federales del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), que sirve como tasa de referencia para muchos de los créditos que se otorgan en dólares, podría llegar a niveles de 3.0% en el 2019, desde el actual rango de 1.75% a 2.0%.

Otro punto que se debe destacar es que el gobierno federal nos habla constantemente de su “disciplina fiscal” al mencionar en su discurso que se mantiene un superávit primario en las finanzas públicas. Pero la realidad es que la mayoría de las personas no saben lo que es un superávit primario, y al escuchar la palabra superávit se quedan con la idea de que el gobierno está haciendo bien las cosas en materia de finanzas públicas, pero no es así. Un superávit primario se refiere a que sin tomar en cuenta el costo financiero de la deuda (el pago de intereses), el gobierno recauda más de lo que gasta. Pero la realidad es que en el balance total, cuando se considera el gasto por intereses que el sector público debe realizar, nos estamos endeudando más y más cada año, y 2018 no es la excepción.

Al cierre de diciembre de 2017, la deuda neta del sector público federal fue de 10.090 billones de pesos, y como ya se  mencionó líneas arriba, el saldo de dicha deuda a junio de 2018 fue de 10.578 billones de pesos, lo que indica que en los primeros 6 meses de 2018, la deuda del sector público se incrementó en 488 mil millones de pesos. De continuar esta tendencia, veremos que al cierre de 2018 la deuda del sector público mexicano se elevará en este año en casi otro billón de pesos.

Esto evidentemente limita las posibilidades de endeudamiento del próximo gobierno federal, ya que el tener un saldo de la deuda pública mayor a un 50% del PIB eleva considerablemente las probabilidades de que las agencias calificadoras de la deuda nos bajen la calificación en perjuicio del costo financiero de ésta, el cual abordo a continuación.

Queda claro que el escenario para las finanzas públicas de nuestro país es complejo, ya que como se ha mencionado, las tasas de interés en los Estados Unidos han venido aumentando, y en México la situación es aun peor. En México hemos vivido un apretón monetario por parte del Banco de México desde diciembre de 2015 y esto se ha visto reflejado en un alza en los Cetes a 28 días, los cuales pasaron de 3.14% en diciembre de 2015 a 7.64% en junio de 2018.  Este incremento en tasas de interés nacionales y extranjeras, aunado al explosivo crecimiento en el saldo de la deuda, ha provocado que el costo financiero de la deuda del sector público se haya disparado en perjuicio de otros rubros de gasto como el de la inversión directa.

En 2012 el costo financiero de la deuda fue de 305.118 miles de millones de pesos y en 2017 fue de 533.115 miles de millones de pesos, lo que representa un aumento de 74.7%. En los primeros seis meses de 2018 dicho costo fue de 331.735 miles de millones de pesos y se espera que al cierre de este año llegue a más de 700 mil millones de pesos. Esto implica que el costo financiero de la deuda pasó de representar el 7.78% del presupuesto total de egresos del sector público federal a ser del 10.29% de dicho presupuesto, y se espera que para este año supere el 12.0%. Esto sin duda pone al nuevo gobierno federal en una situación delicada porque compromete de manera importante sus recursos que podrían destinarse a programas de generación de empleo, infraestructura, combate a la pobreza, educación, seguridad, entre otros.

Lo más grave es que de manera paralela, el gasto de inversión física directa ha venido retrocediendo en términos nominales y reales. En 2012 dicho gasto fue de 459.012 miles de millones de pesos y en 2017 sumó apenas 323.515 miles de millones de pesos, lo que representa una caída de 29.5% en términos nominales y de casi 50% en términos reales en el periodo. Es así que en 2017, el costo financiero de la deuda fue superior a la inversión física directa del sector público en más de 200 mil millones de pesos.

Presupuesto

Un país que gasta más en pagar los intereses de su deuda que en desarrollar la infraestructura nacional, está destinado a perder competitividad, y lamentablemente vemos que eso es lo que ha sucedido en nuestro país por la falta de desarrollo del capital físico por estar pagando los intereses de una creciente deuda pública.

No obstante este complicado panorama el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho en reiteradas ocasiones que no se contemplan alzas de impuestos y que se realizará un enorme esfuerzo por disminuir el gasto público suntuario, se disminuirá la nómina, se fusionarán programas repetidos, entre otras medidas. Por otra parte, habla de un importante plan de desarrollo de infraestructura, en el que destaca el proyecto del Tren del Sureste.

Aquí el gran riesgo es que a López Obrador  no le alcancen los ahorros para hacer todo lo que quiere y que entonces se vea tentado a continuar con el irresponsable ritmo de endeudamiento que hemos vivido en el actual sexenio. Sin duda es una situación injusta para él y su equipo, y es por ello que la iniciativa privada se debe sumar realizando un análisis y propuestas para ayudarlo a él y a su equipo a encontrar las áreas en las que se pueden generar más ahorros, si no lo hacemos en el mediano plazo nos estaremos lamentando al ver como el monto de la deuda pública rebasa el 50% del PIB y como esto nos afecta al afectarse negativamente nuestra calificación de la deuda, las tasas de interés y el tipo de cambio, lo que a su vez impactará negativamente a las posibilidades de crecimiento económico y creación de empleos. Sin duda López Obrador y su equipo no la tienen fácil, hay que ayudarles.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Las verdades a medias de la SHCP

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El saldo de la deuda pública de México al cierre de 2017 es el más alto de la historia: Más de 10 billones de pesos

La semana que recién concluyó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) publicó su Informe sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública al cierre de 2017, y derivado de este documento el  gobierno federal comenzó a presumirnos que debido al manejo responsable de las finanzas públicas, se había “disminuido la deuda pública”. Muchos se fueron con la finta y piensan que ahora nuestro país está menos endeudado que antes, siendo que ahora registramos el saldo de deuda pública más alto de la historia en términos nominales.

 

Al analizar con un poco más de detalle la información de la SHCP, vemos que el porcentaje de deuda pública respecto al Producto Interno Bruto (PIB) ahora representa el 46.2% del valor de nuestra economía, siendo que éste llegó a estar cercano al 50%. Pero el gobierno federal se agarró de este dato y salió a decirnos que era la primera vez en 10 años que “la deuda pública disminuyó”. En esta entrega veremos como dicha afirmación no es más que una verdad a medias, y que por el contrario, el manejo poco responsable de las finanzas públicas continua en perjuicio de todos.

 

De acuerdo con cifras oficiales de la SHCP, el saldo total de la deuda del sector público sumó 10.088 billones de pesos al cierre de 2017, cifra superior en 395.762 miles de millones de pesos (mmdp) al saldo observado al cierre de 2016. De esta manera, tenemos que la deuda del sector público en México aumentó 4.1% en el año que recién concluyó y alcanzamos la deuda nominalmente más alta en la historia de México.

 

La actual administración federal ha endeudado a México a un ritmo increíblemente alto. En el periodo de diciembre de 2012 a diciembre de 2017 la deuda del sector público pasó de 5.352 billones de pesos a los 10.088 billones antes mencionados, lo que equivale a un incremento nominal de 88.5%, o 4.736 billones de pesos. Si tomamos en consideración que en un lapso de 5 años hay 1826 días, entonces el ritmo de endeudamiento de la administración pública federal equivale a 2,595 millones de pesos diarios. ¿Qué hicieron con este dinero? Eso es motivo de otro análisis que por cuestiones de espacio no abordaré en esta ocasión.

 

Estas cifras contrastan con el ritmo de endeudamiento de la administración anterior, ya que de diciembre de 2006 al mismo mes de 2012, la deuda neta del sector público creció de 1.985 a 5.352 billones de pesos; es decir, en 3.366 billones de pesos, equivalentes a 1.537 miles de millones de pesos diarios. Una cantidad también alarmante.

 

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El costo financiero de la deuda externa supera por mucho el gasto destinado a inversión productiva

¿Entonces si la deuda del sector público sigue aumentando y ahora está en su nivel máximo histórico, porque el gobierno federal nos dice que ha disminuido? Pues porque la referencian respecto al PIB y éste ha aumentado de manera importante en términos nominales por la alta inflación que hemos registrado. Por otra parte, el PIB recientemente sufrió un ajuste de su año base de manera que ahora se ve más grande que antes y esto es sólo un truco estadístico. Para ilustrar esto mejor tenemos que con el anterior año base (2008), el crecimiento del PIB mexicano fue de 2.1% en el periodo de 2012 a 2016,  y con el nuevo año base (2013) la tasa de crecimiento para el mismo periodo es de 2.6%. De igual manera, el ajuste en el año base para la medición del PIB hace que el tamaño de la economía en 2017 sea al menos otro 2% más alto de lo que hubiera sido si no se hubiera realizado el cambio.

 

Es así que a través de simples ajustes estadísticos se nos hace ver que la deuda del sector público disminuyó, siendo que ésta sigue creciendo en términos nominales de manera imparable.

 

Otro aspecto que vale la pena destacar sobre las finanzas públicas de México es el relacionado al pago de intereses sobre la deuda. De acuerdo con cifras de la SHCP, el costo financiero de la deuda pública de México pasó de 473.019 mmdp en 2016 a 533.351 mmdp en 2017, lo que implica un incremento de 6.3%, producto principalmente del incremento en tasas de interés y el mayor saldo de la deuda del sector público. En contraste, el gasto en inversión física directa (obra pública principalmente) bajo de 455.074 mmdp en 2016 a apenas 323.241 mmdp en 2017, lo que representa una disminución de 33.0% en el último año.

 

Respecto a estos últimos datos, se debe reprobar que en México destinemos 65% más recursos para pagar intereses sobre la deuda pública que lo que se destina a desarrollar la infraestructura indispensable para ser más competitivos como país. Y también llama mucho la atención que el gasto en inversión pública directa sea menor al total de endeudamiento registrado en 2017.

 

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La “disminución” de la deuda respecto al PIB se debe a la alta inflación en México y al ajuste en el año base del PIB

Si tomamos en consideración que el PIB nominal de México al tercer trimestre de 2017 (dato más reciente disponible) fue de 21.565 billones de pesos, entonces queda claro que el pago de intereses sobre la deuda representó el 2.47% del PIB, cifra que algunos podrán decir que es poco preocupante. Pero si analizamos que los ingresos totales del sector público fueron de 4.947 billones de pesos, pues entonces vemos que el pago de intereses representó el 10.77% de los ingresos totales del sector público, cantidad más que considerable. Imagina usted a un jefe de familia, al que se le va poco más del 10% de sus ingresos totales en pagar exclusivamente los intereses de su deuda y no realiza amortizaciones a capital y por el contrario, está cada vez más endeudado.

 

Otra forma de analizar esto es referenciando el saldo de la deuda total del sector público respecto a los ingresos del mismo sector público, y vemos que ésta representa al cierre de 2017 el 203.9% de los ingresos. Esta relación pone a México en una situación más delicada de la que nos quieren hacer ver las autoridades, y es obviamente motivo de preocupación. Desde luego que hay casos extremos como el de Estados Unidos, nación cuyos ingresos de su gobierno federal fueron de 3.460 billones de dólares en 2017 y el saldo de su deuda fue de más de 20 billones de dólares, lo que representa más del 577%. Sin embargo, no es válido que el gobierno mexicano ponga a Estados Unidos como referencia para ilustrar que nuestra posición fiscal es sólida.

 

A manera de conclusión podemos señalar que la posición fiscal de México no ha mejorado y que si bien el porcentaje de la deuda respecto al PIB “mejoró” en 2017, esto se dio principalmente por el ajuste en el año base del PIB y por la inflación registrada en 2017, la cual fue de 6.7%. No es sano que México siga endeudándose de manera imparable todos los años, y mucho menos es correcto que se engañe a la población con artilugios técnicos hablando de que en el año 2017 fueron responsables en las finanzas públicas porque se logró un superávit primario (el saldo de los ingresos menos los gastos sin tomar en cuenta el pago de intereses por la deuda). La realidad es que México sigue endeudándose y básicamente se endeuda para pagar los intereses de la deuda y esto se ha convertido en un círculo vicioso que nos deja cada vez con menos recursos para el rubro de inversión pública.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Los entresijos del Paquete Económico 2018

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El Srio. de Hacienda, José Antonio Meade, hace entrega del Paquete Económico 2018 

El viernes 8 de septiembre, conforme a los tiempos legales, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) entregó al Congreso de la Unión el Paquete Económico 2018, el cual está compuesto por la Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación (ILIF), el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) y los Criterios Generales de Política Económica (CGPE).

 

De manera general los comentarios respecto a este Paquete han sido positivos porque se espera que el superávit económico primario pase de un aprobado de 78.190 miles de millones de pesos (mmdp) en 2017 a un propuesto de 197.295 mmdp en 2018. Esto es una muestra de que se mantiene el compromiso de mejorar la situación de las finanzas públicas, después del irresponsable y explosivo crecimiento de la deuda del sector público en los primeros cuatro años de la Administración del presidente Peña Nieto.

 

Hay que recordar que el saldo de la deuda neta del sector público pasó de 5.35 billones de pesos en diciembre de 2012 a 9.69 billones de pesos en el mismo mes de 2016, lo que representó un aumento de 4.34 billones, o bien un incremento promedio diario de 2.972 mmdp por día en el periodo. Afortunadamente después de la salida de Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda y la llegada de Jose Antonio Meade, y sobre todo gracias al remanente de operación del Banco de México, el ritmo de crecimiento de la deuda pública se ha moderado y ésta suma 9.29 billones de pesos al 31 de julio de 2017.

 

No obstante lo anterior, es preocupante lo que se puede ver en algunos rubros del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, como es el caso del costo financiero de la deuda (los intereses que se pagan por la deuda), tal como se explica a continuación:

 

En el Paquete Económico 2018, se hace un pronóstico de que el costo financiero del sector público pasará de un aprobado de 573.063 miles de millones de pesos (mmdp) en 2017 a un estimado de 663.980 mmdp en 2018, lo que representa un incremento nominal de 15.86%. De esta manera, este costo pasará de representar el 2.7% del PIB en 2017 a ser 2.9% en 2018.  Esto significa que habrá menor disponibilidad de recursos para infraestructura, combate a la pobreza, seguridad pública, apoyos para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), entre otros rubros de gasto que son muy importantes.

 

El mencionar una cifra de gasto de casi 664 mmdp en intereses, carece de sentido para muchos ya que es una cifra enorme, pero representa el pagar un promedio de 1.82 miles de millones de pesos diarios de intereses, o bien, casi 76 millones de pesos por hora. Puesto de otra forma, lo que nos cuesta pagar los intereses de la deuda representa la totalidad del PIB anual del estado de Chihuahua.

 

No obstante lo anterior, hay quienes dicen que el costo financiero del sector público es muy manejable porque representa menos del 3% del PIB. Considero que no tienen razón ya que desde mi punto de vista resulta mejor analizar el costo financiero de la deuda del sector público como porcentaje de los ingresos presupuestarios, y en ese sentido vemos que éste habría pasado de 13.14% en 2017 a un estimado de 14.02% en 2018. ¿Cree usted que es sano que una familia destine 14 centavos de cada peso que recibe de ingresos exclusivamente al pago de los intereses de sus deudas y que a pesar de este erogación cada vez este más y más endeudada?

 

Otra comparación interesante que ilustra lo costosa que resulta la deuda pública de México surge al ver que de acuerdo con cifras del Departamento del Tesoro, en Estados Unidos el gasto en intereses por su deuda pública sumó $432.649 miles de millones de dólares (mmdd) en 2016, mientras que su PIB nominal fue de 18.57 billones de dólares, por lo que allá su costo financiero representa solo el 2.32% de su PIB, es decir, menos que en México. En su año fiscal 2017 su gasto de intereses por su deuda será de 434.628 mmdd y su PIB será de más de 19 billones de dólares, por lo que su costo financiero como porcentaje del PIB será de aproximadamente 2.2% de su PIB. Esto a pesar de que en el vecino del norte, su deuda pública representó el 77% de su PIB al cierre del año fiscal 2016.

 

Otro punto que se debe destacar es que no obstante el planteamiento de un mayor superávit primario del sector público federal (es el resultante de los ingresos menos los gastos excluyendo los gastos por intereses sobre la deuda), en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, se señala que el balance presupuestario esperado será de un déficit de 466.684 mmdp, cifra que equivale a 2.0% del PIB.  Esta cifra es producto de una estimación de ingresos presupuestarios estimados de 4.735 billones de pesos y de un gasto neto pagado esperado de 5.201 billones de pesos.

 

Esto significa que el año que viene nuevamente nos volveremos a endeudar, y en esta ocasión será por casi medio billón de pesos; y en este contexto hay que tener presente que en 2018 posiblemente no habrá remanente de operación del Banxico (dado que el peso se ha fortalecido respecto a hace un año) que venga a apuntalar las finanzas públicas como si lo hubo en 2016.

 

De esta manera, es altamente probable que en el 2018 veamos que la deuda del sector público llegue a los 10 billones de pesos; aunque de acuerdo con las previsiones de la SHCP, dado el incremento nominal del PIB en 2017 y el esperado en 2018, se prevé que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (la medida más amplia de la deuda total del sector público) pasé de representar cerca del 50% en 2016 a 48.0% en 2017 a 47.3% en 2018. Esto puesto de otra forma implica que la estrategia del gobierno no consiste en disminuir nominalmente la deuda del sector público, sino procurar que ésta crezca menos que el PIB de manera que su peso relativo vaya disminuyendo al paso de los años.

 

Un último punto que vale la pena señalar es que en los Criterios Generales de Política Económica 2018, se establece que la tasa de interés de los Cetes a 28 días promedio en 2017 será de 6.7% y que ésta será de 7.0% en 2018. Cabe señalar que actualmente, la tasa de interés de dichos instrumentos es de 6.98%, mientras que la tasa de interés objetivo del Banxico es de 7.0 por ciento, por lo que la estimación gubernamental para 2018 está asumiendo que no habrá más incrementos de tasa en 2018 o bien, que si los hubiera, sería en el mismo 2018 cuando el Banxico comenzaría la baja de tasas. Sea como sea, me parece una estimación de tasas de interés por demás arriesgada y un tanto irreal.

 

Esto es importante, porque si se da un aumento de un cuarto de punto porcentual en la tasa de interés promedio que paga el sector público en 2018, esto implicará un desembolso adicional de recursos por unos 24 mmdp, lo que sin duda provocaría que se dieran recortes adicionales al gasto o bien, que no se respete la meta de incremento en la deuda pública de casi 467 mmdp en 2018.

 

A manera de conclusión podemos señalar que es aplaudible que el gobierno federal se preocupe por recuperar el orden en las finanzas públicas; sin embargo, es una pena que habiendo tantas necesidades, tengamos que destinar 14 centavos de cada peso para pagar los intereses de la deuda. Es cierto que tenemos una deuda, como porcentaje del PIB, más baja que en Estados Unidos, pero los problemas inflacionarios causados por la depreciación cambiaria y el “gasolinazo” causaron un aumento de la inflación  que provocó una fuerte alza en la tasa de interés objetivo del Banxico. Esto combinado con un crecimiento explosivo de la deuda, provoca que ahora tengamos que gastar más en intereses de la deuda que en las cosas más importantes como promoción de las mipymes, combate a la pobreza, desarrollo de infraestructura, entre otros. El balón ahora está en la cancha del Legislativo, veremos que cambios hacen a la Propuesta que les envió el Ejecutivo, dado que no hay que olvidar que el año que viene es electoral y habrá una gran tentación por subir el gasto público.

Alejandro Gómez Tamez

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

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