La desaceleración económica, la precarización laboral y la debilidad recaudatoria comienzan a revelar una economía con menos margen de maniobra

Hace apenas unos días se hablaba de la degradación de la perspectiva de la deuda soberana mexicana por parte de las agencias calificadoras y de las crecientes dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas. En aquel momento, los más optimistas argumentaban que se trataba de advertencias preventivas o de una sobrerreacción de los mercados. Sin embargo, conforme se van publicando los datos económicos de 2026, el deterioro económico avanza en su materialización.

Cuando al final de mis conferencias repaso las perspectivas económicas para lo que resta del 2026 siempre comento que México no está en una crisis macroeconómica en el sentido tradicional. No hay, ni se prevé, inflación desbordada, ni crisis cambiaria o una crisis de balanza de pagos. Pero eso no significa que la economía esté sana. Hay literalmente, decenas de indicadores que dan cuenta de que el crecimiento es persistentemente débil, hay sectores en franco declive, deterioro en la calidad del empleo, debilitamiento del consumo y una creciente fragilidad fiscal. No se trata de crisis, pero si de una situación que mantiene a miles de negocios y millones de familias en una situación de preocupación permanente, por este desgaste económico progresivo.

Después de casi ocho años de una economía dirigida por la ideología de la 4T, en los que la tasa de crecimiento promedio anual es de apenas 0.7%, la principal preocupación es que muchos de estos problemas ya dejaron de ser coyunturales. Los datos confirman que el país ha entrado en una etapa de menor crecimiento estructural, con un gobierno que trabaja bajo supuestos económicos cada vez más alejados de la realidad del país.

Moneda mexicana en un terreno agrietado, con una gráfica de descenso y un edificio en construcción al fondo bajo un cielo nublado.

Una economía sin motores: crecimiento débil, consumo agotado y empleo de menor calidad

Cada vez resulta más difícil sostener el optimismo oficial sobre la economía mexicana. La Secretaría de Hacienda no ha ajustado su expectativa de crecimiento de entre 1.8% y 2.8% para 2026, pero prácticamente ningún analista serio considera hoy ese rango como plausible. El propio Banco de México volvió a recortar recientemente su estimación, reduciéndola de 1.6% a apenas 1.1%, nivel que coincide con el consenso de la Encuesta Citi entre especialistas del sector privado. Aun así, comienza a ganar fuerza la percepción de que incluso ese pronóstico podría terminar siendo optimista, particularmente si se considera que dentro de los participantes de la propia Encuesta Citi hay instituciones que ya ubican el crecimiento de este año en apenas 0.5 por ciento.

Tabla de la Encuesta Citi de Expectativas con datos sobre inflación, tasas de interés y crecimiento del PIB para 2026 y 2027, mostrando valores mínimos, promedios y máximos.

El deterioro no implica que simplemente estamos teniendo un mal año. México acumula varios años de bajo crecimiento. En 2024 la economía avanzó apenas 1.1%; en 2025 el crecimiento fue de apenas 0.8%; y para este año todo indica que el país podría cerrar nuevamente cerca del estancamiento. Y peor aún, si analizamos la evolución del PIB del primer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2026, vemos que éste creció un magro 5%, lo que significa que la tasa de crecimiento promedio anual del periodo fue de apenas 0.7%. Entonces, más que un tropiezo temporal, esto ya se convirtió en una constante de debilidad económica.

Gráfico que muestra el Producto Interno Bruto del primer trimestre de cada año de 2019 a 2026, expresado en billones de pesos a precios de 2018, con datos desestacionalizados.

La pregunta obligada es por qué seguimos viviendo un estancamiento económico en 2026. La respuesta se encuentra en el debilitamiento simultáneo de prácticamente todos los motores de la demanda agregada.

El consumo privado, que tradicionalmente ha sido uno de los principales pilares del crecimiento mexicano, comenzó a mostrar señales más claras de debilidad en el arranque de 2026, después de buenos números registrados en el último trimestre de 2025. El Banco de México recién advirtió que en los primeros meses del año el gasto de los hogares retrocedió respecto al cierre de 2025, rompiendo la trayectoria de expansión observada previamente. Las ventas de autoservicios y departamentales acumularon varios trimestres en terreno negativo, el gasto con tarjetas perdió fuerza en términos reales y las ventas manufactureras vinculadas al consumo mostraron retrocesos. Incluso el mercado automotriz, que había resistido relativamente bien, comenzó a desacelerarse de manera importante.

El deterioro del consumo se debe a que los ingresos de las familias están perdiendo fuerza. La masa salarial sigue creciendo, sí, pero a una tasa mucho menor, mientras que las remuneraciones reales (ajustadas por inflación) muestran todavía menor dinamismo. A ello se suma una caída en la confianza de los consumidores y el hecho de que si bien las remesas se recuperaron en dólares, la apreciación del tipo de cambio redujo significativamente su valor en pesos, limitando su capacidad de mantener el gasto de millones de hogares receptores.

Banner promocional de conferencias GAEAP sobre geopolitica, economía y finanzas, e industria, con información de contacto.

Pero el problema no termina ahí. La inversión fija acumula 18 meses consecutivos con caídas a tasa anual, su balance es un retroceso de 6.6% en 2025 y de 3.0% en el primer bimestre de 2026. La inversión en construcción disminuyó 8.6% en 2025 y su caída en el primer bimestre de 2026 también es de 8.6%.  esto, en buena medida, producto de que persiste un ambiente de incertidumbre jurídica, energética e institucional que sigue golpea la confianza empresarial, aunque todas las semanas se reúnan empresarios con la presidenta Sheinbaum. Mientras tanto, el gasto público enfrenta restricciones fiscales cada vez más evidentes, lo que se traduce en menores márgenes para impulsar infraestructura y actividad económica.

Los datos fiscales más recientes parecen confirmar esta restricción. Entre enero y abril de 2026, el gobierno federal ejerció un gasto 351 mil millones de pesos inferior a lo programado originalmente, mientras la inversión física se desplomó 18.4% anual. Es decir, aunque el gasto total creció ligeramente respecto al año anterior, el ajuste se concentró en infraestructura y obra pública, limitando aún más la capacidad del sector público para actuar como motor de crecimiento económico.

Imagen que muestra un carrito de compras con productos, frente a un paisaje urbano nublado. Incluye texto que indica 'Consumo privado se debilita' y datos sobre indicadores económicos negativos.

Frente a este panorama, el único componente que ofrece dinamismo son las exportaciones. Entre enero y abril de 2026 crecieron 21.8% anual, una cifra que en cualquier otro contexto sería motivo de celebración. Sin embargo, el dato requiere una interpretación prudente.

A pesar de ese fuerte crecimiento exportador, el volumen físico de la producción manufacturera cayó 1.8% durante el primer trimestre del año. La contradicción es reveladora. México exporta más, pero no se está traduciendo en mayor producción nacional. Entonces, resulta evidente que buena parte del dinamismo comercial se debe a un mayor contenido importado, procesos de ensamblaje y menor integración nacional. En otras palabras, el país es una potencia exportadora, pero también una potencia importadora, lo que limita el efecto multiplicador sobre la planta manufacturera nacional.

Tabla que muestra las exportaciones, importaciones y saldo de la balanza comercial de mercancías de México para los primeros cuatrimestres de 2025 y 2026, incluyendo cifras en millones de dólares y porcentajes de crecimiento.

A ello debe sumarse un contexto internacional desfavorable. La revisión del T-MEC difícilmente concluirá pronto y probablemente se prolongará al menos hasta 2028. Mientras persista el malestar estadounidense en contra de México por las barreras no arancelarias, dudas sobre el marco regulatorio, el sector energético, la seguridad jurídica y el acceso comercial, la negociación no se cerrará y muchas inversiones continuarán posponiéndose. Además, los aranceles derivados de la Sección 232 difícilmente desaparecerán en el corto plazo, afectando sectores relevantes como acero, aluminio (y sus derivados), automotriz, muebles, entre otros.

El deterioro económico se termina reflejando en el mercado laboral. Aunque entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026 se registraron aproximadamente 552 mil personas ocupadas adicionales, quedarse únicamente con ese dato sería engañoso porque el verdadero problema es la calidad del empleo que se está generando.

Imagen que presenta un análisis sobre el T-MEC hasta 2028, destacando dos contenedores de transporte con las banderas de México y Estados Unidos. Un hombre de espaldas observa un panorama urbano industrial, acompañado de una estadística sobre el mercado laboral, indicando 552 mil nuevos empleos, pero con menor calidad.

Mientras los trabajadores subordinados y remunerados —aquellos con mayor estabilidad y prestaciones— crecieron apenas en poco más de 56 mil personas, el trabajo por cuenta propia aumentó en más de 451 mil. Los micronegocios absorbieron alrededor de 713 mil ocupaciones adicionales, mientras las grandes empresas destruyeron cerca de 168 mil puestos de trabajo. Es decir, la economía sigue generando ocupación, pero cada vez más precaria y menos productiva.

La informalidad laboral alcanzó 54.8% de la población ocupada, equivalente a 32.6 millones de personas. Más de la mitad de los trabajadores mexicanos se encuentra en esquemas con escasa protección social, menor productividad y limitada capacidad de acumulación patrimonial. Paralelamente, casi la mitad de la población ocupada gana como máximo un salario mínimo, mientras la tasa de condiciones críticas de ocupación escaló a 38.8%.

Esto significa que millones de mexicanos trabajan más para ganar menos o simplemente no logran generar ingresos suficientes para sostener un nivel de vida adecuado. Un país difícilmente puede crecer y construir un mercado interno sólido cuando buena parte de su población apenas logra cubrir gastos básicos.

Banner promocional de Trend Bites y Fashion Thinking, que presenta estudios sobre tendencias de la industria de la moda en México.

La presión fiscal comienza a materializarse

El deterioro económico también se ha trasladado al frente de las finanzas públicas. Durante el primer cuatrimestre de 2026, los ingresos tributarios mostraron una señal de alerta. Entre enero y abril, el SAT recaudó 2.07 billones de pesos, cifra que representó una caída real anual de 1.6%, constituyendo el primer retroceso de este tipo en cinco años. Más preocupante aún es el hecho de que la recaudación quedó 1.9% por debajo de lo calendarizado por Hacienda, equivalente a un faltante superior a 40 mil millones de pesos respecto a lo previsto en la Ley de Ingresos.

Paradójicamente, el menor deterioro observado en los balances fiscales no obedece a un mejor desempeño económico o recaudatorio, sino en buena medida al fuerte subejercicio del gasto público. De hecho, el déficit presupuestario terminó por debajo de lo previsto y el balance primario registró un superávit, pero ello ocurrió en un entorno donde el gobierno simplemente gastó bastante menos de lo originalmente programado.

El dato es relevante porque la recaudación suele actuar como un termómetro adelantado de la actividad económica. Cuando las empresas venden menos, generan menores utilidades o frenan contratación, el impacto termina reflejándose tarde o temprano en la captación fiscal, y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo.

Imagen de promoción de una consultoría en economía y finanzas, que destaca los servicios de optimización de costos, mejora de la rentabilidad, planificación estratégica y asesoría en inversión.

El Impuesto Sobre la Renta (ISR), estrechamente vinculado con el empleo formal, las utilidades empresariales y la actividad económica, cayó 6.2% anual durante el primer cuatrimestre. La recaudación ascendió a 1.15 billones de pesos, pero quedó más de 55 mil millones por debajo de lo proyectado oficialmente.

El indicador no debe minimizarse debido a que sectores altamente generadores de empleo formal, como manufactura y construcción, acumulan varios trimestres de debilidad, afectando directamente la base gravable. Cuando las empresas producen menos, invierten menos o generan menores ganancias, y entonces la recaudación del ISR se ve afectada.

Por su parte, el IVA —uno de los mejores indicadores indirectos del comportamiento del consumo— apenas logró crecer 0.4% anual. En un contexto de inflación acumulada, ese avance luce particularmente débil y parece consistente con el enfriamiento observado en el gasto de los hogares.

Gráfico sobre finanzas públicas en México con información sobre ingresos tributarios, impuestos y recaudación del periodo enero-abril de 2026.

El único componente claramente favorable fue el IEPS, que aumentó 12.7%, aunque impulsado principalmente por componentes específicos y no necesariamente por una expansión robusta de la economía.

Las señales provenientes de las aduanas tampoco son alentadoras. Durante los primeros cuatro meses de 2026, la recaudación aduanera acumuló 433 mil millones de pesos, una caída real de 11.6% anual. Particularmente preocupante fue el retroceso de 17.9% en el IVA aduanero, que representa dos terceras partes de toda la recaudación en aduanas.

Parte de esta caída puede explicarse por el comportamiento cambiario. Mientras el tipo de cambio promedio en el primer cuatrimestre de 2025 fue de 20.32 pesos por dólar, en el mismo periodo de 2026 se ubicó en apenas 17.53 pesos, reduciendo así la base en pesos sobre la cual se cobran impuestos a las importaciones. Sin embargo, incluso considerando este efecto, el deterioro luce bastante fuerte como para para explicarse únicamente por la apreciación cambiaria.

Tabla de recaudación y operación aduanera con cifras acumuladas de abril de 2026, incluyendo datos sobre recaudación por flujo de efectivo, operaciones, valor y pedimentos.

Es así que la preocupación de fondo es que si el crecimiento económico continúa así de débil, las metas recaudatorias del gobierno serán cada vez más difíciles de alcanzar y entonces podemos prever mayor presión sobre los contribuyentes cautivos. Más auditorías, mayor fiscalización, revisiones más agresivas y una estrategia recaudatoria más intensa para compensar la debilidad de la actividad económica.

Conclusiones

México no enfrenta una crisis económica tradicional, pero desde luego que está en problemas por un prolongado estancamiento económico. Los datos del 2026 muestran una economía debilitada, caracterizada por un consumo perdiendo fuerza, inversión deprimida y un mercado laboral que genera ocupación, sí, pero de menor calidad y con creciente precariedad.

El problema es que buena parte de estos factores ya se convirtieron en un problema permanente, no coyuntural. Después de varios años de bajo crecimiento, el estancamiento económico comienza a normalizarse y eso ha afectado el bienestar de millones de familias, la capacidad de consumo y las decisiones de inversión de las empresas.

A ello se suma un creciente estrés fiscal. La caída de la recaudación, particularmente del ISR, es síntoma de la debilidad económica, que se ha trasladado a las finanzas públicas. Y si la economía sigue creciendo por debajo de lo esperado, será cada vez más difícil alcanzar las metas recaudatorias sin aumentar el terrorismo fiscal contra los contribuyentes cautivos.

El Gobierno de México necesita reconocer con realismo el momento económico que enfrenta. Porque seguir apostando al optimismo discursivo mientras los indicadores muestran señales cada vez más evidentes de deterioro económico no es más que una enorme irresponsabilidad. La realidad económica, tarde o temprano, termina imponiéndose.

***

Si este análisis te resulta útil, no te quedes solo con la lectura.

En ECONOMEX trabajamos todos los días para traducir un entorno complejo en señales claras para la toma de decisiones. No se trata de tener más información, sino de entender qué es relevante y qué no… antes de que el mercado lo descuente.

Hazte suscriptor Premium de ECONOMEX y accede al análisis económico, financiero y geopolítico que necesitas para anticipar riesgos, detectar oportunidades y tomar mejores decisiones.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

Sígueme en X: https://x.com/alejandrogomezt

Imagen promocional del Servicio Informativo GAEAP, destacando sus beneficios como resúmenes de indicadores económicos y análisis de la economía nacional.

🎙️📊 ¡Ya está disponible el episodio 102 de Economex Podcast! 🇲🇽🌎 No te pierdas este análisis clave sobre economía, finanzas y lo que realmente está pasando en México y el mundo. 🚨📉📈

📺⚡ ¡No te pierdas los Informativos GAEAP en YouTube! 🇲🇽📊 El análisis económico, financiero y geopolítico que necesitas para entender lo que está pasando en México y el mundo 🌎📉

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo