La manufactura nacional, estragos del encierro

La industria manufacturera es sumamente importante para la economía nacional. En el primer trimestre de 2020 sumó un Producto Interno Bruto (PIB) de 4.162 billones de pesos, cifra que representa el 17.1% del PIB total. De igual forma, en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reportaba 5.450 millones de trabajadores asegurados al cierre de 2019, lo que representa el 26.68% del empleo formal en el país. Además, la industria manufacturera nacional alcanzó exportaciones de 410.833 miles de millones de dólares en 2019, lo que la convierte en la principal fuente de divisas para el país.  Dados estos indicadores, es relevante monitorear la evolución de la industria manufacturera en México y ese es el motivo de la entrega de esta semana: presentar la evolución de esta industria y de sus muy deteriorados indicadores del mes de abril de 2020, el cual fue el primer mes de suspensión de actividades económicas no esenciales.

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La Industria automotriz fue de las más afectadas con el cierre de actividades no esenciales durante abril y mayo. 

Utilizamos información de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, la cual nos brinda información respecto a la evolución de esta industria en diversas variables relevantes. Si bien no es un censo de la actividad económica, si resulta bastante ilustrativa para conocer la tendencia de indicadores tales como empleo, remuneraciones, valor de la producción y de las ventas, entre otros.

En la semana que recién concluye, el INEGI publicó los resultados de la EMIM correspondientes al cuarto mes del año y los resultados son alarmantes. En el comparativo de abril de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, el personal ocupado total empleado en esta industria disminuyó -3.7% al pasar de 4.360 millones a 4.196 millones de personas, lo que equivale a una diminución de 164 mil personas. Paralelamente, y con un enorme esfuerzo por parte de las fábricas, es que las remuneraciones (sueldos y salarios) totales pagadas disminuyeron únicamente en términos nominales en apenas 0.4% al pasar de 52.533 miles de millones de pesos (mmdp) a 52.312 mmdp. Al considerar la inflación del periodo, la caída en las remuneraciones totales es de poco menos de 3%. Derivado de lo anterior es que la remuneración promedio por persona ocupada en la industria manufacturera aumentó 3.5% al haber pasado de 12,048 pesos en abril de 2019 a 12,465 pesos en abril de 2020. Cabe señalar que este pequeño aumento se pudo haber dado por el pago de liquidaciones y finiquitos laborales a ese 3.7% de personas que perdieron su empleo.

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Durante el mes de abril, surgieron fuertes problemas para las empresas, ya que como puede verse, mantuvieron casi la totalidad de su plantilla laboral con un ajuste mínimo en las remuneraciones que pagan, pero de manera paralela el valor de la producción de los productos elaborados disminuyó -42.8% entre abril de 2019 y el mismo mes de 2020. Para ilustrar esta situación tenemos que en abril de 2019 las remuneraciones representaron el 7.8% del valor de la producción, mientras que en abril de 2020 éstas representaron el 13.6%. Aunado a lo anterior, el valor de la producción por persona ocupada disminuyó de manera importante al pasar de 154,334 pesos en abril de 2019 a apenas 91,748 pesos en abril de 2020.  En cuanto al valor de las ventas, se aprecia una situación similar al del valor de la producción, ya que estas disminuyeron -41.3% entre abril de 2019 y el mismo mes de 2020, por lo que el valor de las ventas por persona ocupada cayó -39.0% al pasar de 152,364 pesos en abril de 2019 a 92,897 pesos en abril de 2020. Esta situación es la que ha descapitalizado a muchas empresas, las cuales se mantuvieron pagando remuneraciones, no obstante que el valor de la producción y de las ventas se colapsó. Y todo esto en un contexto en el que no hubo apoyos federales para que las empresas pudieran sobrevivir.

La EMIM nos arroja cifras de lo que sucedió con las industrias manufactureras mismas que se presentan a continuación. En el comparativo de abril de 2019 al mismo mes de 2020, esta fue la evolución del valor de la producción manufacturera (se muestran ordenados de mejor a peor desempeño y en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): Sinaloa (10.7%), Colima (10.4%), Michoacán (7.8%), Nayarit (6.6%), Yucatán (3.3%), Tabasco (1.4%), Durango (-3.7%), Baja California Sur (-4.5%), Guerrero (-7.5%), Quintana Roo (-7.9%), Campeche (-8.4%), Tamaulipas (-12.0%), Veracruz (-16.6%), Jalisco (-17.7%), Chiapas (-21.7%), Ciudad de México (-21.8%), Hidalgo (-31.7%), Querétaro (-32.8%), Nuevo León (-33.6%), Estado de México (-33.9%), Tlaxcala (-41.1%), Zacatecas (-43.9%), Chihuahua (-44.0%), Sonora (-44.0%), Morelos (-53.8%), Oaxaca (-55.4%), San Luis Potosí (-57.8%), Baja California (-64.0%), Guanajuato (-65.6%), Coahuila (-67.2%), Puebla (-76.0%), y Aguascalientes (-83.8%).

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Con esto vemos que solamente 6 entidades federativas registraron un incremento nominal en el valor de la producción, mientras que 26 observaron retrocesos. Por su parte, si tomamos en consideración que a nivel nacional el porcentaje de caída en el valor de la producción fue de -42.8%, entonces queda claro que 11 estados (Zacatecas, Chihuahua, Sonora, Morelos, Oaxaca, San Luis Potosí, Baja California, Guanajuato, Coahuila, Puebla y Aguascalientes) tuvieron un desempeño peor que el de la media nacional.

Cabe señalar que estos 11 estados contribuyeron con un valor de la producción de 306.256 mmdp en abril de 2019 y en los primeros cuatro meses de 2020 sólo generaron 107.907 mmdp. De esta manera, estos estados pasaron de contribuir con el 46.3% del valor de la producción manufacturera nacional en abril de 2019 a contribuir con apenas el 28.8% en abril de 2020.

Me parece pertinente a continuación analizar brevemente el porqué del colapso manufacturero en Guanajuato, Puebla y Aguascalientes.

Manufacturas en Guanajuato

En el caso de Guanajuato los sectores de actividad manufacturera que más cayeron en cuanto a valor de la producción, en el comparativo de abril de 2020 respecto del mismo mes de 2019, fueron: 1. Fabricación de equipo de transporte (-97.9%); 2. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-90.4%); y 3. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-88.8%).

Manufacturas en Puebla

En el caso de Puebla los sectores de actividad manufacturera que más cayeron en cuanto a valor de la producción, en el comparativo de abril de 2020 respecto del mismo mes de 2019, fueron: 1. Fabricación de equipo de transporte (-97.5%); 2. Industria del plástico y del hule (-85.9%); 3. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-84.9%); 4. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-84.9%); 5. Fabricación de prendas de vestir (-84.7%); y 6. Industria de la madera (-81.0%).

Manufacturas en Aguascalientes

En el caso de Aguascalientes los sectores de actividad manufacturera que más cayeron en cuanto a valor de la producción, en el comparativo de abril de 2020 respecto del mismo mes de 2019, fueron: 1. Fabricación de equipo de transporte (-98.5%); 2. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-91.6%); 3. Industria del plástico y del hule (-91.4%); y 4. Fabricación de prendas de vestir (-89.8%).

Podemos ver que el común denominador de estos tres estados, que son de los más golpeados en su manufactura por el cierre de actividades decretado por el Gobierno Federal, es una enorme dependencia del sector automotriz, mismo que no fue declarado como esencial. De igual forma, los sectores del calzado, textil y vestido, fueron duramente golpeados y estas tres entidades tienen una importante presencia de una o varias de estas industrias.

A manera de conclusión, sólo falta agregar que todas estas cifras del mal desempeño de la industria manufacturera se traducen en pérdida de empleos y de exportaciones. En el caso de los empleos, la EMIM arroja una caída de 164 mil puestos de trabajo entre abril de 2019 y el mismo mes de 2020; pero el IMSS reporta que entre febrero y mayo de 2020 se han perdido 211 empleos formales en las manufacturas. Esto es indicativo de que el golpe ha sido muy fuerte. Es por ello que se vuelve indispensable apoyar a la industria manufacturera con políticas como el combate al contrabando y la subvaluación de mercancías, además de que es indispensable que se aproveche el conflicto comercial que aún perdura entre los Estados Unidos y China. La entrada en vigor del T-MEC será una magnífica oportunidad para atraer inversión productiva a nuestro país, pero se requieren señales claras de certidumbre de que el gobierno federal y los de los estados las van a respetar.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Industria y empleo: peor que una economía en guerra

Cada semana se publican más y más datos que dan cuenta del desastre económico que fue causado por el draconiano cierre de la actividad económica, el cual fue decretado en México por las autoridades federales, sin haber entendido el proceso de contagios y haciendo una mala copia de los cierres económicos realizados en China, Italia, España, Estados Unidos, entre otros. Es así que los costos económicos y sociales de las decisiones gubernamentales comienzan a verse plasmados en los indicadores económicos. En esta entrega veremos los datos de la producción industrial y un recuento de la evolución del empleo formal por actividad económica y entidad federativa.

Total de la industria

La semana que recién concluye, el INEGI informó respecto de la evolución del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI) durante el pasado mes de abril y los datos son terriblemente alarmantes. Con cifras originales, en el comparativo de abril de 2020 respecto del mismo mes de 2019, tenemos que el IVFAI cayó -29.3%, lo que constituyó su mayor disminución anualizada desde que se mide este indicador (1993). Esta contracción se debió a que la minería cayó -3.6%; la electricidad, gas y agua disminuyeron -3.5%, la construcción se redujo -38.0%, mientras que las industrias manufactureras retrocedieron -35.3%. De esta manera, en el comparativo del acumulado de los primeros cuatro meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, la totalidad de la actividad industrial registró una caída de -9.3%, producto de un incremento de 2.4% en la minería; retroceso de -0.7% en electricidad, gas y agua; caída de -15.4% en construcción y contracción de -10.9% en las industrias manufactureras. Hasta el primer cuatrimestre del año la evolución de la actividad industrial en su conjunto es similar a la que vivimos con la crisis económica del 2009, aunque sabemos que esta crisis económica apenas comienza, por lo que el saldo esperado para todo el año es de una caída del IVFAI de entre -12.0% y -15.0%.

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Industria de la construcción

En cuanto a la industria de la construcción, la cual no fue declarada como actividad esencial durante los meses de abril y mayo, registró una caída de -38.0% en el comparativo de abril de 2020 respecto del mismo mes de 2019. De igual manera, esta es la mayor caída en el sector desde que se tienen registros. Esta evolución fue producto de una caída de -40.4% en las obras de edificación, disminución de -31.9% en la construcción de obras de ingeniería civil y colapso de -33.0% en los trabajos especializados para la construcción. De esta manera, en el acumulado de los primeros cuatro meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, vemos que la industria de la construcción presenta una caída de -15.4%, producto de que las obras de edificación se cayeron -14.4%, la construcción de obras de ingeniería civil se contrajeron -21.1%, mientras que los trabajos especializados para la construcción cayeron -14.0%.

El colapso de la industria de la construcción durante abril de este año es muy preocupante por varias razones. Primero, porque la industria de la construcción es un indicador adelantado, mismo que incide en 66 ramas de actividad, por lo que su fuerte caída confirma los pronósticos de que este año será uno en el que en el mejor de los casos veremos una caída del PIB de entre 8% y 12%. En segundo lugar, porque nos habla de una cancelación de muchos de los proyectos de inversión, mismos que eran fundamentales para sentar las bases de una economía con perspectivas de crecer en los próximos años.

Industria manufacturera

En cuanto a la industria manufacturera, vemos que ésta presenta una caída de -35.3% en el comparativo de abril de 2020 respecto de los mismos meses de 2019. Esta terrible evolución es también la mayor desde que se tienen registros y es producto de lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de variación y las actividades están ordenados de mejor a peor desempeño): Industria alimentaria (+1.2%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-4.7%); Industria química (-7.7%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (-10.0%); Industria del papel (-13.0%); Industrias metálicas básicas (-24.9%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-28.3%); Otras industrias manufactureras (-32.9%); Industria del plástico y del hule (-35.9%); Industria de las bebidas y del tabaco (-37.0%); Industria de la madera (-38.1%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-39.2%); Fabricación de productos metálicos (-40.4%); Fabricación de maquinaria y equipo (-43.3%); Impresión e industrias conexas (-49.9%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-66.1%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-67.8%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-77.8%); Fabricación de prendas de vestir (-77.9%); Fabricación de equipo de transporte (-85.3%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-86.9%). Vemos que de 21 ramas de actividad solamente una registró incremento.

Con estos datos queda claro que la decisión del gobierno federal de cerrar la actividad económica durante abril y mayo, sin tomar en cuenta consideraciones demográficas ni regionales, golpeó a prácticamente toda la industria, pero en especial a las manufacturas de textil, vestido, automotriz, curtiduría, calzado y marroquinería. En el caso de automotriz no cabe duda que conforme se reactive la actividad internacional, pronto ésta ira recuperando su nivel de actividad, pero en el caso de las industrias textil vestido, calzado, curtiduría y marroquinería, el golpe ha sido brutal, y lo peor es que se espera que los datos de actividad de mayo sean igual o peor de malos que los de abril. Y es que estos sectores ya habían sido severamente golpeados en los años recientes por problemas como el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país, por lo que el cierre de actividad se suma a los problemas ya existentes para crear un escenario catastrófico con pérdida de miles de empleos y cierre definitivo de la actividad de decenas de empresas.

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En cuanto a la evolución de la industria manufacturera en el acumulado de los primeros cuatro meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos que ésta se contrajo -10.9%, producto de la siguiente evolución (en paréntesis se indica el porcentaje de variación y los datos están ordenados de mejor a peor desempeño): Industria alimentaria (2.5%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-0.8%); Industria de la madera (-1.7%); Industria de las bebidas y del tabaco (-4.2%); Otras industrias manufactureras (-4.3%); Fabricación de maquinaria y equipo (-8.4%); Fabricación de productos metálicos (-9.3%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-9.8%); Fabricación de productos derivados del petróleo y carbón (-10.0%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-10.4%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-11.7%); Industria del plástico y del hule (-13.6%); Impresión e industrias conexas (-14.0%); Fabricación de equipo de computación, comunicación,  medición  y de  otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-14.1%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (-16.2%); Fabricación de muebles, colchones  y persianas (-18.8%); Fabricación de equipo de transporte (-20.8%); Industria del papel (-25.2%); Fabricación de prendas de vestir (-26.9%); Industria química (-29.0%); e Industrias metálicas básicas (-29.5%). Nuevamente vemos que de 21 ramas de actividad manufacturera, solamente una presenta aumento en términos reales.

Estos indicadores se dicen fácil, pero hay que entender que con la contracción de la actividad económica, viene aparejada una disminución de los empleos formales e informales. A continuación veremos cuál ha sido la evolución del empleo registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS):

Empleo en el IMSS

En el comparativo de febrero  a mayo de 2020, vemos que el total de trabajadores registrados en el IMSS disminuyó en 1.030 millones de personas. Esta enorme pérdida de empleos formales se debido a la siguiente evolución (en paréntesis se indica la variación nominal): Agricultura, Ganadería, Silvicultura, Pesca y Caza (-59,028); Industrias Extractivas (-7,349); Industrias de  Transformación (-210,920); Industria de  la Construcción (-262,317); Industria Eléctrica y Captación y Suministro de  Agua Potable (-576); Comercio (-97,079); Transportes y Comunicaciones (-36,778); Servicios para Empresas, Personas y El Hogar (-367,473); y Servicios Sociales y Comunales (11,154). Con estos datos queda claro que la industria perdió 481,162 empleos formales en el periodo de febrero a mayo de 2020, y lo que es peor es que la pérdida de empleos seguirá en muchas empresas aunque paulatinamente se haya retomado la actividad económica en junio y los meses siguientes.

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Ahora, en cuanto a la evolución por entidad federativa en el periodo de febrero a mayo de 2020, tenemos lo siguiente (en paréntesis se muestra la variación y los estados están ordenados de mejor a peor desempeño en valores absolutos): Tlaxcala (-3,336); Tabasco (-4,117), Colima (-4,223), Campeche (-5,465), Chiapas (-5,743), Zacatecas (-6,689), Durango (-7,487), Morelos (-7,735), Oaxaca (-10,797), Hidalgo (-12,158), Guerrero (-12,312), Aguascalientes (-12,740), Michoacán (-14,566), Baja California (-17,450), Nayarit (-17,565), Yucatán (-18,814), San Luis Potosí (-18,930), Baja California Sur (-22,445), Tamaulipas (-27,957), Chihuahua (-31,191), Sonora (-32,751), Coahuila (-33,261), Querétaro (-34,107), Puebla (-36,426), Guanajuato (-42,416), Sinaloa (-43,597), Veracruz (-46,300), Mexico (-58,652), Jalisco (-67,642), Nuevo León (-85,385), Quintana Roo (-113,798) y Distrito Federal (-174,311).

¿Qué puede hacer el gobierno federal para que la actividad económica se recupere en un periodo menos largo? Sin duda hay muchas cosas que se pueden realizar y que no requieren de un presupuesto. En primer lugar tenemos el combatir el contrabando y la subvaluación de todo tipo de mercancías en las aduanas del país. Esto requiere ajustes normativos para que la autoridad tenga más elementos para desechar el valor de las mercancías cuando éstas pretenden ser ingresadas al país con precios ridículamente bajos. También se debe sancionar al contrabando no documentado como Delito Grave del Orden Federal. De igual manera, se pueden fortalecer los esquemas como el de créditos FONACOT para que se incentive el consumo de productos hechos en México por parte de quienes gozan de dicha prestación. También es importante fomentar el Programa IMPULSO NAFIN + ESTADOS para que más empresas puedan acceder al financiamiento bancario con tasas de interés no mayores al 13.9% anual. Otro aspecto que es muy relevante es que las grandes cadenas nacionales y tiendas departamentales reviertan la prioridad que le dan a los productos importados respecto de los nacionales y tengan un mejor trato con sus proveedores nacionales, a quienes en múltiples ocasiones les cobran todo tipo de descuentos y bonificaciones en aras de mantener ellos su rentabilidad, a costa del fabricante nacional. Se debe hacer valer el Convenio de Buenas Prácticas Comerciales. Así como estas acciones, hay muchas más que se pueden llevar a cabo y que sin duda se traducirán en una industria mexicana que tardará menos en recuperarse.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La estrategia para crear buenos empleos

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La economía de México ha sido incapaz de generar los suficientes empleos bien remunerados.

Diversas notas periodísticas y reportajes nos dan cuenta de que en todo el mundo, el mayor reto  para lograr una prosperidad económica incluyente, consiste en generar las condiciones que permitan la creación de un número suficiente de “buenos empleos”.

La evidencia nos muestra que sin empleo productivo y confiable para la vasta mayoría de la fuerza laboral de un país, el crecimiento económico resulta excluyente, de manera que sus beneficios terminan concentrados en una pequeña minoría. La escasez de buenos empleos también socava la confianza en la cúpula gobernante, lo que a su vez impulsa la imposición de políticas autoritarias y nacionalistas que afectan a muchos países ahora en día. En el caso de México podemos ver como en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto la tasa promedio de crecimiento del PIB fue de 2.44%, una tasa aceptable bajo estándares internacionales, pero desde luego insuficiente para haber disminuido el porcentaje de personas que laboran en la economía informal, la cual fue de 56.76% al cierre de 2018.

El economista argentino de la CEPAL, Raul Prebisch, escribió desde 1969 al respecto, y ahora en día seguimos viendo que prácticamente todas las economías en el mundo están compuestas de un segmento avanzado, generalmente integrado globalmente, que emplea a una minoría de la fuerza laboral, y un segmento de baja productividad que absorbe a la enorme mayoría de la fuerza laboral, frecuentemente pagando bajos salarios y con pobres condiciones laborales.

La proporción de ambos segmentos puede diferir. En los países desarrollados, obviamente tienen mayor preponderancia las empresas altamente productivas. Pero cualitativamente, la fotografía se ve bastante similar en los países ricos y pobres, lo que produce los mismos patrones de inequidad en la distribución del ingreso, exclusión y polarización política. ¿Cómo es que los formuladores de políticas públicas deben enfrentar este “dualismo”?

La definición de un “buen trabajo” obviamente depende del nivel general de desarrollo económico de cada país. Generalmente consiste de un trabajo estable en el sector formal que además cuenta con seguridad social, protección laboral tales como condiciones de trabajo seguro, derechos colectivos de negociación, y leyes que protegen en contra de despidos injustificados. Al trabajador le permite tener al menos un nivel de vida de clase media, para los estándares del país, con suficiente ingreso para adquirir una vivienda, alimento, transporte, educación y otros gastos familiares, además de permitir ahorrar.

En México, de acuerdo a estimaciones de GAEAP con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el cuarto trimestre de 2018 el ingreso promedio diario de la población ocupada fue de apenas 2.17 salarios mínimos, equivalente a 191.47 pesos. Y lo que es peor, solamente el 5.29% del total de la fuerza laboral tenía un ingreso promedio superior a los 5 salarios mínimos (442 pesos diarios) al cierre de 2018.

Por otra parte, el INEGI reporta que al cuarto trimestre del año que recién terminó había en México una población ocupada de 54.194 millones de personas, mientras que el Instituto Mexicano del Seguro Social tiene registrados  al cierre de 2018 un total de 20.079 millones de trabajadores, por lo que vemos que solamente el 37.05% de la fuerza laboral mexicana cuenta con la prestación de seguridad social.

Ante estos datos, queda claro pues que estamos muy lejos de tener una economía que genere los suficientes empleos bien remunerados, por lo que resulta evidente que hay mucho que las empresas pueden hacer en lo individual en todo el mundo para mejorar las condiciones de trabajo. Las grandes empresas que tratan mejor a sus trabajadores, al proveerles con mejores sueldos, más autonomía y mayor responsabilidad, generalmente disfrutan de los beneficios en la forma de menor rotación de personal, mayor satisfacción de los trabajadores con su empleo, y mayor productividad. Hay vasta evidencia estadística que sustenta la creencia de que la estrategia de “buenos trabajos” puede ser altamente rentable para las empresas, así como lo es para los trabajadores.

Pero el problema de la falta de buenos empleos es más profundo, es estructural y va más allá de lo que las empresas pueden hacer por cuenta propia. Ahora en día, las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas sufren de un creciente desajuste entre la estructura de la producción y la estructura de la fuerza laboral. La producción se está volviendo cada vez más intensiva en habilidades, mientras que el grueso de la fuerza laboral se mantiene con un nivel de habilidades bajo.  Esto genera una brecha crónica entre los tipos de empleo que son creados y los tipos de trabajadores que un país tiene.

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Raúl Prebisch, economista argentino de la CEPAL.

De acuerdo con diversos autores, la tecnología y la globalización han conspirado para aumentar dicha brecha, con la manufactura y los servicios siendo cada vez más automatizados y digitalizados. Mientras que las nuevas tecnologías podrían haber beneficiado, en principio, a los trabajadores con menos habilidades, en la práctica el progreso tecnológico ha servido para reemplazar la mano de obra.

Aunado a lo anterior, el comercio mundial y los flujos de inversión, y las cadenas de valor en particular, han estandarizado las técnicas de producción a lo largo del mundo, haciéndolo así muy difícil para los países pobres el competir en los mercados mundiales sin adoptar las técnicas intensivas en habilidades y en capital similares a aquellas de las economías avanzadas. El resultado de todo esto es el dualismo económico ya comentado previamente.

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Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard.

De acuerdo con Dani Rodrik, profesor de economía política internacional de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard, sólo hay tres formas de reducir el desajuste entre la estructura del sector productivo y el de la fuerza laboral. A continuación se mencionan y explican.

Capital humano

La primera estrategia, y la que recibe el grueso de la atención de políticas públicas, es la inversión en habilidades y entrenamiento. Si la mayoría de los trabajadores adquieren las habilidades y capacidades requeridas para las tecnologías avanzadas, el dualismo eventualmente se puede abatir en la medida en que los sectores de mayor productividad se expanden a costa de los demás.

Tales políticas de capital humano son sin duda importantes, pero una vez implementadas sus efectos se sentirán hasta dentro de varios años. Hacen poco para enfrentar las realidades presentes del mercado laboral ya que no es posible transformar la fuerza laboral de un día para otro.  Además de que siempre existe el riesgo de que la tecnología avanzará más raído que la sociedad en su capacidad de formar a los que cada año ingresan a la fuerza laboral

Contratar más trabajadores poco entrenados

Una segunda estrategia es convencer a las empresas exitosas de emplear más trabajadores con bajo nivel de habilidades. En los países en los que la brecha de habilidades no es tan grande, los gobiernos podrían dar incentivos a las empresas a aumentar el empleo, ya sea de manera directa o con sus proveedores locales.

Los gobiernos en los países desarrollados también tienen un papel que desempeñar al afectar la naturaleza de la innovación tecnológica. Con bastante frecuencia subsidian las tecnologías intensivas en capital que reemplazan mano de obra, en lugar de incentivar la innovación hacía una dirección que sea más benéfica socialmente, para mejorar las condiciones, y no sólo reemplazar a los trabajadores menos capacitados.

Sin embargo, estas políticas probablemente no causarán ninguna diferencia en los países menos desarrollados. Para ellos, el mayor obstáculo seguirá siendo el que las tecnologías existentes brindan poco espacio para la sustitución de factores de producción. Es impensable una estrategia que implique usar más mano de obra poco capacitada en lugar de profesionales preparados o capital físico. Esto debido a que los estándares de calidad requeridos para formar parte de las cadenas globales de valor no pueden ser fácilmente alcanzados reemplazando máquinas con mano de obra.

Esta es la razón por la que la producción integrada globalmente en la mayoría de los países abundantes de mano de obra, tales como la India o Etiopía, descansa en métodos de producción intensivos en capital. Esto deja a muchas economías en desarrollo, desde países de ingreso medio como México y Sudáfrica, hasta países de bajos ingresos como Etiopía, en la incertidumbre. El remedio estándar de mejorar las instituciones educativas no genera beneficios de corto plazo, mientras que los sectores más avanzados de la economía no son capaces de absorber el exceso de oferta de trabajadores poco preparados. Ante esto existe una tercera alternativa.

Más empresas intensivas en mano de obra

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La industria del calzado es una alternativa para la creación de buenos empleos, dado que es una industria intensiva en mano de obra con un nivel medio de tecnificación.

Resolver el problema de insuficiente creación de buenos empleos requiere de una tercera estrategia, la cual tal generalmente es la que menos atención recibe. Consiste en apoyar las actividades económicas con un nivel medio de intensidad de mano de obra y capital, y que pueden absorber mano de obra con poco nivel de preparación.

Tales actividades intermedias, entre las que se encuentran los sectores del calzado, textil y vestido, pueden ser llevadas a cabo por empresas pequeñas y medianas, que no están entre las más productivas. Estos sectores ofrecen parte de la solución, pero lamentablemente raramente están en el centro de atención de las políticas públicas de innovación y transformación.  Sin embargo, no cabe duda de que pueden proveer trabajos significativamente mejores en comparación con las alternativas en el sector informal, sin embargo, requieren de políticas públicas congruentes.

A manera de conclusión, así como lo señala Rodrik, podemos señalar que las políticas públicas en países desarrollados y subdesarrollados frecuentemente están demasiado preocupadas en promover las tecnologías más avanzadas y promover a las empresas más productivas. Eso está bien, pero njo garantiza el éxito económico. El fracaso por no poder generar buenos empleos para robustecer una clase media, tiene elevados costos sociales y políticos. El reducir dichos costos requiere un enfoque diferente, dirigido específicamente hacía el tipo de trabajos que están alineados con la composición actual de las habilidades de su mano de obra.  Eso es lo que los políticos deben entender.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Un sexenio perdido para la industria mexicana

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La participación de la industria en el PIB de México pasó de 34.0% en 2012 a 29.8% en 2017

La actividad industrial de un país es un pilar fundamental para su desarrollo económico porque son precisamente la mayoría de los bienes industriales los que se pueden exportar, porque la industria paga en promedio mejores salarios que el comercio y algunos servicios, entre otras ventajas como la posibilidad de adquirir tecnología de vanguardia. La historia reciente nos ha mostrado que muchos de los países que abandonaron su industria poniendo énfasis en el comercio y los servicios, como Estados Unidos y varios países europeos, ahora se muestran arrepentidos y buscan a toda costa reindustrializarse brindando toda clase de incentivos para hacer que su industria regrese. Dados estos hechos, es por ello que es indispensable que el gobierno federal en México se preocupe por generar las políticas públicas que generen el ambiente propicio para que se fortalezca esta actividad.

 

Lamentablemente en México llevamos varios años en un proceso de desindustrialización, y evidencia de esto es que de acuerdo con cifras del INEGI, en el tercer trimestre de 2012 el Producto Interno Bruto nominal fue de 15.770 billones de pesos, y de este total el 34.0% fue el PIB industrial (conformado por las siguientes cuatro actividades: Minería; Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; Construcción; e Industrias manufactureras). Para el tercer trimestre de 2017 el PIB nominal de México fue de 21.565 billones de pesos, y de este total solo el 29.8% fue PIB generado por la industria. Esto implica que en cinco años se perdieron 4.2 puntos porcentuales de participación en el PIB. Es importante señalar que en el tercer trimestre del año 2006 el PIB industrial de México representó el 35.6% del PIB total.

 

El proceso de desindustrialización de México se ve más claramente si dejamos de lado por un momento a la actividad “Fabricación de equipo de transporte”, la cual incluye la fabricación de automóviles y camiones, actividad estrella de nuestro país. El PIB Industrial sin tomar en cuenta la fabricación de equipo de transporte pasó de representar el 31.3% del PIB nominal en el tercer trimestre de 2012 a representar sólo el 26.0% del PIB nominal en el mismo trimestre de 2017, lo que entonces indica que si no tomamos en cuenta la fabricación de equipo de transporte el PIB industrial en México habría perdido 5.3 puntos porcentuales de participación económica en tan sólo cinco años.

 

Pero más allá de ver que el peso relativo del PIB industrial en México ha venido disminuyendo a tasas elevadas en lo que va del presente sexenio federal; es importante conocer si la caída en su participación se debe a que ha crecido más lentamente que el resto de la economía o porque ha disminuido su producción. Para conocer esto, analizamos a continuación la evolución del  el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI).

 

De acuerdo con cifras de INEGI, el ÍVFAI creció apenas 3.0% en el periodo comprendido entre los primeros once meses de 2012 y los mismos meses de 2017, lo que equivale a una tasa de crecimiento promedio anual de sólo 0.6%. El incremento de 3.0% en los últimos cinco años fue producto de una alarmante caída de -19.0% en la minería (equivalente a -4.1% promedio anual); un avance de 10.3% en Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final (2.0% promedio anual); un crecimiento de 3.5% en la Construcción (equivalente a tan sólo 0.7% promedio anual) y un incremento de 12.0% en la Industria manufacturera (2.3% promedio anual).

 

Ahora, en cuanto al empleo formal, el registrado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), vemos que en el periodo de septiembre de 2012 al mismo mes de 2017, el número de trabajadores totales registrados pasó de 16.033 millones a 19.428 millones, lo que representa un aumento de 21.2%; sin embargo, los empleos en la industria pasaron de 5.791 millones a 7.178 millones en el mismo periodo de tiempo, lo que implica un incremento de 24.0% en el mismo periodo. ¿Cómo es posible que la industria incremente su producción en apenas 3.0% en los últimos cinco años y de manera paralela el empleo formal aumente en 24.0%? La respuesta es obvia: lo que tanto presume el gobierno federal como el record en creación de empleos formales en un sexenio, no se trata de creación de empleos, sino de la regularización de los ya existentes.

 

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La industria del calzado ha sido muy afectada por las prácticas desleales e ilegales de comercio exterior

De otra manera, no se explica la precarización del empleo en México, tal como la hemos estado reportando desde este espacio. De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el comparativo del tercer trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 vemos que la población ocupada total (formal e informal) en nuestro país que no recibe ingresos disminuyó en -639 mil personas, los que ganan hasta un salario mínimo aumentaron en 567 mil personas, los que perciben de 1 a 2 salarios mínimos subieron en 2.269 millones de personas, y los que ganan de 2 a 3 salarios mínimos crecieron en 484 mil personas. Por su parte, los que perciben de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron en -721 mil personas y los que ganan más de 5 salarios mínimos decrecieron en -1.172 millones de personas. Derivado de lo anterior, el salario promedio ponderado de la población  ocupada en México disminuyó de 2.44 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2012 a 2.25 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2017. Tomando en cuenta las alzas al salario mínimo y la inflación, esto implica una incremento anual en el salario promedio real diario de la población ocupada de apenas 0.17% en los últimos cinco años. ¿Es lógico que con esos números de “creación” de empleos en la industria los salarios estén estancados? La respuesta es no.

 

¿A qué se debe el proceso de desindustrialización de México? Desde luego que a muchos factores, en el caso de la Minería podemos mencionar la corrupción en Pemex, lo que ha provocado que el volumen de producción de petróleo haya caído de 2.528 millones de barriles diarios (mbd) en julio de 2012 a tan sólo 1.96 mbd en noviembre de 2017. Esto aunado a la caída en el precio internacional del petróleo provocó la fuerte caída que se señala líneas arriba.

 

En el caso de la Construcción, más allá de una política de apoyo a este sector, las recientes alzas en la tasa de interés por parte del Banco de México dieron al traste con la incipiente recuperación que comenzaba a tener este sector en 2014 y 2015. De igual forma, los fuertes recortes al gasto de inversión por parte del gobierno federal (dado que ahora tienen que pagar más intereses por su deuda pública) también causaron mella.

 

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La industria textil genera más de 800 mil empleos y se ve afectada por importadores ilegales

En cuanto al sector manufacturero, entre las causas están los escasos avances en la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. El hecho de que todos los días entren al país millones de dólares de mercancías que no pagan impuestos, que en ocasiones son fabricadas en el extranjero sin respetar derechos laborales (ver documental “The True Cost” de Andrew Morgan), ha causado un fuerte impacto negativo en sectores como textil, calzado, vestido, electrónico, muebles, entre muchos más. Por otra parte, el tener costos de los insumos para la producción más elevados nos resta competitividad. En México los costos de la electricidad, los combustibles, el acceso al crédito, los costos del transporte (derivados de los problemas de inseguridad en las carreteras), entre muchos más, son más elevados que en naciones asiáticas. Otro aspecto que también afecta negativamente es la falta de financiamiento accesible para las Mipymes, las cuales difícilmente pueden sobrevivir al no contar con recursos para la compra de maquinaria y equipo que las hagan más productivas y eficientes. Finalmente, la negociación de acuerdos comerciales con una óptica más de entregar nuestro mercado que de buscar nuevas oportunidades de negocio para nuestros fabricantes también ha incidido negativamente.

 

En fin, la lista de temas a resolver para frenar la desindustrialización de México es muy larga. Queda claro que el actual gobierno federal ya no podrá hacer mucho para revertir la situación, pero si es importante que las cúpulas empresariales generen propuestas a quienes aspiren a dirigir el destino de México en el siguiente sexenio. Los candidatos deben comprometerse con la industria y cumplir sus promesas, y es por esto que la iniciativa privada mexicana debe comenzar a trabajar desde ahora en la realización de consultas con sus afiliados para eventualmente entregar las propuestas de las cosas indispensables para que nos convirtamos en una potencia industrial global.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt