Costos de la guerra contra la inflación

A un costo muy elevado, pero aparentemente las cosas van mejorando en materia de la lucha contra la inflación de precios al consumidor, al menos en lo que respecta a Norteamérica. Entre septiembre y octubre, la tasa de inflación interanual bajó de 7.0% a 6.9% en el caso de Canadá, disminuyó de  8.2% a 7.7% en Estados Unidos, mientras que en México retrocedió de 8.7% a 8.4%. Siguen siendo niveles inaceptables de inflación, pero parece ser que en los tres países ya se alcanzó el pico inflacionario.

En el caso de Estados Unidos, es muy positivo para todo el mundo, que se registraron menores alzas interanuales en todos los componentes del índice de precios al consumidor. Su inflación de alimentos bajó a 10.9% (11.2% septiembre), la de energéticos fue de 17.6% (19.8% septiembre), mientras que la subyacente disminuyó a 6.3% (6.6% septiembre).

Esta mejora en la inflación se debe a que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ha realizado agresivas alzas en su tasa de interés de fondos federales hasta llevarla a un rango de 3.75% a 4.00%. Además de que los precios del petróleo se han estabilizado en torno a los 80-90 dólares por barril. Y lo más importante, ayuda el que los precios mundiales de los alimentos siguen bajando. Entre septiembre y octubre, nuevamente disminuyó el Índice de precios de los alimentos de la FAO (-0.1%), con lo que liga su séptima caída mensual. De esta manera, el valor del índice en octubre de 2022 se encuentra sólo 2.0% arriba del nivel de octubre de 2021. No sé cuándo veremos esto reflejado en nuestra cartera, pero de acuerdo con la FAO, la buena noticia es que los precios de los alimentos ya son prácticamente iguales a los de hace un año.

Como ya lo mencioné, en el caso de México la inflación general interanual de precios al consumidor disminuyó de 8.70% en septiembre a 8.41% en octubre; pero el problema es que esto se dio gracias a que la inflación no subyacente (la de bienes agropecuarios y energéticos) bajó a 8.36%, mientras que la inflación subyacente (la de mercancías y servicios) aumentó a 8.42%, su nivel más alto desde agosto de 2000.  

La inflación subyacente es muy importante debido a que es un indicador de la tendencia o inercia en el crecimiento de los precios de los bienes y servicios que consumimos. Por lo tanto, su distinción técnica respecto a la medida de la inflación general radica en que deja fuera del cálculo a las variaciones de los precios de ciertos bienes y servicios, que pueden resultar más volátiles debido, por ejemplo, a perturbaciones extremas y ajenas a la demanda interna.

Así, al analizar a detalle la inflación subyacente de 8.42% en octubre, tenemos que esta se divide en dos rubros: la de Mercancías (que registró 11.15%) y la de Servicios (que fue de 5.3%). La inflación de Mercancías a su vez tiene dos componentes: Alimentos, bebidas y tabaco (13.95%) y Mercancías no alimenticias (8.03%). Por su parte, la inflación de Servicios tiene tres componentes: Vivienda (3.14%), Educación / colegiaturas (4.49%) y Otros servicios (7.33%).

Si ahora analizamos a detalle la inflación no subyacente, la cual fue de 8.36%, vemos que tiene dos componentes: Agropecuarios (que registró un alza de 14.25%) y Energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno (que fue de apenas 3.77%). Ahora, la inflación de productos agropecuarios tiene dos componentes: Frutas y verduras (12.63%) y Pecuarios (15.61%). Por su parte, la inflación de Energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, también tiene dos componentes: Energéticos (3.1%) y Tarifas autorizadas por el gobierno (5.42%).

Se debe destacar que con el dato de inflación  de precios de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno de apenas 3.77%, queda claro que el que está haciendo el mayor esfuerzo para contener el alza general de precios es el gobierno. Esto lo vemos principalmente en la forma de una menor recaudación del IEPS a las gasolinas y diésel y lo constatamos con el dato de que la recaudación de este impuesto, el cual pasó de 185.4 miles de millones de pesos (mmdp) en los primeros 9 meses de 2021 a ser de -85.7 mmdp en los mismos meses de 2022. En otras palabras, el no cobro de IEPS a gasolina y diésel y el subsidio gubernamental que se ha dado a estos combustibles ha evitado que la inflación sea de doble dígito y un mayor problema.   

En función de lo anterior, diversos analistas volvieron a ajustar sus pronósticos de inflación para el cierre de año, como es el caso del Grupo Financiero Citibanamex, quienes publicaron que esperan que la inflación subyacente anual alcance su pico de 8.6% en noviembre, y cierre el año en 8.3%. Para la inflación general, esperan que los efectos de base de comparación provoquen que ésta se presione ligeramente al alza en diciembre y la ubican en 8.6%.

Entonces, derivado de que las expectativas inflacionarias siguen deterioradas y la inflación subyacente sigue subiendo, es que el 10 de noviembre, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió, en votación dividida de 4 a 1, volver a aumentar su tasa de interés objetivo en 0.75 puntos porcentuales a un nivel de 10.00%, el nivel más alto desde que se creo el mecanismo de objetivo de tasa de interés. El aumento de 75 puntos base ya era ampliamente esperado por el mercado, no fue sorpresa para nadie. La pregunta que muchos se hacen es si este fue el final del ciclo alcista de tasas de interés, en virtud de que la inflación empieza a disminuir. La respuesta es un rotundo NO. Si bien se espera que hacía el futuro las alzas de tasas sean más moderadas, diversos analistas, entre ellos nosotros en GAEAP, esperamos que la tasa objetivo concluya el año en 10.50% y vendrán más alzas en 2023.

La expectativa del mercado se puede constatar calculando la tasa de interés implícita de los Cetes a 28 días, tomando los datos del resultado de la subasta del martes 8 de noviembre. En GAEAP estimamos que el mercado espera que los Cetes a 28 días paguen 10.57% dentro de 3 meses, tengan un rendimiento de 10.96% dentro de 6 meses y de 10.67% dentro de dos años. En términos simples, lo que esto nos dice es que la tasa objetivo del Banxico podría aumentar hasta 11.00% a mediados del 2023 y se quedará en un nivel elevado durante un buen tiempo (dos años), disminuyendo muy gradualmente. 

Claro que la evolución de las tasas de interés esta ligado a lo que suceda con la inflación. En este sentido, en el comunicado emitido por el Banxico con motivo de su decisión de política monetaria, se menciona que se anticipa que la inflación converja a la meta de 3% hasta el  tercer trimestre de 2024. Sin embargo, estas previsiones están sujetas a riesgos.

Los riesgos de que la inflación sea más alta de lo que se anticipa son: i) persistencia de la inflación subyacente en niveles elevados; ii) presiones inflacionarias externas derivadas de la pandemia; iii) mayores presiones en los precios agropecuarios y energéticos por el conflicto geopolítico; iv) depreciación cambiaria; y v) presiones de costos. Ahora, los eventos que podrían hacer que la inflación disminuya más rápidamente son: i) una desaceleración de la economía global mayor a la anticipada; ii) una disminución en la intensidad del conflicto geopolítico; iii) un mejor funcionamiento de las cadenas de suministro; iv) un menor traspaso de algunas presiones de costos; y v) un efecto mayor al previsto de las medidas del Gobierno Federal ante la carestía.  Para el Banxico es mayor la probabilidad de que materialicen los riesgos que podrían hacer que la inflación sea más alta.

Así pues, podemos concluir que si hay avances en la lucha contra la inflación, pero hay un grave problema con su componente subyacente y eso hará que vivamos un periodo largo de elevadas tasas de inflación en México. Es importante destacar que los severos ajustes en la tasa de interés en México explican buena parte de la fortaleza del peso mexicano, el cual llegó a estar en niveles de 19.32 unidades por dólar la semana que recién concluye. Este puede ser considerado como otro costo asociado a la lucha contra la inflación, ya que este super peso perjudicará a las exportaciones y provocará mayores importaciones, lo que dañará a la planta manufacturera nacional.

Es obvio también que el mantener tasas de interés de referencia tan elevadas durante mucho tiempo (arriba del 10% los próximos dos años) tendrá un impacto negativo para todos los que tenemos deudas (personas, empresas y gobiernos), quienes tendremos que pagar más intereses. Además de que el encarecimiento del crédito provocará menos consumo privado e inversión productiva. Es por ello que la enorme mayoría de analistas estima que el año entrante el PIB de México no crecerá más allá de un 1.0%, lo que provocará menor creación de empleos. Podemos anticipar que la escasez de mano de obra que vemos en muchos sectores productivos terminará el año que viene y que desafortunadamente nuevamente veremos un crecimiento del empleo en la economía informal. Todos estos son los costos de esta guerra contra la inflación.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt   

Regreso al patrón oro para poner en orden a los bancos centrales

El problema inflacionario está lejos de resolverse. El pasado mes de septiembre la inflación general de precios al consumidor en México fue de 8.7% anual, nivel idéntico al observado en el mes inmediato anterior; sin embargo, la preocupación respecto al aumento de precios ahora es mayor porque la inflación subyacente subió de 8.05% en agosto a 8.28% en septiembre. En el caso de Estados Unidos, la inflación general de septiembre bajó a 8.2% anual, desde 8.3% en el mes inmediato anterior, pero de igual forma el problema es que la subyacente subió de 6.3% a 6.6% (el nivel más alto en cuatro décadas). La inflación subyacente es aquella que deja de lado los precios de productos agropuecuarios y de los energéticos, que suelen tener un comportamiento más volátil, por lo que se le considera un indicador más preciso de las presiones inflacionarias de corto plazo que sufre una economía. 

En cuanto al alza de precios de los productos agropecuarios, en el caso de México ésta aumentó de 14.9% anual en agosto a 15.05% en septiembre, mientras que en Estados Unidos la inflación anual de alimentos disminuyó de 11.4% en agosto a 11.2% en septiembre. En cuanto al alza de precios de los energéticos, en el caso de México bajó de 7.25% anual en agosto a 5.88% en septiembre, mientras que en el caso de EE.UU., ésta pasó de 22.3% anual en agosto a 19.8% en septiembre.

Esta inflación crónica provoca que semana tras semana se deterioren las expectativas de analistas respecto de los incrementos futuros en las tasas de interés por parte de los bancos centrales. En el caso de México, la tasa de Cetes a 28 días se ubicó en 8.90% en la subasta del martes 11 de octubre, pero la tasa de interés implícita que calculamos en GAEAP para dicho instrumento la ubica en 10.26% para enero de 2023, 10.53% en abril de 2023 y de 10.68% para octubre de 2024. Así es, esta tasa de interés la calculamos con base al resultado de la subasta de Cetes de dicho martes 11 de octubre, en la que ¡se colocaron Cetes a 721 días con una tasa de 10.99% anual!

En el caso de Estados Unidos, después de que el pasado 13 de octubre se conociera el dato de inflación de 8.2%, vimos que la expectativa de tasa de interés de fin de año se ubicó en 4.85%; el mercado ahora asigna una probabilidad de 18% a que en su reunión de noviembre, la FED suba su tasa de interés en 100 puntos base; el bono a 30 años paga un interés anual de casi 4.00%, el nivel más alto desde agosto de 2011; el bono a 10 años está arriba del 4.00%; el dólar se apreció frente a la mayoría de divisas, lo cual perjudica la dinámica exportadora de EE.UU; y el bitcoin otra vez está por debajo de los 19 mil dólares.   

Como lo he señalado en pasadas entregas, la actual crisis inflacionaria tiene diferentes causas, pero en el caso concreto de los Estados Unidos, se debe a años de borrachera monetaria, en la forma de un exceso de liquidez que se ha ido agravando y que fue ocasionado desde el rompimiento del patrón oro en 1971, bajo la presidencia de Richard Nixon. El problema monetario ha existido en la forma de inflación (ya sea de precios de bienes de consumo o de activos), pero la tasa de crecimiento de los agregados monetarios se aceleró de manera exponencial a partir de la crisis financiera de 2008-2009, tras la caída de Lehman Brothers, y ésta fue exacerbada por la crisis causada por las decisiones gubernamentales ante la pandemia del virus chino del Covid-19. Hay que recordar que la enorme mayoría de países  incurrió en severos déficits fiscales (deuda) para sacar adelante sus economías y que en muchos casos, ese endeudamiento adicional fue monetizado a través de programas de compras de toda clase de bonos por parte de los bancos centrales (el llamado quantitative easing o QE). Cabe precisar que México no forma parte de ese grupo de países que se endeudó y monetizó su deuda para apoyar su crecimiento económico.

En 2021, la deuda mundial alcanzó un récord de 303 billones de dólares, según el Instituto de Finanzas Internacionales, una asociación mundial de la industria financiera. Este es un salto enorme respecto al nivel de deuda global en 2020 de 226 billones, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este es el mayor aumento de la deuda en un año desde la Segunda Guerra Mundial.

Al final, en los últimos años, el exceso de deuda monetizada, traducida principalmente en mayor liquidez de dólares estadounidenses, provocó toda clase de burbujas en los precios de activos, como viviendas, precios de acciones y bonos, commodities, obras de arte, coleccionables, metales, entre otros, hasta que eventualmente llegó a los precios de los bienes de consumo a lo largo de este año.

Desde este espacio hemos comentado que el problema inflacionario que vive en México tiene causas internas y que éstas fueron exacerbadas por un problema de inflación importada. Hay que recordar que nuestras importaciones totales representan el 43% del PIB, por lo que si hay un problema inflacionario global, éste contaminará a México en la forma de productos, bienes intermedios y materias primas más elevados. Nuestro país comenzó a registrar tasas anuales de inflación desde marzo de 2021, por lo que cuando explotó el problema inflacionario en Estados Unidos, eso solo vino a agravar la situación aquí.

La respuesta a los inaceptables niveles inflacionarios causados por los bancos centrales, ha sido incrementar las tasas de interés por parte de los propios bancos centrales, como si sólo se tratará de un problema de demanda agregada. La apuesta de los bancos centrales, con independencia de que la economía mundial ha sufrido y sigue recibiendo importantes choques de oferta, es que a través de las alzas en las tasas de interés, se frené el consumo y la inversión, disminuyendo así la demanda agregada.  

El problema es que este problema inflacionario, no se resolverá tan fácil aumentando tasas de interés, sino que  tomará al menos dos años el que se estabilice la situación que mantiene a la oferta deprimida. Pero lo que es peor es que este proceso de contención de la inflación generará más pobreza, presionará las finanzas públicas de prácticamente todos los países (incluido México, que en el mejor de los casos pagará 1.1 billones de pesos por el servicio de su deuda en 2023), ocasionará estrés financiero a empresas y familias, y lo peor es que puede volver a repetirse. Digamos que es una falla en el sistema que se repetirá una y otra vez mientras el modelo monetario de dinero fiduciario o fiat no cambie.

En este sentido, en esta entrega quiero exponer que para resolver los problemas crónicos de inflación y volver a poner el sistema financiero internacional en orden, tal vez la mejor medicina sería regresar a un sistema similar al que se tenía hasta 1971, año en el que el presidente estadounidense Richard Nixon, eliminó el patrón oro.

En un artículo de Jp Cortez, director de Política de Sound Money Defense League, publicado en el portal de MoneyMetals.com, el pasado 8 de octubre y titulado “Congresista de EE.UU. presenta proyecto de ley de patrón oro mientras la inflación se sale de control” se recapitulan las bondades de retornar a dicho sistema, ya que permitiría que el dólar estadounidense recupere una posición estable por primera vez en medio siglo, si se aprueba un proyecto de ley que acaba de presentar el representante (diputado) republicano Alex Mooney.

Conocida como la «Ley de Restauración del Patrón Oro» por los activistas que promueven el retorno del dinero sólido, la H.R. 9157 exige la revinculación de la notas de la Reserva Federal (dinero emitido por la FED) al oro con el fin de abordar los problemas actuales de inflación, una deuda federal descontrolada e inestabilidad del sistema monetario. Cabe señalar que esta iniciativa se presentó el 7 de octubre de 2022 y se remitió al Comité de Servicios Financieros de la Cámara.

Tras la aprobación de la H.R. 9157, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. y la Reserva Federal tendrían 30 meses para divulgar públicamente todas las tenencias de oro y las transacciones de oro, después de lo cual los billetes de la Reserva Federal o sea el «dólar» estarían vinculados a un tipo de cambio fijo con el oro y ese sería su precio de mercado.

El dólar estadounidense sería nuevamente redimible e intercambiable con oro al nuevo precio fijo, con el Tesoro de los EE.UU. y sus reservas de oro respaldando a los Bancos de la Reserva Federal quienes fungirían como garantes.

El representante Mooney, en un comunicado señaló que “El patrón oro protegería contra los hábitos de gasto irresponsables de Washington y la creación de dinero de la nada…Los precios estarían determinados por la economía en lugar de los instintos de los burócratas. Nuestra economía ya no estaría a merced de la Reserva Federal y los gastadores imprudentes de Washington».

En sus considerandos, la Ley de Restauración del Patrón Oro hace mención de varias conclusiones sobre el daño que el Sistema de la Reserva Federal ha infligido a los estadounidenses comunes, particularmente desde que se «suspendió temporalmente» el respaldo en oro del sistema monetario de Estados Unidos en 1971.

H.R. 9157 señala lo siguiente: “El billete de la Reserva Federal ha perdido más del 30 por ciento de su poder adquisitivo desde 2000, y el 97 por ciento de su poder adquisitivo desde la aprobación de la Ley de la Reserva Federal en 1913”.

Los economistas han observado que cuando se rompió la convertibilidad de billetes por oro a un tipo de cambio fijo, se eximió a los banqueros centrales y a los funcionarios del gobierno federal de sus responsabilidades, permitiéndoles expandir irresponsablemente la oferta monetaria, financiando los déficits gubernamentales a través de compras de billones de dólares de bonos y manipular la economía como les plazca. En este sentido es importante mencionar que en el caso de México, producto de la autonomía del Banco de México, el banco central tiene prohibido dar financiamiento al gobierno federal, por lo que no aplica el tema de monetización de la deuda; sin embargo, si es verdad que la Junta de Gobierno del Banco de México tiene la libertad de aumentar o disminuir la base monetaria e incidir en el nivel de tasas de interés, sin pedirle permiso a nadie.

“En ocasiones, incluyendo 2021 y 2022, las acciones de la Reserva Federal ayudaron a crear tasas de inflación del 8 por ciento o más, aumentando el costo de vida de muchos estadounidenses a niveles insostenibles… enriqueciendo a los propietarios de activos financieros mientras… poniendo en peligro la empleos, salarios y ahorros de los trabajadores de cuello azul”, menciona la H.R. 9157.

En particular, el proyecto de ley del representante Mooney también requeriría la divulgación completa de todas las tenencias de oro del banco central y del gobierno de EE.UU. y las transacciones financieras relacionadas con el oro durante las últimas 6 décadas, un tema aparentemente tabú rodeado de misterio y engaño. Concretamente menciona: “Para permitir que el mercado y los participantes del mercado lleguen a la paridad fija dólar-oro de los billetes de la Reserva Federal de manera ordenada… el Secretario del Tesoro y la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal pondrán a disposición del público… todas las tenencias de oro, con un informe de cualquier compra, venta, arrendamiento y cualquier otra transacción financiera que involucre oro, desde la suspensión temporal el 15 de agosto de 1971, de las obligaciones de canje de oro bajo el Acuerdo de Bretton Woods de 1944.”

Además, H.R. 9157 requiere que la Fed y el Tesoro divulguen «todos los registros relacionados con rescates y transferencias de oro de los Estados Unidos en los 10 años anteriores a la suspensión temporal el 15 de agosto de 1971 de las obligaciones de rescate de oro».

A todo este respecto, Stefan Gleason, presidente de Sound Money: Liga de Defensa y Bolsa de Dinero y Metales, menciona que “El sistema actual de dinero fiduciario basado en la deuda sirve principalmente para apoyar a los grandes gobiernos y a los expertos financieros adinerados, mientras que la política en serie de degradación de la moneda de la Reserva Federal castiga a los ahorradores y asalariados, ya que socava la economía…El regreso a un nuevo patrón oro detendría el problema de la inflación, frenaría el crecimiento de un gobierno derrochador e ineficiente y daría inicio a una nueva y emocionante era de prosperidad estadounidense”.

A manera de conclusión podemos señalar que el regreso al patrón oro podría ser el ajuste que el sistema monetario global necesita para erradicar la inflación y poner fin a años y años de crecimiento excesivo de la deuda; sin embargo, lo más probable es que la iniciativa H.R. 9157 no prosperará, dado que los gobiernos no permitirán que se les ponga una camisa de fuerza que los obligue a comportarse con responsabilidad en materia monetaria y fiscal. Además de que el grueso de la población no entiende las causas de la inflación, como para exigirle a sus representantes que la H.R. 9157 sea aprobada. Entonces, si el ajuste no se da en los Estados Unidos, difícilmente se dará en otros países como México. En nuestro caso, hay diversos personajes que promueven que tengamos un sistema monetario en el que el peso mexicano esté respaldado en la plata, pero acá tampoco se ve que existan las condiciones para que una propuesta en este sentido avance. Por lo tanto, debemos mentalizarnos a que episodios inflacionarios como el actual, por la expansión indiscriminada de dinero fiduciario, se seguirán repitiendo en detrimento del poder adquisitivo de la gente.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El deterioro de las expectativas inflacionarias en México

Nadie puede decirse sorprendido después de que la Junta de Gobierno del Banco de México comunicara, el pasado jueves 29, que decidió por unanimidad nuevamente aumentar su tasa de interés objetivo en 0.75 puntos porcentuales, para ubicarla en 9.25%. Con esto se alcanza el nivel más alto para esta tasa de interés desde que fue instrumentada. Es pertinente recordar que el Banxico instrumenta la política monetaria a través de una tasa objetivo para las operaciones de fondeo bancario a plazo de un día. A partir del 21 de enero de 2008 este objetivo operacional sustituyó al régimen de saldos diarios (coloquialmente conocido como el «corto»).

Regresando al tema, la justificación que dio el banco central para esta decisión de subir la tasa a 9.25% se centró en la valoración de los siguientes seis elementos: 

  1. La magnitud y diversidad de los choques que han afectado a la inflación y sus determinantes,
  2. El deterioro de las expectativas inflacionarias de mediano y largo plazos, así como el  proceso de formación de precios,
  3. Los mayores retos para la conducción de la política monetaria ante el apretamiento de las condiciones financieras globales,
  4. El entorno de acentuada incertidumbre,
  5. Las presiones inflacionarias acumuladas de la pandemia y del conflicto geopolítico, y
  6. La posibilidad de mayores afectaciones a la inflación.

En pocas palabras, Banxico está previendo que el escenario inflacionario se complicará aún más en lo que resta de 2022 y en 2023, por lo que demuestra nuevamente su autonomía y deja en claro (como en los últimos 28 años), que no le importa llevar al país a una recesión  económica si es lo que se requiere para regresar a la inflación a un nivel dentro de su objetivo de 3% anual con un margen de +/- un punto porcentual. En este sentido es una postura similar a la de Jerome Powell de la FED de Estados Unidos, quien ha manifestado explícitamente que la prioridad es contener la inflación, aunque esto implique tasas de interés elevadas por más tiempo y se ocasione una recesión.  

¿Qué tanto más pueden subir las tasas de interés en México? En GAEAP calculamos la tasa de interés implícita con los resultados de la subasta de Cetes del martes 27 de septiembre y encontramos que el mercado está esperando que la tasa de interés de los Cetes a 28 días se ubique en 10.92% dentro de 6 meses y que se ubique en 10.86% dentro de un año. Si esta expectativa se cumple, implica que la tasa objetivo del Banxico aún puede aumentar 1.75 puntos porcentuales más, antes de iniciar un lento descenso.

Es interesante ver que en el comunicado de prensa emitido por el Banxico para informar de la decisión de política monetaria, se hace mención a que las tasas de inflación anual, general y subyacente, observadas en la primera quincena de septiembre de 8.76% y 8.27% respectivamente, son producto de presiones inflacionarias acumuladas derivadas de la pandemia y del conflicto bélico. Desde mi punto de vista, este argumento es parcial y anticuado en la discusión internacional seria respecto de las causas del problema inflacionario, mismo que se debe al exceso de liquidez inyectada por los principales bancos centrales del mundo después de la crisis financiera de 2008, y que fue exacerbado exponencialmente por la crisis económica causada por las decisiones gubernamentales por la pandemia causada por el virus chino del covid-19.

Desde luego que la inflación mundial ha tenido una repercusión importante en México, lo cual queda clara al ponderar que nuestras importaciones representan el 40% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB). Era de esperarse que conforme en Estados Unidos, y otros países, se trasladaba la inflación de commodities y activos a inflación de precios de bienes de consumo, eso eventualmente iba a llegar a México para presionar aún más la escalada de precios que ya estábamos viviendo desde el 2021.

Otro aspecto que se destaca de lo comunicado por el Banxico es que reconocen que las expectativas inflacionarias por parte de analistas, correspondientes a los años 2022 y 2023, volvieron a incrementarse. Este es un punto importante y en este espacio hemos hecho reiteradas alusiones a las profecías autorrealizadas. Si la mayoría de las personas piensan que en 2023 la inflación será de 5% (por ejemplo), pues tomarán decisiones que provocarán que la inflación acabe siendo cercana a ese nivel.

En este sentido, cabe destacar que en la más reciente Encuesta Citibanamex de Expectativas publicada el 20 de septiembre, el promedio de analistas consultados prevén que la inflación general de este año sea de 8.36% (8.24% en la encuesta anterior) y que la subyacente llegue a 7.95% (7.82% en la encuesta anterior). En esa misma encuesta se prevé que la inflación general de 2023 sea de 4.74% y que la subyacente se ubique en 4.60%.  En este mismo sentido, el 26 de septiembre, el grupo financiero Citibanamex publicó su revisión al alza de su estimación para cierre de 2022 para la inflación general en 8.6% y de la subyacente en 8.3 por ciento.

De esta manera, el Banxico hizo lo propio y en el comunicado de prensa publicó la trayectoria esperada para la inflación y quedó como sigue para los próximos trimestres:  

Para entender mejor este ajuste al alza en las expectativas inflacionarias, cabe destacar que la perspectiva anterior del Banxico es que cerraríamos 2022 con una inflación general de 7.1% y ahora la ubica en 8.1%; y que cerraríamos 2023 con un alza de precios de 3.2% y ahora es 4.0%. Puede verse que pusieron la inflación de cierre 2023 en el límite máximo de la meta de Banxico.  En este aspecto destaca que la convergencia puntual hacia el objetivo de 3.0% se retrasó, desde finales de 2023 hasta el primer trimestre de 2024. ¿Es realista esta proyección? Me parece un ejercicio prudente, pero que difícilmente se logrará. Debemos tener en cuenta que Banxico es un formador de expectativas, por lo que suele ser conservador en sus pronósticos (aquí juega un papel el tema de las profecías autorrealizadas).

El propio Banxico reconoce en su comunicado que sus proyecciones inflacionarias están sujetas a riesgos. Entre los que identifica que podrían provocar que sea más alta destacan: i) persistencia de la inflación subyacente en niveles elevados; ii) presiones inflacionarias externas derivadas de la pandemia; iii) mayores presiones en los precios agropecuarios y energéticos por el conflicto geopolítico; iv) depreciación cambiaria; y v) presiones de costos.  Sin embargo, también identifica elementos que podrían provocar que la inflación regrese más rápido a su nivel objetivo, entre los que destacan:  i) una desaceleración de la actividad económica mundial mayor a la anticipada; ii) una disminución en la intensidad del conflicto bélico; iii) un mejor funcionamiento de las cadenas de suministro; iv) un efecto mayor al esperado de la brecha negativa del producto; y v) un efecto mayor al esperado del Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC). Con esto en mente, es evidente que es más probable que la inflación acabe siendo mayor a lo pronosticado por el banco central.

Me parece que hay otro factor que presionará más los precios y que no es identificado por el Banxico y es el aumento al salario mínimo, y a los salarios en general, a partir de enero de 2023. En este sentido, se han publicado notas mencionando que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos está alistando su próxima propuesta de alza de salario mínimo para 2023 y que la meta de su Administración federal es que este sueldo llegue a 260 pesos diarios al final del sexenio (actualmente es de 172.87 pesos diarios, mientras que en la zona especial de la frontera norte es de 213.39 pesos).

El tema inflacionario es preocupante por los estragos que causa, sobre todo en los que menos tienen. Las mayores alzas de precios se concentran en los alimentos, y la tasa de inflación anual en la primera quincena de septiembre fue de 13.27% para “Alimentos, bebidas y tabaco”, 14.68% en Frutas y verduras y 15.71% en productos Pecuarios. Sin embargo, es aún más preocupante lo que el gobierno federal pueda querer implementar para reforzar su Paquete contra la inflación y la carestía (PACIC).

Dadas las acusaciones que se han hecho de que parte del alza de precios obedece a que los empresarios están incrementando sus precios para obtener mayores márgenes de utilidad, hay un temor fundado de que el gobierno federal pudiera establecer medidas que impliquen controles de precios. Respecto a esto, es importante destacar tres puntos:

  1. La inflación anualizada de precios al consumidor en agosto fue de 8.7%, pero la de costos al productor fue de 9.41%, lo que implica que los fabricantes siguen absorbiendo la mayor parte de los incrementos de costos, y no los están repercutiendo en los consumidores. Por lo tanto, no es  un asunto de que se hayan ampliado los márgenes de utilidad de las empresas, sino un tema de aumento en los costos de producción. 
  2. Los controles de precios siempre han fallado en su objetivo principal de controlar la inflación. Históricamente hemos visto que siempre terminan con la creación de mercados negros y de alza de precios de los productos que se venden en la clandestinidad. Esto acaba perjudicando a las personas de menores ingresos, que es a los que se debe ayudar.
  3. El gobierno federal puede hacer mucho para disminuir costos de las empresas, por ejemplo con cuestiones de desregulación administrativa y facilitación de algunos trámites y cumplimiento de normas oficiales, mejorando la seguridad pública, entre otros.

A manera de conclusión podemos mencionar que el problema inflacionario seguirá y es posible que se agrave en el corto plazo, tanto en el ámbito internacional como en el nacional. En México el Banco de México está haciendo su trabajo, hemos visto una política monetaria cada vez más restrictiva, a la cual SE LE DEBE DAR ESPACIO PARA ACTUAR. Hay una autonomía del Banxico y en ese sentido se le debe permitir actuar sin distorsiones en los mercados de bienes y servicios. Lo importante es frenar el deterioro de las expectativas inflacionarias, ahí está el gran reto.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La inflación puede descarrilar el Paquete Económico 2023

La semana que recién concluye ocurrieron dos eventos importantes en materia económica. Ambos sucedieron el jueves 8, y el primero fue el anuncio de que la inflación de precios al consumidor subió a 8.70% anual durante agosto, el nivel más alto desde diciembre del año 2000, cuando ésta fue de 8.96%. El otro evento, muy importante para el país, fue que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) entregó al Congreso de la Unión el Paquete Económico 2023. Ambos tienen relación porque el dato de inflación es fundamental para la construcción del escenario macroeconómico sobre el que se construyó dicho paquete económico. En esta entrega explico por qué, pero vamos a iniciar explicando la gravedad del tema inflacionario.

Inflación en el mundo

Es verdad que el problema inflacionario es internacional, pero en el último mes hemos visto países en los que el alza de precios se ha moderado, mientras que en otros va en ascenso. Las cifras más recientes de inflación indican que los países con las tasas anuales por debajo del 5% son: China (2.5%), Japón (2.6%), Tailandia (2.7%), Arabia Saudita (2.7%), Suiza (3.5%), Malasia (4.4%) e Indonesia (4.7%). Entre los países con inflación entre 5.1% y 10.0% están: Corea del Sur (5.7%), Australia (6.1%), Noruega (6.5%), India (6.7%), Canadá (7.6%), Perú (8.4%), Suecia (8.5%), Estados Unidos (8.5%), Dinamarca (8.7%), México (8.7%), Brasil (8.7%) y la Zona Euro (9.1%). Finalmente, entre los países con  inflación por arriba del 10% anual destacan: Reino Unido (10.1%), Chile (14.1%), Rusia (15.1%), Polonia (16.1%), República Checa (17.5%), Argentina (71%) y Turquía (80.2%). Entre las naciones en los que se ha agravado el problema inflacionario están Japón, Francia, Italia, México, Alemania y Reino Unido. Algo muy importante es que el dato de inflación de Estados Unidos durante agosto se publicará el 13 de septiembre, habrá que ver si continúan con su tendencia descendente o si hay un rebote tras la disminución al 8.5% anual del mes de julio.  

Como lo he mencionado en pasadas entregas, parte del problema inflacionario de México se debe a que mucho de lo que importamos esta subiendo de precio. En particular, destaca que el  43.7% del valor de nuestras importaciones provienen de EE.UU. y que nuestras importaciones totales representan casi el 40% de nuestro PIB.

Muchos analistas, en el ámbito internacional, tienen la esperanza de que la inflación  ya alcanzó su nivel máximo en varios mercados debido a que los precios de los alimentos acumulan cinco meses con disminuciones mensuales. El índice de precios de los alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) alcanzó un máximo de 159.7 en marzo y desde entonces ha bajado 13.57%. De hecho, los datos de agosto de este año muestran que dicho índice sólo está 7.9% por arriba del nivel observado en agosto de 2021. Esto es una baja considerable si se considera que la inflación internacional anual de alimentos fue de 33.95% en marzo de este año.  

¿Cómo estamos parados hoy? Pues en cuanto a los cárnicos, en agosto de 2022 están 8.2% más altos que hace un año, los lácteos siguen muy altos comparados con hace un año, ya que están 23.5% por arriba. Los cereales se ubican 11.4% por arriba de su nivel de agosto de 2021, pero los aceites y el azúcar están con un precio 1.5% y 8.4% más bajo respectivamente comparado con agosto de 2021. En pocas palabras, la tasa anual de inflación internacional de alimentos sigue muy alta, pero ha venido bajando, de acuerdo con la FAO.

Pero no sólo eso, si analizamos los precios de los contratos futuros del maíz, trigo y soya, vemos que las cotizaciones ahora son más bajas de lo que lo eran de marzo a julio de este año, aunque siguen estando por arriba de su nivel de hace un año. Caso a parte es el del petróleo, cuyos futuros ahora se cotizan con un precio por debajo del que tenían previo a la invasión de Rusia a Ucrania. Esto ha permitido que en Estados Unidos bajen los precios de la gasolina, lo que les ha ayudado a controlar la inflación en la última lectura, aunque claro que están padeciendo una muy elevada inflación de alimentos por las razones que expliqué líneas arriba.  

Inflación en México

Como ya se señaló, el alza interanual de precios al consumidor en México durante agosto fue de 8.70%, nivel superior al 8.15% anual observado en el mes inmediato anterior, por lo que México forma parte del grupo de países en los que el problema inflacionario va en aumento.

La inflación  de agosto es producto de que la inflación subyacente fue de 8.05% y la no subyacente de 10.65%, ambas tasas son muy elevadas, pero lo que hay en ellas es bastante más preocupante. Dentro del componente subyacente destaca que la inflación de precios de las mercancías fue de 10.55% (12.94% en los alimentos, bebidas y tabaco y de 7.90% en las mercancías no alimenticias), lo que denota que la inflación ya está bastante arraigada en la economía y que no se trata solamente de un asunto coyuntural de alza en precios de alimentos o que sea el producto de la Guerra en Ucrania. Una inflación de mercancías no alimenticias denota problemas serios de aumentos en costos de materias primas. Por su parte, La inflación no subyacente de 10.65% se debe principalmente a que los productos agropecuarios subieron 14.90% (Frutas y verduras 15.18% y productos pecuarios 14.68%), mientras que los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno subieron 7.25%.  

A todo esto, ¿cómo van los productos que se incluyeron en el Paquete contra la inflación y la carestía (PACIC) anunciado el pasado 4 de mayo? De acuerdo con un análisis del instituto de Información Estadística y Geografía de Jalisco (IEEG), a partir de la línea base de medición (que es la segunda quincena de abril de 2022), la inflación de los productos genéricos que integran la Canasta Profeco del PACIC ha aumentado más que la inflación general, siendo el aumento de 8.8% a nivel nacional, mientras que la inflación general acumulada desde al anuncio de esta medida federal es de 2.60% nacional. Queda claro que los 24 artículos que integran esta canasta han tenido aumentos fuertes, los que se explican por los elevados aumentos en los costos de sus materias primas.

Muestra de lo anterior es que el Índice Nacional de Precios al Productor (INPP) en su componente de materias primas, según quién los consume, muestra que en el acumulado de los primeros ocho meses de 2022, la Elaboración de leche y derivados lácteos presenta un incremento de costos de 16.8%; la Elaboración de pan y otros productos de panadería un 15.9% de aumento; la Elaboración de galletas y pastas para sopa un 15.0%; la Elaboración de tortillas de maíz y molienda de nixtamal un 12.7%; la Elaboración de almidones, aceites y grasas vegetales comestibles un 12.0%; el Beneficio del arroz, elaboración de productos de molinería, y de malta un 10.6%; y esta lista puede seguir, pero me parece que el punto ha sido aclarado en el sentido de que los aumentos de precios de alimentos (al igual que de muchos otros productos) se debe al incremento en los costos de las materias primas utilizadas en su elaboración. Además de que la escasez de mano de obra en muchas actividades ha provocado incrementos de los sueldos con tasas muy por encima de la inflación. En otras palabras, a diferencia de lo que piensan algunos personajes del gobierno federal de la 4T, el alza de precios en muchos productos, sobre todos los alimenticios, no se debe a que los empresarios(as) quieran tener más utilidades, sino que es un asunto de costos de producción.

¿Cuánto tiempo durará elevada la inflación? De acuerdo con los pronósticos del Banco de México, el pico de la inflación en México ocurrirá en el tercer trimestre de este año y cerraremos el 2022 con una inflación de 8.1%, esperan que de ahí baje a 7.1% en el primer trimestre de 2023, 5.0% en el segundo trimestre, 3.7% en el tercero y  3.2% en el cuarto. Por su parte, el grupo financiero Citibanamex comunicó, tras publicarse el dato de inflación de 8.7% que estiman que las presiones en los alimentos seguirán siendo una preocupación importante, por lo que consideran poco probable que éstas disminuyan pronto. Por lo anterior, proyectan que la inflación alcanzará su punto máximo en el tercer trimestre de este año con un promedio de 8.5% anual, y mantienen sus estimaciones de inflación general y subyacente para finales de año de 8.2% y 7.8%, respectivamente. No obstante, los riesgos permanecen sesgados al alza.

Paquete Económico 2023

¿Cómo se relaciona todo lo anterior con el Paquete Económico 2023? Pues de varias maneras, pero las que destacan son que en la medida en que la inflación se mantenga elevada, las tasas de interés serán más altas, lo que a su vez incide en el costo financiero de la deuda y en las posibilidades de crecimiento económico. Y es que la teoría económica menciona que a mayor tasa de interés, la inversión productiva es menor, disminuye también el consumo, lo que afecta negativamente a la demanda agregada y al crecimiento del PIB.

El Paquete Económico 2023 está compuesto por los Criterios Generales de Política Económica (CGPE), la Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación (ILIF), y el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF). De estos elementos, una pieza fundamental son los criterios de política económica porque en ellos se plasman los supuestos bajo los que se construye la estimación de cuantos ingresos tendrá el sector público federal.

Los CGPE 2023 tienen los siguientes supuestos principales:

De estos pronósticos, destacan varios: en primer lugar, la proyección de un crecimiento del PIB de 3.0% en 2023 parece estar fuera de lugar, ya que la mayoría de analistas consideramos que será de un 1.5% dado el entorno recesivo que se vive a nivel internacional por las políticas monetarias restrictivas. Otro es que se alinean con la proyección del Banco de México de que la inflación de precios al consumidor será de 3.2% en el cuarto trimestre de 2023, algo que se ve muy difícil de que suceda por lo arraigadas que están las expectativas de inflación en México y por el complicado entorno global. Finalmente, destaca la proyección de tasas de interés en torno al 8.5%, algo que se ve muy complicado de lograr ante la perspectiva de la FED de los Estados Unidos mantendrá sus tasas de interés elevadas durante todo el tiempo que sea necesario hasta lograr que la inflación regrese a un nivel entorno al 3%.

De hecho, el ejercicio que hemos hecho en GAEAP de calcular las tasas de interés implícitas muestran que el mercado anticipa que la tasa de Cetes a 28 días llegará a 10.20% dentro de seis meses (marzo de 2023) y posteriormente bajará a 9.68% en siguientes seis meses (en septiembre de 2023). Con esta perspectiva de tasas de interés difícilmente se logrará lo que dice el gobierno federal de que las tasas serán de 8.5 por ciento.

El tema de las tasas de interés es fundamental para las finanzas públicas, ya que de ellas depende el gasto realizado en el servicio de la deuda. Cabe señalar que en el Presupuesto de Egresos 2023 se estima que será de 1.079 billones de pesos, cantidad muy superior a los 830.7 miles de millones de pesos (mmdp) que se estima se pagaran este año por dicho concepto. Como puede verse, la SHCP espera gastar en intereses de la deuda de 2023 un monto 248 mmdp superior a lo erogado en 2022, pero todo parece indicar que gastarás más derivado de mayores tasas de interés respecto de las proyectadas. El costo financiero de la deuda proyectado para el 2023 equivale al 3.4% del PIB, nos dice el gobierno federal, pero lo que no nos dice es que representará el 13% de la totalidad de los 8.3 billones que planean gastar.

Es importante también mencionar que en el Paquete Económico 2023 se prevé un déficit público de 1.134 billones de pesos, con lo que se elevaría el saldo de la deuda del sector público federal en 3.6 puntos porcentuales del PIB nominal estimado para el cierre del presente año. Al relacionar el dato del déficit del sector público con el costo financiero de la deuda queda claro que nos endeudamos para pagar los intereses de la deuda.

Conclusión

Es evidente que el problema inflacionario de México, además de lesionar las finanzas de las familias mexicanas, también genera enormes costos para México en la forma de menor crecimiento económico y más recursos que en lugar de destinarse a la inversión en infraestructura, se tendrán que destinar a un mayor pago de intereses sobre la deuda. El escenario macroeconómico no es tan alegre como lo pinta el gobierno federal, veremos si se hace algún ajuste al Paquete Económico 2023 en el proceso de revisión y aprobación por parte del Congreso de la Unión.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

En Twitter: @alejandrogomezt

alejandro@gaeap.com

La desglobalización y los bancos centrales

En los últimos meses, el gobierno federal había venido destacando que México estaba en una mejor situación inflacionaria comparado con Estados Unidos. Pues sucede que ya no es el caso, dado que al mes de julio la inflación anual en el vecino del norte fue de 8.5% (con una inflación mensual de 0%), mientras que en México en la primera quincena de agosto la inflación siguió aumentando y ya superó dicho porcentaje.

Pero lo más preocupante no es eso, sino que la creencia de que a nivel mundial pronto regresaremos a una vida con bajas tasas de inflación, como las que existían antes de la pandemia del covid-19, no se van a cumplir. Debemos prepararnos para una nueva realidad con varios años de una elevada inflación.  Probablemente no serán alzas de precios como las actuales por encima del 8% anual, pero tampoco regresarán a los niveles previos como los de 2% en Estados Unidos o de un 4% en el caso de México.

En esta entrega analizaremos primero el más reciente dato inflacionario de México y posteriormente veremos las causas del nuevo escenario inflacionario mundial.  

El deterioro de la inflación en México

Una enorme cantidad de analistas se sorprendieron el pasado miércoles 24 de agosto, cuando el INEGI informó que en la primera quincena de agosto de este año, la inflación anual en México alcanzó un nivel de 8.62%, la tasa de inflación más alta desde la segunda quincena del año 2000. El dato del crecimiento en el porcentaje de inflación en los primeros 15 días de agosto fue 0.48 puntos porcentuales superior al observado en la segunda quincena de julio, cuando ascendió a 8.14%.

Los factores que provocaron que la inflación se disparara fueron los siguientes aumentos de precios (en paréntesis se indica el aumento en puntos porcentuales de la inflación entre la segunda quincena de julio y la primera quincena de agosto): Energéticos (3.91); Alimentos, bebidas y tabaco (0.50) y Educación/Colegiaturas (0.48).

Lo más preocupante del dato inflacionario de la primera quincena de agosto es lo que está sucediendo con la inflación subyacente, lo que muchos llaman el corazón de la inflación. El alza de precios anual de los alimentos, bebidas y tabaco fue de 12.73%, mientras que el incremento de las mercancías no alimenticias es de 7.88%, lo que nos da una tasa de inflación de mercancías de 10.43%. En contraste, el dato de inflación de Estados Unidos en el rubro de “Todos los bienes excepto energéticos y alimentos” fue de 5.90% anual en julio. Queda claro que el panorama inflacionario de México es mucho más gris y que las expectativas inflacionarias aquí están más arraigadas. 

Desde este espacio, al igual que diversos analistas, comentamos que parte del problema inflacionario era por un componente de inflación importada. Desde mi punto de vista esto sigue siendo parcialmente cierto para el caso de algunos insumos para la producción, así como para los precios de alimentos (procesados y no procesados). Pero el dato de inflación  de mercancías y la contaminación de precios de algunos servicios como las colegiaturas, dejan en claro que la inflación ya se volvió a arraigar en el país y que será muy difícil abatirla.  En otras palabras, ya no se le puede echar la culpa de la inflación sólo al entorno económico adverso internacional, dado que también hay factores estructurales y de políticas públicas en México que le echan gasolina a un problema inflacionario global.

El Banco de México no la tiene fácil, tiene que luchar contra un monstruo inflacionario de dos cabezas: la interna con un arraigamiento de altas expectativas inflacionarias, y la externa, que se explica más adelante. El propio banco central mexicano reconoce, en la minuta de su más reciente decisión de política monetaria que la inflación en México alcanzará su nivel máximo en el tercer trimestre de este año y llegará a la meta de 3% durante los tres primeros meses de 2024; sin embargo, el organismo también anticipa que ese último plazo se podría alargar si hay mayores presiones externas derivadas de la pandemia, si continúan aumentando los precios de agropecuarios y energéticos por el conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania y si el peso se deprecia.  

Dado este complejo escenario, es que organismos como el Grupo Financiero Citibanamex han vuelto a revisar al alza su expectativa de inflación. Ahora estiman que la inflación subyacente anual será de 7.8% en diciembre (desde un estimado de 7.5%), y una inflación general de 8.2% al cierre de 2022 desde el 7.7% anterior. Sin duda la negociación de incrementos salariales para el año 2023 será muy compleja y eso seguirá contaminando los costos y precios en México, con independencia de lo que suceda en otros países. De igual forma, las tasas de interés se mantendrán elevadas por un buen tiempo.   

La nueva inflación crónica mundial

En un artículo de Michael Lebowitz, publicado el pasado 24 de agosto en RealInvestmentAdvice.com, el autor menciona que básicamente hay dos grandes opiniones respecto de la trayectoria futura de la inflación. Una es la creencia casi generalizada de que la inflación pronto volverá a los niveles previos a la pandemia, a medida que las distorsiones de la oferta y la demanda relacionadas con ésta continúen normalizándose. La otra teoría, con menos seguidores, argumenta que este aumento de la inflación, a diferencia de otros episodios de los últimos 30 años, será crónica.

Respecto a esta segunda teoría, desde luego que la inflación persistente pone nerviosos a los bancos centrales, por lo que debemos prepararnos para elevadas tasas de interés por un mucho mayor tiempo del originalmente previsto (con consecuencias en todo tipo de mercados). Además de que es preocupante que de manera paralela está ocurriendo un cambio de comportamiento que podría generar una espiral de alzas de precios y salarios. Dada la enorme incidencia de la política monetaria (en su lucha contra la inflación) en el crecimiento económico y en los precios de los activos, es pertinente analizar el efecto del proceso de desglobalización en la creación de un fenómeno de inflación persistentemente alta.

En su artículo del 1 de agosto, titulado “Guerra y Tasas de Interés”, el analista y estratega Zoltan Pozsar argumenta sólidamente que las “guerras económicas calientes” (a diferencia de la guerra fría) cambiarán el panorama económico mundial, revirtiendo décadas de beneficios por parte de la globalización económica, dando como resultado una desglobalización y niveles de inflación más altos de lo que estamos acostumbrados. El resultado puede cambiar los objetivos de la política monetaria alejándolos del apoyo a los mercados de activos (como las bolsas de valores) y moviéndolos hacía el fomento del uso de la deuda como herramienta para gestionar el cambio geopolítico y la desglobalización.

Zoltan es el jefe global de estrategia de tasas de interés a corto plazo en Credit Suisse. Sus opiniones son a menudo visiones alternas, pero ya sea que estés de acuerdo con él o no, lo que él dice provoca un alto nivel de análisis.

¿Por qué importa la alta tasa de inflación?

Antes de mencionar los aspectos más importantes del artículo de Zoltan, vale la pena hacer una breve explicación de por qué la trayectoria futura de la inflación es tan crucial para los inversionistas. Estados Unidos y la mayoría de las demás naciones desarrolladas tienen enormes niveles de deuda. En las  gráficas del FMI se muestra que la deuda global como porcentaje del PIB se ha multiplicado por 2.5 en los últimos cincuenta años.

Los niveles de deuda más altos, como porcentaje del PIB, fueron posibles por las tasas de interés continuamente más bajas y emisión de cantidades crecientes de deuda improductiva. En algunos casos, las tasas de interés negativas y la política del alivio monetario o quantitative easing (QE) por parte de los bancos centrales, mantuvieron las economías en funcionamiento y ayudó a que los países no incumplieran con los pagos de sus compromisos de deuda.

Los banqueros centrales se salieron con la suya con políticas monetarias expansivas negligentes porque la inflación no era una preocupación. La globalización del comercio permitió el flujo de bienes baratos entre naciones. En consecuencia, la FED y otros bancos centrales llevaron a cabo políticas monetarias laxas por muchos años con poco temor de avivar la inflación. Este entorno generó a su vez una burbuja de precios de toda clase de activos, o puesto de manera elegante: valoraciones de activos elevadas.

Los niveles más altos de inflación provocan que los bancos centrales suban sus tasas de interés. Las tasas de interés altas elevan la presión fiscal en las economías con niveles de deuda crecientes. Este entorno es desfavorable para las valoraciones altas y el buen comportamiento de los precios de los activos. Por lo tanto, la inflación y las altas tasas de interés son un factor clave que merma la rentabilidad de los activos.

La advertencia de Zoltan

Zoltan escribió su artículo después de visitar recientemente a los clientes europeos de su firma. En general, parece estar en desacuerdo con las expectativas de inflación y de política del banco central de muchos de sus clientes. Esto es:

El camino esperado de las tasas de política occidentales se basa en dos esperanzas: primero, que la inflación está a punto de alcanzar su punto máximo. En segundo lugar, que estamos cerca del pico de las posturas restrictivas de los bancos centrales (hawkishness).

Según su experiencia, muchos inversionistas creen que la inflación está llegando a su punto máximo y que los banqueros centrales darán marcha atrás en su agresiva política monetaria diseñada para combatir la inflación. Zoltan advierte que los inversionistas con tal visión pueden estar mujy equivocados. Como tal, necesitamos considerar algunas preguntas difíciles. Por ejemplo:

  • ¿Qué pasa si la inflación resulta persistente y no retrocede tanto o tan rápido como esperan los inversionistas?
  • ¿Qué pasa si los banqueros centrales no tienen más remedio que seguir administrando la dura medicina monetaria que los mercados están luchando por digerir?

Los tres pilares de la era de baja inflación

Para apreciar la preocupación de Zoltan por un nuevo régimen de inflacionario, vale la pena compartir su opinión sobre lo que fomentó el entorno de baja inflación de los últimos 30 años o más.

Zoltan postula que las bajas tasas de inflación del pasado se basaron en tres pilares.

  • En primer lugar, la mano de obra inmigrante barata mantiene estancados los salarios del sector servicios en EE.UU.
  • En segundo lugar, los productos baratos de China elevan el nivel de vida en medio de salarios estancados
  • En tercer lugar, el gas ruso barato impulsa la industria alemana y la de la Unión Europea (UE) en general.

Los consumidores estadounidenses estaban absorbiendo todas las cosas baratas que el mundo tenía para ofrecer… Todo esto funcionó durante décadas hasta que el nativismo, el proteccionismo y la geopolítica desestabilizaron el mundo de baja inflación.

Los tres pilares se están derrumbando

Los tres pilares descritos anteriormente están ahora convirtiendo las presiones deflacionarias en presiones inflacionarias. Analicemos cómo están cambiando.

  1. Nativismo

Las recientes restricciones a la inmigración en los EE.UU. revirtieron una tendencia de décadas en la que la mano de obra inmigrante barata proporcionaba una amplia oferta de trabajadores. Como resultado del exceso de empleados potenciales, los salarios estaban relativamente estancados para un gran porcentaje de la población activa.

Con los salarios bajo control, las empresas podrían aumentar los márgenes de beneficio, aumentar las ganancias y evitar que los precios de sus productos suban demasiado rápido. En algunas industrias, las empresas podrían bajar los precios y mantener las ganancias gracias a la mano de obra barata.

Con menos inmigración, los trabajadores actuales tienen más poder de negociación. Ahora hay más ofertas de trabajo que en cualquier otro momento en los últimos 20 años. Parte de esto se debe a la pandemia, pero la realidad es que la cantidad de vacantes está muy por encima de los niveles anteriores al covid.

A medida que los empleados se vuelven más difíciles de reemplazar y tienen una mayor demanda por parte de los competidores, buscan salarios más altos. Diversos análisis muestran que las ganancias promedio por hora de los empleados de manufactura en general tenían una tendencia a la baja hasta hace unos cinco años, cuando la inmigración se volvió más restrictiva.

Una de las principales preocupaciones del Banco de la Reserva Federal y las razones de su agresiva política monetaria es la posibilidad de una espiral de precios y salarios. Una espiral de precios y salarios se basa en la capacidad de los trabajadores para exigir aumentos de sueldo para compensar los precios más altos. Este círculo vicioso aumenta las probabilidades de que la alta inflación se vuelva persistente.

  • China

Los productos baratos de China no son tan baratos como solían ser. Además, la escasez relacionada con la pandemia dejó en claro que EE.UU. depende demasiado de países hostiles para obtener bienes esenciales, incluidos algunos productos tecnológicos y farmacéuticos. Según el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR): Se cree que alrededor del 80% de los componentes básicos utilizados en los medicamentos estadounidenses, conocidos como ingredientes farmacéuticos activos (API), provienen de China e India”.

El reciente Proyecto de Ley de Reducción de la Inflación busca traer de vuelta la producción de semiconductores y otros bienes esenciales a los EE.UU. Desde un punto de vista estratégico, la desglobalización puede ser inteligente y necesaria. Sin embargo, la mano de obra más costosa, los impuestos más altos y las regulaciones más estrictas hacen más costoso el regreso de la manufactura a EE.UU.

  • Rusia

Antes de que Rusia invadiera Ucrania, suministraba a Europa aproximadamente el 40% de su gas natural y más del 50% de su carbón. El carbón y el gas natural ayudan a generar alrededor del 30% de la producción de energía de Europa. Europa, y Alemania en particular, han sufrido en su lucha por disminuir su dependencia energética con Rusia, pero no han visto nada respecto a lo que le espera con la reducción del suministro ruso este invierno, sufrirán mayores aumentos de los precios del gas.

Los costos energéticos más elevados no se limitarán a Europa. Todo el mundo los pagará también ya que Alemania probablemente restringirá su producción de la industria química. Esta industria y la farmacéutica de Alemania representan alrededor del 15% de su consumo total de gas. Según la agencia Reuters, la industria química de Alemania ya ha hecho todo lo posible para conservar el uso de gas, dijo el martes la asociación química VCI, que advirtió que los únicos pasos que le quedan a la industria serían reducir o abandonar la producción por completo.

Alemania es el tercer mayor exportador mundial de productos químicos. Si recortan la producción, la inflación de los precios de los productos químicos afectará a todas las naciones. A su vez, los precios de muchos productos que utilizan estos químicos también subirán.

Incluso si Rusia hiciera las paces y se retirará de Ucrania, es probable que Europa busque nuevas dependencias energéticas. Estos vienen a costos más altos. Como tal, los bienes que produce también deben tener precios más altos.

Guerra económica caliente

La guerra es inflacionaria.

Las guerras vienen en muchas formas. Hay guerras calientes, guerras frías y lo que Pippa Malmgren llama guerras calientes en lugares fríos.

Zoltan y Malmgren caracterizan la guerra caliente con Rusia y China que involucra el comercio de bienes y mercancías como ocurriendo en lugares fríos, los “corredores del poder”.

Las guerras calientes o frías y las continuas hostilidades exageran el efecto inflacionario del desmoronamiento de los pilares dos y tres mencionados líneas arriba. Esencialmente, la globalización y la deflación de los últimos treinta años serán revertidas. ¡Bienvenidos a la era de la desglobalización!

La banca central en la era de la desglobalización

La desglobalización es el proceso de disminución de la interdependencia y la integración entre ciertas unidades en todo el mundo, típicamente estados-nación. Es ampliamente utilizado para describir los períodos de la historia cuando el comercio económico y la inversión entre países disminuyen. –Wikipedia

Los bancos centrales han estado diciendo durante más de una década que su objetivo era combatir la deflación inflando los precios de los activos. (Como inversionistas) todo lo que teníamos que hacer era pedir prestado con bajas tasas de interés y comprar activos, independientemente de su calidad.

Ahora nuestros trabajos son cada vez más difíciles.

Más adelante, Zoltan afirma:

Los bancos centrales pasaron de librar la guerra contra los impulsos deflacionarios provenientes de la globalización de los recursos baratos a “limpiar” los impulsos inflacionarios provenientes de una guerra económica compleja.

La desglobalización traerá inflación, al igual que la globalización trajo deflación. Si Zoltan tiene razón, el argumento de que nos dirigimos a un mundo de inflación persistente o crónica es creíble.

En tal entorno, los bancos centrales lucharán contra eventos geopolíticos inflacionarios. Esto implica que estamos saliendo de un mundo en el que los bancos centrales gestionan el lado de la demanda de la economía. Son muy hábiles y tienen las herramientas para controlar la demanda (a través de sus políticas monetarias), pero no tienen las herramientas para gestionar la macroeconomía por el lado de la oferta. De acuerdo con Zopltan, estamos potencialmente en la cúspide de un cambio enorme en la forma de gestionar el alza de precios.

A manera de resumen

Zoltan termina ”Guerra y tasas de interés” con la siguiente cita:

Hoy, es hora de pensar más en el riesgo de que la inflación se mantenga alta por más tiempo debido a la guerra económica, y menos en la inflación impulsada por un desordenado proceso de reapertura y estímulo.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés) argumenta que la inflación puede permanecer más alta de lo que nos hemos acostumbrado debido a una espiral de precios y salarios. Zoltan agrega que las guerras económicas calientes con China y Rusia aumentan la probabilidad de una inflación crónicamente más alta.

Los inversionistas se sienten cómodos con una FED que voluntariamente baja las tasas de interés y mantiene una política de alivio monterio (QE), a la primera señal de problemas económicos o de mercado. Eso puede cambiar si la inflación más alta es más persistente. Es posible que la FED tenga que sacrificar la economía y los mercados hasta cierto punto para garantizar una inflación tolerable. El trabajo de los miembros de la FED es aún más crucial considerando las enormes cargas de deuda pública y privada y la adicción creada a las bajas tasas de interés.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Ha valido la pena la lucha contra la inflación?

El principal tema de la agenda económica mundial sigue siendo la inflación, derivada principalmente del encarecimiento de los costos de la energía y los alimentos, así como la prolongación de los problemas de las cadenas globales de suministro. Durante la semana que recién concluyó se informó de la evolución de los precios en los Estados Unidos y México. Para el caso de nuestro vecino del norte al parecer fueron buenas noticias, en el caso de México lo publicado no fue bueno, pero estuvo de acuerdo con lo esperado por los analistas. Para México y la mayor parte del mundo, es importante lo que suceda con la inflación en Estados Unidos porque derivado del enorme volumen de importaciones desde dicha nación (43.7% de nuestras importaciones totales), en la medida en que ellos comiencen a mitigar su inflación, nosotros podremos comenzar a ver menores presiones inflacionarias.  

Inflación en  EE.UU.

En el caso de Estados Unidos, el Departamento de Trabajo informó el miércoles 10 de agosto que la  inflación anual durante julio disminuyó levemente, pero se mantuvo cerca del máximo de cuatro décadas, a pesar del enfriamiento de los precios de la energía. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó un 8.5% en julio respecto al mismo mes del año anterior, cifra que se compara favorablemente con el 9.1% anual de junio. Junio había marcado el ritmo de inflación más rápido desde noviembre de 1981.

El IPC subyacente, que excluye los precios de la energía y los alimentos, a menudo volátiles, se mantuvo estable en julio, con un aumento del 5.9% con respecto al mismo mes del año anterior, una señal de que persisten presiones generalizadas sobre los precios en la economía.

Otra buena noticia fue que la inflación mensual de julio fue de 0.0%, dato que se compara favorablemente con el 1.3% el mes anterior. Esta positiva evolución es producto de la caída de los precios de la energía como la gasolina. Por su parte, el índice de precios subyacente subió un 0.3 % el mes pasado, muy por debajo del aumento del 0.7% de junio, pero ligeramente superior al aumento mensual promedio del 0.2 % en los dos años anteriores a la pandemia.

¿Qué tanto han influido las alzas en la tasa de interés de fondos federales, por parte del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), en esta desaceleración de la inflación? Hay que recordar que la FED ha aumentado su tasa de interés objetivo desde un rango de 0.0% a 0.25% al actual nivel de 2.25% a 2.50%. La respuesta es que lo más probable es que muy poco ya que la desaceleración de la inflación se debió en gran parte a la disminución de los precios de la energía, que se habían disparado en junio. Los precios de la gasolina disminuyeron un 7.7% desde junio después de alcanzar un máximo de más de $5 el galón en promedio en todo el país. Es verdad que ahora el precio de un barril de petróleo cuesta menos de lo que costaba antes de la invasión de Rusia a Ucrania, y esto se debe a la expectativa de un menor crecimiento global, lo que a su vez se debe a la percepción de que las políticas monetarias astringentes de ahora pasarán factura al crecimiento económico.  

Imagen tomada del Wall Street Journal del 11 de agosto de 2022

Con independencia de lo anterior, no se debe perder de vista que los precios continuaron aumentando en la mayor parte del resto de la economía y eso lo vemos con el dato de inflación subyacente. Los precios de los alimentos subieron un 1.1% a tasa mensual en julio y un 10.9% con respecto al año pasado. Los comestibles que las familias llevan a casa aumentaron aún más rápido al 1.3% en el mes, o al 13.1% en los últimos 12 meses. La esperanza es que los precios de los alimentos disminuyan en las próximas semanas tras la reciente caída de los precios de las materias primas, pero puede llevar un tiempo ya que las expectativas de inflación ahora están integradas en la cadena de suministro.

Inflación en  México

En el caso de México las noticias de la evolución de los precios no fueron buenas. Los datos del INEGI muestran que, tal y como  se esperaba, la tasa de inflación sigue en aumento no obstante los incrementos en la tasa de interés objetivo por parte del Banco de México. El pasado martes 9 de agosto se informó que la inflación interanual de julio fue de 8.15%, tasa 0.16 puntos porcentuales superior al 7.99% interanual del mes anterior.

La tasa anual de inflación subyacente en julio fue de 7.65%, mientras que la no subyacente ascendió a 9.65%. En ambos casos, implica una aceleración del ritmo de alza de precios comparado con lo observado en junio. Cabe destacar que con todo y que la inflación general de México es más baja que la de Estados Unidos (8.15% en México vs 8.50% en EE.UU.), el índice de inflación subyacente de México es considerablemente más alto que el 5.9% registrado por EE.UU. Preocupa en especial que la inflación  de mercancías no alimenticias haya sido de 7.83%, lo que indica que de ese tamaño es la expectativa inflacionaria para muchos empresarios en México.

De los diferentes componentes del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) destacan los aumentos anuales de precios de Alimentos, bebidas y tabaco (10.07%); Frutas y verduras (16.16%) y productos Pecuarios (15.96%). Estos niveles inflacionarios implican un deterioro respecto de las alzas de precios anuales observadas en el mes inmediato anterior (aumentaron 0.25 puntos, 1.77 puntos y 0.45 puntos más respectivamente).

Los únicos componentes del INPC mexicano que se desaceleraron entre junio y julio fueron el de: Educación (pasó de 3.30% a 3.27%), aunque habrá que ver el dato de agosto que es cuando las escuelas ajustan sus inscripciones y colegiaturas; y Energéticos (pasaron de una inflación anual de 5.68% a una de 4.68%).

De acuerdo con el Banco de México y la mayoría de analistas, se espera que la inflación anual va a seguir subiendo y llegará a un máximo en este mes de agosto. De acuerdo con los pronósticos de inflación del Banxico publicados en su anuncio de política monetaria del 11 de agosto, la inflación promedio del tercer trimestre de este año será de 8.5% y luego comenzará a disminuir para registrar una inflación promedio de 8.1% en el último trimestre de 2022. Se espera que la inflación anual regrese al rango objetivo del Banxico hasta el tercer trimestre de 2023.

Valoración de la política monetaria de México

Como se sabe, el Banco de México ha estado aumentando su tasa de interés, de manera agresiva, objetivo con el fin de controlar la inflación. Desde luego que la pregunta pertinente es si este esfuerzo ha valido la pena.

Desde este espacio he cuestionado la eficacia de los aumentos recientes en la tasa de interés objetivo a la luz de que buena parte de la inflación es importada por el encarecimiento mundial de precios de materias primas, energía, alimentos y rompimiento de las cadenas globales de suministro. En otras palabras, derivado del tamaño de la economía mexicana, el hecho de que el Banco de México aumente su tasa de interés en 0.75 puntos porcentuales en dos ocasiones consecutivas, no hará que baje el precio internacional del maíz.

Cabe recordar que la tasa de interés objetivo en México, se ubicó en 8.25% hasta el 14 de agosto de 2019 y comenzó su ciclo bajista. La crisis económica causada por los cierres de actividad decretados por los gobiernos ante la pandemia del Covid-19, provocaron que se acelerará el ritmo de disminución  en las tasas de interés en México, de manera que en la primera quincena de marzo de 2020 la tasa de interés objetivo ya se encontraba en 7.00% y ésta bajó hasta el 4.25% el 25 de septiembre de 2020. El 12 de febrero de 2021 la tasa objetivo disminuyó hasta 4.00% y ahí se mantuvo hasta que los problemas inflacionarios en México provocaron que el Banxico revirtiera la tendencia y comenzará el ciclo alcista de tasas.

El 25 de junio de 2021 la tasa subió a 4.25%, el 13 de agosto de ese mismo año subió a 4.50%, el 1 de octubre subió a 4.75%, el 12 de noviembre llegó a 5.00%. Las alzas siguieron en 2022y el 11 de febrero subió a 6.00%, el 25 de marzo a 6.50%, el 13 de mayo a 7.00%, el 24 de junio a 7.75% y el pasado jueves 11 de agosto volvió a subir y se ubicó en 8.50%.

Como puede verse, la tasa de interés objetivo ha aumentado en 4.50 puntos porcentuales entre el 24 de junio de 2021 y el 12 de agosto de 2022, y resulta obvio que eso no ha frenado el alza de precios. Como ya se señaló, la expectativa es que la inflación siga en aumento y que llegue a 8.50% en el tercer trimestre de este año.

Las alzas en la tasa de interés objetivo han encarecido casi todos los tipos de créditos para empresas y personas en nuestro país (la TIIE a 28 días está en 8.775% al escribir estas líneas), ahora el gobierno federal tiene que pagar más intereses por su deuda (los Cetes a 28 días pagan 8.30%), las colocaciones de deuda de empresas se han encarecido, las contrataciones de deuda de estados y municipios también ahora son más caras porque generalmente están vinculadas a la TIIE 28 días.

¿Se justifican estos aumentos de tasa de interés en función de los resultados en la lucha contra la inflación? La respuesta a esta pregunta la plantearía en función de tres impactos, mismos que presento a continuación:

  1. Impacto en actividad económica. Como se vio líneas arriba, México comenzó su ciclo alcista de tasas de interés el pasado 25 de junio de 2022, por lo que sin duda las alzas en tasas de interés ya han tenido un impacto en la actividad económica. Si bien el PIB sigue creciendo a razón de 1.0% en el primero y segundo trimestres del año, es innegable que debe haber un impacto negativo en la débil inversión fija bruta, así como en algunos segmentos de consumo de bienes duraderos. ¿La desaceleración económica ha contribuido a la estabilidad de precios? La evidencia apunta a que no.
  2. Impacto en expectativas inflacionarias. Este es quizás el aspecto más importante de los incrementos en las tasas de interés. El Banco de México necesita que le crean que está comprometido con la lucha contra la inflación. Desde este espacio he mencionado en varias ocasiones el tema de las profecías autorrealizadas, por lo que es fundamental que la gente crea que la inflación cerrará este año en 8.0% y no en 12%. Si los formadores de precios  piensan que la inflación será del 12%, probablemente así acabará sucediendo. Es así que desde esta perspectiva me parece que las alzas de tasa de interés si han ayudado a formar expectativas razonables del rumbo de la inflación. 
  3. Impacto en tipo de cambio. Con relación al tipo de cambio, sin duda las alzas en tasas de interés en México han ayudado a mantener un precio del dólar estable, mismo que en estos momentos ha regresado a niveles cercanos a los 19.80 pesos. El diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos (2.50% vs 8.50%) hace atractivo para los extranjeros realizar inversiones de cartera en nuestro país. Obvio, si se compara lo que paga México con las tasas de interés de Japón o la Unión Europea, nuestro país es aún más atractivo. La estabilidad del tipo de cambio es fundamental para combatir la inflación, ya que nuestras importaciones totales representan casi el 40% de nuestro PIB, de manera que si el tipo de cambio sube, todo lo que compremos del exterior aumentará de precio. 

Conclusiones

La lucha contra la inflación ha valido la pena en el sentido de que las alzas en tasas de interés sirven para que los formadores de precios vean que después de haber incendiado los mercados con una política monetaria ultraexpansiva, ahora los bancos centrales tienen un “compromiso” por combatir la inflación. De igual forma, sirve para frenar la demanda de ciertos bienes y servicios, y que así disminuya la inflación subyacente. Los apretones de política monetaria parecen no tener un impacto directo de corto plazo en los precios de alimentos y energía.

Es verdad que el panorama de alza de precios comienza a mejorar a nivel mundial y en nuestro país, aunque sabemos que aún no hemos visto el pico inflacionario en México. El hecho de que los precios de la energía y de algunas materias primas hayan bajado es positivo y se espera que pronto se traduzca en menores precios para los consumidores. Sin embargo, el proceso para alcanzar menores tasas de inflación será largo, ya que las cadenas globales de suministro siguen dañadas y en cualquier momento los problemas geopolíticos se pueden traducir en mayores precios de energía, alimentos  y de muchos commodities.

Finalmente, no debemos dejar de lado que existe una alta probabilidad de que los Estados Unidos entren en una recesión y eso eventualmente nos afectará negativamente en México. Las perspectivas de un menor crecimiento económico mundial ayudarán a frenar la inflación subyacente de algunos países, pero eso no resolverá el problema de fondo que es el rompimiento de las cadenas globales de valor, así como los problemas geopolíticos que no permiten que éstas se reestablezcan.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La inflación y el estado de ánimo de la población

Uno de los mayores problemas que enfrenta nuestro país en materia económica es el de la elevada inflación, misma que llegó a 8.09% anual en la segunda quincena de junio. Como lo he señalado desde este espacio, este es un tema mundial que difícilmente se resolverá con los incrementos en tasa de interés por parte del Banco de México o con la “disciplina” de las finanzas públicas por parte de la Secretaría de Hacienda, por lo que no nos deja de preocupar el hecho de que pasaran muchos meses antes de que volvamos a ver una tasa de inflación por debajo del 4.0% anual.  

El alza persistente de precios en México, en un contexto de un proceso de recuperación económica inconcluso (dado que el PIB del primer trimestre de 2022 todavía se encuentra 2.94% por debajo del nivel que tenía en el mismo trimestre de 2019), ha causado un enorme costo social que ya se ve reflejado en carestía y un deterioro de la confianza de los consumidores.

Para ilustrar esto tenemos que el INEGI recién publicó el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) del mes de junio y vemos que el valor de éste ligo dos meses consecutivos con caídas mensuales, de manera que entre abril y junio disminuyó -1.10%.  Esta disminución podría parecer poca cosa, pero el nivel de confianza de los consumidores observado en junio de este año es similar al que tenían en julio de 2018, cuando AMLO ganó la elección de Presidente de la República (el nivel máximo de confianza del ICC se alcanzó en febrero de 2019).

La caída de -1.1% en el ICC se debe a que los cinco componentes que lo integran registraron disminución, pero destaca el deterioro de las expectativas en cuanto a cómo los consumidores consideran que será la condición económica del país dentro de 12 meses respecto comparado con la situación actual, ya que éste cayó -3.39%; mientras que el componente de la comparación de las posibilidades de los integrantes del hogar, comparadas con las de hace un año, para realizar compras de muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etc., disminuyó -3.06%.

Cabe señalar que el creciente pesimismo no es exclusivo de México y que la situación en los Estados Unidos es aun peor ya que además de la erosión del poder adquisitivo, allá las familias están enfrentando un grave problema de destrucción de valor de su riqueza ante la implosión de la burbuja del todo tras los incrementos en la tasa de interés por parte del Banco de la Reserva Federal (FED). En Estados Unidos muchas familias tienen pensiones y fondos de retiro ligadas a las bolsas de valores y hemos visto como el índice S&P 500 ha caído 20% en lo que va del año, mientras que el índice tecnológico Nasdaq acumula una pérdida de -29.5% en los primeros 6 meses de 2022. A esas malas noticias hay que agregar que el valor de las criptodivisas se ha desplomado en 2 billones de dólares desde su nivel máximo de noviembre de 2021.  Derivado de lo anterior, los hogares estadounidenses se encuentran ahora en su nivel de depresión más alto desde que la Universidad de Michigan comenzó a elaborar su índice de confianza del consumidor en la década de 1950. En otras palabras, ahora están con mayor pesimismo de lo que estuvieron en la década de los setentas cuando registraron una inflación cercana al 14%.  Esto lo menciono porque el crecimiento económico de México esta fuertemente influenciado por lo que suceda con el PIB estadounidense.

¿Por qué preocupa que caiga la confianza de los consumidores? La teoría indica que cuando los consumidores están preocupados por sus finanzas y la economía, aumenta el riesgo de que las personas recorten sus gastos, lo que puede provocar una recesión.

Como lo mencioné líneas arriba, una de las principales causas de la actual pérdida de confianza de los consumidores es la creciente y persistente inflación. En el caso de México, el INEGI informó que la inflación anualizada al mes de junio fue de 7.99%, pero no se debe dejar de lado que la inflación en la segunda quincena de ese mes de junio fue de 8.09%, la tasa de inflación quincenal anual más alta desde la primera quincena de enero de 2001. La inflación en México está siendo impulsada por los incrementos de las frutas y verduras, que subieron 15.51%; de los productos pecuarios, que aumentaron 15.90%; y de las mercancías alimentarias que fue de 11.97% en los últimos 12 meses.

A diferencia de Estados Unidos, donde en el último año el combustible para calefacción ha subido 71%, el gas natural 53% y la gasolina 49%, en el caso de México la inflación anual de energéticos en la segunda quincena de junio fue de apenas 5.53%. Sin embargo, es muy preocupante que la inflación de mercancías no alimentarias en nuestro país llegó a 7.76%, nivel ligeramente por debajo del 7.80% observado en la quincena inmediata anterior, pero igual es un nivel de inflación subyacente no visto desde septiembre del año 2000. Este tema es preocupante porque es la parte medular de la inflación, aquella que  no está sujeta directamente a cuestiones climatológicas o del precio del petróleo (por ejemplo).  Esta inflación es fuertemente influenciada por un incremento en costos de producción, pero también por las expectativas inflacionarias, mismas que evidentemente están muy deterioradas.

Pero más allá del problema inflacionario, que merma el poder adquisitivo de las personas, para mi es muy preocupante el “efecto sustitución” que se está dando y que afectará el consumo de bienes que no son de primera necesidad. Veamos un sencillo ejemplo, supongamos que en junio de 2021 una familia tenía un ingreso neto mensual de 12 mil pesos y que de esta cantidad, destinaba el 50% en alimentos. Con un nivel de inflación de alimentos del 15% entre junio de 2021 y el mismo mes de 2022, esa familia pasaría de gastar 6,000 pesos a 6,900 pesos en alimentos (dado que la comida es prioritaria, se asume una demanda perfectamente inelástica). Eso significa que si entre junio de 2021 y el mismo mes de 2022 los ingresos nominales netos de la familia solo crecieron en 5%, pues ahora dicha familia tiene 300 pesos menos para gastar en otras cosas que no sean comida.

De esta manera, se ve impactado negativamente el consumo de ropa, calzado, entretenimiento, viajes  y toda clase de artículos varios, que suelen tener una elasticidad-ingreso de la demanda mucho más alta. Esta es una de las razones por las que diversos analistas anticipan una desaceleración económica.

A manera de conclusión podemos mencionar que es altamente probable que la confianza de los consumidores en México seguirá cayendo a medida que continúa la escalada de precios cada vez más altos. La mayoría de analistas anticipa que el pico de inflación se alcanzará en el tercer trimestre de este año y llegará cerca del 8.5%, para comenzar un lento proceso descendente durante los próximos 24 meses.

Y es que más allá del incierto panorama respecto de la guerra de Rusia y Ucrania, que ha exacerbado la crisis energética y alimentaria a nivel global, en el 2023 habrá más complicaciones en materia inflacionaria por el sólo hecho de que las demandas de aumentos salariales serán cada vez más frecuentes y en porcentajes elevados. Esto sin duda alimentará la inflación en un contexto de menor crecimiento económico y de una posible recesión global.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Asumiendo la realidad inflacionaria

El pasado miércoles 15 de junio, el banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), elevó drásticamente su tasa de interés a un rango entre 1.50% y 1.75% (para cumplir con las expectativas del mercado), además redujo de manera importante sus perspectivas de crecimiento y empleo para este año. Cabe señalar que la última vez que la Fed subió su tasa en 0.75 puntos porcentuales, tuvimos la ‘Crisis del Tequila’ y Bill Clinton y el FMI tuvieron que rescatar a México.

La reacción de los mercados tras el anuncio fue de relativa calma, observando ligeros incrementos en las bolsas de valores y en el caso de México, vimos que el peso se revaluó unos centavos respecto al dólar. Sin embargo, el jueves 16 fue caótico en los mercados y vimos como los principales índices bursátiles se desplomaron y el dólar se revaluó fuerte. Esta enorme volatilidad en los mercados se debe a que Wall Street no sabe lo que quiere. Por un lado le grita a la FED que haga algo contundente para controlar la inflación, pero por otro lado grita en pánico advirtiendo que con las alzas en la tasa de interés Estados Unidos caerá en recesión.

Esto no es nuevo. Cabe recordar que desde la última reunión del Comité de Mercado Abierto de la FED (FOMC por sus siglas en inglés) del 4 de mayo de este año, se desató el infierno en los mercados de capital (y en las economías) globales. Desde este espacio hemos dado cuenta de cómo ha comenzado a estallar la burbuja del todo. Los precios de las acciones de EE.UU. se han derrumbado (Nasdaq -31% y el S&P 500 -22.5% en lo que va de 2022), mientras que los rendimientos de los Bonos del Tesoro de EE.UU. se han disparado al alza (3.49% el bono a 10 años, lo que implica que su precio está cayendo). El oro ha bajado alrededor de un 3% desde el último FOMC, lo que refleja el aumento del 3% en el índice USDollar (pero hay que tener en cuenta que todo cambió después de la publicación del índice de precios al consumidor en EE.UU. el pasado 10 de junio).

Esto es lo que hizo la Reserva Federal el pasado 15 de junio:

  • La Fed elevó su tasa de referencia en 75 puntos base, el mayor aumento desde 1994, a un rango de 1.5% a 1.75%, en línea con las expectativas de los inversores y los economistas.
  • La decisión fue votada a favor por una abrumadora mayoría de 11 a 1, sólo la presidenta de la Fed de Kansas City, Esther George, disintió a favor de un aumento de 50 puntos base.
  • En su comunicado, el FOMC agregó una línea que dice que está «firmemente comprometido a devolver la inflación a su objetivo del 2%» y elimina el lenguaje anterior que decía que el FOMC «espera que la inflación regrese a su objetivo del 2% y que el mercado laboral se mantenga fuerte».
  • Reitera el camino en la reducción de la hoja de su balance general, mismo que entró en vigor el 1 de junio, reduciendo su tenencia de bonos en $47.5 mil millones de dólares por mes y aumentando el ritmo de $95 mil millones a partir de septiembre

Las nuevas proyecciones muestran un fuerte aumento desde marzo, con la tasa objetivo de fondos federales incrementándose hasta 3.4% para fin de este año, lo que implica que el mercado espera incrementos de 1.75 puntos porcentuales adicionales en este año, y llegar a 3.8% en 2023, antes de caer a 3.4% en 2024. Cabe señalar que las previsiones anteriores de marzo de este año eran de una tasa de interés que estaría en 1.9% a finales de este año y del 2.8% en 2023 y 2024

Una cosa crucial a tener en cuenta es que 2024 será un año de gran incertidumbre (y no solo por las elecciones) ya que las expectativas de los miembros de la Fed para la tasa de interés van desde un mínimo de 2.0% hasta un máximo de 4.0% – el mayor diferencial en la historia del FOMC.

Además, las proyecciones económicas de la Fed mostraron que se esperaba una desaceleración económica estadounidense mucho más profunda, con un aumento de la tasa de desempleo del 3.7% a fines de 2022 al 4.1 % en 2024; mientras que las previsiones de crecimiento económico se redujeron al 1.7% para 2022 y 2023, desde el 2.8% y el 2.2% que se pronosticaba en marzo; Los funcionarios de la Fed todavía esperan que la inflación baje significativamente en 2023.

Después del anuncio por parte del FOMC, el análisis por parte de los medios de comunicación especializados estadounidenses, y por parte del mercado, es que la FED por fin sacó la bazuca antiinflacionaria con ese aumento de la tasa de 75 puntos, y no hay duda de que el presidente de la FED, Jerome Powell, tuvo notas retóricas agresivas en contra de la escalada de precios. Pero en el mensaje general la FED aún se parece más a un banco central que si bien se inclina más hacia la realidad de una inflación que debe controlar, se aprecia que aún no está convencido de que tiene que hacer todo lo posible para controlar los precios.

La realidad es que es difícil que las alzas en tasa de interés por parte de la FED ayuden poderosamente a controlar la inflación cuando ésta es causada por factores externos tales como los precios de la energía (en los últimos 12 meses en EE.UU. el precio del gas natural ha subido 130%, el aceite para calefacción 110.0% y la gasolina 78.0%), las disrupciones en las cadenas de suministros, la escalada en precios de alimentos, los cierres manufactureros en regiones de China, entre otros. Es verdad que hay un componente inflacionario derivado del excesivo gasto público en Estados Unidos, durante la pandemia, por lo que  las alzas en tasas de interés tendrán un efecto limitado en controlar la inflación en el corto plazo.  

La falta de confianza en que la FED hará todo lo que esté en su poder para controlar la inflación resulta evidente al ver que el pronóstico medio de la propia FED es que la tasa de interés de los fondos federales aumente solo al 3.4% para fines de este año. Eso significa que los aumentos disminuirán durante el resto del 2022 y la FED predice un pico de solo 3.8% en 2023. La Fed está adelantando sus aumentos de tasas, pero aún no anticipa que tiene que llegar mucho más alto para vencer una inflación que llegó a 8.6% en mayo.

Es así que la gran pregunta es si llevar la tasa de interés a 3.4% a finales de este año, será suficiente para que la inflación regrese al objetivo de la FED del 2%. Tal vez si, pero mientras subsistan los problemas globales y a un  ritmo tan lento de alza en la tasa, el lograr el objetivo va a llevar mucho tiempo. El pronóstico de la FED para su medida preferida de inflación (el gasto de consumo personal o índice PCE) para finales de este año es ahora del 5.2%. Pero la inflación del PCE ha sido superior al 6% anual en los últimos meses, lo que significa que la inflación tendría que caer bruscamente durante los próximos seis meses para llegar al 5.2% anual. El pronóstico de la FED de que la inflación alcance el 2.6% en 2023 parece aún más improbable, a menos que haya una recesión. ¿Esto significa que el apretón monetario serás más agresivo? Tal vez.

Los bancos centrales generalmente son optimistas porque son formadores de opinión, lo que nos hace preguntarnos si en EE.UU. todavía piensan, en lo más profundo de sus modelos económicos, que la inflación es realmente “transitoria”. Como lo señalé líneas arriba, todo indica que si, que aún creen que la principal causa de la inflación radica en el virus chino del Covid-19, los problemas en las cadenas de suministro y la guerra de Ucrania; y que no es culpa de la irresponsable política monetaria que han tenido en los últimos dos años, por lo que desde su óptica la FED no tiene que hacer un ajuste monetario tan fuerte.

El pronóstico promedio de la Fed también es notablemente optimista para la economía, a pesar de los aumentos de tasas. Como ya lo señalé, el pronóstico prevé que la tasa de desempleo aumente a solo el 3.9% en 2023 desde el 3.6% actual, y que el crecimiento del PIB no caiga por debajo del 1.7%.

Esperamos que el Sr. Jerome Powell tenga razón en que la economía es «muy fuerte» y que el consumidor está en buena forma para salir adelante en un contexto de tasas de interés mucho más altas. No debemos olvidar que la economía estadounidense se contrajo 1.4% en el primer trimestre de este año, y el rastreador GDPNow de la Fed de Atlanta el pasado miércoles 15 redujo a cero su pronóstico de crecimiento para el segundo trimestre. Los consumidores golpeados por la inflación y los precios de la gasolina están incidiendo fuerte en sus gastos y esto se puede confirmar con la caída de las ventas minoristas durante mayo.

¡Carnicería!

Y pues en este contexto no está de más analizar que más allá de la posible recesión a la que se dirige Estados Unidos, y probablemente también nosotros en México, hay otro problema y es el de las burbujas de precios de activos que están estallando. Lo advertí desde el 15 de mayo en mi editorial “Crisis en los mercados financieros: comienza a estallar ´la burbuja de todo´” y la sangría en los mercados no ha cesado. Se han evaporado billones de dólares en riqueza, lo que afecta también las posibilidades de consumo, así como el ánimo de los mismos.

Para empezar, pues tenemos el caso de las criptomonedas que han sido arrastradas a la baja en medio de la búsqueda de los inversionistas de una disminución general del riesgo. La situación de las criptomonedas se agravó esta semana que concluye con los problemas sistémicos de Celsius y Binance de manera que Bitcoin alcanzó un precio por debajo de los $18,000 dólares, el más bajo desde diciembre de 2020…La capitalización total del criptomercado cayó por debajo de los 850 mil millones de dólares, casi 75% por debajo de los 3.2 billones de dólares que tenía a finales de 2021.

Desde la reunión  del FOMC de mayo, casi todas las clases de activos han sido golpeados, sobre todo conforme ha crecido la ansiedad por el mayor riesgo de eventos (antes del FOMC del 15 de junio) combinada con los datos técnicos de OpEx (vencimiento de opciones por un valor de 3.4 billones de dólares) y los temores de ‘fragmentación’ europea y todos los problemas geopolíticos y geoeconómicos que están frenando a los compradores a medida que el S&P cae en un mercado que ya está en una tendencia a la baja (bear market), mientras que el precio de más de dos terceras partes de las acciones de EE.UU. ya tienen un precio por debajo del que tenían justo antes de empezar la crisis del Covid-19.

Ahora la expectativa no es como en el pasado en el sentido de que durante el verano los inversionistas se ponían a analizar sus carteras y posiciones previo al calentamiento del mercado durante septiembre. Ahora no será así por los múltiples temblores fundamentales que amenazan con sacudir los mercados:

  • Inflación, inflación, inflación
  • Cadenas de Suministro, Covid y China
  • Europa y el BCE
  • Recesión/estanflación
  • Guerra
  • Endurecimiento de los bancos centrales
  • Restablecimientos de acciones y ganancias
  • Colapso del mercado de bonos
  • Restablecimiento del comercio global y desglobalización
  • Estados Unidos, el dólar y Trump

Las predicciones son de un tercer trimestre tormentoso: la tranquilidad de los mercados de los meses de julio y agosto será reemplazada por oleadas de escollos, de números malos y un panorama bastante nublado; mientras los mercados luchan contra el acelerado flujo de noticias negativas sobre la inflación, menores ganancias corporativas, mercados de consumo debilitados y, cada vez más, política tambaleante en la que el presidente estadounidense Joe Biden perderá su mayoría en el Congreso en las elecciones del mes de noviembre.

Las condiciones financieras se han endurecido y se seguirán endureciendo para todos. A las autoridades mexicanas de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México les tocará lidiar  con este gran problema. De entrada ya sabemos que el Banxico elevará en 0.75 puntos porcentuales su tasa de interés objetivo para situarla en 7.75%, tal vez el aumento sea de un punto porcentual completo. Las condiciones crediticias se endurecerán en México a tal grado que podríamos ver la tasa objetivo entre 9.25% y 9.50% a fin de año. En GAEAP calculamos la tasa de interés implícita de los Cetes a 28 días para dentro de un año en 10.00%, así de grave se puede poner el tema de tasas de interés en nuestro país. Esperamos que las autoridades logren sortear las mayores presiones en finanzas públicas por las mayores tasas de interés, así como las que sin duda seguirá habiendo en materia de tipo de cambio. México no aguanta otra crisis económica. 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La inflación no cede y los bancos centrales nos recetarán una recesión

La economía mexicana continúa dando muestras de cierta resistencia ante las dificultades internas y externas. Muestra de ello es que con relación al volumen físico de actividad industrial, en el acumulado de los primeros cuatro meses de 2022 ésta presenta un incremento anual de 3.0% y destaca que la construcción reporta un crecimiento de 0.4%, mientras que las manufacturas se han expandido 4.5%. Por su parte, si bien aún está en un nivel 8.8% por debajo del de 2019, en el primer trimestre de este año la inversión fija bruta presenta un aumento anual de 5.6%, producto de que la de construcción ha crecido 2.7%, mientras que la de maquinaria y equipo un 9.5%. También, tenemos que el consumo privado en el mercado interior muestra un aumento anual de 8.6% en los primeros tres meses de 2022, producto de que el consumo de bienes nacionales ha crecido 3.8% y el de importados 15.0%.

Este “aceptable” desempeño económico de un largo proceso de recuperación tras la pandemia de Covid-19, pronto podría ser descarrilada por los agresivos aumentos en la tasa de interés que realizará el Banco de México este mes y en los que restan para finalizar el año. Todo en aras de tratar de contener el problema inflacionario que vivimos. Como lo he comentado en pasadas entregas, la efectividad de la lucha contra la inflación en México está supeditada a lo que suceda con la inflación en los Estados Unidos, lo que a su vez depende en gran medida de que se resuelvan los desequilibrios entre oferta y demanda en varios mercados, como el de alimentos y energía. En otras palabras, lo que haga el Banxico en materia de combate a la inflación podría servir sólo parcialmente.

¿Cómo vamos con la inflación en México después del anuncio del Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC)? El INEGI recién informó que la inflación de precios al consumidor fue de 7.65% anual durante mayo, esta tasa es ligeramente inferior al 7.68% observado en abril. Sin duda es una buena noticia que la inflación mensual a tasa anual se contuvo. Sin embargo, si tomamos en consideración  la inflación anual de la segunda quincena de mayo, vemos que esta fue de 7.72%, tasa superior al 7.58% observada en la primera quincena de ese mismo mes. Esta información podría estar dejando entrever que el problema inflacionario de México se está agravando, al igual que en Estados Unidos (eso lo veremos un poco más adelante).

En la comparación de la inflación anual entre abril y mayo de este año se ve un nuevo deterioro en la inflación subyacente, ya que pasó de 7.22% a 7.28%, pero una mejoría en la no subyacente al haber pasado de 9.07% a 8.77%. Dentro del rubro de inflación no subyacente, destaca lo sucedido con la inflación de frutas y verduras, ya que pasó de 15.84% a 12.88%. En productos pecuarios, se mantuvo relativamente estable al haber pasado de 13.21% a 13.24%. Y en el rubro de energéticos se presentó un deterioro al haber pasado de 5.91% a 6.30%.

Ahora, desde la óptica de una comparación de la inflación anual, pero entre la primera y segunda quincenas de mayo, vemos con preocupación que la inflación subyacente aumentó de 7.24% a 7.32%, mientras que la inflación no subyacente subió de 8.60% a 8.93%. Dentro del rubro de la inflación no subyacente, tenemos que el alza de precios de frutas y verduras subió de 12.76% a 13.00%, la inflación de productos pecuarios subió de 12.60% a 13.88%; mientras que la inflación en los energéticos cedió de 6.32% a 6.28%. Todos estos números se explican mejor con las siguientes dos tablas:

Con estos datos la conclusión que podemos obtener es que la inflación sigue siendo elevada y por el momento se ha logrado contener. Preocupa que la inflación subyacente sigue aumentando, ya que esta es la inflación de las mercancías generales en la economía, lo que indica que hay presiones fuertes en costos de producción y que las expectativas inflacionarias de muchos se han desanclado. 

Ahora, respecto a la inflación en Estados Unidos, las noticias no son tan “favorables”, como podría interpretarse que resultaron para el caso de México.

Pero antes de seguir, quisiera mencionar que otra vez escribo sobre el tema inflacionario porque al menos en el caso de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial con un volumen de comercio internacional de 619.97 miles de millones de dólares en 2021 (398.98 mmdd es lo que les exportamos y 220.98 mmdd es lo que les compramos), estamos viviendo un momento crítico con su inflación más alta desde 1981.

El pasado 10 de junio, los mercados globales fueron sorprendidos con el dato de la inflación de precios al consumidor en Estados Unidos durante mayo de 2022, misma que subió a 8.6% desde el 8.3% reportado en el mes de abril. Esto echa por tierra la idea de que la inflación en el vecino del norte había alcanzado un pico y que comenzaría a bajar paulatinamente.

El dato inflacionario de la economía más grande del mundo es muy importante para México por varias razones: primero, el rumbo de la inflación en Estados Unidos incidirá en la inflación en México, si allá no baja, difícilmente lo hará acá; y segundo, la inflación en Estados Unidos afectará las decisiones de política monetaria del Banco de la Reserva Federal (FED), lo que a su vez impactará en las decisiones de política monetaria del Banco de México, de manera que entre más suban la tasa de interés allá, más tendrá que subir acá si queremos mantener cierta estabilidad en el tipo de cambio.

En una nota publicada el mismo viernes 10 de junio en el portal de Zerohedge y titulada ” Un Wall Street conmocionado reacciona a la publicación del IPC ´aterrador´ de hoy” se menciona que lo que se publicó fue un informe de inflación para la historia ya que la mayoría de analistas esperaba un dato más elevado que la expectativa del consenso, y eso es precisamente lo que obtuvieron pero mucho más alto.

Primero, un resumen rápido de lo sucedido:

  • Los precios generales del Índice de Precios al Consumidor (IPC) subieron un 0.97% intermensual en mayo, superando las expectativas de consenso de un aumento del 0.7%.
  • Los precios de la energía se dispararon un 3.9% intermensual ya que los precios de la gasolina alcanzaron niveles récord y los precios de los alimentos aumentaron otro 1.2%.
  • La inflación interanual del IPC general alcanzó un nuevo máximo en 40 años del 8.6%.

En una gráfica podríamos ver los aumentos anuales en todos los rubros de gasto y solo dos cosas en toda la canasta del IPC son más baratas en comparación con hace un año: alimentos en los sitios/escuelas de los empleados y artículos de educación y comunicación. Mientras tanto, el combustible ha subido más de 75% en el último año.

El IPC subyacente también superó las expectativas, aumentando un 0.63% intermensual frente al consenso del 0.5%. La tasa interanual pasó de 6.2% a 6.0%, por efecto base.

La inflación general siguió impulsada en gran medida por los aumentos en la energía y los alimentos, entre los que destacan el pollo, los huevos y la leche.  De hecho, los alimentos aportaron el 0.16% del IPC mensual del 0.97%.

Para el caso de México, también nos debe preocupar la fortaleza de la inflación subyacente en Estados Unidos, ya que fue generalizada. Las materias primas subyacentes subieron un 0.7% gracias a los aumentos del 1.0% y el 1.8% en los precios de los automóviles nuevos y usados, respectivamente. Junto con la fuerte caída en las ventas de automóviles el mes pasado, esto sugiere que la industria automotriz se vio afectada por un nuevo episodio de escasez de suministro el mes pasado. Mientras tanto, los precios de la ropa aumentaron un 0.7% y los de otros bienes aumentaron un 0.8%.

Los servicios básicos también aumentaron fuerte en mayo, aumentando un 0.6. En los últimos tres meses, las tarifas aéreas aumentaron un 48%, aunque es probable que parte o gran parte de esta fortaleza se revierta en los próximos meses.

¿Qué pasará ahora?

Bueno, la Fed ha dejado entrever que realizará aumentos de 50 pb en sus reuniones de junio y julio. Lo que es incierto es lo que sucederá en la reunión de septiembre. El Bank of America (BofA) ha mencionado que su escenario base sigue siendo de un aumento de 25 pb en septiembre, pero el dato del IPC de mayo recién publicado aumenta el riesgo de otro aumento de 50 pb en dicho mes como una respuesta más agresiva por parte de la Fed. De materializarse este escenario, veríamos en septiembre de este año, la tasa de fondos federales en un nivel de 2.5%. Nada descarta que la tasa de interés en Estados Unidos supere el 3.0% antes de que acabe el año.

En el caso de México, la mayoría de analistas esperan que el Banco de México suba su tasa de interés objetivo en 0.75 puntos hasta 7.75% en su reunión del 23 de junio. Tras la reunión de junio, el Banxico aun tendría reuniones el 11 de agosto, 29 de septiembre, 10 de noviembre y 15 de diciembre. Si asumimos que ocurrirá el aumento de 0.75 puntos porcentuales en junio y que habrá aumentos de 0.50 puntos porcentuales en las reuniones de agosto y septiembre, y de 0.25 puntos en las de noviembre y diciembre, entonces la tasa de interés objetivo acabaría el año en un nivel de 9.25%. Desde luego que la tasa podría acabar más arriba, pero me parece que este es el escenario base.

Otra variable que debemos mantener vigilada es el tipo de cambio, ya que en la medida en que la FED de Estados Unidos consolide la disminución de su hoja de balance, aunado al alza en tasas de interés, pues los dólares ya no serán tan abundantes como ahora, por lo que no se descarta que el dólar concluya el 2022 en un nivel entorno a los 22 pesos, pero igual podría ser más elevado.

Finalmente, el punto fundamental será el impacto de las alzas de la tasa de interés en México en el crecimiento económico y en la generación de empleos. Ya hemos comentado que la mayoría de analistas ha rebajado sus pronósticos y se espera que el PIB crezca este año entre 1.2% y 2.0%, y desde luego, este menor ritmo de expansión del PIB tendrá un impacto en el crecimiento del empleo formal (el informal seguirá creciendo por ser una válvula de escape de la economía nacional).

El escenario es complicado, la inflación es persistente y seguirá siendo el tema que determinará el futuro económico de varios países.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com     

En Twitter: @alejandrogomezt

Nada garantiza que desacelerar la economía frenará la inflación

Muchos economistas que analizan la ola de inflación que nos está afectando, predicen que ésta alcanzará su nivel máximo en algún momento entre el segundo y tercer trimestres de este año y comenzará a disminuir paulatinamente. Muestra de ello es que en la más reciente Encuesta de Expectativas Económicas del Banxico, los analistas consultados  estiman que la inflación de precios al consumidor cerrará este año en 6.88% y que será de 4.40% al término de 2023. De igual forma, el promedio obtenido de la más reciente Encuesta Citibanamex de Expectativas muestra el mismo fenómeno, con  una inflación  pronosticada de 6.75% para 2022 y de 4.22% en 2023. Con el hecho de que la inflación anual fue de 7.58% en la primera quincena de mayo y lo que está sucediendo en el mundo y en México, ¿Tienen algún sustento estas expectativas?

Destacan dos argumentos que “justifican” esta idea de que la inflación descenderá en lo que resta del año y en 2023: uno que tiene que ver con un ajuste automático de los mercados y otro, que implica la intervención del banco central. El primero se resume en el hecho de que la mejor cura para los precios altos es precisamente los precios altos. Esto se debe a que los precios elevados provocan la destrucción de la demanda por algo denominado “efecto ingreso”, lo que implica que si el ingreso de las personas es fijo, el alza de precios hará que su ingreso disponible le alcance para comprar cada vez menos productos, lo que a su vez ocasiona  una eventual disminución real de la demanda y por lo tanto menores presiones inflacionarias. El segundo argumento tiene que ver con el “efecto monetario”, que implica que si el banco central reduce la oferta monetaria, hay menos dinero para comprar bienes y servicios. El asunto es que ese apretón monetario se traduce en mayores tasas de interés, lo que a su vez reduce la inversión y el consumo privado de la demanda agregada, por lo que habría menores presiones al alza en los precios.

Como puede verse, ambos argumentos llevan consigo una caída de la demanda de bienes y servicios (uno de manera natural y el otro de forma artificial), lo que ocasiona una desaceleración económica, que podría acabar en recesión.

En este marco teórico, la gran incógnita (más allá de las expectativas optimistas de que la inflación disminuirá este año y seguirá bajando el que sigue), es si la disminución de la tasa inflacionaria será lo suficientemente relevante como para justificar el impacto que habrá en la dinámica económica. En otras palabras, habría que preguntarse si las alzas en tasa de interés que realizará la Junta de Gobierno del Banco de México (mismas que pudieran llegar hasta el 9.5% este año según el Grupo Financiero Banorte), ocasionarán que la inflación efectivamente baje de acuerdo con lo pronosticado por el Banxico y cuál será el costo de esta medida en cuanto a menor producción y empleo.

Para tratar de estimar la efectividad de la política monetaria, es importante analizar dos temas: 1. Lo que está pasando con la inflación en el resto del mundo, en especial en los Estados Unidos; y 2. La naturaleza de la inflación en México. A continuación abordo ambos temas:

Inflación en el mundo

Los datos más recientes al momento de escribir estas líneas indican que la inflación anualizada sigue impactando a los países de maneras muy diferentes. Tenemos naciones con “baja” inflación como Japón (1.2%), China (2.1%), Indonesia (3.5%), Corea del Sur (4.8%) y Francia (4.8%). Países con inflación “media”, como Italia (6.0%) y Canadá (6.8%); y países con elevada inflación como: Alemania (7.4%), México (7.7%), Estados Unidos (8.3%), España (8.3%), Reino Unido (9.0%), Brasil (12.1%) y Rusia ( 17.8%).

Se ha comentado mucho que gran parte de la inflación en Estados Unidos y los países europeos se debe a una demanda agregada que creció más rápido que la capacidad de producción global, derivado del enorme gasto público en la forma de apoyos económicos que dieron diversos gobiernos a sus ciudadanos durante la pandemia del Covid-19. Abordaré este asunto en un momento más.

Además de lo anterior, también es cierto que gran parte del problema inflacionario mundial se centra en los aumentos en los precios de los alimentos y de los energéticos, problema que empezó desde antes de que Rusia invadiera a Ucrania. Esto se puede constatar al ver que en EE.UU. si bien la inflación general pasó de 8.5% en marzo de este año a 8.3% en abril. Este resultado fue producto de que la inflación de alimentos pasó de 8.8% en marzo a 9.4% en abril, mientras que el alza de precios de la energía pasó de 32.0% en marzo a 30.3% en abril; y en lo que respecta a los demás bienes, la inflación pasó de 6.5% en marzo a 6.2% en abril.

Destaca pues, que se agravó la inflación de alimentos, lo cual se debe a que la inflación anual de cereales y productos de panadería subió a 10.3%; la de cárnicos, pollo, pescado y huevo subió a 14.3%; la de leche y productos relacionados se incrementó a 9.1%, la de frutas y vegetales fue la única que se moderó descendiendo a 7.8%; la de bebidas no alcohólicas y materiales para bebidas subió a 9.8%; mientras que la de otros alimentos en casa subió a 11.0%.

Estos datos no sorprenden, sobre todo si consideramos que de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), entre abril de 2021 y el mismo mes de 2022, a nivel mundial los precios de los cárnicos aumentaron 26.8%, de los lácteos 23.5%, de los cereales 34.3%, de los aceites 46.5% y del azúcar 21.8%.

En cuanto a la inflación de energía en Estados Unidos, vemos que ésta es altísima al ser de 30.3% anual en abril, pero las perspectivas de que los precios de los energéticos bajen en el corto plazo son muy bajas. Esto es muy preocupante porque aunque en México tengamos los energéticos “subsidiados”, los precios de la energía a nivel global nos van a afectar porque estos determinan los costos de transporte y de un porcentaje de los costos de manufactura. De igual manera, hay un sinfín de productos derivados del petróleo que ya han visto sus precios elevarse de manera considerable. Si tomamos en cuenta que las importaciones totales de México representan el 40% de nuestro PIB, no podemos sentirnos ajenos a que lo que suceda con los precios del petróleo y la energía en el mundo.

En un artículo de Matt Egan, publicado el 2 de junio en el portal de CNN Business y titulado “El mundo puede estar acercándose a una crisis energética al estilo de la década de 1970, o algo peor”, se menciona que el mundo está lidiando con alzas de precios de la energía que desafían la gravedad en todo, desde la gasolina y el gas natural, hasta el carbón; y algunos temen que lo que hasta ahora hemos visto sea solo el comienzo de algo muy grave.

En el caso del carbón, tenemos que los futuros del entregado en el noroeste de Europa han subido un 137% en lo que va de año. El precio de referencia en la región del Pacífico ha subido más de un 140% este año. Los precios pagados en efectivo en los Apalaches en EE.UU. aumentaron un 40% en 2022, y se duplicaron con creces durante el año pasado, hasta $129.65 la tonelada durante la semana pasada, lo cual constituye el precio más alto registrado en la historia.

Funcionarios de energía le dijeron a CNN que les preocupa que la invasión rusa de Ucrania, aunado a años de insuficiente inversión en el sector energético, hayan llevado al mundo a una crisis que rivalizará o incluso superará las crisis petroleras de los años setenta y principios de los ochenta. Pero a diferencia de esos episodios infames, este no está circunscrito sólo al petróleo.

«Ahora tenemos una crisis del petróleo, una crisis del gas y una crisis de la electricidad al mismo tiempo», dijo a Der Spiegel Fatih Birol, director del grupo de vigilancia de la Agencia Internacional de la Energía, en una entrevista publicada esta semana. «Esta crisis energética es mucho más grande que las crisis del petróleo de las décadas de 1970 y 1980. Y probablemente dure más».

Los alcances de esta tormenta perfecta (falta de inversión, fuerte demanda e interrupciones en el suministro debido a la guerra) tendrá consecuencias de gran alcance, que podrían amenazar la recuperación económica tras la pandemia de Covid-19, exacerbar la inflación, alimentar el malestar social y socavar los esfuerzos para salvar el planeta del calentamiento global.

«Es una crisis para la que el mundo lamentablemente no está preparado», dijo Robert McNally, quien se desempeñó como principal asesor energético del ex presidente estadounidense George W. Bush.

No solo los precios de la energía son muy altos, sino que la confiabilidad de la red eléctrica está siendo desafiada por las temperaturas extremas y la sequía severa. Un regulador de la red eléctrica de EE.UU. advirtió el mes pasado que partes del país podrían enfrentar cortes de electricidad e incluso apagones este verano.

Con este escenario en materia energética a nivel mundial es previsible que la inflación se mantendrá elevada durante varios meses más. Sin embargo, si consideramos también que parte de la inflación  se debe al exceso de gasto de los consumidores, pues podría haber otra fuerza que eventualmente  debilitaría la demanda agregada a partir del 2023 y me refiero a que se agotarán los ahorros de los consumidores estadounidenses derivados de los incentivos fiscales que su gobierno les dio durante la pandemia.

En este sentido, causaron gran revuelo las declaraciones de Jamie Dimon, Director Ejecutivo de JPMorgan Chase & Co., quien señaló que a los consumidores estadounidenses solo les quedan de 6 a 9 meses de poder adquisitivo en sus cuentas bancarias y además advirtió que se está gestando un “huracán” económico.

Jamioe Dimon, CEO de JP Morgan

El director del banco más grande de EE.UU. estimó que unos $2 billones en fondos adicionales en cuentas de los consumidores aún quedan por ser gastados. Comentario personal es que uno de los grandes problemas para la economía de Estados Unidos es que la tasa de ahorro personal se ha derrumbado, mientras que la cartera de crédito a los consumidores ha aumentado de manera importante desde enero de 2021.

A manera de resumen de este apartado, podemos señalar que las presiones inflacionarias a nivel global por los precios de los alimentos y energía, continúan fuertes. De hecho, en su Informe Trimestral, el Banco de México identifica como riesgos al alza para la inflación mundial a los siguientes posibles acontecimientos:

  1. Un agravamiento del conflicto entre Rusia y Ucrania que pudiera derivar en efectos de segundo orden en la formación de precios;
  2. Una mayor duración o la intensificación de los desajustes entre la demanda y la oferta globales ante un posible agravamiento de los cuellos de botella derivada del conflicto bélico y/o de la imposición de restricciones para hacer frente a la pandemia, especialmente en China;
  3. Mayores presiones salariales ante el apretamiento de los mercados laborales o por efectos de segundo orden de la inflación;
  4. Depreciaciones cambiarias en algunas economías emergentes ante una posible reducción más acelerada del estímulo monetario en las economías avanzadas o ante una recomposición de portafolios derivada de episodios de mayor aversión al riesgo; y
  5. Un aumento en las expectativas de inflación que afecte al proceso de formación de precios.

Inflación en México

Después de leer lo que sucede con la inflación de alimentos y energéticos, ¿usted cree que México será exitoso para contener el alza de precios a través del Paquete contra la inflación y la carestía (PACIC)?

La última información de INEGI, la correspondiente a la primera quincena de mayo de 2022, indica que la inflación anual fue de 7.58%, y al analizarla por sus componentes vemos que la naturaleza de la inflación en México tiene similitudes y diferencias respecto de la que aqueja a Estados Unidos.  

La inflación de 7.58% en México es producto de que la inflación subyacente fue de 7.24%, mientras que la no subyacente sumó 8.60%. Dentro de la inflación subyacente, tenemos que la de alimentos, bebidas y tabaco fue de 11.23%; la de mercancías no alimenticias llegó a 7.48%, vivienda de 2.80%, educación  3.18% y otros servicios de 6.79%. Dentro de la inflación no subyacente, la de frutas y verduras fue de 12.76%, productos pecuarios 12.60%, energéticos de 6.32% y tarifas autorizadas por el gobierno de 3.42%. Como puede apreciarse, si hay una inflación importante en las mercancías no alimenticias de 7.48% (en EE.UU. la inflación de “los demás bienes” fue de 6.2%), no tenemos los mismos problemas inflacionarios en lo que respecta a energía, pero si compartimos el problema de la inflación de productos agropecuarios (12.67% en México vs 10.8% de inflación de alimentos en casa en EE.UU.).

Como se ha señalado, gran parte de la inflación que presenta México es importada por lo que está sucediendo en otras partes del mundo. Nuestras importaciones representan casi el 40% del PIB, por lo que un alza de precios en el extranjero nos va a repercutir, sobre todo porque es un problema generalizado en los continentes americano y europeo.

Dado lo anterior, es obligado el preguntarse si las alzas previstas en la tasa de interés objetivo del Banco de México (así como las que ocurrirán en Estados Unidos), servirán para mitigar la inflación o solo causarán daños a los bolsillos de empresas y familias. La respuesta es incierta, pero dando el beneficio de la duda, me parece que las acciones de los bancos centrales pudieran servir en dos formas:

  1. Disminución de la demanda agregada. Ante el alza de precios y las mayores tasas de interés, disminuirán su consumo de bienes semiduraderos y duraderos y privilegiarán el gasto en alimentos. Es decir, habrá un efecto sustitución que puede ayudar a contener la inflación subyacente. Pero el alza en las tasas de interés no servirá para resolver los problemas de oferta en lo que respecta a los alimentos. Si pueden tener un impacto en disminuir demanda de otros bienes, lo que ocasionaría eventualmente menores presiones en los precios de la energía, y como ya lo señalé, una eventual disminución de la inflación subyacente.
  2. Creación de expectativas. Como lo he señalado en anteriores entregas, para los bancos centrales es muy importante que el público perciba que se están tomando medidas en contra de la inflación (esto no ha sucedido en la Unión Europea, donde el banco central no ha elevado la tasa de interés). Como lo señalé la semana pasada, si la gente piensa que la inflación será del 10%, pues se anticipan y ajustan los precios de insumos, materias primas, bienes terminados, salarios, etc., en esa proporción y la inflación acaba siendo de ese porcentaje. Es por ello que aunque en la práctica, el alza en la tasa de interés sirva de poco para mitigar la inflación, ayudará generando expectativas de menor alza de precios.

A manera de conclusión, podemos mencionar que la lucha contra la inflación apenas comienza. Es incierto que la mayor desaceleración económica causada por los bancos centrales vaya a ayudar a controlar la inflación, al menos en el horizonte de tiempo previsto. No hay forma de saberlo. Nos esperan tiempos difíciles, porque los apretones monetarios tendrán costos aparejados, además de grandes riesgos, como lo es el que la inflación se mantenga alta y que se descarrile el proceso de crecimiento económico, mismo que ya ha sido debilitado por la combinación de cosas negativas que han sucedido este año como la guerra en Ucrania, el Covid en China y precisamente la alta inflación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director general GAEAP*

alejandro@gaeap.com 

En  Twitter: @alejandrogomezt