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Apuntes para una neopolítica industrial en México

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El Presidente Andrés Manuel López Obrador y la Secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín.

Habían sido días de un enorme nerviosismo y de un arduo trabajo de cabildeo con autoridades del gobierno federal, por parte de los sectores calzado, textil y vestido. Esto porque los aranceles máximos Nación Más Favorecida (NMF) cobrados a las importaciones de estos productos originarios de países con los que no tenemos un tratado de libre comercio, en especial originarios de China y Vietnam, estaban programados para disminuir al 20% a partir del próximo 2 de noviembre.

Dada la enorme diferencia de costo-país de México versus China, y el hecho de que dicha nación asiática no es una economía de mercado aunque ellos digan que si, la baja arancelaria planteada representaba un enorme riesgo para decenas de miles de empleos de estas industrias, erosiona la rentabilidad de las empresas, merma la recaudación de impuestos por parte del gobierno federal en favor de grupos de importadores, afecta el crecimiento de varias regiones de México, y no se traduce en precios más bajos para los consumidores. La baja arancelaría implicaba simplemente entregarle nuestro mercado a las empresas de naciones asiáticas, una mayor concentración  de la riqueza y lo peor es que sería a cambio de absolutamente nada.

Dada esta situación y la urgencia de tener una definición que diera certidumbre a los sectores productivos, el viernes 25 de octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador, y la Secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín, anunciaron la decisión de mantener los aranceles máximos a la importación de productos de calzado, textil y vestido, en los niveles actuales hasta el fin del sexenio, es decir, hasta el 31 de agosto de 2024.

Esta decisión, que fue recibida con un enorme beneplácito por parte de empresarios y trabajadores de la industria, así como por parte de la población en general que entiende la importancia de los sectores calzado, textil y vestido, es posiblemente la acción más clara de política industrial que ha llevado a cabo el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Es una acción contundente que demuestra que cuando dijo que Primero México y luego el extranjero, el presidente hablaba en serio.

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Simón Levy Dabbah, un aliado de la industria nacional.

Es así que debe reconocerse la importancia que el gobierno federal le ha dado a estas actividades productivas que tienen un enorme potencial de crecimiento del empleo y creación de riqueza que puede permear a miles de familias. La decisión implica un cambio de mentalidad por parte del gobierno federal respecto a administraciones anteriores. En este sentido, resulta relevante hacer alusión a los mensajes de Twitter que publicó mi amigo Simón Levy Dabbah tras el anuncio de mantener los aranceles: “Hoy me siento orgulloso de la #4taTransformacion porque la industria del calzado es considerada –a diferencia del modelo neoliberal- estratégica para el mercado interno. Compitamos globalmente; si a la apertura pero no al libertinaje. Tanto mercado interno para tanta globalización” y “Todos los ortodoxos que predican y rezan a favor del libre comercio, están equivocados: el comercio libre es una falacia hoy más que nunca. Lo que hay, es comercio inteligente y los jugadores ya no sólo son empresas sino paraestatales. Impulsemos una apertura con inteligencia.”

Tal vez por las acciones del presidente estadounidense Donald Trump y su America First, o por la manera cómo han permeado los conceptos de Manufactura 4.0 impulsados fuertemente por Alemania, o tal vez sea por los problemas crónicos de crecimiento económico que enfrenta México, pero la realidad es que afortunadamente en nuestro país, hay una creciente cantidad de funcionarios públicos y líderes empresariales que reconocen la importancia de implementar una política industrial inteligente y moderna. Esto es muy bueno, porque la idea de una política industrial de verdad fue relegada durante décadas en nuestro país. Hoy más que nunca, las teorías de libros de texto de economía de los ochentas y noventas han quedado atrás y sólo los académicos trasnochados siguen creyendo en ellas.

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Noah Smith de Bloomberg

Y pues en este contexto y dado que el tema será cada vez más importante, quiero hacer referencia a un reciente artículo de Noah Smith, publicado en el portal de Bloomberg y titulado “¿Deben los gobiernos elegir ganadores? Ha funcionado anteriormente” en él se hace un recuento de ocho libros que dan cuenta de los éxitos y fracasos de la política industrial en el mundo. A continuación se mencionan dichos libros y algunos de sus principales argumentos.

  1. Economía concreta: El Enfoque de Hamilton hacía el Crecimiento Económico y la Política” de Stephen S. Cohen y Brad DeLong. En este libro los autores tratan menos el tema de cómo llevar a cabo la política industrial y elaboran más sobre la necesidad de llevarla a cabo. Dando una enorme cantidad de ejemplos en base a la historia de Estados Unidos, Cohen y DeLong argumentan que el apoyar a ciertos sectores económicos específicos y realizar algunas promesas específicas es esencial para ganar legitimidad popular y apoyo para un programa de economía política. La gente sólo apoyará un plan, argumentan los autores, si tienen cierta idea concreta de cómo dicho plan mejorará sus vidas. El simplemente dejar el desarrollo económico a los caprichos del mercado seguramente resultará en un sector financiero hinchado de ganancias y en desilusión popular.
  2. Política industrial para el Siglo Veintiuno” de Dani Rodrik. En este libro, Rodrik, un economista de la Universidad de Harvard, ofrece una teoría de porqué la política industrial funciona como una estrategia de desarrollo para los países pobres. En lugar de elegir industrias ganadoras, Rodrik argumenta, que los países exitosos subsidian las exportaciones, con el objetivo de darse cuenta de qué cosas son las que fabrican mejor. Los mercados mundiales reaccionan como una herramienta de descubrimiento, recompensando a las industrias exitosas y castigando a las que no son productivas, y ayudando a cada país a encontrar su lugar de mayor eficiencia en el sistema global de comercio.
  3. Como funciona Asia” de Joe Studwell. Si quieres leer acerca de la historia reciente de políticas industriales exitosas, este es el libro de lectura obligada. Haciendo uso de una enorme cantidad de recursos y fuentes de información, Studwell presenta una visión unificada del modelo de desarrollo del Este de Asia que convirtió a Japón, Corea del Sur y Taiwán en naciones ricas, y que ahora ayuda a impulsar la economía de China. Algunos elementos del modelo –por ejemplo, redistribución de la tierra agrícola de terratenientes a agricultores- son solo aplicables a países pobres. Pero la idea de Studwell de “disciplina exportadora” –mover a las empresas a incursionar en los mercados globales y forzar la liquidación de aquellos que fallan- podría usarse en los países ricos también.
  4. La era de Park Chung-Hee: La Transformación de Corea del Sur”, editado por Byung-Kook Kim y Ezra Vogel. Esta colección de ensayos detalla la impresionante forma de gobernar durante 16 años por parte del dictador militar surcoreano Park Chung-Hee, un periodo en el que su ingreso real per cápita casi se cuadruplico. Aunque Park fue un tirano represor, sus políticas económicas sacaron al país de la pobreza a una tasa más rápida que cualquier otro país en toda la historia. El enfoque de Park, que incluía vastas cantidades de planeación estatal, grandes conglomerados apoyados por el gobierno, focalización de industrias estratégicas y promoción de exportaciones, es tal vez el ejemplo más puro de una política industrial moderna en funcionamiento.
  5. ¿Puede competir Japón?” de Michael Porter, Hirotaka Takeuchi y Mariko Sakakibara. Escrito en el año 2000, este libro ofrece una historia con moraleja sobre cómo la política industrial puede distorsionarse, especialmente en los países desarrollados. El profesor de negocios Porter, Takeuchi y Sakakibara nos muestran cómo es que el famoso Ministerio de Comercio Exterior e Industria de Japón (MITI por sus siglas en inglés) ayudó a impulsar al país al liderazgo mundial en industrias como la manufactura de automóviles y herramientas para maquinaria, pero comenzó a fallar en los 80s y 90s. En las nuevas industrias como la electrónica, las viejas recetas fallaron, y Japón perdió competitividad, y la reputación del MITI quedó amargada.
  6. El Estado Emprendedor: Desenmascarando los mitos del sector público vs privado” de Mariana Mazzucato. En este contundente libro, que ha sido muy influyente en el Reino Unido, la economista Mazzucato argumenta que los mayores avances tecnológicos tienen una cantidad significativa de apoyo gubernamental. Ella demuestra que las compañías privadas como Apple, aunque venerada por su innovación, de hecho cosecha los frutos de un proceso de largo alcance de investigación y desarrollo apoyado por el gobierno. Mazzucato argumenta que las teorías populares respecto a la superioridad del sector privado sobre el gobierno están equivocadas, y que sólo el sector público puede hacerse cargo de los enormes gastos y apoyar en los grandes proyectos de largo plazo.
  7. Iniciando América: cómo la ciencia revolucionaria puede revivir el crecimiento económico y el sueño americano” de Jonathan Gruber y Simon Johnson. Los economistas Gruber y Johnson no sólo teorizan respecto del valor de la política industrial, ellos diseñan un plan concreto. Aprovechando las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y la carrera espacial, proponen un aumento anual de $ 100 mil millones de dólares en gastos de investigación y desarrollo en los Estados Unidos. Conscientes del problema de la actividad económica que se concentra en un puñado de centros tecnológicos de las grandes ciudades, proponen construir grandes parques de investigación nuevos en áreas económicamente deprimidas con mucho talento local y buena calidad de vida. Cada centro se centraría en un área prometedora de descubrimiento científico, con el gobierno poniendo fondos para investigación y asistencia de comercialización, y extrayendo un retorno a través de la propiedad pública de la tierra. Es un plan audaz y también bueno.
  8. Nuestras ciudades: un viaje de 100,000 millas al corazón de América” de James y Deborah Fallows. Volando alrededor de los Estados Unidos, en un pequeño avión, los dos escritores veteranos narran las historias de ciudades que han revivido después del triple impacto del declive de la franja conocida como el Cinturón de Óxido, la competencia china y la Gran Recesión de 2009. Al observar los elementos comunes, intentan extraer lecciones generales sobre los tipos de políticas industriales locales que las ciudades pueden adoptar para revivirse. Las recetas incluyen un centro de la ciudad revitalizado, educación técnica sólida, enfoque en una industria específica o un conjunto de industrias y, lo más importante, una estrecha cooperación entre el gobierno local, las empresas, las universidades y las organizaciones sin fines de lucro.

Esta lista de lecturas proporciona una introducción al mejor pensamiento moderno sobre el tema de la política industrial, pero hay mucho más para leer. Debemos aprovechar la coyuntura actual para lanzar una gran política industrial mexicana que replique los milagros industriales de las naciones asiáticas. Hay que apoyar al gobierno federal en esta gran tarea y hay que esperar que éste haga lo propio para crear las condiciones necesarias para el desarrollo industrial de México.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Sólo cuatro ramas manufactureras crecen

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El valor de la producción manufacturera cayó -1.7% real en los primeros ocho meses de 2019.

La debilidad de la manufactura nacional se va manifestando de forma cada vez más clara conforme avanza el año. El aumento de 5.1% anualizado en el valor de las exportaciones manufactureras que se ha presentado en los primeros ocho meses de 2019 no ha sido suficiente para impedir que en el agregado, la manufactura nacional presente ya una importante contracción. De acuerdo con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, en los primeros ocho meses de 2019, el valor de la producción de la industria manufacturera sumó 5.506 billones de pesos, cifra nominalmente 2.2% superior a la observada en los primeros ocho meses de 2018. Sin embargo, esto preocupa porque si tomamos en cuenta la inflación del periodo, vemos una contracción en el valor de la producción de -1.7%.

Al analizar la evolución de la industria manufacturera a nivel de rama de actividad, en el comparativo de los primeros ocho meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, tenemos que solamente cuatro ramas muestran una tasa de crecimiento del valor de su producción por encima de la inflación del periodo (en paréntesis se muestra la tasa de crecimiento nominal): 1. Industria de las bebidas y del tabaco (7.5%); 2. Fabricación de equipo de transporte (7.0%); 3. Industria del papel  (5.6%); y 4. Fabricación de maquinaria y equipo (4.2%). Estas cuatro ramas de actividad representan el 46.5% del valor de la producción total de la industria manufacturera de México.

Por su parte, tenemos que hay ocho ramas de actividad que presentan incrementos nominales en su valor de producción, pero éstos están por debajo de la inflación del periodo, por lo que en términos reales se están contrayendo (en paréntesis se indica el porcentaje de aumento nominal): 1. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (3.4%); 2. Industria del plástico y del hule (3.4%); 3. Industria alimentaria (3.1%); 4. Industria de la madera (2.9%); 5. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (1.2%); 6. Otras industrias manufactureras (0.8%); 7. Fabricación de prendas de vestir (0.7%); y 8. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.7%). Cabe señalar que estas ocho ramas de actividad representan el 24.7% del valor de la producción total de la industria manufacturera nacional.

Finalmente, tenemos un grupo de nueve ramas de actividad que en el periodo de los primeros ocho meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, muestran una caída nominal en su valor de producción, la cual es evidentemente exacerbada al tomar en cuenta la inflación del periodo (en paréntesis se muestra el porcentaje de disminución nominal): 1. Fabricación de muebles, colchones y persianas (-0.3%); 2. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-1.1%); 3. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-1.6%); 4. Industria química (-2.3%); 5. Fabricación de productos metálicos (-3.0%); 6. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-5.2%); 7. Industrias metálicas básicas (-6.0%); 8. Impresión e industrias conexas (-6.3%); y 9. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-14.0%). Estas nueve ramas de actividad representan el 28.7% del valor de la producción total de la industria manufacturera y son las que más problemas presentan.

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La industria automótriz genera el 35% del valor de la producción manufacturera de México.

De esta manera queda claro que de un total de 22 ramas de producción manufacturera, solamente cuatro presentan buenos números, y como veremos en un momento más, es básicamente por la industria automotriz (fabricación de equipo de transporte) que la caída en la manufactura no es más grave.

Ahora, en cuanto al tamaño de cada una de las ramas de actividad manufacturera, en los primeros ocho meses de 2019, tenemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje que representa su valor de producción respecto del total): Fabricación de equipo de transporte (35.0%); Industria alimentaria (15.4%); Industria química (9.4%); Industrias metálicas básicas (7.2%); Industria de las bebidas y del tabaco (6.0%); Industria del plástico y del hule (3.9%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (3.6%); Fabricación de productos metálicos (3.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (3.2%); Industria del papel (3.1%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (2.9%); Fabricación de maquinaria y equipo (2.4%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (0.9%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (0.7%); Fabricación de prendas de vestir (0.7%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (0.6%); Otras industrias manufactureras (0.5%); Impresión e industrias conexas (0.4%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (0.3%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.2%); e Industria de la madera (0.2%).

Con los anteriores datos, queda clara la importancia de la rama de Fabricación de equipo de transporte, ya que representa más de una tercera parte de todo el valor de producción de la manufactura en México. Entonces, si realizamos el ejercicio de cuál sería el desempeño de la industria manufacturera nacional sin tomar en cuenta a la industria automotriz, vemos que en el comparativo de los primeros ocho meses de 2019 respecto de los mismos meses de 2018, habría una caída nominal de -0.2%, y si tomamos en cuenta la inflación del periodo tendríamos una caída de la industria manufacturera de -4.0% en términos reales. Resulta evidente pues que la caída real de -1.7% en el valor de la manufactura nacional sería de más del doble si no tuviéramos los datos de la industria automotriz.

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La Secretaria de Economía, Dra. Graciela Márquez Colín, quiere bajar aranceles a importación de textil, vestido y calzado originarias de países con los que no tenemos TLC. 

Todo esto nos debe llevar a la reflexión de que la ausencia de verdaderas políticas públicas por parte de la Secretaría de Economía han debilitado a la actividad manufacturera de México a lo largo de este año. Es verdad que la Secretaría de Economía recientemente presentó un decálogo de la nueva Política Industrial de México, pero en la práctica lo que ahí se dice sigue siendo solamente buenas intenciones que difícilmente revertirán, por si solas, la tendencia a la baja en la actividad económica nacional. Muestra de ello es el plan que tiene la Secretaría de Economía de bajar los aranceles a la importación de textiles, calzado y ropa originarios de naciones con las que no tenemos tratado de libre comercio y a cambio de absolutamente nada por parte de las naciones que se van a beneficiar de esta medida. Esta acción perjudicará enormemente a estos tres sectores con la importación masiva de estos productos desplazando la producción nacional, generando pérdida de empleos, y lo peor es que no se traducirá en precios más bajos para los consumidores, sólo en mayores ganancias para los importadores, los cuales se ahorraran cerca de 5 mil millones de impuestos a la importación y al valor agregado. ¿Entonces de que sirve un decálogo de política industrial cuando en la práctica se pretende tomar decisiones que dañan a la industria nacional?

La situación de la mayoría de las ramas manufactureras de México es alarmante, por lo que se vuelve indispensable que se tomen, a la brevedad, medidas concretas contundentes en favor de los sectores productivos. A continuación presento tres que se pueden implementar: 1. Revisar la política arancelaria de México, para ajustar los aranceles en función del costo-país que tenemos frente a otras naciones con las que no tenemos tratado de libre comercio; 2. Lucha frontal contra el contrabando y subvaluación de mercancías en las aduanas del país y endurecer penas para quienes realicen estos ilícitos; y 3. Dar de baja de programas que facilitan importaciones a aquellas empresas que han abusado de éstos (IMMEX, OEAs, etc.).

Al trabajar en estos tres aspectos se podría dar un respiro a varios sectores productivos nacionales, incluido el automotriz. Son acciones que se pueden hacer con voluntad política, y lo mejor de todo es que no le costaría recursos presupuestales al gobierno federal llevarlo a cabo, por el contrario, le daría una mayor recaudación tributaria. Esperemos pues que escuchen y actúen por el bien de México.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Ahora si habrá una política industrial para contener a Asia y China?

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El cambio de gobierno en el ámbito federal abre la posibilidad a implementar una verdadera política industrial

Con la llegada del nuevo gobierno federal se da la oportunidad de implementar una verdadera política industrial que se traduzca en una mayor tasa de crecimiento económico, creación de empleos y mejora en los niveles salariales de la población ocupada. Sin duda ahora es el momento de dejar atrás paradigmas como la creencia de que “la mejor política industrial es aquella que no existe”, la cual por cierto es atribuida al exsecretario de Comercio y Fomento Industrial en el sexenio de Carlos Salinas, Jaime Serra Puche.

Es momento de reconocer que el libre mercado y la apertura comercial a ultranza, por si solos, no solucionarán los enormes retos que presenta nuestro país en materia social y económica. Se debe admitir que durante años hemos vivido sin una política industrial en México y que indebidamente se pensó que la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sería la panacea para el desarrollo económico. Sin embargo, al cabo de 25 años desde que entró en funcionamiento, vemos que si somos mejores en diversas variables, entre la que destaca que la calidad de los productos hechos en México es cada vez mayor, pero al final del día seguimos siendo un país con una tasa mediocre de crecimiento, donde abundan los pobres, hay una amplísima incidencia de la economía informal y bajos niveles de productividad en múltiples sectores económicos.

De acuerdo con el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), encabezado por mi amigo, el Dr. Jose Luis de la Cruz Gallegos, la evidencia muestra que en los últimos 25 años el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) no supera el 2.5% anual y que el 23% del PIB es generado por la economía informal. Tenemos un mercado laboral predominantemente informal, donde el 57% de la población ocupada se encuentra en dicha situación. Resulta alarmante que a mediados del año pasado, de una PEA de 56 millones de personas, menos de 450 mil mexicanos ganaban más de 10 salarios mínimos (lo que en aquel entonces equivalía a 27 mil pesos al mes).

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La precarización económica es producto de la ausencia de una política industrial en México y el aperturismo económico.

Estoy convencido que gran parte de este resultado se debe a que en buena medida, la apuesta de los gobiernos federales en turno, desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto, fue la de forzar a las empresas a hacerse más competitivas simplemente abriendo la frontera a la importación (algo así como “hágase la competitividad sobre los bueyes de mi compadre”). El problema es que el costo país de México no ha disminuido al ritmo que si ha bajado para muchos de nuestros principales socios comerciales, lo que nos ha restado competitividad y la pérdida del mercado interno. En sectores como el calzado las importaciones ya dominan aproximadamente el 32% del Consumo Nacional Aparente.

Y lo que es peor, esto impidió que pudieran aumentar los sueldos pagados a la mano de obra mexicana. ¿Cómo esperaba el gobierno federal que subieran los niveles de ingreso promedio de la población si tienes una frontera abierta y estás compitiendo con productos 30 o 50% más baratos que los producidos en México? La respuesta a esta pregunta nada tiene que ver con un llamado al proteccionismo.

Desde luego que la apuesta debió haber sido apostarle al crecimiento de la productividad. El problema es que al implementar una serie de políticas neoliberales, el gobierno abandonó a la planta productiva nacional para que saliera adelante por si sola o con muy escasos apoyos. El resultado fue el cierre de empresas, carestía en los ingresos de la población, la venta de muchas grandes empresas nacionales a corporativos extranjeros y un universo de micro, pequeñas y medianas empresas que hacen todo lo posible para sobrevivir. La excesiva competencia ha provocado que los márgenes de rentabilidad de la mayoría de las mipymes hayan disminuido al grado en que es casi imposible reinvertir y crecer, y de manera paralela el crédito en México sigue siendo mucho más caro que lo que le cuesta a nuestros competidores de otros países.

Es así que la política implementada de abrir los mercados mexicanos para obligar a las empresas a sobrevivir a como dé lugar, imposibilitó que las empresas pudieran mejorar los sueldos de la población ocupada, manteniendo así un mercado interno débil; y entonces para tratar de mejorar los niveles de vida de la población al gobierno federal en turno incentivo la importación masiva de productos baratos (sobre todo de naciones asiáticas) para que la población los pudiera comprar, lo que a su vez desplazaba la producción nacional, ocasionaba el cierre de empresas, despido de personal, bajos salarios, y otros tantos problemas. Para resumir todo este escenario, la falta de una política industrial, creó y reforzó diversos círculos viciosos que tuvieron como resultado las cosas que señalo en el tercer párrafo de esta reflexión.

Sin duda todo esto debe cambiar y una pieza fundamental es implementar una verdadera política industrial que quede plasmada en el Plan Nacional de Desarrollo 2019 – 2024. En materia de política industrial deben incorporarse diversos elementos como el financiamiento, el encadenamiento productivo, la mejora tecnológica, compras de gobierno, entre otros. En esta entrega quiero abordar un punto que me parece que es crucial y tiene que ver con nuestra relación comercial con las naciones asiáticas, en especial con China.

Comercio total

Durante los primeros once meses de 2018 (dato más reciente disponible al momento de escribir estas líneas) las exportaciones totales mexicanas sumaron 413.042 miles de millones de dólares (mmdd), cifra 10.6% superior a la observada en los mismos meses de 2017. Por su parte, en los primeros once meses de 2018, las importaciones totales de México sumaron 428.583 mmdd, monto superior en 11.5% al observado en los mismos meses de 2017. De esta manera, vemos un fuerte deterioro en la balanza comercial del país en el periodo antes señalado, ya que pasamos de tener un déficit en la balanza comercial de -10.965 mmdd en los primeros once meses de 2017 a uno de -15.540 mmdd en los mismos meses de 2018, lo que implica un incremento del desequilibrio comercial mexicano de 41.7%.

Podrá haber quien diga que es un déficit manejable y que no hay de qué preocuparnos. Pero la realidad es que este es el mayor déficit en la balanza comercial de México para un periodo de los primeros once meses del año, desde que se tiene registro. El déficit de la balanza comercial de México en 2008 fue de -15.191 mmdd y en los primeros once meses de 1994 fue de -15.276 mmdd. So es necesario decir que el déficit de la balanza comercial de 2018 es similar a los que se tuvieron previo a las crisis económicas de 1995 y 2009.

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Comercio con Asia y China

¿A qué se debe el incremento en el déficit comercial de México? Una de las variables que lo explican es el crónico desequilibrio comercial con las naciones asiáticas, en especial con China, tal y como se explica a continuación.

Para ilustrar el problema tenemos que en el año 2000 (previo a la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio –OMC-) el déficit comercial de México con las naciones asiáticas fue de -18.113 mmdd y con China fue de -2.676 mmdd. Para el año 2012 el déficit comercial de México con Asia fue de -96.388 mmdd y con China sumó -51.215 mmdd. En el año 2017 (último año para el que se tienen cifras completas al momento de escribir estas líneas) el déficit comercial con las naciones asiáticas fue de -124.207 mmdd y con China sumó -67.433 mmdd. Queda claro que en el periodo de 2000 a 2017 el déficit comercial con las naciones asiáticas creció en 585.7%, mientras que el desequilibrio comercial con China aumentó en 2,419.9%.

Ahora, en el comparativo de los primeros once meses de 2018 respecto a los mismos meses de 2017, vemos que la situación siguió deteriorándose. Esto porque como ya se señaló líneas arriba, nuestro déficit comercial total subió de -10.965 mmdd a -15.541 mmdd, lo que implica un aumento de 41.7%. Nuestro déficit comercial con la suma de las naciones asiáticas subió de -114.324 mmdd a -125.368 mmdd, lo que representa un aumento de 9.7%, mientras que el déficit comercial con China creció de -61.682 mmdd a -70.091 mmdd, lo que implica un incremento de 13.6%. Queda claro que es un problema crónico y que debe atenderse.

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Resulta evidente también que las reuniones que en su momento sostuvo el presidente Peña Nieto con su homólogo chino Xi Jinping, quedaron en buenas intenciones y que las empresas chinas siguen depredando los mercados nacionales. No obstante lo anterior y la erosión a la planta productiva de diversos sectores económicos, hay quienes ensalzan a los chinos e inclusive se atreven a proponer que negociemos un tratado de libre comercio con dicha nación (inclusive desconociendo la cláusula anti-china del T-MEC).

A manera de conclusión sólo quiero dejar en claro que no soy proteccionistas ni estoy en contra del libre mercado. Creo profundamente en los beneficios que nos genera el intercambio comercial, pero éste debe darse de manera ordenada, buscando expandir nuestras oportunidades de compra, y con el debido acompañamiento de una política industrial que impulse la competitividad de las empresas y de la mano de obra que en ellas labora. La relación comercial con Asia y, en particular China, debe ser motivo de una profunda reflexión, y no se ocurrencias. La Secretaría de Economía debería realizar foros de discusión al respecto y evitar que al cierre del sexenio del presidente López Obrador, China se haya terminado de quedar con lo que quedaba del mercado nacional atendido por empresas mexicanas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La realidad de la industria manufacturera mexicana

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La industria manufacturera mexicana es una de contrastes con sectores creciendo a tasas promedio anual superiores al 8%, mientras que otros presentan caídas ininterrumpidas

De acuerdo con cifras del INEGI, en el periodo del primer trimestre de 2013 al mismo trimestre de 2018, la economía de México (medida a través de su Producto Interno Bruto –PIB-) registró una tasa real de crecimiento promedio anual de 2.73%, mientras que la industria manufacturera observó una de 2.70%. Este ritmo de crecimiento sin duda es enviadiable para muchas otras naciones, como los Estados Unidos y buena parte de la zona Euro, que han visto menores tasas de crecimiento. No obstante lo anterior, queda claro que este crecimiento en México fue insuficiente para abatir la pobreza y mejorar el nivel de vida de la mayoría de la población ocupada.

Esto se debe a que estas cifras agregadas, al igual que la mayoría de los análisis que se hacen en base a promedios, ocultan la realidad de muchas industrias manufactureras, las cuales han observado dificultades durante los últimos años.

Para ilustrar este punto, a continuación presento la tasa de crecimiento real promedio anual para el periodo del primer trimestre de 2013 al mismo trimestre de 2018 para cada una de las ramas de actividad de la industria manufacturera: Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (8.50%); Fabricación de equipo de transporte (5.96%); Fabricación de maquinaria y equipo (4.40%); Industria de las bebidas y del tabaco (3.90%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía  eléctrica (3.25%); Fabricación de productos metálicos (3.10%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (2.87%); Otras industrias manufactureras (2.77%); Industria del papel (2.68%); Industria del plástico y del hule (2.51%); Fabricación de prendas de vestir (1.76%); Industria alimentaria (1.69%); Industrias metálicas básicas (1.42%); Industria de la madera (1.40%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (1.35%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (1.08%); Impresión e industrias conexas (0.70%);  Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.24%); Industria química (-1.29%); y Curtido y acabado de cuero y piel, fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-1.96%); y Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-12.44%).

Como puede apreciarse, en nuestro país hay sectores que durante el actual sexenio registraron un desempeño formidable, hay otros con tasas promedio mediocres de crecimiento de su valor agregado, mientras que hay tres sectores que inclusive presentan tasas de crecimiento reales negativas.

Para complementar el análisis, es importante también mencionar que en México durante el primer trimestre de 2018, de las 21 ramas de actividad que compone el PIB manufacturero, sólo 5 sectores representan el 66.8% de éste. A continuación se presentan los sectores con mayor contribución al PIB manufacturero (en paréntesis se especifica su contribución porcentual): Industria alimentaria (23.2%); Fabricación de equipo de transporte (19.8%); Industria química (8.6%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (8.6%); e Industrias metálicas básicas (6.6%). De esta manera tenemos que si a  estos 5 sectores les va bien, se da la apariencia de que a la industria manufacturera de México le está yendo bien, siendo que no necesariamente ese es el caso, como se explicó líneas arriba.

Esto es especialmente importante porque de acuerdo con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) del INEGI, estos cinco sectores manuactureros le dan empleo al 56.38% del total de población ocupada en la manufactura en México. Esto implica que estos cinco sectores básicamente mueven el PIB manufacturero de México, pero sólo dan empleo a poco más de la mitad de las personas que laboran en la industria de la transformación a nivel nacional.

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Cinco sectores manufactureros representan más de dos terceras partes del PIB manufacturero en México, pero sólo emplean al 56% de la fuerza laboral de la industria de la transformación.

El hecho de que existan sectores manufactureros a los que nos les esté yendo bien, indica que la estrategia del actual gobierno federal de elegir sectores “estrella” o ganadores, a través de estudios académicos de escritorio ha tenido importantes costos en varios sectores productivos; y por lo tanto estos resultados deben motivar a que las nuevas autoridades del gobierno federal, las cuales entrarán en funciones a partir del primero de diciembre de este año, replanteen la política industrial de nuestro país hacía una que genere un crecimiento más equilibrado de la manufactura en México. Esto es fundamental y le debe quedar totalmente claro al equipo que entrará a la Secretaría de Economía.

Para fundamentar lo anterior, e ilustrar la importancia de tener un sector manufacturero fuerte para tener una economía sana, quiero referirme a Jon Rynn, autor del libro “Manufacturando Prosperidad Verde; El Poder para reconstruir la clase media estadounidense”. Rynn apunta que la manufactura es importante por diversos motivos, entre los que destacan:

1. La manufactura ha sido el sendero hacía el desarrollo. El crear un sector manufacturero de alta calidad para poder desarrollar riqueza nacional y poder, ha sido el logro estratégico de las naciones ricas durante varios cientos de años. Tal como lo señala Erik Reinert en su libro “Porque los países ricos se hicieron ricos…y los pobres se quedaron pobres”, desde el surgimiento de Inglaterra en el siglo XIX, pasando por el surgimiento de los Estados Unidos, Alemania, Japón, y la Unión Soviética en el siglo XX, hasta la experiencia de los nuevos países industrializados como Corea, Taiwan y China, la manufactura ha sido la clave para la prosperidad.

2. La manufactura es el cimiento para un “Gran poder” global. Las naciones más poderosas del mundo – los “Grandes Poderes”- son aquellas que controlan la mayor parte de la producción global de tecnología manufacturera. Esto significa que no es suficiente simplemente con tener fábricas que produzcan más bienes, sino que preferentemente se debe saber cómo construir las máquinas que producen los bienes. Así pues, la clave para el poder económico es tener la capacidad de crear los medios para la producción (bienes de capital).

3. La manufactura es la causa más importante para el crecimiento económico. El crecimiento de la producción de maquinaria para la manufactura, así como las mejoras tecnológicas en dicha maquinaria, son las principales fuerzas para el crecimiento económico. Si no hay industrias de maquinaria en un país no habrá crecimiento económico sostenido en el largo plazo.

A este respecto quisiera comentar que en el caso de México, el PIB de la fabricación de maquinaria y equipo muestra una tasa de crecimiento promedio anual de 4.40% en el periodo del año 2013 al 2018, lo cual es muy positivo; sin embargo, el problema es que la contribución de esta actividad en el PIB manufacturero es de tan sólo 4.50 por ciento.

4. El comercio internacional está basado en bienes, no en servicios. Un país no puede intercambiar servicios para obtener todos los bienes que requiere. De acuerdo con la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 80% del comercio mundial es de mercancías y solo el 20% es de servicios. Estados Unidos ha aprendido de una forma ruda lo que sucede cuando se desmantelan las fábricas y se mudan los procesos productivos a otras naciones, y lo podemos ver con un abultado déficit comercial de 795 mil millones de dólares en 2017, lo que presiona para que los salarios en promedio se mantengan bajos y la mayoría de los empleos que genera sean en comercio y servicios.

5. Los servicios dependen de los bienes manufacturados. Los servicios son básicamente el acto de usar bienes manufacturados. No se puede exportar la experiencia de usar algo. El sector comercio al mayoreo y menudeo, que en el caso de México representa el 17.03% del PIB mexicano en el primer trimestre de 2018 (en Estados Unidos es de aproximadamente 11%), no es más que el acto de comprar y vender bienes manufacturados, lo que indica que si no hay manufactura no hay comercio.

6. La manufactura crea empleos. La mayoría de los trabajos, de manera directa o indirecta, dependen de la manufactura, por lo que tener un sector manufacturero fuerte puede generar millones de empleos adicionales. En los Estados Unidos se han hecho estudios por parte del Economic Policy Institute y se ha encontrado que cada empleo en la manufactura es el soporte de otros tres empleos, lo cual hace sentido considerando los cinco puntos antes mencionados. Por otra parte, se estima que si Estados Unidos lograra tener la misma participación que Alemania de la manufactura en su PIB, podría crear 10 millones de empleos adicionales.

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Sectores como el calzado han sufrido por la entrada de millones de pares de zapatos cada año en condiciones de contrabando y subvaluación.

En el caso de México, es importante que se creen más puestos de trabajo en la industria manufacturera ya que de acuerdo con las cifras de Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) más recientes, los sueldos en la industria de la transformación son 5.3% más altos que el promedio de otras actividades, pero son 18.2% más altos que en el sector comercio.

Dado todo lo anterior, es indispensable que el nuevo gobierno federal establezca políticas públicas tendientes a fortalecer todas las ramas de actividad de la industria manufacturera, y no sólo el sector automotriz, que si bien es fuente de una enorme riqueza y divisas, no es la única actividad que impulsa el desarrollo de México.

También es muy importante que se redoblen los esfuerzos de combate a la subvaluación y contrabando de mercancías en las aduanas mexicanas; además de que se debe brindar incentivos fiscales para la adquisición de equipo para la manufactura. Y más importante es aun que actividades como la fabricación de maquinaria y equipo tuvieran un tratamiento fiscal diferente al resto de los demás sectores de la economía con el fin de impulsar decididamente esta actividad.

Si se implementa una verdadera política industrial en favor de la planta manufacturera nacional seremos un país más fuerte, como lo son las economías asiáticas en este momento. Si dejamos que las cosas sigan sucediendo en base a la tendencia, pues seguiremos siendo un país con un desempeño económico mediocre y no seremos un importante jugador económico global.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.mx

En Twitter: @alejandrogomezt

Indispensable construir una nueva agenda industrial

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Con independencia de quien gane la elección presidencial, se debe construir una nueva agenda industrial, moderna y progresiva

Estamos próximos a elegir un nuevo Presidente de la República, y la persona que sea electa para dicho cargo deberá enfrentar una enorme cantidad de retos en una gran variedad de temas, entre los que destacan la formulación de una nueva política industrial.  La agenda industrial que se desarrolle, sin duda deberá ser construida con el consenso de organismos empresariales, académicos y representantes de los trabajadores. A continuación presento algunos de los puntos que considero se deben incluir en dicha agenda:

1. Apoyos económicos para Manufactura 4.0

Una de las principales preocupaciones de diversas industrias manufactureras es la implementación de las mejores prácticas en materia de manufactura con el fin de tener una industria competitiva que pueda enfrentar los retos que representa una industria globalizada.

Es responsabilidad de los organismos y cámaras empresariales el fomentar en las empresas una cultura de integración, innovación y transformación. Que podamos compartir las mejores prácticas, que analicemos casos de éxito, que aprendamos y diseñemos modelos con esa inspiración, y que generemos networking en todas la cadenas de valor. En este sentido se debe trabajar bajo la premisa de los elementos de la Manufactura 4.0 y se requiere que continúen los apoyos de la Secretaria de Economía con el fin de:

  • Que las empresas manufactureras conozcan de estos importantes cambios.
  • Desarrollo de centros de inteligencia para que realicen investigaciones de lo que está sucediendo en el mundo de la manufactura, en materia de manufactura 4.0.
  • Recursos adicionales para el Programa para la Productividad y Competitividad Industrial (PPCI) y que éstos se traduzcan en apoyos directos para las empresas.
  • Realizar visitas exploratorias para conocer lo que sucede en China, Vietnam, Brasil y Alemania en diferentes industrias.

2. Negociación de acuerdos comerciales internacionales en función de oportunidades de mercado, no para entregar nuestro mercado.

Se requiere desarrollar e implementar una estrategia para hacer frente a la continuación de las negociaciones internacionales respecto a la renegociación del  TLCAN, cierre del TLCUEM, ACE 53 con Brasil, ACE 6 con Argentina, entre otros.

Es importante que el gobierno federal escuche a los sectores industriales en cuanto a los elementos que sustentan su posición, en especial cuando se trata de productos sensibles, en temas como calendario de desgravación (acceso a mercados), Drawback (devolución de aranceles a insumos), temas ambientales y laborales, trato nacional y acceso de bienes al mercado, reglas de origen y procedimientos relacionados con el origen, Anexo de reglas de origen específicas por producto, remedios comerciales, obstáculos técnicos al comercio, empresas propiedad del estado y monopolios designados, pequeñas y medianas empresas, así como solución de controversias y cláusula de adhesión.

3. Recursos para la Cámaras para impulsar la competitividad, productividad, ventas.

Para impulsar la competitividad, productividad, ventas de la  industria, los organismos y cámaras industriales requieren mayores apoyos del gobierno federal para la ejecución de sus programas y proyectos, los cuales pueden ser en las siguientes áreas:

  • Consultorías in Situ específicamente para estructurar las condiciones básicas de las organizaciones administrativas y productivas.
  • Programas de Internacionalización de la Industria con una propuesta original de diseño mexicano con el apoyo de expertos en diseño, brading y comercialización.
  • Desarrollo de Centros de Innovación y Diseño para fortalecer la productividad de las empresas fabricantes, que les permitan incrementar sus capacidades técnicas y dar respuesta en materia de diseño, desarrollo, manufactura de prototipos, permitiendo la introducción de productos innovadores al mercado, la concentración de proveeduría confiable y actualizada, así como la validación del cumplimiento de normas aplicables en los mercados de exportación y así mantener su competitividad al contar con elementos que les brindarán posibilidades de acceder a cadenas de valor.
  • Capacitación para programas en las áreas de producción, diseño y desarrollo, planeación y control de la producción, administración de la operación.
  • Cuando sea el caso, programas de desarrollo de moda en cuestión de análisis, investigación e interpretación de tendencias de moda y para la transferencia de conocimiento y mejores prácticas para la profesionalización de las áreas de diseño, mercadotecnia.
  • Encuentros de Negocios para Empresas en Desarrollo.
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Parte de la nueva agenda industrial implica frenar los abusos de las grandes cadenas comerciales en contra de los fabricantes nacionales

4. Modificar el funcionamiento del Convenio de Buenas Prácticas Comerciales

En relación al funcionamiento del Convenio de Concertación para la Mejora Continua de Prácticas Comerciales Competitivas, es ampliamente sabido que los empresarios que le venden a las grandes cadenas comerciales continúan sufriendo de abusos por parte de dichos establecimientos comercializadores a nivel nacional.

Se cuenta con información respecto a que no se respetan los tiempos y condiciones pactadas, se siguen realizando descuentos y reducción de precios pactados previamente, se hacen devoluciones de mercancía, entre otras prácticas que lesionan la rentabilidad de las empresas fabricantes de calzado, e inclusive ponen en riesgo la propia operación de éstas en el mediano y largo plazos.

Dada esta situación, es necesario replantear dicho Convenio de buenas prácticas de manera que se establezcan ciertos derechos irrenunciables por parte de los empresarios que venden a las grandes cadenas comerciales.

5. Mejorar los programas de apoyo de NAFIN y aumentar fondos de garantía para créditos para la industria

Es importante que se acerque a los empresarios los diferentes mecanismos, opciones y productos financieros que les representen fuentes de financiamiento para materializar sus proyectos

En este sentido, se pueden plantear dos alcances:

  • Formación de cultura financiera
  • Acercamiento con instituciones financieras y fondos públicos

6. Programas de apoyo a los pequeños y medianos comercializadores para contrarrestar el impacto de las grandes cadenas comerciales

Ante la concentración del poder de compra, en el sector calzado, en cada vez menos jugadores y la influencia que éstos ejercer para presionar a los fabricantes en las condiciones y precios de venta, se vuelve indispensable que se instrumenten políticas que fortalezcan a los pequeños comerciantes.

En muchas ocasiones, las condiciones de compra-venta reflejadas en los contratos leoninos que muchos productores están dispuestos a aceptar (descuentos obligados, rebajas, participación en gastos de publicidad de las cadenas, entre otros), acaban ocasionando pérdidas importantes para las empresas, muchas de las cuales han tenido que cerrar sus operaciones ante esta situación. Otras más, quedan debilitadas en su capacidad de inversión y desarrollo de nuevos productos. Y es que el problema surge porque las grandes cadenas comerciales garantizan su rentabilidad por metro cuadrado de espacio de venta, con independencia de si se vende o no el producto, y de las promociones que se implementan para incentivar la venta (sin consultarlas con el productor).

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Otra pieza fundamental de la política industrial es la lucha contra el contrabando y subvaluación, que tanto daño hacen a la planta productiva nacional

7. Relanzar la lucha contra la ilegalidad (contrabando y subvaluación)

Entre los problemas que subsisten en materia de ilegalidad, encontramos los siguientes que aplican a la industria del calzado, y que de alguna manera son compartidos por otras industrias como las del vestido y textil:

  • Creciente problema de incorrecta clasificación arancelaria con el fin de evadir el pago de contribuciones.
  • Aumento del porcentaje de importaciones con precios por debajo de Precio Materia Prima (PMP)
  • Escasa o nula efectividad en el esquema de Garantías establecidas para las importaciones con presunta subvaluación, lo que indica deficiencias en la investigación de esta práctica desleal de comercio.
  • Revisar esquema de funcionamiento de empresas reconocidas como Operadores Económicos Autorizados (OEAs, antes NEEC)

Este es un breve listado de temas que preocupan a muchos de los industriales del país y que sin duda deben formar parte de la agenda industrial del próximo gobierno federal. Sin duda hay muchos temas adicionales que se deben incorporar, tales como el incremento de la productividad, la mentefactura, entre otros, y que por cuestiones de espacio no menciono. Es importante que una vez que entre en funciones el nuevo gobierno se convoque a los sectores productivos para que presenten sus propuestas y se construya un Plan Nacional de Desarrollo que refleje el verdadero sentir de los industriales del país.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt