El impacto del COVID-19 en la gente y la economía de México

De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF), la incertidumbre sobre la trayectoria futura de la economía mundial sigue siendo muy alta, ya que la propagación del COVID-19 y el efecto de las medidas de contención siguen siendo muy difíciles de predecir. Esta crisis ha exacerbado la volatilidad de las tensiones comerciales y la menor cooperación internacional que fueron características de 2019. Los pronósticos más recientes por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea revisaron significativamente a la baja sus proyecciones para el crecimiento de 2020.

Los datos disponibles sobre el impacto de la pandemia muestran fuertes colapsos en el nivel de producción, los cuales son aún más pronunciados en el sector servicios y, en algunos casos, son de mayor magnitud comparado con la contracción económica que se vivió con la Gran Depresión de 1929 a 1932. Se estima que la producción cayó entre un 20% y 30% durante el cierre de la actividad económica en algunos países de la OCDE, mientras que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la pérdida global de horas trabajadas entre el último trimestre de 2019 y el primer trimestre de 2020 suma 130 millones de empleos, pero lo peor es que se estima que se perdieron 305 millones de empleos a nivel mundial durante el segundo trimestre de 2020.

El impacto de la pandemia, tanto en la salud como en la economía, ha sido muy desigual en diferentes poblaciones, a menudo reforzando patrones históricos de desigualdad y de ventaja de unas naciones sobre otras. Los datos sugieren que la crisis ha sido desproporcionadamente más severa para las mujeres, así como para los hogares de bajos y medianos ingresos.

En este contexto mundial es que el INEGI dio a conocer los resultados de diversas encuestas respecto de cómo ha afectado el COVID-19 en varios aspectos de la vida de los mexicanos. Una de ellas es la “Encuesta sobre el Impacto Generado por COVID-19 en la Empresas (ECOVID-IE) 2020”.  El objetivo de la encuesta es generar indicadores cualitativos a partir de las opiniones de los dirigentes empresariales, que permitan conocer el impacto registrado en el país.

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Uno de los aspectos que se midieron fue el de los paros técnicos llevados a cabo por las empresas. La encuesta arrojó que se estima que, de 1.873 millones de empresas que existen en el país, 59.6% de éstas instrumentaron paros técnicos como medida de prevención, mientras que el restante 40.4% (757,581) no lo hicieron. Las microempresas fueron las que en su mayoría llevaron a cabo esta acción siendo el 93.4% de éstas las que los realizaron. Por su parte, se aprecia que el 46.7% de las empresas a nivel nacional llevó a cabo paros técnicos o cierres temporales de 21 o más días, este total se obtiene del hecho de que el 41.4% de las empresas en sectores esenciales realizaron paros técnicos, mientras que el 50.5% de las no esenciales los realizaron. Analizando los datos por tamaño de empresa, 68.1% de las grandes empresas, 54.0% de las medianas y pequeñas empresas y 46.1% de las microempresas, implementaron paros técnicos o cierres temporales en periodos mayores de 21 días.

En cuanto a las afectaciones por la contingencia sanitaria (disminución de los ingresos, baja de demanda y/o escasez de insumos y/o productos), tenemos que el 93.2 % de las empresas registró al menos un tipo de afectación debido a la contingencia sanitaria por COVID-19, mientras que solo el 6.8% de las empresas no reportó alguna de estas tres afectaciones.

Para los diferentes tamaños de empresa, la mayor afectación se registró en la disminución de los ingresos, promediando a nivel nacional 91.3% del total de empresas sufriendo una afectación en este sentido. Las 41.4% de las grandes empresas reportaron afectación, mientras que en las medianas y pequeñas empresas, así como en las microempresas, el 87.8% y 92.0% respectivamente sufrieron pérdida de ingresos.

La baja demanda también se reportó como una importante afectación, ya que obtuvo a nivel nacional un 72.6% de empresas afectadas. Las 35.9% de las grandes empresas, el 71.2% de las medianas y pequeñas; así como el 73.0% de las micro fueron las más afectadas en este rubro.

Otras afectaciones importantes que se observaron durante la contingencia son la reducción de personal y la reducción de remuneraciones y/o prestaciones. Hay que destacar que la mayoría de las empresas priorizó el no despido de personal, ya que la reducción de remuneraciones y/o prestaciones registró a nivel nacional apenas el 19.1%: las grandes empresas con 41.8%, las medianas y pequeñas con 20.6% y la micro 18.8%. En tanto, la reducción de personal a nivel nacional fue de 15.4%: en las grandes 22.3%, las medianas y pequeñas 18.6% y las micro 15.1 por ciento.

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En cuanto a los apoyos recibidos en atención a la contingencia sanitaria, la encuesta estimó que de 1.873 millones de empresas, solo 7.8% (146,782) obtuvo algún tipo de apoyo, mientras que el resto (92.2%) no recibió ayuda de ninguna índole. De los pocos que obtuvieron algún tipo de apoyo, la mayor parte de éstos provinieron de los gobiernos, ya sea federal, estatal o municipal.

Otra de las encuestas realizadas por el INEGI para conocer los efectos del COVID-19 fue la “Encuesta Telefónica sobre COVID-19 y Mercado Laboral (ECOVID-ML)”, la cual muestra los siguientes resultados en el mes de abril de 2020:

  1. La Población Económicamente Activa fue de 35 millones, cifra que representa una tasa de participación económica del 51.3% en el mes de abril de 2020. De dicha población, el 61.2% son hombres y el 38.8% mujeres.
  2. La ECOVID-ML reporta una Población No Económicamente Activa (PNEA) de 33.2 millones, cifra equivalente al 48.7% de la población de 18 y más años en el mes de abril de 2020. Del total de PNEA estimada por la ECOVID-ML, 19.6 millones eran personas no disponibles para trabajar (59%), pero 13.6 millones (41%) si estaban disponibles para trabajar.
  3. De los 13.6 millones de PNEA disponible para trabajar reportada por la ECOVID-ML en abril de 2020, 87.1% (11.9 millones) fueron personas ausentes de un trabajo o deseaban trabajar pero no buscaron trabajo por el COVID-19, mientras que 12.9% (1.7 millones) estuvieron ausentes o deseaban trabajar pero no buscaron trabajo por otras razones (falta de materia prima, clientes, vacaciones, etc.).
  4. Por su parte, de los 11.9 millones de PNEA disponible para trabajar que estuvo ausente de su trabajo o deseaba trabajar pero no buscó trabajo por el COVID-19; el 65.7% (7.8 millones) estuvieron ausentes de un trabajo por el COVID-19 y 34.3% (4.1 millones) deseaban trabajar pero no buscaron trabajo por la pandemia.
  5. En abril de 2020, la ECOVID-ML reportó una población ocupada de 32.9 millones de personas, que representa una tasa de ocupación del 48.2% de la población de 18 años. Por sexo, las mujeres ocupadas son 12.4 millones y los hombres 20.5 millones; lo que significa una tasa de ocupación de 33.4% y 66.1%, respectivamente.
  6. De los 32.9 millones de personas ocupadas, 7.2 millones son ausentes temporales con vínculo laboral o que fueron suspendidas durante la contingencia sanitaria, cifra que representa el 21.8% del total de ocupados. Asimismo, cabe destacar que en el 92.9% de los casos la ausencia o suspensión laboral, la razón principal fue la pandemia originada por el COVID-19 y en 7.1% debido a otras razones.
  7. La ECOVID-ML, reportó que derivado de las medidas de distanciamiento social para contener la pandemia del COVID-19, el 23.5% de los ocupados en abril tuvo que trabajar desde su casa, 42.3% disminuyó su jornada de trabajo durante la contingencia sanitaria; mientras que 46.1% redujo los ingresos derivados de su trabajo, 5% recibió algún apoyo gubernamental y 89.8% no recibió ningún tipo de apoyo.fd5f1cc2dec12a4ef72649af56d00d19
  8. La ECOVID-ML también registró en abril de 2020 un total de 6.1 millones de trabajadores subordinados y remunerados que fueron suspendidos de su trabajo durante la contingencia sanitaria, cifra equivalente a 25.1% del total.
  9. Durante la suspensión laboral, 37.1% de los hombres recibió completo su sueldo o salario contra 40.5% de las mujeres; asimismo, 42.4% de los hombres recibió parcialmente su sueldo o salario frente a 46.9% de las mujeres y, por último, 20.5% de los hombres y 12.6% de las mujeres, no recibieron ingresos por su trabajo.
  10. Los trabajadores independientes suman un total de 8.4 millones y representan 25.5% de la población ocupada. En abril de 2020 de acuerdo con la ECOVID-ML, 41.2% enfrentaba problemas en su negocio por el COVID-19, 32.7% reportó falta de clientes y 6.1 otros problemas como deudas, aumentó de precios en las materias primas o mercancías, entre otros y el 19.9% no tenía problemas.
  11. La forma en que los trabajadores independientes han enfrentado los problemas que tienen en sus negocios son diversos: 12.2% implementó acciones para ofrecer sus productos en alguna plataforma tecnológica o una modalidad similar; porcentaje que en los hombres fue de 9.6% y en las mujeres de 17.1 por ciento. Otro segmento de negocios acudió a créditos, cambio de actividad o al despido de trabajadores, situaciones que representan 12.9%.
  12. Del total de ocupados, 7.7 millones trabajaron desde su casa (23.5%), cifra que equivale a 3.4 millones de hombres (44.1%) y 4.3 millones de mujeres (55.9%). Este segmento de la fuerza de trabajo, además de trabajar desde su casa, realizó otras actividades, representando en muchos de los casos no solo una doble actividad, sino una mayor carga de trabajo.
  13. En relación con la jornada de trabajo, 52.8% de los trabajadores que laboraron desde su casa disminuyó sus horas trabajadas, el 28.2% mantuvo su jornada y 16.9% la aumentó. En el caso de los ingresos, 38.8% de los trabajadores vio reducidos sus ingresos por parte del trabajo, mientras que 57.9% no tuvo cambio en sus ingresos. Asimismo, 8.9% de los trabajadores recibió algún apoyo gubernamental o familiar durante la contingencia sanitaria y el 91.3% no recibió apoyo.
  14. Por otra parte, también cabe mencionar que el 26.8% de las personas ocupadas que trabajaron desde su casa, en la semana pasada a la entrevista tomaron algún curso de capacitación para el trabajo principalmente bajo la modalidad virtual o a distancia.

El efecto del COVIUD-19 en las viviendas

En abril de 2020, la ECOVID-ML reportó un total de 25.6 millones de viviendas con residentes de 18 y más años de edad y en el 30.4% de ellas algún integrante perdió su trabajo por la pandemia del COVID-19.

En relación con el impacto del COVID-19 en los ingresos de las viviendas, en 65.1% sus ingresos registraron alguna disminución y en 34.9%, se mantuvieron sin cambios.

En 65.1% de las viviendas que tuvieron un descenso en sus ingresos debido a la contingencia sanitaria, 37.4% tuvo que vender algún bien, pedir dinero prestado o recurrir a sus ahorros para afrontar la contingencia sanitaria; mientras que, 62.6% no tuvo que recurrir a la enajenación de sus bienes para solventar la reducción de sus ingresos.

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Con estos datos queda claro que el impacto del COVID-19 ha sido muy fuerte en las empresas, sobre todo las micro, y que millones de personas lo han resentido en su trabajo o ingreso, Hasta ahora no hemos visto mayores problemas sociales derivados del desempleo y pérdida de ingresos ocasionado por el cierre de actividad económica. Pero conforme pasa el tiempo y la situación económica de las empresas y los hogares no se resuelve, es de esperarse que los problemas sociales se incrementen. Lamentablemente veremos que el problema de delincuencia y desigualdad social aumentará, y el gobierno federal seguirá cruzado de brazos simplemente observando cómo se destruye capital de las empresas y se tiran a la basura 20 años de mejoras en materia de desarrollo social.

Alejandro Gómez Tamez*

Director general GAEAP*

alejandro@gaeap,com

En Twitter: @alejandrogomezt

Comienza la recuperación económica, aunque ésta será muy larga

Estamos transitando por la peor crisis económica en casi un siglo y la caída de la actividad económica ha generado enormes costos para prácticamente todos los mexicanos. El INEGI recién informó respecto de la evolución del Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI)  durante mayo de este año y si bien el desempeño económico siguió deteriorándose, y es terriblemente malo, hubo algunas actividades manufactureras que presentaron cierta mejoría. En esta entrega presento un análisis de la actividad industrial en México, con cifras del IVFAI, mediante tres comparaciones temporales: a. De abril a mayo de 2020, b. De mayo de 2019 a mayo de 2020, y c. Los primeros cinco meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019.

El análisis es relevante porque la actividad industrial es muy importante para México ya que ésta representó el 30.44% del Producto Interno Bruto (PIB) de México en 2019, y a través de la industria manufacturera, generó exportaciones por 410.833 miles de millones de dólares en 2019, lo que la convierte en la principal fuente de divisas para el país. Por su parte, en términos de empleos formales, al cierre de diciembre de 2019, tenemos que la industria nacional tenía 7.299 millones de empleos registrados en el IMSS, lo que representó el 35.74% del total. Con esto en mente, pasemos a analizar cómo le fue en el mes de mayo de este año:

Actividad industrial total

Abril a Mayo de 2020

Si el mes de abril había sido muy malo para la industria nacional, de hecho el peor mes desde que se tienes registros formales, en el mes de mayo la industria cayó todavía un poco más. De acuerdo con los datos del INEGI, con cifras desestacionalizadas, el total de la industria se contrajo -1.8%, producto de que la minería retrocedió -3.0%; las actividades de electricidad, gas y agua disminuyeron otro -10.2%; la construcción cayó -1.3%; mientras que la industria manufacturera retrocedió -0.3%.

Mayo 2020 vs Mayo 2019

Al comparar los datos del IVFAI de mayo de este año respecto del mismo mes de 2019 vemos un panorama aun peor del que registramos en el pasado mes de abril. Con cifras originales, vemos que la totalidad de la industria nacional presenta una caída de -30.7%, producto de que la minería se contrajo -5.9%; las actividades de electricidad, gas y agua cayó -13.1%; la construcción se colapsó -36.3%; mientras que las manufacturas fueron las más afectadas al retroceder -37.1%.

Primeros 5 meses de 2020 vs primeros 5 meses de 2019

Finalmente, al comparar la evolución acumulada del IVFAI durante los primeros cinco meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, tenemos que con cifras originales la industria nacional muestra una caída de -13.7%. Esto es producto de un incremento de apenas 0.7% en la minería, caída de -19.4% en las actividades de electricidad, gas y agua; disminución de -19.4% en la construcción; y retroceso de -16.3% en las industrias manufactureras.

El resumen de lo hasta ahora presentado es que en los dos meses de mayor suspensión de actividades (abril y mayo) el golpe a la actividad industrial fue terrible, siendo la caída de mayo peor que la de abril. Sin embargo, el hecho de que las tasas de decremento entre abril y mayo hayan sido relativamente pequeñas, y aunado al hecho de que varios estados retomaron algunas actividades productivas (a una mínima capacidad) a partir de junio, es de esperarse que ya hayamos iniciado el lento y largo camino hacía la recuperación de la industria nacional.

IVFAI Mayo20

Actividad de la industria manufacturera

Abril a Mayo de 2020

No obstante que el IVFAI de la industria manufacturera en su conjunto cayó -0.3% entre abril y mayo de este año, la buena noticia es que hubo algunas ramas de actividad que presentaron cierto nivel de recuperación en dicho periodo con cifras desestacionalizadas. A continuación se presenta la evolución de las diferentes actividades y se indica entre paréntesis el porcentaje de incremento o disminución (ordenado de mejor a peor desempeño): Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (60.2%); Fabricación de equipo de transporte (42.6%); Impresión e industrias conexas (33.2%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (8.9%); Otras industrias manufactureras (6.2%); Fabricación de prendas de vestir (5.0%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (4.6%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (3.8%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (2.8%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (2.6%); Industrias metálicas básicas (2.0%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-0.3%); Industria alimentaria (-1.6%); Industria de las bebidas y del tabaco (-2.1%); Fabricación de maquinaria y equipo (-4.6%); Industria química (-6.5%); Industria del papel (-8.9%); Fabricación de productos metálicos (-9.0%); Industria de la madera (-10.1%); Industria del plástico y del hule (-11.4%); y Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-13.5%).

Vemos que en el mes de mayo 11 actividades presentaron una mejoría respecto al mes de abril, mientras que otras 10 actividades cayeron. Por otra parte, es pertinente aclarar que no debemos dejarnos sorprender por algunos elevados porcentajes de incremento en la actividad manufacturera, ya que éstos se aprecian grandes porque parten de una base muy pequeña. Por ejemplo, en el caso de la actividad de Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir, la cual creció 60.2%, para ésta su índice pasó de 34.7 en abril a 55.6 en mayo, lo cual es indicativo de una mejora, pero implica que está 50.4% por debajo del nivel que registró en mayo de 2019.

Mayo 2020 vs Mayo 2019

Ahora, en cuanto a la evolución del IVFAI para la industria manufacturera en el periodo de mayo de 2019 a mayo de 2020, tenemos que éste cayó -37.1%. Al analizar la evolución de cada una de las ramas de actividad vemos cifras muy preocupantes. A continuación se presenta la evolución de cada una de las actividades y en paréntesis se indica el porcentaje de decremento (las actividades están ordenadas de mejor a peor desempeño): Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-3.0%); Industria alimentaria (-3.7%); Industria química (-15.5%); Industria del papel (-21.6%); Industrias metálicas básicas (-23.7%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-23.9%); Otras industrias manufactureras (-27.7%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-28.0%); Impresión e industrias conexas (-32.9%);  Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-32.9%); Industria de las bebidas y del tabaco (-39.2%); Industria del plástico y del hule (-43.2%); Industria de la madera (-45.3%); Fabricación de productos metálicos (-47.0%); Fabricación de maquinaria y equipo (-47.7%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-50.4%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (-64.1%); Fabricación de prendas de vestir (-76.7%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-76.9%); Fabricación de equipo de transporte (-80.7%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-86.9%).

Como se puede apreciar, en el comparativo anualizado de mayo de 2020, las 21 ramas de actividad manufacturera muestran retrocesos en cuanto a su volumen físico de producción.

Primeros 5 meses de 2020 vs primeros 5 meses de 2019

Finalmente, en relación al comparativo del acumulado de los primeros cinco meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, se aprecia un panorama complejo porque la totalidad de la actividad manufacturera presenta una contracción de -16.3%. Al analizar cada una de las ramas de actividad vemos que sólo una presenta incremento y 20 muestran caídas. A continuación se presenta la evolución de cada una de las actividades y en paréntesis se indica el porcentaje de decremento (las actividades están ordenadas de mejor a peor desempeño): Industria alimentaria (1.2%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (-4.0%); Industria química (-4.6%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (-5.4%); Industria del papel (-7.9%); Industrias metálicas básicas (-11.5%); Otras industrias manufactureras (-13.3%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-14.1%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-14.1%); Industria de las bebidas y del tabaco (-16.4%); Impresión e industrias conexas (-17.5%); Industria del plástico y del hule (-18.1%); Industria de la madera (-20.4%); Fabricación de productos metálicos (-20.8%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-23.5%); Fabricación de maquinaria y equipo (-24.7%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (-29.5%); Fabricación de prendas de vestir (-35.8%); Fabricación de equipo de transporte (-38.3%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (-39.4%); y Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-41.7%).

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Empleo en el IMSS

Los porcentajes de caídas en la actividad industrial se dicen fácil, pero no podemos dejar de considerar que detrás de ellos hay miles de personas que laboran en la industria. Los datos del empleo formal que nos ofrece el IMSS reflejan una terrible situación en materia laboral. Tenemos que entre febrero y junio de este año el número total de trabajadores registrados en el IMSS disminuyó en 1.113 millones de personas, al haber pasado de 20.613 millones a 19.499 millones. Esta disminución implica la pérdida del 5.4% del total del empleo formal en el país.

Ahora, en cuanto a la industria, tenemos que en el mismo periodo el número de trabajos formales perdidos en las industrias extractivas fue de 7.9 miles; mientras que en las industrias de la transformación se perdieron 245.0 miles; en la industria de la construcción la caída fue de 164.3 miles; mientras que en las industrias eléctrica, captación y suministro de agua potable se perdieron 380 empleos. Entre estas cuatro actividades, que conforman la industria nacional, suman 417.5 miles de empleos perdidos, mismos que representan el 45.7% de la totalidad de empleos formales perdidos entre febrero y junio de este año.

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Conclusiones

Queda claro que la industria nacional tuvo un muy mal desempeño en el mes de mayo y que inclusive fue peor que abril, sin embargo, para algunos sectores de actividad manufacturera comenzó a darse una ligera recuperación respecto al mes inmediato anterior. Sin embargo, el principal problema que veremos en los próximos meses es que en la medida en que la recuperación avanza lentamente, más negocios se verán en la necesidad de despedir a más personal o cerrar definitivamente. Muchas fábricas están trabajando al 30% de su capacidad (otras tantas en un porcentaje inferior), y pues con ese nivel de operación no hay manera de mantener los costos fijos de las empresas. Vemos que ya se perdieron 1.113 millones de empleos formales registrados en el IMSS, siendo que la expectativa es  que se perderán cerca de dos millones antes de que concluya el presente año.

Dado lo anterior, es fundamental fortalecer el ambiente en el que trabajan las empresas, combatiendo el contrabando y subvaluación de mercancías en las aduanas del país; activar un mayor número de créditos con fondos de garantía de Nafin, para que la tasa de interés que cobran los bancos no sea demasiado alta; entre otras medidas que he mencionado en anteriores entregas.

Finalmente, es fundamental que la gente use el cubrebocas para limitar la cantidad de contagios nuevos y minimizar el riesgo de que se vuelva a cerrar la actividad económica. Esto sin duda reforzaría la confianza de la gente para salir a comprar, lo que sin duda reactivará más rápidamente la actividad económica.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Con menor consumo, cae el nivel de vida de millones de mexicanos

Desde este espacio hemos comentado el enorme costo económico que ha tenido el cierre de buena parte de la actividad económica en México en los últimos meses. Una de las repercusiones más fuertes la vimos con el retiro de 12 millones de personas de la población económicamente activa en abril y mayo de este año, así como un incremento sustancial en el número de personas subocupadas, llegando éstas a 11 millones de personas en abril y luego a 13 millones de personas en mayo.

La obligación de cerrar muchas actividades económicas implicó el freno de buena parte de la actividad productiva y muestra de ello es que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) se contrajo -19.9% en el pasado mes de abril. Muchas empresas, al no tener ingresos por ventas y por el retraso en el pago de sus cuentas por cobrar, se vieron forzadas a disminuir los sueldos del personal o a realizar despidos de parte (o inclusive la totalidad) de sus empleados.  Por otro lado, muchos comercios también se vieron forzados a cerrar por parte de las autoridades sanitarias, lo que terminó por colapsar el consumo. Estos eventos constituyeron severos shocks de la oferta y demanda agregadas del país.  Estos shocks también afectaron a las personas autoempleadas (en la formalidad o informalidad), quienes tuvieron que suspender sus labores o trabajar menos horas.

Con esto en mente es que en esta entrega analizamos los primeros datos oficiales, que se hacen públicos, respecto de cómo se vio afectado el consumo privado en México en el primer mes del cierre de las actividades económicas (abril). Veremos que el golpe al consumo privado resultó tan duro como la caída en el nivel de actividad económica, pero con la salvedad de que las caídas en el nivel de consumo implican una pérdida real en el nivel de vida de la población.

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El INEGI informó que en el comparativo de abril de 2019 al mismo mes de 2020, el Indicador mensual del consumo privado en el mercado interior (con cifras originales) registró una caída de -22.3%, misma que es producto de una contracción de -21.2% en el consumo de bienes y servicios nacionales y de -31.8% en el de bienes importados. Cabe señalar que esta caída de -22.3% en la totalidad del consumo privado es la mayor que se haya registrado en toda la historia del indicador y palidece en comparación con el -12.4% observado en mayo de 2009, cuando estábamos en plena crisis financiera internacional.

Ahora, profundizando en el análisis, tenemos que la caída de -21.2% en el consumo de bienes y servicios nacionales es producto de que el consumo de bienes retrocedió -20.3%, mientras que el de servicios cayó -22.1%.

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En cuanto a la caída de -20.3% en el consumo de bienes nacionales, éste se debió a que el de bienes duraderos (muebles, electrodomésticos, etc.) cayó -48.3%, el de los semiduraderos (ropa, calzado) -75.6%, mientras que el de los no duraderos (alimento) se contrajo en menor medida, un -5.7%. Por su parte, la disminución de -31.8% en el consumo de bienes importados es producto de que el consumo de bienes duraderos cayó -46.6%, el de bienes semiduraderos -33.3%, mientras que el de bienes no duraderos se contrajo -16.9%.

Los datos de empleo, desempleo y subempleo sugieren que el problema de falta de ingresos, y por lo tanto de consumo, se ha prolongado durante mayo, junio y julio. Es por ello que llama la atención que no obstante la fuerte caída en el nivel de consumo en México, la inflación durante junio fue de 0.55%, de manera que la inflación anualizada a dicho mes fue de 3.33%.

Este nivel inflacionario está dentro del rango objetivo del Banco de México y de hecho implica un alza de precios más bajo respecto al 3.95% anualizado observado en junio de 2019. Sin embargo, una pregunta emerge y es relevante: ¿De qué sirve una baja inflación si los mexicanos igual no tienen dinero para consumir? Como ya se señaló, las estadísticas nos muestran que 12 millones de personas se retiraron del mercado laboral y que por lo tanto dejaron de percibir ingresos y además hay 13 millones de personas en condiciones de subocupación (de hecho la tasa de subocupación pasó de 7.8% en mayo de 2019 a 29.9% en mayo de 2020). Desde luego que una mayor incidencia de la subocupación tiene un impacto directo en el nivel de ingresos de las personas que conservaron su ocupación o empleo a pesar del cierre de actividades económicas.

Derivado de esta situación, así como de los erráticos mensajes por parte del gobierno federal y de algunos legisladores del partido en el poder, así como de la expectativa de una caída del PIB de entre -8.0% y -12.0%, es que la inversión fija bruta aceleró su colapso, mismo que comenzó desde el 2019, año en el que el índice de volumen físico de ésta disminuyó -5.1%.

El INEGI informó que en abril de 2020 la inversión fija bruta se desplomó -36.9% a tasa anual, lo cual fue resultado de una caída de -36.2% en la construcción y de -52.6% en la inversión en maquinaria y equipo. Hacia adentro de la construcción, tenemos que la residencial se contrajo -40.8%, mientras que la no residencial disminuyó -31.4%.

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Ahora, en cuanto a la inversión en maquinaria y equipo, tenemos que en abril de 2020 la de origen nacional cayó -52.6%, mientras que la de origen importado cayó -28.9%. Entrando en el detalle del colapso de la inversión en maquinaria y equipo nacional, tenemos que ésta cayó en esa magnitud porque la destinada a equipo de transporte disminuyó -63.2%, mientras que la de maquinaría, equipo y otros bienes disminuyó -34.3%. En relación a la maquinaria y equipo de origen importado, tenemos que la de equipo de transporte se contrajo -53.9%, mientras que la de maquinaria, equipo y otros bienes disminuyó -24.8%.

Estos datos son terribles para la economía nacional porque implican que muchos empresarios han dejado de confiar en la economía mexicana, al menos en el corto y mediano plazos, y con ello se cancelan las posibilidades de crecimiento económico; además de que es inminente la caída de la productividad de la mano de obra, por lo que se perpetuaran los bajos niveles de ingreso de la población ocupada.

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Ante este complicado panorama, ¿Qué podría hacer el gobierno federal para resucitar la inversión productiva? Como ya se señaló en pasadas entregas, es fundamental el fortalecer la confianza empresarial en qué las “reglas del juego” se mantendrán y que quien invierte en México gozará de certidumbre y seguridad para sus negocios. Hay que recordar que México salió este año del Índice de Confianza de la Inversión Extranjera Directa 2020, elaborado por la consultora A.T. Kearney. El ranking incluye 25 sitios y México, tras ocupar en la edición del año pasado el lugar 25, ya no aparece este año. Aunado a lo anterior, es importante el modificar el marco fiscal para que se incentive la inversión productiva. En este sentido, el permitir la deducibilidad inmediata y total de las inversiones, sería un gran impulso.

Desafortunadamente, el consumo privado no se reactivará hasta que logremos cierto nivel de recuperación de la actividad económica. Debemos tener presente que la caída del consumo implica por definición un deterioro de los niveles de vida de la población y que de poco sirve el combate a la inflación cuando la población no tiene capacidad para comprar bienes y servicios. La recuperación económica  no se logrará si no se reestablecen las condiciones mínimas necesarias para que haya inversión productiva. Esperemos que después del viaje del presidente López Obrador a Washington esto le haya quedado claro y actúe en consecuencia.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

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La terrible crisis del empleo en México

La epidemia del COVID-19 ha dejado en México una secuela de destrucción. Al momento de escribir estas líneas el número de contagiados y de fallecidos, de los que se tiene registro, es de más de 252 mil y más de 30 mil respectivamente. Este sólo hecho supone un gigantesco costo para el país, pero desafortunadamente no es el único, ya que además hay que sumar los costos sociales y emocionales ocasionados por el cierre de las actividades económicas y que se ven reflejados en un severo deterioro de la calidad del empleo en nuestra nación.

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Para ilustrar los severos problemas en materia laboral que se vive en nuestro país, a continuación se presentan los principales resultados de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) correspondiente a mayo, misma que fue elaborada por el INEGI:

1. La Tasa de Participación Económica fue de 47.4% respecto a la población de 15 años y más, cifra similar al 47.5% observado en el mes de abril de 2020. Esto implica que se mantiene la cifra de 12 millones de personas que dejaron de ser económicamente activas. Para darnos una idea de la disminución, tenemos que en el pasado mes de marzo la tasa de participación económica fue de 59.8%, pero debido a la suspensión laboral temporal ocasionada por las medidas de distanciamiento social, esta participación disminuyó dramáticamente. Es importante subrayar que se trata de una suspensión laboral sin percepción de ingresos de por medio y sin certeza de si se mantiene el vínculo laboral o de retorno al trabajo.

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2. La encuesta arroja que en el quinto mes del año, la tasa de subocupación fue del 29.9% de la población ocupada, cifra superior en 4.5 puntos porcentuales a la registrada en el pasado mes de abril, cuando ésta fue de 25.4% (en mayo de 2019 era de apenas 7.2%). Este aumento representa un incremento de otras 2 millones de personas, para llegar a un total de 13 millones de personas subempleadas (que trabajan menos de 35 horas a la semana y quisieran laborar más horas).

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3. La población ocupada que no estaba yendo a trabajar, pero que mantiene el vínculo laboral disminuyó en 3.1 millones entre abril y mayo de 2020.

4. La ocupación informal en mayo de 2020 ascendió a 22.6 millones, por lo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 51.8%, cifra mayor en 4.1 puntos porcentuales comparada con la del mes previo cuando había 20.7 millones de personas en la informalidad.

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4. Dado de que cualquier persona de más de 15 años que trabaje al menos una hora a la semana (aunque sea lavando carros) no es considerada desempleada, es que en el mes de mayo la población desocupada se mantuvo sin cambios significativos con respecto a abril de 2020. Cabe señalar que en abril, se estimó que la población desocupada fue de 2.1 millones de personas, que equivalen a 4.7% de la Población Económicamente Activa (PEA), tasa superior en 1.7 puntos porcentuales respecto al mes inmediato anterior y en 1.2 puntos porcentuales mayor a la de abril del año pasado. Como se puede ver, las personas que se retiraron de la PEA no son consideradas como desempleadas (porque no están buscando trabajo), ya que de otra manera los desocupados serían unos 14.1 millones de personas al mes de mayo.

5. Derivado de lo anterior, la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponible para trabajar, es decir, población que no buscó trabajo pero que aceptaría uno si se lo ofrecieran, fue de 19.4 millones en mayo, lo que representa el 38.4% de la población no económicamente activa.

En la ETOE no se hace mención de los niveles de ingreso de la población que mantiene su empleo, pero como se puede ver, hay un enorme deterioro laboral por la enorme cantidad de gente que salió de la población económicamente activa y los millones que mantuvieron su ocupación, pero están en una condición de subempleados. Los datos también sugieren que ni la economía informal sirvió de escape para el desempleo ya que las personas que trabajan en la informalidad de hecho pasaron de 30.9 millones de en mayo de 2019 a 22.6 millones en el mismo mes de 2020.

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¿Qué podemos esperar para los próximos meses? La realidad es que el proceso de recuperación de empleos será extremadamente tardado. Mis estimaciones son en el sentido de que con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 10.5%, como lo estima el Fondo Monetario Internacional, al cierre del año se habrán perdido más de un millón de empleos formales y que eventualmente veremos el indicador de tasa de desempleo aumentar mes con mes, posiblemente a niveles cercanos al 10%, conforme las personas buscan reingresar a la población económicamente activa y no encuentren una fuente de empleo más que en la forma de autoempleo o en la informalidad. Desde luego que es de esperarse que la subocupación se mantenga alta.

El problema del desempleo y la crisis económica que estamos viviendo han ocasionado y exacerbarán los problemas de delincuencia en nuestro país. Diario vemos notas de cómo se han disparado los asaltos, los robos a casa habitación y negocios, así como todo tipo de actos criminales. Este es un fenómeno que desde mediados del mes pasado ya había sido advertido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNOCD, por sus siglas en inglés) emitió su reporte “COVID-19 y la cadena de suministros de drogas: de la producción y el tráfico al consumo”, en el que advierte que la crisis económica y el desempleo ocasionada por la pandemia de COVID-19 provocarán que más personas se enlisten en el crimen organizado y que un mayor número de campesinos se dediquen a la siembra de cultivos ilícitos, como marihuana y amapola. La agencia de la ONU aseguró que a México le espera una reducción de 6.5% de su PIB, la pérdida de hasta 14% de los empleos formales y pobreza extrema.

Además, advirtió de un mayor consumo de drogas en el mundo, debido a una sobreoferta a menor precio: “Por una reducción en la demanda, traficantes y distribuidores están acumulando grandes cantidades de droga (incluyendo en la frontera entre México y Estados Unidos), lo cual podría generar una sobreoferta (menor precio y más riesgo de sobredosis) una vez que se levanten las restricciones…Se espera que la crisis económica propicie un mayor uso de sustancias ilegales para acoplarse a las dificultades. Asimismo, se prevé un incremento en el uso de drogas más económicas”.

La UNOCD afirmó que durante el distanciamiento social aumentó la demanda de productos cannábicos y se registró una importante baja en la demanda de drogas de uso recreativo, concretamente las sintéticas y cocaína, debido al cierre de centros nocturnos y conciertos.

Concluye que ante un panorama en el que se ha visto afectado el traslado de drogas entre países (sobre todo a través de mulas humanas), las organizaciones criminales se diversificaron hacía otras actividades como el cibercrimen y el tráfico de medicinas falsificadas, además, “han llenado vacíos del Estado al proveer comida y servicios a la población vulnerable durante el confinamiento, ganando terreno en territorios y poblaciones en disputa”. Tal y como lo hemos visto en México en donde varios cárteles han entregado despensas a la población vulnerable.

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¿Qué hacer ante este complicado panorama? Es imperativo reactivar la economía, pero la falta de políticas públicas que estimulen la economía (por el lado de la oferta y de la demanda) hará que el proceso sea aún más largo y si a esto le sumamos el severo deterioro en el clima para invertir, pues el panorama se complica aun más. Por su parte, la inacción para frenar las importaciones subvaluadas es más que evidente ya que erróneamente se piensa que dejando entrar productos subvaluados, los consumidores tendrán productos más baratos, pero eso es totalmente falso ya que la subvaluación lo único que genera es ahorros para los importadores defraudando a un fisco que les acaban engordando la cartera. Todo parece indicar que la apuesta de los empresarios que puedan irá enfocada a la exportación a los Estados Unidos, lo cual tampoco será sencillo. Ojala que nuestros vecinos tengan una rápida recuperación.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomez