En un escenario global por demás complejo, en el que las tensiones comerciales y geopolíticas se han convertido en fuerzas desestabilizadoras, el primer trimestre de 2025 ha traído consigo un dato que pocos anticipaban: México evitó la recesión técnica con un crecimiento marginal del PIB de 0.2%, justo cuando Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, entró oficialmente en contracción económica, con una caída de 0.3% a tasa anualizada, según datos del Departamento de Comercio.

La comparación no es menor. Estados Unidos no había registrado una caída de este tipo desde el primer trimestre de 2022. La contracción obedece, principalmente, a una oleada de importaciones de último minuto que distorsionaron el crecimiento, ya que las empresas estadounidenses se apresuraron a abastecerse antes de la entrada en vigor de los nuevos aranceles impuestos por la administración Trump. Estas compras adelantadas restaron casi cinco puntos porcentuales al PIB, el mayor arrastre registrado por el comercio neto en la historia estadounidense desde 1947.

Paradójicamente, mientras en EE.UU. se asumía con claridad el impacto económico de decisiones de política comercial proteccionista —y se informaba con detalle sobre sus consecuencias—, en México las cifras oficiales tomaron un rumbo inesperado y políticamente conveniente.

De la recesión proyectada al crecimiento repentino

Durante semanas previas al anuncio del INEGI, los mercados y analistas nacionales daban por sentado un segundo trimestre consecutivo de contracción económica. La caída de 0.6% en el PIB durante el último trimestre de 2024 había dejado abierta la puerta a la recesión técnica, y todo apuntaba a que el inicio de 2025 seguiría esa tendencia, particularmente ante señales de desaceleración en la industria, el comercio interno, la inversión, y las exportaciones.

Incluso estimaciones como las de Citi México pronosticaban una contracción para el primer trimestre del año. Reuters reflejaba en sus encuestas un consenso de crecimiento cercano al 0.0%, lo que habría confirmado el diagnóstico de recesión técnica.

Pero algo ocurrió.

En días recientes, tras declaraciones públicas de la presidenta de la República en las que aseguraba que “en México no hay recesión”, el INEGI actualizó su estimación oportuna y corrigió el rumbo: donde se esperaba una nueva caída, ahora aparecía un tímido avance de 0.2%. Un cambio súbito, con implicaciones políticas evidentes, que ha generado dudas legítimas entre analistas e inversionistas.

La pregunta es válida: ¿hubo un ajuste técnico justificado, o un ajuste institucional con tintes políticos?

¿Qué tan sólido es ese crecimiento trimestral de 0.2%?

La cifra, aunque positiva en apariencia, merece un análisis mucho más profundo. El avance del PIB mexicano en el primer trimestre se explica casi exclusivamente por el repunte del sector agropecuario, que creció 8.1% respecto al trimestre anterior. Este sector, si bien relevante, representa solo el 3.4% del PIB nacional y es notoriamente volátil.

En contraste, las actividades secundarias —industriales y manufactureras— se contrajeron 0.3%, y el sector terciario, es decir, los servicios que conforman más del 60% de la economía, se estancó completamente. No hubo crecimiento alguno.

Es decir, la mayor parte del aparato productivo mexicano se paralizó o retrocedió, mientras un componente menor, aunque dinámico, empujó la cifra apenas por encima del umbral simbólico de la recesión.

El panorama real es más complejo y menos optimista de lo que sugieren los encabezados oficiales.

Un contexto internacional desfavorable

El resultado económico de México se da en un momento en que la economía de Estados Unidos —con quien compartimos más del 80% de nuestras exportaciones— se desacelera agresivamente.

La caída del PIB estadounidense no fue un error de cálculo, sino el reflejo de una estrategia comercial que ha generado incertidumbre y parálisis en el sector privado. Empresas como General Motors, Colgate-Palmolive, American Airlines o PepsiCo ya han advertido sobre los efectos adversos de las políticas arancelarias de Trump. Algunas, incluso, han retirado sus proyecciones de ganancias para 2025.

A eso se suma un consumidor más temeroso, que empieza a recortar sus gastos, justo en el momento en que los precios podrían volver a presionarse al alza por los nuevos aranceles. Una combinación peligrosa que, como advirtió el economista Mark Zandi de Moody’s, podría llevar a “más trimestres negativos y pérdidas de empleo”.

México no está al margen de esta dinámica. Los analistas de Monex y Banco Ve por Más coinciden en que el entorno de incertidumbre comercial por las decisiones de EE.UU. afectará directamente al país, sobre todo a los sectores más expuestos al comercio internacional, como la industria automotriz y manufacturera, pilares del PIB mexicano.

Narrativa vs. realidad

Ante este panorama, la reacción del gobierno mexicano ha sido, por decir lo menos, excesivamente optimista. La narrativa oficial se ha centrado en el dato puntual del crecimiento marginal, sin contextualizar que se trata de un avance frágil, apoyado en un solo sector, y en un entorno que presagia turbulencias mayores.

El mensaje implícito parece ser: “no hay recesión, estamos bien”. Pero los datos de fondo no respaldan esa confianza.

La combinación de una industria debilitada, servicios estancados, riesgos en el empleo formal, y un socio comercial en contracción, deja a México en una posición delicada.

Más preocupante aún es que el INEGI haya ajustado al alza sus cifras justo después de declaraciones presidenciales, generando sospechas razonables sobre su independencia técnica. En tiempos en los que los datos económicos son insumo crítico para decisiones de inversión, gasto e incluso crédito soberano, la confianza en los organismos autónomos es más valiosa que cualquier discurso triunfalista.

Conclusión: lo que el dato no dice

Sí, México evitó por poco la recesión técnica. Pero ese dato, en sí mismo, no es un triunfo económico, sino una señal de alerta. La economía está frágil, depende de factores coyunturales, y enfrenta un segundo trimestre con riesgos al alza: presiones externas, incertidumbre comercial y un entorno doméstico paralizado.

En cambio, lo que debería preocuparnos es la tentación de manipular la percepción pública con narrativas triunfalistas, cuando los fundamentos económicos requieren atención urgente y acción decidida.

Porque si seguimos negando la posibilidad de recesión solo porque “el dato ya no lo muestra”, corremos el riesgo de enfrentar una crisis más profunda… y más sorpresiva.

Son tiempos de mucha incertidumbre y con una suscripción al Servicio Informativo de GAEAP podemos mantenerte informado.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

Suscríbete GRATIS a mi newsletter en Substack: https://economex.substack.com/

Sígueme en X: https://x.com/alejandrogomezt

Si disfrutas de nuestro contenido, te invitamos a apoyar nuestro trabajo suscribiéndote a nuestro servicio informativo premium. Tu suscripción nos permitirá seguir adelante con nuestra labor y, además, te dará acceso a contenido exclusivo. ¡Agradecemos de antemano tu apoyo!

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo