El tipo de cambio volvió a robarse los reflectores. El dólar cerró la semana del 12 de diciembre en 18.03 pesos y por momentos rozó el nivel de los 18.00, un umbral psicológico que despierta emociones encontradas en México. Para algunos sectores afines al régimen, este movimiento confirma una supuesta fortaleza de la economía nacional y la idea de que todo marcha bien. El nivel del tipo de cambio se utiliza así como argumento para descalificar a quienes, con base en cifras oficiales, advertimos sobre la mala marcha de la economía mexicana. Para otro grupo de analistas, entre los que me incluyo, el comportamiento reciente del peso no es reflejo de una economía sólida, sino el resultado de una coyuntura financiera internacional muy específica. La realidad, como casi siempre en finanzas, es menos épica y mucho más técnica.
Lo relevante no es solo el nivel actual del tipo de cambio, sino la velocidad del movimiento. El 24 de noviembre el dólar cotizaba cerca de 18.50. El 2 de diciembre ya estaba en 18.30. Hoy ronda los 18.00. Un ajuste de casi 50 centavos en tan poco tiempo no se explica por cambios estructurales en la economía mexicana. Ninguna economía se transforma de fondo en dos semanas. Lo que sí cambia con rapidez es el humor del dinero global.
Para entender lo que está pasando hay que mirar fuera de México y hablar de flujos, tasas de interés y expectativas. El mensaje central no es del agrado de los propagandistas del régimen, pero es indispensable para cualquier análisis serio. Esto no es fortaleza del peso, sino debilidad del dólar, acompañada por una ola de capital financiero que entra vía carry trade. Y como todo movimiento basado en flujos de corto plazo, es tan potente como reversible en cualquier momento.

El dólar pierde fuerza y el dinero empieza a moverse
El primer factor detrás del movimiento reciente del tipo de cambio es la debilidad del dólar a nivel global. En Estados Unidos, la Reserva Federal continúa con su ciclo de recortes de tasas. El ajuste más reciente, del 10 de diciembre, fue de 25 puntos base y llevó la tasa a un rango de entre 3.50% y 3.75%, pero el mensaje de fondo es incluso más relevante que la decisión puntual. El mercado entiende que el rendimiento de mantener dólares ya no es el mismo y, más aún, comienza a anticipar que en 2026 la tasa podría bajar todavía más.

Cuando la tasa de interés de la principal moneda del mundo disminuye, el incentivo a mantener posiciones en dólares se reduce. Grandes cantidades de dinero buscan los mejores rendimientos sin riesgo y, cuando no lo encuentra en casa, salen a buscarlo fuera. Esto explica por qué el dólar se ha debilitado no solo frente al peso, sino frente a varias divisas del G10 y de mercados emergentes.
Los grandes bancos de inversión ya lo están incorporando en sus escenarios. Goldman Sachs, Deutsche Bank, JPMorgan y Morgan Stanley coinciden en que el sesgo para 2026 es de un dólar más débil. Algunos estiman una caída cercana al 5% adicional en la primera mitad del año, otros proyectan una depreciación más moderada hacia finales de 2026. El punto común es claro. El ciclo largo de fortaleza del dólar parece estar llegando a su fin.
Esto no significa que Estados Unidos esté entrando en crisis ni que su economía haya perdido atractivo. Significa algo mucho más simple. El diferencial de tasas empieza a jugar en su contra. Mientras la Fed recorta, otros bancos centrales se mantienen estables o avanzan más lentamente en la flexibilización. Esa brecha es el combustible de los flujos financieros.
Además, el contexto político también pesa. La expectativa de presiones desde la Casa Blanca para mantener tasas más bajas, el nombramiento de un nuevo presidente de la Fed afín a Donald Trump, el debate sobre el déficit comercial y la intención explícita de favorecer exportaciones estadounidenses son factores que refuerzan la narrativa de un dólar menos fuerte hacia adelante.
Es así que debe quedar claro que cuando el dólar cae a nivel global, México no queda al margen. El peso es una de las divisas emergentes más líquidas del mundo, opera prácticamente las 24 horas y es fácil de comprar y vender. Por eso, cuando el dólar se debilita, el peso suele reaccionar con movimientos más marcados.
El carry trade vuelve a México y explica la apreciación
El segundo factor, y probablemente el más importante para entender la dinámica reciente, es el regreso del carry trade. Esta estrategia consiste en pedir prestado en una moneda de baja tasa de interés y colocar esos recursos en otra que paga más. Durante años, Japón fue el epicentro de este esquema. El dinero se financiaba casi gratis en yenes y se invertía en activos con mayor rendimiento.

Ese mundo está cambiando. Japón comenzó a normalizar su política monetaria. Las tasas ya no son tan cercanas a cero y el financiamiento barato dejó de ser tan abundante. El dinero que antes se apalancaba ahí ahora busca nuevos destinos donde el premio por riesgo siga siendo atractivo.
Y ahí es donde aparece México.
Incluso con el recorte esperado de Banxico a 7.00 por ciento en la próxima decisión de la Junta de Gobierno del Banco de México, el diferencial frente a Estados Unidos sigue siendo amplio. La Fed se mueve en un rango mucho menor y el premio por invertir en pesos continúa siendo significativo. Para ejecutar esta estrategia, los inversionistas primero deben comprar pesos. Cuando muchos hacen lo mismo al mismo tiempo, el peso se aprecia.
Este flujo no tiene nada que ver con inversión productiva ni con confianza en el crecimiento de largo plazo. Es capital de cartera. Dinero golondrino. Entra rápido, sale cuando quiere y responde a incentivos financieros muy concretos.
México es particularmente atractivo para este tipo de operaciones por varias razones. Tiene un régimen de tipo de cambio flexible, libre movilidad de capitales y una profundidad de mercado que permite entrar y salir sin grandes fricciones. De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales, el peso es la divisa más líquida de América Latina y la segunda más líquida entre economías emergentes.
Pero aquí está la advertencia más importante. El carry trade puede ser un arma de doble filo. Funciona mientras el apetito por riesgo se mantiene y mientras el diferencial de tasas sigue siendo favorable. Cuando alguna de esas variables cambia, puede darse un ajuste abrupto.
Ya lo vimos antes. En la primera administración del presidente Trump, cuando amenazó con imponer aranceles a México, el peso pasó de ser atractivo a ser castigado en cuestión de días. No porque la economía mexicana hubiera colapsado de golpe, sino porque los flujos financieros dieron media vuelta.
Un peso fuerte no es sinónimo de una economía sana
¿Puede romperse el piso de los 18 pesos por dólar en los próximos días? Sí, es perfectamente plausible. Si el mercado insiste en una narrativa de recortes más profundos por parte de la Fed y Banxico envía una señal de cautela (menores recortes de tasa hacia adelante), el peso podría ganar todavía más terreno en el corto plazo.
Pero conviene no perder la perspectiva. Las encuestas de expectativas son claras. El consenso ve el cierre de 2025 por arriba de 18.50 y el de 2026 más cerca de 19.20. El dinero inteligente no está apostando a un superpeso eterno. Sabe que el nivel actual del tipo de cambio se debe a condiciones financieras específicas.
También es pertinente mencionar que un tipo de cambio apreciado tiene beneficios evidentes. Ayuda a contener la inflación, abarata importaciones y le da oxígeno a la política monetaria. Pero también tiene costos. Resta competitividad a exportadores, presiona márgenes en manufactura y turismo y reduce el poder de compra de quienes dependen de remesas.
En México solemos confundir el síntoma con la causa. Un peso fuerte luce bien en el marcador, pero no corrige el estancamiento económico que estamos viviendo, la baja inversión ni la incertidumbre hacia 2026 con la renegociación del T-MEC.
Por eso, si el dólar baja de 18, no hay que espantarse, pero tampoco hay que celebrar como si fuera un logro estructural. Es un movimiento financiero coyuntural, no un milagro económico. Y como todo movimiento basado en flujos, puede revertirse tan rápido como llegó.
El tipo de cambio hoy nos dice más sobre el mundo que sobre México. Entenderlo así no quita mérito, pero sí evita falsas conclusiones.
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Alejandro Gómez Tamez*
Director General GAEAP*
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