Deterioro de las expectativas económicas de México para el 2019

33e85-peso-caida-flecha_635-798034Diversos pronósticos respecto a la marcha de la economía mexicana en 2019 continúan ajustándose para mal. Hace apenas unos días el Grupo Financiero Citibanamex dio a conocer los resultados de su encuesta de expectativas económicas correspondiente a febrero de este año, y entre los resultados que arrojó tenemos que la expectativa para el crecimiento económico en 2019 es de apenas 1.7%; mientras que para el 2020, la mediana de los pronósticos de crecimiento del PIB es 1.9%.

De igual manera, los Resultados de la Encuesta de Febrero de 2019 sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, por parte del Banco de México, indican también un deterioro. Esto porque la expectativa de crecimiento del PIB para el 2019 disminuyó de 1.80% (encuesta de enero 2019) a 1.64%, mientras que la de crecimiento económico en 2020 se situó en 1.91%, ligeramente por debajo de la expectativa registrada un mes previo de 1.92%. La misma encuesta de febrero da cuenta de un deterioro en la expectativa de la cotización del tipo de cambio ya que lo ubica en 20.19 pesos por dólar para el cierre de 2019 y en 20.56 pesos por dólar para el cierre de 2020, niveles por encima de los observados en la encuesta del mes inmediato anterior.

En línea con lo anterior, el 27 de febrero, el Banco de México publicó su Informe Trimestral correspondiente al cuarto trimestre de 2018, y en él también se hacen una serie de ajustes a los pronósticos de crecimiento económico, creación de empleos formales e inflación. El Banxico menciona, en cuanto al escenario macroeconómico previsto, lo siguiente:

Crecimiento de la economía nacional: Las perspectivas sobre la actividad económica en México para 2019 se revisaron a la baja de un crecimiento esperado en un rango de 1.7% y 2.7%, a uno de entre 1.1% y 2.1%. Es decir un ajuste a la baja de 0.6 puntos porcentuales, equivalentes a unos 144 mil millones de pesos menos de PIB. Para el año 2020, el intervalo se ajustó de uno de entre 2.0% y 3.0%, a uno de entre 1.7% y 2.7%. Estas previsiones están sujetas a que el gobierno federal preserve un marco macroeconómico sólido y finanzas públicas sostenibles.

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El Banxico ha ajustado a la baja la expectativa de crecimiento económico para México

El Banxico menciona que el ajuste en el crecimiento económico para 2019 se debe a cuestiones externas e internas. En el ámbito externo, se ha observado una pérdida de dinamismo en el comercio mundial y en la actividad económica global más marcada de lo anticipado, lo que se prevé influya sobre la evolución de las exportaciones mexicanas. En el ámbito interno, desde el segundo semestre de 2018 y, en especial en el último trimestre del año que recién concluyó, se observó una desaceleración más pronunciada de la actividad económica. A este respecto, cabe señalar que el INEGI recién dio a conocer que el Producto Interno Bruto creció apenas 2.0% en el 2018 y que la tasa de incremento anualizado de esta variable en el cuarto trimestre fue de 1.7%.

A este panorama de desaceleración al cierre de 2018 y arranque de 2019, se suma la expectativa de que la actividad productiva a principios de año se haya visto afectada por eventos transitorios, tales como el desabasto temporal de combustibles en ciertas regiones del país durante enero, las interrupciones a las vías férreas en Michoacán y los conflictos laborales en Matamoros. Aunado a lo anterior, está la tendencia negativa en la plataforma de producción petrolera y la debilidad de la inversión. Finalmente, está el hecho natural de que al inicio de una nueva administración generalmente se presenta un rezago en la ejecución del gasto público, lo que también puede afectar al crecimiento. Respecto a esto último, tenemos que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) acaba de informar que en el comparativo de enero de 2019 respecto al mismo mes de 2018, el gasto presupuestario registró una disminución real de 1.0%, derivado de la combinación de un aumento de 3.0 por ciento real en el gasto programable y una disminución de 10.1 por ciento real en el no programable.

Empleo: Desde luego que si se revisa a la baja la expectativa de crecimiento económico, lo mismo debe hacerse en cuanto al empleo. Es así que para 2019 se ajustó la expectativa del aumento en el número de puestos de trabajo registrados en el IMSS de un intervalo de entre 670 y 770 mil a uno de entre 620 y 720 mil. Para 2020, el intervalo se ajusta de uno de entre 690 y 790 mil a uno de entre 650 y 750 mil. Cabe señalar que en el 2018 el número de trabajadores registrados en el IMSS aumentó en casi 661 mil personas, por lo que la previsión de Banxico implica que se anticipa que en 2019 aumentará el número de empleos formales en una cifra similar a la observada en el año que recién concluyó.

El Banxico también presenta un listado de los factores de riesgo que persisten y dan lugar a que el balance de riesgos para la actividad económica del país continúe sesgado a la baja. Entre los riesgos a la baja en el horizonte destacan:

i. Que permanezca o se deteriore el actual ambiente de incertidumbre que ha venido afectando a la inversión, y que ello ocasione que diversas empresas pospongan o no lleven a cabo sus planes de inversión o que los consumidores reduzcan su gasto de manera precautoria.

ii. Que el proceso de ratificación e implementación del acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se retrase y genere mayor incertidumbre, afectando a la inversión.

iii. Que haya un escalamiento de las tensiones comerciales internacionales o de que se adopten mayores medidas proteccionistas a nivel mundial que afecten al crecimiento, la inversión y el comercio a nivel global, así como a los mercados financieros internacionales.

iv. Que se observen episodios de volatilidad en los mercados financieros internacionales derivados, entre otros factores, de mayores tensiones comerciales a nivel global, de aumentos imprevistos en las tasas de interés de los principales bancos centrales, de un menor apetito por riesgo, así como de un posible contagio proveniente de otras economías emergentes o de acontecimientos geopolíticos que pudieran reducir las fuentes de financiamiento.

v. Que se observe una desaceleración de la economía y el comercio globales mayor a la esperada.

vi. Que se observe un deterioro en la calificación crediticia del país o en las empresas productivas del Estado y, en particular, que se observen revisiones generalizadas a la baja por parte de las agencias calificadoras a la calificación de la deuda de Pemex que compliquen la situación financiera de la empresa.

vii. Que el efecto sobre la actividad económica de eventos tales como el desabasto de combustible, los bloqueos a las vías férreas en Michoacán o los conflictos laborales en Tamaulipas sea mayor y más persistente que lo previsto o que se presenten nuevos episodios de esta índole.

No obstante lo anterior, el Banxico también destaca posibles eventos que mejorarían el desempeño económico de México, entre los que se encuentran:

i. Que los anuncios referentes al acuerdo alcanzado con Estados Unidos y Canadá en materia comercial (T-MEC) den lugar a una notoria reactivación de la inversión.

ii. Que un dinamismo de la producción industrial en Estados Unidos mayor al anticipado favorezca el desempeño de las exportaciones manufactureras de México.

iii. Que se observe un dinamismo de la demanda agregada mayor al previsto, derivado de un aumento en el gasto de los consumidores o de que algunos sectores productivos enfrenten mejores condiciones para aumentar sus inversiones.

Inflación: En cuanto a la expectativa de alza de precios, tomando en cuenta la postura de política monetaria restrictiva y el horizonte en el que esta opera, así como la información disponible de los determinantes de la inflación, incluyendo el entorno económico actual y el dinamismo económico, tenemos que los pronósticos para la inflación general anual son de que ésta se ubicará en 3.4% anualizado en el cuarto trimestre de 2019, y que será hasta el tercer trimestre de 2020 cuando ésta se ubique por debajo del 3.0% (en un nivel de 2.8% anualizado).

Inflación

Desde luego que esto es una buena noticia ya que más allá de que se cuidará el poder adquisitivo de los salarios, pudiera implicar que en el ciclo bajista de tasas de interés está cercano. El que comiencen a bajar tasas de interés de los Certificados de la Tesorería (CETES) y de la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) es fundamental para reactivar la inversión privada, la venta de viviendas y automóviles.

Cabe señalar que así como con el crecimiento económico, de acuerdo al Banxico, los pronósticos de inflación se encuentran sujetos a los siguientes riesgos: i. Que la cotización de la moneda nacional se vea presionada por factores externos o internos; ii. Que se observen nuevas presiones sobre los precios de los energéticos o de los productos agropecuarios; iii. Que se presente un escalamiento de medidas proteccionistas y compensatorias a nivel global; iv. Que se deterioren las finanzas públicas; v. Considerando la magnitud de los aumentos recientes en el salario mínimo, además de su posible impacto directo, se enfrenta el riesgo de que estos propicien revisiones salariales que rebasen las ganancias en productividad y generen presiones de costos, con afectaciones en el empleo formal y en los precios; y vi. La persistencia que ha mostrado la inflación subyacente podría dar lugar a una mayor resistencia de las expectativas de inflación de largo plazo a disminuir.

De igual manera, existen eventos que de ocurrir, mejorarían la trayectoria de la inflación, entre los que destacan: i. Que se presenten menores variaciones en los precios de algunos bienes incluidos en el subíndice no subyacente; y ii. Que las condiciones de holgura se amplíen más de lo previsto.

Es así que tomando en cuenta todo lo anterior, se considera que el balance de riesgos respecto a la trayectoria esperada para la inflación mantiene un sesgo al alza, en un entorno de marcada incertidumbre.

Como puede apreciarse, hay una enorme cantidad de factores que están jugando en contra de la economía nacional; pero lo importante es que se atiendan las que son de índole interna, como el fortalecer el estado de derecho y la confianza empresarial. El gobierno federal, en voz del Ing. Alfonso Romo Garza, Jefe de la Oficina de la Presidencia, recién señaló en una reunión con empresarios guanajuatenses que están conscientes de que para poder repartir la riqueza, primero ésta se debe crear. Dado lo anterior pues, es fundamental dar muestras claras del rumbo económico que queremos tomar. Sin crecimiento económico el gobierno del Presidente López Obrador no podrá cumplir su promesa de un México más incluyente y justo.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Tiempos complicados para la industria manufacturera nacional

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La industria manufacturera nacional cerró el 2018 con una fuerte desaceleración.

El pasado 20 de febrero, el grupo financiero Citibanamex dio a conocer los resultados de su encuesta de expectativas económicas, y en ella se reiteró que se espera que el crecimiento económico para este año es de apenas 1.7% y para el 2020 de 1.9%. Estas raquíticas tasas esperadas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) son menores al promedio de 2.44% observado durante el sexenio anterior, por lo que difícilmente veremos una mejoría económica reflejada en mejores perspectivas de empleo. La mejora para muchos podría llegar en la forma de apoyos económicos por parte del gobierno federal, por lo que es de esperarse que haya un fortalecimiento de los sectores comercio y servicios, a la par de una considerable desaceleración en la industria manufacturera.

El pesimismo respecto a lo que le espera a la industria manufacturera en 2019 se basa en varios factores de índole nacional e internacional: 1. La marcada tendencia a la baja en esta industria en México al cierre de 2018; 2. La incertidumbre ante la falta de acuerdos entre los Estados Unidos y China para resolver su guerra comercial; 3. Varios países europeos están en el umbral de ser declarados en recesión, entre ellos Alemania; 4. La menor tasa de crecimiento económico en China, la cual se espera que sea de 6.2% en 2019; 5. El desvanecimiento del impulso fiscal ganado por los Estados Unidos en 2018; entre otros.

Para complicar las cosas aún más para la economía de México, tenemos que en el Reporte de Manufactura Barata 2019 (Cheap Manufacturing in 2019) elaborado por el US News & World Report, no se encuentra México en las primeras 10 posiciones a nivel global. Mientras que China nuevamente se ubica como el mejor país del mundo en este indicador, aunque se percibe que aunque dicha potencia asiática ha sido considerada como el mejor lugar del mundo en cuanto a manufactura de bajo costo, los expertos ahora están hablando de India como la siguiente gran fábrica del mundo.

El reporte fue llevado a cabo con la ayuda de más de 20 mil encuestados a los que se les pidió calificar a 80 países en diversos atributos. El sistema califica a todos los países en función de diversas variables clave así como beneficios intangibles tales como libertad y seguridad.

A continuación se presentan los 10 principales países en cuanto a manufactura barata en 2019 y se menciona la posición que ubican en general en todos los demás indicadores: 10. Myanmar, posición 61 en la clasificación mundial; 9. Sri Lanka, posición 45 en la clasificación mundial; 8. Pakistán (República Islámica de), posición 75 en la clasificación mundial; 7. Malasia, posición 38 en la clasificación mundial; 6. Filipinas, posición 50 en la clasificación mundial; 5. Indonesia, posición 43 en la clasificación mundial; 4. Tailandia, posición 26 en la clasificación mundial; 3.  Vietnam, posición 39 en la clasificación mundial; 2. India, posición 27 en la clasificación mundial; y 1. China, posición 16 en la clasificación mundial.  Respecto a México, el ranking le da a México una calificación de 7.3 en manufactura barata, considerablemente por debajo de la calificación de 10.0 obtenida por China o del 9.9 obtenido por Vietnam.

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China ocupa la primera posición en el ranking de “manufactura barata” con una calificación de 10.0, México sacó 7.3

Llama poderosamente la atención que en esta clasificación están dentro de los primeros cinco lugares China, Vietnam e Indonesia, naciones de las cuales provienen más del 90% de los zapatos que México importa anualmente. Queda claro que tienen mano de obra productiva y barata, lo que combinado con la reciente baja de aranceles es la receta perfecta para un desastre manufacturero. Cabe señalar que el mismo problema sufren las industrias textil y del vestido, las cuales también se vieron afectadas con la reciente baja arancelaria, la cual básicamente beneficia a los 10 países señalados líneas arriba ya que con ninguno tenemos tratado de libre comercio (salvo con Vietnam en el marco del Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico, el cual apenas entró en vigor el 14 de enero de este año).

Para complicar las cosas aún más para la manufactura en México, tenemos que ahora no es su momento de mayor fortaleza. De acuerdo con la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, en el 2018 el valor de las ventas de los productos elaborados aumentó 2.0% en términos reales. Dicho aumento fue producto de la siguiente evolución trimestral anualizada: -3.5% en el primer trimestre, 5.4% en el segundo, 5.4% en el tercero y 0.8% en el cuarto. Como puede apreciarse, preocupa la fuerte desaceleración observada en el último trimestre del año que recién concluyó.

Ahora, en cuanto a la evolución de cada una de las ramas de actividad, tenemos que en el cuarto trimestre de 2018, se registró el siguiente comportamiento en el valor de las ventas en términos reales (entre paréntesis se presenta el porcentaje de crecimiento anualizado): 1. Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (8.1%); 2. Fabricación de muebles, colchones y persianas (4.7%); 3. Industrias metálicas básicas (4.1%); 4. Industria del plástico y del hule (3.6%); 5. Industria del papel (3.5%); 6. Fabricación de productos metálicos (3.1%);  7. Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (2.5%); 8. Impresión e industrias conexas (2.4%); 9. Industria de la madera (2.3%); 10. Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (2.2%); 11. Industria de las bebidas y del tabaco (1.7%); 12. Industria química (1.6%); 13. Fabricación de prendas de vestir (0.4%); 14. Fabricación de equipo de transporte (-0.1%); 15. Otras industrias manufactureras (-0.2%); 16. Fabricación de maquinaria y equipo (-0.8%); 17. Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (-1.4%); 18. Industria alimentaria (-1.9%); 19. Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-2.0%); 20. Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-2.1%); y 21. Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-4.7%).

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De 21 ramas de actividad manufacturera, 16 presentaron desaceleración en el cuarto trimestre de 2018.

Vemos que de 21 ramas de actividad, siete registraron una disminución del valor de sus ventas en términos reales durante el cuarto trimestre de 2018. Pero lo más grave es que de las 21 ramas de actividad, 16 registraron una desaceleración en su tasa de crecimiento en comparación del trimestre inmediato anterior. De esta manera, del total de ramas manufactureras, sólo tres registraron crecimiento anualizado positivo superior a la del trimestre inmediato anterior: Fabricación de prendas de vestir, Impresión e industrias conexas, e Industria del plástico y del hule.

Todo este complejo panorama debe movernos a la acción e implementación de políticas públicas tendientes a crear un ambiente macroeconómico propicio para la inversión y el crecimiento económico. El recientemente creado Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, encabezado por el Jefe de la Oficina de la Presidencia, Ing. Alfonso Romo Garza, podría iniciar formalmente sus actividades estableciendo una mesa que rápidamente determine las políticas públicas que se deben implementar para el fortalecimiento de la industria nacional.

De igual forma, debe haber un compromiso por parte de los industriales del país, para hacer frente a los problemas que enfrenta la industria. Deben desarrollar la capacidad de ajustarse y adaptarse a las nuevas realidades, lo que implica pensar fuera de la caja, buscar la automatización de procesos, capacitar y formar el capital humano de sus empresas, mejorar sus sistemas de procesamiento de datos, y lo más importante, deben ser capaces de innovar en el desarrollo de nuevos productos y en la forma que fabrican dichos productos.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

La estrategia para crear buenos empleos

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La economía de México ha sido incapaz de generar los suficientes empleos bien remunerados.

Diversas notas periodísticas y reportajes nos dan cuenta de que en todo el mundo, el mayor reto  para lograr una prosperidad económica incluyente, consiste en generar las condiciones que permitan la creación de un número suficiente de “buenos empleos”.

La evidencia nos muestra que sin empleo productivo y confiable para la vasta mayoría de la fuerza laboral de un país, el crecimiento económico resulta excluyente, de manera que sus beneficios terminan concentrados en una pequeña minoría. La escasez de buenos empleos también socava la confianza en la cúpula gobernante, lo que a su vez impulsa la imposición de políticas autoritarias y nacionalistas que afectan a muchos países ahora en día. En el caso de México podemos ver como en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto la tasa promedio de crecimiento del PIB fue de 2.44%, una tasa aceptable bajo estándares internacionales, pero desde luego insuficiente para haber disminuido el porcentaje de personas que laboran en la economía informal, la cual fue de 56.76% al cierre de 2018.

El economista argentino de la CEPAL, Raul Prebisch, escribió desde 1969 al respecto, y ahora en día seguimos viendo que prácticamente todas las economías en el mundo están compuestas de un segmento avanzado, generalmente integrado globalmente, que emplea a una minoría de la fuerza laboral, y un segmento de baja productividad que absorbe a la enorme mayoría de la fuerza laboral, frecuentemente pagando bajos salarios y con pobres condiciones laborales.

La proporción de ambos segmentos puede diferir. En los países desarrollados, obviamente tienen mayor preponderancia las empresas altamente productivas. Pero cualitativamente, la fotografía se ve bastante similar en los países ricos y pobres, lo que produce los mismos patrones de inequidad en la distribución del ingreso, exclusión y polarización política. ¿Cómo es que los formuladores de políticas públicas deben enfrentar este “dualismo”?

La definición de un “buen trabajo” obviamente depende del nivel general de desarrollo económico de cada país. Generalmente consiste de un trabajo estable en el sector formal que además cuenta con seguridad social, protección laboral tales como condiciones de trabajo seguro, derechos colectivos de negociación, y leyes que protegen en contra de despidos injustificados. Al trabajador le permite tener al menos un nivel de vida de clase media, para los estándares del país, con suficiente ingreso para adquirir una vivienda, alimento, transporte, educación y otros gastos familiares, además de permitir ahorrar.

En México, de acuerdo a estimaciones de GAEAP con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el cuarto trimestre de 2018 el ingreso promedio diario de la población ocupada fue de apenas 2.17 salarios mínimos, equivalente a 191.47 pesos. Y lo que es peor, solamente el 5.29% del total de la fuerza laboral tenía un ingreso promedio superior a los 5 salarios mínimos (442 pesos diarios) al cierre de 2018.

Por otra parte, el INEGI reporta que al cuarto trimestre del año que recién terminó había en México una población ocupada de 54.194 millones de personas, mientras que el Instituto Mexicano del Seguro Social tiene registrados  al cierre de 2018 un total de 20.079 millones de trabajadores, por lo que vemos que solamente el 37.05% de la fuerza laboral mexicana cuenta con la prestación de seguridad social.

Ante estos datos, queda claro pues que estamos muy lejos de tener una economía que genere los suficientes empleos bien remunerados, por lo que resulta evidente que hay mucho que las empresas pueden hacer en lo individual en todo el mundo para mejorar las condiciones de trabajo. Las grandes empresas que tratan mejor a sus trabajadores, al proveerles con mejores sueldos, más autonomía y mayor responsabilidad, generalmente disfrutan de los beneficios en la forma de menor rotación de personal, mayor satisfacción de los trabajadores con su empleo, y mayor productividad. Hay vasta evidencia estadística que sustenta la creencia de que la estrategia de “buenos trabajos” puede ser altamente rentable para las empresas, así como lo es para los trabajadores.

Pero el problema de la falta de buenos empleos es más profundo, es estructural y va más allá de lo que las empresas pueden hacer por cuenta propia. Ahora en día, las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas sufren de un creciente desajuste entre la estructura de la producción y la estructura de la fuerza laboral. La producción se está volviendo cada vez más intensiva en habilidades, mientras que el grueso de la fuerza laboral se mantiene con un nivel de habilidades bajo.  Esto genera una brecha crónica entre los tipos de empleo que son creados y los tipos de trabajadores que un país tiene.

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Raúl Prebisch, economista argentino de la CEPAL.

De acuerdo con diversos autores, la tecnología y la globalización han conspirado para aumentar dicha brecha, con la manufactura y los servicios siendo cada vez más automatizados y digitalizados. Mientras que las nuevas tecnologías podrían haber beneficiado, en principio, a los trabajadores con menos habilidades, en la práctica el progreso tecnológico ha servido para reemplazar la mano de obra.

Aunado a lo anterior, el comercio mundial y los flujos de inversión, y las cadenas de valor en particular, han estandarizado las técnicas de producción a lo largo del mundo, haciéndolo así muy difícil para los países pobres el competir en los mercados mundiales sin adoptar las técnicas intensivas en habilidades y en capital similares a aquellas de las economías avanzadas. El resultado de todo esto es el dualismo económico ya comentado previamente.

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Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard.

De acuerdo con Dani Rodrik, profesor de economía política internacional de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard, sólo hay tres formas de reducir el desajuste entre la estructura del sector productivo y el de la fuerza laboral. A continuación se mencionan y explican.

Capital humano

La primera estrategia, y la que recibe el grueso de la atención de políticas públicas, es la inversión en habilidades y entrenamiento. Si la mayoría de los trabajadores adquieren las habilidades y capacidades requeridas para las tecnologías avanzadas, el dualismo eventualmente se puede abatir en la medida en que los sectores de mayor productividad se expanden a costa de los demás.

Tales políticas de capital humano son sin duda importantes, pero una vez implementadas sus efectos se sentirán hasta dentro de varios años. Hacen poco para enfrentar las realidades presentes del mercado laboral ya que no es posible transformar la fuerza laboral de un día para otro.  Además de que siempre existe el riesgo de que la tecnología avanzará más raído que la sociedad en su capacidad de formar a los que cada año ingresan a la fuerza laboral

Contratar más trabajadores poco entrenados

Una segunda estrategia es convencer a las empresas exitosas de emplear más trabajadores con bajo nivel de habilidades. En los países en los que la brecha de habilidades no es tan grande, los gobiernos podrían dar incentivos a las empresas a aumentar el empleo, ya sea de manera directa o con sus proveedores locales.

Los gobiernos en los países desarrollados también tienen un papel que desempeñar al afectar la naturaleza de la innovación tecnológica. Con bastante frecuencia subsidian las tecnologías intensivas en capital que reemplazan mano de obra, en lugar de incentivar la innovación hacía una dirección que sea más benéfica socialmente, para mejorar las condiciones, y no sólo reemplazar a los trabajadores menos capacitados.

Sin embargo, estas políticas probablemente no causarán ninguna diferencia en los países menos desarrollados. Para ellos, el mayor obstáculo seguirá siendo el que las tecnologías existentes brindan poco espacio para la sustitución de factores de producción. Es impensable una estrategia que implique usar más mano de obra poco capacitada en lugar de profesionales preparados o capital físico. Esto debido a que los estándares de calidad requeridos para formar parte de las cadenas globales de valor no pueden ser fácilmente alcanzados reemplazando máquinas con mano de obra.

Esta es la razón por la que la producción integrada globalmente en la mayoría de los países abundantes de mano de obra, tales como la India o Etiopía, descansa en métodos de producción intensivos en capital. Esto deja a muchas economías en desarrollo, desde países de ingreso medio como México y Sudáfrica, hasta países de bajos ingresos como Etiopía, en la incertidumbre. El remedio estándar de mejorar las instituciones educativas no genera beneficios de corto plazo, mientras que los sectores más avanzados de la economía no son capaces de absorber el exceso de oferta de trabajadores poco preparados. Ante esto existe una tercera alternativa.

Más empresas intensivas en mano de obra

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La industria del calzado es una alternativa para la creación de buenos empleos, dado que es una industria intensiva en mano de obra con un nivel medio de tecnificación.

Resolver el problema de insuficiente creación de buenos empleos requiere de una tercera estrategia, la cual tal generalmente es la que menos atención recibe. Consiste en apoyar las actividades económicas con un nivel medio de intensidad de mano de obra y capital, y que pueden absorber mano de obra con poco nivel de preparación.

Tales actividades intermedias, entre las que se encuentran los sectores del calzado, textil y vestido, pueden ser llevadas a cabo por empresas pequeñas y medianas, que no están entre las más productivas. Estos sectores ofrecen parte de la solución, pero lamentablemente raramente están en el centro de atención de las políticas públicas de innovación y transformación.  Sin embargo, no cabe duda de que pueden proveer trabajos significativamente mejores en comparación con las alternativas en el sector informal, sin embargo, requieren de políticas públicas congruentes.

A manera de conclusión, así como lo señala Rodrik, podemos señalar que las políticas públicas en países desarrollados y subdesarrollados frecuentemente están demasiado preocupadas en promover las tecnologías más avanzadas y promover a las empresas más productivas. Eso está bien, pero njo garantiza el éxito económico. El fracaso por no poder generar buenos empleos para robustecer una clase media, tiene elevados costos sociales y políticos. El reducir dichos costos requiere un enfoque diferente, dirigido específicamente hacía el tipo de trabajos que están alineados con la composición actual de las habilidades de su mano de obra.  Eso es lo que los políticos deben entender.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿”Primero México y luego el extranjero” o “Primero China y luego México”?

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La promesa de Primero México y luego el extranjero no se ha cumplido.

El pasado 3 de febrero, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, en gira de trabajo por Veracruz dijo que revisará los acuerdos de la venta de azúcar al extranjero y los permisos que se dieron para utilizar edulcorantes que vienen de otros países, en un marco de respeto a los acuerdos de libre comercio, pero dando prioridad al productor mexicano.

Varios industriales le aplaudimos al presidente que textualmente haya dicho: “Sí queremos el libre comercio y respetaremos los acuerdos, pero vamos a defender al productor nacional. Primero México y luego el extranjero”. El problema es que para su Secretaria de Economía, la Dra. Graciela Márquez Colín, primero no está México, sino China, por lo que no ha atendido la instrucción presidencial.

Hay que recordar que al sector mexicano de la moda, conformado por las industrias del calzado, vestido y textil les dijo algo similar en el marco de la reunión de Consejo de la CONCAMIN, el pasado 9 de julio de 2018. Las palabras textuales de López Obrador fueron: “en cuanto a la industria del calzado, pues son de los sectores prioritarios para nosotros…toda la industria textil y la industria del calzado.”

Después de este anuncio en favor de la industria mexicana de la moda, me consta que diversos empresarios se han comprometido con la estrategia del presidente, en particular con la de llevar empleos al sur de país. Se han realizado viajes exploratorios por parte de industriales del calzado, con el fin de establecer fábricas en los estados de Oaxaca y Yucatán.  De igual manera, después de que el presidente dijo que el calzado y textil serían prioritarios para su gobierno, diversos fabricantes han realizado inversiones para aumentar su capacidad de producción, tanto para el mercado interno como para la exportación.

Sin embargo, estos anuncios del presidente, en el sentido de “Primero México y luego el extranjero”, una versión tropicalizada del America First de Donald Trump, pues se topan con pared ante las acciones llevadas a cabo por la Secretaría de Economía.

Como se ha señalado desde este espacio, y decenas de notas periodísticas, la Secretaría de Economía tuvo la oportunidad de posponer o cancelar la última fase de la desgravación arancelaria decretada unilateralmente por México en 2008. El día límite para haber publicado un Decreto Presidencial para evitar que los aranceles máximos cobrados a las importaciones de textil, vestido y calzado pasara de un máximo de 30% a un máximo de 20% fue el 30 de enero de este año.

Ante el daño que la baja arancelaria causará, la molestia de fabricantes y líderes empresariales, y el enojo de prominentes miembros del gabinete del presidente López Obrador, es que la Secretaría de Economía citó a los sectores afectados a reuniones, a llevarse a cabo el viernes 8 de febrero, con el fin de abordar el impacto que esta decisión de la Secretaría de Economía tendrá en la actividad económica. Cabe señalar que cada sector fue citado por separado, supongo que para evitar reclamos mayores.

A dicha reunión acudimos, por parte del sector calzado, el Lic. Luis Gerarado González García, presidente de la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato ((CICEG) y de la Cámara Nacional de la Industria del Calzado (CANAICAL); el Lic. Thomas Alfred Trivilino Reed, Secretario de ambas cámaras; el Lic. Mauricio Battaglia Velázquez, Vicepresidente de PROSPECTA de CICEG; el Lic. Roberto Plasencia Torres, Consejero de CICEG; y su servidor, en carácter de presidente ejecutivo de ambas cámaras.

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Graciela Márquez, Secretaria de Economía, con una agenda que beneficia a los extranjeros.

Llegamos puntualmente a la reunión, la cual comenzó a la 1.30pm y concluyó a las 3.00pm. La Secretaria Márquez se hizo acompañar por el Subsecretario de Industria y Comercio, el Dr. Ernesto Acevedo; por el Director General de Industrias Ligeras, el Mtro. Héctor Hernández; el Director General de la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales (UPCI), Mtro. Víctor Aguilar; por el Director General de Comercio Exterior Subsecretaría de Industria y Comercio, Mtro. Juan Díaz Mazadiego; y por el Dr. Marcos Ávalos, Coordinador de Asesores de la Secretaria de Economía. Previo a la reunión, a los representantes de calzado, nos solicitaron dejar fuera los celulares, por lo que no hay ni una foto de dicha reunión.

La Dra. Márquez comenzó dando la bienvenida y nos pidió que le presentáramos el material que llevábamos preparado. Le explicamos qué es la industria del calzado y las múltiples razones que justificaban haber mantenido los aranceles máximos en el nivel de 30% (de lo cual escribí en este espacio hace una semana). Le manifestamos a la Dra. Márquez cuáles serán las afectaciones de su decisión, las cuales les comparto brevemente a continuación:

  1. De acuerdo a un estudio econométrico para anticipar el daño que sufrirá la industria nacional del calzado por el incremento de importaciones, se puede anticipar una clara afectación a la industria ya que el coeficiente de correlación entre el volumen de pares de calzado importados de China y su precio promedio (para el periodo de enero de 2009 a diciembre de 2018) es de -0.79. Este es a todas luces elevado e indicativo de que a menor precio de importación, mayores serán las compras de calzado asiático, en especial de China.
  2. Le mostramos gráficos en los que se puede apreciar claramente como en la medida en que el precio promedio de las importaciones de calzado originarias de China ha disminuido, el volumen de importaciones (en pares) ha aumentado considerablemente. De esta manera, la baja arancelaria de entre 5 y 10 puntos porcentuales (que se traduce en un menor precio final de importación) ocasionará sin duda un alza en la cantidad de pares importados.

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  1. Presentamos la evolución de las importaciones totales de calzado, en donde se aprecia que en el periodo de 2015 a 2018 éstas aumentaron de manera considerable. De hecho, la tasa de crecimiento promedio de las importaciones en el periodo es de 6.76%, pero con una evidente tendencia a aumentar (fue de 10.59% en 2018). El modelo econométrico que elaboramos muestra que este año se superará la tasa de crecimiento de las importaciones en 2014, la cual fue de 17.81%.

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  1. Le comentamos que también se debe reconocer que los precios promedio de venta de calzado (valor de la producción dividido entre el número de pares producidos, según reportes de la Encuesta Mensual de la Industria manufacturera de INEGI) por parte de los fabricantes, han estado prácticamente estancados en términos reales desde el año 2012 en torno a los 230 pesos por unidad. Esta situación, aunada a la inflación en costos de producción ha ocasionado que los márgenes de rentabilidad de las empresas fabricantes se hayan erosionado de manera importante en los últimos seis años, siendo ahora dichos márgenes de entre el 5% y el 8%. Es por esta razón que una disminución de entre 5 y 10 puntos porcentuales en los aranceles máximos NMF para el sector calzado, pudiera convertirse en el puntapié para que varias empresas opten por cerrar sus puertas. Esta situación se explica porque los grandes comercializadores de calzado (se estima que los 20 mayores comercializadores controlan más del 75% de la venta de calzado en México) tienen precios meta para sus aparadores, entonces con la baja arancelaria tendrán elementos para presionar al fabricante mexicano de calzado a venderle sus productos entre un 5 y 10% más baratos o de lo contrario compraran producto asiático.Desgravación 3

Al estar concentrada en pocos jugadores la venta de calzado, los grandes comercializadores no tienen incentivo para bajar precios en beneficio del consumidor (de alguna manera podemos asumir que el comportamiento de la curva de demanda está quebrada como en el caso de algunos oligopolios), pero si tienen elementos para exigirle precios más bajos al ya de por si castigado productor.

  1. Dado todo lo anterior, anticipamos en un escenario base que la baja arancelaria ocasionará un incremento de las importaciones totales en 2019 de entre 20% y 25%, lo que llevaría al volumen total de pares importados este año a un total que oscilaría entre 116.9 millones y 121.77 millones de unidades. Si asumimos una productividad promedio de la mano de obra de 8 pares por persona al día, el incremento pronosticado de las importaciones ocasionará la pérdida de entre 9,700 y 12,200 puestos de trabajo.

Es innegable que la industria nacional del calzado sufrirá las consecuencias de tener un costo-país más elevado que China, Vietnam e Indonesia.

¿Qué dijo la Secretaria Márquez ante la contundencia de estos datos? Pues básicamente se limitó a decir que la decisión de no haber detenido la baja arancelaria se tomó con una perspectiva de no analizar casos aislados, sino con una visión integral de toda la industria. Dijo que la decisión fue del Gobierno Federal y que se consultó con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), con la Oficina de la Presidencia y con el propio presidente López Obrador; y que se había presentado el caso al gabinete. Nos dijo que el mundo ha dado un giro proteccionista y que en áreas de garantizar el acceso de los productos mexicanos a los mercados globales, por eso se decidió no detener la baja de aranceles al 20%. Si, hubo también compromisos de la Secretaria en cuanto a redoblar la lucha contra el contrabando y la subvaluación, apoyar en la elaboración de casos/denuncias en contra de aquellas grandes cadenas comerciales que realizan prácticas depredatorias en contra de los fabricantes de calzado, y quedó latente la posibilidad de que una vez que se haya documentado el aumento de importaciones y el correspondiente daño, se pueda armar un caso antidumping en contra de China, Vietnam e Indonesia.  Sin embargo, respeto al tema fundamental, que es la baja arancelaria ahí no se pudo hacer nada.

Ante este señalamiento, el presidente de CICEG y CANAICAL, Luis Gerarado González, le recordó que esta baja arancelaria fue unilateral, que no recibimos nada a cambio de ningún otro país, que no forma parte de ningún tratado internacional y que sólo entregamos nuestro mercado. En ningún momento el sector calzado pidió subir aranceles, la petición fue que no los bajaran. Ante esto la Secretaría sólo atinó decir que la decisión fue bien pensada y que fue del Gobierno Federal, no de ella.

Una vez concluido este tema, como industriales de calzado, le presentamos a la Secretaria y a su equipo de trabajo la agenda de trabajo que la industria quiere impulsar con la Secretaria de Economía en 2019. Por razones de espacio, no la puedo desarrollar en este momento. Pero si quisiera destacar pues que es evidente que el Presidente de la República habla de que los mexicanos somos primero, que habrá sectores prioritarios por su alta capacidad de generación de empleos, pero la Secretaría de Economía no comparte esta visión y para ella es más importante quedar bien con los chinos, antes de apoyar en los hechos lo que el presidente de la República menciona en sus discursos, pero habrá 12 mil trabajadores de la industria del calzado, que probablemente perderán su empleo en 2019, que le recordarán su falta de apoyo.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Una Secretaría de Economía que no escucha

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El sector calzado sufrió un duro revés por parte del gobierno que lo había calificado como “prioritario”.

El pasado 31 de enero los aranceles máximos cobrados a las importaciones de productos de las industrias del calzado, textil y vestido, originarios de naciones con las que no tenemos tratado de libre comercio, bajaron de un máximo de 30% a un 20%. Este hecho sin duda ocasionará múltiples problemas para estas industrias las cuales se verán amenazadas por una mayor tasa de crecimiento de las importaciones de estos bienes, las cuales desplazarán la producción y empleo nacionales. En esta entrega abordo el caso de la industria del calzado, emblemática para el estado de Guanajuato.

Antecedentes

En diciembre de 2008, el gobierno federal de México decretó unilateralmente una baja a sus aranceles Nación Más Favorecida (NMF), los cuales aplican a las naciones con las que no tenemos tratado de libre comercio, entre ellas China. En el caso de las importaciones de calzado, la baja arancelaria se haría en dos momentos: a partir del 1 de enero de 2009 los aranceles máximos NMF quedarían en 30% y a partir del 1 de enero de 2013 dichos aranceles quedarían en un nivel máximo de 20%.

Cabe señalar que en su momento, esta baja arancelaria estuvo acompañada de una serie de compromisos del gobierno federal para disminuir el costo país, de manera que la industria nacional pudiera competir en igualdad de condiciones con las naciones a las que les habíamos bajado los aranceles; sin embargo, estos compromisos no se cumplieron, ni en la Administración del presidente Felipe Calderón, ni en la del presidente Enrique Peña Nieto.

Es así que con esta medida, los aranceles máximos cobrados a la importación de calzados comprendidos en las fracciones más sensibles efectivamente bajaron a partir del 1 de enero de 2009 a un máximo de 30% (mientras que otros productos quedaron exentos y otros con tasas de 25%, 10% y 0%).

Como ya se señaló, la segunda y última fase de la desgravación arancelaria estaba programada para entrar en vigor el 1 de enero de 2013, la que hubiera llevado a que los aranceles máximos cobrados en la importación de productos textiles, de la confección y de calzado fuera del 20%. Es por ello que desde los primeros días de diciembre del 2012, la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG), comenzó  los trabajos para demostrar a la Secretaría de Economía del Dr. Ildefonso Guajardo Villarreal, el daño que la desgravación arancelaria ocasionaría en la industria de la moda.

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Ildefonso Guajardo, un aliado de la industria nacional

Afortunadamente el Dr. Guajardo fue sensible ante los argumentos de que México tiene un mayor costo-país en comparación con naciones como China, fuimos escuchados, y logramos que se emitieran los correspondientes Decretos Presidenciales que prorrogaran, en dos ocasiones la baja arancelaria durante 2013 y 2014. Posteriormente, y gracias a los Decretos presidenciales de 2014 (en favor del sector calzado y de textil-vestido), se estableció una tercera prórroga para la entrada en vigor de la última fase de desgravación arancelaria, quedando ésta para el 30 de enero de 2019.

Solicitud hecha a la Secretaría de Economía

Dado el hecho de que no hay plazo que no se cumpla, en diciembre de 2018 comenzamos la labor de convencimiento con la nueva Secretaría de Economía, encabezada por la Dra. Graciela Márquez, con el fin de lograr la cancelación de la baja arancelaria. Concretamente le solicitamos que para brindar certeza a la industria del calzado y poder compensar las diferencias de “costo país” de México respecto a naciones como China, Vietnam, Malasia, Indonesia y otras, es necesario que el gobierno federal decrete la cancelación de la última fase de la desgravación arancelaria.

La solicitud aplica para 35 fracciones arancelarias (26 con arancel del 30% y 9 con arancel del 25%), las cuales representan el 78% de los calzados importados en 2018.

Razones que justifican la solicitud de cancelar la desgravación arancelaria

A la Secretaría de Economía, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Oficina de la Presidencia de la República, Senadores por Guanajuato, al Gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, y otros servidores públicos, les entregamos los correspondientes estudios que justificaban nuestra solicitud de cancelación de la desgravación. Entre nuestros argumentos se encontraban los siguientes:

  1. La industria del calzado ha presentado una evolución favorable de 2014 a 2018. De acuerdo con datos de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, la producción total de pares de calzado aumentó 10.9% en el comparativo de los primeros nueve meses de 2014 y los mismos meses de 2018.
  2. La industria del calzado es intensiva en mano de obra, generando aproximadamente 220 mil empleos directos e indirectos. Es una industria que puede apoyar en la estrategia del presidente López Obrador de creación de empleos, sobre todo, en las regiones del sur del país.
  3. No obstante que los aranceles NMF máximos se encuentran en niveles de 30%, para las fracciones más sensibles, vemos un incremento importante en el volumen de importaciones. En el caso de calzado, tenemos que en el periodo de 2010 a 2014 las importaciones de calzado aumentaron de 58.6 millones de pares a 100.0 millones. Después de la publicación del Decreto presidencial en favor del sector calzado, de agosto de 2014, vemos que la importación de calzado disminuyó de 100.0 millones de pates en 2014 a 80.0 millones en 2015. Sin embargo, desde 2015 la importación de calzado ha venido aumentando y en 2018 sumó 97 millones de pares, un nivel que implica serios problemas para las más de 10 mil unidades económicas que comprende esta industria a nivel nacional.

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    Miles de empleo están en riesgo por la disminución de aranceles del 30 al 20%
  4. El grueso de las importaciones de productos de la industria de la moda provienen de oriente. En el caso de calzado, en 2018 el 89.95% de las importaciones provienen de tres naciones; China, Vietnam e Indonesia.
  5. Una baja arancelaria del 30% a 20% o del 25% al 20%, es lo suficientemente dañina para la industria, cuando se toma en consideración, que el margen promedio de utilidad por un par de zapatos producidos es entre un 5% y 8%, por lo que esta baja arancelaria del 10 puntos sacará a varios fabricantes nacionales del mercado.
  6. No obstante que la producción nacional de calzado ha ido en aumento, la tasa de crecimiento de las importaciones ha sido mayor, lo que implica que la participación de las importaciones en el Consumo Nacional Aparente (CNA) ha ido incrementándose en los últimos tres años. En el caso de calzado tenemos que el peso de las importaciones respecto al CNA es de 32.8% en 2017. De esta manera, hoy en día uno de cada tres pares de zapatos que se consumen en México es de origen importado.
  7. La industria del calzado ha venido avanzando en cuanto a su productividad. De acuerdo con cifras del INEGI, entre el tercer trimestre de 2011 y el mismo trimestre de 2018, la productividad laboral con base en el personal ocupado, en la fabricación de calzado aumentó 19.50%.
  8. En cuanto a precios de las importaciones de calzado, vemos que en el caso de las originarias de China, principal proveedor de calzado a México, vemos que éstas pasaron de un precio promedio de 12.18 dólares en 2010 a 6.37 dólares en 2014, producto de la desaparición de las medidas de transición contra China que hizo rentable importar zapatos más baratos desde dicha nación. Posteriormente, a partir del Decreto de agosto de 2014, el precio promedio subió hasta 9.42 dólares en 2015 para después ir disminuyendo paulatinamente hasta llegar al año 2018 con un precio promedio de 7.20 dólares. Esta baja en el precio promedio no se ha traducido en precios más bajos para el consumidor final.
  9. Diversos análisis muestran que una disminución adicional de la tasa arancelaria de entre 5 y 10 puntos porcentuales resultará en un mayor daño a la producción nacional de calzado. Esta afirmación queda clara al ver que en el promedio de los primeros nueve meses de 2018 el precio promedio del calzado hecho en México es de 11.65 dólares, mientras que el originario de China tiene uno de 7.20 dólares, es decir, es un 38.7% más bajo. China sin duda sería el principal beneficiario de una disminución de aranceles por parte de México.
  10. El aumento en la participación de las importaciones en el mercado nacional se debe en buena medida a la reducción en el precio relativo de estas importaciones respecto del precio del calzado nacional. El deterioro en la participación de la producción nacional en el CNA se debe a que resulta más barato comprar mercancías importadas con relación a las mercancías nacionales. Una disminución de los aranceles sólo agravará este problema sin traducirse en beneficios concretos para los consumidores.
  11. La pérdida de mercado descrita se traduce en una pérdida de empleos en la industria nacional de calzado. Podemos afirmar que la reducción de aranceles genera una transferencia de empleos de México hacia el extranjero.
  12. La baja de aranceles a la importación no se traduce en una disminución en los precios de venta para el consumidor, sino que se convierte en un mayor margen de rentabilidad para el importador y comercializador. Para el caso de calzado tenemos que en los primeros nueve meses de 2018, el precio promedio del calzado importado es de 11.48 dólares por par y el que tiene origen China tiene un precio de 7.20 dólares por par. Sin embargo, de acuerdo con información del Estudio de Consumo de Calzado 2018 elaborado por CICEG vemos que el precio promedio en aparador del calzado importado vendido en México es de 1,118 pesos por par.
  13. Se debe destacar que la industria nacional de la moda tiene capacidad libremente disponible para atender al mercado nacional actual y un potencial crecimiento futuro, así como para atender la parte del mercado que actualmente atienden las importaciones de los sectores textil, confección y calzado.
  14. En cuanto a los sueldos pagados en los diferentes países. Tenemos que para el sector calzado mientras que en México en 2018 se pagan 2.96 dólares por hora, vemos el caso de China se paga un salario por hora se 2.58 dólares, mientras que en Vietnam es de 1.66 dólares e Indonesia uno de 2.28 dólares.
  15. En el sentido teórico, los aranceles son un mecanismo que le permite a los países compensar las diferencias con otras naciones, cuando las otras gozan de menores costos de producción o en general, un menor costo país. En el caso de la mano de obra, vemos que en China es 12.83% más barata, que la de Vietnam es 43.92% menor y la de Indonesia es 22.97% más económica en comparación con la que registra el sector calzado en México.
  16. Diversos análisis demuestran que la pérdida fiscal de recaudación por dejar de cobrar el Impuesto General de Importación (IGI) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA) al sector calzado será aproximadamente de 1,300 millones de pesos al año. Estos recursos representan una transferencia neta de dinero del fisco federal a los importadores, no a los consumidores.

Resultado y conclusión

Queda claro que no es un tema de proteccionismo, y que no obstante todos los argumentos, además de contar con el apoyo de funcionarios de la Oficina de la Presidencia de la República y de la SHCP, a la Secretaría de Economía no le importó, y no publicó en necesario decreto presidencial. De esta manera a partir del 31 de enero los aranceles máximos cobrados a la importación de calzado es del 20%.

Es innegable que la industria nacional del calzado sufrirá las consecuencias de tener un costo-país más elevado que China, Vietnam e Indonesia. Es por ello que ahora se hace indispensable contar con apoyos en diversos sentidos: 1. Para la elaboración e implementación de un plan de transformación de la industria en temas como internacionalización, innovación y eficiencia; 2. Elaboración de un caso de remedio comercial ante el eventual daño que el incremento de las importaciones causará en la planta productiva nacional; 3. Capacitación y desarrollo de las empresas del sector; 4. Financiamiento a tasas competitivas; y 5. Redoblar la lucha contra el contrabando y la subvaluación que realizan algunos  importadores nacionales en perjuicio de la planta productiva y el fisco federal. Esta agenda de cinco puntos es la que habremos de impulsar a lo largo de 2019.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

¿Ahora si habrá una política industrial para contener a Asia y China?

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El cambio de gobierno en el ámbito federal abre la posibilidad a implementar una verdadera política industrial

Con la llegada del nuevo gobierno federal se da la oportunidad de implementar una verdadera política industrial que se traduzca en una mayor tasa de crecimiento económico, creación de empleos y mejora en los niveles salariales de la población ocupada. Sin duda ahora es el momento de dejar atrás paradigmas como la creencia de que “la mejor política industrial es aquella que no existe”, la cual por cierto es atribuida al exsecretario de Comercio y Fomento Industrial en el sexenio de Carlos Salinas, Jaime Serra Puche.

Es momento de reconocer que el libre mercado y la apertura comercial a ultranza, por si solos, no solucionarán los enormes retos que presenta nuestro país en materia social y económica. Se debe admitir que durante años hemos vivido sin una política industrial en México y que indebidamente se pensó que la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sería la panacea para el desarrollo económico. Sin embargo, al cabo de 25 años desde que entró en funcionamiento, vemos que si somos mejores en diversas variables, entre la que destaca que la calidad de los productos hechos en México es cada vez mayor, pero al final del día seguimos siendo un país con una tasa mediocre de crecimiento, donde abundan los pobres, hay una amplísima incidencia de la economía informal y bajos niveles de productividad en múltiples sectores económicos.

De acuerdo con el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), encabezado por mi amigo, el Dr. Jose Luis de la Cruz Gallegos, la evidencia muestra que en los últimos 25 años el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) no supera el 2.5% anual y que el 23% del PIB es generado por la economía informal. Tenemos un mercado laboral predominantemente informal, donde el 57% de la población ocupada se encuentra en dicha situación. Resulta alarmante que a mediados del año pasado, de una PEA de 56 millones de personas, menos de 450 mil mexicanos ganaban más de 10 salarios mínimos (lo que en aquel entonces equivalía a 27 mil pesos al mes).

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La precarización económica es producto de la ausencia de una política industrial en México y el aperturismo económico.

Estoy convencido que gran parte de este resultado se debe a que en buena medida, la apuesta de los gobiernos federales en turno, desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto, fue la de forzar a las empresas a hacerse más competitivas simplemente abriendo la frontera a la importación (algo así como “hágase la competitividad sobre los bueyes de mi compadre”). El problema es que el costo país de México no ha disminuido al ritmo que si ha bajado para muchos de nuestros principales socios comerciales, lo que nos ha restado competitividad y la pérdida del mercado interno. En sectores como el calzado las importaciones ya dominan aproximadamente el 32% del Consumo Nacional Aparente.

Y lo que es peor, esto impidió que pudieran aumentar los sueldos pagados a la mano de obra mexicana. ¿Cómo esperaba el gobierno federal que subieran los niveles de ingreso promedio de la población si tienes una frontera abierta y estás compitiendo con productos 30 o 50% más baratos que los producidos en México? La respuesta a esta pregunta nada tiene que ver con un llamado al proteccionismo.

Desde luego que la apuesta debió haber sido apostarle al crecimiento de la productividad. El problema es que al implementar una serie de políticas neoliberales, el gobierno abandonó a la planta productiva nacional para que saliera adelante por si sola o con muy escasos apoyos. El resultado fue el cierre de empresas, carestía en los ingresos de la población, la venta de muchas grandes empresas nacionales a corporativos extranjeros y un universo de micro, pequeñas y medianas empresas que hacen todo lo posible para sobrevivir. La excesiva competencia ha provocado que los márgenes de rentabilidad de la mayoría de las mipymes hayan disminuido al grado en que es casi imposible reinvertir y crecer, y de manera paralela el crédito en México sigue siendo mucho más caro que lo que le cuesta a nuestros competidores de otros países.

Es así que la política implementada de abrir los mercados mexicanos para obligar a las empresas a sobrevivir a como dé lugar, imposibilitó que las empresas pudieran mejorar los sueldos de la población ocupada, manteniendo así un mercado interno débil; y entonces para tratar de mejorar los niveles de vida de la población al gobierno federal en turno incentivo la importación masiva de productos baratos (sobre todo de naciones asiáticas) para que la población los pudiera comprar, lo que a su vez desplazaba la producción nacional, ocasionaba el cierre de empresas, despido de personal, bajos salarios, y otros tantos problemas. Para resumir todo este escenario, la falta de una política industrial, creó y reforzó diversos círculos viciosos que tuvieron como resultado las cosas que señalo en el tercer párrafo de esta reflexión.

Sin duda todo esto debe cambiar y una pieza fundamental es implementar una verdadera política industrial que quede plasmada en el Plan Nacional de Desarrollo 2019 – 2024. En materia de política industrial deben incorporarse diversos elementos como el financiamiento, el encadenamiento productivo, la mejora tecnológica, compras de gobierno, entre otros. En esta entrega quiero abordar un punto que me parece que es crucial y tiene que ver con nuestra relación comercial con las naciones asiáticas, en especial con China.

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Durante los primeros once meses de 2018 (dato más reciente disponible al momento de escribir estas líneas) las exportaciones totales mexicanas sumaron 413.042 miles de millones de dólares (mmdd), cifra 10.6% superior a la observada en los mismos meses de 2017. Por su parte, en los primeros once meses de 2018, las importaciones totales de México sumaron 428.583 mmdd, monto superior en 11.5% al observado en los mismos meses de 2017. De esta manera, vemos un fuerte deterioro en la balanza comercial del país en el periodo antes señalado, ya que pasamos de tener un déficit en la balanza comercial de -10.965 mmdd en los primeros once meses de 2017 a uno de -15.540 mmdd en los mismos meses de 2018, lo que implica un incremento del desequilibrio comercial mexicano de 41.7%.

Podrá haber quien diga que es un déficit manejable y que no hay de qué preocuparnos. Pero la realidad es que este es el mayor déficit en la balanza comercial de México para un periodo de los primeros once meses del año, desde que se tiene registro. El déficit de la balanza comercial de México en 2008 fue de -15.191 mmdd y en los primeros once meses de 1994 fue de -15.276 mmdd. So es necesario decir que el déficit de la balanza comercial de 2018 es similar a los que se tuvieron previo a las crisis económicas de 1995 y 2009.

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Comercio con Asia y China

¿A qué se debe el incremento en el déficit comercial de México? Una de las variables que lo explican es el crónico desequilibrio comercial con las naciones asiáticas, en especial con China, tal y como se explica a continuación.

Para ilustrar el problema tenemos que en el año 2000 (previo a la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio –OMC-) el déficit comercial de México con las naciones asiáticas fue de -18.113 mmdd y con China fue de -2.676 mmdd. Para el año 2012 el déficit comercial de México con Asia fue de -96.388 mmdd y con China sumó -51.215 mmdd. En el año 2017 (último año para el que se tienen cifras completas al momento de escribir estas líneas) el déficit comercial con las naciones asiáticas fue de -124.207 mmdd y con China sumó -67.433 mmdd. Queda claro que en el periodo de 2000 a 2017 el déficit comercial con las naciones asiáticas creció en 585.7%, mientras que el desequilibrio comercial con China aumentó en 2,419.9%.

Ahora, en el comparativo de los primeros once meses de 2018 respecto a los mismos meses de 2017, vemos que la situación siguió deteriorándose. Esto porque como ya se señaló líneas arriba, nuestro déficit comercial total subió de -10.965 mmdd a -15.541 mmdd, lo que implica un aumento de 41.7%. Nuestro déficit comercial con la suma de las naciones asiáticas subió de -114.324 mmdd a -125.368 mmdd, lo que representa un aumento de 9.7%, mientras que el déficit comercial con China creció de -61.682 mmdd a -70.091 mmdd, lo que implica un incremento de 13.6%. Queda claro que es un problema crónico y que debe atenderse.

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Resulta evidente también que las reuniones que en su momento sostuvo el presidente Peña Nieto con su homólogo chino Xi Jinping, quedaron en buenas intenciones y que las empresas chinas siguen depredando los mercados nacionales. No obstante lo anterior y la erosión a la planta productiva de diversos sectores económicos, hay quienes ensalzan a los chinos e inclusive se atreven a proponer que negociemos un tratado de libre comercio con dicha nación (inclusive desconociendo la cláusula anti-china del T-MEC).

A manera de conclusión sólo quiero dejar en claro que no soy proteccionistas ni estoy en contra del libre mercado. Creo profundamente en los beneficios que nos genera el intercambio comercial, pero éste debe darse de manera ordenada, buscando expandir nuestras oportunidades de compra, y con el debido acompañamiento de una política industrial que impulse la competitividad de las empresas y de la mano de obra que en ellas labora. La relación comercial con Asia y, en particular China, debe ser motivo de una profunda reflexión, y no se ocurrencias. La Secretaría de Economía debería realizar foros de discusión al respecto y evitar que al cierre del sexenio del presidente López Obrador, China se haya terminado de quedar con lo que quedaba del mercado nacional atendido por empresas mexicanas.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

México y los riesgos para la economía mundial en 2019

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Las exportaciones mexicanas se verán afectadas ante una desaceleración de la economía mundial.

Más allá de las complicaciones en la agenda económica y política interna de México, hay una serie de amenazas a nivel mundial que de concretarse, podrían hacer que la tasa de crecimiento económico de México en este año sea aún más baja de la ya de por si insuficiente meta de 2.0% para el Producto Interno Bruto (PIB). Lo que sucede en el resto del mundo es un verdadero riesgo porque el desempeño del sector exportador mexicano depende del dinamismo económico global, y las exportaciones de nuestro país representan un porcentaje cada vez más alto del PIB llegando a representar el 37.4% en 2018.

De los aproximadamente 450 mil millones de dólares que México exportó en 2018, el 79.4% tuvo como destino los Estados Unidos, por lo que resulta obvia la dependencia de nuestra economía respecto a la evolución económica de nuestro vecino del norte.

Hay un viejo adagio que dice más o menos así: “Lo que te perjudica no es lo que crees que sabes, sino lo que das por un hecho y no es así”.  En los próximos dos años, los mayores riesgos para la economía mundial se derivan precisamente de que los inversionistas creen que las tendencias económicas recientes es poco probable que cambien. Los mayores riesgos incluyen una mayor desaceleración de la economía china, un aumento en las tasas de interés de largo plazo a nivel mundial, y un incremento en las políticas económicas populistas que mermen la credibilidad de la independencia de los bancos centrales, resultando en mayores tasas de interés en los bonos gubernamentales (concebidos como instrumentos 100% seguros) de economías avanzadas. A continuación se explican estos temas.

Razones por las que la economía mundial se dirige a una recesión en 2019

En un artículo del columnista de Reuters, John Kemp, publicado el pasado 18 de enero se menciona que el crecimiento global se está desacelerando y la economía mundial se aproxima a una recesión a menos de que algo suceda que le dé un nuevo impulso. El indicador líder compuesto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) cayó a 99.3 puntos en noviembre, su menor nivel desde octubre de 2012, y por debajo de su pico de 100.5 puntos alcanzado a finales de 2017.  Este indicador se ha venido debilitando de manera consistente durante el último año y ahora se dirige (de manera indiscutible) hacía una contracción de la actividad económica.

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China, pone presión adicional al gigante asiático que se ha visto afectado al cambiar su modelo de crecimiento.

La inercia de crecimiento ha ido en declive por algún tiempo en Gran Bretaña, Canadá, Francia e Italia y se han presentado indicios de problemas en los Estados Unidos y Alemania durante el pasado noviembre. El dato de diciembre del indicador compuesto de la OCDE probablemente registrará una mayor caída cuando sea publicado el mes que entra, dada la debilidad ya revelada en los mercados de renta variable, así como en las encuestas empresariales.

Durante los últimos 50 años, prácticamente todas las veces en que el índice ha disminuido por debajo del umbral de 99.3, ha habido una recesión en los Estados Unidos (1970, 1974, 1980, 1981, 1990, 2001 y 2008). La única excepción fue cuando el índice se debilitó en 1998 y la economía estadounidense siguió creciendo, a pesar de una economía mundial debilitada después de la crisis financiera de los Tigres Asiáticos (mejor conocida como “Efecto Dragón”).

La mayoría de las economías, fuera de los Estados Unidos, mostraron señales claras de desaceleración económica en el cuarto trimestre de 2018. Inclusive en los Estados Unidos, el índice manufacturero de Supply Management correspondiente a diciembre, mostró su mayor desaceleración en su tasa de crecimiento desde las recesiones de 2008 y 2001.  Por su parte, los volúmenes mundiales de comercio han mostrado señales de desaceleración hacía finales de 2018, después de un robusto 2017.

Cabe señalar que los fletes aéreos a través del Aeropuerto Internacional de Hong Kong, el centro de carga aérea más importante del mundo y un proxy del dinamismo del comercio mundial, registraron  una disminución anualizada de 1.6% en el cuarto trimestre de 2018.

La mayoría de los economistas ahora pronostican un periodo de menor crecimiento en 2019 pero los responsables políticos han expresado su esperanza de un aterrizaje suave en lugar del inicio de una recesión. Los políticos casi siempre buscan con sus declaraciones lograr aterrizajes suaves, esforzándose en mantener la confianza de negocios y empresarios, pero hay buenas razones para ser escépticos respecto a este escenario.

La experiencia muestra que la economía está caracterizada por una cantidad relevante de mecanismos de retroalimentación positiva que amplifican los episodios expansivos, así como los baches. Las expansiones tienden a acelerar la inversión privada, el empleo, los ingresos, el gasto del consumidor y los precios de las acciones y todos ellos se refuerzan mutuamente.  Una vez que la economía comienza a perder impulso, todos estos elementos tienden a interactuar entre sí en la dirección opuesta, lo que intensifica la desaceleración.

Un aterrizaje suave aun es posible, pero un aterrizaje duro es más probable, a menos de que algo suceda que le dé un nuevo impulso al crecimiento económico global. En este sentido, si los políticos quieren evitar una recesión, tienen dos opciones principales: a. Recortar las tasas de interés en los Estados Unidos para soltar un poco las condiciones financieras, y b. Concluir un acuerdo comercial entre China y los Estados Unidos para relajar las tensiones comerciales e impulsar la confianza empresarial.

Pero a menos de que los políticos intervengan con alguna de estas dos alternativas, el impulso de la economía mundial continuará menguándose y dirigiéndose hacía una recesión.

Los mayores riesgos económicos del 2019

En el mismo sentido de lo hasta ahora expresado, de acuerdo con Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, este año existen importantes riesgos para la economía mundial. A continuación presento dos de ellos porque tendrían un impacto en la economía mexicana:

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El mundo ya no aguanta una mayor expansión exportadora por parte de China.

China. Una desaceleración económica significativa en China puede que ya esté en proceso de ocurrir. La guerra comercial del presidente Trump ha socavado la confianza, pero este es sólo un golpe más a una economía que ya se estaba desacelerando conforme transitaba de una estrategia de crecimiento guiada por las exportaciones a una dirigida por la inversión que lleve a un crecimiento sostenido del consumo interno. ¿Qué tanto se desacelerará la economía china? Esta es una pregunta abierta, pero dada la contradicción inherente entre un sistema político cada vez más centralizado y la necesidad de un sistema económico más descentralizado dirigido por el consumo, es previsible que la desaceleración económica de largo plazo sea muy significativa.

Desafortunadamente, la opción de evitar la transición y sólo continuar promoviendo las exportaciones y las inversiones en bienes raíces no es muy atractiva tampoco. China ya es el exportador mundial dominante, y ya no queda espacio de mercado ni tolerancia política que le permita continuar su expansión de exportaciones a los mismos niveles de crecimiento de antes. El mantener el crecimiento a través de la inversión es un reto aún más grande, particularmente en los bienes raíces residenciales que representa la mayor parte de la industria de la construcción de China. La presión hacía abajo en los precios, especialmente fuera de las ciudades más grandes, está provocando que sea cada vez más difícil el inducir a las familias a que inviertan una mayor parte de su riqueza en una vivienda.

Resulta obvio que cualquier recesión significativa en China le pegará al resto de Asia, y afectará de manera importante a los países exportadores de materias primas y commodities, que en su mayoría son países en desarrollo. Europa ya está sintiendo los efectos de esta situación, especialmente Alemania. Aunque los Estados Unidos son menos dependientes de China como destino para sus  exportaciones, el golpe que han sufrido sus mercados financieros (Dow Jones, NYSE, etc) y las exportaciones políticamente sensibles, especialmente de los estados que votaron por Donald Trump, podrían hacer que la desaceleración de China sea mucho más dolorosa de lo que los líderes estadounidenses quieren reconocer.

Alza en las tasas de interés de largo plazo. Un riesgo menos probable pero más severo en su impacto sería que después de varios años de una tendencia a la baja, las tasas de interés mundiales de instrumentos de largo plazo observaran una tendencia contraria y aumentarán significativamente. No se trata de un simple apretón monetario por parte del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) en 2019. Si, es verdad que tasas de interés más altas por parte de la FED sería problemático y trastocaría los flujos internacionales de capitales y tipos de cambio, pero esto tendría un efecto de corto plazo y se podría revertir con el tiempo. La verdadera preocupación es por el riesgo de un impacto en las tasas de interés de los bonos de muy largo plazo, las cuales están ahora en su nivel más bajo de la era moderna.

¿Qué podría generar que las tasas de interés de largo plazo aumenten? Un factor, por el lado benigno, sería un aumento en la productividad en sólo una parte de mundo. Un ejemplo sería que la Cuarta Revolución Industrial comenzará a impactar más rápido de lo que se anticipa, lo cual sería bueno para la economía en su conjunto, pero podría presionar ciertas regiones y grupos que se queden rezagados. Otro ejemplo menos benigno sería que ocurriera una caída pronunciada en el crecimiento económico en Asia que hiciera que esta región perdiera su superávit comercial para convertirlo en un déficit, presionando así las tasas de interés globales. Pero tal vez la causa más probable de mayores tasas de interés globales sea la expansión del populismo que está sucediendo en buena parte del mundo. En la medida en que los populistas echen abajo las políticas pro-globalización de las últimas décadas, sus acciones sembraran las semillas de la duda respecto a que tan “seguras” son las inversiones en la deuda pública de largo plazo de los países desarrollados. Esto podría elevar las primas de riesgo de las tasas de interés, y si los gobiernos son lentos en ajustarse, los déficits fiscales aumentarán, los mercados dudarán aún más de los gobiernos y se generaría un círculo vicioso.

La mayoría de los economistas están de acuerdo en que con las actuales tasas de interés de largo plazo, las economías desarrolladas pueden contratar más deuda pública de la que contratarían si las tasas fueran más altas; pero la noción de que las bajas tasas de interés implican un costo menor y tolerable es una tontería. Los altos niveles de deuda hacen que sea más difícil para los gobiernos el responder agresivamente a shocks, tales como una crisis financiera, una ciberguerra, una pandemia o una guerra comercial que se salga de proporción. La falta de capacidad para responder agresivamente a estos shocks aumenta sustancialmente el riesgo de largo plazo de estancamiento con inflación (estagflación), y es una explicación importante del porque muchos estudios serios han encontrado que los altos niveles de deuda están asociados a menores tasas de crecimiento en el largo plazo.

Si las políticas progresivas descansan demasiado en la deuda pública (en lugar de cobrar mayores impuestos a los que más tienen) para redistribuir el ingreso, es más fácil imaginar que los mercados tendrán dudas respecto a la posibilidad de que los gobiernos algún día puedan comenzar a repagar sus compromisos.

Desde luego que hay otros  riesgos para el crecimiento mundial, incluyendo el creciente caos político en los Estados Unidos, mayores complicaciones con el Brexit, los problemas de deuda de Italia y mayores tensiones geopolíticas.

Ante estos escenarios, con alta probabilidad de materializarse, es importante que el gobierno federal establezca un plan que disminuya nuestra dependencia de los mercados extranjeros, en especial del estadounidense. ¿Cómo se va a fortalecer el mercado interno? ¿Cuáles serán los apoyos para que las empresas aumenten su productividad? ¿Cómo vamos a tener una mano de obra mejor preparada y capacitada? ¿Cuál es el plan de política industrial que se implementará? Urgen las respuestas a estas preguntas porque el escenario global se deteriora de manera acelerada.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt