La desgracia nacional en materia de empleo

Resulta sencillo hablar de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -8.5% en 2020, como que no nos imaginamos lo que esto representa para la vida de millones de personas. Durante el año que acaba de concluir y en el arranque de este 2021, miles de empresarios (y no me refiero sólo a los que usan traje), se vieron forzados a cerrar su centro de trabajo o fábrica, a despedir a buena parte de sus colaboradores o recortar salarios. Estas medidas han tenido una fuerte repercusión en el nivel de vida de miles de personas que dependen de las fuentes de ingreso generadas por los empresarios. De verdad que es necesario ponerle un rostro humano a este asunto para entender el tamaño de la desgracia económica por la que estamos transitando. El problema no se limita a grandes empresas, de hecho es mayor en las microempresas, tanto del sector formal como informal. En esta entrega hacemos un recuento de los indicadores laborales al cierre de 2020 y arranque de 2021.

Empleo en el IMSS

Comenzamos haciendo una valoración de lo que ha sucedido con el empleo formal, medido a través de las estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). De acuerdo con el IMSS, en el comparativo de enero de 2020 al mismo mes de 2021, el número de trabajadores asegurados a nivel nacional pasó de 20.490 millones a 19.821 millones, lo que implica una disminución de casi 669 mil empleos formales, equivalentes a una caída de -3.3%. Esta es una ligera mejora respecto de la disminución anualizada de -4.4% observada en julio de 2020, aunque sin duda sigue siendo preocupante.

Al analizar la evolución de cada una de las ramas de actividad, tenemos lo siguiente (las actividades se encuentran ordenadas de peor a mejor desempeño, se indica en paréntesis la variación porcentual en el número de trabajadores registrados): Servicios para Empresas, Personas y El Hogar (-9.9%); Industria de  la Construcción (-6.0%); Industrias Extractivas (-5.4%); Comercio (-2.4%); Industria Eléctrica y Captación y Suministro de  Agua Potable (-0.5%); Transportes y Comunicaciones (-0.1%); Industrias de la Transformación (+0.1%); Servicios Sociales y Comunales (+0.3%); y Agricultura, Ganadería, Silvicultura, Pesca y Caza (+0.7%).

Ahora, en cuanto a la variación en números absolutos, queda clara la terrible crisis por la que pasa el sector servicios (restaurantes y hoteles principalmente), que perdió en el periodo en cuestión 478,068 empleos; mientras que en el comercio al por mayor y por menor la caída fue de 98,427 empleos formales. La buena noticia es que ha comenzado la recuperación de la industria manufacturera, misma que incrementó su número de puestos de trabajo en 3,254; mientras que las actividades primarias continúan con su buena racha con un incremento de 5,203 empleos formales.

Si analizamos el desempeño del empleo registrado en el IMSS en el periodo de enero de 2020 al mismo mes de 2021, pero por entidad federativa, tenemos que siguen siendo tres las que presentan incremento (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Baja California (+3.0%), Tabasco (+2.4%) y Chihuahua (+1.4%). Cabe señalar que el número de empleos formales creados por estos tres estados sumó 44,815.  Si ahora analizamos los cinco estados con las mayores disminuciones porcentuales en su número de trabajadores registrados en el IMSS, vemos lo siguiente (en paréntesis se indica el porcentaje de disminución): Distrito Federal (-6.3%), Puebla (-6.6%), Guerrero (-7.7%), Baja California Sur (-9.1%) y Quintana Roo (-23.2%). Cabe señalar que estas cinco entidades perdieron juntas 395,778 empleos formales en el periodo mencionado.

Es evidente que de los tres estados de buen desempeño, dos son norteños con vocación exportadora y el otro pues es la tierra del presidente Andrés Manuel López Obrador. Por su parte, los estados de peor desempeño en empleo formal son los que tienen una vocación turística, y los otros dos tuvieron cerrada buena parte de su actividad económica en el mes de enero de este año.

Indicadores de INEGI

En relación a los indicadores de empleo y desempleo que recién dio a conocer el INEGI y que corresponden al cuarto trimestre de 2020, a continuación se presentan los datos más relevantes obtenidos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del cuarto trimestre de 2020.

La ENOEN en el cuarto trimestre de 2020 reportó una disminución de -1.7 millones de personas en la Población  Económicamente Activa (PEA), lo que se traduce en que la Tasa de Participación Económica sea de 57.5% respecto a la población de 15 años y más- Esta tasa es 2.9 puntos porcentuales inferior a la de mismo trimestre de 2019 y denota que derivado de la pandemia y de la crisis económica, aún hay casi dos millones de personas que no se han reintegrado a la fuerza laboral (ya sea porque tengan miedo de contagiarse o porque de plano piensan que no van a conseguir trabajo). Esta es una cantidad enorme, válgame la comparación, es como si comentáramos que en una súper fábrica retiraron de la planta 1.7 millones de máquinas.

En línea con lo anterior, tenemos que en el periodo de octubre a diciembre de 2020, la población ocupada resultó en 53.3 millones de personas, cantidad inferior en -2.4 millones de personas comparada con la observada en el cuarto trimestre de 2019. Es preocupante que la disminución en la población ocupada sea más pronunciada en las mujeres. Las cifras oficiales indican que la población ocupada de hombres fue de 32.6 millones, cifra menor en -1 millón, mientras que la población ocupada de mujeres fue de 20.7  millones, cifra 1.3 millones menor a la observada en el cuarto trimestre de 2019.

En cuanto a la población que se encuentra sin trabajar, que estaba disponible y estuvo buscando trabajo en el último mes (personas en una situación de desempleo), fue de 4.6% de la PEA en el cuarto trimestre de 2020, porcentaje mayor al 3.4% observado en el cuarto trimestre de 2019. Esto implica que en términos absolutos, la población desocupada fue de 2.5 millones de personas al cierre de 2020, cantidad superior en 607 mil personas al observado en el cuarto trimestre de 2019.

La estructura sectorial de la ocupación reporta que las actividades terciarias (comercio y servicios), tuvieron una participación del 61.9% de la población ocupada en en el cuarto trimestre de 2020; sin embargo, registran una disminución en términos absolutos de -1.7 millones de personas respecto al cuarto trimestre de 2019. El sector de restaurantes y servicios de alojamiento presentó una disminución de -769 mil ocupados y los servicios diversos de -489 mil personas ocupadas. Esto es reflejo de la severa crisis que enfrentan estas actividades.

En la ocupación por tamaño de la unidad económica, vemos que el número de personas que laboran en micronegocios tuvieron una disminución de -914 mil con lo que reportaron la pérdida de ocupación más alta, específicamente en unidades económicas con establecimiento, en donde la disminución fue de -474 mil ocupados entre el cuarto trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2020. Esta cifra es relevante porque demuestra que esta crisis económica ha afectado más a las microempresas que a las grandes empresas, por lo que es evidente que el haber negado apoyos a la planta empresarial definitivamente afectó más a los más vulnerables.

Otro problema es que el fenómeno del subempleo ha aumentad de manera dramática. Las cifras del INEGI muestran que las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les demanda (población subocupada), pasaron de 4.3 millones en el cuarto trimestre de 2019 a 8.1 millones en el último trimestre de 2020, con un aumento de 3.8 millones de personas.

Cabe señalar que esta crisis económica ha afectado tanto a la economía formal como a la informal. Los indicadores muestran que la población ocupada informal, que comprende tanto a los ocupados que son laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan, como aquellos cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo, en el cuarto trimestre de 2020 fue de 29.6 millones, esta cifra es 1.7 millones de personas menor a la observada en igual trimestre de 2019. Es importante aclarar que la disminución en la población  ocupada en la economía informal no indica que ésta se haya reducido porque hay más oportunidades en la economía formal, sino que es producto de que muchas unidades económicas informales cerraron sus operaciones.

Llama mucho la atención  que la tasa de informalidad en las localidades rurales fue de 78.2% en el cuarto trimestre de 2020, mientras que en las localidades más urbanizadas fue de 42.8 por ciento. Además, no es de extrañarse que en Oaxaca el porcentaje de población ocupada en la informalidad es del 78.5%, en Guerrero del 77.3%, mientras que en Chiapas asciende a 76.4%. Por su parte, en Nuevo León fue considerablemente más baja son un 35.6% de la población ocupada, en Coahuila de 36.7% y en Chihuahua de 37.3%.

De la mano de lo anterior, tenemos que en cuanto a las tasas de condiciones críticas de ocupación en materia de ingresos y horas trabajadas, en Chiapas el 44.4% de la población ocupada está en esta condición, en Tlaxcala es del 33% y en Puebla del 28.9%. En contraste, en Nuevo León el porcentaje de población ocupada en condiciones críticas en el cuarto trimestre de 2020 fue del 10.9%, en Sinaloa fue el 11.8%, mientras que Jalisco y Querétaro observaron tasas del 12.9% cada una.

Conclusiones

Resulta evidente que cuando hablamos de una caída del PIB  de -8.5% en 2020, la cifra viene acompañada de miles de desgracias en materia de empleo. Es lamentable que ante esta situación el gobierno federal no hay lanzado programas de apoyo y haya dejado a la mayoría de las empresas a merced de la debilidad del mercado.

La expectativa es que en 2021 haya una recuperación de la economía con un repunte del PIB de entre un 3.2 y un 4.2%. Esto sin duda ayudará a recuperar muchos de los empleos perdidos (sobre todo en la economía informal) y a que mucha de la gente que se retiró voluntariamente del mercado laboral regrese. Sin embargo, la recuperación  plena de la fuerza de trabajo, con todas sus horas-hombre involucradas, será un  proceso lento que nos llevará al menos cuatro años más. Y es que no sólo se deben recuperar los empleos perdidos y las jornadas completas, sino que además, habrá que generar las fuentes de trabajo para todas aquellas personas que se estarán incorporando al mercado laboral. La labor es titánica, y lamentablemente no hay políticas públicas que faciliten este proceso.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*  

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Cómo las ideas económicas han dado forma al mundo actual

La filosofía económica es la ciencia que estudia la toma de decisiones y opera en nuestra vida diaria, nos demos cuenta o no. Vivimos en un mundo de recursos finitos de manera que la economía nos ayuda a determinar cómo es que se deben utilizar los recursos limitados para satisfacer la lista interminable de deseos y necesidades de la humanidad. Este es el dilema económico y es por ello que la definición más simple de lo que es la economía es que es la ciencia de la escasez.

Los economistas estudian y analizan las relaciones entre los recursos (materiales y trabajo) y la producción, distribución y consumo de los bienes y productos resultantes. En un mundo ideal la búsqueda es la maximización de la satisfacción, de las ganancias, de la producción, del empleo, entre otros.  Los economistas pueden estudiar cómo se toman estas decisiones a nivel microeconómico entre las personas y empresas involucradas en una decisión o transacción comercial, o en un nivel macroeconómico que considera a toda una ciudad, estado o país como una unidad singular.

Por ejemplo, en el ámbito de la microeconomía, un economista puede estudiar cómo la oferta y la demanda están impactando los precios en una empresa, así como sus niveles de producción y empleo generado. Por su parte, en el mundo de la macroeconomía, se estudia la forma en que el Producto Interno Bruto (PIB) se ve afectado por los cambios en los patrones de comercio internacional o cómo un shock como el Covid-19 afecta al empleo y nivel de ingresos de la población.

Aunque ambos campos operan a escalas diferentes, la microeconomía y la macroeconomía comparten en gran medida las mismas metodologías. También comparten una suposición subyacente de interés propio sobre la que descansa toda la teoría económica moderna. El economista clásico Adam Smith acuñó este término por primera vez para describir la noción de que las personas actuarán con determinación para maximizar su satisfacción, dado su tiempo, información, recursos y presupuestos limitados. Smith, también referido como un promotor de la libertad económica, partía del supuesto de que los seres humanos son buenos por naturaleza, dejándolos en libertad tomaran las decisiones que los lleven a la felicidad, y la suma de las felicidades individuales ocasionará la felicidad colectiva. Sabemos que esto no necesariamente es verdad y esto es ilustrado de una gran manera en la película Una Mente Brillante (2001), misma que trata sobre la vida del economista John Nash, en la escena en la que los jóvenes están en el bar y llega un grupo de chicas a quienes quieren sacar a bailar. Si no se ponen de acuerdo y cada uno actúa de manera individual, todos se quedarán sin bailar (Aquí el link de la escena en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=PSKQ-egVQbM).  

Como parte de esas decisiones de maximización de beneficios, las personas y empresas deben considerar los recursos con los que cuentan y su capacidad de producir bienes y servicios. Los economistas suelen clasificar estos recursos en tres tipos de factores de producción: Tierra (T, recursos naturales), Trabajo (L, tiempo, esfuerzo y habilidad) y Capital (K, las herramientas creadas por el hombre como maquinaria, equipo, herramientas, software). Estos tres desembocan en el espíritu empresarial, que los organiza a través de habilidades directivas, para generar bienes y servicios que satisfacen necesidades (de quien pueda pagar por dichos bienes y servicios) y que maximizan los beneficios del propietario de dichos factores de producción. Caso contrario ocurre en un régimen socialista, en el que el Estado decide cómo es que se deben combinar los factores de producción con el fin de producir lo que el Estado diga para quien el Estado determine. 

Con independencia del enfoque que se le quiera dar, de libre mercado o de un modelo centralmente planificado, el pensamiento económico tiene como principal preocupación resolver el problema de escasez. Esto ha ido evolucionando durante cientos de años y a continuación se presenta una línea de tiempo de algunos de los personajes más importantes y sus fechas, que ayuda a entender de manera muy sintetizada la manera en que este campo del conocimiento ha evolucionado.

850-1000 d.C. – Marca el surgimiento del sistema de organización conocido como feudalismo, que surgió en Inglaterra e implica una sociedad donde la tierra la mantienen los campesinos a cambio de que ésta sea trabajada para el señor feudal, quien en el mejor de los casos permitirá que los campesinos tengan un “ingreso” de subsistencia. Los campesinos o la clase trabajadora están protegidos por una clase militar en recompensa por su obediencia. El origen y la existencia de este sistema injusto, a menudo cruel, se debate hoy.

1500 – 1750 d.C. – Surge el mercantilismo en Europa y tiene como principal característica la búsqueda del enriquecimiento de las naciones mediante la acumulación de metales preciosos. Surge en Inglaterra y Francia, donde los autores eran mercaderes que escribían acerca de sus intereses y su relación con la política económica. Para ellos el comercio internacional debería estar regulado y las naciones sólo podrían enriquecerse si lograban un superávit comercial que se tradujera en mayores recursos para la financiación de la clase militar. Uno puede pensar que las ideas mercantilistas están sepultadas, pero vemos que quedan muchos empresarios y políticos, como Donald Trump, en los que es evidente que el mercantilismo sigue vivo.

Los mercantilistas ponían énfasis en el superávit de la balanza comercial

1750 – 1780 d.C. – Los fisiócratas, cuyo principal exponente fue Francois Quesnay, consideraban que la riqueza solo podría provenir de la agricultura (todas las demás actividades económicas son estériles), exigían la libertad económica (laissez faire laissez passer). Estaban cansados de los controles al comercio por parte de los gobernantes. Necesitaban fronteras abiertas para vender en el extranjero sus remanentes de producción agrícola y así lograr un bon prix.

Francois Quesnay, máximo expositor de los fisiócratas

1723-1790. –  Adam Smith es considerado en gran medida como el padre de la economía moderna. Fue influenciado por los fisiócratas. Su obra, mejor conocida como La Riqueza de las Naciones, incluye conceptos tan importantes como la «mano invisible», un término que describe la naturaleza autorreguladora del funcionamiento de los mercados; y la noción de que el interés propio racional en una economía de libre mercado conduce al bienestar económico. Incorpora otros elementos como la especialización y su impacto en la producción, la teoría del valor y el papel que juega el capital. 

Adam Smith, máximo exponente de los economistas clásicos y padre de la ciencia económica

1766-1843: Thomas Robert Malthus estudió poblaciones humanas y fue uno de los primeros economistas en explorar la relación entre el crecimiento de la población y la inflación. Fue un pesimista que argumentaba que la sociedad, producto del crecimiento poblacional a una tasa superior a la de los medios de subsistencia, estaba destinada a caer en una trampa de miseria. Es considerado el primer promotor serio del control del crecimiento poblacional, pero a través de la moralidad. Otras de sus principales contribuciones incluyen su trabajo sobre la relación entre el suministro de alimentos y las poblaciones, y la teoría de la renta económica.

Thomas Malthus, el primer gran promotor del control del crecimiento poblacional

1748-1832 – Jeremy Bentham fue un economista británico que hoy se asocia a menudo con la doctrina del utilitarismo (la búsqueda de la mayor utilidad en el sentido de lo que resulta útil). Muy adelantado a su tiempo, abogó por el sufragio universal y es considerado un precursor de la economía del bienestar.

Jeremy Bentham, padre de la doctrina utilitarista

1772-1823 – David Ricardo se inspiró en La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, a la edad de 37 años, pasó a proponer la Teoría del Valor Trabajo, que sostiene que el trabajo es el único factor que debería determinar el valor de una mercancía. Esto se opone a la teoría de la demanda (análisis marginal de la utilidad del consumidor), que es la columna vertebral del capitalismo. Ricardo hizo grandes aportaciones al comercio exterior con su Teoría de la Ventaja Comparativa, que muestra como dos naciones que comercian dos bienes, pueden comerciar y ganar las dos, aunque una de ellas sea mejor que la otra en la producción de ambos bienes.

David Ricardo tuvo una gran aportación con la Teoría de la Ventaja Comparativa, misma que explica los patrones de comercio internacional

1806-1873 – John Stuart Mill se basó en las ideas de Smith y Ricardo cuando escribió Principios de Economía Política, que se convirtió en el principal texto económico de su época. A Mill se le atribuye la idea de una economía de libre mercado y fue un firme defensor de la creación de una economía democrática (en oposición al capitalismo).

John Stuart Mill, impulsor de la economía de mercado

1818-1883 – Karl Marx es más conocido por su defensa del socialismo y del comunismo por encima del  capitalismo, el cual denunció enérgicamente. Podría decirse que es uno de los economistas más influyentes de la historia. Marx creía que el comunismo era inevitable en el proceso de evolución que comienza con el feudalismo y pasa por el capitalismo y el socialismo. A él se le atribuyen conceptos como el de la lucha de clases y la manera como el burgués explota al proletariado al extraer de él el producto de su trabajo (la plusvalía).

Karl Marx, uno de los economistas más influyentes de la historia

1842-1924 – Alfred Marshall se centró en el estudio de la microeconomía y escribió Principios de Economía, que es uno de los libros de texto de economía más notables de todos los tiempos. Marshall propuso la idea de que la economía era una disciplina científica que requería más matemáticas y menos filosofía y retórica. Marshall es además el padre de las curvas de demanda que se enseñan en todos los libros de texto de economía, mismas que se grafican con el precio en el eje de las Ys y la cantidad en el eje de las Xs.

Marshall incorporó un fuerte uso de las matemáticas a la ciencia económica

1857-1929 – El economista estadounidense Thorstein Veblen, uno de mis favoritos, es mejor conocido por su libro La Teoría de la Clase Ociosa, y su enfoque de «economía institucional» exploró los efectos de los establecimientos sociales, como la religión, la pobreza y la afiliación política, sobre la productividad económica. Veblen parte de la categoría de ‘clase social’ para analizar la dinámica de la economía industrial estadounidense, que configuraba a una clase social alta que se dedicaba al ocio, exacerbaba su consumo y hacía gala de la ostentación.

Thorstein Veblen y su crítica al consumo conspicuo

1883-1950 – Joseph Schumpeter contribuyó con la idea de «destrucción creativa», que implica que la economía se encuentra en un estado cíclico constante de innovación-productividad y colapso. También es uno de los primeros en reconocer y presentar un concepto claro de espíritu empresarial.

Joseph Schumpeter y el heroísmo empresarial

1883-1946 – John Maynard Keynes fue uno de los economistas más revolucionarios del siglo XX. Es el padre del sistema de cuentas nacionales. Argumentaba en contra de los principios del libre mercado y afirmó que la demanda agregada, a diferencia de la flexibilidad del trabajador, desempeñaba el papel más importante en la determinación del nivel de empleo. También promovió medidas fiscales como medio para corregir depresiones y recesiones (ajustando el gasto y cobro de impuestos); los rescates recientes por parte de los gobiernos, en respuesta a la reciente crisis económica, son un ejemplo de ello.

Keynes, las cuentas nacionales, la receta para reactivar la economía y la economía Post Segunda Guerra Mundial

1899 – 1992 – Friedrich von Hayek impulsó una  economía basada en la libertad del mercado, la cual tuvo gran empuje tras el hundimiento del sistema keynesiano en los años 80 (Por el presidente Ronald Reagan y la Primer Ministro Thatcher). Las dos principales aportaciones de Hayek son su defensa de la libertad personal contra los totalitarismos y la elaboración de una teoría sobre los ciclos económicos. Para Hayek los precios, creados con la decisión libre y competitiva de millones de individuos son los únicos indicadores que pueden ayudar a los gobiernos a tomar decisiones correctas en momentos concretos en que haga falta intervenir.

Hayek, impulsor de la libertad personal y crítico de los regímenes totalitarios

1912-2006 – Milton Friedman fue un defensor de los mercados libres, y sus filosofías se convirtieron en un principio importante del movimiento conservador fiscal. Se le conoce por ser el padre de la corriente de pensamiento monetarista, misma que le atribuye muchos de los males económicos a las decisiones de los bancos centrales. Fue asesor del presidente estadounidense Richard Nixon y presidente de la Asociación Económica Estadounidense en 1967.

Milton Friedman, fundador de la escuela monetarista, en la que los males económicos son causados por las decisiones de los bancos centrales.

1908-2006 – John Kenneth Galbraith exploró el papel de las corporaciones en la economía de los Estados Unidos y criticó su influencia y la forma como reemplazan a las empresas más pequeñas en su libro American Capitalism: The Concept of Countervailing Power (Capitalismo Americano: El Concepto de Poder Compensatorio). En este sentido, él desarrolló el concepto de tecnoestructura, un término de aplicación a las organizaciones empresariales con un tamaño relevante

Galbraith y su crítica a las grandes corporaciones

Esta lista no le hace justicia a muchos otros economistas que han realizado grandes aportaciones al pensamiento económico, ya que por motivos de espacio es extremadamente breve. Lo importante es ver las aportaciones realizadas y darnos cuenta de cómo, en múltiples ocasiones, el pensamiento económico ha evolucionado como un péndulo, que va y viene, con soluciones diametralmente opuestas para el mismo problema al paso del tiempo.  Por otra parte, debe quedar claro que la evolución de la economía no se ha frenado y que por el contrario, ésta se ha acelerado al paso del tiempo. Este es un campo fascinante que sin duda seguirá desempeñando un papel importante en los negocios, el gobierno y la sociedad en todo el mundo en los años, décadas y siglos venideros.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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México y su creciente problema de deuda pública

Un tema que causa preocupación en el arranque de 2021 es el del crecimiento que ha tenido el saldo de la deuda del sector público federal. Ha quedado claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha rechazado endeudarse en aras de incentivar el crecimiento económico tras el catastrófico 2020, el cual registró una caída de -8.5% en su PIB. Sin embargo, y a pesar de su promesa de no endeudar más a México (sólo en función de la inflación), las estadísticas oficiales narran otra historia, misma que explicamos a continuación.  

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al 31 de diciembre del año 2000 el saldo nominal de la deuda total del sector público federal en México fue de 1.33 billones de pesos, para el cierre del 2006 ésta ascendió a 1.99 billones de pesos, por lo que en el sexenio de Vicente Fox dicho saldo aumentó en 660 mil millones de pesos. La deuda siguió aumentando y al concluir el año 2012 la deuda neta del sector público federal ya era de 5.35 billones de pesos, lo que implica que en el sexenio de Felipe Calderón está creció en 3.37 billones de pesos.

Con la presidencia de Enrique Peña Nieto las cosas adquirieron una nueva dimensión de manera que cuando concluyó el año 2018 el saldo de esa deuda ya era de 10.83 billones de pesos, lo que implica un crecimiento de 5.48 billones de pesos en 6 años. Esto significa que en el sexenio de Peña endeudaron a México a razón de 913 mil millones de pesos por año o algo así como 2.5 miles de millones por día, una cifra estratosférica por donde se le quiera ver.

Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue que no endeudaría más a México, ¿qué tanto se ha cumplido dicha promesa?  Según las cifras presentadas por la SHCP el saldo de la deuda neta del sector público se ubicó en 11.03 billones de pesos al cierre de 2019, lo que implica que ese año el saldo creció en 200 mil millones de pesos respecto a 2018. Esta cantidad en su momento la calificamos como “responsable” a la luz del ritmo de endeudamiento que se venía registrando en el sexenio de Peña Nieto.

Sin embargo, la historia del 2020 es distinta. El saldo al 31 de diciembre de 2020 fue de 12.13 billones de pesos, lo que implica un aumento nominal de la deuda de 1.10 billones de pesos respecto al año anterior. Esta es la cifra nominal de endeudamiento más elevada para un solo año desde 2016 e implica que el año que acaba de concluir la deuda pública consolidada del sector público federal creció en 10%.

Muchos consideran que no tiene mucho sentido hablar de cifras absolutas de la deuda si no se relacionan éstas con otros indicadores como el tamaño de la economía. En este sentido hicimos el ejercicio de relacionar el saldo de la deuda del sector público al cierre de cada año con el monto del PIB nominal del cuarto trimestre de cada año. Vemos que en el año 2000 dicho saldo de la deuda equivalía al 19.28% del PIB, para el 2006 representó el 18.11%, en el 2012 fue el 32.68% del PIB y cuando concluyó el 2018 llegó hasta el 44.4% del PIB. En 2019 bajó un poquito a 44.30%, pero en 2020 el saldo de la deuda del sector público ya se espera que represente el 49.65% del PIB (estamos en espera de que se publique el dato oficial de PIB nominal del cuarto trimestre de 2020). Sea como sea no cabe duda de que cada vez estamos más endeudados como se le quiera ver. Es verdad que estamos lejos de los niveles de endeudamiento de Estados Unidos, países europeos y Japón, donde el porcentaje de la deuda respecto al PIB llega a niveles de hasta 230%.  Sin embargo, este dato debe matizarse en función de lo que le cuesta la deuda pública a cada país (este punto lo abordaré más adelante en este texto).

Otra manera de dimensionar el tamaño de la deuda es en relación a la población. El INEGI acaba de publicar que en México hay 126 millones de personas en el 2020, lo que implica que la deuda promedio por habitante es de poco más de 96 mil pesos (incluidos bebés y personas adultos mayores). Si consideramos solo a la Población Económicamente Activa (PEA) que había en el tercer trimestre de 2020, la cual fue de 53.780 millones de personas, entonces la deuda por habitante es de poco más de 225 mil pesos. 

¿A qué se debió el fuerte incremento de la deuda del sector público en 2020? Para responder esta pregunta debemos tomar en consideración que la deuda del sector público federal tiene dos componentes: deuda interna y deuda externa. Entre 2019 y 2020 la deuda interna aumentó en 522.8 miles de millones de pesos (mmdp), cifra equivalente a un incremento nominal de 7.3%; por su parte, el saldo de la deuda externa aumentó en 17.8 miles de millones de dólares, lo que representa un incremento de 8.7%.

De diversas maneras se nos ha comunicado que gran parte del incremento de la deuda pública en 2020 se debió al incremento en el tipo de cambio, ya que pasó de un promedio de 19.118 pesos por dólar en diciembre de 2019 a 19.956 pesos por dólar en diciembre de 2020. Es decir, en el balance el dólar sólo aumentó en 0.838 pesos en dicho periodo. Si tomamos en consideración que el saldo de la deuda externa fue de 203.708 miles de millones de dólares en diciembre de 2019, entonces el alza en el precio del dólar sería responsable de un  aumento de 170.7 miles de millones de pesos en el saldo en pesos de la deuda total. De esta manera, queda claro que el sector público federal aumentó su endeudamiento en 2020 (por motivos ajenos al alza del dólar) en 931.29 mmdp.  

Este nivel de endeudamiento excede el techo de endeudamiento autorizado por el Congreso de la Unión en la Ley de Ingresos de la Federación 2020 e implica que no se ha respetado la promesa de no endeudar más al país.  

En este contexto es importante destacar que el endeudamiento de México es casi inevitable, ya que aunque se mantengan “superávits primarios”, al  considerar el pago de intereses por la deuda, terminamos con un déficit en las finanzas públicas que nos arroja que cada año estamos más y más endeudados. Para el 2020 se había presupuestado un superávit primario equivalente al 0.7% del PIB, pero evidentemente dicha meta fue abandonada y terminamos con un déficit primario y en el balance final.

El creciente saldo de la deuda del sector público es preocupante por dos razones: 1. Por el elevado costo financiero que representa, y 2. Por el deterioro en la calificación soberana de nuestra deuda. A continuación explico ambas cuestiones.

Creciente costo financiero de la deuda

El costo financiero de la deuda del sector público lo constituye el gasto por intereses que se paga por dicho endeudamiento (no incluye amortizaciones de capital). Las cifras de la SHCP indican mientras que en el año 2000 se pagaron 201.02 mmdp de intereses, para el año 2006 dicho pago se elevó a 250.07 mmdp. En el año 2012 se pagaron 305.12 mmdp y en 2018 dicha erogación por parte del sector público federal ya era de 615.04 mmdp. No obstante la baja en tasas de interés en México, en 2019 se erogaron 666.09 mmdp y en 2020 sumaron 686.09 mmdp. La cifra pudiera patrecer poco significativa, pero es relevante cuando se considera que por cada peso adicional que se destina al pago de intereses de la deuda, pues hay un peso menos para otros rubros de gasto como el de infraestructura.

Es relevante también relacionar el pago de intereses de la deuda respecto al Gasto neto del sector público presupuestario de cada año.  De acuerdo a cifras de la SHCP, el costo financiero del sector público federal representó el 7.8% del total del gasto neto del sector público presupuestario en 2012. Para el año 2018 dicho porcentaje creció hasta el 11.0% y para el 2020 éste alcanzó el 11.4% del gasto total del sector público.

Impacto en calificación de la deuda soberana

La situación de la calificación de la deuda soberana de México es un tema por demás relevante. Al día de hoy  las principales calificadoras de riesgo (Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch) le siguen otorgando a México el grado de inversión, pero en el caso de Moody´s y Standard & Poor´s la perspectiva es negativa, lo que significa que en su próxima revisión pueden degradar nuestra deuda.

Cabe señalar que si la deuda del sector público mexicano deja de tener una calificación de grado de inversión, entonces irremediablemente habría una importante fuga de divisas del país, lo que provocaría un importante alza en el tipo de cambio y una espiral inflacionaria en el país. El perder nuestro grado de inversión  echaría a la basura años de trabajo para contar con la confianza de inversionistas y fondos de capital internacionales.

Es verdad que las calificadoras de riesgo tienen como principal encomienda el valorar la capacidad de repago de la deuda de un país, y en ese sentido, México no ha incurrido en los inmensos niveles de deuda como otros países que han buscado reactivar su economía. El menor nivel de endeudamiento por parte de México es un punto a favor de nuestro país. Sin embargo, la calificadora Moody´s también ha dicho que México podría elevar su nivel de deuda sin comprometer su grado de inversión si dicho endeudamiento va dirigido a la reactivación económica.

Conclusiones

Lo que hemos visto es que a pesar de que no hubo apoyos relevantes para la reactivación económica, nuestro país incurrió en un fuerte nivel de endeudamiento del sector público federal. Se había comentado que gran parte del incremento en el saldo de la deuda había sido provocado por el incremento en el tipo de cambio, lo que revalora el saldo de la deuda externa, pero hemos visto que no fue así.

Es innegable que este año la deuda del sector público crecerá en al menos 724 mmdp, que es el costo financiero presupuestado para este año. Definitivamente la promesa de no endeuda más a México se ha incumplido. Lo más importante en este momento es convencer a las calificadoras de riesgo de que seguimos teniendo capacidad de repago y que honraremos nuestros compromisos, independientemente de lo que suceda con el cumplimiento de las metas presupuestarias de este año.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Grandes esperanzas

Se siguen publicando datos respecto al desempeño económico de las diversas naciones durante el 2020. De igual manera, diversos organismos internacionales han hecho públicos sus pronósticos respecto a lo que esperan en materia de crecimiento económico para el 2021, y a juicio de un servidor, muchos de estos pronósticos son demasiado optimistas a la luz de la forma cómo está creciendo el número de contagios de Covid-19 en el mundo, los cierres de actividad económica que se han prolongado desde diciembre de 2020, así como el muy lento despliegue de vacunas a nivel global. Hay grandes esperanzas puestas en el 2021. En este contexto, esta entrega está estructurada en dos partes: primero, analizamos el desempeño de algunos países desarrollados durante 2020, así como sus perspectivas de crecimiento 2021; en la segunda parte, abordamos lo que sucedió en México y damos cuenta de los principales pronósticos para el 2021.

Economía mundial

El pasado 28 de enero, la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA por sus siglas en inglés) dio a conocer el dato del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de dicho país en el cuarto trimestre y la totalidad del 2020. ¿Qué tan terrible fue el 2020 para nuestro vecino del norte? Esto depende de cómo lo midamos. El PIB anual cayó un -3.5% con respecto a su nivel de 2019, lo que constituye la mayor caída desde 1946, el año posterior a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. En 2020 la mayor parte de la caída del PIB estadounidense se produjo en el primer semestre, ya que el valor de la producción del cuarto trimestre bajó sólo un -2.5% respecto al año anterior.  En una nota publicada en el Wall Street Journal se hace una relación interesante de la disminución del PIB de EE.UU. con la evolución del empleo en dicho país y señala que no obstante el repunte en la actividad en la segunda mitad del 2020, las nóminas no agrícolas en el cuarto trimestre disminuyeron un -6% con respecto al año anterior. Esta divergencia sin precedentes entre la producción y el empleo refleja el impacto desproporcionado de la pandemia en los sectores intensivos en mano de obra como los restaurantes, hoteles, servicios turísticos, actividades recreativas, entre otros en los que la remuneración y la productividad son bajas.

Estados Unidos no ha sido el único país que ha reportado datos preliminares de desempeño del PIB en 2020. A comienzos de la semana que recién termina, se informó que la economía de Corea del Sur sufrió una contracción de -1.0% en 2020. Esta cifra bajo condiciones normales sería un gran fracaso, pero en 2020 es una señal de resiliencia, ya que ésta caída se espera que sea de las más pequeñas entre las principales economías mundiales. La fuerza económica relativa es evidente en Asia, donde China terminó el año con un crecimiento positivo del 2.3% y Vietnam con un 2.9%. Se espera que Taiwán registre una expansión del 1.9%. ¿Qué fue lo que hicieron estos países para tener un buen desempeño en un año tan complicado como el 2020? De acuerdo a diversos análisis, la clave estuvo en la importancia relativa de su gran industria manufacturera (a los servicios les ha ido peor que a la industria), una base de compras en línea (e-commerce) bien establecida y fuertes medidas sanitarias de respuesta a la pandemia.

Contrario a lo que sucede en Asia, el panorama ha sido mucho más complicado en Occidente. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), se espera que en 2020 el PIB de Alemania haya caído -5.5%, el de Brasil -6.0%, el de Canadá -5.4%, el de Francia -9.1%, el de Italia, -9.1%, el de Rusia -4.3% y el del Reino Unido -11.2%. El panorama para muchos de estos países no es muy alentador en el arranque de 2021 ya que el aumento de las infecciones por Covid-19, desde finales de 2020, motivó a varios gobiernos a volver a imponer restricciones a las empresas y las actividades sociales, a la par de que la aplicación de la vacuna ha sido lento. Si bien muchos fabricantes europeos han aprendido lecciones de los cierres de la primavera de 2020 y han logrado mantener las fábricas en funcionamiento en esta ocasión, los consumidores y las empresas siguen siendo cautelosos, lo que merma el gasto de consumidores y la inversión privada.

Una vez que pase lo peor en términos de contagios se pueden esperar mejores cosas. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial se está preparando para una fuerte recuperación de la pandemia en 2021. Según sus pronósticos, el PIB mundial crecerá 5.5% este año (una mejoría respecto del pronóstico de 5.2% hecho en octubre). La materialización  de esta perspectiva depende de que se aumente el ritmo de vacunación y se mejoren los tratamientos contra el Covid-19. El pronóstico supone «una amplia disponibilidad de vacunas en las economías avanzadas y algunas economías de mercados emergentes para el verano de 2021 y en la mayoría de los países para la segunda mitad de 2022».

La OCDE estima que en 2021 la economía de Alemania crecerá 2.6%, la de Brasil 3.5%, Canadá 3.5%, Estados Unidos 3.2%, Francia 6.0%, Italia 4.3%, Rusia 2.8% y el Reino Unido un 4.2%. Como se puede apreciar estas tasas de crecimiento dejarán a todos estos países con niveles de PIB por debajo de los que tenían en 2019 ya que las tasas de caída fueron mayores (en valores absolutos), además de que estas tasas de incremento parten de una base mucho más baja.

Economía de México

El INEGI recién publicó el dato de la estimación oportuna del PIB del 2020 y éste arrojó que el valor de la producción de bienes y servicios en dicho año se desplomó -8.5% (cifra idéntica a la que predijimos en nuestro editorial del 27 de septiembre). Esta cifra se suma al pésimo desempeño observado en 2019 cuando la economía mundial crecía y nosotros caímos -0.03% con cifras revisadas por INEGI. La caída económica de México en 2020 es el peor tropiezo de la economía nacional desde 1932 y hace palidecer las caídas del PIB registradas en las crisis económicas recientes (-4.5% en 1983, -3.73% en 1986, -6.25% en 1995 y -5.28% en 2009). Cabe señalar que la tasa de caída del PIB del comparativo del cuarto trimestre de 2020 respecto del mismo trimestre de 2019 fue de -4.6%, lo que indica cierta “recuperación” económica.

La falta de apoyos gubernamentales a empresas y familias, las pésimas señales enviadas que ahuyentaron la inversión privada en México provocaron que en el balance del año 2020 hayamos retrocedido a un nivel de PIB real similar al de 2015.

Los datos del desempeño del PIB mexicano en 2020 nos ubican en una situación similar a la de Italia, pero con la enorme diferencia de que aquí no hay un estado benefactor que le otorgue un seguro de desempleo a las personas que han perdido su fuente de ingresos. Tampoco contamos con una banca de desarrollo ni comercial que haya salido a prestarle a las empresas a tasas preferenciales en aras de mantenerlas a flote. Es por ello que la recuperación económica de México tardará mucho más, ya que el proceso de empobrecimiento de mucha de la fuerza laboral, aunado a la enorme destrucción de capital, serán grandes obstáculos a superar antes de retomar el nivel de PIB y de vida que se tenía en el país en el 2019.

Las estadísticas de INEGI  de cierre de 2020, dan cuenta de que la tragedia en materia de empleo continúa. En el último mes del año 2020 la Tasa de Participación Económica fue de 56.4% respecto a la población de 15 años y más, mientras que la población ocupada resultó de 52.8 millones de personas. En dicho mes la Tasa de subocupación fue de 14.2% de la población ocupada, la ocupación informal ascendió a 29.5 millones de personas, al tiempo que la Tasa de Informalidad Laboral 1 (TIL1) se situó en 55.8% de la población ocupada.  Finalmente, la población desocupada de 15 y más años, representó el 3.8% de la PEA, porcentaje que equivalente a 2.1 millones de personas en diciembre de este año. Todos estos indicadores denotan un deterioro respecto de la situación  de hace un año.

¿Y qué se espera para el 2021? En un comunicado francamente increíble, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que el PIB mexicano crecerá 4.3% este año, impulsado básicamente por la demanda externa a través de las exportaciones a los Estados Unidos, nación que el FMI proyecta que crecerá 5.1%.  La razón por la cual afirmo que las cifras del FMI son increíbles es porque básicamente deja a la economía estadounidense todo el arrastre para México a través del sector exportador, el cual tendría que arrastrar al resto de la economía.

En el entendido de que las exportaciones a Estados Unidos representen el 28% de nuestro PIB, un aumento de las exportaciones hacía dicho país de un 10% impulsarían nuestra economía en 2.8 puntos porcentuales. ¿De dónde van a salir los otros 1.5 puntos de crecimiento si la inversión privada está colapsada, difícilmente aumentará el gasto público en términos reales y el consumo pudiera crecer un 2% en términos reales?  La realidad es que el planteamiento del FMI es demasiado optimista en un contexto en el que la pandemia del Covid-19 sigue fuera de control, parte de la actividad económica en el centro del país sigue detenida y no hay avances significativos en el proceso de vacunación. De acuerdo a nuestro modelo econométrico, el crecimiento del PIB de 2020 para México estará más en el orden de 3.2%. Veremos si el tiempo nos da la razón.  

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El crédito bancario en la peor crisis económica de México

Mientras que en otros países, con bajas tasas de interés, la banca comercial fue un pilar para mantener los negocios a flote en 2020, en el caso de México, la banca contrajo su cartera de crédito vigente al sector privado por primera vez en una década. Es entendible que la banca realiza sus análisis de crédito y determina que en un escenario de crisis económica los riesgos de otorgar créditos aumentan, pero también es verdad que muchas personas y empresarios enfrentaron serios problemas al ver más complicado el acceso al crédito.

Esto se dio en perjuicio de la actividad económica, la sobrevivencia de los negocios y el empleo nacional. Desde antes de la crisis económica causada por el Covid-19 la banca en México tenía una cartera de crédito vigente para el sector privado que representaba apenas el 18.13% del PIB en 2019 (en muchos países es de más del 100%); pero después de la pandemia, su participación absoluta en la actividad económica disminuyó de manera sustancial. En esta entrega analizamos cómo evolucionó el crédito de la banca comercial en México en el año más difícil en casi un siglo y veremos cuáles fueron los segmentos más castigados.

De acuerdo con cifras del Banco de México, en noviembre de 2020, la cartera de crédito vigente total al sector privado fue de 4.668 billones de pesos y ésta estaba constituida de la siguiente manera: el 21.3% son créditos para Consumo, el 20.9% para Vivienda, el 56.2% para Empresas y personas físicas con actividad empresarial y el restante 1.7% para Intermediarios financieros no bancarios privados. 

Partiendo de estos datos, vemos que en 2020 en nuestro país se registró una caída nominal en el monto del crédito otorgado por la banca comercial al sector privado. El Banxico reporta que mientras que en noviembre de 2019 el monto de la cartera vigente al sector privado fue de 4.713 billones de pesos, en el mismo mes de 2020 fue de sólo 4.668 billones, lo que implica una disminución nominal de -1.0%. Cabe señalar que esta es la primera disminución nominal anual del saldo vigente del crédito de la banca comercial al sector privado desde abril de 2010.

Al analizar la evolución nominal de dicha cartera vigente entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2020, vemos que el crédito al Consumo se contrajo -8.1%, el destinado a la Vivienda subió 8.4%, el que va a Empresas y personas físicas con actividad empresarial bajó -0.9%, mientras que el destinado a Intermediarios financieros no bancarios privados cayó -10.7%.

Desde luego que las cifras son más preocupantes cuando tomamos en consideración la inflación del periodo. Con cifras reales, vemos que el crédito vigente total de la banca comercial al sector privado disminuyó -4.2%, producto de que el crédito al consumo bajó -11.1%, el dirigido a la adquisición de viviendas aumentó 4.9%, el que va a empresas y personas con actividad empresarial bajó -4.1%, mientras que el destinado a intermediarios financieros no bancarios privados se contrajo -13.6%. De alguna manera, no es sorpresa que el único segmento de crédito que creció en términos reales fue el de Vivienda, ya que éste tiene una garantía de por medio.

Con el fin de comprender a quien le afectó más la contracción del crédito en México en 2020, a continuación se analiza el comportamiento del crédito al consumo, a la vivienda y el dirigido a empresas y personas físicas con actividad empresarial.

Consumo

En relación a la cartera vigente de crédito de la banca comercial al consumo, vemos que en términos nominales, éste se contrajo -8.1% entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2020. Este comportamiento se debió a que el crédito bancario otorgado vía tarjetas de crédito disminuyó -10.1%, el de nómina bajó -3.4%, los créditos personales bajaron -17.7%, el destinado a bienes de consumo duraderos aumentó apenas 2.2%, mientras que los demás créditos al consumo se contrajeron -11.6% en términos nominales. Parecería que la caída en los créditos de nómina obedecen a la fuerte contracción que hubo en el empleo formal, pero no queda claro si la caída en los créditos personales se debió a que los bancos dejaron de ofrecer este tipo de productos a sus clientes.

Al analizar la evolución del crédito al consumo en términos reales o ajustado por inflación, tenemos que entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2020, este tipo de créditos disminuyó -11.1%, lo cual se debe a que el crédito vía tarjetas de crédito registró una caída de -13.0%, el de nómina se contrajo -6.5%, los créditos personales bajaron -20.3%, los que se destinan a la adquisición de bienes de consumo duradero bajaron -1.1%, mientras que los demás créditos al consumo bajaron -14.5%.

Vivienda

El crédito de la banca comercial para la adquisición de vivienda aumentó 8.4% en términos nominales entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2020. En principio esta cifra es positiva; sin embargo, esta cifra oculta una terrible realidad. Sucede que aunque en el agregado aumentó el saldo de la cartera de crédito a la vivienda, el segmento de vivienda de interés social registró una caída de -11.9%, mientras que el financiamiento para la vivienda media y residencial aumentó 10.0% en términos nominales. Al hacer el ajuste por inflación y convertir los datos nominales en reales, vemos que el crédito a la vivienda presenta un aumento de 4.9%, producto de que el saldo de crédito para la vivienda de interés social cayó -14.8% y el destinado a la vivienda media y residencial creció 6.4%.

Empresas y personas con actividad empresarial

El segmento de crédito que más preocupa es el dirigido a Empresas y personas con actividad empresarial ya que éste es el dirigido a las fuentes de empleo formales en el país y éste disminuyó -0.9% en términos nominales entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2020. A continuación se menciona la evolución nominal del monto del crédito dirigido a cada tipo de actividad económica (en paréntesis se indica el porcentaje de variación): Agropecuario, silvícola y pesquero (-3.9%); Minería (-20.1%); Electricidad, agua y gas (-10.2%); Construcción (2.7%); Industria manufacturera (-5.9%); Comercio (-9.1%); Transportes, correos y almacenamiento (-0.6%); Información en medios masivos (1.9%); Servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles (7.5%); Servicios profesionales, científicos y técnicos (-18.1%); Servicios de alojamiento temporal y alimentos y bebidas (15.9%); Otros servicios (12.3%); y No sectorizado (8.3%).

Ahora, en cuanto a la evolución nominal del crédito dirigido a las diferentes actividades manufactureras, tenemos lo siguiente: Industria alimentaria (-0.9%); Industria química (-6.7%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-8.8%); Industrias metálicas básicas (-7.2%); Fabricación de equipo de transporte (-25.0%); y Otras industrias de la manufactura (-1.8%).

De igual manera, como en los otros tipos de créditos, las cifras son mucho más preocupantes cuando se analiza la evolución del saldo del crédito en términos reales. Vemos que entre noviembre de 2019 y el mismo mes de 2020 dicho saldo cayó -4.1%. A continuación se presenta dicha evolución para el periodo de noviembre de 2019 al mismo mes de 2020: Agropecuario, silvícola y pesquero (-7.0%); Minería (-22.7%); Electricidad, agua y gas (-13.1%); Construcción (-0.6%); Industria manufacturera (-8.9%); Comercio (-12.0%); Transportes, correos y almacenamiento (-3.8%); Información en medios masivos (-1.3%); Servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles (4.0%); Servicios profesionales, científicos y técnicos (-20.8%); Servicios de alojamiento temporal y alimentos y bebidas (12.1%); Otros servicios (8.7%); y No sectorizado (4.8%).

En relación a la evolución real del crédito otorgado a las diferentes actividades que conforman la industria manufacturera tenemos lo siguiente: Industria alimentaria (-4.1%); Industria química (-9.7%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (-11.8%); Industrias metálicas básicas (-10.1%); Fabricación de equipo de transporte (-27.4%); y Otras industrias de la manufactura (-5.0%).

Conclusiones

Como lo señalé en la introducción, es entendible que en tiempos de recesión económica los bancos sean más cautelosos para prestar. Sin embargo, la caída del financiamiento en México (para algunas actividades en hasta -27% en términos reales) agravó los problemas de familias, personas y empresas. Pero no obstante lo anterior, cabe señalar que en el acumulado de los primeros once meses de 2020,  los 50 bancos que operan en el país reportaron utilidades netas por 98 mil millones de pesos. Es verdad que esta monto es 36.5% más bajo que el que obtuvieron en los mismos meses de 2019, pero no deja de ser una cifra más que considerable en un año en el que miles de negocios quebraron.

Es un tema controversial, pero considero que para evitar que este tipo de contracciones crediticias se vuelvan a repetir, es importante plantear un cambio legal de manera que el Banco de México pueda (como lo hace el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos y muchos otros bancos centrales) comprar bonos y cartera comercial a la banca privada. Si garantizamos un sistema en el cual el crédito siga fluyendo a la economía, a tasas de interés competitivas y  no como las actuales, nuestras recesiones serán menos severas, más empresas se pueden salvar y más fuentes de empleo se pueden conservar.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Qué hizo China para ser el gran ganador de la pandemia de Covid-19?

Los recientes indicadores económicos de China, que dan cuenta de su desempeño en 2020, nos hablan de una historia de “éxito” cuando la enorme mayoría del mundo desarrollado registró un desempeño terrible con caídas en su producción, comercio exterior, empleo, entre otros. Este es el punto abordado en un artículo de Stella Yifan Xie, Eun-Young Jeong y Mike Cherney, publicado en el Wall Street Journal el pasado 13 de enero, y titulado “La economía de China avanza mientras que el resto del mundo se tambalea”. El artículo es por demás ilustrativo e interesante, ya que no obstante que China es el lugar en el que se originó la pandemia de Covid-19 (y hay serias sospechas de que el virus es sintético y se filtró de uno de sus laboratorios), los autores dan cuenta de qué fue lo que hizo China para aprovechar la crisis mundial del Covid-19. En esta entrega lo analizamos.

El artículo comienza señalando que China terminó el año del Covid-19 más fuerte de cómo lo comenzó, en muchos sentidos, acelerando su posición para ser un jugador cada vez más importante en la  economía global, que durante mucho tiempo ha sido dominada por Estados Unidos. Ahora en día, mientras que EE.UU. y Europa están a la expectativa de que la vacunación masiva les permita retomar la senda del crecimiento, China es la única economía importante que habría crecido en 2020, acercándose así a tener una economía del tamaño de la estadounidense.

En el 2020, China amplió su papel en el comercio mundial y reforzó su posición como fábrica mundial, a pesar de los años de esfuerzos de Estados Unidos para persuadir a las empresas de que ubiquen sus empresas en otros países. El mercado de consumo de China, impulsado por su rápida recuperación de Covid-19, sigue ganando impulso, lo que lo convierte en el motor más importante para las ganancias de las empresas globales.

Además, el país ha consolidado su posición como una fuerza en los mercados financieros globales, con una participación récord de ofertas públicas iniciales (OPIs) y cotizaciones secundarias en 2020, además de haber registrado grandes entradas de capital en acciones y bonos, y mantener el desempeño de índices bursátiles que superaron con creces al magnífico desempeño del mercado bursátil estadounidense.

El resultado del 2020 es un mundo que ahora depende más que nunca de China para crecer. De acuerdo con Moody´s Analytics, se espera que en el 2020 la economía de China haya representado el 16.8% del producto interno bruto mundial, ajustado a la inflación. Eso representa un aumento importante respecto del 14.2% que tenía en 2016, antes de que Estados Unidos y China entraran en una guerra comercial. Se espera que EE.UU. haya representado el 22.2% del PIB mundial en 2020, ligeramente por debajo del 22.3% observado en 2016. Tan sólo en el 2020, la participación de China en el PIB mundial aumentó en 1.1 puntos porcentuales, lo que significa el mayor incremento de participación relativa en un año, desde la década de 1970.

Las ganancias de China son resultado del éxito que tuvieron para contener la enfermedad del Covid-19 y hacer que sus negocios volvieran a funcionar. Los programas de estímulo del país, que eran más pequeños (como proporción del tamaño de su economía) comparados con los de EE.UU., se enfocaron en relanzar la producción industrial y evitar que las pequeñas empresas quebraran, además de que éstos implicaron poco apoyo directo para los consumidores (a diferencia de EE.UU. que ha gastado miles de millones en cheques de estímulo para los contribuyentes).

Esto implica una estrategia radical, ya que mientras que los consumidores estadounidenses siguieron gastando mucho (gracias a los estímulos), las fábricas chinas estaban listas para atender esa demanda de bienes. Eso ayudó a respaldar los empleos chinos y el propio gasto del consumidor de China durante el resto del año.

China también se benefició porque es difícil para las empresas manufactureras extranjeras reubicarse de país en el corto plazo, incluso después de que las interrupciones de la pandemia dejaron a muchos ejecutivos con el deseo de diversificar sus cadenas de suministro. Las empresas deben sopesar la pérdida de eficiencia al dejar de tener cerca a la mayoría de los proveedores de sus fábricas, así como los riesgos de mudarse a otro lugar después de que China ha demostrado a lo largo de muchos años que es altamente confiable. Contrariamente a lo que se piensa, en una encuesta de noviembre de HSBC Holdings PLC aplicada a más de 1,100 corporaciones globales, se encontró que el 75%, incluido el 70% de las empresas estadounidenses, esperan aumentar su presencia en la cadena de suministro en China durante los próximos dos años.

Tensiones comerciales

Para el resto del mundo, el éxito de China es un arma de doble filo. Por un lado, la demanda por parte de china ha sido una bendición para las empresas que venden a ese país, incluidos los productores de materias primas, así como los fabricantes de automóviles y las empresas de artículos de lujo que perdieron ventas en otros lugares. Pero por el otro, la renovada fuerza de China también ha dejado a las empresas más expuestas a un país cuyos líderes han dejado en claro que quieren reducir la dependencia de China de las empresas extranjeras y ahora buscan construir más corporaciones propias.

En Estados Unidos, los aranceles que la Administración Trump le aplicó a China tenían como objetivo el atacar los desequilibrios en la economía global y “nivelar el campo de juego” entre los dos países. Sin embargo, se espera que en 2020 China registre el mayor superávit en su cuenta corriente, la medida más amplia de las transacciones de un país con el resto del mundo, en la historia de cualquier país, según Capital Economics, una firma de investigación.

No obstante lo anterior, China continúa enfrentando grandes desafíos económicos, incluido el envejecimiento de su población y el aumento de los costos laborales, que encarecen la fabricación. Una reciente ola de incumplimientos crediticios por parte de empresas estatales se ha sumado a las preocupaciones de hace varios años respecto del manejo de su deuda.  Por su parte, el impulso que ha tenido su manufactura podría disminuir este 2021, si otras partes del mundo echan a andar con fuerza sus aparatos manufactureros. Además, algunos economistas dicen que el modelo económico liderado por el estado del país ha debilitado la innovación del sector privado, la cual sin duda es vital para el futuro de China.

Sin embargo, desde que surgió Covid-19, la economía de China ha sido resistente, reforzando la creencia de los líderes de Beijing de que su sistema ofrece una alternativa más confiable al capitalismo democrático occidental, especialmente durante tiempos de crisis.

No obstante todo lo anterior, no podemos dejar de reconocer que Estados Unidos sigue siendo la economía número uno del mundo, con el mercado de consumo más grande, un nivel de vida mucho más alto y una moneda cuya importancia eclipsa a la del yuan chino. El PIB nominal de Estados Unidos sigue siendo 50% mayor que el de China.

¿Qué esperar en 2021? Es bien sabido que Estados Unidos también está lidiando con un estrés político extremo. Este año, se espera que su PIB crezca entre un 3% y un 4%, pero es probable que su economía no vuelva a su tamaño de 2019 hasta la segunda mitad del año, según las previsiones de algunos economistas. Por su parte, se espera que China crezca hasta un 9% en 2021, según estimaciones de Morgan Stanley.

Fabricas reabiertas

Durante años, los economistas han advertido que los crecientes costos laborales de China, la profundización de la deuda y la disminución de las ganancias de productividad, pondrían en peligro su condición de fábrica mundial. La guerra comercial y los aranceles más altos redujeron aún más las ventajas de China. Pero la participación de China en las exportaciones mundiales de bienes sigue creciendo. Según Oxford Economics, fue del 15.4% en noviembre, el mes más reciente para el que se dispone de datos al momento de escribir etas líneas, cifra que se compara favorablemente con la participación de 13.7% observada a finales de 2019.  Este incremento en la participación relativa fue  impulsada en parte por la rápida transformación manufacturera de China para vender equipos de protección personal, como máscaras y respiradores, cuyas ventas aumentaron durante la pandemia.

De acuerdo con los autores del artículo, Beijing intervino enérgicamente para contener el Covid-19 y ayudar a mantener abiertas las fábricas y negocios. Cerró gran parte del país e impidió que la gente saliera de sus hogares por períodos prolongados. Estas medidas son difíciles de implementar en países con más libertades. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud de China, alrededor de 4,600 personas han muerto en ese país como resultado de la pandemia, aunque algunos investigadores creen que el número real es mucho más alto. En contraste, en Estados Unidos, el número de muertos se acerca a los 380 mil.

China además le ordenó a los bancos estatales que detuvieran el cobro de deudas de las empresas e individuos afectados, al tiempo que ofrecían crédito fresco a las pequeñas empresas a tasas más baratas de lo habitual. Los funcionarios locales exigieron que los propietarios de las fábricas cumplieran con estrictos estándares para garantizar operaciones seguras, incluido, en algunos casos, el monitorear los desplazamientos de los trabajadores en las regiones afectadas.

En aras de mantener la manufactura de píe, muchos gobiernos locales, incluida la ciudad de Foshan, enviaron autobuses para llevar a los trabajadores migrantes varados en las aldeas de regreso a las fábricas una vez que el virus desapareció. Como ejemplo tenemos que algunos de los más grandes fabricantes, como Foxconn Technology Group, que ensambla productos de Apple Inc. en China, ofrecieron a los trabajadores bonificaciones de hasta 430 dólares por persona para que regresaran al trabajo.

Con los consumidores en Occidente pasando más tiempo en casa, los pedidos del extranjero aumentaron y las empresas manufactureras chinas se beneficiaron. Para muchas empresas, sus ventas en 2020 aumentaron alrededor de un 20%. Es así que desde principios de abril, más del 97% de las empresas más grandes de China habían reabierto, según Zhang Weihua, funcionario de la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Expandiendo los mercados de consumo

El gasto del consumidor en China se recuperó hacía el otoño de 2020. De acuerdo con la firma de investigación Euromonitor International, se anticipa que el mercado de artículos de lujo personales de China haya crecido un 7.6% en 2020, en un contexto en el que el mercado global de estos artículos se contrajo un 20%.

Por su parte, si bien la inversión extranjera directa en Estados Unidos y Europa se desplomó en la primera mitad de este año, se mantuvo en gran medida estable en China, donde de hecho aumentó un 6.3% en el acumulado de los primeros once meses de 2020, de acuerdo con cifras del Ministerio de Comercio de China.

Todo lo anterior se tradujo en que el dinero internacional siguió entrando a China de diversas formas, lo que dio impulso a su objetivo a largo plazo de construir importantes centros financieros nacionales. Los mercados chinos, incluido el de Hong Kong, representaron el 43% de las cotizaciones públicas del mundo el año pasado, según datos de Refinitiv.

Las tenencias extranjeras de bonos chinos alcanzaron un récord de 3.25 billones de yuanes, equivalentes a unos 503 mil millones de dólares, en diciembre, cifra 49% más elevada respecto a hace un año, según datos compilados por Bond Connect Co.

Finalmente, el índice MSCI China, que incluye las empresas chinas que cotizan en el país y las que cotizan en Nueva York u otras ubicaciones, subió un 27% en términos de dólares el año pasado. El índice MSCI AC World subió 14% en el mismo período, y el índice de referencia de MSCI en EE.UU. creció un vigoroso 19%.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de China al lidiar con la crisis del Covid-19?

En primer lugar, que lo más importante no es mantener el consumo a flote, sino la capacidad productiva. Desde este espacio he sido un duro crítico de la estrategia del gobierno federal mexicano de no apoyar a los empleadores (empresas) y permitir una destrucción masiva de capital privado, fuente de empleos, ingresos y productividad.

No sé si esto haya sido un acto deliberado para debilitar al sector empresarial mexicano, pero la realidad es que México es de los países que habría salido peor librado por la pandemia. El resucitar las miles de empresas que cerraron sus puertas nos tomará años, mientras que los importadores no tendrán problemas en traer del exterior todo lo que no encuentren en el mercado doméstico. En 2021 comenzaremos a ver con mayor claridad los costos económicos de un pésimo manejo de la pandemia, en la que al cerrar la actividad económica, se condenó a muerte a miles de empresas mexicanas, mientras que las fábricas chinas estuvieron listas para cubrir la demanda mundial.

Alejandro Gómez Tamez*

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Bajas generalizadas en Cetes, tasa líder en 4.19%

Staff GAEAP*

Agencia GAEAP. 12/01/21.- La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a través del Banco de México, en su carácter de agente financiero del gobierno federal, informó los resultados de la subasta de valores gubernamentales correspondientes a la semana 02/21, los cuales se presentan a continuación:

En la subasta del martes 12 de enero, los Cetes con plazos de 28, 91, 182 y 364 días registraron disminuciones. Concretamente, tenemos que los Cetes a 28 días bajaron 9 centésimas de punto porcentual y ahora pagarán 4.19%; los Cetes a 91 días retrocedieron 8 centésimas y se ubicaron en 4.20%; por su parte, los instrumentos a plazo de 182 días bajaron 7 centésimas de punto para situarse en 4.18%. Finalmente, los Cetes a plazo de 364 días disminuyeron 3 centésimas de punto y ahora pagarán 4.20%.

Este resultado, en el cual la tasa de los Cetes a 91 días y los Cetes a 364 días es el mismo (4.20%) denota la expectativa por parte de los inversionistas de que a lo largo de 2021 se registrarán nuevos recortes a la tasa de interés objetivo del Banco de México. En GAEAP consideramos que a partir de febrero de este año la tasa de inflación comenzará a acercarse más al objetivo del Banxico de 3.0%, por lo que es de esperarse que en febrero veamos un recorte en la tasa de interés objetivo a 4.0%.

El día de ayer, las tasas de interés de los T-Bills en los Estados Unidos se ubicaron en los siguientes porcentajes: en 0.09% para el instrumento a plazo de un mes, de 0.08% para el que tiene plazo a tres meses, 0.10% para el que tiene vencimiento a seis meses, y 0.10% para los instrumentos a plazo de un año. Estos niveles de tasas son similares a los observados hace una semana.

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Exportaciones, el principal motor de crecimiento para las empresas

El año 2020 fue uno en el que el Producto Interno Bruto (PIB) de México cayó cerca de -9.0% (el dato oficial lo sabremos el 25 de febrero), cifra que hace ver a las pasadas crisis como asunto menor (en 1983 el PIB cayó -4.35%, en 1986 fue de -3.73%, en 1995 de -6.25% y en 2009 la caída fue de -5.28%). El colapso económico del año que acaba de terminar se dio por shocks de oferta y de demanda, y hablando de ésta última, es bien sabido que prácticamente todos los componentes de la demanda agregada del país se colapsaron. De acuerdo con cifras del INEGI, en el comparativo de los primeros nueve meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 vemos que, en términos reales, el consumo privado presentó una caída de -11.5%, el consumo de gobierno creció 2.5%, la formación bruta de capital fijo (inversión) cayó -20.1%, la variación de existencias (inversión) disminuyó -12.4%, mientras que las exportaciones de bienes y servicios se contrajeron -10.9%.

Como se puede apreciar, fuera del consumo de gobierno, en los primeros nueve meses de 2020, el componente de la demanda agregada del país que registró el desempeño “menos malo” fue el de exportaciones. Esto es muy relevante dado el enorme peso que tienen las ventas al exterior como proporción del PIB, siendo éste de 36.82% en los primeros tres trimestres de 2020. El dato pudiera parecer poco relevante, pero si consideramos que más de una tercera parte de lo que producimos depende del dinamismo económico del resto del mundo, pues las cosas adquieren otra perspectiva.

Es así que dada la importancia que tiene el comercio exterior para nuestro país, en esta entrega analizo las cifras de su desempeño en el acumulado a octubre de 2020, respecto a cómo se comportaron nuestras exportaciones e importaciones de mercancías en el comercio con las diversas zonas geográficas del mundo.

Exportaciones

En los primeros diez meses de 2020, las exportaciones de mercancías de México totalizaron 336.187 miles de millones de dólares (mmdd), cifra que representa una caída de -12.6% respecto a los 384.502 mmdd exportados en los primeros diez meses de 2019. De los 336.187 mmdd exportados, el 83.8% tuvo como destino las naciones de Norteamérica, el 4.4% fueron para las de Centro y Suramérica, el 5.5% para las de Europa, el 5.8% para las de Asia, el 0.2% para las de África el 0.3% para las de Oceanía y el restante 0.1% para países no identificados. Las cifras siguen evidenciando nuestra gigantesca dependencia respecto al desempeño del mercado estadounidense (de acuerdo con el Banco Mundial, el PIB de Estados Unidos habría caído -3.6% en 2020) no obstante que en los discursos de los sectores público y privado, se habla hasta el cansancio de la necesidad de hacer mayor uso de nuestra red de tratados comerciales y diversificar nuestras ventas al exterior.

Ahora, en cuanto a la evolución del valor (en dólares) de las exportaciones en el comparativo de los primeros diez meses de 2019 y los mismos meses de 2020, tenemos que las exportaciones de mercancías dirigidas a las naciones de Norteamérica cayeron -12.2%, las que van a los países de centro y Suramérica bajaron -20.8%, las que van a las de Europa bajaron -15.8%, las que van a las de Asia disminuyeron -7.3%, las que van a las de África bajaron -25.1%, y las que van a Oceanía retrocedieron -8.2%. Queda claro que el desempeño menos malo de nuestras exportaciones se dio en aquellas dirigidas a Asia, mientras que el peor desempeño ocurrió en aquellas que van a África (que realmente son poco significativas) y las que van a Centro y Suramérica.

Como se señaló líneas arriba, se debe destacar que la caída del PIB de Estados Unidos fue de apenas -3.6% y eso ayudó a que en el acumulado de los primeros diez meses de 2020 nuestras exportaciones de mercancías a Norteamérica hubieran caído sólo -12.2%. Es de esperarse que con las cifras finales de todo el 2020 veamos que la caída de exportaciones a totales haya sido de un -10.2% aproximadamente.

Importaciones

En los primeros diez meses de 2020 las importaciones de mercancías por parte de México sumaron 311.005 mmdd, cifra que implica una caída de -18.8% respecto de los 382.995 mmdd de importaciones registrados en los primeros diez meses de 2019. De los 311.0 mmdd de importaciones, el 45.9% tuvo como origen las naciones de Norteamérica, el 3.3% provinieron de los países de Centro y Suramérica, el 12.0% de las de Europa, el 38.2% de las de Asia, el 0.3% de las de África y el 0.2% de Oceanía.  De entrada llama la atención que mientras que Norteamérica es el destino del 83.8% de nuestras exportaciones, dicha región del mundo es el origen de apenas el 45.9% de nuestras compras del extranjero. En contraste, Asia es el destino del 5.8% de nuestras exportaciones, pero de esas naciones proviene el 38.2% de las mercancías que importamos.

Ahora, en cuanto a la evolución de las importaciones por región del mundo, primero debemos señalar que la caída de las importaciones mexicanas de -18.8% es producto de la severa contracción de la actividad económica en nuestro país. Si la actividad manufacturera se frena, cae la importación de materias primas y bienes intermedios, mientras que la pérdida de poder adquisitivo de la población ha provocado que caigan las importaciones de bienes de consumo final. En el comparativo de los primeros diez meses de 2019 y los mismos meses de 2020, tenemos que las importaciones de México desde Norteamérica cayeron -21.2%, las de Centro y Suramérica retrocedieron -18.7%, las de Europa cayeron -21.1%, las de Asia bajaron -14.9%, las originarias de África bajaron -21.5%, mientras que las que vienen de Oceanía bajaron -22.4%.

Es pertinente precisar que la caída de las importaciones, más allá de ser un síntoma de la recesión que vive nuestro país, tiene un efecto positivo para la recuperación económica de algunos sectores económicos en la medida en que esto implique que se consumen más productos hechos en México. Este es un tema que abordaré en otra entrega.

Saldo de la balanza comercial

Derivado de que las importaciones de México cayeron más de lo que disminuyeron nuestras exportaciones, es que en el periodo del comparativo de los primeros diez meses de 2019 a los mismos meses de 2020, nuestra posición en la balanza comercial mejoró con respecto a algunas regiones del mundo. Vemos que en los primeros diez meses de 2019 México registró un superávit en su balanza comercial total de 1.507 mmdd, mientras que en los primeros diez meses de 2020 dicho superávit aumentó hasta los 25.182 mmdd, lo que implica un aumento de 1,570.5%. Esto sin duda son buenas noticias para nuestras cuentas externas (y de hecho esto ayuda a la fortaleza relativa del peso frente al dólar), pero si debe quedar bien claro que este mayor superávit del 2020 no es producto de que estemos exportando más, sino que es el resultado de que nuestras importaciones cayeron más que nuestras exportaciones, lo que a su vez se debe a que la economía mexicana fue de las que más se contrajo en 2020.

En cuanto al saldo de la balanza comercial de México con las distintas regiones del mundo, tenemos que con Norteamérica pasamos de un superávit de 145.646 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de 143.294 mmdd en los mismos meses de 2020, lo que implica que dicho superávit se redujo en -1.6%. En relación a Centro y Suramérica, pasamos de un superávit de 5.771 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de 4.298 mmdd, lo que implica una disminución de -25.5% en el balance positivo que se venía observando.  Con respecto a Europa hubo una mejoría importante, ya que pasamos de un déficit de -25.412 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de -18.899 mmdd en los mismos meses de 2020, lo que significa que nuestro déficit con esa región del mundo bajó -25.6%.

La región con la que tuvimos la principal mejora en nuestra balanza comercial fue con Asia, ya que pasamos de tener un déficit de -118.662 mmdd en los primeros diez meses de 2019 a uno de -99.372 mmdd en los mismos meses de 2020. Esto significa que nuestro déficit con dicha región disminuyó en -16.3%, cifra equivalente a 19.291 mmdd menos de déficit. Respecto a África el déficit de México se mantuvo casi sin cambios en torno al medio millardo de dólares, mientras que con Oceanía nuestro superávit creció un poco al pasar de 327 millones de dólares (mdd) a 394 mdd.

Conclusiones

Lo que podemos concluir de todo esto es que en los primeros diez meses de 2020 las cuentas externas de México han mostrado un buen desempeño, pero esto se debe principalmente a que la fuerte crisis económica que vivimos ha frenado nuestras importaciones más de lo que se cayeron las exportaciones. Sin embargo las positivas perspectivas económicas para el PIB mundial y de los Estados Unidos en el 2021 (el Banco Mundial estima un crecimiento de 3.7% para el mundial y de 4.0% para nuestro vecino del norte) hacen pensar que el 2021 será un año de una importante recuperación de las ventas al exterior. Esto es muy importante, sobre todo cuando se considera que el mercado interno mexicano se recuperará a sus niveles precrisis hasta el 2023 en el mejor de los casos. Esto significa que las empresas que incursionen en los mercados de exportación son de las que más rápido se recuperarán. Es así pues, que la exportación puede ser el principal motor de crecimiento para las empresas manufactureras nacionales que hagan la tarea.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

Resultados mixtos en subasta de Cetes, tasa líder en 4.28%

Staff GAEAP*

Agencia GAEAP. 5/01/21.- La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a través del Banco de México, en su carácter de agente financiero del gobierno federal, informó los resultados de la subasta de valores gubernamentales correspondientes a la semana 01/21, los cuales se presentan a continuación:

En la subasta del martes 5 de enero, los Cetes con plazo de 28 días registraron aumento, mientras que los instrumentos con plazos de 91, 175 y 343 días disminuyeron su rendimiento. Concretamente, tenemos que los Cetes a 28 días repuntaron 4 centésimas de punto porcentual y ahora pagarán 4.28%; los Cetes a 90 días bajaron 1 punto porcentual y se ubicaron en 4.28%; por su parte, los instrumentos a plazo de 175 días bajaron 9 centésimas de punto para situarse en 4.25%. Finalmente, los Cetes a plazo de 343 días disminuyeron 6 centésimas de punto y ahora pagarán 4.23%.

Este resultado se da en un contexto de inflación dentro del rango objetivo del Banco de México. Hay que recordar que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó el pasado 23 de diciembre que en la primera quincena de diciembre de 2020 el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento de 0.34 por ciento respecto a la quincena inmediata anterior, así como una inflación anual de 3.22 por ciento. Por su parte, la expectativa de GAEAP y de la mayoría de los analistas es que el siguiente movimiento en la tasa de interés objetivo del Banxico será una baja de un cuarto de punto porcentual y éste sucedería en la próxima reunión de su Junta de Gobierno,  programada para febrero de 2021. Se mantiene la proyección de que la tasa de fondeo cierre 2021 en 3.75% (desde el actual 4.25%).

El día de ayer, las tasas de interés de los T-Bills en los Estados Unidos se ubicaron en los siguientes porcentajes: en 0.09% para el instrumento a plazo de un mes, de 0.09% para el que tiene plazo a tres meses, 0.09% para el que tiene vencimiento a seis meses, y 0.10% para los instrumentos a plazo de un año. Estos niveles de tasas son similares a los observados hace una semana.

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Impacto del Covid-19 en la manufactura de cada estado en 2020

La industria manufacturera de México es fundamental para el crecimiento económico y la estabilidad del país. De acuerdo con cifras oficiales, en los primeros once meses de 2020 las actividades manufacturas representaron el 27.13% del total de los empleos registrados en el IMSS, además de haber generado el 89.53% del valor de las exportaciones totales de México en los primeros diez meses de dicho año.

No obstante lo anterior, la crisis económica causada por la suspensión de las actividades “no esenciales” durante abril y mayo de 2020, así como su lenta recuperación por la estrategia de comunicación de “Quédate en casa”, así como la pérdida de miles de empleos y disminución de salarios, ha causado estragos en el mercado interno, con severas implicaciones en la industria manufacturera nacional.

Esto lo confirmamos en la pasada entrega, cuando presentamos el análisis del desempeño de la industria manufacturera en México en los primeros diez meses de 2020. En esta ocasión mostramos el análisis complementario con la evolución de esta actividad en cada estado de la República Mexicana. Se presenta el análisis para dos periodos, primero el comparativo de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, y posteriormente el comparativo de octubre de 2020 respecto del mismo mes de 2019.

Comparativo Enero-Octubre 2020 respecto Enero-Octubre 2019

De acuerdo con las cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI, en  el comparativo de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019, se observa que el valor total de la producción manufacturera en México cayó -9.2% en términos nominales (-12.3% en términos reales, es decir, ajustado por inflación). No obstante lo anterior, hubo estados con afectaciones menos graves, y desde luego, otros que registraron mucho más severas que el promedio nacional.

A continuación se presenta la evolución nominal del valor de la producción manufacturera por entidad federativa en el comparativo de los primeros diez meses de 2020 respecto de los mismos meses de 2019 (las entidades están ordenadas de mejor a peor desempeño y en paréntesis se indica el porcentaje de aumento o caída): 1. Colima (9.0%), 2. Tabasco (7.4%), 3. Sinaloa (6.8%), 4. Durango (3.4%), 5. Nayarit (3.2%), 6. Baja California Sur (2.8%), 7. Michoacán (1.7%), 8. Guanajuato (-1.9%), 9. Campeche (-2.4%), 10. Yucatán (-2.7%), 11. Guerrero (-3.6%), 12. San Luis Potosí (-4.0%), 13. Aguascalientes (-4.2%), 14. Chihuahua (-4.4%), 15. Querétaro (-5.5%), 16. Baja California (-6.2%), 17. Tamaulipas (-7.6%), 18. Jalisco (-7.7%), 19. Zacatecas (-7.9%), 20. Ciudad de México (-9.2%), 21. Nuevo León (-9.5%), 22. Sonora (-11.0%), 23. Quintana Roo (-11.8%), 24. Coahuila (-11.9%), 25. Estado de México (-12.3%), 26. Chiapas (-13.2%), 27. Tlaxcala (-14.3%), 28. Puebla (-15.5%), 29. Veracruz (-16.4%), 30. Morelos (-20.2%), 31. Oaxaca (-21.3%), y 32. Hidalgo (-22.0%).

Si tomamos en consideración que la inflación promedio en los primeros diez meses de 2020 fue de 3.4% entonces queda claro que sólo Colima, Tabasco, Sinaloa y Durango observaron un incremento en términos reales; es decir, no presentaron un deterioro en su nivel real de producción en el periodo en cuestión; mientras que 28 entidades federativas si muestran retroceso.

Es importante señalar que si bien hubo 4 entidades con crecimiento en términos reales, éstas representan apenas el 2.6% del valor total de la producción nacional de la industria manufacturera en los primeros 10 meses de 2020.

De hecho para comprender mejor la relevancia del incremento o decremento del valor de la producción manufacturera en cada estado, es importante tener presente el porcentaje de contribución de cada uno al valor total de producción manufacturera a nivel nacional. A continuación se presenta lo que aporta cada estado (en paréntesis se indica el porcentaje): 1. Nuevo León (12.58%), 2. Coahuila (11.68%), 3. Estado de México (11.58%), 4. Guanajuato (9.96%), 5. Jalisco (6.63%), 6. Puebla (5.73%), 7. San Luis Potosí (4.77%), 8. Querétaro (4.52%), 9. Veracruz (3.93%), 10. Aguascalientes (3.90%), 11. Ciudad de México (3.73%), 12. Sonora (3.04%), 13. Baja California (2.68%), 14. Tamaulipas (2.16%), 15. Hidalgo (1.89%), 16. Chihuahua (1.70%), 17. Michoacán (1.62%), 18. Morelos (1.28%), 19. Oaxaca (0.96%), 20. Tabasco (0.88%), 21. Tlaxcala (0.87%), 22. Durango (0.82%), 23. Yucatán (0.78%), 24. Sinaloa (0.72%), 25. Chiapas (0.58%), 26. Zacatecas (0.50%), 27. Colima (0.18%), 28. Nayarit (0.14%), 29. Quintana Roo (0.07%), 30. Baja California Sur (0.05%), 31. Guerrero (0.05%), y 32. Campeche (0.03%).

Llama mucho la atención que cinco estados del país (Nuevo León, Coahuila, Estado de México, Guanajuato y Jalisco) generan el 52.44% del valor total de la industria manufacturera en México, mientras que los 20 estados con menos actividad manufacturera generan apenas el 17.95% del total. Esto es una muestra más de las grandes diferencias y niveles de desarrollo industrial de las regiones de México.

Comparativo octubre 2020 respecto a octubre 2019

Las estadísticas de la EMIM de INEGI dan cuenta de la recuperación del valor de la producción de la industria manufacturera en términos anualizados en septiembre y octubre (creció 4.3% y 8.5% respectivamente). Sin embargo, el aumento nominal de 8.5% observado entre octubre de 2019 y el mismo mes de 2020, no es un fenómeno generalizado para todas las entidades del país, ya que varias crecieron a doble dígito mientras otras tantas caían en proporciones similares.

A continuación se presenta la evolución del valor de la producción manufacturera en el comparativo de octubre de 2020 respecto del mismo mes de 2019 para cada estado del país (las entidades están ordenadas de mejor a peor desempleo y en paréntesis se indica el porcentaje de variación nominal): 1. Guanajuato (45.0%), 2. Baja California (27.7%), 3. Tabasco (26.1%), 4. Sonora (21.8%), 5. Aguascalientes (21.2%), 6. Colima (18.0%), 7. Coahuila (14.7%), 8. Michoacán (13.5%), 9. Puebla (9.6%), 10. Querétaro (9.2%), 11. Sinaloa (9.0%), 12. Nuevo León (8.2%), 13. Yucatán (7.3%), 14. San Luis Potosí (7.2%), 15. Baja California Sur (4.7%), 16. Zacatecas (4.0%), 17. Durango (3.6%), 18. Chihuahua (3.1%), 19. Tamaulipas (0.7%), 20. Nayarit (-0.8%), 21. Tlaxcala (-1.0%), 22. Jalisco (-1.4%), 23. Oaxaca (-1.6%), 24. Guerrero (-1.9%), 25. Estado de México (-2.2%), 26. Chiapas (-4.9%), 27. Morelos (-5.7%), 28. Quintana Roo (-5.8%), 29. Ciudad de México (-8.7%), 30. Campeche (-13.8%), 31. Veracruz (-15.4%), y 32. Hidalgo (-26.0%).

Al tomar en consideración que la inflación entre octubre de 2019 y el mismo mes de 2020 fue de 4.2%, queda claro que sólo 15 entidades observaron una tasa de crecimiento real positiva en el periodo de referencia, mientras que 17 observaron una contracción en el valor de su producción manufacturera.

Vemos que los estados de mejor desempeño manufacturero en octubre de 2020 son aquellos en los que hay una importante presencia de Fabricación de equipo de transporte; Industrias metálicas básicas;  3. Fabricación de maquinaria y equipo; Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica; y Fabricación de productos metálicos. De igual forma, las entidades con mejor desempeño son aquellas que tienen un importante volumen de exportaciones.

Conclusiones

Es de esperarse que los datos del cierre de 2020 (noviembre y diciembre) confirmen la recuperación de la industria manufacturera en México y probablemente veremos que ésta cerrará el año que recién concluyó con una caída nominal en su valor de producción de -8.3%. Sin embargo, es un hecho que veremos que muchas actividades seguirán con fuertes problemas (textil, vestido, calzado, muebles, maquinaria y equipo), mientras otras tendrán un buen desempeño (como las que se mencionan líneas arriba). Por su parte, también es de esperarse que algunos estados continuarán mostrando una sólida recuperación, mientras que a otros les tomará años recuperar lo que sus empresas manufactureras perdieron en el 2020. La vía para una recuperación más acelerada seguirá siendo la exportación, dado que el mercado interno seguirá deprimido con una tasa esperada de crecimiento de apenas el 3.0% en 2021.

Si quieres conocer más sobre el desempeño económico de algún estado en particular, contamos con los Análisis coyunturales de las economías estatales de México.

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Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt