Las razones de la “fortaleza” del peso mexicano

world-economy-gdpMuchos reportes sobre la situación económica mundial hacen énfasis en que ésta se ha venido desacelerando desde finales de 2018, derivado de un menor dinamismo en la mayoría de las principales economías avanzadas, así como en varias economías emergentes. Este menor crecimiento se debe, en buena medida, a la mayor incertidumbre por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y por las condiciones monetarias más restrictivas a nivel global. Este deterioro se ha traducido en menores expectativas de crecimiento para 2019 y 2020. Concretamente, hasta ahora en los Estados Unidos la actividad económica continúa mostrando un crecimiento saludable y el mercado laboral ha seguido fortaleciéndose, aunque algunos indicadores sugieren cierta moderación. Esto es por demás relevante para el desempeño de la economía mexicana, ya que en el 2018 fue el destino del 79.5% de todas nuestras exportaciones, las cuales sumaron 450.572 miles de millones de dólares en dicho año.

En este contexto, mucho se ha especulado con respecto a la evolución esperada de las tasas de interés en nuestro vecino del norte, donde la tasa de fondos federales del Banco de la Reserva Federal (FED) se encuentra desde principios de año en un rango de entre 2.25% y 2.50%. En este sentido, el pasado miércoles 20 de marzo los miembros de la FED votaron para mantener las tasas en su actual nivel y recomendaron de manera unánime el mantenerse pacientes acordando mantener una pausa indefinida en los cambios a las tasas de interés y de esta manera dejaron entrever que no habrá más aumentos en la tasa de interés en lo que resta de 2019.  Esta decisión está basada en que si bien la economía estadounidense se mantiene fuerte, enfrenta varios riesgos por la desaceleración económica mundial y dentro del mismo Estados Unidos.

En este contexto de incertidumbre económica global, tanto en la parte de la economía real como en los mercados financieros, es que muchas personas se preguntan las razones de la reciente “fortaleza” del peso mexicano frente al dólar estadounidense. Para muchos es increíble que pese al clima de incertidumbre económica que vive México por el cambio de gobierno y la indefinición de varios temas, el dólar estadounidense haya retrocedió hasta los 18.80 pesos por billete verde el pasado 20 de marzo, después de haber estado en un nivel de 19.58 pesos apenas 13 días antes.

Una primera explicación de esta apreciación del peso mexicano tiene que ver con el diferencial de tasas de interés entre los bonos gubernamentales de Estados Unidos y los de México. Mientras que este viernes 22 de marzo un Treasury Bill con plazo de 3 meses pagaba 2.46%, en México el CETE a 91 días quedó en 8.09% en la subasta del martes 19. Este diferencial de 5.63 puntos porcentuales hace una gran diferencia respecto a las decisiones de inversión de los grandes capitales mundiales. Cabe recordar que la calificación de la deuda soberana de México fue puesta con perspectiva negativa, pero al día de hoy sigue conservando una calificación con grado de inversión, por lo que la probabilidad de que el gobierno mexicano honre sus compromisos con los tenedores de bonos es del 100%.

Dado lo anterior, la fortaleza del peso mexicano también puede ser explicada en función de algo que en finanzas internacionales se conoce como “paridad de tasa de interés”. Este principio establece que la diferencia entre el tipo de cambio de hoy (spot) y el tipo de cambio futuro está explicado por el diferencial de tasas de interés entre dos países. De esta manera, con el diferencial de tasas de interés un inversionista ganaría invirtiendo en México  a 90 días siempre y cuando el 25 de junio el dólar spot esté por debajo de 19.47 pesos. Alguien puede pensar que es una apuesta arriesgada, este tipo de inversionistas más aversos  al riesgo podrían comprar una cobertura cambiaria con una fecha igual a la del vencimiento de su inversión y de esa manera garantizarían su rendimiento. Al momento de escribir estas líneas los futuros del peso que cotizan en el Chicago Mercantile Exchange con entrega en junio de 2019 cotizan en 19.33 pesos por dólar, por lo que evidentemente existe la posibilidad de ganar dinero libre de riesgo con el peso mexicano.

Esta es una simple explicación coyuntural de la fortaleza del peso ocasionada por las elevadas tasas de interés por parte del Banco de México, que tiene su tasa de interés objetivo en 8.25%. ¿Pero es el peso mexicano una moneda fuerte desde una perspectiva de largo plazo? Evidentemente no, ya que nuestra moneda ha tenido una tendencia a depreciarse desde la década de los 70s. No es necesario recordar que entre febrero de 1976 y febrero de 2019 el dólar ha subido de precio frente al peso mexicano en 153,422% (no es error, la cifra es ciento cincuenta y tres mil cuatrocientos veintidós por ciento).

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¿El peso mexicano es una moneda fuerte desde una perspectiva de mediano plazo (los últimos dos años)? Esta es una mejor pregunta porque más allá de analizar movimientos de corto plazo, para valorar la fortaleza de una moneda es mejor analizar tendencias de mediano plazo, y en ese sentido vemos que el dólar ha subido de precio respecto al peso mexicano en el último año, pero está prácticamente en el mismo nivel de hace dos años. Esto porque de acuerdo con el Pacific Exchange Rate Service (PERS) de la Universidad de British Columbia un dólar costaba 19.282 pesos en marzo de 2017, posteriormente 18.62 pesos en marzo de 2018 y en lo que va de marzo de 2019 registra un valor de 19.238 pesos.

Para entender mejor lo que le sucede al peso mexicano siempre es bueno ver lo que sucede con las demás monedas del mundo en su cotización frente al dólar estadounidense. Con ese tipo de análisis podemos ver si el peso mexicano está entre las monedas más fuertes o las más débiles. De acuerdo con el PERS, en el comparativo de marzo de 2018 y el mismo mes de 2019, prácticamente todas las divisas del mundo perdieron valor frente al dólar estadounidense. A continuación se presenta una muestra de divisas ordenadas de mayor a menor fortaleza y en paréntesis se indica el porcentaje que ha subido el dólar estadounidense frente a cada moneda: Dólar de Hong Kong (0.1%), Dong de Vietnam (1.7%), Dólar Canadiense (3.3%), Peso Mexicano (3.3%), Yen Japonés (5.0%), Won de Corea del Sur (5.6%), Franco Suizo (5.8%), Libra esterlina de la Gran Bretaña (6.1%), Yuan Chino (6.1%), Dólar de Nueva Zelanda (6.2%), Euro (9.1%), Peso Colombiano (9.6%), Dólar Australiano (9.7%), Peso Chileno (10.2%) y Peso Argentino (101.0%).

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Queda claro que de este listado de 15 divisas, entre las que están las 10 más importantes del mundo, el peso mexicano se encuentra en la posición relativa número 4. Esto no significa que el peso se haya fortalecido en el último año, lo que vemos es que en el comparativo de marzo de 2019 respecto al mismo mes de 2018, el dólar estadounidense aumentó 3.3% en términos de pesos. En otras palabras, en el último año el peso mexicano se depreció menos que las monedas de la Unión Europea, Gran Bretaña, Japón, China, Australia, Nueva Zelanda, Colombia, Chile y Argentina.

Con estas cifras queda claro que el dólar es una moneda fuerte, que si bien tiene tropezones coyunturales, su tendencia de mediano plazo es de fortaleza. Hay que recordar que el dólar estadounidense siempre se fortalece en periodos en los que se perciben riesgos económicos, y en este momento hay muchos a nivel global, entre los que destacan el escalamiento de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos; la posibilidad de una salida desordenada del Reino Unido de la Unión Europea; el posible recrudecimiento de tensiones geopolíticas; una desaceleración de la economía global más rápida a la esperada; condiciones monetarias más astringentes; una disminución del apetito por riesgo global que genere una reversión de los flujos en las economías emergentes (entre ellas México) y un contagio a aquellas economías con fundamentos macroeconómicos débiles.

Ante todo este complejo escenario global, es indispensable que en México se mantenga la estabilidad de las finanzas públicas y una política monetaria congruente con nuestra realidad. De igual manera, el gobierno federal debe trabajar por generar un ambiente de confianza que dé impulso a la inversión privada. Debemos entender que sólo con una economía sólida (en lo fiscal, monetario, y actividad económica) tendremos una moneda verdaderamente fuerte.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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Alzas generalizadas en Cetes en todos sus plazos: tasa líder en 7.97%

Staff GAEAP*

imagesAgencia GAEAP. 20/11/18.- La Secretaría de Hacienda y Crédito Público a través del Banco de México, en su carácter de agente financiero del gobierno federal, informó los resultados de la subasta de valores gubernamentales correspondientes a la semana 48/18, los cuales se presentan a continuación:

En la subasta del martes 27 de noviembre, los Cetes con plazos de 28, 91 y 175 días registraron incrementos. Los Cetes a plazo de 28 días subieron 3 centésimas de punto porcentual para ubicarse en 7.97%, los Cetes a 91 días repuntaron 2 centésimas de punto y ahora pagarán 8.25%, mientras que los Cetes a plazo de 175 días subieron 8 centésimas de punto porcentual para situarse en 8.48%.

Este resultado se da en un contexto de levado nerviosismo en los mercados financieros, producto del cambio de gobierno federal, así como de la incertidumbre respecto a las políticas económicas que serán impulsadas desde el Ejecutivo y Legislativo. Por su parte, el 67% de los analistas estima que en su próxima reunión del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), ésta aumentará nuevamente su tasa de interés de fondos federales en un cuarto de punto porcentual, lo que hace que sea altamente probable que en México también veamos un incremento en la tasa de interés objetivo del Banco de México a un nivel de 8.25%. De hecho, la curva de rendimientos a diferentes plazos, así lo muestra: que el mercado está descontando un incremento en la tasa de interés en diciembre.

Cabe señalar que el día de hoy, las tasas de interés de los T-Bills en los Estados Unidos se ubicaron en los siguientes porcentajes: en 2.31% para el instrumento a plazo de un mes, de 2.37% para el que tiene plazo a tres meses, 2.41% para el que tiene vencimiento a seis meses, y 2.53% para los instrumentos a plazo de un año. Estos niveles de tasa son superiores a los observados hace una semana, en especial, para los instrumentos a 28 y 91 días.

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China en la siguiente recesión global y cómo afectará a México

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Las complicaciones económicas de China tendrán un impacto en la economía mexicana

Las probabilidades de enfrentar una desaceleración económica global en 2019 van en aumento. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial será de 3.7% en dicho año, pero la semana que recién concluye, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) publicó que estima que el año que viene el PIB global crecerá apenas 3.5%.

Uno de los factores que inciden en el pesimismo respecto al desempeño económico para el año que viene es la desaceleración de la economía de China, la segunda más grande del mundo. De acuerdo con el banco de inversión UBS, si la guerra comercial que sostiene con Estados Unidos se recrudece, su tasa de crecimiento económico podría caer hasta 5.5%, lo que de materializarse sería la tasa más baja en casi tres décadas. Por su parte, para Goldman Sachs, la tasa de crecimiento del PIB chino podría caer a 6.2% en la medida en que su economía enfrenta la presión de la disputa comercial, así como vientos en contra internos derivados de un menor dinamismo en su mercado inmobiliario y altos niveles de deuda.

Cabe recordar que este año la administración del presidente, Donald Trump, ha impuesto aranceles a prácticamente la mitad de las importaciones estadounidenses de productos chinos, y está programado que dichos aranceles aumentarán a 25% a partir del 1 de enero de 2019 para unos 200 mil millones de dólares de productos fabricados en China. El gigante asiático ha respondido con la imposición de sus propios aranceles a la importación de productos estadounidenses, lo que constituye una grave amenaza a casi tres décadas de expansión sin restricciones.

En este contexto, naciones orientadas al comercio internacional y sus monedas, tales como Taiwan y Singapur, probablemente enfrenten mayor presión conforme el impacto de los aranceles estadounidenses aplicados a China se abre paso a lo largo de las cadenas de suministro asiáticas. En este sentido cabe señalar que de acuerdo con el economista Mahamoud Islam, de la compañía de seguros de crédito Euler Hermes, se espera que el comercio mundial crezca 3.8% este año y que dicha tasa baje hasta 3.6% en 2019. Estas cifras contrastan con el crecimiento del comercio internacional de 4.8% registrado en 2017.

Pero la principal pregunta que subyace en el armado de pronósticos económicos para el año 2019 es qué tanto más el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) continuará aumentando su tasa de interés de fondos federales y qué tanto esto provocará mayores restricciones monetarias a nivel mundial. En el caso de México ya tenemos una tasa objetivo del Banco de México de 8.0%, nivel considerado como un peligro para la inversión productiva y para la adquisición de bienes de capital.

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El endurecimiento de la política monetaria estadounidense ocasiona mayores costos a países deudores en dólares.

El alza en la tasa de interés por parte de la FED es especialmente importante cuando se considera que la suma de deudas en dólares fuera de los Estados Unidos asciende a 12 billones de dólares (12 trillion en inglés), lo que implica un incremento respecto a los 9 billones registrados en 2013. Con estas cifras uno puede imaginarse el impacto que tiene en el costo financiero global cada vez que la FED decide aumentar su tasa en un cuarto de punto porcentual. Cabe señalar que la deuda externa del sector público de México, al mes de septiembre de 2018, es de 201.8 miles de millones de dólares. De ese tamaño es nuestra exposición (por parte del sector público) a lo que suceda con el precio del dólar y sus tasas de interés.

Lamentablemente para las condiciones crediticias en México y el mundo, se espera que la FED aumente la tasa de interés, por novena ocasión desde 2015, este próximo diciembre. Este hecho presionará al Banco de México a realizar un nuevo aumento en su tasa de interés objetivo a 8.25%; pero el problema es que al parecer aquí no concluirá el ciclo alcista de tasas de interés. Muchos economistas esperan hasta cuatro incrementos adicionales a lo largo de 2019. Estos aumentos son esperados, no tanto porque exista un problema inflacionario, sino como una medida para disminuir la liquidez del dólar a nivel mundial. Será entonces hasta el 2020, cuando Estados Unidos pudiera entrar en una recesión, que pudiéramos ver estabilidad en su tasa de interés e inclusive una disminución en éstas.

Con este escenario de fondo, los líderes empresariales y analistas tienen altas esperanzas de que China y los Estados Unidos puedan llegar a un acuerdo comercial una vez que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reúnan en Buenos Aires la siguiente semana en el marco del encuentro de líderes del G20. Para otros analistas, no debemos esperar mucho de dicha reunión, ya que el vicepresidente estadounidense, Mike Pence y el presidente Xi se culparon mutuamente, la semana pasada, de ser responsables de la guerra comercial.

La guerra comercial ha ocasionado la caída de la moneda china y el tipo de cambio se acerca al nivel sicológico de 7 yuanes por dólar. La pregunta que se hacen muchos observadores es si el gobierno chino tomará acciones para apoyar su moneda en un contexto de un debilitamiento económico interno.  Para algunos, toda China depende de la evolución de la guerra comercial. Si ésta escala, como muchos piensan que sucederá, lo más probable es que veremos un yuan cada vez más débil respecto al dólar. Esto tiene implicaciones para la competitividad relativa de México frente a China (y por lo tanto, del precio promedio de importaciones originarias de dicha nación). En junio de este año un yuan costaba 3.1394 pesos, mientras que para octubre su precio bajó a 2.7734 pesos y al momento de escribir estas líneas se cotiza en 2.9472 pesos. Sea como sea, las importaciones de origen chino hoy cuestan más baratas que a mediados de este año.

Un aspecto por demás importante es que conforme el crecimiento económico de China comenzó a disminuir a lo largo de este año, el gobierno chino desistió de sus esfuerzos por disminuir la deuda corporativa, los cuales había comenzado a finales de 2016, particularmente en el sector financiero. Algunos analistas han dicho que esos esfuerzos por desapalancarse podrían suspenderse hasta que la economía dé muestras de un fortalecimiento.

De acuerdo con un artículo de Panos Mourdoukoutas, titulado “La deuda, no la guerra comercial, es el problema más grande de China”, el autor señala que la guerra comercial entre China y Estados Unidos creó bastante ansiedad en los mercados financieros. Pero ésta llegará eventualmente a su fin tarde o temprano, así como Washington ya dio por terminada la guerra comercial con México y Canadá. Pero lo que Washington no puede hacer es terminar el problema de deuda de China, lo que puede ser un gran problema para la propia China y la economía global.

Es verdad que Estados Unidos tiene un problema de deuda pública, ya que ésta representa el 105.4% de su PIB. De igual manera, Japón tiene un problema de deuda pública al representar ésta el 250% de su PIB. Estos son números gigantescos, pero son bien conocidos, y en un mercado eficiente esto provoca entonces que los rendimientos y los precios de la deuda en ambos países reflejen correctamente las primas de riesgo para los inversionistas, pero esta no es la situación con la deuda de China.

Oficialmente, la de China es una deuda pública razonable que representa el 47.6% de su PIB, pero de manera extraoficial es difícil saber el verdadero tamaño de su deuda, y esto se debe a una buena razón: el gobierno es tanto el acreedor como el deudor. Una rama del gobierno le presta a otra (bancos propiedad del gobierno le prestan dinero a las empresas propiedad del estado, por ejemplo).

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Estimaciones extra oficiales ubican la deuda publica y privada de China en una cantidad equivalente al 300% de su PIB.

Es así que surgen algunas estimaciones extra oficiales, como el del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés), que la semana pasada publicó que la deuda total de China respecto a su PIB es del 300%. Este problema no pudo haber sido mejor expresado, que de la manera en que lo plasmó Bloomberg en una nota de septiembre de este año: “ha sido llamada una montaña, una película de terror, una bomba y un camino al infierno. Para los pesimistas, la deuda total pública y privada de China (equivalente a) 34 billones de dólares (34 trillion en inglés) esta es una amenaza explosiva para la economía global”. Como ya se mencionó, lo grave es que este aumento en la deuda china llega en un momento en el que su economía se desacelera.

Kevin Lai, economista en jefe para Asia de la firma Daiwa Capital Markets, señala que la deuda masiva de China ha sido por mucho tiempo un dolor de cabeza para Pekín, pero es el creciente apalancamiento externo del dólar estadounidense en China lo que se ha subestimado y lo que podría ocasionar una crisis financiera mayúscula. La deuda de 3 billones de dólares (3 trillion en inglés) vuelve a China muy vulnerable debido a las restricciones monetarias de la FED en la forma de alzas en la tasa de interés de fondos federales, además de la debilidad del yuan y la guerra comercial con Estados Unidos.

Queda claro entonces que la deuda de China en dólares representa el 25% de toda la deuda global en dólares fuera de los Estados Unidos. Esta enorme dependencia con el dólar, en un marco de alza en las tasas de interés estadounidenses y un yuan débil, ahora en día rozando los 7 yuanes por dólar, podría complicarle las cosas bastante a China. De hecho, existe la posibilidad de que si no hay acuerdo entre Trump y Jinping en Argentina, que ponga fin a su guerra comercial, el dólar podría superar la barrera sicológica de los 7 yuans por dólar y veríamos entonces a la moneda china devaluarse aún más.

¿Por qué es esto relevante para México? Pues porque con un yuan relativamente fuerte, hemos sido inundados por productos chinos y hemos sufrido un creciente y crónico déficit comercial con China, entonces imaginemos que pasará con un yuan crónicamente débil. Para ilustrar esto tenemos que de acuerdo con cifras del INEGI, en los primeros nueve meses de 2017 México registró un déficit comercial con China de -48.871 miles de millones de dólares (mmdd) y en los mismos meses de 2018, dicho déficit es de -55.604 mmdd, lo que implica que en el último año nuestro desequilibrio comercial aumentó en un preocupante 13.8%. ¿Qué clase de déficit comercial vamos a tener si un yuan llegara a costar 2.50 pesos o menos?

Este tema da para mucho más análisis pero por cuestiones de espacio, hasta aquí dejo mi comentario. Sólo resta mencionar que aunado a la ceremonia de firma del T-MEC por parte de los presidentes de México y Estados Unidos, así como de primer ministro de Canadá; el otro evento relevante de la cumbre del G20 en Argentina, será entonces el encuentro entre Trump y Xinping. Por el bien de México y el mundo, ojala que después de su encuentro veamos que pronto darán por terminada su guerra comercial.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

El Banxico hizo lo correcto en favor de la economía nacional

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Alejandro Díaz de León, Gobernador del Banco de México

El pasado 4 de octubre, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió mantener su tasa de interés objetivo en un nivel de 7.75%, no obstante que unos días antes, el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (la FED) había decidido aumentar su tasa de interés de fondos federales en un cuarto de punto porcentual a un rango de 2.00 a 2.25%. La decisión de la mayoría de los miembros de la Junta del Banxico fue la más atinada y a continuación explico las razones:

La inflación general en México anualizada durante la primera quincena de septiembre de 2018 fue de 4.88%, cifra por encima de la meta del Banxico de una inflación de 3.0% con un margen de variación de +/- 1 punto porcentual. El dato de inflación general es resultado de una inflación subyacente de 3.56% y una inflación no subyacente de 8.90%. Cabe señalar que la inflación subyacente es la que mide el alza en los precios de las mercancías y los servicios en general, los cuales muestran una inflación anualizada de 3.91% y 3.20% respectivamente. Por su parte, la inflación no subyacente es aquella que mide el incremento en los productos agropecuarios, así como de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, los cuales aumentaron 1.22% y 14.01% en términos anualizados durante la primera quincena de septiembre.

Como lo hemos señalado anteriormente, queda claro que el componente de inflación que se sale de los parámetros aceptables para el Banco de México es el de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, y desde este espacio hemos señalado que ese componente de la inflación es insensible a las decisiones de política monetaria. Es decir, no importa si el Banxico sube o baja su tasa de interés objetivo, eso no hará que bajen los precios de las gasolinas, diésel y casetas de peaje de las carreteras.

Dado lo anterior, es que fue una decisión acertada el que el Banxico no haya aumentado nuevamente su tasa de interés objetivo, no obstante que la FED si la aumentó. En este sentido, también hay que entender el contexto de lo que sucede en la economía de México y en la de nuestro vecino del norte. Y es que mientras que en Estados Unidos el PIB creció 4.2% anualizado en el segundo trimestre de este año, en México dicho indicador creció 2.6% anualizado, por lo que resulta evidente que la economía estadounidense muestra una fortaleza mucho mayor a la nuestra y eso permite dar esos apretones monetarios.

Otro aspecto que resulta importante a considerar es que en Estados Unidos, la tasa de fondos federales subió de 0.12% el 2 de noviembre de 2015 al objetivo actual de 2.0 a 2.25%, mientras que en México la tasa de interés objetivo del Banxico subió en el mismo periodo de 3.0% a 7.75%. Queda claro que en nuestro vecino del norte el aumento ha sido de menos de 2 puntos porcentuales, mientras que en México el ajuste monetario ha sido de 4.75 puntos porcentuales, lo que equivale a más del doble.

Desde luego que los incrementos en la tasa de interés objetivo han causado mella en las finanzas del gobierno federal, de las empresas y de las familias. En cuanto al gobierno federal, tenemos que de acuerdo a las estadísticas oportunas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en los primeros ocho meses de 2018 el costo financiero de la deuda del sector público sumó 388.996 miles de millones de pesos, lo que representa 12.4% más de lo erogado en el mismo periodo del año pasado. Sin embargo, se debe tener en mente que los pagos de intereses por la deuda se concentran hacía finales de año, por lo que la estimación es de que al cierre de 2018 el costo financiero de la deuda pública será de casi 800 mil millones de pesos, una cantidad sin precedentes. Cifra que además representa más doble de la inversión física directa realizada por el sector público federal.

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El alza en las tasas de interés ha dañado las finanzas de gobiernos, empresas y familias.

Otro perjuicio que ha traído el alza en las tasas de interés es que ha provocado que diversos sectores de la economía se hayan “enfriado”, tales como la venta de automóviles, la cual depende fuertemente de las condiciones crediticias. De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, AC, en los primeros nueve meses de 2016 se vendieron en México 1.119 millones de vehículos ligeros, en el mismo periodo de 2017 dicha cifra cayó a 1.106 millones y en los mismos meses de 2018 bajó hasta 1.028 millones. Esto es en buena medida resultado de un incremento de casi 5 puntos porcentuales en el costo del dinero en nuestro país, sin que haya una actividad económica lo suficientemente fuerte como para que compense el efecto negativo del alza en la tasa de interés.

Y pues desde luego que el alza en las tasas de interés también ha afectado a las familias con créditos con tasa de interés variable. Desde este espacio hemos dado cuenta de cómo diversas tarjetas de crédito bancarias han aumentado la tasa de interés que cobran a sus clientes en rangos superiores a los 20 puntos porcentuales, pasando de 24% a 42%, varias de ellas. Desde luego que hay tasas que han subido menos, y otras que han aumentado más, pero al final de cuentas lo que importa es que para aquellos tarjetahabientes que no son totaleros, el gasto en intereses les ha aumentado de manera importante, lo que dificulta que se puedan comprar otros bienes y servicios.

Desde luego que los grandes ganadores de las alzas que se dieron en las tasas de interés, pues son los bancos comerciales, los cuales llevan generando utilidades record cada año, y muestra de ello es que en los primeros siete meses de 2018 éstas alcanzaron 89.133 miles de millones de pesos, cifra 14.72% más alta a la observada en el mismo periodo de 2017.  Este nivel de utilidades de los bancos, a costa de gobiernos, empresas y familias, hace que nuestro país sea un verdadero “paraíso” para los bancos extranjeros. Hay que recordar que de los siete bancos más grandes de México, 6 son extranjeros. Entonces estos bancos obtienen aquí las utilidades que ni en sus casas matriz, ni siquiera en continentes enteros, obtienen. De acuerdo a cifras oficiales, aquí operan con márgenes de intermediación financiera que promedia 8.0%, cuando en Chile y en España lo hacen con apenas el 1.6 por ciento. Este tema sin duda es una asignatura pendiente para el Banco de México.

Es por todo lo anterior que es una excelente noticia que la Junta de Gobierno del Banco de México haya hecho lo correcto y no aumentó su tasa de interés objetivo en su pasada reunión, aunque no fue una decisión unánime de sus miembros. Claro que después del anuncio de la decisión no faltaron los “talibanes” de la ortodoxia monetaria que salieron a criticar al Banco de México y casi casi dijeron que esa decisión le iba a costar caro al peso mexicano. ¿Pero qué fue lo que sucedió con el peso? Pues realmente nada, más allá de que el dólar subió durante unas horas a niveles de 19 pesos, para después retroceder a los niveles de entre 18.80 y 18.90.

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Para que en México comiencen a darse disminuciones en la tasa de interés, es necesario que la FED mantenga sus tasas sin cambio durante algún tiempo 

Desde luego que la buena noticia de la conclusión en la renegociación del Acuerdo México-Estados Unidos-Canadá (AMEC o USMCA por sus siglas en inglés) le ayudó al Banco de México a tomar la valiente decisión, lo que demuestra que si de lo que se trata es de controlar la inflación en base a un dólar más barato, pues resulta más efectivo el generar buenas noticias que el subir la tasa de interés hasta que la economía no pueda más.

Esperemos que la FED deje su tasa de interés de fondos federales en el actual nivel, de manera que esto reste presión al Banco de México para sus reuniones que le quedan antes de terminar el año. Si llegamos al 31 de diciembre de 2018 con una tasa de interés objetivo de 7.75% y una inflación en torno a 4.5% podremos decir que no nos fue tan mal. Sin embargo, este escenario se ve complicado porque no se ve cuando el precio de los combustibles dejará de aumentar, además de que se han acumulado fuertes presiones inflacionarias en el sector manufacturero derivadas de los incrementos en las tarifas eléctricas, tema del cual escribiré en mi siguiente entrega.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt